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El Templo de Dios en el Creyente

El documento habla sobre la necesidad del hombre de tener un lugar para adorar a Dios y cómo desde los primeros tiempos se construyeron altares y templos para este propósito. Sin embargo, el documento también explica que ahora el templo de Dios somos nosotros, los creyentes, porque el Espíritu Santo habita en nuestro interior.
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El Templo de Dios en el Creyente

El documento habla sobre la necesidad del hombre de tener un lugar para adorar a Dios y cómo desde los primeros tiempos se construyeron altares y templos para este propósito. Sin embargo, el documento también explica que ahora el templo de Dios somos nosotros, los creyentes, porque el Espíritu Santo habita en nuestro interior.
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Levíticos 26:11-12 “El templo de Dios”

Desde que Dios se revela al hombre, el hombre ha tenido una necesidad muy grande, de
tener un lugar donde adorarle, donde encontrarle, donde venerarle, un punto de reunión, un
enlace con su gloria, un encuentro con su poder, un templo una casa un tabernáculo, una
morada.

Desde el instante en que por primera vez el Señor se revela a su pueblo, Israel buscaba un
lugar dónde encontrarse con Dios. Porque cuando tú te enamoras de alguien lo primero que
quieres es verlo o verla y lo primero en un noviazgo es buscar dónde encontrarnos todos los
días.

Nosotros estamos aquí porque queremos un encuentro con Dios, hemos venido porque
queremos encontrar una conexión con el Rey que creó todas las cosas. Pero no solo el
pueblo de Israel tenía templos, también quienes adoraban a otros dioses tenían grandes
edificaciones con todo tipo de estructuras para poder encontrarse con sus divinidades aunque
fueran dioses falsos.

Esto sucede porque el hombre fue creado para tener comunión con Dios. Y cuando al final de
los tiempos el Señor venga por su iglesia, lo que habrá es un encuentro con nuestro Dios.

El salmo 23 que es uno de los más conocidos en todo el mundo habla de lugares de reposo,
de colinas con pastos verdes, de aguas de reposo, sendas de justicia, valles de sombras, es
decir de lugares geográficos, pero termina diciendo, y en la casa del Señor moraré por largos
días.

Desde que el ser humano nace, ese anhelo está presente en nuestro interior, por eso la gente
no siente paz y se convierte en un buscador de lo que le llama felicidad sin saber que ese
vacío que trata de llenar con diversión no es otra cosa sino la necesidad de tener una
conexión con el rey de gloria.

El creyente es alguien al que Dios le hizo consciente de este anhelo que Dios puso en el
hombre, el templo de Dios es una de las cosas que más ha traído guerras, pero también que
más ha traído bendición. Porque el deseo ardiente del hombre es encontrarse con Dios.

Los primeros hombres de Dios, Abraham, Isaac y Jacob hicieron altares donde quiera que
caminaron, quemaron ofrendas buscando la presencia del Señor. Después con Moisés
hicieron tabernáculos que eran una especie de templo desmontable para poder moverse en el
desierto, y cuando tuvieron ya un lugar donde habitar construyeron templos.

Los altares eran hechos de piedras amontonadas donde Dios mostraba su presencia en
medio de las ofrendas que le hacían sus hijos. Después Moisés hizo un tabernáculo en el
desierto con un culto más elaborado y con diferentes tipos de espacios para adorar al Señor.

Luego David diseñó un templo que no pudo construir él sino su hijo Salomón donde vemos
cómo Dios se manifestó. Dios había prometido en Levíticos 26:11-12 “Y pondré mi morada en
medio de vosotros, y mi alma no os abominará; y andaré entre vosotros, y yo seré vuestro
Dios, y vosotros seréis mi pueblo”.

Dios quería caminar en medio de ellos. Entonces el tema sobre el templo fue progresando
desde lo rudimentario hasta lo más sofisticado. Pero Hechos 7:47-49 dice:

“Mas Salomón le edificó casa; si bien el Altísimo no habita en templos hechos de mano, como
dice el profeta: El cielo es mi trono, Y la tierra el estrado de mis pies. ¿Qué casa me
edificaréis? dice el Señor; ¿O cuál es el lugar de mi reposo?

Dios permitió por un favor especial a Salomón levantar un lugar para su presencia. Pero quién
puede contener la presencia de Dios. Pablo dijo a los Atenienses en Hechos 17:24:

“El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la
tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de
hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las
cosas”.

Dios es tan grande que no hay nada físico que lo pueda contener, no hay paredes, no hay
templos ni altares ni nada físico que pueda contener la grandeza del Señor. ¿Qué casa me
edificaréis dice el Señor?

Zacarías 6:12 “Y le hablarás, diciendo: Así ha hablado Jehová de los ejércitos, diciendo: He
aquí el varón cuyo nombre es el Renuevo, el cual brotará de sus raíces, y edificará el templo
de Jehová”. Este varón es Jesús, él es el renuevo del Señor, es el templo donde la gloria de
Dios desciende.

Lo que no pudo hacer Moisés en el desierto, lo que no hizo Salomón con los materiales más
costosos, lo que no hicieron los altares de Abraham, fue hecho en Jesús. Y ahora que Jesús
está en nuestra vida, el apóstol Pablo dice que somos templo de Dios.

1 Corintios 3:16 “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en
vosotros?”. Y si aquellos altares, tabernáculos y templos fueron símbolo de lo que había de
venir, pero si esos símbolos preliminares y preparatorios de lo que vendría tenían poder,
cuánto más nosotros.

Ahora tú eres la habitación del Señor donde quiera que estás, porque el Espíritu del Señor
mora en nosotros. Si aquello que fue simbólico provocó una visitación de Dios, cuanto más
grande es la presencia de Dios donde quiera que tú estás.

Dios nunca vivió en Moisés, por eso le permitió un tabernáculo, no vivió en Salomón, por eso
hizo un templo, tampoco vivió en el interior de Abraham, el padre de la fe, por eso levantó
varios altares. Pero vive en Misael, en Ángel, en Verónica, vive en mí.

Si Dios santificó los tabernáculos, los altares y los templos por medio de los sacrificios, cuánto
no me santificará a mí a través del cordero de Dios que quita el pecado del mundo. La
santificación del pueblo se realizaba por medio de la sangre de corderos y de machos cabríos,
pero nosotros hemos sido santificados por la sangre de Cristo derramada en la cruz.

Además de todo lo que acabo de mencionar, el Señor nos da de su poder. Somos templo de
Dios y el Espíritu de Dios habita en nuestro interior. Dice Jesús a sus apóstoles, “y recibiréis
poder cuando haya venido sobre ustedes el Espíritu Santo”

Entonces usted ya no es débil, porque usted ha recibido el mayor poder que una persona
pueda tener, porque mayor es el que está en ti que el que está en el mundo, no hay problema
que pueda detener al hombre que entiende su posición como templo de Dios.

1 Corintios 6:19 ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en
vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?

Quiero poner énfasis de estos textos en los signos de interrogación. Pablo dice a la iglesia
¿Ignoras que tu cuerpo es templo del Espíritu de Dios que mora dentro de ti?

En 1 Corintios 3:16 “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en
vosotros?” Es más, sigue diciendo “Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a
él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es”.

Esto tiene dos formas de interpretación, no toques tu cuerpo para destruirlo, con lo cual se
condena el suicidio y el descuido de tu cuerpo. Pero la otra interpretación correcta es que
nadie puede tocar tu cuerpo sin que Dios intervenga.

“Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es”. No por mí, no
por usted, sino por quien habita dentro. ¿Por qué se hace esta pregunta para la iglesia?
¿Ustedes no saben que son templo del Dios viviente?

Es para que usted lo recuerda, porque todo lo que has escuchado, tendrá valor solamente si
usted lo cree. Porque Jesús es más grande que todos tus temores y más fuerte que todos tus
enemigos.

Te has sentido débil pero no lo eres, y no por un falso concepto del superhombre, sino por
cuanto eres habitación del Señor. Una persona hizo una pregunta a un pastor, ¿Cómo puedes
no temblar cuando hablas delante de cientos y miles de personas?

Porque siempre recuerdo que yo no estoy en el centro ni del mensaje ni de los milagros que
Dios opera, yo solo soy el envase de quien hace las proezas, solo soy una vasija de barro dijo
Pablo, para que la gloria sea de Dios y no nuestra.

Pero esta vasija de barro, lo que usted y yo cargamos nadie lo puede derrotar. Es lo que tú
portas lo que tiene poder, y ahora cuando comprendes que Dios te respalda, puedes confiar
en que él guía tus pasos y él es tus palabras.
No te amedrentes delante de las circunstancias, no le tengas miedo a los ríos ni a los vientos,
porque tu casa está edificada en la roca, tu casa está en la roca, y quien destruye el templo
Dios lo destruye a él.

Camina con seguridad porque eres a quien Dios ha ungido con su presencia, sabiendo que a
donde tú llegas llega también Dios. Que donde tú pasas Dios está, tú eres el tabernáculo, tú
eres la morada de Dios, eres la casa del altísimo y el templo del Señor.

Lo que no entendió Salomón, lo que no entendió David, ni los profetas, te lo ha revelado el


Señor en estos últimos tiempos, tú eres el templo del Dios viviente. Ten confianza en el Señor.

Estos muros y estos pisos no son nada si la presencia de Dios no está en este lugar y créeme
que Dios está aquí en este momento a través de ti y de cada uno de los que estamos en este
lugar.

Escucha esto, un hombre de negocios de la ciudad de México que es millonario, pero además
es un hombre de Dios, cuando su pastor lo visita, después de que tiene yates y aviones de
lujo, siempre lo recogía en el aeropuerto en un carro viejo y medio descompuesto.

El pastor se le hacía extraño que hiciera esto y un día le preguntó, y este carro por qué traes
esta carcacha cuando en tu casa tienes estacionados carros de lujo.

Y él le respondió, este es el carro que uso a diario, porque nadie va a pensar el valor que
tiene quien maneja un carro de este tipo. Dijo nunca me han asaltado, eso mismo pasa con
nosotros. Dios puso ese grande tesoro en vasos de barro.

Así que, aunque el hombre haga eso mismo contigo, y te mire y te menosprecie porque no
vea en ti un gran precio de tus ropas y de lo que portas, aunque el mundo te mire y te
desprecie, tú no hagas lo mismo, porque vales demasiado para Dios.

Eres templo de Dios y nadie podrá hacerte frente cuando estás trabajando por cumplir los
propósitos del Señor. Este lugar es valioso no por lo que ha costado porque seguramente hay
sudor y lágrimas detrás de esto que hoy es una realidad.

Pero lo más valioso no es el valor de la Escritura, sino las cosas grandiosas y maravillosas
que Dios va a operar por medio de la iglesia que se reúne en este lugar.

Usted es el portador de su presencia, está cargado de su poder y de su presencia.


Este lugar que hoy dedicamos delante de la presencia del Señor como algo ordinario, por
medio de la presencia de su pueblo se convierte en algo extraordinario.

Dios abre los ojos de tu pueblo y muéstrales que ellos son templo del Dios viviente para que
no haya más preguntas, para que no haya más ignorancia. O no sabéis, o ignoráis que sois
templo del Dios viviente y que el Espíritu de Dios mora en ustedes.
Señor tú habitas y vives en nosotros en el nombre de Jesús. Uno de los discípulos llamado
Felipe dijo, Señor, muéstranos al Padre y nos basta, pero él dijo, Felipe, he estado todo este
tiempo con ustedes ¿y todavía no sabes?, ¿todavía ignoras que Yo soy en el Padre y el Padre
es en mí?
Y ahora no quiero que ignores que donde tú llegas, llega la gloria de Dios, eres el templo del
Dios viviente. Amén.

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