Un Camino del Dolor a la Esperanza:
Lectura exegética y espiritual de los Salmos 120-134
Documento 4
P. Fidel Oñoro, cjm
Estudio del Salmo 121
1 Canto de las subidas.
Alzo mis ojos a los montes:
¿de dónde me llegará el auxilio?
2 Mi auxilio me viene de Yahvé,
que hizo los cielos y la tierra. —
3 No permitirá que tropiece tu pie,
no duerme el que te guarda.
4 No, no dormita, no se duerme
el que guarda a Israel.
5 Yahvé es tu guardián,
Yahvé, a tu derecha,
es tu sombra protectora.
6 De día no te dañará el sol,
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ni la luna de noche.
7 Yahvé te guarda de todo mal,
guarda tu alma.
8 Yahvé guarda tus salidas y entradas,
desde ahora y por siempre.
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1. Visión general del Salmo
El Salmo 121 lo podríamos denominar el “canto del centinela” divino, por el verbo shāmar,
“custodiar” (se repite seis veces en el Salmo). El centinela es el que cuida las ciudades por la
noche. Dios como “custodio” es un tema clásico en los Salmo (ver 25,20; 34,21; 41,3…).
Este es por excelencia un himno de peregrinación que pone en el centro esta imagen de Dios
que cuida en el camino.
Este es un Salmo de confianza en Dios, que asegura a los peregrinos que van de camino hacia
Sión la protección divina. El Salmo 91 le había asegurado a los guerreros y a todos los orantes
que Dios era su seguro protector en todo peligro imaginable; este Salmo 121, se sitúa en
medio de una ruta y le ofrece la tranquila seguridad de que en el caminar de la vida contará
con la presencia de Dios y su protección incondicional.
El Salmo está construido a dos voces. La primera (v.1-2) se pronuncia en primera persona,
es un diálogo introductorio en el que el orante se interpela a sí mismo; aquí cuestiona dónde
pone su confianza. La segunda (v.3-8) se pronuncia en tercera persona, esta segunda voz,
probablemente la de un sacerdote, le da al peregrino la bendición que lo sostendrá en todo el
viaje.
Esta segunda parte (v.3-8) también se puede subdividir:
a) Un oráculo (v.3-4)
b) Una bendición (v.5-6)
c) Un aseguramiento de la constancia del cuidado de Dios (v.7-8)
En cada parte se responde a tres preguntas que ahondan en la confesión de fe en el “hacer”
creador de Dios:
a) ¿Dónde cuida de mí?
b) ¿Cómo cuida de mí?
c) ¿Para qué? ¿A dónde me lleva con su cuidado?
Primera parte (v.1-2)
En la primera parte se elabora una confesión de fe. Una pregunta (v.1) y una respuesta (v.2).
El resto del Salmo profundizará.
Comienza con una mirada a las montañas, lugar de oración en Israel como en todas las
culturas antiguas. Se contrasta las montañas donde se daba culto a los baales con la montaña
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santa coronada por el Templo del Señor, hacia la cual se encaminan los pies del peregrino
(v.1).
La alusión a Sión, así como la idea del viaje (v.3), del sol, de los peligros diurnos y nocturnos,
hay que buscarlos también en las “montañas” hacia los cuales el orante eleva los ojos (v.1).
La mirada fija en las montañas deja entender el deseo de escalar la colina de Sión desde los
valles del viaje terreno.
Quizás haya una alusión más en esta imagen. El poeta observa las “montañas”, un signo de
por sí ambiguo, ya que alude a los santuarios idolátricos cananeos ubicados en los
denominados “lugares altos”, en contraposición con la “montaña” en singular que es “Sión”,
a la roca sólida que es Yahvé (ver el Salmo 18,3).
Aunque también podría pensarse en las montañas que rodean a Jerusalén como un dulce
abrazo (Salmo 125,2).
En el Salmo 48,3 se cantaba que esta montaña es la alegría de toda la tierra:
“Altura hermosa, ¡es la gloria de toda la tierra!
El monte Sión, vértice del Safón, ‘es la capital del gran Rey!”.
La ayuda de Israel, por tanto, proviene de Sión, el sitio del Templo y el centro del universo
(Ezequiel 38,12). Y puesto que Dios es soberano de todo el universo, no tendría sentido la
adoración de los dioses (los Baales y Astarté, dioses de la fecundidad de la tierra y del vientre)
en los lugares altos (ver 1 Reyes 11,7-8; 12,31; 13,33-34).
En este contexto se plantea pregunta retórica: “¿De dónde vendrá mi socorro?” (v.1).
¿Auxilio de qué? Para terminar el viaje con seguridad, ciertamente, pero también es el anhelo
de llenar todas las ansias del corazón.
A la pregunta se responde con una confesión de fe (v.2). En dicha confesión se proclama el
nombre de Yahvé con su atributo de “creador”. Se pone de relieve el verbo “Hacer”: el mismo
que creó cielo y tierra es el que me toma en sus manos y me recrea. Ningún otro poder (“los
montes”) puede impedir a Dios completar su obra en mí. Una experiencia de Dios es dejarle
“hacer” en mí.
La pregunta era “de dónde”, pero la respuesta va más allá: no es un lugar, sino una persona
viva la que da el auxilio. Puesto que “hizo cielo y tierra” (Génesis 2,4; Éxodo 20,11), tiene
un poder universal e ilimitado (2 Reyes 19,15), Isaías 37,16; Jeremías 32,17). Lo seguirán
proclamando los Salmos siguientes: 124,8; 134,3; 146,6.
Desde lo alto del Templo proviene la fuerza de Dios como divino custodio. Esto es lo primero
se afirma.
Segunda parte (v.3-8)
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A partir de la confesión de fe, y en resto del Salmo, podemos ver el nombre de Yahvé
invocado cuatro veces. Este va acompañado del atributo “custodio”, recalcado seis veces, sea
con el verbo “Shamar” (guardar, custodiar, vigilar, proteger, atender cuidadosamente) o con
el sustantivo “Shomer” (custodio, guardián, protector).
Él es el “custodio de Israel” que no conoce el sueño, que siempre está presente, atento, alerta
y premuroso con cada fiel en particular como con todo el pueblo de la Alianza (v.3-4).
“No duerme” (v.3-4). Elías se burló de los sacerdotes de Baal (1 Reyes 18,27) diciendo que
Baal no les respondía porque debía estar dormido o de viaje. El Dios de Israel es un
compañero constante, que siempre ofrece protección y guía.
En la siguiente etapa (v.5-6) las imágenes sobre cómo se da la protección de Dios se
acumulan.
Dios es la sombra protectora contra el sol implacable del desierto, es el defensor que está a
la derecha de su protegido. El orante discierne el “cómo” Dios se ocupa de él: con ternura y
con poder.
Las imágenes nos remiten al caminar, a la travesía, del éxodo. Se trata de una clave de lectura
de la vida: la vida entera es una pascua.
Para el oriental la insolación era siempre una amenaza. Pero también temía a las influencias
negativas de la luna de noche, cuyo resplandor podía provocar ceguera o locura.
En suma, el Señor se convierte en escudo protector de su fiel en la oscuridad de la noche y
también en sombra para el camino soleado del día (v.5-6). El camino del éxodo se narra que
de día les acompañaba la nube y por la noche la columna de fuego (Éxodo 13,21).
La última parte del Salmo (v.7-8) afirman que Dios tutela la vida de los suyos en todo tiempo
y lugar.
Se hacen notar las dos caras de la moneda. La vida entera del orante está bajo el cuidado
benéfico de Yahvé: no sólo libera del mal, sino que promueve la vida (v.7).
Esto abarca la existencia entera del orante, en el espacio y el tiempo.
Ocurre en el espacio del “salir” y el “entrar”, tenemos fuertes evocaciones: el salir y volver
a casa cada jornada, el nacer y el morir, el éxodo y la entrada en la tierra, así como las grandes
etapas de la vida (v.8ª).
Ocurre en el tiempo: ahora y por siempre (v.8b).
Tenemos así, como vértice del Salmo, ese “salir” y “entrar” que representa los dos polos de
la existencia en lenguaje semítico, desde la salida del vientre materno en el parto hasta la
entrada en el vientre de la tierra en la muerte (Gn 3,19), y por tanto de todas las acciones que
se dan en el arco entero de la vida.
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Es así como el Señor, el centinela que no se duerme, cubre con vigilancia protectora los
caminos de la vida del orante, una segura compañía en las rutas del siempre de la historia.
Este camino exitoso se convierte en una parábola de la vida entera. Se pude confiar en el
cuidado incansable de Dios.
Profundización (ejercicio personal con texto)
1. Ubica bien el Salmo 121 con respecto al anterior (120) y el que le sigue (122). Saca
conclusiones.
2. Observa la manera como se estructura este camino oracional
a) Primera parte: la pregunta y la respuesta
b) Segunda parte: las etapas de la profundización y las tres preguntas que las dinamizan
3. Intenta dar cuenta del sentido de las imágenes del Salmo
a) Montaña
b) Hacer cielo y tierra
c) Pie/camino
d) Domir/estar alerta
e) Tú/Israel
f) Nube y Diestra
g) Sol y luna
h) Salir y entrar
4. Repasa despacio el Salmo: ¿Qué hace Dios por mí? ¿Expresa con tus palabras todos los
matices posibles del “Cuidar”/ “Custodiar” divino que puedas apreciar)
2. Sugerencias de lectura
2.1 Textos afines
a) En la oración de Israel
Salmos sobre Dios que cuida en el camino:
“Deja en el Señor tu cuidado y él te sustentará,
que no abandona para siempre al justo en la zozobra”
(Salmo 55,23)
“Él ha devuelto la vida a nuestras almas
Y no ha dejado que vacilara nuestro pie”
(Salmo 66,9)
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“Te llevarán en sus palmas
Para que no tropiece tu pie en piedra alguna”
(Salmo 91,12)
En las “mezuzah” puestas en las jambas de las puertas, esas que los israelitas tocan cuando
salen o entran de su casa, se dice: “El Señor custodiará tu salir y tu entrar” (Deuteronomio
28,6).
b) En la oración de Jesús
“Padre santo, custodia en tu Nombre a los que tú me has dado… No te pido que los saques
del mundo, sino que los custodies del maligno” (Juan 17,11.15).
c) En la Iglesia
Canta esta oración aquí y ahora con la certeza que da la fe, de que la salvación será plena al
final de los tiempos, cuando los redimidos “No tendrán más hambre ni sed, no les molestará
el sol ni ningún ardor, porque el Ángel del Señor, que está en medio del trono, será su pastor”
(Apocalipsis 7,16-17).
2.2. En la tradición hebrea
“ ‘Levanto mis ojos hacia los montes’ (Salmo 121,1)… ¿Cuáles son estos montes? Cuando
el Santo -sea bendito- venga para el juicio, los hijos de Israel volverán su mirada a los padres,
para que hablen en su defensa. Pero un padre no puede rescatar a su hijo, ni un hombre
rescatar a su hermano (Salmo 49,8). Por tanto, en aquella tribulación en la cual se encuentren,
en el día del juicio, alzarán los ojos a su Padre que está en los cielos, diciendo: ‘Por qué tu
eres nuestro Padre, porque Abraham no sabe quiénes somos e Israel no nos reconoce’ (Isaías
63,16). ‘Mi auxilio viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra’ (Salmo 121,2). Así dice el
Santo -sea bendito- a Israel: ‘Ya deberías saber quién está en capacidad de ayudarlos: el que
ha hecho cielo y tierra’”
(Midrash sobre los Salmos, Vol. II, pg.294)
2.3. En la patrística
“‘No se dormirá el que te cuida’ (Salmo 121,3). Es necesario que Cristo no se adormente en
ustedes, y enseguida comprenderán la verdad de lo que decimos… Cristo duerme en ustedes
si en ustedes se adormenta la fe. Cristo en sus corazones, de hecho, es la fe de Cristo. Lo dice
el Apóstol: Cristo habite por la fe en sus corazones” (Efesios 3,17). Cristo vela en aquel cuya
fe no está dormida”
(San Agustín, Exposiciones sobre los Salmos, 121,7. CCSL 40, pg.1793)
“‘El Señor custodie tu entrar y tu salir desde ahora y para siempre’ (Salmo 121,8)… ¿Qué es
el entrar? ¿Qué es el salir? Cuando somos tentados, entramos (en la lucha); cuando vencemos
la tentación, salimos… Custódiense pues (del mal), y no por sí mismos, sino que sea el Señor
su apoyo: el que los custodia sin dormir ni caer en el sueño… Digamos a Dios: Haz que no
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vacile nuestro pie (v.3). Y él, nuestro custodio, no dormirá. Con su ayuda podremos hacer de
Dios nuestro custodio, un custodio que no caiga en el sueño ni duerma”
(San Agustín, Exposiciones sobre los Salmos, CCSL 40, pg.1800).
“En la primera grada el profeta, con la conciencia de estar inmerso en la angustia, a semejanza
del publicano del evangelio que, ‘dándose golpes de pecho no se atrevía siquiera a levantar
los ojos al cielo’ (Lucas 18,13), invocaba la liberación de los labios inicuos y d elas lenguas
engañosas (Salmo 120,2). Ahora, en cambio, elevado al constatar que se halla en la segunda
grada, ‘eleva los ojos hacia los montes’ (v.2), a los intercesores, en particular a los santos,
dispuestos a ayudarlo para obtener dones más altos”
(Casiodoro, Comentario a los Salmos, 121. CCSL 98, pgs.1144-1145)
3. Oración
Una oración sálmica de tradición africana dice:
“Custodia, Señor, nuestro entrar y nuestro salir (v.8):
en tu misericordia concede los dones de tu gracia
de los cuales sabes que tus hijos necesitan
para llegar a la salvación”
Amén
O una más nuestra:
Oh, Dios, que te has hecho nuestro compañero de viaje,
en ti y sólo en ti ponemos nuestra confianza.
Haznos andar serenos por las estradas de la vida,
gozosos de ser un signo de tu amorosa presencia
en medio de esta agitada historia del mundo.
Amén
Y no olvide componer la tuya inspirada en el Salmo.