La violencia como producto de ese choque ideológico en la novela Un día en la
vida de Manlio Argueta
Introducción
El presente trabajo pretende estudiar la novela: Un día en la vida de
Manlio Argueta. La razón por la que se escoge esta novela es porque ha tenido
una gran aceptación por el público lector a nivel mundial. Además, es la novela
más reconocida de este autor. La primera publicación de esta novela fue en
1980 bajo el contexto histórico de las guerras revolucionarias en todo el
territorio centroamericano y, esta novela incluye perfectamente ese referente
histórico. La problemática que se manifiesta es la agresión desnaturalizada por
parte de los militares. Por tanto, lo que rodea la novela son actos inhumanos
liderados por la presencia extranjera. La protesta está manifestada durante
toda la novela por medio de la teología de la liberación.
Manlio Argueta, nace en San Miguel de El Salvador en 1935. Terminó
sus siete años de estudios de doctorado en Jurisprudencia y Ciencias Sociales,
Universidad de El Salvador, donde se destacó como fundador del Círculo
Literario Universitario, 1956, una de las promociones literarias más reconocidas
en su país que formó parte de la Generación Comprometida, de gran
reconocimiento literario. Ha sido editor y profesor universitario en Costa Rica,
Estado Unidos y El Salvador. Fue Director de la Editorial Universitaria
Centroamericana, donde trabajó por más de doce años.
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Un día en la vida es una novela que se ubica en los procesos
revolucionarias de mediados del siglo XX, es decir, las décadas de los 60,70 y
80s. Trata del maltrato del pueblo salvadoreño bajo las manos del ejército. Es
la historia de Lupe, Chepe y su descendencia. Es una trama que se enreda
entre las generaciones, ya que cuenta la historia de varios familiares, como
Adolfina. El papel de la iglesia es esencial en este proceso, pero pasa por un
cambio importante. La primera iglesia quiere mantener el conformismo y formar
a una sociedad sumisa. La segunda iglesia trae la nueva ideología: la teología
de la liberación. Esta alude a que los sacerdotes se involucran en ese proceso
y apoyan la lucha contra las injusticias sociales. Es por tanto, una educación
más abierta y no se queda en la retención del pueblo. La tristeza de Lupe, gira
en torno a la muerte de su hijo, Justino, el cual, al igual que a su padre, Chepe,
es asesinado por los militares, ya que, inspirados por los nuevos sacerdotes,
ideológicamente protestaban en contra del gobierno y el maltrato social, así se
logra incentivar una concientización colectiva, y no individualizada, como lo
pretendían los antiguos sacerdotes.
Crítica de la novela
El primer trabajo por sintetizar es de Jorge Chen Sham y se titula “Visión
estereoscópica y memoria histórica en Un día en la vida”. El autor refiere a la
colectividad de la voz campesina que comparte sufrimientos y humillaciones a
lo largo del texto, así pues, denota la importancia de la perspectiva de cada
personaje: “Se trata de una visión desde adentro, por lo cual la distancia se
aminora y nos acercamos a la conciencia de los personajes…” (Chen, 2003, p.
2). Ante esto, agrega la visión de control que mantiene en el texto, lo cual
ejemplifica con la hegemonía de los militares sobre el pueblo oprimido. Por
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tanto, Chen menciona lo siguiente: “el campesino adquiere conciencia de su
pasado y rechaza la versión de la historia oficial” (Chen, 2003, p. 3). La
violencia con que la autoridad ataca denota exclusión hacia el grupo pobre, por
el contrario, ese grupo mayoritario y subalterno rechaza ese poderío
hegemónico. Ese sistema opresor pretende exterminar al campesino,
desaparecerlo y desestabilizarlo económicamente para que no hable ni se
defienda.
Por consiguiente, Chen (2003) muestra que la novela gira en torno a la
reivindicación de las voces campesinas, el derecho a defenderse y a poseer
beneficios, tal como lo hace la clase hegemónica. El autor menciona que es
precisamente esa conciencia de un pueblo la que le da la posibilidad de abrir
los ojos y ver que le están violando sus derechos como persona. La
consciencia trasciende dado el rasgo temporal que muestra una violencia que
evoluciona: “De esta manera, la violencia y la muerte recubren a tres
generaciones de la familia de Lupe, permitiendo hacer la conexión entre el
pasado y el presente” (Chen, 2003, p.5). Lo expuesto por el autor en cuanto al
rasgo temporal se refiere, implica el proceso de injusticias sociales que se van
acrecentando con el paso del tiempo y así la concientización y el papel de la
iglesia (teología de la liberación), motivan a los personajes a luchar por un
mundo de hermandad y solidaridad que enseña la religión. Así, menciona el
Autor, la esperanza divina es que todos tengan igualdad de beneficios.
Por último, este trabajo clarifica la idea del bien y el mal, una lucha,
desde la evangelización, como de luz, por parte de los campesinos que sufren
el infierno y los malignos que producen esa injusta vida. Así, cuando ese
proceso de concientización les hace ver que están siendo tan maltratados que
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necesitan defenderse, se promueve la lucha: “ya que la conciencia de
“opresión” se transforma en un inconformismo” (Chen, 2003, p. 6). Pero Chen
(2003), sí deja claro que el discurso más importante de la novela es el de
“nosotros anafórico”, pues este denota la similitud de la perspectiva de los
personajes campesinos, debido a que todos sufrían y todos así, unidos debían
luchar por hacer valer sus derechos. Las voces se narran desde un nosotros
que sufre, llora y muere.
El segundo trabajo por sintetizar es el de Monique Sarfati- Arnaud y se
denomina “El progreso de enunciación colectiva en Un día en la vida de Manlio
Argueta”. Este trabajo en principio, interioriza en la voz de Lupe consigo misma,
es decir, menciona que la reconstrucción del relato se basa en toda una vida
contada en un día. Alude a la estructura del relato y menciona que todo gira en
torno a la narración desde la voz femenina, que es la de Lupe, así describe,
que el hilo conductor de la historia abarca a sus familiares y los tormentos que
vivían. Arnaud, incluye la relación que existe entre los personajes y la conexión
discursiva donde las preguntas que se hacen los personajes se responden más
adelante, por ejemplo, la pregunta: ¿por qué los militares están a favor de los
ricos? Esa pregunta se responde posteriormente cuando un militar proveniente
de familia campesina, de esos que se avergüenzan de donde provienen,
responde la pregunta que anteriormente se había hecho Lupe, no obstante, la
respuesta no fue directa y precisa en ese momento, pero sí se encuentran
dentro del texto. Lo anterior lo explica de la siguiente forma: “…una lectura
atenta permite descubrir todo un juego de preguntas y respuestas entre él y los
demás personajes de la novela” (Arnaud, 1989, p. 978).
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Posteriormente, analiza el título “La autoridad” como un sintagma
nominal que se torna irónico, pues la autoridad está representada por
ciudadanos salvadoreños iguales en clase, es decir, tanto civiles y militares son
de familias indígenas y pobres. En contraposición al cuartel que los lidera
(igualmente son superiores) son europeos. La ejemplificación que hace Arnaud
(1989) es con respecto a la comida y el trato que reciben los militares de origen
salvadoreño, estos poseen cierto poder hacia sus propios compatriotas, pero
no deja de ser irónico, ya que los poderosos para cierta clase son simples
marionetas de los más poderosos a ellos. Los europeos les dan comida de
calidad, extraña, diferente y así, también reciben un trato que les hace verse
como inferiores. Además, remite a la figura del profesor como controlador y
formador de la hegemonía. Finalmente, alude a la voz del silencio en el texto,
así la autora refiere a la falta de respuesta en algunas de las preguntas por
parte de la clase dominante. Los militares preguntan y se responden a sí
mismos, ante este discurso no existe protesta por parte de los dominados, esa
es la voz del silencio que a la que la autora refiere.
El tercer y último trabajo por sintetizar lleva el nombre de “Un día en la
vida El contacto con los teólogos de la liberación y la aparición de la psicología
social de la liberación”. Este análisis fue escrito por Mario Juárez Rodríguez. El
trabajo está enfocado en cuatro partes: a) ¿qué es un testimonio, b)
descripción del autor, c) biografía de Martín- Baró y c) conclusión. El autor
cataloga esta novela como novela- testimonio debido a que existe una voz
desde el nosotros que denota al pueblo: “…la voz del testigo, sea la voz de la
colectividad la que narre los acontecimientos” (Juárez, 2011, p. 4). Así
menciona que la dirección del relato, entonces, sigue la colectividad y se
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suprime el yo. Por consiguiente, el autor menciona que el texto gira en torno
cuatro voces femeninas que narran otros sucesos y describen a otros
personajes, tales como los jesuitas.
Juárez (2011) menciona lo siguiente:
La obra es un conglomerado de recuerdos y descripciones de la
situación que vive el campesinado salvadoreño, así como de personajes
o figuras de un peso tan importante como la autoridad, las comunidades
y su vida, las manifestaciones reprimidas, la persecución policial y
militar hacia los campesinos y el contacto con los jesuitas. (p.7).
El rasgo testimonial en la novela es rescatado muchas veces por el autor
y destaca a todas estas manifestaciones como características de la novela
testimonial. Además, un aporte importante en este documento es la inclusión
del término psicología social en relación con la teología de la liberación, donde:
“los teólogos de la liberación abogan por la construcción del paraíso en la
tierra, luchando contra las injusticias humanas en este su lugar” (Juárez, 2011,
p. 9). Es evidente que el autor alude a la explotación del trabajador como
argumento de lucha, así pues, la relación que hace con la psicología social está
centrada en la autoridad como productora de dolores de cabeza y de
estómago. Enferman a la sociedad con sus injusticias y no es necesaria la
interacción verbal entre ambas clases para crear opresión, con solo la
presencia denotan ya una falta a los derechos humanos que están siendo
atacados no solo físicamente, sino que psicológicamente también.
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En síntesis, este trabajo evidencia la comunicación estable entre el
pueblo y la iglesia que buscan un refugio en su conciencia para defenderse de
los ataques: “consiste en ser la voz de una época y de una comunidad”
(Juárez, 2011, p. 17). Esta es la conclusión que da el autor, pues lo testimonial
del texto existe en tanto simboliza y expresa la voz de ese silencio que es
producto de las humillaciones.
Premisas teórico-conceptuales
Según Fokkema (1992), el texto se relaciona con otros muchos y
únicamente una obra es parte mínima de una relación intertextual (p.167).Por
tanto, el enriquecimiento del texto se enrumba a la multiplicidad de significados,
es decir, que la teoría de la recepción permite diversas interpretaciones y no se
limita a tesis estructuralista. Se considera, entonces, a la recepción como una
teoría postestructuralista. En la cual Barthes tuvo mucho que ver y fue de los
más destacados teóricos de esa corriente. Así, menciona el teórico: “Los
lectores son sedes del imperio del lenguaje, pero tienen la libertad de conectar
el texto con sistemas de sentido y no hacer caso de la intención del autor”
(Selden et, 2001, p. 193). Es pues, la muerte del autor de Barthes, la que da
participación activa al lector dentro del texto.
Por consiguiente, al despegar al autor, el texto adquiere más valor, ya
que el lector tiende una relación amplia con la obra literaria. Es una
conversación entre texto- lector. Lo importante es cómo el lector percibe, recibe
e interpreta la obra, así podrá brindar aportes y eso depende del aspecto
cultural e ideológico en que se encuentre el individuo lector, es decir, de lo que
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haya vivido, escuchado, visto, etc. La interpretación depende de todo eso y de
la relación esquemática que hace el individuo, del conocimiento anterior con el
nuevo, para dar significaciones productivas. Según Eco (1997), no existe una
lectura correcta, y tampoco el lector debe pensar que existe una sola
interpretación en un texto sino que hay múltiples caminos, por tanto, señala que
no se debe aferrarse a esa falsa creencia (p.18). El texto no es solamente una
obra literaria, sino que está en todas partes, alrededor de cada sujeto existe
diversidad cultural, educación, etnia, ubicación geográfica y demás factores
que influyen para dar una interpretación, asimismo la consolidación de la
literatura como construcción artística le da valor subjetivo y permite varios
accesos para que se lleve a cabo la interpretación.
Por otro lado, según Barthes, un código es “una de las fuerzas que
pueden apoderarse del texto (cuya red es el texto), una de las voces con las
que está tejido el texto” (Barthes, 1980, p. 16). Por tanto, es un enlace de
significados que establecen relación entre sí. Es un cuerpo constituido de lazos
intertextuales que deben permanecer regados en toda la obra, así, después de
identificarlos y unirlos se deben interpretar. Barthes (1980) menciona cinco
tipos de códigos: el cultural, que adquiere el saber histórico, el proairético que
remite a los comportamientos de los personajes, el hermenéutico que abarca la
solución del enigma, el simbólico de la multivalencia y, el semiótico (pp. 15-
16). Estos códigos deben relacionarse entre sí para indagar en la obra sobre un
enfoque en particular, ya que no se puede abordar toda la obra literaria, sino
sobre algunos códigos que, por medio de la relación, consagran un análisis
completo.
Características de la literatura revolucionaria
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La fama o el reconocimiento de la literatura centroamericana, a nivel
mundial, es sin duda la literatura revolucionaria, ya que ha sido muy estudiada
debido al proceso histórico de guerras que duraron tanto tiempo en el istmo. Es
por eso que adquieren el rasgo testimonial, esta característica se refiere a que
existe una narración en primera persona, escrita en estado de emergencia,
generalmente escrito en conflictos armados, de esta forma adquiere el sentido
de denuncia. Los narradores, en este enfoque, parten de las voces de los
oprimidos. Muchos escritores de esta literatura participaron en las guerrillas y
mantuvieron, por ende, un vínculo vivencial en esos procesos. En esta
literatura estaba más marcada la diferencia de clases que dividía totalmente el
sistema opresor al pueblo que recibía los maltratos, es decir, el enriquecimiento
por un lado y la pobreza extrema por el otro. Allí fluye ese espíritu marxista de
revolución porque denuncia el crimen desnaturalizado del “gánster” como los
llama Ernesto Cardenal, en síntesis, la característica esencial de esa literatura
consiste en que “se confrontan los poderes establecidos” (Leyva, 2013, p.3).
Las temáticas de esa literatura rondan la violencia, dolor, pobreza, injusticia,
deshumanización, etc. El espíritu revolucionario alude a que los personajes
sufren maltratos, pero llegan a consolidar una ideología opositora que los lleva
al enfrentamiento. El texto Un día en la vida alude a todo ese tipo de temáticas
y es fundamental la presencia de la teología de la liberación de la iglesia. Se
integra así una alianza entre el pueblo y la iglesia para activar ese espíritu de
lucha y denuncia a favor de los derechos humanos.
Análisis
Se van a trabajar con dos códigos culturales: el adiestramiento de los
extranjeros a los soldados y la educación que reciben los campesinos por parte
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de la segunda iglesia. La comida es un claro ejemplo cultural, pues viene del
extranjero para alimentar a los militares: “Viera que nosotros nunca habíamos
comido con tenedor, ni cuchara, no se imagina el lujo…Comemos carne todos
los días” (Argueta, 2001, pp.73-74). Posteriormente se habla de la formación
rígida que reciben del gringo y el chino (representación del extranjero): “Y otra
clase que se llama sicología, es decir, cómo se puede hacer sufrir a la gente a
puras palabras” (Argueta, 2001, p.76). Esta ejemplificación es parte de esa
formación estricta que están recibiendo de los extranjeros para reprimir al
pueblo. Es interesante la relación temática entre la obra literaria y algunos
hechos históricos de esa influencia ideológica, que para Estados Unidos era
importante transmitir. Los ejemplos son claros en el texto, no obstante, para
encontrar las relaciones sobre el marco contextual, cabe citar que:
“El incentivo de recibir adiestramiento en el extranjero y las
atracciones que ahí encontraban, los llevaba a hacerse cómplices
del proyecto imperial de los [Link]…Los reclutas usaban sus
experiencias en el exterior para distanciarse de sus orígenes
sociales humildes” (Gill, 2005, p.148)
Es así como el adiestramiento militar estadounidense, opositor al
comunismo, su principal rival, iba a formar soldados rencorosos y fríos ante
cualquier contacto humano. El deseo de los soldados por obtener poder era lo
que les hacía aceptar esa doctrina imperial. En el texto se dan esas referencias
al país atrasado, así se manifiesta esa vergüenza que siente hacia su propia
tierra, sus propios orígenes. El mensaje extranjero era enfocado en la
manipulación y el control, pero en contra de su sistema había una mezcla
ideológica entre el marxismo y la religión. Es claro que el texto enuncia dos
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tipos de iglesia: la tradicional y la liberadora, esta vela por los derechos
humanos. Esa mezcla se refiere a la segunda iglesia, la que cuestiona esa
autoridad absoluta del bando internacional. Es así como ese marco contextual
sirve de referencia para entender el porqué de esas apariciones gringas en el
texto y también la razón de ese rechazo hacia sus compatriotas. En la novela
se hace énfasis a los militares, también como campesinos. Eran hijos de
personas iguales a ellos, por tanto, ese rasgo de superioridad no viene
esencialmente de la educación nativa tradicional, sino de la influencia mundial
que se apodera de la tierra centroamericana. Allí, es donde participa ese
adiestramiento con intereses particulares. Desde la comida, la ropa, la
formación que reciben, el choque cultural con las élites del poder y el
armamento que reciben de los extranjeros es precisamente lo que los hace
pensar que poseen una superioridad. La diversidad y la posesión de ideas
materialistas, que los campesinos no tienen, es lo que les insta a adoptar una
nueva nacionalidad con premisas políticas tan distintas. La complicidad está
constituida en tres partes, desde el punto de vista negativo, esa tríada la
conforman: los soldados salvadoreños que están siendo adiestrados por los
extranjeros y asimismo son encubiertos por la primera iglesia. El silencio que el
tradicionalismo religioso quiere en los campesinos es un objetivo compartido
entres esas tres partes, pues quieren el poder sin protestas, así, con el pueblo
sumiso: “lo que los hace altaneros y fuertes es que han estudiado para ser la
autoridad, para que las leyes se cumplan” (Argueta, 2001, p.25). Es esa
ignorancia del pueblo de la que quieren aprovecharse para expresar su
consolidación y manifestación del poder. Consecuente con ello, Gill (2005)
también menciona:
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“Los jóvenes entraban a las fuerzas armadas en un
momento en que [Link]. ejercía gran control sobre las
fuerzas de seguridad y las transformaban en instrumento
de su propio poder” (p. 148).
Es, con respecto a las anteriores citas, que se logra observar la
presencia del gringo y el chino del texto, como una referencia simbólica de esa
figura de poder. Además, la visión imperialismo se denota en el texto cuando
se alude a la violencia simbólica. La tríada ya citada se coloca alrededor del
pueblo; entre todos están intimidando a la nación, son tres gigantes que
agreden con su violencia, en este caso simbólica, a los personajes
salvadoreños. Esa colectividad les hace poseerlos en sus manos, por un lado,
la primera iglesia amenaza con la profecía del castigo ante la desobediencia,
asimismo les enseñan a conformarse con lo que tienen, pues les ofrecen un
cielo y tesoros que hay en la otra vida, no obstante, contradicen su discurso
debido a su mente ambiciosa. En conjunto con ello, están los extranjeros que
les ofrecen eso mismo a los soldados, solo que en la tierra. Unos viven
adineradamente en la tierra y a los otros, para mantenerlos callados, les
venden un paraíso que está lejos de los ideales de la realidad (contexto de
guerras). El poder es precisamente ese instrumento propio por el cual
organizan leyes en beneficio único.
Por el otro lado, está la educación que recibe el pueblo por parte de la
teología de la liberación. Allí hay un choque importante entre ambas ideologías:
la capitalista y la que quiere protestar contra ese maltrato. En toda la novela se
desarrolla la temática de la violencia, pero hay que entender que en la obra se
dan dos tipos de violencia: la directa y la indirecta, el segundo está manifestado
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como violencia simbólica, según Pierre Bordieu, la violencia simbólica es todo
poder que logra imponer significaciones y al imponerlas las considera legítimas.
Asimismo consolida su poder como único dentro de los márgenes de la ley.
Esto alude a que la violencia simbólica ubica un aprisionamiento por parte del
estado sin que haya un ataque directo, las mismas palabras actúan como
violencia simbólica. La visión autoritaria, como se manifiesta en el texto, alude
a que solamente el poder establecido debe respetarse, todo lo demás es
inválido y debe ser castigado. El adoctrinamiento es también una forma de
violencia pero indirecta, simbólica, una violencia ideológica en que se usa el
poder simbólico de los estereotipos culturales para oprimir a otros y en este tipo
de violencia la víctima termina creyendo que el lugar que le corresponde es el
que se merece. Por esta razón, hay violencia en el proceso del adoctrinamiento
de los extranjeros a los soldados, según se observa en Un día en la vida, pero
viene a ser simbólica y no de manera directa. El ente superior agrede
indirectamente al pueblo, pues utilizan al ejército como puente, ya que está
totalmente controlado.
El adoctrinamiento de los soldados viene a proyectarse a la sociedad
como física, esa es la que llamamos, directa, así en este segundo punto es ya
la parte operativa de ese acontecimiento, es decir, la violencia física y
simbólica, ambas son producto del adiestramiento. La iglesia es una base de
concentración ideológica opositora. Ese código se relaciona con el anterior, ya
que los militares son adiestrados para matar y hacer sufrir al pueblo, la
violencia es ya la acción operativa, el resultado de ese lavamiento de cerebro.
La violencia se da en el texto de varias formas, entre ellas la directa y la
psicológica, a nivel físico se manifiesta así: “…recibió torturas, es decir que le
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pegaban culatazos, en la espalda” (Argueta, 2001, p. 54). El texto gira en torno
a la muerte de Justino y ese recuerdo amargo. De principio a fin, Lupe reciente
la muerte de su hijo y es hasta el final que pierde también a su esposo de
forma trágica. Así llegan a alternar, la violencia física y la psicológica. Desde el
enfoque de los militares existen golpes e insultos que conllevan a la legitimidad
del poder que habla Bordieu, sin embargo, el hecho de amenazar con estas
agresiones si no se obedece, remite a la violencia simbólica donde el poder
está en manos del gobierno en forma absoluta.
Los extranjeros, como se ha visto, tenían un discurso opuesto al de los
curas modernos. Según R owland (2000), la teología de la liberación mantiene
una relación dialéctica entre la realidad y la fe, así se le hace frente a los
problemas del mundo. Por tanto, existe un compromiso por parte de los
sacerdotes hacia los pobres por medio de la reflexión (p.22). Los sacerdotes de
la liberación del texto hablan y actúan de diferente forma, a la primera iglesia y
por ende a la autoridad. La inspiración de los curas modernos estaba centrada
en ayudar a los pobres y marginados y convivir con ellos solidariamente: “la
bondad no debe confundirse con la sumisión” (Argueta, 2001, p.28). Esta
enseñanza de los nuevos curas expresan una verdad liberadora, pues
interpretan la biblia de forma abierta. La narración está a favor de esa verdad,
pero en contraposición está la simbolización de la falsa verdad, la de los
extranjeros: “El profesor nos pone a gritar: ¿Quién es el peor enemigo de la
democracia? Y respondemos todos: El pueblo” (Argueta, 2001, p.75). Los
extranjeros utilizaban un aprendizaje basado en la repetición cuando
mencionan varias veces el pueblo, para imponer ese falso conocimiento en la
memoria del soldado: el enemigo es el pueblo. Expresaban ser bondadosos y
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que pretendían el bien común, no obstante, como un sofisma. Ellos eran la
“civilización y progreso del país”, esto era lo que enseñaban los extranjeros a
sus discípulos. Su objetivo era aprovecharse de la ignorancia de los
salvadoreños. La voz de los extranjeros está marcada en sí misma como una
falsedad detrás de esa “verdad” que dicen brindar. Existe así la representación
de máquinas debido a que los soldados son formados para esclavizar. Reciben
una buena vida materialista que les hace depender de ese sistema.
Metafóricamente, una máquina que no posea electricidad y no reciba órdenes
humanas no trabaja, asimismo los soldados están instalados en un sistema
informático que alude a la programación de objetivos particulares. Esa
repetición que se citó anteriormente, refiere a esa visión conductista en la cual
se basan para lavar el cerebro de los soldados nativos.
El adiestramiento negativo, pues es impuesto, se da de forma
compartida entre la primera iglesia y el ejército. Los militares se proyectan al
pueblo con la hegemonía del imperialismo y el dominio total sobre la otra
persona, esto es el producto del adiestramiento extranjero. El mismo rasgo de
“superioridad” que dicen mantener sobre los otros, pasa a ser parte de la
ofensa verbal que concluye con la discriminación. Asimismo se evidencia,
desde los subalternos, la recepción de esa tendencia: “Por eso dice la gente: a
las autoridades hay que tenerlas contentas” (Argueta, 2001, p.98). Así como el
ente extranjero posee un control sobre el ejército salvadoreño, este pretende
extender su dominio hasta la clase baja, trabajadora. El adiestramiento posee
la ideología de dictar y apoderarse de todo un país. Si controlan al estado
podrán poseer todo el territorio. La estrategia ambiciosa proviene de las élites
que van gobernando por partes hasta llegar al último escalafón, la del
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proletariado. La gente murmuraba que debían quedarle bien al ejército, allí se
manifiesta una aceptación de la hegemonía por parte de los ciudadanos, algo
que favorece a la primera iglesia. El estado pasivo de los dominados permite
que se incentive la actividad de los dominantes. Esto quiere decir que la
operación de la primera iglesia constituía la inmovilidad de la gente, ese trabajo
colectivo entre iglesia y ejército alimenta la desigualdad y suprime la voz del
pueblo. La formación del ejército por parte de los extranjeros consistía en
transformar a las personas en máquinas, de igual forma, los militares y su
autoridad pretende explotar a los subalternos volviéndolos máquinas de trabajo
y obediencia. Ese sistema robótico es proyectado a toda la sociedad
salvadoreña.
Así define Olimpia López (1994) el concepto de cultura hegemónica:
La acción de la cultura hegemónica internacional es muy
fuerte, y puede provocar el debilitamiento de las culturas
nacionales conduciendo a la pérdida de valores
importantes que dan unidad y cohesión a una nación
(p.78).
Esta clara definición nos lleva a comprender que el poder autoritario
alude a un adoctrinamiento impuesto. Sociológicamente, entonces, se
establece la diferenciación entre una educación abierta y humanista (segunda
iglesia) y, la formación ambiciosa del poder absoluto. Por un lado, el objetivo
del progreso que económicamente beneficia a una minoría o a un sector ya
seleccionado, es decir, el sistema individualista que explota a los ciudadanos
nativos. Por oposición a ese egoísmo del poder, existían los curas que
educaban, influenciados por las teorías marxistas, a verse como un todo
simbólico de la nación. Un país unido, así como a la unión ideológica que
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plantea la fundación cristiana: “Nos fueron metiendo en movimientos
cooperativistas, para hacer el bien al otro, a compartir las ganancias” (Argueta,
2001, p.20). Por el contrario, los primeros curas no pasaban de las palabras,
con su discurso antagónico de predicar la unión y la paz aún cuando veían la
distorsión que hacía el gobierno del concepto de autoridad, es decir, la
legitimidad del poder.
El existente antagonismo ideológico remite a la disputa del opresor y el
oprimido que giran en torno a la muerte. La gran diferencia entre los polos es
que unos matan y otros presencian la muerte de los seres queridos, así
mantienen un acercamiento impresionante con la muerte. Mientras unos son
formados para matar, los otros intentan ser fuertes para sobrevivir, aquí la
única liberación o evasión de esa realidad triste es la muerte. No se observa
este hecho como algo maligno, sino por el contrario, una forma de ser libres y
terminar de sufrir en el mundo en el cual viven, llenos de violencia. Si no se
actúa, la opresión seguirá creciendo hasta ser imposible su destitución, no
obstante, la lucha favorece una esperanza por vivir humanamente, si se
fracasa, la muerte será una libertad, una salida de ese mundo. La valentía de
morir por otros permanece adjunta a la libertad.
Por consiguiente, hay polos opuestos y varía su visión de mundo,
existen perspectivas de los personajes. Al igual que el comportamiento de los
campesinos: es muy diferente la conducta de los católicos tradicionales a los
teólogos de la liberación, pues el pueblo se sentía impulsado por el comunismo
y la revolución. La visión del ejército es muy distinta a la de los campesinos e
inclusive dentro de los mismos campesinos hay diferentes formas de pensar y
ver el mundo. El pueblo que era temeroso, deja de serlo y ahora mira de frente
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a la autoridad. Tal es el caso de Adolfina, la niña de 15 años que lleva ese
espíritu de lucha. Cada personaje adquiere, como es característico de la
novela, una simbolización: Chepe, Lupe, Adolfina, y los niños son parte de ese
choque generacional que va creciendo en ese mundo de violencia. Los
campesinos de antes, eran los sumisos, pero, los jóvenes estarán dispuestos a
levantar la cabeza ante ese sistema opresor.
La perspectiva de los personajes es variada porque intentan referenciar,
cada voz es simbólica. Es diferente la de Chepe y Lupe, a la de Adolfina que
muestra valentía. También es muy diferente la autoridad salvadoreña: hijos de
campesinos que pasaron a mejor vida económica, al chino y al gringo que
aparecen ahí como la máxima figura de poder. Con respecto a esto, se maneja
un discurso racial que pone por los suelos la sangre latinoamericana y exalta la
europea y estadounidense, es decir, el capitalismo que busca el desarrollo y la
“civilización” de un pueblo, es decir, la perspectiva, a nivel general, maneja la
oposición ideológica entre el capitalismo civilizador y el comunismo que lucha
por las injusticias del pueblo oprimido apoyado por la iglesia, por tanto, este
acto marca la presencia de una violencia simbólica.
Existe una triada en esa óptica: la iglesia (tradicional y la liberadora), el
pueblo y la autoridad(los soldados y los extranjeros). El pueblo está siempre en
el centro, todo gira en tono a él. Las acciones varían con respecto a la
perspectiva. Así, el pueblo pasa por el choque generacional donde la visión de
Lupe es distinta a la de Adolfina, pues la primera remite al hecho de sumisión y
temor; distinto es el caso de la segunda, que atraviesa un pueblo a otro y
asimismo, con esa misma valentía enfrenta verbalmente a los militares que
visitan la casa de su abuela, Lupe. Con esto se llega a visualizar la gran
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diferencia entre el catolicismo de antes al de ahora, con respecto a ese cambio
temporal discursivo, pues la iglesia al principio se describe como más pasiva y
conformista, posteriormente aparecen nuevos discursos en la iglesia que
arremeten contra la autoridad militar.
Por otra parte, la iglesia atraviesa un cambio que termina con influir en
las acciones de los jóvenes y campesinos en general. Es diferente la iglesia
conformista a la iglesia revolucionaria: “Hasta que de pronto, los curas fueron
cambiando. Nos fueron metiendo en movimientos cooperativistas, para hacer el
bien al otro, a compartir las ganancias” (Argueta, 2001, p. 20). Es evidente que
ese acto es un choque directo con la forma de pensar de los militares. Así hay
un puente que une al pueblo con la segunda iglesia y se opone a la autoridad.
La misma iglesia es parte de un refugio y al mismo tiempo un lugar de protesta,
allí existe una mezcla entre lo divino y lo material, es decir, el mismo espacio
físico del templo sagrado es un lugar seguro, pero no se puede evadir el
momento de inseguridad en el cual se vive, por tanto, la paz y el amor al
prójimo es exenta debido al trato de los militares. En el texto el único ataque
físico que se evidencia es el que se da por parte de la autoridad, no por parte
de los campesinos. Es más un momento donde ideológicamente el pueblo está
cambiando, pero no existe un ataque directo revolucionario.
Por otra parte, se podría interpretar, en relación con el título, que el día
narra un sufrimiento del pueblo, desde inicio a fin se mantienen la
incertidumbre que se bate entre la vid y la muerte, seres que son asesinados
brutalmente y que son humillados: llantos y risas se mezclan, unos disfrutan y
otros sufren. El rencor se va guardando y la impotencia en ese día los
gobierna. El conformismo de comer maíz (comida del cerdo) diariamente y sin
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lujos, está en proceso de cambio porque la iglesia abre el pensamiento y les
hace verse como humanos y no como animales, ya que ese era el trato de los
militares. La comida de los militares estaba seleccionada y no era la misma que
comían los campesinos, es decir, la nueva comida proveniente del extranjero,
es una representación de la dependencia del país a manos estadounidenses.
La animalización del pueblo es un retorno a la colonización donde se
esclavizaban seres humanos. La comida es solamente un símbolo, realmente
esa diferencia de clases establece lo nuevo, un mundo que está cambiando. El
ejército es un títere que es manejado por la autoridad superior, que es la
extranjera. Lo nuevo de los alimentos trae un cambio político que favorece
solamente a una cierta población, la otra clase sería explotada, ante esa
reacción aparece otra referencia al cambio y es la llegada de la teología de la
liberación que modifica el pensamiento y la consciencia del pueblo.
Por consiguiente, el día es una transición temporal donde el
conformismo se suprime y el pueblo va a luchar, a nivel de análisis, se cita lo
siguiente: “Sabe una cosa, me dice, sabe una cosa abuela: así de repente he
visto el cuerpo del cabo Martínez…tenía los ojos y la boca abierta y por más
que le cerraban los párpados, se volvían a abrir…” (Argueta, 2001, p.166). Este
es el final de la obra, allí se podría interpretar que la revolución ha empezado,
justamente cuando la novela termina. El cabo Martínez que llevaba el cuerpo
de Chepe, desfigurado y casi muerto, fue asesinado al finalizar el texto, hasta
allí empieza la verdadera revolución que pasa de la palabra (Federación de
Campesinos) a la acción, finaliza con el asesinato de un militar, algo que no se
habían atrevido a hacer por la ideología católica antigua que les frenaba, ya
que ellos no se consideraban asesinos. Eso se catalogaba pecado, a pesar de
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que fuese en defensa propia. La diégesis principal del texto plantea que el
pueblo mantiene reuniones que tratan temas en contra de la ideología
dominante. A pesar de las organizaciones que se efectuaban, nunca sucedió
algún asesinato de un militar, sino, únicamente de los pobladores campesinos.
Pero, al final del texto se interpreta que hay un inicio de guerra: El cabo
Martínez se convierte en el único militar asesinado durante la obra y,
justamente sucede al final, que pareciera ser el comienzo de una guerra
revolucionaria. Por ello, se evidencia el producto de esas organizaciones
opositoras a la hegemonía. Así se manifiestan los dos tipos de adiestramiento,
por un lado, se conserva la violencia física como puente a la liberación (el caso
de los campesinos) y por el otro, la agresión se muestra como producto del
adiestramiento mecánico que busca el poder. Desde la posición del narrador,
se podría decir que en el primer caso, recurrir a la violencia es justificado, pues
e busca la defensa de los derechos, pero muestra un rechazo al recurso
violento del gobierno dado el objetivo ambicioso que buscaban. La enseñanza
de la segunda iglesia favorece ese recurso de protesta, así se señala una
subjetividad acerca de esa violencia, ya que en todo caso recurrir a la defensa
es parte un acto violento, pero justificado.
La autoridad también maneja una relación interna, la formación radica en
manifestar lo extranjero en oposición a lo nativo. En principio, el mejor ejemplo
son los militares campesinos salvadoreños como cualquier otro campesino que
se avergüenza de su país y de su gente, asimismo son influenciados por la
ideología capitalista que mueve al mundo y lo reparte inequitativamente. La
autoridad superior es la extranjera, representadas en el texto por el gringo y el
chino, estos los forman y les dan comidas que nunca habían probado en su
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anterior vida de salvadoreño común. La novela los describe como lujos que no
se podían dar si no pertenecían al ejército, ellos se unían por la necesidad que
existía en ese pueblo. El odio que sienten hacia su propia gente es el producto
del choque económico entre el ambicioso y el pobre, además el texto describe
lo siguiente: “Hasta el horizonte es de ellos, Y el cielo también” (Argueta, 2001,
p. 52). En síntesis, este primer código relaciona las conductas del pueblo
campesino actual, influenciado por la iglesia a luchar por los derechos que les
roban los militares salvadoreños, que son influenciados por la autoridad
suprema capitalista. Existe un rechazo por parte del ejército hacia su propio
origen y una vergüenza de pertenecer a un pueblo pobre y olvidado. Hay todo
un discurso que se debate entre el progreso que favorece solo a unos y el
atraso que encierra a la mayor parte de la población, pues la frialdad con que
son formados alimenta el trato desnaturalizado.
Por consiguiente, en el texto de Argueta (2001) se cita:
Entonces cómo vamos a ser nacionalistas; si el
nacionalismo dice que todos somos iguales. Y la verdad es
que nosotros no somos iguales a la demás gente, eso no
puede existir aquí, pues cómo vamos a ser iguales que
los civiles que tienen grandes inclinaciones por el
comunismo? Nosotros preferimos lo extranjero porque lo
extranjero no vienen a joder, casi siempre viene a ser el
bien. (pp.101- 102).
La educación del pueblo por parte de los sacerdotes está marcada como
reformadora y liberal. Es por tanto, un lavado de cerebro el que recibe el
ejército, pues llega a valorar lo foráneo y despreciar lo nativo, según el párrafo
citado arriba se enuncia la discriminación, la cual es una violencia simbólica
que pronuncia esa desigualdad social. El adiestramiento extranjero les permite
aceptar esa superioridad de lo exterior y así, intentan sembrar eso a los
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pobladores, los cuales, intentaban ver, con la influencia de la primera iglesia,
que era de orden natural, que había siempre alguien superior de quien obedece
órdenes. En el caso de los sacerdotes existe una variación, pues al principio, la
iglesia no se metía de lleno con los ataques militares. Se remitía a un
conformismo: “La voz de la consciencia es el sueño mismo…Esa voz es para
regañar” (Argueta, 2001, p.15). La concientización es un claro ejemplo de esa
enseñanza de la primera iglesia. Esa visión de retener al pueblo a realizar
ciertos actos, era un control ejercido por los primeros para que no se les
rebelaran. Querían, al igual que el gobierno, un pueblo sumiso. Es importante
ratificar cómo se da ese adoctrinamiento por parte de ente dictador, esta
consistía en convencer a los soldados salvadoreños de que Estados Unidos
era el progreso y ellos el atrás: “…fíjese pues que por ejemplo en Estados
Unidos el maíz es sólo para los chanchos y los caballos…” (Argueta, 2001,
p.76). La comida como signo cultural que si filtra en la novela, es un puente que
conecta la nueva perspectiva en oposición a la nativa. Es una multiculturalidad,
pero impuesta y discriminatoria. Mientras los soldados comían diversidad de
alimentos, el pueblo estaba destinado a comer maíz. La caracterización de los
personajes extranjeros muestra una actitud estricta y rígida, la cual poseen
como objetivo transmitir ese pensamiento a los soldados y que estos se
proyecten a la sociedad.
La voz que exhorta califica si algo es bueno o malo, por tanto, la
concientización que se enseñaba radica en el acto de obedecer. El castigo era
parte del discurso de la primera iglesia. Es claro que a los primeros no les
interesaba involucrarse con el pueblo para tener en contra al ejército. Solo les
importaba estar bien ellos, y mantener buenas relaciones con el gobierno. La
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primera iglesia pareciera ser un servicio al ejército, pues contribuían a
mantener al pueblo calmado, tranquilo y sumiso: “…que no hagás esto, que
hacé esto, no lo hagás porque es pecado. Falta de libertad, pues. “(Argueta,
2001, p.15). Es parte de esa alianza entre la iglesia y el gobierno, la que
permite que las injusticias continúen. La misma iglesia es la que está
favoreciendo o apoyando el maltrato social. Esta misma institución es un muro
que detiene, impide y apoya la clase alta, la que maneja la burocracia del país.
Existen amenazas también en la primera iglesia, ya que el castigo era el
destino de todo acto que ellos consideraban pecado. Esa enseñanza también
aprisionaba a su manera. No lo hacían físicamente como el ejército, pero sí por
medio de enseñanza católica tradicional. Les educaban en la aceptación de
esa impotencia conformarse con su economía: si nacieron pobres, así iban a
morir y debían agradecer a Dios. Este es parte del discurso de la primera
iglesia, aceptar la voluntad de Dios sin salirse del orden, por tanto, una rebelión
sería una causa a un futuro castigo.
Por otra parte, la segunda iglesia que aparece es la influencia por la
teología de la liberación: “…saber que existe algo, llamado derecho…Ellos nos
abrieron los ojos” (Argueta, 2001, p.27). A partir de esa conexión con otras
enseñanzas, nace la revolución que busca hacer valer los derechos humanos.
Si, anteriormente los sacerdotes intentaban frenar actos de protesta porque
consideraban que era pecado, ahora, con esta nueva ideología o reformación
de la iglesia, la concientización pasa a ser más colectiva que individual. Antes,
los sacerdotes incentivaban la individualidad, pero ahora se sustituye por la
unidad y dado que el sufrimiento era colectivo, también la solución debe serlo.
En la primera etapa, se marcaba toda protesta como puente al castigo eterno,
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era un freno, una desobediencia que alteraba los órdenes estipulados. Ahora la
individualidad es borrada y se propaga al grado colectivo: Derechos humanos.
Control y orden es parte de ese trabajo en conjunto que manejaba la primera
iglesia con el gobierno. Es claro que si hay una rebelión existe una
desobediencia y rompimiento de las normas.
La concientización era vista de diferente forma porque la primera
garantizaba que todo acto de rebeldía había que frenarlo y debía ser pacífico,
pero con la segunda iglesia, la conciencia es más social, por tanto, aludía a que
la unidad debía acabar con ese “día” simbólico, que pueden ser muchos años
de violencia. Es cierto que la revolución no es directa, ya que no pasa de ser
ideológica, es decir, que el grado de ataque físico, por parte del pueblo hacia el
ejército, no es visible, sino por la protesta verbal. Existe pues, una relación
importante entre la iglesia que educaba para formar fieles luchadores y el
ejército, que consideraba a la autoridad como la única vía al progreso. No se
puede considerar entonces, esa formación de los militares como una
educación, sino como una empresa mecánica que trabaja robóticamente para
matar.
Lupe, es representación de la antigua generación, ya que muestra gran
ignorancia acerca de lo que pasaba en su país. Este personaje es producto de
la educación de la antigua iglesia, por el contrario, Chepe es también de la
misma generación, pero representa ese proceso de cambio en el pensamiento,
él está de lleno en la organizaciones, tales como: La federación cristiana y la
unión de trabajadores y campesinos. Y la confrontación de ese cambio se cita
en el texto, cuando Chepe se refiere a Lupe: “La consciencia, me dice, es
sacrificarse por los explotados. Yo no hubiera sabido nunca el significado de
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esa palabra si no me la explica Chepe…Porque para mí todo era parte de la
naturaleza.” (Argueta, 2001, p.135). La sumisión y el aceptar ver a los militares
como superiores era parte de la función de la primera iglesia, la cual logró
sembrar eso en personajes como Lupe, pero ella, con su pensamiento
tradicional es confrontada por Chepe que figura como puente entre la sumisión
y la rebelión que lucha por los derechos. Así la iglesia se proyecta al pueblo y
este reacciona para ocasionar nuevas formas de ver el mundo, abre la breca
del entendimiento.
La búsqueda por la restitución del poder está presente de forma
simbólica en el texto, un ejemplo de ello: “Es el único pájaro valiente, pues se
pelea hasta con los gavilanes” (Argueta, 2001, p. 64). Es una representación de
la futura revolución que se está armando, aquella forma de luchar contra los
más poderosos que quieren adueñarse hasta de las vidas de las personas. La
valentía del pueblo está evidenciada con ese pájaro, el cual expresa el nuevo
pueblo que está surgiendo. El tiempo de la novela se enrumba en un cambio
que pretende ver a los habitantes luchando, algo que en el pasado no ocurriría.
A pesar de que el panorama era difícil existían valientes líderes que
protestaban y soñaban con un cambio político. En ese caso, Chepe estaba
presente en esos proyectos con la intención de favorecer a todo un pueblo,
vivió esperanzado en ser como ese pájaro que peleaba con confianza en la
victoria. El panorama de la novela es muy oscuro, pero estos personajes se
agregan a lista de representaciones del valor de muchos salvadoreños que se
opusieron a ser esclavos de un sistema desigual.
Otra ejemplo de esa representación es el perro chucho que posee una
reproducción simbólica, también relacionado con el espacio temporal: “El
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chucho es mi hijo, mi hermano, mi primo, mi tío, mis abuelos, mis sobrinos, mis
tíos abuelos y mis sobrinos- nietos, bisnietos y tataranietos” (Argueta, 2001,
p.89). El perro es golpeado por los soldados cuando estos llegan a la casa de
Lupe, en el momento que el perro aparece en escena es un personaje más que
comparte escena con los soldados y Lupe, no obstante, cuando la mujer utiliza
ese adjetivo posesivo para referirse al perro, alude una manifestación más
representativa. Así, el perro es parte de ese tiempo de dolor, tristezas y
maltratos que han recibido los ciudadanos. Chucho, pasa de ser perro a
persona, ya que se abre la brecha del pasado para referirse a las agresiones
del ejército. Al principio, se refiere a Chucho en singular, pero después hace la
aclaración de Chuchos, como la pluralización del dolor. La memoria colectiva
de El Salvador a través del animal, en todo caso es precisamente eso, un
maltrato salvaje e inhumano el que reciben los ciudadanos. El Chucho se
refiriere a Justino, Chepe y otros más que han sufrido una muerte similar. El
desprecio por parte de la autoridad ha trascendido mucho tiempo. La novela,
como ya se dijo, no posee un tiempo establecido, asimismo Chucho viene a
significar esa vía temporal en que los familiares de Lupe han sufrido, sin
embargo, el personaje femenino no se refiere únicamente a su familia sino a
todos los cercanos a ella, es decir, todo el pueblo salvadoreño. El chucho viene
a simbolizar la patria agredida e invadida por las fuerzas extranjeras.
Por otra parte, el signo que clasifica al ejército como salvaje e injusto es
parte de esa producción de la violencia: “No deben olvidar que este uniforme se
defiende hasta la muerte, la vida de nosotros se explica por este fusil, somos
poderosos y nos temen…” (Argueta, 2001, p. 100). Según Guiraud (1974), las
insignias, las armas, la comunicación entre los individuos y la vestimenta, son
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signos que se deben reconocer en un análisis. Es por tanto, que ese fusil y el
uniforme que portan son signos que expresan poder. Hasta ahí se podría
consolidar un poder como un acto de orden y organización de un pueblo, pero
en el caso de la novela, se plantea más bien un abuso de autoridad, pues
utilizan esas prendas no para significar orden y respeto a la autoridad como se
le respeta a los oficiales. En este caso es una autoridad rígida que viene a
obedecer las fuerzas extranjeras debido a la impotencia que poseen al ser
invadidos.
Tesis investigativa:
Según el análisis hecho de la novela se concluye que la constitución y
organización del país salvadoreño que se presenta en el texto es manipulado
por los poderes extranjeros, los cuales insertan, desde esa reproducción
cultural (los alimentos y la vestimenta), el dominio y control establecido por
medio de la violencia simbólica, ya que no atacan en forma directa, sino que
utilizan a los soldados para que cometan los actos de violencia física.
Conclusiones
La obra posee dos tipos de iglesia que enseñan de forma diversa. La
primera alude al control social; al igual que el gobierno opresor se da diferente
forma, pero sigue siendo un control del pueblo. Resaltar el castigo como
consecuencia de cualquier acto de protesta es parte de esa retención o
impedimento de parte de la iglesia hacia el pueblo. La creencia en ser
dominado es el discurso que predomina. Se maneja una tríada importante
donde el pueblo es el centro de todas las ideologías, pues pretenden controlar
a los ciudadanos. La autoridad está constituida por dos partes: los soldados
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nativos y las fuerzas invasoras y, como se ha citado, la iglesia pacífica y la
reveladora.
La segunda alude a la libertad y la lucha por los derechos de los
habitantes. Es un choque directo de ideologías, a partir de esa protesta el
ejército ataca porque se siente amenazado. La violencia es un recurso de lucha
y es justificado cuando se usa en defensa propia, este ataque sucede hasta el
final de la obra, pero fue producto de una serie de reuniones comunistas
apoyadas por la iglesia.
La revolución estratégica que se da en el texto alude al uso de
metáforas, como la de los animales: el pájaro valiente, valor de lucha y protesta
contra el sistema opresor de que humilla al pueblo, por medio de este
personaje simbólico, se remite a ese proceso de cambio que pasa de forma
ciudadanos temerosos a ciudadanos que alzan la voz. Por otro lado, el perro es
una representación del pueblo agredido físicamente, así Lupe expresa que
Chucho es toda su familia y sus compatriotas, quienes sufren el dolor
colectivamente. Este personaje es la representación simbólica de la citada
violencia física, fue importante ver esa diferenciación entre las dos violencias,
pues ambas reproducen un castigo injustificado, solo es producto de la
ambición.
Desde el punto de vista del narrador, se muestra una simpatía por el
proceso de liberación de los sacerdotes, ya que establece esa división entre el
depredador y la presa que vive con ese temor a ser destruido. El pueblo recibe
la ayuda de la segunda iglesia para establecer una oposición ideológica que,
posteriormente, pasaría a ser operativa. Pero queda claro que el pueblo ha
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permanecido en un proceso de cambio debido a que ha sido ese centro que
siempre han querido poseer.
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