Análisis de Derechos Humanos en México
Análisis de Derechos Humanos en México
ANÁLISIS DE CASO
Fecha:18/01/2024
Nombre del estudiante: Ibarra Ramírez Ivan
Nombre del docente: Santiago Ibarra Angel Emiliano
Cuales son:
Algunos de ellos son:
Derecho a la vida
Derecho a la libertad
Derecho a no estar sometido ni a esclavitud ni a torturas Derecho a la libertad de opinión
y de expresión
Derecho a la educación Derecho al trabajo Derecho a la justicia Derecho a la dignidad
Apartado de la constitución
El apartado donde se encuentran los derechos humanos en nuestra constitución es
título primero, capítulo I “De los derechos humanos y sus garantías”. Llamados así
después de la reforma de 2011.
Estos derechos humanos, son del articulo 1 al 28.
Características
Universales: corresponden a todas las personas sin excepción. Interdependientes: los
derechos humanos están vinculados y requieren de respeto y protección recíproca.
Indivisibles: no se pueden fragmentar.
Progresivos: permiten su ampliación en protección, contenido y eficiencia. El estado
tiene la obligación de procurar su cumplimento.
Titularidad
La titularidad de los derechos humanos es intrínseca a la dignidad de las personas.
Todas las personas son titulares de todos los derechos humanos. Sin embargo, para
lograr la igualdad real, se debe atender a las circunstancias o necesidades específicas
de las personas.
Eficacia
La cual está determinada por el principio de la efectividad, de acuerdo con ese principio,
los Estados deben realizar todos los esfuerzos posibles a fin de respetar y concretizar
los derechos humanos garantizados.
Tipo:
Es un convenio conciliatorio entre las partes involucradas: el reclamante, el Senado de
la República y el CONAPRED. Este tipo de resolución es el resultado de un proceso de
conciliación entre las partes en conflicto.
En lugar de una resolución emitida por un juez o una autoridad judicial, el convenio
conciliatorio es un acuerdo negociado entre las partes involucradas en la disputa. Se
utiliza comúnmente en procedimientos legales o administrativos para resolver
controversias sin recurrir a un juicio formal. En este caso, se establecen una serie de
compromisos y obligaciones por parte del Senado de la República para abordar las
preocupaciones planteadas por el reclamante sobre la accesibilidad en su nueva sede.
Este tipo de resolución se basa en el consenso y el compromiso mutuo de las partes
para cumplir con los términos acordados, evitando así la continuación de un proceso
legal más extenso.
Fundamentación legal:
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos: Es la ley fundamental de
México. Se menciona el artículo 1o, párrafo tercero, que establece la obligación del
Estado de garantizar la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, así como
el derecho de las personas a vivir libres de discriminación.
Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación (LFPED): Esta ley tiene como
objetivo prevenir y eliminar la discriminación en México. Se citan varios artículos de esta
ley que establecen las responsabilidades del CONAPRED y las acciones que deben
tomarse para prevenir y eliminar la discriminación en diversas áreas. Establece las
responsabilidades del CONAPRED y las acciones para prevenir y eliminar la
discriminación en diversas áreas.
Artículo 7: Define las atribuciones del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación.
Entre sus responsabilidades se encuentran: Promover la cultura de respeto a la
dignidad humana. Coordinar políticas públicas y acciones para prevenir y eliminar la
discriminación. Realizar investigaciones, estudios y diagnósticos sobre la
discriminación.
Artículo 8: Establece las facultades del CONAPRED para recibir, tramitar y resolver
quejas y denuncias por presuntos actos de discriminación.
Artículo 9: Dispone que el Consejo puede realizar acciones de conciliación entre las
partes involucradas en casos de discriminación.
Artículo 10: Describe las medidas para fomentar la igualdad de trato y oportunidades,
así como la no discriminación en diversos ámbitos, incluyendo educación, empleo,
salud, entre otros.
Artículo 11: Establece las sanciones y medidas de reparación que pueden imponerse
en caso de comprobarse actos de discriminación.
Estatuto Orgánico del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED):
Establece las disposiciones y competencias del CONAPRED como organismo
encargado de prevenir y eliminar la discriminación en México. Se mencionan varios
artículos que definen las facultades y obligaciones del CONAPRED en el proceso de
conciliación entre las partes involucradas en un caso de discriminación. Algunos
artículos relevantes son:
Artículo 66: Este artículo establece que el CONAPRED podrá llevar a cabo procesos
de conciliación entre las partes involucradas en una queja por discriminación, siempre
y cuando ambas partes estén de acuerdo.
Artículo 67: Señala que, durante el proceso de conciliación, el CONAPRED podrá
proponer medidas de solución para resolver la situación de discriminación, las cuales
deben ser aceptadas voluntariamente por las partes.
Artículo 68: Establece que, en caso de que se llegue a un acuerdo durante la
conciliación, este deberá ser presentado ante el Consejo para su aprobación.
Artículo 69: Se refiere a las consecuencias de llegar a un acuerdo en el proceso de
conciliación, indicando que una vez que se haya alcanzado un acuerdo satisfactorio
entre las partes, se dará por terminado el procedimiento ante el CONAPRED.
Estos artículos delinean el proceso de conciliación que puede llevar a cabo el
CONAPRED entre las partes involucradas en un caso de discriminación, permitiendo la
posibilidad de llegar a un acuerdo que resuelva la situación de discriminación reportada.
Consecuencia jurídica:
La consecuencia jurídica principal es la aceptación voluntaria de las partes involucradas
de resolver la controversia sin necesidad de recurrir a instancias judiciales.
Terminación del procedimiento: Una vez que se firma el convenio y se cumplen sus
términos, se da por terminado el proceso de conciliación ante el CONAPRED. Esto
implica que la controversia se resuelve sin necesidad de continuar con procedimientos
legales adicionales.
Obligaciones y compromisos: Las partes adquieren obligaciones legales vinculantes
derivadas del convenio. Si alguna de las partes no cumple con lo acordado, el convenio
podría considerarse incumplido y podría haber consecuencias legales como la
posibilidad de retomar el proceso de conciliación o, en casos extremos, recurrir a
acciones legales adicionales.
Ejecución de lo acordado: El convenio conciliatorio implica la ejecución de medidas
específicas acordadas entre las partes para resolver la situación de discriminación, por
ejemplo, adecuaciones en accesibilidad, programas de capacitación, entre otros
compromisos asumidos.
Renuncia a futuras acciones legales: Una vez que se ha firmado el convenio, las partes
renuncian a la posibilidad de iniciar acciones legales adicionales sobre la misma
controversia, siempre y cuando se cumplan los términos acordados.
La consecuencia jurídica fundamental de un convenio conciliatorio es la resolución de
la disputa entre las partes sin la necesidad de litigios continuos, siempre y cuando se
cumplan los compromisos adquiridos en el acuerdo.
Caso 2
Convenio celebrado entre Reclamante, el Senado de la República y el CONAPRED
como conciliador
CONVENIO CONCILIATORIO QUE CELEBRAN POR UNA PARTE CARLOS PÉREZ
LARA, ASISTIDO EN ESTE ACTO POR LA LICENCIADA LAURA LIZBETH BERMEJO
MOLINA, A QUIENES EN LO SUCESIVO SE LES DENOMINARÁ “RECLAMANTE”
POR OTRO LADO EL LICENCIADO RODOLFO NOBLE SAN ROMÁN, SECRETARIO
GENERAL DE SERVICIOS ADMINISTRATIVOS, EL LICENCIADO CARLOS
CRAVIOTO CORTÉS, DIRECTOR GENERAL DE ASUNTOS JURÍDICOS
ADMINISTRATIVOS, EL LICENCIADO JOSÉ JORGE GALICIA LEÓN, DIRECTOR DE
PROTECCIÓN CIVIL Y EL LICENCIADO MIGUEL DEMETRIO CORTÉS MANRIQUE,
DIRECTOR JURÍDICO DE ÁREA, TODOS ADSCRITOS AL SENADO DE LA
REPÚBLICA, A QUIENES EN LO SUCESIVO SE LES DENOMINARÁ EL “SENADO”,
ANTE ESTE CONSEJO NACIONAL PARA PREVENIR LA DISCRIMINACIÓN EN LO
SUCESIVO “CONAPRED”, REPRESENTADO EN ESTE ACTO POR LA MAESTRA
HILDA TÉLLEZ LINO, DIRECTORA GENERAL ADJUNTA DE QUEJAS Y
RECLAMACIONES, EL MAESTRO JORGE ARMANDO DEL MURO SUÁREZ,
DIRECTOR DE RECLAMACIONES Y EL LICENCIADO ENRIQUE VENTURA
MARCIAL, SUBDIRECTOR “A” DE RECLAMACIONES DEL CONSEJO NACIONAL
PARA PREVENIR LA DISCRIMINACIÓN, EN SU CARÁCTER DE CONCILIADORES,
QUIENES TESTIFICAN LA DECISIÓN DE LAS PARTES PARA SUJETARSE A LOS
SIGUIENTES
I. ANTECEDENTES
1. El 10 de mayo de 2015, fue remitido ante el “CONAPRED” el escrito del reclamante,
el que quedó registrado con el número de expediente
CONAPRED/DGAQR/313/15/DR/I/DF/R131.
2. La “autoridad” recibió en tiempo y forma la notificación de dicha reclamación;
asimismo, se le solicitó y rindió dentro del término señalado para tal efecto el informe
respectivo.
3. El 24 de junio de 2015, se emitió un acuerdo de trámite por medio del cual se aperturó
el procedimiento de conciliación, lo cual fue notificado a las partes, de conformidad con
lo establecido en los artículos 64 y 65 de la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la
Discriminación, y los artículos 43, fracción V y 86 del Estatuto Orgánico del Consejo
Nacional para Prevenir la Discriminación; además, fueron debidamente informadas
sobre las formalidades para la presentación de medios probatorios dentro del
procedimiento.
4. A través de los oficios 00003248 y 0003249, las partes fueron notificadas del día y
hora de la celebración de la audiencia de conciliación, a llevarse a cabo en las oficinas
del “CONAPRED”.
5. Según consta en acta circunstanciada de nueve de agosto de dos mil quince, con
base en los elementos de convicción que cada una de las partes aportó, el conciliador
propuso alternativas de solución al conflicto, por lo que las partes discutieron,
analizaron y aprobaron dichas propuestas.
II. DECLARACIONES
1. Declara el “CONAPRED”
a) Tener su fundamento legal para esta diligencia en los artículos 1o, párrafo tercero de
la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos; 4, párrafo primero, 9, 17,
fracción II, 20, fracciones IX y XII, 64, 65, 66, 68, 69, 70, 71 y 83 de la Ley Federal para
Prevenir y Eliminar la Discriminación, y 86, 87 y 88 del Estatuto Orgánico del Consejo.
b) Ser un organismo descentralizado sectorizado a la Secretaría de Gobernación, con
personalidad jurídica y patrimonio propios, que goza de autonomía técnica y de gestión
en el ejercicio de sus atribuciones, y está facultado para actuar con plena
independencia.
c) Tener por objeto fundamental contribuir al desarrollo cultural, social y democrático
del país; llevar a cabo las acciones conducentes para prevenir y eliminar la
discriminación; formular y promover políticas públicas para la igualdad de
oportunidades y de trato a favor de las personas que se encuentran en territorio
nacional, y coordinar las acciones de las dependencias y entidades del Poder Ejecutivo
Federal, en materia de prevención y eliminación de la discriminación.
d) Tener la facultad de iniciar el procedimiento conciliatorio entre el reclamante y la
autoridad señalada como responsable, proponiendo más no concluyendo una
alternativa de solución al caso concreto.
2. Declara el “reclamante”:
a) Ser persona mayor de edad y con capacidad de goce y ejercicio para la celebración
del presente convenio.
b) El reclamante Carlos Pérez Lara, manifiesta ser de nacionalidad [...], se identificó
con credencial de elector con número de folio [...] clave de elector [...], expedida por el
Instituto Federal Electoral, con fotografía, misma que concuerda con los rasgos físicos
de la compareciente.
c) La reclamante manifiesta tener su domicilio actual ubicado en calle del Olivar de los
Padres No. 1144, colonia Olivar de los Padres, Delegación Álvaro Obregón, México,
Distrito Federal, código postal 1780
3. Declara el “Senado”:
a) El licenciado Rodolfo Noble San Román, Secretario General de Servicios
Administrativos, quien se identificó con credencial de elector número de folio [...], clave
de elector [...], expedida por el Instituto Federal Electoral, con fotografía, misma que
concuerda con los rasgos físicos del compareciente.
El Secretario General de Servicios Administrativos del Senado de la República,
manifiesta bajo protesta de decir verdad que cuenta con las facultades de
administración que le confiere la Ley Orgánica del Congreso General de los Estados
Unidos Mexicanos, por lo que se encuentra facultado para suscribir el presente
instrumento jurídico.
b) El licenciado Carlos Cravioto Cortés, Director General de Asuntos Jurídicos
Administrativos de la Secretaría General de Servicios Administrativos de la LXI
Legislatura del Senado de la República, quien se identificó con credencial de elector
número de folio [...], clave de elector [...], expedida por el Instituto Federal Electoral, con
fotografía, misma que concuerda con los rasgos físicos del compareciente.
El licenciado Carlos Cravioto Cortés manifiesta bajo protesta de decir verdad, tener las
facultades legales suficientes para suscribir el presente documento en representación
de la Cámara de Senadores del Congreso General de los Estados Unidos Mexicanos,
en términos del poder notarial número ciento tres mil ciento treinta y tres, pasando ante
la fe del licenciado Juan José A. Barragán Abascal, notario público 171 del Distrito
Federal; documento cuya copia se encuentra glosada al expediente de reclamación.
c) El licenciado José Jorge Galicia León, Director de Protección Civil del Senado de la
República, quien se identificó con credencial de elector número de folio [...], clave de
elector [...], expedida por el Instituto Federal Electoral, con fotografía, misma que
concuerda con los rasgos físicos del compareciente.
d) El licenciado Miguel Demetrio Cortés Manrique, Director Jurídico de Área del Senado
de la República, quien se identificó con credencial de elector número de folio [...], clave
de elector [...], expedida por el Instituto Federal Electoral, con fotografía, misma que
concuerda con los rasgos físicos del compareciente.
e) De igual forma, manifiestan que coadyuvaran, para realizar las acciones necesarias,
con la finalidad de dar total cumplimiento al presente convenio.
f) Su representada tiene su domicilio para oír y recibir notificaciones en: la calle de
Madrid No. 62, Mezanine, colonia Tabacalera, Delegación Cuauhtémoc, México,
Distrito Federal, Código Postal 06030.
4. Declaran las partes:
a) Que deciden reunirse para celebrar este acto sin ningún tipo de coacción física o
moral.
b) Que es su voluntad sujetarse a todas y cada una de las obligaciones derivadas del
presente convenio.
c) Que reconocen su personalidad jurídica y la capacidad legal que ostentan, que
conocen el alcance y contenido de este convenio.
d) Con base en los elementos de convicción aportados se propuso alternativas de
solución al conflicto, por lo que una vez que fueron discutidas, analizadas y aprobadas
dichas propuestas, se acuerda libremente someterse a las siguientes:
III. CLÁUSULAS
PRIMERA. OBJETO:
De los hechos planteados en la reclamación del C. Federico Manuel Fleischmann
Loredo, se desprendió que presuntamente la nueva sede del Senado de la República
no era accesible y no estaba adecuada a las necesidades específicas de las personas
con discapacidad; por lo que se pudieron desprender violaciones a los artículos 1°,
primer y tercer párrafo, 4° párrafo octavo y 133[1] de la Constitución Política de los
Estados Unidos Mexicanos. Asimismo, se pudieron desprender violaciones a los
siguientes preceptos internacionales y nacionales: El Pacto Internacional de Derechos
Civiles y Políticos –ratificado por México el 23 de marzo de 1981– en sus artículos 2.1
y 26; El Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales –ratificado
por México el 23 de marzo de 1981–, en sus artículos 2.2, y 3; La Convención
Americana sobre Derechos Humanos “Pacto de San José” –ratificada por México el 24
de marzo de 1981–, en sus artículos 1.1. y 24; El Protocolo Adicional a la Convención
Americana sobre Derechos Humanos en materia de Derechos Económicos, Sociales y
Culturales “Protocolo de San Salvador” –ratificado por México el 16 de abril de 1996–
en su artículo 3; La Convención Interamericana para la Eliminación de Todas las
Formas de Discriminación contra las Personas con Discapacidad –suscrita por México
el 8 de junio del 2000– en sus artículos I, apartados 1 y 2 inciso a), artículo II y III,
apartado 1, inciso a); La Convención sobre los Derechos de las Personas con
Discapacidad de Naciones Unidas, aprobada por el Senado de la República, el 27 de
septiembre del 2007, en sus artículos 2, 3 , 4 y 9[2]; 4, 6 y 9 de la Ley Federal para
Prevenir y Eliminar la Discriminación; la Ley General de las Personas con Discapacidad,
en sus artículos 3, 5, 10, 13 y 25; el Acuerdo por el que se Establecen los Lineamientos
para la Accesibilidad de las Personas con Discapacidad a Inmuebles Federales
publicado el 12 de enero de 2004 en sus artículos PRIMERO, CUARTO, QUINTO,
OCTAVO y DÉCIMO; Norma Mexicana NMX-R-050-SCFI-2006, sobre la Accesibilidad
de las personas con discapacidad a espacios construidos de servicio público-
Especificaciones de seguridad; Reglamento de Construcciones en el Distrito Federal;
capítulo SEGUNDO de la Norma Técnica Complementaria al Reglamento de
Construcciones en el Distrito Federal para el Proyecto Arquitectónico; por lo que, las
partes se reúnen para solucionar la presente controversia, obligándose a cumplir con
todas y cada una de las cláusulas plasmadas en este instrumento; asimismo, las partes
quedan enteradas de que al finalizar el presente acto, se termina el procedimiento
conciliatorio y por tanto, se concluye el expediente de reclamación conforme al artículo
94, fracción VII del Estatuto Orgánico del Consejo Nacional para Prevenir la
Discriminación.
SEGUNDA. OBLIGACIONES DEL “SENADO”:
El “Senado” se obliga a:
2. Como una medida que garantice la no repetición de los actos materia de la presente
reclamación, dentro de los 15 días naturales siguientes a la firma del presente convenio
conciliatorio, los miembros del Senado por conducto de la Comisión correspondiente
realizará un pronunciamiento público en el que se reconozca que en el edificio de la
nueva sede del Senado de la República se garantizará la accesibilidad total para las
personas con discapacidad, a fin de que dicha acción, constituya un acto emblemático
lo cual incida para que en lo sucesivo, en cualquier otra construcción, ya sea pública o
privada, sea respetada la normatividad en la materia.
De dicha acción se enviará al CONAPRED, el soporte documental que acredite su
pronunciamiento.
SÉPTIMA. INCUMPLIMIENTO:
En caso de incumplimiento total o parcial de los acuerdos firmados en el presente
convenio por parte de las “autoridades”, el reclamante podrá acudir al “CONAPRED”
para solicitar la reapertura del expediente y continuar con la investigación del caso
planteado, lo anterior con fundamento en los artículos 90 párrafo tercero del Estatuto
Orgánico de este Consejo.
OCTAVA. CASO FORTUITO O FUERZA MAYOR:
Ninguna de las partes será considerada como responsable, ni estará sujeta a la
imposición de sanciones por incumplimiento o demora de sus obligaciones conforme a
este convenio, cuando dicho incumplimiento o demora sea motivada por caso fortuito o
de fuerza mayor, o de manera general, por cualquier causa fuera del control de las
partes y no atribuible a ellas. La parte afectada por el caso fortuito o fuerza mayor
buscará comunicar a la otra parte de tal circunstancia para que de manera conjunta
adopten y ejecuten soluciones que consideren pertinentes.
NOVENA. CAMBIO DE DOMICILIO:
La parte que cambie el domicilio señalado en el capítulo de declaraciones de este
convenio, para oír y recibir todo tipo de documentos, avisos o notificaciones, deberá
notificarlo por escrito a la otra parte y al “CONAPRED”, en el entendido de que dichos
comunicados surtirán efectos legales en el último domicilio notificado a cualquiera de
las partes.
DÉCIMA. AUTENTICIDAD:
Las partes convienen dejar sin ningún efecto cualquier documento que pudiera existir
en relación con este convenio y reconocen que éste y el acta circunstanciada de 9 de
agosto de 2011, son los únicos documentos que contienen lo pactado entre las partes,
en términos de las suscritas cláusulas segunda y tercera.
DÉCIMA PRIMERA. MODIFICACIONES:
El presente convenio podrá ser modificado por única ocasión y previo aviso al
“CONAPRED”, siempre y cuando las partes así lo decidan y que dicha modificación
proponga una alternativa más eficaz que facilite el cumplimiento de forma, más no de
fondo, de alguno de los acuerdos especificados en la cláusula segunda.
DÉCIMA SEGUNDA. LEGISLACIÓN APLICABLE
Las partes convienen en que la interpretación y cumplimiento del contenido y alcance
del presente instrumento, se regirá por las leyes aplicables a los Estados Unidos
Mexicanos, en especial por la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación y
su Estatuto Orgánico, y supletoriamente por el Código Federal de Procedimientos
Civiles.
DÉCIMA TERCERA. JURISDICCIÓN Y COMPETENCIA:
En caso de cualquier controversia, las partes se someterán expresamente a la
jurisdicción de los Tribunales Federales competentes con residencia en el Distrito
Federal; por tanto, renuncian expresamente al fuero que pudiera corresponderles por
razón de su domicilio presente, futuro o por cualquier otra causa.
Habiendo leído y entendido el presente convenio, y de estar informados sobre las
consecuencias legales que derivan del mismo, lo firman las partes por triplicado, sin
que medie violencia, error, dolo o mala fe, en la Ciudad de México, Distrito Federal, a
nueve de agosto de dos mil quince.
2. Lee detenidamente cada uno de los planteamientos del caso y realiza un análisis de la siguiente
manera. Proyecto Integrador Etapa 3
CONSIDERACIONES PRINCIPALES
POSTURA DE LA CORTE
I. RESUMEN
1. El 2 de agosto de 2001 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (en adelante "la Comisión
Interamericana", "la Comisión" o “la CIDH"), recibió una petición presentada por la Comisión de
Solidaridad y Defensa de los Derechos Humanos –COSYDDHAC– y el Centro por la Justicia y el Derecho
Internacional –CEJIL– (en adelante “los peticionarios”) en la cual se alegó la responsabilidad
internacional de México (en adelante “el Estado mexicano” o “el Estado”), como consecuencia de la
alegada ejecución extrajudicial de Mirey Trueba Arciniega el 22 de agosto de 1998 por parte de un
militar, así como por la falta de investigación, procesamiento y sanción de todas las personas
responsables.
2. Según los peticionarios, Mirey Trueba Arciniega recibió disparos por un miembro del ejército
mexicano en Baborigame, municipio de Guadalupe y Calvo, estado de Chihuahua. Indicaron que dicho
oficial, junto con otros militares, impidieron que los familiares del señor Trueba lo llevaran a un
hospital. Alegaron que debido a la falta de atención médica el señor Trueba falleció luego de tres horas
de ocurridos los hechos. Los peticionarios también señalaron que las investigaciones realizadas no
fueron efectivas debido a que no se sancionó a todas las personas responsables.
3. La defensa del Estado mexicano se concentró en que el militar que le disparó al señor Trueba fue
procesado y condenado a nivel interno. Asimismo, el Estado alegó que su familia recibió una
indemnización por el fallecimiento. El Estado concluyó que, en consecuencia, cumplió con su
obligación de investigar y sancionar los hechos, así como de reparar los daños causados.
11. En relación con los derechos a la vida e integridad personal, los peticionarios alegaron que el señor
Trueba, luego de ser disparado por un agente estatal, no fue llevado a un centro médico pues los
militares se negaron a ello. Señalaron que el señor Trueba estuvo durante tres horas sin recibir ningún
tipo de asistencia, por lo que falleció. Los peticionarios señalaron que la negativa a permitir que el
señor Trueba contara con asistencia médica oportuna, afectó su derecho a la integridad personal,
mientras se encontraba vivo. Agregaron que también se vulneró su derecho a la vida puesto que su
muerte se produjo por los disparos efectuados por un militar que se encontraba en servicio.
Adicionalmente, los peticionarios alegaron que los militares golpearon a los dos acompañantes del
señor Trueba, quienes pedían que fuera llevado a un centro médico.
12. Respecto de los derechos a las garantías judiciales y protección judicial, los peticionarios alegaron
que la investigación iniciada no cumplió con el debido proceso. Explicaron que la investigación se llevó
a cabo en la jurisdicción penal militar, la cual no es compatible con los estándares internacionales.
Señalaron que en dicho fuero únicamente se juzgó y sancionó por homicidio al militar que disparó al
señor Trueba. Indicaron que, además de que el fuero no era el adecuado, la sanción de un año y once
meses de prisión no fue proporcional al delito cometido. Los peticionarios también alegaron que los
familiares del señor Trueba no tuvieron la posibilidad de participar ni de conocer el desarrollo del
proceso ya que no fueron informados sobre el estado del mismo.
13. Asimismo, los peticionarios alegaron que el Estado no realizó una investigación efectiva y
exhaustiva pues no se investigó la responsabilidad de los demás agentes militares que presenciaron
los hechos, que golpearon a los familiares del señor Trueba y que evitaron que fuera llevado a un
centro médico luego de los disparos recibidos.
14. En relación con el deber de adoptar disposiciones de derecho interno, los peticionarios alegaron
que la normativa mexicana permitía que el fuero militar se arrogue facultades para investigar casos de
violaciones de derechos humanos. Señalaron que dicha normativa es contraria a lo señalado por la
Convención Americana por lo que México debe adoptar medidas legislativas o de otro carácter que
eviten que la autoridad castrense siga extendiéndose en sus facultades.
15. Finalmente, los peticionarios señalaron que los familiares del señor Trueba recibieron una suma
de dinero por concepto de indemnización en el marco de un acuerdo firmado con el Estado en
septiembre de 2002. B. Posición del Estado
16. El Estado reconoció que el 22 de agosto de 1998 falleció Mirey Trueba como consecuencia de
disparos realizados por un miembro del Ejército mexicano. Precisó que cuando el grupo de militares
detuvo el auto donde se encontraba el señor Trueba, él salió del vehículo, dejó caer un arma y empezó
a correr gritando “no me sigan que disparo”. En su escrito inicial el Estado sostuvo que debido a esta
situación uno de los militares “accionó su arma de fuego”. Señaló que los disparos efectuados no
estaban dirigidos a un blanco, sino que, debido a la oscuridad de la noche, “los produjo sin tener un
punto específico”. La posición del Estado sobre estos hechos es consistente con las conclusiones a las
cuales se arribó en el marco de la investigación y proceso penal interno en el marco de la justicia penal
militar.
17. En relación con la alegada falta de asistencia médica al señor Trueba luego de los disparos
recibidos, el Estado indicó que una vez que el cuerpo de auxilio arribó al lugar de los hechos, él fue
subido a una ambulancia. Señaló que mientras la ambulancia se dirigía a la clínica más cercana, el
señor Trueba falleció. El Estado no se refirió a lo alegado por los peticionarios respecto de la demora
de tres horas hasta la llegada al hospital ni ofreció una explicación al respecto.
18. Respecto de la investigación realizada, el Estado sostuvo que ésta se realizó de manera adecuada,
conforme a la legislación de dicha época. Sostuvo que el Ministerio Público inició la averiguación de
manera pronta, por lo que, en base a la evidencia recogida, presentó una acusación en contra del
militar que le disparó al señor Trueba. Señaló que luego del juicio seguido en el fuero militar se dictó
una sentencia condenatoria en su contra en el año 2000 por el delito de homicidio simple intencional,
posteriormente reducido en apelación a modalidad culposa. El Estado añadió que el proceso se realizó
de manera ágil y en un plazo razonable.
19. En cuanto a la proporcionalidad de la pena, el Estado indicó que se consideró que se privó de la
vida al señor Trueba de manera culposa. Agregó que el proceso militar fue llevado a cabo en audiencias
públicas por lo que no se restringió la información del mismo a los familiares del señor Trueba. Sostuvo
también que los familiares del señor Trueba no hicieron valer su derecho para actuar como
coadyuvantes en el proceso. El Estado reconoció que el juzgado militar estaba ubicado a gran distancia
de Baborigame. Explicó que, en su consideración, ello no es justificación para que los familiares no se
hubiesen constituido en parte del proceso.
20. En relación con la elección de la jurisdicción penal militar para seguir el proceso, el Estado indicó
que la Procuraduría General de Justicia de Chihuahua declinó la competencia al fuero militar con base
en lo establecido en el entonces vigente artículo 57 del Código de Justicia Militar.
21. En su comunicación de 2012, el Estado sostuvo que actualmente “existe un debate respecto a la
competencia de los tribunales militares para conocer de los asuntos en los que se involucra a civiles”.
Indicó que estaba trabajando en diversas iniciativas para reformar el Código de Justicia Militar.
22. El Estado señaló que además de la eficiente investigación realizada, pagó una indemnización a los
familiares del señor Trueba a efectos de reparar los daños causados. Explicó que en septiembre de
2002 suscribió un convenio con el padre del señor Trueba, en el cual se acordó el pago de $117,822.00
pesos mexicanos por conceptos de reparación de daño moral y material, el cual se hizo efectivo. IV.
HECHOS PROBADOS A. Sobre la situación de Mirey Trueba antes de su fallecimiento.
23. Mirey Trueba nació en Baborigame, municipio de Guadalupe y Calvo, estado de Chihuahua. En la
época de los hechos trabajaba en el rancho de su familia, la cual estaba conformada por: i) su padre
José Tomás Trueba; ii) su madre Micaela Arciniega; y iii) sus hermanos Vidal (fallecido)3, Elías, Tomás,
Eleazar, Eduardo (fallecido)4 y Samuel, todos de apellido Trueba.
24. Baborigame tiene una población de aproximadamente dos mil habitantes y el 75% de su población
es indígena tepehúan. De acuerdo a información de conocimiento público, desde fines de la década
de 1960 se ha incrementado la presencia del ejército mexicano en dicho municipio. El Estado reconoció
el incremento de la presencia del Ejército y explicó que, debido a la violencia derivada del narcotráfico,
en la década de 1990 se estableció un puesto de mando militar en Baborigame. El Estado sostuvo que,
en la época de los hechos del caso, dicha base estaba a cargo del teniente coronel de infantería Luis
Raúl Morales Rodríguez.
25. La Comisión toma nota de notas de prensa conforme a las cuales en dicha década se habrían
producido diversos hechos violentos en perjuicio de la población de Baborigame por parte de militares.
Entre tales sucesos referidos en las notas de prensa se incluyen la quema de casas y ejecución de cinco
civiles en 199210, la detención y presunta tortura y ejecución de un civil en 199611 y las presuntas
ejecuciones de tres civiles en 1998, 1999 y 2000, respectivamente.
26. El 20 de agosto de 1998, dos días antes de ocurridos los hechos, llegaron a Baborigame 400
militares. El presidente seccional de la región alegó que el objetivo de dicho ingreso de militares era
combatir el narcotráfico.
27. Según la denuncia presentada por su familia, el 22 de agosto de 1998 Mirey Trueba, de veinte años
de edad, se encontraba en un vehículo junto con su hermano Vidal Trueba y su amigo Jorge Jiménez.
Al denunciar los hechos, la familia indicó que alrededor de la 1:10 a.m. estaban circulando por la calle
principal de Baborigame, cuando un carro militar se acercó y pidió que se detuvieran.
28. La Comisión toma nota de las versiones existentes sobre lo ocurrido con posterioridad a que se
detuvo el auto donde se encontraba el señor Trueba.
29. Por un lado, Jorge Jiménez, quien se encontraba manejando el vehículo, declaró ante el Ministerio
Público lo siguiente: (…) al ir por su carril delante de ellos iba un vehículo militar, y fue cuando le
hicieron el alto al parecer para revisarlos… se paró, por lo que de improviso Mirey se asustó bajándose
del vehículo y corriendo por atrás (…) y empezaron (…) un comandante a disparar con una pistola
oyéndose una descarga de como diez o doce disparos.
30. Asimismo, el hermano de Mirey, Vidal Trueba, declaró ante el Ministerio Público lo siguiente:
Íbamos despacio por nuestro carril y delante de nosotros iba un convoy del ejército el cual nos hizo la
parada, bajándose ellos y también nosotros, cuando de improviso al parecer tuvo miedo Mirey de los
soldados, saliendo por el lado de atrás (…) y cuando pasó un puentesito (sic) de madera (…) un oficial
militar (…) sacó un arma de fuego y empezó a dispararle a Mirey (…).
31. Por otro lado, el Estado sostuvo en su escrito de agosto de 2004 que conforme a las investigaciones
realizadas por las autoridades internas (véase infra), se determinó lo siguiente: (…) al ir transitando
por la calle principal de Baborigame, [cuatro militares: el teniente coronel de infantería Luis Raúl
Morales, el cabo Alejandro de la Cruz, el sargento José Aguirre y el soldado Ricardo Álvarez] se
percataron de que a una distancia de aproximadamente 20 metros, venía también en tránsito una
camioneta pick up, por lo que el vehículo militar se detuvo con el fin de esperar a que llegara la citada
camioneta para marcarle el alto y efectuar una revisión a la misma, así como a sus tripulantes. (…)
[B]ajaron los tres civiles que se desplazaban en la referida camioneta (…). [Mirey Trueba] se bajó (…)
cayéndosele al parecer un arma, la que recogió caminando de forma apresurada para alejarse de dicho
lugar, al tiempo que decía ‘no me sigan que disparo’ por lo que el teniente coronel de infantería Luis
Raúl Morales Rodríguez accionó su arma de cargo.
32.-El Estado agregó que, en el marco de dichas investigaciones, se determinó que, si bien Mirey
Trueba fue disparado por un arma de fuego de un agente militar, “también lo es que el militar nunca
lo tuvo a la vista, es decir, los disparos no fueron dirigidos a un blanco, se debió a un accidente”.
33. En su escrito de junio de 2009, el Estado basó sus alegatos en las determinaciones efectuadas en
el marco de la justicia penal. El Estado mexicano sostuvo que el teniente Morales “disparó sin punto
específico hacia donde huía Trueba (…) con la intención de amedrentarlo e impedir que escapara”.
Añadió que “la oscuridad del momento hizo suponer a los militares que el señor Trueba (…) había
logrado huir, por lo que determinaron darle alcance inmediatamente, encontrándolo herido de
gravedad”.
34. Tanto los peticionarios como el Estado coincidieron en que el teniente Morales realizó once
disparos en la dirección en que Mirey Trueba estaba corriendo.
35. En relación con lo sucedido luego de los disparos realizados por parte del agente militar Luis
Morales, la Comisión toma nota de las distintas versiones.
36. Vidal Trueba sostuvo lo siguiente: (…) [Mirey] calló (sic) herido, él se revolteaba, entonces varios
soldados se acercaron a Mirey y éstos no hicieron nada para auxiliarlo, en eso llegaron otros dos carros
de militares, yo no me podía acercar ya que otros me detenían y no me dejaban hablar, si yo quería
hablar ellos me empujaban y me callaban (…) los soldados seguían maltratándome (…).
37. Por su parte, Jorge Jiménez manifestó lo siguiente: Vidal y yo queríamos auxiliar a Mirey, pero los
soldados no nos dejaron acercarnos, me dieron golpes en la cara con la mano y uno me dio un golpe
con un rifle en las costillas y me amenazaba de muerte, acusándonos de narcotraficantes y sin poder
auxiliar a Mirey, murió desangrado a causa de la herida causada por el balazo.
38. El médico Efrén Royval Simental, cirujano que trabajaba en la clínica de Baborigame, declaró lo
siguiente: Siendo la 1:50 de la madrugada (…) acudió el capitán Raúl Ruiz Gómez, pidiéndole yo que el
herido fuese trasladado a la unidad por tener otros pacientes, mientras que yo prestaba lo necesario
para atenderlo, así esperé media hora, entonces llegaron Jorge Jiménez, Vidal Trueba y el capitán Raúl
Ruiz con cuatro soldados más sin traer al herido, refiriendo que de un momento a otro llegaba y así
esperamos por un lapso de 40 a 50 minutos y el herido nunca llegó, motivo por el cual salimos a
buscarlo al lugar de los hechos (…) sin encontrar al herido. (…) procedimos a ir a la clínica del ejido y al
llegar nos encontramos que Mirey venía sin vida.
39. El médico Efrén Royval Simental sostuvo que cuando vio el cuerpo del señor Trueba, se percató
que “tenía por lo menos tres horas sin vida, puesto que la herida estaba en la arteria femoral izquierda,
está herida causa desangre a una persona en 5 minutos”.
40. Por su parte, el Estado indicó en su escrito de agosto de 2004 que el señor Trueba, luego de ser
disparado, fue llevado en una ambulancia a la Clínica Ejidal de Baborigame y falleció en el trayecto29.
Posteriormente, en su escrito de junio de 2009 señaló que el teniente médico cirujano Juan Gálvez le
proporcionó inmediatamente primeros auxilios al aplicar un torniquete para controlar la
hemorragia30. Agregó que “las características de la herida requerían de asistencia médica
especializada, la cual únicamente se podía obtener en la ciudad de Chihuahua, lugar ubicado a poco
más de 300 kms de donde ocurrieron los hechos.” C. Sobre la investigación.
41. El 22 de agosto de 1998 el padre del señor Trueba, Tomás Trueba Loera, presentó una denuncia
ante el Ministerio Público de Baborigame. El mismo día el Subagente del Ministerio Público inició la
averiguación previa No. 23/9832. El Subagente acudió a la clínica ejidal de Baborigame a efectos de
realizar la inspección ocular del cuerpo del señor Trueba. El certificado médico señaló lo siguiente:
[Mirey Trueba] presenta herida con arma de fuego con orificio de entrada a nivel del glúteo del lado
izquierdo a la altura de la parte inferior del muslo o región externa (…) herida con arma de fuego con
orificio de salida en cara anterior interna del muslo izquierdo.
42. El Ministerio Público también realizó una inspección ocular en el lugar de los hechos. Al respecto,
se encontraron once casquillos de un arma de fuego. Los peticionarios agregaron que el capitán Job
Edilberto García declaró que “se percató de que el herido no tenía arma alguna, y, asimismo, en las
inmediaciones del lugar no se encontró ninguna (sic) arma”.
43. Adicionalmente, se tomaron las declaraciones de Vidal Trueba y Jorge Jiménez. Posteriormente,
miembros del Ministerio Público fueron a la base militar ubicada en Baborigame a efectos de tomar la
declaración del teniente coronel Luis Morales, presunto responsable de efectuar los disparos. Una
licenciada mayor de justicia militar indicó a los miembros del Ministerio Público que dicha toma de
declaración no era necesaria ya que dicha persona estaba a disposición de la agencia del Ministerio
Público Militar. Asimismo, dicha licenciada ordenó iniciar una averiguación previa en dicha jurisdicción.
44. El 24 de agosto de 1998 el Ministerio Público Militar emitió una resolución en la que determinó
ejercer acción penal en contra del teniente coronel Luis Morales como probable responsable del delito
de homicidio conforme a los artículos 192 y 193 del Código Penal para el Estado de Chihuahua, en
relación con el artículo 57 del Código de Justicia Militar.
45. El 30 de agosto de 1998 el Ministerio Público declinó la competencia del caso y trasladó el
expediente al Juez Militar adscrito a la Tercera Región Militar en Mazatlán Sinaloa, con fundamento
en el artículo 57 del Código de Justicia Militar en tanto la muerte del señor Trueba ocurrió mientras el
presunto responsable se encontraba realizando actos propios del servicio militar.
46. El mismo día el Juez Militar adscrito a la Tercera Región Militar en Mazatlán Sinaloa, inició la causa
penal No. 3979/9846. Asimismo, dictó auto de formal prisión en contra del señor Morales.
47. El 2 de septiembre de 1998 Tomás Trueba presentó un escrito ante la Comisión Nacional de
Derechos Humanos solicitando su intervención en la investigación de los hechos. El 17 de septiembre
de 1998 funcionarios de la Comisión Nacional de Derechos Humanos entrevistaron al coronel a cargo
del destacamento de la zona. Dicho coronel manifestó que “el militar presunto responsable de la
muerte de Mirey Trueba (…) fue trasladado a la prisión militar ubicada en Mazatlán, Sinaloa, y ahí está
siendo juzgado”.
48. El 30 de noviembre de 1998 la Comisión Nacional de Derechos Humanos envió una comunicación
a Tomás Trueba Loera en donde indicó que, tras analizar la información recibida por la Procuraduría
General de la Justicia Militar, se advierte lo siguiente: Que el 22 de agosto (…) el teniente coronel de
infantería Luis Raúl Morales Rodríguez, efectuó varios disparos al hoy extinto Mirey Trueba (…). [S]e
desprende que al señor Luis (…) Morales (…) se le instruye el proceso penal (…) ante el Juez Militar (…)
por lo que en tal virtud nos encontramos ante una situación de naturaleza jurisdiccional, toda vez que
corresponderá a la autoridad judicial en mención, (…) resolver sobre la culpabilidad del presunto
responsable.
49. Los peticionarios indicaron que desde el inicio del proceso ante la jurisdicción penal militar las
autoridades negaron a los representantes de los familiares del señor Trueba el acceso a información
sobre el estado de la causa. El 11 de mayo de 2000 los peticionarios realizaron una nueva solicitud
sobre el estado actual en que se encontraba el proceso. Agregaron que el juzgado donde se tramitó la
causa estaba a treinta horas de distancia de donde viven los familiares del señor Trueba.
50. Frente a las quejas de los representantes sobre la falta de acceso a información sobre el proceso,
el 30 de mayo de 2000 el Ministerio Público Militar les envió una comunicación indicando lo siguiente:
(…) la Comisión Nacional de los Derechos Humanos es el organismo (…) legalmente facultado para
conocer de quejas contra (…) servidores públicos (…) de carácter federal. Me permito sugerirle canalice
su solicitud por conducto de la mencionada Comisión.
51. Los peticionarios indicaron que el 3 de octubre de 2000 volvieron a presentar una solicitud de
información sobre el estado de la causa56. De acuerdo al Estado, el 18 de marzo de 1999 y el 3 de
octubre de 2000 se informó voluntariamente a los padres del señor Trueba y a los peticionarios sobre
el estado en que se encontraba la causa penal.
52. El 22 de febrero de 2000 el Juez Militar adscrito a la Tercera Región Militar dictó sentencia
condenatoria en contra de Luis Morales por el delito de homicidio simple intencional en perjuicio de
Mirey Trueba. El Juez Militar le impuso una pena de ocho años de prisión ordinaria e inhabilitación
para reingresar al Ejército por ocho años.
53. El 19 de enero de 2001 el Supremo Tribunal Militar resolvió el recurso de apelación interpuesto
por el teniente coronel Morales. El Supremo Tribunal Militar modificó la sentencia dictada en primera
instancia y condenó al señor Morales en calidad de autor material e involuntario del delito de
homicidio culposo. En consecuencia, el Supremo Tribunal Militar concluyó que la pena debía
modificarse a un año, once meses y quince días de prisión ordinaria. El Supremo Tribunal Militar
ordenó la libertad del señor Morales debido a que ya había purgado dicho tiempo en prisión.
54. A efectos de llegar a dicha conclusión, el Supremo Tribunal Militar sostuvo lo siguiente: Que la
ubicación de Luis (…) Morales (…) al momento de producir los disparos, era a una distancia (…) de 14
a 18 metros. Que el ángulo de tiro y la trayectoria del proyectil no fue posible determinarlos (…). Con
tales afirmaciones resulta viable asegurar que el sujeto activo no disparó directamente al cuerpo del
extinto Mirey Trueba (…) ya que (…) la luz eléctrica en las calles la suspenden (…) a las 11:00 horas lo
cual hace más difícil que el teniente coronel (…) haya disparado su arma de cargo con la intención de
provocar un daño ya que (…) la visibilidad en las calles a esa hora era escasa.
55. El Supremo Tribunal Militar concluyó lo siguiente: (…) la conducta desplegada de parte de (…) Luis
Raúl Morales Rodríguez fue sin la intención de causar daño alguno sino (…) falto de previsión, reflexión
o de cuidado e inducido por lo que escuchó del civil y que todos lo escucharon, disparó su arma en la
forma ya mencionada lo que trajo como resultado la privación de la vida por demás imprudencia al
civil Mirey Trueba Arciniega65.
57. La sentencia del Supremo Tribunal Militar de 19 de enero de 2001 quedó en firme. La Comisión no
cuenta con información sobre otras investigaciones relacionadas con las posibles responsabilidades
vinculadas a las alegadas acciones u omisiones que pudieron dar lugar a la obstaculización y demora
en cuanto a la atención médica que pudo recibir el señor Mirey Trueba.
V. ANÁLISIS DE DERECHO
58. La Comisión observa que la controversia principal está relacionada con las circunstancias en que
se produjo la muerte del señor Mirey Trueba. No es un aspecto controvertido que la muerte de la
presunta víctima fue ocasionada por disparos efectuados con arma de fuego por el teniente coronel
del Ejército mexicano, Luis Morales. El aspecto en controversia consiste en que mientras que el Estado
mexicano ha considerado, según concluyó una investigación del fuero penal militar, que se debió a
una muerte accidental en el marco de un uso de la fuerza que tenía un objetivo legítimo; los
peticionarios sostienen que fue resultado de un uso excesivo de la fuerza por parte del agente estatal
que resultó en una privación arbitraria de la vida de Mirey Trueba. Asimismo, alegaron que miembros
del Ejército obstaculizaron el acceso a una atención médica oportuna.
59. Al respecto, la Comisión recuerda que la protección internacional de los derechos humanos no
debe confundirse con la justicia penal. El derecho internacional de los derechos humanos no tiene por
objeto imponer penas a las personas culpables de sus violaciones, sino determinar si el Estado en
cuestión cumplió con sus obligaciones internacionales y, en caso de no haberlas cumplido, amparar a
las víctimas y disponer la reparación de los daños que les hayan sido causados por una conducta
atribuible al Estado. En ese sentido, la Comisión aclara preliminarmente que no le corresponde
determinar si existe responsabilidad penal de agentes militares por la muerte del señor Trueba, sino
valorar de conformidad con la información disponible y atendiendo a las obligaciones derivadas de la
Convención Americana y a las reglas de carga de prueba aplicables, si el actuar de dichos agentes
comprometió la responsabilidad internacional del Estado. A. Derechos a la vida e integridad personal
(artículos 4.1 y 5.1 de la Convención Americana en relación con los artículos 1.1 y 2 del mismo
instrumento)
60. La Comisión recuerda que el derecho a la vida es prerrequisito del disfrute de todos los demás
derechos humanos y sin cuyo respeto todos los demás carecen de sentido. En ese sentido, el
cumplimiento del artículo 4 en relación con el artículo 1.1 de la Convención Americana no sólo
presupone que ninguna persona sea privada de su vida arbitrariamente (obligación negativa), sino que
además requiere que los Estados tomen todas las medidas apropiadas para proteger y preservar el
derecho a la vida (obligación positiva), bajo su deber de garantizar el pleno y libre ejercicio de los
derechos de todas las personas bajo su jurisdicción. Por su parte, la Corte Europea ha señalado la
importancia de que el derecho a la vida sea interpretado y aplicado de manera que sus salvaguardas
sean prácticas y efectivas70.
61. Tanto la Comisión como la Corte Interamericana han indicado que, en todo caso de despliegue de
la fuerza, en el que agentes estatales hayan producido la muerte o lesiones de una persona,
corresponde analizar el uso de la fuerza. En ese sentido, la Comisión analizará los hechos del caso
tomando en cuenta lo expresado en su jurisprudencia interamericana sobre el derecho a la vida, en
relación con las obligaciones de respeto y garantía y en materia de uso de la fuerza. Para ello la CIDH
tomará en cuenta diversos instrumentos internacionales en la materia y, en particular, los Principios
Básicos sobre el empleo de la fuerza y de armas de fuego por los funcionarios encargados de hacer
cumplir la ley y del Código de conducta para funcionarios encargados de hacer cumplir la ley (en
adelante “Principios sobre empleo de la fuerza” y “Código de Conducta” respectivamente). Siguiendo
la metodología utilizada por la Comisión y la Corte en casos sobre alegado uso excesivo de la fuerza,
se analizará el uso de la fuerza por parte de agentes del Estado mexicano en contra de Mirey Trueba
tomando en cuenta tres momentos: a) las acciones preventivas; b) las acciones concomitantes a los
hechos; y c) las acciones posteriores a los hechos.
62. La Comisión Interamericana ha sostenido que en el marco de operativos donde participen agentes
policiales o militares, el derecho internacional impone una serie de requisitos que derivan de la
protección de los derechos protegidos por la Convención, entre ellos, del derecho a la vida. Los Estados
deben adoptar las medidas necesarias para crear un marco normativo adecuado que disuada cualquier
amenaza a este derecho. La Comisión y la Corte Interamericana han señalado que existe un deber del
Estado de adecuar su legislación nacional y de “vigilar que sus cuerpos de seguridad, a quienes les está
atribuido el uso de la fuerza legítima, respeten el derecho a la vida de quienes se encuentren bajo su
jurisdicción”.
63. De este deber la Corte ha señalado que se desprenden las siguientes obligaciones: i) que el Estado
sea “claro al momento de demarcar las políticas internas tratándose del uso de la fuerza y buscar
estrategias para implementar los Principios sobre empleo de la fuerza y Código de Conducta”; ii) dotar
a los agentes de distintos tipos de armas, municiones y equipos de protección que le permitan adecuar
materialmente su reacción de forma proporcional a los hechos en que deban intervenir, restringiendo
en la mayor medida el uso de armas letales que puedan ocasionar lesión o muerte76, y iii) realizar
capacitaciones a sus agentes con la finalidad de que conozcan las disposiciones legales que permiten
el uso de las armas de fuego y que tengan el entrenamiento adecuado para que en el evento en que
deban decidir acerca de su uso posean los elementos de juicio necesarios para hacerlo.
65. En el presente caso la Comisión nota que en los momentos inmediatamente anteriores a la muerte
del joven Trueba, un grupo de agentes militares solicitó la detención del vehículo en el que se
encontraba la presunta víctima junto con otras dos personas. Sobre esta actuación de sus agentes, el
Estado sostuvo de manera genérica que en la época de los hechos y debido a la violencia derivada del
narcotráfico, se estableció un puesto militar en Baborigame a cargo del teniente Luis Morales, quien
fue la persona que disparó al señor Trueba. De los argumentos presentados por el Estado y de las
piezas disponibles del expediente en el fuero penal militar, no resulta claro si estos hechos se
enmarcaron dentro de un operativo militar específico ni su finalidad concreta en la fecha y lugar en
que resultó muerta la presunta víctima. Sin embargo, lo que sí resulta claro de lo sostenido por ambas
partes es que, para ese momento, en términos generales, el Ejército mexicano estaba realizando
labores de orden público en la zona.
67. En el citado informe, la Comisión expresó su preocupación por “la participación de las fuerzas
armadas en tareas profesionales que, por su naturaleza, corresponden exclusivamente a las fuerzas
policiales. En reiteradas ocasiones, la Comisión ha señalado que, dado que las fuerzas armadas carecen
del entrenamiento adecuado para el control de la seguridad ciudadana, corresponde a una fuerza
policial civil eficiente y respetuosa de los derechos humanos combatir la inseguridad, la delincuencia
y la violencia en el ámbito interno”.
68. La Comisión agregó que si bien en ciertos casos, las Fuerzas Armadas participan en la investigación
de los delitos relacionados con narcotráfico y crimen organizado, dichas actividades, para el buen
funcionamiento de un sistema democrático, deben corresponder a fuerzas policiales civiles, sometidas
a los correspondientes controles administrativos y judiciales.
69. Por su parte, la Corte Interamericana ha enfatizado en “el extremo cuidado que los Estados deben
observar al utilizar las Fuerzas Armadas como elemento de control de la protesta social, disturbios
internos, violencia interna, situaciones excepcionales y criminalidad común”. En palabras de la Corte:
(…) los Estados deben limitar al máximo el uso de las Fuerzas Armadas para el control de la criminalidad
común o violencia interna, puesto que el entrenamiento que reciben está dirigido a derrotar un
objetivo legítimo, y no a la protección y control de civiles, entrenamiento que es propio de los entes
policiales. El deslinde de las funciones militares y de policía debe guiar el estricto cumplimiento del
deber de prevención y protección de los derechos en riesgo a cargo de las autoridades internas.
70. Asimismo, tomando en cuenta que en el presente caso antes de darle muerte los agentes militares
detuvieron el vehículo en que se encontraba el joven Trueba, la CIDH considera pertinente lo indicado
por la Corte Interamericana en el sentido de que “la posibilidad de otorgar a las Fuerzas Armadas
funciones dirigidas a la restricción de la libertad personal de civiles, además de atender a los requisitos
de estricta proporcionalidad en la restricción de un derecho, debe responder, a su vez, a criterios
estrictos de excepcionalidad y debida diligencia en la salvaguarda de las garantías convencionales”86,
debido a que el régimen propio de las fuerzas militares del cual difícilmente pueden sustraerse sus
miembros, no se concilia con las funciones propias de las autoridades civiles.
71. En virtud de las anteriores consideraciones sobre los riesgos que conlleva el uso de las Fuerzas
Armadas en labores de seguridad ciudadana, la Comisión destaca que las obligaciones preventivas de
regulación, capacitación, dotación y vigilancia referidas supra párr. XX, resultaban aún más
importantes en el presente caso. Consecuentemente, el análisis de su cumplimiento cuando se le
otorgan tales funciones a las Fuerzas Armadas debe ser particularmente estricto.
72. En aplicación de lo anterior al caso concreto, el Estado no presentó información sobre la existencia
de un marco normativo adecuado que regulara el uso de la fuerza por parte de sus cuerpos de
seguridad, incluidos militares asignados a realizar labores de orden público. A ello se suma que el
Estado no informó sobre la existencia de protocolos de supervisión o control de operativos por parte
de los agentes militares asentados en Baborigame en los cuales se pudiese usar válidamente la fuerza,
ni del entrenamiento brindado sobre el “uso de la fuerza” a dichos agentes. De las investigaciones
internas tampoco surgen referencias a elementos de esta naturaleza.
73. Por el contrario, en 1998, año en que ocurrieron los hechos del caso, la Comisión emitió su Informe
sobre la Situación de los Derechos Humanos en México tras realizar una visita in loco. En dicho informe
la Comisión expresó especial preocupación por la información recibida sobre el impacto de la
asignación de tareas de orden público a las Fuerzas Armadas. En palabras de la CIDH tanto en el
informe referido como en el comunicado de finalización de la visita: Durante su visita in loco a México,
una cuestión que llamó la atención de la CIDH fue la tendencia creciente a la utilización de oficiales de
las fuerzas armadas en ejercicio de funciones policiales. El resultado obvio es la militarización de los
cuadros dirigentes de las organizaciones encargadas de la seguridad ciudadana. Al respecto, en el
Comunicado de Prensa No. 14/96, emitido el 24 de julio de 1996, al finalizar la visita, la Comisión
manifestó que: …sobre la base de su experiencia, desea llamar la atención de las consecuencias de la
utilización de las fuerzas armadas en funciones que atañen a la seguridad ciudadana, pues la misma
puede acarrear serias violaciones a los derechos humanos, en virtud de la naturaleza militar y
entrenamiento de dichas fuerzas.
74. En consecuencia, la Comisión concluye que el Estado mexicano asignó a sus Fuerzas Armadas
labores de orden público en la zona en que tuvo lugar la muerte del joven Trueba, con todos los riesgos
que ello implicaba conforme a lo indicado tanto por la CIDH como por la Corte, sin disponer las
salvaguardas necesarias en términos de regulación, capacitación, dotación y vigilancia requeridas para
prevenir privaciones arbitrarias del derecho a la vida como consecuencia del uso de la fuerza por parte
de dichos agentes.
75. Esta grave omisión por parte del Estado mexicano creó un ambiente propicio para la consumación
de violaciones a dicho derecho, situación que resulta, en sí misma, incompatible con el artículo 4.1 de
la Convención Americana en relación con las obligaciones garantía y de adoptar disposiciones de
derecho interno establecidas en los artículos 1.1 y 2 del mismo instrumento. 1.2. Análisis de las
acciones concomitantes: El uso de la fuerza letal en contra del señor Trueba.
76. Cuando se alega que se ha producido una muerte como consecuencia del uso de la fuerza, la Corte
Interamericana ha establecido reglas claras sobre la carga de la prueba. En palabras del Tribunal: (…)
en todo caso de uso de fuerza [por parte de agentes estatales] que haya producido la muerte o lesiones
a una o más personas corresponde al Estado la obligación de proveer una explicación satisfactoria y
convincente de lo sucedido y desvirtuar las alegaciones sobre su responsabilidad, mediante elementos
probatorios adecuados.
77. En similar sentido, el Comité de Derechos Humanos de la ONU ha indicado que en los casos donde
la clarificación de los hechos recaiga exclusivamente sobre el Estado, se pueden llegar a considerar las
denuncias como probadas en la ausencia de evidencia o explicación satisfactoria que pueda refutar las
pretensiones de los demandantes. Lo anterior se encuentra relacionado con lo indicado por la Corte
Europea en el sentido de que, en casos de muerte como consecuencia del uso letal de la fuerza, es
necesario aplicar el test más estricto sobre el carácter imperioso de dicho uso de la fuerza.
78. En ese sentido, para que una explicación sobre el uso letal de la fuerza pueda ser considerada
satisfactoria, es necesario que la misma sea el resultado de una investigación compatible con las
garantías de independencia, imparcialidad y debida diligencia y, además, se refiera a los elementos
que conforme a la jurisprudencia interamericana deben concurrir para justificar dicho uso de la fuerza,
a saber:: i. Finalidad legítima: el uso de la fuerza debe estar dirigido a lograr un objetivo legítimo. (…)
ii. Absoluta necesidad: es preciso verificar si existen otros medios disponibles menos lesivos para
tutelar la vida e integridad de la persona o situación que se pretende proteger, de conformidad con
las circunstancias del caso. (…) iii. Proporcionalidad: el nivel de fuerza utilizado debe ser acorde con el
nivel de resistencia ofrecido, lo cual implica un equilibrio entre la situación a la que se enfrenta el
funcionario y su respuesta, considerando el daño potencial que podría ser ocasionado.
79. Con base en lo señalado, la finalidad legítima, absoluta necesidad y proporcionalidad del uso de la
fuerza deben ser demostradas por el Estado a la luz de las circunstancias particulares del caso
concreto. Asimismo, como consecuencia de dichos principios, la Comisión recuerda que los agentes
estatales que intervienen en operativos deben aplicar criterios de “uso diferenciado y progresivo de la
fuerza, determinando el grado de cooperación, resistencia o agresión por parte del sujeto al cual se
pretende intervenir, y con ello, emplear tácticas de negociación, control o uso de la fuerza según
corresponda”.
80. Adicionalmente, la Comisión observa que los Principios sobre Empleo de la Fuerza autorizan la
posibilidad de emplear armas de fuego con “el objeto de detener a una persona que represente ese
peligro y oponga resistencia a su autoridad”. Sin perjuicio de ello, como parte de los requisitos para
que se autorice en dicha hipótesis el uso de la fuerza, los Principios señalan que: i) sólo podría
realizarse en caso de que resulten insuficientes medidas menos extremas para lograr dicho objetivo;
ii) debe utilizarse “cuando sea estrictamente inevitable para proteger una vida”; iii) los funcionarios
tendrían que dar una “clara alerta de su intención de emplear armas de fuego”; y iv) dicha advertencia
debería realizarse con tiempo suficiente salvo que al dar dicha advertencia se pusiera en peligro a los
propios funcionarios o a otras personas.
81. En este punto la Comisión analizará la información disponible sobre el uso letal de la fuerza por
parte del teniente coronel Luis Morales en perjuicio del joven Trueba. De las versiones referidas supra
la Comisión observa que no existe controversia respecto de los siguientes hechos: i) el vehículo donde
se encontraba el joven Trueba y dos personas más fue detenido por un grupo de militares, dentro de
los cuales se encontraba el teniente coronel Luis Morales; ii) el joven Trueba y los dos acompañantes
se bajaron del vehículo; iii) el señor Trueba empezó a correr en dirección opuesta al grupo de militares;
iv) el teniente coronel Luis Morales disparó once veces su arma en la dirección hacia la que corría el
joven Trueba; v) éste fue alcanzado por los disparos, quedando gravemente herido; y vi) el joven
Trueba falleció poco después de lo ocurrido.
82. La única referencia del Estado mexicano a una posible justificación del uso letal de la fuerza fue
que al joven Trueba se le habría caído un arma, la cual habría recogido alejándose del lugar y habría
indicado “no me sigan que disparo”. En estas circunstancias, y basándose en las determinaciones de
la justicia penal militar, el Estado indicó que la finalidad del uso letal de la fuerza fue “amedrentarlo e
impedir que escapara”.
83. A fin de determinar si el Estado proveyó una explicación satisfactoria sobre el uso letal de la fuerza
a la luz de los elementos mencionados anteriormente, la Comisión observa preliminarmente que,
como se estableció en la sección de hechos probados, el caso estuvo en conocimiento y fue decidido
de manera definitiva en el fuero penal militar. Esta instancia, como se indicará posteriormente, no
cumple con los requisitos de independencia e imparcialidad requeridos por la Convención Americana
para el esclarecimiento y sanción de hechos como los del presente caso.
84. Consecuentemente, las pruebas practicadas y su respectiva valoración sin garantías mínimas de
independencia e imparcialidad y las determinaciones en un fuero en sí mismo incompatible con la
Convención, no pueden constituir la explicación satisfactoria sobre el estricto cumplimiento de los
principios de finalidad legítima, necesidad y proporcionalidad en el uso letal de la fuerza en un caso
concreto. 84. Sin perjuicio de lo anterior, la Comisión observa que más allá de esta incompatibilidad
general entre la investigación realizada y la Convención Americana, las determinaciones específicas de
la justicia penal militar planteadas por el Estado mexicano como la base de su defensa tampoco
satisfacen los principios mencionados.
85. La Comisión observa en primer lugar que, conforme a la documentación aportada, la única
referencia a la existencia de un arma es la declaración de los propios agentes estatales involucrados.
Sin embargo, no existe información alguna que corrobore dicha versión y, por el contrario, existen
elementos que apuntan hacia lo contrario. Al respecto, los dos acompañantes del joven Trueba
declararon de manera consistente durante la investigación que éste no portaba ningún arma. Estas
pruebas no fueron controvertidas por el Estado mediante elementos probatorios más allá de las
determinaciones de la justicia penal militar que además de carecer de la independencia e
imparcialidad necesarias en los términos que se analizan más adelante en el presente informe. Además
de lo anterior, la Comisión considera de especial relevancia el hecho de que no existe evidencia física
alguna de la existencia de dicha arma. Así, los peticionarios señalaron que cuando se realizó la
inspección ocular en el lugar de los hechos, el capitán a cargo de la investigación manifestó que no se
encontró ningún arma en las inmediaciones. Estas circunstancias tomadas en su conjunto permiten a
la CIDH afirmar que la hipótesis según la cual Mirey Trueba portaba un arma, carece de sustento.
86. En segundo lugar y aun aceptando la hipótesis no probada por el Estado mediante una
investigación efectiva, en el sentido de que el joven Trueba recogió un arma que se le había caído, no
existe información alguna que indique que hubiera accionado dicha supuesta arma contra los agentes
militares. En ese sentido, la Comisión considera que la sola presencia de un arma no es razón suficiente
para activar el uso letal de la fuerza, máxime cuando, como se dijo anteriormente, los propios
funcionarios militares reconocieron que el joven Trueba estaba intentando escapar de la situación,
corriendo en sentido contrario a ellos. Esto resulta coherente con la justificación aportada por el
Estado ante la Comisión y referida anteriormente, en el sentido de que la finalidad del uso letal de la
fuerza no fue proteger a los agentes estatales de un riesgo a su vida, sino amedrentar al joven Trueba
e impedir que escapara. Esta finalidad tampoco constituye justificación suficiente para activar el uso
letal de la fuerza pues, como se dijo, no fue utilizada con el objetivo de salvar una vida, no se
exploraron medios menos extremos para evitar su supuesta fuga ni se le avisó con tiempo suficiente
que las armas de fuego de los militares podrían ser activadas. En virtud de lo anterior, la Comisión
considera que, aun existiendo la impresión del agente militar de la existencia de un arma, el uso letal
de la fuerza no cumplió con los requisitos de finalidad legítima y estricta necesidad.
87. El Estado agregó que, debido a que era de madrugada y existía poca visibilidad “los disparos no
fueron dirigidos a un blanco”, por lo que fue “un accidente”. Frente a estos alegatos, la Comisión
advierte que la visibilidad del lugar no constituyó un impedimento para que los agentes militares
detuvieran el automóvil y pretendieran efectuar una revisión del mismo y de sus ocupantes. En ese
sentido, el argumento conforme al cual los disparos alcanzaron a Mirey Trueba por la falta de
visibilidad, no es consistente con el contexto fáctico. Sin perjuicio de lo anterior e independientemente
de la visibilidad del lugar, haber disparado en once oportunidades en dirección a una persona que se
encontraba corriendo en sentido contrario en forma alguna puede ser entendida como un accidente.
Aun aceptando que Mirey Trueba estaba armado, responder con once disparos constituyó una falta
manifiesta de precaución y un desconocimiento del requisito de estricta proporcionalidad en el uso
letal de la fuerza en los términos descritos anteriormente.
88. La Comisión destaca que lo sucedido al joven Trueba constituyó una materialización de los riesgos
que se generan a los derechos humanos cuando los Estados otorgan a las Fuerzas Armadas funciones
de seguridad ciudadana. Además, fue el resultado directo de la omisión estatal ya analizada en cuanto
a la falta de medidas preventivas de regulación, dotación, capacitación y vigilancia.
89. En virtud de las anteriores consideraciones, la Comisión concluye que el uso de la fuerza letal en
perjuicio del señor Trueba no cumplió con los principios de finalidad legítima, necesidad y
proporcionalidad. De esta manera, la Comisión considera que el joven Mirey Trueba fue ejecutado
extrajudicialmente y, por lo tanto, fue privado de su vida arbitrariamente, en violación del artículo 4.1
de la Convención Americana en relación con la obligación de respeto establecida en el artículo 1.1 del
mismo instrumento. Esta conclusión deriva del hecho de que el resultado mortal en perjuicio de la
víctima fue causado como consecuencia de los disparos producidos por el teniente coronel Luis
Morales, sin perjuicio del análisis que se realiza a continuación relativo a las acciones posteriores al
uso de la fuerza. 1.3 Análisis de las acciones posteriores: El traslado de Mirey Trueba a un centro
médico.
90. Tomando en cuenta que el joven Mirey Trueba no falleció de manera inmediata tras recibir los
disparos, en el presente caso el análisis de las acciones posteriores se relaciona con la respuesta de los
agentes estatales frente a las mortales heridas que uno de ellos acababa de causarle a la víctima.
91. Al respecto, los Principios sobre empleo de la fuerza establecen que los funcionarios que activen
la fuerza “procederán de modo que se presten lo antes posible asistencia y servicios médicos a las
personas heridas o afectadas.
92. En ese sentido, la Comisión considera que el Estado mexicano tenía el deber de brindar atención
médica oportuna e inmediata al señor Trueba, quien se encontraba con vida y herido producto de los
disparos realizados por un agente militar.
93. Con base en las declaraciones aportadas por testigos, así como en la documentación aportada por
las partes, la Comisión pasará a recapitular lo sucedido con el señor Trueba luego de haber sido
disparado. La CIDH resalta que no existe controversia en que los disparos en contra del señor fueron
realizados alrededor de la 1:10 a.m. del 22 de agosto de 1998.
94. Conforme a las declaraciones de los dos acompañantes del señor Trueba, fueron maltratados,
incluso uno de ellos golpeado, además de que les fue impedido acercarse a Mirey Trueba y prestarle
algún tipo de asistencia. Asimismo, indicaron que solicitaron a los agentes militares que lo trasladaran
inmediatamente a un centro médico puesto que todavía se encontraba con vida. Tanto Vidal Trueba
como Jorge Jiménez manifestaron que, a pesar de su solicitud, los militares se rehusaron a trasladarlo
a un centro médico.
95. Esto resulta consistente con lo señalado por el médico de la clínica de Baborigame, Efrén Royval,
quien manifestó que a la 1:50 a.m., es decir, cuarenta minutos después de haber transcurrido los
hechos, recibió al capitán Raúl Ruiz Gómez, quien le contó lo sucedido. El médico Royval sostuvo que
luego de treinta minutos adicionales, aproximadamente a las 2:20 a.m., llegaron cuatro militares junto
con Vidal Trueba y Jorge Jiménez. Agregó que luego de esperar 40 a 50 minutos adicionales, es decir,
alrededor de las 3:00 a.m., se trasladó a la clínica del ejido y recién llegó el cuerpo del señor Trueba,
el cual se encontraba sin vida.
96. La CIDH constata que el señor Trueba fue llevado hasta la clínica del ejido de Baborigame casi dos
horas después de haber sido herido. La Comisión nota que, aunque no se sabe con exactitud la
distancia ente dicha clínica y el lugar de los hechos, el Estado no aportó explicación alguna de esta
demora. Por el contrario, en el trámite ante la CIDH el Estado mexicano se limitó a indicar que el señor
Trueba fue llevado en ambulancia a la clínica y que falleció antes de llegar a la misma, sin señalar lo
sucedido durante las dos horas referidas.
97. La Comisión considera que por el sólo hecho de haber estado herido durante el lapso antes de su
muerte, el joven Mirey Trueba padeció un sufrimiento físico extremo incompatible con su integridad
personal, lo que resulta atribuible al Estado mexicano. Además de ello, la Comisión concluye que el
Estado, a través de sus agentes, no dio una respuesta inmediata a pesar de la gravedad de la situación
a fin de buscar ayuda médica lo más pronto posible. En consecuencia, la Comisión considera que el
Estado vulneró los derechos a la vida e integridad personal establecidos en los artículos 4.1 y 5.1 de la
Convención Americana, en relación con las obligaciones establecidas en el artículo 1.1 del mismo
instrumento, en perjuicio de Mirey Trueba, también por el sufrimiento que tuvo que padecer en los
momentos entre los disparos y la muerte, así como por la omisión del Estado en procurar
inmediatamente atención médica.
98. La Comisión considera que la anterior conclusión no se modifica por el hecho de que el médico
Royval hubiera declarado que por el tipo de herida que tenía el joven Trueba, era posible afirmar que
se desangró en cinco minutos. Al respecto, la determinación a posteriori de si la atención médica
podría haber salvado o no la vida de Mirey Trueba tomando en cuenta la naturaleza de sus heridas, no
puede tener por efecto sustraer al Estado mexicano de su responsabilidad por la falta de justificación
de la demora en el traslado de Mirey Trueba a un centro médico cuando se encontraba herido de
gravedad.
B. Derechos a las garantías judiciales y protección judicial (artículos 8.196 y 25.197 de la Convención
Americana, en relación con los artículos 1.1 y 2 del mismo instrumento)
101. La Comisión evaluará si el Estado mexicano cumplió con su obligación de investigar conforme a
los estándares interamericanos la muerte de Mirey Trueba de manos de agentes militares y de proveer
a sus familiares de un recurso efectivo para obtener verdad, justicia y reparación por lo sucedido. Este
análisis se realizará en tres puntos: i) competencia, independencia e imparcialidad de las autoridades
militares que conocieron la investigación; ii) la debida diligencia en las investigaciones; y iii) acceso a
la justicia y acceso a la información para los familiares a lo largo del proceso. 1. Independencia e
imparcialidad de las autoridades militares que conocieron la investigación.
102. La actuación del fuero penal militar en este caso se dio con base en el artículo 13 de la
Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y en el artículo 57 del Código de Justicia Militar,
los cuales, al momento de los hechos, indicaban lo siguiente: Artículo 13.- Subsiste el fuero de guerra
para los delitos y faltas contra la disciplina militar. Artículo 57.- Son delitos de la disciplina militar: […]
II. Los del orden común o federal cuando en su comisión haya concurrido cualquiera de las
circunstancias que en seguida se expresan: a). - Que fueren cometidos por militares en los momentos
de estar en servicio o con motivo de actos del mismo; […] Cuando en los casos de la fracción II
concurran militares y civiles, los primeros serán juzgados por la justicia militar.
103. En el presente caso la competencia del fuero militar se determinó en virtud de la pertenencia del
sujeto activo del delito, teniente coronel Morales, a las Fuerzas Armadas.
104. La Comisión recuerda que los fueros especiales, como la justicia penal militar, deben tener un
alcance restrictivo y excepcional y estar encaminados a la protección de intereses jurídicos especiales,
vinculados a la propia entidad103. Así, la Corte Interamericana también ha tenido la oportunidad de
analizar la estructura y composición de tribunales especiales, como los militares, a la luz de los
Principios Básicos de Naciones Unidas relativos a la Independencia de la Judicatura. Algunos factores
relevantes son: i) el hecho de que sus integrantes sean oficiales en servicio activo y estén subordinados
jerárquicamente a sus superiores a través de la cadena de mando; ii) el hecho de que su nombramiento
no dependa de su competencia profesional e idoneidad para ejercer las funciones judiciales; y iii) el
hecho de que no cuenten con garantías suficientes de inamovilidad. Esto ha llevado a la conclusión de
que dichos tribunales carecen de independencia e imparcialidad para conocer de violaciones de
derechos humanos.
106. En el presente caso, al tratarse al momento de iniciar la investigación de una potencial violación
del derecho a la vida, bien jurídico ajeno a la disciplina militar, la Comisión considera que la aplicación
de la justicia militar al caso concreto resultó violatoria del derecho a contar con una autoridad
competente, independiente e imparcial para la obtención de justicia en casos de violaciones de
derechos humanos. La Comisión resalta que la única respuesta definitiva dada a nivel interno sobre
los hechos fue precisamente por parte de una jurisdicción cuya aplicación al caso era incompatible con
la Convención, lo que pone de manifiesto serias dudas sobre las determinaciones fácticas a las cuales
arribó la justicia militar. Las implicaciones probatorias de esto fueron tomadas en consideración en el
análisis de la violación del artículo 4 de la Convención Americana.
107. La Comisión observa además que la aplicación de la justicia militar al caso concreto se debió al
marco normativo vigente al momento de los hechos, específicamente el artículo 13 de la Constitución
y 57 del Código de Justicia Militar. Los órganos del sistema interamericano se han referido ya a la
incompatibilidad de la aplicación del fuero militar dispuesta en dicha disposición del Código de Justicia
Militar, con las obligaciones contenidas en la Convención Americana. La Comisión se ha pronunciado
en varias oportunidades sobre la responsabilidad internacional del Estado por la aplicación de la
justicia penal militar en casos ajenos a los bienes jurídicos militares. efectuó recomendaciones al
Estado sobre esta temática en múltiples oportunidades. Por su parte, en el caso Radilla Pacheco vs.
México, la Corte Interamericana señaló lo siguiente: (…) el artículo 57, fracción II, inciso a), del Código
de Justicia Militar es una disposición amplia e imprecisa que impide la determinación de la estricta
conexión del delito del fuero ordinario con el servicio castrense objetivamente valorado. La posibilidad
de que los tribunales castrenses juzguen a todo militar al que se le imputa un delito ordinario, por el
sólo hecho de estar en servicio, implica que el fuero se otorga por la mera circunstancia de ser militar.
En tal sentido, aunque el delito sea cometido por militares en los momentos de estar en servicio o con
motivo de actos del mismo no es suficiente para que su conocimiento corresponda a la justicia penal
castrense.
108. En virtud de ello, la Corte ordenó que “[e]l Estado debe, en un plazo razonable, adoptar las
reformas legislativas pertinentes para compatibilizar el artículo 57 del Código de Justicia Militar con
los estándares internacionales en la materia y la Convención Americana sobre Derechos Humanos”.
Dicha orden fue reiterada en tres casos posteriores respecto de México en los que constató la
aplicación inconvencional del fuero penal militar, con base en el artículo 57.II.a) del Código de Justicia
Militar110. En cumplimiento de lo anterior, el 13 de junio de 2014 se publicó en el Diario Oficial la
reforma a dicha normativa que establece que las violaciones de derechos humanos cometidas en
perjuicio de civiles no pueden ser conocidos por la justicia militar.
109. Debido a que al momento en que los hechos del caso fueron conocidos por la justicia militar
estuvo vigente el marco normativo indicado que impidió una investigación y proceso independiente,
la Comisión considera que el Estado incumplió con su obligación de adoptar disposiciones de derecho
interno en los términos del artículo 2 de la Convención.
110. En virtud de las anteriores consideraciones, la Comisión concluye que al mantener un marco
normativo que permitió la aplicación de la justicia militar al presente caso, el Estado mexicano violó
los derechos a las garantías judiciales y protección judicial, específicamente el derecho a contar con
una autoridad competente, independiente e imparcial, conforme a los artículos 8.1 y 25.1 de la
Convención Americana en relación con los artículos 1.1 y 2 del mismo instrumento, en perjuicio de los
familiares de Mirey Trueba. 2. Debida diligencia en las investigaciones.
111. La CIDH ha resaltado que el Estado tiene que demostrar que ha realizado una investigación
inmediata, exhaustiva, seria e imparci, la cual debe estar orientada a explorar todas las líneas
investigativas posibles. Es por ello que el Estado puede ser responsable por no “ordenar, practicar o
valorar pruebas” que pueden ser fundamentales para el debido esclarecimiento de los hechos. Por su
parte, la Corte Europea de Derechos Humanos ha sostenido que en casos donde hay indicios de un
homicidio causado por agentes estatales, “la investigación no será efectiva a menos de que toda la
evidencia sea propiamente analizada y las conclusiones consistentes y razonadas”.
112. Tanto la CIDH como Corte Interamericana han señalado que en cumplimiento del deber de
investigar con la debida diligencia la muerte de una persona, los Estados se encuentran obligados a
actuar, desde las primeras diligencias, con toda acuciosidad. A efecto de analizar la debida diligencia
en que la investigación es conducida desde las diligencias iniciales, la Comisión y la Corte han tomado
en consideración el Manual sobre la Prevención e Investigación Efectiva de Ejecuciones Extrajudiciales,
Arbitrarias y Sumarias de Naciones Unidas, la cual señala lo siguiente: Las autoridades estatales que
conducen una investigación deben: a) identificar a la víctima; b) recuperar y preservar el material
probatorio relacionado con la muerte, con el fin de ayudar en cualquier investigación; c) identificar
posibles testigos y obtener sus declaraciones en relación con la muerte que se investiga; d) determinar
la causa, forma, lugar y momento de la muerte, así como cualquier procedimiento o práctica que
pueda haberla provocado, y e) distinguir entre muerte natural, muerte accidental, suicidio y homicidio.
Además, es necesario investigar exhaustivamente la escena del crimen; se deben realizar autopsias y
análisis de restos humanos, en forma rigurosa, por profesionales competentes y empleando los
procedimientos más apropiados.
113. Asimismo, la Corte Interamericana ha señalado que en situaciones en las que se produce una
muerte violenta los investigadores deben, como mínimo, fotografiar dicha escena, cualquier otra
evidencia física y el cuerpo como se encontró y sólo después moverlo; todas las muestras de sangre,
cabello, fibras, hilos u otras pistas deben ser recogidas y conservadas; examinar el área en busca de
huellas de zapatos o cualquier otra que tenga naturaleza de evidencia, y hacer un informe detallando
cualquier observación de la escena, las acciones de los investigadores y la disposición de toda la
evidencia coleccionada. Por su parte, el Protocolo de Minnesota establece, entre otras obligaciones,
que al investigar una escena del crimen se debe cerrar la zona contigua al cadáver, y prohibir, salvo
para el investigador y su equipo, el ingreso a la misma.
115. Tras un análisis de las investigaciones iniciadas en sede interna, la Comisión observa que desde
las diligencias iniciales se presentaron una serie de situaciones que ponen en evidencia la falta de
debida diligencia del Estado mexicano.
116. En primer lugar, la Comisión nota que las autoridades que tuvieron el control de la escena del
crimen y de las pruebas el mismo día de la muerte de Mirey Trueba. Si bien de los hechos se desprende
que días antes de que declinara competencia fue el Ministerio Público el que realizó algunas de las
diligencias iniciales; quienes valoraron la prueba recabada y tuvieron facultad para solicitar prueba
nueva, fueron miembros de las propias fuerzas militares.
117. En segundo lugar, de las piezas del proceso con que cuenta la CIDH resulta que la investigación
realizada no fue exhaustiva ni con el nivel de acuciosidad requerido para establecer la legalidad del
uso letal de la fuerza y sus consecuencias en materia penal. La Comisión advierte que tal como se
reconoce en la sentencia del Supremo Tribunal Militar, no se realizaron las diligencias necesarias para
determinar la trayectoria de los disparos realizados por el teniente coronel Morales, así como
cualquier otra prueba técnica para establecer la veracidad o no de la versión dada por los militares
presentes en ese momento. Por el contrario, en el referido fallo la autoridad militar se limitó a indicar
que el “ángulo de tiro y la trayectoria de proyectil no fue posible determinarlos” sin señalar las razones
de tal imposibilidad cuando existen pruebas técnicas que pueden dar luz sobre tales elementos.
Además, la Comisión nota que a pesar de que existían versiones contradictorias entre los
acompañantes de Mirey Trueba y los militares que detuvieron el auto, no se realizaron diligencias
adicionales para solventar tales contradicciones, tales como careos u otras medidas conducentes.
118. La Comisión reitera en este punto que no es su labor determinar la responsabilidad penal del
teniente coronel Morales ni la modalidad dolosa o culposa del delito de homicidio, siendo tal la función
de los jueces penales a nivel interno. Sin perjuicio de ello, lo que sí debe determinar la Comisión es si
la investigación y proceso penal que determinó la modalidad de la comisión del delito, satisfizo las
obligaciones estatales bajo la Convención Americana.
119. Al respecto, en el caso García Ibarra y otros vs. Ecuador, la Corte estableció la relación entre una
investigación realizada en incumplimiento del deber de debida diligencia y la calificación de los hechos.
En particular, la Corte indicó que una calificación de los hechos a nivel interno producto de una
investigación deficiente, no constituye un esclarecimiento en los términos requeridos por la
Convención. En palabras de la Corte en el referido caso: (…) la ausencia de las referidas diligencias, o
la realización deficiente de algunas de ellas, para esclarecer las versiones contradictorias sobre la
privación de la vida, generó una carencia de elementos técnicos certeros e imprescindibles ante dichas
versiones y no procuró genuinamente el esclarecimiento de toda la verdad de lo ocurrido, incidiendo
de manera determinante en la calificación de los hechos contenida en el voto de la sentencia al que
se otorgó carácter definitivo en dicho proceso y, por ende, en la motivación de la misma. En este
sentido, el Tribunal encuentra que el Estado es responsable por la falta de debida diligencia en la
investigación de los hechos relacionados con el presente caso.
120. En ese sentido y en aplicación de lo anterior al presente caso, la Comisión considera que la
determinación de la responsabilidad penal del teniente coronel Morales por homicidio culposo, fue el
resultado de una investigación y proceso penal violatorio de las garantías de juez natural,
independencia, imparcialidad, así como del deber de investigar con la debida diligencia. En ese sentido,
a pesar de existir una decisión definitiva en el ámbito interno, al haber sido emitida tras un proceso
incompatible con la Convención Americana, dicha respuesta estatal no puede considerarse como un
esclarecimiento efectivo de lo sucedido ni como una obtención de justicia para la familia del joven
Trueba.
121. Con relación a la pena impuesta, la Comisión recuerda que la misma fue de un año, once meses
y quince días de prisión. La Corte ha sostenido que el Estado, a efectos de observar el debido proceso,
debe garantizar el principio de proporcionalidad de la pena. Es por ello que la respuesta que el Estado
atribuye a la conducta ilícita del autor de la transgresión debe ser proporcional al bien jurídico afectado
y a la culpabilidad con la que actuó el autor, por lo que se debe establecer en función de la diversa
naturaleza y gravedad de los hechos.
123. Finalmente, la Comisión observa que el Estado no investigó eventuales responsabilidades de los
demás agentes militares que se encontraban en el lugar. Al respecto, la CIDH toma en cuenta lo
indicado en forma consistente a lo largo del trámite y en las denuncias a nivel interno en el sentido de
que los miembros de las fuerzas armadas obstaculizaron los esfuerzos para ayudar a Mirey Trueba o
trasladarle inmediatamente a un centro médico. Asimismo, consistentemente se ha denunciado que
dichos agentes también maltrataron a su hermano y al señor Jiménez. Este maltrato fue descrito por
Vidal Trueba en su declaración. Dada la consistencia, especificidad y contexto de lo denunciado y en
ausencia de investigación o prueba por parte del Estado, la Comisión concluye que otros miembros de
las fuerzas de seguridad participaron en las violaciones a los derechos humanos que se perpetraron el
22 de agosto de 1998 y que, por lo tanto, las autoridades competentes necesariamente tenían que
haber investigado la muerte de Mirey Trueba en el contexto de los otros hechos denunciados.
124. En virtud de todo lo anterior, la Comisión concluye que el Estado mexicano incumplió su
obligación de investigar con la debida diligencia la muerte de Mirey Trueba Arciniega y, en
consecuencia, violó los derechos a las garantías judiciales y protección judicial establecidos en los
artículos 8.1 y 25.1 de la Convención Americana, en relación con las obligaciones contempladas en el
artículo 1.1 del mismo instrumento, en perjuicio de sus familiares. 3. Acceso a la justicia y acceso a la
información para los familiares a lo largo del proceso.
125. La Comisión recuerda que es obligación del Estado garantizar que, en todas las etapas de los
respectivos procesos, las víctimas puedan formular sus pretensiones, presentar elementos probatorios
y que éstos sean analizados de forma completa y seria por las autoridades antes de que se resuelva
sobre hechos, responsabilidades, penas y reparaciones 124.
126. En el presente caso los peticionarios alegaron en reiteradas oportunidades que los familiares del
señor Trueba no tuvieron acceso a las investigaciones y que el juzgado militar donde se tramitó la
causa estaba a treinta horas de distancia de su domicilio. Por su parte, el Estado se limitó a indicar que
las audiencias realizadas durante el proceso fueron públicas. La Comisión resalta que México no
controvirtió los alegatos de los peticionarios mediante la aportación de elementos probatorios que
demostraran que la familia sí tuvo participación en las investigaciones y acceso a la información
pertinente. El Estado no demostró que adoptó las medidas necesarias para garantizarles que pudieran
acudir al juzgado a pesar de la distancia entre éste y su domicilio.
127. En consecuencia, la Comisión considera que los familiares del señor Trueba se vieron limitados a
acceder a las actas del expediente, con un impacto en sus posibilidades de participar y ser oídos en la
investigación y proceso penal. Esta situación configuró una violación adicional, en su perjuicio, de los
derechos a las garantías judiciales y protección judicial establecidos en los artículos 8.1 y 25.1 de la
Convención Americana en relación con las obligaciones contempladas en el artículo 1.1 del mismo
instrumento. C. Derecho a la integridad personal de los familiares (artículo 5 de la Convención
Americana en relación con el artículo 1.1 del mismo instrumento)
128. El artículo 5.1 de la Convención Americana establece que “[t]oda persona tiene derecho a que se
respete su integridad física, psíquica y moral”. Con respecto de los familiares de víctimas de ciertas
violaciones de derechos humanos, la Corte Interamericana ha indicado que éstos pueden ser
considerados, a su vez, como víctimas. Al respecto, la Corte ha dispuesto que pueden verse afectados
en su integridad psíquica y moral como consecuencia de las situaciones particulares que padecieron
las víctimas, así como de las posteriores actuaciones u omisiones de las autoridades internas frente a
estos hechos.
129. En el presente caso la Comisión dio por establecido que Mirey Trueba perdió la vida en
circunstancias en las cuales agentes estatales activaron la fuerza letal de manera innecesaria y
desproporcionada sin que existiera justificación para tal actuación. Asimismo, la Comisión determinó
que sus acompañantes, dentro de los cuales se encontraba Vidal Trueba, hermano de Mirey Trueba,
fueron maltratados e impedidos de brindarle algún tipo de asistencia a la víctima.
130. Además de estas circunstancias que constituyen en sí mismas una fuente de sufrimiento e
impotencia, la Comisión también concluyó en el presente informe que en el presente caso no existió
una investigación realizada con la debida diligencia por autoridad competente, independiente e
imparcial. En ese tipo de circunstancias, la Corte ha indicado que: […] la ausencia de una investigación
completa y efectiva sobre los hechos constituye una fuente de sufrimiento y angustia adicional para
las víctimas y sus familiares, quienes tienen el derecho de conocer la verdad de lo ocurrido. Dicho
derecho a la verdad exige la determinación procesal de la más completa verdad histórica posible, lo
cual incluye la determinación judicial de los patrones de actuación conjunta y de todas las personas
que de diversas formas participaron en dichas violaciones y sus correspondientes responsabilidades.
131. De acuerdo a lo anterior, la Comisión considera que la pérdida de su ser querido en circunstancias
como las descritas en el presente informe, así como la ausencia de verdad y justicia, ocasionaron
sufrimiento y angustia en perjuicio de los familiares del señor Trueba, en violación de su derecho a la
integridad psíquica y moral establecido en el artículo 5.1 de la Convención Americana en relación con
las obligaciones contenidas en el artículo 1.1 del mismo instrumento.
VI. CONCLUSIONES
132. Con base en las consideraciones de hecho y de derecho expuestas a lo largo del presente informe,
la Comisión Interamericana concluye que el Estado mexicano es responsable por i) la violación del
derecho a la vida e integridad personal, establecidos en los artículos 4.1 y 5.1 de la Convención
Americana, en relación con los artículos 1.1 y 2 del mismo instrumento, en perjuicio de Mirey Trueba;
ii) la violación de los derechos a las garantías judiciales y protección judicial, establecidos en los
artículos 8.1 y 25.1 de la Convención Americana, en relación con los artículos 1.1 y 2 del mismo
instrumento, en perjuicio de los familiares de Mirey Trueba indicados en el párrafo 23 del presente
informe; y iii) la violación del derecho a la integridad personal, establecido en el artículo 5 de la
Convención Americana, en relación con el artículo 1.1 del mismo instrumento, en perjuicio de los
familiares de Mirey Trueba indicados en el párrafo 23 del presente informe.
VII. RECOMENDACIONES
Bibliografía.
Comisión Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH). (27 de noviembre de 2018). Caso Trueba
Arciniega y Otros Vs. México [Sitio Web]. Recuperado de
https://www.corteidh.or.cr/docs/casos/articulos/seriec_369_esp.pdf
Referencias: