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Instituciones Visigodas en España

El documento habla sobre el establecimiento de los visigodos en la Península Ibérica. Describe cómo los visigodos se asentaron en las Galias mediante un pacto en 418 y luego se desplazaron a la Península Ibérica, organizando el reino de Toledo. También analiza cómo se repartieron las tierras entre los godos y los romanos a través de la 'hospitalidad' y el 'foedus', y los diversos puntos de vista sobre este proceso de reparto.

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Instituciones Visigodas en España

El documento habla sobre el establecimiento de los visigodos en la Península Ibérica. Describe cómo los visigodos se asentaron en las Galias mediante un pacto en 418 y luego se desplazaron a la Península Ibérica, organizando el reino de Toledo. También analiza cómo se repartieron las tierras entre los godos y los romanos a través de la 'hospitalidad' y el 'foedus', y los diversos puntos de vista sobre este proceso de reparto.

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Tema 3: Instituciones de la España Visigoda

1. Los pueblos germanos, estructura económica y social de los visigodos


i. Los pueblos bárbaros y su asentamiento en la Península

La irrupción de pueblos bárbaros, gentes que vivían más allá de los límites del imperio y su establecimiento en el
mundo romano, fue un fenómeno largo y con complejas causas. Esas oleadas migratorias fueron ya incontenibles
a finales del [Link] y principios del S.V, sacudiendo los cimientos políticos y la organización de un imperio en crisis.
Al producirse su derrumbamiento y ser atribuido a esas invasiones surge el llamado teoría catastrofista como
explicación del fin del mundo antiguo y origen del medieval. Pero esa teoría no es válida ya que ese no fue el
fruto más bien fue la infiltración progresiva de pueblos enteros, a veces aliados con los romanos para defender
de otros pueblos extraños.

Las invasiones bárbaras eran causas por problemas geográficos, estructura socioeconómica, búsqueda de tierras,
conflictos bélicos, etc. Entre esos pueblos extranjeros hay de origen iranio, como los hunos y los alanos, pero la
mayoría eran germanos (étnico indoeuropeo asentado en Dinamarca, norte de Alemania y sur de Suecia). Se ha
distinguido entre los germanos a tres grupos: nórdicos, germanos orientales (alanos) y occidentales (suevos y
vándalos) en el S.V.

A) Las invasiones y su carácter

1. Bárbaros contra bárbaros: el logro de la unidad política

Los pueblos germánicos cruzan los Pirineos en 409. Tras dos años de
incursiones, los alanos se establecieron en la antigua Lusitania y en la
parte occidental de la Cartaginense. Gallaecia fue ocupada por los
suevos y por una rama de los vándalos, los asdingos, mientras que los
silingos se instala en la Bética. Cuatro años después los visigodos se
asientan en el sector oriental de la cartaginense y en Tarraconense.

A tiempo de su incursión en Cataluña, estos visigodos de origen


escandinavo, estos visigodos ya habían protagonizado largos conflictos
por toda Europa, invadiendo Italia y las Galias.

Tras esa incursión, el rey Valia sucede a Ataulfo y hace un pacto con los romanos en el año 418, recibiendo
tierras Galias para asentarse, a cambio de combatir como pueblo federado a los enemigos del imperio. Se
constituye así el reino visigodo en el sur de Francia con capital en Tolosa.

A partir de los mediados del S.V los visigodos penetran en España durante los reinados de Teodorico II (452-466)
y de Eurico (466-484) ocupando Tarraconense y Lusitania. Eurico, aparece como el primer rey visigodo de
España.

Tras un periodo de superioridad ostrogoda, seguido de años de anarquía, a mediados del [Link] Atanagildo
traslada la capital a Toledo. Los vándalos habían emigrado a África y los otros pueblos fueron derrotados por los
visigodos, el reino suevo se mantuvo en Galicia derrotados a su vez en el año 585 por el rey visigodo Leovigildo
(568-586), los visigodos habrán de reducir a los conquistadores de Bizancio que ocupan territorios en las zonas
del sur. El estado de Toledo permanece como única entidad política hasta su derrumbamiento a principios del
[Link], esto se hizo posible por la imposición de un pueblo extraño sobre los restantes, como consecuencia de
ese odio entre godos y godos como comento Menéndez Pidal. Barbaros contra barbaros como cito Orlandis.

2. Idiosincrasia, jurídica de los invasores.

Las comunidades políticas germanas estaban formadas por grupos familiares integrantes de la llamada Sippe,
hace referencia la comunidad de parientes de sangre de una determinada persona, como la trascendencia
jurídica que englobaba al conjunto de individuos que descienden de un tronco común en línea masculina. El
derecho germánico atribuía a ese conjunto de individuos un carácter de círculo de autodefensa, con un
conjunto de derechos y deberes para sus miembros, de manera que la protección penal de sus integrantes
quedaba en manos del propio colectivo cerrado de la Sippe. Así, cuando el círculo comunitario veía cómo uno
de sus miembros era dañado, los restantes quedaban legitimados para acceder a la venganza ( Blutrache) o
reclamar composición económica que se repartiría entre todos (Wergeld). La comunidad parental de la Sippe no
se reducía exclusivamente a aquellos que proceden de una línea masculina común, sino que podía extenderse a
aquellos que fueran ajenos a esa rama familiar pero que se adscribieran a la Sippe mediante la fraternidad
artificial. Para formalizar su inclusión en la comunidad fraternal, dos individuos habían de hermanarse de una
manera ceremonial y ritualista, en la que se producía un juramento de hermandad, así como una mezcla
simbólica de la sangre del extraño y del miembro de la Sippe.

La población germana se componía de hombres libres donde destaca la clase aristocrática dominante;
semilibres o liten sujetos de derecho prestan servicios a su señor; y siervos situado en el estrato , al grado de
hombre libre. inferior que podían ser manumitidos, accediendo normalmente al grado de semilibre, y en
excepcionales ocasiones hombre libre. La clase social tenía gran importancia a la hora de determinar
el wergeld, de manera que el semilibre valía la mitad que el hombre libre.

Los hombre libres se agrupan en la clientela o sequito (Gefolge) de señores poderoso, quienes mantienen al
cliente a cambio de prestación de determinados servicios. Los propios reyes fueron cabezas de esas clientelas.
Elegido al monarca “rey de ejército” (pueblo de armas) , la realiza tuvo muchas veces su origen en esas
comitivas. La proliferación de los lazos privados condiciono así el propio carácter público de la organización
política.

En el orden económico fue frecuentes las explotaciones agrícolas de un cierto tipo de aldeas ( las Haufendörfer),
así como el reparto de tierras a los grupos parentales, seguido de sorteo para adjudicar a cada individuo su
cuota en los terreros del territorio (marca), mientras todos utilizan colectivamente bosques y prados comunes
(Allmende). La casa, huerto y parte a la marca común se llama hufe.

B) El establecimiento de los visigodos

Sintetizada mente el pueblo se instado en las Galias, mediante el pacto del 418, erigiendo allí el reino tolosano,
para desplazarse a la Península y organizar el reino de Toledo. ¿Como se realizó el establecimiento de los
visigodos y como se repartieron las tierras entre godos y romanos?

1. La hospitalidad romana

A cambio de los servicios y ayuda militar de pueblos extraños, Roma se vio obligada a arbitrar un procedimiento
para instalar a sus ejércitos. Consistió en la llamada “hospitalidad” (hospitalitas), cosiste en que el dueño
conserva dos terceras partes de su propia casa, y un tercio es para el huésped. Pero fue insuficiente para acoger
a pueblos enteros. En esta conyuntura, propia de las invasiones bárbaras, hubo que hacer frente a esas nuevas
necesidades a la instancia de repartir las tierras.

2. EL reparto de tierras

Por el pacto del 418 entre Valia y el emperador romano Honorio los visigodos se quedaron establecidos en la
Aquitania. Este reparto ha sido objeto de interpretaciones diversas.

- ¿Cuándo tuvo lugar?

Según Pérez Pujol se cree que tuvo lugar en el reinado de Eurico, medio siglo después de estipulado el foedus
(tratado). Los bosques y prados quedan fuera de este reparto ya que eran comunes. El reparto fue consecuencia
del foedus en las Galias, reparto fundamentalmente en las zonas próximas a Tolosa. Respecto a España, las
invasiones del S.V exigieron sucesivos repartos parciales, efectuados mediante nuevos convenios o aplicando los
criterios divisores del antiguo foedus. La tesis de que los visigodos se establezcan en España por un
procedimiento analógico no se sostiene ya que las estructuras de la propiedad no las alteran.

- ¿Qué se repartió?

Según Torres fueron objeto de reparto toda clase de fundos, grandes y pequeños, junto con las casas que se
aplicaron los principios de la hospitalidad militar romana. García-Gallo estima que solo se debieron dividir los
latifundios ya que las pequeñas propiedades se quedaban sin medios de subsistencia. Los fundos repartidos
comprendían tierras laborales, algunos bosques y prados de propiedad particular.

- Forma y criterios del reparto

Torres sostuvo que los fundos fueron divididos dos tercios para los godos (sortes gothicae) y uno para los
romanos (tertia romanorum). La referencia de cierta ley antigua del código visigodo a esas dos partes parecía
suficiente para sentenciar así la cuestión.

García-Gallo replanteo la forma del reparto de los latifundios, debe distinguirse dos zonas: la que el señor
explota de modo directo y aquella otra cuyo cultivo se cede a los colonos y arrendatarios. De la primera ( terra
dominicata) el señor conserva dos tercios y cede uno al huésped visigodo, mientras que la segunda (terra
indominicata) cede dos partes. Se considera que ambas zonas debían tener la misma expansión, se deduce que
se repartían las tierras de forma igualitaria. El propietario romano no resultaría afectado ya que en la práctica
solo dejo de percibir la moderada renta que los colonos pagaban.

Solo la clase dirigente visigoda se convertido en terrateniente, aunque de forma ocasional sus miembros
concedían tierras a quienes dependían de ellos.

- Toponimia y división de tierras

Según Menéndez Pidal distingue la ubicación, en una u otra zona del reparto, de ciertas localidades cuyo
nombre derivaría de villas pertenecientes a propietarios romanos o godos. García-Gallo destacaba que los
topónimos de villas no eran consecuencia del reparto. Algunos nombres romanos procedan de la Hispania y
otros góticos deriven de bautizar a ciertos pueblos en la etapa ultima de la Reconquista.

ii. La vida económica

La evolución económica en el reino visigodo estuvo ligada a las crisis sociales y tensiones políticas de los [Link] y
VII. Las etapas de prosperidad y crisis se correspondieron con la estabilidad o descomposición del orden social,
interrelacionado con las alternativas de la vida política. Cabría destacar ciertas etapas de oscilación económica.

Las cuatro décadas de influencia ostrogoda en la primera mitad del [Link] constituyen un periodo de saneamiento
económico y coyuntura alcista, interrumpido en el año 540 hasta el acceso al trono del rey visigodo Leovigildo
(568 ó 569) por la invasión de los francos, una gran epidemia de peste y de anarquía política. Los últimos 30
años del siglo, coincide con el reinado de Leovigildo y Recaredo, fueron testigos de la recuperación de la crisis
monetaria y una reactivación económica favorecida por la paz que gobernó el segundo de esos reyes. La
economía declina en reino de Ervigio para convertirse en calamitosa durante los últimos lustros del [Link],
cuando Egica y Witiza asisten a la descomposición final de reino de Toledo.

A) Factores agropecuarios

El declive de la vida urbana del bajo imperio repercutió en la estructura económica visigoda, basada en la
explotación agrícola tanto por los hispanos como por aquellos visigodos, siendo antes labradores durante su
asentamiento en las Galias, siguieron cultivando sus tierras. Los latifundios quedaron en manos de sus antiguos
dueños (los aristócratas hispano-romano) o pasaron a la clase gótica dirigente. Junto a la villa señorial aparecen
comunidades rurales agrupadas en pueblos o aldeas.

La riqueza agraria se centra en el cultivo de cereal, vid y olivo. Las tierras altas de la meseta castellana debieron
producir cosechas de trigo y cebada mediante un régimen de cultivo de secano, depende básicamente de las
precipitaciones atmosféricas. El aceite desempeño un gran papel ya que era objeto de préstamos.

La ganadería debió ser un pilar básico de la economía rural, de los múltiples reglamentadores de los derechos
del propietario sobre los animales. El ganado caballar era instrumento de las explotaciones agrarias, contarían
con rebaños de ganado bovino y ovino.

García Moreno destaca como rasgo esencial en la evolución agrícola fue el aumento de los latifundios
señoriales y la disminución de la pequeña y mediana propiedad. Valdeavellano destaca como consecuencia del
reparto de latifundios que la pequeña propiedad se hizo más numerosa, aunque subsistieron los latifundios
imperiales que ahora han pasado a corona visigoda. La villa es el centro de la explotación de aquellas tierras
que el propietario cultiva directamente. Las restantes son cedidas a colonos a cambio del pago de un canon, o
bien de la prestación de determinados servicios.

B) Comercio y economía monetaria

La formación de las unidades políticas de los pueblos barbaros no supuso una ruptura en las actividades propias
de la industria y el comercio. Resulta inadecuado adjudicar a los siglos visigodos una economía cerrada, que
habrá consumido sus propios productos. Destaco la industria metalúrgica y la orfebrería, aunque la extracción
de minerales se redujera, las minas gallegas ocupan un lugar principal. También nos consta la industria de
tejidos y de la harinera. En las industrias agrícolas destaca la fabricación de aceite básico en el mercado de
exportación. Las diversas actividades exigieron un grado de especialización profesional con la formación de
aprendices.

El comercio exterior se realizó con Europa, África y oriente mediterráneo, en base a minerales preciosos,
productos de lujo, telas etc. Los orientales disfrutaron de una jurisdicción especial. Los impuestos
visigodos fueron las cargas fiscales a las que estaban sometidos los visigodos y los romanos en el Reino de
Toledo, impuesto de aduanas y el de comercio. Las disputas entre extranjeros (en los puertos) eran juzgadas por
los Telonarii que se supone que eran funcionarios contratados por los mismos comerciantes para recaudar en
los lugares y ofrecer estos pagos a los arrendatarios de la recaudación.

El comercio con Italia fue importante durante la etapa de influencia ostrogoda en el [Link], coincidiendo luego en
Mallorca la ruta de tráfico italicolevantina con el comercio de los bizantinos. Las relaciones con África tuvieron
en Cartago un hito clave a la actividad navegante. Esa ciudad fue escala de las rutas del este, cauce para
relaciones mercantiles como del proceso de orientalización de la cultura visigoda, especialmente brillante en la
escultura y orfebrería. El comercio con Francia tuvo lugar por vías marítimas y terrestre de las calzadas romanas
que comunicaba Cataluña mediterránea con Narbona (Francia). Galicia mantuvo relaciones con las Islas
Británicas y fue transito obligatorio para los comerciante orientales que allí se dirigían, tras bordeas las costas
mediterránea y atlántica de la península.

Soporte del comercio interior fue la red de vías y comunicaciones romanas, trafico cuya regulación se ocupo
Leovigildo, así las rutas marítimas y fluviales ofrecían un margen de seguridad. En los textos se refieren de
forma primordial al comercio ultramarino. En algunas localidades la gente se reunía en el mercado para
negociar allí el tráfico de mercancías.

La economía visigoda fue monetaria, sobre todo en los núcleos urbanos, la moneda resulto desplaza a veces por
los tributos en especie. La base del sistema fue el sueldo del oro. La moneda acuñada en el reino visigodo fue el
tremis, tercera parte de un sueldo. La siliqua de plata y monedas de bronce circularon como unidades
fraccionarias.

Aun importando ocasionalmente minerales preciosos, los tremisses fueron acuñados por el oro obtenido en la
península, lo que explicaría la proliferación de cecas en regiones como Galicia donde abundaron yacimientos
auríferos. La ley de la moneda se degrado en los últimos reinados de Egica y Witiza, originándose un caótico
panorama que tuvo que ver con la prohibición de los judíos se dedicaran al comercio. La economía monetaria
origino la actividad de banqueros (argentarii) y prestamistas. El interés legal de los prestamos fue fijado por
Eurico, si el prestamista forzar la fijación de tipos mayores, la tasa extralegal y los intereses no se pagarían.

iii. La sociedad visigoda

a) Godos y romanos. Demografía y fusión étnica.

La sociedad del reino visigodo se formó sobre una mayoría hispanorromana y el conjunto minoritario de godos
inmigrados, también agregar pequeños núcleos del norte (bretones y francos), de oriente (sirios y griegos) y el
grupo étnico judío. Romanos y godos fueron los elementos fundamentales.

A la población hispanorromana se unieron germanos. También destacar que los invasores representaban una
minoría de los habitantes del futuro estado. La imposición política y militar de los godos tuvo el contrapunto de
su inferioridad numérica y un desequilibrio de civilización superiormente romanizados. Por lo que en los [Link] y
[Link] los godos abandonan su onomástica para recibir nombres romanos.

Tras el establecimiento de los visigodos en la franja central de la península se inicia el proceso de fusión étnica
con los hispanorromanos. Algunos reyes como Alarico hicieron una política de signo integrador, cuyo obstáculo
fue las diferencias religiosas entre el arrianismo de los godos y el catolicismo. En un primer momento, la
población visigoda se mantuvo alejada de la población romana. Así, por ejemplo, estaban prohibidos los
matrimonios mixtos, debido a la distinta religión que practicaban. Pero en el año 587 el rey visigodo Recaredo
se convirtió al catolicismo, junto con toda su familia, en un acto celebrado en Toledo. Se produce una alianza
entre la corona y la iglesia, se compromete en la protección.

Aquellos pueblos de godos y romanos (gothi et romani) confluyen en una única colectividad calificada por San
Isidoro de gens gothorum. Estos hispanogodos son ya desde fines del siglo VII los hispani o españoles, mientras
persiste el sector diferencial, étnico y religioso, de las comunidades judías.

b) Estructura social

La mayoría de la población hispano goda vivió en el campo, bajo un sistema social parecido al romano. La
población urbana quedo asentada en núcleos que habían perdido la entidad en el proceso ruralizador, aunque
alguna ciudad floreciera como el caso de Toledo, sede regia y metrópoli eclesiástica . En el concepto de la
población urbana o rural, existieron tres grupos: nobleza y los siervos, sectores privilegiado y oprimido de la
sociedad, y el estrato intermedio de los libres cuya situación económica y jurídica fue variable.

1. La aristocracia

Correspondió a la nobleza hispano goda, fusión de los senatores territoriales hispanorromanos y de la nobleza
goda de seniores y magnates. A la llegada de la península, los miembros de la estirpe se muestran como al clase
rectora del pueblo, destaca los Balthos pertenecientes a los propios reyes. Con la consolidación política, se
convirtió en la aristocracia tanto territorial como de servicios, según consiguieron controlar el control de los
cargos y oficios de la administración del estado.

La situación de la nobleza tuvo repercusiones jurídicas. Como determinados beneficios que las leyes visigodas
reconocían a los nobles, como la exención del tormento, para justificar esa nobleza frente a los libres como
clase privilegiada. Torres López señalo que la nobleza no era todo ventajoso y que esa situación no era
privilegiada. King radicalizo incluso al tachar de anti aristocráticas a las leyes visigodas.

La organización administrativa del reino de Toledo origino la creación de una oligarquía palatina en los servicios
centrales, mientras altos dignatarios de jerarquía militar quedaban al frente de diversos territorios. Del
estamento dirigente formaron parte los obispos y otras personalidades eclesiásticas. Los magnates cortesanos
acompañaban al monarca formando parte de su sequito, institución de raigambre germánica basada en los
lazos de fidelidad. En el sequito figuraban jóvenes “gardingos” que eran educados en el palacio recibiendo
sustento del monarca y luego como beneficiarios de tierras concedidas. Con ellos , los condes o comités que
rigen los distritos, constituyen una comitiva regia que acredita su patrimonio mediante mercaderes y beneficios
del monarca. Como destaca Sánchez Albornoz son algunos rasgos del posterior mundo feudal. A su vez los
propios nobles cuentan con el concurso de clientelas de hombres libres, viven en la comunidad domestica del
magnate y reciben de él armas. Estos clientes llamados “sayones” prestan servicios como ejecutores de las
órdenes del dueño, a quien corresponde todo cuanto ellos ganan.

2. El pueblo libre

Forman el elemento más numeroso. Lugar intermedio entre noble y siervo. Su base es el súbdito tipo como le
llama Torres o aquella persona que según Dahn aparece en las leyes en un plano intermedio entre nobles y
siervos. El igualitarismo es su denominador común, si bien luego, en la medida que poseen tierras se dedican al
comercio o caen la órbita de los poderosos.

- Población urbana y pequeños propietarios rurales


Los libres que viven en la ciudad proceden de los curiales (comerciantes romanos que poseían tierras) como de
la población artesana y comerciante integrada en las corporaciones profesionales. La persistencia de los curiales
es segura, pero al formar un grupo hereditario se va disminuyendo como fuerza social.

Los artesanos y gentes dedicadas al comercio, considerados como privates, se agrupan por oficios, lo que
contribuye entre los collegiati a mantener vínculos de cohesión social. Conservan su independencia económica,
como los curiales, han de soportar restricciones a la libertad de enajenar sus bienes.

Los pequeños propietarios rurales, son labradores godos que accedieron a las tierras en virtud de los repartos, y
sobre todo gentes de origen hispanorromano. Pagan el impuesto territorial, y soportan alguna carga (facilitar
caballos a la posta oficial) y pueden disponer de sus tierras siempre cuando la transmisión de las mismas recaía
en personas que no gocen de exención fiscal. La libertad de estos possessores resulto muchas veces
comprometida por los nobles y de los potentes.

- Cultivadores de tierras ajenas. La encomendación

Gente que cultivan tierras ajenas conservando unas veces su libertad de movimiento, o quedando adscritos a la
tierra que no pueden abandonar.

Contraen con su dueño unos vínculos personales que les convierten en “encomendados” o “patrocinados”. Las
razones hay que buscarla en el clima del bajo imperio por la indefensión social, que obligo a personas
desasistidas a buscar protección de los poderosos. También los señores necesitaban aumentar sus clientes y
defender el poder adquirido. Fue así la conveniencia reciproca, así conectando sus intereses, como advirtió
Dahn.

A la encomendación se acogieron pequeños propietarios buscando protección a cambio de pagar una cierta
cantidad. La mayoría fueron gente sin tierras que ofrecían a cambio sus servicios como patrocinados con armas
o bucelarios. La existencia de estos clientes armados (bucelios) constituye un síntoma de la debilitación y
desmoronamiento del propio estado como estudia Sánchez Albornoz. Tal relación se transmitía de padre a hijo,
podían romperla devolviendo al dueño lo recibido de él, así como la mitad de lo adquirido durante la etapa de
dependencia según la ley visigoda.

La participación de los bucelarios desbordo el marco de los conflictos domésticos de sus dueños, hasta
convertirse en una pieza clase de luchas y rebeliones por el poder de la España goda.

3. Los siervos

Su condición fue variable de los diversos tipos de servidumbre:

La esclavitud se produce por nacimiento, prisión en guerra, comisión de delitos, insolvencia de deudas,etc. El
nacimiento fue la forma habitual. El grado superior lo ocupa los siervos del rey, figuran incorporados a oficios
palatinos, pudiendo testimoniar en juicios como los hombres libres y poseer sus esclavos. Estos siervos son
esclavos domésticos acreedores de trato preferente.

Luego están los sevi inferiores, lo integran la mayoría del estamento servil, dedicados a duros trabajos en el
mundo rural. No obstante, ese quehacer les mantuvo alejados del control de los dueños, facilitándole cierta
actividad a los campesinos libres.

Una situación intermedia fue los siervos eclesiásticos, muy numerosos, trabajaron en tierras de las iglesias
obteniendo a veces manumisión relativa (dejando de ser esclavo) que les confirió la calidad de libertos sub
obsequin ecclesiae (ciudadano libre).

Las fugas de esclavos fue una cuestión nacional presentada en la ley Egica en el año 702. King estudia el porqué
de esta fuga puede ser el pretender escapar de la crueldad, la mayor parte eran esclavos del campo,
descendientes de algunos colonos, que aprovecharon la crisis demográfica de la peste en la segunda mitad del
siglo VI y el VII, para abandonar su misera comisión y establecerse en otros lugares como trabajadores libres
(mercenenarii).
La iglesia visigoda admitió la esclavitud como hecho social y jurídicos sin pretender echar abajo una estructura
social. Si se esforzó en cambio por mejorar la condición de los siervos, estimulando las manumisiones como
actos loables y meritorios, pero no fue obstáculo para que la liberación de los siervos eclesiásticos fuera más
difícil que los esclavos laicos. Tras la autorización del concilio de Agde para que las iglesias manumitieran siervos
beneméritos con una pequeña dote, los concilios del [Link] irrogo serios perjuicios a la estabilidad eclesiástica.

2. Monarquía y asambleas políticas


i. El estado visigodo

A raíz de las invasiones, con el asentamiento en las Galias tras el pacto Valia y Honorio, la comunidad política
visigoda se integra como el estado de carácter personal en el seno del imperio romano. Al caer el imperio,
Eurico organiza ese estado sobre una base territorial definida, cuyo desplazamiento a mediados del siglo iv da
lugar al estado hispano-godo de Toledo.

A) Concepciones que lo conforman

El estado visigodo fue fruto del ideario germánico sobre la comunidad política, característico de los pueblos
invasores, y de aquel otro romano que había informado la estructura del Imperio al que los godos inicialmente
quedaron incorporados. A esas dos concepciones distintas habrá que añadir una tercera, la propia de la iglesia
sobre la comunidad pública, el poder y su ejercicio.

La concepción germánica diseña el Estado como una corporación de los hombres libres, cuya forma política era
la monarquía popular, defendida por un ejército formado por el mismo pueblo en armas. El rey era un jefe
militar, asistido por su sequito (Gefolgschaft). Impera con cierto sentido democrático, patente en la asamblea
judicial (ding, mallus), colectivamente administra justicia, con independencia de algunas estirpes.

La concepción romana del Bajo Imperio cristaliza por el contrario en un Estado absoluto, personificado en la
figura del emperador que cuenta con poderes ilimitados. Con el tiempo se hará notar otra tendencia, también
romana que pretende organizar la comunidad política según patrones privados característicos del régimen
señorial.

La Iglesia fortaleció doctrinalmente la autoridad del Estado, habida cuenta de que la doctrina del origen divino
del poder propició una imagen venerable de los propios reyes, administradores de ese poder recibido de Dios,
que debían ser respetados. Actuó de elemento corrector del ejercicio abusivo de poder y a través de los
cánones conciliares constituyo un facto de atemperación y armonía moral.

El Estado visigodo, resultó moldeado por estos tres patrones ideológicos, en razón de su respectiva influencia en
las distintas épocas. No fue ni pudo ser la comunidad asamblearia de tipo germánico, que solo era posible con
una base social bastante limitada; ni fue tampoco el Estado despótico del absolutismo romano. Sí fue una
monarquía absoluta con cierta participación popular donde la Iglesia, sin llegar a someter a control los actos del
rey, ejerció una influencia benéfica procurando la moderación y el bien común.

B) ¿Hubo propiamente estado visigodo?

1. Planeamiento de la cuestión

En tanto se considere a los antiguos pueblos germánicos organizados a normas de naturaleza privada, donde
habrían prevalecido las relaciones particulares del rey-jefe militar con quienes le seguían, se aboca a la negación
del estado de esas comunidades. Además, fue factible que la visigoda impusiera su fisonomía jurídico privada a
la sociedad política que formo con los hispanorromanos, podría concluirse que el estado no existió tal cual. La
cuestión es si la comunidad hispano-goda se organizó conforme a principios de derecho público o privadas, y en
consecuencia si hubo o no Estado.

En el sector de historiadores que rechazaron la existencia del estado entre los pueblos germánicos, se dio una
doble interpretación. La de aquellos para quienes los reyes no son autoridades públicas sino dueños
patrimoniales de las tierras sometidas, y la de los que insistieron en que las relaciones privadas, producto del
sequito, sofocaron cualquier vínculo publico entre súbditos y rey. Eichhorn sostuvo que los pueblos germánicos
eran una “enorme comitiva”.

La discusión tiene su correspondencia en el caso hispánico de la comunidad visigoda. Dahn negó que el sequito
germano persistiera en las instituciones de la monarquía hispanogótica, sosteniendo que el vínculo público de
súbditos fue la forma jurídica que les unió con la corona. Torres rechazo el carácter patrimonial de la monarquía
visigoda, destacó el papel relevante del rey y sus títulos, a veces alcanzaba a la reina, y puso de relieve el uso de
una simbología que colocaba al monarca en posición preeminente. Hizo notar la solemnidades de la elección
real y el carácter público del juramento del rey que debe prestar al subir al trono. Rehusó de un estado que
distinguía impuestos públicos e ingresos privados, diferenciaba el patrimonio particular y publico del monarca.
Defendió, la “utilidad pública” como absolutamente característica de ese Estado visigodo.

2. El prefeudalimo visigodo

Sánchez Albornoz combatió la afirmación de que príncipe y súbditos estaban solo ligados por lazos de
naturaleza publica, para sostener en cambio la persistencia en la época goda de los vínculos de fidelidad
privados.

La réplica al investigador alemán destaca las huellas del sequito en la monarquía, haciendo notar la existencia
de clientes y fideles regis en determinados momentos. También se nombran en los textos los leudes, para Torres
se trataba de los súbditos y soldados corrientes del príncipe. Para Sánchez Albornoz, en cambio, los leudes eran
patrocinados del monarca, se veía a demostrar la persistencia de esos clientes del rey en el último tercio del
[Link].

El mantenimiento en suma del comitatus germánico, la presencia de fieles del monarca en las asambleas y
órganos de la administración del Estado, y de que los reyes retribuyeran tales servicios con concesiones de
tierras que eran de carácter temporal, justificaron para Sánchez Albornoz la realidad de un prefeudalismo. Los
fideles y gardingos serian remunerados con beneficios y heredades, de forma gratuita y revocable, para que
participaran en el servicio de la guerra: en esa expeditio o expeditio publica.

ii. La monarquía

En el estado visigodo distinguimos el reino y la monarquía gobernante. El reino lo forman los hombres libres,
herederos de la antigua soberanía popular, que desde una fase inicial de protagonismo activo pasan luego a la
condición de súbditos. La monarquía es representada por el rey quien en principio aparece como un caudillo
militar, más tarde como jerarca político y finalmente como vicario divino con carácter cuasi-sacerdotal.

a) Carácter de la monarquía visigoda

En las antiguas comunidades germánicas el rey era elegido por la asamblea de los hombres libres. Al puro
carácter abierto de la elección se opuso el predominio de una determinada estirpe, que acaparó los
nombramientos regios, así como las luchas por el poder y el fenómeno de la asociación al trono, mediante el
cual un monarca intenta prejuzgar o determina de hecho quién ha de ser su sucesor.

Desde principios del siglo V hasta Amalarico (510-531), los monarcas fueron elegidos entre miembros de la
estirpe de los Balthos. Durante toda su historia, salvo en algunos casos, los príncipes visigodos se vieron
amenazados por atentados y destronamientos, tan frecuentes que llegarían a constituir un verdadero problema
nacional. La posibilidad de convertir la monarquía electiva en hereditaria debió tentar de hecho ya a los
primeros reyes visigodos (el carácter electivo empieza a quebrarse), bien fuera asegurando la elección cerrada
dentro de la misma familia, bien por el sistema de eliminar pretendientes indeseados o por el procedimiento de
asociar a alguien al trono. Por lo que se abren preguntan si realmente fue electiva.

- Electiva de hecho, para Torres López la monarquía fue electiva, y los Balthos no tuvieron que ver en la
tendencia hereditaria. Pero si existieron usurpaciones y asaltos de poder, la necesidad de obtener
posteriormente el reconocimiento de los conspiradores sugiere la persistencia del principio electivo en la
práctica política.
- No fue solo electiva, mantenida por Orlandis donde se adentre en las peripecias por quienes, de forma
irregular, alcanzan el trono.

- No fue electiva en la práctica, para Iglesia Ferreirós sostuvo que la iglesia, la fuerza y la violencia fueron el
principio de las sucesiones, destacando el hecho de que los monarcas al no lograr imponer a sus hijos como
herederos, recabaron la protección de los concilios en favor de la familia real que corría el riesgo de quedar a
merced del usurpador. No triunfo el intento de convertirla en hereditaria pero ese principio electivo parecía de
verdadera práctica.

b) La elección del rey

En el siglo VII diversos preceptos de los Concilios de Toledo regularon las condiciones necesarias para la elección
del rey. El Concilio V (año 636) ordenó que el candidato perteneciese a la ghoticae gentis nobilitas. Tal requisito,
ser noble de sangre goda, fue reiterado en el Concilio VI, que además añadió otros varios como no ser clérigo o
monje tonsurado (ha recibido tortura), no haber sufrido la pena infamante de decalvación y acreditar buenas
costumbres (moribus dignus), todos ellos confirmados en el Concilio VII del año 653. Por otra parte, se decretó
la inhabilitación para reinar de quien participara en las conjuras para derribar al monarca. Medida para evitar el
hábito de los godos de deponer y asesinar a sus reyes llamado morbo gótico. Comentada por Gregorio de Tours.

En cuanto a los electores, el tradicional uso germánico de que el monarca fuera elegido por la asamblea popular
en realidad no tuvo vigencia. Nos consta que solo Turismundo fuera aclamado por el pueblo tras la batalla de
los Campos Catalaúnicos. En el periodo siguiente no debió existir un sistema electivo ni por tanto electores, por
lo que quedo en manos de las clientelas más poderosas. Concilio IV dispuso que el monarca fuera elegido por
los principales del reino y obispos, mientras Concilio VIII precisó que intervinieran los personajes más
importantes de la corte, junto a los prelados, reuniéndose en Toledo o donde hubiera muerto el antiguo rey.

c) Proclamación y consagración del rey

1. La elevación al trono. EL juramento.

La ceremonia de la elección del monarca era de que los guerreros le alzaran sobre el escudo, en homenaje. Este
simbolismo dio paso a la elevación del trono. El rey juraba guardar la fe católica, proteger a la Iglesia, defender
el reino y gobernarlo justamente. Otras promesas más concretas eran; reprimir a los judíos o respetar la
distinción entre el patrimonio personal del monarca y los bienes del fisco. Tras el juramento del rey, el pueblo
debía a su vez jurar fidelidad. Los personajes palatinos lo hacían en el mismo acto de la Ordinatio, mientras que
el resto lo hacían a manos de un mensajeros o discussores iuramenti que visitaba el territorio. En todo caso la
fidelitas que prometen los súbditos, era de carácter obligatorio, era distinta a las fides facultativa de quienes se
vinculaban de forma personal y espontánea al monarca. El incumplimiento de aquélla fue objeto de severas
penas.

2. Coronación y unción

Los reyes visigodos eran coronados, pero desconocemos cuando se introdujo esa práctica, pero la utilización de
la corona se ha descubierto por las figuras de los reyes en monedas o relatos.

Algunos autores han admitido el uso de la corona, pero no el acto de la coronación. Aunque es probable que tal
ceremonia tuviera lugar. Según San Isidoro, Recaredo fue distinguido o premiado, según un testimonio explícito.
Mayer interpretó este hecho en un sentido genérico, sugiriendo que el rey había recibido algún tipo de
reconocimiento o recompensa.

Al acceder al trono tenía lugar la unción del príncipe, quien adquiría así un carácter cuasi sacerdotal, a imagen
de los reyes del Antiguo Testamento. Situado ante el altar, tras jurar fidelidad al pueblo y escuchar la
exhortación del metropolitano (alto dignatario eclesiástico), el monarca era ungido en la cabeza y en las manos,
concluyendo la ceremonia con una misa solemne.

La práctica del ritual de la unción se confirma con certeza en el año 672 durante el reinado de Wamba. Sin
embargo, existen indicios de que Recaredo pudo haber recibido la unción al comenzar su reinado en el año 586.
Es plausible que, debido a la migración de clérigos y laicos a Francia durante la invasión musulmana, el
conocimiento de esta ceremonia se difundiera en la corte franca.

Ambos ritos tenían un carácter complementario en los usos palatinos de la monarquía católica visigoda, con la
coronación y unción el rey quedaba revestido de su plenaria dignidad. La unción no era un mero aditamento
formal religiosa, sino como supone Orlandis, era un factor constitutivo, o al menos confirmatorio, de la
legitimidad del príncipe a los ojos de una iglesia con autoridad moral notoria.

El monarca, en fin, revestido de símbolos que expresan su majestad: la propia corona y junto a ella la espada, el
manto y el anillo. Por lo que sabemos, Leovigildo fue el primer soberano godo que se sentó en el treno cubierto
de vestiduras regias.

d) El poder real

1. Su origen divino

Aunque se alcanzara el trono mediante procedimiento de muy dudosa legalidad, la monarquía Visigoda de
Toledo reconoció en Dios el origen del poder que los reyes administraban. Muchos textos acreditan esa
condición, como vicario divino y delegado terrenal de una autoridad superior. El rey es cabeza de un cuerpo
social cuyos miembros le están subordinados, como súbditos, es decir, como subiecti o subiugati. El mandato
Egica explica que el rey rija y gobierne desde arriba a quienes a bajos le están sometidos.

Tal consideración justifico anatematizar a quienes se alzarán desobedeciendo su autoridad. La suprema


dignidad regia protegida mediante una serie de prohibiciones, como la de consultar a adivinos sobre la salud o
muerte del príncipe, hablar mal e incluso difamarle, raro ya que los asesinatos y destronamientos eran
comunes.

2. Recto uso del poder y tiranía

El poder ha de ser administrado para la consecución del bien común; la llamada salus populi. Que la salud del
pueblo sea la suprema ley. Para servir a ese fin el rey acumula poder en su más amplio sentido: dirige la vida
política declarando la paz o la guerra, asume la potestad legislativa, es cabeza de la administración, juez
supremo y máxima autoridad militar. Sus órdenes son acatadas y cumplidas.

Siguiendo a Orlandis los términos “tirano” o “tiranía” tuvieron el principio de la época visigoda un sentido
restringido y unívoco. “Tirano” es quien ha adquirido de forma ilegítima el poder, gobernando esta persona en
la llamada “tiranía” hasta que no se subsane la irregularidad de origen.

Por otra parte, el rey debe atenerse a los límites marcados por las leyes mismas y sujetarse además a unas
normas morales que informen cuanto disponga. En este sentido el pensamiento de San Isidoro rompe aquella
univocidad terminológica, en tanto en cuanto puede llegar a convertirse en tirano, quien, siendo rey legítimo,
no gobierne con arreglo a esos principios. El monarca debe estar adornado de virtudes, de justicia y piedad, lo
que le distingue del tirano.

Ejemplo de la práctica: El monarca Suintila, pierde el trono tras una insurrección armada que entrega la corona
a Sisenando. El Concilio IV se reúne para valorar la situación, quien legitimo a Sisenando. Orlandis hace notar
que cedió el trono por presión militar. El concilio no sancionó que el rey, por su conducta inicua, dejara de serlo,
sino que reconociera sus crímenes y renunciara al trono (solio regio), considerándose una abdicación ficticia.

3. Poder fáctico de la reina

A la hora de administrar facultades amplias, los fieles del rey (fideles regis) aparecen como poderosos
beneficiarios, pero ellos mismo les convirtió en blanco persecutorio del nuevo monarca y de su clientela. No fue
raro que los cánones conciliares se preocuparan por quienes habían caído en desgracia, evitando la
depredación y abuso que aquellos que les reemplazan en el poder.

En la trama política la reina debió desempeñar un papel singular. Y ello tanto como orientadora ocasional de las
directrices políticas de su marido, como a la hora de destronamientos que concluían con la muerte del monarca.
En tales casos la mujer viuda no resultaría marginada de la confrontación entre la oligarquía vencedora y
vendida. Muchas de esas viudas fueron convertidas en cabeza visible de los fideles de su difunto marido,
dispusieron un notable poder factico, constituyendo que un matrimonio con ellas sería una autentica oferta
política.

iii. Asambleas políticas y Eclesiásticas

Al margen de las antiguas asambleas populares germánicas inaptas para regir la nueva comunidad política,
ciertos sectores sociales se congregaron ocasionalmente para ocuparse de cuestiones concretas. Fue el caso de
obispos y representantes provinciales. Con un carácter más constitucional y competencias más amplias,
existieron otras asambleas y representación colectiva: el llamado Senatus y, sobre todo, los Concilios de Toledo.

A) El senado visigodo

El Senatus fue una junta reducida de magnates para auxiliar y asesorar al rey en las tareas de gobierno. Esa
especie de Consejo del monarca debió reunirse, según Sánchez Albornoz, durante los siglos V y VI. Desde
entonces, el senado fue sustituido por una nueva asamblea: el Aula Regia. Hinojosa creyó en la coexistencia de
estos dos hasta la extinción de la monarquía goda.

B) Los concilios de Toledo

Las reuniones conciliares en la España visigótica fueron de dos clases: provinciales y generales. Aquellas
agrupaban al episcopado de una provincia eclesiástica bajo la presidencia del metropolitano. Estas daban
cabida a los obispos del reino para tratar cuestiones de interés común. Las asambleas celebradas en Toledo
tuvieron carácter de generales desde el solemne Concilio III del año 589, donde se produjo la conversión de
Recaredo y los godos al catolicismo hasta el Concilio XVIII celebrado bajo el reino de Vitiza en el año 702. La
presencia de los reyes en esas reuniones, el concurso de magnates y nobles, el pronunciamiento de los
eclesiásticos sobre las grandes cuestiones de la vida nacional, así como la sanción del monarca a las decisiones
acordadas, confieren a los Concilios de Toledo un papel de extraordinaria y discutida significación.

1. Convocatoria, celebración y sanción regia

La convocatoria de los concilios corresponde al rey. Las diversas asambleas testimonian que se han reunido por
voluntad y decisión del monarca, asisten eclesiásticos y miembros del oficio palatino designado por el monarca.

Congregados los obispos de en la iglesia toledana, hace acto de presencia el rey con su comitiva y dirige a los
presentes un discurso o mensaje, llamado tomo regio, en el que justifica la oportunidad de la reunión y propone
los temas que deben ser tratados en ella. El monarca presenta los asuntos a tratar, primero se dedican a temas
de teología, moral y disciplina eclesiástica, debaten exclusivamente obispos y clérigos, para pasar a temas
políticos y participa los personajes palaciegos. Los cánones promulgados por esos concilios reciben sanción civil
mediante la llamada lex in confirmatione Concilii. La transgresión de las disposiciones conciliares acarra penas
espirituales y temporales.

2. Naturaleza de los Concilios

Además de tratar los asuntos religiosos y eclesiásticos, los concilios se ocuparon de muchos otros de naturaleza
diversa. Determinaron así las condiciones necesarias para la elección del monarca o la forma en que ella debía
llevarse a cabo, velaron por el cumplimiento de juramento del rey y de los súbditos, atemorizaron la conducta
rebeldes, supervisaron la legitimidad de los levantamientos otorgando su refrenado moral a quienes alcanzan el
poder por la fuerza, establecieron las garantías judiciales de magnates y eclesiásticos y dictaron las pautas de las
que había que ajustarse el Estado o la conducta de los monarcas.

Los concilios toledanos no fueron asambleas políticas sino solo religiosas. Y ello porque no actuaron con poder
recibido del rey sino en virtud de su propia autoridad eclesiástica, limitando la actividad civil a pocas cuestiones
y los concilios ni legislaron ni jugaron. Ramon d Abadal sostiene que los concilios fueron también asambleas
legislativas y órganos de control político, que sí legislaron y sí juzgaron. Su naturaleza se prueba por la
convocatoria efectuada por el rey y que en cada concilio señala la tarea a desarrollar. Se trataría de unas
asambleas de carácter mixto, asuntos eclesiásticos o políticos según las circunstancias.

3. La administración de la monarquía visigoda


i. La administración Central

El conjunto de personajes áulicos (pertenecen a la corte) que durante el siglo VII rodea al monarca, es
designado con los nombres de Palatium Regis o Aula regis. En el seno de esa asamblea nació el llamado “oficio”
(Officium) nombre de la tradición romana venía a significar tanto el empleo en general como cualquier conjunto
de funcionarios que trabajaban bajo órdenes de un alto magistrado. Precisamente era del palacio, fue conocido
como “oficio Palatino” (Officium Palatinum), cobra significación por recaer en el la administración cotidiana de
los asuntos religiosos.

A) El oficio palatino

El Oficio Palatino está compuesto por el personal que dirige los distintos servicios de la corte, así como por los
oficiales subalternos que les ayudan en el desempeño de sus funciones. Los jefes de la administración palaciega
ostentan el título de condes de la actividad a que se aplican. Son los siguientes:

Conde de los tesoreros.(Comes thesaurorum) Figura al mando de quienes custodian los tesoros del rey y del
reino y en consecuencia tuviera encomendadas funciones más amplias que la mera custodia.

Conde del patrimonio. (Comes patrimonii) Se dedica a la administración fiscal del estado y de los dominios de la
corona. Debió aparecer por la desorganización administrativa y el aumento de bienes fiscales según supone
García Moreno.

Conde de los notarios. (Comes notariorum) Rector de la caballería real y quien responde del control de
documentos, redactados bajo órdenes por notarios y escribas.

Conde de la guardia real. (Comes spatariorum) Dirige a los hombres armados que forman esa guardia personal
del monarca.

Conde de los servicios de la cámara regia. (Comes cubiculi) Fuente de los servidores del aposento real.

Conde de los servicios de la mesa del rey. (Comes scanciarum) Controla esa función doméstica y tiene a sus
órdenes a los escanciadores y cocineros del monarca.

Conde de las caballerizas. (Comes stabuli) Dirige a quienes cuidan de las cuadras y establos.

También se integraría al gobernador y juez de la ciudad de Toledo, el Comes civitatis Toletanae, quizás a un
prelado de las sedes sufragáneas, representadas así por turno en la corte y a los jóvenes nobles educados en la
corte.

El Oficio Palatino fue una entidad sumamente numerosa debido a que formo parte de ella junto a esos
componentes destacados, “todo el personal” de los servicios de la corte, dando quizás incluso cabida a los
esclavos de más ínfima condición que allí presentaban servicio.

B) El aula regia

La gran asamblea llamada Aula Regia aparece como producto histórico de una consolidación de la monarquía,
que reconoce e integra en el aparato de gobierno a las grandes fuerzas sociales y políticas del Estado visigodo.
Con el paso del tiempo perdió su operatividad el antiguo Senado, siendo sustituido por esta. El Aula Regia,
como supremo cuerpo político, auxilia a los monarcas hispano-godos en la gobernación del reino a lo largo del
último siglo de su historia.

1. Composición

Desde ese núcleo del Oficio Palatino se gesta un largo proceso de compleja estructura, consolidada a mediados
del [Link]. Junto a los magnates cortesanos, aparecen otros sin cargos alguno y una multiplicidad de títulos
condales, lo que prueba la condición honorifica de tales dignidades. Integra así a grupos de nobles y séniores:

- Aquellos condes que por voluntad del rey residen en la corte sin ejercer en ella una función palaciega
concreta.
- Los comités, quienes se han concedido un título palatino y que carecen de una función específica.
- Los magnates delegados por el monarca para el gobierno de las provincias.
- Los comités civitatum (condes designados por el príncipe) para regir como jueces de las ciudades.
- Los comités excercitus, Condes que estaban al frente de alguna unidad militar.
- Algunos otros personajes que aparecen como proceres, título de no fácil determinación, pudiendo ser los
miembros del consejo privado de los reyes que eran también jueces de su tribunal.
- Gardingos, no desempeñaban ningún cargo, disfrutan de la confianza y amistad de monarca. Abandonaron
su condición inicial de jóvenes soldados en la armada del rey para establecerse como beneficiario de
donaciones de tierra, manteniendo relaciones de fidelidad.

2. Competencias

Testimonios dan constancia que los reyes consultaban con el Aula Regia los asuntos más importantes de la vida
del reino. Este organismo ejerció una función de alto asesoramiento.

En relación con los concilios toledanos, el Aula colaboró con el monarca en las tareas legislativas. Sisebuto
aprobó en seguida dos nuevas leyes contra los judíos cum omni oficio palatino. En la primera, les prohibía que
tuvieran esclavos; y se obligaba a separar a los cónyuges si la parte infidelis (el judío o la judía) se negaba a
convertirse al cristianismo, recayendo sobre ellos la pena de destierro perpetuo y la confiscación de todos sus
bienes.

El aula regia acuto como supremo tribunal del monarca. Unas veces decidiendo aquellos casos que se sometían
a audiencia del rey. Otras, como única instancia para juzgar a los altos magnates eclesiásticos y seculares, y
también a los gardingos.

ii. La administración territorial

A) Provincias y territorios visigodos

Los visigodos respetaron y heredaron el sistema provincial romano, cuyos contornos administrativos perdieron
precisión en esta nueva etapa. Subsistieron las antiguas provincias dentro de las cuales adquieren ahora
autonomía administrativa los territorios de las ciudades. Cabe distinguir así las provincias propiamente dichas, o
bien clasificarlas como hizo Torres López en provincias-ducados (dirigidas por duques) y provincias-condados
(gobernadas por condes).

Las cinco grandes provincias visigodas fueron Tarraconense, Cartaginense, Bética, Lusitania y Galaica, con sus
capitales en Tarragona, Toledo (antes Cartagena), Sevilla, Mérida y Braga. La zona norte del Pirineo constituyó
una sexta provincia llamada Galia Narbonense o Septimania. Los conflictos bélicos con los pueblos del norte
debieron justificar la existencia de una frontera militar (limes hispanicus), alrededor de la cual surgiría una
provincia o territorio militar en Cantabria. Otra posible fue Aturiense a finales del [Link].

La progresiva autonomía y consolidación de los territorios tuvo origen en la decadencia de las ciudades y de la
administración municipal. Roto así el control urbano sobre las extensas zonas circundantes y perdida una
hegemonía debilitara por el auge de los latifundios, los grandes territorios con sus vicos y villas particulares
quedaron subordinados a la autoridad condal, con los restos del régimen municipal.
B) Las autoridades: Duques y Condes

Al frente de la provincia figuró un duque (dux) con amplias atribuciones políticas, judiciales y militares. La
extensión de las provincias y el desgobierno general hizo posible que fueran autónomos, protagonistas de
rebeliones y alzamientos. Esto fundamentara a veces a la aspiración a la corona.

Para gobernar los territorios los reyes nombraron condes investidos de plenos poderes. Del comes territorial
depende la administración de la comarca y la organización militar, judicial y financiera. Ese gobernador aparece
como juez y en la medida en que el régimen territorial suplanto al municipal , es también conde de la ciudad
cabeza del territorio. El conde disfruto de una amplia libertad sin inspección de su superior jerárquico.

iii. La administración local

La consolidación del régimen territorial se realizó a costa del propio de las ciudades. Fue común en el siglo XIX la
creencia de que el municipio medieval debía su origen al romano. Por lo que las instituciones romanas
perduraron en el mundo visigodo, transmitidas luego por los mozárabes según Herculano. Fue refutado por
Hinojosa al admitir que el mantenimiento del régimen municipal y negar la capacidad efectiva de los
mozárabes, cristianos que en la España musulmana conservaron su religión y derecho.

A) La curia municipal

A principios del siglo VI subsistía la conocida curia municipal romana, integrada por quienes no habían logrado
evadirse de la adscripción hereditaria al enojoso oficio. Las vías de escape era el ingreso al sacerdocio, venta de
los bienes, etc. Estableció nuevos apremios, no para mantener a quienes eran curiales, sino para reclutar a
personas de fuera. Así que el padre pudiera legar los bienes a sus hijos naturales (fuera del matrimonio), a falta
de legítimos, si incorporaba a aquellos a la curia, también habría que formar parte quien estuviera casado con la
hija de un curial heredaría los bienes de la mujer. Cuerpo donde era obligados al nacer a ingresas y solo podías
marcharte si tenías trece hijos.

Era compuesta de godos e hispanorromanos, mantuvo algunas de sus antiguas funciones y adquirió otras
nuevas. Ante ella se formalizaron muchos actos de jurisdicción voluntaria, propios entre los romanos de jueces
y magistrados. La tarea más ardua del senado municipal era la recaudación de impuestos, teniendo que
responder con sus bienes del montante global de la recaudación. Pérez Pujol pensaba que la etapa visigoda
había aliviado esta situación. Sánchez Albornoz ha contrapuesto un sombrío panorama.

La pertinacia del Estado y de sus leyes por impedir la salida de quienes estaban en la curia y procurar el ingreso
de otras gentes, resultó con todo infructuosa ante una presión social causante del paulatino debilitamiento y de
la extinción de estas asambleas. Dejo de existir así el senado municipal en muchas ciudades, ya que esos actos
de jurisdicción voluntaria podían realizarse sin presencia de curiales, lo que reconocía en el siglo VII la
desaparición de estos personajes. A falta de ellos la recaudación de impuestos hubo de pasar a otras manos.

B) Los funcionarios: El defensor de la ciudad

Los magistrados municipales son ahora el curator y el defensor, elegidos ambos entre los curiales del pueblo.
Convertido en el funcionario más importante de la ciudad, eses defensor civitatis debió conservar bien poco de
sus prístino carácter tutelar, apareciendo como un magistrado autoritario y hasta opresor.

Al finalizar el siglo VI, la extinción de la curia en algunas ciudades obligó a arbitrar un nuevo sistema para elegir
al defensor de la ciudad. Ya no fue necesario que el candidato hubiera desempeñado una magistratura
municipal, requisito de hecho imposible allí donde la curia no existía. Entonces el defensor podía ser elegido por
el pueblo o por el obispo (ab epis copis vel populis).

C) La asamblea de vecinos

Desde tiempos antiguos fue costumbre visigoda celebrar en las aldeas reuniones públicas de vecinos para tratar
los temas domésticos de interés común. San Isidro hace referencia a ciertas asambleas campesinas celebradas
en parajes donde concurrían gente de poblado y constituían el llamado conventus rusticorum. Según Orlandis,
ambas tradiciones confluyeron con el asentamiento visigodo, dando lugar a una asamblea rural.
Objeto de estas reuniones fueron las cuestiones agrarias, económicas y de orden interno de la comunidad,
reglamentando el cultivo y la delimitación adecuada de las propiedades rurales, así como el aprovechamiento
comunal de los prados y bosques. Se ocuparon de la explotación ganadera y arbitrar conflictos surgidos por la
confusión de rebaños. El conventus publicus vicinorum (Asamblea publica de vecinos) fue la incorporación de
los hechos que tenían interés general y ante ella se aplicaron penas corporales a delincuentes y malhechores.

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