Grupo de Adoración “Familia Josefina Eucarística”
ESQUEMA DE ADORACIÓN EUCARÍSTICA JUEVES 5 DE OCTUBRE
1. ORACIÓN PREPARATORIA: 5:57 p.m.
Señor, yo confío en ti, incluso más que en mí mismo. Pero confío en mí mismo
porque confío en ti. Quiero ofrecerte estos instantes para conocerte mejor. Y así
vivir mi confianza en ti de manera activa y creativa. Amén.
2. MONICIÓN INICIAL – 6:00 p.m.
La adoración eucarística es un momento de intimidad, de confianza y de amistad
con Dios. En este momento de oración ante el Santísimo, ante Jesús
Sacramentado, recordemos que su presencia es fruto del amor que nos tiene.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén
Puestos de rodillas iniciamos este momento junto a Jesús Sacramentado.
Canto inicial: 6:01 p.m. “Vine a adorarte” – Kayrós
Ritos Iniciales: 6:05 p.m. Sacerdote
3. MOTIVACIÓN – 6:08 p.m. (Música Instrumental – Música para orar - Alfareros)
Invocación espíritu santo
¡Ven oh Santo Espíritu!, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el
fuego de tu amor. Envía tu Espíritu y serán creados y renovarás la faz de la tierra.
Oh Dios, que has instruido los corazones de los fieles con la luz del Espíritu Santo,
concédenos según el mismo Espíritu, conocer las cosas rectas y gozar siempre de
sus divinos consuelos. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén
Canto: 6:10 p.m. “Ven Santo Espíritu” - Jésed
4. LECTURA DEL EVANGELIO: 6:13 p.m.
Canto: Aclamación del evangelio
Del Santo Evangelio según San Lucas 10, 1-12
En aquel tiempo, designó el Señor a otros setenta y dos discípulos y los mandó
por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares a donde pensaba ir, y les
dijo: "La cosecha es mucha y los trabajadores pocos. Rueguen, por tanto, al dueño
de la mies que envíe trabajadores a sus campos. Pónganse en camino; los envío
como corderos en medio de lobos. No lleven ni dinero, ni morral, ni sandalias y no
se detengan a saludar a nadie por el camino. Cuando entren en una casa, digan:
'Que la paz reine en esta casa'. Y si allí hay gente amante de la paz, el deseo de paz
de ustedes se cumplirá; si no, no se cumplirá. Quédense en esa casa. Coman y
beban de lo que tengan, porque el trabajador tiene derecho a su salario. No anden
de casa en casa. En cualquier ciudad donde entren y los reciban, coman lo que les
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den. Curen a los enfermos que haya y díganles: 'Ya se acerca a ustedes el Reino de
Dios'. Pero si entran en una ciudad y no los reciben, salgan por las calles y digan:
'Hasta el polvo de esta ciudad que se nos ha pegado a los pies nos lo sacudimos,
en señal de protesta contra ustedes. De todos modos, sepan que el Reino de Dios
está cerca'. Yo les digo que, en el día del juicio, Sodoma será tratada con menos
rigor que esa ciudad".
Palabra del Señor.
Meditación del Evangelio: 6:20 p.m.
Rogar. Es importante rogar al Señor. Pero jamás hemos de olvidar: después de que
Jesús nos dijo "rueguen", dijo "pónganse en camino". ¿Activismo? No, realismo.
Jesús mismo vivía con tal ímpetu su vida, que parecería difícil no identificarlo como
un activista. Sin embargo estaba muy lejos de serlo.
El activista tiene puesta su confianza en sí mismo. El cristiano tiene puesta su
confianza en Dios, a quien conoce, con quien tiene contacto frecuente, con aquél
que es su motivación y su fuerza. El cristiano vive con el deseo de imitar a Cristo y
en ello encuentra su plenitud. Por ello nunca desespera: porque su fundamento es
sólido. Incluso en tiempos de crisis, en tiempos de preguntas sabe acudir a Dios.
Jesús, incluso en Getsemaní, hablaba con el Padre. Incluso en el calvario, cuando se
sintió abandonado, habló con el Padre. Y en sus días cotidianos, la mañana, y
muchas de sus noches, las dedicaba a su Padre. La jornada la dedicaba a darle
gloria con sus obras. Rogaba y se ponía en camino.
Rogar y ponerse en camino. Dios me ha regalado la inteligencia y la voluntad para
darle gloria. Primero le doy gloria poniéndolas a su escucha. Después le doy gloria
poniéndolas en acción según sus palabras.
Canto: Bendito sea Dios – Jésed
5. MOMENTO DE ADORACIÓN: 6:25 p.m.
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor
con Aquel que te ama. Puedes hacer un propósito personal o vive lo que se te
sugiere a continuación: Asistir, preferentemente, a la Adoración Eucaríostica para
hacer un balance de mis actitudes: ¿Puedo mejorar en algo mi vida?, ¿confío
mucho y actúo poco? Si actúo mucho, ¿con que espíritu lo hago?, ¿con uno
consciente de que todo lo que hago puede dar gloria a Dios? Te pido la gracia,
Señor, de crecer en la conciencia de que mi vida puede ser una continua alabanza.
(Leer de manera pausada)
No es preciso, hijo mío, saber mucho para agradarme mucho; basta que me ames
mucho. Háblame aquí, sencillamente, como hablarías al más íntimo de tus amigos,
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como hablarías a tu mamá o a tu hermano. Activa tu fe, estoy delante de ti. Te
oigo. Y te miro como el mejor de los padres miraría a su hijo muy querido. Como
la mejor de las madres a su hijo pequeño, por quien daría mil veces su vida. ¿Crees
esto?
¿Necesitas alguna gracia?
Me refiero a si necesitas algo para ti. Si quieres partir por ti, haz, si quieres, una
lista de lo que tú necesitas y léela en mi presencia. No pienses que tus defectos me
alejan a Mí de ti. Dime francamente lo que te pesa en la conciencia: si sientes que
eres orgulloso, flojo, que te dejas llevar sobre todo por tus ganas, poniéndote a ti
en primer lugar, y postergas tus estudios, tus deberes conmigo y con tus padres y
hermanos, si sientes que eres débil y pierdes fácilmente ante las tentaciones, si
eres inconstante, negligente... Y pídeme luego que venga en ayuda de los
esfuerzos, pocos o muchos, que haces para liberarte de tus faltas. ¡No te
avergüences, hijo mío! ¡Hay en el cielo tantos y tantos justos, tantos y tantos
santos que tuvieron esos mismos defectos! Pero rezaron con humildad..., y poco a
poco se vieron libres de ellos.
No vaciles en pedirme bienes espirituales y materiales, salud, memoria, éxito en tus
trabajos, proyectos o estudios... Todo eso puedo darte, y deseo que me lo pidas,
siempre que no obstaculicen, sino más bien ayuden a tu santificación.
Precisamente hoy, ¿qué necesitas? ¿Qué puedo hacer por ti? ¡Si supieras cuánto
deseo poder ayudarte!
¿Tienes ahora algún proyecto? Cuéntamelo todo. ¿Qué te preocupa?, ¿qué
piensas?, ¿qué deseas? Dime qué cosa en particular llama tu atención hoy, qué
deseas más ardientemente y con qué medios cuentas para obtenerlo. Dime si no
te resultan tus planes, y te diré las causas de tus dificultades. ¿Deseas apoyarte en
mí? Hijo mío, yo soy el Señor de los corazones, y los muevo adonde deseo sin
violentar su libertad.
¿Sientes acaso tristeza o mal humor? Cuéntame tus tristezas detalladamente. ¿Te
ha pasado algo? ¿Te ha herido alguien? ¿Se han alejado de ti personas que
quieres, y no entiendes el por qué?, o ¿es otra cosa?
Acércate a mi corazón y encontrarás el alivio para las heridas del tuyo. Cuéntamelo
todo y pídeme lo que quieras. Y si fuera el caso, hijo mío, que notaras que tus
sufrimientos son porque no eres humilde sino orgulloso, no temas “perder”, no
temas “que se salgan con la suya”: tú ganarás mucho más dejando libre tu alma de
esa rabia o, tal vez, odio, porque así puedo llenarte de mis dones, y puedo vivir en
ti. Y quizás comprendas que necesitas perdonar, y me quieras pedir la fuerza para
hacerlo: hazlo y acabarás por decirme que, a semejanza de Mí, todo lo perdonas,
todo lo olvidas, y en pago... recibirás mi bendición consoladora.
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¿Hay algo que te da miedo o inseguridad? Apóyate en mi providencia. Yo estoy
contigo, a tu lado. Veo todo, escucho todo, lo puedo todo, y no te abandonaré en
ningún momento.
¿Y no tienes alguna alegría que comunicarme? ¿Quieres hacerme partícipe de ella
como buen amigo tuyo? Cuéntame lo que, desde ayer, desde la última visita que
me hiciste, ha consolado y hecho como sonreír tu corazón. Quizá has tenido
agradables sorpresas; quizá has visto disipadas graves dudas, has recibido buenas
noticias, un mensaje, un detalle de cariño, has vencido una dificultad, o salido de
una situación angustiosa. Todo esto es obra mía. Yo te lo he concedido. ¿Por qué
no has de manifestarme tu amor a través de tu gratitud, y decirme sencillamente
como un hijo a su padre: “Gracias, Padre mío”?
¿Tienes alguna promesa que hacerme? Leo, ya lo sabes, el fondo de tu corazón: a
los hombres se engaña fácilmente; a Dios, no. Háblame pues, con toda sinceridad.
¿Tienes firme resolución de no exponerte más a aquella ocasión de pecado? ¿De
privarte de aquel objeto que te dañó? ¿De no leer más aquel libro que excitó tu
imaginación? ¿De evitar aquella persona que quitó paz a tu alma? ¿Vas a ser
generoso con esa persona a quien consideras tu enemiga porque te ofendió?
¿Necesitas hacerme alguna petición en favor de tus papás, hermanos, amigos
o conocidos?
Dime su nombre. Dime directamente qué quieres que haga por ellos. Pídeme
mucho, muchas cosas; no vaciles en pedir, pídeme como piden los niños. Me
gustan los corazones generosos, que llegan a olvidarse de sí mismos para atender
las necesidades ajenas.
Quisiera que tengas un corazón grande, y que en tus peticiones y preocupaciones
no falten los pobres. Todos aquellos que sufren una necesidad: los enfermos, los
que experimentan la pobreza material, y sobre todo los que están alejados de Mí,
porque no creen, porque han perdido la esperanza o porque no aman.
Cuéntame con sinceridad: ¿te preocupan estas cosas?, ¿te preocupas si ves a
alguno de tus parientes o amigos alejados de Mí, y buscas remediarlo? Háblame
de ellos y confía en que te ayudaré. Y que esa confianza te lleve a atreverte a hacer
lo que te pediré, como si tú fueras mis manos.
Recuerda que he prometido escuchar toda súplica que salga del corazón. Ahora,
hijo mío, regresa a tus ocupaciones habituales, a tu familia, a tu trabajo, a tus
estudios... pero no olvides estos minutos de conversación íntima que hemos
tenido en el silencio del sagrario. Guarda en lo posible silencio, modestia,
resignación, amor a tu prójimo. Ama a mi Madre, que lo es también tuya, la Virgen
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Santísima, y vuelve otra vez a mí con el corazón más amoroso, más entregado; en
el mío encontrarás cada día nuevo amor, nuevos beneficios, nuevos consuelos.
Sagrado Corazón de Jesús, en Ti confío.
Oh, Dulce Corazón de María, sé la salvación mía. Amén.
Haz un propósito personal. El que más amor implique o, si crees que es lo que
Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación: Buscaré un buen lugar para
hacer mi oración y conseguiré una imagen de la Santísima Virgen del Rosario o del
Sagrado Corazón para que cuando llegue la distracción pueda contemplar la
imagen y llevar de nuevo mi alma a Dios.
Canto: “Siempre te amaré” - Athenas
ORACIÓN POR LOS SACERDOTES
Señor Jesús, te pido por tus sacerdotes. Que cuando estén clavados en la cruz del
confesionario, pongas en ellos tu corona de luz en vez de tu corona de espinas.
Que cuando, día a día, te traigan al pan convertido en tu cuerpo, ello no se les
vuelva rutina, sino diario milagro.
Que su trato con las almas sea siempre para dejar en ellas el amor y el valor que Tú
nos entregas.
Que cuando jóvenes, tengan la fortaleza de tus últimos tres años y cuando viejos,
sigan sintiendo que «Dios alegra su juventud».
Que espíritu viviente en carne y hueso, sean como Tú, profundamente humanos y
perfectamente divinos.
Que cuando el desánimo y la debilidad los agobien en el camino de su calvario,
estés Tú, como Cirineo, para llevarles la cruz y volvérselas gozo.
¡Y que nunca falte quien de la vida por ellos, así como Tú la diste por nosotros!
6. BENDICIÓN DEL SANTÍSIMO – 6: 50 p.m.
Luego de haber disfrutado de su sacramental presencia en el Sagrario, reconfortados
por esta reflexión de hoy donde ha puesto en nuestro corazón la fortaleza y la paz de
su Gran Espíritu, nos preparamos para recibir su bendición.
Canto: Adoremos reverentes
Oraciones finales: Sacerdote
Canto final: Tú reinarás
Invitación a participar de la Adoración eucarística.