Albert Einstein
Gabriel Esteban corella Martínez
Nació el 14 de marzo de 1879, en Ulm (Alemania) y murió el 18
de abril de 1955, en Princeton (Estados Unidos de América)
29-noviembre-2023
Albert Einstein nace en el seno de una familia judía en 1879. Fue el
primogénito de Hermann Einstein y Pauline Koch. Su madre, que sabía tocar
diversos instrumentos musicales, inspira la pasión musical que Einstein
demostró desde muy pequeño. También influyó mucho en él su tío Jakob
Einstein, ingeniero, que le daba libros de ciencia para que los leyera. Además
Jakob montó con el padre de Einstein un taller dónde llevarían a cabo
proyectos y experimentos tecnológicos de la época y, a pesar de que éste
fracasó, Einstein creció impregnándose de ese espíritu inquieto y amante de la
ciencia.
Fue un niño solitario que se entregaba al estudio y a la lectura concentrado y
paciente. No comenzó a hablar hasta los tres años y eso, unido a su carácter,
hizo plantearse incluso a sus padres si aquel niño sufría alguna discapacidad
intelectual. Precisamente Einstein siempre alegó que cree que fue capaz de
desarrollar la teoría de la relatividad debido a su desarrollo intelectual tardío ya
que un adulto normal no se pregunta sobre el tiempo y el espacio, sólo cuando
se es niño.
A los 4 años, en el transcurso de una enfermedad que le hizo reposar en cama,
su padre le regaló una brújula de bolsillo. Para Einstein, según sus propias
palabras, este acontecimiento sería determinante ya que le fascinó el hecho de
que aquella aguja siempre apuntara en la misma dirección sin estar en contacto
con nada. Esa curiosidad innata sería motivada y alentada por sus padres que
le educaron en la perseverancia y la independencia.
Tras un breve periodo en su infancia durante el que fue judío practicante,
Einstein empezó a rechazar la religión organizada, explicando que lo que había
aprendido leyendo textos científicos le había convencido de que las historias de
la Biblia no podían ser verdaderas. Sin embargo, Einstein sí creía en una
presencia superior. Como explicó en una ocasión, más allá de los intentos
humanos por entender la naturaleza «existe algo sutil, intangible e inexplicable.
Mi religión consiste en la veneración de esta fuerza más allá de todo lo que
podemos comprender.
También influyó en él, durante su juventud, un estudiante de medicina
apellidado Talmud que le llevaba libros científicos y libros de filosofía que
Einstein leía y comprendía apasionadamente.
Einsten cursó sus estudios de primaria en un colegio católico en Munich, donde
la familia se había trasladado un año después de su nacimiento, y obtuvo
excelentes calificaciones, especialmente en ciencias. La etapa de la secundaria
fue más dura para él y en 1895 se reunió con su familia en Milán (Italia), dónde
debido a dificultades económicas, se habían trasladado sus padres con su
hermana pequeña Maya. Pero Einstein no había terminado el bachillerato y,
aunque trató de acceder al Instituto Politécnico de Zurich (Suiza) mediante un
examen, no pudo debido a que no superó una asignatura de “letras”.
Finalmente al año siguiente sí obtuvo el título de bachiller y con 17 años, por
fin, ingresó en la Politécnica de Zurich para estudiar Física. Se graduó en 1900
y obtuvo el título de profesor de Matemáticas y Física.
Einstein era tan brillante que antes de cumplir 15 años ya dominaba el cálculo
diferencial e integral. Sin embargo, se sentía molesto con la rigidez casi militar
impuesta en el instituto al que iba en Múnich, que ponía énfasis en la repetición
y la memorización. El rechazo de Einstein a inclinarse ante la autoridad llevó a
que uno de sus profesores le echase de clase, afirmando que «su mera
presencia anula el respeto del resto de la clase hacia mí». Finalmente, Einstein
dejó la escuela a los 15 años, tras obtener una carta de su médico de familia en
la que decía que sufría fatiga debido a los nervios. Usó todo ese tiempo libre
para estudiar por su cuenta y consiguió leer sin ayuda una enciclopedia de
física de tres volúmenes. En el instituto en Suiza, se saltaba las clases y
desesperaba a los profesores con sus faltas de respeto. «Eres un chico muy
inteligente, Einstein», le dijo uno de ellos. «Pero tienes un gran defecto. Nunca
dejas que te cuenten nada
Entre 1902 y 1909 consiguió un puesto fijo en la oficina de patentes de Berna,
en Suiza y durante este tiempo terminó su doctorado. En ese periodo,
concretamente en 1905, publicó unos artículos de suma relevancia para la
ciencia: sobre el efecto fotoeléctrico, sobre el movimiento browniano y la teoría
de la relatividad especial. Estos artículos le valieron la obtención de su
doctorado, una plaza de profesor en 1909 en la Universidad de Berna, en 1914
una plaza en la Academia de ciencias prusiana, en Berlín, y en 1921 el Premio
Nobel de Física, pero otorgado por el efecto fotoeléctrico, ya que la Teoría de la
Relatividad Especial y General (que perfeccionó hacia 1915) suscitaban
controversia en el mundo científico.
Durante el resto de su vida y, a pesar de que tuvo que vivir dos guerras
mundiales siendo durante la segunda el momento en que emigró a Estados
Unidos para siempre, se dedicó a la ciencia tratando de encontrar su teoría de
la Relatividad Especial, que una década después convirtió en Teoría de la
Relatividad General, abrió el juego para una comprensión diferente del
Universo, desde la Física; dio vuelta los hasta entonces rígidos conceptos de
Espacio, Tiempo, Masa y Energía y dio un paso más adelante en la concepción
de la Ley de Gravedad newtoniana. Tenía veintiséis años cuando armó la que
armó. Lo puso todo en una fórmula sencilla: E=mc2. Quiere decir que la
energía es masa multiplicada por la velocidad de la luz al cuadrado. Que se
dice fácil.
Para intentar hacerlo sencillo, que no lo es, la idea del Universo de Einstein
revelaba que Tiempo, Espacio, Masa, Energía y Luz eran una misma cosa.
Pero, mientras los primeros cuatro elementos eran elásticos, mutables,
impredecibles y caprichosos, lo único que se mantenía constante era la
velocidad de la luz. Ese era el punto de partida. De ahí en más, a deducir más
cosas.
Esto que Einstein expuso en 1905, se comprobó durante un eclipse en 1919
que certificó la curvatura de la luz. Y convirtió a Einstein en el chico mimado de
la ciencia. Sus conceptos escapan casi a la imaginación. Einstein tenía una
manera de salir del paso cuando alguien, por lo general un lego, le pedía un
poquito más de luz, valga la parábola, en esos enunciados crípticos encerrados
en ese símbolo hermético: E=mc2.
Después del eclipse de 1919, hubo un clamor científico para que Einstein
recibiera el Nobel. En la Academia Sueca latían pasiones encontradas. Los
miembros del jurado no sabían bien qué era un huevo, una sartén el aceite y el
fuego. O sí lo sabían, no eran tontos, sólo que no hacían huevos fritos como los
hacía Einstein. Como jurado figuraba Allvar Gullstrand, Nobel de Física en 1911
por sus estudios en la óptica ocular. No tenía estudios superiores en Física o
Matemáticas, en eso era un autodidacta, pero era sí jurado del Nobel de Física,
esas cosas pasan.
Entre 1910, antes del eclipse, y hasta 1921, después del eclipse revelador,
Einstein recibió sesenta y dos nominaciones para obtener el Nobel de Física
por su Teoría de la Relatividad. nunca se lo dieron. El Comité Nobel dio sus
razones para el rechazo: “Su trabajo no es suficientemente útil para la raza
humana”, “Deberíamos esperar a tener evidencias medibles”, o, también “La
Teoría de la Relatividad tiene más de artículo de fe que de hipótesis científica”.
El rechazo se mantuvo aun cuando existían evidencias empíricas que
confirmaban la teoría de Einstein.
Al final, lo que estuvo en duda fue la legitimidad del Comité Nobel de Física y
en 1921 la Sección Física de la Academia Sueca de Ciencias rechazó el
candidato propuesto por el Comité Nobel y propuso en su lugar a Einstein.
Gullstrand, furioso, escribió dos cartas a todos los miembros de la Academia
para convencerlos de que Einstein no debía ser premiado. Finalmente, la
Academia pospuso su decisión y en diciembre de 1921 el Nobel quedó sin ser
asignado. Einstein ganó el Nobel de Física de 1921, pero en diciembre de
1922.
Y no lo ganó por su Teoría de la Relatividad, sino por, “sus servicios a la Física
Teórica y, en especial, por su descubrimiento de la ley del efecto fotoeléctrico”.
¿Qué había descubierto Einstein? Que la emisión de luz es posible gracias a
emisiones mínimas de energía, bautizada luego como fotones. Y que esa
energía se convierte en electrones cuando incide sobre una superficie metálica
y en determinadas condiciones. A ver, que de esta sartén, con ese aceite, ese
fuego y este huevo comemos todos: cada vez que nos acercamos a una
puerta, atravesamos un rayo invisible de luz, y la puerta se abre “sola”, lo que
hacemos en verdad es celebrar el Nobel de Física a Einstein.
Maldita la gracia que debe haberle hecho al bueno de Albert que el embajador
alemán en Suecia haya ido a la Academia a aceptar el premio en su nombre. El
científico había renunciado a la ciudadanía alemana para evitar el servicio
militar, era un apátrida nacionalizado suizo, y en 1914 se había negado a firmar
un manifiesto, que sí habían firmado otros intelectuales y científicos, en apoyo
del káiser Guillermo, cercana ya la Primera Guerra Mundial.
El científico que pocos entendían tenía una vida caótica en lo personal. Se
separó de su esposa físico matemática, y su segunda mujer fue su prima, quien
antes era su amante. En 1921 le otorgaron con cierta resistencia el Nobel de
Física, pero fue entregado recién en 1922 y no en sus propias manos. Tampoco
fue por la Teoría de la Relatividad. Por un arreglo del divorcio con su primera
mujer, el dinero del premio se lo llevó ella y no vio un centavo
Albert Einstein escribe la ecuación de la Teoría de la Relatividad Especial ( un
paso anterior a la General), en el pizarrón del Observatorio Wilson de
Pasadena, en California, EE UU.
Armó la que armó para poner un poco de orden en el Universo. Para poner
algunas cosas desperdigadas en sus estantes: aquí el tiempo, allí el espacio,
allí la luz, aquí la masa y allá la energía, a ver si nos entendemos. Pero su vida
fue un desorden total, caótico, desde que nació y hasta que decidió que lo
dejaran morir, en 1955. Hasta el Nobel de Física de 1921 que le concedieron
con retraso en 1922, hace hoy 100 años, es materia de confusión: no lo recibió
Einstein hace un siglo. Lo aceptó por él el embajador alemán en Suecia: el
premiado, Albert Einstein, estaba en Japón ante auditorios deslumbrados por
su genio en el que no existían mundos orientales, ni occidentales.
Y el Nobel no le fue otorgado a Einstein por su Teoría de la Relatividad, que
nadie en la Academia Sueca entendió, muchos la juzgaron inútil y casi todos
creyeron imposible de demostrar: en eso tenían razón, sino por otros méritos y
por un descubrimiento más simple y ordinario que usamos hoy todos los días.
Y en el momento de ganar el Nobel, el tipo que puso orden en el caos vivía un
caos en su universo privado. Se había separado de su primera esposa, no
tenía noticias de su primera hija, de la que jamás se supo nada, sus otros dos
hijos estaban a punto de perderlo como padre de todos los días, aunque el
afecto siguió a la distancia, estaba a punto de casarse con su prima, que era su
amante antes del divorcio, y a la que siempre le sería muy infiel. Eso sí, Albert,
allí la masa, allí la energía, aquí la luz, ahí el espacio y por aquí el tiempo, no
vaya a ser cosa.
Te puede interesar: Einstein, el hombre detrás del genio: el amor con su prima,
el drama de sus hijos y la diáspora de su cerebro robado.
Primero, lo primero. Su Teoría de la Relatividad Especial, que una década
después convirtió en Teoría de la Relatividad General, abrió el juego para una
comprensión diferente del Universo, desde la Física; dio vuelta los hasta
entonces rígidos conceptos de Espacio, Tiempo, Masa y Energía y dio un paso
más adelante en la concepción de la Ley de Gravedad newtoniana. Tenía
veintiséis años cuando armó la que armó. Lo puso todo en una fórmula sencilla:
E=mc2. Quiere decir que la energía es masa multiplicada por la velocidad de la
luz al cuadrado. Que se dice fácil.
Albert Einstein demonstrates mathematical formulas on a blackboard in front of
California scientists.
Para intentar hacerlo sencillo, que no lo es, la idea del Universo de Einstein
revelaba que Tiempo, Espacio, Masa, Energía y Luz eran una misma cosa.
Pero, mientras los primeros cuatro elementos eran elásticos, mutables,
impredecibles y caprichosos, lo único que se mantenía constante era la
velocidad de la luz. Ese era el punto de partida. De ahí en más, a deducir más
cosas.
Esto que Einstein expuso en 1905, se comprobó durante un eclipse en 1919
que certificó la curvatura de la luz. Y convirtió a Einstein en el chico mimado de
la ciencia. Sus conceptos escapan casi a la imaginación. Einstein tenía una
manera de salir del paso cuando alguien, por lo general un lego, le pedía un
poquito más de luz, valga la parábola, en esos enunciados crípticos encerrados
en ese símbolo hermético: E=mc2. Einstein desafiaba a su interlocutor:
“¿Podría explicarme cómo se hace un huevo frito?” Ante la esperada respuesta
afirmativa, igual, hacer un huevo frito no es tarea sencilla, Einstein subía la
apuesta: “Bien, explíquemelo. Pero tenga en cuenta que yo no sé qué es un
huevo, qué es una sartén, qué es el aceite y qué es el fuego”.
Después del eclipse de 1919, hubo un clamor científico para que Einstein
recibiera el Nobel. En la Academia Sueca latían pasiones encontradas. Los
miembros del jurado no sabían bien qué era un huevo, una sartén el aceite y el
fuego. O sí lo sabían, no eran tontos, sólo que no hacían huevos fritos como los
hacía Einstein. Como jurado figuraba Allvar Gullstrand, Nobel de Física en 1911
por sus estudios en la óptica ocular. No tenía estudios superiores en Física o
Matemáticas, en eso era un autodidacta, pero era sí jurado del Nobel de Física,
esas cosas pasan.
Entre 1910, antes del eclipse, y hasta 1921, después del eclipse revelador,
Einstein recibió sesenta y dos nominaciones para obtener el Nobel de Física
por su Teoría de la Relatividad. nunca se lo dieron. El Comité Nobel dio sus
razones para el rechazo: “Su trabajo no es suficientemente útil para la raza
humana”, “Deberíamos esperar a tener evidencias medibles”, o, también “La
Teoría de la Relatividad tiene más de artículo de fe que de hipótesis científica”.
El rechazo se mantuvo aun cuando existían evidencias empíricas que
confirmaban la teoría de Einstein.
Junto a su primera mujer, la matemática y física serbia Mileva Maric, que le dio
dos hijos varones, Hans y Eduard. Grosby
Al final, lo que estuvo en duda fue la legitimidad del Comité Nobel de Física y
en 1921 la Sección Física de la Academia Sueca de Ciencias rechazó el
candidato propuesto por el Comité Nobel y propuso en su lugar a Einstein.
Gullstrand, furioso, escribió dos cartas a todos los miembros de la Academia
para convencerlos de que Einstein no debía ser premiado. Finalmente, la
Academia pospuso su decisión y en diciembre de 1921 el Nobel quedó sin ser
asignado. Einstein ganó el Nobel de Física de 1921, pero en diciembre de
1922.
Y no lo ganó por su Teoría de la Relatividad, sino por, “sus servicios a la Física
Teórica y, en especial, por su descubrimiento de la ley del efecto fotoeléctrico”.
¿Qué había descubierto Einstein? Que la emisión de luz es posible gracias a
emisiones mínimas de energía, bautizada luego como fotones. Y que esa
energía se convierte en electrones cuando incide sobre una superficie metálica
y en determinadas condiciones. A ver, que de esta sartén, con ese aceite, ese
fuego y este huevo comemos todos: cada vez que nos acercamos a una
puerta, atravesamos un rayo invisible de luz, y la puerta se abre “sola”, lo que
hacemos en verdad es celebrar el Nobel de Física a Einstein.
Maldita la gracia que debe haberle hecho al bueno de Albert que el embajador
alemán en Suecia haya ido a la Academia a aceptar el premio en su nombre. El
científico había renunciado a la ciudadanía alemana para evitar el servicio
militar, era un apátrida nacionalizado suizo, y en 1914 se había negado a firmar
un manifiesto, que sí habían firmado otros intelectuales y científicos, en apoyo
del káiser Guillermo, cercana ya la Primera Guerra Mundial.
Einstein recién pasó a recoger su Nobel por Estocolmo en julio de 1923. No
recibió un solo centavo. Es decir, recibió el premio completo, pero su importe
estaba ya comprometido. Era todo para su esposa, Mileva Maric, como parte
del acuerdo de divorcio pactado en 1919. La mujer recibió el dinero y compró
con él tres propiedades.
Mileva fue al gran amor de Einstein. Se habían conocido en 1896, ella era una
matemática brillante, tres años mayor que él, serbia, feminista y de izquierda.
La familia de Einstein se opuso al noviazgo, convencidos de que la mujer
arruinaría la vida de Einstein y lo haría fracasar.
No hay nada que envalentone más un amor juvenil que la oposición familiar.
Los enamorados recibieron juntos al siglo XX y a inicios de 1902 Mileva
regresó a Serbia, embarazada. Un hijo ilegítimo, por el simple hecho de que los
padres no estaban casados, era un escándalo. Es probable que Mileva haya
viajado a su tierra para que allí naciera su bebé, que sería una niña. Albert le
escribió a la distancia unas encendidas cartas de amor en las que le prometió
ser “un buen esposo”.
La bebe nació en enero de 1902. “¿Está sana? ¿Llora convenientemente?
¿Cómo son sus ojos? ¿A cuál de nosotros se parece más? ¿Quién le da la
leche? ¿Tiene hambre? Debe ser completamente calva. Todavía no la conozco
y la quiero tanto”, escribió Einstein a Mileva, desde Suiza. “El único problema
que nos quedaría por resolver sería el de cómo tener a nuestra Lieserl con
nosotros. No quisiera tener que renunciar a ella”. De Lieserl no se supo más
nada desde septiembre de 1903.
Hay dos teorías dominantes: que fue dada en adopción a una persona del
entorno familiar de Mileva, o a una de sus amigas íntimas. La otra teoría dice
que la beba puede haber muerto a los dos años, atacada por la escarlatina. La
última mención que se hace de la niña es a esa edad y por esa enfermedad.
Pero nunca se hallaron documentos de defunción, ni referencias comprobables
a su muerte. Se la tragó la tierra y su padre jamás la conoció. Y si aún hoy
existe alguna evidencia de su existir, es por las cartas que intercambiaron sus
padres. La historia de Lieserl fue el secreto mejor guardado de la vida de
Einstein.
Con trabajo estable en Berna y en la Oficina Federal de la Propiedad,
¿aspiraba Einstein a ser un buen funcionario?, Mileva volvió a Suiza y se
casaron. En 1904, poco antes de dar a conocer su Teoría de la Relatividad,
nació Hans Albert y en 1910 nació Eduard, cuando Einstein era ya un científico
consagrado. La pareja no era la misma. Einstein vivía intensamente su relación
con los hijos, y Mileva se sintió, o lo estaba, a la sombra de su cada vez más
célebre marido.
En septiembre de 1909 le escribió a su amiga Helene Savic: “Ahora él es el
mejor de los físicos y le rinden muchos honores. Con toda esa fama, tiene poco
tiempo para su esposa”. Albert había valorado el rol de su esposa como
científica, dijo que sin sus aportes, “no habría llegado a completar la teoría de
la relatividad”.
Albert Einstein con su segunda mujer, Elsa Löwenthal, que era su prima y
habían sido amantes mientras él estaba casado con Mileva, su primera esposa
O que sucedía era que Einstein tenía un amante. Era su prima, Elsa Löwenthal,
también tres años mayor, una pasión que crecía a medida que se deterioraba la
relación con Mileva, en especial por cierta actitud despreciativa de Einstein
hacia ella. Se divorciaron en 1919, el año del eclipse que confirmó los asertos
de su Teoría de la Relatividad. Parte de ese acuerdo contempló la entrega a
Mileva del importe del Nobel, si Albert lo ganaba.
La peor parte del divorcio para Einstein fue separarse de sus hijos. Fue, y lo
admitió así, letra por letra, mejor padre que esposo. Su hijo Hans reveló alguna
vez: “Cuando mi madre estaba ocupada con la casa, mi padre dejaba de lado
su trabajo y nos cuidaba durante horas, mientras nos balanceábamos sobre
sus rodillas. Nos contaba historias y, a menudo, tocaba el violín en un esfuerzo
por mantenernos quietos”.
Quien peor lo pasó fue Eduard. Siempre tuvo una salud frágil, a los cuatro años
estuvo postrado en la cama durante siete semanas, a los siete una inflamación
pulmonar lo puso en riesgo de muerte. “El estado de mi pequeño me deprime
sobremanera”, escribió Einstein a un amigo. Visitó a sus hijos muy seguido, los
llevaba de vacaciones y, cuando fueron mayores, los invitó a Berlín para que
pasaran más tiempo con él.
La salud endeble de Eduard, que soñaba con ser psiquiatra y estaba
interesado en las teorías de Sigmund Freud, hizo crisis en 1932, con el
nazismo ya en ciernes en Alemania: a los veintidós años le diagnosticaron
esquizofrenia. Einstein quedó devastado: “Al más refinado de mis hijos, al que
realmente consideraba de mi propia naturaleza, le sobrevino una enfermedad
mental incurable”, escribió tiempo después.
La amenaza de la llegada de Adolf Hitler al poder, que fue realidad en enero de
1933, obligó a Einstein a dejar Alemania y a viajar a Estados Unidos para
radicarse allí, tentado por la Universidad de Princeton. Antes del viaje, visitó a
Eduard en su sitio de internación. No volvieron a verse. Mantuvieron
correspondencia, intensa y dramática, Eduard llegó a decirle que lo odiaba.
Murió en 1965, diez años después que su padre, por un accidente
cerebrovascular, en un centro psiquiátrico de Zúrich, Tenía cincuenta y cinco
años.
Mileva Maric había muerto siete años antes, sola, en un hospital, arrasada por
la enfermedad de su hijo Eduard, que quedó a cargo de un guardián legal,
gasto que pagaba Einstein, porque tenía prohibido viajar a Estados Unidos por
su condición de enfermo mental.
Hans, el hijo mayor, estudió ingeniería civil en Zúrich y emigró a Estados
Unidos en 1938, cuando Europa se encaminaba a la Segunda Guerra Mundial,
y trabajó en el departamento de Agricultura de Carolina ’el Sur. También fue
profesor de ingeniería hidráulica en la Universidad de Berkeley en California.
Einstein estaba orgulloso de los logros de su hijo. En una carta de 1954 elogió
que hubiese heredado “la característica principal de mi propio carácter: la
capacidad de elevarse por encima de la mera existencia dedicándose
persistentemente a lo mejor de su capacidad para lograr una meta impersonal”.
Las aportaciones científicas de Albert Einstein fueron de las más importantes
para la historia de la humanidad.
Su importancia es tan grande que todo el modelo científico actual parte en
menor o mayor medida de sus estudios.
Por ello, a continuación mencionaremos algunas de sus principales teorías y
leyes.
Efecto fotoeléctrico
Haciéndolo merecedor del Nobel de Física, Einstein realizó un trabajo en el que
demostró la existencia de los fotones.
Este estudio consistió en un planteamiento matemático que revelaba que
algunos materiales, al incidir luz sobre ellos, emitían electrones.
Pese a parecer algo poco sorprendente, lo cierto es que este ensayo marcó un
punto de inflexión en la física, pues hasta entonces no se sabía que existían
unas partículas de energía lumínica (fotones) que son los responsables de
“transmitir” la luz y que podían provocar el desprendimiento de electrones de un
material, algo que se antojaba imposible.
Pese a que la teoría de la relatividad fue la que lo catapultó a la fama, fue con
este descubrimiento con el que se ganó la fama y admiración en el mundo de
los físicos y los matemáticos.
Demostrar la existencia de este fenómeno tuvo innumerables aplicaciones en la
sociedad: paneles solares, fotocopiadoras, medidores de luz, detectores de
radiación.
Teoría de la relatividad especial
Esta teoría de Einstein establece que lo único constante en el Universo es la
velocidad de la luz. Absolutamente todo lo demás varía, por lo tanto es relativo
La luz puede propagarse en el vacío, por lo que no depende del movimiento ni
de nada más. El resto de sucesos dependen del observador y de cómo
tomamos la referencia de lo que ocurre. Es una teoría compleja, aunque la idea
básica es que los fenómenos que ocurren en el Universo no son algo
“absoluto”. Las leyes de la física dependen de cómo las observamos.Esta
teoría marcó un antes y un después en la física, ya que si lo único inmutable es
la velocidad de la luz, entonces el tiempo y el espacio no son algo inmutable,
sino que pueden deformarse.
Teoría de la relatividad general
Desarrollando los principios de la Teoría de la relatividad especial, Einstein
presentó en 1915 la Teoría de la relatividad general. Con ella, tomó lo que
había descubierto Isaac Newton de la gravedad pero, por primera vez en la
historia, el mundo supo qué es lo que hacía que existiera la gravedad.
Esta teoría parte de la base de que el espacio y el tiempo están relacionados.
No van por separado como se creía hasta entonces.
Desde entonces, no podemos hablar solo de las tres dimensiones que todos
conocemos (largo, alto y ancho). Debemos añadir una cuarta dimensión: el
tiempo.
Teniendo en cuenta esto, Einstein descubrió que lo que hace que exista la
gravedad es que todo cuerpo con masa deforma este tejido del espacio-tiempo.
En ese sentido, los objetos que estén demasiado cerca de este cuerpo son
atraídos hacia su interior, pues están “deslizándose” por esta curvatura del
espacio-tiempo.
Equivalencia entre masa y energía: E=MC²
Esta fórmula matemática es quizás la más famosa de la historia.
En 1905, Albert Einstein fue capaz de descifrar uno de los mayores enigmas
con tan solo una multiplicación. “E” significa energía; “M”, masa; “C” es la
velocidad de la luz.
Con estos tres elementos Einstein descubrió que la energía que emite un
cuerpo es proporcional a su masa y a la velocidad a la que se mueve.Antes de
que Einstein planteara esta ecuación, se pensaba que la masa y la energía
eran independientes. Gracias a su descubrimiento, sabemos que una depende
de la otra y que si una masa circula a una velocidad cercana a la de la luz,
emite una energía increíblemente grande.Este principio, desde que fue
concebido, fue pilar fundamental para acercarnos a entender la naturaleza del
Universo.Algunas de las predicciones o consecuencias de la Relatividad
General se pusieron a prueba en poco tiempo. En 1919, tan sólo 4 años tras la
publicación de la teoría, tuvo lugar un eclipse total de Sol. Era el
acontecimiento idóneo para poner a prueba la curvatura del espacio-
tiempo.Hubo varias expediciones científicas que viajaron hasta Brasil y la costa
oeste africana para tomar las mejores fotografías y datos de ese eclipse y,
sobre todo, de las estrellas que rodeaban el Sol.
El objeto más masivo y compacto que tenemos en nuestras cercanías es el
Sol. Lo que se quería comprobar era si la luz de estrellas lejanas se veían
afectadas por la curvatura del espacio-tiempo que genera el Sol al pasar cerca
de éste.
Si fuera así, su trayectoria se desviaría ligeramente de una línea recta,
haciendo que la posición aparente de la estrella en el cielo sufriera un pequeño
cambio. La confirmación de este efecto, consistente con las medidas del
eclipse de 1919, hicieron a Einstein mundialmente famoso.
Para demostrar experimentalmente otras prediciones de la Relatividad General
hemos necesitado esperar bastante más tiempo. En 1916 Einstein comenzó a
analizar con mucho detalle sus ecuaciones, y en particular una serie de
términos que, tras una pequeña simplificación, se parecen enormemente a una
ecuación de ondas: la misma estructura que aparece en múltiples sistemas
físicos donde tenemos una perturbación que se propaga transportando energía.
En este caso, las ecuaciones dicen que lo que vibra es el propio espacio-
tiempo, y a estas pertubaciones las llamamos ondas gravitatorias.
¿Podrían observarse? ¿Habría alguna manera de "escuchar" las vibraciones
del espacio-tiempo?
Durante su vida, Einstein dudó sobre la existencia real de este fenómeno
(¿sería quizás un artefacto matemático pero sin realización física?). Einstein no
fue la primera ni la única eminencia en física que duda de las consecuencias
matemáticas de su teoría. Tuvo sus más y sus menos con colegas y
prestigiosas revistas científicas que han dado lugar a interesantísimos relatos.
Sea como fuere, y con la contribución de destacadas personalidades,
finalmente se entendió que efectivamente las ondas gravitatorias eran una
predicción real de la teoría.
Se analizaron las propiedades de las mismas y solamente quedaba por ver si la
carrera tecnológica para comprobar experimentalmente su existencia daba sus
frutos.
Teoría de campo unificado
Elaborada durante los últimos años de vida de Einstein, la Teoría de campo
unificado, como su mismo nombre lo dice, “unifica” distintos campos.
En concreto, Einstein buscó la manera de relacionar los campos
electromagnéticos y los gravitatorios.
Los campos electromagnéticos son fenómenos físicos en los que una fuente de
electricidad determinada es capaz de generar fuerzas magnéticas de atracción
y repulsión.
Por su parte, los campos gravitatorios son las deformaciones del espacio-
tiempo.
Lo que pretendía Einstein, era unificar todas las fuerzas del Universo en una
sola teoría. Su intención era demostrar que la naturaleza no se rige por leyes
independientes las unas de las otras, sino por una sola que engloba a todas las
demás.
Desafortunadamente, Einstein no pudo terminar estos estudios que fueron
retomados por otros físicos teóricos que continúan buscando una teoría que
unifique todos los fenómenos naturales.
Estudio de las ondas gravitacionales
Poco tiempo después de presentar la Teoría de la relatividad general, Einstein
siguió investigando en esta materia. Entonces se preguntaba, una vez que ya
sabía que la gravedad era debida a la alteración del tejido del espacio-tiempo,
cómo se transmitía esta atracción.
Fue entonces cuando descubrió que la “gravedad” era un conjunto de ondas
que se propagaban por acción de los cuerpos masivos y que se transmitían por
el espacio a gran velocidad. Es decir, la naturaleza física de la gravedad es
ondulatoria.
Esta teoría se confirmó en 2016 cuando un observatorio astronómico detectó
estas ondas gravitacionales después de la fusión de dos agujeros negros.
Movimiento del Universo
Otra implicación de la teoría de la relatividad fue que si el Universo estaba
formado de cuerpos masivos y que todos ellos deformaban el tejido del
espacio-tiempo, el Universo no podía ser algo estático. Por el contrario, debía
ser dinámico.
Fue entonces cuando Einstein propuso la idea de que el Universo tenía que
estar moviéndose, ya fuera contrayéndose o expandiéndose. Esto implicaba
que el Universo debía tener un “nacimiento”, algo que hasta la fecha no había
sido planteado.
Ahora, gracias a estas investigaciones de Einstein sobre su movimiento,
sabemos que el Universo tiene una edad de unos 14.500 millones de años.
Movimiento Browniano
Albert Einstein demostró que el movimiento aleatorio de las partículas en el
agua u otros líquidos era debido a las colisiones constantes con un número
increíblemente elevado de moléculas de agua.
Esta explicación acabó por confirmar la existencia de los átomos, que hasta
ese momento era solo una hipótesis.
Teoría cuántica
La Teoría cuántica es uno de los campos de estudio más famosos de la física y,
a la vez, uno de los más complejos y difíciles de entender.
Esta teoría a la que Einstein contribuyó enormemente, plantea la existencia de
unas partículas llamadas “cuanto”, que son las entidades más pequeñas del
Universo.
Se trata del nivel mínimo de estructura de la materia, pues son las partículas
que conforman los elementos de los átomos.
Esta teoría pretende dar respuesta a la naturaleza del Universo de acuerdo a
las propiedades de estos “cuantos”.
La intención es explicar los fenómenos más grandes y masivos que ocurren en
la naturaleza enfocándose en sus partículas más pequeñas.
En definitiva, esta teoría explica que la energía no deja de ser “cuantos” que se
propagan por el espacio y que, por lo tanto, todos los sucesos que ocurren en
el Universo pasarán a ser más claros en el momento en el que comprendamos
cómo son y cómo funcionan estas partículas.
Sistema de refrigeración
Una de las patentes más destacadas de Einstein fue la que realizó junto a Leo
Szilard. Se trató del sistema de refrigeración.
Desde 1928 hasta 1933 trabajaron en diversos mecanismos para mejorar este
sistema.
En esa época se usaban sustancias tóxicas, corrosivas o inflamables como el
dióxido de azufre o formiato de metilo como refrigerantes; mientras que los
mecanismos utilizados hasta entonces no estaban exentos de fugas.
Algunos historiadores afirman que Einstein se interesó por este proyecto al leer
la noticia de una familia entera que falleció por un refrigerador con una fuga.
El resultado final fue deficiente, pues el aparato que idearon era muy ruidoso y
no enfriaba conforme a lo esperado.
Blusa de botones
En 1932 Einstein patentó una blusa con diseño ajustable de botones al frente.
En la patente Einstein escribió: “Se sabe que yo, Albert Einstein, ciudadano de
la República Alemana, residente en el distrito de Manhattan, condado de Nueva
York y estado de Nueva York, inventé un diseño nuevo, original y ornamental
para una blusa”.
Audífono electroacústico
Este sistema lo realizó Albert Einstein junto a Rudolf Goldschmidt.
En su momento explicó que «la idea básica era convertir la señal acústica en
oscilación eléctrica y transmitir la señal mediante algún tipo de membrana
adherida al cráneo de manera que el hueso pudiera conducirla al órgano
auditivo».
Bajo el titulo en la patente de «Aparato elecromagnético de reproducción de
sonido», este proyecto fue abandonado debido al ascenso del nazismo y la
inminente partida de Einstein a Estados Unidos.
Cámara fotográfica automática
Einstein junto a su amigo Gustav Peter Bucky crearon una cámara fotográfica
automática que se ajustaba a los niveles de luz ambiental.
Este artefacto utilizaba un mecanismo con una célula fotoeléctrica dentro de la
cámara, impulsando un eje conectado a pantallas de transparencia variable.
Dependiendo de la intensidad de la luz, la célula fotoeléctrica ajustaba qué
pantalla iría delante de la lente principal.
Einstein y Bucky no llegaron muy lejos con este invento, pues la historia de los
equipos fotográficos cambió cuando Kodak introdujo en 1938 su primera
cámara automática.
El aporte de Einstein a los artilugios modernos
Todos sabemos que la televisión forma parte de casi todos los hogares en la
actualidad, pero ¿sabéis gracias a quién es posible este invento?
Quizás no hubo un aporte en cuanto a mecánica y componentes que
conforman al artefacto, pero gracias a la teoría del efecto fotoeléctrico y la
relatividad espacial fue posible establecer al televisor como un proyecto
completo.
Al igual que con la televisión, las invenciones de Einstein incidieron en
importantes artefactos de la vida moderna como:
Las alarmas antirrobo.
Los tóner de las impresoras y fotocopiadoras.
Puertas automáticas como las de cualquier supermercado o un ascensor.
Lámparas que encienden automáticamente.
Asimismo debemos mencionar los paneles solares, cuya tecnología está
basada en el estudio del efecto fotoeléctrico de Einstein.
La transformación de la luz solar en electricidad es el principio de un panel
solar, el cual captura energía solar.
Para el año 1916, Einstein estableció la teoría de la emisión estimulada que dio
pie a la creación de los láseres, los cuales son herramientas que sirven para
amplificar la señal de radiación de microondas pero de manera progresiva y
más débil.
Aun así, esto estableció los fundamentos para que 40 años más tarde se
creara el rayo láser, uno de los más grandes inventos de Einstein, el cual en
vez de utilizar radiación de microondas utiliza luz directamente.
Energía nuclear
La energía nuclear es aquella que se obtiene a través de la división del núcleo
de un átomo, siendo la división la que crea esta misma energía.
En un principio cuando se realizó esta división del núcleo y se sumó la masa de
cada una de las partes los investigadores notaron que esta suma era inferior a
la masa original del núcleo sin dividirse, ¿y por qué? La respuesta a esta
pregunta no la tuvieron hasta uno de los más famosos inventos de Albert
Einstein: la fórmula E=mc2.
La fórmula establecía que lo que faltaba de masa se había convertido en
energía, un descubrimiento que llevó posteriormente a la creación de la bomba
atómica.
Actualmente esta energía es industrialmente creada para su uso en la
humanidad.
Berlín, 4 de septiembre de 1931 Todos los logros que ha alcanzado el genio
inventivo de la humanidad a lo largo de los últimos cien años nos habrían
permitido vivir en un estado de despreocupada felicidad si la capacidad
organizativa del hombre hubiera corrido paralela a los avances técnicos. Dado
el estado de las cosas, los cuestionables logros obtenidos por nuestra
generación en la era de las máquinas son tan peligrosos como una cuchilla de
afeitar en manos de un niño de tres años. La posesión de unos medios de
producción extraordinarios no ha aportado libertad, sino preocupaciones y
hambrunas. Lo peor de todo es el desarrollo técnico que posibilita los medios
para la destrucción de la vida humana, y los productos de laboratorio creados
con tanto esfuerzo. Los que contamos con más años ya pasamos por aquello,
muertos de miedo, en la Guerra Mundial. Pero la inútil servidumbre a la que la
guerra ha arrastrado a las personas se me antoja aún peor. ¿No es terrible que
la comunidad nos obligue a efectuar acciones que cualquier persona
consideraría los delitos más terribles? Muy pocos tienen suficiente altura moral
para resistirse; a mis ojos, son los verdaderos héroes de la Guerra Mundial.
Pero queda un rayo de esperanza. Tengo la impresión de que los dirigentes
más responsables de los distintos países, en general, tienen la sincera
intención de acabar con la guerra. La oposición a este avance, cuya necesidad
es incuestionable, se encuentra en las desafortunadas tradiciones que se
transmiten de generación en generación, como una enfermedad hereditaria, a
causa de nuestro defectuoso aparato educativo. Ni que decir tiene que esta
tradición se sustenta principalmente en la formación militar y en las grandes
industrias. No puede haber una paz duradera sin desarme; por el contrario, la
prolongación del armamento militar, como se entiende actualmente, conducirá
sin lugar a dudas a nuevas catástrofes. De ahí que la convención sobre el
desarme que se celebrará en Ginebra en 1932 vaya a ser decisiva para la
generación actual y la venidera. Si pensamos en los lamentables resultados
obtenidos en las convenciones internacionales celebradas hasta el momento,
salta a la luz que todos los seres humanos conscientes y responsables deben
ejercer una y otra vez todas sus facultades con el fin de informar a la opinión
pública sobre la importancia de la convención de 1932. Los hombres de estado
sólo pueden alcanzar su importante meta si logran inculcar la voluntad de
alcanzar la paz en una gran mayoría de la población de sus países. Todos los
seres humanos, con todas sus acciones y todas sus palabras, comparten la
responsabilidad de consolidar esta opinión pública a favor del desarme. La
convención estaría abocada al fracaso si los delegados llegaran a Ginebra con
instrucciones e intenciones prefijadas, cuya obtención se convirtiera de repente
un asunto de prestigio nacional. Esto es lo que parece primar siempre que se
reúnen los dirigentes de dos estados; últimamente hemos presenciado varios
ejemplos, ya que siempre que se reúnen dos estadistas, el debate sobre el
desarme se utiliza para allanar el terreno de la convención. Este procedimiento
me parece muy afortunado, ya que, por lo general, dos personas, o dos grupos,
se suelen comportar de la forma más sensata, honrada y desapasionada si no
hablan para un tercero al que consideren que deben tener en cuenta o
contentar en sus parlamentos. No podemos esperar sino que esta
importantísima convención tome un derrotero favorable, siempre que se haya
preparado exhaustivamente con reuniones previas para eliminar la posibilidad
de sorpresas, y siempre que se ejerza la buena voluntad para crear
eficazmente una atmósfera de confianza mutua. El éxito en asuntos de
semejante magnitud no es cuestión de inteligencia, ni siquiera de habilidad,
sino de comportamiento honrado y confianza recíproca. A este respecto, no se
puede sustituir la moral por el intelecto; me atrevería a decir que menos mal. La
tarea de las personas que vivimos en estos tiempos cruciales no consiste
únicamente en esperar a los resultados y criticarlos; debemos aportar a esta
gran causa todo lo que podamos. Porque el destino de la humanidad será el
que, verdaderamente, nos hayamos ganado y merecido.
Einstein era demasiado librepensador para encajar dentro de una única
ideología. «Para mí es todo un misterio cómo un hombre inteligente puede
adherirse a un partido [político]», explicó una vez. Como señala su biógrafo,
Einstein apoyaba los ideales socialistas en la teoría, pero en la práctica no le
gustaba el control estatal ni la autoridad centralizada. Era un pacifista que
estaba totalmente en contra del militarismo, pero decidió que la guerra contra
Hitler era una causa justificada.
El 16 de abril de 1955 sufrió la rotura de la aorta abdominal y casi muere
desangrado. Su amigo, el cirujano Rudolph Nissen quiso operarlo, lo había
hecho ya en 1948 para reforzar los tejidos. Pero Einstein se negó: “Quiero irme
cuando quiero. Es de mal gusto prolongar la vida de manera artificial”. Murió
dos días después, en el hospital de Princeton. Tenía 76 años. Fue cremado,
según él mismo dispuso, y sus cenizas arrojadas al río Delaware.
Fue un genio. Estudiaron su cerebro y concluyeron que Einstein tenía más
células gliales que el común de los mortales. Las células gliales son más
chiquitas que las neuronas, las triplican en cantidad y, digámoslo a lo bestia,
ayudan a que las neuronas funcionen mejor. También fue un trueno que dejó un
tendal de heridas a su paso por el amor, la convivencia, la paternidad, el
entendimiento íntimo.
Fue un detractor de dictaduras y de gobiernos y sistemas autoritarios, un judío
convencido y orgulloso de su condición, un tipo coherente que defendió
siempre la libertad porque juzgaba, y lo dijo, que era la libertad la fuente del
progreso y el bienestar. Quien quiera oír, que oiga.
Dejó muchas frases famosas, célebre y reiteradas. Una suena como una
chicharra, con esa dosis de humor disfrazado de lamento: “¡Qué época triste la
nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”.