El Hombre En Busca De Sentido (Viktor E.
Frankl)
Resumen de Javiera Chávez Campos.
Parte primera: Descripción del contexto. Los sucesos se llevaron a cabo en campos pequeños
donde hubo mayor exterminio. Dentro de los campos estaban los famosos “capos”, prisioneros
con privilegios especiales. Los prisioneros comunes no tenían qué comer, mientras que los
capos sí y además eran tan duros con los prisioneros que los propios guardias de la SS.
Es común que personas que no han vivido una experiencia de esta forma distorcionan lo que
realmente se vivió ahí. Existía un proceso de selección, donde los más moribundos se
seleccionaban para ir a campos con cámaras de gas y crematorios. En sí, no importaba que
persona fuera, en el libro se dice que las personas se llegan a convertir en un simple número
que se tachaba de la lista una vez muertos. Frankl era el prisionero Nº 119.104. Al principio del
internamiento se les arrebata sus pertenencias y, camino al campo, solo tenían una cosa en la
cabeza: “mantenerse con vida para volver con la familia que los esperaba en casa y salvar a sus
amigos”.
Primera Fase: Internamiento en el campo: esta fase es sinónimo de shock. Frankl iba camino al
campo de concentración con 1500 personas mas en el tren, se dirigía a Auschwitz. Al llegar
vieron a los prisioneros que reían y parecían estar de buen humor, esperaba compartir su
favorable posición. Según Frankl, en psiquiatría existe un estado anímico llamado “ilusión de
indulto”, es cuando un condenado a muerte tiene la ilusión de ser indultado en el último
segundo. Los nuevos prisioneros creían que no todo sería tan malo por el buen humor de los
prisioneros antiguos.
Durante la primera selección, ningún prisionero encontraba el sentido de este acontecimiento.
Formaron 2 filas, una de mujeres y otra de hombres por orden de la SS. Algunos iban a la
derecha y otros a la izquierda y no se sabía con exactitud su por qué. A frankl solo le importaba
que las cosas siguieran su curso y le indicaron el lado derecho. Después de un rato se dió cuenta
de que el 90% significó la muerte (los que se dirigieron a la izquierda) que se habían dirigido al
crematorio.
Frankl y los sobrevivientes prisioneros se dirigieron por órdenes de la SS al pabellón de
desinfección donde echaron sus cosas que tenían puestas en una manta, les dieron 2 minutos
para desnudarse y vestirse. Los prisioneros estaban nerviosos porque sino recibían un latigazo.
Se afeitaron, todo el cuerpo, y nuevamente los alinearon para bañarse. Según Frankl solo
poseían su existencia desnuda. Todos los prisioneros se sentían como que no tenían nada que
perder más que sus vidas, además todos sentían “curiosidad” sobre si saldrían con vida o no y
ansiosos por lo que sucedería.
Los prisioneros se encontraban hacinados en los cuartos y la higiene era desfavorable para
ellos.
Debido a los acontecimientos la mayoría tenía el pensamiento de suicidarse. El tipo de suicidio
más popular en esos lugares era tocar la cerca de alambre electrificada, de ahí sale la frase: "me
lanzaría contra la alambrada". Debido al shock, Frankl se limitó a sonreír y fue uno de los más
deprimidos en esta primera fase.
Según un colega de Frankl que estaba en internamiento, no deben convertirse en un
"musulmán".
Musulmán: que tiene aspecto miserable por dentro y por fuera, incapaz de hacer trabajos
duros. Terminarían tarde o temprano en la cámara de gas.
Segunda fase: La vida en el campo.
De la primera fase a la segunda, el prisionero sufre una fase de apatía o muerte emocional,
donde experimentaba torturas de añoranza y nostalgia y la posterior repugnancia. Al principio
el prisionero no soportaba ver a sus compañeros sufrir, después temprano ya en la mañana el
prisionero estaba listo para marchar, en esta etapa ya no había sentimiento ni de horror ni
piedad a la crueldad, las muertes ya era algo muy común, como cuando Frankl ya no tenía
ningún sobresalto emocional después de estar en el barracón cuidando a los enfermos.
Ya los prisioneros eran insensibles a los golpes diarios y continuos, pero sí era la agonía mental
causada por injusticia.
El aspecto más doloroso de los golpes es el insulto que incluyen. Que por ayudar otros no
tienen espíritu de compañerismo, que no trabajan duro ni lo suficiente.
La apatía es el principal síntoma de la segunda fase, que era un mecanismo de autodefensa.
Frankl tenía colegas de trabajo en el campo que regresionaban con sueños y apetencias: pan,
pasteles, cigarros y baños de agua templada. La verdad ellos tenían ilusiones y ningún sueño,
por horrible que sea se comparaba con la realidad del campo.
Los prisioneros sufrían mucha hambre debido a la pobre alimentación que les suministraban y
de su preocupación general por la comida y esto provocaría que el deseo sexual brillara por su
ausencia.
La vida primitiva los llevaba a la ausencia de sentimentalismo, fenómeno en el cual expresa una
desvalorización de todo lo que no redunde en interés de la conservación de la propia vida.
Todo el campo hablaba continuamente de polítca, donde los prisioneros, comúnmente, perdían
toda esperanza de salir con vida y, además, sentían inquietudes religiosas. Frankl y algunos
prisioneros tuvieron la oportunidad de participar de una sesión de espiritismo, lo invitó el jefe
del campo que era prisionero también. Finalmente se pudo ver que un lápiz escribía solo y decía
en el papel (en latín): ¡ay, los vencidos!
Pasado los meses cada prisionero junto a Frankl pensaban en su mujer. Frankl se dio cuenta
cómo el hombre, a pesar de este complejo contexto, puede conocer la felicidad si contempla al
ser querido. A pesar de lo que pasaba a fuera Frankl seguía viendo a su esposa (meditación).
Frankl y los prisioneros, incoscientemente, meditaban mediante la belleza de la naturaleza
(como cuando ya cansados los prisioneros vieron el atardecer), la nostalgia y la añoranza. Con el
pasar de los días el protagonista seguía hablando con su mujer. a pesar de lo que pasaba a su
alrededor.
Con respecto al humor, los intentos de desarrollarlo es una especie de truco para dominar el
arte de vivir, a pesar de presente sufrimiento. Éste es relativo, porque algo muy mínimo puede
originar grandes alegrías. (vez que fueron a un campo de reposo).
Normalmente, los prisioneros envidiaban (irritabilidad) a aquellos que se veían felices y
relativamente bien entonces se pensaba que tenían más privilegios que ellos mismos. Pero a
pesar de todo, agradecían los más ínfimos favores, como agradecer de no estar en un punto tan
miserable como otros prisioneros.
Frankl dice que es igual necesario, por lo menos un tiempo, alejarse de la multitud. Tenía cada
cierto tiempo 5 minutos de soledad, donde soñaba añorante con su hogar. Después de trabajar
volvía a esa soledad tan significativa.
Muchos durante su estadía en el internamiento tuvieron ganas de fugarse, al igual que Frankl.
Estuvo a punto de irse hasta que decidió quedarse con sus pacientes (empatía), los cuales, por
obvias razones, no podian fugarse con el resto. Hasta que de verdad llegó la hora de irse, los
prisioneros restantes irían a Suiza y deberían entrar a unos camiones, menos Frankl y un amigo
y debían esperar el otro camión. Llegó el momento de partir,una línea de fuego había llegado
hacia ellos y se elevó una bandera blanca, era que el destino había jugado con los prisioneros
que quedaban.
Las experiencias de la vida en un campo demuestran que un hombre tiene capacidad de
elección, es decir que una persona puede elegir su propio camino ante cualquier circunstancia.
Como por ejemplo tenían la elección que determina si los sometían con arrebatarles su yo más
interno (libertad interna), se refiere que ellos determinaban que iban o no a ser el juguete de la
circunstancia. Cualquier persona podía decidir qué ser.
Según Frankl hay que aceptar tu destino y el sufrimiento que conlleva cualquier acontecimiento,
conservando el valor y la dignidad. (Jóven que habla con el árbol).
La pregunta por el sentido de la vida: en realidad no importa que no esperemos nada de la vida,
sino si la vida espera algo de nosotros. Vivir significa asumir la responsabilidad de encontrar la
respuesta correcta a los problemas que ellos plantea y cumplir las tareas que la vida asigna y
además aceptar tu destino.
Dentro del campo Frankl aprendió a sentir sus emociones, llegó al punto de no avergonzarse de
las lágrimas, ya que testificaban que el hombre era verdaderamente valiente, tenía el valor de
sufrir.
A pesar de todo el sufrimiento de los prisioneros, la vida todavía esperaba algo de ellos.
Según Frankl no existen los buenos ni los malos; está la raza de los decentes y de los
indecentes que se encuentran en todas partes. El hombre es: el ser que siempre decide lo que
es.
Tercera fase: Después de la liberación.
A pesar del liberamiento, no despertaban en ellos ningún sentimiento, se sentían como que no
pertenecían a ese mundo. Cesada la tensión tan derrepente también provoca problemas debido
la presión mental tremenda que se vivió por mucho tiempo, al igual que la salud física. Aparte
de la deformidad moral resultante, dos cosas amenazaban al prisionero liberado: la amargura y
la desilusión que sentía al volver a su antigua vida. Aquel se encontraba con que el sufrimiento
no tenía límites, todavía podía sufrir más. Pero llegó el día en que vieron su pasado y no podían
comprender lo que habían soportado. Las experiencias del campo eran sólo una pesadilla.
Después de todo lo vivido ya no hay nada que temer.
Reflexión: Respecto a mí punto de vista he aprendido que en el libro, a pesar de vivir con
situaciones tan miserables siempre es bueno ver el lado positivo y darse cuenta de ese lado y
destacarlo en nuestra vida. Creo que en nuestro consumo activo cada uno de nosotros vivió su
propio proceso en un campo de concentración mental que nos ha llevado a diferentes
sentimientos que se muestran en el libro, como la apatía, la “ilusión de indulto”, añoranza y
nostalgia. Nos podemos identificar con Frankl y los prisioneros no por el contexto, si no por las
reacciones emocionales de un proceso, el cual estamos viviendo ahora en rehabilitación.