TEORÍA Y TÉCNICA DE LA CLÍNICA SISTÉMICA - 158
Titular: Prof. Adj. Reg. a cargo Dra. Valeria Wittner
SEGUNDA EVALUACIÓN
Curso de verano 2024 – 26 de febrero de 2024
El metamodelo estratégico en interrelación con los
modelos estructural y narrativo
Nombre y apellido Nº de Libreta Com. nº ATP Turno
de la/ del
integrante
Albornoz, Nora 229479060 3 Rosado Pacherre, Tarde
Rubert
Arias Gayoso, Rocío 325923680 3 Rosado Pacherre, Tarde
Rubert
Payne, Juan 290095900 3 Rosado Pacherre, Tarde
Rubert
Valer Crispin,Jennifer 951259380 3 Rosado Pacherre, Tarde
Rubert
Vargas, Oriana 420408150 3 Rosado Pacherre, Tarde
Rubert
Vecchio, Lara Anahí 414594390 3 Rosado Pacherre, Tarde
Rubert
Fecha de entrega: Lunes 26 de febrero de 2024.
Introducción
En el presente trabajo se abordará el modelo estratégico diseñado en Palo Alto, el
cual se enfoca en adecuar medios y fines. Se abordará el concepto de circuito
autoperpetuante y las soluciones intentadas fallidas por parte de los consultantes en
relación a un problema o síntoma, y la intervención adecuada de acuerdo a estos.
A su vez se establecerá la diferencia del modelo elegido con el modelo estructural,
entendiendo el modelo estratégico más centrado en la dinámica resolutiva del
consultante, a diferencia del modelo estructural cuyo foco estará centrado en los
tipos de transacción que ocurren con los sistemas sociales del sujeto y que son
parte del problema. Luego se continuará con el modelo narrativo, marcando una
diferencia referida al lugar que ocupa el terapeuta en el tratamiento, siendo este
último menos directivo que en el modelo estratégico.
Palabras clave:
Modelo estratégico - Prescripción del síntoma - Subsistemas - Posición del terapeuta
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Modelo estratégico, circuito autoperpetuante, prescripción del síntoma
El modelo estratégico se enfoca, junto al consultante, al abordaje de un problema y
la solución a este, para luego definir los objetivos del sistema consultante en un
tiempo acotado. De esta manera, la solución del problema supondrá la construcción
de un procedimiento para llegar a una resolución, entendiendo que el problema se
sostiene a lo largo del tiempo en una conducta interaccional durante el ciclo vital. Así
es que la circularidad que implica la comunicación, conformará un espacio
interaccional donde los otros, al autorregularse en esa interacción, conformarán
patrones de comunicación que perpetúan el problema en el tiempo. Este circuito
autoperpetuante incluye además el encuadre que se le brindó al problema antes de
la consulta, configurándose como soluciones intentadas fallidas para resolver el
problema. Los circuitos de comportamientos relacionados con el problema, cumplen
la función de sostener los mismos al reducirlos a respuestas simples, que no
involucran la complejidad del sistema. El objetivo del consultor será entonces,
bloquear eficazmente este circuito realizando intervenciones para producir cambios
diferentes a las soluciones intentadas fallidas hasta el momento. Siguiendo a
Wainstein (2006), la primera entrevista es en sí misma una estrategia terapéutica y
el espacio vincular primordial para definir el problema. A su vez, sirve para conocer
los circuitos que sostienen las creencias y planificar los cambios. Para ello, el
consultor de este modelo adoptará una posición directiva dado que cualquier
comunicación verbal o implícita, ya sea el cambio de tono de voz, un silencio, un o
un gesto, implica un mensaje para que el consultante haga algo (Wainstein, 2006).
Otra premisa importante a destacar es que el consultor debe utilizar el lenguaje
idiosincrático del consultante para que funcione el tratamiento.
Ahora bien, las intervenciones de este modelo pueden ser directas e indirectas. Las
primeras sólo son recomendables en casos donde la resistencia al cambio sea
mínima, sin embargo, la intervención indirecta resulta ser la más utilizada y eficaz
dentro del modelo. La reformulación, la normalización y el enfoque paradójico, son
las vías más utilizadas de este modelo. No obstante, interesa destacar el modo de
intervención paradójica, en el que se solicita una acción al consultante con el
objetivo, no explicito directamente, de que no se cumpla. Dentro de este enfoque, la
prescripción del síntoma es una técnica que busca generar el cambio mediante la
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oposición. Es así que, una vez definido el problema y fijados los objetivos, se
prescribe al consultante más “conducta-problema” (Wainstein, 2006), que busca
romper la circularidad de las recurrentes soluciones intentadas, vía la oposición del
consultante. Es importante señalar, que el lugar del cambio se da por fuera del
consultorio, ya que el consultor intenta modificar la visión del consultante a partir del
uso del lenguaje, a la vez que busca extender el efecto de las intervenciones a su
rutina habitual.
Modelos estratégico y estructural:definición del problema
Hasta aquí y tal como se fue desarrollando, se afirma que el modelo estratégico se
focaliza en el cumplimiento de objetivos acordados con el consultante, en función de
los problemas que trae a la consulta. Para ello, se pretende identificar los problemas,
fijar objetivos, diseñar intervenciones de acuerdo a las metas acordadas y evaluar
los resultados obtenidos en pos de determinar si la intervención fue exitosa. En este
sentido, se puede decir que la tarea fundamental consistirá en acceder al problema
de aquel que consulta, el cual se expresa como un intento de solución fallida, para
poder modificarla. Dado que el énfasis está puesto en los intentos de resolver el
problema que no han dado resultados, es que la evaluación del mismo estará
orientada al presente y al futuro, y las intervenciones serán pensadas para ser
efectuadas tanto por medio del efecto del lenguaje en las entrevistas, como por
medio de la solicitud de tareas. Es así que, el acento estará puesto en favorecer un
cambio en la conducta del consultante, llevándolo de ahí en más a situaciones en las
que pueda realizar experiencias cotidianas de afrontamiento.
Por otro lado, el modelo estructural cuenta con técnicas orientadas a intervenciones
en cualquier tipo de organización social, ya que su uso está extendido al campo de
la mediación (Wainstein, 2020). Este permite entender las transacciones en
cualquier contexto micro social, en el cual se puedan describir pautas interactivas
con cierta consistencia, repetitivas, con patrones predecibles, que permiten observar
lo que el modelo define como fronteras. Entonces, de acuerdo a este modelo, para
aprender y evolucionar las personas necesitan participar de organizaciones
jerárquicas, definidas por reglas que a su vez definen subsistemas funcionales.
Estos establecen un entramado de relaciones en el que se requieren y soportan
emocional y cognitivamente en forma mutua. La labor aquí será ir descubriendo la
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trama o el tejido de comportamiento y pensamientos más complejos que sostiene lo
que el modelo estructural define como paciente identificado. Se explora el contexto
en el que aparecen los síntomas, la forma en que participan otros miembros de la
familia y sus dificultades, similares o diferentes, de las del paciente identificado. El
acento en este caso estará puesto en los desfasajes de roles y disfunciones entre
los subsistemas jerárquicos, en función de la modificación de los patrones
interactivos de los consultantes. Es así que la definición del problema en el modelo
estratégico, apuntará a la modificación de conductas disfuncionales que trae el
consultante, atendiendo a la interrupción de los patrones auto perpetuantes en su
problema; a diferencia del modelo estructural, que trasciende el foco de la terapia
individual al de las transacciones de cualquier sistema social, apuntando a organizar
roles jerárquicos dentro del mismo en pos de volverlo un sistema estable.
El modelo estratégico y narrativo: la postura del consultor
En el modelo narrativo se contempla a los problemas como si fueran narraciones, las
cuales son entendidas e interpretadas como generadoras de significados. En este
sentido, la postura del terapeuta que utilice los recursos del modelo narrativo, será
un poco menos directiva que en el estratégico, ya que el narrativo supone una co-
construcción entre terapeuta y consultante.
Es importante remarcar que, a diferencia del modelo estratégico, el enfoque
narrativo no identifica un tipo específico de terapeuta y se trata de un recurso que
puede servir de complemento para los otros modelos (Wainstein, 2020). Aquel que
lo utilice se verá inmiscuido en la elaboración de narrativas alternativas como
herramienta de cambio. Ahora bien, a diferencia de este modelo, las intervenciones
y recursos del modelo estratégico harán foco en evitar la repetición circular de
patrones. De manera tal que el terapeuta estratégico será directivo y estará
orientado de forma específica, sosteniendo su capacidad de maniobra, para
conseguir objetivos anteriormente pautados. En cambio, el narrativo se posicionará
de manera menos directiva, planteando que lo relevante será cuestionar la narrativa
construida por el consultante. Se hará hincapié en la construcción de narrativas
alternativas de manera tal que se puedan contemplar otros significados posibles,
teniendo en cuenta que las personas organizan su vida en torno a lo que van
construyendo, en interacción con su entorno.
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Lo importante en el enfoque narrativo será el proceso de construcción de las
significaciones y el consultor invitará al consultante a revisar este proceso. Mientras
que, en el modelo estratégico el profesional hará foco en los marcos de referencia ya
construidos del consultante y qué es lo que se contempla como malestar.
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Conclusión
Se desarrollaron los conceptos más importantes del modelo estratégico de Palo Alto,
sus características y sus intervenciones relevantes. A su vez se establecieron las
diferencias con el modelo estructural en cuanto a la definición de problema en el
tratamiento y por último se elaboró una diferencia en cuanto a la postura del
terapeuta estratégico con el narrativo.
Lo esperable es que quede plasmado, para el estudiante o el practicante en
formación de la psicoterapia sistémica, las similitudes y diferencias de los tres
modelos estudiados, de manera que proporcionen, junto con la epistemología
batesoniana como marco teórico, la posibilidad de nutrirse de las estrategias e
intervenciones que los enfoques sustentan.
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Conclusión individual - Albornoz, Nora
Bateson se interesó en la comunicación humana logrando una práctica clínica que
implica un concepto de mente emergente de un espacio interaccional. Este espacio
de interacción, de comunicación circular, conceptualiza una autorregulación de la
conducta en función de la conducta de otros. En relación a esto el método
estratégico durante la clínica, abordará problemas haciendo foco en el bloqueo de
circuitos que perpetúan algún problema, el cual incluye soluciones intentadas dentro
de un espacio interaccional. Estas soluciones intentadas fallidas modifican la
homeostasis del sistema pero no producen cambios, propiciando al contrario una
rigidez de patrones dentro del sistema cuando se prolongan en el tiempo. Siguiendo
a Brondenbrenner (1987) el problema estará inmerso en un ambiente ecológico.
Para este autor las diferentes subestructuras se encuentran concéntricas e
interconectadas incluidas unas en otras en un ambiente ecológico, determinando el
desarrollo de las personas, aun cuando no estén presentes en ese entorno. De esta
manera se piensan como sistemas con relaciones circulares cuyas interconexiones
serán favorables para el desarrollo, si estas funcionan de manera eficaz. Lo que
lleva a pensar en el sostenimiento de un patrón de sufrimiento, no como un padecer
individual, sino como una falla en las interacciones con sus entornos,
produciéndose muchas veces circuitos funcionales al mantenimiento y
enquistamiento del problema. En consonancia con esto, el modelo estratégico al
estar sostenido en intervenciones donde se acciona sobre el circuito
autoperpetuante bloqueando las soluciones fallidas, culminará en un impacto
ecológico. Se puede pensar que las intervenciones de este modelo ingresarán
información nueva alterando al sistema y a los vínculos interrelacionales
transformando al sistema y sus relaciones (Bateson, 1972). De esta manera los
circuitos comunicacionales disfuncionales podrán modificarse autorregulándose
provocando cambios verdaderos que se expresan en el funcionamiento del sistema .
Para concluir, este modelo supone una posición en el mundo más esperanzadora al
traer estrategias que truncan circuitos padecientes habituales en un tiempo breve,
pero que continúa en unión con una totalidad donde dinámicamente siempre se
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están dando nuevas relaciones que posibilitan nuevos caminos de acción junto a
otros.
Conclusión individual - Rocío Arias Gayoso. DNI N°32.592.368.
En el recorrido de este trabajo, se desarrollaron brevemente las diferencias
existentes de los modelos de intervención que utiliza la terapia sistémica. Ahora
bien, en este apartado, se propondrá una articulación de ambos trabajos para dar
cuenta de la interrelación de conceptos. Bateson formula el modelo de mente como
fenómeno interpersonal que emerge en un contexto de interacción. A partir de ello,
se define al sujeto como un sujeto de aprendizaje que en constante interacción con
su entorno -a través del lenguaje- construye una historia y significados. A su vez, las
formas de comunicación aprehendidas en contexto y a lo largo del tiempo, mediante
el circuito de retroalimentación, va transformando conductas en patrones que se
repiten a lo largo de la vida. Ahora bien, sucede que ciertos patrones pueden
tornarse problemáticos para el sujeto en alguna etapa del ciclo vital, por lo que la
terapia sistémica ofrece un espacio en el cual se puedan modificar estos patrones.
En este espacio, a partir de la construcción del diagnóstico de situación, se hará
posible seleccionar un modelo de intervención específico que logre modificar la
conducta disfuncional. Sin embargo, para que el tratamiento funcione, la interacción
consultor-consultante, necesariamente debe apoyarse en la alianza terapéutica y en
un encuadre. Hasta aquí, se da cuenta de la dinámica sistémica y el espacio
terapéutico en cuestión. Respecto a los modos de intervención, si quién consulta es
una familia, el modelo estructural será entonces el más adecuado para intervenir
ante una problemática. Según Minuchin, la familia es un sistema sociocultural
abierto en proceso de transformación y en constante adaptación a un contexto
externo (Wainstein, M. y Wittner, V. 2016). Por lo que la funcionalidad o no de este
sistema, dependerá del manejo efectivo de los recursos, su estructura y capacidad
de adaptación frente a dificultades. El problema para el modelo estructural está dado
por el desajuste de los roles y funciones entre los subsistemas que componen la
totalidad de la estructura familiar, por lo que uno de los objetivos más relevantes
será reorganizar los mismos. Finalmente, la escenificación es una de las técnicas de
este modelo, en la cual, el consultor observa las interacciones de los integrantes y
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localiza el foco disfuncional. Luego solicita a la familia que reproduzca en el espacio
terapeútico, secuencias escénicas de las interacciones disfuncionales, y en acto,
propone nuevas modalidades de interacción. De este modo, se intenta dar cuenta de
la epistemología sistémica y los modos de intervención posible.
Conclusión individual: La comunidad de los tres modelos – Payne, Juan
Para el desarrollo de este trabajo se pidió establecer similitudes o diferencias entre
los tres modelos estudiados. Se comprende que la finalidad de esta tarea tenga que
ver con poder analizar los modelos en mayor profundidad. Se puede dar cuenta de
que se manejan los conceptos de una teoría cuando es posible realizar conexiones e
interrelaciones entre los mismos. Ahora bien, por supuesto que habrá conexiones y
puntos diferentes, sin embargo, los tres modelos, al fin y al cabo, conviven. Forman
una comunidad de la cual un terapeuta bien entrenado puede nutrirse. Esta
posibilidad se hace realidad cuando se enmarca todo esto dentro del pensamiento
batesoniano, lo cual podría pensarse como aquello que engloba y anuda los
enfoques. La noción de mente de Bateson, concepto insoslayable de su propuesta,
supone una epistemología basada en que la interrelación de los elementos de un
sistema son lo verdaderamente relevante en la vida de las personas. Es así que, el
terapeuta estratégico, el estructural o aquel que utilice el enfoque narrativo, partirán
desde un lugar robusto, desde donde la psicoterapia sistémica le brinda tanto la
simpleza como la complejidad, de saberse productor y producto de las
comunicaciones que establezca con su entorno.
En el modelo estratégico se busca que el cambio se produzca luego de la consulta,
en el estructural se busca dentro del consultorio, en el narrativo en ambas. Pero si
se piensa desde el lugar del terapeuta, desde un lugar tal vez idealista si se quiere,
se podría decir que no habrá “afuera” o “adentro”. Para él habrá circularidad y
contexto, habrá patrones y soluciones intentadas fallidas, habrá estructura,
subsistemas y límites, habrá narratividad y externalización del síntoma. En definitiva,
en el sistémico, lo que se encontrará es la comunidad de modelos, integrados en él.
Con sus diferencias y sus similitudes estos modelos serán la materia prima con la
cual se posicionará frente a aquellos que vengan en busca de ayuda, frente al
malestar y a los síntomas. Lo que se intenta remarcar en este breve escrito es que
los tres modelos, sus técnicas e intervenciones, confluyen en el terapeuta sistémico
a modo de comunidad teórico-práctica. Para concluir, de manera metafórica o
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poética si se quiere, se podría pensar que la teoría sistémica es el norte, los tres
modelos el camino, y el terapeuta el caminante.
Conclusión individual - Valer Crispin, Jennifer Yaddeliz. DNI: 95125938
El modelo elegido y desarrollado en este trabajo, permite articular la definición de
síntoma del modelo estratégico, y el concepto de conducta disfuncional de la que se
refiere la epistemología sistémica. Esta última sostiene que la conducta humana
solamente puede ser entendida en su contexto, y la cual implica una interacción que
es necesariamente circular, siendo así producto emergente de la interacción entre el
individuo y su entorno.
De esta manera, desde esta lógica sistémica se tiende a situar las conductas
disfuncionales y en el contexto en que se desarrollan para luego realizar un armado
del tratamiento y futuras intervenciones. Esta primera intervención mencionada será
también realizada por el consultor del modelo estratégico, el cual parte de una
perspectiva interaccionista para situar el síntoma que es traído por el consultante
con toda su complejidad. Es así como para este modelo el síntoma es entendido
como un producto emergente de la interacción, y por lo tanto son las fallas de estas
interacciones las que producen el malestar de la persona y de las que se tiene que
trabajar.
Es importante remarcar que las interacciones tienen un factor central en el tiempo, y
a medida que estas interacciones son sostenidas, se irán conformando ciertos
patrones que pueden tornarse rígidas y complejas de modificar, y de los cuales
pueden ser motivo de consulta. Dentro del modelo estratégico sería lo que se
considera como “circuito autoperpetuante”, circuito por el cual esa conducta es
presentada como problemática por alguien y que está siendo sostenida por el
contexto que incluye a la persona y a todas las personas significativas. Es así como
este síntoma, problema o conducta disfuncional para este modelo no será situada
como una propiedad exclusiva individual sino como una construcción interaccional.
De esta manera se puede concluir que mientras el trabajo del terapeutico este
situado desde una perspectiva sistemica e interaccionista, en donde el
problema,síntoma o conducta disfuncional que se trae o se identifica en la consulta,
es extendida como un producto de múltiples interacciones entre la persona y su
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contexto, las intervenciones tenderá a apuntar a la resolución de dicho problema y
de lograr que el ciclo vital del consultante retome su curso natural.
Conclusión individual - Vargas, Oriana. DNI: 42.040.815
Retomando los desarrollos de la clínica sistémica, donde el énfasis no se ubica en
el elemento aislado, sino en la interacción del mismo con el contexto social en el que
se encuentra inmerso, resulta pertinente destacar el papel del consultor dentro del
sistema en el que pasan a formar en conjunto con el o los consultantes.
Si se piensan las intervenciones partiendo del eje de la teoría que ubica
comunicación y conducta como íntimamente ligadas, en tanto toda conducta es
comunicación y viceversa, vale mencionar el hecho de que cualquier conducta es un
acto de influencia, tanto sobre sí mismo, como sobre otros (Wainstein, 2020). El
consultor no solo es parte del sistema consultante, sino también parte de los
sistemas propios que fue conformando a lo largo de su ciclo vital, por lo tanto el
modelo elegido estará ligado a la influencia social, al contexto en el que pertenezca
y a su vez en el que se capacitó para ejercer el rol de consultor. Se espera que el
modelo elegido sea el que mejor se adapte a la problemática a trabajar. Aún así,
dicha elección dependerá de los modelos mentales con los que cuente en función de
su experiencia de aprendizaje. Se habla de un sujeto influenciado, que demarcará
las ideas respecto a cómo resolver determinados problemas presentados en el
espacio de consulta, siendo esas ideas funcionales a los ya mencionados modelos
mentales. Estos lo guiarán a la hora de elegir determinado modelo a seguir en el
espacio terapéutico. Contando en su repertorio con un modelo como el estratégico,
más enfocado en el trabajo "por fuera" de la consulta, indicando tareas, recurriendo
al compromiso por parte del consultante y atento a la conducta del mismo frente a tal
indicación; el modelo estructural, donde se apela más al espacio de consulta donde
se espera alcanzar la intensidad emocional suficiente para intervenir dentro de todo
el sistema consultante; o bien el modelo narrativo, que recurre tanto al dentro como
fuera del espacio, con el fin de interpelar al consultante y que el mismo pueda
replicar lo trabajado.
Al respecto mencionar que si bien cada uno de los modelos previamente
desarrollados cuentan con particularidades propias que permiten pensarlos de
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manera diferenciadas, sea por como plantean sus objetivos o cómo se organizan en
el espacio, los mismos parten de la misma concepción. Siendo esta la consideración
del sujeto como parte de sistemas en constante interacción, que no puede ser
pensado por fuera de estos.
Conclusión individual - Vecchio, Lara Anahí
Conforme a lo estudiado en la materia, se puede concluir que la epistemología
sistémica implica la concepción de sujeto de aprendizaje en tanto este es un
individuo inserto en un contexto social que influye en su desarrollo y lo conforma
mientras el sujeto orienta sus conductas respecto al aprendizaje producto de la
interacción con el contexto. Teniendo en cuenta que dicha epistemología tiene un
carácter interaccional, relacional y comunicacional de las conductas, siendo estas
estudiadas de acuerdo a su contexto, se sostiene la idea de conductas funcionales o
disfuncionales. En este sentido, debido a que tanto los elementos como las
relaciones son variables dado que la vida se desarrolla a lo largo del tiempo, todo el
proceso adquiere cierta complejidad. A este respecto, todo modelo que utilice un
consultor, va a ser reductor de dicha complejidad seleccionando elementos y
relaciones, entendiendo a través de reglas restringidas y construyendo una realidad
particular consistente con sus conceptos.
Es así que, en relación a lo esbozado en este escrito, cabe destacar el modelo
estratégico, el cual se enfoca al abordaje de un problema junto al consultante, para
encontrar la solución a este y así definir los objetivos del sistema consultante en un
tiempo acotado. Entonces, entendiendo que el problema se sostiene a lo largo del
tiempo en una conducta interaccional, la solución del problema supondrá la
construcción de un procedimiento para llegar a una resolución.
El consultor tendrá como objetivo realizar intervenciones para producir cambios que
sean diferentes a las soluciones intentadas fallidas hasta ese momento.
En este sentido, las intervenciones serán pensadas para ser efectuadas tanto por
medio del efecto del lenguaje en las entrevistas, como por medio de la solicitud de
tareas. Por lo tanto, el acento del modelo estratégico estará puesto en favorecer un
cambio en la conducta del consultante, apuntando a la modificación de conductas
disfuncionales de este, y atendiendo a la interrupción de los patrones
autoperpetuantes en su problema.
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Referencias Bibliográficas
Bronfenbrenner, U. ( 1987 ).La ecología del desarrollo humano. Editorial
Paidós.
Stierling,S. & Wynne,L. (1984/1997). Vocabulario de Terapia
[Link].
Wainstein, M. (2000). La influencia del constructivismo en la psicoterapia
breve interaccional.
Wainstein, M. (2006) Intervenciones para el cambio. Edición digital 2020
Wainstein, M. y Wittner, V. (2016). ¿Qué es una familia?, en Escritos de
Psicología Social. Buenos Aires: JVE Ediciones.
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