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Augusto Leguia

Augusto B. Leguía fue presidente del Perú en cuatro periodos no consecutivos entre 1908 y 1930, gobernando un total de quince años. Fue un exitoso empresario antes de incursionar en la política. Su primer gobierno enfrentó conflictos internacionales y oposición interna violenta. Posteriormente fue desterrado pero regresó para ganar nuevamente la presidencia en 1919 con un movimiento popular.

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Augusto Leguia

Augusto B. Leguía fue presidente del Perú en cuatro periodos no consecutivos entre 1908 y 1930, gobernando un total de quince años. Fue un exitoso empresario antes de incursionar en la política. Su primer gobierno enfrentó conflictos internacionales y oposición interna violenta. Posteriormente fue desterrado pero regresó para ganar nuevamente la presidencia en 1919 con un movimiento popular.

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Augusto B.

Leguía Salcedo
“El presidente mártir”

Municipalidad Metropolitana de Lima 301


A
ugusto Benardino Leguía y Salcedo nació en San José, Lambaye-
que, el 19 de febrero de 1863 y falleció en Bellavista, Callao, el 6 de
febrero de 1932. Fue presidente constitucional del Perú en cuatro
oportunidades: de 1908 a 1912, de 1919 a 1924, de 1924 a 1929 y de 1929 a
1930. En total gobernó quince años, y ganó cuatro elecciones presidencia-
les, siendo el mandatario peruano que más tiempo ha gobernado. A la úl-
tima etapa de su mandato, que suma once años consecutivos oficialmente,
se le denominó “La Patria Nueva”, pero la historiografía también la conoce
como el Oncenio.
El caballero vasco Eustaquio Leguía del Arco llegó al Perú en 1752 como
oficial de la corona para administrar el estanco de tabaco, naipes y papel
sellado en la provincia de Lambayeque. Ahí se casó con Manuela Meléndez
y tuvo por hijos a José, Romualdo y Santiago Leguía y Meléndez, quienes
se destacaron como próceres separatistas proclamando por primera vez la
Independencia del Perú en su ciudad natal el 27 de diciembre de 1820. José
se casó con Doña Ángela Haro de la Cotera y fueron padres de Nicanor
Leguía y Haro. Este llegó a ser alcalde de Lambayeque y se casó con la dis-
tinguida dama Águeda Carmen Salcedo y Taforó.
Don Nicanor y Doña Carmen fueron padres de once hijos, de entre
ellos, el cuarto fue Augusto Bernardino nacido en el balneario de San José
de aquella región. Hizo sus estudios de primeras letras con Rosario Gallo y
después pasó al Colegio Nacional de Lambayeque, donde fue alumno des-
tacado. Debido a su aplicación en los estudios sus padres lo enviaron de
interno a la prestigiosa Escuela de Comercio de Valparaíso, también cono-
cido como el colegio inglés, que era dirigido por los profesores Goldfinch
y Bluhm (1876). En aquel puerto tuvo por tutor a un amigo de sus padres,
don José Tomas, y la supervisión de su tío abuelo, el sacerdote y político
Francisco de Paula Taforó (1817-1889), quien le sugirió tomar la carrera
eclesiástica. En casa de este último, conoció al expresidente Manuel Pardo
que se encontraba exiliado en Chile. Permaneció en el colegio hasta octu-
bre de 1878, año en que volvió a Lambayeque.
En febrero de 1879, con solo16 años, entró a trabajar a una de las casas
comerciales más importantes de Lima, Prevost & Hnos. Al declarar Chile la
guerra al Perú, el joven Leguía se alistó para combatir y, en enero de 1881,
antes de cumplir 18 años, con el rango de sargento segundo, defendió a
su patria en el batallón de comerciantes en el Reducto n° 1, al mando del
coronel Manuel Lecca, quien perdió más de 100 de sus 302 plazas. Después
de la sangrienta batalla, Lima fue ocupada, así que regresó a trabajar en la
Casa Prevost hasta que esta fue liquidada en 1885.
Entonces pasó a trabajar en la hacienda Caucato, en Pisco, para luego
conformar, con su hermano Carlos Leguía, una compañía encargada de

302 Presidentes y Gobernantes del Perú Republicano


negociar azúcar, arroz y cueros para la exportación. En 1888, fue invitado
por la aseguradora New York Life Insurence Ltd para ser su representante en
el Perú, y tras sus éxitos locales la representó en Ecuador y Bolivia, lugares
donde ganó un importante capital. En 1892, a sus 29 años, liquidó sus ne-
gocios con la compañía de seguros y fue en busca de capitales en Londres,
en representación de la menguante testamentaría de Henry Swayne Wa-
llance, padre de su esposa Julia Swayne y Mariátegui (1868-1919), con la
que se había casado el 8 de diciembre de 1890.
En Inglaterra, firmó un importante contrato con la Casa Lockett. Esta
invirtió en las anticuadas haciendas de la familia Swayne en Cañete y Nepe-
ña y conformaron una poderosa empresa agroexportadora, la British Sugar
Company. La laboriosidad y habilidad financiera de Leguía dieron un éxito
notable al consorcio y, para 1897, era miembro del directorio del Banco
Internacional y gerente de la compañía de seguros Sud Americana.
Durante esos años, no mostró una inclinación especial hacia la política
o la vida pública, salvo haber participado en 1894, a invitación de Manuel
Candamo, en el grupo Los amigos de la paz, que trató de conseguir un
acuerdo entre “caceristas” y “pierolistas” antes que evitase la guerra civil de
entonces. Su gran pasión había sido, desde 1885, la hípica de la cual es uno
de los fundadores en el Perú.
En 1903, causó honda sorpresa que Manuel Candamo, recién electo pre-
sidente, lo convocara para ocupar el Ministerio de Hacienda, por ser una
figura ajena a los círculos políticos, dentro del gabinete que presidía otro
hombre joven, José Pardo y Barreda, que sí pertenecía al mundo político
por “derecho de nacimiento”, como hijo del fundador del Partido Civil.
Tras la inesperada muerte del presidente Candamo en 1904, le sucedió
el segundo vicepresidente, Don Serapio Calderón, quien mantuvo al gabi-
nete Pardo-Leguía hasta el 15 de mayo de 1904, fecha en que renunciaron
para presentar la candidatura presidencial del primero que fue elegido ese
mismo año y, al asumir este la jefatura del Estado el 24 de septiembre de
1904, José Pardo designó como su primer ministro a Augusto B. Leguía.
Durante tres años, Leguía estuvo al frente del gabinete y mostró im-
portantes resultados casi duplicando las rentas estatales y saneando la eco-
nomía. Presidió a los ministros hasta el 27 de julio de 1907, día en que
renunció para asumir su propia candidatura presidencial, la cual contaba
con el apoyo del presidente Pardo y la alianza de los partidos Civil y Cons-
titucional (Cacerista). Se oponían a su candidatura los partidos Demócrata
(Piérola) y Liberal (Durand), que incluso recurrieron a la violencia armada.
En las elecciones de 1908, fue elegido presidente Augusto B. Leguía,
quien llevó como vicepresidentes al historiador Eugenio Larraburre y Una-
nue y al médico Belisario Sosa, ambos del Partido Constitucional.

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Augusto Durand trató de levantar montoneras en el centro del país,
pero fracasó y, el 24 de septiembre de 1908, se inauguró el nuevo periodo
presidencial con un gobernante que proponía una política de conciliación
a sus adversarios derrotados.
El 29 de mayo de 1909, el intento de una política de concordia terminó.
Los pierolistas asaltaron Palacio de Gobierno, secuestraron al presidente
Leguía, lo llevaron a la fuerza a la plaza del Congreso y le exigieron su
renuncia. “No firmo” fue la valerosa respuesta del mandatario que poco
después fue rescatado por un contingente militar que dispersó a los secues-
tradores. Ese día, Leguía recorrió vencedor la ciudad y, desde entonces, esa
fecha se conoció como “El día del carácter”.
El periodo de Leguía se vio comprometido por varios conflictos inter-
nacionales que demandaron toda su atención. En primer lugar, el más com-
plejo es el de la ocupación de Tacna y Arica que sufrían una chilenización
constante, lo cual llevó a una ruptura de relaciones diplomáticas en 1910.
Surgieron también problemas con Brasil y Bolivia que se solucionaron por
la vía diplomática (con Brasil se firmó el Tratado Velarde-Río Branco del
8/9/1909 y con Bolivia el Tratado Polo-Bustamante del 17/9/1909). Pero
el problema con Ecuador obligó a una movilización en 1910 y, en 1911, el
conflicto con Colombia no se pudo evitar, de lo cual se obtuvo la victoria
en los combates de la Pedrera y Caquetá. A esta cuádruple ofensiva antipe-
ruana se le conoce como el “cuadrillazo” contra el Perú.
Otras obras del periodo (1908-1912) fueron la reorganización de las
Fuerzas Armadas: compró submarinos, aeroplanos y modernizo el Ejército.
Dio ley de accidentes de trabajo y creó la asistencia pública.
La lucha política interna durante la primera presidencia de Leguía
fue casi tan tormentosa como las querellas internacionales. Las secuelas
del secuestro pierolista al presidente en 1909 y la hostilidad del pardismo
parlamentario contra el Ejecutivo llevaron al presidente a combatir en dos
frentes y quebraron al Partido Civil en dos facciones (El bloque pardista y
la facción oficialista de Leguía).
Frente a esta situación, en las elecciones presidenciales de 1912, se es-
peraban dos candidaturas “civilistas”, pero al final solo la facción oficial
presentó a Antero Aspillaga, mientras que los bloquistas, ahora llamados
“independientes”, del presidente se decidieron a apoyar a un inesperado
candidato de vieja extracción demócrata: Guillermo E. Billinghurst.
Impedidos de verificarse los comicios por graves actos de violencia, el
Congreso eligió como presidente a Billinghurst y como primer vicepresi-
dente a Roberto Leguía, hermano del expresidente, pero a este último no se
le permitió juramentar el cargo. Así, el 24 de septiembre de 1912, el nuevo
gobierno asumió el poder con el apoyo del civilismo pardista.

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La tensión entre el Ejecutivo y el Legislativo, donde el leguiísmo tenía
una bancada importante, fue permanente y, por ello, en julio de 1913, la
casa del presidente Leguía fue asaltada y él fue detenido y desterrado a Lon-
dres, donde permanecería hasta 1918. En esa capital, fue elegido como pre-
sidente de la importante Cámara Latinoamericana de Cambio y Comercio.
En febrero de 1919, Augusto Leguía regresó al Perú por los puertos del
norte y presentó su candidatura para suceder a José Pardo (1915-1919) en
las elecciones de ese año, liderando un gran movimiento político popu-
lar que incluye a estudiantes (quienes lo declaran maestro de la juventud),
obreros y las nuevas clases medias que buscan un mayor protagonismo.
Tras la victoria electoral de Leguía, el Poder Judicial anula sistemáticamen-
te actas electorales que le eran favorables con la finalidad de que la elección
la tenga que realizar el Congreso de mayoría pardista.
El 4 de julio de 1919, se produce un movimiento revolucionario que
depone al presidente José Pardo y proclama a Augusto B. Leguía como pre-
sidente provisional. Inmediatamente convocó un plesbiscito (2/10/1919),
con el fin de proponer reformas a la Constitución de 1860 y reunir una
Asamblea Nacional para que les diera forma a dichas enmiendas. Esta
asamblea se instaló el 24 de septiembre de 1919 y fue presidida por el so-
ciólogo y jurista Mariano H. Cornejo (ideólogo del Gobierno). Una de las
primeras labores de dicha asamblea fue hacer el recuento de votos de las
anteriores elecciones presidenciales, tras lo cual ratificó como ganador a
Leguía, quien fue proclamado presidente constitucional el 12 de octubre de
1919. La Constitución vigente fue remplazada por una nueva Constitución
promulgada el 18 de enero de 1920.
Al iniciarse el segundo periodo de Leguía, hubo cierta turbulencia y
destacó en su represión el primer ministro German Leguía y Martínez que
aspiraba a suceder al mandatario y fue muy duro con los opositores como
Víctor Andrés Belaúnde o Luis Fernán Cisneros, quienes fueron desterra-
dos. En 1922, los excesos del primer ministro lo hicieron caer en desgracia.
En mayo de 1923, dirigentes universitarios y políticos de tendencia ger-
mancista inician actividades hostiles al Gobierno que concluyeron nuevas
deportaciones, como la de Víctor Raúl Haya de la Torre.
A partir de las elecciones de 1924, la política interior se desarrolló en
paz y el presidente se pudo reelegir nuevamente en 1929, salvo algún alza-
miento provinciano o conspiración comunista.
La parte más resaltante de este prolongado gobierno fueron las conme-
moraciones nacionales como la celebración del Centenario de la Indepen-
dencia o de la batalla de Ayacucho, así como las grandes obras públicas
como la construcción de plazas (la San Martín o Manco Cápac), de edificios
oficiales (Palacio Arzobispal, de Gobierno y de Justicia, el Ministerio de Fo-

Municipalidad Metropolitana de Lima 305


mento, el Panteón de Próceres), o edificaciones para servicio a la población
(la renovación del puerto del callao, el mercado modelo o barrio obrero
bellavista). En este gran esfuerzo constructor tuvo mucha importancia el
saneamiento de las grandes ciudades del país.
Asimismo, se creó una gran red vial, tanto urbana: las avenidas Leguía
(hoy avenida Arequipa), el Progreso (hoy avenida Venezuela), La Unión
(hoy avenida Argentina); como rural, en la costa y en la sierra, que se pu-
dieron realizar gracias a la Ley de Conscripción Vial y la primera fábrica
de cemento nacional en Atocongo. En una década, el Perú duplicó sus km
de vías.
Otro aspecto fundamental fue el crecimiento de la infraestructura sa-
nitaria y asistencial (Hospital Loayza, Hospital del Niño, Puericultorio, cu-
nas maternales, asilo de ancianos Maravillas o el pabellón Olavegoya para
tuberculosis en Jauja). Sin olvidar el Código Sanitario (1920), la creación
de la Escuela de enfermeras (1925), la celebración de la VIII Conferencia
Sanitaria Panamericana (1927) y el Congreso Americano del Niño (1930).
Gracias a todo ello, así como al programa de la gota de leche, la mortandad
infantil anual disminuyó de 220000 a 138000 casos.
El desarrollo agrario tuvo mucha importancia para el presidente Leguía,
y se crearon centros agropecuarios y escuelas agrícolas en zonas rurales, así
como grandes obras de irrigación en la pampa de Cañete, Imperial, Olmos,
y se estudió hacerlo en la Joya. Se fundó la Escuela de Agricultura Bellavis-
ta, el 24 de junio se declaró el Día del Indio, y se le organizó un patronato de
protección de la raza indígena en tanto se creaba la Dirección de Asuntos
Indígenas en el Ministerio de Fomento y Obras Públicas.
Leguía no se olvidó de la defensa nacional y se ocupó del Ejército, y en
especial la Armada que fue modernizada con una misión norteamericana,
a partir de lo cual se creó el Ministerio de Marina (1920). Llegaron al Perú
los primeros submarinos, los primeros hidroaviones y los primeros avio-
nes de combate y se creó la Escuela de Aviación de Las Palmas. Además,
se reorganizó la Policía con una misión de la Guardia Civil española y se
promulgó el Código Penal de 1924.
La educación ocupó un lugar importante para Leguía. Por ello, creó el
primer Colegio Nacional de Mujeres del Perú (1927) y la Escuela Normal
de Varones. En 1918, había 2713 establecimientos primarios con 176689
alumnos y, para 1929, había 3562, con un total de 318735 alumnos. Asimis-
mo, se fundan el Museo Bolivariano, el Museo Arqueológico y el Museo
de la Breña. Además, se creó el conversatorio universitario en 1920 y el
estatuto universitario en 1928. Así se observa que hubo gran apoyo a la
cultura, pues se coronó al poeta José Santos Chocano, se hizo famoso en
el mundo el tenor Alejandro Granda y dirigió la Escuela de Bellas Artes

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el pintor Daniel Hernández. También, se inauguró la primera estación de
radio OAX (1925).
En el campo internacional, a la llegada de Leguía al poder en 1919, el
Perú tenía dos problemas graves al mismo tiempo: uno con Colombia y
otro con Chile. En 1916, Colombia firmó un pacto con Ecuador contra el
Perú (Suárez-Vernaza) y ello condicionó a que el Perú deba celebrar un
tratado con aquel país para romper esa alianza. Así se firmó el Tratado Sa-
lomón-Lozano (24/3/1922), que fue ratificado en 1927, y el Trapecio de
Leticia fue canjeado en 1929 por el triángulo de Sucumbios, muy alejado,
pero rico en yacimientos petrolíferos. Con Chile, no se había cumplido con
el Tratado de Ancón (1883). El Gobierno peruano recurrió al arbitraje del
presidente de los Estados Unidos. Sin embargo, al final tuvo que encontrar-
se una solución directa y, mediante el Tratado de Lima de 1929, se acordó
que Tacna regresaría al Perú y Arica permanecería en Chile.
Finalmente, la crisis económica internacional de 1929 afectó gravemen-
te al Perú y ocasionó la caída del presidente Leguía, quien fue derrocado el
22 de agosto de 1930 y murió detenido en el Hospital Naval el 6 de febrero
de 1932.

Referencias
1. Álvarez, M. D. (2013). El saqueo olvidado. Asalto a la casa de Augusto B. Leguía.
Lima, Perú: Titanium Editores.
2. Capuñay, M. (1953). Leguía, vida y obra del constructor del gran Perú. Lima, Perú:
Compañía de Impresiones y Publicaciones. S. A.
3. Hooper, R. (1964). Leguía. Ensayo biográfico. Lima, Perú: Ediciones Peruanas. S. A.

Fernán Altuve-Febres Lores


Es licenciado en Derecho por la Universidad de Lima,
magíster en Historia de la Filosofía y doctor en Filoso-
fía por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
Es presidente de la Sociedad Peruana de Historia, corres-
pondiente de la Real Academia de Ciencias Morales y
Políticas, y académico de honor por la Real Academia de
Jurisprudencia y Legislación, ambas en Madrid. Ha pu-
blicado artículos, ensayos y libros, entre los primeros des-
tacan «Los Reinos del Perú. Apuntes sobre la monarquía
peruana» (1996 y 2001), «El Perú y la Oceanopolítica»
(1998 y 2002) y «Antología. Pedro Paz Soldán y Unanue
(Juan de Arona)» (fecha), «Bartolomé Herrera y su tiempo» (2010), «La monarquía sin
corona. Obras de José María e Pando» (2015), entre otros. Sus artículos están reunidos
en el libro La Democracia Fuerte (2007).

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