Costuras silenciosas
No recuerdo del todo el día en que todo comenzó, en mi cabeza escucho el sonido
de los gritos y esas imágenes tormentosamente borrosas. Mi madre, si, recuerdo a
mi madre tratando de calmar la situación, mi padre intentando detenerme, pero
ambos queriendo alejarme, al final ella solo se limitó a observar cómo su familia
perfecta realmente no lo era y su farsa se derrumbaba, suplicándome que me
detuviera, pero ¿detenerme?, aún me pregunto de qué me pedían detenerme,
siempre el mismo sueño sin respuestas.
Nedeeya, curioso nombre lo sé, a mi madre le gustaban las cosas raras, si tan
solo conocieran los nombres de mis hermanos, el mayor de nombre Kustá, la
menor de nombre Bluma, quien ni siquiera podría imaginar tales nombres, sin
embargo, yo nunca fui una persona que hiciera honor al significado de su nombre,
de lo contrario no habría terminado como lo hice.
-Dime lo que más te atormenta- alcancé a leer en la hoja frente a mí que hizo
regresar mi mente, para observarla siendo sostenida por la mano de aquel hombre
llamado Jerry.
-¡Nedeeya vas a responder!- me dice con una voz firme, pero solo negué con la
cabeza y él suspiró, eso es ya una costumbre en él cuando habla conmigo, sin
éxito en una conversación y transcurrido un rato decidió que era todo por este día.
Una vez que llegué a mi habitación, me dispuse a dormir repitiendo mi rutina de
siempre para culminar viendo el reloj en la parte más alta de la pared, cerré los
ojos y un sueño diferente me envolvía cuando me despertó el abrupto sonido de la
alarma de emergencia, con los ojos entreabiertos observé que eran las 6:00 am.
La alarma continuaba sonando mientras en el altavoz se escuchaba -¡Todos
salgan a los pasillos, es una emergencia!- obedecí saliendo en pijama y con los
pies descalzos, cerré la puerta y un fuerte olor a sangre abrumó mi nariz en el
pasillo, saliendo de una puerta cercana de mi habitación vi lo que parecía un
charco de sangre fluir. Ese olor, me recordó el sueño que tuve esa noche, uno
diferente a las otras veces esta ocasión no era yo abrazando a mis hermanos y el
reloj marcando las 10:30 de la noche, este sueño mostraba imágenes nuevas en
mi cabeza, siendo otra persona completamente diferente haciendo un daño que yo
no imagino hacer a otros, los pensamientos me envolvían y con la mirada perdida
fui observando todas las puertas, pero ese olor no dejaba de llamar mi atención
haciendo que me acercara mientras todos muestran pánico y corren de un lado a
otro. No entendía que estaba pasando, mientras la sangre continuaba fluyendo
lentamente de aquella puerta, quería saber que pasó, empujé sutilmente para
abrirla, pero era difícil distinguir entre la oscuridad, di un paso dentro, pero fui
detenida por alguien más.
Después de unas horas la conmoción se tranquilizó, pero mis dudas de lo que
había ocurrido no se calmaron eran más intensas que otras veces. No, no era la
primera vez que alguien moría en este lugar, pero hasta ahora desconocía la
causa de esas muertes y porqué siempre eran en el mismo pasillo de mi
habitación, habiendo muchos más en este edificio. Sin embargo, el día continuo
normal, aunque con un poco de silencio por lo ocurrido, al llegar la noche me costó
más trabajo de lo normal conciliar el sueño, una vez que lo conseguí esa visión
recurrente apareció: yo en una habitación oscura, entrando en una especie de
frenesí tomando un, pequeño y blando, peine que se encontraba en una mesa de
noche lo partí por la mitad y con mucha destreza, desprendiendo parte por parte,
para después coser cada fragmento con un hilo negro. Desperté confundida como
cada noche que esos sueños aparecen, decidí salir a caminar tomando el calzado
bajo mi cama y abrigada con la sábana que cubría mi cama, avancé por el pasillo
despacio y tratando de olvidar cada uno de los sueños, cuando por fin me calmé
decidí regresar.
Tomé la perilla de mi puerta para girarla, pero mi mano fue detenida por Jerry, lo
miré con molestia y confusión para escuchar – ¡Nedeeya, tenemos que hablar! –
con ese tono tan peculiar de él, y si ahí vamos una vez más, pero ¿a esta hora?
de seguro no pasan de las 10 pm, me digo entre pensamientos mientras suelto
lentamente la perilla y no teniendo otra opción giré y lo seguí. Mientras camino
siempre me gusta observar el lugar, estos pasillos con luces tenues y muros fríos
por estar ubicados en el último piso de este frío y oscuro edificio subterráneo.
Conforme seguimos avanzando comienzo a notar algo extraño, el camino no era
el de siempre, así que tomé saqué mi libreta, esa pequeña que siempre llevo en
mi bolsillo, escribí colocándome a frente a Jerry para preguntarle –¿A dónde
vamos? - miró fijamente mi pregunta y con una extraña sonrisa respondió -La
platica de hoy será en un lugar diferente, uno más significativo- creo que mi cara
de confusión fue muy obvia por lo que añadió -Tranquila es un lugar que ya
conoces- haciéndome a un lado de forma cortés para continuar caminando.
Entramos en un ascensor y subimos, siendo esta la primera vez que subía tanto
de piso cada vez me sentía más extrañada, pero confiaba en él, después de todo
era la única persona que deseaba hablar conmigo. El ascensor se detuvo mucho
más arriba de lo que podía imaginar salimos y Jerry siguió caminado conmigo
detrás, subimos las escaleras, tras un par de escalones comenzó a hablarme -
¿Recuerdas el día que llegaste a este lugar Nedeeya?- dijo tranquila y
pausadamente, negué con la cabeza mirándome de reojo continúo diciendo -¡yo si
lo recuerdo!, fue una noche a las 10:30 estabas sentada recargada en una pared,
todos pensábamos que estabas muerta, no te movías y estabas llena de sangre,
cuando despertaste lo primero que dijiste fue Bluma y Kustá-. Quedé helada al
escucharlos pues eran los nombres de mis hermanos. Sin más comentarios
continuamos caminando sorprendiéndome cada vez más este lugar, se veía
totalmente diferente, no podía creer que estábamos ahora en un edificio en la
superficie, con puertas en los departamentos, pero con un aire que me parecía
totalmente conocido.
Jerry me acercó a una puerta color café con diseño en los bordes, igual que las
demás en el pasillo, al entrar, me di cuenta de que era el mismo lugar que
recordaba, en ese sueño de siempre, con la misma decoración.
-Esta es la habitación en la que te encontramos- dijo mientras me veía caminar por
el departamento, me limité a mirarlo con una cara de confusión.
- ¿Porqué estamos aquí?- escribí casi ilegible en mi libreta
-Creí que después de lo que pasó tendrías que ver este lugar y así poder recordar-
respondió mientras seguía mirando desde la puerta.
Me quedé al centro observando el lugar sin saber cómo reaccionar - ¿A qué te
refieres con lo que pasó? - le pregunté escribiendo en una nueva página,
-Yo me retiro para que puedas tomarte tu tiempo- fue lo último que dijo y salió de
la habitación.
Giré para observar detenidamente, comencé a caminar por el departamento y,
como si lo estuviera viviendo una vez más recordé todo, no era un sueño
recurrente: Yo sentada en una silla de la mesa observando el reloj que marcaba
las 9:30 de la noche, mis padres y hermanos no se encontraban en casa, habían
asistido a una reunión familiar, ¡claro! Como yo no era digna de esas reuniones
nunca fui a una, no es como si una mascota defectuosa pudiera salir de su jaula.
Cuando se dieron las 10:00 de la noche estaban de regreso, al cerrar la puerta mis
padres comenzaron a discutir, él le reclamaba a mi madre que por su culpa sus
hijos salían defectuosos y en su ataque de ira nos insultaba a mis hermanos y a
mí, pero no se conformó con eso y empezó a golpearme (ya estaba acostumbrada
no era diferente a lo habitual) a mis hermanos nunca los tocó, pero ese día si lo
hizo; en el instante que lo vi golpearlos, a ellos los únicos que me trataban como
una persona normal aun sabiendo que era muda. Me quedé en estado de shock,
ahí fue donde yo también perdí la cordura que me quedaba, corrí a la cocina para
tomar el cuchillo más grande que encontré, me acerqué a ese hombre violento,
que alguna vez llamé padre y ¡como si fuera lo más fácil del mundo!, enterré el
cuchillo en su cabeza sin darle tiempo a reaccionar, aun sabiendo que ya había
muerto no me detuve ahí y comencé a tratar de cortar cada parte de su cuerpo.
En ese punto ya no había forma de recuperar mi cordura, miré a mis hermanos, a
ellos que quería proteger, atacando sus extremidades, escuchando sus gritos y
viendo como la sangre corría por el piso. Mi madre que hasta ese momento se
encontraba solo viendo horrorizada comenzó a suplicarme que me detuviera y yo
solo pensé - ¿Detenerme, como ustedes lo hicieron cada vez que me golpeaban y
insultaban? por ser muda- con ese pensamiento me acerqué a ella, y como lo hice
con los demás sin dudarlo encajé el cuchillo en su cuerpo y corté lo más que pude,
aunque con ella fue diferente, corté cada parte de su rostro hasta dejarla
irreconocible.
Habiendo terminado el frenesí se fue desvaneciendo para observar con juicio lo
que había hecho, un sentimiento de culpa estremeció mi ser, inundando mis ojos
de lágrimas tomé el bote de costura de mi madre y decidió armar cuerpo por
cuerpo, parte por parte mientras las lágrimas escurrían por mis mejillas, al concluir
de armarlos lo mejor que pude decidí hacer un pequeño regalo a nuestra familia,
cosiéndoles la boca para que no pudieran decirme nada más que pudiera herirme
formando en sus bocas en cada uno una gran sonrisa.
Una vez que terminé a mi perfecta familia, como mamá decía, los tomé y senté en
el sillón y encendí la televisión, como lo hacían cada noche, como si todo siguiera
normal y yo tomé mi lugar habitual, sentada en el suelo en una esquina
observándolos con aquellas costuras silenciosas pero felices. - ¿porqué lloro, si
somos una familia feliz que ya no se lastimará de nuevo?- los miré sin poder
soportar lo que había echo.
Fui a la cocina tomé aquel cuchillo y desee ser como ellos, hice cortes muy
profundos en mis pies, tobillos y rodillas para después coserlos -¡ahora sí, ya no
me van a rechazar ahora somos iguales-
Escuché la puerta abrirse para visualizar al Dr. Jerry entrar a la habitación y caí en
cuenta de que los cuerpos ya no estaban ahí, hacia mucho tiempo que los habían
quitado y no eran sueños era la verdad más triste y oscura de mis recuerdos,
quería contarle todo y escribirle en mi libreta al fin sería libre, intenté pararme pero
no pude, mis pies tenían costuras hechas minutos antes eso no fue parte del
recuerdo, suspiré dándome cuenta de que el suicidio tiene muchas formas en la
mente humana.
Así empecé a ser feliz sintiendo como la vida se me iba, mis ojos parpadeaban
lentamente mientras Jerry avisaba por su radio - ¡La paciente Nedeeya ha
cometido suicidio! ¡El tratamiento fue un fracaso! – mis ojos se cierran mientras
caigo en cuanta que estuve en un hospital que peculiarmente se encuentra bajo
tierra. Lo ultimo que vi antes de cerrar los ojos para siempre fue entrar a personas
con trajes blancos que los cubría por completo, los que comenzaron a limpiar y a
Jerry salir de la habitación dándome la espalda porque su proyecto había
fracasado.
Y de esa manera cerré los ojos, mientras en mi mente el suicidio fue la púnica
opción porque ahora siempre estaré sentada con mi familia en sus nuevos
cuerpos, rediseñados por mí, sonriendo felices para siempre.
FIN.