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La piqueta fatal del progreso
Aarón Lubelski
Universidad Hebrea de Jerusalén
Resumen
Uruguay, durante la década de los años 1920, se caracterizó por un impul-
so de modernización que cambió la faz del país. Dicho espíritu, materializado a
través de proyectos públicos y privados, ha dejado obras que conforman el imagi-
nario urbano de su capital, Montevideo, hasta el día de hoy. Sin embargo, dichas
transformaciones han afectado a aquellos sectores sociales que fueron marginados
por el progreso y que lentamente fueron desplazados del centro de la ciudad hacia
su periferia. En estas notas apelaremos a la obra de Castelnuovo, quien nos ha
dejado un crudo testimonio de la realidad de dichos sectores, que en su momento
poblaron las áreas que fueron afectadas por uno de los proyectos colosales de la
ciudad, la Rambla Sur. A su vez, notaremos el desalojo que, medio siglo más tar-
de, afectó a otros grupos marginales, los inquilinos del conventillo Medio Mundo
y del complejo habitacional Ansina, localizados en la vecindad de la Rambla Sur;
proyectos que fueron emprendidos en nombre de la mejora urbana. Estas notas
pretenden recordar la fricción que existe entre el espíritu que impulsa el progreso
y el sufrimiento de los sectores marginales que son afectados por este.
Palabras clave: mundo heterogéneo - sociedad homogénea - Castelnuovo -
progreso.
The fatal pickaxe of progress
Abstract
Uruguay, during the decade of the 1920s, was characterized by a modern-
ization drive that changed the face of the country. This spirit was materialized
through public and private projects, which make up the urban imaginary of the
capital, Montevideo, to this day. However, these transformations have affected
those marginal social sectors, which as result of the progress have been displaced
from the center of the city to its periphery. In these notes, we will appeal to the
narrative of Castelnuovo, which has left us a crude testimony of the reality of
these sectors, which populated the areas that were affected by one of the colos-
sal projects of the city, the Rambla Sur. In addition, we will note the eviction
that, half a century later, affected other marginal groups, the occupants of the
Medio Mundo tenement house and the Ansina housing complex, also located in
the vicinity of the Rambla Sur; projects that were undertaken in behalf of urban
improvement. These notes are intended to remind us of the controversy that exists
between the spirit that drives progress and the suffering of the marginal sectors,
which are affected by it.
Keywords: homogeneous society - heterogeneous world - Castelnuovo - progress.
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La piqueta fatal del progreso
Montevideo, durante la segunda década del siglo XX, se caracterizó por los proyectos monumentales
que promovieron el desarrollo de la ciudad. En 1921 se inaugura el Hotel Casino Carrasco. En octubre de
1922 el ingeniero Juan P. Fabini presenta al Concejo Departamental de Montevideo un proyecto de rambla
costanera. En ese mismo año los hermanos Salvo iniciaron la licitación para la construcción del edificio que
terminará convirtiéndose en ícono primordial de la capital uruguaya, el Palacio Salvo. En 1923 se inaugura el
Monumento a Artigas en la Plaza Independencia. «Sobre el alto promontorio, como lo quiso Homero, a fin
de que sea visto desde lejos, desde la tierra y el mar, por los hombres que hoy viven, y por los hombres futu-
ros...», pronunció Zorrilla de San Martín en la ocasión (1923, p. 4). Dos años más tarde se inaugura el Palacio
Legislativo conmemorando el centenario de la declaración de la independencia, edificio que se convertirá en
la sede de la vida cívica del país. En octubre de 1926 se aprobó la ley de creación del Hospital de Clínicas,
para que el país cuente con «un recio baluarte levantado contra el dolor y la miseria humanas» (Surraco, 1944,
p. 33), afirmó el Dr. Blanco Acevedo en 1930, en ocasión de colocarse la piedra fundamental de la obra; si
bien su inauguración tardará más de veinte años, este baluarte se suma a los proyectos faraónicos de la década,
destinados a catapultar el país hacia la modernización.1 Sin embargo, algunas de estas iniciativas reclamaron
un precio que fue pagado generalmente por los sectores marginales, ya sea por haber sido desplazados por la
máquina del progreso o por no haber podido enfrentarse a sus consecuencias. A dichos parias olvidados les
dedicaremos estas notas.
Entre las diversas influencias ejercidas por el viejo continente, también «las ideas urbanísticas euro-
peas, como otras pautas culturales de fines del siglo XIX y comienzos del XX, tuvieron gran incidencia en
el contexto ideológico uruguayo» (Boronat, Goñi y Mazzini, 2007, p. 27), ideas que influyen en el proceso de
modernización montevideano y que conducen a la iniciación de lo que fue llamado en ese entonces el Plan
Fabini, destinado a crear «un balcón al mar» (Boronat et al., 2007, p. 27). El plan unía la escollera Sarandí
con el Parque Urbano (actual Rodó) y completaba varios tramos aislados de la rambla costanera que ya se
habían construido con anterioridad. La iniciativa fue crucial para convertir el malecón de la ciudad en el hito
geográfico-social sobre el cual descansa el imaginario montevideano hasta el día de hoy; se extiende desde el
puerto, al oeste de la ciudad, hasta el arroyo Carrasco, su límite este. La obra monumental, para ese entonces,
comenzó en 1928 y requirió rellenar las playas de Patricio, perteneciente al otrora barrio la Estanzuela, y San-
ta Ana, del barrio Palermo, para ganar unos 180 000 metros cuadrados al río. Pero dichas obras no hubieran
podido comenzar sin desalojar a aquellos individuos prácticamente desatendidos por la sociedad de la época,
«los extraños pobladores costaneros, “bichicomes”, seres marginales, parias de la sociedad» (Barrios Pintos,
1971, p. 19). A ello ha apuntado Octavio Paz (1970), si bien refiriéndose al contexto mexicano, al denunciar
la problemática de los sectores más débiles de la sociedad, desfavorecidos por los beneficios del adelanto: «El
progreso ha poblado la historia de las maravillas y los monstruos de la técnica pero ha deshabitado la vida de
los hombres» (p. 26). Dicha afirmación es también aplicable a aquellos seres desamparados que poblaron el
borde de la llamada «Ciudad Nueva», resultado de su desarrollo hacia el este, una vez que fueron derribadas
las murallas coloniales en el siglo XIX; individuos pertenecientes al mundo heterogéneo,2 en contraste con la socie-
dad homogénea, o sea «la sociedad productiva, es decir, la sociedad útil» (Bataille, 2003, p. 138).
Poco ha sido documentado, poco se ha escrito sobre la triste realidad de los infortunados pobladores de
la orilla del Río de la Plata desplazados por el proyecto. Sin embargo, un relato casi desconocido nos ha deja-
do un testimonio que, si bien ficticio, describe la vida desgraciada de los individuos pertenecientes al mundo
desplazado por la sociedad homogénea, habitantes del espacio que fue afectado por el ritmo de la moderniza-
ción. Elías Castelnuovo (Montevideo, 1893 - Buenos Aires, 1982), uno de los fundadores y más apasionados
miembros del grupo Boedo, emigró a temprana edad a la capital argentina donde realizó la mayor parte de
su obra, la cual se destaca por su carácter naturalista. Su calidad descriptiva logra exponer la cruda realidad
en que viven sus protagonistas: «Los escritores de Boedo relataban lo que veían con sus propios ojos, y en esto
1 A la reducida lista deben agregarse la radiotelefonía y la consecuente creación del Servicio Oficial de Difusión Radioeléctrica
(SODRE, 1927); la inauguración del Hospital Pedro Visca (1922), que se transformó más tarde en la sede de la Facultad de
Ciencias Económicas); la supresión del «tram-way» de caballos (1925); la inauguración del Monumento al Gaucho (1927);
el cine sonoro en Montevideo (1929); la habilitación del nuevo edificio de Correos (1929); la habilitación del Cementerio del
Norte, y, para cerrar la lista, la inauguración del Estadio Centenario, a comienzos de 1930 (Castellanos, 2000).
2 Según Bataille (2003), «el mundo heterogéneo comprende el conjunto de los resultados del gasto improductivo. (...) Vale decir,
todo aquello que la sociedad homogénea rechaza como desecho o como valor superior trascendente» (p. 147).
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consiste el realismo», nos dice el escritor bonaerense Manuel Gálvez (1961, p. 187), enfocando la problemática
de aquellos seres marginales incapaces de superar su triste destino. En 1924 Castelnuovo publica Malditos, una
colección de tres relatos, entre ellos, «La raza de Caín»,3 obra que gozó de poca visibilidad en Uruguay. El
relato está ambientado exactamente en el área donde se realizaron los trabajos del proyecto de Rambla Sur
y está enriquecido por referencias topográficas que incrementan la verosimilitud de la narración. Transcurre,
en apariencia, muchos años antes del comienzo de los trabajos viales, pero la coincidencia temporal con la
publicación de la obra establece un efecto interdiscursivo relevante.
Figura 1. Avenida 18 de Julio y calle Paraguay (1925). Centro de Fotografía de Montevideo
La trama esboza el siniestro discurso de un narrador homodiegético, internado en un manicomio,
quien intenta explicar, durante sus instantes de lucidez, las razones del asesinato ocurrido dentro del caserón
donde vivía junto con sus cuatro hermanas, su madre viuda y un padrastro. Este último no solo se apoderó de
las pocas propiedades familiares que lograron acumular, sino que también terminó subyugando a todos sus
miembros, extendiendo la desgracia que venían sufriendo durante años, a raíz del alcoholismo y la consecuen-
te violencia del jefe familiar, situación que los llevó prácticamente a la ruina. La única culpa del protagonista,
Armando, fue incitar a su hermanastro a ejecutar el parricidio del odiado padrastro, cumpliendo su pretérita
premonición: «Acordate lo que te digo: tu hijo, tu propio hijo te va a matar» (Castelnuovo, 1924, p. 54).
La toponimia es rica en referencias que apuntan al desaparecido barrio Reus al Sur,4 espacio de la in-
fancia del autor. Fue al fin integrado al barrio montevideano Palermo, el cual está delimitado hacia el sur por
la costa del Río de la Plata, el Cementerio Central al oeste y el parque Urbano hacia el este:
Montevideo era por aquel entonces una ciudad silenciosa en el centro, triste en los alrededores y
allí, era densa y lúgubre. (…) La luz eléctrica funcionaba pésimamente. Aquí y allí, cuatro faroles
antiguos y abollados soltaban a través de unas bujías soñolientas la baba de un resplandor fúne-
bre. (…) El barrio Reus era, sin disputa, una tumba de cuatro pisos que ocupaba dos manzanas
y se destacaba en la noche parpadeado por el ojo enfermizo de sus innumerables ventanillas.
Como la luz eléctrica no llegaba todavía al interior de las viviendas, la gente se alumbraba con
3 No debe confundirse con la novela homónima publicada en el año 1900 por Carlos Reyles.
4 La empresa de Emilio Reus construye hacia 1887 el Barrio Reus al Sur, próximo a la playa Ramírez, hoy limitado por las calles
Tacuarembó, San Salvador, Minas e Isla de Flores. Su calle principal era la llamada Particular, actual Ansina (Barrios Pintos,
1971, p. 18).
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velas de sebo o con lámparas a querosene, las cuales despedían un olor picante y desagradable
(Castelnuovo, 1924, p. 14).
Es en este enclave donde se desarrolla la infancia del protagonista, quien afectado por las pésimas condi-
ciones de salubridad que reinan en su entorno se transforma en un ser vulnerable y frágil: «Mi piel se patinó de
amarillo, de un amarillo inalterable y mi cuerpo perdió toda resistencia» (Castelnuovo, 1924, p. 33). Armando
se refugia del ambiente hostil que reina en su hogar vagando solo por el barrio o uniéndose a los grupos de
menesterosos liderados por Trapos, la anciana que le extiende su afecto y protección durante las excursiones a
los montículos de basura, en busca de restos de comida y de despojos que puedan tener una cierta utilidad al
salvarlos de la incineración:
Atrás del cementerio se efectuaba la cremación de basuras. Esta operación, aunque se realizaba
al aire libre, y a una hora avanzada de la tarde, despide un olor intenso e impregna la atmósfera
de miasmas dañinos. Cien carros del Corralón Municipal depositan allí la recolección de residuos
hecha en la mañana (Castelnuovo, 1924, pp. 15-16).
Para definir la imagen pública de una ciudad, el urbanista estadounidense Kevin Lynch (1960) sugiere
el uso de cinco elementos arquitectónicos: la trayectoria, los bordes, los barrios, los nodos y los hitos (p. 95).
Siguiendo este modelo, nos permitimos sugerir que el relato de Castelnuovo (1924), valiéndose de la descrip-
ción de dichos elementos, nos proporciona una imagen verosímil del enclave que ambienta la narración y que
caracteriza dicha área montevideana de comienzos del siglo XX, cuya faceta pronto cambiará. La trayectoria
de Armando, al vagar sin rumbo fijo por los desaparecidos murallones de Patricio y la olvidada playa Santa
Ana, las canteras de Punta Carretas y el desaparecido camino de la Estanzuela, nos revela la imagen del ba-
rrio de su infancia. A su vez, la narración complementa la descripción de ese entorno marginal, facilitándonos
el inventario de sus habitantes: «Rameras y hueseros, traperos, verduleros y mendigos; algunos trabajadores
y algunos soldados de línea» (Castelnuovo, 1924, p. 15). Es más, para enfatizar el aspecto lúgubre de dicho
espacio, el narrador agrega: «No existía en la ciudad un barrio más miserable que éste. Ni aún El Bajo —una
madriguera hedionda de prostitutas que todavía existe— alcanzaba ese grado asfixiante de pauperismo» (p.
15). Y para suplementar la imagen que se desprende del texto, citamos la respuesta de Borges al ser interro-
gado en una entrevista sobre el tango, y que vincula sus orígenes con la otrora calle Yerbal,5 centro vital del
desaparecido Bajo montevideano:
—Detesto el tango —dijo enfáticamente—. Tan sentimental. Cuando pienso en los orígenes
infames del tango, inventado en los prostíbulos de la calle Junín del año ochenta, o quizás en los
prostíbulos de la calle Yerbal en Montevideo, en la misma fecha. Tiene un origen infame que se
nota (Borges, 1974).
Fiel a su visión de mundo, Castelnuovo (1924), a través de la narración, deja translucir la militancia
social que caracteriza al grupo Boedo. Si bien el narrador admite la necesidad del progreso, recalcando el
beneficio material que este conlleva, también enfatiza su reserva sosteniendo que «el espíritu del hombre no
progresa»:
¡Qué me importa, entonces, que la ciudad progrese! Montevideo ha progresado; admitamos que
progresa; aumenta el volumen y de estatura; sus edificios se multiplican y multiplican el número
de sus pisos. Todo esto puede admitirse como cierto. Pero el espíritu del hombre no progresa:
permanece con todas sus lacras estancado en el mismo sitio (pp. 7-8).
Dicha afirmación, similar a la sentencia de Octavio Paz (1970) que hemos mencionado con anteriori-
dad, es la que conduce al abismo que separa al mundo heterogéneo de la sociedad homogénea que pretende ignorar la
existencia del primero:
Vestía con trapos abigarrados y en los días más fríos del invierno llevaba los pies desnudos. No te-
nía paradero fijo y mi vida transcurría en un perpetuo vagabundaje. Hoy estaba aquí, y mañana
5 La desaparecida calle se extendía apenas unas pocas cuadras hacia el suroeste de la Ciudad Vieja.
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allí, y aunque todos me distinguían en el suburbio, yo pasaba impenetrable ante todos, caminan-
do al soslayo, como si no distinguiese a nadie (Castelnuovo, 1924, p. 9).
El espíritu «triste en los alrededores» de la ciudad apunta a una realidad urbana compartida con otras
ciudades latinoamericanas, cuya población marginal se ve continuamente desplazada del centro vital, a me-
dida que el progreso y la modernización toman posesión de las zonas requeridas por la planificación urbana,
proceso conocido como gentrificación.6 El Plan Fabini dará fin a la quema de residuos. El procesamiento de los
desperdicios urbanos será desplazado a los márgenes de la ciudad, estableciendo, en ocasiones, una relación
simbiótica entre los basurales y los asentamientos informales, conocidos también como villas miseria o cantegriles,
cuyos habitantes seguirán nutriéndose de los despojos de la sociedad homogénea.
Figura 2. Rambla República Argentina, Barrio Sur (1934). Al fondo, del centro a la derecha:
tanque de gas, usinas incineradoras de basuras y terraplén del Cementerio Central.
Cabe remontarnos varios años más tarde, a la década del setenta, para observar que la historia se repite
una vez más. En esa oportunidad los inquilinos del conventillo Medio Mundo, hito singular del Barrio Sur,
fueron desalojados en beneficio de un nuevo edificio que se construyó en el mismo predio y que pretendió ser
más moderno y adecuado a las necesidades de la época,7 pero fue inaccesible para los desplazados habitantes
del conventillo:
La orden llegó el primero de diciembre de 1978: Medio Mundo, el conventillo construido en
1885 y declarado Monumento Histórico Nacional en 1975, iba a ser desalojado. Cuatro días
después, llegaron los camiones de la Municipalidad para encargarse de transportar a sus 170 re-
sidentes. Los que no tenían adónde ir fueron destinados por el gobierno de la ciudad a una vieja
6 Término acuñado por Ruth Glass (1964) refiriéndose al «proceso de renovación de una zona urbana, por lo general popular
o deteriorada, que implica el desplazamiento de su población original por parte de otra de un mayor poder adquisitivo» (Real
Academia Española, 2014).
7 Varios son los motivos que condujeron a la orden del desalojo. En particular, el temor por el derrumbe del edificio en mal
estado, temor infundido por la ola de tragedias sufridas en ese año en Montevideo, entre ellas la que condujo a la muerte de
19 personas por causa del desplome de un edificio en la calle Soriano, ocurrido tres meses antes. Ver «Derrumbe en la calle
Soriano», diario El País, recuperado de https://historico.elpais.com.uy/especiales/aniversario/1970/1978/8.html.
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fábrica en el barrio de Capurro hasta que solucionaran sus problemas de vivienda (Reid Andrews,
2011, p. 194).
A su vez, afirman Adinolfi y Erchini (2007) que «una vez demolido el conventillo Medio Mundo se
transformó en un referente a partir del cual se ha ido alimentando una fuerte identidad barrial» (p. 132). Unos
meses después, los habitantes del conventillo Ansina, apartado unos mil metros del anterior, sufrieron el mismo
destino, y se extendió la identidad barrial hacia Palermo.8 En cierta forma es posible concebir estos desplaza-
mientos forzados como parte de las transformaciones urbanas del Plan Fabini, apenas medio siglo antes. Por
otra parte, ambos complejos habitacionales se convirtieron hacia la segunda década del siglo XX en epicentros
de la cultura afrouruguaya e impulsaron expresiones culturales como el candombe y el Desfile de Llamadas.
Ellos nos han dejado un legado artístico que perdura hasta el día de hoy, como refieren Adinolfi y Erchini
(2007): «Los tambores que siempre sonaron en su patio central y en el frente del conventillo, aún siguen so-
nando» (p. 137). Es más, para reivindicar y difundir los valores nacidos de la población afrodescendiente, a
partir del 2006, se celebra el 3 de diciembre de cada año el Día del Candombe, la Cultura Afrouruguaya y la
Equidad Racial.
Sin embargo, los problemas habitacionales de los desalojados no fueron resueltos. Si bien en la década
del sesenta ya existía una preocupación por la precariedad habitacional del barrio —que condujo a la creación
del Comité Popular Barrio Sur, del Plan de Renovación Urbana del Barrio Sur en el 1971 y de otros proyectos
sucesivos (Intendencia de Montevideo, 2020, p. I. P 9)—, su implementación atrajo a la población del barrio
que poseía un mínimo de poder adquisitivo,9 pero no resolvió la carencia habitacional de los desalojados, tal
como sucedió, décadas antes, con la población marginal afectada por el Plan Fabini. A su vez, alertan De
Souza y Cajade (2019), en el informe incluido en el Concurso de Ideas Urbano-Arquitectónicas, Área Dique Mauá,
refiriéndose al Barrio Sur y Palermo, que, si bien el proceso de gentrificación «no parece desencadenado», se
encuentra «en ciernes»:
Actualmente, los habitantes poseen un tejido social muy activo y se encuentran organizados en
varios colectivos según temas de interés específicos. Sin embargo, existen riesgos de expulsión de
población a medida de que, al influjo transformador de la Ley de Vivienda Promovida —ya en
marcha—, puedan sumarse cambios importantes de escenario por el desarrollo del área Dique
Mauá. Estos riesgos deberían ser tenidos en cuenta para evitar un proceso de gentrificación que
actualmente no parece desencadenado, pero que se encuentra en ciernes (p. 18).
En febrero de 1930, como parte de las celebraciones carnavalescas, la troupe Oxford estrena el nostálgico
tango Adiós, mi barrio, de Soliño y Collazo.10 En un escenario improvisado sobre la vieja muralla del sur y frente
a unos cinco mil espectadores, el grupo logra un éxito inmediato:
Esa noche cantamos «Adiós mi barrio» por primera vez, en el murallón del Barrio Sur. Con
tablas y bidones que nos prestó la Compañía del Gas armamos un tablado que sólo era una tari-
ma, y allí, ante cinco mil personas que aguantaron a pie firme una llovizna persistente, cantó la
«Oxford» ese tango de Soliño y mío, como creo que no lo hizo nunca más. Y Collazo agrega con
orgullo el detalle que redondea la felicidad de la anécdota: Cantamos de particular porque no
había plata para sacar los trajes... (Alfaro, 1966, p. 28).
8 Sostienen Adinolfi y Erchini (2007) que «desde el punto de vista cultural, los conventillos del Barrio Sur se diferenciaban de
los conventillos de otros barrios, fundamentalmente, por ser el espacio social en el que los descendientes de esclavos de origen
africano, renovaron y recrearon sus tradiciones, reforzando una identidad cultural que los conectaba con sus orígenes» (p. 132).
9 Cabe destacar la construcción del edificio llamado CH 20, por parte del Instituto Nacional de Viviendas Económicas (INVE)
sobre la rambla del barrio, prototipo del plan habitacional. Según William Marino, el edificio fue demolido en 2014 por «emi-
nencia de derrumbe». Ver «Vienen por la rambla», en diario La República (29 de noviembre de 2018), recuperado de https://
www.pressreader.com/uruguay/la-republica-uruguay/20181129/281676845971479.
10 Víctor Soliño (Bayona, Pontevedra, 1897 - Montevideo, 1983), periodista, letrista de tango y poeta, creó en la década del veinte
el grupo musical carnavalesco, troupe, Los Atenienses (por ensayar en la sede del Club Atlético Atenas). La troupe, compuesta,
entre otros, por estudiantes universitarios, gracias a su éxito, llegó a actuar también en Buenos Aires. Ramón Collazo (Mon-
tevideo, 1901-1981), pianista y compositor, también participó de la troupe. En la década del treinta, Soliño creará su propio
grupo musical, Oxford, asociado con El Bajo, un férreo rival de la troupe, «un real al 69» procedente del puerto (Alfaro, 1966,
pp. 23-29).
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El tango, en recuerdo a la pérdida de los topónimos desaparecidos, así como la obra de Castelnuovo
y la placa recordatoria del desalojo en el lugar donde se encontraba el conventillo Medio Mundo11 nos han
dejado el testimonio de una época amenazada por el olvido. Mientras tanto, los versos declamados por la trou-
pe Oxford siguen haciendo eco de los sentimientos de aquellos habitantes desvalidos que fueron desplazados
hacia los márgenes de la ciudad como resultado del proceso de modernización: «La piqueta fatal del progreso
/ arrancó mil recuerdos queridos, / y parece que el mar en un rezo / demostrara también su aflicción».12
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11 La placa colocada sobre el nuevo edificio reza: «Conventillo Medio Mundo. En reconocimiento a la comunidad afrouruguaya
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Sitios de Memoria - Ley 19641».
12 Tango Adiós, mi barrio (1930), letra de Víctor Soliño, música de Ramón Collazo.
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