GUADALUPE ORTIZ, ANTONIO ALEDO,
JOSÉ ANDRÉS DOMÍNGUEZ-GÓMEZ (Coords.)
Impacto social y desarrollo
Contribuciones y retos desde
la experiencia iberoamericana
IMPACTO SOCIAL Y DESARROLLO
Contribuciones y retos desde la experiencia iberoamericana
GUADALUPE ORTIZ, ANTONIO ALEDO
JOSÉ ANDRÉS DOMÍNGUEZ-GÓMEZ (COORDS.)
IMPACTO SOCIAL Y DESARROLLO
CONTRIBUCIONES Y RETOS DESDE LA EXPERIENCIA
IBEROAMERICANA
PUBLICACIONS DE LA UNIVERSITAT D’ALACANT
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© Guadalupe Ortiz, Antonio Aledo y José Andrés Domínguez-Gómez (coords.), 2022
© de esta edición: Universidad de Alicante
ISBN: 978-84-1302-209-3
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ÍNDICE
Prólogo..................................................................................................... 9
Antonio Aledo
Comunidad local y minera: sus interpretaciones de los impactos sociales. 25
Viviane Pisano, Antonio Aledo, Jacques Demajorovic y
José Javier Mañas-Navarro
Riesgos, evaluación de servicios ecosistémicos culturales e impac-
tos socioambientales en torno a conflictos por energías renovables en
Chile......................................................................................................... 49
Arturo Vallejos-Romero, Minerva Cordoves-Sánchez, Alex Boso,
Anne Peltier y Frédérique Blot
Vulnerabilidad social ante inundaciones: una mirada en red................. 69
Pablo Aznar-Crespo, Antonio Aledo y Guadalupe Ortiz
Investigación responsable para un impacto social real........................... 103
Juliana Chaves-Chaparro y José Andrés Domínguez Gómez
Propuesta de diseño de un índice de vulnerabilidad territorial para la
valoración del impacto de actividades extractivas en Colombia............ 125
Luz Dinora Vera Acevedo, Carlos Fernando Morales Sánchez y
Jaime Edison Rojas Mora
Estrategias ancestrales aplicadas a la gestión del riesgo de desastres
frente al Covid-19: el caso de la cultura nasa del resguardo indígena
Páez de Corinto, Cauca (Colombia)........................................................ 149
Isaleimi Quiguapumbo Valencia y Gustavo Wilches-Chaux
Diagnóstico integral de problemas e impactos mediante Mapas Cau-
sales Colaborativos y Análisis de Red: el caso de Rolândia (Paraná,
Brasil)....................................................................................................... 179
José Javier Mañas-Navarro, Iker Jimeno, Antonio Aledo
y Guadalupe Ortiz
Mapa de conflictos ambientales mineros en Andalucía (España).......... 207
Maika Zampier, Félix Talego y Juan Diego Pérez-Cebada
Propuesta metodológica para medir y evaluar la vulnerabilidad social
de los territorios turísticos a nivel local.................................................. 235
Marília Natacha de Freitas Silva, Antonio Aledo y Eustogio
Wanderley Correa Dantas
Licencia social para operar, participación y vulnerabilidad en territo-
rios mineros: un análisis de la evolución de los aspectos sociales en los
procesos de cierre de minas.................................................................... 259
Jacques Demajorovic, André Xavier, Adriano A. F. Pimenta,
Rodrigo Batista, Rodrigo Barreto
Urbanización turística, vulnerabilidades y producción de asentamien-
tos precarios en destinos turísticos costeros de la Región Metropolitana
de Fortaleza/CE, Brasil............................................................................ 283
Alexandre Queiroz Pereira y Ricardo Alexandre Paiva
Impactos del fenómeno Airbnb en destinos turístico-residenciales: un
diagnóstico desde los actores sociales.................................................... 313
Iker Jimeno, Antonio Aledo y Armando Ortuño-Padilla
Viento, sol y mar: impactos socioambientales del turismo y parques
eólicos en territorios vulnerables de Brasil............................................. 339
Moema Hofstaetter y Francisco Fransualdo de Acevedo
Turistificación de las metrópolis costeras brasileñas frente a la lógica
de la crisis sanitaria pandémica vivida en los países occidentales......... 379
Eustogio Wanderley Correia Dantas
Incorporación de las barreras sociopolíticas en la praxis de la restau-
ración ecológica mediante análisis de redes: el caso de estudio de la
Comunidad Valenciana............................................................................ 403
José Javier Mañas-Navarro, Antonio Aledo, Guadalupe Ortiz
y Jordi Cortina-Segarra
PRÓLOGO
Antonio Aledo
Universidad de Alicante, España
1. Introducción
La intención de los coordinadores de este libro ha sido ofrecer un espacio y un
tiempo para la reflexión pausada y crítica sobre la teoría, métodos y prácticas
de la Evaluación de Impacto Social (EIS en adelante) en unos tiempos en que
se está revisando la potencialidad de esta herramienta para el bienestar común
(Parsons y Luke, 2021). Esta propuesta aprovecha que la Academia dispone
de unos ritmos distintos y menos apremiados que los de los profesionales que
trabajan desde el sector privado. Y, sin duda, también desde la Academia se
puede desarrollar este ejercicio reflexivo desde una mayor autonomía dado
que sus intereses y fuentes de financiación son distintos.
Sin embargo, estas ventajas se deben convertir en una de las principales
exigencias de la investigación académica en EIS. Los investigadores acadé-
micos estamos obligados a revisar y repensar sobre la práctica de la EIS apor-
tando una mirada crítica y constructiva que ayude a avanzar y fortalecer esta
disciplina y ponerla al servicio del bien común (Aucamp y Woodborne, 2020).
Es, por tanto, pertinente la exigencia de un ejercicio reflexivo y crítico sobre
la EIS que cuestione axiomas que, justamente por su naturaleza irrebatible,
deben ser puestos en duda. La ciencia occidental moderna, heredera del carte-
sianismo, ha acordado que solo le es posible avanzar re-preguntándose sobre
las cuestiones consideradas básicas y centrales hasta alcanzar un consenso en
unos principios y conceptos acordes con los nuevos contextos.
Durante este ejercicio de reflexión, debemos tener en cuenta un par de
advertencias. Por un lado, que no generemos una excesiva distancia entre la
realidad de la práctica de la EIS y las propuestas que lanzamos desde nuestros
escritorios académicos. Es imprescindible que las formulaciones y exigencias
metodológicas que propongamos sean asumibles en la práctica de la EIS en
el campo. Y, por otro, que en unos tiempos en donde las universidades y los
10 Antonio Aledo
centros de investigación se ven estimulados a recurrir a financiaciones exter-
nas, seamos especialmente precavidos para que la Academia no renuncie a su
espíritu crítico por congraciarse con las tendencias y exigencias del mercado,
eliminando así la radicalidad en nuestro ejercicio de investigación.
2. La necesaria reflexión paradigmática
A nosotros, académicos, se nos debe demandar un cuestionamiento constante
de los axiomas sobre los que se fundamenta nuestro ejercicio investigador,
en este caso, la construcción paradigmática de la EIS. Esa revisión profunda
y constante de la EIS debe comenzar por debatir sobre los principios axioló-
gicos que sostienen las decisiones metodológicas y que se deben discutir al
comienzo de la investigación y aplicarse a lo largo de la misma. Debemos
establecer con claridad y rotundidad sobre qué valores e intereses preparamos
las respuestas a las preguntas iniciales de toda investigación científica: ¿cuá-
les son los argumentos éticos sobre los que extendemos nuestra actividad en
EIS? (Howitt, 2005). En este marco valorativo, entendemos la mencionada
radicalidad en EIS como la preeminencia de unos presupuestos axiológicos
que evidencien el compromiso de los investigadores con los grupos más vul-
nerables. Este principio descarta determinadas opciones de EIS orientadas a la
aprobación de los proyectos, de base post-política (Blühdorn, 2014), que pro-
pone una gestión tecnocrática de los impactos. Desde esta primera reflexión
sobre valores, la EIS debe orientarse al bien común, situando el bienestar de
las comunidades como eje orientador del ejercicio evaluador.
Una vez establecidas las premisas axiológicas, debemos discutir las bases
ontológicas sobre las que se enmarcan y definen los conceptos vertebradores
de nuestro trabajo. No es una cuestión de mero nominalismo medievalista;
la identificación y medición de los impactos está determinada por cómo de-
finimos la materia de que está hecho el impacto. Una definición enmarca un
conjunto de elementos que mantienen una intensa relación entre sí y que, por
tanto, excluye otros elementos. La definición que propongamos de impacto
social establecerá aquello que consideraremos como objeto de análisis y aque-
llo que se descarta. Definir es, por tanto, uno de los ejercicios de construcción
de realidades sociales más trascendentales. La definición de impacto social,
de exposición o de vulnerabilidad es, por tanto, un ejercicio de construcción
ontológica de la realidad. Y, no lo olvidemos, también constituye un ejercicio
de poder en tanto que la aceptación de unas definiciones frente a otras implica
también el consentimiento de una determinada cosmología. Y las cosmologías
son órdenes del mundo con pretensión de universalidad.
Esa propuesta ontológica que supone el ejercicio de conceptualizar la ma-
teria con la que trabajamos, también condiciona la forma en la que nos acer-
camos al objeto de estudio. En otras palabras, nos vehicula hacia el análisis
Prólogo 11
de la relación entre proyecto y comunidad afectada, relación que se encuentra
mediatizada por los contextos en los que se desarrolla. Una ontología que
afirma que la realidad es externa al individuo y que puede ser aprehendida
epistemológicamente a través del método científico-deductivo entenderá el
impacto social como «the portion of the total outcome that happened as a
result of the activity of the venture, above and beyond what would have
happened anyway.» (Clark et al., 2004:7). Por lo tanto, el impacto social es
producido exclusivamente por el proyecto y recae sobre la comunidad. Esta
definición de impacto se inscribe, de este modo, dentro de un modelo de
relación proyecto-comunidad que se aísla de las complejas interacciones que
se dan en el ámbito de lo social y que elimina de la ecuación de impacto la
capacidad de las personas de adaptar o adaptarse a los procesos de cambio ge-
nerados por los proyectos. Aceptando esta definición, el sujeto legítimo para
llevar a cabo la investigación es el experto que, de forma externa, identifica
las diferencias que se dan entre la comunidad pre-proyecto y post-proyecto.
Por el contrario, si aceptamos por definición de impacto social el modo en
que las personas sienten o experimentan física o cognitivamente los efectos
de los procesos de cambio generados por los proyectos (Vanclay, 2005), la
legitimidad del investigador como única figura capaz de identificar y medir
los impactos, queda definitivamente cuestionada. Esta definición nos condu-
cirá obligatoriamente a ampliar la «comunidad de evaluadores», colocando
a los sujetos pasivos (la comunidad) en sujetos agentes de la evaluación, y
a implementar metodologías participativas en las diferentes fases de la EIS.
3. La EIS en su contexto
Una EIS reflexiva como la que proponemos conlleva no solo una revisión
paradigmática de la forma en que accedemos a nuestros objetos de estudio,
los impactos sociales de proyectos, planes y políticas, sino que debe cuestio-
nar la propia herramienta evaluativa situándola en el contexto sociopolítico
donde ha emergido (Delabre y Okereke,2020). En otras palabras, repensar
la EIS obliga a situarla en su contexto de producción científica. Los hechos
sociales no son, están allí, en unas coordenadas espacio-tiempo, y la ciencia,
como producto social, está también definida por el entorno sociohistórico que
define el devenir de lo social.
El contexto global de la EIS está marcado por dos crisis profundas que se
retroalimentan y que tienen elementos generativos comunes, la crisis ambien-
tal (Vanclay, 2020) y la desigualdad (Parsons, 2020). La aparición de la EIS se
sitúa en el cruce de estas dos crisis. Por un lado, los proyectos sobre el territo-
rio inciden en la degradación ambiental que tendrá sus efectos colindantes en
la afectación de lo social. Por poner un ejemplo bien conocido por el autor de
este texto, los proyectos mineros degradan inevitablemente el medio natural,
12 Antonio Aledo
afectan a los servicios ecosistémicos y terminan por traducirse en impactos so-
ciales. La contaminación del agua y su empleo para el lavado del mineral afec-
ta a la fauna piscícola, al regadío al que se le sustrae el agua y puede generar
graves problemas sobre la salud de las comunidades consumidoras. Siguiendo
con el caso minero, la distribución de efectos económicos y sociales de estos
proyectos mineros está marcada por una enorme desigualdad. Por ejemplo, la
minera Vale, la segunda empresa minera más grande del mundo, obtuvo en
2020 un beneficio neto de 4.881 millones de dólares. En 2019 la ruptura de la
presa de desechos mineros de Brumadinho (Minas Gerais, Brasil) provocó la
muerte de más de 250 de sus trabajadores (Saes y Muradian, 2021). Asumir
una EIS que obvia la crisis ambiental y la desigualdad, que evalúa los impactos
de forma compartimentada y aislada de sus contextos de vulnerabilidad social
elimina la capacidad transformadora de esta herramienta. Los impactos socia-
les no son un producto exclusivo de la relación unidireccional entre proyecto
y comunidad. El contexto donde se produce esa relación posee cierta agencia
morfológica. La materialidad del proyecto está condicionada por los marcos
legislativos y de su grado de fuerza institucional para aplicar las normas y
vigilar su cumplimiento. Asimismo, la percepción del impacto por parte de
los individuos afectados está sujeta a la posición del individuo en la estructura
social, la posesión y acceso a capitales y su nivel de vulnerabilidad (Pimienta
et al., 2021). Por ejemplo, la intensidad de los efectos nocivos que genera la
minería está en relación con las políticas de desarrollo nacional o del mayor o
menor carácter neoextractivista que éstas tengan (Gudynas, 2009).
El contexto de la EIS también está condicionado por el enorme desarrollo
tecnológico experimentado desde la década de los 80 del pasado siglo que
amplía de forma exponencial las áreas de impacto, su intensidad y su veloci-
dad de producción de riesgos para las comunidades. Regresando al ejemplo
minero, la capacidad extractiva del sector agranda el área de afectación los
impactos, los genera a una enorme velocidad y acorta extraordinariamente el
ciclo de vida de la explotación minera, apareciendo, por tanto, con inusitada
rapidez los pasivos socioambientales (Cardoso, 2015) que conlleva el cierre
de minas. La capacidad de las ingenierías de alterar paisajes se ha multiplica-
do de una forma históricamente desconocida. Esas transformaciones paisajís-
ticas arrasan también estilos de vida seculares que están ligados a los bosques,
pastos, tierras de cultivo y ríos donde surgió la cultura local. De esta forma,
el impacto no es solo fuerza o intensidad, es también velocidad de alteración
de las condiciones de vida. Cabe señalar sobre este asunto que algunas de
las estrategias técnicas comúnmente empleadas en EIS como, por ejemplo,
el empleo de matrices de impactos, presentan dificultades para introducir la
diacronía en sus análisis. Cuando entramos en situaciones de hiperdiacronía,
las dificultades metodológicas se multiplican.
Prólogo 13
Esta mirada al entorno social de producción de la EIS y la influencia de
los rápidos cambios tecnológicos nos lleva a situarla en la dicotomía central
de la posmodernidad tardía. Por un lado, la tecnología hace temporalmente
posible la quimera del crecimiento ilimitado del actual modelo postcapitalista.
La explotación de la naturaleza ya no encuentra límites sociotecnológicos.
Por otro lado, el desarrollo tecnológico socialmente descontrolado lleva a
la humanidad a escenarios plausibles de riesgos catastróficos globales. La
pregunta que una EIS reflexiva debe plantearse, y que tiene su inspiración
en la sociología del riesgo y la sociología de la ciencia, se establece en los
siguientes términos: ¿hasta qué punto una EIS que participa de esa misma
ciencia que genera tecnologías inhumanas es capaz de salirse de esos marcos
de conocimiento dominados por la arrogancia del humanismo (Stanley, 1995)
y situarse al lado de las comunidades y naturalezas en peligro?
La revisión ética y contextual de la EIS pasa por reconocer que estos riesgos
no son causados por el azar; es decir, la reflexión debe realizar un movimiento
que, comenzando en la esfera de la ética, nos lleva a la arena política. Dicho
de otra manera, el riesgo –es decir, el impacto antes de eclosionar– no es una
mera cuestión de probabilidades. Hay riesgos porque hay beneficios. Se rom-
pen represas de desechos mineros porque las decisiones que explican su mal
mantenimiento disminuyen costes a corto plazo y, por tanto, aumentan los be-
neficios económicos de las empresas. No hay azar en los riesgos posmodernos,
sino decisiones humanas que conllevan distribuciones desiguales de impactos
positivos y negativos. Y, reconociendo este hecho, es imposible una EIS neutral.
Las elites empresariales toman decisiones que generan riesgo pero que,
justificándose en el bien general, también aumentan de forma desorbitada sus
réditos económicos. Como denunciaban Carmen Sanz y José Sánchez (1998)
deberíamos replantearnos la idea de incertidumbre ante el riesgo. No hay
tal incertidumbre. Hay certezas de producción del riesgo. Hay individuos o
grupos que toman decisiones que, al tiempo que generan riesgos sobre otros,
consiguen eludir las consecuencias negativas y se aprovechan de los efectos
positivos de sus decisiones.
Visto desde esta última posición, el riesgo está indudablemente relaciona-
do con el poder. Los grupos más poderosos están –estadísticamente– menos
expuestos a los riesgos de carácter acumulativo. Las elites tienen la capaci-
dad –el poder– de: a) apropiarse de una gran parte de los beneficios anexos
a la producción del riesgo y b) de trasladar los impactos socio-ambientales
negativos en el tiempo (a las generaciones futuras), en el espacio (hacia otro
territorios, bien por medio naturales –ej. ríos– o por medios artificiales a tra-
vés de las infraestructuras viarias) o hacia otros grupos sociales con menos
poder (localizando actividades peligrosas en las zonas de trabajo o residencia
de estos grupos menos poderosos).
14 Antonio Aledo
Así, la EIS se mueve en espacios de conflicto (Aledo, 2018), marcados
por los fracasos de los proyectos de desarrollo. Las poblaciones locales, que
reciben los efectos más negativos, no tienen más mecanismos para contestar
esa desigual distribución de impactos y su exclusión de los procesos de toma
de decisiones que el conflicto social.
Por último, para entender el contexto evolutivo de la EIS, hay que situarla
políticamente como una herramienta de la nueva gobernanza (Wanvik, 2016).
La práctica de la EIS se sitúa en un entorno post-político marcadamente neo-
liberal, que tiene tendencia a ocultar las voces disidentes (Hossain y Fuller,
2021). La nueva gobernanza propone una reformulación de las relaciones
entre sociedad, naturaleza, mercado y estado, despolitizando estas relacio-
nes conflictivas. La nueva gobernanza traduce la política a un ejercicio de
consenso, de medición y evaluación neutral. La EIS, por el contexto neoli-
beral en el que ha nacido, se convierte en una propuesta de gobernanza de
autorregulación impulsada por las empresas para la gestión de los impactos
sociales negativos, colocando a las administraciones públicas locales, regio-
nales o estatales como meros observadores de una supuesta negociación y
gestión paritaria. Así se comprende que los intentos de incorporar la EIS en
las legislaciones nacionales se enfrentan a fuertes resistencia por parte de
las multinacionales que proponen medidas de autorregulación, sin monitoreo
externo que vigile sus propuestas de autocumplimiento. Aparece clara la dife-
rencia con la Evaluación de Impacto Ambiental, que surgió en los momentos
finales de un ethos político socialdemócrata y unas fórmulas de gobierno en
las que se regulaba las relaciones entre sociedad, mercado y medio ambiente
mediante una burocracia estatal que aplicaba una legislación at the end of the
pipe (Dryzec, 1998).
La proliferación en la bibliografía científica y «gris» del vocablo stakehol-
der no hace sino reforzar la despolitización de la EIS. El concepto de stake-
holders se propone para anular las diferencias de poder entre los diferentes
grupos sociales que emergen en los conflictos sociales surgidos de la desigual
distribución de impactos del proyecto (Ijabadeniyi y Vanclay, 2020). Ya no
hay poblaciones afectadas, impactados, o grupos vulnerables. Tampoco hay
diferencias entre estado, empresa y comunidad. Todos son grupos de interés
que deben unir esfuerzos para el bien del proyecto. Su agrupación bajo este
«vocablo-paraguas» tiene la intención de borrar diferencias y despolitizar lo
que es un hecho de poder: la desigual distribución de impactos entre grupos
situados en geografías sociales de desigualdad.
4. Un momento de transición
La reflexión crítica de este entorno ayuda a entender el actual momento de
impasse de la EIS (Vanclay, 2020), sus debilidades teórico-prácticas (Climent
Prólogo 15
et al, 2018), su escasa utilidad para gestionar los impactos y su orientación
evaluadora pero nunca responsabilizadora de las causas y causantes de los
impactos (Aucamp y Lombard, 2018).
Este momento de impasse en la EIS puede traducirse a la tensión entre
una EIS superficial y despolitizada y una EIS profunda que reconoce que es
una herramienta científica pero situada en un contexto de conflicto altamente
politizado (Parson y Luke, 2021)
La EIS superficial tiene como principal objetivo la reducción de los con-
flictos que suponen un riesgo para las empresas (Vanclay, 2021) y se legitima
a partir de la supuesta neutralidad del ejercicio científico (Aledo y Domín-
guez-Gómez, 2017). Por otro lado, la EIS profunda reconoce su carácter
constructivista, al entender los impactos como una construcción social en un
doble sentido: a) en su generación, la producción social del riesgo, al enten-
derlo como algo no azaroso sino producto de decisiones humanas (Parson,
2020) y b) también entendiendo el impacto como una interpretación de los
cambios ocasionados por los proyectos tal y como son experimentados física
o cognitivamente por los afectados (Vanclay, 2006).;
Como hemos explicado al comienzo de este capítulo, la EIS profunda
conlleva debates paradigmáticos en torno a la legitimidad de la actividad in-
vestigadora, ya que propone ampliar la comunidad de evaluadores al admitir
como evaluadores referenciales a los propios afectados (Becker et al, 2004;
Esteves et al, 2012). Ese debate sobre el poder también se amplía al reconocer
la naturaleza política de la EIS porque debe entrar a discutir con insistencia
sobre las dinámicas interrelacionales entre estructuras y agencias que gene-
ran desiguales distribuciones de impactos. A partir de este ejercicio reflexivo
y autocrítico en torno a esta disciplina, a continuación intentaremos ofrecer
algunos caminos a recorrer sobre las cuestiones planteadas en los epígrafes
precedentes.
5. Discusión conceptual
Comencemos por los conceptos centrales. Las definiciones de impacto social y
de EIS todavía no son plenamente satisfactorias. Queda recorrido para conse-
guir una definición de impacto social capaz de recoger y sintetizar su enorme
complejidad. El impacto es construido e interpretado socialmente (Vanclay,
2005) pero reducirlo a cómo las personas lo experimentan física y cognitiva-
mente elimina de su definición las causas sociales generadoras así como la
influencia que las posiciones estructurales de vulnerabilidad ocasionan sobre
la interpretación-aceptación del impacto que ofrece el afectado. Por ejemplo,
mineros que trabajan en explotaciones en países subdesarrollados en condi-
ciones laborales altamente inseguras se ven obligados a aceptar peligrosos
impactos sobre su salud para garantizar un mínimo salario a sus familias. En
16 Antonio Aledo
ese caso, el impacto puede ser percibido o identificado pero también asumido
por su situación de vulnerabilidad y la debilidad institucional de sus países.
Por otro lado, entendemos que los impactos son una expresión de com-
plejos procesos en los que interactúan multitud de elementos generativos. El
análisis integral de los procesos de producción de riesgos es fundamental para
la resolución de impactos y conflictos. Resulta difícil actuar sobre los impac-
tos si no se descomponen y se conocen sus procesos generativos. Por ejemplo,
los impactos sobre el agua, muy frecuentes en la minería, y que afectan a la
salud (calidad) o al regadío (cantidad) están ocasionados no solo por el uso
para lavado minero, sino por la concepción del agua como un mero recurso
a disposición del mercado, por la desconfianza de la población ante los datos
de análisis del agua ofrecidos por la empresa o por la forma de gobernanza de
la cuenca hidrográfica donde se localiza la explotación minera. Estos elemen-
tos participan en la producción del riesgo y su identificación como factores
generadores de riesgo permite descubrir ventanas de intervención para la
eliminación o reducción del impacto.
Por su parte, la definición de EIS más aceptada la entiende como una
herramienta que ayuda a la gestión de los impactos sociales ocasionados
por la puesta en marcha de proyectos (Estevez, Vanclay y Frank, 2021). Sin
embargo, esta definición parece incluir la aceptación previa del proyecto. En
otras palabras, con esa definición se entiende que la EIS ayuda a manejar los
proyectos, pero no a cuestionarlos en su origen y, por tanto, se evita o dificulta
la posibilidad de recomendar que se paralice el proyecto.
Estas reflexiones conducen a las preguntas básicas que deben dirigir todo
ejercicio científico: ¿por qué hacemos lo que hacemos?, ¿para quién hacemos
lo que hacemos? y ¿para qué lo hacemos? Comencemos revisando las dos
primeras preguntas: ¿por qué y para quién evaluamos?
Al no haber, en la mayoría de países del mundo, una exigencia legal para
la aplicación de la EIS en la aprobación de proyectos, la EIS tendrá siempre
un carácter voluntario y los intereses de la parte contratante jugarán un papel
clave en el desarrollo práctico de la EIS.
La petición de una EIS suele venir de: 1) empresas, cuyas demandas van
dirigidas a gestionar impactos para evitar o manejar conflictos y los consi-
guientes riesgos para el negocio; 2) comunidades que se ven afectadas por los
impactos negativos de una intervención en su entorno y emplean la EIS en el
proceso de judicialización del conflicto; 3) administraciones que necesiten la
EIS para legitimar sus proyectos mediante la inclusión de lo social a través
de la este procedimiento de evaluación.
De esta manera, los intereses de las partes demandantes influyen en los
objetivos específicos de la EIS, que más adelante definiremos como funciones
latentes. Por lo tanto, el por qué evaluamos está conectado directamente con el
Prólogo 17
para quién evaluamos. La ciencia está obligada moralmente a situarse al lado
de los más desfavorecidos. ¿Mantiene la EIS esa prioridad?, ¿o sostenerla
elimina la neutralidad que se ha presentado en la ciencia tradicional como el
valor central del científico?
Por último, ¿para qué evaluamos? La respuesta comúnmente aceptada
sería para identificar y medir impactos. Sin embargo, esta es una respuesta
parcial e inconclusa. El evaluador mide o evalúa con un objetivo más allá de
la identificación o medición. Podemos medir el peso de una población para
comprobar los efectos de cambios en la alimentación. El médico mide la pre-
sión arterial para evaluar el riesgo cardiovascular. Los hidrólogos miden la
corriente de un río para estimar zonas inundables. En otras palabras, evaluar
y medir no son un fin en sí mismo, sino que proporcionan información para
responder a una pregunta latente. Evaluamos siempre con una intención sub-
yacente, lo que hemos denominado funciones latentes de la EIS. Enumeremos
a continuación algunas de las posibles funciones latentes que una EIS puede
resolver:
1) Se puede evaluar para apoyar o legitimar socialmente la aprobación
legal del proyecto en aquellos escasos países donde lo exija la legisla-
ción o cuando el conflicto jurídico lo requiera.
2) Se puede evaluar para identificar qué impactos generan un mayor con-
flicto entre empresa y comunidad y, por lo tanto, qué factores influyen
y deben ser abordados para la aceptación social del proyecto por parte
de la comunidad (lo que se conoce como Licencia Social para Operar
(LSO) (Demajorovic et al., 2019).
3) Para identificar los impactos que recaen sobre los grupos más vulne-
rables, porque estamos convencidos que es una tarea primordial de la
ciencia estar con los más desfavorecidos (Climent et al., 2018).
4) Para dar voz a las personas afectadas. Necesitamos entonces ampliar
la comunidad de evaluadores mediante procesos participativos que
tengan un especial foco en los grupos más vulnerables que son los que
están menos presentes y poseen mínima influencia en los procesos de
toma de decisiones (Freudenburg 2019)
5) Para identificar las áreas prioritarias de inversión, maximizando los
impactos positivos. Centrar las acciones de responsabilidad social en
maximizar y hacer públicos y notorios los impactos positivos es una
estrategia empresarial para reforzar su aceptación social (Bice, 2015).
6) Por último, para identificar áreas prioritarias de inversión minimizando
los impactos negativos. De esta manera situamos a la comunidad en
el centro de la EIS, lo que se corresponde con una aceptación mucho
más sólida (Esteves et al., 2017).
18 Antonio Aledo
En relación con las funciones latentes, resulta crucial entender que la res-
puesta que seleccionemos va a definir el diseño metodológico, su aplicación y
los resultados de la EIS. Hay por tanto un previo debate axiológico o, si quie-
ren expresarlo de otra manera, ético y político que nos va a llevar a escoger
determinadas funciones latentes y que va a condicionar las subsiguientes fases
de la EIS. Desarrollemos algo más esta idea en el siguiente párrafo.
Si seleccionamos las funciones latentes concentrando las respuestas en 1)
la aprobación del proyecto, 2) la reducción de conflictos o 3) la maximización
de las acciones de reforzamiento de la reputación empresarial, esta decisión
nos llevará a un diseño metodológico de EIS superficial con un enfoque tec-
nocrático, empleando herramientas cuantitativas, mediante el uso de matrices
para la evaluación de impactos, y optaremos por una escasa o nula participa-
ción de los afectados, dando gran parte de la autoridad evaluadora al equipo
técnico. La propia nomenclatura de afectados será probablemente sustituida
por el concepto neutralizador de stakeholders que homogeniza en una misma
categoría diferentes situaciones de poder y vulnerabilidad.
Si por el contrario estamos interesados en la comprensión de las dinámi-
cas sociales que producen los impactos y su desigual distribución, si nuestro
interés recae sobre los grupos más vulnerables y si entendemos que la EIS
tiene como principal objetivo no medir sino colaborar con propuestas que per-
mitan maximizar los impactos positivos y eliminar, minimizar o compensar
de forma justa los impactos negativos, estaremos tratando una EIS profunda.
Para ello emplearemos herramientas cualitativas, que comprendan la cadena
generativa de los impactos, ampliaremos la comunidad de evaluadores al in-
cluir a los afectados, les daremos un mayor peso a sus intereses, tanto en nú-
mero como en influencia, y entenderemos que la EIS es parte de un conflicto
socioambiental en el que se discute la producción y distribución de impactos
positivos y negativos que genera toda intervención.
Por lo tanto, el ejercicio reflexivo sobre las funciones latentes condicio-
nará el diseño, ejecución y resultados de la EIS. Como sabemos -y debemos
aceptarlo- los datos no están «allí afuera» a disposición del investigador, sino
que son socialmente construidos. La forma en que investigamos condiciona
los resultados que obtenemos. O dicho de otro modo, uno no encuentra lo que
no busca, o no encuentra lo que no quiere encontrar. Y este punto es clave en
el ejercicio aplicado de la EIS.
Por ejemplo, si en una EIS sobre minas no incluye el enfoque de género,
difícilmente aparecerán los efectos que la actividad minera genera sobre las
mujeres o sobre los ámbitos domésticos. Y esta ausencia de enfoque de género
tiene también consecuencias metodológicas sobre la selección de técnicas de
recogida de datos (no se entrevistan mujeres) y sobre el análisis de los datos
(ausencia de teorías de género que expliquen realidades diferentes).
Prólogo 19
Como hemos señalado, la EIS se encuentra en un momento de impasse
que exige, no sólo el mencionado proceso reflexivo, sino también una serie
de acciones de cambio tanto por parte de académicos como de profesionales.
Necesitamos de movimientos radicales que permitan superar esta situación de
punto muerto para que nuestra actividad tenga verdadera incidencia social y
deje ser una herramienta al servicio de las nuevas formas de gobernanza que
desarticulan el poder emancipatorio de las ciencias sociales. A continuación,
y a modo de conclusión de este prólogo, discutiremos sobre algunos de estos
movimientos que, a nuestro entender, nos parecen inaplazables.
Primero, si queremos conseguir la legitimidad académica y social debe
aceptarse que la EIS no solo tiene como objetivo el manejo de los impactos
sociales. La EIS debe poder concluir que hay casos en los que los impactos
sociales no son tolerables, que los rendimientos económicos no compensan el
sufrimiento de los afectados. Por lo tanto, el proyecto no debería ejecutarse.
Los autores de Megaprojects (Flyvbjerg et al., 2003) mencionan una serie de
medidas que deben tenerse en cuenta en el análisis socioeconómico de los
grandes proyectos y que, a nuestro entender deberían incorporarse en eva-
luaciones estratégicas: 1) transparencia y participación pública, 2) rendición
de cuentas, 3) propuestas de gobernanza del proyecto y 4) análisis de riesgo
socioeconómico incluyendo la distribución de impactos. Esta función está
lejos de implementarse en muchas prácticas de EIS, especialmente en países
de economías emergentes, en contextos institucionales débiles y con econo-
mías dominadas por empresas multinacionales orientadas a la exportación de
materias primas. Aucamp y Woodborne (2020) se refieren a un modelo de EIS
que no pasa de ser un ejercicio de rellenar una matriz por parte de expertos
externos para la aprobación rápida de proyectos.
Segundo.- La EIS debería incidir más en la desigual distribución de los
impactos. No es suficiente con identificar y medir impactos. Por ejemplo, los
grandes problemas sociales del sector minero están relacionados con la desigual
distribución de los impactos positivos y negativos. Quienes toman las decisio-
nes están a cientos o miles de kilómetros de distancia del territorio afectado,
mientras que la contaminación en sus diversas formas, la deforestación o los
cambios culturales que provoca, por ejemplo, la llegada de inmigrantes labo-
rales jóvenes quedan fijados en el territorio. Y, por otro lado, es un problema
acuciante en África y Latinoamérica los bajos salarios que se pagan en los tra-
bajos mineros menos cualificados que sitúan a los trabajadores y a sus familias
en una posición de vulnerabilidad estructural. Es muy sintomático que en la ya
extensa bibliografía sobre EIS y minas el tema de los salarios de los mineros
(un efecto socioeconómico principal) tenga tan escasa mención y tratamiento.
Tercero.- Los desafíos a los que se enfrenta la EIS son también, como ya
hemos visto, de carácter ontológico y epistemológico. La raíz histórica de la
20 Antonio Aledo
EIS, localizada en las evaluaciones de impacto ambiental de tradición clara-
mente positivista, supone un importante lastre para una disciplina cuyos obje-
tos de estudio son, en buena medida, inconmensurables, no medibles. La EIS
debe admitir que lo que se evalúa se sitúa en distintos esquemas de valores y
para ello se necesita aceptar la coexistencia de diferentes realidades axioló-
gicas y ontológicas que, por coherencia paradigmática, conduce a diferentes
metodologías de evaluación. No puede ser evaluable del mismo modo y bajo
los mismos criterios la pérdida de identidad o la desaparición de la conexión
con el lugar ocasionada por la construcción de una represa, que el número de
puestos de trabajo creados ni que la incidencia del proyecto hidráulico en el
PIB nacional. Nos movemos en escalas axiológicas y ontológicas distintas.
Por un lado, el mercado sometido a la exigencia de resultados económicos y,
por otro, realidades emocionales y vivenciales que son eliminadas del discur-
so del desarrollo y del crecimiento económico.
Cuarto.- Ese movimiento indispensable, para cambiar la parálisis en la que
se encuentra la evolución disciplinar de la EIS, obliga a incluir en su última
fase- aquella en la que se generan las propuestas de gestión- la detección
de responsables, responsabilidades y obligaciones. No es, de manera algu-
na, suficiente identificar impactos. También es necesario identificar causas y
responsables, porque deberían ser ellos quienes se hagan cargo de los costes
de la eliminación, de la minimización o de la compensación de los efectos
negativos.
Quinto- Los anteriores puntos nos llevan a reafirmarnos en nuestra propo-
sición de que la EIS es un instrumento científico que se mueve en un espacio
de conflicto. La EIS es parte del conflicto político porque entra en el cuestio-
namiento de la red de poder que distribuye de forma desigual los impactos.
La EIS se sitúa en medio de intereses opuestos y la supuesta neutralidad y
objetividad de nuestro trabajo científico simplemente oculta el apoyo tácito
al status quo.
Por último, el movimiento de la EIS que estamos demandando exige la
reducción de las distancias y el desplazamiento del investigador fuera de su
centro. La EIS solo puede aplicarse si el evaluador se traslada al territorio
afectado. Reducir las distancias significa también tomar el riesgo de acer-
carse emocionalmente a los afectados. Si el impacto es cómo las personas
experimentan física y cognitivamente los efectos del cambio producidos por
los proyectos, no queda otra que ir allí, conocer sus entornos cotidianos y oír
sus voces. Encontrar ese equilibrio en ese viaje de ida y vuelta es parte del
arte de investigar. El investigador tiene que salir de su centro y arriesgarse.
Cuestionar sus principios y sentir, ver y escuchar a los otros. En definitiva,
salirnos de nuestro centro es requisito para no imponer nuestros criterios de
evaluación. El riesgo, entonces, es también de carácter personal: no saber
Prólogo 21
dónde vas a estar cuando regresas del trabajo de campo porque una vez que
te mueves, tu centro también se altera.
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COMUNIDAD LOCAL Y MINERA:
SUS INTERPRETACIONES DE LOS IMPACTOS
SOCIALES
Viviane Pisano1, Antonio Aledo2, Jacques Demajorovic3,
José Javier Mañas-Navarro4
1
Centro Universitario FEI, Sao Paulo, Brasil y Universidad de Alicante, España
2y4
Universidad de Alicante, España
3
Centro Universitario FEI, Sao Paulo, Brasil
1. Introducción
La actividad mineral presenta una importante dicotomía con respecto a los
impactos generados en el territorio. Por un lado, se reconocen como impactos
positivos la generación de empleo y renta y el aumento de los recursos muni-
cipales a partir del pago de regalías e impuestos mineros (Esteves & Vanclay,
2009). Por otro lado, se han denunciado problemas como la violencia, la
degradación de los recursos hídricos y la reducción de las actividades produc-
tivas tradicionales asociados a grandes emprendimientos mineros (Mancini
& Sala, 2018). Tanto los impactos positivos como los negativos no se distri-
buyen de manera equitativa en el territorio (Esteves et al., 2017), revelando
una asimetría en la distribución de los impactos en los territorios mineros y
la urgencia en la evaluación y gestión de los impactos sociales causados por
el sector. Los impactos sociales están vinculados a múltiples factores. Algu-
nos son más evidentes, como aquellos problemas relacionados con aspectos
ambientales como agua, polvo, ruido y cambio paisajístico, y otros son menos
tangibles, tales como la falta de respeto al patrimonio cultural local (Esteves,
Franks & Vanclay, 2012) y el bienestar espiritual y psicológico de la comu-
nidad local (Abuodha, 2002). Estos impactos son multidimensionales y com-
plejos y, a menudo están conectados con otros problemas más profundos que
causan presión sobre el tejido social de la comunidad (Everingham, 2012).
La necesidad de comprender en profundidad los impactos sociales de los
proyectos mineros y sus consecuencias en la comunidad local participó en
26 Viviane Pisano, Antonio Aledo, Jacques Demajorovic y José Javier Mañas-Navarro
la revisión crítica de la metodología de Evaluación de Impacto Social (EIS).
La EIS se define como el proceso de analizar y gestionar las consecuencias
intencionales y no intencionales en el entorno humano de las intervenciones
planificadas y cualquier proceso de cambio social generado por estas inter-
venciones, con el fin de crear un entorno biofísico y humano más sostenible y
equitativo (Vanclay, 2003). La aplicación de la EIS en trabajos de consultoría
empresarial, sin embargo, puede ocasionar algunos problemas de carácter
axiológico y metodológico. En el entorno empresarial, predomina la compren-
sión de los impactos sociales como riesgos para el negocio. En otras palabras,
este enfoque se centra en identificar, cómo las resistencias y oposiciones de
las comunidades locales pueden afectar a sus prácticas empresariales y cómo
las corporaciones mineras pueden defenderse contra esta amenaza. La defensa
de los intereses empresariales busca dar forma a la narrativa de los impactos
generados por la empresa. Este enfoque deviene tanto de la salvaguarda de los
intereses de la empresa defendidos desde su posición de poder, como de un
paradigma positivista y tecnocrático, que responde o busca responder pregun-
tas complejas de manera analítica y simplificada. Este enfoque propicia que
la toma de decisiones de la empresa se base en cálculos numéricos y tasas de
retorno financiero. La limitación del enfoque técnico-científico en la gestión
de los impactos sociales es confrontada desde un enfoque constructivista,
participativo y político adoptado en la EIS contemporánea.
La EIS constructivista busca comprender cómo los procesos de cambio
generados por las intervenciones en el medio son cognitiva y físicamente ex-
perimentados por las personas que se ven directamente afectadas. Cuando el
actor impactado asume el papel evaluador, es posible ampliar la comprensión
de los impactos, que van más allá de las técnicas realizadas únicamente por
los expertos (Gerotto et al., 2019). Comprender y comparar cómo las partes
interesadas entienden y explican los impactos generados por un proyecto
mineral también es importante desde la perspectiva comercial. Demajorovic,
Lopes y Santiago (2019) muestran cómo el silenciamiento deliberado de los
riesgos en el caso Samarco condujo a una de las tragedias socioambientales
más grandes del país y al cierre del emprendimiento minero. Kemp, Worden
y Owen, (2016), afirman que para que los gerentes respondan eficazmente a
los riesgos para la comunidad con el fin de reducir los riesgos para el negocio
en sí, los impactos sociales deben conocerse y entenderse desde la perspec-
tiva de la comunidad. En este sentido, es necesario superar las limitaciones
del enfoque técnico-científico de la EIS. En la aplicación práctica de la EIS
predomina el uso de sistemas matriciales, como la Matrix de Leopold. Esta
técnica, ampliamente vinculada a la encuesta y a la priorización de impactos
ambientales, se adaptó para incluir los impactos sociales. Según Aledo y
Aznar-Crespo (2021), estas matrices de evaluación permiten identificar los
Comunidad local y minera: sus interpretaciones de los impactos sociales 27
impactos abarcando una variedad y cantidad significativa de criterios; calcular
el valor global o parcial de los impactos y aplicar criterios de ponderación
para la priorización.
A pesar de las posibilidades que presentan los sistemas matriciales, es
necesario considerar las limitaciones que presenta el uso de esta herramienta
dentro de la EIS constructivista, participativa y política al ser incapaz de
comprender el impacto como un proceso social complejo (Aledo & Aznar-
Crespo, 2021). Las matrices conciben los impactos de una manera aislada y
no diacrónica, simplificando un hecho social complejo en una codificación
numérica (Radej, 2011). Buscando ampliar la comprensión de fenómenos tan
complejos como la minería y sus consecuencias en los territorios, los Mapas
Causales Colaborativos (MCC) emergen como una técnica que se adecua
mejor a los principios subyacentes de la EIS, manteniendo la claridad, sim-
plicidad y abstracción del proceso analítico. Esta técnica permite identificar
los múltiples elementos causales que componen un impacto articulando las
dimensiones ambiental, social y económica (Aledo, García-Andreu & Pinese,
2015) y proporciona una visión amplia del impacto entendiendo sus aspectos
contextuales, longitudinales y relacionales (Perdicoúlis & Glasson, 2006).
Eriksen y Kelly (2006) enfatizan la importancia de un enfoque capaz de
ofrecer un análisis explicativo, diacrónico, que mejore la comprensión de la
causalidad para la correcta gestión de los impactos y el diseño de propues-
tas correctoras. El análisis relacional, según Aledo, Garcia-Audreu y Pinese
(2015), permite identificar elementos causales intermedios que generalmente
están inexplorados por su carácter contextual, o longitudinal, pero que tam-
bién forman parte de la estructura de los impactos. Aunque es una herramienta
de investigación aún poco utilizada en el contexto de las actividades extrac-
tivas, su potencia analítica la hace adecuada para esta investigación que se
desarrolla en la región sur del estado de Pará (Brasil), donde se encuentra la
mayor explotación de mineral de hierro del mundo.
La pregunta de investigación que guió esta investigación fue ¿cómo la
empresa minera y la comunidad local identifican e interpretan los impactos
sociales relacionados a los cambios provocados por la actividad extractiva?
Para responder a esta pregunta, el objetivo de la investigación es comprender
las disonancias y convergencias interpretativas entre la empresa y la comu-
nidad local con respecto a los impactos sociales y su posible influencia en la
gestión de estos impactos.
2. Revisión Teórica
Los grandes desastres industriales ocurridos en las décadas de 1970 y 1980
trajeron la percepción sobre la distribución injusta de los beneficios e impac-
tos de los proyectos extractivos e industriales (Aledo & Domínguez-Gómez,
28 Viviane Pisano, Antonio Aledo, Jacques Demajorovic y José Javier Mañas-Navarro
2018). El avance de la legislación ambiental para mitigar estos impactos
consolidó la Evaluación de Impacto Ambiental (EIA) como el principal ins-
trumento para identificar y mitigar los impactos generados por los grandes
proyectos. Sin embargo, la implementación de la EIA mostró limitaciones
en la comprensión e incorporación de los cambios sociales causados por los
grandes proyectos y los impactos sociales resultantes de los mismos, abriendo
un nuevo camino para el desarrollo de la EIS (Aledo & Domínguez-Gómez,
2018).
Como se mencionó anteriormente, el campo de la EIS se encuentra en
una lucha paradigmática entre dos enfoques posibles: el técnico-científico
y el constructivista. El análisis supuestamente objetivo y neutral, propio del
enfoque técnico-científico, no entiende el impacto como una realidad social-
mente construida donde los cambios causados por los proyectos son sentidos
de diferentes maneras por los diversos actores afectados (Esteves, Franks &
Vanclay, 2012). Por lo tanto, no ayuda a la comprensión de los impactos de
manera profunda y desde la perspectiva de los afectados (Aledo & Domín-
guez-Gómez, 2018). Este paradigma tecnocrático propicia la imposición de
una única narrativa sobre impactos sociales, resultando en una evaluación
incompleta, y oblicua, y aportando medidas de mitigación insuficientes, que
no contribuyen al desarrollo de las comunidades vecinas al proyecto minero,
haciendo que sus expectativas respecto al proyecto no se cumplan (Franks &
Vanclay, 2013).
Partiendo de la perspectiva del riesgo para el negocio, las empresas bus-
can formas de defenderse de los riesgos que le imponen los actores externos
(Aledo & Domínguez-Gómez, 2018). Según Parsons et al., (2014), una de
las estrategias utilizadas es la neutralización de los discursos opuestos a la
organización. La neutralización puede ocurrir tanto por el desarrollo de pro-
yectos sociales específicos como por la externalización de la culpa (Meesters
& Behagel, 2017). Los proyectos sociales se ocupan de iniciativas específicas
con alcance limitado en la comunidad que buscan reducir la resistencia al
proyecto y cooptar a los líderes locales, pero no se centran en la causa raíz del
problema (Esteves, 2017). La externalización de la culpa atribuye al propio
impactado la responsabilidad por el daño enfrentado, excluyendo a la empresa
de la responsabilidad del daño observado (Meesters & Behagel, 2017).
El enfoque constructivista de la EIS, por contra, se centra en los riesgos
que el proyecto minero representa para las comunidades locales. Este es un
enfoque social de los impactos. Permite incidir en la transaccionalidad y
la diversidad característica de los fenómenos sociales, dando espacio para
que los riesgos presentes en el proyecto sean verdaderamente capturados y
considerados (Aledo & Domínguez-Gómez, 2018). Se trata de un proceso
participativo en el que participan, además del equipo de expertos, la comuni-
Comunidad local y minera: sus interpretaciones de los impactos sociales 29
dad de afectados (Vanclay, 2003). La inclusión de la población local también
garantiza una mayor legitimidad, credibilidad y equilibrio al proceso (Morris
et al., 2011). La agregación de las percepciones basadas en la colaboración y
la participación también es positiva para las empresas, ya que incorporar dicha
pluralidad en la comprensión del contexto local puede evitar conflictos entre
la comunidad y la empresa minera (Everingham, 2012).
En paralelo con las significativas posibilidades que ofrece la EIS construc-
tivista, surgen desafíos prácticos para su aplicación. Todavía existen limitacio-
nes para su aplicación en el contexto de gestión de las empresas, a lo que se
debe sumar la dificultad de capturar y comprender la complejidad estructural
y la intangibilidad de los impactos sociales (Schindler, Graef & Jochen, 2016).
Si entendemos que el impacto es el resultado de un cambio social inicia-
do por la actividad de un proyecto y que es socialmente construido por los
afectados cuando lo experimentan física o cognitivamente (Vanclay, 2003)
es, por lo tanto, inferible que el mismo proceso de cambio sea percibido di-
ferencialmente de acuerdo con la posición social del afectado, sus intereses y
valores (Slootweg, Vanclay &Van Schooten, 2003). Además de los impactos
tangibles o físicos que pueden ser identificados por los expertos con cierta
facilidad, se producen también impactos intangibles, cuya identificación y
medición es mucho más compleja. Así, la forma en que las personas entienden
e interpretan los impactos es un hecho social y debe ser incluida obligato-
riamente en el diseño metodológico de la evaluación (Terrapon-Pfaff et al.,
2017). Los impactos inmateriales son comúnmente obviados por el enfoque
técnico-científico que, de esta manera, favorece la defensa de los intereses de
la empresa haciéndolos invisibles. Es necesario, por lo tanto, considerar las
relaciones de poder existentes en el proceso evaluador y en el conflicto social
que emerge del proyecto para introducir reflexivamente las diferentes narrati-
vas e interacciones (Howitt, 1995). Este enfoque crítico obliga al esfuerzo de
identificar también las disonancias interpretativas que los diferentes actores
presentan en su interpretación y experimentación de los impactos.
A partir de las limitaciones que presentan tanto el enfoque tecnocrático
como el constructivista, esta investigación propone el uso del Mapa Causal
Colaborativo (MCC) como instrumento para ayudar en la búsqueda de un co-
nocimiento profundo, complejo y relacional de los impactos sociales. Según
Voegeli et al., (2019), aunque su uso sea incipiente en la EIS, el análisis de
causalidad puede contribuir a la representación de caminos y redes de impacto
que permiten la identificación de causas y efectos relevantes en contextos de
sistemas complejos (BRISMAR, 2004), ofreciendo una perspectiva holística
y sistémica (Ackermann & Alexander, 2016). El empleo del MCC puede ser
de gran relevancia en el análisis de actividades, tales como la minería, con un
amplio potencial de modificar intensamente un territorio. En este contexto,
30 Viviane Pisano, Antonio Aledo, Jacques Demajorovic y José Javier Mañas-Navarro
la inclusión de la gestión de los impactos sociales a lo largo de todo el ciclo
de vida del proyecto minero, es necesario para la prevención y mitigación de
riesgos (Esteves, Franks & Vanclay, 2012). En este escenario, la comprensión
ampliada y dinámica del conjunto de impactos es esencial no solo para mitigar
sus efectos, sino también para orientar las acciones compensatorias con el fin
de garantizar un desarrollo territorial sostenible.
Considerando las contradicciones intrínsecas de la actividad minera es
fundamental avanzar en los instrumentos que permitan una mejor compren-
sión de los procesos de cambio social y sus consecuencias en la comunidad
local. A continuación, presentamos la propuesta metodológica basada en la
integración de los MCC a la EIS con el fin de comprender cómo las múltiples
partes interesadas interpretan los impactos.
3. Método
La investigación presentada es de naturaleza cualitativa e interpretativa, cen-
trándose en la realización de un estudio de caso único. La elección de un
estudio de caso único se debió en primer lugar a la profundidad interpretativa
requerida por el objetivo de la investigación. La comprensión y representación
de las relaciones causales de los impactos sociales requiere manejar un gran
volumen de datos de manera profunda y detallada. Con este fin, era impor-
tante centrar los esfuerzos en un solo caso para comprenderlo con precisión.
El segundo punto está relacionado con la peculiaridad, rareza y representati-
vidad del caso elegido (Yin, 2015). El objeto de investigación es el complejo
minero más grande del mundo para la extracción de mineral de hierro y se
encuentra en el interior de la selva amazónica. Por el tamaño y la logística
de la operación, se potencia la generación de múltiples impactos positivos y
negativos sobre la comunidad local. La metodología constructivista y partici-
pativa adoptada permite una discusión en profundidad de la percepción de los
impactos y sus significados para los múltiples actores involucrados.
3.1. Recolección de datos
La recolección de datos se dividió en dos etapas. La primera buscó conocer la
realidad política, social y económica del área de estudio, que corresponde a la
fase denominada estudio de base en la metodología EIS. El análisis documen-
tal incluyó informes internos de la empresa (informes de sostenibilidad, des-
empeño ambiental, sistema de gestión de grupos de interés, entre otros), así
como documentos públicos de diversas fuentes (Índice de Minería Respon-
sable, balance socioambiental y económico del municipio, datos estadísticos
públicos, informes y diagnósticos elaborados por el gobierno municipal, entre
otros). La documentación obtenida de estos documentos permitió comprender
Comunidad local y minera: sus interpretaciones de los impactos sociales 31
la evolución histórica y operativa de la empresa y del municipio, aportó infor-
mación importante para la caracterización del territorio, las vulnerabilidades
locales y la disparidad de poder entre los actores, y permitió la identificación
preliminar de los grupos de interés.
En la segunda etapa de la recolección de datos, se realizaron entrevistas
semiestructuradas, primero con empleados de la empresa y luego con resi-
dentes de la comunidad local para la construcción de los MCC. A partir del
estudio de referencia fue posible construir una comprensión previa sobre
los impactos que enfrentan los actores. Esta información preliminar ayudó
al equipo de investigadores a diseñar las posteriores entrevistas orientadas
a la construcción colaborativa de los MCC, y apoyar al entrevistado en la
racionalización o elaboración de relaciones causales complejas. Es necesario
señalar que se tuvo especial cuidado de no influir en las declaraciones en la
preparación de los MCC.
Los MCC son diagramas abstractos compuestos por nodos y enlaces.
Los nodos son hechos sociales entendidos como impactos, compuestos por
múltiples variables causales. Están conectados por flechas que muestran las
direcciones de causalidad. La técnica para producir los mapas causales debe
ser un ejercicio reflexivo dirigido que busque identificar tantos nodos como
sea posible (causas y consecuencias del impacto) buscando identificar las
causas más profundas de las que emanan los problemas (García-Andreu,
Ortiz & Aledo, 2015), además de las causas intermedias que juegan un papel
importante en el proceso de producción de impacto y, a menudo, representan
oportunidades de intervención para la fase de propuestas (Aledo, Climent-Gil
& Mañas-Navarro, 2019).
Las preguntas que inician el proceso de construcción colaborativa se
construyeron, primero, buscando la contextualización de la relación del en-
trevistado con el territorio y con la minería. Luego, se solicitó la selección
de tres procesos de cambio ocasionados por la actividad minera que los
entrevistados consideraron que generaban impactos, tanto positivos como
negativos. De acuerdo con las indicaciones proporcionadas por los entrevis-
tados, el investigador guió la entrevista con el fin de buscar la identificación
de tantas causas y efectos como fuera posible (Aledo, García-Andreu & Pi-
nese, 2015) alcanzando la profundidad necesaria para construir las cadenas
causales de impactos.
Cada una de las entrevistas fue realizada por dos investigadores simultá-
neamente. Mientras uno se encargaba de realizar las preguntas con el fin de
generar la mayor profundidad posible en las relaciones causales, el otro cons-
truía la estructura gráfica preliminar de la cadena causal con el seguimiento y
validación del entrevistado.
32 Viviane Pisano, Antonio Aledo, Jacques Demajorovic y José Javier Mañas-Navarro
3.2. Procesamiento y análisis de datos
Cada entrevista resultó en un promedio de tres mapas causales, por lo que
la primera etapa del procesamiento de datos fue agrupar estos mapas indivi-
duales en dos mapas centrales: la comunidad y la compañía minera. Para la
agrupación fue necesario un proceso de unificación y codificación común de
los nodos de causalidad que se ocupan del mismo problema. Esto significa
que el mismo problema, que fue tratado por diferentes nomenclaturas por los
diversos actores entrevistados, pasó por un proceso de estandarización con el
fin de simplificar la fase de análisis y comparación. Por ejemplo: «muchas
casas agrietadas cerca del tren» y «residencias con grietas vecinas a la línea
ferroviaria» se unificaron en una nomenclatura común «Muchas casas agrie-
tadas cerca de la línea ferroviaria».
Para una mejor gestión del gran volumen de datos de las entrevistas (ma-
pas y nodos de causalidad), además de la comprensión más clara y profunda
de la información compleja, se utilizó la herramienta dirigida al análisis
cualitativo de datos, el software Atlas.ti. Con las entrevistas ya unificadas y
normalizadas, la calificación positiva (+) o negativa (-) se atribuyó a cada uno
de los nodos causales según la percepción conferida por los entrevistados.
Estos datos se transfirieron al Atlas.ti, lo que resultó en una representación
gráfica de las cadenas causales. Para ello, la interacción entre los nodos fue
representada por el conector «es causa de», estableciendo una relación direc-
cional de causa y efecto.
Con el fin de comparar las interacciones de la comunidad con las de la
empresa, el análisis se focalizó en los impactos comunes reconocidos por
ambos: comunidad y minera. El resultado de los impactos comunes aparece
en la Tabla 1. Una vez identificados los impactos comunes, se analizaron sus
micro cadenas causales. El análisis a partir de las micro cadenas causales fue
necesario, debido a que la gran cantidad de nodos que conforman el mapa
central de la comunidad y la empresa no permiten una visualización adecuada.
Con la segmentación en micro cadenas causales, se obtuvo un «zoom» en las
cadenas más inmediatas por impactos comunes, es decir, los impactos que
presentan la relación causal más cercana.
Para analizarlos de una manera comparativa, la cadena causal construida
por la comunidad construida por la empresa se colocó una al lado de la otra.
El análisis buscó comprender las disonancias y acuerdos interpretativos en la
construcción de estos impactos.
Comunidad local y minera: sus interpretaciones de los impactos sociales 33
4. Resultados
4.1. Estudio de caso
El estudio de caso se realizó en la ciudad de Parauapebas, en el Estado de
Pará, donde se encuentra el Proyecto Grande Carajás, la mina de mineral de
hierro más grande del mundo. Las operaciones fueron iniciadas durante la
etapa del gobierno militar a principios de la década de 1980 como parte de la
estrategia nacional para integrar la región amazónica en la economía brasileña
mediante grandes proyectos (Coelho, 2015).
Con una alta tasa de pureza, la exploración de mineral de hierro representa
más del 30% de la producción anual total de la compañía minera. El complejo
minero incluye varias plantas, patios de almacenamiento, con una capacidad
de 3,3 millones de toneladas, y 892 km de vías férreas para transportar el
mineral desde el yacimiento al puerto de São Luís, en el estado de Marañón).
Cada tren transporta 34.000 toneladas en 330 vagones totalizando 3,5 km de
largo (Vale, [s.f.]).
El proyecto minero generó cambios profundos y contradictorios en el
municipio, que afectaron a las esferas ambientales, demográficas, económicas,
sociales y culturales. Su población se triplicó en 20 años: en 2010 tenía una
población total de aproximadamente 154.000 habitantes, en comparación con
71.000 en 2000 y 36.000 en 1991 (Brasil, 2010). La población estimada de
2020 es de 213.000 personas (IBGE, 2020). La inversión en infraestructura
y servicios municipales no siguió el ritmo del crecimiento poblacional y esto
terminó resultando en una precaria urbanización periférica. La mayoría de los
barrios surgieron de ocupaciones irregulares por parte de migrantes, consoli-
dando una historia local de ocupaciones irregulares (Coelho, 2015).
Al mismo tiempo, la compañía minera optó por construir un núcleo cerca
de la mina, un proyecto urbano conocido como company town. Previsto para
alojarlos empleados de la empresa, el núcleo estaba dotado de una excelen-
tes infraestructuras y servicios, con colegios, banco, hospital privado, club
recreativo, seguridad y acceso a red de alcantarillado en todas las residencias
(Coelho, 2015). La construcción del company town delimitó la separación de
la ciudad en dos núcleos.
Prueba clara de la contradicción generada en los territorios por la ope-
ración minera son los recursos financieros del municipio en relación con
la calidad de los servicios públicos. El Producto Interno Bruto (PIB) de la
ciudad es el segundo más grande del Estado de Pará y el 78º en el Ranking
Nacional (IBGE, 2016), considerando los 5.570 municipios brasileños. Esto
se debió en gran parte a la participación del impuesto CFEM (Compensa-
ción Financiera por Explotación Minera), que representa la mayor recau-
dación de la ciudad, seguido por el ICMS (Impuesto sobre Circulación de
34 Viviane Pisano, Antonio Aledo, Jacques Demajorovic y José Javier Mañas-Navarro
Bienes y Servicios). La suma de estos dos impuestos en 2017 representó un
promedio de más de 400 millones de reales mensuales para la ciudad (Silva
& Lima, 2017).
Sin embargo, al considerar el Ranking Brasileño de Eficiencia de los
Servicios Públicos que compara el presupuesto municipal con el acceso de
la población a los servicios públicos, Parauapebas ocupa la posición 5.108
(Datafolha, 2016). Un ejemplo de estos déficits son los datos de cobertura
asistencial en las Unidades de Atención Primaria. Mientras que el promedio
nacional de la población que tuvo acceso a la cobertura básica de salud fue
de 84.99%, en este municipio solo el 43.55% de la población fue tratado
(Ministério da Saúde, 2015). Además, los indicadores sociales como las ta-
sas de homicidios y las víctimas en accidentes de tránsito son superiores a
la media nacional. Según el Atlas de la Violencia (IPEA, 2013), la tasa de
homicidios es de 60,5 por cada 100.000 habitantes. La ciudad tiene la décima
tasa de homicidios más alta del estado y la octogésimo sexta, entre los 1.663
municipios brasileños analizados (Coelho, 2015). La tasa de mortalidad por
accidentes de tránsito en la ciudad es de 22,73 mientras que en Brasil es de
17,40 (Datasus, 2017).
La comunidad investigada en este estudio está ubicada en una región ur-
bana, periférica a la ciudad y está directamente influenciada por los impactos
derivados de la operación de la compañía minera. Presenta debilidades de
infraestructura urbana, saneamiento y vivienda, siendo atravesada por la línea
férrea y la línea de energía pertenecientes a la empresa minera.
4.2. La interpretación de las cadenas causales de los impactos sociales
De un total de 162 impactos identificados por esta encuesta, 93 fueron
identificados por la compañía minera y 68 por la comunidad local. De este
total, 21 impactos fueron señalados tanto por la comunidad como por la
empresa. Las calificaciones atribuidas a los impactos comunes fueron las
mismas, es decir, los impactos considerados como negativos o positivos por
la empresa minera también lo fueron la comunidad. La Tabla 1 presenta los
21 impactos comunes identificados tanto por la empresa minera como por
la comunidad local.
Al analizar las cadenas causales de impactos comunes, se identificó que
muchas de ellas formaban parte de la misma micro cadena causal. Esto sig-
nifica que los impactos comunes son causa o consecuencia entre sí de ma-
nera bastante directa. Así, los 21 impactos comunes se agruparon en 4 micro
cadenas causales analizadas a continuación. Los títulos de estas cadenas se
relacionan con el impacto a partir del cual se analizaron las demás.
Comunidad local y minera: sus interpretaciones de los impactos sociales 35
Tabla 1. Impactos comunes de la minera y la comunidad local
ID Impacto Qual.
1 Muchos accidentes de tráfico (-)
2 Poca cultura de seguridad para el tráfico (-)
3 Oferta estacional de puestos de empleo (-)
4 Desempleo (-)
5 Baja cualificación de la mano de obra local (-)
6 Alto flujo migratorio de público masculino no calificado (-)
7 Flujo migratorio de mujeres y niños dependientes del masculino (-)
8 Aumento de la criminalidad (-)
9 Nuevas cooperativas de trabajo (+)
10 Inversión en proyectos sociales (+)
11 Muchas áreas de la minera con ocupación irregular (-)
12 Ocupación no planeada de la región (-)
Trazado de la línea férrea muy cerca de las áreas habitadas por la
13 (-)
comunidad local
14 Empeora la calidad del aire con partículas dejadas por el tren (-)
15 Ruido constante de la línea ferroviaria (-)
16 Muchas casas agrietadas cerca de la línea férrea (-)
17 Inversión en infraestructura urbana por la minera (+)
18 Falta de planificación urbana (-)
19 Mala gestión del poder público local (-)
20 Alto presupuesto municipal por el pago de impuestos (+)
21 Corrupción gubernamental (-)
* (-) negativo (+) positivo
4.1.1. Muchos accidentes de tráfico
Figura 1. Comunidad (Impactos: ID 1; 2)
Figura 2.36 Viviane
Minera (Impactos: ID 1; Pisano,
2) Antonio Aledo, Jacques Demajorovic y José Javier Mañas-Navarro
Gran flujo de vehículos
de funcionarios y
materiales en
carreteras de tierra (-)
Poca cultura de Muchos accidentes
Baja calidad de las seguridad para el de tráfico (-)
carreteras (-) tráfico (-)
Falta de planificación
urbana (-)
Déficit del transporte Dificultad de movilidad
público (-) urbana (-)
Figura 2. Minera (Impactos: ID 1; 2)
Tanto la empresa minera como la comunidad mencionan la gran canti-
dad de accidentes de tráfico en la ciudad (1) confirmando las altas tasas de
mortalidad por accidentes de tráfico en el municipio (Datasus, 2017). Ambos
atribuyen la falta de una cultura de seguridad de tráfico (2) y relacionan los
accidentes con problemas de gestión gubernamental. Es interesante notar que
la comunidad reporta una mejor actitud en el tráfico en las áreas que están
bajo gestión de la minera. Aquí está claro que la comunidad ve el núcleo,
company town, de la empresa minera como si fuera una ciudad diferente al
centro urbano, donde incluso el comportamiento de las personas es distinto.
Los residentes siguen las reglas de tráfico en el área de la minera y cuando
van a la ciudad dejan de usar cascos y circulan por encima de la velocidad
permitida.
Esta percepción reportada por la comunidad, sobre la existencia de dos
ciudades diferentes dentro del mismo municipio, concuerda con la investiga-
ción realizada por Souza y Pereira (2008) que retrata la organización urbana
de la ciudad dividida en dos núcleos principales: la company town, bajo la
administración de la empresa minera, que posee una buena infraestructura
con todos los servicios disponibles para sus habitantes, mientras que el centro
urbano bajo la administración del gobierno local padece una elevada densidad
de población, sobrecarga y escaso mantenimiento de la infraestructura urbana.
El reconocimiento de estas dos realidades distintas en un mismo territorio
impacta en la percepción de justicia distributiva, acentuando el descontento
con la empresa minera, incluso considerando la corresponsabilidad del poder
público.
Comunidad local y minera: sus interpretaciones de los impactos sociales 37
Figura 3. Comunidad (Impactos: ID 3; 4; 5; 6; 7; 8; 9; 10)
4.1.2. Oferta estacional de empleo
Aumento del consumo
Alto flujo local (+)
Flujo migratorio
migratório del
de mujeres y
público
niños
masculino no
dependente del
calificado (-) Aumento de la
masculino (-)
criminalidad (-)
Oferta estacional Desempleo (-)
de puestos de Mayor
trabajo (-) Dificultad de vulnerabilidad Aumento del
continuidad de socioeconómico consumo de Aumento de la
los servicios y de los jóvenes (-) drogas (-) explotación sexual (-)
comercios
locales (-)
Mayor Disputa entre las
Inversión en
vulnerabilidad organizaciones de la
proyectos
Baja calidad de sexual de las sociedad civil por
sociales (+)
la mano de obra niñas (-) financiación de
local (-) proyectos por la
minera (-)
Nuevas
cooperativas de
trabajo (+)
Figura 3. Comunidad (Impactos: ID 3; 4; 5; 6; 7; 8; 9; 10)
Figura 4. Minera (Impactos: ID 3; 4; 5; 6; 7; 8; 9; 10)
Baja calificación No contratación
de la mano de de mano de obra
obra local (-) local (-)
Nuevas
cooperativas de
No apertura de trabajo (+)
Ley brasileña Aumento de las
nuevos
obliga oferta los desigualdades
proyectos Aumento de la
puestos de económicos em
minerales (-) criminalidad (-)
trabajo en todo el territorio (-) Gestión de la
país (-) Desempleo (-)
cooperativas y
Aumento del ONGs
desempleo en impregnadas por
Amento excesivo intereses
nivel nacional (-)
de la densidad de particulares (-)
Flujo migratorio Grande flujo población (-)
de mujeres y migratório (-)
niños
Oferta estacional
dependente del
de puestos de
masculino (-)
trabajo (-)
No identificación
con el territorio o
Alto flujo con la comunidad
migratorio del local (-)
publico
masculino no
calificado (-)
Figura 4. Minera (Impactos: ID 3; 4; 5; 6; 7; 8; 9; 10)
Confirmando la relevancia de los temas relacionados con la creación de
empleo en los territorios mineros (Esteves & Vanclay, 2009), se destaca en las
cadenas de causalidad de la comunidad y de la empresa la oferta estacional
de vacantes de empleo en las obras mineras (3). La oferta estacional corres-
ponde a períodos de máxima demanda de mano de obra, como en las etapas
de construcción de la infraestructura minera. La compañía y la comunidad
convergen en la identificación de este aspecto, pero interpretan sus desarrollos
en diferentes niveles de profundidad causal. La comunidad interpreta que la
oferta estacional (3) es la principal causa de desempleo (4), al mismo tiempo
que es responsable del alto flujo migratorio de inmigrantes masculinos no
38 Viviane Pisano, Antonio Aledo, Jacques Demajorovic y José Javier Mañas-Navarro
cualificados (6). Corroborando a Mancini y Sala (2018), este efecto se amplía
en múltiples impactos, como el aumento de la violencia (8), el aumento del
consumo de drogas, una mayor vulnerabilidad sexual de las niñas y un au-
mento de la explotación sexual.
También se relaciona con el alto flujo migratorio de público masculino el
flujo migratorio de mujeres y niños dependientes del masculino (7), es decir,
las familias de estos trabajadores que los acompañan en la migración para
ocupar los puestos de empleo en la minería. Por un lado, esto genera un efecto
positivo para la comunidad local, ya que mueve el comercio local, pero por
el otro lado, agrava la ya elevada densidad poblacional del municipio y con-
tribuye a la falta de identificación con el territorio. Los nuevos trabajadores
y sus familias no tienen relación previa con el territorio ni con los vecinos
generando la sensación para la comunidad local de un «barrio de extraños»,
poco comprometidos con el desarrollo del territorio.
La empresa minera a su vez ve el empleo estacional (3) como solo una de las
causas del desempleo (4) y el alto flujo migratorio del público masculino (6), y
a diferencia de la comunidad, no se considera como una variable causal central
de estos impactos. Tampoco relaciona con el alto flujo migratorio masculino la
serie de impactos sociales identificados por la comunidad. Al no identificarse
con tales efectos, se reduce la capacidad de la compañía para gestionar adecua-
damente los aspectos culturales y el bienestar psicológico de la comunidad local,
tal y como lo apuntan Esteves, Franks y Vanclay (2012) y Abuodha (2002).
La baja cualificación de la fuerza laboral local (5) y su relación con el
desempleo (4) también es destacada por ambos grupos. Es interesante ob-
servar que el surgimiento de cooperativas destinadas a la contratación de
mano de obra local (9) se identifica como un resultado positivo resultante
del desempleo, pero se desarrolla en aspectos negativos. Para la compañía
minera, estas organizaciones están impregnadas de intereses privados que
hacen que su objetivo original se vea comprometido. Según la empresa, estas
organizaciones sufren de corrupción en su gestión, haciendo que el recurso
que debe ser utilizado para incentivar y posibilitar la contratación de mano
de obra local acabe respondiendo a intereses privados. Para la comunidad, la
proliferación de este tipo de organizaciones y la baja disponibilidad de inver-
sión en proyectos sociales para la generación de renta (10), llevados a cabo
por la empresa minera, ocasionan una competencia por estos recursos entre la
comunidad local. La empresa minera, a su vez, solo ve los aspectos positivos
derivados de los proyectos sociales (10) al no darse cuenta del conflicto que
genera entre las organizaciones sociales que operan en el territorio y que se
disputan estas ayudas a proyectos locales.
Por lo tanto, el problema identificado por parte de la comunidad entrevis-
tada se centra en el diagnóstico erróneo que realiza la empresa en cuanto a las
Comunidad local y minera: sus interpretaciones de los impactos sociales 39
ayudas a proyectos locales que otorga a las múltiples organizaciones locales
que se nutren de esta financiación. La no identificación de las disputas por
estos recursos escasos ocasiona conflictos que han sido señalados por otros
investigadores en otros casos de estudio. Franks y Vanclay (2017) argumentan
que una evaluación incompleta del contexto resulta en medidas de mitigación
igualmente defectuosas con respecto al desarrollo comunitario. Además de
afirmar que las organizaciones sociales son corruptas y, por esta razón, no lo-
gran sus objetivos sociales, la compañía minera estaría terciarizando las culpas,
un concepto empleado por Meesters y Behagel (2017) para describir la atri-
bución al propio impactado de la responsabilidad del problema que enfrenta.
Figura 5. Comunidad (Impactos: ID 11; 12; 13; 14; 15; 16)
4.1.2. Ocupación irregular
Barrios Negación de
Alta intensidad
planeados por el reconocimiento
de las
poder público de
explosiones para
local donde ya responsabilidad
construcción de
había previsión por la minera (-)
la línea férrea (-)
de obras de la Muchas casas
minera (-) agrietadas cerca de
la línea férrea (-) Abandono de las
Trazado de la línea
casas por riesgo
Inversión en férrea muy cerca de
de colapso (-)
Falta de infraestructura las áreas habitadas Ruido constate de
Mala gestión del por la comunidad la línea férrea (-)
poder público planificación urbana por la
urbana (-) minera (-) local (-)
local (-)
Empeora la Devaluación de
Vagones del tren calidad del aire los terrenos
Ocupación no son abiertos con partículas vecinos a la
planeada de la dejando el dejadas por el línea férrea (-)
Beneficios
región (-) mineral expuesto tren (-)
concedidos a
quien ocupa (-)
irregularmente
las áreas de la Sentimiento de
injusticia por los Muchas áreas de Mucha
minera (-) ocupación
moradores la minera con
regulares de la ocupación irregular en el
comunidad (-) irregular (-) área de la línea
de energía de la
minera (-)
Figura 5. Comunidad (Impactos: ID 11; 12; 13; 14; 15; 16)
Figura 6. Minera (Impactos: ID 11; 12; 13; 14; 15; 16)
40 Viviane Pisano, Antonio Aledo, Jacques Demajorovic y José Javier Mañas-Navarro
La minería y la comunidad informan que muchas áreas propiedad de la
compañía han sufrido la ocupación irregular por parte de nuevos migrantes
y organizaciones como el Movimiento Sin Tierra (11). Ambos coinciden en
que, en muchos casos, estas áreas se ocupan a sabiendas de que la empresa
no utilizará la fuerza bruta para sacar a las personas del terreno y de que el
proceso se traducirá en un nuevo reasentamiento a cargo de la compañía mi-
nera en una zona regularizada. Lo que la empresa no reconoce es que estos
procesos de reasentamiento producen un sentimiento de injusticia entre los
residentes locales que pagan sus impuestos por sus áreas de vivienda, gene-
rando un desgaste de imagen para la empresa, originado por la percepción de
que «merece la pena invadir».
Otro punto de conflicto en la interpretación de los procesos generativos de
impactos entre la comunidad y la empresa es el siguiente. La compañía dirige
parte de la responsabilidad de la ocupación irregular a los residentes originales
de las zonas. Según afirma la minera, los habitantes no aceptan vender parte de
los terrenos para la construcción de la línea férrea. Esto obliga a la empresa mi-
nera a comprar toda la zona y provoca que grandes parcelas queden desocupa-
das y sin uso, fomentando así la ocupación irregular. Este punto refuerza lo que
Meesters y Behagel (2017) indican respecto a la tercerización de culpas, cuando
los residentes que no aceptan vender solo una porción del terreno son señalados
como corresponsables de la gran cantidad de ocupación irregular en la región.
Estos procesos de ocupación de las tierras de la empresa minera contribu-
yen a la ocupación no planificada de la región (12). Aspecto ya histórico de la
ciudad, como señala la investigación de Coelho (2015), que conecta este pro-
blema con la falta de planificación urbana (18), una relación confirmada por la
cadena causal de la comunidad y de la minería. La fragilidad del planeamiento
urbanístico aparece en el discurso de ambas como responsabilidad del poder
público. Sin embargo, la comunidad destaca la falta de articulación entre el
gobierno y la empresa minera con respecto al uso previsto para las áreas, lo
cual no es reconocido por la empresa minera. La comunidad dice que el poder
público local ha construido infraestructura de reasentamiento en áreas donde
ya se esperaba que llevara a cabo las obras de la compañía minera. Esta au-
sencia de articulación ocasionó tanto al mal uso del recurso municipal, como
al desgaste de los reasentados para ser desplazados una vez más.
Señalado como uno de los impactos más negativos ocasionados por la
deficiente planificación urbana, el trazado de la línea férrea pasa muy cerca
de las zonas habitadas (13), ocasionando toda una larga serie de impactos.
Tanto la empresa como la comunidad mencionaron la elevada y constante
contaminación acústica provocada por el paso de los largos convoyes (15),
el empeoramiento de la calidad del aire con partículas de polvo que salen
de los vagones abiertos del tren (14) y la alta tasa de casas agrietadas como
Comunidad local y minera: sus interpretaciones de los impactos sociales 41
consecuencia de las intensas vibraciones ocasionadas por el paso de los largos
convoyes (16). Estas convergencias de percepción de empresa y comunidad
refuerzan los argumentos de Esteves, Franks y Vanclay (2012) de que los im-
pactos de naturaleza física tienden a ser más fácilmente aprehendidos que los
impactos sociales, fuertemente influenciados por la subjetividad de quienes
sienten el impacto. Sin embargo, cuando seguimos las consecuencias de estas
cadenas causales, notamos algunos puntos de desajuste entre la empresa y la
comunidad. En relación con el material particulado dejado por el tren (14),
la comunidad piensa que sería sencillo resolver el problema cerrando los
vagones que transportan el mineral. La falta de solución al problema genera
indignación en la comunidad que se queja de no conocer las razones para que
el vagón siga viajando descubierto, incluso con la minera conociendo el im-
pacto en la calidad del aire, lo que amplifica la sensación negativa en relación
con el interés de la minera por el bienestar de la comunidad.
Proceso similar ocurre con la alta tasa de casas agrietadas cerca de la línea
ferroviaria (16). Si bien la comunidad culpa a las explosiones que ocurrieron
durante la fase de construcción de la línea ferroviaria, la compañía dice que
las grietas son causadas por la mala calidad constructiva de las viviendas. Al
afirmar que las casas están agrietadas por la baja calidad de los materiales uti-
lizados en la construcción de las casas y no como resultado de la construcción
de la línea férrea, se refuerza la culpa a los impactados, corroborando una vez
más los argumentos de Meesters y Behagel (2017).
La decepción que la comunidad siente hacia la empresa minera puede
convertirse en una fuente potencial de conflicto entre la minería y la comuni-
dad, resultando, como apunta Franks et al., (2014), en riesgos para el negocio.
Además, al negar sus responsabilidades, la empresa minera, como lo discuten
Franks y Vanclay (2013), no colabora en la producción de soluciones defini-
tivas al problema al proponer acciones de mitigación que no actúan sobre las
causas centrales y profundas del problema.
4.1.3. Alto presupuesto municipal
Figura 7. Comunidad (Impactos: ID 17; 18; 19; 20 ;21)
42 Viviane Pisano, Antonio Aledo, Jacques Demajorovic y José Javier Mañas-Navarro
Figura 8. Minera (Impactos: ID 17; 18; 19; 20 ;21)
La elevada contribución de los impuestos mineros al presupuesto mu-
nicipal (20) y la mala gestión del gobierno local (19) están directamente
relacionadas con la corrupción gubernamental (21), elementos centrales de
las cadenas causales discutidas, al participar directa o indirectamente en la
composición de todas las cadenas de causalidad desarrolladas por la comuni-
dad y la empresa minera.
Aunque el alto presupuesto municipal (20) sea reconocido como un aspec-
to positivo, confirmando lo establecido por Esteves y Vanclay (2009) respecto
a los impactos positivos comúnmente señalados en los territorios mineros,
su principal efecto en Parauapebas es la corrupción gubernamental (21). La
corrupción conduce a una serie de impactos negativos que forman la cadena
causal construida por ambos grupos de informantes. Aunque no es responsa-
bilidad de la minera resolver cuestiones como la mala gestión municipal (19)
o la corrupción gubernamental (21), es importante saber de dónde emanan
las causas intermediarias, que, según Aledo, García-Andreu y Pinese (2015),
desempeñan un rol importante en la generación y definición de impactos.
Según estos autores, una mejor comprensión de estos factores es un paso
fundamental para el éxito de futuras intervenciones que busquen mitigar los
efectos negativos generados en el territorio. Conocer los complejos procesos
sociales generativos de impactos también ayuda a entender las atribuciones de
responsabilidad en la generación de impactos sociales. Según Franks y Van-
clay (2013) las tensiones entre las responsabilidades de los diferentes actores
son comunes y deben conocerse en el proceso de la EIS.
Resulta de interés observar que la inversión en infraestructura urbana por
parte de la empresa minera (17) es mencionada por comunidad y empresa. La
comunidad considera que la inversión de la empresa minera en infraestructura
(17) es consecuencia de la falta de planificación urbana del gobierno local
(18), mientras que la empresa minera relaciona las inversiones que realiza
con los constantes conflictos entre ella y la comunidad local. La interpretación
proporcionada por la empresa que relaciona la inversión con la presión social
Comunidad local y minera: sus interpretaciones de los impactos sociales 43
que sufre y no con una necesidad del territorio, confirma la limitación del
enfoque técnico-científico de la EIS discutido por Aledo y Dominguéz-Gómez
(2018), al señalar que en la gestión de los impactos por parte de la empresa
predomina la comprensión de los impactos sociales como riesgos para el
negocio, es decir, cómo los grupos de interés pueden afectar a la empresa y
cómo la empresa puede defenderse de esta amenaza.
5. Discusión
Este capítulo buscó contribuir al debate teórico y práctico sobre los instru-
mentos que ayuden a mitigar los impactos sociales generados por los pro-
yectos mineros. El uso de MCCs en contextos mineros mostró una serie de
potencialidades, respondiendo adecuadamente a los principios subyacentes de
la EIS. Una mejor gestión de los impactos en el territorio puede beneficiarse
de esta perspectiva más analítica y profunda.
Los MCC permiten la estructuración de procesos participativos. Un aspec-
to primordial de la herramienta, la construcción colaborativa que incorpora la
diversidad de conocimientos de múltiples partes interesadas, también permite
un proceso de producción de conocimiento y aumento de su capital cultural
por parte de la comunidad local. Los MCC estimulan un proceso reflexivo y
dialéctico que conduce a la comunidad a pensar sobre sí misma. El desarrollo
de los MCC permite que las demandas estén mejor articuladas con el contexto
y con las necesidades reales y estructurales que responden a las causas pro-
fundas donde se originan los impactos. En teoría también debería servir para
que la empresa minera utilice esta información para invertir sus recursos en
proyectos sociales estructurantes.
Continuando con el tema de los proyectos sociales, la comprensión de
las interacciones en el desarrollo de las cadenas causales nos permitió iden-
tificar que los proyectos sociales, además de los beneficios percibidos por la
empresa minera, también generan conflictos en la comunidad. Reconocer este
aspecto facilita repensar la distribución de recursos y el diseño de proyectos
sociales, buscando generar colaboración, y no competencia, entre las organi-
zaciones sociales del territorio. También permite reorientar recursos, pasando
de actuaciones divididas en múltiples proyectos puntuales con poca capacidad
para generar una transformación social positiva, a proyectos estructurantes
comprometidos con un desarrollo más equilibrado del territorio.
Aunque conocer las causas raíz es extremadamente importante, no siem-
pre son directamente manejables por la compañía minera. La identificación
de causas intermedias a partir de la descomposición de las cadenas causales
de impactos permite la identificación de ventanas de acción. Los problemas
derivados de la planificación urbana precaria, por ejemplo, pueden resolverse
mejor a partir de una mejor articulación entre la empresa minera, el gobierno
44 Viviane Pisano, Antonio Aledo, Jacques Demajorovic y José Javier Mañas-Navarro
local y la comunidad. De esta manera, es posible evitar la descoordinación y
la superposición de tareas a fin de lograr un mejor desarrollo local.
El MCC puede proporcionar apoyo informativo sobre las responsabili-
dades con respecto a los impactos. La EIS no debe exigir que la empresa
proporcione o financie servicios que son responsabilidad del gobierno, pero
esta comprensión profunda del territorio puede ayudar a reafirmar el papel
del gobierno en la prestación de estos servicios. De la misma manera, puede
proporcionar medios para que la empresa identifique, evalúe y gestione los
impactos sociales con mayor claridad con respecto a las expectativas y su es-
fera de responsabilidad. Al captar las diversas percepciones y comprender las
diferentes construcciones causales de los impactos, es posible observar puntos
de tensión y analizarlos de manera comparativa, identificando las atribuciones
de rendición de cuentas y los vacíos de acción que potencian posibles fuentes
de conflictos. El desarrollo y análisis del MCC facilita a la empresa asumir
responsabilidades y proponer acciones de resolución definitivas y no paliati-
vas. La empresa minera no debe asumir el papel de gobierno local, pero sí
responsabilizarse de los impactos que se derivan de la actividad extractiva.
El análisis de las cadenas causales muestra que la empresa se excluye de
la responsabilidad de los impactos complejos dirigiéndola hacia el gobierno y
a la comunidad local. La comunidad, a su vez, introduce elementos sociales y
culturales en la construcción de las cadenas causales, lo que permite observar
la asimetría de poder en el territorio. Un ejemplo de esto es la sensación de
frustración e injusticia reportada por la comunidad en el caso de las grietas en
las casas y del polvo del tren y su escasa capacidad para influir en las medidas
correctivas de la compañía minera y del gobierno local. En este sentido, el
uso del MCC apunta a futuros estudios que puedan contribuir a la identifica-
ción de disonancias narrativas sobre impactos, descubriendo los problemas
de vulnerabilidad relacionados con la asimetría de poder y posibilitando una
mejor gestión de los impactos en los territorios mineros. También los MCC
contribuyen a destacarla importancia de comprender mejor los elementos
socioculturales en el diagnóstico y propuestas de solución de los impactos
sociales generados por la minería buscando un desarrollo más justo y soste-
nible del territorio.
Agradecimientos
Agradecemos el apoyo de la Gerencia Ejecutiva de Gestión Social de Vale
S.A. a este proyecto de investigación. Y el apoyo de la Coordenação de
Aperfeiçoamento de Pessoal de Nível Superior – Brasil (CAPES) – Código
de Financiamento 001.
Comunidad local y minera: sus interpretaciones de los impactos sociales 45
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RIESGOS, EVALUACIÓN DE SERVICIOS
ECOSISTÉMICOS CULTURALES E IMPACTOS
SOCIOAMBIENTALES EN TORNO A CONFLICTOS
POR ENERGÍAS RENOVABLES EN CHILE
Arturo Vallejos-Romero1, Minerva Cordoves-Sánchez2, Alex Boso3,
Anne Peltier4, Frédérique Blot5
1
Departamento de Ciencias Sociales, Universidad de La Frontera, Temuco, Chile.
2
Doctorado en Ciencias Agroalimentarias y Medioambiente y Vicerrectoría de Investigación
y Postgrado, Universidad de La Frontera, Temuco, Chile
3
Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambintales y Tecnológicas (CIEMAT),
Barcelona, España
4
Departamento de Geografía y Centro GEODE, Universidad de Toulouse, Francia
5
Instituto Nacional Universitario Champollion y Centro GEODE, Universidad de Toulouse,
Francia
1. Introducción
El desarrollo de la sociedad moderna depende de los recursos energéticos
(Zhang et al., 2019). Ante este imperativo, en una economía basada en com-
bustibles fósiles, que ocupan el 86% de la energía a nivel mundial, los siste-
mas energéticos se han focalizado en la minimización de sus costos, lo que ha
llevado a una alta emisión de gases de efecto invernadero y con ello a ignorar
los límites del planeta para sostener a la Humanidad (Algunaibet et al., 2019).
En este contexto, la expansión de las actividades económicas ha produ-
cido un incremento sin precedentes en el consumo energético en el mundo,
lo que ha conducido a severos problemas ambientales, como por ejemplo el
calentamiento global (Giddens, 2010; Qiao et al., 2019). Esto ha llevado a que
la mayoría de los países hayan acordado reducir con urgencia las emisiones
de CO2, generando el reemplazo de combustibles fósiles por fuentes libres
de carbono como las energías renovables, una opción limpia que permitiría
mitigar los efectos del cambio climático (Abu Taha & Daim, 2013; Banja et
al., 2015; Luderer et al., 2014).
50 Arturo Vallejos-Romero, Minerva Cordoves-Sánchez, Alex Boso, Anne Peltier y Frédérique Blot
No obstante, el desarrollo de las energías renovables se ha visto tensio-
nado debido a la baja aceptación que ha tenido en distintas regiones del glo-
bo. Su aceptación ha estado condicionada por múltiples factores, los cuales
han generado desigualdades e impactos negativos sobre entornos naturales y
espirituales, así como una alta preocupación e incertidumbre en torno a los
riesgos que la sociedad percibe ante este tipo de proyectos (Garrido et al.,
2015; Orrego & Urtubia, 2015). Por ello, conocer y entender los riesgos que
son percibidos y construidos socialmente sobre las energías renovables resulta
de gran importancia para los gobiernos, la industria energética y la academia
(Upham et al., 2015), particularmente frente a la creciente conflictividad a la
que ha llevado este tipo de infraestructuras.
En este proceso de transición energética, muchos investigadores y to-
madores de decisiones se han enfocado en los aspectos técnicos asociados a
estas tecnologías. Sin embargo, la velocidad demandada por estos escenarios
de cambio limita su aceptación social, haciendo que la oposición local sea el
principal obstáculo a enfrentar, lo que aumentaría las probabilidades de fra-
caso y convertiría a la aceptación social en estas tecnologías en un desafío a
escala global (Enevoldsen & Sovacool, 2016).
Chile no ha quedado exento de estos desafíos, ya que en un corto tiempo
el país ha generado una apertura hacia el desarrollo de proyectos de energías
renovables que ha llevado modificaciones en sus marcos regulatorios y en
la implementación de instrumentos de apoyo directo a iniciativas de inver-
sión. Con la promulgación de la ley 20.257 el año 2010, se definieron, bajo
el nombre de Energías Renovables No Convencionales (ERNC), fuentes de
energía no convencionales como la eólica, solar, biomasa o pequeñas centrales
hidroeléctricas (hasta 20 MW), entre otras. Así mismo, dicha normativa esta-
bleció un sistema de cuotas para las ERNC, que para el año 2025 fija en 20%
el porcentaje mínimo de generación que deberá ser acreditado.
Por lo tanto, la evidencia nos muestra que las energías renovables han ad-
quirido gran importancia ante la demanda global para reducir las emisiones de
gases de efecto invernadero, pero los proyectos han enfrentado una oposición
local sobre a estas nuevas tecnologías. Ante el problema descrito, planteamos
como hipótesis que la exclusión de los servicios ecosistémicos culturales re-
conocidos por la sociedad en los procesos de planificación, construcción de
proyectos de ERNC y su aceptación, deriva en un aumento en la percepción
del riesgo. Así, nos proponemos en este escrito conocer y entender la función
de los servicios ecosistémicos culturales (SEC) en el análisis de la percepción
social del riesgo, para evaluar cómo construye el riesgo la sociedad en torno
al área de influencia de los proyectos de ERNC, específicamente centrales
hidroeléctricas de pasada que se vienen construyendo en la región de La
Araucanía en Chile.
Riesgos, evaluación de servicios ecosistémicos culturales e impactos socioambientales... 51
Por lo tanto, pretendemos en esta investigación identificar los riesgos per-
cibidos por los actores relacionados con los conflictos por ERNC, para luego
determinar la valoración que tiene la sociedad sobre los servicios ecosistémi-
cos culturales y, finalmente, relacionar los riesgos percibidos y los servicios
ecosistémicos culturales valorados.
1.1. Fundamentación teórica
Los servicios ecosistémicos se presentan como un marco conceptual que
permitiría identificar y ponderar los valores ecológicos y sociales, así como
también los beneficios intangibles sobre las formas de vida, dejando en evi-
dencia que los arreglos sociales, económicos y políticos cumplen un papel
relevante a la hora de explicar los beneficios que las personas experimentan
de su interacción con los ecosistemas (Chan et al., 2012).
La mayor parte de los servicios ecosistémicos tienen una dimensión inma-
terial o intangible, que en algunos casos puede ser de mayor importancia para
las personas que el beneficio material (Chan et al., 2012), por lo que un desba-
lance en su provisión podría generar un impacto social. Por lo tanto, servicios
ecosistémicos como los culturales, definidos como los beneficios intangibles
que las personas obtienen de los ecosistemas (Millennium Ecosystem Asses-
tment, 2003), aún cuando pueden jugar un rol importante en la aceptación de
proyectos de energías renovables, no son tomados en cuenta e integrados en
la formulación de políticas para hacerlas más efectivas (Laterra et al., 2016;
Milcu et al., 2013).
Ante el contexto y problema planteados, los estudios sobre el riesgo se
han ido configurando desde distintas aproximaciones teóricas, de las cuales
podemos distinguir dos grandes líneas de trabajo: el paradigma psicométrico,
según el cual las personas hacen un juicio cuantitativo de la aceptabilidad del
riesgo; y la teoría cultural, donde la percepción del riesgo es construida para
sostener y fortalecer las relaciones sociales (Sjöberg, 1996). Sin embargo,
estas aproximaciones teóricas se muestran limitadas en la explicación de la
conflictividad socioambiental y sus riesgos asociados al no tomar en cuenta
las complejas interacciones que pueden influenciar la percepción del riesgo
sobre estos temas. Ante las limitaciones de estas líneas de investigación, auto-
res como Upham et al. (2015) han intentado aplicar marcos de trabajo teóricos
y normativos más neutrales.
Las investigaciones relativas al riesgo en energías renovables se han cen-
trado principalmente en el daño al ser humano (salud, bienestar, entro otros)
o el impacto sobre aspectos biofísicos del ambiente. Por ejemplo, se ha estu-
diado: el rol de los mecanismos sociales que afectan la demanda de servicios
ecosistémicos y su consideración en el desarrollo de políticas de conservación
(Laterra et al., 2016); el rol del sentido de pertenencia con la respuesta social
52 Arturo Vallejos-Romero, Minerva Cordoves-Sánchez, Alex Boso, Anne Peltier y Frédérique Blot
sobre las energías renovables (Devine-Wright, 2011); la importancia de los
efectos negativos a la ecología y el paisaje local sobre la percepción del ries-
go y su relación con las causas de conflicto (Upreti, 2004); y la percepción
del riesgo hacia energías renovables considerando los servicios ecosistémicos
desde una aproximación psicométrica, la cual ha evidenciado que al enfocarse
en las respuestas afectivas a un riesgo en particular, se limitaría el entendi-
miento de la complejidad de esta temática (Klain et al., 2018). No obstante,
la respuesta de la sociedad frente al impacto sobre los beneficios que estos
perciben de la naturaleza no ha sido considerada.
En este campo se ha propuesto una línea más integral, como es el enfoque
de la Amplificación Social del Riesgo. Este enfoque ofrece un marco para el
análisis del riesgo en las sociedades modernas, donde éste es conceptualizado
parcialmente como un constructo social y parcialmente como una propiedad
objetiva de un evento o peligro (Kasperson et al., 1988; Renn et al., 1992).
Por lo tanto, la Amplificación Social del Riesgo nos permite seleccionar, or-
denar y clasificar los fenómenos sociales, que desde una visión más amplia,
permitiría producir nuevas hipótesis explicativas de la construcción social del
riesgo (Pidgeon et al., 2003; Renn et al., 1992).
2. Método
La aproximación metodológica de la investigación fue de tipo cualitativa,
desarrollada entre el año 2017 y el 2018, la que a través de la percepción de
los actores locales indagó sobre los servicios ecosistémicos percibidos y su
relación con los riesgos que se construyen en torno a proyectos de ERNC
que se están instalando en la región de La Araucanía. Se aplicó un estudio de
casos simple de diseño incrustado (Yin, 2003), que contempló dos proyectos
de infraestructura hidroeléctrica. Para la descripción del contexto en el que se
enmarca cada caso se utilizó como estrategia de investigación el análisis de
datos secundarios a partir de contenidos en prensa y páginas web.
2.1. Casos de estudio
En la actualidad, la Araucanía es la segunda región del país con mayores
niveles de conflictividad (Tironi & Pirkovic, 2017), presentándose como una
espacio especialmente susceptible de rechazar proyectos energéticos. La re-
gión resalta por la intensidad que han alcanzado sus conflictos, que de manera
notoria han escalado en manifestaciones regionales, inter-regionales o inter-
nacionales. Lo planteado puede estar determinado por causas de fondo, por la
situación de conflicto intercultural que tiene en su base la persistencia de una
demanda territorial insatisfecha por parte de las comunidades indígenas, y que
provoca en muchos casos la oposición a actividades productivas y proyectos
Riesgos, evaluación de servicios ecosistémicos culturales e impactos socioambientales... 53
económicos que impactan los recursos y las tierras que habitan (Almonacid,
2018), como es el caso de los proyectos de ERNC. Esta problemática que es
de carácter político e histórico involucra al Estado en el origen del problema
y en las debilidades que tiene para abordar la situación en toda su compleji-
dad (Instituto Nacional de Derechos Humanos, 2015), asociándose a ello una
alta vulnerabilidad socioeconómica que, ante una baja fiscalización, mantiene
a la población alerta frente a la creciente instalación de proyectos de ERNC
(Orrego & Urtubia, 2015; Tironi & Pirkovic, 2017).
La Araucanía es, además, la zona de más alta demografía indígena de Chi-
le, por lo que para poder comprender la complejidad de la realidad regional es
necesario situarse en dicho contexto y el impacto que este tiene sobre la vida
cotidiana de las personas y comunidades que habitan en el territorio.
Caso 1: La Central Hidroeléctrica Río Picoiquén, actualmente en fun-
cionamiento, se emplaza sobre la ribera sur del Río Picoiquén, en la comuna
de Angol, provincia de Malleco, Región de la Araucanía, y fue seleccionado
como caso debido a la notoria oposición reflejada en prensa por parte de la
ciudadanía en torno a este proyecto. Dicho proyecto fue una propuesta de la
empresa HidroAngol S.A., que contemplando una superficie de ocupación
aproximada de 9,74 ha, consistió en la construcción y operación de una cen-
tral hidroeléctrica de pasada, con una potencia de generación neta de 19,2
MW que se conectaría al Sistema Interconectado Central (SIC).
Caso 2: La Central Hidroeléctrica Los Aromos, que fue rechazada el
19 de agosto del año 2019 por la comisión de evaluación ambiental de la
Región de La Araucanía, tenía proyectada su construcción en el río Toltén
y fue seleccionado por tratarse de un proyecto que visibilizaba un conflicto
manifiesto con una alta relevancia en prensa, el que mantuvo en alerta a las
comunidades aledañas, las que desarrollaron diversas manifestaciones públi-
cas en oposición a dicho proyecto. Así mismo, por ser un proyecto en proce-
so de calificación en el momento que se realizaba la investigación, permite
la comparación con el caso 1. El proyecto era una propuesta de la empresa
Minicentral Hidroeléctrica Saltos de los Andes, S. A., que contemplando una
superficie de ocupación aproximada de 112 ha, consideraba la construcción y
operación de una central hidroeléctrica de paso con una potencia de genera-
ción neta de 19,9 MW, cuyos aportes de energía eléctrica se harían al Sistema
Interconectado Central (SIC).
2.2. Instrumento de recolección de información primaria
Se aplicaron 15 entrevistas semiestructuradas bajo condiciones de anonimato,
donde la información levantada fue analizada con el apoyo del software de
análisis cualitativo Atlas.ti versión 7, a partir de una estrategia de categori-
54 Arturo Vallejos-Romero, Minerva Cordoves-Sánchez, Alex Boso, Anne Peltier y Frédérique Blot
zación, combinando el enfoque inductivo y el enfoque apriorístico para la
definición de los temas (Ryan & Bernard, 2003).
La entrevista se construyó a partir de cinco temas preestablecidos. Los
dos primeros se orientaron hacia la identificación de los riesgos y la respuesta
social percibida por los actores claves en torno a los proyectos de infraes-
tructura seleccionados. Para ello, se partió de la definición propuesta por
Vallejos-Romero y Garrido (2015), según los cuales los riesgos percibidos
«son definidos socialmente de acuerdo con el grado de amenaza percibida
hacia las relaciones sociales y las prácticas cotidianas, y no de acuerdo con
magnitudes numéricas de daños físicos, ni tampoco con atributos universales
de riesgo». Así, se preguntó sobre las consecuencias de la instalación de los
proyectos de infraestructura energética instalada que afectan a la comunidad,
a la comuna o al país, así como el grado de amenaza que percibían de dichas
consecuencias.
Un tercer tema que se consideró para el desarrollo de las entrevistas tuvo
relación con el objetivo principal del estudio, que fue identificar los servicios
ecosistémicos culturales. Además de ser considerados como aquellos bene-
ficios intangibles que las personas obtienen de los ecosistemas, se tomaron
otros tipos de beneficios, tomados de la clasificación propuesta por de Groot
et al. (2010), y que considera los servicios de provisión (ej. agua y provisión
de alimentos); de regulación (ej. calidad del aire); de hábitat (ej. hábitats na-
turales) y los culturales y de amenidades (ej. información estética, recreación
y turismo, experiencia espiritual). No obstante, reconociendo la pluralidad de
valores que pueden ir asociados a la mayoría de los servicios ecosistémicos,
el foco se centró en el valor cultural que se asigna a los distintos servicios
identificados.
A partir de las entrevistas transcritas se realizó el análisis de la informa-
ción (Figura 1), que se inició con la búsqueda y codificación de las menciones
asociadas a los temas preestablecidos. Así mismo, el instrumento consideró
elementos de valoración que permitieran hacer una aproximación respecto de
la importancia que tienen para ellos los servicios ecosistémicos identificados
durante las entrevistas, así como el potencial grado de amenaza de los riesgos
asociados a estos.
Para el levantamiento de la información primaria se realizaron 15 entre-
vistas semiestructuradas a actores claves relacionados con los conflictos rela-
cionados con los proyectos de infraestructura energética en la Región de La
Araucanía. La muestra de participantes se detalla en la Tabla 1 y corresponden
a actores que provienen de la sociedad civil, la institucionalidad política y la
empresa privada.
Figura 1. Diagrama de flujo explicativo para evaluar la función de los servicios ecosistémicos en
Riesgos, evaluación de servicios ecosistémicos culturales e impactos socioambientales... 55
la percepción del riesgo en torno a proyectos de ERNC en la Región de La Araucanía, Chile.
Figura 1. Diagrama de flujo explicativo para evaluar la función de los servicios
Para el levantamiento de la información primaria se realizaron 15 entrevistas
ecosistémicos en la percepción del riesgo en torno a proyectos de ERNC en la Región
de La Araucanía, Chile.
semiestructuradas a actores claves relacionados con los conflictos relacionados con los proyectos
de infraestructura energética en la Región de La Araucanía. La muestra de participantes se
detalla en la Tabla 1 y corresponden a actores que provienen de la sociedad civil, la
Tabla 1. Resumen de actores entrevistados y codificaciones para cada
institucionalidad política y la empresa privada.
caso de estudio
Central Hidroeléctrica Central Hidroeléctrica
Río Picoiquén Los Aromos
Entrevistas (1) Autoridad político-institucional (materia energética): Ai1
generales
(1) Autoridad político-institucional (materia energética): Ai2
para ambos
proyectos (2) Académicos: Ac1; Ac2
Entrevistas (1) Autoridad política local: Ap2 (1) Autoridad política local: Ap3
específicas (2) Actores de la sociedad civil: (6) Actores de la sociedad civil:
para cada Sc1; Sc10 Sc2; Sc3; Sc4; Sc5; Sc6; Sc11
proyecto (1) Empresa: E1
La información secundaria se basó en la revisión y análisis de la informa-
ción disponible en la página web oficial del SEIA, así como el contenido en
prensa la regional del Diario Austral, Radio BioBio, Diario Canal de Noticias,
Diario el Mostrador y la web del Observatorio Latinoamericano de Conflictos
Ambientales (OLCA).
La información secundaria se basó en la revisión y análisis de la información disponible
en la página web oficial del SEIA, así como el contenido en prensa la regional del Diario
Austral, Radio BioBio, Diario Canal de Noticias, Diario el Mostrador y la web del Observatorio
56 Arturo Vallejos-Romero, Minerva Cordoves-Sánchez, Alex Boso, Anne Peltier y Frédérique Blot
Latinoamericano de Conflictos Ambientales (OLCA).
3. Análisis y Resultados 3. Análisis y Resultados
El servicio ecosistémico percibido
El servicio ecosistémico percibido más valorado
más valorado por lospor losactores
distintos distintos actores
en el estudio de en el
estudiolasdecentrales
las centrales hidroeléctricas
hidroeléctricas de paso es el agua,depero
pasocon es el agua,
variaciones pero
según con variaciones
la connotación o
según la connotación o importancia asignada por los distintos grupos
importancia asignada por los distintos grupos de actores. En función de la connotación espiritual
de acto-
res. En función de la connotación espiritual o de abastecimiento, es posible re-
conocero deunabastecimiento,
patrón deesrechazoposible reconocer un patrón de rechazo hacia las ERNC, principalmente
hacia las ERNC, principalmente entre actores de
la sociedad civildeque
entre actores valoran
la sociedad el valoran
civil que agua elpor
aguasupor importancia espiritual
su importancia espiritual (Figura 2).
(Figura 2).
Figura 2.Figura
Diagrama dedeflujo
2. Diagrama explicativo
flujo explicativo de la relevancia
de la relevancia del agua como del agua
servicio como servicio
ecosistémico
ecosistémico (SE) en la aceptación y rechazo de proyectos de ERNC. 12
(SE) en la aceptación y rechazo de proyectos de ERNC.
Sobre
destaca los SEC,
suSobre entre los beneficios
los SEC,espiritual,
connotación entre los especialmente
suministrados
beneficios suministrados
para poraspecto
por elMapuche,
el pueblo ellosagua,
agua, según
según
actores,
que fue se
los
actores, se destaca
reconocido su connotación
por los distintos espiritual,
actores de la sociedad especialmente
civil. Los actores para el pueblo
hacen una diferenciación
Mapuche, aspecto que fue reconocido por los distintos actores de la sociedad
entre el agua y el río como un todo, atribuyendo a cada uno un carácter espiritual especial
civil. Los actores hacen una diferenciación entre el agua y el río como un
todo,(Figura
atribuyendo
3). a cada uno un carácter espiritual especial (Figura 3).
Figura 3. Proporción de menciones que hacen referencia al carácter especial atribuido
Figura 3. Proporción de menciones que hacen referencia al carácter especial atribuido al agua y
al agua y al río por parte de actores de la sociedad civil.
al río por parte de actores de la sociedad civil.
En cuanto a los SE de abastecimiento, los actores político-institucionales resaltan el valor
del agua como un servicio de abastecimiento, lo cual contrasta con las distintas percepciones en
torno al agua, considerado también como un servicio de tipo cultural. En la Tabla 2 se describe
Riesgos, evaluación de servicios ecosistémicos culturales e impactos socioambientales... 57
En cuanto a los SE de abastecimiento, los actores político-institucionales
resaltan el valor del agua como un servicio de abastecimiento, lo cual con-
trasta con las distintas percepciones en torno al agua, considerado también
como un servicio de tipo cultural. En la Tabla 2 se describe como perciben
los entrevistados tales beneficios.
Tabla 2. Detalle de las afirmaciones que describen los servicios
ecosistémicos percibidos como más importante
Servicio Tipo de
Afirmación
Ecosistémico Beneficio
«El rio Picoiquén es el afluente que alimenta el consu-
mo humano de agua en el sector» (AP2)
«En Angol teníamos el privilegio de tener las aguas
Agua Dulce
más potables y más ricas. Uno abría la llave para ve-
nir a tomar agua y todos la encontraban exquisita.»
(SC1)
«Es la materia prima para mucha gente que vive a la
Abastecimiento
orilla del río, porque la humedad del río hace que las
Materia Prima
tierras que están cerca sean fértiles, produzcan ali-
mentos.» (SC6)
«Estas comunidades obtienen, en mi opinión, una
Producción parte muy importante de sus ingresos de la agricul-
agrícola tura y la agricultura en ese sector está directamente
relacionado con el rio» (AP3)
«...cuando se hace la ceremonia («viñicuñes») se va al
río. Para todo se ocupa el río. El río es nuestra vida,
se lo reitero y eso lo es todo» (SC3).
«El agua es muy importante para la cultura mapuche,
porque en todo; su forma, rituales, lo primero es el
agua.» (SC2)
«Por la cosmovisión que tienen los mapuche, le en-
cuentras otro sentido a lo que es el río. El rio es la
Espiritualidad
Cultural vida, el rio es todo, es todo lo que tienes allí; está
Datos
vivo» (SC5)
«Para nosotros es primordial, es algo central. De la
cuenca del Picoiquén dependió gran parte de la forta-
leza de nuestro pueblo desde hace muchos años, estoy
hablando de muchos años atrás.»(SC11).
«...cuando se hace la ceremonia («viñicuñes») se va al
río. Para todo se ocupa el río. El río es nuestra vida,
se lo reitero y eso lo es todo» (SC3).
58 Arturo Vallejos-Romero, Minerva Cordoves-Sánchez, Alex Boso, Anne Peltier y Frédérique Blot
Los resultados obtenidos en la investigación identifican cinco clases de
riesgos percibidos: ambiental, sociocultural, visual, económico y político-
institucional. En la Tabla 3 se describen los riesgos más importantes y como
son relevados por los actores.
Tabla 3 Detalle de las afirmaciones reveladas por los entrevistados
que describen el riesgo percibido más importante por diferentes actores
Tipo de Amenaza
Afirmación
riesgo percibida
Afectación de las «Entonces, se iba a hacer una intervención sobre el
aguas único rio que suministraba de agua potable a la ciu-
dad y eso era peligros» (SC1)
Ambiental
«Yo creo que el mayor impacto es que nos vienen a
quitar las aguas, que por años las comunidades han
utilizado.» (SC5)
Amenaza sobre «…vienen a perjudicar la calidad de vida de los co-
Económico
medios de sustento muneros» (Sc2)
Amenaza sobre «entre comunidades, si uno llega a un acuerdo, acuer-
relaciones sociales do de trabajo, como que hay pelea» (Sc10)
Sociocultural
Amenaza sobre «nuestra integridad como territorio mapuche, tradi-
formas de vida cional, también está en riesgo.» (Sc4)
Derechos de agua «Hoy día hasta las aguas se nos han negado con la
comunidad. En cierto año vinieron unos particulares
e inscribieron unos derechos de agua que nos perte-
necían ancestralmente a nosotros como comunidad, y
hoy día no tenemos agua ni siquiera para regar una
huerta» (Sc11)
Político-Insti- Legislación débil «¿dónde está el convenio169? El gobierno no vinculó
tucional el convenio 169 en nuestra comunidad, y nos afecta,
claro que nos afecta» (Sc11)
«Lo que pasa es que el sistema de evaluación am-
biental tiene vicios considerables, enormes, gigantes»
(SC4)
Políticas de ERNC «Ellos vinieron y se instalaron alrededor de nuestro
amenazantes rio sin, previa consulta, sin previa pregunta» (Sc11)
«Especialmente en el ámbito paisajístico hay una mo-
dificación del entorno.» (Ap3)
Visual Cambio de paisaje «Yo diría que es atractivo ir a ver una central
hidroeléctrica como la que tenemos acá en el rio
Picoiquén» (Ap2)
Riesgos, evaluación de servicios ecosistémicos culturales e impactos socioambientales... 59
Los riesgos valorados como amenazantes corresponden a la dimensión
ambiental, donde los impactos asociados a la afectación del servicio de agua
dulce fueron los más relevantes para ambos casos de estudio. La escasez y el
deterioro de la calidad del agua se relevan como los más preocupantes para
los actores, particularmente de la sociedad civil.
En la dimensión sociocultural, prevalecen las amenazas a las relaciones
sociales, cuyo aspecto estaría vinculado a las posiciones contrarias de los
actores de la sociedad civil ante la instalación de los proyectos hidroeléctri-
cos, quienes identifican especialmente los riesgos como afectación sobre sus
formas de vida. Lo anterior estaría vinculado a la relevancia adicional sobre
el recurso agua, el cual es percibido como un servicio de tipo cultural, y de
donde se esgrime constantemente –desde la sociedad civil– el argumento de
que «el agua es vida». En consecuencia, se advierte un énfasis de una con-
notación cultural del agua en los casos en que el proyecto, en el momento de
levantamiento de la información, aún no ha iniciado la fase de aprobación y
construcción.
Por otra parte, entre los actores de la sociedad civil y la autoridad política
se tiene una percepción de que las políticas de ERNC son amenazantes, as-
pecto que estaría vinculado a una legislación débil, resaltando en las percep-
ciones la figura de los derechos de agua y la imposición de estos proyectos
sin procesos de participación y consulta.
Si bien la dimensión ambiental no fue relevante para los distintos actores
en ambos casos de estudio, los aspectos relativos al cambio del paisaje como
consecuencia de la instalación de proyectos energéticos fueron un elemento
destacado por las autoridades locales de cada proyecto (ver Tabla 3).
Frente a los riesgos percibidos, las respuestas sociales fueron de tres tipos:
adaptativa, defensiva y preventiva. Las respuestas predominantes fueron de
tipo defensivo, donde el uso de recursos judiciales y manifestaciones públicas
fueron reconocidas y destacadas por los distintos actores. La organización
social constituyó el mecanismo de respuesta defensiva que adquiere mayor
importancia en los procesos previos a la aprobación y construcción de los
proyectos hidroeléctricos. Así mismo, se evidenció a partir del análisis la re-
currencia de argumentos relativos a la cultura mapuche como un accionar de
defensa, tal y como lo deja ver la siguiente afirmación:
La naturaleza no es nuestra, somos parte de la naturaleza, entonces por lo
tanto no podemos nosotros hacernos la vista gorda pues si hay que luchar,
uno su madre uno la defiende con diente y uña, como sea, entonces uno es
su deber de defenderla (Sc3).
60 Arturo Vallejos-Romero, Minerva Cordoves-Sánchez, Alex Boso, Anne Peltier y Frédérique Blot
Para la autoridad política institucional, en el caso de la Central Hidroeléc-
trica Río Picoiquén en Angol, la percepción de las ERNC es el de un tipo de
energía que no genera daños, pero donde no obstante se reconocen conse-
cuencias negativas durante la fase de construcción y una baja sintonía con las
percepciones de los actores de la sociedad civil.
La sociedad civil, en términos generales, muestra un evidente rechazo
hacia este tipo de ERNC, argumentando el daño que han generado en el pa-
sado y resaltando, principalmente por la comunidad Mapuche, la importancia
espiritual del río.
En el caso de la Central Hidroeléctrica Los Aromos (proyecto en proceso
de evaluación al momento de realizar el estudio), se destaca un claro rechazo
hacia los proyectos de energía hidroeléctrica, relevando la afectación por pro-
yectos previos, como lo deja ver la siguiente afirmación:
Fue escandaloso (...). Un proyecto de central hidroeléctrica en «añihuarra-
qui», mini-central hidroeléctrica en Curarrehue, estaba en el lugar sagrado
a 100 metros del «guillatún» que usaba las aguas, en la quebrada que los
«peñis» usan para hacer la rogativa. El informe de la CONADI decía que los
valores intangibles de la cultura mapuche, es decir lo espiritual y el cultural,
eran dañados de forma significativa y esos impactos no eran ni mitigables ni
compensables, y aun así se aprobó esa central hidroeléctrica (Sc4).
Un elemento que resalta de este caso es el apoyo de algunos miembros de
la comunidad hacia la instalación de este tipo de proyectos, quienes reflejan
como mayor riesgo el rompimiento de las relaciones sociales que genera el
tener una posición a favor de su instalación:
Igual trae conflictos, porque si uno está de acuerdo habrá comunidades que
no están de acuerdo, y ahí es donde viene de repente los alegatos, esperemos
que no ocurra esto (Sc10).
Para el caso de la Central Hidroeléctrica Río Picoiquén, la autoridad po-
lítica local se muestra a favor de la instalación del proyecto, resaltando los
beneficios que brindaría a la comunidad. Sin embargo, en el proyecto Los
Aromos, hay un respaldo de las autoridades locales hacia la posición de la
sociedad civil, que es la no instalación del proyecto:
Nosotros creemos firmemente en las decisiones que puedan tomar las comu-
nidades locales, a propósito de otras experiencias que ha habido de iniciativas
o proyectos energéticos, en donde han sido las comunidades locales quienes
han resuelto con la empresa su destino, y el destino de la empresa». (Ap3).
Riesgos, evaluación de servicios ecosistémicos culturales e impactos socioambientales... 61
4. Discusión
La literatura distingue diversas clases de riesgo relacionados con la instala-
ción de proyectos de energías renovables (Garrido et al., 2015; Komendantova
et al., 2012), entre los cuales podemos observar los de carácter ambiental,
sociocultural, económico y político-institucional. La temática ambiental y so-
ciocultural presentan la mayor importancia, y pueden asociarse directamente
con la provisión de los SE más destacados por los actores entrevistados.
Esta asociación, por una parte, puede verse acentuada en el caso de fuen-
tes de energía como la hidroeléctrica, porque un importante recurso natural
está siendo directamente impactado, reduciendo la provisión de SE asociados
al recurso hídrico, que históricamente ha estado asociada a inconvenientes
sociales y ambientales (Kaunda et al., 2012), y ha creado desconfianza en
torno a la instalación de este tipo de proyectos (Vallejos-Romero et al., 2020).
Por otra parte, un aspecto que puede jugar un rol importante en la percep-
ción del riesgo es la capacidad de provisión de SE, ya que tal y como señala
Satz et al. (2013), estos involucran consideraciones que frecuentemente im-
portan a comunidades vulnerables y poco representadas, aspecto que desde
la perspectiva de la Amplificación Social del Riesgo podría ser profundizado
para entender cómo algunos servicios o beneficios propensos a estar en riesgo
por la introducción de proyectos de infraestructura energética, pueden causar
una mayor preocupación por parte de la sociedad. Entendiendo que la percep-
ción de amenaza puede vincularse a la forma en que la sociedad interactúa con
el medio, se crea un apego o sentido de pertenencia hacia el mismo, que puede
explicar la oposición a procesos de degradación ambiental, especialmente a
nivel local, donde las personas valoran los beneficios ambientales (Upreti,
2004; Vorkinn & Riese, 2001).
De acuerdo con la teoría de la Amplificación Social del Riesgo, el costo
social de un evento peligroso está determinado en gran parte por la expe-
riencia de riesgo de un evento (Burns et al., 1993). En los casos evaluados,
experiencias previas del mismo tipo son asociadas con los eventos de insta-
lación de cada proyecto, que generaron una perturbación de los SE valorados
por la sociedad. Por lo tanto, la repetición de un evento similar promueve un
rechazo hacia estos proyectos, pues se traduce en un evento de riesgo, el cual
puede alcanzar manifestaciones de oposición en las etapas previas a su apro-
bación y posterior construcción, tal y como ocurrió en el caso de la Central
Hidroeléctrica Río Picoiquén y como se evidencia en la Central Hidroeléctrica
Los Aromos.
Los daños intangibles que son percibidos, al estar asociados a la inte-
rrupción de un beneficio concreto (objetivo o subjetivo), altera los modos
de vida de las personas. Esto estaría asociado a la valoración que se hace
62 Arturo Vallejos-Romero, Minerva Cordoves-Sánchez, Alex Boso, Anne Peltier y Frédérique Blot
de los SE, por lo que a mayores beneficios percibidos por la sociedad,
mayores serán los daños percibidos al verse interrumpida la provisión de
un servicio.
Lo anteriormente descrito determina el impacto social, el cual está defini-
do por la forma en que se percibe la gestión de riesgos y constituye un factor
amplificador al identificarse las políticas de ERNC como una amenaza. Como
complemento, la incertidumbre percibida respecto de los posibles impactos
supone un posible riesgo futuro, que junto a la forma en que se percibe la
gestión del riesgo constituyen elementos que permiten explicar cómo éste es
construido socialmente. Este último, finalmente, conduce a una reacción para
su minimización, que se ve reflejada en la respuesta social que se da frente a
un riesgo determinado, y que puede intervenir en la forma en que son perci-
bidos los riesgos.
En la dimensión ambiental, uno de los aspectos mencionados con mayor
frecuencia hace referencia a la incertidumbre por los posibles impactos del
proyecto, aspecto que como ya señalaban Garrido et al. (2015), condiciona la
aceptación de este tipo de proyectos. Además, estos constituyen un elemento
que puede vincularse a la confianza, si se tiene en cuenta que ante los resulta-
dos obtenidos, aspectos como la asimetría de la información serían relevantes,
contribuyendo a que las personas formulasen juicios y opiniones con base en
elementos que consideran equiparables (Solá et al., 2009).
Así también, las demandas por mayor conocimiento y espacios de parti-
cipación son aspectos que traen consigo consecuencias negativas y una alta
incertidumbre por los posibles impactos. En el caso de la región de La Arau-
canía, se adiciona el sobre-otorgamiento de derechos de agua no consuntivos,
así como la evaluación de múltiples proyectos hidroeléctricos de pasada en
el SEIA, a través de una Declaración de Impacto Ambiental (DIA), procedi-
miento limitado, que excluye de su consideración la consulta ciudadana y que
ha conducido a la aparición de puntos de tensión en la población. Por ello, se
pueden identificar juicios y opiniones como el desinterés por el desarrollo de
la comunidad (como ausencia de valores compartidos), la falta de integridad
de las autoridades y el incumplimiento de compromisos, que dan cuenta del
importante rol de la confianza en la percepción del riesgo, tal y como señala
Vallejos-Romero y Garrido (2015).
En los dos proyectos hidroeléctricos se relevó la importancia que adquiere
el agua como un SE de tipo cultural, en torno al cual se asocian beneficios de
espiritualidad. Esto puede ser en gran parte explicado por las comunidades
Mapuche que viven en las localidades en las que se instalan estos proyectos,
y que, junto con los beneficios percibidos del agua potable como un servicio
de abastecimiento, relevan la importancia del agua como el servicio afectado
por la instalación de estos proyectos.
Riesgos, evaluación de servicios ecosistémicos culturales e impactos socioambientales... 63
Una explicación a la demanda y necesidad de estos servicios puede estar
en aumento como consecuencia de la presión que ejerce el actual modelo de
desarrollo económico y social en regiones como la Araucanía y países como
Chile. Además, acompañado de un acelerado avance científico y tecnológico
-marco en el cual se configura la política chilena de ERNC-, y respaldado y
justificado por un discurso político y técnico de carácter hegemónico, tal y
como explica Romero Toledo (2014), éste desconoce las distintas percepcio-
nes frente a estos proyectos.
Así, con la creación de «clusters» de generación que se propician a través
de la ley 20.936, se promueve la intensificación de actividades extractivistas
que actúan como motor de impulso para muchos de los proyectos de ERNC
que se promueven actualmente en Chile. Esta situación potencia el rechazo de
la población hacia estos proyectos que perciben como una imposición desde
la política nacional, la cual no toma en consideración el impacto que tiene
sobre sus formas de vida.
Teniendo en cuenta que la conflictividad en torno a proyectos de centrales
hidroeléctricas de pasada puede estar directamente asociada a los servicios
ecosistémicos, el estudio afianza esta relación debido, primero, a que en torno
a este tipo de proyectos hay una mayor demanda por servicios ecosistémicos;
y segundo, a que el río aporta beneficios no solo de provisión de agua, sino
que además tiene un carácter cultural por el valor espiritual asignado por las
comunidades Mapuche. En este sentido, los daños intangibles sobre los SE
valorados socialmente actúan como amplificadores del riesgo, lo que se mate-
rializa al proyectarse o instalarse una central hidroeléctrica. En consecuencia,
la percepción generalizada es de amenaza y se ve potenciada por la pérdida de
confianza, donde el no reconocimiento de las percepciones locales, que pare-
cen tener lugar en este tipo de proyectos, puede asociarse a un distanciamiento
de procesos orientados hacia el desarrollo local sustentable.
Finalmente, en este proceso la aceptación social es un elemento base para
la sustentabilidad, lo que requiere considerar indicadores sociales que permitan
una evaluación simultánea de las dimensiones sociales, ecológicas y económi-
cas de la sustentabilidad, para una toma de decisiones más informada en torno
a la incorporación de estas nuevas tecnologías (Assefa & Frostell, 2007).
5. Conclusiones
El estudio presentado da cuenta de que los SE constituyen una herramienta
práctica que puede ser aplicada en la percepción social del riesgo para mejo-
rar los procesos de gestión asociados a los proyectos por ERNC, al conciliar
parámetros biofísicos y medibles durante los estudios de impacto ambiental,
así como los beneficios que obtienen las personas de los ecosistemas y su
relación directa con el bienestar.
64 Arturo Vallejos-Romero, Minerva Cordoves-Sánchez, Alex Boso, Anne Peltier y Frédérique Blot
De igual forma, los resultados obtenidos reflejan el importante rol que jue-
ga la confianza en este tipo de conflictos socioambientales, la cual demanda
una evaluación de las políticas implementadas que considere las necesidades
locales además del crecimiento de la matriz energética.
Este estudio consideró proyectos de ERNC del tipo centrales hidroeléc-
tricas de pasada, en funcionamiento y en proceso de aprobación, al momento
de la investigación, permitiendo establecer una comparación en la región so-
bre el mismo tipo de proyectos, el cual nos permite afirmar que la exclusión
de los SE de los procesos de planificación y construcción de proyectos de
ERNC deriva en un aumento en la percepción del riesgo. En tal sentido, los
resultados del análisis aquí presentado permiten entender la función de los
SE en la percepción del riesgo que, asociado al equilibrio entre la demanda y
suministro de estos servicios, destacan la relevancia de este tipo de trabajos
en los procesos de toma de decisiones.
Como la matriz energética crecerá de acuerdo a las necesidades de de-
sarrollo de nuestros países, es importante la comprensión de la percepción
social del riesgo en el área de influencia de estos proyectos de ERNC. Esto
es de particular relevancia, debido a que la acelerada incorporación de estos
proyectos en la región de La Araucanía, y otras regiones de Chile, está gene-
rando conflictos que, indirectamente, se pueden asociar a una reducción en
la provisión de los SE que proveen los ecosistemas en las zonas en la que se
instalan estos proyectos, pudiendo limitar el crecimiento proyectado para el
país a través de su política nacional. El presente trabajo ofrece una primera
aproximación acerca de la función de los SE en la Amplificación Social del
Riesgo en torno a las ERNC.
Agradecimientos
Agradecemos el apoyo y financiamiento de la ANID de Chile [Proyecto Fon-
decyt 1210714], la Dirección de Investigación de la Universidad de La Fron-
tera [Proyecto DI20-0045] y CNRS-FRANCIA [Proyecto PICS-07849].
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VULNERABILIDAD SOCIAL ANTE
INUNDACIONES: UNA MIRADA EN RED
Pablo Aznar-Crespo1, Antonio Aledo1, Guadalupe Ortiz1
1
Departamento de Sociología I de la Universidad de Alicante, España
1. Introducción
La gestión de las inundaciones afronta un nuevo contexto de riesgo basado
en la influencia del cambio climático sobre el aumento de la magnitud y la
frecuencia de los eventos potencialmente catastróficos (Kundzewicz et al.,
2014; Arnell & Gosling, 2016). Las instituciones encargadas de impulsar la
reducción del riesgo de desastre, conscientes de los desafíos que enfrenta este
campo, han impulsado nuevas estrategias dirigidas a comprender y gestionar
el riesgo de forma integral y fomentar la adaptación de los territorios expues-
tos (Busayo et al., 2020; Orimoloye et al., 2021). Es posible apreciar, por un
lado, un creciente interés por el enfoque de gestión adaptativa, basado en el
fortalecimiento de las capacidades de adaptación de la población para prepa-
rarse y responder ante el riesgo (Shrubsole, 2007; van Buuren et al., 2018) y,
por otro, un impulso de la gestión integrada, que aboga por la combinación
de medidas estructurales de defensa y medidas no estructurales como los
cambios de usos de suelo, los sistemas de alerta temprana o las acciones de
respuesta social ante el riesgo (Brown & Damery, 2002; Grabs et al., 2007).
Ambos enfoques representan en esencia una evolución del paradigma tradi-
cional en la gestión del riesgo de inundación, que materializa una transición
desde la idea de proteger y reaccionar (control de la amenaza) a la máxima
de adaptar y prevenir (gestión del riesgo) (Burby, 2006; Thomas & Knüppe,
2016).
Las medidas no estructurales y el enfoque de gestión adaptativa, al abo-
gar por estrategias de gestión basadas en la preparación del territorio y la
sociedad en su conjunto (Kundzewicz, 2002; Schoeman, 2014), representan
un impulso para la inclusión de la dimensión social en el análisis y la gestión
del riesgo de inundación (Dawson et al., 2011). Tanto es así que Díez-Herrero
70 Pablo Aznar-Crespo, Antonio Aledo y Guadalupe Ortiz
& Garrote (2020) demuestran en una revisión de literatura sobre riesgo de
inundación que los análisis psico-sociales representan en la actualidad una de
las cuatro principales tendencias globales en la producción científica dentro
de este ámbito, junto con el cambio climático, las inundaciones costeras y
las evaluaciones económicas. La dimensión social del riesgo de inundación
suele ser abordada principalmente a través de cuatro vías: (a) estudios sobre
percepción social del riesgo (Lara et al., 2010); (b) análisis de la participación
pública como mecanismo de gobernanza (Newig et al., 2014); (c) estudios
post-desastre dirigidos a evaluar los efectos sociales de los eventos (WMO,
2016); y (d) evaluaciones de vulnerabilidad social (en adelante, EVS), orien-
tadas al análisis de las condiciones de adaptación de las poblaciones locales
(Rufat et al., 2015).
Orimoloye et al. (2021), a partir de una revisión de literatura, evidencian
que el análisis de la vulnerabilidad social representa actualmente la principal
línea de investigación de los estudios sobre los aspectos sociales del riesgo
ante amenazas naturales, entre las que se encuentran las inundaciones. En
los últimos años ha surgido una corriente de investigación dirigida a revisar
de forma crítica las características, objetivos y alcance de los modelos más
comúnmente implementados en las EVS ante amenazas naturales. El paradig-
ma dominante de EVS se caracteriza por dos aspectos: (a) está basado en la
estandarización metodológica; y (b) presenta un alcance analítico superficial y
descriptivo. Por un lado, se ha comprobado que el diseño metodológico de las
EVS consiste en la selección apriorística de modelos de evaluación proceden-
tes de investigaciones seminales (Hinkel, 2011; Yoon, 2012). La mayoría de
las EVS, en lugar de adaptar el diseño metodológico a las especificidades de
cada caso de estudio, parten de la uniformidad conceptual de la vulnerabilidad
social, asumen su capacidad de estandarización metodológica y reproducen
en consecuencia las variables y métodos de evaluación más comúnmente
implementados en la literatura especializada (Fatemi et al., 2017; Spielman
et al., 2020). Eakin and Luers (2006) advierten que la estandarización meto-
dológica de la vulnerabilidad social comporta riesgos técnicos y conceptuales
relacionados con la desigual disponibilidad de datos entre casos de estudio
y, muy especialmente, con la falta de comparabilidad asociada a la heteroge-
neidad entre contextos sociales. En relación con ello, Kuhlicke et al. (2011)
señalan que no es posible establecer un conjunto común de indicadores para
explicar la vulnerabilidad social en términos globales, ya que este fenómeno
es resultado de las particularidades de los contextos territoriales, sociales,
demográficos, culturales e institucionales.
Por otro lado, las EVS ante amenazas naturales suelen estar dirigidas a
la medición de la vulnerabilidad a través de indicadores e índices sintéticos
(Beccari, 2016). La fuente mayoritaria de estas mediciones suelen ser las
Vulnerabilidad social ante inundaciones: una mirada en red 71
bases de datos secundarios pertenecientes a censos oficiales, de forma que
su principal objeto de medición son las condiciones sociodemográficas de la
población (Spielman et al., 2020). Como resultado, estas metodologías suelen
producir resultados descriptivos con un alcance analítico superficial, limitado
a los aspectos mensurables de la vulnerabilidad social. Rufat et al. (2015),
tras analizar 67 EVS ante riesgo de inundación, concluyen que las caracte-
rísticas demográficas, el estatus económico y la salud son las variables más
comúnmente utilizadas en este tipo de estudios. En contraste, estos autores
señalan que otros factores como la conciencia del riesgo, el conocimiento de
las medidas de autoprotección, la confianza institucional o las capacidades
de respuesta relacionadas con el capital social, al ser más difícilmente men-
surables, representan variables escasamente incorporadas en los modelos de
EVS. Algunos autores señalan que las EVS, al fundamentarse en aspectos
sociodemográficos de alcance general, no permiten identificar las capacidades
adaptativas de la población para hacer frente a la peligrosidad específica de
las amenazas naturales, lo que limita significativamente su fiabilidad (Tate,
2012; Nguyen et al., 2016; Paveglio et al., 2016; Beccari, 2016; Spielman et
al., 2020). En otras palabras, el enfoque mainstream de EVS no es capaz de
explicar la forma en que las condiciones sociodemográficas de la población
se materializan en capacidades y situaciones adaptativas específicas ante los
efectos de las amenazas. De acuerdo con esta perspectiva sobre la vulnerabi-
lidad social, las condiciones sociodemográficas de una persona tendrían una
efectividad universal ante cualquier amenaza, es decir, serían igualmente efec-
tivas ante una inundación que ante una crisis económica. Ran et al. (2020),
tras realizar una revisión de metodologías de EVS ante amenazas naturales,
explican este hecho al señalar que la mayoría de los estudios parten del prin-
cipio conceptual de que la vulnerabilidad social es una propiedad genérica de
los sistemas sociales.
Como resultado del dominio de este paradigma basado en la estandariza-
ción y la descripción superficial de la vulnerabilidad social, los modelos de
EVS presentan algunas dificultades para descifrar y operativizar la elevada
complejidad que caracteriza a la vulnerabilidad social ante amenazas natura-
les. Las EVS, al ofrecer descripciones superficiales de las condiciones mensu-
rables de la población (Fekete, 2019), disponen de una escasa capacidad para
explicar en profundidad el conjunto de causas y procesos que subyacen a la
generación de la vulnerabilidad social (Rufat et al., 2015; Fatemi et al., 2017;
Ivcevic et al. 2019). Esta debilidad conceptual no solo limita la calidad cien-
tífica de los resultados del modelo dominante de EVS, sino que además tiene
repercusiones negativas sobre la gobernanza del riesgo (Siagian et al., 2014).
A este respecto, algunos autores han identificado un science-policy gap rela-
cionado con las dificultades del modelo dominante de EVS para transferir de
72 Pablo Aznar-Crespo, Antonio Aledo y Guadalupe Ortiz
forma efectiva la producción científica al ámbito de la gestión del riesgo (Wei-
chselgartner & Kasperson, 2010; Hinkel, 2011; Wolf et al., 2015). Algunas
de las principales causas que explican este gap son: (a) la desatención de las
causas que componen los procesos generativos de vulnerabilidad social, las
cuales pueden representar hotspots de alto valor estratégico para una gestión
efectiva del riesgo (Ran et al., 2020); (b) la escasa visión interrelacional de la
vulnerabilidad social y sus distintos componentes, lo que dificulta la articu-
lación de planes integrales de gestión con alcance global sobre la producción
del riesgo (Joakim et al., 2016); y (c) la escasa adecuación de los indicadores
de EVS a las necesidades específicas de los marcos de gobernanza del riesgo,
como resultado de su bajo nivel de adaptación contextual (Ivcevic, 2019). En
síntesis, es posible apreciar que los estudios aplicados de vulnerabilidad social
ante amenazas naturales afrontan en la actualidad el desafío de desarrollar
nuevas fórmulas conceptuales y metodológicas que permitan la producción
de resultados con un alcance efectivo sobre la gobernanza del riesgo, espe-
cialmente en el marco del cambio climático. Es por ello por lo que el Sendai
Framework for Disaster Risk Reduction 2015–2030 (UNISDR, 2015) aboga
en su primera prioridad de actuación por una comprensión integral y profun-
da de la vulnerabilidad social. Para materializar este principio, es necesario
explorar nuevos enfoques que permitan abordar las causas y procesos que
subyacen a la producción de la vulnerabilidad social, sistematizar la dinámica
interrelacional que establecen los distintos componentes de vulnerabilidad
social e incorporar las particularidades de los contextos sociales.
Atendiendo a esta demanda, el objetivo principal de este trabajo es ana-
lizar los procesos generativos de vulnerabilidad social ante riesgo de inunda-
ción desde una perspectiva interrelacional y contextual. Para ello, llevamos a
cabo una aplicación del Análisis de Redes (en adelante, AR), el cual permite:
(a) identificar las condiciones y causas de vulnerabilidad social ante riesgo
de inundación; y (b) sistematizar y analizar las interrelaciones que establecen
entre sí sus diferentes componentes. Como resultado, el AR ofrece una repre-
sentación del funcionamiento de los procesos generativos de vulnerabilidad
social. A partir de esta representación es posible jerarquizar las causas y con-
diciones de vulnerabilidad social de acuerdo con su betweenness centrality
(centralidad relacional), siendo posible la detección de componentes con alto
poder generativo. La aplicación de políticas sobre estos hotspots de vulnera-
bilidad social puede resultar más efectiva debido a su efecto multiplicador
sobre otros elementos interrelacionados. A pesar de sus potenciales ventajas,
la aplicación del AR en el ámbito de los estudios de vulnerabilidad social
es todavía escasa (Magsino, 2009; Jaja et al., 2017; Frey & Ramírez, 2019;
Aledo et al., 2021). No obstante, su adaptación metodológica representa una
oportunidad para responder a los desafíos conceptuales que enfrenta el enfo-
Vulnerabilidad social ante inundaciones: una mirada en red 73
que mainstream de EVS ante amenazas naturales. Por último, con el objetivo
de llevar a cabo un análisis contextualizado de la vulnerabilidad social por
medio del AR, esta investigación se enmarca en el caso de estudio del riesgo
de inundación en el litoral de la provincia de Alicante.
2. Caso de estudio
Este trabajo analiza los procesos generativos de vulnerabilidad social ante
riesgo de inundación en el litoral de la provincia de Alicante, región situada
en el sureste de España. En lo que se refiere al riesgo de inundación, esta
región experimenta uno de los mayores niveles de peligrosidad de Europa.
De acuerdo con datos de la International Disaster Database (EM-DATA,
2020), la provincia de Alicante es, después de Venecia (Italia), la región que
más desastres por inundación ha experimentado en los últimos 20 años, con
un total de 6 eventos con consecuencias catastróficas. Esta zona está expuesta
a episodios de lluvias torrenciales asociadas a la formación de Depresiones
Aisladas en Niveles Altos (DANA). De acuerdo con el Plan Especial Frente
al Riesgo de Inundación de la Comunidad Valenciana (PERICV, 2018), de
los 19 municipios del litoral alicantino, 5 experimentan riesgo alto, 8 riesgo
medio y 6 riesgo bajo. Esta región está expuesta a los tres principales tipos
de inundación: inundaciones costeras, inundaciones súbitas o flash-floods e
inundaciones por desbordamiento de ríos. Los extremos sur y norte de la
región presentan varias áreas costeras potencialmente inundables. La parte
central de la costa alicantina, por su parte, está mayoritariamente expuesta
a flash-floods asociadas a ramblas o pequeños cauces de ríos de bajo caudal
que experimentan repentinamente fuertes crecidas como consecuencia de las
características geohidromorfológicas de la zona. Por último, esta región tam-
bién está expuesta a inundaciones por desbordamiento de ríos, principalmente
del río Segura, el cual tiene su desembocadura en la parte sur de la región. El
ejemplo de inundación catastrófica más reciente se produjo entre los días 12
y 13 de septiembre de 2019 en el sur de la región, más concretamente en la
ciudad de Orihuela y sus zonas adyacentes. De acuerdo con datos de la Confe-
deración Hidrográfica del Segura (CHS, 2019), durante este episodio se batió
el récord de precipitación acumulada en 120 horas en España, con un registro
de 521,6 l/m2. Este evento produjo 7 víctimas mortales y costes sociales y
económicos catastróficos (EM-DATA, 2019), que han tenido repercusiones
importantes sobre los procesos de desarrollo regional de las zonas afectadas.
Para entender el riesgo de inundación en la región objeto de estudio,
resulta necesario poner en relación la peligrosidad de la amenaza con las
características del contexto socioeconómico. Esta región representa uno de
los principales enclaves turísticos del Mediterráneo. En lo que se refiere
a su estructura político-administrativa, la franja costera de la provincia de
74 Pablo Aznar-Crespo, Antonio Aledo y Guadalupe Ortiz
Alicante está compuesta por 19 municipios, los cuales ocupan una superficie
total de 1.627,6 km2 a lo largo de 244 km de línea de costa y cuentan con
una población de censada de 1.112.387 habitantes (INE, 2020). La densidad
demográfica de esta zona costera es de 656,75 habitantes/km2, mientras que
la de la provincia de Alicante en su conjunto es de 323,22 habitantes/km2 y la
de España de 93,58 habitantes/km2 (INE, 2020). En términos económicos, el
75,48% de la población en edad laboral está empleada en el sector servicios
(INE, 2020b), dentro del cual la hostelería y los servicios turísticos tienen una
gran relevancia. El sector turístico representa aproximadamente el 18% del
Producto Interior Bruto de la región, generando alrededor de 6.000 millones
de euros anualmente (Vera-Rebollo, 2016). En 2019, el litoral de la provincia
de Alicante recibió 7.470.429 millones de visitantes (INE, 2019), de los cuales
el 71,75% procedía de países extranjeros. El modelo turístico de esta región
está basado en la oferta del producto de «sol y playa» (Ibarra, 2011). Por esta
razón, la actividad turística presenta una fuerte concentración espacial y tem-
poral. Los meses de verano aglutinan el 54,84% de las visitas (INE, 2020),
mientras que la oferta turística de hoteles y second homes se concentra en
torno a la primera línea de costa (Morote & Hernández, 2016).
Desde la última década del siglo XX, uno de los principales motores del
desarrollo turístico del litoral de la provincia de Alicante ha sido el turismo
residencial o turismo de segundas residencias. Este sector, basado en la cons-
trucción, venta y alquiler de viviendas de uso turístico (Hall, 2014), experi-
mentó un fuerte impulso durante los primeros años de la década de los años
2000. Durante este periodo se produjeron importantes procesos de especula-
ción inmobiliaria que se tradujeron en un crecimiento urbanístico explosivo
carente de una adecuada ordenación del territorio (Aledo, 2008). El resultado
socioeconómico de estos procesos fue el estallido de la burbuja inmobiliaria
asociada al inicio de la crisis financiera de 2008, la cual provocó severos
impactos en las economías locales (Gaja, 2009). La oferta de segundas re-
sidencias está principalmente orientada a personas jubiladas procedentes del
centro y norte de Europa. Una de las principales motivaciones de estos turistas
es el confort climático y el valor paisajístico de la región. A fin de satisfacer
estas motivaciones, el modelo de expansión urbanística ha consistido en la
ocupación dispersa de áreas periurbanas alejadas del centro de las ciudades,
donde los turistas disfrutan de un alto valor paisajístico y, al mismo tiempo,
experimentan una situación de aislamiento socioespacial (Aledo, 2008; Gar-
cía-Andreu, 2014). En paralelo, el sector turístico del litoral de la provincia
de Alicante, caracterizado por empleos de baja cualificación y remuneración,
ha atraído importantes flujos de migrantes laborales procedentes de países
de Latinoamérica, Europa del Este y el norte de África. Ambos procesos
migratorios –el turístico-residencial y el laboral– explican que el 30,1% de la
Vulnerabilidad social ante inundaciones: una mirada en red 75
población censada de los municipios del litoral de la provincia de Alicante sea
en la actualidad extranjera (INE, 2020).
A pesar de que el turismo de segundas residencias ha representado uno de
los principales motores de desarrollo en la región, su evolución ha generado
también externalidades sociales, económicas y ambientales que han aumen-
tado la vulnerabilidad social de esta región ante situaciones estresantes como
las crisis económicas o los desastres ambientales. Para explicar la relación
entre vulnerabilidad social, turismo y desastres, la literatura especializada
ha señalado cuatro principales fuerzas generatrices: (a) la volatilidad eco-
nómica de la industria turística en escenarios de desastre, relacionada con la
posibilidad de que los destinos sufran una crisis de reputación y seguridad y
experimenten fluctuaciones de la demanda (Kozak et al., 2007; Wang, 2009;
Park & Reisinger, 2010; Tsai & Chen, 2011; Mair et al., 2016); (b) la especial
vulnerabilidad de los turistas, quienes al disponer de un menor conocimiento
del entorno y la cultura local enfrentan barreras lingüísticas en situaciones
estresantes y disponen de una menor red social de solidaridad y seguridad
(Faulkner, 2001; Matyas et al., 2016; Nguyen et al., 2016; Janoschka & Hass,
2013); (c) la alta dependencia socioeconómica de las comunidades locales al
sector turístico, la cual supone un factor de vulnerabilidad ante situaciones
disruptivas teniendo en cuenta la escasa diversificación económica, los bajos
niveles salariales y la reducida cualificación laboral de los trabajadores de la
industria turística (Robinson & Jarvie, 2008; Pelling, 2012; Grenčíková et al.,
2013); y (d) el inadecuado ordenación del territorio, caracterizado por mo-
delos de fuerte ocupación de la primera línea de costa (Snoussi et al., 2009;
Tsai and Chen, 2011b) o de áreas periurbanas aisladas de los núcleos urbanos
(Yin et al., 2009). Estas características socioterritoriales hacen de los destinos
turísticos espacios de alto riesgo ante la posibilidad de ocurrencia de eventos
estresantes como las inundaciones.
3. Metodología
Siguiendo el objetivo de analizar los procesos generativos de vulnerabilidad
social desde un punto de vista interrelacional y contextual, esta investigación
utilizó el AR. Desde el punto de vista analítico, el AR consiste en la desagre-
gación de la estructura elemental (nodos) y relacional (aristas) de un sistema
(Otte & Rousseau, 2002; Butts, 2008; Ter-Wal & Boschma, 2009). La función
de este enfoque es obtener una representación sistémica y pormenorizada de
los componentes y dinámicas relacionales de fenómenos sociales complejos
(Scott, 1988). Esta representación normalmente se obtiene por medio de ma-
pas causales, a través de los cuales es posible entender de forma gráfica el
funcionamiento en red de un sistema en su conjunto o de cualquiera de sus
partes específicas (McLinden, 2013). La aplicación del AR al estudio de la
76 Pablo Aznar-Crespo, Antonio Aledo y Guadalupe Ortiz
vulnerabilidad social supone una oportunidad para responder a los desafíos
conceptuales que enfrenta el enfoque mainstream de EVS, ya que permite:
(a) explicar y representar la casuística de los procesos generativos de vulne-
rabilidad social, trascendiendo así la simple descripción de las condiciones
sociodemográficas de la población; (b) sistematizar las interrelaciones que
establecen entre sí los diferentes componentes de vulnerabilidad social, su-
perando la visión compartimental que caracteriza al enfoque dominante; y
(c) como consecuencia de lo anterior, identificar hotspots de vulnerabilidad
social, cuya gestión puede resultar estratégica debido al potencial efecto mul-
tiplicador sobre otros componentes de vulnerabilidad social.
La complejidad de los procesos generativos de vulnerabilidad social ante
riesgo de inundación hizo necesario adoptar una perspectiva metodológica
amplia y de largo alcance (Cannon et al., 2003; Vincent, 2004), que permitiera
responder a los retos conceptuales que enfrenta el enfoque de EVS basado en
la medición de condiciones sociodemográficas. Por esta razón, se optó por
seguir la definición integral de vulnerabilidad social propuesta por Birkmann
et al. (2013), quienes entienden este fenómeno como el conjunto de condi-
ciones sociales, económicas, culturales e institucionales que determinan la
capacidad de las personas, grupos y sistemas en su conjunto para hacer frente
a los efectos negativos de eventos estresantes a corto, medio y largo plazo.
Para aplicar el AR al estudio de los procesos generativos de vulnerabili-
dad social, llevamos a cabo un proceso metodológico dividido en dos fases:
(a) una recogida de datos primarios realizada a través de una consulta a 24
expertos locales en riesgo de inundación; y (b) un proceso de codificación,
procesamiento y análisis de la información orientado a la creación de mapas
causales mediante el software Gephi.
3.1. Recogida de datos
A fin de obtener información directamente relacionada con los procesos ge-
nerativos de vulnerabilidad social ante riesgo de inundación en el caso de
estudio seleccionado, llevamos a cabo un proceso de consulta a un grupo
multidisciplinar de 24 expertos locales en este ámbito de las inundaciones.
Este grupo de expertos estuvo compuesto por (tabla 1): sociólogos, geógra-
fos, ingenieros civiles, personal de los servicios de emergencia, autoridades
institucionales encargadas de la gestión del riesgo y organizaciones no guber-
namentales relacionadas con la gestión de desastres. La consulta a expertos,
comúnmente utilizada en estudios aplicados sobre vulnerabilidad social ante
amenazas naturales (Dickin et al., 2013; Tucker et al., 2015; Hagenlocher et
al., 2018), permitió hacer frente a la elevada especificidad y complejidad de
los procesos generativos de vulnerabilidad social ante riesgo de inundación,
sobre los cuales no existen datos secundarios ni la suficiente bibliografía es-
Vulnerabilidad social ante inundaciones: una mirada en red 77
pecializada a escala local. En relación con las características de la muestra,
optamos por una muestra intencional estratificada (Patton, 2002) a fin de hacer
operativa una selección de entrevistados lo suficientemente heterogénea entre
disciplinas de conocimiento. Esta preselección garantizó la multidisciplina-
riedad del grupo de expertos y permitió equilibrar el peso de cada una de las
disciplinas durante la recogida de datos. En relación con el tamaño muestral,
optamos por entrevistar a cuatro personas por cada disciplina de conocimien-
to, alcanzando un total de 24 (n) expertos. Este tamaño muestral fue en todo
momento susceptible de ser ampliado en caso de no alcanzar la saturación
informacional. No obstante, comprobamos una fuerte homogeneidad intradis-
ciplinar en el discurso de los entrevistados, que evidenció haber alcanzado la
saturación y permitió poner fin a la consulta (Saunders et al., 2015).
Tabla 1: Disciplina de los expertos consultados
Disciplina n
Sociología 4
Geografía 4
Ingeniería civil 4
Servicios de emergencias 4
Gestores institucionales del riesgo 4
ONG 4
Total 24
Llevamos a cabo la consulta a expertos en mayo de 2020 a través de entre-
vistas semiestructuradas realizadas mediante videoconferencia como conse-
cuencia de las restricciones de la pandemia de la COVID-19. Estas entrevistas
abordaron cuatro dimensiones de vulnerabilidad social: (a) situación adapta-
tiva de los turistas; (b) estructura socioeconómica de los destinos turísticos;
(c) ordenación del territorio vinculada al desarrollo del sector turístico; y (d)
gestión del riesgo de inundación por parte de los organismos institucionales
locales y regionales. Estas dimensiones fueron extraídas y adaptadas de una
revisión sistemática de literatura realizada por Aznar-Crespo et al. (2020),
en la que los autores identifican y analizan las dimensiones analíticas más
frecuentemente tratadas en los estudios sobre vulnerabilidad social ante ame-
nazas naturales en la región objeto de estudio. Estas dimensiones, además de
sustentar el diseño de las entrevistas semiestructuradas, permitieron orientar
la selección del perfil disciplinar del grupo de expertos.
Las entrevistas semiestructuradas fueron seleccionadas como técnica de
recogida de datos por su capacidad para captar información de naturaleza
cualitativa sobre los procesos generativos de vulnerabilidad social ante riesgo
78 Pablo Aznar-Crespo, Antonio Aledo y Guadalupe Ortiz
de inundación, permitiendo así la cobertura de elementos intangibles, causas
profundas y dinámicas interrelacionales. Los expertos consultados tuvieron
la oportunidad de aportar información sobre todas las dimensiones de vulne-
rabilidad social, si bien les invitamos a concentrarse en aquellas en las que
estaban especializados. A fin de abordar la naturaleza procesal e interrelacio-
nal de la vulnerabilidad social siguiendo el AR, el protocolo implementado
durante la dinámica de las entrevistas estuvo dividido en dos etapas. En
primer lugar, los entrevistados identificaron condiciones específicas de adap-
tación pertenecientes a cada una de las cuatro dimensiones de vulnerabilidad
social abordadas. En segundo lugar, tras la identificación de estos elementos,
los expertos explicaron su causalidad, tratando de abarcar causas con distinto
grado de profundidad. Tomamos como referencia el modelo Pressure and
Release (PAR) de Blaikie et al. (1994) para distinguir entre condiciones espe-
cíficas de adaptación y sus causas. Este modelo, comúnmente utilizado en la
literatura sobre vulnerabilidad social ante amenazas naturales, conceptualiza
los procesos generativos de vulnerabilidad social distinguiendo tres niveles
causales, que de mayor a menor nivel de profundidad son: causas profundas,
presiones dinámicas y condiciones inseguras. Las causas profundas repre-
sentan fenómenos ideológicos y normativos de largo alcance que rigen el
funcionamiento de los sistemas culturales, económicos, sociales y políticos
de una sociedad en su conjunto. Por su parte, las presiones dinámicas hacen
referencia a procesos intermedios que empujan las causas profundas hacia
formas específicas de adaptación, estando por tanto mejor delimitadas a nivel
espacial y temporal. Y, por último, las condiciones inseguras constituyen es-
tados adaptativos específicos que experimenta la población ante el efecto de
las amenazas, representando así la materialización del proceso generativo de
vulnerabilidad social. Este marco conceptual sirvió como referencia para: (a)
estructurar la dinámica discursiva de las entrevistas con el objetivo de identi-
ficar cadenas causales o procesos generativos de vulnerabilidad social lo más
amplios posible; y (b) orientar la interpretación conceptual de los elementos
analíticos obtenidos a través de la aplicación del AR al estudio de los procesos
generativos de vulnerabilidad social ante riesgo de inundación.
3.2. Procesamiento de datos
Tras realizar las entrevistas semiestructuradas, procesamos los datos con el
objetivo de sistematizar los elementos e interrelaciones identificados durante
la fase de consulta a expertos. El objetivo de esta fase de procesamiento fue
la elaboración de una red causal que integrara el conjunto de la información
y ofreciera una lectura interrelacional de la dinámica generativa de la vul-
nerabilidad social ante riesgo de inundación en la región de estudio. Para
Vulnerabilidad social ante inundaciones: una mirada en red 79
ello, utilizamos el software de análisis de información cualitativa Atlas.ti, el
cual permitió: (a) codificar la información de las entrevistas y convertirla en
unidades básicas o nodos, en este caso componentes de distinta profundidad
causal de los procesos generativos de vulnerabilidad social; y (b) establecer
las interrelaciones entre nodos por medio de aristas.
Una vez completado el procesamiento de la información, obtuvimos una
red en bruto con el conjunto de los elementos e interrelaciones que dan forma
a los procesos generativos de vulnerabilidad social ante riesgo de inundación
en el caso de estudio. Como resultado del gran volumen informacional y de
la complejidad de las interrelaciones entre nodos, fue necesario analizar la
información a través de Gephi, un software frecuentemente utilizado en AR
(Hanneman & Riddle, 2005; Cherven, 2013) que permitió: (a) clusterizar los
nodos dentro de la red según criterios de afinidad interrelacional, logrando
una mejor estructuración de la información; y (b) jerarquizar cada uno de
los nodos de acuerdo con su betweenness centrality, obteniendo una mayor
caracterización de los datos. Para ello, construimos una matriz de adyacencia
compuesta por los nodos y aristas obtenidos hasta el momento y la introduji-
mos en el software Gephi. Seguidamente, procedimos a la aplicación de dos
parámetros de clasificación y jerarquización de la información.
En primer lugar, aplicamos el parámetro modularity class (modularidad),
el cual mide la fuerza de división de una red y permite clasificar los nodos
en módulos (Grandjean, 2015; Hussain et al., 2018). Estos módulos, también
llamados clusters o comunidades, representan áreas de la red en las que una
serie de nodos se encuentran estrechamente interconectados. Este parámetro
permitió delimitar gráficamente las cuatro dimensiones de vulnerabilidad
social tomadas como referencia durante las entrevistas. Esta delimitación,
que hizo más sistemática la lectura de la red, fue representada por medio de
colores en los mapas causales obtenidos con Gephi (figuras 1 a 5). En segun-
do lugar, aplicamos el parámetro betweenness centrality, una medida de cen-
tralidad que cuantifica la frecuencia con la que un nodo actúa como puente
a través del camino más corto entre otros dos nodos (Aggarwal, 2011). Este
parámetro permite jerarquizar la capacidad que tiene cada nodo de integrar
relacionalmente al resto de componentes del conjunto de una red (Sun &
Tang, 2011). El grado de betweenness centrality se representó en los mapas
causales a partir del tamaño de los nodos (a mayor betweenness centrality,
mayor tamaño de un nodo, y viceversa). La betweenness centrality permitió
jerarquizar los diferentes componentes de los procesos generativos de vulne-
rabilidad social ante riesgo de inundación (causas profundas, presiones diná-
micas y condiciones inseguras) de acuerdo con su fuerza de intermediación
causal. Los componentes de vulnerabilidad social que presentaron una menor
fuerza de intermediación causal fueron los nodos interpretados como causas
80 Pablo Aznar-Crespo, Antonio Aledo y Guadalupe Ortiz
profundas (extremo causal de la cadena) y condiciones inseguras (extremo
consecuencial de la cadena). Las causas profundas, por un lado, representan
amplios fenómenos causales caracterizados por un alto nivel de abstracción
(ej. paradigma tecnocrático del riesgo). Esta profundidad causal hace que
estos nodos estén situados por lo general en el primer eslabón de las cadenas
o procesos generativos de vulnerabilidad social. El escaso poder de interme-
diación de estas macrocausas hizo que estos nodos estuvieran ubicados en la
periferia de las redes, presentando escasos niveles de betweenness centrality.
Las condiciones inseguras, por su parte, constituyen la materialización de
los procesos generativos de vulnerabilidad social (ej. escasa implementación
de medidas no estructurales), por lo que suelen ser nodos-objetivo. Estos
elementos reciben influencia causal de otros nodos emisores, de forma que
normalmente ocupan el último eslabón de las cadenas o procesos generativos
de vulnerabilidad social. Es por ello por lo que estos elementos normalmente
se situaron aislados de los núcleos centrales de las redes, presentando unos
bajos niveles de betweenness centrality. De esta forma, los nodos con mayor
centralidad o fuerza de intermediación causal fueron las presiones dinámicas,
ya que son causas intermedias (ej. escaso interés político por la gestión del
riesgo) que ejercen de puente entre las causas profundas y las condiciones
inseguras. Esta función impulsora convierte a estos nodos en fuerzas de
alto poder generativo, no solo por su función-puente sobre cadenas causales
específicas, sino también por la posición radial que ocupan en el conjunto
de la red, desde la cual son susceptibles de intermediar múltiples relaciones
de causalidad. Esta centralidad permitió interpretar estos nodos como áreas
críticas o hotspots de vulnerabilidad social, sobre los cuales las estrategias
de gestión y reducción del riesgo de desastre por inundación pueden tener
un alcance estratégico.
Por último, la jerarquización de los nodos a través del parámetro de bet-
weenness centrality estuvo acompañada de la aplicación de ForceAtlas2, un
algoritmo que permitió distribuir espacialmente la información de acuerdo
con factores de atracción y repulsión entre nodos que hicieron más manejable
la visualización del conjunto de la red a través de los mapas causales (Jacomy
et al., 2014). En este sentido, como resultado de la naturaleza cualitativa de
esta investigación, cabe señalar que la aplicación del software Gephi estuvo
limitada a mejorar la comprensión de la información recopilada (Hodgkinson
& Clarkson, 2005), de forma que fuera posible obtener una visión de la red
más categorizada, organizada y jerarquizada habida cuenta del gran volumen
de información resultante de la fase de codificación.
Vulnerabilidad social ante inundaciones: una mirada en red 81
4. Resultados y discusión
A continuación, presentamos los resultados de la aplicación del AR al estudio
de los procesos generativos de vulnerabilidad social ante riesgo de inundación
en el caso de estudio. Realizamos su exposición a través de los mapas causa-
les obtenidos mediante el software Gephi. La presentación de los resultados
está organizada a partir de las cuatro dimensiones de vulnerabilidad social
tomadas como referencia durante las entrevistas y representadas a partir de
la aplicación del parámetro modularity class. Cada una de estas dimensiones
está acompañada de un mapa causal y de una tabla con los datos relativos a
la betweenness centrality de cada nodo.
Figura 1. Mapa causal global del proceso generativo de vulnerabilidad social ante
riesgo de inundación en el litoral de la provincia de Alicante.
En la figura 1 es posible observar el mapa causal que representa la visión
en red del conjunto de los procesos generativos de vulnerabilidad social ante
riesgo de inundación en el caso de estudio, el cual está compuesto por 84
nodos y 189 aristas. Las cuatro dimensiones de vulnerabilidad social son: (a)
situación adaptativa de los turistas (cluster lila), que aglutina el 30,95% de
los nodos (26) y está relacionado con la vulnerabilidad que experimentan los
turistas ante el riesgo de inundación; (b) estructura socioeconómica (cluster
azul), el cual contiene el 21,43% de los nodos (18) y está relacionado con las
características económicas y laborales del sector turístico; (c) ordenación del
territorio (cluster naranja), que agrupa el 21,43% de los nodos (18) y está
relacionado con los procesos de expansión urbana ligados al desarrollo del
82 Pablo Aznar-Crespo, Antonio Aledo y Guadalupe Ortiz
turismo; y (d) gestión del riesgo (cluster verde), el cual contiene el 26,19%
de los nodos (22) y está relacionado con las características de los marcos y
medidas de gestión del riesgo de inundación implementados en la región caso
de estudio.
Hemos organizado este apartado según dimensiones de vulnerabilidad
social con el objetivo de facilitar la interpretación de la información. No obs-
tante, es necesario señalar que los valores de betweenness centrality de cada
uno de los nodos están calculados teniendo en cuenta sus interrelaciones con
el conjunto de la red, de forma que todos ellos han de ser interpretados man-
teniendo una visión global. Por último, hemos etiquetado los nodos a lo largo
del texto por medio de un sistema de codificación que permite conocer su id
y la dimensión de vulnerabilidad social a la que pertenecen. Por ejemplo, «id
30-d1» significa que el elemento comentado durante el texto hace referencia
al nodo 30 (id 30) y pertenece a la dimensión de vulnerabilidad 1 (d1), es
decir, situación adaptativa de los turistas.
4.1. Situación adaptativa de los turistas
Esta dimensión de vulnerabilidad social es la que más información aglutina,
ya que reúne al 30,95% de los nodos (26) del conjunto de la red. Este cluster
incluye elementos de vulnerabilidad social mayoritariamente relacionados con
las condiciones de los turistas residenciales para percibir, prepararse y respon-
der ante el riesgo de inundación. Este cluster presenta una posición central
sobre el conjunto de la red, estando relacionado de forma directa con las otras
tres dimensiones de vulnerabilidad social. Dicho de otro modo, los procesos
generativos de la vulnerabilidad social ante riesgo de inundación que expe-
rimentan los turistas están estrechamente relacionados con las características
del modelo de gestión del riesgo, la ordenación del territorio y la estructura
socioeconómica de la región objeto de estudio. Es por ello por lo que, de
media, la betweenness centrality de esta dimensión de vulnerabilidad social
es la segunda más alta (114,010) de los cuatro clusters que conforman la red
global. Esta elevada centralidad, además de confirmar la orientación eminen-
temente turística del tejido social, económico y territorial de la región objeto
de estudio, revela la importancia del turismo como foco de vulnerabilidad ante
el riesgo de inundación.
Como puede apreciarse en la tabla 2, la escasa conciencia del riesgo de
inundación (id 30-d1) es el nodo con el mayor nivel de betweenness centrality
de esta dimensión de vulnerabilidad social. Esta fuerza no solo está fuerte-
mente interconectada con el resto de los nodos pertenecientes a esta dimen-
sión, sino que además constituye el segundo elemento del conjunto de la red
que más veces intermedia la relación entre otros dos nodos. Esta centralidad
Vulnerabilidad social ante inundaciones: una mirada en red 83
Tabla 2. Listado de nodos de la dimensión situación adaptativa de los
turistas por betweenness centrality
Betweenness
Id Etiqueta
centrality
30 Escasa conciencia del riesgo de inundación 899,167
46 Escaso conocimiento del entorno territorial 544,833
2 Aislamiento de turistas en urbanizaciones alejadas de centros urbanos 353,500
11 Barreras lingüísticas de turistas 340,667
6 Alta ocupación dispersa de áreas periurbanas por turistas 278,000
62 Insuficiente participación ciudadana en la gestión del riesgo 233,833
69 Ocultación del riesgo en procesos inmobiliarios 205,000
57 Idealización climática de los destinos turísticos 30,500
20 Desafección política de la ciudadanía 29,750
18 Degradación de sentimientos de pertenencia territorial 24,000
41 Escasa inclusión social de turistas residenciales 11,333
83 Solidaridad comunitaria ante desastres 8,417
3 Alta exposición de caminos rurales 4,000
7 Alta presencia de población envejecida 3,500
4 Alta heterogeneidad sociodemográfica 0
22 Desconocimiento del riesgo por parte de los turistas 0
23 Desconocimiento de medidas de autoprotección 0
25 Dificultad de adaptar planes a heterogeneidad sociodemográfica 0
35 Escasa cultura de la lluvia torrencial por parte de turistas 0
39 Escasa formación educativa 0
52 Evitación política de conflictos comunitarios 0
60 Individualismo 0
66 Motivación turística basada en confort climático 0
70 Ocupación de zonas inundables 0
75 Pobre inclusión en sistema educativo del estudio del riesgo 0
81 Respuesta social espontánea no organizada ante desastres 0
Media 114,010
puede apreciarse de forma clara a través de la posición radial que ocupa res-
pecto al conjunto de la red. Cabe destacar la particular cercanía de este nodo
respecto a la dimensión de vulnerabilidad social relacionada con la gestión
del riesgo, concretamente como la causa más importante del escaso interés
político por el riesgo de inundación en la región objeto de estudio (id 28-d4).
Dicho de otro modo, la escasa conciencia del riesgo de la población local
84 Pablo Aznar-Crespo, Antonio Aledo y Guadalupe Ortiz
representa una de las causas más importantes del débil interés que presentan
las instituciones políticas hacia la gestión de las inundaciones.
Figura 2. Mapa causal de la dimensión situación adaptativa de los turistas.
Por otro lado, el escaso conocimiento del entorno territorial (id 46-d1),
el aislamiento en áreas residenciales alejadas de los núcleos urbanos (id
2-d1) o las barreras lingüísticas (id 11-d1), aunque en menor medida, tam-
bién destacan por su centralidad como elementos que permiten explicar la
deficiente situación adaptativa de las poblaciones de turistas residenciales
presentes en el litoral de la provincia de Alicante. Los turistas de larga estan-
cia, entre cuyas motivaciones principales se encuentran el confort climático
(id 66-d1) y la recreación individual (id 60-d1), suelen vivir en comunidades
cerradas alejadas de los centros urbanos en los que reside la población local
(id 2-d1). Asimismo, estos turistas desconocen las características socioam-
bientales del entorno local (id 46-d1), lo que provoca el escaso desarrollo de
la conciencia del riesgo de inundación (id 30-d1) y trae finalmente consigo
un deficiente conocimiento de esta amenaza y de los comportamientos de
autoprotección (id 23-d1). Asimismo, estos turistas suelen ocupar áreas pe-
riurbanas de alto valor paisajístico (id 6-d1), que en ocasiones se sitúan en
zonas potencialmente inundables (id 70-d1) aisladas de los centros urbanos
donde los servicios de emergencia no disponen de un adecuado acceso por
carretera (id 3-d1). Por último, cabe destacar que esta situación adaptativa
está también determinada por los procesos urbanísticos experimentados en
Vulnerabilidad social ante inundaciones: una mirada en red 85
el litoral de la provincia de Alicante. Estas dinámicas, caracterizadas por la
especulación urbanística (id 50-d3), han provocado la ocultación del riesgo
de inundación durante los procesos inmobiliarios (id 69-d1), favoreciendo
por consiguiente una escasa conciencia del riesgo de inundación por parte
de los turistas (id 30-d1).
4.2. Estructura socioeconómica
Esta dimensión de vulnerabilidad social contiene el 21.43% de los nodos (18)
del conjunto de la red e incorpora elementos relacionados con las característi-
cas económicas y sociolaborales de la industria turística y de las poblaciones
locales. Este cluster está directamente relacionado con la situación adaptativa
de los turistas y, en menor medida, con los procesos de ordenación del terri-
torio. La posición periférica de este cluster permite explicar su bajo nivel de
betweenness centrality, el cual es el segundo más bajo de las cuatro dimensio-
nes de vulnerabilidad social que componen la red global (84.330). Pese a su
escasa centralidad, la estructura socioeconómica del sector turístico representa
un foco estratégico de vulnerabilidad social que ejerce su influencia durante
el enfrentamiento a medio y largo plazo de los impactos de los desastres por
inundación.
Como puede apreciarse en la tabla 3, el crecimiento económico basado
en el desarrollo inmobiliario (id 16-d2) representa el nodo con el mayor nivel
de betweenness centrality de esta dimensión. La elevada centralidad de esta
fuerza de vulnerabilidad social, junto con su cercanía respecto al cluster de
ordenación del territorio, indican que los procesos inmobiliarios juegan un
papel importante en la configuración del modelo de desarrollo económico
del litoral de la provincia de Alicante. Estos procesos están directamente re-
lacionados con la expansión del turismo residencial, la cual ha estado basada
en la construcción y venta especulativas de segundas residencias destinadas
a turistas de larga estancia (id 50-d3). Este modelo de desarrollo económico,
caracterizado por crecimientos económicos explosivos con escasa sostenibili-
dad a largo plazo, ha configurado una estructura económica y laboral volátil,
de la que emanan múltiples elementos de vulnerabilidad social ante el riesgo
de inundación, que a continuación se detallan.
86 Pablo Aznar-Crespo, Antonio Aledo y Guadalupe Ortiz
Tabla 3. Listado de nodos de la dimensión estructura socioeconómica
por betweenness centrality
Betweenness
ID Etiqueta
centrality
16 Crecimiento económico basado en boom inmobiliario 412,500
32 Escasa cualificación laboral de trabajadores 277,000
45 Escasa interés empresarial por el «turismo seguro» 204,583
65 Migración laboral en situación de vulnerabilidad 186,000
37 Escasa diversificación de economías locales 98,250
77 Precariedad de trabajos turísticos 84,667
82 Riesgos reputacionales en sector turístico 83,583
53 Existencia de economía informal 79,000
13 Condiciones socioeconómicas desfavorables 45,667
51 Estacionalidad de la demanda turística 20,000
12 Cambio demográfico interior-costa 16,667
76 Potencial fluctuación de la demanda internacional 6,250
54 Falta de sostenibilidad económica a largo plazo del turismo residencial 3,750
9 Aumento de la competitividad global 0
10 Baja permeabilidad social de la riqueza del sector turístico 0
49 Escaso tejido sindical y asociativo en el sector turístico 0
74 Pérdida de cultura agrícola y rural tradicional 0
84 Volatilidad económica del sector turístico 0
Media 84,330
Figura 3. Mapa causal de la dimensión estructura socioeconómica.
Fuente: elaboración propia.
Vulnerabilidad social ante inundaciones: una mirada en red 87
En relación con los elementos de vulnerabilidad relacionados con la es-
tructura socioeconómica del sector turístico, destacan aspectos como el escaso
interés empresarial por el «turismo seguro» (id 45-d2), la escasa diversifica-
ción de las economías locales (id 37-d2), la estacionalidad de la demanda
turística (id 51-d2) o los riesgos reputacionales que enfrenta el sector ante
la posibilidad de ocurrencia de desastres por inundación (id 82-d2), los cua-
les pueden causar un deterioro de la imagen de seguridad de los destinos y
provocar fluctuaciones de la demanda turística durante la fase post-evento
(id 76-d2). En cuanto a los elementos de vulnerabilidad relacionados con la
estructura laboral, destaca la escasa cualificación de los trabajadores (id 32-
d2), la cual ha causado una importante presencia de migrantes laborales en
situación estructural de vulnerabilidad social (id 65-d2), o la precariedad del
empleo turístico (id 77-d2), provocada en ocasiones por dinámicas de econo-
mía informal presentes en el sector (id 53-d2). Esta realidad socioeconómica
resulta especialmente importante desde el punto de vista del enfrentamiento
del riesgo de inundación, ya que configura las situaciones y capacidades
adaptativas que dispone la industria turística y las poblaciones locales para
responder a los impactos económicos a medio y largo plazo de potenciales
desastres por inundación.
4.3. Ordenación del territorio
Esta dimensión de vulnerabilidad social contiene el 21,43% de los nodos
(18) del conjunto de la red e incluye elementos relacionados con los pro-
cesos de desarrollo urbano ligados al aumento de la exposición frente al
riesgo de inundación en la región objeto de estudio. Al igual que la prime-
ra dimensión, la ordenación del territorio se sitúa en una posición central
desde el punto de vista del conjunto de la red, estableciendo así relaciones
directas con nodos pertenecientes al resto de clusters. De hecho, este cluster
es el que presenta el valor medio de betweenness centrality más alto de la
red global (125,680). Este dato evidencia cómo la ordenación del territorio
constituye el principal elemento vertebrador del modelo de desarrollo social,
económico y territorial del litoral de la provincia de Alicante, siendo por
tanto el principal foco de vulnerabilidad social ante el riesgo de inundación
en esta región.
Como puede apreciarse en la tabla 4, la especulación urbanística (id 50-
d3) representa el nodo con la mayor centralidad de esta dimensión de vul-
nerabilidad social. Su elevada centralidad está relacionada con su función
de intermediación entre causas de alta profundidad como los intereses de
los propietarios de la tierra (id 63-d3) o la connivencia política respecto
a procesos urbanísticos indebidos (id 14-d3) y la activación de dinámicas
88 Pablo Aznar-Crespo, Antonio Aledo y Guadalupe Ortiz
Tabla 4. Listado de nodos de la dimensión ordenación del territorio
por betweenness centrality
Betweenness
ID Etiqueta
centrality
50 Especulación urbanística 557,333
24 Falta de coordinación entre desarrollo urbano y planificación hidrológica 499,283
21 Desarrollo urbano no planificado 342,033
68 Normativas urbanísticas antiguas sin visión territorial ni hidrológica 293,167
8 Ambigüedad legal sobre cumplimiento de normativas 187,167
56 Gestión ineficiente de las playas ante el riesgo de inundación 134,167
78 Precoz incorporación del cambio climático en planificación turística 102,950
5 Alta ocupación de la primera línea de costa 58,200
17 Cultura de la reconstrucción ante daños 21,033
59 Incuestionabilidad del turismo 18,417
64 Irreversibilidad de la alta ocupación de la línea de costa 14,700
27 Escaso interés empresarial por la gestión del riesgo 13,500
31 Escasa coordinación entre organismos de gestión territorial 12,533
14 Connivencia política respecto a procesos urbanísticos indebidos 7,750
1 Aceptación de la socialización de los daños 0
15 Cortoplacismo de la gestión política 0
42 Escasa institucionalización de la percepción de riesgo 0
63 Intereses económicos de propietarios de la tierra 0
Media 125,680
de desarrollo urbano no planificado (id 21-d3). La especulación urbanística
constituye la principal fuerza generativa del boom inmobiliario que produjo la
consolidación del turismo residencial en el litoral de la provincia de Alicante y
configuró el modelo de desarrollo socioeconómico de esta región. En términos
espaciales, estos procesos urbanísticos han configurado un paisaje disperso y
heterogéneo de núcleos residenciales diseminados por el territorio (id 6-d1),
que ha causado el aislamiento de los turistas respecto a los centros urbanos
principales (id 2-d1).
Por otro lado, la falta de coordinación entre los agentes de desarrollo
territorial y los organismos encargados de la planificación hidrológica (id
24-d3) constituye una importante causa de la escasa sensibilidad hidroló-
gica de las normativas urbanísticas (id 68-d3). Esta deficiencia normativa,
asimismo, constituye una de las causas que explican los procesos de espe-
culación urbanística en el litoral de la provincia de Alicante (id 50-d3). En
términos de riesgo de inundación, la principal consecuencia de este modelo
Vulnerabilidad social ante inundaciones: una mirada en red 89
Figura 4. Mapa causal de la dimensión ordenación del territorio.
Fuente: elaboración propia.
de ordenación del territorio es la ocupación de áreas inundables, tanto en
zonas periurbanas cercanas a ramblas y cauces de ríos como en la primera lí-
nea de costa (id 5-d3). Por último, cabe destacar otros nodos como la gestión
ineficiente de las playas ante el riesgo de inundación (id 56-d3), causada por
la cultura reactiva de la reconstrucción ante los daños de las inundaciones
costeras (id 17-d3), o el escaso interés empresarial por la implementación de
medidas de adaptación ante el cambio climático y el incremento del riesgo
inundación (id 78-d3).
4.4. Gestión del riesgo
Esta dimensión de vulnerabilidad social contiene el 26,19% de los nodos (22)
del conjunto de la red e incluye elementos relacionados con las características
de los marcos y medidas de gestión del riesgo de inundación presentes en
el litoral de la provincia de Alicante. Al igual que la segunda dimensión, la
gestión del riesgo se encuentra directamente conectada con la ordenación del
90 Pablo Aznar-Crespo, Antonio Aledo y Guadalupe Ortiz
territorio y la situación adaptativa de los turistas. Al ser una dimensión peri-
férica, su betweenness centrality (72,880) es la más baja de los cuatro clusters
que componen el conjunto de la red. A pesar de contar con el nodo con mayor
centralidad del conjunto de la red (id 28), la gestión del riesgo incluye nodos
escasamente relacionados con otros clusters. Esta posición periférica puede
tener relación con la elevada especificidad temática de esta dimensión de vul-
nerabilidad social. A pesar de su escasa centralidad, esta dimensión presenta
una importancia estratégica debido a que contiene información sobre enfoques
y medidas de gestión del riesgo de inundación con una influencia directa sobre
la reducción de la vulnerabilidad social.
Tabla 5. Listado de nodos de la dimensión gestión del riesgo por
betweenness centrality
Betweenness
ID Etiqueta
centrality
28 Escaso interés político por la gestión del riesgo de inundación 978,567
47 Escaso desarrollo de planes locales de actuación 154,333
61 Instrumentalización del cambio climático 84,333
19 Delegación en el Estado de responsabilidad de actuación 76,500
33 Escasa cultura de la gestión preventiva del riesgo 60,917
80 Respuesta reactiva ante la emergencia 57,417
43 Escasa presencia de científicos sociales en gestión del riesgo 43,000
67 Naturalización de los desastres 41,500
26 Dominio de medidas estructurales 37,000
48 Escaso desarrollo técnico de medidas sociales de gestión 26,000
29 Escasa cobertura de peligros naturales del sistema de seguros 18,500
44 Escasa visión del ciclo de vida del riesgo/desastre 17,450
72 Optimismo tecnológico 4,000
34 Escasa cultura de la gestión integral del riesgo 3,833
36 Escasa cultura de los seguros ante riesgos ambientales 0
38 Escasa dotación técnica y económica para medidas de gestión 0
40 Escasa implementación de medidas no estructurales 0
55 Fuerte ideologización de la gestión del agua 0
58 Impopularidad social de la gestión preventiva 0
71 Olvido rápido de los desastres 0
73 Paradigma tecnocrático del riesgo 0
79 Respuesta política ante necesidad social de «protección total» 0
Media 72,880
Vulnerabilidad social ante inundaciones: una mirada en red 91
Como se aprecia en la tabla 5, el escaso interés político por la gestión del
riesgo de inundación (id 28-d4) es el nodo con la mayor centralidad, tanto de
esta dimensión de vulnerabilidad social como de la red global. Esta fuerza se
encuentra próxima a otros nodos de alta centralidad, como la escasa concien-
cia del riesgo de inundación de la población local (id 30-d1), que representa
su principal causa, o la falta de coordinación entre el desarrollo urbano y la
planificación hidrológica (id 24-d3), que constituye una de sus consecuencias
más importantes. En otras palabras, la escasa conciencia del riesgo de inunda-
ción favorece la pasividad de la ciudadanía ante los procesos de aumento de
la vulnerabilidad social y la exposición, provocando que los agentes políticos
no conciban la gestión de este riesgo como un activo con rentabilidad política.
Figura 5. Mapa causal de la dimensión gestión del riesgo.
Por último, cabe destacar otros nodos como el insuficiente desarrollo de
los planes locales de actuación (id 47-d4), la escasa cultura de las amenazas
naturales en el ámbito de los seguros privados (id 29-d4) o el dominio excesi-
vo de las medidas estructurales (id 26-d4), que contrasta con el bajo desarrollo
de medidas no estructurales orientadas al fortalecimiento de la respuesta so-
cial de la población (id 48-d4). Las medidas mayoritariamente implementadas
se enmarcan en el paradigma de gestión tecnocrática del riesgo (id 73-d4), el
cual está sustentado en el principio del optimismo tecnológico y la creencia en
92 Pablo Aznar-Crespo, Antonio Aledo y Guadalupe Ortiz
el dominio de las fuerzas de la naturaleza (id 72-d4). Este paradigma provoca
la anulación de la visión integral del ciclo de vida de los desastres (id 44-d4),
de lo que se deriva la aplicación de medidas de respuesta reactiva ante las
emergencias (id 80-d4) y un escaso desarrollo de acciones de gestión preven-
tiva (id 33-d4). Esta falta de cultura preventiva constituye una de las causas de
la notable ausencia de planes locales de gestión frente a riesgo de inundación
(id 47-d4), la cual acaba provocando deficiencias técnicas y financieras para
materializar el diseño e implementación de medidas de actuación (id 38-d4).
5. Conclusiones
A partir del AR ha sido posible identificar, clasificar y jerarquizar los dife-
rentes elementos e interrelaciones que componen y dan forma a los procesos
generativos de vulnerabilidad social ante riesgo de inundación en la región de
estudio. A través de este análisis hemos identificado cuatro grandes fuerzas
generativas, que pueden interpretarse a modo de áreas críticas o hotspots de
vulnerabilidad social. Por un lado, hemos comprobado la relevancia que tiene
sobre el conjunto de la red la escasa conciencia del riesgo de inundación. Esta
fuerza de vulnerabilidad social refleja la escasa integración de los riesgos y
desastres ambientales en el imaginario colectivo de la sociedad en su conjun-
to. Como resultado, la población no dispone de conocimientos sólidos sobre la
ocurrencia de desastres por inundación, no maneja de forma proactiva las pau-
tas de autoprotección y no ejerce la suficiente presión sobre las autoridades
encargadas de la gestión del riesgo. Esta idea conecta con una segunda fuerza
de vulnerabilidad social, relacionada con el escaso interés político por la ges-
tión del riesgo. Como resultado de su invisibilidad social, el desarrollo de una
gestión sostenible y efectiva del riesgo no ha constituido una demanda social,
de forma que tampoco ha formado parte de las prioridades de las agendas
públicas en los últimos años. Este escaso interés político se ha materializado
en el escaso desarrollo de planes locales de actuación, el infradesarrollo de
medidas no estructurales y la desactualización de los instrumentos de ordena-
ción del territorio. Teniendo en cuenta estas ideas, resulta lógico que la tercera
fuerza de vulnerabilidad social tenga relación con las dinámicas de especu-
lación urbanística que tuvieron lugar en el litoral de la provincia de Alicante
durante el desarrollo y consolidación del turismo residencial. Estas dinámicas,
que no encontraron oposición por parte de los instrumentos y organismos de
regulación, han configurado un modelo de ocupación del territorio disperso
y no planificado. Esta ordenación del territorio ha supuesto un aumento de la
exposición al riesgo de inundación, motivada por la ocupación de zonas inun-
dables en torno a áreas periurbanas y la primera línea de costa. Este modelo de
ocupación del territorio, a su vez, ha favorecido la activación de procesos de
segregación entre la población local y los turistas residenciales. Estos últimos
Vulnerabilidad social ante inundaciones: una mirada en red 93
no se encuentran integrados en la sociedad local, no conocen adecuadamente
el territorio y, en ocasiones, experimentan una situación de aislamiento social
y espacial que repercute negativamente sobre sus opciones adaptativas ante
el riesgo. Estos procesos socioterritoriales se asocian con una cuarta fuerza
de vulnerabilidad social ante el riesgo de inundación, relacionada con la
configuración de un modelo de crecimiento económico basado en el boom
inmobiliario. Las economías locales se han abastecido del empleo vinculado
a los procesos de boom inmobiliario activados durante el desarrollo y con-
solidación del turismo residencial. Como resultado, el sector turístico carece
en la actualidad de un modelo de desarrollo económico, social y territorial
sostenible en el tiempo. Por el contrario, las economías locales experimentan
una alta volatilidad económica, que en los últimos años se ha materializado
en un empeoramiento estructural de las condiciones sociolaborales de las
poblaciones locales. Esta realidad socioeconómica configura las situaciones y
condiciones adaptativas que determinan las opciones de respuesta de la indus-
tria turísticas y la población local para hacer frente a los impactos económicos
a medio y largo plazo de los desastres por inundación. Sobre estas cuatro
fuerzas pivotan gran parte de los procesos generativos de los que emana la
vulnerabilidad social ante riesgo de inundación presentes en el tejido social y
territorial del litoral de la provincia de Alicante. Cabe señalar que estas cuatro
fuerzas, que presentan los mayores niveles de betweenness centrality de cada
dimensión de vulnerabilidad social, pueden ser interpretadas como presiones
dinámicas o causas intermedias por su elevada capacidad de intermediación
causal. El poder de intermediación de estas fuerzas es resultado de la posición
radial que ocupan dentro de los procesos generativos de vulnerabilidad social,
desde la que ejercen una función-puente entre múltiples causas profundas y
condiciones inseguras.
Por último, es conveniente realizar una breve reflexión sobre las oportuni-
dades que ofrece la aplicación del AR al estudio de los procesos generativos
de vulnerabilidad social para la gestión del riesgo de inundación. Este análisis,
al jerarquizar el poder de intermediación causal de los distintos componentes
de vulnerabilidad social, permite identificar fuerzas de alto poder generativo
especialmente relevantes para la gestión del riesgo. Tal y como hemos de-
mostrado a lo largo de este trabajo, las fuerzas de mayor poder generativo
suelen representar presiones dinámicas o causas intermedias. Desde el punto
de vista de la reducción de la vulnerabilidad social ante riesgo de inundación,
resulta más estratégico actuar sobre estas fuerzas que sobre las causas pro-
fundas o condiciones inseguras. Por un lado, las causas profundas presentan
un alto grado de abstracción y enraizamiento en los sistemas ideológicos y
normativos, de forma que su gestión por parte de los organismos locales y
regionales de gestión del riesgo de inundación suele incluir un escaso margen
94 Pablo Aznar-Crespo, Antonio Aledo y Guadalupe Ortiz
de maniobra. Por otro lado, las condiciones inseguras o estados de adapta-
ción específicos representan la expresión final de los procesos generativos
de vulnerabilidad social. Las actuaciones sobre estas condiciones no tienen
alcance sobre las causas que las sustentan, por lo que no suelen garantizar
su mitigación definitiva. De esta forma, las medidas de gestión del riesgo
de inundación pueden tener una mayor efectividad cuando se aplican sobre
presiones dinámicas, las cuales representan causas intermedias que conectan
causas profundas y condiciones inseguras. Esta función de intermediación
causal convierte a estos elementos en fuerzas de vulnerabilidad social de alto
poder generativo. Como consecuencia de la centralidad de estas fuerzas, la
aplicación de medidas dirigidas a su gestión puede resultar significativamente
más estratégica como resultado del efecto multiplicador sobre otros compo-
nentes de vulnerabilidad social. Si bien las actuaciones sobre estas fuerzas
pueden no generar efectos inmediatos, su efectividad a medio y largo plazo
las convierte en medidas de alto valor estratégico desde el punto de vista de
la reducción efectiva de la vulnerabilidad social ante riesgo de inundación.
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INVESTIGACIÓN RESPONSABLE PARA UN
IMPACTO SOCIAL REAL
Juliana Chaves-Chaparro
José Andrés Domínguez-Gómez
Dpto. Sociología y Trabajo Social, Universidad de Huelva, Huelva (España)
1. Introducción y objetivos
El programa de «Ciencia con y para la Sociedad» (SwafS en sus siglas en
inglés) del Séptimo Programa Marco de Investigación de la UE (2007-2013),
se considera el germen de la Investigación e Innovación Responsables (RRI
por sus siglas en inglés) ya que afrontaba urgentes desafíos de calado so-
cioambiental como la acción climática, el acceso a energías limpias o la
alimentación sostenible. El siguiente programa, Horizonte 2020 lanzado en
2014, ya incluía la RRI como la aproximación principal en las convocatorias
de SwafS pero también de forma transversal en todos los programas para dar
respuesta a las necesidades de conocimiento para afrontar los desafíos de la
sociedad europea.
En 2014, la Comisión Europea (CE) define la Investigación e Innovación
Responsable (RRI) en base a seis dimensiones (ética, educación científica,
igualdad de género, acceso abierto, gobernanza y participación pública) que se
aplican mediante cuatro principios o procedimientos: anticipación, reflexión,
inclusión y respuesta a los desafíos sociales (Stilgoe et al., 2013). Ya en 2015,
la definición oficial de RRI de la CE otorga más importancia a los principios
que a las dimensiones de la RRI, al asumir que la política científica habría de
anticipar y evaluar las implicaciones potenciales y las expectativas sociales
para promocionar el diseño de «una ciencia e innovación inclusivas y sosteni-
bles». El contexto político regional e internacional y sus nuevas necesidades
de gobernanza son también responsables de la evolución del marco concep-
tual de la RRI. Los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (NU, 2015) y el
Acuerdo de París equiparan las dimensiones económicas, sociales y ambienta-
les del Desarrollo Sostenible. Se establece un marco global para la promoción
104 Juliana Chaves-Chaparro y José Andrés Domínguez-Gómez
de economías justas que luchen contra la desigualdad, aumenten la justicia
en la distribución de riqueza y respondan a las necesidades de las sociedades
actuales en su complejidad, velocidad de cambio y urgencia ambiental.
Todos estos aspectos se recogen en la Recomendación de 2017 UNESCO
sobre la ciencia y los investigadores científicos (RSSR por sus siglas en in-
glés), ampliando y dando coherencia a las diversas conceptualizaciones de
la RRI y sentando las bases normativas a nivel global para la producción de
modelos de ciencia socialmente funcional que valoren y promocionen a los
investigadores científicos en base, no sólo a la producción de conocimientos
autorreferenciados, sino de soluciones reales a los desafíos sociales. Los 195
Estados Miembros de la UNESCO deben reportar cada cuatro años sobre los
avances en su implantación, abriendo una oportunidad única para un cambio
en la cultura y gobernanza de la ciencia que responda mejor a las expectativas
y requerimientos de los diferentes actores sociales. La Recomendación de la
UNESCO sobre la Ciencia Abierta ahonda en este aspecto clave y considera
«que las características de colaboración e inclusión de la ciencia abierta per-
miten que nuevos agentes sociales participen en los procesos científicos, en
particular mediante la ciencia ciudadana y participativa, para contribuir así a
la democratización del conocimiento, luchar contra la información errónea y
la desinformación, hacer frente a las desigualdades sistémicas existentes y las
concentraciones de riqueza, conocimiento y poder y orientar la labor científica
hacia la solución de problemas de importancia social» (2021, p. 3).
Esta demanda se planteaba ya, entre otras, en las teorías de la triple y
cuádruple hélice. La teoría de la triple hélice (Etzkowitz, H., & Leydesdorff,
L., 2000) plantea una relación virtuosa, capaz de generar e impulsar la inno-
vación, entre tres categorías de actores: academia, decisores políticos e indus-
tria. La academia es un actor relevante que ayuda a conducir e intercambiar
el conocimiento hacia el resto de las hélices. En este modelo, la Universidad
produce -además de artículos- licencias, patentes, empresas y otros elementos
que actúan como puentes tecnológicos con el resto (Miller y col., 2018). Sin
embargo, la efectividad de este modelo se ha visto cuestionada debido prin-
cipalmente a la nula o escasa consideración de la sociedad civil como actor
clave en los sistemas de producción y demanda de innovación. La teoría de
la cuádruple hélice intenta compensar estas deficiencias e incluir la considera-
ción del impacto social como criterio evaluativo de la eficacia y funcionalidad
del sistema (Carayannis & Campbell, 2009).
En esta línea, conceptos como la innovación abierta (Dahlander &
Gann, 2010) y, con más detalle y ambición, el modo 2 de producción de
conocimiento de Gibbons (Gibbons et al.,1994) justifican un cambio en el
modelo de producción científica y de innovación. La producción de base
disciplinaria, en contexto académico, evaluada por la revisión de pares (modo
Investigación responsable para un impacto social real 105
1 de Gibbons), debe ser urgentemente sustituida por un modo más complejo
y realista donde el enfoque es trans e interdisciplinario, aplicado, contextual
y evaluado por otros criterios que van más allá de la simplista y excluyente
evaluación por pares. El nuevo modo de producción de conocimiento reclama
criterios externos al propio (autorreferencial) sistema clásico de producción de
conocimiento. Ha de considerar criterios de funcionalidad socio-institucional
como el impacto social (ambiental en sentido amplio) y económico (modo 2).
Este es el marco de la RRI, considerada aquí bajo la hipótesis de su alto
potencial para la mejora del impacto social real de la ciencia. Se analizan un
total de doce proyectos financiados por la Comisión Europea cuyo objetivo
común era la promoción de la RRI en Europa. Se trata de obtener lecciones y
desafíos, que alimenten propuestas útiles para impulsar la funcionalidad social
de la innovación y el conocimiento científico. Este impulso reclama una eva-
luación de impactos acorde al nuevo paradigma de producción científica hacia
el que se avanza con el marco descrito. Así, el enfoque constructivista en
evaluación de impacto social (EIS) que proponen Aledo y Domínguez (2017)
se apoya en teorías sociológicas clásicas (Berger & Luckmann, 2016) y en
metodologías participativas y contextualizadas. Incluye además elementos de
carácter ético, que para el caso de la RRI asumirían la necesidad de que los
impactos de la ciencia se ajusten a las demandas y necesidades de los actores
sociales, cada uno de los cuales ocupa una posición particular y dinámica en
la compleja red de relaciones e intereses propia de la sociedad contemporánea.
2. Método
Los resultados que se presentan en este breve texto proceden del trabajo
realizado en el proyecto titulado «Grounding Responsible Research and Inno-
vation in Research Public Organizations» (GRRIP por sus siglas en inglés)1.
Con este proyecto se pretendía codiseñar y poner en práctica planes de RRI
en cinco Organizaciones Públicas de Investigación (RPOs por sus siglas en
inglés) de cinco países europeos del ámbito marino y marítimo. Una de las
tareas afrontadas fue el análisis del estado del arte sobre RRI en proyectos que
recibieron financiación europea en los programas Horizonte 2020 (SwafS)
e Interreg. Para ello se aplicaron dos técnicas de investigación, a saber, un
análisis documental y entrevistas semiestructuradas.
El análisis documental se realizó sobre un total de 12 proyectos europeos
(ver Anexo 1) que, al igual que GRRIP, pretendían promover la RRI en orga-
nismos públicos de investigación y universidades europeas. Fueron seleccio-
nados por cumplir al menos tres de los siguientes cinco criterios: 1) relevancia
1 Proyecto financiado por el Programa Horizonte 2020 de la Unión Europea bajo el acuerdo
Nº 820283. Informe completo disponible en https://www.grrip.eu
106 Juliana Chaves-Chaparro y José Andrés Domínguez-Gómez
de las prácticas de RRI; 2) inclusión de al menos un pilar de la RRI; 3) re-
levancia para los organismos de investigación, en particular en investigación
marina; 4) existencia y madurez de planes de acción para RRI y 5) existencia
de evidencias de evaluación de las acciones del proyecto. Entre estos, el cri-
terio 4 se consideró obligatorio, al objeto de asegurar una selección final con
un fuerte componente estratégico sobre la que extraer lecciones RRI basadas
en la experiencia. Sobre dichos 12 proyectos se aplicó sistemáticamente una
guía de recogida de información, que incluía: a) datos sobre gobernanza, tales
como estructuras institucionales, puestos, políticas, etc.; b) prácticas de RRI
(procesos, formación y sensibilización…); c) prácticas de participación públi-
ca. Esta guía de recopilación informativa se aplicó en todas las instituciones
que participaban en los proyectos seleccionados.
Las entrevistas semiestructuradas se realizaron a los coordinadores de
cuatro de estos 12 proyectos. La selección de los cuatro proyectos objeto
de entrevista se realizó según un análisis preliminar de los mismos en base
a dos criterios: 1) relevancia de la experiencia referida por el proyecto, sus
herramientas, documentación y lecciones aprendidas para los objetivos / ac-
ciones de GRRIP; 2) diversificación de perfiles de proyectos, para ampliar al
máximo enfoques y lecciones sobre RRI. Los cuatro proyectos seleccionados
y su justificación se presentan en la siguiente tabla.
Proyectos seleccionados para entrevista
Proyecto Justificación
RRI tools Pionero y de referencia en la definición, creación de contenidos,
sensibilización de la IRR por grupo de interés
RRI practices Hace un análisis de las barreras y desafíos de la implementación de
la RRI en centros de investigación y Organismos de financiación
por expertos reconocidos en 12 países europeos
JERRI Promovió el cambio estructural con prioridad en el compromiso
social en los dos mayores Centros europeos de Investigación y
desarrollo tecnológico – el Instituto Fraunhofer (Alemania) y la
Organización Holandesa para la investigación científica aplicada
(TNO)
SAGE Evaluó el contexto nacional (cultura/sistema CTI) y desarrolló
herramientas específicas para planes de acción y autoevaluación
para la integración de género en centros de investigación de cuatro
países europeos
Las cuatro entrevistas se desarrollaron sobre un guión (Anexo 2) que
refería los mismos temas que la ficha de recogida de información para el aná-
lisis documental, pero con la intención añadida de extenderse en el detalle de
Investigación responsable para un impacto social real 107
los aspectos más relevantes de la implementación práctica de la RRI en los
organismos de investigación.
3. Resultados
3.1. La RRI ‘de facto’ vs el carácter sistémico de la RRI
Uno de los resultados destacables del análisis es que entre los investigadores
europeos ya existe una preocupación real por mejorar y evaluar el impacto
social de su trabajo. Estos investigadores llevan a cabo –a nivel individual y
sin coordinación manifiesta ni visibilidad en la mayoría de los casos– acciones
de integración de RRI en su práctica diaria. Es lo que algunos autores han
denominado «RRI de facto» (Randles et al., 2016, p. 32). Las acciones que de-
sarrollan intentan incorporar aspectos éticos, de acceso abierto, de integración
social y de género, de comunicación y educación científica en sus prácticas
de I+D. Sin embargo, en la mayoría de los casos carecen de apoyo, reconoci-
miento formal, herramientas o formación adecuadas. Se trata de dificultades
que sortean con gran esfuerzo, tiempo y recursos propios, fuerte motivación
y compromiso ético con la sociedad y sus valores/expectativas. Se detecta,
así, un personal que es agente potencial de cambio, que conviene identificar y
apoyar en primera instancia, haciéndoles partícipes de los comités que puedan
constituirse para liderar el proceso de co-diseño, ejecución y evaluación de los
planes de acción de RRI institucionales.
Sin embargo, aún existiendo la RRI de facto, es complicado establecer
sistemáticas de incorporación de la RRI a la práctica investigadora. Esto
es debido a que la RRI, definida por sus seis aspectos clave (ética, género,
educación científica, participación pública, gobernanza y acceso abierto), se
percibe como fragmentada, poco atractiva y difícil de entender/diseminar en
ciertos sectores y grupos de actores. Por ejemplo, la industria no compren-
de el acceso abierto a la información, ya que compite por ella, y muchos
investigadores esquivan los elementos RRI por la sobrecarga laboral que
les supone.
La definición de la RRI según sus elementos constitutivos no es nada popular,
atractiva o fácil de vender porque es percibida negativamente (…) ya que im-
plica una evaluación negativa de identificar qué aspectos de los 5/6 faltan por
cumplir, no valorando el cambio positivo que ya se hace. Además, representa
una carga de trabajo extra para los investigadores y otro personal laboral
que no tienen en muchos casos apoyo o tiempo/recursos para implementarla
(Coordinador proyecto RRI tools, Fundación La Caixa)
Los seis elementos que componen la RRI no son una lista para elegir a
la carta y fragmentar trabajando independientemente según departamentos
108 Juliana Chaves-Chaparro y José Andrés Domínguez-Gómez
implicados, sino que requieren líneas de trabajo paralelas y sinérgicas para
conseguir un impacto e interacción social efectivo de la labor investigadora.
Al principio del proyecto encontrábamos frustrante la idea de fragmentar
acciones en base a los cinco aspectos de la RRI, ya que era como separar un
todo en cinco partes. Sin embargo, conforme avanzaba el proyecto, esta sepa-
ración fue instrumental para promover un cambio visible en todos los aspec-
tos de la RRI. Una vez que se definieron las acciones y su evaluación en base
a los cinco elementos, fue posible integrarlos y buscar sinergias entre ellos.
(Coordinador proyecto JERRI, Instituto Fraunhofer)
Desafortunadamente, nuestro análisis documental no ha mostrado eviden-
cias de herramientas, evaluaciones, planes o estructuras de carácter integrado,
sistémico. Sí se han identificado algunas herramientas teóricas –como las
realizadas por el proyecto RRI tools2– que pueden ser útiles para una integra-
ción más holística del modelo de RRI en instituciones de investigación. Dicha
integración precisaría de una mejor gobernanza y coordinación interna en los
organismos de investigación, al necesitar el trabajo conjunto e integrado de
varios departamentos, estructuras y roles organizacionales e interdisciplinares,
que no es evidente en ciertas culturas y estructuras de trabajo.
3.2. Relativismo, flexibilidad conceptual y cultura científica
Las barreras impuestas al desarrollo operativo de la RRI no terminan en las
citadas. A menudo se encuentran dimensiones que no se contemplan en la
conceptualización oficial (CE) de la RRI y que son importantes para la ma-
yoría de los investigadores participantes en los proyectos analizados. Según
el proyecto HEIRRI, la definición de responsabilidad, referida a la I+D, pue-
de tener otros muchos significados más allá de los cinco/seis señalados por
la CE: aspectos como el impacto de la ciencia y la innovación en términos
de justicia e igualdad social, sostenibilidad y protección ambiental, paz…;
también la responsabilidad legal/ética sobre el mal uso o riesgos de las aplica-
ciones de la I+D ( p. ej., inteligencia artificial), forman parte de las múltiples
conceptualizaciones de lo que se entiende por «responsabilidad». Por tanto, la
RRI debería redefinirse como un concepto relativo y flexible, dinámico en el
tiempo, adaptable a cada sector/disciplina o grupo social/cultural –incluyendo
a las minorías y comunidades más vulnerables.
En la misma línea, otra fuente de dificultades para la RRI tiene que ver
con la concepción tradicional de «excelencia científica» de los investigadores
europeos que participa de forma generalizada de una idea de ciencia legítima,
2 RRI tool toolkit disponible en línea: www.rri-tools.eu
Investigación responsable para un impacto social real 109
clásica, positivista, autónoma y autorreferencial, cuyas normas y métodos
están por encima de los requerimientos contextuales, participativos. La
excelencia académica sigue estando, para el grueso de los investigadores
europeos vinculados a los proyectos analizados, en la comunión representada
por el modo 1 de Gibbons.
…« una parte significativa de las medidas y valores expuestos que oponen
resistencia a la RRI, están íntimamente relacionados con la definición de
excelencia académica que se perfiló en las reformas del sistema de ciencia
europeo en los 80´s y 90´s, inspirados por el paradigma de nueva gestión
pública» (Coordinadora del proyecto RRI practice, Østfoldforskning).
Este concepto caduco de excelencia científica desconsidera, o cuando
menos minusvalora, el impacto social del conocimiento y la innovación. Es
especialmente habitual entre los investigadores públicos más senior y se ha
revelado en este estudio como una barrera difícil de superar en los procesos
institucionales de integración de la RRI. Para impulsar un cambio cultural
en la ciencia que la acerque a la idea de responsabilidad social, el análisis
documental y las entrevistas realizadas reclaman acciones de sensibilización,
formación (en EIS entre otros), incentivación (fondos) y renovación de los
sistemas de promoción de los investigadores científicos. Los mismos deberían
basarse no sólo en la producción de conocimiento de calidad, legitimado por
el sistema de pares, sino también en su forma de producción, relevancia social
y satisfacción de las expectativas y necesidades de los actores sociales que
reclaman dicho conocimiento (modo 2 de Gibbons).
3.3. Impulsores y barreras para la RRI en las estructuras de gobernanza y
financiación de la ciencia
Las diferentes políticas nacionales de Ciencia y Tecnología, sus marcos nor-
mativos y los aspectos culturales interfieren -más o menos positivamente- en
la ejecución de la RRI .
… las principales barreras identificadas en el proyecto son principalmente, la
falta de recursos financieros y, en segundo lugar, falta de tiempo, personal,
formación, incentivos, estrategia, políticas y regulaciones y estructuras for-
males de RRI. La fragmentación organizacional también se menciona como
una barrera significativa, en parte debida a la formulación del concepto de
RRI como un concepto paraguas. Como tal, su formulación y ejecución tien-
den a incluir varios departamentos como la oficina de género y diversidad, los
comités de ética y los de comunicación. En general, según nuestro estudio,
parece que las prácticas sólo cambiarán con medidas estructurales fuertes y
suficientes. Análogamente, las prácticas no cambiarán si los campeones de la
110 Juliana Chaves-Chaparro y José Andrés Domínguez-Gómez
RRI en la institución no pueden contar con espacios de intercambio y fuerzas
estructurales que soporten sus ideas… (Coord. RRI practice)
Los proyectos analizados subrayan la incidencia de los aspectos políticos,
las condiciones nacionales e institucionales, en la incorporación de la RRI en
Europa. En especial en lo referente a incentivos económicos para promover la
cultura de la RRI, ampliar el concepto de excelencia incorporando indicadores
de impacto social y en crear capacidades y cultura de RRI a través de forma-
ción y fondos específicos, como podrían ser convocatorias de investigación
con sociedad civil o convocatorias para inclusión de mujeres en procesos de
I+D.
Entre los instrumentos de política eficaces, RRI practice enfatiza los que
promueven el cambio del régimen de incentivos para promover una cultura
organizacional de RRI, ampliando el concepto de excelencia e impacto,
creando capacidades con formación, apoyando y financiando la RRI como
un proceso creativo y adaptativo. La financiación interna (a nivel del propio
centro de investigación) y externa (fondos de financiación competitiva de
la investigación responsable), tienen una gran repercusión en la adopción
de la RRI.
En este cambio del sistema de incentivos, el proyecto RRI tools muestra
cómo las agencias de financiación de I+D pueden estimular la RRI con el
caso de Vinnova en su programa de «Innovación para Desafíos Sociales».
Este programa incluye «criterios de género como prerrequisito para acceder a
convocatorias del Fondo Nacional Irlandés o la CE, (demostrando) el impacto
de las agencias de financiación al apoyar la RRI» (coordinadora del proyecto
SAGE). Sin embargo, en las decisiones sobre financiación e incentivos a me-
nudo aparecen iniciativas contradictorias: se definen criterios RRI de acceso
a las convocatorias, o en la evaluación, pero se mantienen en el concepto
imperante de ‘excelencia’ investigadora.
Siguiendo con los aspectos vinculados a la financiación, también se detec-
tan frenos a la RRI en lo referido a los plazos de apoyo y en el formato de la
financiación. Así, la financiación directa de la RRI en el actual programa de
financiación de la I+D Horizonte Europa brilla por su ausencia. El periodo de
financiación de estas iniciativas (3/4 años máximo) también dificulta la soste-
nibilidad de las acciones RRI, que reclaman esfuerzos y apoyo a largo plazo.
Este cortoplacismo afecta especialmente a los aspectos ligados a la participa-
ción pública, que es el núcleo de la RRI. En el proyecto MARIE, conscientes
del poder de la financiación pública para promover el cambio de paradigma a
nivel institucional, se realizaron ocho planes de acción para agencias de finan-
ciación de I+D que quieran promover la RRI con convocatorias y seminarios
de formación para los agentes regionales de innovación.
Investigación responsable para un impacto social real 111
En el ámbito más puramente político-normativo, algunos proyectos han
enfatizado estas estrategias a través de recomendaciones de políticas estructu-
rales para apoyar el acceso abierto a publicaciones científicas y el uso de redes
europeas en este asunto. Es el caso de HEIRRI, y del proyecto MARIE, que
desarrolló un sistema de doce indicadores para autoevaluación de madurez de
RRI para regiones europeas; así como un catálogo de diez instrumentos de
política concretos para fomentar la RRI en las ocho regiones del proyecto.
Además de este énfasis estratégico, los proyectos también descienden al
nivel de Organismos de Investigación públicos, en sus departamentos o fun-
ciones para integrar una forma de hacer ciencia socialmente funcional. Las
estrategias institucionales tienen que implantarse a través de planes de acción
concretos y adaptados al contexto, objetivo y cultura de trabajo de cada orga-
nización. Deben contar con presupuesto y roles definidos para acompañar el
cambio institucional y cultural que precisa la RRI. La creación de estructu-
ras multidepartamentales que incluyan expertos seniors y agentes de cambio
(champions) dentro de la institución es clave para liderar la implantación de
la RRI transversalmente e inspirar a otros colegas para unirse al cambio. El
proyecto Nucleus ha desarrollado una hoja de ruta específica promover el
cambio cultural en universidades.
Para ciertos aspectos de la RRI, la generación de herramientas específicas
se torna una necesidad, comprobándose su repercusión positiva y funcionali-
dad. Esto es fundamental, entre otros, para abordar las cuestiones de género,
ética, acceso abierto (o ciencia abierta en su concepción más amplia) y, sobre
todo, participación pública. En estos aspectos se necesitan instrumentos de
gobernanza muy específicos y adaptados al nivel de madurez de cada ins-
titución. Así, los proyectos Printeger o Starbios 2 desarrollaron códigos de
conducta, en este último caso un código específico para biociencias. En SAGE
o Gender Time se definieron planes de género, y estrategias de compromiso
social como el sello «Universidades aptas para familias» de Alemania. Aun-
que a veces la apuesta va hacia la creación de novedosas estructuras fijas (p.ej.
Observatorio de género en Starbios2), en la mayoría de los organismos/pro-
yectos analizados, las estructuras flexibles se adaptan mejor a las necesidades
cambiantes de la sociedad y del sistema de CTI. Son los casos, por ejemplo,
de los grupos de trabajo de acceso abierto del TNO, o también la oficina del
ciudadano en el Fraunhofer- ambos dentro del proyecto JERRI. En todo caso,
en la gobernanza institucional las nuevas estructuras o funciones deben estar
ocupadas por expertos contratados a tiempo completo que implanten efecti-
vamente los planes institucionales de I+D y respondan a las necesidades de
sensibilización y formación concretas de sus trabajadores en campos tales
como el de los métodos y técnicas de Evaluación de Impacto Social (EIS).
112 Juliana Chaves-Chaparro y José Andrés Domínguez-Gómez
3.4. Buenas prácticas y lecciones aprendidas
Otro de los resultados claramente manifiestos en nuestro análisis es la existen-
cia de buenas, pero no «mejores» prácticas. Es decir, la necesidad de contex-
tualización de soluciones RRI aparece reflejada en que todas las acciones no
sirven para cualquier centro o institución: tienen que adaptarse al contexto po-
lítico (nacional, europeo), a las expectativas sociales locales/regionales (que
están en constante cambio) y a las características propias del centro (cultura
de trabajo, organización interna, red de socios, comunicación, etc.).
La clave contextual no es incompatible con ciertas regularidades obser-
vadas, que pudieran ser de aplicación de un modo más generalizado. Es el
caso del énfasis en el cambio de cultura organizacional, top-down (desde la
directiva hacia el resto de posiciones) y bottom-up (desde el propio personal
investigador hacia arriba, en todos sus estamentos o posiciones). Este cambio
cultural enfatizaría la necesidad de aumentar el impacto social de la ciencia
y su contribución al desarrollo sostenible (y los ODS en particular), incorpo-
rando expectativas y valores sociales, más diversidad (mujeres y minorías en
especial) y herramientas para una sociedad más empoderada e igualitaria a
través de la educación y el acceso abierto al conocimiento. Por todo esto, las
ciencias sociales y humanas adquieren un papel clave en la creación y adap-
tación de técnicas de consulta, reflexión, anticipación, participación y evalua-
ción de expectativas, valores e impacto social (incluido el negativo) de la RRI.
En los proyectos analizados la publicación de los casos que funcionaron
mal es minoritaria, aunque extremadamente importantes para el progreso de la
RRI. RRI Practice relaciona esta ‘transparencia selectiva’ con la clásica men-
talidad o expectativa de ‘éxito total’ en los proyectos y en sus evaluadores.
También se explica como la elusión de un ‘atentado a la reputación científica’
por cuanto que, en el marco cultural clásico-positivista, la buena ciencia ten-
dría acceso a la verdad absoluta cuando se aplican métodos y prácticas ade-
cuadamente. Es decir, casos diseñados adecuadamente resultarían en buenas
experiencias en cualquier contexto; por lo tanto, experiencias poco exitosas
implicarían mal diseño. De este modo, los mismos proyectos de impulso de
RRI están impregnados de cultura tradicional de producción de conocimiento.
Más regularidades observadas, en el mismo marco conceptual de la cultu-
ra organizacional, indicarían que las cuestiones relacionadas con ética, género
y diversidad precisan un trabajo a largo plazo inspirado por líderes internos y
externos que permita discutir en un ambiente seguro sobre los sesgos incons-
cientes, ideas preconcebidas y prácticas «normalizadas» o «toleradas» por el
sistema. En estos dos aspectos en concreto, los casos analizados mostraron la
necesidad de funciones organizacionales y roles de expertos que organicen re-
gularmente, cafés, grupos de discusión y debate, cuestionarios, formaciones y
otras actividades participativas incrementar la sensibilización y conocimiento
Investigación responsable para un impacto social real 113
de estos temas. Se trata de un nuevo formato de liderazgo institucional, más
plano, participativo, flexible y multi-referencial (que se alimenta de éxitos,
fracasos, opiniones y expectativas de personal, por debajo y por encima de
su posición jerárquica). Un nuevo formato de liderazgo en coherencia con los
cambios corporativos en el ámbito de la gobernanza participativa que es de
esperar en el ámbito estratégico-político comentado más arriba.
Existen muchos sesgos inconscientes, el más común es la idea de que las
mujeres no son buenas en ciencia. En cada actividad mostramos números
e indicadores para que pase el mensaje de que, en realidad, la inclusión de
mujeres incrementa la excelencia de la ciencia. Además, es muy importante
que los grupos de trabajo de género incluyan hombres y en concreto, líderes
e investigadores reputados. Coord. SAGE.
Un claro ejemplo de la citada necesidad de trabajar para la profundidad
dimensional es el modo en que la ‘integración de género’ se incluye en los
proyectos objeto de este trabajo. Esta idea se reduce a la paridad de género
en nueve de los doce proyectos analizados. Tan sólo tres de ellos muestran
mayor ambición y adecuación conceptual: JERRI y los proyectos dedicados
específicamente a género –SAGE y Gender Time. Según el proyecto JERRI,
para inspirar y atraer más personal al cambio, es importante crear grupos de
trabajo mixtos de diferentes departamentos y jerarquía, experiencia, perfil
científico bajo el liderazgo de un investigador reconocido que motive la crea-
ción conjunta de planes de acción de RRI. La participación en estos grupos
debe ser reconocida y premiada por la dirección del centro y el tiempo dedica-
do a las actividades oficialmente reconocido como «tiempo de investigación».
SAGE en su «Lista de autoevaluación» incluye cuatro categorías para integrar
el género en organismos de investigación a saber: a) gobernanza (planes,
presupuestos, actividades de sensibilización/formación, auditorias, etc.); b)
generación de conocimiento específico (cursos de género en universidad,
centro de investigación de género, datos desagregados, promoción del género
en el CV, integración de género en proyectos, etc.); c) progresión de carrera
(tutorías, liderazgo, etc.) y d) conciliación laboral (maternidad, paternidad,
carrera, sabáticos, horario flexible, teletrabajo, guarderías, etc.).
3.5. La participación, núcleo central de la RRI
La participación pública se considera el nodo central de la RRI. La cuestión de
base es la desconexión de los centros públicos de investigación, especialmente
Universidades, con la sociedad. Esta desconexión es percibida en los 12 pro-
yectos como uno de sus desafíos principales. Esto es la principal motivación
para embarcarse en proyectos que integren este modelo en sus organizaciones
114 Juliana Chaves-Chaparro y José Andrés Domínguez-Gómez
y encontramos interesantes experiencias de buenas prácticas al respecto. Por
ejemplo, en JERRI el instituto Fraunhofer desarrolló un proceso participativo
con miembros de las cuatro hélices que derivó en varias ideas para la participa-
ción pública a largo plazo: 1) La oficina del ciudadano: una serie de reuniones
de ciudadanos para decidir qué temas deben ser parte de la agenda del instituto.
2) Debates públicos con diferentes actores de academia y sociedad civil sobre
temas de alto interés social, como por ejemplo inteligencia artificial, biocien-
cias, etc. 3) El botón UMSICHT: una solución de software para apoyar la par-
ticipación ciudadana en áreas de investigación ambiental de forma continuada.
En las estrategias basadas en la participación social, el escollo principal
es la cultura organizacional autorreferencial, sus relaciones de poder y la le-
gitimidad y reconocimiento que le otorga el propio personal investigador. Es
necesario cambiar este status-quo para incluir otras fuentes de conocimiento
(local, tradicional, indígena…, por ejemplo) y otros grupos sociales en la
coproducción científica y su uso final. Según HEIRRI, «la cultura de trabajo
en las universidades es especialmente burocrática, rígida y fragmentada en
estructuras y disciplinas, y especialmente adversa a los cambios de fondo que
requiere la implantación del modelo de RRI». Este proyecto trata de incluir
de un modo activo y sostenible, diferentes grupos sociales (academia, indus-
tria, sociedad civil y estado) y minorías (mujeres, discapacitados, LGTBI,
Inmigrantes, población rural, etc.) en las diferentes fases de la investigación:
desde la definición de la agenda, la reflexión y anticipación de riesgos o el
intercambio de conocimientos, hasta el acceso, la transferencia y utilización
del mismo para soluciones eficaces a problemas reales de todos los grupos
sociales. Otros ejemplos los encontramos en la plataforma en línea del pro-
yecto RRI tools, que contiene mucha información de cómo organizar semi-
narios internos y externos para el diálogo social, o también en la ‘Guía para
sistemas de promoción e incentivos para organismos de investigación de RRI
Practice, que recoge incentivos y promociones concretas para los investiga-
dores con participación social en sus proyectos. Las evaluaciones externas
pueden también dar guía y visibilidad a este proceso, como en el caso de la
etiqueta «Universidad apta para familias» establecida en Alemania. Además,
RRI practice recogió en el informe de los seminarios nacionales organizados
en 12 países europeos que señalaba que:
Una de las primeras barreras para la participación pública es la falta de apoyo
de las instituciones nacionales. Por ejemplo, las regulaciones nacionales y los
procesos de evaluación raramente tienen la participación pública en cuenta, y
lo mismo ocurre con los sistemas de financiación aunque las convocatorias na-
cionales de financiación imitan a las europeas e incluyen explícitamente este
elemento. En realidad, las instituciones científicas nacionales dan poco apoyo
para crear condiciones que permitan desarrollar la participación pública.
Investigación responsable para un impacto social real 115
Aunque el momento es el adecuado, los organismos de investigación (inclu-
yen universidades) están encontrando dificultades en redefinir su relación con
la sociedad, –especialmente en la manera de abrirse a la a la participación
pública con apoyo de recursos humanos y formación especializados, sistema
de monitoreo e indicadores, política institucional clara.
La sensibilización es clave para que los centros reconozcan que la participa-
ción pública, lejos de ser una parte subordinada y minoritaria de su trabajo,
es una oportunidad crucial para mejorar su capacidad de innovar y competir
en un mundo académico cada vez más complejo y competitivo (Coord. RRI
practice).
4. Conclusiones y propuestas
La primera conclusión es que se necesitan políticas e instrumentos políticos
efectivos –a nivel regional (EU), nacional e institucional– para implantar mo-
delos que mejoren el impacto social y ambiental de la ciencia, políticas que
ya están amparadas internacionalmente por la Recomendación de la UNESCO
de 2017 sobre la ciencia y los investigadores científicos. La buena gobernanza
requiere instrumentos de política explícitos (p.ej. estatuto de la investigador y
privilegios de movilidad internacional para intercambio científico) e implíci-
tos (p.ej. políticas de inmigración, visados, aduanas) que deben ser revisados.
El acceso a la información científica ya recogido en el artículo 27 de la Decla-
ración Universal de los Derechos Humanos, se amplia en esta recomendación
y la posterior Recomendación sobre la Ciencia Abierta (UNESCO, 2021).
Las cuestiones éticas sobre los posibles perjuicios del acceso desigual o uso
de ciertas tecnologías con alto impacto social, han sido objeto de recomenda-
ción específica o marcos regulatorios como la Recomendación de UNESCO
de 2021 sobre la ética de la inteligencia artificial. Los 195 países miembros
de UNESCO tienen que reportar los progresos de la implantación de estos
tres instrumentos normativos cada cuatro años y el sistema de indicadores
(cualitativos sobre todo, pero también cuantitativos) así como los seminarios
multi-actores organizados en cada país, van a dar la oportunidad para que
los agentes de las cuatro hélices y la academia en particular, discutan sobre
qué incentivos y apoyos políticos necesitan para hacer la transición desde el
modelo de ciencia actual.
La medición y evaluación de impactos sociales aparecen en este contexto
como una herramienta clave de apoyo para el reporte fehaciente, realista y
válido de los cambios que generen los citados progresos. La moderna evalua-
ción de impacto social (EIS) habría de entenderse en un formato de paradigma
constructivista (Aledo y Domínguez, 2017). Debería ser una evaluación que
asumiera la naturaleza contextual de la producción científica, o lo que es lo
mismo, entender e incluir las necesidades de conocimiento y/o innovación que
116 Juliana Chaves-Chaparro y José Andrés Domínguez-Gómez
tiene cada territorio, en la complejidad socio-ecosistémica que le es propia.
Por tanto, no habría de asumir teorías o modelos apriorísticos, ni formatos
metodológicos estándares aplicables a cualquier situación, sino que otorgaría
el papel central a un modo post-normal de generación de conocimiento (Fun-
towic y Ravetz, 1994), con los actores sociales y sus perspectivas subjetivas
como referencia y como fuente de datos clave en la evaluación de impacto.
Los procesos participativos contribuirían al ajuste y la máxima eficiencia de
los programas, en una dialéctica actores - decisores que contribuiría a en-
tender mejor, e idealmente a reducir, las desigualdades en las posiciones de
poder a nivel local y regional. Estas desigualdades a menudo se argumentan
como el obstáculo más importante para la democratización de los impactos
positivos de las políticas científicas (por ejemplo, la elitización de los sistemas
de becas de investigación). Así, la gobernanza de la EIS habría de alinearse
con el sentido clásico de ‘buena gobernanza’, deliberativa, abierta, bottom-up,
negociada (Armstrong, 2002).
La adaptación de los sistemas regulatorios y de gobernanza de la ciencia
(top-down) para la adopción del nuevo modelo de producción científica debe
ser compatible con el movimiento bottom-up, comenzando con la promo-
ción de la responsabilidad social en los propios organismos de investigación
públicos (incluyendo universidades). En coherencia con los fundamentos
de la RRI, los organismos de investigación precisan de estrategias hechas
a medida y adaptadas a la capacidad, condiciones y entorno de cada una.
Los complejos desafíos actuales y la crisis ambiental, llaman a ser lo más
ambiciosos y rápidos posibles en la transición, haciendo compatibles la re-
gulación y ordenación estructural de la política científica europea en torno a
directrices RRI (de arriba abajo) con las estrategias e iniciativas específicas
a nivel OPI.
Al más específico de los niveles de análisis, este trabajo ha puesto de
manifiesto la importancia de la propia voluntad y motivación del personal
investigador en su quehacer cotidiano, en un contexto habitualmente hostil
que no suele apoyar estructuralmente dicha motivación. Ampliando el foco,
se trataría de que los organismos públicos de investigación desarrollaran
sus propias estrategias de responsabilidad social organizacional, comenzan-
do por el actor más importante: su propio personal de investigación y de
administración. El actual sistema de becas, contratos temporales en base a
proyectos, precariedad y la fuga de cerebros, dificulta la implicación con el
centro y la visión a medio/largo plazo necesarias para diseñar y poner en
práctica la RRI. Este modelo, basado en la participación pública y el inter-
cambio sobre las expectativas y valores sociales, necesita de interlocutores
(investigadores y personal de apoyo) con carreras estables, motivados, in-
centivados y formados para el diálogo social y la inclusión de la diversidad
Investigación responsable para un impacto social real 117
social y de otros sistemas de conocimiento (local, tradicional, indígena…)
en su práctica investigadora.
Así, el Estatuto del Investigador y la Evaluación de la investigación/
investigador están llamados a ser una palanca de cambio muy importante,
ya recomendada por la UNESCO en 1974. Se trata del punto de partida que
posibilita cualquier práctica en RRI sobre el terreno. El sistema de méritos
y promoción debe contemplar y premiar consecuentemente, los esfuerzos
de este personal investigador, que llamaremos transformadores o agentes
del cambio de paradigma hacia una ciencia más inclusiva y, por tanto, más
responsable. En suma, de alto impacto social. Asimismo, la inclusión social
recuperará la reputación y confianza pública de la figura del investigador
–de las que carece en muchas regiones, como se puso de manifiesto en la
crisis sanitaria creada por la COVID-19– y podrá atraer jóvenes hacia la
carrera investigadora. La RSSR 2017 aboga por un sistema de retribución
digna, estabilidad laboral y prospectiva, reconocimiento público, seguridad
social, movilidad y acceso igualitario a la colaboración internacional que
no son sólo condiciones para los investigadores individuales sino requisitos
para que los sistemas de CTI respondan a las necesidades sociales y a los
objetivos de desarrollo internacionales.
En este nivel más concreto, se ha señalado que los diferentes aspectos de
la RRI a menudo se entienden como fragmentadores. El antídoto para ello
reside en la transversalidad de las teorías (conceptos) y prácticas RRI en la
estructura organizativa de las instituciones públicas de investigación, a fin de
que se entiendan en su verdadero alcance. Así, por ejemplo, las cuestiones
de ética de la ciencia, no sólo deben incluir aspectos de la integridad en la
práctica de la I+D como la fabricación, falsificación o plagio, auto/plagio,
autorías, conflictos de interés, etc. sino todas las relacionadas con «la verdad,
rigor, objetividad, independencia, imparcialidad, neutralidad, cooperación y
honestidad, transparencia y justicia, compromiso y responsabilidad social-
dentro de la integridad científica» (Universidad de Barcelona, 2016). Más
aún, la ética de la ciencia debe responder a las necesidades sociales y sus
principios: sostenibilidad ambiental, aplicaciones pacíficas, igualdad en acce-
so a la información y a «las oportunidades de beneficiarse de la ciencia y sus
aplicaciones y ser protegidos de su mal uso» (art. 27, Declaración Universal
de los Derechos Humanos).
En la misma línea, en el diseño de políticas, programas y proyectos
sobre fundamentación RRI no debería aspirar a la integración aislada o in-
dependiente de los diferentes aspectos de la RRI, como por ejemplo sucede
a menudo con la dimensión género. Debería aspirar a ampliar la integración
de la diversidad social en su más amplio sentido: jóvenes, mayores, comu-
nidad LGTBI, discapacitados, inmigrantes, grupos marginales, mundo rural,
118 Juliana Chaves-Chaparro y José Andrés Domínguez-Gómez
etc. Desde el mismo encuadre, para cumplir la premisa de «no dejar a nadie
atrás» y el derecho fundamental a la ciencia y sus beneficios (como ejemplo
reciente, las vacunas para la COVID-19), la cooperación internacional debe
ser fomentada entre el Norte y el Sur globales, y especialmente dentro de la
zona Sur. Debe regirse por estándares éticos y relaciones justas. Esto per-
mitirá el intercambio de capacidades científicas y entre disciplinas/actores
necesarios para poner en práctica las múltiples conceptualizaciones de lo
que cada nación/región entiende por «desarrollo sostenible» en el marco
global de los ODS. Se trata, en definitiva, de asegurar que las necesidades
de conocimiento de todo el espectro de actores y grupos sociales se incluyan
en las agendas de I+D, y que el modo en que se interprete la excelencia de
la investigación y su impacto social aumente de nivel y de complejidad en
su perspectiva.
La educación científica y más ampliamente, la transferencia de cono-
cimiento científico es otra de las dimensiones que, en el marco de la RRI,
se convierte en un elemento esencial para impulsar el impacto social de
la ciencia. Se necesitan más instrumentos y servicios para transferir los
conocimientos donde se requieren y para aplicarlos a problemas reales de
la comunidad. La educación científica, la ciencia ciudadana, laboratorios
de innovación social, museos y bibliotecas requieren de fondos y perso-
nal especializado. Asimismo, hay maneras de fomentar la co-creación y
transferencia con el sector privado. Los investigadores que innovan y crean
empresas de base tecnológica están castigados en muchos países e institu-
ciones europeas, en muchas universidades españolas sin ir más lejos. Por
el contrario, se deben proponer instrumentos efectivos, como por ejemplo
horarios flexibles de trabajo, start-ups, fondos y subvenciones para pilotajes,
acuerdos con sectores industriales para crear soluciones sostenibles a los
enormes desafíos socio-ambientales actuales.
De este modo, la transferencia de conocimiento no debe restringirse
a la educación como define la RRI. La educación científica institucionali-
zada, en formato de ‘curriculum manifiesto’, incluso en instituciones con
larga trayectoria como el Fraunhofer, no siempre es efectiva en términos de
promoción de cambio en las conductas; o no en la medida de lo que cabría
esperarse. El pensamiento crítico y la interdisciplinariedad también son
importantes para la sociedad y especialmente para la juventud; y la ciencia
tiene mucho que aportar al respecto.
Por último, y entre las conclusiones más importantes, es de subrayar
la centralidad de la participación social. Se trata del aspecto clave para el
avance hacia una ciencia con más impacto, y está relacionada con el resto
de elementos de la RRI (ética, género, educación científica, acceso abierto y
gobernanza). Es claro que debe ir más allá de la mera participación puntual
Investigación responsable para un impacto social real 119
de la ciudadanía en proyectos de I+D y aspirar al compromiso social y la
información de las políticas públicas; aunque por otra parte, se comprueba
con demasiada frecuencia las dificultades de encontrar compromiso o inte-
rés suficiente en los actores sociales durante los procesos participativos. Si
conseguimos realmente que la sociedad, y los ciudadanos a título individual,
se involucren de lleno en la producción y uso del conocimiento científico,
estaremos en el camino hacia el máximo impacto social. Para ello, hay que
colaborar muy estrechamente con los diferentes actores sociales, y crear re-
laciones justas, de confianza y a largo plazo que permitan la inclusión social
efectiva en todas las fases del proceso: desde la planificación de las agendas
de I+D+i, pasando por la coproducción de conocimiento hasta su adopción/
uso y evaluación abierta, detectando riesgos y puntos de conflicto/perjuicio
social. De esta forma, además de buscar el impacto social estaremos con-
virtiendo a los ciudadanos en garantes del sistema de CTI y promoviendo
las relaciones justas, igualitarias y éticas entre todos los actores sociales.
Es decir, la cuarta hélice sería la encargada directa de asegurar y vigilar el
cumplimiento de sus propias expectativas y necesidades de conocimiento
asegurando una correcta alineación en la interfaz ciencia-política-sociedad,
tan necesaria en la complejidad del mundo actual.
Reconocimientos
Los resultados aquí mostrados son fruto del proyecto GRRIP, financiado por
el Programa Horizonte 2020 de la Comisión Europea, subvención n. 820283.
Se manifiesta el agradecimiento expreso a los coordinadores de los pro-
yectos entrevistados por la autora para este estudio: JERRI, RRI tools, RRI
practice y SAGE.
120 Juliana Chaves-Chaparro y José Andrés Domínguez-Gómez
Anexo 1
Nombre Descripción Revisor
1 Gender time Identifica y implanta modelos para aumentar la DMU
participación y progreso en la carrera de mujeres
en instituciones con planes de acción de igualdad
2 HEIRRI Estado del arte y base de datos sobre proyectos ICORSA
financiados por la CE de buenas prácticas y lec-
ciones aprendidas y debates entre actores
3 JERRI Procesos de transición a la RRI en las dos mayo- CNR
res Organizaciones de Investigación y Tecnología
Europeas
4 MARIE Interreg para intercambio de 8 regiones que usan CNR
RRI para sectores prioritarios en «smart» specia-
lization
5 Nucleus Desarrolla aproximaciones a la RRI en el ámbito ICORSA
de la gobernanza y cultura de la organizaciones de
investigación europeas para reflejar y responder a
las necesidades sociales
6 Printeger Promueve una cultura de investigación en que la EUR
integridad sea parte de la excelencia en ciencia
7 RECODE Discute los desafíos del acceso abierto y la di- DMU
seminación/preservación de datos y producir re-
comendaciones de gobernanza basadas en buenas
prácticas
8 RRI practice Expertos de RRI internacionales reflexionando so- DMU
bre las barreras e incentivos para la implantación
de la RRI a nivel europeo y global.
9 RRI tools Repositorio de prácticas de RRI (proyectos, herra- UNESCO
mientas, programas y organizaciones) de más de
400 actores y una comunidad de práctica de más
de 1000 usuarios
10 SAGE Herramientas para el desarrollo de planes de igual- DMU
dad de género en universidades
11 STAGES 5 organizaciones de investigación/universidades CNR
implantan planes de acción de RRI
12 StarBios 2 Planes de acción para integrar la RRI en seis or- CNR
ganismos europeos y 3 extracomunitarios en el
sector de las bio-ciencias
Proyectos seleccionados para el análisis documental
Investigación responsable para un impacto social real 121
Anexo 2: Guión de la entrevista semiestructurada
Nombre, fechas Proyecto, institución, persona de contacto, fecha
1. ¿Cuál cree que son los principales éxitos del proyecto y cómo se con-
siguieron en términos de:
a) Gobernanza y estructuras/ puestos creados
b) Procesos operacionales para la integración de la RRI en la labor
investigadora
c) Sensibilización, comunicación, formación/tutoría sobre aspectos
como i.a. la co-definición de agendas de I+D+i, co-producción
científica, ciencia ciudadana, co-evaluación de propuestas de finan-
ciación, ética, género, etc.?
Monitoreo y evaluación
2. ¿Cuáles fueran las principales barreras encontradas? ¿Qué importancia
le daría a cada una de 1-5? ¿Cómo las sobrepasaron?
3. ¿Cómo evolucionó el concepto de RRI durante la ejecución del pro-
yecto?
b) En función a las 5 claves
c) En función de los aspectos (anticipación/reflexión; transparencia
y apertura; diversidad e inclusión; ¿y reactividad y adaptación al
cambio)?
d) ¿En otros aspectos como la sostenibilidad ambiental? ¿Otros?
4. ¿Cómo consiguieron incluir a los actores de las 4 hélices y la sociedad
civil en particular? ¿Ayudó el proyecto a mejorar o dar buenas ideas
sobre como aumentar la participación social en su institución?
5. ¿Cuáles considera que son las lecciones aprendidas (positivas y nega-
tivas) más importantes?
6. ¿Algún consejo específico para los organismos de investigación de
GRRIP? ¿Alguna documentación relevante para compartir?
Referencias
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PROPUESTA DE DISEÑO DE UN ÍNDICE DE
VULNERABILIDAD TERRITORIAL PARA LA
VALORACIÓN DEL IMPACTO DE ACTIVIDADES
EXTRACTIVAS EN COLOMBIA
Luz Dinora Vera Acevedo1, Carlos Fernando Morales Sánchez2,
Jaime Edison Rojas Mora3
1
Universidad Nacional de Colombia, Medellín, Colombia
2
Universidad de La Salle, Bogotá, Colombia
3
Universidad de La Salle, Bogotá, Colombia
1. Introducción
Las poblaciones en condiciones especiales corresponden a aquellas personas
para las cuales la vulnerabilidad es más cercana a la idea de «debilidad» o la
«incapacidad para defenderse» (Calvo y Dercon 2005; p. 3). Estos grupos de
individuos, si bien se enfrentan a la vulnerabilidad relacionada con el riesgo,
también tienen características intrínsecas que van más allá de su relación con
el riesgo mismo.
En un contexto mundial ávido de materias primas, Colombia se ha posi-
cionado como proveedor de hidrocarburos, carbón, metales y materiales de
construcción (Restrepo, 2019). Para este país las industrias extractivas repre-
sentan cerca del 60% de sus ingresos por exportaciones (Gallardo-Sánchez y
Vallejo-Zamudio, 2019), lo cual ha consolidado un modelo extractivista que,
más allá de lo económico, tiene profundas implicaciones sociales, políticas y
ambientales en los territorios en los que estas industrias tienen lugar (Cardoso,
2015; Ye et al., 2020). Según Svampa y Viale (2017), el extractivismo ha im-
plicado una «reprimarización» de la estructura económica, mayor desigualdad
y conflictividad social en los países en desarrollo. Por lo anterior, los países
en desarrollo requieren de modelos más integrales de valoración del impacto
para las actividades extractivas, de forma que se posibilite identificar de forma
más incluyente, integral y profunda los efectos sobre la vulnerabilidad para
los territorios y las comunidades.
126 Luz Dinora Vera Acevedo, Carlos Fernando Morales Sánchez y Jaime Edison Rojas Mora
En Colombia, como en Latinoamérica y algunos países de Africa, la acti-
vidad extractiva, específicamente la minería, se percibe como un símbolo de
progreso, así como el motor de la economía. En efecto, en el Plan Nacional
de Desarrollo Minero con horizonte a 2025 (UPME, 2017) se plantea que,
mediante la práctica extractiva, industrializada y responsable, se impulse el
desarrollo y crecimiento colombiano. De igual manera, las políticas y regula-
ciones en este país se han establecido para promover y legitimar la actividad
extractiva en los territorios.
Adicionalmente, muchos de los impactos sociales y ambientales derivados
de estas actividades están subestimados y su dimensión real no se visibiliza
completamente. A esto se le suma la flexibilidad jurídica, la laxitud en los
procesos de control y veeduría; también, las empresas extractivas reciben
beneficios tributarios muy atractivos (Saade, 2013). Precisamente, la econo-
mía colombiana está entre las cinco más importantes de Latinoamérica y este
posicionamiento se debe, entre otros aspectos, al crecimiento en la última dé-
cada del sector extractivo nacional en minerales como carbón (72,8 millones
de toneladas en 2015), ferroníquel (promedio anual de 45.000 toneladas entre
2010 y 2015), metales preciosos (oro, plata y platino; 59 toneladas de metales
preciosos en 2015) y materiales de construcción (caliza para la producción de
cemento y cal)1.
La Ley 685 (Código de Minas) prácticamente coloca al Estado colombia-
no como un observador en cuanto a la actividad minera, mientras que incenti-
va la inversión privada, lo cual se ratifica en los Planes de Desarrollo Minero
desde el año 2002 hasta la actualidad (Insuasty-Rodríguez et al., 2013). Por
lo tanto, la presencia de montajes mineros en los territorios puede exacerbar
situaciones de vulnerabilidad y de riesgos (pauperización, confinamiento en
el territorio, desplazamiento para satisfacción de necesidades básicas…) o
generar nuevos conflictos de pérdida de vigencia de derechos constitucionales
e imposibilidades para que las poblaciones puedan disfrutar de una vida digna
(Salamanca, 2013).
Según Bara (2010: 4), «la vulnerabilidad generalmente denota una suscep-
tibilidad al daño (...). Se refiere a las características de una persona o grupo
en términos de su capacidad para prever, hacer frente, resistir y recuperarse
de los efectos de un peligro natural». Como vemos, esta definición sugiere
la asociación de la vulnerabilidad a una situación social adversa mediante la
cual se enfrenta un peligro.
En teoría, los proyectos mineros deben tener un proceso al momento de
su cierre o en período de inactividad, pero esto en muchos casos no sucede y
no se mitigan o reparan los daños ambientales, dejando zonas contaminadas
1 https://unperiodico.unal.edu.co/pages/blog/detail/caracteristicas-de-la-industria-extractiva-colombiana/
Propuesta de diseño de un índice de vulnerabilidad territorial para la valoración... 127
y riesgos de salud para la población (Arango-Aramburo, 2012). Esto sucede
no solo por debilidad normativa, sino por falta de compromiso ético, social y
ambiental de los mismos explotadores de las minas (CEPAL, 2014).
Considerando la importancia y posicionamiento del sector en el país, así
como los impactos ambientales, sociales y económicos, es prioritario contar
con indicadores que permitan identificar el nivel de vulnerabilidad de los
territorios cuando se practican este tipo de industrias (activas o inactivas). En
síntesis, existe laxitud en los procesos de control y veeduría, así como flexi-
bilidad jurídica, apertura de las instituciones hacia el jalonamiento del sector
extractivo y un vacío importante en el conocimiento sobre la vulnerabilidad
de los territorios frente a los daños y pasivos socio-ambientales. Por esta ra-
zón, este estudio, cobra relevancia y constituye un avance hacia la generación
de conocimiento en este campo.
Este trabajo se compone de cinco partes; en primer lugar, se indica el
estado del arte; luego, se presenta el apartado de marco conceptual y teórico;
tercero, se ilustra el marco metodológico; cuarto, se exponen los resultados
donde se describe el índice de vulnerabilidad consolidado; y finalmente, se
trata el análisis de resultados y conclusiones.
1.1. Revisión de literatura
Tanto en el trabajo de campo como en el plano teórico, en los últimos años se
ha consolidado un consenso respecto a la necesidad de desarrollar enfoques
más integrales de la evaluación de impacto que reconozcan la naturaleza sis-
témica de los efectos en los territorios. Todas estas aproximaciones parten de
reconocer que los factores ambientales, sociales y económicos se encuentran
interrelacionados y, por lo tanto, co-evolucionan (Dendena y Corsi, 2015).
Una preocupación radica en que lo que estos enfoques ganen en alcance, lo
pierdan en enfoque. De ahí que una de las dificultades señaladas en la literatu-
ra (Loomins y Dziedzic, 2018) radique en alcanzar métodos de evaluación que
reconozcan el carácter sistémico del impacto, pero que a la vez sean operables
de acuerdo con las dificultades de acceso y procesamiento de la información.
Otra dificultad radica en identificar correctamente la ponderación de las va-
riables y factores que se consideran en la evaluación. En particular, existe el
riesgo de que se subvaloren los factores sociales y ambientales frente a los
económicos (Esteves et al., 2017).
Asimismo, hay un creciente cuestionamiento al racionalismo de los méto-
dos tradicionales (Loomins y Dziedzic, 2018; Hasan et al., 2018). Estos pue-
den dar la impresión de una falsa objetividad, pues no se tienen en cuenta los
intereses, sesgos y valores de los hacedores de políticas y de los diseñadores
de los instrumentos de valoración (Roos et al., 2020). Esta preocupación ha
puesto sobre la mesa la necesidad de considerar enfoques participativos para
128 Luz Dinora Vera Acevedo, Carlos Fernando Morales Sánchez y Jaime Edison Rojas Mora
la evaluación de impacto que incluyan los factores sociales. Sin embargo,
aun si se hacen procesos participativos, aparecen preocupaciones respecto a
la posible sobre y subrepresentación de determinados grupos de interés (Sin-
covich, et al., 2018). Otra preocupación es que los procesos de participación
sean de carácter superficial para legitimar determinadas decisiones en vez de
contribuir a mejores mediciones de impacto (Vanclay y Hanna, 2019).
Dos temas que han despertado interés investigativo son los de la gestión
del riesgo y la vulnerabilidad social (Climent-Gil et al., 2018; Mendes et al.,
2019). Con frecuencia, la medición de la vulnerabilidad se ha usado como una
herramienta para la gestión del riesgo de proyectos por parte de gobiernos y
empresas privadas (Dendena y Corsi, 2015). Esteves et al. (2017) proponen un
cambio de enfoque en el que la gestión del riesgo se oriente a las comunida-
des y territorios en donde tiene lugar el impacto. En particular, estos autores
proponen que los derechos humanos se consideren de forma más explícita en
las evaluaciones ambientales y sociales de impacto.
El énfasis en las comunidades y territorios también ha implicado un mayor
interés en la vulnerabilidad como objeto de análisis. Por ejemplo, Climent-Gil
et al. (2018) hacen una propuesta metodológica para incorporar la vulnerabili-
dad estructural y adquirida en el análisis de los impactos sociales. Por su par-
te, Aksha et al. (2019) adaptan en Nepal el Social Vulnerability Index SoVI de
Cutter (2003), originalmente desarrollado para Estados Unidos, incorporando
categorías distintivas de la demografía y etnicidad del país, tales como casta,
idioma o el uso de materiales de tradicionales de construcción.
1.2. Constructos e indicadores de vulnerabilidad
Al ser la vulnerabilidad un fenómeno complejo que depende de múltiples
factores, se hace necesario operacionalizar su estudio con herramientas que
faciliten su medición al tiempo que reconozcan su dimensión sistémica (Hiete
y Merz, 2009). Existe una tradición en la literatura de formular indicadores
para comparar la vulnerabilidad entre diferentes regiones, territorios o comu-
nidades (Nguyen et al., 2016; Mancini y Sala, 2018). Es por esta razón que
se hace necesario el empleo de variables que representen los atributos de un
sistema (Gallopin, 1997). Estas variables pueden construirse como indicado-
res que permitan cerrar la brecha entre constructos teóricos y la necesidad
de tener instrumentos para la toma de decisiones. Sin embargo, se reconoce
que los indicadores, en concordancia con Maclaren (1996), apenas dan una
indicación de la problemática de estudio, así que su practicidad interpretativa
viene a costa de simplificar fenómenos complejos.
Para la especificación del modelo teórico, Maclaren (1996) propone un
enfoque para la creación de indicadores compuestos de sostenibilidad ur-
Propuesta de diseño de un índice de vulnerabilidad territorial para la valoración... 129
bana, los cuales deben cumplir cuatro características: primero, deben ser
integrativos en el sentido en que deben ser capaz de articular las dimensiones
económicas, sociales y ambientales de la comunidad; segundo, deben ser
prospectivos para considerar procesos dinámicos que incluso pueden analizar
procesos intergeneracionales; tercero, deben ser diferenciales, es decir, deben
permitir evidenciar diferencias en la distribución de condiciones económicas,
sociales y ambientales, permitiendo por ejemplo evidenciar vulnerabilidades
por factores tales como género, edad, etnia y discapacidad; cuarto, deben ser
incluyentes en su construcción de forma que se eviten perspectivas unidimen-
sionales en la definición de las variables incluidas y su ponderación.
El proceso para crear índices compuestos de varios indicadores ha sido
materia de investigación por parte de varios autores interesados en la me-
dición del impacto y la vulnerabilidad (Maclaren, 1996; Birkmann, 2007;
Hiete y Merz, 2009; Mazziotta y Pareto, 2013; Nguyen et al., 2016). Este
proceso incluye etapas similares al análisis de decisión multi-criterio (Aledo
y Domínguez, 2018) las cuales son sintetizadas por Hiete y Merz (2009) en
7 fases que constituyen un marco de trabajo para la creación de indicadores
de vulnerabilidad:
1. Desarrollo de un marco teórico del indicador. Implica la identifica-
ción de actores relevantes (stakeholders), de constructos para evaluar
las categorías y subcategorías en las que se pueden clasificar y de las
relaciones causales teóricas que se dan entre temas. Según Aledo y
Domínguez (2019), en el caso de un indicador de vulnerabilidad es
necesario establecer los criterios de vulnerabilidad, el nivel de afecta-
ción que percibe cada actor relevante (exposición a las consecuencias
derivada del proyecto) y el nivel de influencia de cada stakeholder en
la planificación, desarrollo e implementación del proyecto (capacidad
para evitar o afrontar los impactos).
2. Selección de indicadores y sub-indicadores. Se procede a la selección
de la batería de indicadores a emplear. Para esto, es necesario que estos
cumplan atributos que garanticen su calidad. En particular, deben ser
medibles, comprensibles, reproducibles, comparables, rentables, perti-
nentes y sensitivos (ONU/ISDR, 2008; JRC-Comisión Europea, 2008).
Estos criterios también ayudan a escoger indicadores en caso de que
haya más de una alternativa.
3. Recolección de datos de los indicadores seleccionados. En esta eta-
pa, a partir de criterios de precisión, confiabilidad y accesibilidad, se
reúnen los datos correspondientes a los indicadores. Es posible que
algunos indicadores no tengan estas propiedades, razón por la cual se
buscan indicadores alternativos.
130 Luz Dinora Vera Acevedo, Carlos Fernando Morales Sánchez y Jaime Edison Rojas Mora
4. Estandarización. Dado que cada indicador puede estar representado
por diferentes tipos de datos o unidades de medida, es necesario reali-
zar un proceso de estandarización que permita la integración de dife-
rentes datos en un mismo modelo.
5. Ponderación y agregación. En esta etapa la ponderación implica una
decisión que usualmente genera polémica. Si bien la ponderación di-
ferencial de las variables evita problemas de sobre y sub-estimación
de variables, hay circunstancias en las que no es recomendable asig-
nar ponderaciones diferentes a cada indicador, como es el caso de los
modelos impropios (Gigerenzer y Gaissmaier, 2011). En otros casos se
justifica el uso de métodos cuantitativos tales como el Analytic Hierar-
chy Process (AHP), TOPSIS (Technique for Order Preference by Simi-
larity to Ideal Solution) o Structural Equation Models (SEM). También
es frecuente la construcción de ponderaciones a partir del trabajo con
expertos y especialistas en las áreas de interés (Aledo y Domínguez,
2019). Además, considerando la importancia de la representatividad
de las comunidades en la evaluación de factores de vulnerabilidad,
también es factible efectuar métodos participativos de ponderación
mediante talleres y grupos focales, entre otros. La agregación es usual-
mente lineal, es decir, la suma de los indicadores multiplicados por su
ponderador.
6. Análisis de sensibilidad. Esta etapa implica el análisis del impacto di-
ferencial de una o varias variables. Esta técnica facilita la calibración y
validación del índice. También ayuda a simular escenarios univariados
o multivariados.
7. Visualización. La creación de representaciones visuales e interactivas
ayuda a interpretar y comunicar los resultados obtenidos por el índice.
En la medida en que ayudan a la socialización de los resultados con-
tribuyen a la apropiación social del conocimiento.
De acuerdo con las pautas de este procedimiento, es posible aplicar este
método, solo sí los criterios son mutuamente independientes de las preferen-
cias, lo significa que las puntuaciones asignadas a todas las opciones para un
criterio no se ven afectadas por las puntuaciones asignadas para otros criterios
(Hiete y Merz, 2009).
En la tabla 1 se muestran las dimensiones y las correspondientes defini-
ciones de las dimensiones de la vulnerabilidad global (Orozco-Martínez y
Rodríguez-Gámez, 2020).
Propuesta de diseño de un índice de vulnerabilidad territorial para la valoración... 131
Tabla 1. Definición dimensiones de vulnerabilidad global
Dimensión Definición
Se refiere a la localización de la población en áreas de riesgo y a las
Física deficiencias de resistencia de los elementos expuestos para absorber los
efectos que representa la amenaza (Cardona, 2001; Foschiatti, 2007).
Incapacidad de acceder o poner en práctica técnicas adecuadas para evi-
Técnica
tar los posibles impactos negativos, tanto sociales como ambientales.
Económica Ausencia de recursos económicos de los miembros de una comunidad.
Baja cohesión interna, ausencia de liderazgo comunitario afectivo para
Social prevenir o responder a desastres. También se expresa por falta de recur-
sos humanos y materiales en el sector de la salud.
Nivel de autonomía de una comunidad para la toma de decisiones que la
Política afectan, así como su capacidad de gestión y de negociación ante gobier-
nos y empresas.
Ideológico- Acciones desplegadas por la comunidad ante una amenaza que estimulen
cultural sus fortalezas y capacidades para la prevención de accidentes mineros.
Falta de preparación y de acceso al conocimiento sobre las causas y las
Educativa
razones por las cuales se presentan los desastres.
La explotación minera inadecuada conduce al deterioro ambiental (por
Ambiental ejemplo, contaminación del agua, del suelo, del aire, deforestación y
afectación del hábitat de animales silvestres).
Se refiere a burocracia, politización y corrupción en el Estado y los ser-
Institucional vicios públicos, que impiden respuestas adecuadas y ágiles en caso de
desastre.
Fuente: Orozco-Martínez y Rodríguez-Gámez (2020).
1.3. Vulnerabilidad y actividades extractivas en Colombia
La actividad extractiva es una fuente de amenazas que involucra diferentes
problemas que generan impactos socioeconómicos y ambientales sobre las
poblaciones y los territorios. Por ejemplo, se han detectado derrames de sus-
tancias, botaderos de desechos, desprendimientos de rocas y derrumbes, emi-
siones, hundimientos, incendios y explosiones, entre otros. Estos problemas
ocasionan a su vez accidentes, pérdidas y lesiones de vidas humanas, daños
a la propiedad dentro de las instalaciones o fuera de ellas y trastornos socia-
les, económicos y ambientales. En consecuencia, la magnitud de las posibles
pérdidas o impactos perjudiciales serán producto de la interacción entre tales
amenazas y las condiciones de vulnerabilidad (Wilches-Chaux, 1993).
En Colombia, a partir de las políticas de los gobiernos pasados se ha
impulsado un proceso extractivo acelerado de los recursos naturales como el
132 Luz Dinora Vera Acevedo, Carlos Fernando Morales Sánchez y Jaime Edison Rojas Mora
crudo, gas, carbón, oro, hierro y cobre, entre otros minerales. En efecto, en las
dos décadas anteriores, específicamente desde el año 1990 hasta el 2001 fue-
ron entregados en el país 1.889 títulos mineros, mientras que entre el 2002 y el
2009, la cifra se incrementó a 7.869 concesiones correspondientes a 4.839.149
hectáreas y 20.000 solicitudes en trámite. En mayo de 2009 se encontraban
solicitadas casi 40 millones de hectáreas (casi 35 % del territorio nacional),
lo que da cuenta de un importante crecimiento del interés por las actividades
mineras y extractivas en Colombia (Valencia-Peña y Silva-Chica, 2019).
Asimismo, en los últimos años se ha generado una alta extracción de
diferentes minerales. De acuerdo con los datos de la Agencia Nacional de hi-
drocarburos (ANH), se explotaron 898 KBPD de crudo en 2019, cifra mayor
al comportamiento registrado en 2018, cuando se ubicó en 881 KBPD, y en
2017, año en el que se logró un promedio de 870 KBPD. La producción de gas
también presentó un comportamiento positivo. Las cifras de la ANH señalan
que, en 2018, se generaron 841 GBTUD1, y 911 en 2019. Las cifras de la
Agencia Nacional de Minería (ANM) señalan que la producción en el 2019
rondó los 82,2 Millones de Toneladas (MT) de Carbón, lo que significa cerca
de 2 millones menos al inventario nacional en comparación con el 2018. El
Sistema de Información Minero Colombiano (SIMCO) reportó que la produc-
ción total en 2019 rondó los 36.675 Kg, un avance respecto al 2018 cuando
el registro oficial alcanzó los 35.619 Kg. La explotación de hierro subió su
producción a 575 mil toneladas en 2018 a 665 mil toneladas en el 2019; el
cobre aumentó significativamente su tendencia de 9.123 toneladas a 9.894 en
el mismo período (Foro Nacional por Colombia,2021).
En concreto, estas actividades extractivas generan condiciones de riesgo
y afectación que se evidencian de manera directa en los territorios (de por sí
vulnerables por la pobreza y problemas de violencia y diversas afectaciones a
los ecosistemas estratégicos), tales como el Chocó biogeográfico, la Amazo-
nía nororiental y otras regiones de Antioquia, Cauca y Bolívar, entre otras, cu-
yos impactos se asocian al sector minero (Sentencia T 445 de agosto de 2016).
Aunque, la biodiversidad del territorio colombiano en general ha sido
fuente de bienes y servicios para la subsistencia de los pueblos asentados en
los territorios, en la actualidad la minería ocupa un lugar importante en las
economías locales. Específicamente, este fenómeno es característico de la
región del Chocó, tal como lo señala Leal (2009). En efecto, a pesar de los
enormes impactos de la minería sobre la diversidad de especies, esta actividad
se realiza en más del 90 % de los municipios del Chocó. Específicamente, esta
actividad se concentra en la subregión del San Juan, cuyos municipios regis-
tran los valores más altos de vulnerabilidad por presentar un alto número de
especies de distribución restringida y en peligro de extinción (Valois-Cuesta
y Martínez-Ruiz, 2016).
Propuesta de diseño de un índice de vulnerabilidad territorial para la valoración... 133
De acuerdo con los resultados de la investigación de la Sentencia T 445
de agosto de 2016 (2019), es importante considerar que en el territorio co-
lombiano se realiza la minería en zonas o lugares estratégicos de biodiver-
sidad. De acuerdo con la Base de datos Agencia Nacional Minera (2017),
existen aproximadamente 118 mil hectáreas tituladas en Páramos, 26 mil en
Reserva Forestal Protectora y 25 mil en áreas protegidas (Parques Nacionales
Naturales)2.
Particularmente, se encontró que las afectaciones de la minería en la flora
se expresan a partir de una pérdida potencial de especies (vulnerabilidad flo-
rística potencial) frente a la minería auro-platinífera que se lleva a cabo con
maquinaria pesada en el Chocó, lo cual varía significativamente entre muni-
cipios y subregiones. A nivel municipal, Condoto (9,43%), Istmina (7,75%),
Nóvita (7,74%), Quibdó (7,64%) y San José del Palmar (6,56%) fueron los
municipios con mayor vulnerabilidad. A nivel subregional, San Juan presentó
el mayor porcentaje de vulnerabilidad, seguido en orden descendente por
Litoral del Pacífico, Medio Atrato, Bajo Atrato y Alto Atrato (Valois-Cuesta
y Martínez-Ruiz, 2016).
Por lo tanto, a pesar de que la región del Chocó es considerada una de
las 25 áreas priorizadas a nivel global (hotspot) para la conservación de la
biodiversidad (Myers et al. 2000, Primack et al. 2001), esta zona se configura
como una de las regiones con mayor extracción de minerales, y por ende de
afectación a la biodiversidad. Así mismo, en otras zonas (a 18 de marzo de
2019) existen 25 títulos mineros otorgados que se superponen en un área de
25.334,71 hectáreas en 12 áreas del SPNN (Sentencia T 445 de agosto de
2016).
También es importante considerar que los daños a los ecosistemas ge-
nerados por la explotación ilegal de recursos se deben en gran medida a la
incorrecta utilización de elementos químicos que terminan mezclados en el
agua, y se produce un deterioro del suelo y grandes áreas deforestadas por
la minería (Barbosa, 2015). Pese a los esfuerzos por formalizar la minería en
Colombia, la actividad extractiva ilícita ocupa más del 60 % de las 41 zonas
hidrográficas del País y el 28% de las Áreas Protegidas con la extracción de
minerales como el Coltán, Oro, Carbón y Esmeraldas.
En concreto, los departamentos con mayor actividad ilícita son: Antio-
quia, Nariño, Cauca, Bolívar y Chocó. En la Amazonia Nororiental (Departa-
mentos de Amazonas, Vaupés y Guainía) también se desarrollan actividades
ilegales, inicialmente asociadas al oro, y hasta hace poco relacionadas con la
2 Según el Decreto 2811, 1974, Artículo 332 las actividades extractivas están prohibidas en
áreas conformantes del SPNN (áreas como Parque Nacional, Reserva Natural, Área Natural
Única, Santuario de Flora, Santuario de Fauna y Vía Parque).
134 Luz Dinora Vera Acevedo, Carlos Fernando Morales Sánchez y Jaime Edison Rojas Mora
explotación del coltán. También se identifican afectaciones en zonas de ma-
nejo especial (Parques Nacionales Naturales, Resguardos Indígenas y Reserva
Forestal de ley 2 de 1959) y zonas fronterizas. Las principales afectaciones
que ocasiona esta actividad son: (1) a la salud y a la vida de los pueblos in-
dígenas; (2) al patrimonio natural y cultural de la Nación; (3) a ecosistemas
estratégicos, como los ríos amazónicos, son cuencas compartidas con Brasil,
Perú y Venezuela; (4) a la Integridad cultural, manejo tradicional y gobernabi-
lidad local del territorio de los pueblos indígenas; y (5) al establecimiento de
estrategias de sostenibilidad financiera para la conservación y uso sostenible
del territorio (Sentencia T 445 de agosto de 2016 (2019).
También es importante considerar la vulnerabilidad derivada de los im-
pactos generados por las actividades mineras abandonadas. Las explotacio-
nes mineras abandonadas generan múltiples efectos ambientales y sociales
negativos, frecuentemente difíciles de mitigar o controlar, y en ocasiones
irreversibles. Entre los efectos ambientales y sociales más registrados de las
minas abandonadas se encuentran: movimientos en masa; alteración a la ca-
lidad y disponibilidad de aguas, suelos y aire; afectación en la biodiversidad
y ecosistemas; afectación en la salud humana; afectación socioeconómica y
cultural (Madero, 2021).
De acuerdo con el estudio realizado por Minminas e INGEOMINAS
(1999-2000), se registraron en Colombia 482 minas abandonadas hasta esa
fecha y en los departamentos de Chocó, Risaralda, Córdoba, Quindío, Cauca
y Cundinamarca se concentraban la mayor proporción de minas abandonadas
para el año 2000 (IPBES, 2019a). Otros estudios más recientes muestran a la
fecha un inventario de 1.056 actividades mineras abandonadas para algunos
departamentos de Colombia (UIS y Minminas, 2014; UPME, 2017; UNAL,
Minminas, DNP y USAID, 2018, en Madero (2021).
Al contexto socioeconómico precario de las poblaciones establecidas
en estas regiones vulnerables se suman los impactos derivados de la ex-
plotación minera por el inadecuado manejo, la falta de control de dichas
actividades, el abandono de las actividades mineras y las afectaciones y
riesgos relacionados con la minería ilegal desarrollada en los diferentes
municipios de Colombia. Este fenómeno evidencia la necesidad de identi-
ficar de manera explícita, a partir de un índice de vulnerabilidad territorial,
la incidencia de la actividad extractiva en el grado de vulnerabilidad social
de dichos territorios.
2. Método
Con el propósito de diseñar un índice de vulnerabilidad a nivel territorial,
siguiendo a Briguglio (1995), este estudio pretende identificar los criterios
que, metodológicamente, pueden dar constitución a un índice de vulnerabi-
Propuesta de diseño de un índice de vulnerabilidad territorial para la valoración... 135
lidad, aludiendo simplicidad, de forma que se llegue a un índice confiable y
no complejo en su estimación. Para ello, el estudio se desarrollará mediante
tres fases:
1. Dimensiones e indicadores: considerando que el estudio pretende abor-
dar una visión integral para la medición de la vulnerabilidad, se han
definido tres dimensiones que impactan sobre el bienestar de los te-
rritorios: económica, social y ambiental. Por lo tanto, en un primer
momento, se identifican los indicadores claves en concordancia con
las tres áreas que se pretenden analizar.
2. En la segunda etapa, con el propósito de comprobar la relación plantea-
da entre las tres dimensiones de interés (económica, social y ambien-
tal) y el efecto de cada una sobre el nivel de vulnerabilidad, se procede
a diseñar un modelo, el cual se evalua mediante la técnica de los mode-
los de Ecuaciones Estructurales (SEM). Esta técnica permite verificar
las relaciones causales o no causales, entre un conjunto de variables
y ha sido recientemente usada en diferentes investigaciones sobre ín-
dices de diferentes tipos (García-Alcaraz, 2015). El modelo SEM, al
igual que la técnica de la regresión, permite examinar el efecto de una
o un conjunto de variables explicativas sobre una variable explicada
y estimar en qué medida los cambios en la última son causados por
las primeras. Este modelo se ajusta de manera de forma óptima a los
objetivos de la presente investigación debido a que permite involucrar
un conjunto de variables observables o medibles (indicadores), junto a
otras no medibles de manera directa (variables latentes) y que resultan
de relacionar las observables, descubriendo un conjunto de procesos
subyacentes que se generan entre estas, además de su flexibilidad para
proponer las relaciones entre las variables. Dicho esto, el planteamien-
to inicial de este modelo se presenta a continuación:
Figura 1. Diseño del modelo SEM para la medición de la vulnerabilidad.
136 Luz Dinora Vera Acevedo, Carlos Fernando Morales Sánchez y Jaime Edison Rojas Mora
Con este modelo SEM se espera poner a prueba las siguientes hipótesis:
H1: La actividad minera tiene efecto sobre las principales variables de
desempeño económico, social y ambiental.
H2: Existe convergencia en los indicadores propuestos a cada tipo de
efecto.
H3: Existe una relación positiva entre los efectos planteados y el nivel de
vulnerabilidad.
De esto se espera que tanto los indicadores como las dimensiones sean
significativas y que los coeficientes obtenidos permitan aproximarnos a las pon-
deraciones de cada indicador y de cada dimensión en la versión final del índice.
Finalmente, con los insumos obtenidos de la etapa anterior se propone la
construcción del índice de vulnerabilidad mediante una agregación lineal de
los indicadores y de las dimensiones de la siguiente forma:
Donde:
IVi : Es el índice de vulnerabilidad para la unidad territorial i
Iq,i : Es el indicador q de la unidad territorial i
Wq : Es la ponderación del indicador q
Iq,i : Es la ponderación atribuida a la dimensión d
Para agregar de forma lineal los indicadores dentro de cada dimensión, es
necesario normalizarlos, lo cual se desarrollará de la siguiente manera:
Donde:
Iq,i : Es el indicador q de la unidad territorial i
xq : Es el promedio del indicador q
xq,i : Es el valor del indicador q para la unidad territorial i
σq,i : Es la desviación estándar del indicador q
3. Resultados
La información recogida permite obtener un total de ocho indicadores en esta
primera versión; dos dentro de los efectos económicos, dos en los efectos
ambientales y cuatro en los sociales. La tabla 1, presenta las estadísticas des-
criptivas de estos indicadores para los departamentos de Colombia para el año
2018, siendo este, el año base para el cálculo de este índice.
Propuesta de diseño de un índice de vulnerabilidad territorial para la valoración... 137
Tabla 2. Estadísticas descriptivas de indicadores usados (2019)
Indicador n Promedio Desviación
PIB (Variación %) 33 2.94 1.66
Inflación (%) 33 3.49 0.64
Desempleo mujeres(%) 33 14.43 3.19
Desempleo hombres (%) 33 7.79 2.14
Pobreza (%) 33 26.11 16.87
Servicios (%) 33 7.22 14.02
Deforestación (%) 33 -0.38 0.35
Área de bosque (%) 33 36.39 29.05
Con el fin de comprobar que los indicadores usados tienen relación entre
sí, que convergen y que pueden agruparse en estas tres grandes dimensiones,
se estimó un modelo SEM. La estimación del modelo SEM, de acuerdo con
García-Alcaraz et al. (2015), permite verificar relaciones, causales o no, entre
un conjunto de variables de diferente naturaleza. Esta técnica, aunque similar
a la de la regresión lineal, permite involucrar variables no observables, en este
caso, las dimensiones económica, social, ambiental y, por supuesto, la vulne-
rabilidad. La figura 2 presenta el diseño del modelo, en línea con lo descrito
Figura 2. Relaciones propuestas en el Modelo SEM. Las variables en rectángulos
indican que son observadas y las variables en óvalos indican que son latentes o no
observadas. Las fechas indican la dirección de la relación contemplada en el modelo
y los círculos con el símbolo ε representa la varianza de cada una de las variables.
138 Luz Dinora Vera Acevedo, Carlos Fernando Morales Sánchez y Jaime Edison Rojas Mora
en la sección anterior. En esta vemos un conjunto de variables observadas,
iniciando por el grado de actividad minera y seguida por los indicadores ya
mencionados y tres variables latentes que corresponden a las dimensiones
(económicas, sociales y medioambientales) y su relación con la otra variable
latente: la vulnerabilidad.
Los coeficientes obtenidos, presentados en la tabla 3, permiten observar
dos importantes resultados para la construcción del índice. La primera es que
la actividad minera tiene una relación con los indicadores usados, en la direc-
ción esperada (así lo evidencian los signos) y segundo, las dimensiones y las
relaciones propuestas, convergen y, por lo tanto, podemos considerar como
válido el diseño del índice, comprobando con esto las hipótesis planteadas en
la sección anterior.
Tabla 3. Coeficientes obtenidos en el modelo SEM
Actividad minera
PIB 0.30 (0.61)
Inflación 0.217 (0.056)
Deforestación 0.120 (0.025)
Bosque -0.436 (0.000)
Desempleo mujeres -0.056 (0.00)
Desempleo Hombres -0.752 (0.048)
Pobreza 0.1590 (0.000)
Servicios 0.070 (0.076)
Vulnerabilidad
Efectos económicos -
Efectos sociales 0.3021 (0.3021)
Efectos ambientales 0.5203 (0.393)
Nota: Los errores se presentan en paréntesis.
Por último, luego de la normalización de los indicadores, comentada en
la sección anterior, se pudo obtener el índice de vulnerabilidad a nivel depar-
tamental. Los resultados detallados se encuentran en la tabla 4. Se puede ob-
servar que, en general los departamentos que tienen un alto nivel de actividad
minera también experimentan los más altos niveles del índice de vulnerabili-
dad. Si bien hay departamentos con baja presencia de actividad minera, estos
presentan altos niveles de vulnerabilidad, lo cual da a entender que una mayor
acción minera podría traer mayores impactos que en otros departamentos.
Propuesta de diseño de un índice de vulnerabilidad territorial para la valoración... 139
Tabla 4. Actividad minera e índice de vulnerabilidad por departamento
Actividad
Departamento vulnerabilidad
Minera (%)
Amazonas 0.00 1.06
Antioquia 0.02 0.44
Arauca 0.37 1.00
San Andrés, Providencia y Santa Catalina
0.00 0.78
(Archipiélago)
Atlántico 0.00 0.17
Bolívar 0.03 0.76
Boyacá 0.07 1.04
Caldas 0.01 0.94
Caquetá 0.00 0.58
Casanare 0.46 1.20
Cauca 0.01 0.99
Cesar 0.38 1.53
Chocó 0.11 1.12
Córdoba 0.02 1.04
Cundinamarca 0.01 1.10
Guainía 0.06 1.41
Guaviare 0.00 0.59
Huila 0.06 0.90
La Guajira 0.35 1.95
Magdalena 0.00 1.27
Meta 0.48 0.79
Nariño 0.01 0.81
Norte de Santander 0.03 0.97
Putumayo 0.29 0.92
Quindío 0.00 1.13
Risaralda 0.00 0.73
Bogotá D. C. 0.23 0.81
Santander 0.04 0.60
Sucre 0.01 1.19
Tolima 0.03 1.20
Valle del Cauca 0.00 0.87
Vaupés 0.00 1.48
Vichada 0.00 1.96
Promedio 0.09 1.01
Desviación Estándar 0.15 0.37
140 Luz Dinora Vera Acevedo, Carlos Fernando Morales Sánchez y Jaime Edison Rojas Mora
En la figura 3 podemos observar los resultados obtenidos del cálculo del
índice (panel b), contrastándola con la actividad minera también a nivel de-
partamental (panel a). Se puede corroborar que existe una alta heterogeneidad
en el impacto que la actividad minera puede tener sobre los departamentos, es
decir, las características económicas, sociales y ambientales de las unidades
territoriales, exponen de diferente manera a cada uno de los territorios.
Figura 3. Mapa de actividad minera e índice de vulnerabilidad calculado por
departamentos
4. Discusión y conclusiones
En primer lugar, el ejercicio empírico de este trabajo permite validar las hipó-
tesis 1 y 3.La hipótesis 1 es que la vulnerabilidad es un concepto que integra
diferentes dimensiones, en este caso, podemos ver que por lo menos tres de
ellas: economía, social y ambiental; convergen entre sí y permiten aproxi-
marnos a medir el grado de exposición de un territorio, elemento importante
en el diseño de políticas públicas. La hipótesis 3, de gran relevancia en esta
línea de investigación, es que las actividades, tienen un efecto sobre estas
dimensiones y por lo tanto pueden ampliar el nivel de vulnerabilidad de un
territorio. También es posible validar la hipótesis 2 que afirma la existencia de
convergencia en los indicadores propuestos a cada tipo de efecto.Sin embargo,
es importante señalar que si bien hay evidencia a favor, todavía es necesario
Propuesta de diseño de un índice de vulnerabilidad territorial para la valoración... 141
ampliar el número de indicadores utilizados en el índice para tener ofrecer una
validación más consistente de la segunda hipótesis.
Además, se puede observar que la dinámica de la minería en el país exa-
minada desde cada dimensión, de acuerdo con los resultados del modelo SEM
empleado en esta investigación, tiene relación con los indicadores usados, en
la dirección esperada tal como se planteó inicialmente en la hipótesis.
Los resultados de esta investigación resaltan otras contradicciones en el
manejo de las actividades mineras. Si bien en Colombia la política extracti-
vista se viene evidenciando hace más de dos décadas, para el 2017 el sector
aporta únicamente el 7% del Producto Interno Bruto Nacional. Como parte del
proceso de reprimarización de la economía, las empresas mineras se localizan
en más de 20 departamentos de Colombia. No obstante, en lugar de ser un
foco de desarrollo para los territorios, se convierten en la causa de conflicti-
vidad y vulnerabilidad de muchas de estas regiones del país.
En efecto, por un lado, en las regiones donde se desarrollan proyectos ex-
tractivos existen escenarios de violaciones a los derechos humanos y labora-
les, afectaciones medioambientales y a la salud, desplazamiento de personas,
sustracción o expropiación de tierras y acaparamiento de títulos, disputas y
tensiones entre comunidad-empresa y desvíos de recursos estatales y corrup-
ción. Más aún, en las zonas de explotación aurífera existen casos de amenazas
y asesinatos de líderes comunales y sindicales, generalmente realizados por
grupos paramilitares (Rodríguez-Albor et al., 2017).
Por otro lado, aunque la extracción de minerales tiene una participación
relativamente menor que el petróleo, estos dos sectores alcanzaron a generar
entre 2003 y 2014 la cuarta parte de los ingresos del país y se convirtieron
en una fuente de recursos para las regiones o entidades territoriales a través
de las regalías. De hecho, según un informe del DNP (2015), en 2014, por
cada 100 pesos que invirtieron en el país, 17 pesos provenían de las regalías
(Rodríguez-Albor et al., 2017). Sin embargo, Jorge Garay (2013: 145-146)
ha evidenciado importantes ventajas tributarias de las empresas mineras en
Colombia con respecto al impuesto de renta. Además, se genera un desequi-
librio muy alto entre las tasas nominales y efectivas sobre la renta pagadas
en este sector. Así, según Garay, mientras que entre 2007-2010 existían tasas
nominales del 33% sobre la renta gravable, en la práctica el sector minero
(excluyendo hidrocarburos) terminó pagando tasas efectivas de solo el 10%. A
partir del año gravable 2011, con la eliminación de las deducciones especiales
por adquisición de activos, las tasas efectivas son de cerca de un 15%, menos
de la mitad de las tasas nominales del 33% (Rodríguez-Albor et al., 2017).
En cuanto a los impactos ambientales del sector, se ha identificado gran
afectación a los páramos y a las fuentes de agua debido a la minería sin
control. Por ejemplo, en lugares como Caucasia o Ayapel, se han encontrado
142 Luz Dinora Vera Acevedo, Carlos Fernando Morales Sánchez y Jaime Edison Rojas Mora
niveles de mercurio que llegan a ser 20 veces mayores que los aceptados por
la Organización Mundial de la Salud (OMS), y por consiguiente se evidencian
múltiples consecuencias a la salud (Rodríguez-Albor et al., 2017).
Con respecto a los conflictos asociados a la explotación de recursos natu-
rales en Colombia, el estudio de Sandoval et al. (2017) propone un indicador
de conflictos relacionado con la explotación mineral, que permite clasificar
cuatro dimensiones de conflictividad: social, económica, cultural y ambien-
tal. Se construyeron 3 indicadores para estudiar la conflictividad asociada a
la explotación aurífera, carbonífera y petrolera. Y se construyó un indicador
agregado, controlado por tamaño muestral. El indicador agregado muestra que
los homicidios, la presencia de población afrodescendiente, las inundaciones,
la contaminación, los incendios, la mortalidad infantil, los cultivos de coca
y los delitos sexuales están altamente correlacionados con un mayor número
de conflictos. De acuerdo con el contexto descrito y la revisión de literatura
realizada en este capítulo, se ha identificado un vacío en cuanto a estudios
sistemáticos que permitan establecer la vulnerabilidad territorial en Colombia,
generada por la actividad extractiva, a través de un índice de vulnerabilidad.
Este estudio se integra a la literatura que estudia la manera de medir la
vulnerabilidad de forma multifactorial e incluyente. Como se evidenció en
el estado del arte, es pertinente entender la vulnerabilidad como un concepto
multidimensional. Por lo tanto, la medición de la vulnerabilidad debe permitir
integrar factores de inequidad y prácticas de desarrollo no sostenible, tal como
mencionan Pielke et al. (2007). Según Birkmann (2006), el uso de indicadores
en el contexto de la medición de la vulnerabilidad permite representar caracte-
rísticas o niveles de calidad referentes a tres dimensiones de un sistema: sus-
ceptibilidad, capacidad de reacción y resiliencia frente a un choque. Dado que
hay numerosas variables que impactan sobre los niveles de vulnerabilidad, se
hace necesario la especificación de modelos que articulen varios indicadores
en un índice que facilite la comparabilidad. Esta necesidad ha sido abordada
por diversos autores (Climent-Gil et al., 2018; Mendes et al., 2019; Aksha et
al., 2019; Orozco-Martínez y Rodríguez-Gámez, 2020).
El desafío empírico resulta entonces en cómo operacionalizar un objeto
de estudio complejo, con tantas aristas, teniendo en cuenta además las restric-
ciones que implica el acceso a información detallada en países con elevados
niveles de pobreza, desigualdad e instituciones débiles. Es por esto por lo que
un aporte significativo de esta investigación radica en proponer un enfoque
territorial que puede aplicarse a diferentes niveles de entidades sub-nacionales
(Estados, departamentos, provincias). Otra dimensión del reto radica en las
agendas políticas oficiales que con frecuencia prefieren visibilizar modelos
tradicionales que priorizan factores económicos o que estudian diversos fac-
tores por separado (Loomins y Dziedzic, 2018). En este sentido, la presente
Propuesta de diseño de un índice de vulnerabilidad territorial para la valoración... 143
investigación busca aportar una mirada alternativa, complementaria y trans-
versal a los enfoques tradicionales.
El modelo propuesto permite identificar y medir el vínculo existente en-
tre las actividades extractivas y la vulnerabilidad social. Aunque el efecto
económico parece mitigar el impacto de actividades tales como la minería,
es evidente que, en promedio, la presencia de estas actividades se vincula a
un mayor nivel de vulnerabilidad social a nivel departamental. Los resultados
también ponen en evidencia la importancia de otros factores que pueden au-
mentar o limitar la capacidad de respuesta territorial frente a las actividades
extractivas como, por ejemplo, el acervo de recursos naturales. Asimismo,
tiene en cuenta que los modelos extractivistas pueden impactar en los mismos
factores que los condicionan (Svampa, 2019). Es decir, las características
ambientales, sociales y económicas de los territorios condicionan y al mismo
tiempo se ven afectadas por las prácticas extractivistas.
Los resultados obtenidos permiten cuantificar el grado de exposición de
los departamentos de Colombia, a los efectos generados por la actividad mine-
ra. Esto permite observar que los impactos no son del mismo grado para todos
y que los ingresos económicos, generados por la producción y explotación de
estos bienes, en algunos casos no compensa los efectos sociales y medioam-
bientales ocasionados. Se percibe que los departamentos con mayor actividad
minera presentan también, en promedio, un mayor nivel de vulnerabilidad.
Sin embargo, hay departamentos donde, si bien la presencia de actividad
minera es reducida, los niveles de vulnerabilidad son altos, lo cual indica que
en caso de que se dieran estas actividades los efectos podrían ser muy graves.
Si bien este no es el primer intento de medir el grado de vulnerabilidad, si
es el primero en hacer aportes en dos vías: primera, en vincular directamente
la presencia de una actividad extractiva, como lo es la minería, y segundo, el
primero que intenta medir la vulnerabilidad a nivel territorial, vinculando la
dimensión económica, social y medioambiental, midiendo el grado de vulne-
rabilidad desde un mayor nivel de integralidad. Si bien en este primer intento
el número de indicadores es relativamente reducido, este permite validar la
existencia de relaciones entre la actividad minera y las dimensiones ya men-
cionadas. Finalmente, es importante destacar el aporte que puede tener este
índice para las instituciones nacionales y territoriales, ya que, al identificar el
grado de heterogeneidad en la afectación por la actividad minera, este permite
diseñar e implementar políticas con un enfoque territorial, con una mayor cer-
teza y efectividad en los resultados, especialmente considerando la relevancia
de la actividad minera en las finanzas de la nación. Se espera, por lo tanto, que
este índice pueda contar con una mayor gama de indicadores, que permitan
analizar, a lo largo del tiempo, la evolución de este importante concepto de la
vulnerabilidad en los departamentos de Colombia.
144 Luz Dinora Vera Acevedo, Carlos Fernando Morales Sánchez y Jaime Edison Rojas Mora
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ESTRATEGIAS ANCESTRALES APLICADAS A LA
GESTIÓN DEL RIESGO DE DESASTRES FRENTE
AL COVID-19: EL CASO DE LA CULTURA NASA
DEL RESGUARDO INDÍGENA PÁEZ DE CORINTO,
CAUCA (COLOMBIA)
Isaleimi Quiguapumbo Valencia1, Gustavo Wilches-Chaux2
1
Consejo Regional Indígena del Cauca, Popayán, Colombia
2
Universidad Externado de Colombia, Bogotá, Colombia
1. Introducción
La pandemia desatada por el virus del Covid-19 está enfrentando a la Huma-
nidad a grandes retos de una complejidad sin precedentes, y está obligando
a nuestra especie a adquirir nuevos conocimientos con el fin de generar res-
puestas proporcionales y adecuadas para enfrentar el virus. A pesar de que en
el momento cuando este documento se envía a publicación nos acercamos a
completar dos años desde que la Organización Mundial de la Salud declaró
formalmente la existencia de esta pandemia, ese desafío permanece vigente,
pues la crisis todavía está muy lejos de considerarse superada.
Los virus, como es bien sabido, son entidades que existen en los límites
entre lo vivo y lo no vivo, que para reproducirse requieren infectar las células
de los seres vivos. Este coronavirus que produce el llamado SARS-CoV-2 es
una estructura de RNA (Ácido Ribonucleico) que posee una capa protectora
en forma de corona, de la cual deriva su nombre. En término generales, se
propaga principalmente a través de partículas ligadas a la respiración, de las
cuales la persona infectada es portadora y que son inhaladas por otras per-
sonas o se adhieren a los ojos, nariz o boca de quien que resulta contagiado.
Los primeros brotes de este virus que generó la pandemia fueron repor-
tados en Wuhan (China) a finales de diciembre del 2019. Hasta ese momento
este virus en particular era desconocido, por lo cual en el mundo no existían
vacunas. Como es bien sabido, las primeras medidas para evitar la propaga-
150 Isaleimi Quiguapumbo Valencia y Gustavo Wilches-Chaux
ción del virus se basaron en el llamado «aislamiento voluntario» cuyo princi-
pal objetivo era evitar el contacto directo entre personas, complementado con
otras medidas de bioseguridad como el uso de tapabocas, el lavado frecuente
de manos y otras similares. Esas medidas siguen vigentes a pesar de que
existen diferentes vacunas, que de una u otra manera, y a pesar del éxito de
muchas, todavía no garantizan una protección totalmente efectiva frente a un
virus que posee la capacidad de mutar de manera muy rápida y sorprendente.
El virus comenzó a afectar a América Latina desde finales de febrero del
2020 y ha llegado hasta las zonas rurales donde habitan la mayoría de las co-
munidades indígenas. A nivel general, los gobiernos orientaron las estrategias
de prevención principalmente hacia poblaciones urbanas y mostraron poco
interés en la elaboración de medidas dirigidas a las comunidades rurales e
indígenas (Meneses-Navarro et al., 2020). Los gobiernos ignoraron la existen-
cia y el aporte que estas comunidades pueden dar a partir de su conocimiento
ancestral. Los gobernantes desconocieron que históricamente el conocimiento
y las prácticas ancestrales de muchas comunidades indígenas de distintos
lugares del mundo les han permitido enfrentar y superar múltiples desastres
y enfermedades1 y que tradicionalmente los han implementado para afrontar
riesgos de origen natural conocidos como desequilibrios2 (Dekens, 2007b).
El conocimiento ancestral se transmite de generación en generación, y
estas comunidades lo adquieren a partir del estrecho contacto vivencial –
material y espiritual– con sus territorios. Es un conocimiento holístico y
transversal (Stephens et al., 2006), que recoge información valiosa y que les
permite llevar a cabo en sus territorios eso que hoy en la cultura «occidental»
se denomina «Gestión del Riesgo de Desastres». El conocimiento ancestral
incluye saberes y prácticas utilizadas en la medicina ancestral, la agricultura,
la gestión del clima, la producción de alimentos, la gestión de los elementos y
factores ecológicos, y la planificación de sus actividades en el territorio (Iloka,
2016). Estas prácticas generan empoderamiento y cooperación y conducen a
la participación y transmisión intergeneracional de saberes (Dekens, 2007a).
Las comunidades indígenas comprenden que su territorio es un sistema
vivo con el cual acuerdan estrategias transversales de comunicación y convi-
vencia, y son conscientes de que cualquier acción que se lleve a cabo sobre
cualquier factor o nodo del sistema, producirá un efecto que puede resultar
1 Investigadores como Mavhura et al.,(2013) en sus respectivos estudios han venido obser-
vando y evidenciado que con el conocimiento de las comunidades indígenas se pueden
solventar y superar distintos tipos de desastres, lo cual confirma la convicción de la autora
y del autor de este documento.
2 Gran parte de las comunidades indígenas consideran que los «desequilibrios» se originan
cuando debido a prácticas equivocadas, se altera la armonía que debe existir entre los seres
humanos y los territorios de los cuales forman parte.
Estrategias ancestrales aplicadas a la gestión del riesgo de desastres frente al Covid-19... 151
negativo o positivo para esa convivencia armónica. Esto coincide con la con-
vicción de los autores de este artículo, en el sentido de que el sistema inmuno-
lógico del territorio, de la comunidad y de cada individuo, están fuertemente
interrelacionados entre sí, y de que el sistema inmunológico de cada persona
es el resultado de la interacción de todos los sistemas del organismo (nervioso,
respiratorio, circulatorio, digestivo, linfático, óseo), además de los sistemas
de creencias y valores, o sea: su cosmovisión, que también es el resultado de
la interacción entre los individuos, su ambiente, su comunidad y su historia.
El objetivo de esta investigación es analizar las principales estrategias y
procesos basados en el conocimiento ancestral que ha puesto en marcha la co-
munidad indígena Nasa del territorio ancestral de Corinto, Departamento del
Cauca, en Colombia, para enfrentar en sus distintas expresiones y momentos
los riesgos que genera el Covid-19, llamado Wee Wala o «enfermedad grande»
en nasa yuwe (lengua Nasa). Si bien el Covid-19 antes era desconocido, las
estrategias aplicadas para protegerse del mismo constituyen «actualizaciones»
de las que a lo largo de más de cinco siglos le han permitido a la comunidad
sobrevivir a las múltiples y complejas amenazas que han puesto en peligro
su misma existencia. La prueba de que muchas de esas estrategias han sido
efectivas, es que la cultura Nasa todavía existe y ésta cada vez está más for-
talecida a pesar de que muchas de esas amenazas perduran.
En esta comunidad, a la cual pertenece la investigadora coautora de este
artículo, se percibe que el Covid-19 es producto del grado de alteración de los
sistemas naturales que constituyen los sistemas inmunológicos interrelaciona-
dos de la Naturaleza, las comunidades y los individuos humanos. Es decir, se
sabe que cada vez que se altera el equilibrio dinámico de los espacios natura-
les, se generan alteraciones climáticas y ecosistémicas que repercuten en la sa-
lud humana (Cuadros-Cagua, 2017). Esta conciencia propia de la cosmovisión
Nasa se traduce en prácticas ancestrales como el control territorial, rituales,
bioindicadores y medicina tradicional, entre otros. La «ciencia occidental»
aborda dichos procesos en función de las distintas fases de la llamada Gestión
del Riesgo de Desastres: prevención, preparación, respuesta y recuperación, a
pesar de que en el caso del Covid-19, al igual que en otros riesgos y desastres,
no siempre resulta posible identificar claramente los límites entre una y otra
de esas llamadas convencionalmente «fases» o «etapas».
Para lograr la identificación y clasificación de estos procesos, se sostu-
vieron conversaciones con algunos de los The Wala’s3 de la comunidad y con
3 The Wala’s: son las máximas autoridades espirituales dentro del grupo indígena Nasa. Con
su experiencia y conocimiento espiritual, fortalecen las prácticas ancestrales y buscan el
equilibrio en la relación sociedad-naturaleza.
152 Isaleimi Quiguapumbo Valencia y Gustavo Wilches-Chaux
el Coordinador de Salud4 del Resguardo5 indígena Páez de Corinto. A través
de esas conversaciones se profundizó en el conocimiento tradicional de la
comunidad a la cual, como ya se dijo, pertenece la coautora de este trabajo.
Ese conocimiento se analizó y sistematizó posteriormente en el marco de
esa interdisciplina que es la Gestión del Riesgo de Desastres. Así se pudo
comprender desde el pensamiento Nasa cómo se reducen los riesgos y se res-
ponde a sus efectos, para lograr –en este caso frente al Covid-19– aumentar
la llamada resiliencia, como una expresión de lo que podríamos denominar
«seguridad ontológica». La identificación de esta expresión de la «seguridad»
es de relevancia, puesto que brinda ese sentimiento de confianza que surge de
la identidad entre comunidad, territorio y cultura, y que se manifiesta en cada
actividad y en cada momento de la vida cotidiana.
Esta investigación aporta información relevante sobre cómo reducir y
gestionar el Covid-19 con estrategias transversales a partir de la convivencia,
la solidaridad, la reciprocidad, el trabajo comunitario, la identidad étnica y
cultural y la comprensión de la naturaleza. Esto no es solo importante para la
comunidad Nasa, sino para el conjunto de la sociedad colombiana que nece-
sita con urgencia generar respuestas a partir de los diálogos de saberes, para
enfrentar con éxito una pandemia de una magnitud sin antecedentes, entrela-
zada de manera estrecha con los efectos de una crisis climática que hoy tiene
en jaque a la totalidad de la especie humana.
Entendemos la necesidad de continuar haciéndoles un seguimiento y una
evaluación cuidadosa a los resultados de las estrategias tradicionales frente al
Covid-19 que aquí se describen, debido a que el desastre en el marco del cual se
realiza esta investigación todavía está en pleno desarrollo. Esto determina que lo
que aquí presentamos no pueda considerarse «definitivo». Se deberán continuar
los estudios para establecer con rigor la efectividad de estas estrategias, y para
determinar en qué contextos ecosistémicos y culturales son o no son efectivas.
2. Caso de estudio: la comunidad Nasa en Corinto, Departamento del
Cauca (Colombia)
2.1. Origen de la comunidad Nasa y sus prácticas ancestrales
Existen distintas versiones sobre el origen del pueblo Nasa. Algunos autores
sostienen que la comunidad Nasa vivía dispersa en la vertiente oriental de la
Cordillera Central, lo que hoy en día se conoce como Tierradentro en el De-
4 En el territorio de Corinto, al igual que en otros lugares del Cauca y de Colombia, existen
graves problemas de seguridad ligados al conflicto armado, debido a lo cual las personas
entrevistadas solicitaron que no se revelaran sus nombres.
5 Son tierras de propiedad colectiva bajo la forma jurídica de resguardo, conforme a los
artículos 63 y 329 de la Constitución Política de Colombia de 1991, las cuales tienen el
carácter de inalienables, imprescriptibles e inembargables.
Estrategias ancestrales aplicadas a la gestión del riesgo de desastres frente al Covid-19... 153
partamento del Cauca, Colombia (Rappaport, 2004). Otros autores mencionan
que el origen es místico y mitológico (Castro-Bermúdez y Téllez-Navarro,
2018). De acuerdo con la cosmovisión Nasa, este pueblo proviene de energías
espirituales que en Nasa yuwe (el idioma nativo) se denominan Nes (Ser es-
piritual) que simultáneamente era de sexo masculino y femenino, por lo cual
tenía la capacidad de reproducirse por sí mismo. Nes, gracias a su fuerza,
propicia la unión entre Uma (Madre Tierra) y Tay (Padre Sol), fruto de la cual
surge A’ (Estrella), la cual cae en Yú (Laguna6) que desde el conocimiento
occidental correspondería a la matriz de la mujer. La estrella permanece allí
y en ese tiempo se forma el Ser Espiritual del cual nacieron los primeros in-
tegrantes de la comunidad Nasa.
Imagen 1. Origen cosmogónico del pueblo Nasa.
Sin embargo, desde la llegada de los españoles y su empeño en conquistar
territorios y riquezas, el sistema de organización, creencias y costumbres de
la comunidad Nasa cambió drásticamente. La Cosmovisión, con sus mitos,
leyendas y rituales, fue perseguida en el intento de eliminarlos del imaginario
colectivo (Castro-Bermúdez y Téllez-Navarro, 2018). En el siglo XVI a la
comunidad Nasa, como a otras comunidades indígenas de Colombia, se la
despojó de sus tierras ancestrales de manera violenta (Herreño-Hernandez,
6 La laguna de Juan Tama es un hito sagrado para la cultura Nasa: un espacio de vida que
da vida. Está ubicada al suroccidente de Colombia, en el municipio de Belalcázar (Cauca).
Gran parte de la historia de lucha de los Nasa ha tenido origen y lugar en este territorio. El
nombre de la laguna proviene del líder indígena más importante, Juan Tama, oriundo del
lugar llamado «la Estrella», quien nació y fue a morir ahí. Este líder enfrentó batallas contra
los españoles a mediados del siglo XVII, en defensa de la vida, la comunidad y el territorio.
154 Isaleimi Quiguapumbo Valencia y Gustavo Wilches-Chaux
2004). Con estas acciones, los españoles generaron sometimiento y domi-
nación, no solo en la tenencia de la tierra sino también en el conocimiento
ancestral mediante la imposición de una visión del mundo forjada para otras
realidades hidro-climáticas, ecosistémicas y culturales. Con esto se intentó
cambiar radicalmente la manera de comprender e interactuar con el mundo
(Castro-Gómez, 2010). Para los conquistadores, las creencias y prácticas de
las comunidades nativas, incluida la Nasa, eran «impuras» y «paganas», por
lo cual no debían ser conservadas y mucho menos difundidas. La «evangeli-
zación» fue la estrategia implementada. En ese cambio radical de paradigmas
y de cosmovisiones aplicadas a la gestión de los territorios ancestrales, se
encuentra la causa primera de muchos de los desastres que hoy afectan a
distintas regiones de Colombia (Wilches-Chaux, 2013).
En el tránsito que supuso la búsqueda de la independencia de España en el
siglo XIX, la comunidad Nasa realizó alianzas y sus integrantes contribuyeron
a la Guerra de Independencia de la que hoy es Colombia. Sin embargo, per-
sistió la opresión colonial, llamada «la segunda conquista» (Rappaport, 2004).
Desde el siglo XX hasta la actualidad, los gobiernos dominantes continuaron
creando obstáculos para la titulación, ampliación, protección y autonomía de
los resguardos indígenas (Romero-Medina, 2007).
No obstante, la comunidad Nasa se ha caracterizado por su capacidad
para generar, adaptar y aplicar durante siglos unas estrategias de resistencia
que le han permitido ejercer el derecho al territorio y fortalecer su identidad
cultural con todo lo que ello implica. Como se expresó en la introducción, las
estrategias y procesos que hoy se están poniendo en acción frente a la amena-
za del Covid-19 constituyen «actualizaciones» de esas estrategias múltiples e
interrelacionadas que han permitido la persistencia de esta cultura a lo largo
del tiempo.
2.2. Contexto territorial geográfico y cultural
La comunidad Nasa se extiende hoy sobre territorios de la región surocciden-
tal de Colombia, en los departamentos del Cauca, Nariño, Valle del Cauca,
Caquetá y Huila. Para esta investigación, la población objeto de estudio es la
comunidad que se encuentra en el territorio ancestral del municipio de Co-
rinto, ubicada al norte del Departamento del Cauca, en la parte suroccidental
de la República de Colombia, sobre las estribaciones de la Cordillera Central
(mapa 1). Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas
(DANE, 2018), el territorio ancestral de Corinto contaba en 2018 con una
población total de 21.975 habitantes, distribuidos de la siguiente manera:
• Población mestiza o sin reconocimiento étnico específico: 45.86%
(10.078 personas)
Estrategias ancestrales aplicadas a la gestión del riesgo de desastres frente al Covid-19... 155
• Población Indígena: 40.82% (8.971 personas)
• Población Negra, Mulata, Afrodescendiente o Afrocolombiana: 11.41%
(2.507 personas)
• Población Raizal procedente del Archipiélago de San Andrés, Provi-
dencia y Santa Catalina: 0.02% (4 personas)
• Población Gitana o Rom: 0.01 % (3 personas)
• Personas mestizas o que no informan pertenencia étnica específica:
1.87% (412 personas)
De las 8.971 personas que conforman la comunidad indígena, la mayoría
se encuentra en las zonas rurales del municipio de Corinto.
Mapa 1. Localización y delimitación del territorio ancestral Páez de Corinto.
Fuente: Elaboración propia con datos del Plan de vida de la comunidad indígena Nasa (2015)
2.3. Resiliencia cultural
Al igual que otras comunidades Nasa, la de Corinto ha demostrado su capa-
cidad para enfrentar una amenaza socio-natural como el Covid-19, de manera
unida, organizada y solidaria. Sus integrantes interactúan y observan las diná-
micas del territorio, lo cual les permite desarrollar estrategias y nuevas medi-
das de adaptación (Hiwasaki et al., 2015). Gran parte del conocimiento, fruto
156 Isaleimi Quiguapumbo Valencia y Gustavo Wilches-Chaux
de la observación de los seres y fenómenos de la Naturaleza (bioindicadores),
se fortalece por la tradición oral que se transmite de generación en genera-
ción. Estos bioindicadores les han permitido gestionar el riesgo de desastres
y, a partir de ahí, fortalecer su resiliencia comunitaria. Cuando identifican
que la comunidad se encuentra en riesgo, implementan estrategias basadas en
los acervos culturales con los que cuentan, es decir, esa resiliencia ancestral
validada a lo largo de siglos de lucha para enfrentar distintas y complejas
amenazas. En la actualidad, después de un largo proceso de revitalización
de los acervos culturales, la comunidad Nasa realiza el trueque (basado a su
vez en la existencia de policultivos), la minga, los planes de vida y rituales,
entendidos todas estas prácticas como como mecanismos de resistencia y
afianzamiento de la identidad cultural.
El trueque, proceso mediante el cual se intercambian productos, es una
práctica que permite satisfacer necesidades alimenticias, a la cual han acudido
muchas comunidades étnicas y no étnicas, rurales y urbano-rurales de Colom-
bia, como estrategia para enfrentar los desafíos de la pandemia.
La minga, en su sentido más puntual, se puede entender como un proceso de
trabajo comunitario organizado por los The Wala (hombres o mujeres), las auto-
ridades ancestrales y la comunidad, en el cual participan familias e individuos
con un objetivo concreto común (como darle mantenimiento a un camino o pre-
parar un terreno para la siembra). Pero en sentido más amplio, se puede afirmar
que la minga constituye esa forma de existencia colectiva que se manifiesta a
través de distintas expresiones: desde el ya mencionado trabajo puntual, o una
movilización con el propósito de hacer presencia y exigir unos derechos, hasta
el conjunto mismo de estrategias de resistencia y resiliencia frente a los proce-
sos que históricamente los han amenazado y que se describen en este trabajo.
Así mismo, los llamados planes de vida (herramienta nacida en la comu-
nidad Nasa y que hoy ya ha sido adoptada por otras comunidades étnicas) se
pueden entender como la manera de aplicar el concepto de minga a la cons-
trucción de la relación comunidad-territorio a lo largo de varias generaciones,
lo cual los diferencia de los Planes de Desarrollo convencionales de otras
culturas, cuya vigencia en el tiempo solamente dura durante un determinado
periodo de gobierno (Wilches-Chaux, 2005).
Dentro de la comunidad cada individuo posee un rol que debe desempeñar
por medio de distintas acciones transversales. Unos de los roles de mayor re-
levancia es el del ya mencionado The Wala, autoridad tradicional alrededor de
cuyos saberes la comunidad se organiza. El y la The Wala tiene la capacidad
de comprender el pensamiento y la dinámica del territorio; es la autoridad
espiritual que, por su conocimiento y experiencia, fortalece el nexo entre la
sociedad y la naturaleza, así como la cohesión social que permita que exista
una comunidad en el sentido esencial de la palabra.
Estrategias ancestrales aplicadas a la gestión del riesgo de desastres frente al Covid-19... 157
Así mismo, para evitar que esos que en la cultura occidental se denominan
«escenarios de riesgo», se materialicen en desastres, en las comunidades Nasa
se invoca la llamada «Ley de Relevancia», «Ley Natural» o «Ley de Origen»,
la cual ha venido rigiendo y justificando la supervivencia de la comunidad a
lo largo del tiempo, más allá de la vigencia de las «leyes humanas». Se trata
de una Norma de Vida no escrita, que existe como expresión de la cultura
viva (o del patrimonio cultural vivo, como se denomina en otros espacios)
y que define cómo debe comportarse la comunidad Nasa en cada territorio.
La Ley Natural establece principios básicos que radican en la vida como eje
primordial, y advierte que alterar los órdenes naturales conlleva que la comu-
nidad pueda padecer desórdenes como wẽe (hambre), nxusna (sufrimiento),
nxu’ween (sed) y ãça’n (enfermedades). Todo este conocimiento orienta y
queda plasmado en el Plan de Vida del Cabildo indígena Páez de Corinto
(2015).
3. Normas y estrategias para evitar el contagio del Covid-19
Desde el 11 de marzo del 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS)
declaró al Covid-19 como una pandemia global e invitó a los países miembros
a que implementaran mecanismos y acciones de respuesta ante la emergencia
(Huang et al., 2020). Como respuesta a la solicitud y a los pronunciamientos
de la OMS, el gobierno colombiano y gran parte de las comunidades indíge-
nas de Colombia implementaron acciones para evitar que el virus se propa-
gara en sus territorios. La comunidad Nasa del territorio ancestral de Corinto
(Cauca), en su ejercicio de autonomía, no fue ajena a ese compromiso y puso
en práctica estrategias para prevenir los contagios y mitigar los efectos del
Covid-19.
Al cabo de un mes de haber declarado la pandemia del Covid-19, sus efec-
tos llegaron hasta las regiones más vulnerables, entre ellas las comunidades
indígenas, las cuales tenían un alto riesgo de contagio y un acceso limitado
a los servicios básicos de salud que presta el Estado. La Organización Na-
cional Indígena de Colombia (ONIC), junto con otras entidades, realizaron
un monitoreo a nivel nacional de los pueblos indígenas y el 26 de marzo,
reportaron el primer caso dentro de una comunidad indígena: una mujer de 60
años perteneciente al pueblo Yukpa, localizada en el municipio de Cúcuta al
Norte de Santander-Colombia (Guerrero, 2020). En el siguiente mes se repor-
tó el primer indígena fallecido, un hombre perteneciente al pueblo Yanakuna
(Huila-Colombia). Según la ONIC (2021), hasta el 21 de enero de 2021 en el
territorio colombiano había 72 pueblos afectados, 41.313 casos confirmados,
613 activos, 39.163 recuperados y 1.385 fallecidos. Poco después, el 13 de
febrero de 2021, el líder del pueblo Kankuamo de la Sierra Nevada de Santa
158 Isaleimi Quiguapumbo Valencia y Gustavo Wilches-Chaux
Marta, quien se desempeñaba como presidente de la ONIC, Luis Fernando
Arias, falleció víctima del Covid-19.
El contagio por el Covid-19 en la población colombiana ha sido alarman-
te. De acuerdo con datos publicados por el Instituto Nacional de Salud, para
el 22 de enero de 2022 en el territorio colombiano se registraban desde el
comienzo de la pandemia 5.714.092 casos de contagio; 5.415.547 recupera-
dos; 132.023 fallecidos y 147.075 casos activos (Instituto Nacional de Salud,
2021). Es claro que para evitar la propagación de la enfermedad es necesario
tomar medidas y acciones que involucren a toda la comunidad (instituciones
públicas, privadas y población en general). Como ya se indicó, desde el mo-
mento que la OMS reportó el primer caso de Covid-19, el Gobierno Nacional
de Colombia activó la «fase de preparación». De ahí en adelante, tanto el Go-
bierno como las comunidades indígenas en sus territorios iniciaron acciones
para reducir al máximo la propagación del Covid-19.
El 17 de marzo de 2020 el presidente de la República, en ejercicio del
artículo 215 de la Constitución Política, expidió el decreto 417 de ese año, en
el cual declaró el Estado de Emergencia Económica, Social y Ecológica en
todo el territorio Nacional. Sin embargo, dicho decreto no mencionaba especí-
ficamente a las comunidades indígenas, y en consecuencia no establecía para
estas un enfoque diferencial. Es decir, no se tuvo en cuenta que Colombia es
un país pluriétnico y multicultural (como la misma Constitución lo reconoce
en su artículo séptimo y octavo), en el cual las comunidades indígenas tienen
derecho una atención especial por parte del Estado.
La norma de emergencia no contempló que las comunidades étnicas po-
seen una manera diferente de comprender y enfrentar este tipo de riesgos,
como tampoco hubo un reconocimiento de las necesidades específicas según
los usos y costumbres. Ni se reconoció tampoco que estas comunidades,
debido a su experiencia y conocimiento de las dinámicas de sus territorios,
pueden realizar aportes importantes para prevenir y gestionar en los mismos
el riesgo de desastre; en este caso particular, el que se deriva de la pandemia,
pero entrelazado como hoy lo está con otras amenazas concomitantes como
los desplazamientos de comunidades, los asesinatos de líderes y las cada vez
más intensas manifestaciones relacionadas con la crisis climática.
3.1. La Minga permanente
Como consecuencia de los vacíos en las normas jurídicas presentadas por el
gobierno colombiano, el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), en
su ejercicio de autonomía, diseñó, expidió y puso en ejecución la Resolución
006 de 2020 orientada hacia todas las comunidades que forman parte de la
estructura del CRIC. En dicha resolución ratificaron el Decreto 982 de 1999
del Ministerio del Interior sobre la Emergencia Territorial, Social, Económica
Estrategias ancestrales aplicadas a la gestión del riesgo de desastres frente al Covid-19... 159
y Cultural de los pueblos indígenas, norma en la cual se crea una «comisión
para el desarrollo integral de la Política Indígena del departamento del Cauca».
En la Resolución 006 de 2020 se mandata que todos los pueblos y te-
rritorios que hacen parte de la estructura del CRIC se declaren en «Minga
permanente de protección de la vida, la salud y el buen vivir en los territorios
indígenas del Departamento del Cauca, a través de los sistemas propios»,
uno de los cuales es la Autoridad Territorial Económico-Ambiental (ATEA).
En la emergencia, el sistema de la ATEA tiene el propósito de contribuir en
la autonomía en todas las familias indígenas mediante el fortaleciento de las
huertas medicinales, de alimentos y de plantas sagradas.
Para las comunidades indígenas, la minga hacia adentro es una práctica
o, como ya se indicó, una forma de existencia encaminada a fomentar que las
personas de la comunidad permanecieran y, quienes se habían ido, retornaran
a los territorios, fortaleciendo la autonomía alimentaria, la medicina ancestral,
las prácticas ya descritas (trueque, minga, rituales y armonizaciones) y el
cumplimiento de sus normas ancestrales.
3.2. La minga hacia afuera
Por conflictos sociohistóricos acumulados que siguen afectando a las comuni-
dades indígenas y en general a la población colombiana, el 10 de octubre del
2020 y el 28 de abril del 2021, el CRIC, junto con todas las 127 autoridades
que lo conforman, se declararon en Minga hacia afuera, a través de lo cual
se vincularon activamente a las movilizaciones que surgieron a partir de la
convocatoria de un Paro Nacional que hicieron las organizaciones sindicales
y múltiples movimientos sociales.
En desarrollo de esa decisión, las comunidades salieron de sus territorios a
manifestarse en contra de las desigualdades sociales, de los desplazamientos y
los asesinatos sistemáticos de líderes sociales, de los obstáculos para el cum-
plimiento efectivo del Acuerdo de Paz, y en contra de la presencia invasiva
de actores armados en los territorios indígenas. Con estos reclamos la minga
se movilizó desde el Departamento del Cauca hasta la ciudad de Bogotá. En
las dos fechas citadas –10 de octubre del 2020 y 28 de abril del 2021– el
país había llegado al segundo y tercer pico de contagios de Covid-19, res-
pectivamente, a pesar de lo cual las comunidades indígenas y sus autoridades
tradicionales tomaron la decisión de salir del territorio para expresar su soli-
daridad con los demás sectores que se habían movilizado contra las múltiples,
complejas y continuas causas de la crisis que la pandemia puso al descubierto.
Las autoridades indígenas eran conscientes de que salir en esos momentos
de los territorios ancestrales implicaba un alto riesgo de contagio, razón por
la cual los The Wala y las autoridades decidieron que era necesario tomar
todas las medidas de bioseguridad disponibles, tanto las recomendadas por el
160 Isaleimi Quiguapumbo Valencia y Gustavo Wilches-Chaux
Estado (uso de tapabocas y desinfectantes, lavado de manos, distanciamiento
social en la medida de lo posible, monitoreo de posibles síntomas), como
las estrategias propias de la medicina tradicional: sahumerios, medicamentos
ancestrales, rituales y cumplimiento de las demás normas de convivencia tra-
dicionales, cuyo control es responsabilidad de la Guardia Indígena.
4. Metodología de la investigación
La presente investigación se lleva a cabo con enfoque cualitativo de carácter
analítico y etnográfico. Se profundiza de manera holística en los elementos
del conocimiento ancestral que dispone la comunidad Nasa para llevar a cabo
lo que en el contexto «occidental» se denomina Gestión del Riesgo de Desas-
tres. A estas alturas del texto ya debe haber quedado claro el amplio espectro
de las estrategias empleadas para enfrentar simultáneamente la amenaza del
Covid-19, al igual que las demás derivadas de otros procesos ligados entre sí,
como el narcotráfico y el conflicto armado.
Para identificar las estrategias que realizaba la comunidad indígena Nasa
se analizaron documentos del Plan de Vida (2015) e informes técnicos (planes
de contingencia y protocolos de actuación ante el Covid-19) de la comunidad
Nasa de Corinto y del CRIC, y además se llevaron a cabo entrevistas semies-
tructuradas entre los meses de julio y agosto de 2020. En la selección de las
personas entrevistadas se tuvo en cuenta el rol, la experiencia y el grado de
conocimiento que pudiera tener cada informante acerca de la comunidad a
la cual pertenecen. Fue así como se entrevistaron algunos The Wala7 del res-
guardo indígena Páez de Corinto-Cauca y el coordinador ya’ja (Secretaría)
de salud de este grupo.
Una vez identificada las estrategias, se procedió a realizar un análisis esta-
dístico, para lo cual se tomaron dos fuentes de información: el Censo Nacional
de Población y Vivienda (CNPV) realizado por el Departamento Administrati-
vo Nacional de Estadísticas (DANE) en el 2018, y los datos del Instituto Na-
cional de Salud (INS), donde se sistematiza la casos Covid-19 en Colombia.
En este análisis se contemplaron dos periodos correspondientes a la Minga
hacia adentro, periodo que abarca desde marzo hasta septiembre del 2020. El
segundo periodo corresponde al de la Minga hacia afuera, por la defensa y
el territorio, escenario en el cual las comunidades indígenas implementaron
su conocimiento ancestral conjuntamente con las medidas «occidentales» de
bioseguridad, mientras salían de sus territorios con rumbo hacia Bogotá, pri-
mero el 15 de octubre del 2020 y luego el 28 de abril de 2021.
7 Debido a las medidas implementadas del distanciamiento social, las entrevistas se realiza-
ron sólo a cuatro de los diez The Wala del cabildo indígena Páez de Corinto. Y por razones
de seguridad de los entrevistados, ellos solicitaron que no se mencionaran los nombres.
Estrategias ancestrales aplicadas a la gestión del riesgo de desastres frente al Covid-19... 161
Los datos para evaluar el posible impacto del Covid-19 de esta segunda
movilización se tomaron hasta 31 de agosto de 2021, cuatro meses después
del inicio de la misma y cuando ya sus integrantes estaban de regreso en el
Departamento del Cauca. La comparación de las cifras sobre el impacto del
Covid se realizó en los municipios de Popayán, Santander de Quilichao, Páez
y el municipio de Corinto, escenario de nuestro caso de estudio.
5. Resultados y análisis
A continuación, se presentan los principales resultados a la fecha en que
esta investigación se realiza. Se presentan en dos grupos, en el primero de
los cuales aparecen las estrategias que corresponderían –pero con las parti-
cularidades y reservas antes expuestas– a lo que en la Gestión del Riesgo de
Desastres constituyen las actividades de prevención, preparación, respuesta y
recuperación.
5.1. Estrategias identificadas
El pueblo indígena Nasa pone en práctica estas estrategias a través de catorce
actividades ya descritas y que se presentaran a nivel general, orientadas hacia
la protección de la comunidad con una visión transversal que busca prevenir
o mitigar los contagios. Como ya se explicó, estas prácticas se implantaron en
ejercicio de la llamada Minga hacia adentro y posteriormente se ampliaron a
la Minga hacia afuera.
A continuación, se describen brevemente las estrategias identificadas (Fi-
gura 2) con la aclaración de que la clasificación que hacemos no deja de ser
arbitraria, en la medida en que todas y cada una de estas estrategias están
interrelacionadas o son interdependientes, y en muchos casos la aplicación de
alguna de ellas incluye al resto.
Rituales de armonización:
1. Mingas de pensamiento: es una institución cultural que reúne a las au-
toridades ancestrales, los sabedores y los The Wala para dialogar y to-
mar las decisiones referentes a la gestión y planificación del territorio.
Es un espacio que permite dialogar y analizar las mejores estrategias
para afrontar el Covid-19. En la minga de pensamiento se indaga entre
las autoridades y el The Wala sobre estrategias que permitan identificar
todos los acervos culturales que tiene la comunidad y cómo se pueden
implementar frente a una situación determinada. En las circunstancias
actuales algunas de estas mingas se realizan de manera virtual y otras
de manera presencial, siguiendo todas las medidas de bioseguridad
recomendadas.
162 Isaleimi Quiguapumbo Valencia y Gustavo Wilches-Chaux
2. Cateos: Son rituales que se llevan a cabo en lugares especiales -gene-
ralmente sagrados- del territorio, a través de los cuales se realiza un
análisis físico y espiritual para determinar, en este caso, si una persona
o un grupo de personas se han contagiado o tienen posibilidad de con-
tagiarse de Covid-19. Más allá de la amenaza del Covid-19, los cateos
constituyen requisitos previos a la toma de cualquier decisión que se
sabe que puede cambiar el destino de las comunidades y sus territorios.
3. Rituales de ahuyentamiento: Son espacios en los que participan los
The Wala y otras personas seleccionadas, con el objetivo de alejar las
malas energías que amenazan a la comunidad y en general al territorio.
A veces se denominan «rituales de expulsión del sucio», siendo esto
último las malas energías que dejan en el territorio actividades como
la deforestación, los crímenes contra la vida humana y otras acciones
y omisiones que van en contra de la función de los lugares sagrados,
y en general cualquier violación de la Ley de Relevancia, Ley Natural
o Ley de Origen.
Medidas preventivas de bioseguridad y procesos de curación:
1. Puestos de control para la vida: Son espacios establecidos por la
comunidad y manejados por la Guardia Indígena, en los cuales se
controla el ingreso y la salida de personas del territorio. Desde que se
declaró la pandemia se establecieron en lugares de especial importan-
cia geográfica, por ser los principales sitios de acceso al territorio. Los
puestos de control constituyen la primera línea de prevención contra
la enfermedad. La estrategia consiste en ejercer un control de tiempo
completo (24 horas) para quienes ingresan o salen en diferentes trans-
portes. En este mismo espacio quienes conforman la Guardia Indígena
duermen y preparan sus alimentos. Allí también se controla la obliga-
ción de utilizar debidamente el tapabocas en determinados espacios, y
hay puestos de control donde se ofrecen facilidades para el lavado de
manos. Allí también se llevan a cabo procesos de pedagogía comunita-
ria referentes al Covid-19: principales síntomas, preparaciones propias
de la medicina tradicional, medidas de autocuidado, importancia del
distanciamiento social, etc.
Es importante mencionar que la estrategia de los puestos de control
no se pudo seguir implementando a partir del 13 de agosto de 2020,
como consecuencia de la intervención del Ejército Nacional para des-
alojar a integrantes de la comunidad de Corinto de una finca que es-
taba en proceso de liberación por los indígenas. Según las autoridades
ancestrales, el Ejército Nacional destruyó dos puntos de control y en
Estrategias ancestrales aplicadas a la gestión del riesgo de desastres frente al Covid-19... 163
ese enfrentamiento se produjo el fallecimiento de dos integrantes de
la comunidad (Romoleroux, 2020). Estos hechos determinaron que
la comunidad indígena de Corinto no siguiera implementando el uso
de esta medida. Sin embargo, en el resto de territorios que decidieron
acatar las estrategias orientadas por el CRIC, a pesar de las múltiples
dificultades, lograron mantener esta estrategia.
2. Aislamiento obligatorio y cuarentena preventiva: De conformidad con
las medidas que han establecido las autoridades indígenas en conso-
nancia con las autoridades de salud de los niveles nacional, departa-
mental y municipal, después de que un integrante de la comunidad
se ha identificado como positivo para Covid-19, esa persona tiene el
deber de aislarse para evitar propagar el virus en el resto de la comu-
nidad. Así mismo, y por esa misma razón, cuando una persona ingresa
al territorio, debe mantenerse aislada durante 15 días hasta que se com-
pruebe que está libre del Covid-19 y que no constituye una amenaza
para las demás personas.
El control y seguimiento a las personas contagiadas se lleva a cabo de
manera conjunta entre el personal de las instituciones de salud (cuando
sus servicios alcanzan a la comunidad) y las personas de la comunidad
encargadas de dicha tarea por decisión del Cabildo.
3. Preparación de medicamentos con plantas medicinales: Las comuni-
dades indígenas poseen un amplio conocimiento de la biodiversidad de
su entorno, lo cual a lo largo de muchas generaciones les ha permitido
conocer qué plantas y en qué épocas y condiciones poseen propiedades
medicinales que les permiten curar múltiples enfermedades (Magaña et
al., 2010). Esto también sucede con muchos tratamientos homeopáti-
cos, los cuales se basan en el principio «similia similibus curantur» o
Ley de Semejanza o Similitud («lo semejante se cura con lo semejan-
te»), enunciado por primera vez por el griego Hipócrates (460 al 370
a.C.) y retomado después por el médico alemán Samuel Hahnemann
(Larduet-Torres et al., 2019).
En este sentido, los The Wala de la comunidad Nasa, desde su propio
conocimiento, han deducido que si el causante del Covid-19 es un
virus que tiene forma de corona, es posible enfrentarlo con plantas
medicinales que de alguna manera evoquen esa forma. Por esa razón
recomiendan y aplican para combatir el Covid-19 plantas cuyas pro-
piedades medicinales bien conocen, como la ortiga (Urtica dioica) y la
moringa (Moringa oleifera), conjuntamente con otras como el Jengibre
(Zingiber officinale), Sauces (Salix), Anamu (Petiveria) Manzanillo
(Hippomane mancinella), cebolla (Allium cepa), etc.), pero principal-
mente, las dos primeras.
164 Isaleimi Quiguapumbo Valencia y Gustavo Wilches-Chaux
4. Cámaras de humo con plantas medicinales: En algunos puntos de
control se realizan sahumerios con plantas medicinales (eucalipto, li-
moncillo, citronela). Según los The Wala es una forma de limpiar el
aire y de generar una barrera energética contra el Covid-19.
5. Lavado de manos: Atendiendo los protocolos de bioseguridad reco-
mendados por la Consejería Mayor del CRIC y conjuntamente con el
Ministerio de Salud, en algunos de los puestos de control se realiza el
lavado de manos. Sin embargo, este ejercicio no se lleva a cabo en to-
dos los puntos de control, ya que no en todos se cuenta con el servicio
de agua corriente.
6. Vacunas: El gobierno nacional expidió el decreto 109 del 29 enero del
2021 en el cual establece y orienta los criterios y reglas de distribución
para la aplicación de la vacuna a cada persona que de manera libre
acepte ser vacunada, pero este decreto no tuvo en cuenta el enfoque
diferencial que para las comunidades étnicas constituye en derecho ad-
quirido con fundamento en normas constitucionales, y que se concreta
en la Consulta Previa y el Consentimiento Libre, Previo e Informado.
En este sentido, las comunidades indígenas del Cauca no reconocen la
validez de ese Decreto en cuanto a ellas hace referencia, pero el CRIC
expidió la Resolución Interna 002 de 17 de marzo de 2021, en la cual
se posiciona la medicina propia como estrategia esencial para contra-
rrestar el Covid-19 y orientan a las personas que libremente decidan
vacunarse. Si bien las comunidades indígenas no se acogieron pasiva-
mente al plan de vacunación del Gobierno Nacional por las razones
expuestas, sí dejaron en libertad a las familias y sus integrantes para
que tomaran de manera libre la decisión de hacerse poner la vacuna.
Estrategias pedagógicas:
1. Difusión de información por medios comunitarios: a través de me-
dios de comunicación como la emisora comunitaria, pendones, alto-
parlante comunitario, etc., se informa constantemente en la lengua
nativa (nasa yuwe) y en castellano, sobre las medidas que se deben
tomar para evitar el contagio; medidas de autocuidado personal y
grupal con prácticas interculturales; se promueve el fortalecimiento
del Nasa Tul, expresión de los policultivos para fortalecer la autono-
mía medicinal y alimentaria. También se informa sobre la situación
de la comunidad con respecto a los casos detectados y se reiteran las
recomendaciones tanto del Ministerio de la Salud como de las auto-
ridades ancestrales.
Estrategias ancestrales aplicadas a la gestión del riesgo de desastres frente al Covid-19... 165
Estrategias para el fortalecimiento de sistemas propios
En párrafos anteriores ya hemos hecho referencia varias veces a est