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Casación sobre estabilidad laboral de Dolly Durán

El documento presenta los antecedentes de un caso laboral entre Dolly Esperanza Durán Garzón y Jardines de Los Andes SAS. Se describen los hechos del caso, incluyendo la historia laboral de la demandante y sus problemas de salud. También se resumen las decisiones de primera y segunda instancia en el proceso judicial.

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Casación sobre estabilidad laboral de Dolly Durán

El documento presenta los antecedentes de un caso laboral entre Dolly Esperanza Durán Garzón y Jardines de Los Andes SAS. Se describen los hechos del caso, incluyendo la historia laboral de la demandante y sus problemas de salud. También se resumen las decisiones de primera y segunda instancia en el proceso judicial.

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OMAR DE JESÚS RESTREPO OCHOA

Magistrado ponente

SL808-2024
Radicación n.° 98716
Acta 011

Bogotá, D. C., nueve (9) de abril de dos mil veinticuatro


(2024).

Decide la Sala el recurso de casación interpuesto por


JARDINES DE LOS ANDES SAS, contra la sentencia
proferida por la Sala Laboral del Tribunal Superior de Bogotá,
el 30 de junio de 2022, en el proceso promovido por DOLLY
ESPERANZA DURÁN GARZÓN.

I. ANTECEDENTES

Dolly Esperanza Durán Garzón llamó a juicio a Jardines


de Los Andes SAS, persiguiendo, entre otras pretensiones, y
en lo que concierne al recurso, que se declarara la ineficacia
de la terminación del contrato de trabajo del «27» de
septiembre de 2017, por violación del fuero de estabilidad
laboral reforzada, en consecuencia, que se le condenara a
reintegrarla al cargo desempeñado o a uno superior, teniendo

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en cuenta las restricciones y recomendaciones médicas, con


el pago de los salarios, las prestaciones sociales y los aportes
a la seguridad social.

Fundamentó sus peticiones, básicamente, en que fue


contratada para trabajar como operaria en un cultivo de
flores por la empresa Noria SA el 20 de mayo de 2005,
estando expuesta a factores de riesgo ocupacional, por lo que
el médico ortopedista de Cafam le emitió restricciones
laborales; que la Junta Nacional de Calificación de Invalidez
por medio de dictamen 35524613 del 15 de noviembre de
2012, le determinó sus patologías como de origen
profesional, tales como «M758 bursitis subacromial derecho,
M770 epicondilitis lateral derecha, M796 tendinitis de flexo
extensores de puño derecho, G560 síndrome de túnel del carpo
bilateral y M751 síndrome del manguito rotador bilateral»; que
la ARL Colmena en escrito del 1º de diciembre de 2012, al ser
notificada del dictamen de calificación de origen profesional
de la junta, manifestó que realizaría el reconocimiento
prestacional a partir de la calificación en primera
oportunidad.

Narró que el 29 de octubre de 2013, la citada ARL le


envió a la empleadora un documento denominado
«seguimiento por enfermedades laborales», en el cual refirió
que presentaba diagnóstico de síndrome de túnel del carpo,
calificado como enfermedad laboral, requiriendo varias
incapacidades, además, persistencia de dolor en ambas
manos, sensación de adormecimiento y pérdida de fuerza,
dolor en hombros y codos bilateral; que el 27 de noviembre

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de 2014 la empresa Noria SA la indujo a suscribir un acuerdo


para dar por terminada la relación laboral; que en razón de
sus graves padecimientos de salud, y por violación a lo
dispuesto en el art. 26 de la Ley 361 de 1997, un juez amparó
sus derechos fundamentales a la estabilidad laboral
reforzada, salud y seguridad social, ordenando su reintegro
sin solución de continuidad, de manera provisional,
concediéndole 4 meses para promover demanda ordinaria.

Señaló que el 28 de marzo de 2015, la directora de


Gestión Humana de Jardines de Los Andes SAS, le ofició para
que se presentara a sus oficinas, con el fin de adelantar las
gestiones administrativas para su ingreso laboral, pagos y
afiliación a la seguridad social; que promovió proceso
ordinario para obtener su reintegro definitivo, con
conocimiento del Juzgado Quinto Municipal de Pequeñas
Causas de Bogotá, el cual terminó por sustracción de
materia, debido a que a la fecha de celebración de la primera
audiencia, la empresa Noria SA había dejado de existir, al
haberse liquidado en el lapso que transcurrió entre la
presentación de la demanda y la fecha de la diligencia.

Añadió que el 1º de junio de 2015, Noria SA y Jardines


de Los Andes SAS, celebraron un acuerdo de cesión de su
contrato, en el cual se consagró una cláusula, según la cual,
se le respetaría su antigüedad para efectos prestacionales
legales e indemnizatorios; que la última empresa la trasladó
a Positiva Compañía de Seguros SA, para que cubriera sus
riesgos laborales; que el 7 de mayo de ese año, fue valorada
por fisiatría; que el 3 de diciembre de 2015, la citada ARL

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emitió dictamen de calificación de pérdida de capacidad


laboral del 27.19%, con fecha de estructuración del 11 de
noviembre del mismo año; que ninguna de las dos empresas
realizó actividades de prevención y promoción en salud
ocupacional, ni le informó sobre los riesgos a los que se veía
expuesta en la ejecución de las labores encomendadas; que
el 26 de septiembre de 2017 se le terminó el contrato de
trabajo, y pese a que era sujeto de estabilidad laboral
reforzada, la empleadora no solicitó autorización al
Ministerio de Trabajo; que por lo anterior, acudió al amparo
constitucional; que con posterioridad al finiquito laboral
continuó presentando padecimientos de salud, como se
colige de su historia clínica del 7 de diciembre de 2017, y de
la consulta del 15 de marzo de 2018 de Medicina Física y
Rehabilitación; que el último salario básico devengado fue de
$756.620, y el tomado para su liquidación final fue de
$901.524.

La accionada al contestar la demanda se opuso a las


pretensiones. En lo referente a los hechos, aceptó los
relacionados con el contrato de trabajo celebrado el 20 de
mayo de 2005 entre la demandante y la empresa Noria SA;
su cesión a Jardines de Los Andes SAS, y las cláusulas
acordadas; la terminación del vínculo por mutuo acuerdo del
27 de noviembre de 2014; el fallo de tutela que ordenó el
reintegro de la trabajadora de manera transitoria, y la
demanda ordinaria entablada por esta para obtenerlo de
manera definitiva; su traslado a Positiva Compañía de
Seguros SA, para el cubrimiento de los riesgos laborales; la
acción constitucional interpuesta con posterioridad al 26 de

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septiembre de 2017; el último salario devengado por ella, y el


que se tomó para su liquidación final.

En lo concerniente a los demás, expresó que si en


vigencia de la relación laboral la demandante tuvo
recomendaciones, la empresa cumplió con ellas; que el
finiquito laboral del 27 de noviembre de 2014, que tuvo lugar
de manera libre y voluntaria, se materializó en un acta de
conciliación ante el Inspector del Trabajo, quien garantizó
que no se le vulneraba ningún derecho; que la calificación
de pérdida de capacidad laboral por parte de Positiva
Compañía de Seguros, del 3 de diciembre de 2015, ocurrió
con posterioridad a la decisión de la propia actora de dar por
terminado el vínculo por mutuo acuerdo; que recibió en
cesión un contrato que dependía de unas condiciones para
mantenerse vigente, como era que la justicia ordinaria
resolviera si la señora Durán Garzón era merecedora o no de
la estabilidad laboral reforzada, como quiera que el proceso
iniciado por ella terminó y los efectos de la acción de tutela
cesaron, por lo que procedió a dar por finalizado el vínculo.

Como medios exceptivos propuso los de prescripción,


inexistencia de las obligaciones a su cargo, cobro de lo no
debido, cosa juzgada y buena fe.

II. SENTENCIA DE PRIMERA INSTANCIA

El Juzgado Treinta y Seis Laboral del Circuito de


Bogotá, a través de sentencia del 8 de septiembre de 2021,
decidió lo siguiente:

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PRIMERO: Declarar que existió culpa de Jardines de Los Andes


S.A.S., en las enfermedades profesionales que padece la señora
Dolly Esperanza Durán Garzón.

SEGUNDO: Condenar a la encartada a pagar a la demandante:

a. Sesenta y dos millones cuatrocientos diecisiete mil trescientos


cuarenta y cinco pesos con ochenta y siete centavos
($62.417.345,87), por lucro cesante consolidado y futuro.
b. Diez millones de pesos ($10.000.000), por perjuicios morales,
y
c. Cinco millones de pesos ($5.000.000), por perjuicios
fisiológicos.

TERCERO: Declarar no probada la excepción de prescripción.

CUARTO: Absolver a Jardines de los Andes S.A.S., de las demás


pretensiones incoadas en su contra.

QUINTO: Condenar en costas a la demandada. Liquídense con la


suma de CINCO MILLONES DE PESOS ($5.000.000) a título de
agencias en derecho.

III. SENTENCIA DE SEGUNDA INSTANCIA

La Sala Laboral del Tribunal Superior de Bogotá, por


medio de sentencia del 30 de junio de 2022, al resolver los
recursos de apelación interpuestos por las partes, resolvió lo
siguiente:

PRIMERO: REVOCAR el ordinal cuarto de la sentencia objeto de


estudio, de conformidad con lo expuesto en la parte motiva de
esta sentencia, para en su lugar DECLARAR que la demandante
DOLLY ESPERANZA DURÁN GARZÓN, gozaba de estabilidad
laboral reforzada al momento de la finalización de la relación
laboral, del 27 de noviembre de 2014, y por lo tanto
desvinculación (sic) es ilegal.

SEGUNDO: ORDENAR a la demandada JARDINES DE LOS


ANDES S.A.S., REINTEGRAR a la demandante DOLLY
ESPERANZA DURÁN GARZÓN, a un cargo de igual o mayor
jerarquía que el que ocupaba al momento en que se hizo efectiva
la terminación, atendiendo las recomendaciones médicas y su
estado de salud.

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TERCERO: CONDENAR a la demandada JARDINES DE LOS


ANDES S.A.S., al pago de los salarios, prestaciones sociales y
aportes en seguridad social en pensiones, de la demandante
DOLLY ESPERANZA DURÁN GARZÓN, desde el 28 de
septiembre de 2017 y hasta que se haga efectivo el reintegro.

CUARTO: CONDENAR a la demandada JARDINES DE LOS


ANDES S.A.S., al pago de la suma de CINCO MILLONES
CUATROCIENTOS NUEVE MIL CIENTO CUARENTA Y CUATRO
PESOS ($5.409.144), por concepto de indemnización
contemplada en el artículo 26 de la Ley 361 de 1997.

QUINTO: CONFIRMAR la sentencia en todo lo demás.

SEXTO: Sin costas en esta instancia.

En lo que concierne al recurso de casación, el Tribunal


partió de que el problema jurídico se orientaba a determinar,
si debía ordenarse a la demandada, reintegrar a la actora a
un puesto de trabajo similar o mejor al que venía
desempeñando, así como al pago de la indemnización por
estabilidad laboral reforzada prevista en el art. 26 de la Ley
361 de 1997.

Entre los supuestos fácticos indiscutidos, tuvo en


cuenta los siguientes: (i) que entre Dolly Esperanza Durán
Garzón y Jardines de Los Andes SAS, existió una relación
laboral como consecuencia de la cesión del contrato realizada
por la empresa Noria SA, en el mes de junio de 2015; (ii) que
dicho vínculo finalizó en dos oportunidades, así, el 27 de
noviembre de 2014 —por mutuo acuerdo (con Noria SA)—,
siendo reintegrada posteriormente como consecuencia de
una orden proferida en una sentencia de tutela del Juzgado
Treinta y Nueve Civil del Circuito de Bogotá, del 24 de marzo
de 2015, y el 26 de septiembre de 2017, por vencimiento del
amparo constitucional; (iii) que la actora interpuso demanda

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laboral en contra de Noria SA, con la finalidad de que se


ratificara la decisión impartida en el fallo de tutela
mencionado, ya que su reintegro había sido ordenado de
manera transitoria.

Además, (iv) que dicha demanda correspondió por


reparto al Juzgado Quinto Municipal de Pequeñas Causas
Laborales, quien lo finalizó de manera anticipada por
inexistencia de la pasiva, toda vez que Noria SA se había
liquidado en el año 2015; y (v) que la demandante presentaba
afecciones en su salud aproximadamente desde el año 2009,
entre ellas, las denominadas «síndrome de túnel carpiano
moderado bilateral, síndrome del manguito rotatorio derecho,
epicondilitis lateral derecha, otras sinovitis tenosinovitis de
puño derecho», siendo calificada por la ARL Positiva, quien
emitió dictamen el 3 de diciembre de 2015, asignándole una
pérdida de capacidad laboral en un 27.19%, con fecha de
estructuración del 11 de noviembre de ese año, de origen
laboral.

Luego, el sentenciador se adentró en el análisis de los


medios de prueba legalmente incorporados al proceso,
conforme a los principios de la sana crítica, de conformidad
con el art. 61 del CPTSS.

En cuanto a la estabilidad laboral reforzada, expresó lo


siguiente:

Sea lo primero indicar, que tal como lo señaló el apoderado de la


parte demandante, si bien fue presentado proceso ordinario
laboral en el año 2015, el cual correspondió por reparto al

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Juzgado Quinto Municipal de Pequeñas Causas Laborales, y que


finalizó por inexistencia del demandado, al liquidarse la empresa
Noria SA, lo cierto es que no existió decisión alguna que ratificara
o denegara el reintegro ordenado de forma transitoria por el
Juzgado Treinta y Nueve Civil del Circuito de Bogotá, pues como
ya se había explicado, el ordinario laboral terminó de manera
anticipada ante la liquidación de la demandada en aquel proceso.
Es por ello que, considera la Sala que el estudio de la estabilidad
laboral reforzada por la terminación del 27 de noviembre de 2014
y por la extensión la del 26 de septiembre de 2017, debe
realizarse por cuanto se observa con meridiana claridad que la
demanda también persigue esta pretensión, y mal haría la Sala
en ignorar su estudio, basándose en las razones de la juez de
primera instancia, quien adujo que no podría valorarse como
nueva la desvinculación del año 2017, pues esta solo habría sido
una consecuencia del acuerdo suscrito en el año 2014, la cual ya
se había decidido en el Juzgado Quinto Municipal de Pequeñas
Causas Laborales, pues esta afirmación no atiende a la realidad,
ya que se reitera que el mencionado Juzgado no profirió decisión
alguna en cuanto al reintegro de manera transitoria, al haberse
liquidado la empresa demandada Noria S.A., por ello se procederá
al estudio de esta solicitud.

Precisó que en el sistema jurídico desapareció la


determinación de la discapacidad por grados, más aún, para
efectos de establecer la viabilidad de la protección reforzada
por discapacidad, tratándose de moderada, severa y
profunda, previstos en el art. 7 del Decreto 2463 de 2001,
debido a que las fechas de terminación del contrato de
trabajo fueron posteriores a la data en que había entrado a
regir el Decreto 1352 de 2013, ya que corresponden a
«septiembre» de 2014 y «noviembre» de 2017.

Y que en esa dirección, debía acudirse a otra forma de


interpretación para calificar si la limitación en la salud de la
trabajadora, fue la causa del finiquito laboral, como la
expuesta por la Corte Constitucional en la sentencia CC
SU049-2017, en la que se determinó, que una vez las
personas contraen una enfermedad, o presentan por

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cualquier causa (accidente de trabajo o enfermedad común o


laboral), una afección médica de sus funciones que les
impida o dificulte sustancialmente el desempeño de sus
labores en condiciones regulares, experimentan una
situación constitucional de debilidad manifiesta, y se
exponen a la discriminación, con lo cual advirtió la
corporación, que la Constitución Política prevé prácticas de
esta naturaleza, que degradan al ser humano a la condición
de un bien económico, por lo que deben adoptarse medidas
de protección, como las consagradas en la Ley 361 de 1997.

Refirió la sentencia de la Corte CSJ SL1360-2018, que


cambió su criterio frente a la estabilidad laboral,
específicamente en cuanto a la interpretación del art. 26 de
la Ley 361 de 1997, acogiendo la postura de establecer que
la norma conlleva una presunción legal o de derecho a favor
del trabajador despedido, que permite deducir, a partir del
hecho conocido de su discapacidad, que la terminación
obedeció a un móvil relacionado con su estado de salud,
operando la presunción de un finiquito discriminatorio,
desvirtuable por el empleador, al acreditar la ocurrencia de
una justa causa en términos legales.

Señaló que acorde con lo anterior, es claro que la actora


debía acreditar que tenía una limitación o afectación en su
estado de salud para ejercer la labor que venía ejecutando
normalmente, y que el empleador la conocía previo al
momento del finiquito laboral, para que entrara a operar la
citada protección, lo cual es consecuente con la fuerza
vinculante de las sentencias de exequibilidad de la Corte

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Constitucional sobre el ámbito de aplicación de la norma y la


providencia de unificación mencionada.

Acto seguido, expresó lo siguiente:

Explicado lo anterior, a juicio de esta Sala de Decisión, el debate


del asunto se centra en establecer, si para el momento de la
terminación del contrato de trabajo, esto es, el 27 de noviembre
de 2014 (ejecutado el 26 de septiembre de 2017), la actora Dolly
Esperanza Durán Garzón, se encontraba en estado de limitación
física que le impidiera sustancialmente el desempeño regular de
la labor; al efecto, es (sic) se evidencia que la demandada el día
26 de septiembre de 2017, entregó a la demandante misiva en la
cual se le informaba sobre la terminación de su contrato laboral
a partir de esa fecha, por “terminación del amparo
constitucional” y la legalidad de la terminación del 27 de
noviembre de 2014 (fls. 152), lo que permite concluir que desde
el 27 de noviembre de 2014 hacia atrás se debe establecer si la
actora contaba con algún tipo de discapacidad o disminución en
su estado de salud o tratamiento alguno en virtud de la misma
que lleve a inferir que su estado de salud pudo dar lugar a la
terminación de contrato de trabajo.

Teniendo en cuenta lo anterior, una vez revisada la documental


aportada y que fue mencionada previamente, es claro que la
demandante desde el año 2009, venía presentando fuertes
dolores y afecciones en brazos y manos, y que previo a la
finalización del contrato laboral del 27 de noviembre de 2014 e
incluso la del 26 de septiembre de 2017, la demandante se
encontraba calificada con pérdida de capacidad laboral del
27.19% por enfermedad de origen laboral, con recomendaciones
médico laborales vigentes. Aunado a lo anterior, se pudo
establecer que su empleador conocía sus patologías y dolencias,
como quiera que la ARL Colmena, en varias oportunidades le
notificó tanto de los dictámenes emitidos por las Juntas de
Calificación, como de las recomendaciones de reubicación y de
seguimiento a su puesto de trabajo.

La Sala precisa que a pesar de haber impetrado la parte actora,


demanda ordinaria laboral antecedente a esta, venciéndose el
término de cuatro meses, el que condicionó el fallo de tutela que
protegió sus derechos fundamentales, se dio la continuidad del
vínculo laboral por lo que podía predicarse la no solución de
continuidad del mismo.

Debe aclararse, que, aunque la relación laboral para el 27 de


noviembre de 2014, finalizó por suscripción de acuerdo entre las
partes, lo cierto es que, en aquella oportunidad, el Juez de tutela
decidió que dicho acuerdo vulneraba la estabilidad laboral
reforzada de la actora, razón por la que ordenó el reintegro de

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manera transitoria, y en consecuencia, la demandante como ya


se explicó, presentó demanda ordinaria laboral para ratificar la
anterior providencia; sin embargo, dicho litigio finalizó
anticipadamente sin que hubiere podido decidirse respecto de la
ratificación o negativa del reintegro, con lo cual, el demandado
Jardines de Los Andes SAS, concluyó finalizada la protección
constitucional para el 26 de septiembre de 2017, tomando por
zanjado el asunto de finalización de la relación laboral, y
ejecutando un despido al considerar que no existían razones para
continuar la relación laboral con Dolly Esperanza Durán Garzón.

En este orden de ideas, del anterior barrido probatorio, se palma


con meridiana claridad, que la demandada siempre tuvo
conocimiento del deficitario previo estado de salud de la actora y,
adicionalmente, en razón de ello, esta decidió dar por terminado
el contrato de trabajo de la señora Durán Garzón, por lo cual
considera esta Sala de Decisión que no podía ser despedida o
terminado su contrato sino con previa autorización del Ministerio
de Trabajo, esgrimiendo en todo momento y poniendo en
conocimiento el estado de salud de la actora ante dicha entidad;
pues el empleador aquí demandado tuvo conocimiento del estado
de limitación física que soportaba la accionante al momento de
finalizar el contrato de trabajo el 27 de noviembre de 2014.

Concluyó que la accionada no logró probar una causal


objetiva de terminación del contrato de trabajo, por lo que la
presunción a favor de la actora quedó confirmada, debido a
que no se acreditó el nexo causal entre su previo estado de
salud «deficitario», de conocimiento de la empleadora, y la
terminación del vínculo laboral, en los términos del art. 26
de la Ley 361 de 1997.

IV. RECURSO DE CASACIÓN

Interpuesto por la demandada, concedido por el


Tribunal y admitido por la Corte, se procede a resolver.

V. ALCANCE DE LA IMPUGNACIÓN

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Pretende que la Corte case la sentencia recurrida, para


que una vez constituida en instancia, «revoque el fallo de
primera instancia para en su lugar absolver a mi representada
de todas las pretensiones acumuladas en el libelo
introductorio».

En subsidio pide que se «case los ordinales Primero,


Segundo, Tercero y Cuarto de la sentencia acusada y que no
la case en lo restante, para que una vez hecho ello y actuando
como tribunal de instancia luego se confirme el fallo de primer
grado».

Con tal propósito formula cuatro cargos, por la causal


primera de casación, objeto de réplica; de los cuales se
resolverán en forma conjunta los dos primeros, en la medida
en que persiguen la misma finalidad y se complementan.

VI. CARGO PRIMERO

Acusa a la sentencia impugnada de violar la ley


sustancial por la vía indirecta en la modalidad de aplicación
indebida de los arts. 15, 19, 61 literal b), 62 (subrogado por
el 7 del Decreto Ley 2351 de 1965), 127, 186, 249, 306, 488
y 489 del CST; 1 y 2 de la Ley 52 de 1975; 5 y 99 de la Ley
50 de 1990; 22 de la Ley 100 de 1993; 26 de la Ley 361 de
1997; y 1494, 1502, 1508, 1602, 1603, 2512 y 2535 del CC;
en relación con el 29 de la CP; 32, 50,51, 60, 61, 66A, 77,
145 y 151 del CPTSS; 3 ordinal 7º de la Ley 48 de 1968; y
164, 165, 167, 176, 243,244, 246, 247, 281 y 303 del CGP.

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Indica que ello ocurrió, por la existencia de los


siguientes errores de hecho:

1) Dar por demostrado, en contra de la realidad, que lo que la


demandante solicitó en el libelo introductorio fue la ineficacia de
la terminación del contrato acordada por ella con la empresa
Noria. S.A. el 27 de noviembre de 2014.

2) No dar por demostrado, siendo evidente, que lo que la


demandante solicitó en su libelo introductorio fue la presunta
ineficacia de la terminación del contrato adoptada por la empresa
Jardines de los Andes. S.A. (sic) el 27 (sic) de septiembre de 2017.

Lo que dijo, se originó por la apreciación errónea del


libelo genitor (f.° 1 a 2 del expediente digital) y del acta que
recoge la audiencia celebrada el 12 de abril de 2021, en los
apartes respectivos a la fijación del litigio.

En su desarrollo, luego de transcribir extractos de la


parte motiva y resolutiva de la decisión en lo pertinente,
señala que la deducción del juez colegiado, conforme a la
cual, el proceso gravita sobre la ineficacia de terminación del
contrato acordada por la trabajadora con la empresa Noria
SA, el 27 de noviembre de 2014, originada en los problemas
de salud que tenía en ese momento, nace de la defectuosa
apreciación de la demanda introductoria, la cual reza lo
siguiente:

DECLARACIONES Y CONDENAS

1. Se declare que es ineficaz la terminación del contrato de


trabajo que hizo JARDINES DE LOS ANDES S.A.S. el 27 (sic) de
septiembre de 2017 respecto de mi mandante DOLLY
ESPERANZA DURAN GARZÓN, por violación del fuero de
estabilidad laboral reforzada.

2. Que como consecuencia de la anterior declaraciones (sic), se


ordene a JARDINES DE LOS ANDES S.A.S. reintegrar a mi
mandante DOLLY ESPERANZA DURAN (sic) GARZÓN a un

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puesto de trabajo similar o mejor al que venía desempeñando,


para lo cual deberá tener en cuenta las restricciones y
recomendaciones de los médicos tratantes.

Afirma que, si el ad quem hubiera tenido en cuenta esta


pieza procesal, habría encontrado que lo que la trabajadora
pretendía no era que se declarara la ineficacia del acuerdo de
finiquito contractual suscrito el 27 de noviembre de 2014 con
su empleadora de la época, sino que se le reintegrara al cargo
que ocupaba como consecuencia de haber sido despedida sin
justa causa el «27» de septiembre de 2017.

Y que el acta levantada durante la primera audiencia


del proceso también es contundente al respecto; en lo
pertinente cita los apartes respectivos.

Señala que la inferencia del Tribunal, en el sentido de


que el debate gira alrededor de la conciliación celebrada en
el año 2014, es un error manifiesto.

Luego expresa lo siguiente:

Queda entonces incontrovertiblemente demostrado que el


fallador cayó en un dislate monumental al dar por demostrado,
en contra de la realidad, que lo que la demandante solicitó en el
libelo introductorio fue la ineficacia de la terminación del
contrato acordada por ella el 27 de noviembre de 2014 con la
empresa Noria S.A., cuando lo que pidió, en realidad, fue la
presunta ineficacia de la terminación del contrato adoptada por
la empresa Jardines de los Andes S.A. (sic), el 27 (sic) de
septiembre de 2017.

De contera también queda acreditado el error de hecho


consistente en no dar por demostrado, siendo cierto, que la
modificación del petítum de la demanda descrita en los
precedentes yerros fácticos afecta el derecho fundamental de
defensa de mi representada, por lo que entonces subvierte
ordenamientos primordiales y debe invalidarse.

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Por último aduce, que una vez casada la sentencia debe


tenerse en cuenta que los jueces no pueden cambiar los
hechos o las pretensiones de la demanda, ni las
contestaciones o excepciones propuestas en la respuesta
dada a la misma, pues esa alteración es trascendental en
cuanto compromete los derechos fundamentales al debido
proceso y defensa; por esas razones, el legislador instituyó la
obligación de resolver los pleitos, de acuerdo con el objeto
delimitado por los propios contendientes, como lo previó en
el art. 281 del CGP.

Y que cuando un juez cambia los hechos en que el actor


funda sus pretensiones, o trueca las mismas por otras, viola
el derecho de defensa.

VII. CARGO SEGUNDO

Denuncia a la sentencia impugnada de incurrir en


violación medio del art. 281 del CGP, aplicable a las
controversias de naturaleza laboral por virtud de la analogía
consagrada en el 145 del CPTSS, en relación con el 29 de la
CP; 50, 51, 60, 61 y 66A, 77 y 151 del CPTSS; 3 ordinal 7°
de la Ley 48 de 1968; y 164, 165, 167, 176, 243, 244, 246 y
247 del CGP; violación que llevó a aplicar en forma indebida
el 5, 19, 61 literal b), 62 (subrogado por el 7 del Decreto Ley
2351 de 1965), 127, 186, 249, 306, 488 y 489 del CST; 1 y 2
de la Ley 52 de 1975; 5 y 99 de la Ley 50 de 1990; 22 de la
Ley 100 de 1993; 26 de la Ley 361 de 1997; y 1494, 1502,
1508, 1602, 1603, 2512 y 2535 del CC.

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16
Radicación n.° 98716

En su demostración indica que el juez de segundo grado


se rebeló contra lo dispuesto en el art. 281 del CGP, pues
estando obligado a proferir su sentencia de acuerdo con los
hechos y las pretensiones de la demanda y con las
contestaciones y excepciones propuestas por la accionada,
decidió la controversia bajo unos presupuestos fácticos
distintos.

Al respecto relaciona extractos de la parte motiva y


resolutiva de la sentencia impugnada, y sostiene que el cotejo
entre las inferencias del ad quem y la demanda, evidencia
que el petitum propuesto en el libelo genitor, fue modificado
paladinamente por ese sentenciador, pues su decisión se
ocupa de calificar hechos sustancialmente distintos de los
aducidos por la actora, y de resolver una pretensión que
tampoco figura en su libelo.

Afirma que el Tribunal, en efecto se ocupó de


descalificar el acuerdo formalizado el 27 de noviembre de
2014, mediante el cual las partes terminaron el contrato de
trabajo que las relacionaba, y de declarar su ineficacia bajo
el argumento de que comprometía el derecho a la salud de la
trabajadora; materias ambas que, en los términos que se
aprecian en el fallo acusado, no fueron propuestas en la
demanda introductoria y que por ende estaban por fuera de
la controversia; proceder irregular, en cuanto resulta
violatorio del art. 281 del CGP.
Finalmente aduce lo siguiente:

En presencia de un ordenamiento inequívoco como el que se


acaba de reproducir, la pretermisión normativa denunciada

SCLAJPT-10 V.00
17
Radicación n.° 98716

queda al descubierto y debe conducir a la casación del fallo


recurrido, pues al mismo tiempo queda acreditado que de no
haberse producido esa violación procesal y en ausencia de un
medio que demuestre sin asomo de duda que el 27 (sic) de
septiembre de 2017 la accionada despidió a la demandante para
eludir lo dispuesto en la Ley 361 de 1997, la parte resolutiva de
la decisión que nos ocupa, habría sido absolutoria para dicha
sociedad

Conviene resaltar que el error denunciado en el presente cargo


tiene enorme relevancia no solo en perspectiva del ejercicio de los
derechos fundamentales de debido proceso y defensa sino de las
distintas condenas que se derivan del reintegro originado en el
despido sin justa causa y de las que se desprenden de la
ineficacia del acto del despido. El hecho de haber subvertido el
artículo 281 del Código General del Proceso mediante una
sentencia que califica hechos y pretensiones distintos de los
alegados en la demanda inicial, constituye un error protuberante
en perspectiva de los efectos que semejante proceder conlleva
frente a los que debería de producir la decisión si se hubiese
acatado el principio de la congruencia.

VIII. RÉPLICA

La opositora en lo referente a los cargos, luego de citar


lo relacionado con las terminaciones del contrato de trabajo,
y los demás supuestos referentes a su estado de salud y a la
calificación del origen de sus enfermedades, concluye que las
condiciones de salud que la hacen sujeto de especial
protección, persistieron en el tiempo, y para el «27» de
septiembre de 2017 estaban manifiestas y sin ninguna
mejoría, que le permitiera a la empresa dar por finiquitado el
vínculo, como lo hizo, sin autorización del inspector del
trabajo.

Afirma que su situación de salud, jurídica y legalmente


establecida por los medios idóneos, coincide con el punto de
vista del Tribunal, que reformó la providencia de primer

SCLAJPT-10 V.00
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Radicación n.° 98716

grado, y retrotrajo la situación de violación de sus derechos,


para protegerlos.

IX. CONSIDERACIONES

En forma preliminar advierte la Sala, que aunque el


alcance de la impugnación, que constituye el petitum de la
demanda, fue indebidamente planteado, pues tanto en el que
se propone como principal, como en el subsidiario, se refiere
a todas las pretensiones del libelo genitor, y no solo a la
estabilidad laboral reforzada prevista en el art. 26 de la Ley
361 de 1997, que es el único tópico que se toca en los cuatro
cargos, en acogimiento del criterio de flexibilización del
recurso extraordinario, aquel habrá de entenderse limitado a
este asunto, en caso de resultar próspera.

Acusa la censora la sentencia impugnada de violar la


ley, así: en el primer cargo por la senda indirecta en la
modalidad de aplicación indebida del artículo 26 de la Ley
361 de 1997; y en el segundo, por la vía directa como
infracción medio del art. 281 del CGP, aplicable al
procedimiento del trabajo y la seguridad social (art. 145
CPTSS), en relación con la norma sustancial antes
mencionada, entre otras.

El Tribunal abordó el análisis del fuero de salud previsto


en el art. 26 de la Ley 361 de 1997, partiendo de verificar, si
para el momento de la terminación del contrato de trabajo de
la actora, esto es, al 27 de noviembre de 2014 «(ejecutado el
26 de septiembre de 2017)», esta se encontraba en un estado

SCLAJPT-10 V.00
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Radicación n.° 98716

de limitación física que le impidiera sustancialmente el


desempeño regular de su labor.

Ello por considerar, «que el estudio de la estabilidad


laboral reforzada por la terminación del 27 de noviembre de
2014 y por la extensión la del 26 de septiembre de 2017, debe
realizarse por cuanto se observa con meridiana claridad que
la demanda también persigue esta pretensión».

En esa dirección, precisamente se enfilan las


inconformidades de la recurrente, en los siguientes términos:

En primer lugar, plantea desde la órbita fáctica, que


incurrió el ad quem en los errores de hecho de «Dar por
demostrado, en contra de la realidad, que lo que la
demandante solicitó en el libelo introductorio fue la ineficacia
de la terminación del contrato acordada por ella con la
empresa Noria S.A. el 27 de noviembre de 2014», y «No dar por
demostrado, siendo evidente, que lo que la demandante
solicitó en su libelo introductorio fue la presunta ineficacia de
la terminación del contrato adoptada por la empresa Jardines
de los Andes S.A. (sic) el 27 (sic) de septiembre de 2017».
Yerros que pretende demostrar, alegando la defectuosa
apreciación del libelo genitor y el acta de la audiencia de
conciliación, decisión de excepciones previas, saneamiento y
fijación del litigio celebrada el 12 de abril de 2021.

Y, en segundo lugar, desde el ámbito de pleno derecho,


expone que el juez de segundo grado conculcó el principio de
congruencia previsto en el art. 281 del CGP, aplicable por

SCLAJPT-10 V.00
20
Radicación n.° 98716

analogía al procedimiento del trabajo y de la seguridad social


(art. 145 CPTSS).

Así las cosas, el problema jurídico que debe abordar la


Sala, se centra en determinar si el juez plural incurrió en los
yerros fácticos y jurídicos relacionados en forma precedente.

En cuanto a las piezas procesales para fundar un error


de hecho, debe decirse que, si bien es cierto, estas no tienen
la naturaleza de pruebas, también lo es, que esta corporación
ha señalado que aquel se puede configurar por la falta de
apreciación o su errónea valoración; así quedó establecido
desde la providencia CSJ SL, 5 ag. 1996, rad. 8616, reiterada
por la CSJ SL14542-2016, en la que se dijo lo siguiente:

La demanda inicial del juicio puede ser acusada en la casación


laboral como pieza procesal y no solo en cuanto contenga
confesión judicial. La demanda es medio escrito, que representa
la voluntad de quien pone en actividad la jurisdicción. También
es acto del proceso, desde luego el primero, y en tal condición es
susceptible de generar en la casación laboral el error manifiesto
de hecho, pues si la voluntad del actor es desconocida o
tergiversada ostensiblemente, el dicho error puede conducir a la
violación de la ley sustancial, como que el sentenciador puede
producir un fallo sobre lo que no se ha pedido (por yerro en la
apreciación del petitum o de los hechos, o por su
desconocimiento) o desatendiendo los fundamentos fácticos de
lo pedido, bien en perjuicio del propio demandante o de la parte
demandada. Varias han sido las decisiones de esta Sala sobre
esa tesis, como también las que se han adoptado reconociendo la
capacidad de generar error de hecho a otras actuaciones escritas
del juicio laboral, como la contestación de la demanda, el escrito
sustentatorio de la apelación, el desistimiento parcial, etc.

En efecto, observa la Sala, a partir de libelo genitor, así


como de la audiencia de conciliación, decisión de excepciones
previas, saneamiento y fijación del litigio celebrada el 12 de
abril de 2021, que lo peticionado por la actora, y que fue lo

SCLAJPT-10 V.00
21
Radicación n.° 98716

que se estableció en la etapa de fijación del litigio, fue la


ineficacia de la terminación adoptada por la demandada el
«27» de septiembre de 2017, y no, de la que operó inicialmente
el 27 de noviembre de 2014.

Sin embargo, no se puede dejar a un lado, que fue la


misma accionada, quien al poner término definitivo al
vínculo laboral vigente con la señora Durán Garzón, a través
de comunicación del 26 de septiembre de 2017, no alegó un
motivo o razón autónomo o independiente ocurrido en esa
data, o en todo caso, con posterioridad al 27 de noviembre de
2014 —en que había operado la primera terminación—, sino
que lo que hizo, fue respaldar la decisión adoptada en la
mencionada fecha; así se colige del folio 152, en el que
expresó lo siguiente:

Como es de su conocimiento el Juzgado Quinto Municipal de


Pequeñas Causas Laborales de Bogotá decidió ordenar la
terminación del proceso laboral instaurado por usted en contra
de la empresa Noria S.A., razón por la cual la terminación del
contrato de trabajo por mutuo acuerdo el día 27 del mes de
noviembre del año 2014, es completamente legal.

Así las cosas, y como quiera que usted tenía un amparo de tutela
de carácter transitorio, indicamos que el mismo perdió efectos y
por tanto ratificados la decisión de la empresa, en el sentido que
su contrato de trabajo se encuentra aprobado por mutuo acuerdo
desde el día 27 del mes de noviembre de 2014.

Ello explica, que la desvinculación que tuvo lugar el 26


de septiembre de 2017, no podía analizarse en forma
independiente de la que ocurrió el 27 de noviembre de 2014,
como lo dedujo el ad quem, pues fue la empleadora, quien al
adoptar la última decisión, las enlazó en una sola, como un

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22
Radicación n.° 98716

asunto inescindible, limitándola temporalmente a la primera.

Aunado a lo anterior, ha de señalarse, que más allá de


la pretensión formal de declaratoria de ineficacia de la
terminación del contrato el «27» de septiembre de 2017, debe
considerarse que en los hechos del libelo genitor también se
aludió a los quebrantos de salud padecidos por la
trabajadora antes del 27 de noviembre de 2014, y a la
protección constitucional transitoria de que fue objeto, por
estabilidad laboral reforzada respecto del finiquito del vínculo
en esa data; lo que, sumado a la pieza procesal pertinente,
implicaba que el juez al cumplir con su deber de interpretar
la demanda, lo abordara en esos términos.

Por ello, además de no presentarse los yerros fácticos


señalados, con la condición de manifiestos, tampoco se
contravino el principio de congruencia previsto en el art. 281
del CGP, aplicable por analogía al procedimiento del trabajo
y la seguridad social (art. 145 CPTSS), que prevé que «La
sentencia deberá estar en consonancia con los hechos y las
pretensiones aducidos en la demanda […]», acusado como
violación medio, pues se itera, dados los supuestos fácticos
planteados en el libelo genitor, y la misiva que puso fin en
forma definitiva al vínculo laboral de la señora Durán
Garzón, lo que hizo el Tribunal, fue cumplir con el deber de
interpretar la citada pieza procesal.

Sobre el particular, la Sala ha insistido en que al


funcionario judicial le compete interpretar la demanda
inaugural, aprehenderla en su integridad con el propósito de

SCLAJPT-10 V.00
23
Radicación n.° 98716

inferir qué es lo que busca, para a partir de ello, definir el


conflicto. Así se reiteró a través de la sentencia CSJ SL2604-
2021 que expresó lo siguiente:

El principio procesal de congruencia establecido en el entonces


vigente artículo 305 del Código de Procedimiento Civil, aplicable
a los litigios del trabajo por autorización expresa del precepto 145
del Código Procesal del Trabajo y de la Seguridad Social, es una
expresión del debido proceso y el derecho de defensa, que se
manifiesta en la obligación del juez de adecuar la definición del
juicio a las pretensiones y hechos planteados en la demanda
inicial, a las excepciones y circunstancias fácticas presentadas
por la contraparte, así como a lo alegado por las partes en las
oportunidades procesales pertinentes.

Dichas actuaciones limitan la autonomía judicial del juez, quien


debe obrar dentro de ese marco trazado por las partes, dado que
es lo que edifica la relación jurídica sustancial y procesal de estas
en el espacio jurisdiccional.

Ahora, ello no es obstáculo para que el juez, eventualmente


pueda interpretar la demanda. De hecho, la Corte ha señalado
que «constituye su deber dado que está en la obligación de
referirse “a todos los hechos y asuntos planteados en el proceso
por los sujetos procesales” (art. 55, L. 270/1996), de manera que
su decisión involucre las peticiones del escrito inicial en armonía
con los hechos que le sirven de fundamento» (CSJ SL2808-2018).

Por lo expuesto, los cargos no están llamados a


prosperar.

X. CARGO TERCERO

Acusa la sentencia de violar por la vía indirecta en la


modalidad de aplicación indebida los arts. 15, 19, 61 literal
b), 62 (subrogado por el 7 del Decreto Ley 2351 de 1965),
127, 186, 249, 306, 488 y 489 del CST; 1 y 2 de la Ley 52 de
1975; 5 y 99 de la Ley 50 de 1990; 22 de la Ley 100 de 1993;
26 de la Ley 361 de 1997; y 1494, 1502, 1508, 1602, 1603,
2512 y 2535 del CC; en relación con el 29 de la CP; 32, 50,

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Radicación n.° 98716

51, 60, 61, 66A, 77, 145 y 151 del CPTSS; 3 ordinal 7º de la
Ley 48 de 1965; y 164, 167, 176, 243, 244, 246, 247, 281 y
303 del CGP.

Indica que ello se presentó por haberse configurado los


siguientes errores de hecho:

1) Dar por demostrado, en contra de la realidad, que el 27 de


noviembre de 2014 la señora Dolly Esperanza Durán Garzón
sufría graves menoscabos de salud que al ser conocidos por la
empresa Noria S.A. exigían la obtención previa del permiso
contemplado por la Ley 361 de 1997 para terminar su contrato
de trabajo, requisito que al ser incumplido deslegitimó el finiquito
consensual formalizado por las partes en esa fecha y proyectó su
efecto de ineficacia sobre la decisión ratificatoria adoptada el 27
de septiembre de 2017 por la empresa Jardines de los Andes,
sin que pueda aceptarse –según el ad quem- que el debate sobre
la validez de la decisión de tutela que ordenó el reintegro
transitorio de la trabajadora quedó zanjado con la decisión de
tutela que ordenó el reintegro transitorio de la trabajadora quedó
zanjado con la sentencia dictada por el Juez 5º de Pequeñas
Causas de Bogotá (hecho aceptado por los contendientes).

2) No dar por demostrado, siendo evidente, que para el 27 de


noviembre de 2014 a la señora Dolly Esperanza Durán Garzón
no se le había dictaminado ninguna pérdida de capacidad
laboral ni padecía quebrantos graves de salud que le dieran
estabilidad reforzada en su empleo y/o que al ser conocidos por
la empresa Noria S.A. obligaran a ésta a obtener el previo permiso
contemplado por la Ley 361 de 1997 para terminar su contrato
de trabajo, realidades ambas que legitimaron la conciliación
formalizada por las partes para poner fin a su vínculo y que más
adelante y mediando la sentencia dictada por el Juez 5º de
Pequeñas Causas de Bogotá permitieron inferir razonablemente
a mi representada que las discusiones surgidas de la decisión de
tutela que ordenó el reintegro transitorio de la trabajadora
quedaban zanjadas con ese fallo y ratificaban la validez del
finiquito consensual adoptado por los contratantes.

3) No dar por demostrado, estándolo, que la terminación del


contrato de trabajo formalizada el 27 de noviembre de 2014 entre
la señora Dolly Esperanza Durán Garzón y la empresa Noria
S.A. obedeció al mutuo consenso de las citadas personas,
realidad ésta que al estar avalada por la Inspección de Trabajo
RCC8 de Bogotá, haber sido fruto de la libertad de los
contratantes y al estar libre de vicios que pudieran afectar su
consentimiento tiene plena validez jurídica, de todo lo que se

SCLAJPT-10 V.00
25
Radicación n.° 98716

sigue que no puede generar el estado de estabilidad reforzada ni


la protección establecida en la Ley 361 de 1997 en favor de la
demandante como quiera que esos amparos están previstos para
la hipótesis de los trabajadores discapacitados y que sean
despedidos por su minusvalía o por la grave afectación de su
salud.

4) No dar por demostrado, estándolo, que cualquier discusión


que pudiera existir respecto de la validez jurídica del finiquito
contractual celebrado por las partes el 27 de noviembre de 2014
quedó definitivamente zanjada con la decisión dictada por el
Juzgado 5º Municipal de Pequeñas Causas de Bogotá para
resolver la acción promovida por la trabajadora contra la empresa
Noria S.A. derivada del amparo transitorio que le otorgara la
sentencia de tutela proferida por el Juzgado 39 Civil del Circuito
de Bogotá, por lo que la decisión de mi representada en el sentido
de darle firmeza y cumplimiento a esa realidad mediante la
comunicación del folio 152 constituye un ejercicio legítimo del
derecho y no un despido unilateral respecto del cual pueda caber
la presunción discriminatoria contemplada en la Ley 361 de
1997.

Y que tales yerros acaecieron por la apreciación errónea


de las siguientes piezas procesales y pruebas: la demanda y
su respuesta (f.° 1 a 12 y 98 a 121); el acuerdo de terminación
del contrato suscrito el 27 de noviembre de 2014 (f.° 126); la
conciliación formalizada por ella ante el Ministerio del
Trabajo (f.° 127 a 128); la sentencia de tutela proferida por el
Juzgado Treinta y Nueve Civil del Circuito de Bogotá el 24 de
marzo de 2015 (f.° 139 a 144); el dictamen de pérdida de
capacidad laboral emitido por la ARL Positiva el 3 de
diciembre de 2015 (f.° 55 a 67); el cumplimiento del amparo
transitorio por parte de Noria SA (f.° 145 a 149); la cesión
contractual celebrada entre la empresa antes mencionada y
Jardines de Los Andes SAS (f.° 150 a 151); y la comunicación
dirigida a la trabajadora el 26 de septiembre de 2017,
mediante la cual se confirmó la validez de la terminación del
nexo por mutuo acuerdo de las partes (f.° 152).

SCLAJPT-10 V.00
26
Radicación n.° 98716

En su exposición señala, que el ad quem arribó a la


conclusión equívoca de que la señora Durán Garzón estaba
amparada por el fuero de estabilidad reforzada, como
consecuencia de los quebrantos de salud padecidos al 27 de
noviembre de 2014, además, que para terminarle el contrato,
la empresa Noria SA o la accionada, debían haber solicitado
el permiso previo contemplado por la Ley 361 de 1997;
exigencia que al ser incumplida, habría originado la
ineficacia de ese rompimiento.

Transcribe apartes de la decisión del Tribunal; y


sostiene que su deducción de que en la fecha en que la
demandante y su empleadora de antaño, decidieron por
mutuo consenso terminar el contrato que las unía, la primera
sufría quebrantos de salud que le irrogaban la protección
reforzada, con conocimiento de la empresa, deriva de una
errónea apreciación de los medios singularizados.

Dice que, de la demanda introductoria y su


contestación, se colige que las partes pusieron fin al nexo que
las vinculaba mediante una transacción formalizada el 27 de
noviembre de 2014, respecto de la cual la trabajadora no
propuso ninguna glosa; y sin que hubiere mediado error,
fuerza, dolo u otra circunstancia que pudiera deslegitimarlo.

Y que en respaldo de la validez de ese contrato, también


obra la conciliación ratificatoria formalizada por las partes
ante el Ministerio del Trabajo (f.° 127 y 128), que de haber
sido apreciada por el ad quem, lo habría llevado a la
inferencia inevitable de dicho supuesto; ello, porque la

SCLAJPT-10 V.00
27
Radicación n.° 98716

demandante teniendo una segunda oportunidad para objetar


el pacto bajo examen, o para someter su eficacia a alguna
condición, lo confirmó sin reserva alguna, en demostración
de que obraba con conocimiento libre de apremios.

Luego expresa lo siguiente:

En presencia de los documentos de los folios 126 a 128, nacidos


de la intención transparente de las partes para finalizar su
relación jurídica, la inferencia implícita del tribunal acusado
según la cual lo que ese acuerdo envuelve es una transacción
sobre el derecho a la salud de la trabajadora, es una simple
conjetura contrario a la presunción de legitimidad con que la
jurisprudencia de antaño y hoy ha cobijado los acuerdos que
surgen de la autonomía de la voluntad:

[…]

Coincidiendo con estos lineamientos jurisprudenciales y no


obrando en el acervo una prueba que indique que la empresa
despidió a la demandante violando la estabilidad reforzada a la
que hipotéticamente podía tener derecho por sus dificultades de
salud ni que la indujo u obligó bajo coacción insuperable a
suscribir los folios 126 a 128 del expediente digital, es
indiscutible que la decisión de las partes de terminar su relación
por mutuo consenso es legítima, surte plenos efectos jurídicos y
no admite la menor discusión.

Indica que el juez colegiado coligió que para el momento


en que las partes formalizaron su deseo de terminar el
contrato que las vinculaba, la actora padecía de malestares
que la hacían sujeto de protección laboral reforzada, sin
percatarse de que estos trastornos carecían de entidad
significativa y no le producían ninguna pérdida de capacidad
laboral que pudiera afectar su desempeño o que originara la
inferencia razonable de que dicha transacción ocultaba un
despido discriminatorio.

Acto seguido, manifiesta lo siguiente:

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Radicación n.° 98716

Se observa, por otra parte, que como lo precisa el dictamen sobre


la pérdida de capacidad laboral emitido por la ARL Positiva el 3
de diciembre de 2015 (folios 55 a 67 del expediente digital), la
minusvalía de la demandante se estructuró el 11 de noviembre
de 2015, por lo que sugerir que eso ocurrió antes del 27 de
noviembre de 2014 con la perspectiva de abonar la hipótesis de
la protección reforzada solo puede mirarse como un sesgo
inaceptable del sentenciador o, en el mejor de los casos, como un
error protuberante productor de la defectuosa apreciación de las
pruebas relacionadas en el cargo y en particular de la que se
acaba de mencionar. Conviene repetir, entonces, que en la fecha
en que las partes por mutuo acuerdo resolvieron dar por
terminado el contrato de trabajo que las relacionaba, la señora
Dolly Esperanza Durán Garzón se encontraba en condiciones
aceptables de salud si bien con las alteraciones que todos los
seres humanos experimentan durante sus vidas y que se superan
sin mayor dificultad.

Señala que si el Tribunal hubiera estudiado las pruebas


con el rigor debido, habría encontrado que la acción de tutela
otorgada a la señora Durán Garzón el 24 de marzo de 2015,
por el Juzgado Treinta y Nueve Civil del Circuito de Bogotá
(f.° 139 a 144), fue transitorio, lo que la obligaba a
reintegrarla a su empleo, como lo hizo (f.° 145 a 149), pero
no a reincorporarla de manera indefinida, y menos cuando
esta había renunciado a esa expectativa por su propia
voluntad, al formalizar un finiquito concertado con su
empleadora; de modo que una vez superado el plazo fijo para
que se definiera judicialmente la validez del acuerdo
conciliatorio, lo que se zanjó con la decisión adoptada por el
Juzgado Quinto Municipal de Pequeñas Causas de Bogotá,
esa protección provisional feneció, y la empresa recuperó la
libertad de ejecutar las estipulaciones plasmadas en el
contrato de transacción y en la diligencia de conciliación
suscritas con la trabajadora.

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Radicación n.° 98716

Añade que en el libelo introductorio la actora confesó


que promovió un proceso de carácter laboral con el fin de
obtener el reintegro definitivo, realidad que, al ser aceptada
por la empresa, debió conducir al sentenciador, además de
declarar la excepción de cosa juzgada, a reconocer que
cualquier discusión sobre la validez jurídica del acuerdo
alcanzado por las partes para poner fin al contrato de trabajo
que las vinculaba, había quedado definitivamente superada.

Por último, manifiesta lo siguiente:

De las pruebas del proceso, mal apreciadas por el ad quem, fluye


con claridad que el hecho de no dar por demostrado que el 27 de
noviembre de 2014, fecha en que la señora Dolly Esperanza
Durán Garzón y la empresa Noria S.A. acordaron la terminación
del contrato que las relacionaba, a la citada trabajadora no se le
había certificado pérdida de capacidad laboral alguna, y que si
bien ella podría tener algunos quebrantos de salud los mismos
no revestían gravedad ni eran incapacitantes, por lo que el
consenso expresado por los mencionados contratantes surte
plenos efectos y no puede apreciarse como una maniobra
patronal teniendo a eludir la carga de solicitar el previo permiso
para que el despido consagrado en la Ley 361 de 1997, configura
un error protuberante que, de no haber mediado, habría llevado
al sentenciador a relevar a mi mandante de las pretensiones de
la actora.

De la lectura desprevenida de esos medios emerge que no dar por


demostrado que cualquier discusión que pudiera existir respecto
de la validez jurídica del finiquito contractual celebrado por las
partes el 27 de noviembre de 2014 quedó superada con la
decisión emitida por el Juzgado 5º Municipal de Pequeñas
Causas de Bogotá, constituye otro error garrafal del
sentenciador, que de no haberse cometido por él lo habría llevado
a la inferencia de que la decisión de mi representada en el sentido
de darle firmeza y cumplimiento a los acuerdos de los
contratantes mediante la comunicación del folio 152 constituye
un ejercicio legítimo del derecho y no un despido unilateral
respecto del cual pueda caber la presunción discriminatoria
contemplada en la Ley 361 de 1997.

SCLAJPT-10 V.00
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Radicación n.° 98716

XI. CONSIDERACIONES

En el embate expone la censora la violación indirecta en


la modalidad de aplicación indebida del art. 26 de la Ley 361
de 1997.

Al respecto se debe memorar, tal y como ya ha tenido


oportunidad la Sala de hacerlo, que le corresponde al
recurrente de forma preliminar, identificar los soportes del
fallo impugnado y, consecuente con el resultado que obtenga,
dirigir el ataque por la senda fáctica o jurídica, o por ambas,
en cargos separados, si es que el fundamento de la decisión
es mixto. Sobre este aspecto en particular, en la sentencia
CSJ SL, 27 feb. 2013, rad. 43132, se manifestó lo siguiente:

[…] la confrontación de una sentencia, en la intención de lograr


su derrumbamiento en el estadio procesal de la casación,
comporta para el recurrente una labor persuasiva y dialéctica,
que ha de comenzar por la identificación de los verdaderos pilares
argumentativos de que se valió el juzgador para edificar su fallo;
pasar por la determinación de si los argumentos utilizados
constituyen razonamientos jurídicos o fácticos; y culminar, con
estribo en tal precisión, en la selección de la senda adecuada de
ataque: la directa, si la cuestión permanece en un plano
eminentemente jurídico; la indirecta, si se está en una dimensión
fáctica o probatoria.

Como igualmente se ha señalado, la naturaleza


extraordinaria del recurso de casación impone, a quien opta
por este medio de impugnación, el despliegue de un ejercicio
dialéctico dirigido puntualmente a socavar los verdaderos
pilares de la sentencia gravada, porque si no se hace en
debida forma, la providencia permanecerá incólume,
revestida de la presunción de acierto y legalidad.

SCLAJPT-10 V.00
31
Radicación n.° 98716

Así, es necesario que el censor, indique el precepto legal


sustantivo de orden nacional que estime vulnerado y el
concepto de violación, esto es, si lo fue por infracción directa,
aplicación indebida o interpretación errónea; y en caso de
que considere que la infracción ocurrió como consecuencia
de errores de derecho o de hecho al apreciar o dejar de valorar
las pruebas, debe singularizarlas, y expresar la clase de
desatino que estima, se cometió.

Al respecto, la Corte en la sentencia CSJ SL, 22 feb.


2011, rad. 36684, explicó lo siguiente:

La violación de la ley sustantiva de carácter nacional se llega por


dos senderos: directo e indirecto. El primero de ellos tiene como
punto de partida la ausencia de todo reparo de linaje probatorio,
como que supone absoluta conformidad del recurrente con las
conclusiones fácticas y probatorias del fallador de instancia;
mientras que, en el segundo, la deficiente valoración del caudal
probatorio es el medio por el cual se llega a transgredir la ley.

A no dudarlo, la directa y la indirecta, por su naturaleza, son dos


modalidades irreconciliables de ofensa al derecho sustancial, de
suerte que el recurrente en casación no puede achacar al
juzgador de instancia, de manera simultánea, el quebranto de la
ley sustancial por la vía directa, esto es, con prescindencia de
toda cuestión probatoria, y la incorrecta estimación del torrente
probatorio. Al respecto, la jurisprudencia del trabajo asentó:

La primera causal del recurso extraordinario de casación laboral


comprende dos formas de infracción legal por el sentenciador: la
vía directa y la vía indirecta. En la primera, en cualquiera de sus
tres modalidades infracción directa, interpretación errónea y
aplicación indebida, la violación se produce con independencia
de la situación fáctica y probatoria del proceso, pues el debate se
limita exclusivamente a la controversia jurídica. En la segunda,
la violación se configura por la defectuosa apreciación que hace
el juzgador de los medios de prueba calificados por haberlos
ignorado (error de hecho), o cuando da por establecido un hecho
con un medio no autorizado y para el cual la ley exige prueba ad-
substantiam actus o deja de apreciar una prueba de tal
naturaleza debiendo hacerlo (error de derecho).

En el presente asunto, de la demostración del embate,

SCLAJPT-10 V.00
32
Radicación n.° 98716

se infiere una mixtura indebida de argumentos fácticos y


jurídicos, como se observa desde el propio planteamiento de
los errores de hecho, pues mientras por un lado se aduce que
se dio por demostrado, sin estarlo, que el 27 de noviembre de
2014, la trabajadora sufría graves menoscabos de salud que
al ser conocidos por la empresa Noria SA exigían la obtención
previa del permiso contemplado por la Ley 361 de 1997 para
terminar su contrato de trabajo; y no haber dado por
demostrado, estándolo, que para esa fecha no se le había
dictaminado ninguna pérdida de capacidad laboral ni
padecía quebrantos graves de salud que le otorgaran
estabilidad reforzada en su empleo, y/o que al ser conocidos
por Noria SA, la obligaran a obtener el previo permiso
contemplado por la Ley 361 de 1997 para terminar el vínculo;
por otro lado, se formula la discusión referente a los efectos
del fallo de tutela proferido por el Juzgado Treinta y Nueve
Civil del Circuito de Bogotá el 24 de marzo de 2015, que como
mecanismo transitorio, ordenó el reintegro de la
demandante, luego de la terminación que tuvo lugar el 27 de
noviembre de 2014, asunto que debió discutirse por la senda
de pleno derecho.

Incluso si en gracia a discusión la Sala hiciera


abstracción de la segunda parte, y abordara solo la discusión
desde la vía de los hechos, no podría tener en cuenta, a partir
de los argumentos presentados, todos los elementos de juicio
que llevaron al juez colegiado al razonamiento de que la
actora era sujeto de la estabilidad laboral reforzada prevista
en el art. 26 de la Ley 361 de 1997, pues al respecto este

SCLAJPT-10 V.00
33
Radicación n.° 98716

precisó lo siguiente:

Teniendo en cuenta lo anterior, una vez revisada la documental


aportada y que fue mencionada previamente, es claro que la
demandante desde el año 2009, venía presentando fuertes
dolores y afecciones en brazos y manos, y que previo a la
finalización del contrato laboral del 27 de noviembre de 2014 e
incluso la del 26 de septiembre de 2017, la demandante se
encontraba calificada con pérdida de capacidad laboral del
27.19% por enfermedad de origen laboral, con recomendaciones
médico laborales vigentes. Aunado a lo anterior, se pudo
establecer que su empleador conocía sus patologías y dolencias,
como quiera que la ARL Colmena, en varias oportunidades le
notificó tanto de los dictámenes emitidos por las Juntas de
Calificación, como de las recomendaciones de reubicación y de
seguimiento a su puesto de trabajo.

Y entre las pruebas acusadas como indebidamente


apreciadas, solo se referencia el dictamen de pérdida de
capacidad laboral de la señora Durán Garzón, emitido por la
ARL Positiva el 3 de diciembre de 2015 (f.° 55 a 57),
desconociendo con ello la recurrente, que debe controvertir
todos los medios de convicción que sirvieron de fundamento
al sentenciador de alzada para proferir la sentencia atacada,
así no sean calificados, pues tal irregularidad hace que se
torne incompleto el ataque. De esta manera, las acusaciones
parciales son insuficientes para socavar la decisión
censurada, en tanto se deben cuestionar todos los
fundamentos del fallo recurrido, so pena de quedar
soportada con aquellos argumentos que no fueron objeto de
ataque.

Lo expuesto conduce a desestimar el embate.

XII. CARGO CUARTO

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Radicación n.° 98716

Acusa la sentencia de violar por interpretación errónea


el art. 26 de la Ley 361 de 1997, en relación con el 15, 19, 61
literal b), 62 (subrogado por el 7 del Decreto Ley 2351 de
1965); 127, 186, 249, 306, 488 y 489 del CS del T; 1 y 2 de
la Ley 52 de 1975; 5 y 99 de la Ley 50 de 1990; 22 de la Ley
100 de 1993; 1494, 1502, 1508, 1602, 1603, 2512 y 2535
del CC; 50, 51, 60, 61, 66A del CPTSS; 3 ordinal 7º de la Ley
48 de 1968; y 164, 165, 167, 176, 243, 244, 246, 247 y 281
del CGP.

En su desarrollo afirma, que el Tribunal cometió un


grave error de hermenéutica, al estimar que cualquier
afectación a la salud de un trabajador es motivo suficiente
para que se active la protección reforzada de que trata el art.
26 de la Ley 361 de 1997, lo cual es extremo, pues es
axiomático que durante su decurso existencial todos los
trabajadores experimentan problemas de salud que aun
pudiendo producir incapacidades, no revisten cronicidad y
puede superarse mediante la ingesta de algún medicamento
o el simple reposo.

Relaciona la sentencia de la Corte CSJ SL1152-2023; y


señala que las directrices plasmadas en ella, evidencian que
la interpretación objeto de censura resulta equivocada, pues
las patologías transitorias, que no revistan gravedad, o que
no repercutan en la pérdida de capacidad laboral del
trabajador, no son por sí solas suficientes para activar los
institutos de protección reforzada y estabilidad en el empleo.

SCLAJPT-10 V.00
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Radicación n.° 98716

Concluye que ante el cotejo entre la interpretación


acogida por el ad quem y la referenciada en la providencia
mencionada, que es la vigente y más razonable, debe
prevalecer la segunda.

Finalmente expone, que una vez casada la sentencia, en


sede de instancia se deben tener en cuenta los siguientes
razonamientos:

Las pruebas del proceso evidencian que para el 27 de noviembre


de 2014, fecha en que la señora Dolly Esperanza Durán Garzón
y la empresa Noria S.A. acordaron la terminación del contrato
que las relacionaba, a la citada trabajadora no se le había
certificado pérdida de capacidad laboral alguna, y que si bien ella
podría tener algunos quebrantos de salud los mismos no
revestían gravedad ni eran incapacitantes, por lo que el consenso
expresado por los mencionados contratantes para finalizar su
relación sufrió plenos efectos y no puede apreciarse como una
maniobra patronal tendiente a eludir la carga de solicitar el
previo permiso para el despido consagrado en la Ley 361 de 1997.

El acervo también demuestra que el acuerdo de las partes para


poner término a su relación no estuvo precedido de ningún
reclamo por parte de la señora Dolly Esperanza Durán Garzón
respecto de sus condiciones de salud, realidad que permite inferir
que ese pacto fue legítimo y transparente. Todavía más al haber
sido ratificado mediante una diligencia de conciliación surtida
ante la Inspección de Trabajo RCC8 de Bogotá.

En estas condiciones, no podría pensarse razonablemente que la


señora Dolly Esperanza Durán Garzón gozaba de estabilidad en
el empleo y de protección reforzada, privilegios que solo pueden
predicarse respecto de trabajadores que debido a sus condiciones
precarias de salud puedan ser despedidos sin motivo válido.

XII. CONSIDERACIONES

Acusa la censora la sentencia impugnada de violar por


la senda de pleno derecho, en la modalidad de interpretación
errónea el art. 26 de la Ley 361 de 1997.

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Radicación n.° 98716

El Tribunal en lo referente consideró, que como las


fechas de terminación del contrato de trabajo fueron
posteriores a la data en que había entrado a regir el Decreto
1352 de 2013, que desapareció del sistema jurídico la
determinación de la discapacidad por grados, prevista en el
art. 7 del Decreto 2463 de 2001, debía acudirse a otra forma
de interpretación para calificar si la limitación en la salud de
la trabajadora, fue la causa del finiquito laboral, como la
expuesta por la Corte Constitucional al interpretar el art. 26
de la Ley 361 de 1997, según la cual, la parte actora debe
acreditar la existencia de una limitación o afectación en su
estado de salud para ejercer la actividad que venía
ejecutando normalmente, y que el empleador la conocía
previo al momento de poner fin al vínculo, para que entrara
a operar la referida protección.

Y al analizar el caso concreto, dedujo del material


probatorio, que la empleadora siempre tuvo conocimiento del
«deficitario» estado de salud de la señora Durán Garzón, quien
venía presentando fuertes dolores y afecciones en sus manos
y brazos, y pese a ello, decidió darle por terminado el contrato
de trabajo, sin contar con previa autorización del Ministerio
de Trabajo.

En esa dirección, alega la casacionista lo siguiente:

El Tribunal Superior de Bogotá comete un error grave de


hermenéutica cuando estima que cualquier afectación a la salud
de un trabajador es motivo suficiente para que se active la
protección reforzada de que trata el artículo 26 de la Ley 361 de
1997. Esta manera de interpretar esa disposición es extrema y
gratuita, pues es axiomático que durante su decurso existencial

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Radicación n.° 98716

todos los trabajadores experimentan problemas de salud que aun


pudiendo producir incapacidades no revisten cronicidad y
pueden superarse mediante la ingesta de algún medicamento o
el simple reposo.

Así las cosas, el problema jurídico que debe dilucidarse,


consiste en definir si el juez plural interpretó erróneamente
el art. 26 de la Ley 361 de 1997, al establecer que el
«deficitario» estado de salud de la señora Durán Garzón, de
conocimiento de la empleadora, daba paso a la estabilidad
laboral reforzada.

Sobre el tópico debe decirse, que, en un principio, la


jurisprudencia de esta Corte consideraba que para que se
diera la protección de estabilidad laboral reforzada
consagrada en la citada norma, no era suficiente que, al
momento del despido el trabajador sufriera quebrantos de
salud, estuviera en tratamiento médico o se le hubieran
concedido incapacidades médicas.

Se exigía la acreditación, al menos, de una limitación


física, psíquica o sensorial con el carácter de moderada; esto
es, que implicara un porcentaje de pérdida de capacidad
laboral igual o superior al 15%, en los términos del artículo
7 del Decreto 2463 de 2001 (CSJ SL11411-2017, CSJ
SL4609-2020, CSJSL3733-2020, CSJ SL058-2021 y CSJ
SL497-2021); porcentaje a partir del cual se definía si la
situación de discapacidad era o no relevante.

Sin embargo, el anterior criterio varió luego de un nuevo


análisis a la Convención Sobre los Derechos de las Personas

SCLAJPT-10 V.00
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Radicación n.° 98716

con Discapacidad y su protocolo facultativo; concluyendo la


Sala, que por ser disposiciones que hacen parte del bloque
de constitucionalidad en relación con los derechos de las
personas en situación de discapacidad, tales debían
considerarse no solo para entender en qué consiste el
concepto de discapacidad, sino para darle contenido a la
protección consagrada en el artículo 26 de la Ley 361 de
1997.

Así, en la providencia CSJ SL1152-2023, se dijo lo


siguiente:

La Convención adoptó el «enfoque de los derechos humanos», por


cuanto, con base en el «modelo social» de concepción de la
discapacidad, se fijó como propósito «promover, proteger y
asegurar el goce pleno y en condiciones de igualdad de todos los
derechos humanos y libertades fundamentales por todas las
personas con discapacidad, y promover el respeto de su dignidad
inherente», artículo 1º.

Dicha convención «configura el estándar global más reciente y


garantista de los derechos de las personas en situación de
discapacidad» (CC C066-2013) y, en particular para Colombia, al
ser aprobada a través de la Ley 1346 de 2009 que entró en vigor
desde el 10 de junio de 2011 (CSJ SL3610-2020).

En vigencia de dicho instrumento, las sentencias CSJ SL711-


2021 y CSJ SL572-2021 reiteraron el criterio de la Sala referido
con anterioridad y, en esta última decisión se amplió y señaló
que, si bien ante el carácter técnico científico de la condición de
discapacidad era relevante contar con una «calificación técnica
descriptiva», en el evento en que esta no obrara en el proceso,
bajo el principio de libertad probatoria, la limitación podía
inferirse:

[…] del estado de salud en que se encuentra, siempre que sea


notorio, evidente y perceptible, precedido de elementos que
constaten la necesidad de la protección, como cuando el
trabajador viene regularmente incapacitado, se encuentra en
tratamiento médico especializado, tiene restricciones o
limitaciones para desempeñar su trabajo, cuenta con concepto
desfavorable de rehabilitación.

SCLAJPT-10 V.00
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Radicación n.° 98716

Pues bien, según el inciso 2º del artículo 1º de la convención,


«Las personas con discapacidad incluyen a aquellas que tengan
deficiencias físicas, mentales, intelectuales o sensoriales a largo
plazo que, al interactuar con diversas barreras, puedan impedir
su participación plena y efectiva en la sociedad, en igualdad de
condiciones con las demás».
Así mismo, señala:

Por “discriminación por motivos de discapacidad” se entenderá


cualquier distinción, exclusión o restricción por motivos de
discapacidad que tenga el propósito o el efecto de obstaculizar o
dejar sin efecto el reconocimiento, goce o ejercicio, en igualdad
de condiciones, de todos los derechos humanos y libertades
fundamentales en los ámbitos político, económico, social,
cultural, civil o de otro tipo. Incluye todas las formas de
discriminación, entre ellas, la denegación de ajustes razonables
(Inc. 4, art. 2).

Este concepto también concuerda con lo establecido en la Ley


1618 de 2013, que incluso lo amplió a las deficiencias de mediano
plazo, en tanto establece:

ARTÍCULO 2o. DEFINICIONES. Para efectos de la presente ley,


se definen los siguientes conceptos:

1. Personas con y/o en situación de discapacidad: Aquellas


personas que tengan deficiencias físicas, mentales, intelectuales
o sensoriales a mediano y largo plazo que, al interactuar con
diversas barreras incluyendo las actitudinales, puedan impedir
su participación plena y efectiva en la sociedad, en igualdad de
condiciones con las demás. Destaca la Sala.

Además, la Ley 1618 de 2013 también definió que las «acciones


afirmativas son políticas, medidas o acciones dirigidas a favorecer
a personas o grupos con algún tipo de discapacidad, con el fin de
eliminar o reducir las desigualdades y barreras de tipo actitudinal,
social, cultural o económico que los afectan».

A juicio de la Sala, sin duda estas disposiciones tienen un


impacto en el ámbito laboral y se orientan a precaver despidos
discriminatorios fundados en una situación de discapacidad que
pueda surgir cuando un trabajador con una deficiencia física,
mental, intelectual o sensorial, a mediano y largo plazo, al
interactuar con el entorno laboral vea obstaculizado el efectivo
ejercicio de su labor en igualdad de condiciones que los demás.
(Subrayas fuera del texto)

Ahora bien, en la decisión transcrita parcialmente, la


Corte también destacó que la identificación de la

SCLAJPT-10 V.00
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Radicación n.° 98716

discapacidad a partir de los porcentajes previstos en el


artículo 7 del Decreto 2463 de 2001, sería compatible solo
para aquellos eventos ocurridos antes de la entrada en vigor
de la Convención sobre los Derechos de las Personas con
Discapacidad (10 de junio de 2011) y de la Ley 1618 de 2013,
Estatutaria de los derechos de las personas con
discapacidad.

Así, que, en los demás casos, como el que ocupa la


atención de la Sala, en que la terminación del vínculo ocurrió
el 27 de noviembre de 2014, la definición de la situación de
discapacidad alegada deba ser analizada al amparo de la
aludida Convención, y no de un factor numérico,
coincidiendo en esto con lo expuesto por el juez colegiado.

Por lo anterior, atendiendo a los lineamientos fijados en


la decisión en mención, se tiene que, bajo la égida de la
Convención analizada, la procedencia de la garantía de
estabilidad laboral reforzada establecida en el artículo 26 de
la Ley 361 de 1997, se debe determinar conforme a los
siguientes parámetros objetivos:

a) La existencia de una deficiencia física, mental,


intelectual o sensorial a mediano y largo plazo. Entiéndase
por deficiencia, conforme a la CIF, «los problemas en las
funciones o estructurales corporales tales como una
desviación significativa o una pérdida»;

b) La presencia de una barrera para el trabajador de


tipo actitudinal, social, cultural o económico, entre otras,

SCLAJPT-10 V.00
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Radicación n.° 98716

que, al interactuar con el entorno laboral, le impiden ejercer


efectivamente su labor en condiciones de igualdad con los
demás;

c) Que estos elementos sean conocidos por el empleador


al momento del despido, a menos que sean notorios para el
caso.

Lo anterior puede acreditarse a través de cualquier


medio probatorio, atendiendo al principio de la necesidad de
la prueba; y sin perjuicio de que, para efectos de tener por
demostrados los hechos constitutivos de la discapacidad y
los ajustes razonables, de acuerdo con el artículo 51 del
CPTSS, el juez en el ejercicio del deber de decretar pruebas
de oficio, ordene la práctica de un dictamen pericial (CSJ
SL1851-2023).

Así mismo se enseñó que debe: i) contar con la prueba


de una deficiencia física, mental, intelectual o sensorial, una
limitación o discapacidad de mediano o largo plazo —factor
humano—; ii) realizar el análisis del cargo, sus funciones,
requerimientos, exigencias, el entorno laboral y actitudinal
específico —factor contextual—; y iii) contrastar la
interacción entre estos dos factores —interacción de la
deficiencia o limitación con el entorno laboral—.

Y, a partir de allí, concluir si el trabajador se encontraba


en situación de discapacidad para el momento en que se
produjo el finiquito de la relación de trabajo y por tal motivo,
a efecto de poder predicar que el despido fue discriminatorio

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y, por consiguiente, ineficaz.

Por otro lado, en la decisión CSJ SL1851-2023, la Corte


señaló que en un proceso judicial en el que se alega el fuero
de discapacidad, al trabajador que solicita el amparo le
corresponde demostrar que para el momento en que se
produjo la terminación del contrato tenía una discapacidad
y que el empleador conocía tal situación, o que era notoria;
y, a este último para desvirtuar la presunción de despido
discriminatorio, probar que realizó los ajustes razonables y,
en caso de no poder hacerlos, demostrar que eran una carga
desproporcionada o irrazonable, hecho comunicado al
trabajador; o que la terminación del vínculo se fundó en una
causal objetiva, justa causa, mutuo acuerdo o renuncia libre
y voluntaria.

Finalmente, tal como se desprende de la decisión CSJ


SL1152-2023 esta corporación de manera precisa sostuvo
que en su función de unificación de la jurisprudencia, se
apartaba de las interpretaciones que consideran que el
artículo 26 de la Ley 361 de 1997 aplica para personas que
sufren contingencias o alteraciones momentáneas de salud o
que padecen patologías temporales, transitorias o de corta
duración; toda vez que, conforme se explicó, la Convención y
la ley estatutaria previeron tal protección únicamente para
aquellas deficiencias de mediano y largo plazo, que al
interactuar con barreras de tipo laboral impiden la
participación plena y efectiva del trabajador en igualdad de
condiciones que sus pares.

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Radicación n.° 98716

Aquí, bien vale la precisar que las diferentes


afectaciones de salud que sufran los trabajadores, per se, no
son una discapacidad, pues solo podrían valorarse para
efectos de dicha garantía las que cumplan las ya
mencionadas características.

Pues bien, teniendo como sustento la jurisprudencia ya


referida, ha de decirse que, desde lo jurídico, se advierte la
equivocada postura del fallador de segundo grado en la
intelección dada al artículo 26 de la Ley 361 de 1997, pues
pese a que inicialmente dijo que se debía establecer si desde
el 27 de noviembre de 2014 hacia atrás, la trabajadora
contaba con algún tipo de discapacidad, lo que finalmente
consideró, fue su «deficitario» estado de salud, sin tener en
cuenta que acorde con la Convención sobre los Derechos de
las Personas con Discapacidad, aprobada por la Ley 1346 de
2009, se requiere la existencia de una deficiencia física,
mental, intelectual o sensorial, o una limitación o
discapacidad de mediano o largo plazo, así como la presencia
de una barrera para el trabajador de tipo actitudinal, social,
cultural o económico, entre otras, que, al interactuar con el
entorno laboral, le impiden ejercer efectivamente su labor en
condiciones de igualdad con los demás.

Así las cosas, y como quiera que en los términos del


artículo 26 de la Ley 361 de 1997, en armonía con la citada
Convención, esta protección tiene como fin precaver despidos
discriminatorios fundados en una situación de discapacidad
que pueda surgir cuando un asalariado padece una
deficiencia física, mental, intelectual o sensorial, a mediano

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y largo plazo y, al interactuar con el entorno laboral vea


obstaculizado el efectivo ejercicio de su labor en igualdad de
condiciones que los demás, refulge el yerro jurídico del
juzgador.

Sin embargo, este no tiene no tiene la entidad suficiente


para derruir la decisión de primer grado, pues la Corte en
sede de instancia llegaría a la misma conclusión de que la
actora es beneficiaria del fuero de estabilidad laboral
reforzada previsto en el art. 26 de la Ley 361 de 1997,
conforme a la valoración del material probatorio a la luz del
art. 61 del CPTSS, contentivo de la comunicación del 7 de
enero de 2009 dirigida por Colmena Riesgos Profesionales a
la EPS Famisanar (f.° 36); el dictamen de la Junta Nacional
de Calificación de Invalidez del 15 de noviembre de 2012, que
determinó que las enfermedades padecidas por la
trabajadora de «síndrome (sic) de manguito rotatorio,
epicondilitis lateral y otras sinovitis y tenosinovitis» eran de
origen profesional (f.° 20 a 23); la comunicación del 29 de
octubre de 2013 dirigida por Colmena a la empresa Noria SA,
informándole sobre el seguimiento laboral emitido por el
Programa de Rehabilitación Integral de la trabajadora, y el
concepto mismo, en el cual se emiten recomendaciones para
la trabajadora (f.° 25 a 28); y las historias clínicas (f.° 29 a 30
y 41 a 44), del cual se colige, que esta presenta una limitación
a largo plazo.

Por ejemplo, en el referido dictamen del 15 de noviembre


de 2012, emitido por la Junta Nacional de Calificación de
Invalidez, en el acápite denominado «Estado actual» de la

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paciente, se expresó lo siguiente: «Se revisa la historia clínica


y se encuentra paciente con un año de evolución de dolor en el
hombro derecho el cual se irradia a codo, muñeca y mano
derecha […]».

Por ende, el cargo no encuentra prosperidad.

Sin costas en casación, pues si bien el recurso no salió


avante, se configuró un error por parte del sentenciador de
segundo grado.

XIII. DECISIÓN

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia,


Sala de Casación Laboral, administrando justicia en nombre
de la República y por autoridad de la ley, NO CASA la
sentencia proferida por la Sala Laboral del Tribunal Superior
del Distrito de Bogotá, el treinta (30) de junio de dos mil
veintidós (2022), en el proceso promovido por DOLLY
ESPERANZA DURÁN GARZÓN en contra de JARDINES DE
LOS ANDES SAS.

Sin costas en casación, como se expresó en la parte


motiva.

Notifíquese, cúmplase y devuélvase el expediente al


tribunal de origen.

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Firmado electrónicamente por:

ANA MARÍA MUÑOZ SEGURA


Aclaración de voto

ÓMAR DE JESÚS RESTREPO OCHOA

GIOVANNI FRANCISCO RODRÍGUEZ JIMÉNEZ

Este documento fue generado con firma electrónica y cuenta con plena validez jurídica, conforme a lo dispuesto en artículo
103 del Código General del Proceso y el artículo 7 de la ley 527 de 1999

Código de verificación: B2A54CA529A2422998158CBC010B14D39EE99865EA1E4E0813E48D4AB420F334


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