La Revolución Rusa
La Rusia zarista, las crisis prerrevolucionarias, las Revoluciones de Febrero y Octubre, la guerra civil y el "Comunismo de
Guerra", la NEP y la formación del Estado Soviético, la época de Stalin.
LA RUSIA ZARISTA
A lo largo del siglo XIX Rusia permaneció ajena al proceso de industrialización que se desarrollaba en Europa y otros
continentes. El inmovilismo social y político la sustrajeron a los cambios que alteraron las estructuras de buena parte del
mundo occidental. Por eso se considera que la Rusia de los zares en los inicios del siglo XX era un país atrasado.
Un país atrasado
La Rusia de principios de siglo era un país atrasado económica, social y políticamente. Sin embargo, desde el punto de
vista internacional, ejercía el papel de gran potencia militar. Lo era sólo en apariencia, pues su ejército se había ido
quedando anticuado a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, como puso de relieve la Guerra de Crimea (1853-1856).
Esta situación se apreciaba en tres planos:
En el plano económico
A comienzos del siglo XX Rusia era un país preindustrial, anclado en el pasado, con un predominio absoluto del sector
agrícola. La estructura de la propiedad descansaba sobre grandes latifundios en manos de la aristocracia, la Corona, la
Iglesia y unos pocos agricultores acomodados. La tierra era trabajada por campesinos analfabetos. En vísperas de la 1ª
Guerra Mundial sólo el 14,5 % de la población vivía en ciudades.
Paradójicamente, el sector agrario era incapaz de proveer de suficientes recursos a la población, dado su carácter
primitivo y tradicional, ajeno en gran medida a las transformaciones de la "revolución agrícola" que habían alterado los
cimientos económicos de otros países.
En 1905 el gobierno acometió una reforma agraria dirigida por el ministro Stolypin con la idea de modernizar las
anticuadas estructuras, pero su fracaso prolongó el atraso económico y social ruso.
La industrialización, iniciada tardíamente y circunscrita a las grandes urbes, dependió siempre del capital extranjero y de
la iniciativa del Estado. La acción privada fue escasa, en parte debido a la debilidad de la burguesía rusa.
La subordinación económica al capital foráneo obligaba al pago de importantes intereses que eran financiados mediante
gravosos impuestos, soportados por la parte más frágil de la sociedad rusa, el campesinado.
En el plano social: Rusia conformaba un vasto imperio con más de 22 millones de kilómetros cuadrados, con múltiples
etnias y diferentes lenguas y religiones. A mediados del siglo XIX su población sobrepasaba los 120 millones de
habitantes, de los que unos 100 millones eran campesinos.
El campesinado constituía el estrato social mayoritario. Éste se organizaba en unidades aldeanas denominadas "Mir",
que el Estado favorecía y alentaba; su condición continuó siendo semiservil hasta 1861 y sus condiciones de vida eran
muy penosas.
La aristocracia, muy conservadora, ostentó hasta 1861 privilegios señoriales de carácter feudal, en tanto que en el resto
de Europa se habían ido aboliendo a lo largo de la primera mitad del siglo.
Era propietaria de enormes haciendas agrícolas y percibía abundantes rentas que le permitían desarrollar un elevado
tren de vida, hecho que contrastaba con la miseria en que estaban sumidos los campesinos.
La burguesía, numéricamente exigua, representaba un escaso peso social y político, pues Rusia había quedado al margen
de las revoluciones burguesas de la primera mitad del siglo XIX.
El proletariado industrial era igualmente reducido, si bien poseía una elevada conciencia de clase y una alta politización,
debido a la implantación de ideologías revolucionarias procedentes de Europa (anarquismo y marxismo).
Las clases medias, consolidadas y en ascenso en los países industrializados, eran aquí casi inexistentes y sirvieron en gran
medida de cantera a la burocracia del régimen zarista.
Las integraban profesionales liberales o comerciantes asentados en las ciudades. En las zonas rurales estaban
representadas por un reducido número de campesinos acomodados, no sujetos a la servidumbre y propietarios de
cuantiosas tierras.
No obstante, fue de las clases medias de donde surgió en gran medida una minoritaria clase intelectual ("intelligentsia")
que constituyó el semillero de líderes opuestos al zarismo.
En el plano político: Se mantenía incólume un Estado totalitario propio del Antiguo Régimen.
El poder era detentado por una monarquía absoluta y teocrática presidida por el Zar (Emperador) que pertenecía a la
dinastía de los Romanov, apoyado en cuatro pilares: la nobleza, el clero, el ejército y la burocracia, arropados por una
omnipresente policía política.
Aunque existía un Parlamento (la “Duma”), sus poderes estaban a merced del zar, que disfrutaba de la potestad de
convocarlo o disolverlo.
Era una forma de gobierno "autocrática", pues el zar concentraba en sus manos el poder supremo del Estado y lo ejercía
sin límites. Además era el máximo representante de la Iglesia ortodoxa.
Las libertades políticas eran inexistentes y los disidentes u opositores eran perseguidos por la policía que extendía sus
tentáculos por todos los rincones del Imperio. Las deportaciones a Siberia y las ejecuciones como método represivo de la
oposición eran frecuentes.
Consecuencias del atraso de Rusia
Pueden resumirse en las siguientes:
El progresivo declive del país frente al resto de potencias europeas durante el siglo XIX y primer tercio del XX, hecho
apreciable en los adversos conflictos bélicos mantenidos por Rusia desde la mitad del siglo XIX: Guerra de Crimea, Guerra
Ruso-Japonesa y Primera Guerra Mundial.
La grave inestabilidad interna, expresada en rebeliones campesinas, terrorismo anarquista, etc., que fueron duramente
reprimidas.
Estas revueltas fueron propiciadas por la falta de reformas estructurales, si bien se pretendió llevar a término algunas
(emancipación de los siervos en 1861) que no afectaran a la sustancia del régimen.
Frente a ese inmovilismo la oposición política no se estructuró en un bloque homogéneo sino que, por el contrario, se
fragmentó en múltiples organizaciones.
Cambios entre 1861 y 1914
Entre 1861, fecha de la abolición de la servidumbre y 1914, año en que Rusia entra en la Primera Guerra Mundial, hubo
intentos de modernizar el país. Sin embargo, fueron incompletos y a la postre fracasaron, acentuado la crisis del sistema.
Destacan los siguientes:
La abolición de la servidumbre
Se produjo, tardíamente, en 1861, tras un decreto (ukase) de emancipación. La abolición de la servidumbre
La reorganización de la Justicia
Se alentó el nombramiento de jueces inamovibles y jurados independientes.
La reorganización del Ejército
Se eliminó el derecho de exención del servicio militar a la nobleza y se abrió la carrera militar a todo hombre capaz.
La apertura de las universidades
Inició el acceso de capas sociales cada vez más amplias a la formación superior, especialmente las clases medias urbanas.
La autocracia zarista necesitaba cuadros con alta cualificación. Del seno de estas clases surgieron intelectuales críticos
con el régimen, que rompieron el papel que tradicionalmente se les había asignado: el de funcionarios del aparato del
Estado.
La industrialización del país
Comenzó tímidamente en los años 40 del siglo XIX, cuando se pusieron en marcha factorías de hilado, que aunque con
carácter muy restringido, constituyeron el germen de la economía capitalista moderna.
La industrialización se concentró en gran medida en torno a la construcción de ferrocarriles y fue muy rápida durante la
década de los 80 del siglo XIX; durante la siguiente década sufrió una desaceleración para resurgir a partir de 1909.
La financiación de construcción ferroviaria fue monopolizada por el capital extranjero, especialmente de origen francés y
alemán. Los bienes de equipo (maquinaria, vagones, locomotoras) y la técnica también procedían del exterior.
Surgieron de este modo zonas industriales, en su mayoría dedicadas a la siderurgia, en San Petersburgo, Moscú, zona de
los Urales y Ucrania Occidental. En Siberia Oriental adquirieron relevancia las minas de carbón, indispensables para el
funcionamiento del ferrocarril.
En el Caspio, se descubrieron importantes yacimientos petrolíferos en la región de Baku que fueron explotados por
capital extranjero.
A pesar de todo, las zonas industrializadas activas eran insignificantes en relación a la enorme extensión del imperio y allí
donde las hubo se vieron sometidas a cíclicas crisis de sobreproducción (o subconsumo), como la ocurrida en el período
1901-1903.
El fenómeno iba ligado al escaso poder adquisitivo de la población rusa, en su mayoría campesina y sin recursos, lo que
dificultaba la consolidación de un mercado nacional interno. Antes de la Primera Guerra Mundial la población activa del
sector secundario continuaba siendo insignificante (un 5% del total).
La Banca estaba igualmente vinculada a empresas extrajeras: un 40% del capital de los bancos privados rusos era
foráneo.
En vísperas de la Primera Guerra Mundial Rusia atravesaba una fase de expansión industrial, pero continuaba rezagada
con respecto a las potencias europeas, Japón y Estados Unidos. El peso específico del agro continuaba siendo aplastante
a pesar de que se estaba forjando un empresariado moderno y lentamente crecían las clases medias. Esta tendencia
quedaría trastocada con el estallido de la Gran Guerra.
Partido Obrero Socialdemócrata Ruso: Fundado en 1898. Su ideología era marxista. A partir de 1903 (en su II Congreso)
se escindió en dos corrientes:
La menchevique (minoritaria): partidaria de la revolución de obreros y campesinos. Consideraba necesario un período de
transición que transformara a Rusia en un país industrializado, con un régimen democrático-burgués como paso
imprescindible y previo a la construcción de la sociedad socialista-proletaria.
Sus miembros promovieron la colaboración con los partidos burgueses para derrocar al zarismo. Entre sus líderes
destacaron Plejánov y Martov.
La bolchevique (mayoritaria): más radical que la anterior. Su dirigente, Lenin, era partidario de la toma del poder,
luchando simultáneamente contra el zarismo y contra la burguesía liberal.
Frente al marxismo ortodoxo de los mencheviques, sostenía que aunque Rusia no había pasado por una revolución
burguesa, era posible bajo el liderazgo de una minoría concienciada y decidida alzarse con el poder por medio de un
golpe de mano. Por tanto, no era necesaria una fase previa burguesa.
A la postre se constituirá en la formación triunfante de la revolución de octubre de 1917 y, una vez consolidada en el
poder, forzó la desaparición del resto de los grupos.
Guerra ruso-japonesa. 1905
La guerra entre Rusia y Japón hay que encuadrarla en el marco de la lucha entre dos potencias imperialistas en el
Extremo Oriente.
Ambas deseaban ampliar su área de influencia en Manchuria, provincia China, así como apoderarse de la península de
Corea.
Lo irreconciliable de sus intereses desembocó en un conflicto que se desarrolló durante los años 1904 y 1905.
Japón, potencia ascendente económica y militarmente, se consagró como indiscutible gran país tras la derrota de Rusia,
que asistió impotente a la destrucción de sus flotas del Báltico y el Pacífico.
La derrota provocó en Rusia un fuerte movimiento social en demanda de reformas. En él participaron los soviets, que
años más tarde cobrarían especial relieve. El malestar sirvió de detonante a la Revolución de febrero de 1905.
Revolución de 1905
El estallido revolucionario de 1905 sirvió de precedente y referente al de 1917. Fue fruto del malestar que provocó la
crisis económica que azotaba Rusia (crisis de subsistencias, desempleo), y del descontento causado por la derrota militar
frente a Japón.
Entre 1901-1903 la crisis, de extensión internacional, azotó a Rusia, que para entonces había alcanzado cierto grado de
industrialización. Se sucedieron manifestaciones y huelgas, especialmente en la región de Bakú, rica en pozos de
petróleo. La inestabilidad se prolongó durante todo 1905.
En comparación con la revolución de 1917, la mayoría de las fuerzas políticas que se vieron implicadas no pretendían
destruir el zarismo, tan sólo denunciaban el mal gobierno y solicitaban la incorporación de reformas políticas.
El hecho que desencadenó el proceso revolucionario ocurrió el 9 de enero de 1905, cuando una muchedumbre (200.000
personas), desarmada, compuesta por obreros, campesinos, mujeres y niños, dirigida por el pope (sacerdote) Gapón,
posible confidente de la policía y colaborador del régimen, se encaminó hacia el Palacio de Invierno, residencia del Zar en
San Petersburgo.
Pretendía hacerle llegar una serie de peticiones: convocatoria de una asamblea constituyente, mejoras salariales, jornada
de ocho horas, libertad de sindicación, etc.
Por respuesta obtuvieron una violenta represión que se saldó con más de mil manifestantes muertos. Este
acontecimiento ha pasado a la historia con el nombre de "Domingo Sangriento".
La reacción de los habitantes de San Petersburgo se materializó en una oleada de protestas, acompañada de la
paralización del sistema productivo como consecuencia de las huelgas y motines. En San Petersburgo y Moscú surgieron
las primeras asociaciones de obreros y campesinos, los "soviets" (comités de obreros).
En junio de 1905 la marinería del acorazado Potemkin, anclado en el puerto de Odessa (Mar Negro), se sublevó contra
sus oficiales, iniciativa que se extendió a otras unidades de la marina y del ejército.
Ante este aluvión de protestas el zar se vio obligado a transigir e hizo algunas concesiones, que se recogieron en un
Manifiesto Imperial emitido en octubre de 1905. Texto. Manifiesto Imperial de Octubre: Decreto de 30 de octubre de
1905
No obstante su aparente fracaso, la acción de 1905 tuvo repercusiones de gran relevancia que sirvieron de ensayo a los
acontecimientos de 1917.
Consecuencias de la Revolución de 1905
En el plano político:
El Manifiesto de Octubre teóricamente otorgaba a Rusia un régimen político similar al de los países democráticos
occidentales. Ello suponía:
La concesión de libertades cívicas.
La extensión del derecho al voto a todas las clases, es decir, el sufragio universal.
La creación de una Duma (parlamento o asamblea) con poderes legislativos elegida democráticamente, con lo que la
monarquía teóricamente pasaba de ser absoluta a constitucional. La autocracia daba paso a una cierta democracia. En la
práctica, no obstante, el zar se reservó el control de la Duma a través de un Consejo de Estado, el derecho a veto de los
acuerdos que aquella tomase y la facultad de disolverla.
En 1907 el sufragio universal fue abolido y sustituido por el sufragio censitario, con lo que las reformas del Manifiesto de
Octubre quedaban desvirtuadas.
El progresivo recorte de las medidas liberalizadoras conseguidas en 1905 ha llevado a denominar este período como el
del "pseudo-constitucionalismo".
En el plano económico y social:
La necesidad de modernizar el agro, principal fuente de riqueza de Rusia llevó al primer ministro Stolypin a una serie de
reformas:
Supresión del Mir al que habían quedado vinculados los campesinos a raíz de su emancipación en 1861.
Reparto de las tierras comunales, divididas en lotes, entre los campesinos sin propiedades.
En la práctica, estas reformas fracasaron, debido a que muchos pequeños campesinos vendieron sus tierras a los grandes
terratenientes (kulaks) y emigraron a las ciudades, con lo que la concentración de la propiedad de la tierra se acentuó. En
las fechas previas a la revolución de 1917, unos 30.000 kulaks detentaban una gran parte de las tierras cultivables de
Rusia.
La burguesía vio parcialmente satisfechas sus aspiraciones con las reformas, pero los socialistas las consideraron
totalmente insuficientes.
Primera Guerra Mundial: En 1914 Rusia entra en guerra formando parte de la Triple Entente enfrentada a las potencias
centrales. La deficiente preparación de su ejército, mal armado, instruido y organizado, fue causante de tempranas y
severas derrotas frente a Alemania (Tannenberg, Lagos Masurianos) que le condujeron a fuertes pérdidas territoriales,
materiales y humanas: de los 15 millones de soldados movilizados, 5 murieron. En la retaguardia el desabastecimiento, el
desbarajuste en la red de transportes y la inflación crearon un gran malestar.
En 1916 se inició una huelga general en San Petersburgo. Para obligar a los obreros a volver al trabajo se recurrió al
ejército, pero los soldados se negaron a reprimir a los trabajadores y los defendieron contra la policía. El amotinamiento
fue finalmente sofocado por varios regimientos de cosacos.
Estos hechos condujeron al definitivo desprestigio del zarismo y favorecieron la unión de la oposición burguesa y obrera
frente al régimen. El conflicto sirvió para organizar a los soviets y dar un REVOLUCIONES DE 1917
En el período comprendido entre febrero y octubre de 1917 tuvieron lugar dos revoluciones.
Ir a:La de febrero supuso el destronamiento del zar y la constitución de una república democrática burguesa
representada por un Gobierno Provisional.
La de octubre puso fin a ese efímero gobierno derribado por los bolcheviques y dio origen al primer estado socialista del
mundo.
La NEP (1921-1929)
La Nueva Política Económica trató de revertir la : en la que se encontraba sumida Rusia a causa de la guerra civil y la
agresión extranjera.
La revolución había logrado sobrevivir, pero a costa de un enorme coste: la producción agrícola había descendido
respecto a 1914 en un 60%, la producción industrial había quedado reducida a un 15%, la emigración al campo y el
despoblamiento de ciudades era galopante y el nivel de vida de la población estaba bajo mínimos.
El invierno de 1920 y 1921 se caracterizó por su extremada dureza y junto al hambre causó más de dos millones de
muertos.
La guarnición de la fortaleza de Kronstadt (Báltico), una de las más leales al gobierno revolucionario, se amotinó en
marzo de 1921, descontenta con la situación económica y política imperante. La rebelión, aunque abortada, supuso un
serio aviso para los bolcheviques, cuyos líderes vieron necesario un cambio de tendencia. Texto. Declaración de los
marineros sublevados de Kronstadt. 8 de marzo de 1921
En palabras de Lenin, la NEP constituía un sistema transitorio y mixto, un “obligado paso atrás” en el que la economía
permanecería bajo la dirección y planificación del Estado, aunque secundada por la iniciativa privada.
Era el restablecimiento de un capitalismo limitado y controlado cuyo objetivo era reconstruir la maltrecha producción.
Cesaron las incautaciones de granos a los agricultores y les fue concedida la libertad de cultivar y vender a su
conveniencia, una vez hubiesen satisfecho una cuota obligatoria (10% de la cosecha) al Estado. También se flexibilizaron
las relaciones laborales mediante la diversificación de los salarios y diversos incentivos a la producción.
Se autorizó el libre comercio interior, se contrataron técnicos extranjeros y se permitió la propiedad privada de pequeñas
y medianas empresas. El Estado mantuvo bajo su control los transportes, el comercio exterior, la banca y las grandes
empresas. También se accedió a la inversión de capitales extranjeros, si bien estos no afluyeron de la forma esperada,
por la inseguridad que el régimen despertaba a nivel internacional y por la negativa de los nuevos dirigentes a hacerse
cargo de la deuda externa del estado zarista.
La NEP consiguió una revitalización económica fulgurante, fundamentalmente en el campo agrícola, donde el
significativo incremento de la producción permitió eliminar el hambre. Asimismo incrementó el nivel de vida de la
población y permitió implementar un ambicioso plan de mejora de las infraestructuras y la industria.
En 1927 se habían logrado recuperar las cotas de 1914.
Contrariamente a estos beneficiosos efectos económicos, la NEP acarreó tensiones de carácter político y social:
resurgimiento de la burguesía, enriquecimiento de los propietarios industriales y comerciales, así como de los viejos
campesinos acaudalados de la época zarista (los kulaks).
La NEP sobrevivió a Lenin (que falleció en 1924) y continuó su andadura durante el mandato de Stalin, hasta que éste
decidió ponerle fin en 1928-1929, sustituyéndola por la estatalización de la economía, inaugurando con ello una nueva
etapa en la construcción del Estado soviético, caracterizada en lo económico por la vuelta al dirigismo estatal que había
sido puesto en práctica en los primeros tiempos de la revolución. mayor relieve y actividad a los bolcheviques liderados
por Lenin.
La Unión Soviética: un nuevo Estado
En marzo de 1921, durante el X Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), antiguo Partido
Bolchevique, Lenin apeló a la unidad y la cohesión del partido alertando sobre las amenazas de fraccionamiento y
contrarrevolución.
La diversidad en el seno de ese partido quedó restringida a una sola línea oficial. Ejemplo de esta política fue la
prohibición del sectores como el liderado por Alejandra Kollontai, el denominado “Oposición Obrera”, que abogaba por
una actuación menos burocrática y más acorde con las necesidades de obreros y campesinos.
La URSS se estableció en diciembre de 1922 como una federación de repúblicas socialistas soviéticas integrada por Rusia,
Ucrania, Bieolorusia y Transcaucasia (Georgia, Azerbaiyán y Armenia) con capital en Moscú. En 1924 se adhirieron
Uzbekistán, Turkmenistán y Kirguistán y en 1929 Tadzikistán.
Se trataba de un Estado plurinacional y multiétnico que equivalía prácticamente a la extensión del antiguo Imperio de los
zares.
Estaba regida por un solo partido (PCUS), establecido en cada una de las repúblicas. Hasta 1945 la URSS constituyó el
único estado comunista del mundo.
En 1923 se elaboró una nueva Constitución en la que se delimitaban las competencias del nuevo Estado en materia de
planificación económica, defensa, papel de las repúblicas, a las que se les reconocía el derecho de igualdad y se
respetaba en teoría la posibilidad de abandono de la unión.
El órgano supremo legislativo residía en el Soviet Supremo (constituido por los delegados de los soviets de las
repúblicas). Era elegido por sufragio universal e indirecto. El Soviet Supremo elegía el Presidium, cuyo presidente era el
jefe del Estado de la URSS. Igualmente elegía al Consejo de los Comisarios del Pueblo, una especie de consejo de
ministros.
Toda la organización política quedaba controlada por el Partido Comunista, muy jerarquizado, cuyo principal órgano era
el Comité Central, dirigido por el Secretario General (en 1922 fue elegido como tal Stalin). La misión del Partido era
implantar la dictadura del proletariado como paso previo a la consolidación del socialismo y finalmente del comunismo.
El control del Estado por parte del PCUS convirtió a la URSS en un Estado totalitario.
En 1924 la URSS normalizó sus relaciones con el exterior y numerosos países la reconocieron.
La construcción del nuevo Estado no estuvo exenta de problemas. La enfermedad y muerte de Lenin (1924) dejó en
suspenso la cuestión de la sucesión del líder.
Había varias tendencias en seno del partido: la de Bujarin, favorable a un socialismo progresivo y acompasado; la de
Trotsky, partidario de la revolución permanente (era contrario a la NEP) y de la extensión internacional del comunismo.
Ambas fueron superadas por una tercera, la defendida por Stalin, quien desde su puesto de Secretario General del PCUS,
pretendía consolidar la revolución en Rusia antes de traspasarla a otros países.
A la muerte de Lenin se nombró una “Troika” (Stalin, Zinoviev y Kamenev) que se encargó de la dirección del Partido. En
ella no participó Trotsky, pero sí Stalin, que fue desplazando progresivamente a los viejos dirigentes revolucionarios hasta
quedarse con el poder absoluto. En 1925 Trotsky fue expulsado del PCUS. Desterrado en 1927, dos años más tarde hubo
de exiliarse de Rusia.
LA ÉPOCA DE STALIN
Constituye la segunda etapa de la Revolución rusa y comprende cronológicamente desde finales de los años 20, en que
Stalin toma las riendas del poder soviético, hasta su muerte, acaecida en 1953.
Fallecido Lenin en enero de 1924 se planteó el tema sucesorio. Stalin no consiguió inmediatamente el control del Partido
y el Estado soviético. El Estado quedó en manos de una dirección colegiada (Troika) que ya había asumido el poder
durante la enfermedad del líder.
Ésta estaba integrada por Zinoviev, Kamenev y el mismo Stalin, quedando marginado de la misma Trotsky. Hasta
entonces el máximo líder soviético (Lenin) había actuado sin obstáculos en la dirección ideológica y política de partido.
Ahora el panorama no era unitario y en el seno del PCUS bullían profundas desavenencias.
Funamentalmente dos fueron las tendencias que se enfrentaron:
La estalinista, partidaria de la consolidación del comunismo en un solo país e inclinada a un monolitismo intolerante
respecto a cualquier movimiento que se alejara de las directrices del Partido.
La de Trotsky, el preferido de Lenin, inclinado por la “revolución permanente” y la exportación del socialismo fuera de la
Unión Soviética. Más tolerante que Stalin, concebía el Partido como una organización abierta en la que tuviesen cabida
diversas corrientes de opinión.
Ambas posturas simbolizaban la lucha por el poder en el seno del partido.
La vencedora fue la encabezada por Stalin, quien en 1925 logró la expulsión del PCUS de su adversario, despejando el
camino hacia la progresiva eliminación política y física de la vieja guardia bolchevique, que fue exterminada entre 1936 y
1938: Zinoviev y Kamenev fueron ejecutados en 1936
Una economía planificada
A partir de 1928 Stalin abandonó los postulados de la NEP e impuso una nueva forma de dirigir la economía: la
planificación y la centralización.
El Estado controlaría a partir de entonces toda la actividad y establecería las directrices a seguir, tanto en el sector
industrial como en el agrícola. El organismo encargado de tal cometido era el “Gosplan”, una comisión encargada de fijar
las metas y las pautas a seguir.
La actividad económica se proyectó en períodos de 5 años, denominados “Planes Quinquenales”. De 1928 a 1941 hubo
tres planes, el último de los cuales quedó interrumpido por la Segunda Guerra Mundial. Al finalizar la contienda los
planes quinquenales volvieron a retomarse.
El objetivo de los planes quinquenales era librar a Rusia del atraso económico, dotarla de un fuerte potencial industrial y
hacerla agrícola y militarmente autosuficiente.
Los medios para conseguirlo fueron la socialización de la industria, la colectivización de los campos y el control de la
distribución de la producción.
La planificación afectó a todos los campos de la economía: inversión, producción, consumo, salarios y precios. Dejó de
lado cualquier tipo de autogestión de los obreros y las empresas.
Se suprimió el sistema mixto de propiedad estatal y privada y se volvió al dirigismo estatal de las fases iniciales de la
revolución.
Para ello fue prioritario eliminar los principios de la NEP, lo que socialmente se tradujo en la destrucción de las clases que
habían prosperado bajo su cobertura, especialmente la de los kulaks.
Para alcanzar los objetivos fijados se establecieron como prioritarias dos tareas:
La colectivización agraria
El primer plan quinquenal estableció la colectivización de la tierra. Los propietarios debían aportar sus posesiones
agrícolas y ganaderas a la colectividad. Los kulaks, campesinos adinerados que habían prosperado bajo la NEP se
resistieron a acatar las órdenes y fueron represaliados.
Eliminados de la escena económica, una significativa parte de los 5 millones que había censados en 1927 desapareció. El
régimen los consideró sospechosos de antisocialismo y los deportó a campos de trabajo en Siberia donde muchos
perecieron.
La colectivización agraria se centró en torno a dos tipos de propiedad socialista: los "koljoses", grandes granjas
cooperativas colectivas y, en menor grado los “sovjoses” o granjas estatales que utilizaban mano de obra asalariada.
En ambas se potenció el uso de maquinaria y la aplicación de técnicas agrícolas avanzadas. En 1936 el número de granjas
ascendía a casi 248.000, mientras que en 1929, al inicio del proceso de colectivización , eran casi 26 millones.
Los costes sociales de tal proceso fueron elevados. Los campesinos fueron las víctimas de la planificación económica,
siendo convertidos en meros instrumentos de financiación de la industria. Si la revolución de 1917 había acabado con el
régimen zarista y la gran propiedad agraria, la colectivización de 1929-1930 liquidó la aldea tradicional y la pequeña
propiedad familiar.