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Dulce Venganza Cap 6 Al 8 - 240505 - 203337

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CAPÍTULO 6

Atrapada in fraganti. ♡

El padre de Rosalie, acompañado por su madrastra y Catalina, irrumpió en la


habitación con furia en sus ojos.

Rosalie, aturdida por la confusión de la noche anterior, enfrentó acusaciones


que caían como un martillo sobre su reputación.

-¿Qué estuviste haciendo en esta habitación? Con solo verla, está claro que
estuviste con un hombre. Tú misma has deshonrado a nuestra familia! gritó su
padre, mientras Catalina observaba con una sonrisa maquiavélica.

Abrumada y temblando, Rosalie intentó explicar lo sucedido, pero las


palabras apenas salían de su boca.

-Padre, esto no es lo que parece. Ayer me dolía la cabeza y subí a acostarme -


explicaba Rosalie.

-¡Has deshonrado a nuestra familia, eso es lo que ha pasado! ¡Fuera de mi


vista! -gritó nuevamente su padre, señalando la puerta y quitándole la
hermosa gargantilla de su madre del cuello.

Con lágrimas en los ojos, Rosalie se vistió rápidamente y abandonó la


habitación, sintiendo las miradas acusadoras de su padre y madrastra sobre
ella.

-Ya no tienes lugar en esta familia. Te hemos criado, te dimos todo, y así nos
pagas. Eres una vergüenza, sentenció su padre antes de que ella terminara de
abandonar la habitación.

Devastada y humillada, Rosalie vio cómo su vida se desmoronaba. La trampa


fue perfectamente ejecutada por su madrastra y Catalina. Sin más opciones,
salió de la habitación; no solo su familia estaba allí, sino también Vladimir y
sus padres, quienes la miraron con asco. Rosalie salió con el corazón roto y su
reputación destruida, mientras la verdad quedaba sepultada bajo las mentiras
elaboradas de quienes deseaban su caída.

Tras salir de la habitación, Rosalie se encontró con miradas de desprecio por


parte de su familia y de Vladimir con sus padres. La reputación de Rosalie
estaba destrozada, al igual que su corazón.

No había refugio para ella en ese momento, y con pasos vacilantes, abandonó
la habitación. La desconfianza de su padre de la persona que más confiaba
había dejado cicatrices imborrables en su alma, y ahora enfrentaba un futuro
incierto, cargando con el peso de una deshonra que no merecía.

Sin embargo, no fue el único golpe que Rosalie recibiría esa mañana; su padre
colapsó justo cuando ella salió de la habitación.

-Cariño, ¿qué te ocurre?

La voz de su madrastra hizo que Rosalie se volviera, presenciando cómo su


padre caía al suelo. Quiso correr hacia él, pero Catalina la detuvo del brazo.

-Será mejor que te largues. Por tu culpa, tu inmoralidad ha llevado a que el


pobre corazón de tu padre no aguante.

Catalina no fue la única en impedirle acercarse a su padre; Vladimir, con su


cruel sonrisa, la arrojó fuera de la habitación, privándola de la posibilidad de
acercarse a su padre.

-Habría preferido ser yo quien disfrutara de ti esta noche, pero bueno, eso te
pasa por querer pasar de la raya. Prácticamente la hizo caer al expulsarla de la
habitación, cerrando la puerta en el rostro de la joven.

El dolor de Rosalie se intensificó al ver a su padre colapsar y ser llevado de


urgencia al hospital. Las acusaciones infundadas de su madrastra y Catalina
solo añadieron más peso a su carga emocional.

Con lágrimas en los ojos, Rosalie quedó fuera de la puerta del hospital,
bloqueada por los guardias de seguridad contratados por su madrastra. La
impotencia la envolvía mientras su padre luchaba por su vida adentro, y ella
se encontraba excluida de su lado. La fragilidad de su situación se volvía más
evidente con cada latido del corazón y cada suspiro de su padre enfermo.

A pesar de la gravedad de su padre, no podía estar a su lado, incapaz de


expresarle su pesar por cualquier cosa que hubiera hecho para avergonzarlo.

Ella aguardó durante horas; no obstante, cuando finalmente recibió noticias,


ya era demasiado tarde: su padre había fallecido.

Catalina, con una sonrisa malévola, fue la portadora de la trágica noticia,


deleitándose al relatar cómo su padre la despreció hasta su último aliento.

-¡No solo eres una deshonra, sino también una asesina! le espetó la madre de
Catalina, llegando con ímpetu hasta donde se encontraba junto a su hija,
abofeteando y humillando a Rosalie, y arrastrándola hacia afuera, captando la
atención de todos.

Mientras su madre arremetía contra su media hermana, Catalina se regocijaba


en el dolor de Rosalie.
Luego se acercó, una vez que su madre acabó de golpearla, para susurrarle al
oído.

-Será mejor que te vayas de Survalley, hermanita. Aquí ya no hay nada para ti.
Si mamá o yo te volvemos a ver, haremos de tu vida una pesadilla.

Las palabras de esas dos mujeres malintencionadas no podían causarle más


daño del que ya le había infligido la muerte de su padre. Así que salió del
hospital sin rumbo fijo, atrayendo las miradas de la gente con su ropa
desaliñada. Fue en ese estado que Susan la encontró caminando,
apresurándose a socorrer a su amiga y llevándola hasta su casa.

-Rosalie, ¿qué es lo que te ha pasado?-preguntó Susan a su amiga una vez que


ambas llegaron a su casa.

No obstante, Rosalie no respondía; permanecía quieta, con la mirada perdida


en la nada. Fue hasta un par de horas después que abrió sus labios y
pronunció una sola frase.

-Mi padre está muerto, yo lo he matado.

-¿Cómo puedes decir eso, Rosalie? Tú no puedes haber matado a tu padre.

-Sí, lo maté -repitió Rosalie, levantándose del sillón, y yo también debería


morir.

Las palabras de Rosalie asustaron a Susan, quien de inmediato detuvo a su


amiga, impidiendo que saliera del cuarto donde se encontraba, y le dio un
calmante. Se quedó con ella hasta que estuvo dormida y luego llamó a un
médico, quien revisó sus golpes y le aseguró que con un poco de reposo su
amiga se encontraría bien.

-Por favor, Rosalie, no te des por vencida -pidió Susan con voz suave.

La noticia de la muerte del padre de ella había aparecido en la televisión, y


como era de esperar, Catalina junto con su madre se encargaron de mostrarse
muy dolidas ante la cámara, pero también se encargaron de esparcir
habladurías sobre Rosalie, la mayor de sus hijas, y el porqué ella no se
encontraba ahí en ese momento tan doloroso para la familia Walker.

CAPÍTULO 7

Deja de buscarla. ♡
Al otro lado de la ciudad se encontraba Ricardo con un fuerte dolor de cabeza,
era consciente de lo que había pasado, se sentía avergonzado y lleno de
vergüenza por haber caído en ese tipo de trampas.

Momentos antes de entrar a la habitación le había mandado un mensaje a


Mario diciéndole donde se encontraba.

Mario lo había sacado de la habitación justo en el momento que él iba a


descubrir la identidad de la chica que había sido víctima de su estado.

-Es momento de irnos Ricardo, esto no es tu culpa - le decía Mario, tirando de


él para sacarlo de la habitación.

Pese a que estaba seguro que en algún momento ella también respondió a sus
avances, las palabras de ella pidiéndole que se detuviera estaban presentes
en su memoria.

Lo que más lo martirizaba era haber visto en las sábanas sangre, la joven era
virgen.

-Mario, debes de encontrarla. Debo de hacerme responsable de lo que ocurrió


está noche.

-Está bien, buscaré a esa chica, aunque también debes de contemplar el


hecho de que ella fuera parte del plan- respondió Mario saliendo de la oficina
donde se encontraba hablando con su amigo y jefe.

Ricardo no podía dejar de pensar en lo que había ocurrido esa noche, si bien
fue un acto no consensuado sus cuerpos parecían amoldarse el uno al otro
era como si el cuerpo de esa mujer fuera hecho especialmente para el suyo.
Había estado con varias mujeres pero con ninguna había experimentado lo de
esa noche, una verdadera conexión.

Era cerrar los ojos e ir a ese momento, en que sus cuerpos se amoldaron, el
pequeño grito de dolor de la joven al tomar su virginidad.

-¿Quién eres y qué hacías ahí?-preguntó Ricardo a la nada, caminando hasta


el ventanal de su cuarto y mirando hacia la ciudad.

Se negaba a creer que la joven pudiera estar involucrada. Estaba seguro de


que ella, al igual que él, había sido víctima de una trampa.

Lo único que recordaba de la joven era que tenía una marca de nacimiento en
la espalda cerca de su hombro derecho en forma de mariposa.

Mario regresó sin tener ninguna idea de quién era la chica. Lo único que había
podido saber era que estaba en el hotel. Las cámaras de seguridad,
extrañamente, ese día no habían funcionado bien y no tenían nada que
mostrarle.

Eso solo hacía que Ricardo sospechara más y que la urgencia por saber quién
era esa mujer aumentará cada vez más.

-Ricardo, ¿no crees que es mejor que dejes de buscar? Ya ha pasado una
semana y no hemos sabido nada sobre quién puede ser esa mujer.

-Mario, le quité su virginidad, no podré estar tranquilo hasta encontrarla.

Mario negó, sabía que no importaba lo que él pudiera decirle, su amigo


seguiría obsesionado buscando a la misteriosa mujer de esa noche.

Una semana le tomó a Susan hacer que Rosalie saliera de la cama. Sin
embargo, cuando ella salió por fin de la habitación, era otra completamente
diferente; ya no era la Rosalie alegre de siempre, ahora se podía ver a una
Rosalie fría y carente de alegría.

-¡Rosalie! -exclamó Susan acercándose a su amiga y abrazándola. Solo hasta


ese entonces se dio cuenta de que tras ella había una maleta-. ¿Qué significa
la maleta?

-Me voy Susan. No puedo quedarme aquí, no si quiero hacerle pagar a Catalina
y a su madre el haber ayudado a que mi padre muriera.

-¿Pero irte a dónde?

-A donde pueda obtener conocimientos y hacerle frente a ese par de arpías.

-En este momento ya me las imagino seguras disfrutando del trabajo de mi


padre, pero no será por mucho tiempo porque yo me encargaré de quitárselos.
Así tenga que llevar a la quiebra la empresa de mi padre.

Susan vio la determinación en la mirada de su amiga, por lo que solo asintió a


sus palabras. Rosalie iría a Bretaña con su tía y ahí perfeccionaría sus
habilidades como diseñadora de joyas y se haría de renombre.

Dos días después, Susan llevó a Rosalie al aeropuerto. Ambas se despidieron


en la entrada.

-Susan, por favor, déjame hacer esto sola.

Susan suspiró fuertemente, asintiendo, y vio cómo su amiga atravesaba las


puertas corredizas del aeropuerto.

Cada paso que daba Rosalie era firme y seguro, sin ninguna duda, pero no era
la única persona en el aeropuerto ese día.
Ricardo también se encontraba allí, pero a diferencia de Rosalie, él acababa
de llegar a Survalley. Ambos estuvieron a punto de verse sin embargo, el
pequeño grupo de fans que siempre rodeaba a Ricardo hizo que no pudieran
encontrarse completamente.

Ricardo solo pudo ver una larga y sedosa cabellera negra ondularse en el aire,
haciendo que volteara y viera de espaldas a la dueña de la cabellera. Esta se
corrió hacia un lado, dejando al descubierto su hombro derecho y revelando la
marca de una mariposa.

Fue solo un momento, pero Ricardo lo vio y se apresuró a quitarse del grupo
de chicas a su alrededor. La joven había desaparecido de su vista a pesar de
que buscó por todo el aeropuerto. No pudo ver cómo Rosalie entregaba su
boleto tras colocar su maleta en la banda y subía al avión.

-Adelante, señorita Walker. Bienvenida al vuelo 75 con rumbo a Bretaña -le


dijo la azafata justo al entrar.

Rosalie agradeció a la joven y se dirigió a su lugar. Por un instante, pensó que


le sería doloroso dejar Survalley, el lugar que la había visto nacer y crecer; sin
embargo, no fue así. Lo único que deseaba en ese momento era volverse más
fuerte y, de algún modo, restaurar su reputación y vengar la muerte de su
padre.

El camino que había elegido no sería fácil, tenía que trabajar muy duro. No
obstante, la noticia del compromiso entre su media hermana Catalina y
Vladimir un par de días atrás le había dado la determinación necesaria para
llevar a cabo su venganza. Ese par de canallas no serían felices si ella podía
evitarlo.

CAPÍTULO 8

Cinco años después. ♡

Ricardo no dejó de buscar a la misteriosa mujer con la marca de nacimiento


de una mariposa tras haberla visto en el aeropuerto, pero no obtuvo
resultados.

-Ricardo, ya han pasado cinco años desde que ocurrió el incidente con esa
mujer. ¿No crees que es hora de que te enfoques en encontrar una novia? El
tiempo pasa, y aunque tu primo no se casó hace cinco años tras la
desaparición de su prometida al morir su padre, ahora se ha vuelto a
comprometer con la medio hermana de esta. Si él se casa antes que tú,
tendrás muchos problemas para conservar tu puesto como CEO.

Ricardo permaneció callado ante las palabras de Mario, su asistente y amigo.


No parecía ni siquiera inmutado con sus palabras; por el contrario, la mención
de la medio hermana desaparecida de Catalina, la nueva futura señora
Smirnof, lo dejó en un profundo pensamiento.

Después de un largo silencio, le pidió a Mario que se marchara, que lo dejara


estar a solas.

Ricardo no pudo evitar recordar a la joven y la peculiar forma en que ambos se


conocieron.

Rosalie, ahora consciente del nombre de la joven, parecía encontrarse en esa


ocasión hambrienta. Finalmente, el abordó el avión que lo llevaría a Survalley.
Se sentó en el asiento del pasillo, junto a una mujer joven y guapa que pareció
ignorarlo, lo que hizo que él por primera vez se presentará.

-Hola, mi nombre es Ricardo.

-Mucho gusto Ricardo- le respondió ella sin decir su nombre.

Ricardo en ese momento sintió una chispa de atracción, pero trató de


disimularla.

¡A dónde vas? -le preguntó Ricardo con una sonrisa.

-A Survalley, a casa. ¿Y tú?

-Yo también. Voy por trabajo, pero espero tener tiempo para conocer la
ciudad. Dicen que es hermosa.

-Lo es. Te va a encantar.

Ambos continuaron conversando mientras el avión despegaba. Rosalie se


sentía cada vez más cómoda y simpática con su compañero de asiento.
Cuando la azafata pasó ofreciendo comida, decidió comprar un bocadillo con
pepinillos. Le encantaban los pepinillos y pensó que sería una buena opción
para calmar su apetito.

-¿Quieres algo? -le ofreció a Ricardo.

-No, gracias. Ya comí antes de subir.

-Bueno, pues yo me voy a dar un gusto. Me muero de hambre.


Rosalie abrió el envoltorio del bocadillo y le dio un gran mordisco. El pan
estaba crujiente, el queso fundido y los pepinillos jugosos. Ella cerró los ojos y
emitió un sonido de satisfacción.

-Mmm, qué rico.

Ricardo la miró con curiosidad y un poco de asco. No le gustaban los


pepinillos, y el bocadillo le parecía que tenía un olor fuerte.

-¿Te gusta? -le preguntó él.

-Me encanta. Seguro que no quieres probar?

-No, no. Estoy bien.

La joven dio otro mordisco al bocadillo, pero esta vez uno de los pepinillos se
le escapó de la boca y cayó sobre el abrigo de Ricardo. El pepinillo estaba
empapado de vinagre y dejó una mancha húmeda y olorosa en el costoso
abrigo de Ricardo.

-¡Ay, lo siento! -exclamó Rosalie, avergonzada.

-¡No te preocupes! -dijo Ricardo, tratando de quitar el pepinillo con una


servilleta.

-Déjame ayudarte -se ofreció ella, extendiendo la mano.

-No, no hace falta. Ya está. Ricardo se quitó el pepinillo y lo tiró a la basura.


Luego se secó la mancha, pero el olor persistía.

-Perdona, de verdad. No fue mi intención.

-No pasa nada. Son cosas que pasan.

Ricardo intentó sonreír, pero se notaba que estaba molesto. Rosalie se sintió
culpable y avergonzada.

Había arruinado la posibilidad de tener una buena relación con su compañero


de asiento. Decidió guardar el bocadillo y no comer más.

Se quedó callada y mirando por la ventanilla, esperando que el viaje terminara


pronto.

Después de eso, la joven bajó tan rápido que ni tiempo le dio a Ricardo de
preguntarle su nombre. Volvió a verla afuera del aeropuerto, donde ella lo
trató con indiferencia y le plantó cara cuando él trató de usar el incidente de
los pepinillos en su contra.

Ahora que lo pensaba, en ese momento la joven no solo le llamó la atención,


también sintió atracción por ella, una atracción que terminó tan
abruptamente como había comenzado al enterarse de que era la prometida de
su primo.

Ninguna mujer que se involucrara con su primo debía ser buena, sin embargo,
ella desapareció de la nada, al igual que la joven que por más de cinco años
había buscado desesperadamente.

Ricardo suspiró pesadamente ante lo que a continuación haría.

-Mario tiene razón, debo dejar de perseguir a un fantasma - se dijo a sí mismo,


tomando su móvil y marcando, por primera vez y por voluntad propia, el
número de su madre.

La voz de una mujer madura y sofisticada se dejó escuchar al otro lado de la


línea del móvil.

-Ricardo, es un milagro que te acuerdes de tu madre -le recriminó su madre


nada más contestar.

-Podría cortar si te interrumpo, madre.

La mujer pareció no prestar atención a las palabras de su hijo.

-Sabes que jamás me interrumpes, así que habla, ¿a qué se debe tu llamada?

-Puedes concretar citas con algunas de las hijas de tus amigas.

La madre de Ricardo se sorprendió ante las palabras de su hijo, quien se


levantó de su asiento sin importarle que en ese momento le estuvieran
haciendo un masaje.

-No es una broma, ¿verdad, Ricardo?

-No, no es una broma, madre.

Tampoco es que desee hacerlo, pero como bien sabes, el plazo para que yo
les demuestre a los directivos que soy un hombre serio y responsable está por
terminarse.

La madre de Ricardo guardó silencio.

Le molestaba mucho que le impusieran casarse, pero por otro lado no podía
negar que estaba preocupada por la falta de interés de su hijo por conocer
mujeres.

Mientras Ricardo cedía ante los directivos y buscaba esposa o al menos


trataba de aparentar que lo hacía, alguien que se había ausentado por más de
cinco años de Survalley volvía a la ciudad con un único propósito: la venganza
contra aquellos que la habían traicionado.

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