Filosofía Contemporánea: Crisis y Positivismo
Filosofía Contemporánea: Crisis y Positivismo
1.1 Introducción
1.2 La industrialización
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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA: 2º BACHILLERATO
Julio González Espejo. Prof. De Filosofía del I.E.S. Pino Montano (Sevilla)
1.4 La crisis de la razón especulativa.
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de cualquier filosofía con pretensiones de absolutidad y necesidad. El positivismo
interpretó el hecho de esta “disparidad” entre los diferentes sistemas filosóficos como
una prueba decisiva contra la especulación metafísica.
Las ciencias de la naturaleza, basadas en un proyecto físico-matemático
de la razón, no podrán acceder a la complejidad y peculiaridad de lo humano. Este
hecho, junto con otros muchos factores de naturaleza sociopolítica y cultural que
concluirían en una profunda crisis de valores tradicionales de Occidente, darán a un
momento de crisis generalizada en la vieja Europa. El título de la obra póstuma de uno
de los pensadores más influyentes del s. XX, E. Husserl, “La crisis de las ciencias
europeas”, puede sugerir, al menos, dos interpretaciones claras:
- Expresión de la crisis de finales del s. XIX y principios del XX. Sería así un
replanteamiento de los logros de la ciencia, de lo que ha conseguido hasta el
momento y de cómo se plantean una serie de problemas a los cuales no puede
responder, tanto por los métodos de que dispone como por un cambio de
orientación en cuanto a los fines perseguidos.
- Expresión no de una crisis de la ciencia misma, sino de cómo una determinada
interpretación de ella (la positivista) ha llegado a relegar la cuestión principal del
conocimiento: El sentido o la ausencia de sentido de la existencia humana.
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2. K. MARX
2.1 Introducción
De forma amplia podría aceptarse que para Marx no existe una esencia humana en
general, unas características propias que le pertenezcan de forma esencial, sino que el
hombre es un ser que se hace a sí mismo a través de la historia, la sociedad... “El
hombre produce al hombre, a sí mismo y al otro hombre (...) Así como es la sociedad
misma la que produce al hombre en cuanto a hombre, así también es producida por él
(...) Toda la llamada historia universal no es otra cosa que la producción del hombre
por el trabajo humano1”.
El hombre es, según esto, ante todo un ser activo, práctico, siendo el trabajo su
principal actividad. El bagaje histórico, sobre todo en su herencia griega, había colocado
al verdadero hombre, al más elevado ejemplar de humanidad, en la actividad
contemplativa, teórica, concepción esta que Marx está decidido a abandonar. Es el
trabajo lo que pone al hombre en relación con la naturaleza y con otros hombres; hace
que se constituyan las sociedades y fomenta las relaciones con otros individuos. Así
pues, la esencia humana, si algo así existiera, no sería algo abstracto propio de cada
individuo, sino el conjunto de las relaciones sociales que (con)forman al sujeto.
Conjuntamente con estas “relaciones sociales” aparecen en la obra de Marx nuevos
conceptos y nuevas formas de entender el fenómeno humano, así como una nueva
perspectiva que orienta la filosofía hacia terrenos menos idealistas que los aparejados a
sus más directos antecesores entre los que cabe destacar la figura de Hegel. Bajo los
conceptos usados por Marx, como podrían ser los de “ideología”, “alienación” o
“historia” se esconde algo más que una visión del mundo o del hombre. El análisis
económico y materialista realizado por el pensador alemán tienen como fin criticar la
tradición filosófica de Occidente, pero además persiguen dotar a la filosofía de un
talante práctico que permita convertirla en un nuevo motor de cambio social. Por decirlo
usando sus propias palabras; “Los filósofos no han hecho más que interpretar de
diversos modos el mundo; pero de lo que se trata es de transformarlo”2.
1
K. Marx, Manuscritos: Economía y filosofía, Alianza, Madrid 1984. pp.145 y ss.
2
K. Marx, Tesis sobre Feuerbach, tesis XI
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conjunto. Cada grupo de creencias presenta así a los individuos una comprensión parcial
de la realidad que, mediada por las diferentes leyes, códigos morales... que imperan en
cada clase social convierten dicha visión en “ideológica”.
Para Marx la ideología; leyes, religión, filosofía, moral... es el instrumento más
poderoso que posee la clase dominante para imponer su hegemonía en el terreno de las
relaciones sociales. Éstas son moldeadas para encubrir las contradicciones sociales y
utilizadas para encubrir y justificar un mundo distorsionado que hace que las clases
sociales acepten su condición. Así, nos enfrentamos con ello a varios problemas:
- Las clases dominantes utilizan la ideología en su provecho justificando las
desigualdades sociales.
- La visión que poseemos del mundo aparece distorsionada, ideológicamente
matizada, y alejada por ello de la verdadera realidad.
- La filosofía hasta ahora no ha hecho nada por crear una teoría omnicomprensiva
que de verdadera razón del mundo sino que, al formar parte de la propia
ideología no ha hecho más que justificarlo.
Fruto de todo ello aparece lo que Marx denomina “falsa conciencia”. Los individuos
aceptan el mundo, toman conciencia de sí, de una forma mediada. Partiendo de la
ideología dominante toda representación del mundo va a ir dirigida a fundamentarla y a
hacer que el resto de clases sociales no dominantes posean una conciencia de sí mismos
“elaborada” por otros, por los que rigen los designios de lo social. Así, los desajustes y
los conflictos se dirimen en un entramado que pasa a ser lo comúnmente aceptado. Para
el caso que nos ocupa, se acepta el capitalismo como la forma más avanzada de
economía y el natural desarrollo social, produciéndose el “aburguesamiento” de los
sujetos y, lo que es mas grave, la alienación de los mismos.
Retomando lo que habíamos enunciado en la introducción, el hecho de que para
Marx el hombre es ante todo un ser activo, productivo, la alienación como ya se ha
podido intuir estará centrada para nuestro pensador en el ámbito social que recubre la
principal actividad del sujeto en la época capitalista: el trabajo.
Es en el trabajo donde el hombre, en principio, debería realizarse como hombre.
Pero en las condiciones de trabajo asalariado sucede exactamente todo lo contrario: lo
que se produce es la alienación del hombre. Tal alienación se cumple en una cuádruple
dimensión.
- Con respecto al producto de su trabajo: es éste la objetivación del mismo, pero,
al convertirse en capital de otros aparece ante el trabajador como u ser extraño,
como un poder independiente que él no posee ni domina; al contrario, cuanto
más produce el trabajador, menos alcanza a poseer, y tanto más sujeto está a la
dominación de su producto sobre él mismo, es decir, al capital.
- Con respecto a su propia actividad: para el trabajador se muestra la exterioridad
del trabajo en que éste no es suyo, sino de otro, no le pertenece. Cuando está en
él no se pertenece a sí mismo, sino a otro, por lo cual el trabajo aliena al
trabajador respecto de sí mismo. Surge así la gran paradoja del trabajo alienado:
“En su trabajo, el trabajador no se afirma sino que se niega; no se siente feliz,
sino desgraciado; no desarrolla una libre energía física y espiritual, sino que
mortifica su cuerpo y arruina su espíritu. Por eso el trabajador sólo se siente en
sí fuera de su trabajo, y en el trabajo fuera de sí... Su trabajo no es así
voluntario, sino forzado. Por ello no es la satisfacción de una necesidad sino el
medio para satisfacer las necesidades fuera del trabajo(...) De ello resulta que
el hombre sólo se siente libre en sus funciones animales, en el comer, beber y
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engendrar y en cambio en sus funciones humanas se siente como un animal. Lo
animal se convierte en humano y lo humano en animal.”3
- Con respecto a la naturaleza: ésta, en lugar de convertirse en el cuerpo
inorgánico del hombre, aparece como algo ajeno al trabajador, como propiedad
de otro.
- Con respecto a los otros hombres: el hombre, a diferencia de los animales, es
capaz de trabajar no sólo para sí mismo y sus propias necesidades, sino también
para los demás y para la transformación del mundo a favor de la especie
humana; pero en el trabajo alienado se corta toda relación con la naturaleza y
con la humanidad: cada uno trabaja para sí mismo, el otro aparece como un ser
extraño al que pertenece tanto el trabajo como su producto.
3
Ibid. 1 , p.109
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y de cambio, en la consiguiente división de la sociedad en distintas clases, y en las
luchas de estas clases entre sí”4.
Esta teoría que es considerada más como un planteamiento sociológico que
filosófico puede resumirse esquemáticamente de la siguiente manera:
↑ (determinación) ↓ ↑ (determinación) ↓
4
F. Engels, Del socialismo utópico al socialismo científico, introducción. Ed en lenguas extranjeras,
Pekín. Traducido para Internet por D. Romagnolo. [email protected]
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- En conclusión, la Historia es conducida, principalmente, por el desarrollo de las
fuerzas de producción, la principal de las cuales es el trabajo humano. El
hombre, el trabajador, es el actor principal de la historia. Pero esa historia sólo
puede avanzar al precio de contradicciones y luchas. Es por ello que en estas
luchas la conciencia de clase posee un papel relevante.
3. F. NIETZSCHE
El conjunto de la filosofía de Nietzsche es, por una parte, una crítica radical a los
fundamentos de la cultura occidental basada en una metafísica, una religión y una moral
que han suplantado e invertido los valores vitales; por otra parte, es un intento de
superación de esta cultura a la que califica como producto del resentimiento contra la
vida. Por ello debe verse en Nietzsche, no sólo un perspicaz crítico, sino que su
pensamiento también intenta una superación de la decadencia y del resentimiento de la
cultura que critica.
Dentro de su superación de la cultura occidental Nietzsche convierte la vida en el
principal tema de reflexión lo que convierte a su perspectiva filosófica en Vitalista. Su
filosofía tiene una doble vertiente: Una vertiente negativa (en la que realiza la crítica de
los valores de la cultura occidental) y una vertiente positiva (en la que habla del
superhombre, la muerte de dios, el eterno retorno…) como elementos básicos de su
superación.
Crítica a la filosofía.
Para Nietzsche la filosofía es una ciencia que trata los errores fundamentales del
hombre, pero lo hace como si estos fueran las verdades fundamentales. Según Nietzsche
lo que la filosofía tradicional ha considerado como ser no es. Lo único que es, es el
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devenir. Nietzsche afirma que con Sócrates se inicia la decadencia griega. Por tanto, su
crítica va destinada a la filosofía desde Platón y Sócrates hasta la actualidad, excluyendo
a los presocráticos. La filosofía tradicional ha cometido principalmente 2 errores:
- Minusvaloración del devenir, que conlleva una desvalorización del
conocimiento sensible. Nietzsche rechaza la contraposición de un mundo
verdadero y uno aparente y afirma que el único que existe es el 2º, el mundo
sensible. Nietzsche propone la inversión de la ontología y de la valoración del
ser que se ha hecho hasta ahora.
- Confusión entre lo último y lo primero. Según Nietzsche la filosofía está
guiada por conceptos supremos y generalísimos que están vacíos, son meras
generalizaciones. En un primer momento estos conceptos son metáforas de la
realidad pero acaban quedando vacías y constituyen signos que ocupan el lugar
de las intuiciones.
Finalmente Nietzsche afirma que los filósofos no buscan la verdad, sino que buscan su
verdad, la cual se encuentra relacionada con su forma de ver el mundo, expresión de la
verdad que acaba con la posible y supuesta objetividad de la misma.
Crítica a la ciencia.
Crítica a la religión.
Crítica a la moral.
Para analizar la moral Nietzsche usa la genealogía, mediante la cual estudia las raíces de
las que nacen los conceptos bien y mal. Critica a la moral tradicional (moral que se da a
partir de Sócrates y Platón) por su antinaturalidad. La moral tradicional está en contra
de la vida y la naturaleza. Este error se produce a causa del resentimiento (a causa del
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desprecio de la vida) propio de los sacerdotes, que surge con el judaísmo y que lo
hereda el cristianismo. Nietzsche también ataca al formalismo moral, es decir, critica la
intención de formular preceptos morales universales. Trata de poner de manifiesto que
detrás de la pretensión de universalidad y objetividad de los valores morales se
esconden sistemas de preferencia de índole afectiva. Hay 2 tipos básicos de moral:
- Moral de señores: Corresponde a los estados del alma elevados. Es una moral
caballeresca, creadora, que implanta valores. Es la moral propia del
superhombre y de quien ama la muerte de dios. Para los señores, el binomio
«bien-mal» equivale a «noble-despreciable». Desprecian como malo todo
aquello que es fruto de la cobardía, el temor, la compasión, todo lo que es débil
y disminuye el impulso vital. Aprecian como bueno, en cambio, todo lo superior
y altivo, fuerte y dominador. La moral de los señores se basa en la fe en sí
mismos, el orgullo propio.
- Moral de esclavos: Es una tendencia a igualar toda forma de vida humana que
tiene su raíz en el instinto de venganza contra toda forma de vida superior.
Defiende la igualdad de todos los hombres y el amor al prójimo y no crea
valores. Nace de los oprimidos y débiles, y comienza por condenar los valores y
las cualidades de los poderosos. Una vez denigrado el poderío, el dominio, la
gloria de los señores, el esclavo procede a decretar como «buenas» las
cualidades de los débiles: la compasión, el servicio —propios del cristianismo—
, la paciencia, la humildad. Los siervos inventan una moral que haga más
llevadera su condición de esclavos. Como tienen que obedecer a los señores, los
siervos dicen que la obediencia es buena y que el orgullo es malo. Como los
esclavos son débiles promueven valores como la mansedumbre y la
misericordia.
Nihilismo.
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2. Como la transmutación activa y expresa de los valores, que supondría un nuevo
modo de pensar afirmativo que afirma la vida y la voluntad en la vida; y que
expulse todo lo negativo Este pensamiento además creerá en el eterno retorno y
en la inocencia del porvenir y el pasado. Este pensamiento se denomina
pensamiento trágico. Provocaría la aparición del superhombre.
Superhombre.
Nuevo modelo humano espiritualmente más elevado que ha superado el pensamiento
trágico del eterno retorno. Este superhombre supera la moral tradicional y llega a la
nueva moral de acuerdo con su naturaleza. Es un espíritu libre. La transformación de
hombre en superhombre ocurre en 3 fases:
- Camello: En este momento el hombre carga con el peso de la ley moral, es como
un animal de carga que obedece a su amo.
- León: En este momento el hombre se cansa de la carga que lleva encima y se
rebela contra su amo librándose de la carga. Se convierte entonces en un hombre
crítico que dice “yo quiero” e impone su voluntad
- Niño: El hombre se va quitando cargas y creando sus propios valores, busca la
afirmación de sí mismo.
Características fundamentales: Ansia de vivir, superación, práctica de la moral de los
señores, cambio de la forma de vivir (riéndose de los antiguos valores), vive la fidelidad
de la tierra lejos de la idea de Dios, vive la voluntad de poder y vive el eterno retorno.
Voluntad de poder.
Toda fuerza impulsora es voluntad de poder que, en este sentido, es la esencia misma
del ser, y que, como principio afirmador, está situado más allá del bien y del mal. Esta
noción, pues, carece de cualquier clase de connotación política. No se trata de un deseo
de poder político, o de un afán de dominio social, sino que expresa solamente el
dinamismo del cual la vida es su manifestación, no sometido a ningún poderío exterior,
a ningún dios, ni a ningún valor superior al de la propia vida. La voluntad de poder no
consiste en ningún anhelo ni en ningún afán de apoderarse de nada ni de dominar a
nadie, sino que es creación; es el impulso que conduce a hallar la forma superior de todo
lo que existe y afirmar el eterno retorno, que separa las formas superiores, afirmativas,
de las formas inferiores o reactivas.
Eterno retorno.
Expresión inspirada en la concepción cíclica del tiempo propia de los presocráticos que
pretende superar la idea lineal de tiempo propia del pensamiento judeo-cristiano; une
finitud y eternidad y le da infinito valor a cada instante de la existencia. Como el tiempo
es infinito y las fuerzas que forman la voluntad de poder son finitas, Nietzsche afirmará
que todos los sucesos de la realidad se repetirán eternamente.
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4. J. ORTEGA Y GASSET
4.1 Introducción
La formación filosófica de Ortega se nutre de dos fuentes claramente identificadas y a las que él
mismo hace referencia en varios pasajes de su obra: la filosofía griega y la filosofía europea
continental iniciada con Descartes. La filosofía medieval y la anglosajona, por el contrario, son
prácticamente ignoradas por Ortega, así como las corrientes analíticas y neopositivistas
alemanas de la época.
Los primeros pasos de Ortega en la filosofía están dominados por el lugar de España y su
pensamiento en el mundo. Las carencias que encuentra: falta de rigor, ausencia de método,...
serán las que le llevarán a un planteamiento "objetivista" de su pensamiento. La subjetividad,
pierde la noción del mundo, de lo real, y se refugia en sus ensoñaciones fantásticas y literarias.
La ciencia, el rigor y el método se le escapan. Es necesario sacarle de esa pesadilla mediante la
exigencia de objetividad.
El significado del objetivismo en Ortega supone la valoración extrema de la ciencia. La
consecuencia es el enfrentamiento de Ortega a cualquier forma de subjetivismo, sea cual sea el
ámbito de la actividad humana en la que se manifiesta. No son, pues, las cuestiones individuales
las que pueden interesar al intelectual, sino su contraste con las cosas; pero para poder aquilatar
el significado de "las cosas" es necesario adoptar una cierta distancia, no limitarse a ser
arrastrados y verse inmersos en ellas, y esa distancia es la que da el pensamiento abstracto, la
teoría. Ahora bien, para Ortega es necesario que la teoría sea la expresión de un pensamiento
sistemático, un pensamiento en el que todos los elementos se encuentren en su lugar, desde el
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que se ven dotados de un pleno significado. De ahí la insistencia de Ortega a lo largo de este
período en la necesidad de un pensamiento sistemático y en la identificación de la teoría
filosófica con el sistema filosófico o, cuando menos, con la voluntad de construir un sistema.
Esta primera fase durará hasta 1914 fecha en que, con las "Meditaciones del Quijote" se abre la
fase perspectivista de su pensamiento, en la que comienza a desarrollar los principales
elementos de su filosofía de madurez que, paradójicamente, se opondrá a este objetivismo,
oposición que se continuará en su fase racio-vitalista.
4.3. El perspectivismo
El circunstancialismo de Ortega no se limita a subrayar el hecho de que además del yo hay que
contar con las circunstancias en las que éste se halla inmerso (particulares, históricas,
sociales...), sino que supone también la acción del sujeto para dar "sentido" a esas
circunstancias. Esa búsqueda del sentido de lo que nos rodea le lleva a señalar la tradición o
judeo-cristiana y la filosofía griega como los dos elementos o circunstancias modeladoras del
hombre occidental, a las que deben añadirse las circunstancias particulares del yo,
aparentemente de menor entidad, o casi sin entidad, pero cercanas al yo, que confieren sentido a
la realidad que le rodea con tanto rigor como las anteriormente señaladas. Ello llevará a Ortega
a reflexionar sobre temas aparentemente ajenos a la filosofía. El método filosófico de Ortega va
a consistir en un partir de las cosas más próximas, que nos rodean, para alcanzar las más
lejanas, que encontramos tratadas bajo la forma de los problemas filosóficos tradicionales. Eso
supondrá el reconocimiento de una jerarquización de las circunstancias (de por sí cambiantes e
innumerables) en función de su "cercanía": la reflexión filosófica ha de empezar por lo más
próximo, lo más cercano al yo.
¿Qué ocurre entonces con la verdad? Ortega se opone a las pretensiones del racionalismo acerca
de la existencia de una verdad absoluta, ajena a lo temporal, a lo circunstancial, y afirmará
justamente lo contrario: la verdad se da siempre desde las circunstancias en las que el yo se ve
inmerso, desde su propia vida. La realidad es siempre captada desde las circunstancias del yo, y
la verdad consistirá en saber dar cuenta de esa realidad desde esas circunstancias (que son
circunstancias vitales) en las que se halla inmerso el yo. El ejemplo de la sierra del Guadarrama
le sirve para ilustrar su posición de un modo muy gráfico: mirada la sierra desde Madrid no es
lo mismo que mirada desde Segovia. ¿Cuál es la mirada verdadera, la visión verdadera? No
tiene sentido esta pregunta, como si se pretendiera tener una visión "única" de las dos vertientes
que no es posible bajo ninguna consideración. Quien mira la sierra desde Madrid tiene una
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visión tan verdadera de ella como quien la ve desde Segovia, por lo que las dos perspectivas de
la sierra son verdaderas. Sin embargo, dice Ortega, las dos miradas, las dos perspectivas, se
complementan, siendo cada una de ellas distinta e insustituible. Es precisamente esa
complementariedad de las perspectivas lo que aleja la posición perspectivista de Ortega del
relativismo y el escepticismo.
Por lo demás, si todas las perspectivas tienen validez, en cuanto tales, eso nos lleva a reconocer
el papel de otros seres humanos en la construcción de la verdad, dado que su perspectiva,
aunque aparentemente opuesta a la mía, es necesaria para alcanzar el conocimiento de esa
verdad "objetiva". A diferencia de lo que ocurría en la primera fase de su pensamiento, el
individualismo no es ya un obstáculo para la consecución de la objetividad, sino un elemento
necesario para ello. Si aplicamos el perspectivismo al campo de lo moral y lo social, se pone de
manifiesto la necesaria tolerancia como valor fundamental para el ser humano, en la medida en
que cada cual ha de ser capaz de reconocer el carácter "complementario" de las perspectivas
ajenas, de la diferencia y la individualidad de los demás, como factor esencial de convivencia
social, subrayando así el carácter parcial y complementario de toda perspectiva
4.4. El racio-vitalismo
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2) La vida de la que habla Ortega no es la vida "biológica" sino que, en cuanto realidad radical,
ha de cumplir determinadas condiciones, que la distinguen de una consideración puramente
biológica de lo vital: es la vida de quien tiene capacidad para dar cuenta de ella, la vida
personal, de cada ser humano, está vida, la mía, la vida humana. Es precisamente el
pensamiento lo que nos capacita para comprender la vida y sus circunstancias, dando sentido a
la acción humana, a la particular forma de obrar el hombre en el mundo, por lo que el
pensamiento no puede considerarse como algo opuesto y/o ajeno a la vida.
Por lo demás, todo ello se da en el tiempo, por lo que la dimensión histórica del hombre es
inseparable del circunstancialismo, lo que nos conduce al núcleo del último pensamiento
orteguiano, la relación entre la vida y la historia, plasmada en el concepto de razón histórica en
el que se concreta la noción orteguiana de razón vital. La naturaleza del hombre es,
fundamentalmente, histórica. Eso supone afirmar que no hay una naturaleza humana inmutable:
el hombre es, en cada época, en buena medida, lo que hereda de sus antepasados, herencia que
se puede consolidar y aumentar, transmitiéndola a las generaciones futuras, o dilapidar.
"En suma, que el hombre no tiene naturaleza, sino que tiene (...) historia.
5. RAZÓN Y COMUNICACIÓN
5.1 La Hermeneútica
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5.1.2 Antecedentes filosóficos de Gadamer y la filosofía hermeneútica
W. Dilthey
Según Dilthey, el hombre accede al conocimiento del mundo mediante dos
métodos: el de la comprensión y el de la explicación. Es en esta dualidad metodológica
donde fundamenta su división de las ciencias en “ciencias del espíritu” y “ciencias de la
naturaleza”. La explicación que estas últimas ofrecen de las cosas sigue el método
explicativo. Es decir, aquel que procede en forma de análisis desde la causa al efecto o
desde el efecto a la causa. En las “ciencias del espíritu”, por el contrario, se erige la
comprensión como categoría fundamental del conocimiento. Dilthey entiende por
comprensión un proceso descriptivo, que es resultado del conjunto de fuerzas emotivas
con que el interprete penetra y se pone en comunicación con aquello que ha de ser
interpretado, textos o hechos. El sujeto que comprende es así concebido como una
conciencia afectada por una experiencia vital. La misma experiencia de vida une al
interprete con el hecho o con el texto, expresada después en un logos vivencial.
Pretende con ello Dilthey salvar las esferas que, desde Kant, hacen insalvables las
distancias entre sujeto y objeto.
Martin Heidegger
5.2.1 Introducción.
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5.2.2 Historia.
5.2.3 Tradición
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“conversar”, “dialogar” con un texto, cuyo sentido es relativo a la pregunta para la cual
es respuesta.
Todo este proceso hermeneútico no sería posible si, de antemano, el comprender
no fuera el carácter original de la vida humana, el modo de ser propio del hombre. En
última instancia, en esta identificación, el ser que comprende puede a su vez ser
comprendido, ser lenguaje.
Este hecho, el “ser lenguaje”, se convierte en el hecho central, crucial de la
interpretación y de la tarea hermeneútica por ello. El lenguaje aparece como el centro en
el que se reúnen el yo y el mundo en su ser original.
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Habermas introduce, junto a la categoría del trabajo, la categoría de la interacción o de
la “acción comunicativa”, que apunta a otra necesidad de nuestra especie no menos
perentoria que la anterior. Para mostrar la necesidad de dicha acción, Habermas
diferencia entre:
- Acción instrumental o estratégica: Aplicaciones del conocimiento científico
tendente a facilitar el control racional del medio externo, natural o social, o la
adopción de decisiones racionales en orden a desenvolvernos dentro de él. Su
racionalidad se mide por el logro de tales objetivos.
- Acción comunicativa: Sería la acción que pone en contacto, en diálogo a través
del lenguaje, a los sujetos y que se halla orientada hacia la comprensión
intersubjetiva. No es reducible a la racionalidad teleológica y alcanzaría su
plenitud en el ejercicio pleno y sin trabas de la comunicación.
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