0% encontró este documento útil (0 votos)
130 vistas110 páginas

Psicoanálisis Infantil: Escuchar al Niño

Este documento presenta información sobre Gabriela López, una psicoanalista argentina. Detalla su formación académica y experiencia clínica trabajando con niños y adolescentes. También incluye una lista de sus publicaciones. El documento proporciona antecedentes relevantes sobre la autora antes de abordar el tema principal del libro.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
130 vistas110 páginas

Psicoanálisis Infantil: Escuchar al Niño

Este documento presenta información sobre Gabriela López, una psicoanalista argentina. Detalla su formación académica y experiencia clínica trabajando con niños y adolescentes. También incluye una lista de sus publicaciones. El documento proporciona antecedentes relevantes sobre la autora antes de abordar el tema principal del libro.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Gaia López

Un niño
Un sujeto, cómo escucharlo
Ediciones Asociación
Mutual Universitaria
Manuel Ugarte
Gabriela López
Psicoanalista de Buenos
Aires.
Licenciada en Psicología.
Egresada de la Universi-
dad de Buenos Aires
(1990). Analista Miembro
de la Asociación Argenti-
na de Salud Mental.
Adherente a la enseñanza de la Escuela de la
Orientación Lacaniana. Doctoranda en la Facultad
de Psicología, de la Universidad de Buenos Aires.
Egresada y Diplomada en Clínica Psicoanalítica.
Instituto Clínico de Buenos Aires (2007). Psicoa-
nalista de la Red de la EOL (2010-2018).
Integrante del Equipo de Salud Mental Medifé.
Responsable del “Taller de Construcción de
Casos, escritura de la clínica”, en la Fundación
Causa Clínica. Docente de la Práctica Clínica
Profesional, en la Facultad de Psicología de la
UBA. Responsable del Seminario breve “Psicoa-
nálisis y síntoma social”, en Centro Dos.
Autora de diversos artículos en revistas y libros:
“La acción del analista frente a los acontecimien-
tos” (Revista Cita en las Diagonales, 2020), “La
posición del analista: secretario del alienado”
(Revista El mensaje, 2001). “Presentación de
enfermos, discusión diagnóstica” (Revista El
mensaje, 2000), “Fantasma y Deseo del Otro”
(Revista El Otro, 1995), “Yo no tuve el nexo que es
una madre”, Del cuerpo sin representación a la
construcción de un cuerpo (Qué será el Incons-
ciente, Grama Ediciones, 2006), “En la época de la
adicción. Qué horizonte para el psicoanálisis”
(Grama Ediciones, 2018). Analista del equipo de
niños y adolescentes Centro Dos (2004-2006).
Concurrente del H.I.G.A. “Evita”, Lanús. Servicio
de psicopedagogía (1993-1995). Concurrente del
H.I.G.A. “Dr. I. Pirovano”, Servicio de adolescentes
y adultos. (1989-1992).
Un Niño
Un sujeto, cómo escucharlo
Gaia López

Un niño
Un sujeto, cómo escucharlo

Ediciones Asociación Mutual Universitaria Manuel Ugarte


Buenos Aires, diciembre de 2020
1ª Edición: Diciembre de 2020

López, Gabriela Beatriz


Un niño. Un sujeto, cómo escucharlo - 1a ed. - Ciudad Autónoma
de Buenos Aires.
107 p. ; 20x15 cm.
ISBN XXX-XXX-XXXX-XX-X
1. AAAAAAAAAAAAA.

Ilustración de tapa: Barbara Florencia Goldfarb.


A Eduardo, mi amor, por nuestro entusiasmo compartido.
A mi dulce Barbarita.
Agradecimientos:

Mi agradecimiento a Dudy Bleger, esta escritura no


hubiera sido posible sin nuestras conversaciones.

A los analistas con los que comparto diversos


espacios de discusión clínica, que son el sostén de
una transferencia de trabajo muy querida.
Índice
Prólogo. ........................................................................................ 13
Introducción................................................................................. 17
Capítulo I
La clínica y su transmisión: la construcción del caso en
Psicoanálisis................................................................................. 19
El niño, el deseo del analista. La transferencia.......................... 23
Entrevistas preliminares a padres............................................... 25
Historia del psicoanálisis con niños en la Argentina.................. 27
La novela familiar: fantasía “pegan a un niño”........................... 33
Capítulo II
El Juego infantil: el juego como modalidad discursiva del
niño. ............................................................................................... 41
El ¡Fort! ¡Da!................................................................................ 41
El niño entre la muerte y la segregación..................................... 44
Capítulo III
La fobia infantil y su uso. .......................................................... 51
El objeto fóbico............................................................................... 51
“Tengo miedo de perder a mi mamá”. Una fobia infantil........... 53
Capítulo IV
La sexualidad femenina. Entre la mujer y la madre. ............. 59
La familia y el Complejo de Edipo................................................ 59
Capítulo V
El psicoanálisis aplicado, síntoma y efectos terapéuticos. .. 69
Diferencias con la psicoterapia..................................................... 69
Capítulo VI
Neurosis y Psicosis. Usos del diagnóstico en la clínica con
niños............................................................................................... 75
12 Í ndice

Capítulo VII
Del Estrago materno a la función del Nombre del Padre. .. 97
Fantasma madre e hija. Qué lugar, el padre.............................. 97
Capítulo VIII
Consideraciones Finales............................................................. 103
Bibliografía
Referencias Bibliográficas........................................................ 105
Prólogo

El niño en tanto sujeto es el gran revolucionario que


Freud sacó de las sombras al teorizar su sexualidad. El orden
y estructura de este libro sobre psicoanálisis con niños tiene la
lógica de una introducción a una clínica muy compleja.
Esta complejidad no tiene una única explicación, pero a
modo de tentativa, se trata de que el niño con su síntoma cues-
tiona el discurso, divide a quien lo lleva a la consulta, produce
metáforas con sus juegos y produce sentidos desafiantes no
sólo al mundo escolar sino al goce materno.
Es una clínica con la que se corre algún riesgo de fascina-
ción frente al despliegue del inconsciente en sus producciones
de gran riqueza imaginaria y, por esto mismo, este es un libro
necesario porque es importante que los practicantes cuenten
con textos introductorios que orienten en los principios funda-
mentales de esta especialidad tan esquiva y que requiere que
un analista se preste a jugar, lo que tal vez no todos están en
condiciones de hacer.
Nos encontramos ante un texto clínico porque ofrece pau-
tas para la construcción de un caso, lo que se constituye en el
gran desafío de la práctica analítica en la medida en que un
psicoanalista, en su ética, no sólo es necesario que se analice,
sino que lea su trabajo con otros y también lo lleve a control:
“Sabemos que no hay construcción de caso sin control, puesto
que la construcción incluye el acto del analista. El control es la
vía regía para la construcción del caso porque permite ordenar
la lógica del inconsciente y sus consecuencias en la cura, las
14 G abriela L ópez

intervenciones y sus efectos, y la dirección del tratamiento en


función a despejar un diagnóstico.”
A propósito del diagnóstico diferencial, encontramos en
este trabajo elementos a partir del capítulo III y contamos con
las grandes estructuras clínicas.
La función subversiva del niño, cualquiera sea su diag-
nóstico estructural, desafía también a su analista quien debe
prestarse a la transferencia con ductilidad abierto a los jeroglí-
ficos de la singularidad del síntoma.
Uno se explica por qué también es necesaria una prácti-
ca en psicoanálisis antes de comenzar a escuchar niños. Y es
porque el niño es el objeto a para su madre, y es síntoma de
la pareja parental, lo que siempre actualiza aquél debate en-
tre Melanie Klein y Anna Freud. En el capítulo I hallamos el
subcapítulo “Entrevista preliminares a padres”, un poco más
del lado de Anna Freud, y en el capítulo V, del lado de Melanie
Klein, el fundamento de la escucha abierta, desprejuiciada,
que abre al lugar del sujeto del lado del niño, y lo aleja de la
sobreadaptación. Este libro toma su lugar en una época donde
este debate parece haber quedado en la pasado, pero no todo.
En “Historia del psicoanálisis con niños en Argentina” en-
contramos las coordenadas de la tradición local para la prácti-
ca y a lo largo de sus capítulos también se trama la clínica con
niños hasta hoy en la línea de enseñanza de Jacques Lacan,
Jacques-Alain Miller y Eric Laurent.
Si el niño deviene sujeto es porque, en la perspectiva laca-
niana, surge en un mundo de deseo y la interpretación psicoa-
nalítica en esta especialidad es un arte de intervenir en el juego,
en el desciframiento y el equívoco en el significante tal como se
concatena en el dibujo que es escritura con sentido en lo real.
Son múltiples las sutilezas y hallazgos que la clínica con
niños le depara a un psicoanalista, es el mundo de la sorpresa
donde el inconsciente anuda sus figuraciones, justamente es
por eso mismo que este libro es un aporte a la formación de
P rólogo 15

los practicantes, porque ofrece estructura y método para los


inicios, orientando a la técnica y a la lógica de la cura.
La paciencia y dedicación amorosa de su autora son parte
de su estilo. Invito a los practicantes a la lectura de este her-
moso texto para la formación y actualización de una práctica
para valientes.
Elena Bisso
Buenos Aires, 8 de julio de 2020
Introducción

Les sugiero permitirse la lectura del texto de Gabriela


López que tiene como efecto la producción de la clínica
Lacaniana con niños y una mirada constituida desde el psicoa-
nálisis sobre la infancia de cada niño que establece una rela-
ción transferencial particular en el encuentro con el analista.
Infancias que se construyen en el dispositivo mediando
las preguntas que el analista escuche de cada niño, como ma-
terial sagrado para armar la transferencia con el niño y como
señala la autora en la escritura del primer capítulo, transfe-
rencia ineludible también con los padres. En el camino desa-
rrollado desde el deseo de analista nos mostrará que anclarse
en este pilar, promueve los interrogantes del sujeto/niño que
facilitan el armado de la novela familiar.
En el segundo capítulo nos ilustra con el uso del juego
como modo de simbolizar esa realidad discursiva que atañe a
cada sujeto.
Para abordar en un tercer momento la característica del
objeto, la falta de objeto y la aparición necesaria de la estruc-
tura del objeto fóbico produciendo, como modo de demostra-
ción teórica la evidencia de su clínica personal. Dando pruebas
en su cuidadosa escritura del interrogante Lacaniano ¿qué es
un psicoanalista?
Será luego que nos trae en un cuarto capítulo, el valor
de la madre en cuanto a la relación de esa mujer respecto de
la sexualidad femenina, promoviendo la idea de castración de
vital importancia para el humano.
18 G abriela L ópez

En una quinta sección podrán apreciar la distinción del


psicoanálisis aplicado y puro, mas su pureza es difícil de cer-
nir. El capítulo nos guía al uso del psicoanálisis aplicado para
añadir algo de alivio a la humanidad tomando en cuenta la
invención Freudiana y la enseñanza de Lacan.
Como sexto punto imprescindible de transitar será el
tema del diagnóstico diferencial entre la neurosis y psicosis
para ir de lo particular del tipo clínico al encuentro de ese niño
que escucha la analista, que al localizar en el dispositivo su
singularidad será la respuesta subjetiva respecto del encuen-
tro con la lengua.
El séptimo y último tema imprescindible en la cajita de
los ingenios del practicante del psicoanálisis con niños, el falo,
que hace frente a ese instante que Lacan llama “un desorden
provocado en la juntura más íntima del sentimiento de la vida
en el sujeto”, cuando habla de la psicosis. Falo que demarca la
dimensión del deseo materno, ese oscuro deseo representado
como la boca del cocodrilo que estraga al niño dejándolo en
la dimensión de objeto. Falo/límite que nos dará el detalle de
cada caso, que será único en el aprendizaje de nuestra práctica
y se convertirá en paradigmático para aquellos analistas que
transitan esta dimensión apasionante que es el psicoanálisis
con niños.
Lectores al inicio de este viaje de lectura, concluyo con el
reconocimiento de Gabriela, que escribir presta alivio, al en-
cuentro en la práctica que el Otro no existe y que no obstante
cada analista devuelve al niño las palabras que lo habilitan
como sujeto único.
Norma Villella
Capítulo I

La clínica y su transmisión: la
construcción del caso en Psicoanálisis

La construcción de un caso implica en primer lugar una


elección, es decir qué caso elijo para presentar y porqué lo elijo.
¿Qué quiero trasmitir a través de él? La elección trae en con-
secuencia un primer momento de organización del material
alrededor del tema escogido. No es lo mismo un caso en cur-
so que el caso redactado. Esto último implica destacar ciertas
problemáticas, así como también momentos cruciales de la di-
rección de una cura. Lacan plantea en el Seminario 22: R.S.I.:
“Es indispensable que el analista sea al menos dos, el analista
para tener efectos y el analista que a esos efectos, los teoriza”.
En consecuencias podríamos señalar los efectos que pro-
ducen la construcción de un caso:
- Un orden.
- La posibilidad de formular preguntas.
- Establecer articulaciones entre teoría y práctica.
- Cuestionar la teoría a partir de la práctica.
- Cuestionar la práctica a partir de la teoría.
La presentación de casos implica la transmisión de una
enseñanza y es desde esta perspectiva que se construye el
mismo. Se trata de presentar ante un Otro, bajo la forma de
auditorio, que no es un público cualquiera. El auditorio impli-
ca una práctica sostenida en el tiempo, práctica que se desa-
rrolla bajo las coordenadas de la transferencia. En la clínica
analítica no existe manual sobre la construcción de casos, es
20 G abriela L ópez

decir que no hay una presentación clínica-tipo, ni una lengua


clínica-única. Podríamos decir que la práctica analítica es una
aventura en donde el analista deberá dar testimonio de los
recursos de los que se sirvió en cada caso para enfrentar el
real en juego, extrayendo de eso una enseñanza y producien-
do una transmisión. La elucidación de la clínica permitirá al
psicoanalista, enfrentar los callejones sin salida de cada caso,
permitiendo de este modo avanzar sobre la formalización de
un saber sobre lo real, que habita lo simbólico del ser parlante.
En la exposición de un caso, el analista no solo expone,
explica, da cuenta de un caso, sino que él mismo se expone, da
cuenta al otro de su acto.
Si nos remitimos a Freud en “Consejos al médico” allí se-
ñala una distinción de enorme referencia. Él divide las aguas
entre lo que es el caso dentro de las coordenadas del dispositi-
vo analítico, el caso puro, se podría decir, y las construcciones
que de un caso se puedan hacer para su transmisión. Durante
mucho tiempo Freud se vanaglorió de la intrínseca relación
entre análisis e investigación, las condiciones y dificultades
surgidas de su propia práctica lo llevaron a tener que trazar la
diferencia entre la técnica que sirve a la investigación y aque-
lla que sirve a la labor analítica. Es ahí donde va a destacar la
diferencia entre elaborar científicamente un caso y reconstruir
su estructura y la labor analítica en la que “...actuamos como
si no persiguiéramos fin ninguno determinado, dejándonos
sorprender por cada nueva orientación y actuarlo libremente,
sin prejuicio alguno”.
Ahora bien, Éric Laurent aborda en “En el caso, del ma-
lestar a la mentira”, la existencia de un malestar en relación a
la construcción del caso, señalando que el prestigio de la cien-
cia y de la serie estadística deteriora, en las ciencias humanas
el brillo del caso clínico, destaca que: “Un caso es un caso si
testimonia acerca de la incidencia lógica de un decir en el dis-
positivo de la cura, y de su orientación hacia el tratamiento de
La clínica y su transmisión : la construcción del caso ... 21

un problema real, de un problema libidinal, de un problema


de goce”1.
Es decir, que si bien el psicoanálisis no tiene por finali-
dad un saber objetivable y demostrable, bajo un paradigma
científico, intenta una construcción formal del caso, aunque
sea mínima, tomando aquellos significantes que representa-
ron al sujeto en el lugar del Otro. En esta perspectiva que el
caso no sea objetivo, no impide en absoluto la existencia de la
clínica psicoanalítica, es decir los tipos de síntomas. Cada caso
deberá inscribirse en la clase que lo espera. Nombrar un caso,
la exigencia de su formalización, es uno de los nombres de la
experiencia analítica.
El paso que dio Lacan lo llevó a abandonar las esperanzas
del método exhaustivo, de narración de hechos, por la coheren-
cia del nivel formal, donde se establece el síntoma, elevando
el caso al rango de paradigma. El paradigma hace surgir la
estructura e indica tanto el lugar del síntoma en una clase,
como los elementos substanciales en la vida de un sujeto que
se repite. Es decir que pondrá el acento en localizar el goce
del sujeto y, hacia el final, dará cuenta de los modos de su
funcionamiento.
El dispositivo psicoanalítico se aleja del modelo-represen-
tación que es lo que hace de malestar a la hora de la construc-
ción de casos, sirviéndose de la Orthè-doxa y la mentira.
En la filosofía griega podemos ubicar dos posiciones:1)
Posición epistémica: constituida por el saber científico cer-
tero, 2) el saber-hacer: creador, instrumento, que no tiene la
influencia de la ciencia. Ambas posiciones entran en tensión,
lo que no es episteme para los griegos se denomina Doxa, opi-
nión, y sigue las coordenadas del saber hacer. La construc-
ción de un caso, será entonces lo que se ubiqué entre la Orthè
(correcta, conveniente), Doxa (opinión). Ahora bien, ¿cómo se

1 Laurent, É., “En el caso, del malestar a la mentira”. En


Revista Lacaniana de Psicoanálisis N° 4, pp. 5-19, Grama, Bs. As.
22 G abriela L ópez

articula la mentira con la Orthè-doxa? Sabemos que el signi-


ficante y el lenguaje fracasan para amarrar lo real, lo real se
puede bordear vía la ficción y la ficción de cada sujeto sobre
sus puntos de goce no es verdad o falsedad, es siempre una
verdad-mentirosa. Es elucubración de saber que se aprehende
vía la verdad mentirosa. De ello dan prueba los testimonios
del pase como modo de mostrar el caso propio.
Recapitulando, en principio podemos decir que un caso,
para el psicoanálisis, es un recorte, una selección u ordena-
miento en torno a un eje, que sorprendió al analista y que lo
convocó a la escritura de ese caso en particular. Seguramente
el analista se preguntará si será convincente en su trasmisión,
si las descripciones son las correctas, si se ordena en función
al punto que quiere privilegiar. Pero nunca hay que perder de
vista que queda siempre una parte excluida, que construir un
caso implica una elección, un acto donde el Otro no funciona
como garantía y que, a su vez, se está sujeto a interrogación.
La construcción de un caso clínico implica que el analista
dé cuenta de un ordenamiento de la lógica que concierne a la
singularidad de ese caso.
Ahora bien, esta construcción lógica deberá ser funcional
a la dirección de la cura y también a la comunidad analítica,
es decir, a cómo se constituye el discurso analítico frente a una
comunidad de auditores y expositores.
Si bien todas estas cuestiones son siempre tenidas en
cuenta en la construcción de un caso reconocemos también
que la forma de escritura ha ido cambiando con el tiempo,
como variaron las presentaciones de las demandas clínicas
y su abordaje. Podemos constatar estos “estilos de época” en
relación al Otro al cual se dirigen. Incluso si leemos retros-
pectivamente nuestra propia elaboración sobre casos clínicos
observaremos también modalidades de escritura diferentes,
son criterios que se relacionan con marchas y contramarchas,
que la clínica impone y que a su vez generan nuevos concep-
tos o categorías teóricas. Hay muchas formas de hacerlo y su
La clínica y su transmisión : la construcción del caso ... 23

modalidad dependerá no sólo del estilo personal sino también


de los dispositivos hacia los que se dirige y de aquello que se
intenta transmitir.
La construcción del caso debe apuntar a cernir la lógica
del inconsciente. Pasando de la narración de hechos a una
lógica que formalice los dichos del inconsciente, orientados por
lo real que se juega en el síntoma y fantasma del analizante.
La construcción del caso no debe quedar por fuera de la
transferencia.
Lacan insistió en que en el análisis hay un único sujeto.
El analista está allí como soporte de la transferencia. Su lec-
tura y construcción no surgen de la contratransferencia. El
relato llevará las marcas de la enunciación del analista y de
su posición en la cura, manteniendo la fidelidad al texto y a la
subjetividad del paciente.
Será la fidelidad del caso la que comanda la construcción
y nos permitirá verificar la enunciación del analizante.
En relación al caso puro, qué lugar otorgarle al control.
Sabemos que no hay construcción de caso sin control, puesto
que la construcción incluye el acto del analista. El control es la
vía regía para la construcción del caso porque permite ordenar
la lógica del inconsciente y sus consecuencias en la cura, las
intervenciones y sus efectos, y la dirección del tratamiento en
función a despejar un diagnóstico.

El niño, el deseo del analista. La transferencia


El síntoma en la neurosis infantil podemos conceptua-
lizarlo, a partir de la enseñanza de Lacan, como una de las
respuestas posibles de un sujeto. En esa línea el síntoma es la
invención singular de un sujeto ante un embrollo.
Ahora bien, no siempre que un niño acude o bien es llevado
por sus padres al analista, implica que haya análisis. Esto quie-
re decir que el encuentro con un analista marcará un antes y un
después, pero no es condición para que se establezca el síntoma
24 G abriela L ópez

bajo transferencia. Para que se establezca un análisis es nece-


sario que el niño subjetive como suya la pregunta por su sínto-
ma. Es decir, que pueda elaborar, armar una historia propia,
acerca de lo que en un primer momento hizo que consultara.
Que el síntoma se transforme en enigma, que el niño
se pregunte qué quiere decir eso, abre a la posibilidad de las
intervenciones del analista. Distintas invenciones irá encon-
trando el niño para poder descifrar su enigma, ya sea a través
del dibujo, el juego, los relatos, que le permitirán dialectizar
su padecimiento.
Las intervenciones del analista serán la llave de apertura
que posibilite en el niño ser el autor, el inventor, de la respues-
ta que convenga al porqué de su síntoma.
Aquí juega un papel interesante la función del mito de la
que tenemos antecedentes en el estudio del Caso del Pequeño
Hans: el niño constructor de mitos.
Un mito es una invención, cada quien tiene el suyo pro-
pio, inventando un sentido ahí donde no lo hay. Es un modo de
tratamiento de lo real a partir de lo simbólico; supone ya una
interpretación por parte del sujeto.
Ahora bien, qué del deseo del analista. ¿Tienen todos los
mismos estilos de dirigir una cura? Cuando cumplen más o
menos su función, ¿hacen todos el mismo análisis? Lacan en
“Dirección de la cura y los principios de su poder” afirma que el
psicoanalista dirige la cura, a condición de saber dónde tiene
que ir, es decir, que no tiene que tomar la posición de amo ni
de director. En tanto tal, el deseo del analista no es un deseo
sujetado al orden del discurso médico, familiar, social o peda-
gógico; es un deseo alejado del ideal. Pero tampoco se trata de
un deseo en estado puro, sino de un deseo donde las marcas
del ideal estén decantadas por el trabajo del propio análisis. El
deseo del analista es un operador, o función lógica, que empuja
la elaboración analizante.
La clínica y su transmisión : la construcción del caso ... 25

El deseo del analista es el partenaire del síntoma. Es la


función que empuja a la elaboración y a la solución del enigma
de quien consulta.
Entonces cómo escuchar a un niño. El trabajo analítico
implica movilizar el síntoma y desalojarlo del lugar de soporte
de lo que hay de sintomático en la pareja parental. Esto a me-
nudo no sucede cuando el síntoma del niño compete a la subje-
tividad de la madre. En estos casos el niño viene a taponar con
su ser la castración en la madre, quedando complicado, ya que
queda involucrado en el fantasma materno.
Se trata entonces de escuchar en el niño un sujeto que nos
habla con su síntoma, expresándose a través de su cuerpo o
del pensamiento, en los huecos del sentido, en los cortes entre
significante y significado.
El síntoma por el que consultan los padres no les atañe, es
del niño. Sin embargo, este síntoma responde a lo que hay de
sintomático en la pareja parental. Es decir que el síntoma con-
cierne a los padres por estructura y por eso consultan. Esta ver-
sión que nos señala Lacan en “Dos notas sobre el niño”, es más
interesante, porque es dócil a las intervenciones del analista.
El analista deberá servirse de la paciencia que implica es-
perar la emergencia del sujeto. Es decir, que apuntará a bus-
car la ruptura de sentido para que advenga los significantes de
la división del sujeto, operando desde la regla de la abstinen-
cia, sin darle consistencia al síntoma.

Entrevistas preliminares a padres


En la “Dirección de la cura y los principios de su poder”,
en el quinto apartado Lacan alude al uso de la transferencia,
allí señala: “... mi libertad en ella se encuentra por el contrario
enajenada por el desdoblamiento que sufre allí mi persona, y
nadie ignora que es allí donde hay que buscar el secreto del
análisis”.
Consideremos que en el marco de las entrevistas prelimi-
nares con los padres, más allá de la derivación o el conocimiento
26 G abriela L ópez

previo con el que se concurre a ver un analista, implica la elec-


ción del analista bajo las coordenadas del deseo y las marcas
de goce. Podemos decir que se trata de la elección de objeto. Es
decir que no sólo se trata de la transferencia al psicoanalista,
sino de la elección del mismo, como consecuencia de la presen-
cia de ciertos rasgos que forman parte para el sujeto de su con-
dición inconsciente de amor. Y cómo el analista se posicione,
pondrá en juego la dirección de la cura.
El tiempo de entrevistas preliminares con los padres y el
niño apunta a alojar la demanda de estos; escucharla, inten-
tando, de ser posible, la construcción de un síntoma bajo las
coordenadas de la transferencia.
Entonces, ¿qué precipita la consulta por un niño al analis-
ta? Podemos decir que en general la consulta se origina como
efecto de un encuentro con lo real, que conmociona el mundo
fantasmático parental, y pone en cuestión el lugar que ocupa el
niño en la economía de goce de la estructura familiar. En ocasio-
nes las demandas que formulan los padres puede o no coincidir
con las del niño. Por eso cobra un papel radical la función de
las entrevistas preliminares para escuchar si se construye una
pregunta que habilite el despliegue de un síntoma en el niño, y
que sancione la entrada en análisis; o bien que ese tiempo preli-
minar constituya sólo un alivio subjetivo en los padres y el niño.
Lacan nos enseña que no se nos pide de entrada un fin de
análisis, sino “Lo que se nos demanda debemos llamarlo con
una palabra simple, es la felicidad”. Entonces el analista reci-
be esa demanda y responde con cierto cálculo que va desde el
inicio hasta el encuentro con el análisis, es decir su entrada.
No se trata de un acuerdo sobre la cantidad y calidad de las
entrevistas, al modo cognitivo o sistémico, donde al concluir se
da una devolución o una tarea a cumplir, no tiene referencia
a una situación convenida. En tanto preliminar, señala que
hay un comienzo que atravesar, una diferencia, un antes y un
después, un corte con la realidad y los semejantes. Podemos
decir que cobra un lugar preponderante el acto analítico que
permitirá sancionar el pasaje de las entrevistas preliminares
La clínica y su transmisión : la construcción del caso ... 27

a la entrada en análisis en tanto puesta formal del síntoma de


un niño. Este tiempo de entrevistas preliminares posibilitará
o no la construcción del síntoma en relación a la persona del
analista.

Historia del psicoanálisis con niños en la Argentina


Una de las pioneras del Psicoanálisis de niños en
Argentina y Latinoamérica fue Arminda Aberastury. En el
consultorio de la Liga de Higiene Mental, que funcionaba en
el Hospicio de las Mercedes (actualmente Borda), es donde
realizó sus primeros tratamientos psicoanalíticos de niños, si-
guiendo por ese entonces la técnica de Anna Freud.
En su obra Teoría y técnica del Psicoanálisis de Niños, la
autora señala que utilizando la técnica del juego el niño es capaz
de establecer con el analista el vínculo transferencial, revivien-
do con este sus primeras relaciones de objeto. Siendo impres-
cindible interpretar las reacciones transferenciales positivas y
negativas como repetición de aquellas situaciones pretéritas.
Con respecto al tipo de juego, sostiene que los más senci-
llos y poco sofisticados facilitan la proyección de las fantasías
reprimidas.
Los elementos de juego que se le proveen a un niño en el
inicio de tratamiento constituyen, desde un primer momento,
parte del secreto profesional, de la misma manera que lo es la
palabra del adulto. De este modo ubicamos a la fantasía en el
lugar del juego infantil; los niños juegan y los adultos reempla-
zan el juego por la fantasía.
Veía a niños de 6 años y trataba que le contaran sus con-
flictos, sueños, fantasías. Ponía a disposición de los niños pe-
queños juguetes, lápices y papel. Fue decisivo en su carrera la
relación que estableció con Melanie Klein. Se puso en contacto
con la técnica de juego que ella creó, sin dejar de apoyarse en
la técnica de juego que proponía Freud sobre el significado de
la actividad lúdica.
28 G abriela L ópez

En muchos de los textos de Freud, Arminda Aberastury


encontró apuntes, que fueron fundamentales para abordar la
creación de la técnica de psicoanálisis de niños.
En “Actos sintomáticos y causales” Freud relata un acto
sintomático en un niño de 13 años, cuya interpretación podría
ser hoy un ejemplo de la forma en que puede analizarse un
niño. Y en un pequeño artículo, “Asociación de ideas en una
niña de cuatro años”, señala la posibilidad de utilizar la expre-
sión verbal temprana para la interpretación.
Es en “Psicología del colegial” en donde va a estudiar las
reacciones de los niños frente a los maestros, como repetición
de las relaciones con las figuras parentales. Ideas que más tar-
de se desarrollaron, permitiendo comprender el porqué de las
dificultades de aprendizaje, de la desadaptación escolar y de la
avidez o rechazo frente al conocimiento.
En “Los sueños infantiles” analiza sueños de niños, des-
tacando que –como en los del adulto– debemos considerar
un contenido manifiesto y uno latente, al que se llega por la
interpretación.
Partiendo de estos hallazgos, Hug Hellmuth, Anna Freud,
Sophie Morgenstern y Melanie Klein, buscaron la forma de
aplicar el psicoanálisis al tratamiento de niños. Todos estos
autores contribuyeron a la técnica de Arminda Aberastury,
pero el pensamiento de Melanie Klein fue un referente funda-
mental en su trabajo.
Los descubrimientos de Freud sobre la dinámica del in-
consciente, la sexualidad infantil y la configuración y destino
del complejo de Edipo, llevaron a reformular el concepto de
niño. Recordemos que en la “Carta 69” Freud despliega sus
dudas en lo concerniente a la etiología de la neurosis como
hecho acontecido en la realidad, señalando que en lo incons-
ciente no es posible distinguir la verdad de la ficción, y señala
que es la fantasía la que se adueña del tema de los padres.
Esa fantasía es la Realidad psíquica, son deseos inconscien-
tes. Entonces lo traumático no tiene porqué ser la escena
La clínica y su transmisión : la construcción del caso ... 29

acontecida, lo traumático se puede leer en el aparato mismo.


De esta manera, el padre sale del centro de la perversión y lo
ubica en el centro de la neurosis.
Cuando Freud construye su teoría sexual infantil, en
“Tres ensayos de teoría sexual”, señala que ésta es perversa
polimorfa. Se trata de la práctica de una serie de pulsiones
parciales que aspiran, cada una por su cuenta, a obtener un
placer de órgano. Es decir, que de este modo conceptualiza a la
fantasía como defensa, no ante hechos traumáticos aconteci-
dos, sino ante la propia práctica sexual infantil, sustituyendo
los traumas sexuales infantiles por el concepto de sexualidad
infantil. Señalará, en dicho artículo, que no se requiere de la
seducción del adulto para despertar la vida sexual del niño,
puesto que ésta puede despertar por causas internas.
Por otra parte, la teoría de la neurosis había llevado a
Freud a la convicción de la importancia de la sexualidad infan-
til y a formular un ensayo sobre su desarrollo, pero faltaba la
observación directa de un niño, que permitiese confirmar sus
descubrimientos sobre la evolución sexual.
Es en 1909 que intentó por primera vez aplicar este méto-
do a la curación de una neurosis infantil; el caso de una zoofo-
bia en un niño de cinco años. El historial de Juanito corroboró
en efecto lo que había afirmado hasta entonces sobre la sexua-
lidad infantil y sobre la importancia del complejo de Edipo.
El padre de Juanito había transmitido a Freud sus ob-
servaciones, sobre las manifestaciones de curiosidad y activi-
dades sexuales de su hijo. Confirmaron los descubrimientos
freudianos sobre la sexualidad infantil.
Freud intuyó dos cosas: 1) que lo que hace eficaz la in-
terpretación de la transferencia es la unión de la figura del
terapeuta con el objeto originario; 2) que el análisis y la inves-
tigación son inseparables en el psicoanálisis.
Expone el historial en tres partes: en la primera hará alu-
sión a las observaciones relatadas por el padre, corroborando
lo que Freud había expuesto de la sexualidad infantil. En la
30 G abriela L ópez

segunda expone la evolución de la enfermedad y del trata-


miento. Y en la parte final, Epicrisis, se propone: 1) comprobar
hasta dónde este caso confirma sus puntos de vista sobre la
sexualidad infantil; 2) determinar qué aporta a la compren-
sión de las fobias; 3) extraer de esta experiencia aclaraciones
sobre la vida anímica del niño y sus conclusiones y extraer
conclusiones pertinentes para la orientación de éste.
Si nos remitimos al juego infantil, podemos ubicar como
Juanito le relató a Freud ver rodar a un caballo, caer y lasti-
marse a un compañerito con quien él jugaba a los caballos, y
el temor que sintió a que el caballo le mordiese. Estos juegos
infantiles con los caballos le permitieron a Freud formularse
la existencia de una moción pulsional hostil hacia el padre,
reprimida y en forma desfigurada, por formación sustitutiva,
apareciendo el miedo al caballo. La figura del caballo tuvo ro-
les importantes en juegos previos al síntoma, en los que él ju-
gaba con los otros niños a ser el caballo, y también en juegos
con sus padre. En la primera parte del historial, Freud, relata
también los intentos de Juanito de orientar hacia otros objetos
los afectos centrados en sus padres y hermana, analizando el
significado de los juegos exhibicionistas con sus amigos y los
sueños en los que elabora las excitaciones del día.
Con todos estos antecedentes, comprendemos que la
amigdalectomía sufrida por Juanito, después de su gripe, de-
bió ser vivida por él como el cumplimiento de la amenaza de
castración materna, intensificándose la angustia de castración
por desplazamiento de lo genital a lo oral. Si pensamos que de
su garganta podía amputarse una parte, era factible que esto
aconteciese también con los genitales.
Podemos localizar como equivalente al juego la fantasía
que Juanito dibuja de la Jirafa. Allí intenta elaborar el proble-
ma de la diferencia de los sexos, de la diferencia entre adultos
y niños, y el temor a su padre como rival en el amor de la ma-
dre. Lo expresó en una fantasía en que la jirafa grande y una
jirafa chica simbolizaban la diferencia de los sexos. Él se perso-
nificaba tomando posesión de la chica –la madre– sentándose
La clínica y su transmisión : la construcción del caso ... 31

sobre ella, y despertando el enojo de la jirafa grande –el pa-


dre–. Freud interpretaba que la diferencia de tamaño de las
dos jirafas simbolizaba la diferencia de los sexos.
En el Seminario 4, Lacan, al respecto dice: “... su padre le
recalca a Juanito que las mujeres no tienen falo y que es inútil
que lo busque”. ¿Cómo reacciona el niño ante esta intervención
del padre? Reacciona con el fantasma de las dos jirafas.
El niño durante la noche tiene miedo y se va a dormir
con sus padres, se duerme y al otro día los padres lo interro-
gan sobre lo sucedido. Habla de dos jirafas. Lacan dirá que se
trata de un fantasma. Una jirafa grande y otra pequeña, que
traducen como arrugada y la otra arrugada en forma de bola.
Cuando lo interrogan Juanito responde tomando un trozo de
papel y haciendo con él una bola. La grande es el símbolo del
padre y la pequeña, de la que el niño se apodera para sentarse
encima de ella, mientras la grande da gritos, es una reacción
del niño frente al falo materno. Lacan pondrá el acento en que
se articula con la nostalgia de la madre y con su falta. Para
el niño se trata de recuperar la posesión de la madre e irritar
al padre. Pero el padre nunca se deja llevar por la cólera y
Juanito se lo hace saber –tienes que enfadarte, has de estar
celoso–. Le explica el Edipo, pero lamentablemente el padre,
como agente privador, nunca parece estar dispuesto.
En la primera y única consulta que tuvo Juanito con Freud,
comprende que dos detalles del animal temido se ponen en re-
lación con los bigotes y anteojos del padre. Interpreta entonces
que el miedo de Juanito al caballo surge de su agresión al padre
y del temor a que éste se vengue, y que estos sentimientos son
consecuencia de sus deseos amorosos hacia la madre.
Luego de este encuentro con Freud, Juanito experimenta
mejorías importantes. Pero Juanito insiste en que su amor y
miedo al padre son coexistentes, verdad que Freud descubrirá
en “Inhibición, síntoma y angustia”. Allí señala que la apari-
ción de la fobia es respuesta frente a un conflicto de ambiva-
lencia centrado en la figura del padre, ubicando un impulso
hostil que queda reprimido por transformación en lo contrario:
32 G abriela L ópez

teme su venganza y por regresión se transforma en miedo a


ser devorado. El caso Juanito ilustra claramente el temor a
ser mordido en los genitales por el caballo y la secuencia de
juegos, fantasías y sueños, muestran un modo de solución a
la confrontación por el temor a la castración como castigo y la
necesidad de preservar los genitales.
Hasta ese momento Freud se limitó a decir: “Sabemos
que esta parte del miedo de Juanito tiene dos aspectos: miedo
del padre y miedo por el padre. El primero proviene de la hos-
tilidad y el segundo del conflicto de su cariño hacia él”2, seña-
lando así las ansiedades paranoides y depresivas, y su origen.
El mayor interés del historial, si lo consideramos como
punto de partida de la técnica de psicoanálisis de niños, es el
señalar la eficacia de las interpretaciones y sus consecuencias.
Es a través del Juego o el Dibujo que escucharemos el
sujeto que habita en el niño.
Es decir que analizando juegos, fantasías y sueños, abor-
daremos las distintas formas simbólicas con las que un niño,
como “Juanito”, representó el cuerpo materno y sus contenidos:
una bañera, un ómnibus, un carro de mudanzas, en los que el
denominador común era el ser continentes llenos de contenido,
o algo capaz de tener dentro cosas más chicas y pesadas, como
un vientre que aloja a un niño que luego crece y pesa.
Si bien el análisis de Juanito no se llevó a cabo en la for-
ma habitual del psicoanálisis, ya que Freud vio una sola vez
al pequeño paciente, el tratamiento –aun bajo su supervisión–
estuvo a cargo del padre del niño, que estaba muy compenetra-
do con los descubrimientos Freudianos. De ahí que muchos de
sus hallazgos, algunos apenas esbozados, abrieron el camino
para buscar una técnica apropiada al psicoanálisis con niños.

2 Freud, Sigmund, “Análisis de una fobia de un niño de cinco


años”, Obras completas, T. X, Amorrortu, Buenos Aires, 1984, pág.
176.
La clínica y su transmisión : la construcción del caso ... 33

La experiencia muestra que el niño, aunque no se podía


expresar totalmente con palabras, era sí capaz de entender lo
que el adulto le decía, de forma que comprendiendo el signi-
ficado manifiesto de sus juegos, dibujos, sueños, ensueños y
asociaciones, la interpretación será tan eficaz como en el aná-
lisis de adultos.
El psicoanálisis con niños pondrá en juego la relación trans-
ferencial del niño en tanto sujeto, y ese aporte lo corroboramos
a través de la misma práctica clínica y lo que de ella podemos
situar de la experiencia del control y exposición con otros.

La novela familiar: fantasía “pegan a un niño”


La novela familiar es radical en la clínica con niños. Los
niños la relatan y los adultos hablan en sus recuerdos desde
su novela o mito familiar. La novela familiar es el guión que
construye un sujeto como respuesta a su lugar en la estructura
familiar. Este guión, que se inventa un sujeto, es siempre una
respuesta fantasmática, cuyo sentido va a develar el análisis.
Ahora bien, la novela no deberá quedar reducida al fan-
tasma, para ello intentaré desarrollar algunos ejes del fantas-
ma “Pegan a un niño”, tomándolo como modelo de construc-
ción del fantasma y, a partir de allí, abordar la novela familiar
del neurótico.
Sabemos que el Complejo de Edipo es el núcleo genuino
de la neurosis, y la sexualidad infantil, que finaliza en él, es
condición de la neurosis. Freud señala en el artículo “Pegan
a un niño”3 que lo que resta de este complejo constituirá la
predisposición del adulto a contraer una neurosis. Entonces,
la fantasía de paliza y otras fijaciones perversas, sólo son pre-
cipitados del complejo de Edipo que constituyen las cicatrices
que quedan luego de su ocaso.

3 Freud, Sigmund, “Pegan a un niño”, Contribución al cono-


cimiento de las perversiones sexuales, Obras Completas, T. XVII,
Amorrortu, Buenos Aires, 1989.
34 G abriela L ópez

Es en relación a ello que Freud abordará la conocida fan-


tasía “Pegan a un niño”, considerando que los analizantes no
hablan de sus fantasías, no se quejan de ellas, sino que más
bien se satisfacen, las tienen presentes.
Cuando logran comunicarlas lo hacen siempre con una
dimensión de pudor y de vergüenza, es como si fuera un acto
de confesión, ya que no se trata del retorno de lo reprimido.
Los sujetos siempre suelen tenerlas en su intimidad. Las fan-
tasías sueldan dos campos que son heterogéneos: 1) el objeto
parcial, pulsional. Recordemos que cuando decimos objeto par-
cial aludimos siempre al objeto en el ámbito de la pulsión que
siempre es parcial (oral, anal, escópico, invocante). Es el objeto
recortado de una zona erógena o zona de borde. Recordemos
también que la pulsión no ama al objeto, sino que se satisface
en su recorrido. Luego ese objeto parcial se fija y por esa fija-
ción en la infancia se convocan las condiciones de la repetición,
pero con esto sólo no alcanza, será necesario: 2) el campo de
las representaciones, los objetos totales, las personas extraí-
das del campo de la neurosis infantil, del Edipo, será entonces
lo que permitirá constituir una trama, un sentido, ya que con
lo pulsional sólo no alcanza. A eso lo llamamos soldadura: a la
fusión del objeto parcial y del campo de las representaciones u
objeto total. Se sueldan en la fantasía que reúne la cara de la
satisfacción pulsional con un deseo prohibido de la trama edí-
pica. Es allí donde se puede anudar el fantasma con la novela
familiar. En el caso de “Pegan a un niño” se trata de una fanta-
sía, con un rasgo primario de perversión, pero en las neurosis.
Freud entonces dirá que la fantasía “Pegan a un niño” es
la fantasía de todo neurótico. Esta fantasía tiene como toda
fantasía tres estatutos, a saber: imaginario, simbólico y real.
1. El primero es el mismo que tiene el sueño, un estatuto
de imágenes, son escenas, personajes.
2. El simbólico, es el texto de la fantasía, su argumento o
guión.
3. El tercero es el real, la vertiente pulsional, es decir la
fantasía fijada a un objeto pulsional.
La clínica y su transmisión : la construcción del caso ... 35

Freud pone el acento en este trabajo en el complejo del


padre. En esta escena que no existió el sujeto se inventó un
padre, un padre que ama al sujeto. La escena que da coheren-
cia a las tres, es la que da un lugar al sujeto en relación a la
paliza del padre.
En cambio cuando Lacan toma este texto en el seminario
Las formaciones del inconsciente va a ubicar, en primer térmi-
no, a los personajes de esta fantasía en relación al triángulo
simbólico M-P-I (Madre-Padre-Ideal) y al triángulo imaginario
homólogo, sostenido por el falo, significante del deseo materno.
Este fantasma se sostiene en una relación triangular en-
tre el sujeto, hermano o hermana y el padre. Es decir que el
triángulo primordial está constituido por el niño, el padre y el
falo. Lacan, en este apartado, pondrá el acento en que no hay
que asociar al personaje que pega con el padre. Considera que
es necesario ubicarlo como personaje que tiene la estirpe de la
autoridad, no es el padre, a veces es el maestro, el rey, en oca-
siones una figura novelada. Es decir que Lacan va a señalar
que el que pega no se homóloga al padre. Convendrá situar-
lo en ese más allá del padre, más allá del padre real, como
función del padre. Separa lo que es constante en Freud en el
fantasma de paliza y destacará su vertiente más simbólica. El
látigo representa el orden simbólico, que barra al sujeto. Y ahí
hay un giro, el látigo da a este fantasma su carácter masoquis-
ta, y lo que sirvió para denegar el amor al padre sirve para sig-
nificarlo. Lacan dice: “Es precisamente su carácter simbólico,
como tal, lo que está erotizado, y esto desde el origen”4.
El segundo tiempo de este fantasma pondrá de manifies-
to la relación esencial del sujeto con el significante, con la Ley,
y su función es situar al sujeto en relación al Otro.

4 Lacan, Jacques, El Seminario, Libro 5: Las formaciones del


Inconsciente, Buenos Aires, Ed. Paidós, 1999.
36 G abriela L ópez

En Del síntoma al fantasma y retorno5 J. A. Miller retoma-


rá el comentario que hace Lacan del texto “Pegan a un niño”.
Allí considera que este fantasma plantea la relación del sujeto
con el significante: es una escenificación de la castración, de la
inscripción significante y como todo fantasma se articula con el
goce. Es decir que además del padre como Nombre del Padre,
redoblando al Otro, concretizando a la ley, hay un padre que
es el superyó encarnado como padre, con el erotismo y el goce
que conlleva. Este padre de “Pegan a un niño” muestra su con-
sistencia a través del goce que está sostenido en el fantasma.
Vale decir que esta fantasía muestra una versión del padre no
sólo como significante, sino también como goce. No es la versión
del Complejo de Edipo que requiere que el lazo libidinal con la
madre se disuelva para formarse –el Complejo de Edipo, tanto
para el varón como para la nena, necesita pasar por el referente
al padre. No se trata de un padre idealizado como en la novela
familiar. Este llamado al padre, que busca ser efectivizado en el
cuerpo, es una manera de sostenerlo, inventando un padre que
goza pegando al sujeto y que puede ser tanto o más consistente
que el padre idealizado. Que sea un invento implica que no es
un acontecimiento de la historia del sujeto, y aun cuando siga
siendo versión imaginaria del padre –imaginarizada a través
de los personajes que la encarnan– revela la cara de goce del
padre. En la clínica con niños podemos escucharlo en esos casos
en los que los niños siempre se ubican en posición de ser objeto
de golpes, burlas, humillación.
Ahora bien. En Freud, la fantasía “Pegan a un niño” se
divide en tres fases.
- Primera fase: el padre le pega al niño odiado por mí y
de este modo soy el hijo amado. Fase sádica.
- Segunda fase: Soy pegado por mi padre. Fase maso-
quista. Los sujetos no la recuerdan. Hay aquí una in-
versión de sujeto-objeto. Soy azotado por mi padre, es
en voz pasiva gramaticalmente. Este segundo tiempo

5 Miller, J. A., Del síntoma al fantasma y retorno. Buenos


Aires, Ed. Paidós, 2018.
La clínica y su transmisión : la construcción del caso ... 37

no está reprimido por la represión secundaria, nunca


se lo puede ubicar entonces como retorno de lo repri-
mido, es por eso que será objeto de una construcción en
análisis.
- Tercera fase: es una defensa. El niño pegado es el mis-
mo sujeto. Podemos ubicar esta fase por fuera del con-
tenido de la neurosis. Acá la fantasía no determina al
síntoma.
En el texto “Carácter y erotismo anal” Freud señala que
el carácter no es síntoma, no hay allí articulación significante
alguna. El carácter será la expresión directa del fantasma, sin
las mediaciones que implica el síntoma.
Freud va a ubicar un pasaje de el “Padre pega al
niño odiado por mí” a “Soy golpeado por mi padre”, a
través de dos argumentos: 1) apoyándose por un lado en
el sentimiento inconsciente de culpa. Es decir soy cas-
tigado porque me satisface que mi padre golpee a otro
niño. 2) Ubicará en el “Ser golpeado...” la vertiente más
pura de la satisfacción y la articulará con el masoquis-
mo moral. A su vez afirma en “Problemas económicos
del masoquismo” que la idea de ser golpeado conlleva en
sí la satisfacción, y se corresponde con el masoquismo
femenino, ubicando ambos masoquismos en la fantasía
“Pegan a un niño.”
El “Ser golpeado...” señala, por un lado, la concreti-
zación de la ley, en su vertiente del Nombre del Padre y,
por otra parte, implica también un punto de fijación de
goce en su cara más pulsional: el Superyó.
Retomando, “La novela familiar del neurótico” es un con-
cepto con el que Freud nombra a un conjunto de fantasías a
través de las cuales el sujeto imaginariza los lazos que lo unen
con sus padres. En estas fantasías Freud pondrá en su funda-
mento al Complejo de Edipo. El sujeto se inventa una familia a
través de una novela que se imagina y la divide en dos etapas:
38 G abriela L ópez

A) Etapa pre-genital o sexual. El niño no conoce toda-


vía las condiciones sexuales de la reproducción e imagina ser
un hijastro o hijo adoptivo. Esta idea es a menudo conscien-
temente recordada desde la más temprana infancia. Aquí se
apoyará primero Freud para nombrar la “novela familiar”. Es
por lo tanto la novela que cada niño con sus singularidades
se inventara para poder separarse de los padres, y lo realiza
reemplazándolos por otros de mayor jerarquía.
B) Fase sexuada. Cuando ya entra en juego su conoci-
miento de la procreación y el sujeto entiende que la relación
con la madre es cierta, no poniendo en duda la descendencia de
la misma, en tanto la descendencia del padre es incierta. Esta
fase sexual tiene también otros contenidos: imagina situaciones
eróticas, colocando a la madre en contextos de infidelidad secre-
ta, atribuyéndole relaciones amorosas clandestinas. Puede ad-
judicarle tantos amantes como hermanitos tenga, y una razón
posible es, para Freud, ser protagonista, legitimarse y eliminar
a sus hermanos proclamándolos ilegítimos. A estos motivos de
la novela Freud incluirá el intento de eliminar la relación de pa-
rentesco con una hermana por la cual se siente atraído sexual-
mente. Y pondrá el acento que bajo la apariencia de hostilidad,
lo que hace el niño es conservar el amor por sus padres. De igual
modo en que en la fantasía de “ser pegado” cambia de sentido
a “ser amado”, en la novela la hostilidad va al lugar, aunque
disfrazado, del amor por sus padres.
Y en relación a la madre. Aquí podemos distinguir la ma-
dre de la mujer. Como madre en su relación al falo, al padre
y al niño: y como mujer, aparece su incompletud. La X, la in-
cógnita de un goce que podría estar o no estar articulado por
la función fálica.
En la “novela familiar” está esbozada en Freud, aunque
no conceptualizada, la posibilidad de un Otro goce, más allá
del falo. Pero a esta altura se lo enfatiza más a nivel del as-
pecto significante. No hay un goce particular como en el fan-
tasma. Novela y fantasma son dos modos de respuesta a la
pérdida del amor de los padres.
La clínica y su transmisión : la construcción del caso ... 39

La “novela familiar” es posterior a “Teorías sexuales in-


fantiles”, son dos modos de responder a No hay relación se-
xual. Freud va a ubicar en las construcciones noveladas del
sujeto el nacimiento de un hermanito, el castigo u otro suceso
que sacuda al niño del lugar en donde tenía certeza de estar
instalado: son respuestas subjetivas a la falta del Otro, tapán-
dola. En la novela se asiste al intento del sujeto de separarse
de los padres, a pesar del sentido de conservarlos que el análi-
sis despeja; mientras que en el fantasma de “Pegan a un niño”,
muestra la cara del goce del padre, sin el trabajo para separar-
se de él, que se intenta con la novela o ficción.
La novela nos permitirá acceder al fantasma, nos da la
pista significante para aproximarnos al fantasma, que resiste
a la interpretación por la vía significante.
Toda novela o ficción es soportada por un fantasma.
Podemos suponer al objeto que la recorta de entrada, pero la
construcción del fantasma no se hace sin ir recorriendo los sig-
nificantes que crearon esa urdimbre.
La respuesta que da la novela no pone en el centro al ob-
jeto de la pulsión. Si el objeto está en juego, lo está a través del
fantasma, que es primero respecto de la novela.
La novela muestra claramente la castración en su estatuto
imaginario, y cuáles son los significantes privilegiados para ese
niño; pero los objetos de amor y de identificación constituyen un
límite de la elaboración posible de la novela. El fantasma sitúa
al objeto, y su determinación tiene una historia que en algunos
casos no puede ser recorrida más que siguiendo los pasos de la
novela familiar, que especifica al Otro, cuya falla vela.
En la novela el sujeto ya sabe, no quiere saber más. En
la Fantasía de “Pegan a un niño” algo sabe: como obtener goce
a partir de ella. En relación al fantasma fundamental, de ese
goce el sujeto no sabe.
Capítulo II

El Juego infantil: el juego como


modalidad discursiva del niño

El ¡Fort! ¡Da!

Desde el comienzo del psicoanálisis los psicoanalistas se


han interesado en el juego que hacen los niños.
Las referencias al juego, en particular al descrito por
Freud en “Más allá del principio de placer” conocido como el
juego del carretel o fort da, revelan la matriz constitutiva del
sujeto en el campo del lenguaje. Lacan ilustra en “La Carta
robada” dos referencias que aluden al juego del niño: “Ese
juego mediante el cual el niño se ejercita en hacer desapare-
cer de su vista, para volver a traerlo a ella, luego obliterarlo
de nuevo, un objeto, por lo demás indiferente en cuanto a su
naturaleza, a la vez que modula esa alternancia con sílabas
distintiva –ese juego, diremos–, manifiesta en sus rasgos radi-
cales la determinación que el animal humano recibe del orden
simbólico”6. Esta cita de Lacan señala lo originario de la expe-
riencia Freudiana, a saber: la repetición y la noción de pulsión
de muerte, matriz simbólica que constituye al sujeto, par pre-
sencia-ausencia como estructural, conceptualizado por Lacan
como “conjunción esencial”, como “punto cero del deseo”.

6 Lacan, Jacques, “La carta robada”, Escritos 1, Siglo XXI, Bs.


As., p. 40.
42 G abriela L ópez

Esta matriz simbólica la encontramos bajo la dependen-


cia del sujeto al lenguaje. Es en la relación entre la consti-
tución del sujeto y la cadena simbólica en donde Lacan va a
situar el deseo inconsciente y su persistencia indestructible.
Este sesgo es el que dará el marco a la segunda referencia al
juego del fort da en su valor de estructura. Es decir que Lacan
ubica en el juego del fort da a la simbolización primordial, va-
lor inaugural de la cadena significante, que permite ver los
efectos del mismo en la constitución del sujeto.
Es Freud, en su texto “Más allá del principio de placer,”
en donde abordará el estudio del funcionamiento del aparato
psíquico en una de sus actividades más tempranas: los juegos
infantiles. El jugar infantil como un modo de transformar goce
en placer.
Observa que su nieto, cuando la madre se ausenta va-
rias horas, no llora, ni manifiesta malestar alguno ante dicha
ausencia. Sino que el niño exhibe el hábito molesto de arrojar
lejos de sí, a un rincón del cuarto, o debajo de la cama, todos
los pequeños objetos que hallaba a su alcance, de manera tal
que no era fácil recoger luego esos objetos. Al hacerlo repetía
con una expresión “satisfecha” e “interesada,” un fuerte y pro-
longado “oooo”, que significaba (fort) “fuera”.
El niño, dirá Freud, no hacía otro uso de sus juguetes que
el de jugar y representar a través del juego a que se “iban”. En
una ocasión el niño juega con carretel de madera atado con un
piolín, y con gran destreza lo arroja tras la baranda de una
cunita; el carretel desaparecía ahí dentro, el niño pronunciaba
su significativo “oooo” y después, tirando del piolín nuevamen-
te, volvía a sacar el carretel de la cuna, saludando ahora su
aparición con un Da (“acá está”). Esto constituía el juego com-
pleto de desaparecer y volver.
Es decir que el juego completo es la “desaparición y reapa-
rición”, pero la mayoría de las veces realizaba la primera parte
del juego (desaparición) a pesar de que ocasionaba más placer
la reaparición del objeto.
E l J uego infantil : el juego como modalidad discursiva ... 43

Freud parte en el texto de la siguiente hipótesis: dirá que es


imposible que la partida de la madre le resulte agradable al niño
o aun indiferente. La interpretación que hará del juego es: que el
juego está en conexión a la renuncia a la satisfacción de la pul-
sión, al permitir que la madre se ausente sin oponer resistencia.
La ausencia de la madre no era agradable, ni indiferen-
te para el niño. El niño había convertido en juego el suceso
desagradable. En esta vivencia el niño representaba un papel
pasivo, era afectado por ella; ahora se ponía en un papel activo
repitiéndola como juego, a pesar de que fue displacentera y
Freud se lo atribuye a una pulsión de apoderamiento, que ac-
tuará con independencia de que el recuerdo en sí mismo fuera
o no placentero.
Los niños repiten en sus juegos todo aquello que en la
vida les ha causado una “intensa impresión”, y de este modo
tratan de darle salida a la energía de la misma, adueñándose
de la situación.
El juego infantil se encuentra bajo la influencia del deseo
dominante en esa edad: ser grandes, hacer lo que los mayores
hacen.
Existe también otra fuente de placer distinta de las ante-
riores: cuando el niño pasa de la pasividad del suceso (sufrirlo)
a la actividad del juego; hacer sufrir a cualquier compañero la
sensación desagradable que experimentó y así tomar venganza.
Por otra parte Lacan irá más allá de Freud, introduciendo
la pregunta sobre la relación del sujeto con el significante. En
tanto que Freud, con el relato del juego de su nieto, dice que
el niño realiza a través del mismo la más importante función
de la cultura: la separación de la madre. Además no sólo al
hacer desaparecer el carretel se pone en juego la satisfacción
al gozar con su aparición, sino que se constata lo que Freud
señaló en el texto, que el niño repite más veces el ¡Fort! que el
¡Da! Vale decir que el plano de la satisfacción está ligado a la
articulación del fonema, en que algo desaparece. Se trata en-
tonces de un sujeto del inconsciente, un sujeto más allá de las
44 G abriela L ópez

palabras. ¡Fort! representa a un sujeto para otro significante,


¡Da!, ambos valen como significantes en tanto presencia-au-
sencia y como oposición entre sí.
El juego es el representante de la representación: aún no
se ha producido la represión como reprimida en el inconscien-
te. El juego sostiene alguna representación posible del sujeto,
porque aún no se ha fijado al fantasma.
Es en “Televisión”7 en donde Lacan dice: “el impasse se-
xual secreta las ficciones que racionalizan el imposible del que
proviene. No las digo imaginadas, leo en ellas, como Freud, la
invitación a lo real que responde de ellas”.
Es decir que no se trata en el juego de un despliegue de
imaginación pura y simple, sino de una respuesta de lo real,
que encuentra su causa en lo imposible de la relación sexual.
Consideramos al juego del niño, entonces, como una res-
puesta de la estructura. A saber como una respuesta de lo real.
El fantasma es lo que permite soportar al sujeto lo enigmático
del Deseo del Otro.
Entonces se puede pensar que el juego estará en el lu-
gar del fantasma, porque el fantasma está más allá de los
significantes.
El ejemplo del ¡Fort! ¡Da! ilustra como el niño hace como
sujeto la prueba de su propia falta en ser. Después de este
¡Fort! ¡Da!, par presencia-ausencia, el sujeto adviene a un su-
jeto dividido por el lenguaje, dividido por el poder significante.

El niño entre la muerte y la segregación

Caso Clínico
Agustín relata, a través de sus juegos, detalles que se
pueden articular a la novela familiar. En tanto esta constituye

7 Lacan, Jacques, “Televisión”, Otros escritos, Buenos Aires,


Paidós, 2012. p. 446.
E l J uego infantil : el juego como modalidad discursiva ... 45

para los sujetos una condición general necesaria que permite


al niño la vida en sociedad, para la construcción del lazo.
El niño es traído a consulta en primer lugar por la mamá.
Refiere: “... extraño a mi abuelo materno, era mi combustible,
viví junto a él desde que nací”. La madre refiere que por línea
materna es descendiente de armenio: “Lo armenio es un tema
mío, yo lo desenterré del barco” dice la madre.
Actualmente la madre de Agustín trabaja en una insti-
tución escolar armenia. Refiere: “los armenios son selectos y
cerrados”.
Es ella quien elige esa escolaridad para el niño sin ob-
jeciones del padre. En algunos momentos la madre oficia de
maestra de Agustín.
Comienza a desplegarse en las entrevistas la dificultad
del niño para acatar las normas escolares y el malestar que
ocasiona para su madre, quien relata: “no canta en armenio,
cuando hay una ceremonia, molesta a sus compañeros. No lo
invitan a ninguna casa”.
Recuerda que a la muerte de su abuelo se enfermaba con
frecuencia.
Agregando: “La etapa del Jardín de infantes no fue buena
para él”.
El papá trabaja como instructor de Karate y es maestro
de Agustín. Sus dichos lo presentan como un padre con dificul-
tades para intervenir. Refiere que al vivir todos juntos, su sue-
gra está siempre en el medio de la pareja, marcando el paso.
“En esa casa yo siempre quedo excluido”. Y acerca un dato
muy interesante con respecto al lazo del niño con sus pares,
comenta que cuando Agustín está con un amigo, es la madre
quien se mete para cortar el entramado de amistad que va ha-
ciendo el niño con el otro. Interviene explicándole a la madre
que es importante que hable con otros. Y este dato parece que
no siempre es escuchado por esta.
46 G abriela L ópez

El niño en las entrevistas dice que en verdad molesta a


sus compañeros pero que luego lo invitan a fiestas, pero que es
la mamá la que no lo lleva al encuentro con sus pares. Va co-
menzando en los diferentes encuentros a jugar e inventar his-
torias como posible solución a la muerte de su abuelo materno.
En ocasiones siempre entra al consultorio con una birome en
la mano, según ambos padres, sólo la suelta para dormir.
Agustín dice que en vacaciones tuvo un accidente con la
birome en la playa: “Se me cayó de la mano, como tiene punta,
se clavó en la arena. Espero que la birome no raye el crucero,
se fue al océano y no sé bien a dónde va a parar. Creo que esta
birome murió en el mar, ahora tengo otra”. Intervengo y le
digo que ahora parece que él la reemplazó.
“Sí, esa birome era joven, quizá se hundió en el océano o
está en otro país. Si alguien la encuentra espero que la mande
a mi casa”.
El padre relata que cuando le da clases a Agustín y le
remarca errores, el niño llora.
— ¿Cómo usted profesor de su hijo? –le pregunto.
Esta intervención permitió que el padre hablara de su
propia historia infantil, refiere: “en mi infancia y adolescencia,
siempre estuve trabado por mi madre. Fui en mi casa el pibe
de los mandados. Nunca mis padres me defendían. Como mi
hermano era portador de HIV, siempre tuve que pelear un lu-
gar en mi familia”.
El padre agrega que al fallecimiento del abuelo de Agustín,
su esposa estuvo muy angustiada, y que por esa etapa el niño se
enfermaba mucho.
Y que el vivir con su suegra siempre fue un problema:
“Desde la primera semana la teníamos en el medio de la pare-
ja y es dominante con mi mujer”. “Ella marca el paso.”
En entrevistas con Agustín refiere: “Mi abuela lo vigila
todo, siempre te mira. Es muy molesta y el problema es mi
E l J uego infantil : el juego como modalidad discursiva ... 47

papá y la abuela”. “Quiero que mi abuelo viva, todo era dife-


rente con él”.
Intervengo, proponiéndole inventar algo para su abuelo.
Agustín se sirve de esta intervención y construye un
cuento, que titula: “El abuelo”.
El cuento describe que existe un código, que le permite co-
municarse y entrar a la casa de su abuelo, que está en otro país.
— ¿Entonces existía un código entre vos y tu abuelo? –le
pregunto–.
Refiere, que sí.
Comenta que en la escuela se siente incómodo, y que a veces
lo dejan de lado y preferiría estudiar en su casa. Comienza a traer
a las entrevistas la pregunta de qué sentido tiene ir al colegio.
Intervengo diciéndole que en el colegio no sólo se va a
estudiar, sino que también es un espacio para tener amigos y
que lo inviten.
Agustín dice: “Sí, pero no me invitan”. “En realidad, sí me
invitan, pero mi mamá, no puede llevarme”.
Le digo: — Una cosa es que no te inviten y otra las dificul-
tades que se le presentan a tu mamá para llevarte.
Que será él quien tendrá que hacer algo para poder con-
currir, pensar en que otros lo pueden llevar, que no sea siem-
pre su mamá.
Agustín refiere que como el papá no está en la casa a la
noche, por razones de trabajo, no se da cuenta de lo que a él le
sucede.
— Quizá en algún momento puedas hablar con tu papá
para que te acompañe –le digo–.
A partir de esta intervención empieza a pedirle al papá
que lo lleve a la casa de un amigo, y decide dejar las clases de
karate, para incluirse en un taller barrial de guitarra.
48 G abriela L ópez

Desarrollo del caso


Los significantes muerte y segregación, que comandan
la entrevista, nos hablan de un niño atravesado por esta pro-
blemática. Es un niño que viene en posición de responder al
fantasma materno. Es la madre quien nos habla al comienzo
de las entrevistas de su actividad como docente en una escuela
armenia, a la que define como muy selecta. Allí enseña cultura
armenia. En dupla con la profesora de armenio, la madre dice
sentirse segregada cuando aquella le informa que no podrá
corregir los exámenes, pues desconoce la lengua armenia.
Podemos ver que desde el inicio la versión que esta mujer
se arma en el fantasma es la de un niño solo y discriminado.
El niño de este modo realiza el fantasma materno. Ahora bien
¿cómo intervenir, para convocarlo a otro lugar? ¿Cómo operar
para posibilitar la puesta formal del síntoma en la cura con
un niño?
Por otra parte el niño se presenta buscando a un padre,
ahí donde dirige a la analista el malestar del padre con res-
pecto a su abuela materna; malestar que luego en una de las
entrevistas el padre, refiere: “Cuando lo reto, es ella quien des-
autoriza mi reto”.
Efectivamente el padre no puede intervenir, casi podría
considerarse que goza de no tener un lugar en la estructura
familiar, y por otra parte no logra la eficacia necesaria para
sustraer la mirada de la abuela sobre el niño y su mujer. Sin
embargo, este déficit que muestra el padre no significa que no
haya operado la Metáfora paterna.
Sabemos que la madre es buena a condición de que los
cuidados maternos no la disuadan de desear como mujer. Es
decir que pueda encontrar el significante de su deseo en un
hombre, que la divida entre madre y mujer. Y es lo que el caso
ilustra, la dificultad de una madre, que no ha podido salir de
la casa de sus padres y que necesita en el medio de la pareja
a su propia madre. Y un padre con dificultades para tomar la
E l J uego infantil : el juego como modalidad discursiva ... 49

palabra y que repite su propia novela fantasmática en la elec-


ción de su pareja y la construcción de su familia.
En relación al juego durante las entrevistas, Agustín
muestra la eficacia para simbolizar la muerte de su abuelo.
El juego de la birome y la construcción del cuento así lo reve-
lan. El contexto de estos juegos, e inventos, señala lo original
de la experiencia freudiana, la relación entre repetición y la
introducción de la noción de pulsión de muerte, que el juego
del niño permite clarificar, un modo de elaborar la ausencia y
hacer el duelo; parece que la madre ha tenido cierta dificultad,
según los relatos del padre, cuando nos refiere que a la muerte
de su suegro, la mamá de Agustín, estuvo muy angustiada, a
punto de no poder sostener el trabajo.
Diferentes momentos en la cura han permitido cierta so-
lución, cediendo el juego repetitivo de la birome, empezando a
separarse de la madre para poder incluirse en grupos de niños,
no sólo pertenecientes a la colectividad armenia sino en otros
grupos, siendo acompañado por el padre.
El padre ha tomado su relevo, a partir de la intervención
“¿Usted profesor de su hijo?”. Acepta que el niño quiera dejar
de tomar clases con él. La madre consiente con dificultad. No
obstante Agustín comienza un nuevo lazo social con compañe-
ros, irrealizando de este modo el fantasma materno del niño
discriminado y sin amigos.
Lacan hace alusión en La significación del falo8 a “Esos
verdaderos niños”, expresión que refiere al infantilismo de los
padres quienes pretenden enmascarar el misterio de su unión
o de su desunión frente a su hijo, a cuenta de lo que la amnesia
infantil dejó como saldo respecto del coito de los padres.
Esos verdaderos niños que son los padres, no hay otros
sino ellos en la familia –dice Lacan–, juegan su juego sin saber,

8 Lacan. J. “La significación del falo”, Escritos 2, Ed. Siglo


XXI, Buenos Aires, 1985.
50 G abriela L ópez

en la mayoría de los casos, que lo infantil está allí presidiendo


la partida.
Vemos entonces, como el padre hable desde su propia
neurosis infantil. La novela que se armó el padre es correlati-
va a su propio fantasma, ahí cuando dice: “Mi madre fue una
traba para mí”, “yo fui en casa el pibe de los mandados”. En
este punto la intervención analítica fue dirigida a que el padre
iniciara su propio análisis, ya que el padre luego de un tiempo
de entrevistas parece comenzar a formalizar un síntoma. El ha
sido un niño sin un lugar, con una madre que lo traba. Ahora
es un padre con dificultades para tomar el relevo. Cediendo en
un primer momento ese lugar al abuelo materno y a la muerte
de este reinado, el matriarcado, representado por su suegra y
esposa. Nuevamente se confronta con una madre que desauto-
riza su lugar como padre, impidiendo hacer de la madre de su
hijo una mujer causa de deseo.
Capítulo III

La fobia infantil y su uso

El objeto fóbico
Cuál es la importancia de la fobia infantil para el trabajo
clínico. Si nos remitimos al objeto fóbico, una posible respuesta
es que este trae a la castración al centro de la cuestión; pu-
diéndoselo pensar en relación a la angustia. Lacan dirá que
el objeto fóbico pone los límites al deseo, son los extremos del
deseo de los cuales hay que decir que el sujeto huye.
La fobia introduce en el mundo del niño una estructura,
sitúa en primer plano la función de un interior y un exterior.
Podemos decir que cristaliza el miedo a la madre devorante.
Es en el Seminario 4: La relación de objeto donde Lacan abor-
dará la temática de la fobia, dirá: “[...] el sujeto ve abrirse en
ella el abismo contra el cual se amurallará con una fobia [...]”9.
Es decir que la fobia es el miedo en lugar de la angustia;
es para paliar la carencia del padre real que el síntoma fóbico
sobreviene para sostener el niño frente al abismo que le oca-
siona la castración materna.
La fobia es una invención singular de un sujeto para arre-
glárselas con la angustia, con el sin límites, sustituyéndola
por el miedo al objeto fóbico. El objeto fóbico representa un

9 Lacan, Jacques, El Seminario, Libro 4: La relación de objeto,


Buenos Aires, Paidós, 1994.
52 G abriela L ópez

sustituto del Nombre del Padre. En “La dirección de la cura...”


Lacan lo define como significante para todo uso. Es a causa de
esa función significante que al final del Seminario 4, Lacan
pondrá en paralelo el objeto fetiche y el objeto fóbico. Esto sig-
nifica que la cuestión del objeto a no puede plantearse a la al-
tura de este seminario. Sin embargo este planteo está allí, en
definitiva no es seguro que todo quede bien claro a propósito
del objeto fóbico, que es muy representativo, es un caballo, en
el que se reconoce el objeto representativo de la fobia. No es se-
guro que todo lo que es angustia sea absorbido y transformado
en la fobia. Y estos son los pasajes interesantes del Seminario
4, en donde Lacan evoca esa mancha negra que Juanito conti-
núa viendo alrededor de la cabeza del caballo.
Pero hay algo más que se destaca tanto en el caso Juanito
como en los pasajes de este Seminario, a saber: la reelabora-
ción de un objeto que tiene el estatuto diferente al del objeto
representativo: “No sé si la fobia es tan representativa, por-
que es muy difícil saber de qué tiene miedo el niño. Juanito
lo articula de mil maneras (preservemos la palabra ‘articular’
dado que califica bien la articulación significante, la referencia
significante del objeto), pero siempre queda un residuo muy
singular”10. Ese residuo será lo que va a constituir el punto de
partida de lo que Lacan llamará más tarde el objeto a, a saber
el residuo de toda representación imaginaria y de toda articu-
lación significante.
Volviendo a la mancha negra de Juanito, la huella de
ese resto que lo inquieta muestra cómo, lo que Lacan llamó
metáfora de la angustia por el miedo, por la fobia, no es total,
queda un resto.
Esto lo acercará a Lacan al borde de encontrar el objeto de
la angustia que conceptualiza en el Seminario 10, como el obje-
to a, irrepresentable, residuo presente en toda representación.

10 Ibíd., pág. 246.


La fobia infantil y su uso 53

Ahora bien, sabemos desde Freud que el niño tiene rela-


ción con su madre por medio de un significante con el cual va a
identificarse: el falo. Es decir que para identificarse con el goce
perdido, que compartía con la madre, tendrá que identificarse
con la falta de la madre; el falo es un significante que dice esa
falta.
Por otra parte la castración materna no es únicamente
que la madre esté castrada, que carezca de pene. La castra-
ción materna, como consecuencia de la función de la metáfora
paterna, producirá más allá de los efectos en el niño, efectos
en la madre: la división entre la madre y la mujer. Salvando
por otra parte al niño de quedar totalmente capturado en el
fantasma materno.
Hay que considerar a la fobia en sus dos vertientes: 1) la
armadura significante que refuerza la función paterna. La fo-
bia exagera la función simbólica del padre frente a la flaqueza
del padre real; 2) sería la vertiente de objeto que encierra la
fobia, ya que si el objeto fóbico es un arma, lo es porque dentro
del objeto fóbico hay el objeto a puesto en función de causar la
repulsión.
La cuestión a deslindar en la clínica con niños será si el
niño entonces es metáfora o metonimia. No es lo mismo, si
para la madre, el niño es metáfora del amor al padre, que si
es la metonimia de su deseo de falo. Sabemos que la madre no
tiene ni tendrá.

“Tengo miedo de perder a mi mamá”. Una fobia infantil

Caso Clínico
En relación al caso que expondré, será la madre quien de-
manda una primera consulta, se presenta como alguien que
sabe, ella tiene el saber de la biología, es Doctora en biología.
En un comienzo se dirige a la analista para saber quién es y
cuánto sabe, de un modo casi intimidatorio. Me interpela pi-
diéndome un diagnóstico preciso y comenta que su hija estu-
vo en tratamientos anteriores pero que, junto con su esposo,
54 G abriela L ópez

decidieron retirarla, porque la terapeuta no les daba un diag-


nóstico en donde ellos supieran cómo manejarse con las fobias.
La madre refiere que su hija padece de fobias a los techos al-
tos abovedados y que siente mucho temor a que los techos la
aplasten.
En ocasiones frecuentes estos miedos se le presentan en
la escuela y particularmente cuando van a visitar algún espa-
cio abierto.
La familia de María está compuesta por su madre que es
doctora en biología, su padre abogado. Ella es hija adoptiva.
Cuando interrogo a la madre sobre cómo fue la adopción,
refiere: que a una conocida le iban a dejar una beba y que no
podía hacerse cargo. Es esta conocida quien le sugiere que an-
tes que la menor pase a Juzgado de menores pidan al juez la
tutela provisoria.
La madre habló con su esposo explicándole que ésa era
la oportunidad, que tenían que aprovecharla, que la beba les
caía del cielo.
La madre refiere: “La situación de la adopción se compli-
có, pero al año pasó a ser nuestra hija”.
La madre tiene la idea que las fobias que padece la niña
pueden estar asociadas a la desnutrición que padeció en sus
primeros tiempos de vida. Del padre refiere que es alguien
que la secunda en sus decisiones y que es muy reticente a la
psicología.
La actividad profesional del padre y sus continuos viajes
hacían imposible su presencia en las entrevistas.
La versión de la adopción que recibió la niña fue enuncia-
da principalmente por la madre, quien se encargó de explicar-
le que ella estuvo en la panza de otra señora y como no podían
asistirla ni darle de comer, se ofrecieron a ser sus padres.
Lacan señala en el Seminario 4 “... que lo que interviene
en la relación de amor, lo que se pide como signo de amor, es
La fobia infantil y su uso 55

siempre algo que sólo vale como signo y como ninguna otra
cosa [...] no hay mayor don posible, mayor signo de amor que
el don de lo que no se tiene”11.
Me parece interesante subrayar este sesgo porque la ma-
dre de la niña tenía medios hermanos que habían sido aban-
donados por su padre al divorciarse en Italia y emigrar a la
Argentina. De su padre decía: “No puedo decir que mi padre es
un abanderado, pero mi madre, la segunda esposa de mi papá,
siempre se encargó de enviarles dinero a mis hermanos. De
todos modos yo no los conozco”.
Desde esta perspectiva se puede leer cómo el amor en esta
mujer queda del lado de las coordenadas de la necesidad y la
demanda. Alejándose de todo circuito del deseo. Haciéndose
muy difícil situar en esta madre una pregunta por su deseo en
relación a esta hija adoptiva.
Por otra parte es la madre quien señala que a la edad de
cuarenta años, y estando con un bienestar económico y en una
casa nueva, quedó embarazada. Refiere que en el transcurso
de su embarazo tuvo un accidente callejero. Agrega: “El taxi
en el que viajaba chocó con un colectivo. Tuve la sensación de
que se me venía encima el colectivo y me aplastaba”. Por esta
época comienzan los miedos de la niña.
La niña en los primeros encuentros conmigo relataba el
temor que tenía a que su madre se fuera y que algo le sucediera.
Se interroga: “No sé muy bien por qué cuando salgo a un
parque, extraño a mi mamá. Me viene la sensación de que me
tengo que aferrar a ella con toda mi alma, y mi mamá me dice
‘anda con tu papá’. A mi papá no le gusta que llore y me regre-
sa con mi mamá. No sé bien por qué me pasa eso”.
También refiere alguna escena en donde, visitando el
Museo de ciencias naturales, comienza desesperadamente a

11 Lacan, Jacques, El Seminario, Libro 4: Las relaciones de ob-


jeto, Op. cit.
56 G abriela L ópez

llorar. Dice: “Me da mucho miedo pasar cerca de los animales


embalsamados, necesito aferrarme a una amiga”.
Le pregunto qué le contaron sus padres acerca de su
adopción.
La niña dice: “Yo sé que soy adoptada” y comienza a rela-
tar que su mamá biológica era viuda y quería una mejor vida
para ella.
María se interroga y me comenta: “Me gustaría enten-
der por qué soy adoptada. No me gusta eso. Yo no me puedo
imaginar qué quiere decir ser adoptada. Mis compañeros me
dicen: ‘No lo podemos creer’, por eso no me gusta ser adoptada.
Igualmente es lindo estar con mis padres”.
Introduce en las sesiones un cuento de la literatura in-
fantil japonesa, al que doy lugar en la transferencia. Se titula:
“Buscando una mamá para Choco”.
María cuenta que Choco buscaba una mamá en la Selva,
primero se dirigió a una jirafa y le preguntó si quería ser su
mamá y le respondió: “No, lo siento, yo no tengo alas como vos”.
De repente, se encontró con una osa que de entrada se
ofreció a ser su mamá y lo cuidó y besó. El pájaro dejó de estar
triste: “A pesar de que no eran parecidos, se ofreció a ser su
mamá”.
— Y vos ¿a quién te pareces? –pregunto–.
— No sé muy bien, soy adoptada. Creo que a mi mamá.

Desarrollo del caso


El caso da cuenta de cómo un niño es un sujeto a localizar
en la estructura de la pareja parental. En tanto María empezó
a desplegar su pregunta por sus orígenes, las fobias cedieron.
La niña comenzó a mostrar sus deseos, apartándose de
la relación con su madre. Es que algo a esta madre empezó a
molestarle, decidiendo sacarla de tratamiento, aduciendo que
la niña estaba muy rebelde y que ella no veía mejorías.
La fobia infantil y su uso 57

Al cabo de unos meses vuelven a manifestarse crisis de


fobia en la escuela y la madre me llama solicitando un diag-
nóstico a pedido del gabinete escolar.
A este pedido caprichoso de la madre respondo convocán-
dola a una nueva entrevista, en el intento de ver si es posible
implicar a estos padres en el síntoma de la niña.
Esto no fue posible, quedó en el intento.
Freud nos dice que entre las faltas de objetos esenciales
de la mujer está incluido el falo, y que esto está íntimamente
vinculado a su relación con el niño. Por una simple razón, si la
mujer encuentra en el niño una satisfacción, es precisamente
en la medida en que halla en él algo que calma, algo que sa-
tura, más o menos bien, su necesidad de falo. Si no tenemos
en cuenta esto dirá Lacan en el Seminario 4, desconocemos la
enseñanza de Freud, y los fenómenos que se manifiestan en la
experiencia clínica.
Del relato de la niña y la madre se desprende como ésta
no termina de ser adoptada por su madre, alojada en la novela
familiar, y un padre que la deja por momentos en el circuito
materno, a tal punto que no puede hacerse presente en los en-
cuentros con el analista para interpelarse acerca de lo que le
sucede a la niña en la escuela.
Una niña angustiada, que dirige al analista una pregun-
ta, sobre su origen: “No sé, que quiere decir ser adoptada” y
empieza a encontrar pequeñas soluciones en recursos litera-
rios. Particularmente el cuento revela que hay una madre que
más allá de las diferencias propone en primer lugar la dimen-
sión del amor y el deseo. Este sesgo del amor y el deseo parece
estar alejado de la madre de María quien pone en primer lugar
el ser madre por el sesgo de la necesidad y la insistencia tam-
bién de lo biológico a tal punto de insistir con el nacimiento de
una hija, y las coordenadas que privilegia esta mujer son las
de estar mejor económicamente, del deseo de ella como madre
y mujer se deja ver poco en las entrevistas.
58 G abriela L ópez

Podemos considerar que en este Seminario, Lacan se in-


terroga por la relación entre la simbolización y el objeto de la
fobia.
En este sentido la fobia es hasta tal punto una estruc-
turación que todo el análisis de la fobia apunta al hecho de
que finalmente el objeto fóbico es un sustituto del Nombre del
padre.
Vemos en los interrogantes que trae la niña, que el desen-
cadenamiento de su fobia: temor a ser aplastada por un techo,
pasar cerca de un animal en un espacio abierto es correlativo
al episodio callejero sufrido por la madre en donde ésta puede
faltarle. La fobia aparece como una manera de arreglarse con
la angustia, angustia que está en relación al vació, al sin límite.
El episodio callejero presentifica, en María, no solo que la
madre en su función simbólica, puede faltarle, sino también su
condición de hija adoptada, que parece no estar definitivamen-
te alojada en estos padres.
A la posibilidad de pensarse separada de la madre. La
niña responde desde la constitución de una fobia. El niño en
tanto sujeto encuentra el modo a través del objeto fóbico de
limitar el deseo. Por eso huye del encuentro con ese objeto.
Capítulo IV

La sexualidad femenina. Entre


la mujer y la madre

La familia y el Complejo de Edipo

La sexualidad femenina. Entre la mujer y la madre


Freud afirmó en la conferencia “La Feminidad”, que lo
femenino es de un orden enigmático.
Esta conceptualización permite pensar, que la bipolari-
dad biológica entre hombre y mujer no existe como categoría
válida para el psicoanálisis. No es desde lo femenino y lo mas-
culino desde donde debe abordarse lo sexual, sino a partir de
lo que diferencia a la perspectiva psicoanalítica de la biológica,
como consecuencia de la intervención en el viviente parlante
de la castración como efecto del encuentro con la lengua.
Este orden enigmático marca una sexualidad recortada
por la castración y no por el destino anatómico.
En el artículo de 1925 “Algunas consecuencias psíquicas
de la diferencia sexual anatómica” Freud señala que en un
comienzo para el niño y la niña el primer objeto de amor lo
constituye la madre.
Es en este artículo donde se introduce una primera inno-
vación freudiana: la disimetría del complejo de Edipo. El niño
abandonará el Complejo de Edipo por angustia de castración,
es decir por temor a que le corten el órgano. En cambio, la
60 G abriela L ópez

niña entrará en la denominada forma femenina del complejo


de Edipo al ser decepcionada por la madre. Este primer objeto
de amor –la madre–, a quien ella le suponía todo su amor, lo
deja por otro objeto de amor –el padre–. La niña entra en la
forma femenina del complejo de Edipo a partir del penisneid.
En esta vertiente ambos edipos son asimétricos.
Vale decir que el complejo de castración en la niña es inicia-
do por la visión del genital del otro sexo. Es la niña quien advier-
te la diferencia y se siente en condiciones de inferioridad. “Ella
quisiera tener una cosita así y sucumbe a la envidia del pene”.12
Es decir que la envidia del pene es ordenadora de la sexua-
lidad en la mujer. Esto permite situar la articulación entre el
complejo de castración y el ingreso a la dialéctica del complejo
de Edipo. En Freud se construye lo femenino a partir de una
posición masculina, para que exista una salida posible a lo fe-
menino. La castración en la mujer deberá ser interpretada y
aceptada de entrada –como realizada en el propio cuerpo–.
Asimismo la “condición de amor” está determinada para
la mujer en relación a la castración. Es en el texto “El Malestar
en la Cultura” donde Freud deja entrever una disyunción en-
tre el deseo y la pulsión. Se interroga en nombre de qué el su-
jeto renuncia a lo pulsional, y va encontrando algunas aproxi-
maciones en torno a la temática que juega el amor y cómo se
introduce el Superyó femenino. Va tomando forma el amor
como condición necesaria para renunciar al orden pulsional.
El saldo del pasaje por la castración en la mujer, desde la pers-
pectiva Freudiana, deberá dejar en la mujer la constitución de
un Otro externo con el que hacer las cosas bien para no perder
el amor. Desde esta perspectiva cobra un papel preponderante
la mentira femenina porque permite conservar el lazo con el
Otro, de ahí que en la mujer cobre mayor relevancia ser ama-
da que amar.

12 Freud, Sigmund (1925): “Algunas consecuencias psíquicas de


la diferencia sexual anatómica”, Obras Completas,T XIX, Amarrortu
Editores, Buenos Aires, 1975.
La sexualidad femenina . E ntre la mujer y la madre 61

Existe una primera etapa de la niña en la que se con-


duce como si fuera un varón, destacándose la función del clí-
toris como zona directiva para la actividad y presencia de la
masturbación.
Del encuentro con su propia castración y la castración
materna surgirá que la niña se aparte de la madre para diri-
girse al padre, buscando aquello que le falta y que supone que
el padre tiene, a saber: el falo.
En este pasaje de zona y objeto se puede ver cómo conflu-
ye nuevamente la necesidad en la mujer de la buscar el amor.
De acuerdo a cómo la mujer realice el recorrido por el ca-
mino del complejo de castración existen otras alternativas en la
búsqueda de ser amada descriptas en el texto “La Feminidad”:
“... una lleva a la inhibición sexual o la neurosis: la siguiente
a la alteración del carácter en el sentido de un complejo de
masculinidad y la tercera, en fin, a la feminidad normal...”13.
Observamos que esta primera orientación lleva al extraña-
miento respecto de la sexualidad. La mujercita aterrorizada por
la comparación con el varón, queda descontenta con su clítoris.
En la segunda orientación se pone en juego por un lado
la esperanza de tener alguna vez un pene y por otra parte la
fantasía de a pesar de todo ser un varón. La diferencia radica
entonces en que “la esperanza de tener el pene” remarcaría
una vez más el penisneid: “Quisiera tener algo así” y enfrenta-
do a esto como salida posible Freud señaló una elección de tipo
homosexual manifiesta para la mujer.
Vemos cómo se trata de posiciones subjetivas distintas
en relación al complejo de castración. La primera da lugar a
la ecuación simbólica pene-niño, constituyente de la tercera
orientación, a saber: la feminidad normal. La segunda en cam-
bio pareciera impedir dicha ecuación.

13 Freud, Sigmund, (1932): “La feminidad”, en Obras Completas,


T XXII. Amorrortu Editores.Buenos Aires, 1976
62 G abriela L ópez

Se puede extraer entonces de estas tres orientaciones


propuestas: retiro de la sexualidad, complejo de masculinidad,
y feminidad “normal”.
Volviendo al texto citado anteriormente, “La femineidad”14,
se puede inferir que ya estaban en Freud los antecedentes de la
feminidad y masculinidad en torno a una sexualidad ordenada
por el falo.
Si bien Freud en este artículo no hace mención a la mas-
carada algo allí adelanta, cuando nos habla de un elevado
montante de narcisismo en la mujer para saldar el defecto de
no tener. Es decir que la mujer deberá constituir su cuerpo
como falo y lo ofrecerá como un don al hombre, ocupando así el
lugar de causa de deseo en el fantasma de un hombre.
En tal sentido es por su carencia que la mujer se dirigirá
a un hombre en principio para castrarlo, en esta línea el amor
femenino tiende a castrar al hombre que ama. En un segundo
lugar es posible que la mujer se apropie de otras cosas como,
por ejemplo, la adquisición del niño como don del hombre.
Entonces lo femenino en Freud sigue el sesgo de lo viril. Es
decir que la salida a lo femenino está del lado de la salida por
la vía del falo: la maternidad.
En cambio en Lacan la salida hacia lo femenino estará
orientada de acuerdo a las coordenadas de la mascarada.
El enigma del amor está determinado por la sensibilidad
de la posición femenina en su relación directa con el “no-hay”
el significante que represente a la mujer.
Lacan señala en La Subversión del sujeto y dialéctica del
deseo en el inconsciente freudiano: “Tal es la mujer detrás de
su velo: es la ausencia de pene la que la hace falo, objeto del de-
seo. Evocad esa ausencia de una manera más precisa hacién-
dole llevar un lindo postizo bajo un disfraz de baile, y me diréis

14 Freud, S: Conferencia XXXIII, “La Feminidad”, en Obras


Completas, Vol. II, Madrid, Biblioteca Nueva, 1948.
La sexualidad femenina . E ntre la mujer y la madre 63

qué tal, o más bien me lo dirá ella: el efecto está garantizado


100% queremos decir ante hombres sin ambages”15.
Este postizo será el que posibilite que se eclipse algo del
orden del fantasma masculino.
Frente a esta máscara de la mujer lacaniana: ¿dónde se
ubica el hombre? ¿Se trata entonces sólo del hombre sin am-
bages? No sólo de aquel que no le teme a la castración sino que
además acepta sin temor que la mujer no tiene, erigiéndose
ella misma como postizo.
Esta mascarada posibilitará que el hombre ubique el ob-
jeto “a” en la mujer para satisfacerse, utilizándola, es decir,
que se servirá de su fantasma para atrapar a la mujer.

La familia
La familia se define como entramado de significantes,
identificaciones, ideales, emblemas y modos de goces, de satis-
facciones pulsionales, que van introduciendo el problema del
malentendido entre los goces particulares.
Lacan en 1953 hizo el equivalente de la “novela familiar”
de Freud con un “mito individual”; el mito individual del neu-
rótico es un nuevo episodio en la historia de las dos formas del
relato que interesan al psicoanálisis.
En la “Proposición del 9 de Octubre de 1967”, Lacan nos
anticipó, con la segregación y el avance de los mercados, la
desintegración de la familia tradicional, en la que el Edipo,
el padre y el Ideal, caerán. Así como nos anunció el ascenso
de la tecno-ciencia, es decir el avance del omnividente tecno-
mercado en los modos de gozar.
Es alrededor de estas nuevas modalidades de goce que se
constituyen agrupamientos colectivos, que funcionan al modo

15 Lacan, Jacques: “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo


en el inconsciente freudiano”, Escritos I, Ed. Siglo XXI. Buenos Aires
1978.
64 G abriela L ópez

de una familia, como nuevos modos de la configuración fami-


liar. Estas nuevas modalidades no se agrupan tanto por un se-
creto de goce, ni de una prohibición o regulación del goce, sino
que lo hacen alrededor de modos comunes o afines de gozar.
¿Por qué no pensar que cada familia se agrupa alrededor de
un goce que le es singular?
Para el antropólogo Lévi-Strauss la familia es un grupo
social basado en el matrimonio, pero al que se incorporan hijos
y otros integrantes. Estos lazos familiares se apoyan en los
lazos legales del derecho y en las prohibiciones sexuales.
J. A. Miller cuestiona esta definición. Es en “Cosas de fa-
milia en el inconsciente” en donde va a ubicar a la familia en
el malentendido, y no en el matrimonio, es decir, que la ubica
en la decepción, en los goces. La familia de este modo queda
constituida por el Nombre del Padre, el Deseo de la madre
y por los objetos pequeños a que son los hijos. No hablamos
desde nuestra orientación de individuos, padre, madre, etc.,
sino de una función que se encarna para ocupar esos lugares.
No se trata entonces de la familia unida por lazos de sangre o
derechos, sino de la familia unida por un secreto sobre el goce
que hace familia en el inconsciente.
Por otra parte Lacan en su texto “La familia” la define
como la organización que tiene por función la transmisión de
la cultura a partir de la educación, la represión de los instintos
y la adquisición de la lengua materna. Esta implica la consti-
tución de un sujeto, en un deseo que no le sea anónimo, con
la función paterna, posibilitando la nominación. Así, lo que
transmite la familia no es sólo un goce no sabido, es el malen-
tendido del goce, sobre las diversas dificultades que atraviesa
la familia, “el infierno familiar”, “el infierno edípico”, histori-
zandolo en el presente como “exploración del malentendido”;
para posibilitar la elaboración de un saber sobre ese imposible
de reducir en el inconsciente. En la transmisión se pone en
juego algo que va más allá de lo simbólico y toca lo real.
La orientación hacia lo real de la familia permite ubi-
car las coordenadas frente al malentendido de los sexos, y al
La sexualidad femenina . E ntre la mujer y la madre 65

síntoma como suplencia de la no relación sexual, haciendo más


soportable el agujero de lo real.

Complejo de Edipo
La función del padre tiene un lugar radical en la historia
del análisis. Se ubica en el corazón de la temática del Edipo.
Freud la introduce de entrada en La Interpretación de los sue-
ños. Lo que revela el inconsciente es ante todo el Complejo
de Edipo. Lo interesante de esta revelación será entonces la
amnesia infantil, que afecta los deseos infantiles por la madre.
Estos deseos están reprimidos. No sólo han sido reprimidos,
dirá Lacan, sino que también estos deseos son primordiales y
están presentes.
El Complejo de Edipo tiene una función de normaliza-
ción, instaura la diferencia entre los sexos. La neurosis es un
accidente del Edipo, pero qué sucede con aquello que queda
por fuera del campo del Edipo. Lacan dirá que en torno a esta
cuestión se ubica la perversión y la psicosis, como consecuen-
cia de no haber operado la metáfora paterna. Al no atrave-
sar el Complejo de Edipo, el inconsciente se encuentra a cielo
abierto, en la psicosis.
Ahora bien, el complejo de Edipo tiene una función nor-
mativa no sólo en la moral del sujeto, en la realidad, también
en la asunción del sexo (masculino-castrado; femenino-virili-
dad). La virilidad y la femenización son dos términos que tra-
ducen la función del Edipo. Aquí vamos a articular al Edipo
vinculado a la función del Ideal del Yo.
A partir de esta introducción, cómo ubicar un síntoma en
un niño. Es en “Dos notas sobre el niño” donde Lacan concep-
tualiza que todo síntoma en un niño responde a lo que hay de
sintomático en la estructura familiar, ubicando el deseo de la
madre como una incógnita. Y es a partir de aquí que se des-
pliegan los tres tiempos del Complejo de Edipo, que intentan
dar respuesta a esta incógnita del niño.
66 G abriela L ópez

- Primer tiempo: es un momento mítico. El niño ocupa


el lugar de objeto fálico de la madre, etapa fálica pri-
mitiva, que se caracteriza por la necesidad del niño de
querer agradar a la madre siendo el falo, estando com-
pletamente adherido al capricho de ella. El niño supo-
ne que la madre desea el falo y es debido a esto que se
identifica a ese lugar. Cuando el niño ocupa este lugar
cierra en la madre la posibilidad de interrogarse respec-
to de su deseo. Es la etapa fálica denominada primitiva:
“Para gustarle a la madre, basta con ser el falo”16.
- Segundo tiempo: aparece el padre que perturba esta
completud. El padre se incorporará a la tríada madre-
niño-falo. Es el tiempo que se caracteriza por el padre
que aparece como una función de privación respecto a la
madre. El padre entra en juego como portador de la ley
de la interdicción del incesto, prohibiendo a la madre
como objeto. Lacan dirá que conmovido el niño del lugar
del falo pasará a identificarse con el que tiene el falo y
no como aquel que lo es. Hay una doble prohibición en
la madre y en el niño: “Tú no reintegrarás el producto”
es la prohibición en la madre, es una operación de cas-
tración materna, acentuando de este modo la falta en
la madre, convocándola en su lugar de deseante. “No
te acostarás con tu madre”, apunta a sacar al niño del
lugar de falo para tenerlo. Este segundo tiempo, si tuvo
lugar, posibilitará el tercer tiempo del Edipo.
- Tercer tiempo: el padre interviene como el que lo tie-
ne y no el que es. El niño se adhiere a la ley del padre,
tomándolo como donador del falo. El niño entiende que
el deseo de la madre gira en torno al falo y que solamen-
te el padre es quien puede dárselo porque lo tiene. Es
el padre donador, el que da los títulos. A partir de esta
identificación con el padre se constituirá el Ideal del Yo.
En este momento el niño entra en el período de latencia,

16 Lacan, Jacques, El Seminario, Libro 5: Las formaciones del


inconsciente, Buenos Aires, Paidós, 1999, pág. 198.
La sexualidad femenina . E ntre la mujer y la madre 67

portando, como lo dice Lacan en el Seminario 4 “... los tí-


tulos en reserva para poder utilizarlos en el futuro...”17,
dejando el niño de ser el falo para pasar a tenerlo.
El complejo de castración tiene una función de nudo,
en lo que respecta a la constitución de los síntomas, a saber:
Neurosis, psicosis y perversión, y por otra parte, en lo que ata-
ñe a regular o dar medida a la instalación en el sujeto de una
posición inconsciente.
¿Qué lugar otorgarle a la significación del falo?
En la época del 58, la enseñanza de Lacan es producida
por los efectos de la metáfora y metonimia. En este contexto
la significación surge como producto de la metáfora y la meto-
nimia, la significación que remite siempre a otra significación;
es decir que la significación del falo supondrá la producción
de la significación fálica por acción de la metáfora paterna.
El falo constituye de este modo un regulador que da medida
al deseo, es decir que será el significante que permite enlazar
sexualidad y lenguaje. El falo permite que el sujeto se instale
en una determinada posición como sujeto dividido y a partir de
ahí con el tipo ideal de su sexo. Lacan dirá en su artículo “La
significación del falo”, que el falo brinda la ratio18 –común me-
dida– imprescindible para que el sujeto estructure su síntoma.
La viñeta clínica a continuación intentará dilucidar la
eficacia del Complejo de Edipo en una familia no tradicional.
Es el caso de María, una niña que está en segundo grado.
La madre consulta porque la niña se porta mal, con ella y con
la familia del padre; agrega que en el colegio no hace la tarea,
no copia, no presta atención.
Los padres de María se separaron hace 5 años, y la hi-
pótesis de su madre acerca de su comportamiento es que su

17 Lacan, Jacques, El Seminario, Libro 4: La relación de objeto,


Buenos Aires, Paidós, 1994.
18 Lacan, Jacques: “La significación del falo”, Escritos 2.
México, ed, Siglo XXI, 1975.
68 G abriela L ópez

padre está internado por adicciones hace unos meses. La niña


lo ve al padre los fines de semana, cuando se permiten las visi-
tas familiares en la institución. La mamá no parece implicarse
en lo que acontece a la niña.
Durante la entrevista María dice no saber bien porqué la
traen. Por un lado afirma “si no voy a la escuela no voy a saber
nada [...] aprendí mucho, me costó mucho”. En otro momento
de la entrevista comenta “mi papá está en un lugar donde lo
cuidan, está ahí porque se peleó con mi mamá. Primero estaba
en un lugar que regaba las plantas, y ahora está en un lugar
donde hay chicos que se portan mal”. La analista la interroga:
“¿Tu papá cómo se porta?”. María responde: Él se porta bien
y cada día mejorando”; “yo voy los fines de semana, no puedo
los otros días”.
La primera impresión de la analista es la diferencia entre
el discurso de la madre acerca de ese padre, y el modo en que lo
percibe la hija. Por un lado la madre parece enojada por la si-
tuación de internación del papá de la niña, y por otro lado una
niña que resguarda una imagen positiva de su padre. El caso
ilustra un síntoma que revela la verdad de la pareja parental.
J. A. Miller en su texto “El niño, entre la mujer y la ma-
dre”, parafraseando a Lacan con respecto al lugar que ocupa
el niño, dirá que “[...] ...el síntoma del niño es más complejo
si se debe a la pareja, si traduce la articulación sintomática
de dicha pareja. Pero también, por el mismo motivo, es más
sensible a la dialéctica que puede introducir la intervención
del analista”19. En otras palabras, existe la posibilidad que el
niño en transferencia logre un efecto de separación de la ver-
dad que hoy representa; se trata de separar al niño del goce de
la madre, de acompañarlo en la construcción de un fantasma,
que le permita poner un alto al goce materno.

19 Miller, J. A. (2005). “El niño entre la mujer y la madre”, en


Virtualia Revista digital de la Escuela de la Orientación Lacaniana.
Año IV - Número 13 - Junio - Julio 2005.
Capítulo V

El psicoanálisis aplicado, síntoma


y efectos terapéuticos

Diferencias con la psicoterapia


El síntoma se construye en el dispositivo analítico. En el
trabajo con niños se apuntará al pasaje del infans como sínto-
ma traído por los padres a la construcción del síntoma del niño
en primer término. Apuntaremos a la respuesta del sujeto in-
fans, a título de invención y creación como posible solución a
su padecimiento.
Sabemos que el síntoma conjuga una cara de goce y otra
de sentido. Es gracias al significante de la transferencia que el
síntoma se desplaza al analista en su estatuto de Sujeto supues-
to Saber, comenzando a cobrar un nuevo sentido aquello que
era sufrimiento. De este modo el síntoma ira aliviando al niño
de sus padecer, produciendo un alivio subjetivo en él y en su
entorno familiar. Es decir, un beneficio o efecto terapéutico a su
padecer. En este sentido el psicoanálisis se considera aplicado a
la terapéutica sin por eso alinearse a las diversas psicoterapias.
En “Psicoanálisis aplicado a la terapéutica y la
psicoterapia”20 J. -A. Miller, en relación al psicoanálisis y psi-
coterapia, señala cierta vecindad. Lo que se puede ubicar como
común denominador entre ambas es que tanto la psicoterapia

20 Miller, J. -A: “Psicoterapia y Psicoanálisis”, en Revista


Freudiana Nº 10, año 1994, publicación de la EEP.
70 G abriela L ópez

como el psicoanálisis admiten la existencia de una realidad psí-


quica. Freud utiliza el término Realitat.
Desde ese momento la pregunta se transforma en la de
saber cómo intervenir sobre esa realidad psíquica. Señala J. -A.
Miller en el artículo mencionado que “[...] es un hecho que cierto
número de intervenciones sobre la realidad psíquica pasan por
el cuerpo y entran en el campo contemporáneo de las psicotera-
pias.” Aquí podemos ubicar las sabidurías orientales, discipli-
nas del cuerpo, y el gran amplio abanico de psicoterapias desde
la gimnasia oriental hasta las psicoterapias breves focalizadas.
Se sabe desde siempre que hablar hace bien, y que si lo
extremamos un poco hablar en algunos casos cura. Ahora bien;
la relación entre la enfermedad y la palabra no es un descubri-
miento de Freud; antes de incluirse en el discurso científico,
la medicina sabía muy bien que ella operaba con palabras. La
religión, en sus diferentes credos o sectas conoce muy bien el
poder de la palabra, los efectos sugestivos y sus consecuencias.
Es decir que todo significante del Otro, toda palabra del
Otro, en tanto que se le reconoció a ese otro la posición de Gran
Otro, tiene efecto de identificación. Esta es la base común a
la psicoterapia y el psicoanálisis. Ahora bien. ¿Cuáles son las
diferencias?
El psicoterapeuta se ubica en el lugar del Otro como Amo
promoviendo la identificación a su imagen como modelo.
La operación analítica debe apuntar a deconsistir al Otro,
evitando identificaciones. El analista, ocupa el lugar del Gran
Otro; de ese Otro al que el sujeto apela en su padecer, negán-
dose a ser el amo. El deseo del analista, como partanaire del
síntoma analítico, es un rechazo a utilizar su omnipotencia
supuesta, es un deseo más fuerte que el de ser el Amo, es un
deseo que debe causar el trabajo analítico del niño que va cons-
truyendo mitos a lo largo de la cura que son modos de tratar
lo real por lo simbólico. Es desde esta perspectiva que el deseo
del analista se opone al modelo de la sugestión e identificación
E l psicoanálisis aplicado , síntoma y efectos ... 71

al amo, tomando como regla princeps la abstinencia o neutra-


lidad analítica.
El deseo del analista en esta abstención implica no res-
ponder en primer término a la demanda, sin por eso dejar de
alojarla, apuntando a causar el trabajo analítico en el niño,
quien, a lo largo de las entrevistas irá inventando posibles so-
luciones para tratar lo real por lo simbólico, logrando en pri-
mer lugar un alivio subjetivo.
Por otro lado el papel de la psicoterapia alineada a la ver-
dad única simpatiza con la verdad del consumidor propia del
mercado. Es decir que el sujeto cuando se confronta con estos
discursos reclama una identificación, que le será dada por el
psicoterapeuta. Podría decirse que la psicoterapia privilegia la
identificación al precio de cristalizar el fantasma. El discurso
analítico en cambio se sitúa, por el contrario, en el reverso del
discurso del amo.
El carácter radical de la psicoterapia es el sentido, mien-
tras que el dispositivo analítico toma el camino del sentido
como efecto del deslizamiento significante-significado, para
después separar el significante del sentido y aislar los S1 atra-
pados sin ningún sentido en el síntoma. La operación analítica
apunta entonces al fuera del sentido, el S2, engorda el sín-
toma, Lacan decía: “[...] es un pececito voraz que se alimenta
de sentido [...]” 21. Y es en este punto que se diferencia de la
psicoterapia., en su orientación a lo real.
Una particularidad del psicoanálisis frente al discurso de
las psicoterapias es que toma en cuenta la enunciación del su-
jeto como regla primera, que ha entrado a la experiencia ana-
lítica, porque es de algún modo su condición. Ahora bien, se
necesita astucia para no quedar del lado del placer. En primer
término podemos afirmar que el principio del placer es el prin-
cipio de no hacer nada y de haber tenido éxito en esa posición.

21 Lacan, Jacques, “La tercera”, en Intervenciones y Textos 2.


París, Francia, 1988 castellano. Ediciones Manantial.
72 G abriela L ópez

Cuando alguien consulta ya desde la primera entrevista sea


en el marco institucional o privado la regla fundamental con-
siste en subrayarle que el dispositivo del análisis no trata de
otra cosa que sudar un poquito para hacer algo juntos. Lacan
refiere: “[...] la cosa no va a andar si de algún modo no se llega
hasta lo que displace, no al analista, sino que displace profun-
damente a cualquera: hacer un esfuerzo”.22
Es muy difícil no advertir que al mismo tiempo, como sue-
le decirse, el analista encuentra un aliado en el superyó; difícil
de combatir en tanto imperativo de goce.
Entonces. ¿Cómo recortar el síntoma, desde que sesgo
leerlo? Ahora bien, el síntoma es lo particular, es lo que hace
a cada sujeto diferente de los otros, en tanto seres hablantes,
con lo real. En el Universal podemos ubicar las clases que nos
permitirán trazar si es necesario el diagnóstico por estructura
y en el particular situaremos el núcleo de goce que diferencia
por ejemplo a cada sujeto neurótico obsesivo, o histérico.
El síntoma entonces está en el corazón de la regla, es
aquello que el sujeto está menos dispuesto a hablar. Es decir
de su particularidad de goce. El síntoma es una solución a un
problema, un modo de arreglarse con un problema, de ahí que
un analista será cauteloso en sus aspiraciones. Al revés que
otro tipo de psicoterapias el analista no sabe, es decir no pre-
juzga lo que le falta a alguien en tanto que es distinto de otro.
El analista no puede prometer la felicidad, ni la armonía, ni
el despliegue de la personalidad en la medida en que va más
allá del principio del placer. Puede prometer, llegado el caso,
aclarar el deseo del sujeto, ayudando a descifrar.
El efecto terapéutico del análisis apunta a liberar al suje-
to de la pulsión de muerte y en la medida que ese sujeto pueda
soportarlo encausarlo por la vía del deseo, que es lo contrario a
toda homeostasis o bienestar que proponen las psicoterapias.

22 Lacan, Jacques, “El Placer y la Regla fundamental”.


Intervención realizada en París. Junio de 1975.
E l psicoanálisis aplicado , síntoma y efectos ... 73

Es decir que los o efectos terapéuticos de un análisis no se


fundan en razones basadas sobre la Psicología del yo; vale de-
cir no se fundamentan en el eje imaginario de criterios adap-
tativos, conformistas, objetivantes, como decía Lacan, en una
mítica happiness; no se fundan en la sugestión, en los ideales,
ni en el sentido.
En su artículo “Los Caminos de la Terapia Analítica” de
1918 Freud señala: “[...] se crearán entonces instituciones mé-
dicas en las que habrá analistas [...] El tratamiento sería natu-
ralmente, gratis, Se nos planteará la labor de adaptar nuestra
técnica a las nuevas condiciones. Asimismo, en la aplicación
popular de nuestros métodos habremos de mezclar el oro puro
del análisis al cobre de la sugestión directa, y también el influjo
hipnótico pudiera volver a encontrar aquí un lugar. [...] Pero
cualesquiera que sean la estructura y composición de estas psi-
coterapias para el pueblo, sus elementos más importantes y efi-
caces continuarán siendo, desde luego, los tomados del psicoa-
nálisis propiamente dicho, riguroso y libre de toda tendencia”.23
¿Qué uso hace entonces el psicoanalista de los poderes de
la palabra? En primer lugar se puede afirmar que se hace un
uso de la palabra en la transferencia que no esté al servicio de
la sugestión. Se tratará entonces de aliviar al niño o adulto de
la marca de los ideales, apuntando a la desidentificación que
tanto peso le acarrea al sujeto neurótico. De ahí que el psicoa-
nálisis es una terapéutica que no es como las demás.
En el “El ruiseñor de Lacan”24 J. -A. Miller nos conduce
a lo que él llamo el arte del diagnóstico: el arte de juzgar un
caso sin regla, ni clase preestablecida que es lo opuesto de un
diagnóstico automático. Señala que: “El ser hablante nunca
puede subsumirse a sí mismo como un caso bajo la regla de la
especie humana, como lo hacen las psicoterapias en sus diver-

23 Freud, Sigmund, “Los caminos de la Terapia Analítica”,


Obras Completas, Vol. II, Madrid, Biblioteca Nueva, 1948.
24 Miller, J. -A. “El ruiseñor de Lacan” en AAVV: Del Edipo a
la sexuación. Buenos Aires: ICBA. Paidós, 2001.
74 G abriela L ópez

sas orientaciones. El sujeto se constituye como excepción a la


regla, y en todo caso la invención de la regla que le hace falta,
la hará bajo la forma del síntoma. De este modo el síntoma
será la regla propia de cada sujeto”.
Capítulo VI

Neurosis y Psicosis. Usos del


diagnóstico en la clínica con niños

Caso Clínico
La neurosis tiene una diacronía, es decir, un desarrollo a
lo largo de la vida de un sujeto y a su vez tiene un comienzo en
dos tiempos diferentes a lo que se nos presenta en la clínica de
la psicosis.
En el caso Juanito es interesante interrogarse si estamos
asistiendo al despliegue de una neurosis de la infancia o si se
trata de la neurosis infantil. Freud señala que Juanito padece
de una neurosis actual que se despliega en la actualidad de la
transferencia. Juanito tiene acotados todos los recuerdos como
todo niño, aunque se ven claramente las construcciones que
va haciendo sobre los agujeros de la memoria de los tres años,
sin embargo, posee por otro lado esta modalidad del concepto
de neurosis actual que el mismo Freud señalaba en relación
con el agieren, no ya en el clásico concepto de derivación del
afecto reprimido que aparece en la inervación somática. Freud
finaliza el análisis del caso Juanito, argumentando que las
histerias de angustia son más frecuentes en las psiconeurosis,
en las primeras etapas de la vida, y que son calificadas por los
padres como manifestaciones de un niño nervioso, y se plantea
el interrogante por la contracción de la neurosis.
76 G abriela L ópez

En 1920 dirá que la etiología de la neurosis, es en relación


con las series complementarias. Parecería inclinarse por decir
que Juanito padece una neurosis de la infancia.
Ahora bien. ¿Qué entendemos por neurosis infantil? Freud
en su texto, “¿Pueden los legos ejercer el análisis?”, consideró
que la neurosis infantil no es la excepción sino la regla. Propone,
como lo dice Michel Silvestre en su artículo “La neurosis infan-
til”, que los niños tienen una sexualidad más bien robusta. Están
sujetos en un primer momento a la seducción. La seducción no
es, por supuesto, el acontecimiento real vivido, sino el efecto re-
torno de esa seducción activa de un niño en manos de un adulto.
En este momento Freud conceptualiza el fondo de la sexua-
lidad, con el nombre de autoerotismo. El fantasma con su corre-
lato, y la fantasía producto de la seducción, dejan al niño solo,
a expensas de su cuerpo: es la etapa en que el niño se basta a sí
mismo para disfrutar libremente de sus zonas erógenas.
Nuestro quehacer como analista nos convocará entonces
a explorar si existen las marcas de la neurosis infantil o no.
Para que la Neurosis infantil se ponga en juego en el disposi-
tivo de un análisis será necesario dar lugar a que la misma se
despliegue bajo las coordenadas de la transferencia.
Por otra parte la ausencia de la Neurosis Infantil será indi-
cador de psicosis. Es decir que la importancia de la función del
Nombre del padre en los tiempos de la constitución subjetiva de
un niño darán cuenta en qué lugar nodal queda ubicado el niño
en la estructura familiar como consecuencia de dicha función.
Si nos remitimos nuevamente al Historial Freudiano “Del
Hombre de los Lobos”, Freud por esa época ya discrepaba con
los planteos de Jung y Adler, quienes argumentaban una teo-
ría de la Neurosis basada en el yo, desconociendo de este modo
la dimensión de la represión, sexualidad y el inconsciente.
Los planteos Jungnianos sostenían que no había que
permitir que la teoría de la sexualidad irrumpiera y se colo-
cara en un lugar dominante. Concebían a la neurosis desde
N eurosis y P sicosis . U sos del diagnóstico en la ... 77

la conflictiva adulta del sujeto por una tendencia regresiva a


expresar sus intereses presentes.
En cambio Freud se diferenció dándole un lugar preponde-
rante a la sexualidad infantil., ubicando a la sexualidad infantil
en articulación con el Complejo de Edipo. Este Complejo como
lo enuncié en capítulos anteriores no es fechable en términos
cronológicos. Sus efectos serán constitutivos en el Sujeto, en la
posición inconsciente que lo determina y en su discurso infantil.
Es por eso que en la orientación psicoanalítica no partimos
de patrones o standar a la hora de establecer un diagnóstico, ese
es un rasgo propio de nuestro quehacer analítico. Eso no signifi-
ca que descartemos los principios lógicos del discurso psicoana-
líticos, esos principios se transmiten no por patrones sino a tra-
vés de la propia experiencia del análisis y de los controles. Por
eso es importante que el analista no trabaje sólo, que observe la
práctica de otros y que haga lazo exponiendo sus producciones.
Lacan en el Seminario 22: R.S.I. afirma que: “Es indis-
pensable que el analista sea al menos dos, el analista para
tener efectos y el analista que a esos efectos, los teoriza”.25
A la hora de establecer un diagnóstico específicamente en
la clínica con niños, cobra un valor muy importante las entre-
vistas preliminares con los padres o el adulto a cargo de ese
niño, para poder precisar cuál es el lugar que ocupa el niño en
la trama familiar.
En la práctica lacaniana las entrevistas preliminares cons-
tituyen un principio orientador y son consecuencia directa de
cómo damos la bienvenida a una estructura. Como no hay prác-
tica standard, tampoco hay un tiempo cronológico, pueden du-
rar días, meses o años. Lo interesante es poder ubicar en ellas
los detalles clínicos que darán la estructura y nos guiaran en la
dirección de esa cura, tomando la singularidad de ese caso.

25 Lacan, J: El Seminario, Libro 23, El Sinthome, Buenos Aires,


Paidós,2006.
78 G abriela L ópez

Lacan afirma en las “Dos notas a un niño”, que: “la función


de residuo que sostiene (y a un tiempo mantiene) la familia con-
yugal en la evolución de las sociedades, resalta lo irreductible de
una transmisión –perteneciente a un orden distinto al de la vida
adecuada a la satisfacción de las necesidades– que es la de una
constitución subjetiva, que implica la relación con un deseo que
no sea anónimo. Las funciones del padre y de la madre se juzgan
según una tal necesidad. La de la Madre: en tanto sus cuidados
están signados por un interés particularizado, así sea por la vía
de sus propias carencias. La del padre, en tanto que su nombre
es el vector de una encarnación de la Ley en el deseo”.26
Esta cita de Lacan permite esclarecer cuestiones de ín-
dole diagnósticas es decir: ¿Qué sucede cuando un niño no
es marcado por los cuidados maternos?; o bien el padre no lo
nombro en su deseo, quedando de este modo el niño en el ano-
nimato. ¿Cuáles son sus consecuencias clínicas?
Para ello voy a hacer referencia al trabajo de Enric
Berenguer, “En usos del amor psicótico y su tratamiento en la
cura: caso Amador”.27
Este caso va ilustrando con mucha claridad como el padre
de Amador no encarnó la ley en el deseo de la madre. Es decir
que frente al nacimiento de un nuevo hijo, el padre no sólo se
iba son su propia madre a dormir a la casa de ésta, sino que
dejaba a sus hijos durmiendo en la cama con su mujer.
Tomando este sesgo podría pensarse que el discurso que
trae Amador en los primeros encuentros con el analista, mues-
tran la concepción que nos señaló Lacan en “Dos notas...” el
síntoma del niño está en posición de responder a lo que hay de
sintomático en la estructura familiar. Por otra parte el ana-
lista señala en el desarrollo del caso la dificultad de la madre
en lo referente a dormir separada de Amador, señala el autor

26 Lacan, J.. En Intervenciones y Textos 2, Buenos Aires, edi-


ciones Manantial, p 55.
27 Miller, J. -A y Otros: El amor en las psicosis . Ediciones
Paidós.
N eurosis y P sicosis . U sos del diagnóstico en la ... 79

en el caso: “Recuerdo que este chico todavía estaba durmiendo


con la madre cuando lo vi y tenía seis años. No había forma de
ponerle en cuestión todo esto a esta mujer...”.
Podemos considerar que Amador queda de éste modo invo-
lucrado directamente en el fantasma materno; la distancia entre
la identificación del yo y la parte tomada del deseo de la madre
no tiene mediación, el niño queda expuesto a todas las capturas
fantasmáticas. Es decir que se convierte en objeto de la madre y
su única función es revelar la verdad de ese objeto. Amador ocu-
paba el lugar de objeto de goce, en relación al Otro materno. Es
un niño que no fue el falo para su madre como lo señala Lacan a
la altura del Seminario 5: Las formaciones del inconsciente, en lo
que concierne al pasaje por el primer tiempo del Edipo.
De ahí la dificultad que existe para amar en la psicosis
cuando un sujeto no ha sido instituido en el lugar del falo. El
caso revela muy radicalmente esta falla por eso nos muestra
la locura del amor, allí donde falo y castración no pueden dar
medida al goce.
La psicosis infantil como la neurosis, convocan en el par
analista-analizante, a la invención, con la finalidad de relan-
zar el trabajo del análisis, posibilitando según la singularidad
de cada analizante, soluciones que atemperen las consecuen-
cias de la forclusión o bien las del síntoma.
En ocasiones, Lacan se adelantó a la época y anticipo algo
de lo que frecuentemente se hace oír en la clínica actual. Es en
los “Complejos Familiares”, donde anuncia la caída del nombre
del padre, sus consecuencias en el orden simbólico y sus efectos
en el lazo social; anticipándose de esta forma junto, con el avan-
ce de los mercados, a la desintegración de la familia tradicional,
así como el ascenso de la tecno-ciencia. Es decir el avance del
ascenso al omnividente tecno-mercado de los modos de goce.

Desarrollo del caso


A partir de estos desarrollos, expondré el siguiente caso
clínico que voy a dividir en dos tiempos.
80 G abriela L ópez

Primer tiempo: cuál es el lugar del niño en la pareja


parental, situando los efectos forclusivos que dejaron al niño
como objeto a merced del fantasma materno, ubicándose por
fuera de todo lazo con el falo, quedando como real, dando de
ese modo cuerpo al objeto de deseo materno.
Segundo tiempo: Los efectos e intervenciones del ana-
lista en la dirección de la cura que posibilitaron hacia el final
del tratamiento una solución pacificante en el niño.
Andrés, de 6 años de edad llega a la consulta derivado por
la Escuela de educación especial a la que asiste.
Cuando interrogo a la madre por el motivo que la acerca a
la consulta, refiere: “En sala de cuatro, de una escuela común,
Andrés lloraba, no hablaba bien, estaba aislado de sus compa-
ñeros. La maestra nos sugirió cambiarlo de escuela, diciéndo-
nos: “Andrés no está para pasar a salita de 5, parece más chico.”
“Estuve seis años casada, me casé enseguida. Todo rápi-
do, sólo estuve tres meses de novia y me embaracé. Era un co-
nocido del barrio. Yo no quería abortar, busqué una iglesia en
donde formalizar y nos casamos. El papá de Andrés tomó bien
el embarazo, se hizo cargo enseguida. Después no sé, empecé a
convivir recién al cuarto mes de embarazada”.
“A los tres años lo muerde un perro y le arranca parte
del pómulo superior. Yo estaba en la cocina y Andrés en el
comedor, en ese momento no lo vi, se acercó a darle de comer
al perro y quizá el perro celoso, pensó que le quería sacar la co-
mida. De urgencia lo llevamos al hospital, en donde le hicieron
catorce puntos y de ahí hizo un shock y dejó de hablar”.
La madre refiere que a partir de ese momento comenzó
el recorrido por los diferentes hospitales donde le realizaron
cirugía plástica, y luego de esa intervención le fabricaron una
máscara que el niño utilizo durante meses. Realizando pos-
teriormente tratamientos con un especialista en psicomotrici-
dad por las dificultades en el lenguaje.
N eurosis y P sicosis . U sos del diagnóstico en la ... 81

Analista: — ¿Por qué concurre a una especialista en


psicomotricidad?
— No sé bien, va desde los tres años, por las dificultades
en el lenguaje, no sé, yo no entiendo nada. “Andrés no puede
leer, recién ahora comenzó a dibujar un rostro y porque le es-
toy atrás. Para él todo es lo mismo, por ejemplo: el bollito de
plastilina, la misma forma es papá, León o abuelo.

Informe escolar
El informe señala una pronunciada dificultad en el len-
guaje, que el niño habla poco y que cuando lo hace no se en-
tiende lo que dice.
Remarca también la dificultad para integrarse en la na-
rración de un cuento o conversación grupal.

El Padre
“Yo quiero verlo más tiempo, no fue un hijo buscado, con
la mamá éramos amigos del barrio, salíamos ocasionalmente
y quedó embarazada. Tengo una postura que es por la vida y
acompañar primero lo que dice una mujer. Andrés es para mí
lo más, no lo pongo en duda.
Estoy esperando el trámite de divorcio, que inicié en for-
ma conjunta con la mamá, ahí todo va a cambiar.
Con la familia de la mamá quiero tener poco trato. La
abuela es alcohólica y la casa no está en condiciones, tiene un
perro y a veces cuando Andrés viene a casa trae ronchas en
las piernas. En una ocasión mandé a un fumigador para que
hiciera una limpieza, después de un tiempo todo siguió igual”.
Analista: — ¿Por qué dejas que Andrés viva en esa casa
junto a su madre?
El padre: — Quiero acomodar algunas cuestiones labora-
les, de vivienda y a partir del divorcio pedir la tenencia.
82 G abriela L ópez

Analista: — Las dificultades en el lenguaje, ¿son de la


época del accidente o es algo anterior?
El padre: — Era de poco hablar y cuando sucedió el acci-
dente el tema del lenguaje se complicó. El ahí se encerró más.
El accidente lo tengo negado, si me preguntas a qué edad fue, no
recuerdo bien. Era algo que anticipé y sucedió. También fue cul-
pa mía, yo debería haber sacado al perro de adentro de la casa,
Lo anticipe y no hice nada. Debí matar al animal y no lo hice”.
Analista: — ¿Cuánto tiempo más vivió el perro en la casa?
El padre: — Un año más y murió de viejo. Es raro, no sé
porque permití tantas cosas, no sé por qué permití la relación
con Ana. ¿Cómo no lo vi? Ella no era el amor de mi vida, como
no vi, si iba a tener un hijo”.
Analista: — ¿A partir de qué momento Andrés utilizo la
máscara?
El padre: — Comenzó a utilizar la máscara cuando lo ope-
raron en el hospital del Quemado. La función de la máscara
era empujar la piel, para que la herida cerrara. Recordar la
máscara es tenebroso para mí.

La separación
La mamá se va de la casa a vivir con sus padres. Quedando
desempleada, inició un juicio laboral, que ganó.
El papá de Andrés le retiene en ese momento un dinero,
pues consideró que el apoyó en ese juicio y que ella había con-
traído deudas.
De esto ella sólo dice que lo firmó por que el papá de
Andrés la sobornó.
El padre dice que ella hace muchas cosas por fuera de
la ley, que es alguien a quien no se le puede poner un límite.
Refiere: “Trabaja y sigue cobrando un plan”.
N eurosis y P sicosis . U sos del diagnóstico en la ... 83

Segundo momento: Fin del tratamiento en la institución. Pa-


saje a consultorio.
La madre propone otra institución, situación a la que el
padre se niega comprometiéndose a pagar mis honorarios.
En un comienzo, desde la madre aparecen algunos mane-
jos, como decidir a tomarse vacaciones justo en la semana que
Andrés iniciaba su primera entrevista en mi consultorio. De
estas vacaciones, el papá no estaba enterado.
Analista: Señalo al padre que sería interesante que pacta-
ra con la mamá acerca de las vacaciones y salidas con Andrés.
Hasta el momento de la intervención, el padre desconocía
y quedaba por fuera de aquello que decidía la mamá de Andrés.
El padre: — Ella hace lo que quiere y se las ingenia bien.
Analista: — ¿Qué podés hacer vos? Por un lado te quejas,
por el otro lado dejas que Andrés se quede con su madre, sin
poner ninguna condición.
El padre: — Ella me hace sentir que no puedo. Además
en la casa de los padres de Ana, yo soy el Ogro, ese es mi lugar,
cuando Andrés se porta mal.
Analista: — ¿Quizá se trate de inventar una salida diferen-
te, en donde puedas intervenir como papá y no como un Ogro?
El padre: — Recuerdo la última entrevista con vos, la ten-
go en mi cabeza, cuando te contaba que me sentía impotente
y decidí no ver a Andrés por veinte días, en ese momento lo
recuerdo deambulando, aleteando, fue muy feo. Vos me dijis-
te, que jugar con él, ir armando su dormitorio era muy im-
portante. Siento que con esas cosas que me dijiste estoy más
tranquilo, me puedo mover de otra manera. Ahora lo legal no
me desespera, sé que es lento. La próxima semana tengo dos
entrevistas con dos abogados especialistas en familia.
Estas intervenciones con el padre posibilitaron un nuevo
movimiento en la relación con Andrés. Comienza el armado
84 G abriela L ópez

de un dormitorio en su casa y a jugar con su hijo dentro de las


posibilidades del niño.

Demanda de la madre: Certificado de Discapacidad


La madre me llama, para solicitar que le emita un certi-
ficado que avale que Andrés presenta un retraso emocional.
Convoco a la madre para hablar sobre esto en una nueva
entrevista. Insiste en que le dé telefónicamente mi confirma-
ción de que le voy a extender dicho certificado y refiere: “Vos
más que nadie sabés que Andrés tiene un retraso”.
No le respondo nada, y se niega a venir a la entrevista.
Decido por un tiempo dejarla por fuera de las entrevistas a la
madre, trabajando con el padre y Andrés.

Entrevista con Andrés

Primer momento. Dispositivo Institucional


Andrés llega a la consulta, me presento, se ríe y no me
mira cuando hablo. Muestra un aspecto descuidado en su ves-
timenta con pelos de perro sobre su ropa.
Se dirige a la caja de juguetes cuando se lo sugiero, toma
dos soldaditos, los golpea y dice: “ia-ia”. Cuando le pregunto
porque los golpea, no responde y nuevamente los golpea e itera
“ia-ia”.
Le ofrezco una hoja para que dibuje a su mamá y dibuja
un garabato... cuando le pido que arme un relato sobre el dibu-
jo, no arma ninguno. (Gráfico 1)
N eurosis y P sicosis . U sos del diagnóstico en la ... 85

Nuevamente le propongo otra hoja para dibujar y cons-


truye garabatos... repitiendo desarticuladamente y sin parar:
torre, ballena, volcán. (Gráfico 2)
86 G abriela L ópez

Segundo momento. Pasaje a Consultorio


Luego de un año de trabajo institucional, pasa a consul-
torio privado. Surge en este pasaje un pequeño movimiento en
sus dibujos que va de los dibujos caóticos del primer momento a
un intento de aproximarse a una representación. Apareciendo
por primera vez el dibujo de un niño chiquito, y su papá. De to-
dos modos la representación que realiza es alejada de aquella
que puede producir un niño neurótico a la edad de siete años.
Andrés habla con más claridad, arma frases, y comienza
a percibir mi mirada cuando le hablo. (Gráfico 3)

De todos modos la construcción de los textos, dibujos y


entrevistas han permitido delinear que hasta el momento no
hay indicios de construcción de una suplencia. Eso no significa
que no aparezcan pequeños movimientos, poco consistentes,
como por ejemplo armar dibujos, representaciones que luego
desarma sin poder articular más que repeticiones o sonidos.
N eurosis y P sicosis . U sos del diagnóstico en la ... 87

En una ocasión trae al consultorio los muñecos de Batman


y el Hombre araña, a Batman le saca la cabeza, me la entrega
a mí, y construye con masa un nuevo muñeco al que le pone
la cabeza de Batman y lo llama: “El hombre con cabeza”. Los
golpea a los dos y repite: “Ba-ra-ra”. Luego deforma al Hombre
con cabeza hasta hacerlo desaparecer.

Etapa Actual
Andrés toma los lápices de diferentes colores y arma lo
que llamará naves y las desplaza sobre los diferentes muebles
de mi consultorio.
Dice: “Hay dos naves, está el planeta sol ... y se bajan al cie-
lo donde hay un avión y destruyen todo, cucarachas, bichos, bi-
chos grandes ... y a otro y a la jungla y se van a comprar dulces.”
Le pregunto: — ¿Quiénes?
Y responde: — Los nenitos.
A partir de este momento comienza a garabatear a su pe-
rro “Cholito”, y comienza a escribir por primera vez en la hoja
su nombre propio y me lo muestra con alegría. Construye ni-
ños y me repite sin parar: “No mordisquear cholito”, “Abuela
dice: no quiero que muerdas”.
Este movimiento del niño es acompañado desde la trans-
ferencia y también desde un nuevo lazo que comenzó a armar
el padre con la Escuela.
Además, ante la demanda caprichosa de la madre de que
no entreguen a la salida el niño al padre, la escuela intervi-
no respondiendo que no podían negarle el niño al padre. Esto
permitió que el padre pudiera intervenir, tomando su lugar,
comenzando a partir de esta intervención institucional a reti-
rar al niño de la escuela.
Fue necesario resituar en el marco del dispositivo ana-
lítico nuevamente a la madre, preguntándole porque a veces
Andrés viene con los pantalones llenos de pelos de perro.
88 G abriela L ópez

Dice: “No es nada, lo que pasa es que Cholito juega con


él, lo mordisquea. Cuando Andrés llega a casa, Cholito le salta
encima se hace pis”
La intervención apuntó a que sería conveniente atar al
perro.
La madre responde: “No es nada, no es para tanto. Lo
muerde como si mordiera la pata de esta mesita”.
Nuevamente intervengo interrogándola acerca de las pul-
gas que pican al niño ya que en ocasiones llega a las entrevis-
tas con las marcas de las picaduras. A lo que la madre dice:
“Andrés es así, bicho que anda en el aire, le pica, igualmente
le pongo un talco al perro”.

Consideraciones teóricas

Un niño-destruido
Este niño, desde un primer tramo del tratamiento, no
subjetiva aquello que le sucede a través de un síntoma, en sus
diferentes modalidades, o a través de una inhibición, como po-
dría serlo en el caso de una neurosis, en donde la estructura
misma de la neurosis es una pregunta.
En la “Presentación de las memorias de un Neurópata”,28
Lacan distingue dos sujetos a saber:
1. El sujeto del significante: si seguimos esta distinción
que hace Lacan, un sujeto en cadena quiere decir que
está representado, es un sujeto móvil, es decir que tie-
ne la peculiaridad de ser representado por dos signifi-
cantes que se desplazan y sustituyen. De ahí el grado

28 Lacan, Jacques en Cahiers pour L’analyse, N° 5, 1966, pp.


69-72. Texto redactado para introducir la primera traducción france-
sa del texto del presidente Schreber, aparecido como fascículo en la
revista antes de ser publicado en la colección “Champ freudien” (tra-
ducción de Paul Duquenne), en Éd. Du Seuil. Se publicó con el título
“Présentation”, puesto por la redacción.
N eurosis y P sicosis . U sos del diagnóstico en la ... 89

de indeterminación propio del sujeto neurótico, es por


eso que se lo denomina sujeto del significante.
2. En cambio cuando el objeto a está incluido en la cadena
significante, esta se rompe y se obtiene un enjambre de
S1, S1, S1, sin ese S2, efecto del movimiento de retroac-
ción o significación. Aquí el sujeto no se divide bajo los
efectos del significante. Es decir que la representación en
la psicosis está alterada, quedando por lo tanto el sujeto
fijo a un solo significante, fijo se refiere a que no es dia-
léctico, que no significantiza, no se mueve. Es una ploma-
da en el discurso que no se significa con la respuesta del
analista ni con la del propio discurso del sujeto. Podemos
ubicar en un primer tiempo con la irrupción del acciden-
te del perro “Cholito” como ese significante que irrumpe
y no hace cadena, a un segundo momento, que iremos
viendo en el desarrollo del caso, en donde el niño desplie-
ga y construye con sus recursos un pequeña solución que
no sigue las coordenadas del sinthome, pero le permitirá
un alivio y una salida de la emboscada materna.
Como lo enuncié desde el comienzo del desarrollo de la
presentación clínica el caso ilustra muy radicalmente a un “ni-
ño-destruido”, en el fantasma materno. Lacan puso el acento
en la acogida materna, respecto de ese parásito que es su pro-
ducto, para que un niño pueda emerger como la causa del de-
seo de la madre. De entrada está claro que algo de la relación
con el Otro materno, que hace de él un objeto de goce, ofrece al
niño a un goce sin límites, a ser devorado por el perro.
En su discurso aparecen momentos de abrochamiento y
otros momentos de desarticulación: como puede ser por ejem-
plo: “Ia-ia”, “Ba, ra, ra” en donde se pueden leer los efectos de la
cadena rota, holofraseándose la primera pareja de significantes.
En “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posi-
ble de la psicosis”29, Lacan nos recuerda que: “Es la falta del

29 Lacan, Jacques, “De una cuestión preliminar a todo trata-


miento posible de la psicosis”, Escritos 2, México, Siglo XXI, 1985, p. 558.
90 G abriela L ópez

Nombre del Padre en ese lugar lo que, por el agujero que abre
en el significado, inicia la cascada de los retoques del signifi-
cante de donde procede el desastre creciente de lo imaginario,
hasta que se alcance el nivel en que significante y significado
se estabilizan en la metáfora delirante.”
Este sesgo que nos recuerda Lacan ilustra como el encuen-
tro con un significante forcluido remite al sujeto a un agujero,
ahí donde la función del Nombre del padre no da acceso a la sig-
nificación fálica del Deseo Materno, presentándose en su lugar
UN-padre como significante en lo real, sin par. Sólo cuando la
metáfora paterna se instala acontecerá el síntoma y la metáfo-
ra es posible como metáfora sintomática en tanto deja un plus
de goce que no logró ser barrado por el Nombre del padre. De
ahí que el síntoma por excelencia de la infancia, en el nivel de
la estructura podemos adjudicárselo a las Fobias.
Es a la altura del Seminario 4, en donde Lacan va a dis-
tinguir el falo como objeto imaginario por excelencia, denomi-
nador común de todos los objetos, va a decir también que si
tomamos una secuencia de objetos (a, a’, a...) ubicaremos ahí
el falo, y que todo objeto caracterizado por el neurótico tienen
valor fálico. Freud nos habló de Bedeutung, de significación
fálica y Lacan construyó la siguiente fórmula:

NP
DM

DM
x
→ NP (A)
Falo

Formaliza Lacan de esta manera la construcción de la me-


táfora paterna haciendo del falo una significación, conforme a
lo señalado por Freud. El falo entonces es una significación.
Esta fórmula quiere decir que el significante del Nombre
del Padre sobre el deseo de la madre hace advenir un sentido
nuevo. El falo aparece a nivel del significado.
El falo ya está antes en relación con el deseo de la madre,
pero está como una incógnita, como un significado que se des-
liza por todos lados, será la introducción del Nombre del Padre
N eurosis y P sicosis . U sos del diagnóstico en la ... 91

lo que permite localizar el falo. El orden significante está so-


portado por el Nombre del Padre, que le da su fundamento, su
alcance. Mientras que el significado tendrá el falo como común
denominador de todos los significados en el orden del deseo.
Lacan da un paso y dirá que el falo, para ser común de-
nominador de los significados, tiene que ser un significante
él mismo. Ese es el desplazamiento: Es decir el falo no es un
significado como todos los demás sino que es el significado de
todos los significados de lo deseado.
El falo tendrá un estatuto superior al de significado, es
un significante que reúne a todos los significados. Constituye
el significante que designa a los significados en su totalidad.
En “La Significación del Falo”, Lacan dice: “El falo es
aquel significante particular que, en el cuerpo de los signifi-
cantes, está especializado en designar el conjunto de los efec-
tos del significante, en cuanto tales, sobre el significado”.30
Desde el momento en que el Nombre del Padre, dicta su
ley y tiene la función de significar. El falo entra en juego en
el sistema significante a partir del momento en que el sujeto
tiene que simbolizar. Que es justamente lo que en el caso de la
Psicosis infantil fracasa.
Desde el momento que se inscribe el significante fálico
cambia la narturaleza del Otro del significante, ya que se in-
troduce en el Otro el significante del deseo. Lo que traduce la
inscripción del falo en el lugar del Otro es, que en ese Otro hay
deseo.
En el Seminario 3: “La Psicosis”, Lacan se pregunta:
“¿Qué sucede pues en el momento en que lo que no está simbo-
lizado reaparece en lo real? No es inútil introducir al respecto
el término de defensa. Es claro que lo que aparece, parece bajo
el registro de la significación, y de una significación que no
viene de ninguna parte, que no remite a nada, pero que es una

30 Lacan, Jacques, “La significación del falo”, Escritos 2, Siglo


XXI, Buenos Aires, 1985.
92 G abriela L ópez

significación esencial, que concierne al sujeto. En ese momen-


to se pone en movimiento sin duda lo que interviene cada vez
que hay conflicto de órdenes, a saber, la represión. Pero, ¿por
qué en este caso la represión no encaja, vale decir, no tiene
resultado lo que se produce en el caso de una neurosis?.
Antes de saber por qué, primero hay que estudiar el
cómo. Voy a poner bastante énfasis en lo que hace la diferen-
cia de estructura entre neurosis y psicosis [...] el sujeto, en el
seno de la represión, tiene la posibilidad de arreglárselas con
lo que vuelve a aparecer. Hay compromiso. Esto caracteriza
a la neurosis [...] La Verwerfung no pertenece al mismo nivel
que la Verneinung. Cuando, al comienzo de las psicosis, lo no
simbolizado reaparece en lo real, hay respuestas, del lado del
mecanismo de la Verneinung, pero son inadecuadas”.31
Todo parece indicar que en la psicosis el sujeto se encuen-
tra absolutamente incapaz de hacer funcionar la Verneinung
con respecto al acontecimiento, quedando excluido del compro-
miso simbolizante propio de la neurosis.
De este modo, el sujeto, sustituye la mediación simbólica
por un pulular, una proliferación imaginaria, que introduce de
manera deformada una mediación simbólica.
Andrés en el comienzo de las entrevistas, casi no hablaba,
cuando lo hacía no se le entendía nada, hablaba en tercera
persona, lo que nos da indicios del fenómeno elemental, tam-
poco respondía a lo que le preguntaba. Sus primeros dibujos y
grafismos eran muy desarticulados denotaban efectos forclu-
sivos, carecían de toda simbolización propia de una neurosis
infantil. Estas primeras producciones que el niño realizó me
permitieron delinear el diagnóstico de una Psicosis infantil,
puesto que sus dibujos y grafismos denotaban la ausencia de
la construcción de la de la identificación imaginaria. Sabemos
que la identificación a la imagen nos hace tener un cuerpo. El

31 Lacan, Jacques; El Seminario, Libro 3, Las psicosis. Buenos


Aires, Paidós: 1984.
N eurosis y P sicosis . U sos del diagnóstico en la ... 93

ser humano a diferencia del animal no es un cuerpo sino que


tiene que adquirirlo por medio de los recursos simbólicos, rea-
les e imaginarios que se lo permitan.
Ahora bien. Para pensar el estadio del espejo en la psico-
sis es necesario distinguir dos momentos:
1. Captación erótica por la imagen, en la que el individuo
se fija a una imagen que lo enajena de sí. El sujeto asu-
me la imagen, pero no se distingue de la misma. Hay
una captura erótica por la imagen, el amor se confunde
con la identificación.
2. Identificación resolutiva de la fase del espejo. La ima-
gen es reconocida como del otro, aparece la alteridad.
Esta identificación lo que va a plantear es una lógica de
exclusión: “Soy yo o es el otro.”
En las psicosis se observa la ausencia de la identifica-
ción resolutiva de la fase del espejo. Lacan nos recuerda en el
Seminario 3: Las Psicosis, que la relación imaginaria que mues-
tra la fase del espejo es deficitaria porque no tiene la significa-
ción de exclusión recíproca que comporta el afrontamiento espe-
cular, sino la otra función que es la de la captación imaginaria.
Es en el Seminario 10: La angustia, en donde Lacan in-
troduce el objeto a como real, extraído del cuerpo por la cas-
tración vía el falo. Esta extracción permite separar el goce del
cuerpo y produce el pasaje al deseo que se captura en el espa-
cio especular mediante la función menos phi.
El objeto a se sitúa en el esquema de los dos espejos en
dos puntos.
En i (a) fuera del espejo como ese resto libidinal no espe-
cularizable que causa deseo.
En i' (a) como el punto de carencia en esa imagen en que
el sujeto se reconoce como deseante, presencia ausente que
sostiene el señuelo del deseo.
Este hueco en lo imaginario, efecto de la castración es el
que opera manteniendo la distancia entre el Yo ideal e Ideal
94 G abriela L ópez

del Yo. Se trata de una génesis de la imagen del cuerpo que


transciende al narcisismo, imagen que vela la pérdida del (a)
pero que en su punto de carencia abre el camino al deseo.
Ahora en la psicosis, lo que ocurre es que la primera pa-
reja de significantes se holofrasea. El S1 no se articula en la
cadena y por lo tanto no se produce el efecto sujeto. La metá-
fora paterna no opera, de modo que no hay separación entre el
Ideal del Yo y el objeto causa de deseo.
Es decir que en relación “al espejo y el cuerpo” la forclusión
del Nombre del Padre determina un espejo inestable que da
cuenta de la disolución imaginaria. De este modo la caída de la
imagen virtual bajo la imagen real, se traduce en efectos de des-
personalización y fragmentación corporal. Sabemos que para
que exista una imagen narcisista es necesaria la exclusión del
objeto (a), a partir de dicha exclusión surge un cuerpo entero.
En “Dos notas a un niño” Lacan refiere que los cuidados
maternos marcan un interés particularizado, aunque sea por
la vía de las propias faltas [...]
Es un niño que permanentemente queda expuesto a ser
devorado, es un niño que queda solo con la madre, quedando
como soporte del goce materno de una madre que no se divide
entre madre y mujer.
Aparecen en el discurso de este niño momentos de abro-
chamiento y otros momentos de desarticulación como puede
ser: ía-ía. Sus dibujos denotan que no hay construcción de la
identificación imaginaria, son dibujos forclusivos.
El significante volcán que menciona en el primer tiempo
del análisis, y luego en sus dibujos constituye el significante
desencadenado que irrumpe, en tanto significante delirante.
Podemos pensarlo también como un nombre de un goce que
aparece allí, que destruye, que invade. El niño que revela el
fantasma materno, es un niño descuidado, no se presenta
como sujeto de la palabra, sino, realizando el objeto del fantas-
ma de la madre. Andrés no está en lugar de objeto imaginario,
N eurosis y P sicosis . U sos del diagnóstico en la ... 95

velado, sino que queda como objeto real, desprovisto de toda


subjetividad.
El primer efecto del lenguaje es el de la fragmentación, y
un segundo momento es el de la fase narcisista, la constitución
en el registro imaginario de estas figuras totales.
En este primer momento denominado de alienación o
enajenación, es donde el infans es uno con la madre y luego va
a diferenciarse por partición para que se constituya el cuerpo,
con lo cual será necesario excluir ese objeto parcial, que al que-
dar excluido dará lugar a la separación del cuerpo materno.
En el caso justamente es lo que no tuvo lugar, por eso es
interesante la construcción que hace con el nenito al que le
pega papeles, como trabajo elaborativo que apunta al armado
de un cuerpo que no hay (el dibujo), junto a esta construcción
Andrés por primera vez comienza a enunciar en un segundo
tiempo del análisis “Cholito no morder”, lo repite una y otra
vez. Comenzando una nueva etapa en el niño que va de el niño
destruido a un niño que puede nombrar “No”.
Lacan con respecto a la función del Nombre del Padre
dice que es la que tiene por finalidad dar un nombre a las cosas
y dar nombre, nombrar es el acto por excelencia. Y acá aparece
luego de dos años de tratamiento un pequeño intento de ser-
virse de una solución pacificante.
Esta nueva posición del niño que enuncia en su decir
“Cholito no morder”, será el nombre de una solución que cons-
truye acompañado por el analista para poder salir de ese lu-
gar de objeto de goce en el fantasma materno en donde al lla-
mado del Padre, responde Un-Padre. El niño ha conseguido
situarse en la metonimia, logrando de este modo civilizar el
goce haciéndose más soportable para él. Este “No morder cho-
lito”, permite una estabilidad pacificante, acercando al niño a
un saber hacer con aquello que irrumpió y lo dejó en un pri-
mer momento como niño-destruido. Entonces si en un inicio,
nos encontramos con un sujeto para quien el goce parece ser
una amenaza proporcional a su deslocalización. Luego y bajo
96 G abriela L ópez

transferencia aparece la posibilidad de una localización recor-


tada en el objeto oral ahí donde el niño puede enunciar por pri-
mera vez “No morder Cholito.” Atravesado este punto el sujeto
ha logrado la posibilidad de la separación del goce materno,
hacia una solución que permite construir algo que, mientras
dure, opera en el lugar de la separación.
Capítulo VII

Del Estrago materno a la función


del Nombre del Padre

Fantasma madre e hija. Qué lugar, el padre

La clínica con niños enfrenta al analista en situaciones


donde el niño, en tanto sujeto, se presenta más del lado de su
ubicación como objeto que con un síntoma instalado.

La intención del siguiente recorte clínico tendrá por fina-


lidad mostrar al analista practicante algunos momentos en la
Dirección de una cura con una niña que se presenta a la con-
sulta satisfaciendo el fantasma materno.

La lógica de la intervención analítica apuntará a instalar


una diferencia, una pregunta para que la niña se ubique en
otra posición respecto del fantasma materno, posibilitando de
esta manera la puesta formal del síntoma, bajo las coordena-
das de la Clínica en transferencia.

La primera consulta la realiza la madre, dice: “Cinthia no


me quiere leer en la clase, no me quiere pasar al frente. Creo que
no lee por vergüenza, ella es un calco mío, es una nena dócil.
Hace lo que le digo. Es una alumna sobresaliente. Me llama la
atención que en el único lugar que puede leer es en la Dirección
98 G abriela L ópez

escolar”. Agrega además que C. es asmática, que tuvo varios


episodios de crisis, entre ellos un falso crup.
Ante el despliegue del discurso materno pregunto por el
padre de la niña. La madre refiere que el padre es chofer, y tra-
baja de noche. Aclara que C. tiene buena relación con su papá.
Esta primera consulta enuncia una posición: “Una madre
insaciable”. Lacan nos recuerda en “El reverso del psicoaná-
lisis”: “El deseo de la madre no es algo que pueda soportarse
tal cual, que pueda resultarles indiferente. Siempre produce
estragos. Es estar dentro de la boca de un cocodrilo, eso es la
madre. No se sabe qué mosca puede llegar a picarle de repente
y va y cierra la boca. Eso es el deseo de la madre. Entonces,
traté de explicar que había algo tranquilizador. Les digo cosas
simples, improviso, debo decirlo. Hay un palo, de piedra por
supuesto, que está ahí, en potencia, en la boca, y eso la contie-
ne, la traba. Es lo que se llama el falo. Es el palo que te protege
si, de repente eso se cierra”.32
Concierne a ello la operatoria de la metáfora paterna y
este, por lo tanto, será uno de los puntos a verificar en el desa-
rrollo del caso. Para poder pensar que una carencia a nivel de
la metáfora no es sinónimo de psicosis.
Cuando entrevisto a C., ella dice: “No quiero leer al frente
de mis compañeros ... no quiero que me agarre”.
El significante “agarre”, S1, que comandará la entrevis-
ta, rápidamente desliza a ese silbido nocturno que no la deja
dormir y que no sabe cuándo la va a tomar y cuándo cesará.
Refiere que su madre siempre está atenta a mirarla para sa-
ber cuándo se atacará, o si se fatiga. Agrega que su padre nun-
ca está en las noches, pues trabaja, y que a veces sabe de su
silbido y otras no. C. se alivia diciendo que en esos momentos
le reza a Dios para que no le agarre.

32 Lacan, Jacques, El Seminario, Libro 17, El reverso del psi-


coanálisis, Paidós, Buenos Aires, Año, pág. 118.
D el E strago materno a la función del N ombre del ... 99

A partir de este primer desarrollo del caso, podemos tomar


el, “no me quiere leer” dicho por la madre y el “mamá me mirá
cuando estoy atacada”, como ilustrativo de la ligazón madre e
hija, ubicando una satisfacción pulsional y amorosa, como así
también un padre que de noche no está, por razones laborales.
En ocasiones desconoce las crisis nocturnas de la niña.
Freud define a la ligazón madre-hija como de carácter
fantasmático. Se trata de una relación de exclusividad con la
madre, es decir, con total exclusión del padre. Por otro lado,
las fantasías que en este período se desarrollan en torno a la
masturbación del clítoris y al juego con muñecas, tienen como
objeto exclusivo a la madre.
Freud alude al padre interdictor que Lacan va a situar
en el segundo tiempo del Edipo, como el padre que perturba o
perturbó esa completud. El padre que privará a la madre de la
niña, orientando su búsqueda del falo hacia la figura del padre
que se lo puede donar. Es una salida, por vía de la identifica-
ción, a través de la ecuación pene-niño.
En la Conferencia 33: “La feminidad”, Freud subraya que
no se puede comprender a la “mujer”, si no se toma en cuenta
la primera fase de “ligazón madre pre-edípica”.
Es en el “Atolondradicho”, donde Lacan nos recuerda que:
“... la elucubración freudiana del Complejo de Edipo, en la que
la mujer es en él pez en el agua, por ser la castración en ella
inicial (Freud dixit), contrasta dolorosamente con el estrago
que en la mujer, en la mayoría, es la relación con la madre, de
la cual parece esperar en tanto mujer más subsistencia que del
padre, lo que no pega con su ser segundo en este estrago”.33
A cierta altura de su obra Lacan ilustra el estrago mater-
no con un desarrollo conceptual acerca de la boca del cocodrilo,
sintetizando de este modo el concepto de Deseo de la Madre.

33 Lacan, Jacques. “El atolondradicho o las vueltas dichas”,


17/7/72, Revista Escansión N 1, Ed. Paidós, Buenos Aires, 1984.
100 G abriela L ópez

Podríamos considerar que en el relato la niña presenta a


su madre como “omnipresente”, aquella que lo puede todo, y
que sabe cuándo su hija puede o no entrar en crisis asmática.
El padre no está, pero aparece la versión imaginaria de éste
en el relato de un sueño de angustia que se le presenta y trae
al análisis. Dice: “Tengo un sueño que se me repite de noche.
Me ataban y me sacaban: ojos, manos y me llevaban. Recuerdo
que a mi mamá también la ataban. Este sueño pasó en la calle.
Eran muchachos, tenían veinte años”.
Sin embargo que el padre esté ausente no pone en cues-
tión el diagnóstico diferencial con la psicosis. No se desprende
del relato de la niña efectos forclusivos sino que, por momen-
tos, hay una pérdida temporal del referente paterno, evocando
en el sueño al padre imaginario –amado, odiado o temido–.
Por otra parte el sueño evocador de angustia la ubica a
ella cediendo algo, ya no a la madre, sino a otro que se le pre-
senta a la niña como enigmático. Es en ese punto donde se
detienen las asociaciones y dice no recordar más.
A partir de este momento C. dice que en algunas ocasio-
nes pelea con el padre y que le tiene un poco de miedo. De to-
dos modos se ubica ganando en la pelea. Refiere: “Si papá me
grita. Yo también grito, soy más fuerte que él”.
El sueño permite una salida a la niña, a partir de allí ha-
bla de una versión del padre. Lacan dirá que el padre imagina-
rio es con quien siempre nos encontramos, a él se refiere toda
la dialéctica de la agresividad. Es el padre idealizado u odiado.
Este padre terrorífico no tiene relación alguna con el pa-
dre real que el niño deberá captar en tanto interposición de
los fantasmas y la necesidad de mediación simbólica, y por lo
tanto será a este padre real al que se le otorgue la función des-
tacada en el complejo de castración.
Es decir que aquel padre puro símbolo deberá encarnar-
se en un agente, desalojando al niño de esa posición de falo
imaginario, a la que en algún momento lo convocó el fantasma
materno.
D el E strago materno a la función del N ombre del ... 101

De este modo la niña entrará al complejo de Edipo de una


manera que tiene que ver con su femeneidad, esperando el don
del padre.
Veamos el despliegue de lo enunciado en una de las
entrevistas.
C. llega a sesión y dice: “No me gusta que se zarpen
conmigo”.
Le pregunto quién se zarpó con ella. Refiere: “En la escue-
la una piba, que sabe, una mandona, es como una jefa y los de-
más somos giles. Nos dice cosas feas: me mandó a la concha de
mi vieja, se burló de mí, me dijo: ‘Seguro que no sabes qué es’.
Y al final me terminó explicando que era la cosa de mi vieja”.
Es interesante en el relato de C. la confrontación que trae
con la amiga, que la acerca y la interroga por el agujero de la
madre, agujero que le permitirá una salida de esta posición de
falo imaginario, posibilitando un tiempo de comprender que la
madre está castrada, que desea el falo. Permitiendo a la niña
salir de este cepo edípico, vía la identificación, como solución
de ese cepo, esperando el don del padre. Podríamos decir que
el descubrimiento del agujero materno la aproximó al padre,
y por decepción con la madre, va hacia él. La confrontación
con la castración materna le permite enmascarar al niño que
el Otro de la relación sexual no es la madre sino una mujer. Y
para la mujer convendría que no sea tanto madre, para con-
vertirse en objeto causa del fantasma masculino.
Capítulo VIII

Consideraciones Finales

Luego de este recorrido, haré el ejercicio de recuperar en


una síntesis, no solo lo desplegado en el desarrollo de este li-
bro, sino que me interesa precisar y compartir con otros, el va-
lor que fue cobrando el trabajo de escritura, en mi experiencia
como analista y en mi análisis personal a la hora de disponer-
me a crear un escrito psicoanalítico.
Al comienzo de mi práctica analítica me encontré deteni-
da e inhibida en la producción creativa, en el caso particular
de la escritura. El transitar analítico me permitió desprender-
me de tal impedimento. Posibilitando el pasaje de la inhibición
al acto de la escritura. La escritura me permitió salir del atas-
camiento del fantasma, para pasar a un acto, sin Otro, donde a
su vez la producción de lo escrito dejará marcas. Este deseo me
dispuso a reunir los trozos de trabajos, casos, para poder tra-
ducirlo en un libro: pequeño producto, hoy mi libro. Que tiene
por finalidad mostrar de qué se trata el oficio de un analista.
En el Seminario 10, La angustia, Lacan nos recuerda:
“Que a alguien se le pueda plantear la cuestión del deseo del
enseñante es señal, como diría Perogrullo, de que la cuestión
se plantea. Es también señal de que hay una enseñanza. Y
esto nos introduce, a fin de cuentas, a la curiosa observación
de que, allí done el problema no se plantea, es que hay un
profesor. El profesor existe cada vez que la respuesta a esa
pregunta está, por así decir, escrita, escrita en su aspecto o
comportamiento en aquella especie de condicionamiento que
104 G abriela L ópez

podemos situar en el plano de lo que llamamos preconsciente,


es decir, algo que se puede expulsar, venga de las instituciones
o incluso de lo que se llaman sus inclinaciones.
No es inútil percatarse de que el profesor se define en-
tonces como aquel que enseña sobre las enseñanzas. Dicho de
otra manera hace un recorte en las enseñanzas. Si esta verdad
fuese mejor conocida –que se trata de algo análogo al collage–,
ello permitiría a los profesores poner un poco más de arte en
el asunto, del que el collage, con el sentido que ha adquirido
en la obra de arte, nos muestra la vía. Si hicieran un collage
preocupándose menos de que todo encajara, de un modo me-
nos temperado, tendrían alguna oportunidad de alcanzar el
mismo resultado al que apunta el collage, o sea, evocar la falta
que constituye todo el valor de la propia obra figurativa, por
supuesto cuando es una obra lograda. Y por esta vía llegarían
a alcanzar, pues, el efecto propio de lo que es precisamente
una enseñanza”.34
Al decir de Lacan en este precioso párrafo, se puede con-
cluir: que el arte del analista, implica no solo el recorrido epis-
témico, sino una intersección entre clínica, análisis personal y
la sutileza de la que disponga para inventar en el caso por caso.
En ese sentido somos barrocos, desde el primer encuentro con
el paciente, apostando con las intervenciones a la irrupción de
lo nuevo, con la finalidad de conmover el padecimiento subje-
tivo de quien consulta, apuntando de este modo a que advenga
un nuevo sujeto.
El deseo del analista, en la práctica clínica con niños,
deberá seguir la brújula de los principios de la orientación
Lacaniana, sin por ello dejar de alojar otros discursos como la
especificidad del tratamiento con niños lo requiere.

34 Lacan, J., El Seminario, Libro X, Paidós, Buenos Aires, 2011,


p. 185.
Bibliografía

Referencias Bibliográficas
Aberastury Arminda y colaboradoras. “Teoría y técnica de psicoa-
nálisis de niños”, Buenos Aires, Paidos, 1966.
Freud, S. (1897). “Carta 69”, en Obras Completas, t. I. Buenos
Aires, Amorrortu Editores: 1989.
Freud, S. (1905). “Tres ensayos de teoría sexual”, en Obras
Completas, t. VII. Buenos Aires, Amorrortu Editores:
1989.
Freud, S. (1906-1908). “El creador literario y el fantaseo”, en
Obras Completas, t. IX. Buenos Aires: 1989.
Freud, S. (1912). “Consejos al médico sobre el tratamiento psi-
coanalítico”, en Obras Completas, t. XII. Buenos Aires,
Amorrortu Editores: 1991.
Freud, S. (1914). “Introducción del narcisismo”, en Obras Completas,
t. XIV, Buenos Aires, Amorrortu Editores: 1989.
Freud, S. (1918-1914). “De la historia de una neurosis infantil”,
en Obras Completas, t. XVII, Buenos Aires, Amorrortu
Editores: 1989.
Freud, S. (1919). “Pegan a un niño” . Contribución al conocimien-
to de las perversiones sexuales, en Obras Completas, t.
XVII, Buenos Aires, Amorrortu Editores: 1989.
Freud, S. (1923). “La organización genital infantil”, en Obras
Completas, t. XIX, Buenos Aires, Amorrortu Editores:
1989.
106 G abriela L ópez

Freud, S. (1924). “El complejo de edipo”, en Obras Completas, t.


XlX, Buenos Aires, Amorrortu Editores: 1989.
Freud, S. (1925). “Algunas consecuencias psíquicas de la diferen-
cia anatómica entre los sexos”, en Obras Completas, t.
XlX, Buenos Aires, Amorrortu Editores:1975.
Freud, S. (1925-1926). “Inhibición, síntoma y angustia”, en Obras
Completas, t. XX, Buenos Aires, Amorrortu Editores:
1989.
Freud, S. (1929-1930). “El malestar en la cultura”, en Obras
Completas, t. XXl, Buenos Aires, Amorrortu Editores:
1989.
Freud,S. (1931). “La sexualidad femenina”, en Obras Completas,
t. XXI, Buenos Aires, Amorrortu Editores: 1989.
Freud,S. (1932). 33° Conferencia: “La feminidad”, en Obras
Completas, t. XXII, Buenos Aires, Amorrortu Editores,
1989.
Lacan, J. (1938). “La Familia”, Editorial Argonauta, Buenos Aires
/ Barcelona : 1978.
Lacan, J. (1955-56). El Seminario, Libro 3, Las psicosis. Buenos
Aires, Paidos: 1984.
Lacan, J. (1957-58). El Seminario, Libro 5, Las formaciones del
inconsciente. Buenos Aires, Paidos: 1999.
Lacan, J. (1962-63). El Seminario, Libro 10, La angustia. Buenos
Aires, Paidós: 2011.
Lacan, J. “Proposición del 9 de octubre de 1967 acerca del psicoa-
nalista de la Escuela”. En momentos cruciales de la ex-
periencia analítica. Buenos Aires, Ed, Manantial, 1987.
Lacan, J. (1969). “Dos notas sobre el niño”, en Intervenciones y
textos 2. Buenos Aires, Ed, Manantial: 1988.
Lacan, J. (1972). “El atolondradicho”, en Otros escritos. Buenos
Aires, Paidós: 2012.
R eferencias B ibliográficas 107

Lacan, J: “El estadio del espejo como formador de la función del yo


[je] tal como se nos revela en la experiencia psicoanalí-
tica”. En Escritos 1. México , Siglo XXI, 1978.
Laurent, Eric: “El Caso, del Malestar a la Mentira”, en Cuadernos
de Psicoanálisis, Bilbao, Eoloia, N° 26, junio 2002.
Miller, J. A. “Lectura del Seminario 5 de Jacques Lacan”. Buenos
Aires, Paidós: 2000.
Miller, J. A. “Introducción al método psicoanalítico”. Buenos
Aires, Eolia-Paidós: 2003.
Miller, J. A. “El niño entre la mujer y la madre”, en Revista digi-
tal Virtualia N° 13.
Miller, J. A. “Cosas de familia en el inconsciente”. Conferencia
de Clausura de las Jornadas de Psicoanálisis. Valencia,
mayo 1993. Editada en Introducción a la clínica laca-
nina. Conferencias en España. Barcelona: ELP, 2007,
p. 333-340.
Bleger, Dudy. “Edipo”, en Revista Scilicet, “El Orden simbólico en
el Siglo XXI”, Buenos Aires, Paidós: 2012.
Compuesto, armado, impreso y encuadernado,
en los talleres de Ediciones Hude,
Buenos Aires, Argentina.
Diciembre de 2020
recuenta Gabriela López, en estas páginas, un camino que
retomará con insistencia las veces que sea necesario y que
es aquel que a partir de las palabras del paciente, en casi
todos los casos, y también las de sus padres, va adquiriendo la
formalización de una dirección de la cura, entendida ésta como
psicoanalítica en los términos de Freud y Lacan. Este movimiento
implica desde su punto de partida dos funciones convergentes: por
empezar la superación de la relación dual, como se dijera en la Direc-
ción de la Cura y los principios de su poder, en 1958, mediante el
recurso de introducir las líneas del destino del sujeto. Y además
porque se materializa en escritura.
Desde la palabra a la escritura, entendida ésta como acto.
Algo deja de no escribirse en cada viñeta clínica de este volumen y lo
escrito contingente, cobra el valor de un saber hacer más convenien-
te, con lo que está ahí, en lo real. Dicho en términos del primer Lacan
en 1952: “Porque la definición de la verdad solo puede apoyarse
sobre ella misma y la palabra en tanto que progresa la constituye. La
palabra no puede captarse a sí misma ni captar el movimiento de
acceso a la verdad como verdad objetiva”. Dicho de otro modo en
L’Insu que Sait de L’Une-Bévue S’Aile á Mourre el 14 de diciembre de
1976: “Todo lo que sostiene la diferencia de lo mismo y de lo otro, es
que lo mismo sea lo mismo materialmente”. Son dos modos de
valorizar el alcance y el límite de la dirección hacia lo real en psicoa-
nálisis.
EDUARDO GOLDFARB

Ediciones Asociación
Mutual Universitaria
Manuel Ugarte

También podría gustarte