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Libros Históricos de la Biblia: Josué

Este libro narra la conquista de Canaán por parte de los israelitas bajo el liderazgo de Josué y la distribución posterior de las tierras entre las tribus. Relata eventos históricos clave en la vida de Israel luego de la muerte de Moisés, incluyendo el cruce del río Jordán, campañas militares y el establecimiento de las tribus en la tierra prometida.

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Libros Históricos de la Biblia: Josué

Este libro narra la conquista de Canaán por parte de los israelitas bajo el liderazgo de Josué y la distribución posterior de las tierras entre las tribus. Relata eventos históricos clave en la vida de Israel luego de la muerte de Moisés, incluyendo el cruce del río Jordán, campañas militares y el establecimiento de las tribus en la tierra prometida.

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LIBROS HISTÓRICOS

INTRODUCCIÓN

A continuación del Pentateuco se encuentran los libros históricos.


En el canon de la Biblia hebrea, al conjunto de los siguientes seis libros se le denominan
genéricamente Profetas anteriores: Josué, Jueces, 1 Samuel, 2 Samuel, 1 Reyes y 2 Reyes.

El título responde a una antigua tradición, según la cual esos


libros fueron compuestos por algunos de los profetas de Israel. En
cuanto al calificativo de “anteriores”, parece deberse al lugar que se
les asignó en el canon, para diferenciarlos de los “profetas
posteriores”: Isaías, Jeremías, Ezequiel y los doce Profetas menores.

La fe del pueblo israelita descubrió en estos libros los estrechos vínculos existentes entre la
historia que se narra y el mensaje profético que en ella se proclama. Personajes como Josué,
Samuel, Débora, Gedeón, Saúl, David y Salomón, principales protagonistas de los hechos
registrados en estos libros,
forman parte del plan de salvación dispuesto por Dios a favor del ser
humano.
A todos ellos, hombres y mujeres pertenecientes a diversas etapas de la vida de Israel, los
contempló el judaísmo desde la doble perspectiva de su realidad histórica y de haber sido
escogidos como instrumentos para cumplir un designio divino de salvación. En esta doble
perspectiva estriba la consideración profética. Por eso, junto con ellos en cuanto personas, los
textos que se les atribuyeron se hicieron también acreedores del carácter profético.
Actualmente suele titularse como historia deuteronomista el conjunto de los Profetas
anteriores. Esta denominación se debe a la influencia que la teología del Deuteronomio ha
ejercido sobre la interpretación de la historia: influencia que se aprecia de modo especial en el
enjuiciamiento de los comportamientos humanos, considerados tanto en el ámbito de lo individual
como de lo colectivo (cf. p.e. Dt 12.2–3 y 2 R 17.10–12).
JOSUÉ 1

1Reina-Valera 1995—Edición de Estudio, (Estados Unidos de América: Sociedades Bíblicas Unidas) 1998.
JOSUÉ BIBLIOGRAFIA

JOSUÉ (= Jehová es salvación)


(1) Asistente personal de Moisés en el período de peregrinaje del pueblo de Israel desde
Egipto a Canaán. Quedó como líder de Israel a la muerte de Moisés. Tomó el liderazgo militar
en la marcha hacia el este del Jordán (Nm 27.18; 34.17; Dt 3.28). Después guió a las tribus en la
toma de Canaán (Jos 1–12), dividió la tierra entre ellas (Jos 13), estableció un centro de culto
nacional en Silo (Jos 18) y guió al pueblo en la renovación del pacto con el Señor (Jos 24). (2)
Hijo de Josadac, sumo sacerdote en el 537 a.C., cuando los judíos regresaron del exilio en
Babilonia (Zac 3.1–9; 6.11).2

JOSUÉ
LIBRO DE LAS CONQUISTAS

Josué (=Jos) es el primero de los seis escritos que integran la serie de los Profetas
anteriores

En las historias narradas en este libro, el protagonista no es propiamente Josué. Esa función
le corresponde, más bien, al escenario donde tienen lugar los nuevos actos del drama de Israel:
el país de Canaán, en el que penetra el pueblo cuarenta años después de haber sido liberado
de su cautividad en Egipto.
Canaán es la meta, el punto final de aquella inacabable peregrinación.
En la entrada a Canaán y en la posesión del país ven los israelitas el cumplimiento de la
promesa de Dios a Abraham, Isaac y Jacob, de darlo a sus descendientes para siempre (Gn
13.14–17; 26.3–5; 28.13–14). Ellos, pues, herederos de las promesas divinas, tomaron posesión
de Canaán, y

«no faltó ni una palabra de todas las buenas promesas que Jehová había hecho a
la casa de Israel. Todo se cumplió» (21.45).
Canaán es el signo de la fidelidad de Dios a su palabra, de una lealtad cuya contrapartida
había de ser la conducta fiel del pueblo escogido. Porque, si bien en la posesión de aquella
tierra se contemplaba el don de Dios, el permanecer en ella dependía de la fidelidad y rectitud
con que los israelitas observaran la ley transmitida por Moisés. Pronto ellos habrían de
comprenderlo, al ver que, empeñados en acciones de guerra, sus triunfos o derrotas dependían
del ser o no ser fieles a su Señor (7.1–5). Eso mismo ya lo habían visto cuando, en vida de
Moisés, vencieron a los amalecitas en Refidim (Ex 17.8–16), o cuando, por el contrario, los
amalecitas y los cananeos «los hirieron, los derrotaron y los persiguieron hasta Horma» (Nm
14.20–23, 40–45).
Una primera lectura del libro de Josué puede dar la impresión de que la conquista de Canaán
consistió en un rápido movimiento estratégico; que los israelitas, dirigidos por Josué, penetraron
2Reina-Valera 1995—Edición de Estudio, (Estados Unidos de América: Sociedades Bíblicas Unidas) 1998.
con facilidad en el país, y que una serie de acciones militares de prodigiosa eficacia les permitió
apoderarse en poco tiempo y por completo del territorio que de antemano tenían por suyo.
En realidad, el asunto no fue tan simple, pues

ni ellos lograron conquistar rápidamente los territorios cananeos,


ni los anteriores habitantes del país fueron del todo exterminados.
De hecho,
1.- Muchos de ellos se mantuvieron firmes en sus posiciones (15.63; 17.12–13);
2.- E incluso establecieron a veces alianzas con los invasores, y entonces unos y otros
tuvieron que aprender a convivir en paz (9.1–27; 16.10).

La conquista de Canaán no fue, pues, el resultado de una guerra


relámpago de exterminio, sino un avance lento y sostenido en
medio de no escasas dificultades,
Entre las que tuvo probablemente gran importancia la inexistencia en Israel de una
estructura política de índole nacional, que solo llegó más tarde, con la instauración del reino de
David. En la época de Josué, puesto que las tribus no tenían unidad de gobierno, se
desempeñaban cada una por su propia cuenta, tanto en la paz como en la guerra.

CONTENIDO DEL LIBRO

Josué
Se divide en dos grandes secciones, formadas respectivamente por los cap. 1–12 y 13–22, y
una menor que incluye los cap. 23–24 a modo de conclusión.

PRIMERA SECCION

Tras la muerte de Moisés, Josué toma la dirección del pueblo (1.1–2; cf. Dt 31.7–8), cuya
entrada y asentamiento en Canaán relata la primera sección del libro.
Los israelitas, que se encontraban reunidos en las llanuras de Moab, atraviesan el Jordán y
acampan en su ribera occidental, puestos ya los pies en Canaán.
A partir de aquel momento, Josué organiza diversas campañas militares destinadas a
adueñarse de la totalidad del país. Primero ataca localidades del centro de Palestina, y más
tarde se extiende hacia los territorios del norte y del sur. Estas acciones aparecen en el libro
precedidas de un discurso introductorio del propio Josué, que sitúa la narración histórica en su
contexto teológico:

«Yo os he entregado, tal como lo dije a Moisés, todos los


lugares que pisen las plantas de vuestros pies» (1.3).
Esta manifestación ratifica la idea de que el establecimiento en Canaán no es una mera
conquista humana, sino un don que Israel recibe del Señor. La sección concluye en 12.24, con
la relación de los reyes que fueron vencidos en batallas a ambos lados del Jordán.

SEGUNDA SECCION

La segunda sección (cap. 13–22) se ocupa de las varias incidencias relacionadas con la
asignación de tierras a las tribus de Israel. La lectura de estos capítulos, con sus estadísticas y
sus largas listas de ciudades importantes y de pequeñas poblaciones, resulta en general árida y
poco gratificadora. Pero también es cierto que aquí ocurren datos de un interés histórico
evidente, gracias a los cuales han podido conocerse los límites territoriales de las tribus y se ha
logrado la identificación de diversos puntos geográficos citados aquí y allá en el AT. Por otro
lado, la descripción que hace Josué del reparto del país invadido revela la atención que los
israelitas prestaron a la justicia distributiva, a fin de que cada una de las tribus dispusiera de un
espacio donde establecerse:

«Dio Jehová a Israel toda la tierra que había jurado


dar a sus padres. Tomaron posesión de ella, y la habitaron»
(21.43).

También la tribu sacerdotal de Leví —a la cual no se le había asignado propiedad territorial


(13.14; véase Introducción a Levítico y cf. Nm 18.20; Dt 18.1–2)— había de contar con lugares
de residencia.
Los dos últimos capítulos del libro (23–24) recogen el discurso de despedida de Josué (cap.
23), la renovación del Pacto y, finalmente, la muerte y sepultura de aquel fiel servidor de Dios
que supo acaudillar al pueblo después de Moisés, y guiarlo hasta su anhelado destino (cap. 24).

JOSUÉ
Esquema del contenido:
1. La conquista de Canaán (1.1–12.24)
2. Distribución del territorio entre las tribus de Israel (13.1–22.34)
3. Últimas palabras de Josué. Renovación del Pacto (23.1–24.33)

JOSUÉ3

3Reina-Valera 1995—Edición de Estudio, (Estados Unidos de América: Sociedades Bíblicas Unidas) 1998.

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