Posesión: concepto, estructura, clases y efectos
1. CONCEPTO
La posesión se encuentra regulada de los artículos 430 al 466 CC. [Hace referencia a la tenencia material de una cosa, la detentación de
bien. Por lo tanto, es un hecho]
El titular de un derecho que recae sobre una cosa realiza determinados actos, observa cierto comportamiento sobre ella. Estos
actos constituyen la puesta en ejercicio de un derecho. La posesión de la cosa se nos presenta como el presupuesto de tal ejercicio,
pues ante todo debe poseerla. De ahí que la posesión sea un señorío de hecho sobre la cosa, un poder de hecho que se ejerce
sobre ella.
La posesión alcanza una relevancia jurídica propia precisamente porque el ordenamiento jurídico contempla aquel señorío o
poder de hecho sobre la cosa desvinculado del derecho. Se fija en la situación jurídica (por los efectos que le atribuye) en la que
aparece una persona en una relación fáctica con la cosa.
1.1. Elementos de la posesión. Fundamento.
Elementos. – La posesión resulta de la concurrencia de dos elementos: el corpus y el animus. El corpus no es solamente la
tenencia material de una cosa, sino también la posibilidad física de ejercer una influencia inmediata sobre ella y de excluir toda
influencia extraña. El animus, elemento espiritual de la posesión, es la voluntad de tener la cosa para sí y como dueño. La
existencia del animus es una condición precisa de la posesión. De lo contrario, no habría más que detentación.
El animus se deduce de la actividad posesoria, de cómo se ejerce el señorío sobre la cosa. El simple tenedor se comportará como
propietario si enajena la cosa, prohíbe al verdadero propietario la entrada en la finca, etc. En otras palabras, efectuará actos de
propietario, sin que sea necesario ni posible indagar cuál es su voluntad (subjetiva o interna). El poseedor a título de propiedad
no se distingue del poseedor a título de usufructo únicamente por el diverso querer, sino ante todo por el diverso modo de actuar.
Fundamento. – La entrada misma del fenómeno posesorio se encuentra en la especial forma de tutela jurídica que se denomina
tutela judicial, cuya médula la constituyen los artículos 441 y 446 del Código Civil. Con arreglo al primero, “en ningún caso
puede adquirirse violentamente la posesión mientras exista un poseedor que se oponga a ello”, de tal forma que “el que se crea
con acción o derecho a privar a otro de la tenencia de la cosa, siempre que el tenedor resista la entrega, deberá solicitar el auxilio
de la autoridad competente”. Según el artículo 446, “todo poseedor tiene derecho a ser respetado en su posesión y, si fuera
inquietado en ella, deberá ser amparado o restituido en dicha posesión por los medios que las leyes de procedimiento establecen”.
Del juego combinado de ambos preceptos que se acaban de citar se deducen las siguientes consecuencias importantes:
a) quien se está comportando respecto de una cosa en forma tal que ejerce un señorío sobre ella, aun cuando en la realidad
no tenga un genuino derecho sobre la misma, tiene el de ser amparado frente a cualquier perturbación o frente al despojo
que provenga de otro, sin necesidad de alegar ni probar que él es el dueño o que tiene el derecho sobre la cosa, sino
simplemente que se encontraba en la tenencia de la misma;
b) por la misma razón, el perturbado o despojado tiene derecho al amparo.
Por tanto, desde este punto de vista, llamaríamos posesión a la situación jurídica que permite poner en juego la defensa interdictal,
dado que los interdictos, son las acciones protectoras de la posesión.
Además de este efecto, la posesión cumple una función de legitimación, en virtud de la cual determinados comportamientos
sobre las cosas permiten que una persona sea considerada como titular de un derecho sobre ella y pueda ejercitar en tráfico
jurídico las facultades derivadas de aquél, así como de los terceros pueden confiar en dicha apariencia. En tal sentido dice el
artículo 448 CC que “el poseedor en concepto de dueño tiene a su favor la presunción legal que posee con justo título y no se le
puede obligar a exhibirlo”, y el artículo 464 CC que recoge el principio de que “la posesión de buena fe equivale al título”. El
título significa aquí justificación de la adquisición de una cosa. En otras palabras, la posesión de la cosa mueble a título de dueño,
por ejemplo, adquirida de buena fe, es por si misma causa justificativa de la adquisición. El confiar honestamente en la situación
posesoria de quien se adquiere, ignorando que carece de poder de disposición sobre la cosa (la buena fe), es presupuesto esencial
para esa equiparación entre su posesión y el título.
En consecuencia, bajo el prisma de la función legitimadora, la posesión es la situación jurídica que legitima a una persona en
virtud de la apariencia para ejercitar el derecho que dicha apariencia manifiesta o pública, o permite a los terceros confiar en ella.
Por último, el tercero de los efectos cardinales de la posesión es la posibilidad de su conversión en dominio o en el derecho real
que es manifestación exterior mediante la usucapión. La relación fáctica que ha durado el lapso de tiempo señalado por la ley es
el soporte imprescindible de tal instituto, bien en su modalidad de usucapión extraordinaria, en la que no es necesario título
1
alguno, bien en la ordinaria, en la que se purga el vicio o defecto del título en cuya virtud hemos adquirido la propiedad o derecho
real sobre una cosa, vicio consistente en haber adquirido de quien no es dueño.
2. CLASES DE POSESIÓN
a) Posesión natural y posesión civil
El artículo 430 del Código Civil dice que posesión natural es la tenencia de una cosa o el disfrute de un derecho, y posesión civil
es esa misma tenencia o disfrute unidos a la “intención de haber la cosa o derecho como suyos”. Se diferencian las dos posesiones
por el animus del poseedor.
¿Qué significa “la intención de haber la cosa o derecho como suyos”? La doctrina dominante entiende que la expresión legal,
se refiere a la intención de haber la cosa o derecho como dueño, en concepto de titular de la cosa o derecho.
Ahora bien, no basta la mera intención para calificar la posesión como civil. La intención, el ánimo es un hecho interno, psíquico
del poseedor, de muy difícil prueba.
La distinción entre posesión natural y posesión civil carece de consecuencias en orden a su protección, ya que todo poseedor está
legitimado para la interposición de interdictos, pero si tiene trascendencia en orden a la adquisición del dominio por prescripción
adquisitiva o usucapión, ya que ésta ha de asentarse necesariamente sobre la posesión civil.
b) Posesión en concepto de dueño y en concepto distinto del de dueño
Artículo 432 del Código Civil
“La posesión en los bienes, en los animales y en los derechos puede tenerse en uno de dos conceptos: o en el de dueño, o en el
de tenedor de la cosa, animal o derecho para conservarlos o disfrutarlos, perteneciendo el dominio a otra persona”
Poseedor en concepto de dueño es aquél cuyo comportamiento se ajusta a un estándar dominical, en el sentido de que es apto
para suscitar en los demás la convicción de que el poseedor es realmente el dueño del objeto poseído. En caso contrario estaríamos
ante un poseedor en concepto distinto del de dueño, al que el art. 432 CC define como aquél que posee en concepto de «tenedor
de la cosa, animal o derecho para conservarlos o disfrutarlos, perteneciendo el dominio a otra persona».
c) Posesión mediata e inmediata
La Jurisprudencia del Tribunal Supremo ha afirmado reiteradamente que estas dos clases de posesiones pueden concurrir respecto
de una misma cosa. El poseedor mediato posee por medio del poseedor inmediato, que es la persona que por estar ligada con una
relación jurídica a aquél se halla en una posesión directa de la cosa.
La distinción entre posesión mediata e inmediata se explica jurisprudencialmente de la siguiente forma:
1.º El propietario-poseedor mediato puede entregarla cosa, cumpliendo así con el requisito de la traditio, a fin de que el
receptor de la cosa adquiera el dominio sobre la misma, si existe entre él y el tradens un contrato traslativo que sirve de
causa a aquella.
2.º Que el propietario-poseedor mediato esté legitimado activamente para el ejercicio de la acción de desahucio con el que
recuperará la posesión de hecho que tiene el poseedor inmediato una vez extinguida la relación jurídica de donde
derivaba ésta, estimándose que es poseedor real a título de dueño.
d) Ejercicio propio de la posesión y por medio de otro
Atendiendo al modo en que se ejerce la posesión, dice el artículo 431 CC que “la posesión se ejerce en las cosas o en los derechos
por la misma persona que los tiene y disfruta, o por otra en su nombre”.
El poseedor en nombre ajeno es aquél que actúa en virtud de una relación jurídica de mandato, apoderamiento o servicios respecto
de otro, y por consiguiente posee en calidad de gestor, representante o instrumento de la posesión ajena. El poseedor en nombre
propio es quien posee por sí y para sí, sin servirse de gestor, representante o dependiente.
En el caso de la posesión por representante existe un único poseedor, que es el representado. Lo que sucede es que éste desempeña
su posesión a través de la actuación del representante, el cual carece de autonomía para ejercitar el derecho poseído. El
representante, por consiguiente, no es en sentido estricto un poseedor, pues su actuación ha de imputarse por completo a la estera
jurídica de la persona en cuyo nombre actúa.
[El artículo 439 CC permite que pueda adquirirse la posesión por la misma persona que va a disfrutarla, por su representante legal o por su mandatario:
“Puede adquirirse la posesión por la misma persona que va a disfrutarla, por su representante legal, por su mandatario y por un tercero sin mandato
alguno; pero en este último caso no se entenderá adquirida la posesión hasta que la persona en cuyo nombre se haya verificado el acto posesorio lo
ratifique”]
2
e) Posesión viciosa y posesión tolerada
Es posesión viciosa la adquirida mediante despojo del poseedor anterior, es decir sin o contra su voluntad; en otro caso es no
viciosa.
La ley rechaza la adquisición viciosa (clandestina o violenta) de la posesión, en los artículos 441 y 444 del Código Civil:
“En ningún caso puede adquirirse violentamente la posesión mientras exista un poseedor que se oponga a ello. El que se crea
con acción o derecho para privar a otro de la tenencia de una cosa, siempre que el tenedor resista la entrega, deberá solicitar
el auxilio de la Autoridad competente” (art. 441 CC).
“Los actos meramente tolerados, y los ejecutados clandestinamente y sin conocimiento del poseedor de una cosa, o con
violencia, no afectan a la posesión” (art. 444 CC.).
[Lo que se hace de forma viciosa y de forma violenta en algunos casos, no será una posesión pacífica por lo tanto no va a servir para poder adquirir por
prescripción. Pues esta debe ser pública (a la vista de todos, no de forma clandestina) y pacífica]
f) Posesión justa e injusta
Se da la posesión justa cuando posee el que tiene derecho a poseer. En el caso contrario, la posesión es injusta.
La posesión que se ve afectada por alguno de estos rasgos (violencia, clandestinidad, mera tolerancia del dueño) merece el
calificativo de injusta o viciosa. Por el contrario, la posesión es justa cuando reúne el triple requisito de ser pública, pacífica y
no estar basada en la mera tolerancia del dueño.
g) Posesión de buena fe y posesión de mala fe
La buena fe del poseedor consiste en la ignorancia acerca de la falta de plan eficacia del negocio de adquisición del derecho
poseído, o lo que es igual, la convicción de haber adquirido sin irregularidad la titularidad del derecho que está ejerciendo. Aquí
si entra en consideración la percepción subjetiva que el previo poseedor tenga propósito de su posesión. A la posesión de buena
fe aluden tanto el artículo 433 CC (que la formula en negativo) como el artículo 1950 CC (que la formula en positivo).
Según el primero de estos preceptos, es poseedor de buena fe el que ignora que en su título o modo de adquirir haya algún vicio
o defecto que lo invalide. Según el segundo, el poseedor de buena fe es el que cree que la persona de quien recibió la cosa era
dueño de ella y podía transmitir el dominio.
Mientras que el artículo 433 CC se refiere a la posesión en general y tiene como referencia cualquier posición vicio en el negocio
traslativo, el artículo 1950 CC es relativo estrictamente a la posesión ad usucapionem y no contempla cualquier posible defecto
en el mecanismo de transmisión, sino sólo un factor concreto: la ausencia de titularidad o poder de disposición del transmitente.
La buena fe a la que se refiere en estas normas no es un mero estado psicológico de conocimiento o desconocimiento. Debe
valorarse la diligencia puesta por el poseedor en la averiguación del dato que ignora: carece de buena fe quien desconoce algo
que hubiera podido saber desplegando una diligencia estándar. El ordenamiento parte de una presunción iuris tantum de buena
fe en el poseedor de un bien o derecho (art. 434 CC). La mala fe del poseedor puede ser sobrevenida, si acaso el poseedor ha
venido a perder su inicial ignorancia excusable a propósito de las características del título por el que adquirió su derecho. En este
caso se muta la calificación de la posesión desde el momento en que existan actos que acrediten que el poseedor no ignora que
posee la cosa indebidamente (art. 435 CC).
Esta mutación trae consecuencias de cara a los diversos efectos de la posesión que están en función de la buena o mala fe del
poseedor.
3. ESTRUCTURA: SUJETO Y OBJETO. ADQUISICIÓN.
A) Sujeto: El poseedor lo mismo puede ser una persona física que jurídica. Con respecto a esta última, expresamente lo autoriza
el artículo 38 del Código Civil: “Las personas jurídicas pueden adquirir y poseer toda clase de bienes”.
El sujeto de la posesión puede ser plural o darse en una comunidad de bienes, tal y como se reconoce en el artículo 450 CC:
“Cada uno de los partícipes de una cosa que se posea en común, se entenderá que ha poseído exclusivamente la parte que al
dividirse le cupiere durante todo el tiempo que duró la indivisión. La interrupción en la posesión del todo o parte de una cosa
poseída en común perjudicará por igual a todos”. (Art. 450 CC).
B) Objeto: Tanto las cosas como los derechos son susceptibles de posesión. Así lo establece el artículo 437 del Código Civil:
“Sólo pueden ser objeto de posesión las cosas y derechos que sean susceptibles de apropiación”.
En cualquier caso, deben de tratarse de cosas y derechos que estén dentro del tráfico jurídico.
3
4. ADQUISICIÓN DE LA POSESIÓN
El artículo 438 CC dice que “la posesión se adquiere por la ocupación material de la cosa o derecho poseído, o por el hecho de
quedar estos sujetos a la acción de nuestra voluntad, o por los actos propios y formalidades legales para adquirir tal derecho”.
En relación con estos dos medios, destaca la impropiedad de la expresión legal “ocupación material del derecho poseído”. Es
obvio que un derecho no puede ser susceptible de aprehensión material como una cosa corpórea. Hay que interpretar, por tanto,
que el Código Civil se refiere al ejercicio directo sobre la cosa que es objeto de aprehensión del poder de hecho correspondiente
al derecho objeto de la posesión.
El tercer medio señalado en el artículo 438 CC es el de la adquisición de la posesión “por los actos propios y formalidades legales
para adquirir tal derecho”. Dichos medios son los siguientes:
a) La tradición. – Es un requisito necesario para adquirir el dominio y derechos reales (art. 609 CC).
b) Ministerio de la Ley. – Se puede hablar de tal adquisición posesoria en los casos en que es una disposición legal la que inviste
a una determinada persona de la condición de poseedor, sin necesidad de aprehensión material o corporal. Por ejemplo, el
supuesto del artículo 440 CC de posesión civilísima.
[La posesión civilísima es la que ope legis (por estar así establecido en la ley/por ministerio de la ley) recibe el heredero sobre la herencia de su causante. Determina
este precepto que dicha aceptación provoca la adquisición automática de la posesión que viniese teniendo el causante, ficción legal que evita que haya
solución de continuidad entre ambas posesiones (especialmente importante a efectos de la usucapión)]
c) Adquisición judicial. – Se logra a través del procedimiento regulado en la Ley de Enjuiciamiento Civil, que es el interdicto
de adquirir.
El interdicto de adquirir se concede al heredero para que la autoridad judicial le ponga en posesión de los bienes hereditarios.
Pero no procederá contra el poseedor actual de esos bienes, si “posee a título de dueño o de usufructuario”.
Su tramitación aparece regulada en el art. 250 LEC.
[Las adquisiciones judiciales de la posesión son las producidas en virtud de un mandato judicial, bien dictado en un procedimiento directamente
encaminado a recuperar o retener la posesión, bien consistente en una sentencia de condena a entregar un bien, ya sea como consecuencia de un bien
litigioso]
¿QUÉ CAPACIDAD HAY QUE TENER PARA ADQUIRIR LA POSESIÓN?
El artículo 443 CC señala:
“Toda persona puede adquirir la posesión de las cosas.
Los menores necesitan de la asistencia de sus representantes legítimos para usar de los derechos que de la posesión nazcan a
su favor.
Las personas con discapacidad a cuyo favor se hayan establecido medidas de apoyo pueden usar de los derechos derivados de
la posesión conforme a lo que resulte de estas”
5. PROTECCIÓN DE LA POSESIÓN: INTERDICTOS
Está expresado en el artículo 446 CC: “Todo poseedor tiene derecho a ser respetado en su posesión, y si fuere inquietado en ella
deberá ser amparado o restituido en dicha posesión por los medios que las leyes de procedimiento establecen”.
La protección posesoria se confía a medios judiciales, y no a la propia autoridad del poseedor. El ordenamiento jurídico repudia
la violencia, tanto para mantener el estado posesorio actual como para el restablecimiento del mismo. El artículo 441 es
terminante en tal sentido: “En ningún caso puede adquirirse violentamente la posesión mientras exista un poseedor que se
oponga a ello. El que se crea con acción o derecho para privar a otro de la tenencia de una cosa, siempre que el tenedor se
resista a la entrega, deberá solicitar el auxilio de la Autoridad competente”.
Los medios judiciales están recogidos en la Ley de Enjuiciamiento Civil, en su artículo 250, y son: los interdictos de retener y
recobrar.
A través de los interdictos de retener y recobrar la posesión se atiende, respectivamente, al mantenimiento de la situación
posesoria actual frente a la perturbación que procede de un tercero, y a la restauración de la situación en que se encontraba el
poseedor, víctima de un despojo.
a) Legitimación activa. – La legitimación activa es amplísima. El artículo 446 CC la concede a todo poseedor. También está
legitimado el heredero que sucede mortis causa en la posesión de su causante (art. 440 CC), contra la perturbación o despojo
que puede sufrir antes de que tenga en su poder efectivo los bienes hereditarios.
4
b) Legitimación pasiva. – Estarán legitimados pasivamente tanto los que ejecutaren, como los que den la orden a otro de ejecutar
actos exteriores en que consistan la perturbación o el despojo.
c) Plazo para ejecutar el interdicto. – Según el artículo 439 LEC, el plazo es de un año, “a contar desde el acto que lo ocasione”.
El juez debe examinar si la demanda se presenta antes de ese plazo, y debe hacerlo de oficio. Es un plazo perentorio. Es un plazo
de caducidad, no de prescripción.
d) Efectos de la sentencia. – La sentencia que resuelve el juicio interdictal produce los siguientes efectos sustantivos:
1.º Si se ha ejercitado el interdicto de retener, en la sentencia que declare haber lugar a él por haber sido inquietado o
perturbado el demandante en la posesión o tenencia, o por tener fundados motivos que lo será, se mandará mantenerle
en la posesión y requerir al perturbador para que en lo sucesivo se abstenga de cometer tales actos, u otros que
manifiesten el mismo propósito, bajo el apercibimiento que corresponda con arreglo a derecho; y se impondrán todas
las costas al demandado.
2.º Si se ha ejercitado el interdicto de recobrar, en la sentencia que declare haber lugar al mismo por haber sido despojado
el demandante, se acordará que inmediatamente se le reponga en la posesión o tenencia de la cosa, y se condenará al
despojante al pago de las costas daños y perjuicios y devolución de los frutos que hubiere percibido.
3.º Tanto en uno y otro caso, la sentencia contendrá la fórmula de sin perjuicio de tercero, y se reservará a las partes el
derecho que puedan tener sobre la propiedad o sobre la posesión definitiva, que podrán utilizar en el juicio
correspondiente.
Los interdictos sólo resuelven cuestiones de hecho.
6. EXTINCIÓN Y LIQUIDACIÓN DE LA POSESIÓN
6.1. Extinción de la posesión
EXTINCIÓN. – El artículo 460 del Código Civil enumera las causas por las que la posesión se pierde, que son:
a) Abandono de la cosa. – No puede existir entonces posesión, pues ni se ejercita un señorío sobre la cosa, ni se tiene voluntad
de ejercitarlo. Faltan, por tanto, el corpus como el animus.
b) Cesión. – Se trata de una cesión de la posesión como consecuencia o derivación de un previo título oneroso o lucrativo, es
decir, una cesión causalizada.
El título ha de ser traslativo de propiedad. Si el propietario que está poseyendo la cosa la da en arrendamiento, no hay duda de
que habrá una cesión de la posesión a título oneroso, pero no ha perdido la posesión de la misma (art. 432 CC). Quedará como
poseedor mediato, mientras que el arrendatario será el inmediato.
c) Destrucción, pérdida o quedar la cosa fuera del comercio. – La destrucción o pérdida total de la cosa es evidente que
extingue la posesión, pues no es posible ejercer el señorío sobre ella.
La posesión, sin embargo, no se entiende perdida mientras se halle bajo el poder del poseedor, aunque éste ignore accidentalmente
su paradero (art. 461 CC).
d) Posesión de otro. – Finaliza el artículo 460 CC señalando como causa de pérdida la posesión de otro, “aun contra la voluntad
del antiguo poseedor, si la nueva posesión hubiese durado más de un año”.
La “posesión de otro” a la que alude el precepto debe ser una posesión incompatible con la que pueda perder el poseedor actual.
Esta posesión, si es contra su voluntad, debe durar más de un año, lo cual significa que el antiguo poseedor a todos los efectos
legales tiene esa consideración. De ahí que pueda ejercitar los interdictos para el restablecimiento de su estado posesorio (el
plazo de un año es precisamente el concedido por la ley para aquel ejercicio).
Si el antiguo poseedor recupera “conforme a derecho” la posesión indebidamente perdida, preceptúa el artículo 466 que “se
entiende para todos los efectos que puedan redundar en su beneficio que la ha disfrutado sin interrupción” (art. 466 CC).
6.2. Liquidación del estado posesorio
Los artículos 451 a 458 del Código Civil contienen una serie de normas destinadas a regular el destino de los frutos y el régimen
de gastos y mejoras cuando se liquida un estado posesorio, cuando el poseedor ha de entregar la cosa al “que le hubiese vencido
en la posesión”, dice el artículo 453, sin concretar la causa por la que se le vence.
Este régimen no es sólo aplicable en lo supuestos en que un reivindicante obtiene la posesión de la cosa que indebidamente se
encuentra en manos del poseedor demandado o en que un poseedor demuestra su mejor derecho a poseer que el actual, sino
5
también a todos aquellos en que haya de cesar una situación posesoria como consecuencia de una controversia sobre el título que
se basa la posesión del poseedor actual y que se falla a favor de ineficacia, o en los casos en que el título se ha extinguido y el
poseedor, pese a ello, sigue poseyendo.
Esta regulación debe tener un valor general, pero cederá cuando exista una regulación legal y concreta de la liquidación de un
determinado estado posesorio, aunque tendrá un valor supletorio para remediar la oscuridad o insuficiencia de tal regulación
específica.
La normativa parte de una distinción fundamental: La buena o mala fe del poseedor.
A) FRUTOS
El poseedor de buena fe hace suyos los frutos percibidos (art. 451 CC). Mientras que los frutos naturales e industriales se
entienden percibidos cuando se hallen alzados o separados, los frutos civiles se perciben por días, hasta aquél en que se ponga
fin a la posesión (conforme al artículo 1945 CC, la interrupción civil de la posesión se produce desde la citación judicial hecha
al poseedor; según la STS 15.10.2009 -RJ 5575 –, los frutos y rendimientos que se produzcan tras la citación judicial se atribuirán
según el resultado del proceso). En cuanto a los frutos – naturales e industriales – que se hallen pendientes en el momento de
ponerse fin a la posesión (o a la buena fe del poseedor), el artículo 452 CC señala que quien venza en la posesión tiene la facultad
de elegir entre abonar al poseedor saliente los gastos invertidos en la producción, junto con la parte de la cosecha proporcional
al tiempo que haya durado la posesión, o permitirle que concluya el cultivo y la recolección como indemnización equivalente.
El poseedor de mala fe no hace suyos los frutos, pues lo contrario significaría consagrar un enriquecimiento sin causa a su favor.
El artículo 455 CC le obliga a restituir los frutos percibidos (en especie, si todavía se hallasen en su poder, o mediante una
indemnización por el equivalente si ya los hubiese consumido o enajenado) más los que hubiera podido percibir (es decir, que
debe resarcirse al poseedor legítimo del daño que representa un aprovechamiento por debajo de sus posibilidades de los bienes
poseídos).
B) GASTOS
Por gastos o impensa hay que entender todo desembolso económico que el poseedor saliente haya realizado en relación con la
gestión de la cosa poseída. Una mejora es el aumento de valor experimentado por la cosa poseída a resultas de una inversión o
actividad efectuada por aquél cuyo estado posesorio ha tocado a su fin. No siempre que se hace un gasto ello determina una
mejora, pues puede haberse destinado a colmar una necesidad. Son los llamados gastos útiles los que redundan en la obtención
de mejoras, aunque también se diga que los gastos de puro lujo dan lugar a mejoras con este carácter. Aparte están las mejoras
naturales o prevenientes del paso del tiempo, que obviamente no conllevan gasto alguno a cargo del poseedor y que benefician
sin más a quien haya vencido en la posesión (art. 456 CC).
El Código Civil clasifica los gastos en tres categorías y señala cuál es el régimen aplicable a cada una de ellas, diferenciando a
su vez entre el poseedor de buena fe y el poseedor de mala fe (arts. 453 a 455).
1. Gastos necesarios. Son los que se consideran indispensables para la conservación de la cosa poseída, aquéllos sin los cuales
ésta habría perecido o desmerecido. En este apartado cabe incluir las obras de reparación y conservación, los gastos de
custodia del bien, el pago de impuestos y contribuciones, o los desembolsos destinados a la producción de frutos.
2. Gastos útiles. Son los que revierten en mejoras introducidas en la cosa por el poseedor. Se trata de nuevas inversiones de
capital, tales como plantaciones, obras de riego, electrificación, ampliación de edificios o instalación de nuevos servicios,
que redundan en una mayor capacidad de rendimiento del bien.
3. Gastos de puro lujo [También denominados suntuarios o de recreo]. Estos redundan en elementos que, sin contribuir a incrementar
la capacidad de rendimiento del bien, sirven para lograr su embellecimiento o para perfeccionar su configuración externa.
Pues bien, los gastos necesarios se abonan a todo poseedor, sea de buena o de mala fe, ya que constituyen desembolsos que
igualmente habría tenido que realizar el poseedor entrante. De este modo se evita un enriquecimiento sin causa por parte de este
último. Sin embargo, sólo al poseedor de buena fe se le concede un derecho de retención sobre la cosa hasta tanto dichos gastos
le sean satisfechos.
Los gastos útiles, por su parte, se abonan sólo al poseedor de buena fe, puesto que para el de mala fe esas inversiones constituyen
por definición un riesgo conscientemente asumido. El vencedor en la posesión tiene la opción de abonar al poseedor saliente el
importe de los gastos efectuados, o bien compensarle por el aumento de valor que la cosa haya experimentado a causa de la
mejora (el cual vendrá dado por la diferencia entre el valor del bien debido a la mejora introducida, y el que hipotéticamente
tendría en ausencia de la inversión efectuada).
No son compensables las mejoras que hayan dejado de existir en el momento de adquirir la cosa el que obtenga la posesión (art.
458 CC).
6
Por lo que hace a los gastos de puro lujo, no se abonan a ningún poseedor, ni de buena ni de mala fe, dado que no son gastos
precisos ni tampoco redundan en una utilidad del bien. Pese a todo, se faculta al poseedor vencido, tanto de buena como de mala
fe, a retirar las mejoras de puro lujo (ius tollendi) bajo dos condiciones: (a) que no se cause con ello deterioro alguno a la cosa;
(b) que el vencedor en la posesión no prefiera quedarse con el elemento en cuestión, caso en el que no obstante habrá de
compensar al poseedor vencido: si éste hubiera sido de buena fe mediante el abono de los gastos, y si hubiera sido de mala fe
mediante el abono del valor que la mejora tenga en el momento de entrar en la posesión.
C) RESPONSABILIDAD POR DETERIOROS O PÉRDIDAS
El poseedor, vencido en la posesión, puede ser hecho responsable por los daños, y, en su caso, por la instrucción, que el bien
poseído haya sufrido durante el periodo en el que se halla bajo su poder (art. 457 CC). Si el poseedor lo ha sido de mala fe, se le
hace responsable y se le hace responder por los daños, debido tanto adulo como negligencia, e incluso de los provenientes de
fuerza mayor si acaso hubiera retrasado la entrega de la cosa maliciosamente. El poseedor de buena fe solo se le responsabiliza
de los daños causados con dolo.
Artículo 457 CC
“El poseedor de buena fe no responde del deterioro o pérdida de la cosa poseída, fuera de los casos en que se justifique haber
procedido con dolo. El poseedor de mala fe responde del deterioro o pérdida en todo caso, y aun de los ocasionados por
fuerza mayor cuando maliciosamente haya retrasado la entrega de la cosa a su poseedor legítimo”
7. PRESUNCIONES POSESORIAS
1) PRESUNCIÓN DE BUENA FE. – “La buena fe se presume siempre, y al que afirma la mala fe de un poseedor corresponde
la prueba” (Art. 434 CC).
“La posesión adquirida de buena fe no pierde este carácter sino en el caso y desde el momento en que existan actos que acrediten
que el poseedor no ignora que posee la cosa indebidamente” (Art. 435 CC).
“Se presume que la posesión se sigue disfrutando en el mismo concepto en que se adquirió, mientras no se pruebe lo contrario”
(Art. 436 CC).
2) PRESUNCIÓN DE CONTINUIDAD EN LA POSESIÓN. – “El poseedor actual que demuestre su posesión en época
anterior, se presume que ha poseído también durante el tiempo intermedio, mientras no se pruebe lo contrario” (Art. 459 CC).
“El que recupera, conforme a derecho, la posesión indebidamente perdida, se entiende para todos los efectos que puedan redundar
en su beneficio que la ha disfrutado sin interrupción” (Art. 466 CC).
3) PRESUNCIÓN EN EL CONCEPTO POSESORIO. – Dice el art. 436 CC que se presume que la posesión se sigue
disfrutando en el mismo concepto que se adquirió, salvo prueba en contrario. Pero ese poseedor puede perfectamente cambiar
su posesión, es decir INTERVERTIR el título por el que posee.
El poseedor INTERVERTIRÁ su título originario cuando con posterioridad a la adquisición de una posesión conforme al mismo
posee en concepto distinto al que adquirió.
4) PRESUNCIÓN DE TÍTULO. – “El poseedor en concepto de dueño tiene a su favor la presunción legal de que posee con
justo título, y no se le puede obligar a exhibirlo” (Art. 448 CC).
5) PRESUNCIÓN DE POSESIÓN DE MUEBLES DENTRO DEL INMUEBLE. – “La posesión de una cosa raíz supone la
de los muebles y objetos que se hallen dentro de ella, mientras no conste o se acredite que deben ser excluidos” (Art. 449 CC).