HUMANAE VITAE
TRANSMISIÓN DE
VIDA
El poder transmitir la vida
humana ha sido siempre tarea
de los esposos, colaboradores
y libres y responsables de
Dios creador.
Nuevos aspectos del
problema y competencia
del magisterio
Se trata, ante todo, del rápido
desarrollo demográfico. Muchos
manifiestan el temor de que la
población mundial aumente más
rápidamente que las reservas de que
dispone, con creciente angustia para
tantas familias y pueblos en vía de
desarrollo, siendo grande la tentación
de las autoridades de oponer a este
peligro medidas radicales.
Competencia
del Magisterio
Ningún fiel querrá negar que
corresponda al Magisterio de la
Iglesia el interpretar también la
ley moral [Link], al
comunicar a Pedro y a los
Apóstoles su autoridad divina y al
enviarlos a enseñar a todas las
gentes sus mandamientos,
los constituía en custodios y en
intérpretes auténticos de toda ley
moral, es decir, no sólo de la ley
evangélica, sino también de la
natural, expresión de la voluntad
de Dios, cuyo cumplimiento fiel es
igualmente necesario para
salvarse
PRINCIPIOS DOCTRINALES
(VISIÓN GLOBAL DEL HOMBRE)
El problema de la natalidad, como
cualquier otro referente a la vida
humana, hay que considerarlo, por
encima de las perspectivas parciales
de orden biológico o psicológico,
demográfico o sociológico, a la luz de
una visión integral del hombre y de
su vocación, no sólo natural y terrena
sino también sobrenatural y eterna.
AMOR CONYUGAL
El matrimonio no es, por tanto,
efecto de la casualidad o
producto de la evolución de
fuerzas naturales inconscientes;
es una sabia institución del
Creador para realizar en la
humanidad su designio de amor.
PATERNIDAD
RESPONSABLE
En relación con los procesos
biológicos, paternidad
responsable significa
conocimiento y respeto de
sus funciones; la inteligencia
descubre, en el poder de dar
la vida, leyes biológicas que
forman parte de la persona
humana.
UNIÓN Y PROCREACIÓN
El acto conyugal, por su íntima
estructura, mientras une
profundamente a los esposos, los
hace aptos para la generación de
nuevas vidas, según las leyes
inscritas en el ser mismo del
hombre y de la mujer.
Salvaguardando ambos aspectos
esenciales, unitivo y procreador, el
acto conyugal conserva íntegro el
sentido de amor mutuo y verdadero
y su ordenación a la altísima
vocación del hombre a la
paternidad.
VÍAS ILÍCITAS
En conformidad con estos
principios fundamentales de la
visión humana y cristiana del
matrimonio, debemos una vez más
declarar que hay que excluir
absolutamente, como vía lícita para
la regulación de los nacimientos,
la interrupción directa del proceso
generador ya iniciado, y sobre todo
el aborto directamente querido y
procurado, aunque sea por razones
terapéuticas
LA IGLESIA,
GRARANTIA DE VALORES
Al defender la moral conyugal en
su integridad, la Iglesia sabe que
contribuye a la instauración de
una civilización verdaderamente
humana; ella compromete al
hombre a no abdicar la propia
responsabilidad para someterse a
los medios técnicos; defiende con
esto mismo la dignidad de los
cónyuges.
IGLESIA, MADRE Y MAESTRA
La Iglesia, efectivamente, no puede
tener otra actitud para con los
hombres que la del Redentor:
conoce su debilidad, tiene
compasión de las muchedumbres,
acoge a los pecadores, pero no
puede renunciar a enseñar la ley
que en realidad es la propia de
una vida humana llevada a su
verdad originaria y conducida por
el Espíritu de Dios
OBSERVAR LA
LEY DIVINA
La doctrina de la Iglesia en materia
de regulación de la natalidad,
promulgadora de la ley divina,
aparecerá fácilmente a los ojos de
muchos difícil e incluso imposible
en la práctica. Y en verdad que,
como todas las grandes y
beneficiosas realidades, exige un
serio empeño y muchos esfuerzos
de orden familiar, individual y
social.
CASTIDAD
En esta ocasión llamar la atención
de los educadores y de todos
aquellos que tienen incumbencia
de responsabilidad, en orden al
bien común de la convivencia
humana, sobre la necesidad de
crear un clima favorable a la
educación de la castidad, es decir,
al triunfo de la libertad sobre el
libertinaje, mediante el respeto
del orden moral. AUTORIDADES
PÚBLICAS
A los gobernantes, que son los
primeros responsables del bien común
y que tanto pueden hacer para
salvaguardar las costumbres morales:
no permitáis que se degrade la
moralidad de vuestros pueblos; no
aceptéis que se introduzcan legalmente
en la célula fundamental, que es la
familia, prácticas contrarias a la ley
natural y divina.
A LOS SACERDOTES
exponer sin ambigüedades la
doctrina de la Iglesia sobre el
matrimonio. Sed los primeros en
dar ejemplo de obsequio leal,
interna y externamente, al
Magisterio de la Iglesia en el
ejercicio de vuestro ministerio.