Histoplasma capsulatum es un hongo patógeno que causa diversas enfermedades y se
encuentra en todo el mundo. Vive en el suelo en forma de hifas y produce dos tipos de
conidios: macro y microconidias. La forma miceliar de H. capsulatum generalmente se
encuentra en recintos o ambientes cerrados (minas, cuevas, pozos, casas o construcciones
abandonadas), así como en espacios abiertos contaminados con excretas de murciélago y de
aves (ricos en nutrientes necesarios para su crecimiento). Es un hongo termodimórfico que a
temperaturas inferiores a 35° C crece como un hongo micelial entre los 10 y 14 días.
Macroscópicamente, en la fase micelial presenta un micelio blanco y algodonoso.
Microscópicamente, los microconidios se presentan en hifas cortas no diferenciadas, lisos,
esféricos, en forma de clava, sin septos, de pared fina. Los macroconidios se observan en
conidióforos cortos, son en general esféricos, de paredes gruesas, sin septos, de aspecto
tuberculado, bien apreciables al microscopio óptico. Las levaduras del hongo se desarrollan a
37 °C; para evidenciarlas se las debe sembrar en medios de cultivo enriquecidos o realizar
infecciones experimentales en animales de laboratorio para luego observarlas en los tejidos
del animal con alguna técnica histológica. Las levaduras observadas en los cortes histológicos
son de forma esférica u ovalada, poseen paredes finas y pueden o no presentar gemación. El
hongo puede presentar color grisáceo o castaño claro cuando se lo siembra en medios
enriquecidos.
− Reino: Fungi
− División: Ascomycota
− Clase: Eurotiomycetes
− Orden: Onygenales
− Familia: Ajellomycetaceae
− Género: Histoplasma
− Especie: H. capsulatum (Darling, 1906)
Conidios de Histoplasma capsulatum Colonias de Histoplasma capsulatum
La histoplasmosis es una enfermedad zoonótica, causada por este hongo, encontrado
en zonas tropicales, subtropicales y templadas de América y África. El nicho ecológico de
este microorganismo se constituye de suelos con abundante materia orgánica, excremento de
aves y guano de murciélagos. Esta micosis puede afectar a gran variedad de mamíferos.
La infección de la histoplasmosis comienza al inhalar sus esporas, que llegan a los
pulmones. Allí, las esporas se convierten en una forma levaduriforme que causa la
enfermedad. A pesar de ser un hongo del suelo sin necesidad de un huésped mamífero
específico, tiene estrategias notables para infectar, como la transición a la forma de levadura,
la entrada en células fagocíticas, la supervivencia intracelular y la persistencia en el cuerpo.
Se investiga especialmente en pacientes con sistemas inmunológicos debilitados.
El ingreso del patógeno al hospedador se produce por inhalación, que llegan a los
bronquiolos terminales y alvéolos pulmonares, tanto de las microconidias como de pequeños
fragmentos de hifas que se convierten a la forma levaduriforme, que es el morfotipo
responsable de la patogénesis de H. Capsulatum.
Este hongo que presenta dos formas distintas en su ciclo de vida: micelial y
levaduriforme. En su fase micelial, este hongo se desarrolla en el suelo a una temperatura
aproximada de 25 °C, mostrando estructuras ramificadas con esporas que pueden ser
transportadas por el aire. Estas esporas, llamadas microconidias, son capaces de llegar a los
pulmones de mamíferos, incluidos los humanos, por inhalación, lo que convierte al morfotipo
micelial en la forma infectante de Histoplasma capsulatum.
Cuando las esporas inhaladas alcanzan los pulmones, Histoplasma capsulatum
experimenta una transformación crucial en su ciclo de vida. En su forma levaduriforme, este
hongo se vuelve patógeno y capaz de provocar infecciones. La levadura de Histoplasma
capsulatum puede prosperar dentro de células del huésped y diseminarse a través del cuerpo,
migrando tanto dentro de células migratorias como fuera de estas. Esta capacidad de la
levadura para infectar y propagarse es fundamental para la patogénesis de Histoplasma
capsulatum.
La transición entre los morfotipos micelial y levaduriforme es un proceso esencial en
la capacidad patógena de Histoplasma capsulatum. Aunque los mecanismos precisos y los
genes responsables de esta transición no se comprenden completamente, se sabe que la
levadura es la forma patógena predominante de este hongo. Estudios han demostrado que la
capacidad de crecimiento y propagación de Histoplasma capsulatum como patógeno se
encuentra principalmente en su forma levaduriforme, lo que destaca la importancia de
comprender y abordar esta fase para combatir las infecciones causadas por este hongo.
En relación a los cuadros clínicos de la histoplasmosis, estos pueden variar
dependiendo de la salud del paciente, su edad, la cantidad de hongos inhalados y si tienen
daños pulmonares previos. En personas sanas, la infección inicial puede no presentar
síntomas si la exposición es baja, pero si es alta, puede causar una infección aguda grave con
síntomas similares a la gripe o neumonía. Muchos pacientes se recuperan por sí solos en
pocos días o semanas, dejando lesiones calcificadas como secuela.
En pacientes con inmunidad comprometida (debido a edad avanzada, desnutrición,
diabetes, alcoholismo, tratamientos con corticosteroides, enfermedades malignas, entre
otros), se observan formas crónicas diseminadas con síntomas generales, lesiones en piel o
mucosas, agrandamiento de hígado y bazo, infiltrados pulmonares e insuficiencia suprarrenal.
Las formas agudas diseminadas suelen aparecer en pacientes con un sistema inmune
muy debilitado, como aquellos con leucemia, linfoma o VIH/SIDA. Estos pacientes pueden
experimentar fiebre, pérdida de peso, síntomas digestivos, respiratorios, neurológicos, óseos,
lesiones en la piel y mucosas, agrandamiento de hígado y bazo, y ganglios inflamados. En
casos graves, la enfermedad puede progresar rápidamente en cuestión de horas a días.
En pacientes con VIH de áreas endémicas para la histoplasmosis, la tasa de infección
puede ser del 2 al 5%, llegando incluso al 25% durante epidemias. Estos pacientes tienen
mayor riesgo de desarrollar formas agudas diseminadas con fiebre, pérdida de peso, síntomas
generales y problemas en la médula ósea y suprarrenales. Sin tratamiento, la enfermedad
puede ser fatal en cuestión de días o semanas, pero con terapia antifúngica oportuna, la tasa
de mortalidad puede reducirse por debajo del 25%.
Tradicionalmente, el diagnóstico de esta enfermedad se hace mediante técnicas
directas de microbiología y biopsias que utilizan coloraciones especiales y cultivos,
considerado estándar de referencia. También se usan métodos indirectos que incluyen
detectar anticuerpos y antígenos. Los niveles de sensibilidad y especificidad en ambas
metodologías pueden variar, y los resultados están influenciados por la forma clínica de la
enfermedad que presente el paciente y su estado inmunológico.
Especialistas del CONICET han avanzado en el desarrollo de técnicas para
diagnosticar rápidamente la histoplasmosis diseminada progresiva, una infección fúngica
común en pacientes con VIH, trasplante reciente o enfermedades oncohematológicas. Su kit
en desarrollo para muestras de orina demostró ser más sensible y específico que kits
comerciales importados. También obtuvieron buenos resultados con el análisis de sangre. La
histoplasmosis, causada por el hongo Histoplasma capsulatum, puede ser mortal en pacientes
inmunosuprimidos, pero si se diagnostica a tiempo, es tratable.
El objetivo es realizar un estudio multicéntrico para validar los avances con más
muestras y buscar interés de empresas para llevar esta tecnología al mercado. Dado que el
diagnóstico de esta enfermedad es complicado en pacientes con VIH debido a síntomas
inespecíficos, la detección del antígeno en orina es recomendada por la OMS por su alta
sensibilidad y rapidez.
Los resultados hasta ahora son alentadores e indican que el desarrollo del equipo del
CONICET podría aportar soluciones en un contexto en el que la histoplasmosis (y otras
micosis emergentes) seguirá siendo una micosis de gran interés médico y social en los
próximos años, especialmente relacionada con el aumento de la población de individuos
inmunosuprimidos como pacientes con VIH/SIDA, individuos trasplantados y personas con
enfermedades autoinmunes que reciben tratamiento inmunosupresor.
El desarrollo no solo tiene aplicaciones en medicina humana, sino también en
veterinaria, ya que otros mamíferos pueden verse afectados por la histoplasmosis. Perros y
gatos a menudo sufren formas graves diseminadas de la enfermedad.
Fuentes consultadas:
• López, C. E. (2006). Dimorfismo y patogenia de Histoplasma capsulatum. Revista
argentina de microbiología, 38(4), 235-242.
• Muñoz, C. O., Cano, L. E., & González, A. (2010). Detección e identificación de
Histoplasma capsulatum por el laboratorio: de los métodos convencionales a las
pruebas moleculares. Infectio, 14, 145-158.
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