COMPOSICIÓN E INTEGRACIÓN DEL JURADO
por Guillermo Nicora
Es del interés y del derecho de todos los miem-
bros del Estado, el ser juzgado por jueces los
más libres, independientes é imparciales que
sea dado á la condición de las cosas humanas. El
Cuerpo Legislativo cuidará de preparar y poner
en planta el establecimiento del juicio por jura-
dos, en cuanto lo permitan las circunstancias.
Constitución de las Provincias Uni-
das de Sudamérica (1819), art. 114
Sumario: 1. Importancia del tema. 2. Descripción inicial del proceso de integración
del jurado. 3. Ideas fuerza que subyacen en la composición del jurado clásico.
a) Representatividad del panel de jurados. b) Capacidad para deliberar y votar de
manera imparcial. 4. Confección de las listas anuales. a) Etapas en la construcción
de las listas. a.1) Sorteo. a.2) Breve excurso sobre los límites etarios. a.3) Depura-
ción. a.4) Publicación. 5. La audiencia preliminar: inicio de la tarea de integración
del jurado. 6. Sorteo y citación del conjunto de candidatos a jurado. a) Importancia
del cuestionario previo. 7. La audiencia de integración del jurado. a) Interrogatorio
judicial y excusación. b) Interrogatorio de las partes (voir dire). c) Litigio de
recusación con causa. d) Las recusaciones sin causa. 8. Conclusión (con final
abierto).
Resumen
Partiendo de la afirmación de que el jurado ofrece más garantías
de independencia e imparcialidad que el tribunal formado por jueces
profesionales, el autor analiza las normas que en las Provincias de
195
Doctrina
Neuquén y Buenos Aires regulan la selección del jurado, y explica
los mecanismos para asegurar que el jurado sea elegido desde un con-
junto representativo de la sociedad, y que pueda deliberar y votar el
caso concreto de forma equitativa.
Abstract
Starting from the statement that the jury offers more guarantees of
independence and impartiality than the tribunal of professional judges,
the author analyzes the rules in the provinces of Neuquén and Buenos
Aires governing jury selection, and explains the mechanisms to ensure
that the jury is chosen from a representative cross section of society,
and to deliberate and vote on the case fairly.
Palabras clave
Juicio por jurados. Selección de jurados. Imparcialidad. Voir dire.
Key words
Trial by jury. Jury selection. Impartiality. Voir dire.
1. Importancia del tema
El juicio por jurados representa un positivo cambio paradigmático
en la administración de justicia por varias razones (y varias de ellas
son abordadas in extenso en esta misma obra, por lo que intentaré no
repetirlas aquí). Todas confluyen hacia un objetivo aún pendiente: aban-
donar un sistema legal y judicial diseñado para la conservación y per-
petuación del poder absoluto del monarca distante, y reemplazarlo por
un sistema compatible con una sociedad organizada sobre bases de-
mocráticas y republicanas. Así lo dice el texto constitucional cuando,
en el capítulo fundacional de declaraciones, derechos y garantías, man-
da al Congreso promover “la reforma de la actual legislación en todos
sus ramos, y el establecimiento del juicio por jurados” (CN, 24).
De todas esas razones que tuvo en cuenta el constituyente para
escoger el jurado como método de enjuiciamiento al tono con un sis-
tema representativo y republicano de gobierno, este artículo sostendrá
196
Composición e integración del jurado
(e intentará argumentar en favor de su verificación) una que no es
nada trivial: el tribunal de jurados populares ofrece al justiciable más
garantías de independencia e imparcialidad que el tribunal formado
por jueces profesionales.
En el desarrollo que sigue, se describe el proceso que lleva a la
integración de un jurado conforme los Códigos Procesales de las Pro-
vincias de Buenos Aires y Neuquén. Las normas difieren en algo entre
sí, pero nos interesa marcar los denominadores comunes en las dos
vertientes que hasta ahora ha adoptado (como ley vigente) el jurado
clásico en la Argentina. Ellos son fundamentales para la comprensión
de esta nueva realidad forense que (¡por fin!) demanda nuestra atención.
En varios pasajes de este trabajo se citan precedentes del Derecho
norteamericano, e incluso algo de literatura jurídica del mundo anglo-
sajón. Sepa el lector que no es por snobismo ni por admiración cipaya:
nuestro diseño constitucional se basa (sobre todo en este aspecto) en
el de los Estados Unidos. Además, es en ese país donde el sistema
de jurado clásico (y en especial los mecanismos de selección) ha al-
canzado los más altos niveles de sofisticación. Este reconocimiento y
este respeto por el sistema de jurados de los Estados Unidos (no huelga
decirlo) en modo alguno me impiden sostener un profundo recelo (si
no aversión) por el sistema penal norteamericano en su conjunto: no
por casualidad ostenta la más alta tasa de prisionización del planeta,
y convive con unos niveles de desigualdad, selectividad regresiva y
violencia social del todo insalubres. Pero el jurado norteamericano
(que sólo se aplica en una ínfima proporción de los casos penales,
pero así y todo, produce varios miles de juicios al año, en una amplísima
gama de regímenes jurídicos y variaciones regulatorias y prácticas) es
una institución suficientemente asentada, estudiada y respetable. Cada
cosa en su sitio.
2. Descripción inicial del proceso de integración del jurado
Para una mejor comprensión de lo que sigue, es necesario iniciar
aquí explicando rápidamente los diversos y sucesivos pasos del proceso
que desembocará en un jurado ya formado y presto a conocer el caso
que deberá juzgar.
197
Doctrina
De la sociedad considerada como un todo, hasta las doce personas
que deliberan y entregan el veredicto, hay varios escalones de selección.
1. El primero, es el de las nóminas que servirán como fuente.
Éste es uno de los pocos temas vinculados al jurado en los que
la República Argentina tiene ventaja respecto de los Estados
Unidos de América: el voto universal y obligatorio1 nos permite
contar con un padrón que, en todas las jurisdicciones del país,
brinda un listado que podemos considerar representativo de la
comunidad, a partir del cual se puede extraer fácilmente un
número de personas que serán convocados a integrar cada jurado
concreto. Para poner clara la comparación: en Estados Unidos
se usan también las listas de electores, pero está bien docu-
mentado el problema de subrepresentación de los grupos vul-
nerables y de bajos recursos, que normalmente no se inscriben
para votar. Las listas de contribuyentes o la nómina de propie-
tarios de bienes inmuebles también se han utilizado como fuente,
aunque tienen el mismo –o peor– problema de sobrerrepresen-
tación de clases medias y altas, y –un poco menos sesgada,
pero aún sin alcanzar el ideal– también se suele acudir a las
nóminas de personas que en cada condado han obtenido licencia
de conducir, e incluso al directorio telefónico. La mayoría de
los Estados y varias cortes de circuito de la jurisdicción federal
acuden a una combinación de esas listas (lo que requiere un
trabajo adicional de eliminación de duplicados). El muy com-
plejo panorama sobre este punto a través de los cincuenta Es-
tados y el orden federal, puede consultarse en un sitio específico
del Ministerio de Justicia del Gobierno federal norteamericano2.
2. De esas listas fuente (que son de un tamaño desmesurado, ya que
abarcan a todos los ciudadanos) se obtiene por sorteo un listado
de alcance anual por cada jurisdicción (ya veremos que en Neu-
quén hay un listado por circunscripción, y en Buenos Aires uno
1 A despecho de los libros de historia, no es en 1912 sino recién en 1947 cuando
se sancionó la ley 13.010 de voto femenino puede decirse que en nuestro país el
derecho a votar se universalizó.
2 US DOJ Bureau of Justice Statistics ([Link] State Court Orga-
nization 1998, Tabla 39.
198
Composición e integración del jurado
por departamento judicial) que es el de las personas que en el
próximo año calendario podrían ser convocadas para servir como
jurado. Ese listado (que llamaremos aquí “listado preliminar”)
debe a su vez sufrir una depuración, eliminando a quienes no
reúnen los requisitos o poseen impedimentos absolutos (quere-
mos decir, que no dependen del caso a juzgar) para integrar
cualquier potencial jurado. Más abajo daremos más detalles.
3. Del listado depurado (que llamaremos aquí listado anual) de
la jurisdicción territorial en la que se producirá el juzgamiento,
se obtendrá por un nuevo sorteo (ya efectuado para cada caso
en particular) una nómina de convocados como candidatos a
jurado, quienes serán convocados a presentarse al tribunal el
día de la audiencia de selección.
4. Estos convocados serán en principio examinados por el juez
para verificar que no tengan causales de excusación atendibles,
y luego, las partes los interrogarán (lo que se denomina voir
dire), para determinar si hallan causales de recusación que plan-
tear, o si –por último– recusarán sin causa a un número limitado
de candidatos a jurado.
5. Para finalizar este proceso, se pasa a determinar (siempre que
el número de los no excluidos fuera superior a los necesarios,
y por un último sorteo en la Provincia de Buenos Aires, o en
el orden en que fueron originalmente sorteados en Neuquén)
la integración final del panel de doce jurados, y el número
establecido de suplentes, excusándose a los restantes si los hu-
biese. Ésas son las personas que, tras prestar solemne juramento,
y recibir del juez las instrucciones iniciales, juzgarán el caso.
Cada paso de este proceso requiere toda una serie de precisiones y
ajustes que, en algunos casos, se encuentran previstos en las propias le-
yes procesales (que acaso pecan de exceso de reglamentarismo, lo que
es del todo justificado en esta etapa inicial, luego se irán depurando con
el tiempo y el establecimiento de las buenas prácticas que todo sistema
adquiere), otros irán siendo establecidos por los tribunales superiores, y
algunos por fin, serán regulados por el juez que deba presidir el debate.
Nada de lo cual debiera alarmar, aunque, por cierto, suele producir
199
Doctrina
cierta intranquilidad en los espíritus más bien conservadores, proce-
dimentalistas y ritualistas que abundan entre los operadores judiciales.
Intentaremos abordar primero los fundamentos y raíces del proceso,
para facilitar la toma de las numerosas decisiones iniciales que habrán
de tomarse en el día a día, hasta que las prácticas se asienten.
3. Ideas fuerza que subyacen en la composición del jurado clásico
La Constitución Nacional, desde 1853, establece el “juicio por ju-
rados” como nave insignia del cambio en la legislación y la justicia
heredadas de la colonia (CN: 24), y no hace distingos entre el llamado
“jurado clásico” (ciudadanos legos, sin participación de jueces profe-
sionales en la deliberación) y el mixto o escabinado (un tribunal com-
puesto tanto por jueces profesionales como por ciudadanos legos). Cór-
doba ha optado (desde los ’90, pero en forma decidida y masiva a
partir de 2005) por el escabinado, mientras que Neuquén y Buenos
Aires ya han puesto en vigencia sendos sistemas de jurado clásico.
No es objeto de este trabajo entrar en esta discusión, ya que sólo se
abordarán los últimos dos regímenes3.
Un jurado clásico tiene como principal premisa, que debe ser cons-
tituido por un grupo de personas con dos características esenciales:
1. Que provengan de un conjunto representativo de la sociedad;
2. que puedan deliberar y votar de manera imparcial en el caso.
Vamos a analizar por separado ambas características, porque –ade-
más– tienen diversas raíces, y suelen responder a dos momentos distin-
tos del proceso de integración de un jurado, como veremos más adelante.
a) Representatividad del panel de jurados
Este primer requisito reconoce al menos dos fuentes, que son (no
por casualidad) las dos vertientes de la fundamentación política del
juicio por jurados. La primera, centrada en el acusado. La segunda,
en la sociedad.
3 Lo que no me impide opinar que bien harían nuestros compatriotas cordobeses
si pensaran en una renovación de su sistema, incluyendo estas y otras consideraciones
incluidas en el presente volumen.
200
Composición e integración del jurado
– El derecho de toda persona acusada de un delito a ser juzgada
por sus pares: implica que –necesariamente– el conjunto de po-
tenciales jurados debe ser una representación “pareja” (valga la
redundancia) de sus “pares”. Jamás podría –por caso– una mujer
acusada de un crimen en el que el género sea un factor relevante,
considerarse juzgada por sus pares, si el conjunto inicial de per-
sonas a partir de las cuales será seleccionado el jurado está in-
tegrado, en forma exclusiva o mayoritaria, por hombres. Esta
necesidad de integración representativa es determinante: ni el
sorteo ni las técnicas adversariales de depuración pueden hacer
nada por rebalancear un jurado que nació sesgado.
– Los derechos políticos de todos los ciudadanos: los habitantes
de la Nación que gozan del atributo de la ciudadanía tienen (de
acuerdo al sistema político adoptado por la Nación) el inalienable
derecho de participar de las más trascendentes decisiones de la
comunidad, en condiciones de igualdad, es decir, sin que ese
derecho cívico sea mellado por razones discriminatorias. Si no
se adoptan medidas específicas al respecto, es razonable esperar
que las personas pertenecientes a colectivos desfavorecidos se
encontrarán en desigualdad de oportunidades respecto de los de-
más, a la hora de participar en decisiones tan graves y relevantes
como las de autorizar o no autorizar al Estado a aplicar una
solución violenta (la pena siempre lo es) a determinados con-
flictos4.
Pero, además de esas dos fuentes que podríamos llamar “directas”
de la necesidad de que el panel de jurados sea representativo, hay una
razón adicional que de una manera “indirecta” (en realidad es una
combinación de las anteriores, pero que alcanza nivel de tercer fun-
damento) torna necesaria la representatividad del conjunto de posibles
jurados convocados: sólo desde un conjunto representativo puede cons-
4 Si bien no es el único que lo sostiene, creo que fue Julio Maier, en el Congreso
Internacional de Juicio por Jurados en Materia Penal (La Plata, septiembre de 1997)
quien por primera vez afirmó que el jurado representa políticamente la autorización
de un grupo de ciudadanos, en representación de la sociedad, para que los funcionarios
del Estado puedan aplicar la pena estatal. Puede verse la transcripción de esa disertación
en los anales del evento (La Plata, s/e, 1998).
201
Doctrina
truirse un jurado imparcial. Veamos lo que dice al respecto una de
las más importantes obras de la literatura especializada norteamericana
sobre este punto:
Si es posible o no integrar un jurado equitativo depende de la repre-
sentatividad del conjunto desde el que se elige el jurado. En conse-
cuencia, la impugnación de la composición de un conjunto inicial del
jurado puede ser un remedio clave para una potencial parcialidad. Las
fuentes desde las cuales los potenciales jurados son escogidos, el
modo en el cual ellos son calificados para estar en el conjunto inicial
del jurado, y el método por el cual ellos son elegidos para ser llamados
al servicio como jurado, todo ello puede conducir a jurados irrepre-
sentativos. Una impugnación exitosa del jurado aumenta la probabi-
lidad de integrar jurados imparciales en cada caso a ser juzgado en una
jurisdicción5.
La fórmula que la literatura y la jurisprudencia americanas usan
para describir la representatividad es a fair cross-section of the commu-
nity6, que podría traducirse como “un equitativo corte transversal de
la sociedad”.
Más abajo veremos cómo las normas procesales de Buenos Aires
y Neuquén regulan este crucial sistema de confección de las listas
preliminares, que son aquellos listados desde los cuales se sortearán
los candidatos a jurado para cada juicio, y cómo puede controlarse
que efectivamente sean la representación más fiel posible de la socie-
dad.
5“Whether a fair jury can be seated depends on the representativeness of the
pool from which the jury is chosen. Thus, a challenge to the composition of a jury
pool can be a key remedy for potential prejudice. The sources from which potential
jurors are chosen, the way in which they are qualified to be in the jury pool, and
the method by which they are selected to be called for jury service can all lead to
unrepresentative juries. A successful jury challenge improves the probability of seating
fair juries in every case to be tried in a jurisdiction”. KRAUSS, Elissa (ed.), Jurywork:
Systematic Techniques, vol. 1, Minneapolis, MN: West, 2012, § 1:3, p. 5 (la traducción
me pertenece).
6 Esta expresión apareció por primera vez en el leading case de la Corte Suprema
de los Estados Unidos “Glasser vs. United States”, 315 U. S. 60 (1942), donde se
hizo lugar a una impugnación del juicio a partir de que entre los convocados para
integrar el jurado no había ninguna mujer.
202
Composición e integración del jurado
Es importante mencionar aquí, como lo hace Harfuch7 al tratar el
tema, el caso “Taylor vs. Louisiana”8. Taylor era un hombre que fue
declarado culpable de un delito por un jurado, que fue seleccionado
a partir de un grupo de convocados en el que no había mujeres (según
las normas estaduales, una mujer no podía ser seleccionada para el
servicio de jurado, a menos que haya presentado previamente por escrito
su deseo de ser sorteada para servir como jurado). La Corte Suprema
estableció allí que el requisito de que un jurado sea seleccionado a
partir de una muestra representativa de la comunidad, que es funda-
mental para el juicio con jurado garantizado por la Sexta Enmienda,
es violado por la exclusión sistemática de las mujeres de los paneles
convocados, las que en la jurisdicción en cuestión ascendían al 53%
de los ciudadanos elegibles para el servicio de jurado.
b) Capacidad para deliberar y votar de manera imparcial
Aun el más representativo y equitativo grupo de ciudadanos puede
no ser un buen jurado. Existen múltiples razones por las que una persona
podría no ser la indicada para integrar un jurado en particular: una
estrecha relación (sea de afinidad o de aversión) con alguna de las
partes es la más evidente, pero de ningún modo la única. Las creencias,
actitudes y experiencias vitales que caracterizan a cada uno de nosotros
y nos hacen un individuo único e irrepetible podrían perfectamente
obstaculizar la capacidad de discutir y decidir algunas cuestiones.
Este terreno es sumamente complejo, ya que –mucho más que en
el campo del requisito anterior– hay un enorme número de variables
que influyen: un mismo exacto caso puede ser abordado por dos di-
ferentes abogados desde estrategias distintas, y en cada una de ellas
habrá cuestiones (sobre todo, valorativas) que aumentan o disminuyen
su peso específico, e incluso algunos valores en juego para una teoría
del caso (digamos, si es justificado o no el accionar del acusado)
pueden ser del todo irrelevantes desde otra posición defensista (si se
niega la autoría, por caso). Así, la posibilidad de que un individuo en
7 HARFUCH, Andrés, El juicio por jurados en la Provincia de Buenos Aires.
Ley provincial 14.543 anotada y comentada. El modelo de jurado clásico, Ad-Hoc,
Buenos Aires, 2013, p. 144.
8 419 U. S. 522.
203
Doctrina
particular pueda (o no) ser capaz de deliberar y votar de manera equi-
tativa e imparcial dependerá, entre otras cosas, del modo (no siempre
explícito) en que cada parte haya preparado el caso. Ya volveremos
sobre esto.
Añádase aquí que los sesgos y prejuicios de las personas no son
fáciles de evidenciar, ya que el propio interesado normalmente no
advierte su existencia, o bien puede tener múltiples razones para no
ser sincero sobre ellas. Por ejemplo, casi nadie admite tener prejuicios
raciales, y casi nadie está exento de tenerlos (aunque no lo sepa).
Lograr identificar esos sesgos que amenazan la imparcialidad es una
ardua tarea que demanda específicas destrezas en los litigantes, y ciertas
condiciones especiales en el proceso del voir dire.
Adelanto aquí algo que se retomará en las conclusiones: nadie crea
que este punto es un “problema” específico del jurado: los jueces pro-
fesionales también son seres humanos, y tienen prejuicios, historias
vitales, creencias y actitudes. La formación jurídica y el profesiona-
lismo son sólo paliativos (o, muchas veces, sólo métodos de ocultación
y disimulo) para el grado de influencia que –inevitablemente– esas
características individuales tienen en su sistema de toma de decisiones.
La cuestión con el jurado es que el sistema se hace cargo de los
sesgos, en lugar de cerrar los ojos.
Dejemos por un instante esta cuestión, y volvamos a los mecanismos
previos que llevan a poner ante el juez y los abogados un conjunto
concreto de personas que podrían servir como jurados en el caso con-
creto.
4. Confección de las listas anuales
Ya explicamos someramente que el padrón electoral es una fuente
aceptablemente representativa de la comunidad, y que de él se sorteará
la lista preliminar de cada jurisdicción que, tras ser depurada, confor-
mará la lista anual de cada circunscripción o departamento judicial.
Pese a ello, al bajar al terreno de lo práctico lo que a primera vista
se diría y solucionado, aparecen no pocos problemas.
El artículo 45 del CPP de Neuquén llama en su primer inciso “Lista
inicial de jurados” a la “lista de ciudadanos separados por circuns-
204
Composición e integración del jurado
cripción judicial y por sexo que cumplan las condiciones previstas”
para ser jurados (detalladas en los arts. 43 y 44, de requisitos e im-
pedimentos respectivamente). Por su parte, el artículo 338 ter del CPP
Buenos Aires la denomina “Lista principal de jurados”, y la describe
como los “listados principales de ciudadanos que cumplen con los
requisitos establecidos en el artículo 338 bis, discriminados por De-
partamento Judicial y por sexo, a razón de un jurado por cada mil
(1.000) electores masculinos y femeninos empadronados en el registro
general actualizado”.
Es decir que en ambas jurisdicciones, se trata de una lista por sexo
(a fin de asegurar la integración numéricamente equivalente de hombres
y mujeres, sobre lo que volveremos más adelante) por cada circuns-
cripción o departamento judicial, que es un extracto, por así decirlo,
del padrón electoral.
Nótese que no se prevén listas distintas por ciudad sino por cir-
cunscripción o departamento, lo que en algunos casos será problemá-
tico. Es del todo posible que para un juicio determinado, sea sorteada
una persona que resida a varios cientos de kilómetros de la sede del
tribunal. Incluso, es también posible que ninguna de las personas con-
vocadas viva en la misma ciudad en la que el hecho a juzgar se ha
cometido, lo cual –sin ser inconstitucional, ya que el artículo 118 sólo
exige que el juicio se realice en la misma provincia donde se hubiere
cometido el delito– puede atentar contra la representatividad mencio-
nada antes como un requisito necesario. No sería en absoluto contrario
a las normas citadas ni a la Constitución si los litigantes y el juez
acordasen restringir la lista de personas a incluir en el sorteo sólo a
los ciudadanos que habitan en la ciudad en que el juicio habrá de
realizarse. En un futuro, quizás convenga modificar estas leyes exce-
sivamente reglamentaristas (lo cual es comprensible y hasta necesario
como ya se ha dicho, en esta etapa fundacional) para permitir que las
listas preliminares se confeccionen por municipios, que es la unidad
de participación política y social que histórica y constitucionalmente
conviene a nuestro país, y a la que poco a poco (sobre todo si avanzan
los procesos de descentralización territorial que hoy experimenta fuer-
temente la Provincia de Buenos Aires) sospecho irá amoldándose todo
el sistema judicial.
205
Doctrina
a) Etapas en la construcción de las listas
En ambas normas procesales se previó que las listas por circuns-
cripción y sexo fueran confeccionadas por la justicia electoral. Sin
embargo, en la Provincia de Buenos Aires (no así en Neuquén) la
cuestión fue litigiosa: el presidente de la Junta Electoral promovió una
cuestión de competencia ante la Suprema Corte provincial (argumen-
tando injerencia del Ejecutivo y el Legislativo sobre el Judicial, y
señalando la imposibilidad de afrontar la tarea con los muy escasos
recursos humanos disponibles), que si bien a la fecha de cierre de este
trabajo –hasta donde sabemos– sigue sin resolverse, ha producido dos
efectos: el primero, que se incumpliera el (exageradamente optimista)
plazo legal para confeccionar las listas (originalmente establecido en
quince días a partir de la publicación de la ley, promulgada el 26-9-2013
y publicada el 20-11-2013); el segundo, que el propio gobierno diera
marcha atrás con la ley original y presentara un proyecto de modifi-
cación (expte. A.15-2013-2014), que al momento de escribir esto, cuen-
ta con media sanción del Senado y se encuentra a estudio en Diputados.
Esta modificación traslada la construcción de las listas a la órbita del
Ministerio de Justicia. Optamos en este trabajo por describir el sistema
tal como es fijado en este proyecto aún no sancionado, ya que todo
indica que existe consenso unánime entre los bloques para su pronta
aprobación.
El método, en ambas jurisdicciones, consiste básicamente en:
1. Un sorteo para extrapolar una lista preliminar por género y
circunscripción o departamento judicial, desde el padrón elec-
toral;
2. una depuración de esa lista para excluir las personas que no
reúnan requisitos o tengan impedimentos de orden general, y
3. la publicación y comunicación de la lista anual definitiva, que
regirá para los juicios del año calendario inmediato posterior.
a.1) Sorteo
En ambos casos, se prevé la intervención de la lotería provincial
(que garantiza infraestructura y aceptables estándares de validación de
los métodos aleatorios empleados) con el contralor de colegios profe-
206
Composición e integración del jurado
sionales. Sin embargo, no es claro el universo a sortear en la ley de
Neuquén, que manda hacer el sorteo de los ciudadanos “que cumplan
las condiciones previstas en los artículos anteriores” (que son todos
los requisitos e impedimentos legalmente previstos). Es decir, “alguien”
no determinado debiera excluir antes del sorteo a todos los ciudadanos
que no cumplan las condiciones.
La ley bonaerense en ese sentido es más precisa y más práctica,
ya que dispone sortear ciudadanos que cumplen con los requisitos
establecidos en el artículo 338 bis, inciso 2º, es decir, comprendidos
entre 21 y 75 años de edad, lo cual es más objetivo y determinable
antes del sorteo, aunque no del todo: ¿A qué fecha debe considerarse
esta edad? ¿A la del sorteo? ¿A la del primer día del año en el cual
va a regir la lista? ¿A la del último día?
a.2) Breve excurso sobre los límites etarios
Ambas leyes coinciden en que para ser jurado un ciudadano debe
tener entre 21 y 75 años de edad. En lo que hace al límite inferior,
no se entiende mucho cómo una persona que desde los 16 años se
considera capacitada para votar, puede no estar calificada para integrar
un jurado al menos desde los 18 años de edad, que es la edad de la
plena capacidad jurídica. Pero aun si se admitiese la necesidad de
mayor madurez y experiencia de vida para integrar un jurado (y en
todo caso, bien pudo optarse por los 25 años, que es en la Constitución
Nacional, la edad mínima para ser elegido diputado), es en cambio
del todo injustificable la limitación (a mi juicio, rayana en la discri-
minación) de toda persona de más de 75 años. Adviértase que la propia
Constitución Nacional permite a personas de más de 75 años desem-
peñar cualquier cargo público, incluido el de la máxima magistratura
judicial (sujeta en este caso a un nuevo nombramiento, CN: 99.4), por
lo que la exclusión a priori de los listados no parece la solución ideal.
Hubiera sido preferible incluir a todas en el sorteo, y eventualmente,
permitir a los mayores de esa edad excusarse sólo invocando la edad
(como sucede con el sufragio), o bien excluirlos individualmente cuan-
do no reúnan las condiciones psicofísicas requeridas.
207
Doctrina
a.3) Depuración
Una vez practicado el sorteo (el uno por mil del padrón de cada
departamento, en la norma bonaerense, un número varias veces superior
al necesario para los juicios que en cada jurisdicción se estime realizar
en Neuquén), las respectivas leyes mandan excluir de esa lista a las
personas que no podrán servir como jurado en ningún caso, sea por
no reunir los requisitos, o por estar dentro de las causales generales
de inhabilidad.
Entre los requisitos (CPP de Neuquén, 42; CPP de Buenos Aires,
338 bis, inc. 2º), además de ser argentino, mayor de 21 años y estar
en ejercicio de los derechos cívicos (todo lo cual es prerrequisito para
la inclusión en padrones), el Código neuquino establece dos requisitos
que no tiene su homólogo bonaerense: exige a los jurados (a) “Tener
domicilio conocido, con una residencia permanente no inferior a dos
(2) años en el territorio de la jurisdicción del tribunal competente”, y
(b) “Tener profesión, ocupación, oficio, arte o industria conocidos”.
El primer requisito no es fácil de determinar ya que es una cuestión
fáctica y hasta opinable. El segundo requisito es aún más difícil de
establecer, ya que además de la dificultad probatoria, se suma la con-
ceptual: ¿Existe un numerus clausus de oficios, artes o industrias?
¿Conocidos por quién? Realmente, la cuestión es problemática, además
de excluyente: los desocupados tienen disminuida su capacidad cívica
para ser jurados, y además –si están acusados– no tienen derecho a
que sus pares (otros desocupados) integren el jurado.
Entre los impedimentos para ser jurados (CPP de Neuquén, 44;
CPP de Buenos Aires, 338 bis, inc. 3º) son comunes a ambas provincias:
– Ser abogado (Buenos Aires lo extiende a los escribanos y pro-
curadores);
– desempeñar ciertos cargos públicos (en Neuquén, gobernador,
vicegobernador, ministros del Ejecutivo provincial, titulares del
Poder Ejecutivo comunal; en Buenos Aires, cualquier cargo pú-
blico por elección popular, y los designados, con rango equiva-
lente a director, en el Estado nacional, provincial o municipal,
entes públicos autárquicos o descentralizados, y representantes
de órganos legislativos nacionales, provinciales o municipales);
208
Composición e integración del jurado
– los miembros en servicio activo de las Fuerzas Armadas o de
Seguridad y de la Policía Federal y Provincial (Buenos Aires lo
extiende a retirados, Servicio Penitenciario, e integrantes o di-
rectivos de sociedades destinadas a la prestación de servicios de
seguridad privada);
– los funcionarios auxiliares del Poder Judicial, Ministerio Público
y Defensa Pública (Buenos Aires inhabilita a todos los funcio-
narios o empleados del Poder Judicial nacional o provincial);
– los ministros de un culto religioso;
– los que tengan sentencia condenatoria ejecutoriada a pena pri-
vativa de libertad por delito doloso, o los que estén formalmente
sometidos a proceso penal (Buenos Aires amplía la exclusión a
todos los condenados por delito doloso –cualquiera sea la pena–
pero limita la exclusión al plazo del art. 51 del CP).
– Buenos Aires excluye también a quien haya sido cesanteado o
exonerado de la administración pública nacional, provincial o
municipal, o de fuerzas de seguridad, defensa y/o del Servicio
Penitenciario; a quien sea autoridad directiva de los Partidos
Políticos reconocidos por la Justicia Electoral de la Provincia o
por la Justicia Federal con competencia electoral; a los fallidos
no rehabilitados; a quienes no sepan leer y escribir en el idioma
nacional; y a quienes no gocen de aptitud física y psíquica para
el cumplimiento del cargo.
Como puede verse, sólo algunas de estas causales pueden detectarse
a partir de registros públicos; la mayoría deberá surgir de cuestionarios
o declaraciones juradas que se deben requerir a los sorteados, lo que
demanda un tiempo adicional posterior al sorteo (en Buenos Aires,
expresamente previsto en la ley) con plazos otra vez excesivamente
optimistas. Incluso, en algunos casos, la causal será opinable, y sujeta
o bien a la discrecionalidad del funcionario responsable de la depu-
ración, o bien al litigio judicial llegado el caso de que integre la lista
alguien que, al momento de su convocatoria, esté alcanzado –según
alguna de las partes– por alguna de estas inhabilidades. No advertimos,
en cambio, mecanismos para corregir un error de exclusión indebida,
que por lo dicho, es igual de grave como riesgo para la imparcialidad
209
Doctrina
del tribunal, salvo que el propio excluido sea diligente y tenga suficiente
interés y decisión para ser preseleccionado como candidato a jurado.
a.4) Publicación
En ambas normativas se dispone la publicación en el Boletín Oficial
de la lista depurada, y la apertura de un plazo de quince días para que
cualquier ciudadano pueda presentar observaciones sobre inclusiones
o exclusiones del listado publicado.
Neuquén ordena la notificación a un número equivalente al cuá-
druple de los jurados que se estimarán necesarios durante el año si-
guiente, para verificar su domicilio y advertirles de su potencial con-
vocatoria, así como de la responsabilidad de notificar cualquier cambio
de domicilio o mudanza fuera de la jurisdicción durante el período de
su potencial servicio. Buenos Aires establece en cambio la obligación,
por parte del Ministerio de Justicia, de enviar un cuestionario con
respuesta postal paga para que todos los sorteados informen con carácter
de declaración jurada eventuales inhabilidades. Conforme las respuestas
(y el proyecto de ley no incluye ningún procedimiento auditor de ese
proceso, ni interno ni externo), el ministerio confeccionará los listados.
Las personas que quedan dentro del listado luego de superada estas
etapas podrán ser convocadas como jurados durante el siguiente año
calendario. Ambas jurisdicciones prevén sorteos complementarios si
se advirtiere la insuficiencia de las listas anuales.
En cualquier caso, no hay dudas de que todos los requisitos y todas
las causales de exclusión deberán ser revisadas al momento de la au-
diencia de integración del jurado, sea por causas sobrevinientes o por-
que no han sido detectadas al momento de la depuración. Ya volve-
remos sobre esto.
5. La audiencia preliminar: inicio de
la tarea de integración del jurado
Antes de la audiencia de integración del jurado, existe una instancia
procesal que puede ser muy relevante a los efectos de la selección
del jurado, cual es la audiencia preliminar o preparatoria del juicio
(CPPBA, 338). Si bien en el proceso de Neuquén no está prevista, en
210
Composición e integración del jurado
el primer juicio celebrado en el mes de abril de 2014 el juez y las
partes entendieron prudente realizarla para acordar el funcionamiento
de la audiencia de selección.
Las partes y el juez deberán establecer en esa audiencia el número
de potenciales jurados a convocar (si bien la ley de Buenos Aires dice:
art. 48, en juicios largos o con un gran número de partes con intereses
no coincidentes, ese número podría ser insuficiente, mientras que en
juicios sencillos es exagerado), el número de suplentes (que aunque
aparezca fijo en la ley, también podría variar en función de la duración
temporal del juicio, en más o en menos), si los jurados serán convocados
de toda la lista departamental, o sólo los que residan en la ciudad en
que el hecho fue cometido, o sólo los que vivan donde el juicio se
va a desarrollar, si es necesario asegurar la integración con personas
pertenecientes a pueblos originarios9, entre otras cuestiones. Y muy
especialmente, hay cuestiones de máxima trascendencia vinculadas al
desarrollo de la audiencia de integración del jurado que podría ser
necesario litigar antes del inicio de la propia audiencia, como veremos
más adelante.
Es de esperar que una vez designado el juez que presidirá el juicio,
éste y los abogados celebren una audiencia (aunque no esté prevista)
o bien en la audiencia del artículo 338, se incluyan todas las cuestiones
necesarias para lograr un proceso de integración del jurado que respete
los intereses y derechos de las partes, evitando futuras decisiones en
contrario a la hora de recurrir la sentencia.
6. Sorteo y citación del conjunto de candidatos a jurado
Como dijimos, en ambas provincias bajo análisis se establece un
sorteo, desde la lista anual, de un número de potenciales jurados, que
serán convocados a la audiencia preliminar.
El artículo 197 del CPP de Neuquén establece que “Dentro de los
9 Esto está expresamente previsto en el CPP de Neuquén, que en su artículo 109
dispone expresamente la aplicación del art. 9.2 del Convenio 169 de la OIT. Buenos
Aires no tiene una cláusula de ese tipo, pero de todos modos el convenio integra el
Derecho nacional (ratificado por ley 24.071), por lo que las normas provinciales no
pueden impedir su vigencia (CN, 31).
211
Doctrina
diez (10) días hábiles judiciales previos al inicio del juicio la Oficina
Judicial sorteará, en presencia obligatoria de las partes, una lista no
menor al doble de jurados requeridos y se los convocará a una audiencia
de selección de jurados”.
La norma bonaerense tiene varias diferencias, algunas particular-
mente interesantes: el plazo de anticipación es de cuarenta días previo
al inicio, fija el número de convocados en 48 (casi el triple) estable-
ciendo que podría ser mayor de ser necesario por la duración del juicio,
las partes son notificadas pero no es obligatoria su presencia y (he
aquí lo más notable) está expresamente prohibido revelar a las partes
la identidad de las personas sorteadas hasta el inicio de la audiencia,
y el personal de la oficina judicial está legalmente obligado al secreto.
La norma no es baladí: además de proteger a los potenciales jurados
de eventuales intentos de intimidación o soborno, el secreto impide
que una parte con muchos recursos investigue a cada uno de los can-
didatos a jurado, y disponga así de grandes ventajas sobre la contraria
a la hora de la audiencia de selección, en perjuicio tanto de la igualdad
de armas como de la intimidad de los propios candidatos a jurados10.
a) Importancia del cuestionario previo
Sin duda, cabe preguntarse cómo hará el litigante para conocer
algo de sus candidatos a jurado, y así poder recusar con o sin causa
a los que entienda perjudiciales a su derecho a un tribunal imparcial.
Pues bien, basta con que los candidatos a jurado llenen un cuestionario
(con carácter de declaración jurada) con la información que el juez y
las partes hayan acordado (en esa audiencia preliminar), que cada can-
didato se identifique en él sólo por un número, y que los cuestionarios
sean entregados a las partes con algún tiempo mínimo que permita su
lectura y análisis.
Los cuestionarios podrían ser remitidos junto con la convocatoria,
ofrecidos para descargar vía internet, o entregados al momento de
Una buena muestra –patológica, pero del todo realista– de los problemas que
10
aludimos puede verse en la película Runaway Jury (Gary Fleder, 2003), sobre una
novela de John Grisham, que retrata el mundo de las consultoras de jurados, en un
sistema que no tiene reparos en ofrecer ventajas a los litigantes ricos.
212
Composición e integración del jurado
presentarse el candidato a jurado a la citación. Este último método
(que es el que permite una mejor interacción, sobre todo si se explica
la importancia de la información requerida), sin embargo, reduce enor-
memente el tiempo de que disponen las partes para estudiarlos y pre-
parar su estrategia de voir dire. Otra cuestión en la que (hasta que se
establezcan las mejores prácticas) habrá que ir resolviendo prudencial-
mente caso a caso.
Los estudios norteamericanos demuestran que el cuestionario es
una herramienta fundamental. No sólo por la necesidad de preservar
la identidad de los candidatos. Además, reduce muy fuertemente el
tiempo de duración de los interrogatorios del juez y de las partes,
permite dispensar antes a los candidatos que tienen algún impedimento
claro y –quizás la razón más importante– aumenta enormemente la
posibilidad de que el candidato a jurado sea franco y sincero en sus
respuestas. Más adelante, volveremos sobre esto.
7. La audiencia de integración del jurado
Hemos optado por esta denominación, pese a que las dos normas
analizadas hablan de “selección” de jurado, y buena parte de la literatura
también utiliza esa palabra.
Pero en rigor de verdad, ni el juez ni las partes “seleccionan”
a ninguna persona para que integre el jurado. Al contrario, pueden
llegar a “deseleccionar” a quien no reúna los requisitos, tenga un
impedimento, ofrezca una excusación admisible, o sea pasible de una
recusación con o sin causa. Por descarte, el jurado quedará integrado
con los “no deseleccionados”, lo que en modo alguno implica que
nadie “seleccione”. De todos modos, la cuestión no es demasiado
trascendente, a condición de que tengamos claro qué sucede en esa
audiencia.
a) Interrogatorio judicial y excusación
Si bien mucha de la información que necesitan los jurados sobre
el procedimiento de integración puede serles remitida con la convo-
catoria, y también entregada en un folleto al presentarse al tribunal,
es de toda importancia que, en audiencia pública y bajo registro (ta-
213
Doctrina
quigráfico o por grabación), el juez explique al conjunto de convo-
cados el sentido e importancia de lo que sigue, antes de recibirles
juramento de decir verdad respecto del interrogatorio al que serán
sometidos. Esta advertencia es fundamental, ya que un miembro del
jurado que haya mentido en esta audiencia puede frustrar el objetivo
de un tribunal imparcial, acarreando la nulidad de todo el juicio. Están
en juego el Estado de Derecho, el funcionamiento de la justicia, la
tutela judicial debida a las víctimas y las garantías judiciales de los
acusados.
El juez deberá informar a los candidatos sobre la índole del caso
a ventilarse en el juicio y la identidad de las partes, los letrados y los
testigos, antes de preguntarles (cosa que puede hacerse en conjunto)
si alguno tiene motivos de excusación. Del mismo modo, deberá in-
formar el tiempo que se estima durará el juicio, para que quien tenga
un motivo grave que le impida servir como jurado durante ese tiempo,
lo exponga y someta a decisión del juez (no todas las causales serán
admitidas, como es obvio). La experiencia transmitida por litigantes
americanos dice que, en este tramo, suele excusarse a no menos de
la cuarta parte de los convocados, sobre todo si el juicio durará más
de tres o cuatro días, así que es fundamental comenzar por estas cues-
tiones.
Por supuesto, si todas estas cuestiones ya están incluidas en el
cuestionario previo, el trabajo del juez se facilitará, y la audiencia será
bien ágil. Sobre todo, en algunos casos delicados, se podrá interrogar
en privado (es decir, con la sola presencia del juez, las partes y el
responsable del registro) a cualquiera de los candidatos que en el cues-
tionario haya volcado información que requiera más precisiones, y sea
posible que la profundización del interrogatorio en público afecte su
intimidad, u obstaculice su sinceridad (piénsese por ejemplo en un
candidato que afirme haber sido víctima de un ataque sexual, y el
caso esté vinculado con un hecho análogo).
b) Interrogatorio de las partes (“voir dire”)
Luego de este interrogatorio general (público o privado, pero sobre
cuestiones generales), es el turno de los litigantes, que tendrán derecho
214
Composición e integración del jurado
a interrogar a los candidatos a jurado en busca de creencias, actitudes,
experiencias de vida u otras cuestiones que puedan gravitar negativa-
mente en la posibilidad de que ese candidato participe de la deliberación
y la decisión del caso en forma justa e imparcial.
Como dijimos, este terreno es sumamente delicado, y aquí sólo se
ofrecerán consideraciones generales, ya que han corrido (y seguirán
corriendo) ríos de tinta en este tema.
A despecho de la “vieja escuela” de selección de jurados, no creo
que sea útil ni productivo que el litigante procure un “perfil” del “jurado
ideal”: como dijimos, nadie puede “elegir” sino –a lo sumo– excluir
candidatos, así que si un litigante interroga al panel de convocados
con el objetivo de buscar el “jurado perfecto” sólo logrará poner sobre
aviso a su contraparte y hacer por él el trabajo de identificar a los
jurados “peligrosos” para su teoría del caso.
Lo que cada litigante (y sólo ellos, el juez no puede reemplazarlos
en esta tarea, porque no conoce ni domina la teoría del caso de las
partes, y no puede –ni debe– tener una teoría del caso propia) debe
procurar en esta instancia es detectar a las personas que tendrán mucha
dificultad en escuchar y aceptar la historia que el litigante sostiene
como “lo que realmente pasó”. Por ejemplo: un pacifista radical, al-
guien que jamás aceptaría bajo ninguna circunstancia que se justifique
el uso de la fuerza, ni siquiera para salvar la propia vida, no estaría
en condiciones de deliberar y votar en forma equitativa e imparcial
un caso en el que se alegue legítima defensa, y el defensor debe estar
en condiciones de saber esto, para recusar (con o sin causa) a esta
persona.
Obviamente, el interrogatorio de las partes en el voir dire es mucho
más difícil que el examen y contraexamen de un testigo o un perito
en juicio, y requiere un entrenamiento específico. Pero lo esencial es
comprender que resulta imprescindible permitir a las partes algún tiem-
po (mayor o menor, dependiendo de la gravedad del caso, la dispo-
nibilidad o no de un cuestionario previo, y otros factores) para que
puedan recoger información relevante.
Negar esta instancia, o limitarla indebidamente, implica poner en
riesgo nada menos que la garantía de un tribunal imparcial.
215
Doctrina
Una cuestión proveniente de la investigación empírica tiene que
ver (como se mencionó más arriba) con el entorno y las condiciones
en las que se desarrolla el voir dire. En algunos casos, donde pueden
estar en juego prejuicios, o experiencias extremas (tal como los ya
mencionados abusos sexuales que pudo haber sufrido un candidato a
jurado, o cuestiones vinculadas al sexismo o al racismo), será fun-
damental generar un escenario favorable a la sinceridad del potencial
jurado. Ya es bastante difícil –en muchos casos– lograr que alguien
reconozca en sí mismo una inclinación o sesgo que se considera re-
probable. Más difícil aún es que se lo comunique a un juez y dos
abogados. En algunos casos, no se logrará, y las amenazas legales o
sobrenaturales implícitas en el juramento son de poco efecto. Pues
bien: mucho menos probable aún es que este reconocimiento (vivido
como vergonzante) se haga delante de otras cuarenta personas, con
varias de las cuales el interrogado sabe que tendrá que compartir
muchas horas muy intensas y de gran interacción, si es que queda
seleccionado y pasa a deliberar el veredicto. Lo más probable es que
(a veces, en forma inconsciente, a veces, bien deliberada) la persona
opte por no responder sinceramente la pregunta.
En ciertos casos (y con ciertos temas), las partes deberán pedir (y
el juez deberá conceder) que el voir dire se haga –en forma total o
parcial– de manera individual y sólo ante el juez, las partes y el en-
cargado del registro, y no ante los demás candidatos, menos aún en
audiencia abierta.
En cualquier caso, los litigantes deben tener muy presente (y el
juez debiera incluir esto en su comunicación inicial previa al juramento
de los candidatos y los interrogatorios) que nadie intenta juzgar a los
candidatos a jurado, y que no existen respuestas “correctas”. Un re-
conocimiento sincero de la imposibilidad de juzgar por igual a la
gente por su distinto color de piel o por el barrio en que vive no
debe acarrear –en la audiencia de voir dire– ningún tipo de comentario
ni censura. Por el contrario, debe agradecerse al candidato (que ob-
viamente, será excusado) por responder en forma sincera: es justa-
mente eso lo que esperamos y necesitamos, a la hora de integrar el
panel de jurados. Lo contrario fomenta la hipocresía y las respuestas
“políticamente incorrectas”, que son de alta toxicidad en este proceso.
216
Composición e integración del jurado
c) Litigio de recusación con causa
Finalizados los interrogatorios, y fuera de la presencia de los can-
didatos a jurado, las partes pueden encontrar motivos para recusar con
causa a uno o varios candidatos a jurado. Las recusaciones con causa
(ilimitadas en su número) serán litigadas en forma adversarial y re-
sueltas por el juez en forma inmediata, todo bajo riguroso e íntegro
registro. Debe tenerse en cuenta que cada incidencia puede significar
un fundamento recursivo, y que el tribunal revisor jamás podrá hacer
mérito de un defecto procesal que no haya sido previamente “marcado”,
registrado y sometido a decisión del juez. Si bien no es motivo de
este trabajo, vale la pena destacar que uno de los mayores cambios
paradigmáticos en el juicio por jurados es que la revisión deja de ser
una “segunda instancia”, y es más bien un control de calidad de las
decisiones del juez: la enorme mayoría de los recursos exitosos contra
la decisión de un caso por jurados encuentra su fundamento en errores
del juez a la hora de decidir las cuestiones planteadas por las partes.
Si la parte no expuso ante el juez los motivos por el que el candidato
número equis no es apto para servir en el jurado, no podrá luego
recurrir el fallo adverso con esa base (lo mismo vale para cualquier
otra decisión, como dar o no determinada instrucción, o permitir o no
que el jurado escuche determinada prueba). De allí que el litigante
debe asumir como parte central de su praxis profesional, la de someter
todas las cuestiones al juez del caso, y asegurarse de que el registro
sea bien claro al respecto. Obviamente no hablamos de la muletilla
“que conste en actas”, ya que no es el “acta” sino el registro (taqui-
gráfico o grabado) el documento decisivo, y basta con que las cosas
se digan con claridad para que ese registro sea completo en todas las
instancias y cuestiones que se planteen.
La decisión del juez, por su parte, debe ser inmediata y fundada,
lo que en ningún caso significa erudición ni profusión de citas. Por
el contrario, bastará con que el juez dé respuesta a cada uno de los
planteos y argumentos, y explique por qué sirven o no para decidir el
caso, sin que haga falta (al contrario) que el juez haga gala de argu-
mentos doctrinarios o jurisprudenciales ajenos a los que las partes
invocaron. Aquí también se pone en evidencia el carácter paradigmático
217
Doctrina
del cambio: en un proceso adversarial, el brocardo iura novit curia
entra en una crisis profunda de legitimidad.
d) Las recusaciones sin causa
Finalizadas las recusaciones con causa, cada parte (por su orden,
comenzando por la acusación) podrá ejercer su derecho de recusación
sin causa. La ley de Neuquén establece sólo una por parte (debiendo
acordarla si hay más de una acusación o más de una defensa), y la
de Buenos Aires cuatro por lado, o dos comunes más dos por parte
plural, con idéntica cantidad total a la contraria.
Este segundo sistema aparece –en principio– más razonable que el
demasiado rígido de Neuquén, pero tiene como contra la necesidad
de una mayor cantidad de candidatos a jurado (de lo que la ley bo-
naerense se ha hecho cargo, como señalamos antes). No obstante, debe
tenerse siempre en cuenta que si de lo que se trata es de asegurar la
bilateralidad y la igualdad de armas, no siempre será la equivalencia
matemática la regla dorada. Imagínese un caso en el que se debe juzgar
a una persona por un hecho aberrante o muy conmocionante, que ha
tenido altísima difusión pública: es muy fácil advertir que las posibi-
lidades de encontrar doce personas que no se vean afectadas o pre-
juiciadas por la previa difusión del caso, será muy difícil, y no siempre
podrán evidenciarse causales de recusación definidas. En esos casos,
el defensor tiene que tener más recusaciones sin causa que el fiscal,
y la igualdad aritmética profundiza la desigualdad de armas.
La cuestión es difícil, y puede creerse que en estas instancias li-
minares de la instalación del sistema, es preferible soslayar estas cues-
tiones más sofisticadas. Pero creo sinceramente que no es así, y la
decisión judicial de no realizar el primer juicio por jurados de la historia
neuquina en la misma ciudad en que se produjo el hecho sino a más
de 80 km de distancia, habla claro sobre la importancia que debe
asignarse a la imparcialidad del jurado.
Siempre que se admitan más de una recusación sin causa por lado,
éstas deberán pronunciarse en forma alternada, siempre comenzando
por la acusación. Y si el número es desigual, debe alternarse en forma
proporcional. Es decir, si la defensa tuviera el doble que la acusación,
218
Composición e integración del jurado
por cada recusación del fiscal, corresponderán dos de la defensa. Esta
alternancia tiene que ver con equilibrar las chances, ya que muchas
veces un mismo jurado puede ser recusado sin causa por ambas partes.
8. Conclusión (con final abierto)
A lo largo de este trayecto, seguramente habrán surgido múltiples
interrogantes a los que no se ha dado respuesta. Debemos tener claro
que estamos transitando terrenos inexplorados para los estudios pro-
cesales latinoamericanos, en los que la traspolación automática de la
experiencia del mundo anglosajón, con todo el valor orientador que
pueda tener, de ningún modo es posible. Los estudios juradistas en la
Argentina están naciendo, y sin duda, mucho de lo que acá se afirma
podría ser refutado. Creo sinceramente que un campo disciplinar tan
mudable (tan inestable, si se quiere) es un desafío intelectual, y un
privilegio que pocas generaciones de juristas han tenido.
219