Schopenhauer y la Libertad de la Voluntad
Schopenhauer y la Libertad de la Voluntad
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Observaciones Filosóficas - Schopenhauer: “La Libertad de la voluntad”, Determinismo, irracionalismo y pesimismo metafísico
Abstract
The freedom is fundamental to the human existence independently that this is conscious or not it, thus it is
considered as a value and inherent rights of each person, but to what extent have the freedom that we have? Is
there a difference between the voluntary and free? The following essay attempts to answer these questions from
Schopenhauer's worldview, noting the origin of the illusion of free will, as opposed to the idea of absolute freedom
and will not transitive given on the metaphysical plane.
This refers to a thought necessarily pessimistic and deterministic based on own pain and suffering of human
existence corresponding to the metaphysical sustenance ethical, aesthetic and epistemological philosophy in
relation to what Schopenhauer means will to live.
preguntas que no hacen más que reflejar la idea oculta de que hay algo que domina
nuestro existir, donde justamente eso que domina no es en cada caso la persona.
Sin embargo, se cree en la libertad y a partir de esta idea se sitúa el hombre de distintas
maneras en el mundo, puede sentirse afortunado de su vida tranquila y apacible, puede
valorar cada momento teniendo una visión optimista respecto de ella o contrariamente
mostrarse disconforme y más que vivirla, padecerla ¿Cuál es entonces su
responsabilidad ante ella? Lógicamente que bastante en cuanto se le presenta un rango
más o menos amplio de posibilidades que él puede barajar antes de tomar sus
decisiones.
El razonamiento y la capacidad proyectiva y prospectiva desarrollada en el humano, le
permiten además de conocerse, imaginarse en infinitas posibilidades que pueden ser o
no realizables efectivamente en su vida cotidiana, con lo que puede por ejemplo,
imaginarse volando como las aves, pero como su fisonomía no se lo permite, puede
buscar algún medio para llegar a semejante situación. Esta capacidad de razonamiento
abstracto en el hombre, sumada a la complejidad de la constitución del mundo, hacen
que las acciones humanas se vuelvan cada vez más diversas y se den bajo relaciones
de las que resultan diferentes efectos, esto porque el hombre como conciencia
intencional, maneja innumerables posibilidades para representarse la propia vida de
múltiples maneras y conforme a ello, hacer su existencia de un modo premeditado y
particular.
Por esta razón hay un sentimiento que sitúa al hombre en la libertad, es él quien lleva a
cabo sus acciones según su parecer y quien debe hacerse responsable de ellas.
Inclusive, aunque se piense que las propias acciones están limitadas, sea por una
disposición genética, por la sociedad o cualquier otro factor, siempre queda un ámbito al
cual no puede sustraerse completamente la libertad, esto es, el propio pensamiento, ya
que aunque una persona tenga impedimentos físicos o esté sometida por otro individuo
para hacer efectivas sus acciones, siente y con ello sabe que sus pensamientos son
íntimos, le pertenecen y sólo por ello posee ya algún grado de libertad.
En las consideraciones en torno a la libertad, parece haber siempre una oposición entre
la existencia o no existencia de ella para el ser humano y es en este contexto donde
Schopenhauer desarrolla su reflexión, en la medida que la libertad se relaciona con la
moralidad del hombre y directamente con sus acciones. La libertad se muestra
primeramente como una contradicción entre dos ideas: hay por una parte, absoluta
libertad de la voluntad en una vertiente metafísica y por otra parte, no hay libertad en la
existencia humana, ya que en este plano todas las acciones ocurren de modo necesario,
en tanto se encuentran sometidas al principio de causalidad. Esta contradicción anularía
la existencia de la libertad en su totalidad, pero en Schopenhauer esto no sucede, más
bien la libertad existe, pero el hombre se equivoca al ponerla en un lugar que no es
originario de ella, entonces lo que habría que hacer, es encontrar su significado y lugar
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real, para que desde ahí el hombre pueda comprenderla y comprender también su
existencia. Así toma fuerza la idea de que la libertad es una creencia que el hombre
adquiere a partir de lo que puede conocer del mundo empírico, pero que no está
fundada, pues la concibe aún bajo el velo de maya, es decir, como pura ilusión.
alcanzar una explicación profunda acerca de él, se comienza o desde el objeto dado por
la realidad empírica, o por el sujeto, quedando en este caso toda posible explicación en
el ámbito de la idealidad. La filosofía entonces se ha movido entre estos dos polos
aparentemente opuestos, atribuyendo significados al mundo y a lo que se relaciona con
él desde un realismo empírico o de una idealidad trascendental, siempre desde una
esfera para criticar a la otra.
realiza una representación, donde el individuo vendría a ser una unidad que puede
conocerse de dos maneras distintas, como fenómeno en tanto tiene un cuerpo y es
objeto como los otros objetos del mundo y como voluntad, que se manifiesta en el hacer
y padecer de sus acciones.
En este contexto el hombre se representa a sí mismo como sujeto del mundo, donde la
vida humana consiste en la constante oscilación entre un querer y los intentos por
satisfacer ese querer, lo que finalmente conduce al placer o al dolor, pero en ningún caso
para situarse ahí de manera definitiva. El hombre es un ser volente, un constante querer
que intenta preservarse, pero a diferencia de los otros seres del mundo, el hombre se da
cuenta de su querer y con ello de su condición de superioridad, de su diferencia dada
por la intuición abstracta y por lo mismo se considera como libre, no obedeciendo sus
actos a simples impulsos biológicos o estímulos externos, ya que el mismo
evolutivamente, se ha ido desarrollando en niveles más complejos de existencia,
manifestando control en sus actos y en lo que le rodea. Frente a todo esto, el humano se
sitúa en el plano de la libertad, el hombre dice puedo hacer lo que quiero y hasta en
algunos casos puedo elegir que es lo que quiero, pero sin una reflexión, todo esto queda
eclipsado bajo el concepto empírico de la libertad.
En suma:
“El modo de ser de la voluntad es un continuo devenir en el que se afirma el
querer-vivir. Todos los seres se disuelven en la voluntad única y en su afirmación
en el incontenible devenir; el determinismo absoluto es la expresión de esta
disolución de los múltiples en la serialidad del devenir: todo momento del devenir
procede de un momento anterior y va hacia un momento siguiente; en la serie
del proceso todo tiene una razón suficiente de su ser.6
Si el determinismo domina el proceso del devenir de la voluntad, ésta en cuanto tal es
irracional: no hay razón de ser de la voluntad; el proceso del devenir es un proceso
necesario pero la existencia de la voluntad es contingente; la voluntad es razón de ser pero
no hay razón de ser de la voluntad: “la no existencia del mundo es tan posible como su
existencia”7 [...] La voluntad obra de manera absolutamente libre, sin motivación, y es por
tanto, irracional y ciega. Schopenhauer la identifica con las fuerzas que actúan en la
Naturaleza, fuerzas que adoptan aspectos y nombres diversos (gravedad, magnetismo,
electricidad, estímulo, motivo) en sus manifestaciones fenoménicas, pero que en sí son una
única e idéntica fuerza: La voluntad de vivir.
La esencia del mundo es voluntad. El mundo contemplado desde dentro de sí mismo y
nuestra vida es voluntad. La voluntad es lo íntimo del ser, el núcleo de cada individuo e
igualmente de todo. Se manifiesta en toda fuerza ciega natural y también en la conducta
del hombre.
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capaz de decidir, pero sin la distinción entre voluntad empírica y voluntad como destino
en el plano del autoconocimiento. Y finalmente, en las explicaciones en torno al ser
humano que lo caracterizan de distintos modos con una esencia que no le es propia.
Todas estas ideas entrelazadas, más la fragmentación de la realidad y el conocimiento a
la hora de proporcionar explicaciones, contribuyen a que el individuo crea que es dueño
de sus acciones y que posee una libertad absoluta. Sin embargo, no ha pensado en ello
profundamente, más bien actúa sin tener en consideración lo más importante, la
posibilidad de tomar distancia del mundo fenoménico para a partir de ahí lograr una
mejor comprensión de la totalidad de lo existente.
La idea de que puedo hacer lo que quiero tiene su origen en la experiencia que
obtenemos a partir de nuestra existencia en el mundo, generalmente el individuo
observa que si siente deseos de beber agua su cuerpo va y lo hace, es decir, satisface
su querer que en este caso es un motivo. Efectivamente esta relación entre la voluntad y
el cuerpo no se da como una relación causal, puesto que hay una identidad entre ambos
que se comprueba porque querer y hacer es la misma cosa, que se presenta de modos
diferentes en la reflexión. Así, lo que le pasa a la voluntad también le pasa al cuerpo y a
la inversa, no hay una primacía de uno sobre otro, ya que un acto del cuerpo es la
acción de la voluntad objetivada, es decir, puesto en la intuición, por eso no puede haber
causalidad en esta relación.
Un motivo corresponde entonces a la representación que el individuo tiene a partir del
conocimiento de las otras cosas que provoca el acto de voluntad. Se pregunta entonces
Schopenhauer “¿la relación entre el motivo y el acto de la voluntad es necesaria?”9 La
respuesta a esta pregunta señala en qué grado el individuo es realmente libre en
relación a la conexión causal o arbitraria ente acto y motivo del querer.
Se mencionó antes que la idea de libertad es entendida por el individuo como la libertad
física o empírica, donde el querer y el poder se consideran como posibilidades subjetivas
y no se considera la situación causal objetiva del mundo externo, sometido a principios.
Esto porque el entendimiento situado en la conciencia y no en la autoconciencia, es el
que da una comprensión objetiva bajo la ley de causalidad dada a priori para todos los
fenómenos. Entonces, en el plano del conocimiento externo de las cosas, aunque no se
perciba de modo directo, lo que tienen en común todos los fenómenos es estar
sometidos a esta ley y la diferencia entre cada uno de ellos, radica en la complejidad de
su constitución, determinada por la fuerza de objetivación de la voluntad, por lo que
nuevamente hay que recurrir a la relación de la voluntad con su fenómeno.
La voluntad se objetiva de distintos modos, puede hacerlo ciegamente como fuerza de la
naturaleza donde no tiene conocimiento alguno, en otros casos aparece como estímulo,
y finalmente en sus grados más altos de objetivación, como motivo, que implica un
conocimiento o representación. Esto es importante porque señala por una parte, que la
representación no depende única y exclusivamente del sujeto, en tanto hay en ella algo
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más que se manifiesta, pero que no se puede explicar, porque en ella se muestra sólo el
cómo y el qué de las cosas, más no el porqué y por otra parte indica, que si la
representación no depende exclusivamente del sujeto10, tampoco lo hará la
representación de los motivos que condicionarían su querer, que en última instancia
remiten al en sí de las representaciones.
Por consiguiente, hay grados de objetivación de la voluntad en relación a la visibilidad de
ella en cada idea11 conforme a su intensidad y no en relación a la cantidad. Y si se
considera además que todos los fenómenos son objetivación de una misma voluntad, se
deduce que por consecuencia tienen una causa intima común.
Esta causa íntima común es la voluntad manifestándose de distintos modos: por ejemplo
en la materia inorgánica es una fuerza vital que lleva a la acción o al cambio, donde la
acción y reacción de los estados se puede observar en directa proporción. En las
plantas, que son los seres orgánicos más inferiores, esta causa se expresa como
estímulo, donde es posible observar la relación entre acción y reacción, aunque ellas no
ocurran de manera proporcional o directa. Finalmente en los animales, cuya capacidad
representativa llega solo hasta lo intuitivo y en los seres humanos, donde la misma
capacidad es más alta en tanto alcanza el nivel de la abstracción, la voluntad no se
expresa ni como causa ciega ni como estímulo, sino que como motivo en tanto
representación intuitiva o abstracta que impulsa a la acción. En este punto la causa y el
efecto se alejan, la causa es más compleja y el efecto más heterogéneo. De esta
manera las acciones parecen indeterminadas aunque estén objetivamente
determinadas, si bien hay un pequeño margen de capacidad deliberativa en base a la
diversidad de representaciones, hay otro factor que predispone con anterioridad el actuar
de un determinado modo en cada caso y tiene relación con el carácter.
Es la capacidad de representación abstracta entonces, la que hace que el individuo
pueda acceder a una mayor gama de motivos que los animales y al mismo tiempo, que
ellos sean más complejos y se distancien de las acciones a tal punto, que parezcan
libres de necesidad. Debido a esto, aparece un margen de elección donde el individuo
actuará guiado por la diversidad de motivos confundiendo una libertad relativa con una
absoluta. Cuando lo que realmente sucede, es que en base a la capacidad de
abstracción pueden cambiar los motivos, pero el carácter de la voluntad sigue siendo el
mismo a lo largo de toda su existencia.
La voluntad en el hombre se manifiesta como una fuerza interna que lo hace
representarse diversos motivos del querer a partir de lo externo. Pero por otra parte, el
hombre se compone de un carácter que es aquello que lo distingue como especie de las
otras especies y a su vez, como ser humano único dentro de su especie. Aunque cada
hombre tenga su propio carácter, esto no significa que él lo maneje a su antojo, más bien
en Schopenhauer el carácter corresponde a los grados de virtud y vicio que están
previamente determinados en el individuo y que nuevamente condicionan su actuar.
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Entonces, pueden cambiar los motivos, pero el hombre tarde o temprano actuará
conforme a su determinación dada por el carácter.
De esta manera, el conocimiento empírico de la realidad difumina la conexión necesaria
entre los motivos y el actuar de la voluntad manifestada en las acciones del hombre, que
finalmente están condicionados por el carácter y con ello siguen bajo una relación de
necesidad. Por otra parte, la libertad se presenta como una contradicción en el
fenómeno, en tanto el individuo refleja la libertad de la voluntad pero no es libre, puesto
que es la manifestación de ella bajo el principio de razón suficiente. Entonces lo que
sucede es que la unidad de la voluntad se despliega en la pluralidad de las acciones
humanas, donde el querer aparece libre por el alejamiento de los motivos y las acciones,
que aunque no se perciba, se encuentran bajo relación causal.
En este punto coexisten de alguna manera libertad y necesidad y esto es posible en
relación a la objetivación de la voluntad en la realidad fenoménica.
Otro punto donde podría generarse la ilusión del libre albedrío, tiene relación con la
autoconciencia. Como el sujeto se compone de conciencia referida a lo externo y por ello
objetiva, y también de autoconciencia referida a la interioridad, se conoce a sí mismo
desde la subjetividad, mediante un sentir interno inmediato, por lo tanto, el ser humano
se hace consiente de sí primariamente como ser volente en tanto querer o no querer lo
externo. En este punto no se hace una distinción entre el yo y la voluntad, sino que se
les considera como la misma cosa de manera inseparable y no se capta a la voluntad
personal como parte de una totalidad mayor, esto se produce porque la autoconciencia
se encuentra absolutamente separada del conocimiento de las otras cosas. El sujeto en
la autoconciencia toma esta unidad y se define, de esta manera es fácil trasladar la
libertad absoluta de la voluntad a la libertad del individuo como fenómeno.
Entonces, si el hombre es principalmente voluntad ¿es libre su querer? No, en tanto el
carácter del hombre es aquello que da la determinación a su actuar aunque a él se le
presenten diferentes motivos, puesto que finalmente su elección se inclinará por aquel
que tenga una primacía sobre los otros en función del carácter. Según Schopenhauer el
carácter puede entenderse como carácter inteligible, que es aquella parte que se
corresponde con la cosa en sí, como carácter empírico en el ámbito de lo fenoménico, y
como carácter adquirido, que surge del trato con el mundo y es el punto donde se
produce la modificación en los actos de cada individuo y que lo hacer ser de un modo
diferente al resto de su especie, mas esto nunca afecta al querer, en tanto los actos
determinados por el carácter son un reflejo del querer mismo. El hombre en tanto
carácter adquirido se cree un ser libre, lo que tiene directa conexión con la voluntad
entendida de un modo empírico.
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Metafísica de la voluntad
Aquí cabe también atender a que aunque la voluntad sea absolutamente libre y se
objetive de una manera superior en el ser humano, ella no traspasa esta libertad
absoluta al hombre y si es que lo hiciera, esto solo podría ser de manera relativa y
limitada.
Pero hay que considerar además que según Schopenhauer, hay en la totalidad de lo
existente una unidad entre lo aleatorio y lo necesario que reposa sobre el fundamento de
todas las cosas. En Los designios del destino, establece que “esta esencia metafísica se
manifiesta como la oculta directriz de las acciones humanas”14. El hombre es fenómeno
y voluntad, donde esta voluntad es en parte empírica y reconocible para él, con lo que
observa que en su cotidianidad su vida se mueve entre un constante querer y la
satisfacción de este querer, donde él actúa libremente. Pero como no es posible conocer
este noúmeno volente, el hombre se representa una parte de él como su propia y
exclusiva voluntad, que le permite obrar según su parecer. Al pensar esto con mayor
profundidad, se hace visible que, por el hecho de que la voluntad es una entidad
metafísica, ella no se conoce ni mediante la conciencia de las otras cosas, ni de un
modo directo, por lo que siempre hay una parte de la voluntad que está fuera de la
representación consiente del humano y es justamente aquella que da los motivos para
dirigir la voluntad concebida empíricamente, esta es, la voluntad como destino.
Entonces todo acto o episodio en la vida del hombre tiene necesariamente una conexión
subjetiva, en tanto existe como necesaria para el individuo en particular y otra conexión
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El asalto a la razón
Es así que como con Schopenhauer se destruye el dogma, según el cual la razón
constituía la más profunda esencia humana. Mientras que antes se consideraba como el
último fundamento del hombre aquella energía que encontraba su más adecuada
expresión en el pensamiento y su lógica, Schopenhauer arranca este fundamento
esencial a la razón y por un giro atrevido la transforma en un accidente, en un medio o
una consecuencia del querer que demanda para sí aquel puesto18.
Si el hombre es un ser de razón siente los valores y los fines, y porque los siente como
tales, los quiere; el fin dado y valorado determina la apetencia; esta es la concepción
corriente. En cambio, para Schopenhauer el fin que estimamos y tras del cual vamos
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en una realidad que ya no es ideal sino fenoménica, donde ya no es una sino múltiple.
Entre todos los fenómenos en que se objetiva, se encuentra la existencia humana en su
grado más intenso, como una voluntad que quiere y por sobre todo tiende a conocer,
pero no es libre.
Hay una libertad en el plano metafísico que no es transitiva al plano físico, en el hombre
no puede darse esta libertad en tanto que individuo corresponde a una realidad
fenoménica. La existencia del humano, la voluntad objetivada en un cuerpo, le hace
tener una idea de libertad sin poder ser libre. En este sentido el cuerpo viene a
representar el límite natural de la libertad en la existencia, entendido esto de dos modos:
primero, al ser una entidad física, el cuerpo humano se encuentra necesariamente
sometido al principio de razón suficiente, donde la voluntad se objetiva determinando
previamente su carácter. Segundo, en tanto que voluntad no satisfecha produce
permanente dolor y sufrimiento a la existencia, el hombre está atado a ese dolor a partir
del que toma conciencia de su existencia en un mundo físico y de su vivir como estar
preso de él, por eso mientras más se aleje el hombre de su materialidad y mas se
acerque a su espiritualidad, podrá apartarse del dolor y aproximarse en un mayor grado
a una libertad, que como se propuso antes, es limitada.
El cuerpo es un límite natural, en cuanto el individuo necesita un cuerpo para existir, si
no lo tuviera no sería hombre, sino voluntad aun no objetivada y simplemente no
existiría, pero desde el momento que comienza a existir, su voluntad queda encadenada
al querer en ese cuerpo determinado por el carácter particular, cuya fuerza es tal, que
incluso determina los rasgos físicos, donde se desenvuelve en el mundo sin tener
libertad absoluta, necesitándola, pensando en ella y justificando su existencia.
En primera instancia, el cuerpo es un límite natural a la libertad de la existencia humana
por la sencilla razón de que tiene necesidades tales como alimentarse, abrigarse,
reproducirse, etc. y en un nivel más elevado tiene necesidades espirituales, racionales,
sociales, etc. Sin embargo, al experimentar un desapego con el mundo, con la realidad
fenoménica, aparece también un desapego de la voluntad, donde puede haber una
suspensión del principio de causalidad que es la limitante para que se dé la libertad
humana, por eso la voluntad no debe estar al servicio de conocimiento si no que a la
inversa. El cuerpo es límite porque nunca el hombre puede separarse de él más que en
un sentido metafórico y momentáneo, sólo con la muerte puede darse tal liberación pero
en ese momento ya no hay existencia humana. De esta manera el libre albedrío o la
libertad absoluta no tienen cabida en la existencia humana más que como ilusión de los
actos singulares, por lo que la característica de la existencia humana es primariamente
el sufrimiento, en tanto voluntad que no alcanza satisfacción.
La ilusión de la libertad ocurre necesariamente en el plano de lo físico, en la objetivación
del individuo en tanto cuerpo esencialmente volente.
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Ante esta constante insatisfacción y dolor, el ser humano puede salir de la conciencia
empírica en la que se encuentra constantemente y tomar conciencia de lo que implica
esta voluntad, afirmándola o negándola, no en un sentido ontológico, sino que
axiológico, donde la afirmación de la voluntad está dada por la afirmación del cuerpo
como la satisfacción del continuo querer de un yo, mientras que la negación de la
voluntad de vivir, implica en una de sus modalidades, la tendencia a negar el impulso de
vida del propio cuerpo como autodestrucción del yo, razón por la cual, la idea de libertad
y la relación que el hombre tenga con ella, estará dada partir de cómo se entienda como
individuo y de la relación entre su parte espiritual, su voluntad y su cuerpo. Es esta
relación con el cuerpo, que desde su condición de límite natural de la libertad en la
existencia humana, la que permite algún grado de aproximación a la libertad.
En la negación de la voluntad de vivir, hay un quebrantamiento de ella, donde prima el
abandono de lo físicamente grato o placentero y hay una búsqueda de lo contrario. Por
esta razón, si el cuerpo es un límite natural de la libertad, sería consecuente con el
pensamiento de Schopenhauer abandonar el querer que ese cuerpo imponga negando
la voluntad de vivir en una permanente lucha donde constantemente hay que reafirmar
esta negación. Esta lucha se manifiesta fuertemente en la visión de vida propuesta por el
ascetismo como constante búsqueda de la perfección espiritual y alejamiento de lo
físico, material y corporal, donde el único objetivo de vida está puesto en negar el querer,
que es el origen del sufrimiento, para purificar el espíritu y alejarse de todo aquello que
provoca algún grado de placer.
Entonces esta negación de la voluntad proporcionaría al hombre cierto grado de libertad
ante el principio de razón suficiente, ya que al liberarse de él, la voluntad se libera de su
forma fenoménica quedando en una especie de suspensión, donde sólo queda la nada.
No hay aquí individuación, no hay diferencia sino que identificación del yo con el
universo en una única unidad. A partir de esto, las acciones realizadas por el cuerpo no
son más que la manifestación del conflicto interno de la voluntad.
La distinción entre mundo como voluntad y mundo como representación, permite la
compatibilidad de ideas que aparentan ser contradictorias, hay una libertad absoluta de
la voluntad en sí, junto con una necesidad de los actos del hombre, donde el actuar de la
voluntad es incondicionado pero actúa en relación a un fin que se traduce en un nexo
eficiente o explicación causal en los actos humanos. De esta manera se produce una
contingencia en los actos en la vida del individuo pero que son determinados en tanto se
dan en orden a un fin trascendente.
La concepción de la libertad en Schopenhauer tiene un sentido negativo, en la medida
que ella no es algo primario en la existencia humana y se da en un margen muy
estrecho. Hay lo que él llama libertad moral dada en el plano del ser como
responsabilidad del carácter y que se extrapola al ámbito del actuar u operar humanos.
Por lo tanto la existencia y esencia del hombre son obras de su libertad, es decir, de la
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voluntad, ya que existen a partir de la libre objetivación de ella, donde una vez creado el
hombre sus acciones no le pertenecen a él como individuo y en ese sentido no son
libres, con lo que si hay libertad en el hombre, ella se daría de un modo indirecto
(nuevamente mediado o condicionado), en tanto él es responsable de su existencia y
con ello de su actuar, donde siempre hay acciones bajo condiciones. Esto es lo que
indica la libertad en el ser y no en el hacer.
Dicho de otra manera esta libertad metafísica no es una propiedad de las acciones, sino
que del carácter inteligible, en tanto la objetivación de la voluntad es obra de ella misma,
es causa sui en la medida que no es generada ni fundamentada por otro factor, donde
habría ausencia de razón suficiente.
Hay en el hombre un sentimiento de responsabilidad respecto de sus propias acciones,
pero ¿si la libertad no radica en el actuar a qué se debe esto? Este sentimiento de
responsabilidad es un sentir que aunque esté dirigido al ámbito de las acciones, se da en
un plano más bien intelectual, en el sentido de que el hombre al realizar una
determinada acción y luego al reflexionar sobre ella toma conciencia y se hace
responsable, no de la acción misma, sino que del carácter inalterable en él que conlleva
a determinada acción, no surge el arrepentimiento o el sentimiento de culpa por una
acción específica que se muestra como negativa, más bien por el hecho de que esa
acción hace visible la determinación o modo de ser propio de ese individuo, el carácter,
que se manifiesta y reconoce a lo largo de la vida y que nunca va a cambiar. De esta
manera toda reflexión sobre la libertad no surge en un contexto propicio para el ser
humano, sino que se da en lo profundo del sufrimiento, cuando se toma conciencia de
que la situación en que se vive no es realmente la que se quiere, cuando se intenta
hacer otra cosa o más aún cuando se comprende que el mismo no puede ser de otra
manera.
Entonces este sentimiento de responsabilidad señala que la libertad se sitúa en el ser y
no en el hacer. Esta idea de la libertad absoluta metafísicamente hablando, no se
asemeja a las ideas tradicionales. La voluntad es lo único incondicionado mientras que
en el plano físico de la existencia de los fenómenos, todo es condicionado, determinado.
Si bien hay una especie de destino en el hombre y una armonía guiada por la
preservación de la voluntad de vivir, esto refleja un fatalismo, donde todo finalmente
queda subordinado a la voluntad que nunca alcanza satisfacción, por lo que produce un
constante dolor y concibe la vida misma como un padecer. La voluntad sería summun
malum y por ello más que afirmarla habría que negarla.
“La voluntad es para Schopenhauer la esencia de la realidad, el “en sí” único del
mundo más allá de su apariencia fenoménica; esta voluntad universal un impulso
ciego hacia la vida que no hay que confundir con la voluntad individual de un sujeto
— está dotada de libertad frente a la determinación de lo fenoménico. En virtud de su
libertad, la voluntad esencial puede afirmarse, originando con ello este mundo
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REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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1 Este Artículo ha sido elaborado en Colaboración con el Profesor Dr. Adolfo Vásquez Rocca.
Ver: VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, “SCHOPENHAUER; DEL MUNDO COMO VOLUNTAD Y REPRESENTACIÓN AL
PESIMISMO METAFÍSICO”, En MANUSCRITOS DE FILOSOFÍA, 2004, Ediciones Revista Observaciones
Filosóficas ISSN 0718-3712, <[Link]
2 SCHOPENHAUER, A. Sobre la libertad de la voluntad. En Los dos problemas fundamentales de la ética. Siglo
veintiuno editores, España, 1993.
3 SCHOPENHAUER, A. El mundo como voluntad y representación, Tomo I. Ed. Fondo de Cultura Económica,
España, 2005. p 85
4 Es importante destacar la originalidad de Schopenhauer en el plano de la epistemología. Al comenzar sus
explicaciones desde la representación, se sitúa en una posición que rompe con el esquema tradicional dualista que
explica el conocimiento y la existencia de la realidad a partir de lo objetivo o lo subjetivo. Hay una realidad empírica
compatible con un idealismo trascendental que se sustenta en la representación.
5 Un cuidadoso análisis de la obra central de Schopenhauer, El mundo como voluntad y representación, muestra
que muchas de las ideas más características de Freud habían sido anticipadas por Schopenhauer. Todo pensador
expresa siempre algo de la cultura de su tiempo, por supuesto, pero los paralelismos que encontramos entre Freud
y Schopenhauer van más allá de la mera influencia cultural. El concepto schopenhauriano de voluntad contiene los
fundamentos de lo que en Freud llegarán a ser los conceptos del inconsciente y del Ello. Los escritos de
Schopenhauer sobre la locura anticipan la teoría de la represión de Freud y su primera teoría sobre la etiología de
las neurosis. La obra de Schopenhauer contiene aspectos de la futura teoría de la libre asociación. Y lo que es más
importante, Schopenhauer anticipa la mayor parte de la teoría freudiana de la sexualidad. Estas correspondencias
plantean algunas interesantes dudas sobre la afirmación de Freud de que él no había leído a Schopenhauer hasta
los últimos años de su vida. [Sobre este punto profundizaremos en un próximo Artículo, del cual ya se hecho una
primera entrega:
- VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, “La influencia de Schopenhauer en Freud”, en CIBERNOUS: Mapa y Territorio de la
Filosofía, Proyecto CNICE, Madrid.
<[Link]
6 GONZÁLEZ NORIEGA, Santiago, “Schopenhauer, Arthur”, entrada del Diccionario de Filosofía Contemporánea,
Ediciones Sígueme, Salamanca, 1976, pp. 450-451
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7 SCHOPENHAUER, A., El mundo como voluntad y representación (1819), Ed. Trotta. Madrid, 2005.
8 Este tipo de error ocurre de manera constante en las explicaciones acerca de la realidad. En el caso de la
libertad, se cree que ella es absoluta porque se toma por objetivo lo empíricamente subjetivo. Esto tiene relación
con la ilusión trascendental de la que habla Kant y que según él aparece como inevitable.
9 SCHOPENHAUER, A. Sobre la libertad de la voluntad. ed. cit. p 47
10 Este punto es importante en tanto refuta el solipsismo en la filosofía de Schopenhauer. Para él, la realidad
fenoménica es pura ilusión, sin embargo esto no significa que toda existencia quede sustentada en un yo, más bien
y en relación con sus influencias orientales, la idea de yo surge del mundo como representación, donde se aspira a
la anulación del yo en la negación de la voluntad de vivir. Con lo que más que considerar como central el yo, se
busca una superación de este.
11 Según Schopenhauer la voluntad se objetiva en niveles en relación a su fuerza o intensidad, identificando cada
uno de estos niveles con una idea entendida al modo de Platón, que pueden captarse en tanto el sujeto es sujeto
puro del conocimiento. Esto corresponde al mundo como representación, pero al margen del principio de razón
suficiente. Ver El mundo como voluntad y representación, Libro tercero.
12 VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, “Schopenhauer; Del Mundo como Voluntad y Representación al Pesimismo
Metafísico”, p. 15 y sgtes. En Manuscritos de Filosofía, 2004, Ediciones Revista Observaciones Filosóficas ISSN
0718-3712, <[Link]
13 Ibid
14 SCHOPENHAUER, A. Los designios del Destino. Ed. Técnos, Madrid. 2002. p 23
15 Esta armonía corresponde a la causalidad que da lugar a lo que Schopenhauer entiende en un sentido negativo
como fatalismo trascendente (pesimismo metafísico) como la libertadad no es algo primario, se define de modo
negativo.
16 SCHOPENHAUER, A.,. Los Designios del Destino. ed. cit. p 17
17 SCHOPENHAUER, A. Los Designios del Destino. ed. cit. p 27
18 SIMMEL, Georg, Schopenhauer y Nietzsche (1907);, Prometeo Libros, Buenos Aires, 2005, p. 46.
19 Ibid
20 VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, “Schopenhauer; Del Mundo como Voluntad y Representación al Pesimismo
Metafísico”, En Manuscritos de Filosofía, 2004, Ediciones Revista Observaciones Filosóficas ISSN 0718-3712,
<[Link]
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