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Escritos de Justo Arosemena en Panamá

El documento habla sobre Justo Arosemena, una figura importante de Panamá en el siglo XIX. Describe su ascendencia familiar y su destacada participación en la independencia de Panamá de España en 1821.

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Escritos de Justo Arosemena en Panamá

El documento habla sobre Justo Arosemena, una figura importante de Panamá en el siglo XIX. Describe su ascendencia familiar y su destacada participación en la independencia de Panamá de España en 1821.

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BIBLIOTECA DE LA CULTURA PANAMEÑA

TOMO 8

ARGELIA TELLO BURGOS

ESCRITOS DE
JUSTO AROSEMENA

ESTUDIO INTRODUCTORIO Y ANTOLOGIA

PANAMA

UNIVERSIDAD DE PANAMA
BIBLIOTECA DE LA CULTURA PANAMEÑA

Al editar la Biblioteca de la Cultura Panameña,


la Universidad Nacional se propone conservar, honrar
y difundir -para beneficio de todo nuestro pueblo y
de sus futuras generaciones- los más representativos
documentos literarios y testimonios culturales aportados
por el fecundo trabajo creativo de los pensadores y artis-
tas de Panamá.

Abrigo la convicción de que la Biblioteca de la


Cultura Panameña ofrecerá a nuestros compatriotas,
con sus insospechadas revelaciones, un firme apoyo in-
telectual y moral ; que se convertirá en obra de consul-
ta obligada, y que brindará a todas las personas de otras
tierras una responsable y adecuada referencia inicial
acerca de lo que somos y hemos sido .

DR. CEFERINO SANCHEZ


Rector

UNIVERSIDAD DE PANAMA
BIBLIOTECA DE LA CULTURA PANAMEÑA

Director : Dr . Carlos Manuel Gasteazoro


Coordinador : Dr. Alfredo Figueroa Navarro

TOMO 1 GEOGRAFIA DE PANAMA

TOMO 2 POBLACION, ECONOMIA Y SOCIEDAD DE PANAMA .

TOMO 3 INSTITUCIONES POLITICAS Y PENSAMIENTO JURIDICO

EN PANAMA .

TOMO 4 LA EDUCACION EN PANAMA .

TOMO 5 EL DESARROLLO DE LAS CIENCIAS SOCIALES EN

PAN AMA .

TOMO 6 EL PENSAMIENTO POLITICO EN LOS SIGLOS XIX Y XX .

TOMO 7 EL ENSAYO EN PANAMA .

TOMO 8 ESCRITOS DE JUSTO AROSEMENA .

TOMO 9 EL PENSAMIENTO Y LA ACCION DE BELISARIO PORRAS .

TOMO 10 EL PENSAMIENTO DE RICARDO J . ALFARO .

TOMO 11 LA LITERATURA PANAMEÑA .

TOMO 12 LAS MANIFESTACIONES ARTISTICAS EN PANAMA .

TOMO 13 EL DESARROLLO DE LAS CIENCIAS NATURALES Y LA

MEDICINA EN PANAMA .

TOMO 14 PANAMA EN SUS USOS Y COSTUMBRES .

TOMO 15 PANAMA Y SUS RELACIONES INTERNACIONALES .

TOMO 16 EL CANAL DE PANAMA .

1981-1986
ESCRITOS DE JUSTO
AROSEMENA
ARGELIA TELLO BURGOS

ESCRITOS DE JUSTO
AROSEMENA
ESTUDIO INTRODUCTORIO Y ANTOLOGIA

HOMENAJE AL CINCUENTENARIO
DE LA UNIVERSIDAD DE
PANAMA
1935-1985

PANAMÁ
1985
A

Carlos Manuel Gasteazoro,

Maestro y

Amigo
ESTUDIO INTRODUCTORIO
"El panameño más relevante del siglo XIX" es la defini-
ción más generalizada que la historiografía tanto panameña
como americana concede al Doctor Justo Arosemena (1). Con
lo cual no se demerita en modo alguno a las tantas personalida-
des que destacaron y sobresalieron, en diversas actividades del
quehacer panameño de aquel entonces; de los cuales podemos
mencionar sólo a manera de ejemplo, a José Domingo Espinar
y Tomás Herrera que descuellan en lo político-militar; Gil Co-
lunje y Buenaventura Correoso en la política partidista ; Pablo
Arosemena, en el ramo jurídico político y parlamentario ; Pe-
dro J. Sosa en las faenas científicas ; Tomás Martín Feuillet y
José María Alemán en las letras; todos los cuales en su conjun-
to realizaron una cuasi permanente labor a favor de los inte-
reses del país y en especial resaltaron los perfiles de la identi-
dad istmeña.

(1) Carlos M . Gasteazoro en su libro El Pensamiento de Ricardo J . Al-


faro. Biblioteca de la Cultura Panameña, tomo 10 . Panamá, 1981 .
p. Xl, afirma que la vida y obra del Doctor Ricardo J . Alfaro "sig-
nifican en nuestro atolondrado quehacer republicano, lo que la de
Justo Arosemena representó en el decimonono como respetado vo-
cero de la nacionalidad . . . cada uno fue hombre de su tiempo y . . .
cada cual en su siglo, fueron admirables en el pensamiento y la ac-
ción, porque les tocó enfrentarse a una realidad nacional" .

XI
Entre éstos, Justo Arosemena, con su fuerte personalidad
y aquilatado sentido de equidad y justicia, desde las múltiples
facetas personales que lo distinguen como jurisconsulto, polí-
tico, periodista, legislador, diplomático y moralista, supo con-
jugarlas y convertirlas en un bastión único a favor de la sobe-
ranía de los pueblos del Istmo, de Colombia y de todo el con-
tinente indoamericano. Es precisamente esa conjunción de ac-
tividades puestas al servicio de un solo fin, de una sola causa,
lo que agiganta a don Justo con la caracterización que hoy lo
ubica en uno de los sitiales de honor de la historia de Panamá
y del latinoamericanismo contemporáneo .
En esta oportunidad nos proponemos hacer un aporte más
a los ya nutridos y valiosos estudios que existen en torno a tan
ilustre figura ; tarea que confesamos no es nada fácil, porque
nos preceden, excelentes y muy completos trabajos al respecto.

Escorzo Biográfico (2)

Los primeros miembros de la familia Arosemena presu-


miblemente se establecieron en Panamá en 1681, procedentes
de Bilbao. Tres años más tarde uno de ellos, Felipe, antecesor
directo del biografiado, ejerce el cargo de Alcalde Ordinario
de la ciudad, lo que nos dice de la prominencia social que rápi-
damente adquirió dentro de la maquinaria colonial panameña
de finales del siglo XVII y que, indefectiblemente conservaron
sus sucesores a lo largo de la centuria siguiente . A mediados
del XVIII encontramos a Marco, biznieto suyo, con una hol-
gada situación financiera, propietario de varias casas en Panamá

(2) La genealogía de la familia Arosemena la estudiaron con rigor y de-


tenimiento los más importantes biógrafos de don Justo : Octavio Mén- .Udn,eiSJzvEugsPrtoaAlcm

Panamá . 1970 ; José D . Moscote y Enrique J . Arce . La Vida Ejem-


plar de Justo Arosemena . Ediciones del Departamento de Bellas Ar-
tes del Ministerio de Educación. Panamá . 1956 ; Juan A . Susto . "Ori-
gen del Apellido Arosemena en Panamá" . En Boletín de la Acade-
mia Panameña de la Historia . Primera Epoca, Panamá, octubre de
1937, pp . 431-435 . Nosotros en este caso daremos un somero vis-
tazo biográfico ; por lo tanto, a quienes les interese un conocimiento
más prolijo sobre la vida de Justo Arosemena pueden consultar di-
chas obras.

XII
y de minas de oro en Veraguas . En esta provincia, contrae matri-
monio con María Josefa Lombardo de la cual tiene entre sus
hijos a Pablo Joseph Arosemena, quien a su vez se casa con la
dama panameña Rafaela Martina de la Barrera y Negreiros,
que le da una numerosa descendencia .
Al regresar de sus estudios en España, don Pablo se de-
dica con notable éxito a la actividad mercantil que le propor-
ciona un amplio desahogo económico y una respetable parti-
cipación en las lides burocráticas que el régimen español en
América permite a los criollos, tanto en el Cabildo como en
los ejércitos regionales . En efecto, hacia 1785, ocupa una posi-
ción en el Cabildo de Panamá (3), a la que se le suma después
el cargo de Coronel del Regimiento de Milicias Blancas de In-
fantería y el título honorífico de Caballero de la Real Orden
de Carlos III que, según el criterio de don Justo, carecen de
importancia "estas adquisiciones que se compraban entonces . .
y el Coronel don Pablo pudo muy bien pagar su Caballería con
muchos miles de pesos genuinos que hizo en el comercio . . . "(4).
Asimismo, esa solvencia crematística y prestigio social en el de-
cadente imperio español de ultramar, lo obligan a pagar fuer-
tes donativos a la corona para subvencionar las guerras que sos-
tuvo ésta, primero en Europa contra Napoleón y poco des-
pués con la propias colonias americanas (5) .
Vástago del Coronel Pablo Joseph es el prócer de la inde-
pendencia Mariano Arosemena de la Barrera, padre de don Justo .
Cásase con doña Dolores Quesada y Velarde, de ascendencia
similar a la de su cónyuge . En su juventud todo parece indicar
que don Mariano seguiría la trayectoria paterna, por su dedi-
cación al comercio luego de haber obtenido en sus estudios,
conocimientos de carácter general . Al pertenecer a la pujante
oligarquía criolla, es un asiduo colaborador de la administra-

(3) Celestino A . Araúz . La Independencia de Panamá en 1821 . Ante-


cedentes, balances y proyecciones. Ediciones de la Academia Paname-
ña de la Historia . Panamá, 1980 . p. 30 .
(4) Justo Arosemena "Centenario de un Prócer" . En Revista Lotería
No . 92,, Panamá, julio, 1963, p . 12 .
(5) C .A . Araúz. op. cit . En el apéndice C, p . 120 aparece el nombre de
Pablo Joseph Arosemena quien en 1809 dona 500 pesos a la Corona .

XIII
ción hispana y al igual que su padre, sirve al Cabildo y a las Mili-
cias Disciplinadas de Blancos, como Regidor y Procurador de
aquél y como Capitán en éstas . Sin embargo, muy pronto cam-
bia la idiosincrasia de don Mariano, cuando en los viajes comer-
ciales que realiza al Perú y Jamaica establece relaciones con
"patriotas expulsados" de Chile, Buenos Aires, Venezuela y
Nueva Granada . No vacila entonces en asimilar sus concepciones
hasta identificarse plenamente con la ideas revolucionarias de
la época, de marcado acento demoliberal. "Desde entonces pro-
fesó el más intenso americanismo de tal manera que para él la
América republicana era toda una, solidaria por sus afecciones".
(6) . De ese trasfondo emerge un compromiso de lucha que cul-
mina con su destacada participación en el movimiento secesio-
nista del 28 de noviembre de 1821 en el que alienta y propi-
cia la deserción de la tropa ; y a la vez firma el Acta de Indepen-
dencia . (7) .
Un periódico bogotano de mediados del XIX, en breves
trazos, nos ofrece una imagen bastante aproximada de la perso-
nalidad del prócer: " . . . liberal mucho antes de la independen-
cia del Istmo . . ., escritor infatigable, nervioso y persuasivo
desde que crujió la prensa en Panamá ; enemigo de todas las dic-
taduras y de los gobiernos fuertes que se han levantado en el
mundo de Colón ; conocedor como pocos de la política en His-
panoamérica. . . " (8). Don Mariano, a partir de la independencia,
compulsivamente se deja absorber por la trama política istmeña,
ejerce un sinnúmero de cargos administrativos, comprome-
tiéndose en todo momento con el partido liberal, y pronto aban-
dona definitivamente el comercio .

(6) Justo Arosemena op. cit . p . 14


(7) Más informaciones sobre el progenitor de don Justo se encuentran
en nuestro estudio Mariano Arosemena : Historia y Nacionalidad .
Editorial Universitaria, Panamá, 1977 .
(8) Artículo titulado "El Señor Mariano Arosemena", en la Discusión,
Bogotá, 14 de agosto de 1852 .

XIV
Cuando nace Justo Arosemena, el 9 de agosto de 1817
(9) ya en su hogar se respira el ambiente renovador de las ideas
libertarias que, exceptuando al Istmo, mantienen a la gran ma-
yoría de las colonias en guerra abierta contra el statu quo que
España se empecinaba conservar en sus dominios americanos,
Aunque es sólo un niño cuando la independencia de 1821, siente
gozo por la entusiasta participación paterna, y tales aconteci-
mientos quedan impresos de manera permanente en su memo-
ria (10). A lo largo de su múltiple gama de actividades, siem-
pre que la oportunidad se lo permite, resalta con genuina satis-
facción aquellos recuerdos de infancia que explican las raíces
de su formación democrática . Igualmente, admira de su padre
la tenaz oposición que hizo a los intentos dictatoriales de José
D. Espinar y Juan Eligio Alzuru los años de 1830 y 1831 res-
pectivamente . Si bien la personalidad de don Justo difiere sen-
siblemente de la de su progenitor, y la formación académica
de ambos no resiste ninguna comparación, siempre ve en aquél
un modelo de ejemplar patriotismo y honorabilidad, de allí
que, además de respeto, le guarda una inmensa admiración y
hasta el final de su vida reviste su figura con dignidad virtual
y simpatía filial.
Los datos que se conservan de don Justo lo presentan como
un niño bastante precoz; pues, antes de los cinco años ya ha-
bla el inglés, gracias a sus relaciones con una pareja británica
amiga de los Arosemena . Su natural disposición hacia la lec-
tura y las matemáticas, obliga a sus progenitores enviarlo a
la escuela una vez transcurrido el movimiento secesionista (11) .

(9) Sobresalientes hermanos del biografiado fueron : Mariano Aroseme-


na Quesada, : médico y químico notable, autor de estudios sobre
la fiebre amarilla y profesor de la Universidad de San Marcos ; y Blas
Arosemena Quesada : matemático y agrónomo, quien formó parte
de la Comisión exploradora del Canal en 1870 .
(10) Se refiere a esas vivencias en dos escritos suyos : "Por qué soy Gól-
gota?" que redacta en 1852 y que publica en trozos O . Méndez Pe-
reira op . cit. ; y "Centenario de un Prócer", op. cit ., que escribe en
1894 .
(11) El artículo "Por qué soy Gólgota" op cit . ; también Moscote y Ar-
ce op. cit. pp . 11-23 ; ofrecen datos diversos sobre la educación de
don Justo .

XV
Los estudios primarios los realiza en la denominada Escuela
de Colombia y los secundarios en el Colegio de Panamá (12)
que concluye con provecho hacia 1831 . Seguidamente se le
envía a Bogotá e ingresa al Colegio de San Bartolomé, que a
la sazón goza de marcado prestigio por las innovadas asignatu-
ras que imparte, de gran rigor científico, humanístico y filo-
sófico. (13) . A finales de 1833 obtiene el diploma de Bachiller
en Humanidades y Filosofía, para continuar de inmediato los
estudios de Derecho en la Universidad Central, que culminan
en 1836 al conferírsele el grado de Bachiller en Jurisprudencia .
De regreso al Istmo se dedica a la práctica de la aboga-
cía en el Consultorio del conocido abogado Esteban Febres
Cordero ; y al finalizar 1837 la Universidad del Magdalena e Ist-
mo le otorga el título de Doctor en Jurisprudencia. Cuenta só-
lo 20 años.
San Bartolomé es decisivo en la formación de su ideario
pues la conciencia liberal que asimila de manera práctica en
el seno familiar, se consolida y profundiza con conocimientos
filosóficos que le brinda esta institución docente . Absorbe
del racionalismo utilitario las distintas connotaciones que lo
caracterizan : el liberalismo económico, la ética hedonista y el
reformismo social a base de reformas al derecho . De allí que
cuando Justo Arosemena concluye su formación académica,
posee una serie ordenada de principios y convicciones susten-

(12) Llamado también "Colegio del Istmo" . Se fundó por decreto de 6


de octubre de 1823 . En él quedó refundido el Seminario que exis-
tía desde la colonia y que sobrevivió a la expulsión de los jesuitas .
Francisco Céspedes . La Educación en Panamá . Biblioteca de la Cul-
tura Panameña . Panamá, 1981 . p. 190 .
(13) Según Henao y Arrubla . Historia de Colombia . Bogotá, 1936, des-
de 1826 el gobierno promueve en el Colegio de San Bartolomé un
"renacimiento cultural" con la introducción de la enseñanza de la
nueva corriente filosófica positivista ; además de la aritmética, álge-
bra, geometría, lógica, geografía, astronomía, castellano, etc . todas
a tono con el saber científico y filosófico de la Europa decimonó-
nica.

XVI
tados en un riguroso racionalismo ético político, que luego lo
definirán en su acción pública y privada (14) .
En 1838 comienza Justo Arosemena su carrera de Juris-
consulto a la que agrega, casi de inmediato, la de catedrático
en el Colegio del Istmo y la de periodista . Aprovecha la prensa
con menos vehemencia que su padre, pero con igual afecto,
debido a la eficacia en aquel entonces de ese medio de comuni-
cación en la divulgación del pensamiento.
Coincide la publicación de su primera obra de aliento con
la también primera experiencia política de interés, cuando par-
ticipa en el gobierno del Estado Libre del Istmo (1840 - 1841)
como valioso colaborador del Jefe Superior, General Tomás
Herrera . Ahora tiene la oportunidad de redactar varios proyec-
tos de legislación, en los que se incluye una constitución para
el Istmo . Su trayectoria como legislador se perfecciona poste-
riormente cuando en el decenio del 50 sirve como Represen-
tante primero y como Senador después, ante el Congreso y Se-
nado neogranadinos . En su fecunda labor legislativa figuran
valiosas recopilaciones de leyes en Códigos para facilitar el me-
jor manejo de las mismas .
La importancia que concede a la Constitución política
de un Estado, como el medio más adecuado de lograr un gobier-
no óptimo a los intereses de la mayoría, lo mueve a redactar
un número plural de proyectos . Pero su más destacada parti-
cipación en este sentido, la ejerce como Presidente de la Con-
vención Constituyente de Río Negro en 1863, con la que Co-
lombia obtiene la carta más liberal y progresista de América
Latina en el siglo XIX.

(14) Ricaurte Soler en la Introducción a la edición Justo Arosemena . Pa-


namá y Nuestra América . Biblioteca del Estudiante Universitario .
Universidad Nacional Autónoma . México, 1981, p. XII, explica que
fueron "las de Jeremías Bentham y Benjamín Constant . . . las influen-
cias europeas más notables ejercidas en . . . Justo Arosemena" . Agre-
ga las del materialismo ilustrado francés del siglo XVIII que se prolon-
ga en Destutt de Tracy ; y con posterioridad, las posiciones evolucio-
nistas del positivismo inglés . Soler considera que su obra política re-
vela un empirismo radical que conduce a un nominalismo, con
el que elabora "toda una teorización sobre la idea nacional paname-
ña y sobre la idea nacional hispanoamericana" .

XVII
Don Justo se identifica con el espíritu general del nuevo
documento constitutivo de la República, aunque discrepa con
algunas formas de desarrollar sus principios . Río Negro lo con-
vierte sin embargo, en una de las figuras políticas de mayor pres-
tigio y más alta categoría en la república y, por lo mismo, la
dirigencia política a partir de ese momento lo designa Ministro
Plenipotenciario en el Perú, iniciando así su dilatada carrera
diplomática como representante de su patria en el concierto
internacional. La labor que presta en esta fase de su vida es la
que lo convierte en un destacado americanista, por la defensa
de los intereses de los pueblos aquende el Río Grande frente
a las potencias mayores, y por sus Estudios Constitucionales,
obra cumbre del pensamiento constitucional decimonónico,
cuya primera edición sale a la luz en 1870.
Su carrera como diplomático y burócrata concluye con
la derogación de la Constitución federalista que antes propul-
sara. A partir de 1885, no comulga ni con el régimen nuñista,
ni con la nueva carta conservadora y se retira definitivamen-
te de la política, para dedicarse con exclusividad al ejercicio
del derecho y a escribir sobre temas de diversa índole .
Este bosquejo sumado a los datos biográficos inventaria-
dos en la Tabla Cronológica que aparece al final del tomo, pro-
porcionarán al lector un panorama a la vez amplio y compen-
diado de lo que fue la trayectoria de este ilustre político del
siglo XIX.

Diversidad del Pensamiento de Justo Arosemena y


Clasificación de sus escritos

De acuerdo con las líneas generales de los documentos


arosemenianos, consideramos necesario establecer un ordena-
miento lógico, teniendo en consideración la variedad de su con-
tenido. En tal sentido nos dedicaremos en primera instancia
a sus escritos relacionados con la economía ; seguidamente a
los que atañen a sus concepciones autonomistas ; a los proble-
mas concernientes a la realidad panameña en su compleja gama
de asuntos desde 1849 en adelante ; a los de política institucio-

XVIII
nal y partidista ; a las cuestiones americanas y finalmente a sus
concepciones éticas. (15) .

Escritos sobre Asuntos Económicos :

Es uno de los temas por los que Arosemena muestra una


inclinación muy especial. Con él se inicia en los afanes del perio-
dismo cuando al finalizar 1839, publica "Estado Económico
del Istmo" en Los Amigos del País por considerar este tema
"objeto de un interés inmenso" (16) . Pasado más de medio si-
glo aún mantiene el mismo interés y escribe artículos como
"Qué es el peso?" y "Moneda del Istmo" que hacia 1894 apa-
recen en el informativo La Situación de Colón.
"Estado Económico del Istmo" es el resultado de su pri-
mer año de experiencia docente y profesional que, aunado a
su natural talento y decisión, lo obligan a plantear en su tierra
natal el tema económico con una visual distinta a los moldes
tradicionales . Es un intento de buscar solución a uno de los asun-
tos más apremiantes que se plantean en el país en aquellos mo-
mentos, con le concurso de sus conocimientos.
Las décadas que van del 30 al 50 son difíciles para la eco-
nomía nacional, la improductividad rural y la falta de comer,
cio evitan la adquisición de capitales para iniciar cualquier acti-
vidad. La empleomanía se hace más fuerte y para sostenerla
es necesario conservar los viejos monopolios fiscales, herencia
colonial. En la década del 40 aun persiste una economía atra-
pada en el círculo vicioso : empleomanía-monopolio fiscal. Los
políticos comprenden que se hace impostergable romper tal sis-
tema y la adopción de otro, basado en el incremento de capi-
tales. Los conservadores ofrecen una solución un tanto pasiva,
basada en la atracción de capitales extranjeros a través de la

(15) Aspectos educativos, legislativos y constitucionales de la obra de


Justo Arosemena son tratados por especialistas en otros tomos
de esta Biblioteca de la Cultura Panameña, por lo que sólo aludiremos
someramente a ellos .
(16) Advertimos, que cuando nos referimos a un documento de Aroseme-
na y no hacemos la llamada respectiva, significa que éste forma parte
de nuestra antología .

XIX
garantía que ofrece la estabilidad política y austeridad en los
gastos públicos . En tanto, los liberales aspiran a una transforma-
ción dinámica, derivada de reformas políticas que permitan
la iniciativa inteligente del hombre para producir riquezas, como
el libre cambio y la abolición de las ataduras fiscales . (17) .
Al compartir don Justo el criterio liberal, antes que todo,
procura eliminar la falacia en que se incurre comúnmente cuando
"atribuye nuestra pobreza exclusivamente a la falta de dinero . . .
la moneda no sirve para satisfacer ninguna necesidad en sí
misma . . . su único y exclusivo objeto es proporcionarnos por
medio de compras las cosas que tiene la propiedad de satisfa-
cer aquellas necesidades". Añade que lo que realmente mejora
la condición de un país es el incremento de sus medios de pro-
ducción, como son el trabajo, el capital, los agentes naturales
y de comunicación . En el caso panameño incluye, por supuesto, la
comunicación interoceánica.
En cuanto al trabajo o industria, que según Arosemena
es el medio eficaz de aumentar la riqueza, afirma que nuestra
mayor dificultad consiste en el hecho de que la fuerza produc-
tiva -o sea el hombre de Latinoamérica y en este caso parti-
cular, el panameño- padece de dos defectos muy serios que
lo inhiben a la acción, y ellos son : la ignorancia y la pereza . Co-
mo solución factible presenta la necesidad de educar al pueblo
a través del establecimiento de centros educativos de artes y
oficios que ofrezcan profesiones útiles y una actitud positiva
hacia el trabajo . Para la formación de adultos con iguales obje-
tivos, sugiere la creación de escuelas dominicales . La prensa
dará su apoyo a través de publicaciones sistemáticas, a fin de
estimular una conciencia social más dinámica y creativa . Sus
ideas sobre educación popular las perfecciona y amplía en la
epístola que desde su exilio en Lima, envió en 1844 al Gober-
nador de Panamá, Coronel Anselmo Pineda, a la sazón intere-
sado en el incremento de centros vocacionales (18).

(17) Germán Colmenares. Partidos Políticos y Clases Sociales en Colom-


bia . Edición sin datos editoriales . pp . 60-61 .
(18) Francisco Céspedes . op . cit ., pp . 195-198.

XX
Como acción complementaria, don Justo favorece las le-
yes que estimulan la inmigración de grupos europeos -fenó-
meno que en esos momentos se da en casi todas las naciones
latinoamericanas- por considerar que la inyección de elementos
culturales más activos para el trabajo y con experiencia en el
progreso industrial, podrían generar una actitud renovadora
de incremento a la economía . Sobre estos inmigrados, añade
que algunos se convertirían en maestros de las artes y oficios
e introducirían maquinarias para perfeccionar la industria . No
cree necesarios grandes capitales para el logro de tan urgente
despertar.
En cuanto a las comunicaciones "cuya dificultad o fran-
quía tanto influye en la baratura o carestía de los productos
comerciales" aboga por el buen acondicionamiento de los cami-
nos de penetración y por el trans ístmico. El primero para
facilitar el traslado de los productos de la tierra hacia la capi-
tal y viceversa ; como alternativa, propone el transporte de ca-
botaje por medio de botes movidos con máquinas de vapor,
que así evitarían la interrupción del transporte costero "ya que
en el verano se dificulta infinitamente la venida de las canoas
por las brisas que soplan del norte ".
De mucha mayor importancia es el segundo, ya que pre-
vee en la viabilidad de la ruta interoceánica, los consiguientes
beneficios comerciales por cuanto a que "los efectos traídos
por el norte de las Antillas, Estados Unidos y Europa claro es
que se venderían mucho más baratos, si tuviésemos un buen
canal o camino carretero en beneficio de los consumidores que
conseguirían más productos a mejor precio ; de los comerciantes
que tendrían más ganancias con la mayor salida de sus efectos ;
y del tesoro nacional cuyas entradas por razón de derechos acre-
cerán con la mayor importancia" Además, sostiene que la cre-
ciente producción europea con rumbo a Sudamérica seguramen-
te pasaría por Panamá, y en consecuencia acarrearía muchas
fuentes de trabajo en el transporte de los cargamentos . con lo
cual la población crecería muy rápidamente .
Estos son a grandes rasgos los lineamientos que Justo Aro-
semena presenta en su primer trabajo periodístico, de los que
concluimos : 1 .- Aunque todavía bastante apegado a los eco-

XXI
nomistas clásicos, los asuntos que recoge constituyen la géne-
sis de escritos posteriores sobre industria, comunicación, educa-
ción, intereses materiales, etc ., los que naturalmente amplia-
rá y modificará de acuerdo con los cambios de criterio que ló-
gicamente le impone la experiencia . En este sentido su juicio
es amplio, y aunque su sentir refleja siempre las tendencias de-
moliberales que influyen en el pensamiento hispanoamericano
de mediados del XIX, lo sabe amoldar y adecuar al momento
y a la circunstancia . 2.- Se adelanta a su padre Mariano en la
publicación de asuntos intermarinos . Este introduce el tema
en sus escritos de periódico hacia 1842 y los culmina en sus
columnas en El Panameño de 1849 y 1850 . 3.- En muchos de
sus artículos incrimina a nuestra "raza" culpándola de indolen-
cia, pereza, ignorancia, etc. y clama porque se realice una trans-
formación de actitudes, especialmente frente al trabajo, como
único medio de alcanzar el despegue económico .
Estos juicios poco afortunados sobre nuestra inferiori-
dad racial son comunes en el pensamiento erudito latinoameri-
cano del siglo XIX Erróneamente, se tiende a establecer un
paralelismo entre la cultura del blanco europeo y la del mesti-
zo, tanto en política como en actitudes de trabajo, lo cual in-
capacita virtualmente a nuestros pueblos para defender sus inte-
reses de la rapiña de los países industrializados . Citemos, como
ejemplo aleccionador el enfrentamiento civilización y barbarie
que presenta en su Facundo, Domingo Faustino Sarmiento .
Hoy en día, usando el lenguaje del dominicano Pedro Henrí-
quez Ureña, los hispanoamericanos vamos en busca de "nues-
tra expresión" con el pleno reconocimiento de los valores his-
panos, indígenas y africanos .

Es a través del resorte de desarrollo económico como se


introduce Arosemena en los asuntos de educación para las cla-
ses populares pues con buen tino es del parecer que sólo la ins-
trucción puede concientizar al hombre y elevarlo en sus metas .

Hacia 1840, con el propósito de interesar a los diversos


sectores sociales en los afanes de desarrollo agrícola escribe dos
trabajos : Cultivo de Tabaco e Instrucciones para el Cultivo del

XXII
Cacao (19). En esos años, Cuba el mayor productor y expor-
tador de tabaco en América Latina, había perdido sus cosechas .
Ante la demanda insatisfecha de Europa, el gobierno neogra-
nadino, a instancias de cultivadores y comerciantes interesados
en dicho comercio, concede fuertes empréstitos a productores,
especialmente antioqueños, pagaderos con tabaco para la expor-
tación (20) . Sus escritos ponen en evidencia que Arosemena
propicia para el Istmo el interés por la participación en tan lu-
crativas actividades o mejor dicho, busca un resorte para que
el Istmo vincule sus capitales mercantiles a la agricultura . Exis-
te el precedente de que en tiempos coloniales, pese a las ab-
surdas restricciones del gobierno español, se produce tabaco
en Chiriquí, que se distribuye clandestinamente en Veraguas
y la Villa de los Santos . Aún más, a partir del 796 por gestiones
del Gobernador Antonio Narváez y La Torre se expide la Real
Orden que permite el cultivo de tabaco en Panamá (21) .
En el cuarto decenio del siglo XIX, el cacao también go-
za de la demanda en el mercado internacional . Durante la épo-
ca hispana se había producido "de calidad excelente" en la re-
gión de Darién, Portobelo y Alcaldía Mayor de Nata (22) y en
estos momentos, en algunas regiones de Nueva Granada su

(19) 0 . Méndez P . op . cit. p . 25, menciona esos escritos y explica que


"contienen ambos indicaciones preciosísimas, ordenadas y comple-
tas sobre la siembra y aliño de plantas que . . . podían haber consti-
tuido una industria valiosa en el Istmo". No nos dice si fueron pu-
blicados. Para escribirlos don Justo debió utilizar una buena fuente
de información impresa, ya que jamás tuvo vinculaciones directas
con actividades de esta índole .
(20) Mario Jaramillo Arango . El Proceso del Capitalismo en Colombia .
Evolución del Campo hacia el Capitalismo (siglo 19) . Editorial Au-
rora, Medellín, 1978 . pp. 46-50 . En ese entonces no se habían aboli-
do los estancos coloniales sobre ese rubro ; no fue hasta 1850 cuando
se liberó de impuestos y a partir de esa fecha se inicia la gran bonan-
za tabacalera colombiana .
(21) Argelia Tello Burgos . Panamá en la Segunda Mitad del Siglo XVIII .
Factores de unión y separación con el Virreinato de Nueva Granada .
De inmediata publicación por la Editorial Universitaria .
(22) Juan D . de Iturralde "Noticias Relativas al Istmo de Panamá . 1812" .
En revista Humanidades I, Panamá abril-junio 1974 . pp . 218-219
y 224.

XXIII
cultivo parecía tener perspectivas similares a las del tabaco (23).
A pesar del interés inicial que demuestra Justo Arosemena en
los temas de cultivo, posteriormente parece desestimarlos por-
que no volverá a ocuparse de ellos ; en adelante atiende otros
aspectos de la economía.
En noviembre de 1844 aparece en el periódico panameño
El Movimiento el artículo "Fomentar la Industria es el segun-
do de nuestros objetivos cardinales" (24). Recién ha regresado
de su exilio voluntario de tres años en Lima, y le afectan las
condiciones de inercia económica y pobreza general de Panamá .
Recalca que "no se ha dado a la industria de este país la impor-
tancia que se merece. Las clases altas la han mirado menos, han
preferido los estudios profesionales, siguiendo el prurito de la
capital y otros puntos de la República" . Le parecen inútiles las
carreras que sigue la mayoría de la juventud granadina, que só-
lo quiere obtener el título de "Doctor", para luego enquistarse
en el engranaje gubernamental y robustecer la empleomanía,
cuando urgen conocimientos más prácticos y útiles para con-
ducir al país al verdadero progreso . Incluye su propia profesión
de abogado, junto con las de médico y eclesiástico, como aque-
llas "que consumen improductivamente ; mientras que por otro
lado los campos están yermos, desiertos los talleres, muerto
el comercio y aún cerrados sus vehículos" . Según él se ha des-
virtuado el estudio de la política, de manera que sólo genera
inestabilidad y desasosiego, puesto que se ha olvidado la moral
política. A la oligarquía la acusa de valerse de la clase popular
para lograr sus apetitos políticos, en lugar de ofrecerle una ade-
cuada educación industrial, y sólo la busca para que apoye los
movimientos insurgentes, que desestabiliza y debilita aún más
al país.

(23) Sin embargo el cacao nunca llegó a constituir un renglón importante


en las exportaciones colombianas como fueron la quina y el tabaco .
Luis E . Nieto Arteta. Economía y Cultura en la Historia de Colom-
bia . Ediciones Tiempo Presente . Bogotá. 1975 p . 234 .
(24) Según O . Méndez Pereira op . cit . p . 84, este capítulo en conjunto
con "Nuestro Comercio y Nuestra Industria", "Nuestros Intereses
Materiales", "Vías de Comunicación", "Progreso Industrial" (inédi-
to), "Moneda Internacional' y "Bancos" forma la segunda parte
de su libro Sociología Aplicada, bajo la denominación de Materias
Económicas .

XXIV
Insiste, tal como lo hiciera en 1839, que los obstáculos
que se deben superar para el logro del incremento industrial,
son la ignorancia, pereza e inmoralidad, falta de capitales y de
vías de comunicación . En sus exposiciones se perfilan con cla-
ridad, sus moderadas posiciones basadas en el laissez-faire . Por
ejemplo, cuando dice que en una sociedad muchas son las
personas que carecen de capacidad moral, espíritu de industria
y recursos necesarios ; mientras que el gobierno además de po-
seer suficientes poderes y bienes, también reúne a un número
plural de individuos que poseen dichas condiciones . Esto trae
como resultado, que con frecuencia el gobierno se vea en la
obligatoria necesidad de tomar la iniciativa para resolver todo
tipo de problemas, y de inclinarse por aquellas actividades que
considera de mayor provecho y utilidad . Sin embargo, sobre
él recaen todas las críticas, las cuales le parecen inmerecidas,
porque soporta toda la carga de lo que también debe ser respon-
sabilidad social. Concluye exhortando que "es preciso empe-
zar por crear el primero y mayor de los estímulos : el interés
individual".
En tal sentido, don Justo, no trata de eliminar el papel
gubernamental en el progreso del país para que quede en manos
de la iniciativa privada ; piensa que el pueblo debe participar,
y una vez que haya tomado conciencia y por ende sea activo
y capaz sabrá "arrancar las concesiones al gobierno". Busca
en este sentido, una interacción entre pueblo y gobierno, plan-
teamientos que han dado pie para que se afirme que Arosemena
"supo guardar un justo medio entre el libre cambio y el pro-
teccionismo" (25) .
Conjuntamente con "Fomentar la Industria", publica su
estudio "Comunicación Intermarina" que aparece en tres entre-
gas de El Movimiento (26) . Comienza con una exposición sobre
sus puntos de vista con respecto a la actitud de los panameños fren-

(25) Ibid . p . 86 .
(26) El Movimiento, Panamá, 15, 22 y 29 de diciembre de 1844 . Este
escrito es ampliado después, con el título de Examen sobre Franca
Comunicación entre los dos Océanos por el Istmo de Panamá ; del
cual existen varias ediciones . Utilizamos la del suplemento de la Re-
vista Lotería Vol . I, No . 7 . Panamá, mayo de 1964 .

XXV
te a este asunto : "Penetrados los espíritus de que sólo una co-
municación fácil entre los dos Océanos puede sacar a este país
de su abatimiento, se ha dormido sobre esta idea halagüeña,
descuidando todo otro pensamiento . . . . Veintitrés años datan
ya de nuestra independencia, y otros tantos van pasados en teo-
rías infructuosas. Si en un lapso tan considerable hubiéramos
seguido con tesón y cálculo cualquiera empresa industrial . . .
no estaríamos hoy soñando riquezas imaginarias, sino gozando
de los adelantos reales, y de las riquezas proporcionadas a los
esfuerzos hechos". Rechaza de plano la excesiva certidumbre
de sus compatriotas, y encuentra inútiles las esperanzas de que
la comunicación interoceánica sea la panacea del país . En la
primera parte, plantea que de abrirse en Panamá la vía al tráfi-
co internacional, lo más que vendría a beneficiarse sería como
lugar de depósito de mercancías, con el inconveniente de la
excesiva humedad del clima. Las únicas ventajas que acarrea-
ría el comercio de tránsito sería el importe y el derecho de alma-
cenaje, además de las comisiones que recibirían algunos vecinos.
Asegura que para que la vía del Istmo sea escogida como
ruta del comercio internacional, necesita como requisitos mí-
nimos seguridad y abaratamiento de su costo . Para llegar a ob-
tener las máximas ventajas que a este territorio pueda derivar
"una obra destinada a comunicar fácilmente los dos océanos,
cualquiera que ella sea, supone la inversión de grandes sumas
que se importarían en el país . . . . Supone también el ingreso
de muchas personas, como trabajadores, sobrestantes, directo-
res y después empleados en el camino o canal, traficantes, co-
misionistas y agentes. Los nuevos valores y los nuevos habitan-
tes, abrirían un consumo extenso a todos nuestros productos
aumentando indefinidamente su pedido . Nuestra agricultura,
nuestra ganadería y nuestras minas tomarían por lo mismo in-
cremento, y se perfeccionarían con los conocimientos útiles,
que el mayor contacto con los pueblos derramaría en nuestra
población".
No obstante presentar estas halagadoras posibilidades, pa-
ra concluir vuelve a sus juiciosas y serenas convicciones al ma-
nifestar que se equivocan aquellos que suponen que a la apertu-
ra del Istmo seguirá una lluvia de maná . El influjo de dicha aper-

XXVI
tura solo brindará beneficios indirectos, "es más bien una oca-
sión, una oportunidad de desenvolver la industria . . . ". En el
último párrafo reitera y subraya que "la comunicación inter-
marina no va a derramar las riquezas gratis, ni tampoco va a
proporcionárnoslas por medio del comercio de tránsito, pero
sí nos ofrecerá grandísimas facilidades para explotar nuestros
inagotables elementos de riqueza, que son la industria agríco-
.l,aymeincrogdta,ieyxroque
de ellas procede":
La posteridad le dará la razón pues, aunque es natural que
sus juicios tuvieran algunos errores, la mayoría de sus concep-
tos han demostrado ser correctos . Hoy sabemos hasta la sacie-
dad que nuestra verdadera riqueza está en el desarrollo del `país
integral" y no en la actividad del "país de tránsito" . Sin em-
bargo, sus opiniones fueron mal aceptadas por aquellos que
temían que "éstas perjudicaran a ciertos intereses que prema-
turamente se organizaban con el propósito de obtener el pri-
vilegio de construir la vía interoceánica" (27) . En efecto, cuan-
do se supo que pronto saldría a la luz pública en Bogotá, el
opúsculo en que explica con mayor hondura los conceptos que
emitiera en El Movimiento, es víctima de un plagio que le oca-
siona serios disgustos (28).
Todos los trabajos arosemenianos analizados hasta ahora,
los escribe en Panamá y pertenecen a la época en que inicia su
carrera profesional . En tanto que, "Nuestros Intereses Materia-
les" lo redacta y publica en El Día de Bogotá en 1846, cuando
se desplaza hacia esa capital para ocupar su primer cargo de
importancia a nivel nacional, en la Secretaria de lo Interior y
Relaciones Exteriores . El Presidente Tomás Cipriano de Mosque-
ra juzga la conveniencia de contar en ese ministerio con el pen-
samiento reflexivo y sensato de Justo Arosemena, cuando están
por negociarse asuntos de comunicación intermarina entre el
Secretario, Manuel María Mallarino y el Encargado de Nego-
cios de los Estados Unidos, Benjamín Bidlach . La capital le
ofrece un ambiente intelectual más propicio y acogedor que

(27) Moscote y Arce op . cit . p . 128


(28) Sobre los incidentes ocurridos, véase Ibid . pp . 128-129 y O . Méndez
Pereira op . cit. pp . 75-76 .

XXVII
el istmeño y le absorben otra vez los temas económicos, ahora
los maneja con un enfoque más amplio, en atención a las nece-
sidades nacionales, pero siempre con el espíritu de sus escritos
anteriores .
La primera parte de "Nuestros Intereses Materiales" apor-
ta algunas disquisiciones en torno a los artículos que publicara
don Florentino González, prestigioso político liberal colom-
biano recién llegado de Francia, en el sentido de que éste re-
conoce como "principales obstáculos al desarrollo de la indus-
tria granadina, las leyes fiscales heredadas del gobierno espa-
ñol, y conservadas con pocas alteraciones por el Gobierno de
Colombia y de la Nueva Granada" . Justo Arosemena pone en
tela de duda que sean los impuestos creados por dichas leyes,
el motivo de la falta de rendimiento en algunos ramos de la in-
dustria. Exhibe el ejemplo de productos exentos de graváme-
nes en la Nueva Granada, como los de la minería ; lo mismo que
la mayoría de los agrícolas como el cacao, añil, café, algodón,
etc., que a pesar de tener demanda por su alto nivel de consu-
mo en los centros industrializados, no llegan a producirse en
las mismas proporciones. Está totalmente de acuerdo en la re-
baja de los altos aranceles en que se encuentran sometidos el
tabaco y el azúcar por ejemplo, pero estima que la verdadera
utilidad de dicha medida radica en el rendimiento de las rentas
con el fomento del comercio, siempre y cuando también dis-
minuya el contrabando . Continúa : "Nuestra primera necesi-
dad es evidentemente producir : crear valores en la minería y
agricultura que son fuentes inagotables y los únicos que podemos
utilizar en el estado actual de la sociedad granadina . No puede
dudarse que las leyes fiscales han puesto dificultades a la pro-
ducción de artículos importantes ; pero nos parece exagerado
suponer que ellas tienen encadenada nuestra industria".
También discrepa con quienes afirman que la causa princi-
pal de nuestro atraso es la falta de capitales o la ausencia de
vías de transporte . Para lo primero, manifiesta que nuestros
capitalistas prefieren invertir en los negocios tradicionales, como
el "comercio de importación", pese a que sus utilidades son
escasas, pues desconfían de los beneficios de las nuevas empre-
sas o temen especular en terrenos que desconocen . En lo refe-

XXVIII
rente a los medios de transporte, sostiene que "las provincias
del litoral no requieren vías de exportación y a pesar de eso,
son las más atrasadas en materia de industria ".
Igual que en otros escritos suyos, hace hincapié en que
son la ignorancia, la indolencia y pereza social, las verdaderas
causas de estos problemas . Para combatir la ignorancia, propo-
ne la instrucción en los "métodos, sistemas y procedimien-
tos" con el fin de obtener el mejor provecho de los "productos
que debemos crear preferentemente . . . así como eliminar los
estorbos que las leyes, las preocupaciones o cualesquiera otras
causas opusiesen a tales industrias".
Rechaza una vez más las profesiones tradicionales (dere-
cho, medicina y teología) y se inclina por aquellas carreras nue-
vas, de las cuales se obtiene mayor provecho y utilidad, como
la agronomía, geología, química, física, mecánica, etc . De las
múltiples medidas y circunstancias que cree necesarias para lo-
grar el verdadero despegue de progreso social señala algunas a
saber : simplificar y regularizar la administración pública ; gene-
ralizar la instrucción primaria ; crear periódicos provinciales que
lleven un mensaje "positivo" a la comunidad ; establecer un buen
alumbrado público para estimular la sociabilidad en horas de
descanso ; mejorar los servicios de correos; abrir nuevos cami-
nos ; y favorecer la inmigración para que nuestros pueblos asi-
milen la cultura de otros pueblos .
Para finalizar, Justo Arosemena se contrae a una serie de
reflexiones en las que infiere que : "Nuestra época es visiblemen-
te una época de transición . . . La razón abandonada a sí misma,
lucha entre dos elementos contrarios : las ideas nuevas que quie-
ren llenar el espacio y la ideas viejas que se lo disputan . Bajo
de mil formas se presentan unas y otras ; pero siempre opues-
tas y siempre luchando". Es fácil percibir que esas corrientes
opuestas son idealismo versus utilitarismo ; romanticismo con-
tra neoclasicismo ; o el proteccionismo estatal frente al libre-
cambismo . En tal sentido, se opone a un eclecticismo donde
se pierdan o difuminen los perfiles de cada uno de los criterios
opuestos, lo que daría por resultado hombres amorfos en idea-
les, creencias y sentimientos . Por el contrario, "si pudiera efec-
tuarse una especie de transacción, un término medio, igualmen-
te favorable a la riqueza y sociabilidad, este triunfo seria el más

XXIX
bello que habría logrado el hombre . Es muy dudoso que esto
se consiga ; pero debemos reconocer con gusto que ninguna ra-
za es más propia para semejante coalición que la raza española.
Noble y generosa por esencia, también es suceptible de activi-
dad cuando es bien dirigida y bajo circunstancias favorables" .
Esta es una de las pocas veces que atribuye cualidades po-
sitivas a lo que él llama "raza española" ; pues por lo general
cuando alude a ella para definir nuestra herencia racial -es decir,
la mezcla de blancos, indígenas y negros- la identifica como
indolente, perezosa, etc.
A partir de la década del sesenta al tomar el Partido Libe-
ral las riendas del gobierno permite las libertades individuales
en toda su extensión, logra una gran actividad agraria, crece
el comercio y a nuestro Arosemena lo compromete con posicio-
nes de representación internacional . Por esta razón, abando-
na el interés por los temas nacionales de desarrollo industrial
y en cambio se introduce en otros que cobran en él un nuevo
atractivo ; como son : "Moneda Internacional" y "Bancos" (29) .
La revolución industrial genera la formación de amplias
empresas y de grandes sociedades, que obligan la creación de
bancos para el manejo de sus crecientes capitales . A través de
una amplia red de sucursales, que se extiende por toda América
Latina, se satisfacen las nuevas necesidades de crédito en los
nuevos centros de producción . En 1885 inicia sus operaciones
en Bogotá, el Banco de Londres, México y Sudamérica, y el
gobierno colombiano hace de inmediato un empréstito en li-
bras esterlinas para construir carreteras que comuniquen el cen-
tro productor del país con el litoral . Los grandes países manu-
factureros de Europa y Estados Unidos dependen de la produc-
ción de materia prima latinoamericana y viceversa . En "Moneda
Internacional", Justo Arosemena comparte los criterios de la
Conferencia Internacional Monetaria de 1867, que sugiere un
plan para crear una unidad monetaria, que bajo el patrón de

(29) 0 . Méndez Pereira. op. cit . pp . 110, 117-119 . Transcribe algunos


trozos de cada uno de dichos artículos, que nos sirven de base para
los comentarios pertinentes.

xxx
oro, se ponga en circulación en todos los países involucrados
en el tráfico internacional de mercancías . En consideración a
lo anterior, piensa que en el continente americano pudiera adop-
tarse como moneda única "el colón de oro", que luego podría
tomar otra denominación, cuando entrase a circular en todas
las "naciones civilizadas".
Sus estudios sobre "Bancos" los inicia en 1866, durante
su segunda estancia en Lima . En ellos presenta la utilidad de
tales establecimientos financieros, para el manejo de las cada
vez más amplias y complejas transacciones monetarias que ge-
nera el desarrollo del capitalismo decimonónico . A su vez apor-
ta algunas "medidas preventivas para que la introducción banca-
ria corresponda a su interesantes objeto "(30) .
En 1894 publica en el periódico colonense La Situación
"Moneda del Istmo". Escrito por un don Justo septuagenario,
alejado desde hace mucho tiempo de la política, olvidado por
las nuevas generaciones, pero todavía embargado por múltiples
motivaciones. En esos momentos, Colón es un puerto de enla-
ce internacional en el que se manejan en forma directa y simul-
tánea intereses norteamericanos, franceses y colombianos, lo mis-
mo que en el resto de la faja de tránsito . El propósito del ar-
tículo es recalcar sobre la necesidad de que en el Istmo de Pa-
namá se establezca un "plan numismático", para que se pon-
ga a circular el peso de oro colombiano, en lugar del de plata,
y equiparar nuestro sistema monetario al de las potencias con
intereses en este territorio . Próxima la liquidación de la Compa-
ñía del Canal Francés, los Estados Unidos tienen grandes pro-
babilidades de comprar las acciones de la empresa canalera ; en
consecuencia "mucho ayudaría a la plantificación del nuevo
orden de cosas el establecimiento de un banco de emisión cu-
yos billetes convertibles . . . suplirían grandemente a la moneda
de oro . Y ese banco siendo buen negocio se establecería con

(30) El Banco de Londres fue el primero en instalar sucursales en Amé-


rica Latina. En 1862, en Brasil y Buenos Aires, poco después en Mé-
xico, Bogotá, etc . y en cortos años la región se satura de bancos pre-
ferentemente de los centros industrializados . Ver E . Bradford Burns
América Latina. Una concisa historia interpretativa . Editorial Uni-
versitaria . Panamá . 1977 . pp . 147 y 55 .

XXXI
toda probabilidad". Piensa que el plan luego de ensayarse en
Panamá, pudiera "extenderse en su oportunidad a toda la Re-
pública" tal como lo hiciera en Venezuela el Presidente Guz-
mán Blanco .
No cabe duda que el aporte de Arosemena a los asuntos
de índole económica, como se dan en el siglo pasado revisten
un gran interés . Desde otro ángulo, revelan la recia formación
ética del autor, ya que sus escritos siempre obedecen a propó-
sitos altruistas de lo que según sus concepciones -ya se llamen
liberales, positivistas o librecambistas- era el bien social . To-
ma lo bueno que creyó ver en los demás y sin dejarse influir por
insinuaciones egoístas, convierte en vivencias prácticas sus prin-
cipios teóricos.
En el tiempo que le toca vivir, Justo Arosemena pertene-
ce a una élite de intelectuales cuyas concepciones básicas son
las más progresistas y radicales de la época . Logran el rompi-
miento con el viejo orden colonial que se mantenía enquistado
en la República y en su lugar, introducen la novedosa ideolo-
gía democrático-liberal que renueva los cimientos políticos y
económicos de la Nación . No obstante, las ideas de progreso,
industrialización, producción, etc ., que la mayoría de las ve-
ces parecen ir dirigidas a las masas, no logran calar en ellas, y
sólo propician el fortalecimiento económico de la oligarquía
terrateniente y la burguesía urbana, que son las que reciben
directamente los beneficios de las operaciones del dinámico
comercio de exportación, en desmedro de las clases populares
que son virtualmente excluidas.

Conciencia Autonomista :

El autonomismo tal como aparece en el siglo XIX en el


Istmo de Panamá, tiene sus antecedentes en el sistema político-
administrativo que España establece en los territorios america-
nos. Divide sus extensas posesiones en unidades multiformes,
que bien podían estar gobernadas por un virrey, un capitán ge-
neral o un gobernador, según la tendencia que el uso de la cos-
tumbre impone desde los primeros tiempos coloniales . El ser-
vicio transitista que presta el Istmo, con su estratégica geogra-

XXXII
fia, obliga a las altas autoridades ibéricas la designación de fun-
cionarios de alto rango para esta zona . Y aunque teóricamente
estuvieran bajo jurisdicción del Virreinato del Perú primero
y del de Nueva Granada después, los Capitanes Generales y Co-
mandantes Generales que en su tiempo gobernaron Panamá,
gozaron de la suficiente autoridad para, de hecho, rendirle cuentas
directamente al Rey, y en segunda instancia comunicar a la capi-
tal del virreinato . El Tribunal de la Audiencia de Panamá que
funciona hasta 1749 y se extingue dos años después, es uno
de los elementos determinantes para que el engranaje adminis-
trativo mantenga una amplia autosuficiencia jurisdiccional, por
cuanto que esta magistratura ofrece respuestas y brinda solu-
ciones a una pluralidad de asuntos de gobierno local .
La eliminación de la Audiencia, a mediados del siglo XVIII,
es cierto que debilita un tanto las líneas de fuerza del autono-
mismo panameño, pero no logra erradicarlo y éste persiste por
varias razones : 1 .- Junto con este Tribunal también desapare-
ce el activo tráfico comercial que era la verdadera razón de ser
de la Audiencia panameña . Intereses comerciales, problemas,
de contrabando y una variedad de asuntos que giran alrededor
de la actividad mercantil, son los que generalmente dirimen
sus oidores . Luego de sumergirse en la inercia económica, po-
cos son los casos que por su trascendencia deben ventilarse en
la Audiencia de Santa Fe de Bogotá, en tanto que otros deli-
tos, denominados "de menor cuantía" -los más comunes y
corrientes- se resuelven a través del Cabildo Municipal de Pa-
namá. Indudablemente que esta exigua dependencia con la ca-
pital santafereña, mantiene vivo el espíritu autonomista paname-
ño . 2.- La tendencia del virrey neogranadino a subvalorar los
problemas del Istmo, negándose a concederles a sus vecinos
demandas que estiman primordiales, como por ejemplo, la crea-
ción de la Universidad Real Pontificia, luego que desaparece
la Javeriana con la expulsión de los jesuitas ; o la eliminación
de gravámenes que se cobran en Portobelo y a través del Con-
sulado de Cartagena van a parar a las cajas de esta ciudad, en
detrimento de las necesidades locales (31). Otro factor de co-

(31) Argelia Tello Burgos op. cit .

XXXIII
hesión es pues, el poco estímulo que ofrece la autoridad virrei-
nal a las pretensiones istmeñas .
Al momento de la independencia (1821), pese a que las
estructuras políticas del antiguo virreinato desaparecen y
se reemplazan por las republicanas ; los panameños mantie-
nen su identidad, tal como en diferentes ocasiones nos lo
constata Mariano Arosemena . Así, cuando se refiere al revés
sufrido por la expedición de McGregor "formada en Inglate-
rra por los patriotas granadinos" comenta con orgullo : "Pero
estaba escrito en el libro de los destinos de este Istmo, que su
libertad e independencia se debieran a sus propios hijos, alzán-
dose ellos contra sus opresores, con el valor y la energía pro-
pios del heroísmo" (32) . Aquí establece una clara diferen-
ciación entre los "propios hijos del Istmo" y los "patriotas gra-
nadinos". Luego, al explicar que en la sesión del Cabildo de
Panamá del 28 de noviembre de 1821, una vez que "se decla-
ra libre e independiente del Gobierno español' ; se discute
"cuál sería el Gobierno que se estableciera, si del todo indepen-
diente, si agregándonos al Perú, o si uniéndonos a Colombia"
(33). Obsérvese que la primera opción que se presenta es la de
total independencia, la segunda, la unión al Perú con quien se
prevee en esos momentos inmensas posibilidades comerciales,
y en último término, la integración a la unidad política crea-
da por Bolívar. En estos momentos se impone un criterio de
dependencia político-militar que brindase la suficiente segu-
ridad, ante la falta de fuerza combativas y experiencias estra-
tégicas, que sólo se alcanzaría con la unión a Colombia .
El año de 1826, una vez concluido el Congreso Anfictió-
nico se reúne en Panamá una Junta, a instancias de Antonio
Leocadio Guzmán, enviado de Bolívar, con el objeto de que
este Departamento acepte la constitución boliviana; pero en
lugar de lograr un acuerdo al respecto, el acta se convierte en

(32) Mariano Arosemena . Apuntamientos Históricos (1801-1840) . Edi-


ciones del Ministerio de Educación . Panamá 1949, P . 99 . Lo sub-
rayado es nuestro.
(33) Ibid . pp . 130 . Lo subrayado es nuestro

XXXIV
una solicitud al Libertador para que por su medio se constru-
ya un ferrocarril transístmico . Este incidente revela con clari-
dad meridiana, que las motivaciones que prevalecen en el Istmo
difieren sustancialmente de los apetitos políticos que se mue-
ven a su alrededor. La exigencia de abrir una vía expedita al
tráfico comercial -fin primordial de los panameños- apenas
reviste importancia para los dirigentes nacionales, imbuidos
en la lucha partidista que oscila entre dos tendencias antagó-
nicas, el centralismo bolivariano y el federalismo santanderino .
No es sino después de mucha insistencia de parte del Coman-
dante General del Istmo, General José María Carreño, cuando
un mes más tarde, se logra un pronunciamiento acorde con los
lineamientos centralizadores de su grupo (34).
Una fuerza disociadora, que altera la paz y la unidad de
los pueblos independientes, aparece una vez concluida la eman-
cipación, es la que se conoce como el caudillismo ; que asume
matices diferentes a lo largo del continente iberoamericano .
El caudillo, es el militar forjado en la lucha cuerpo a cuerpo
con el enemigo español, y por su valor, osadía y méritos, logra
escalar altas posiciones en los ejércitos patriotas . Establecidas
las repúblicas, la casta militar viene a llenar el vació político
que deja toda una generación de criollos intelectuales y huma-
nistas que mueren en manos de las fuerzas españolas, en su vano
esfuerzo por recuperar las sublevadas colonias .
El caudillo panameño tiene carácter autonomista : con
ribetes raciales, en el caso del General José Domingo Espinar;
con notas personalistas y de violencia, en el del Coronel Juan
Eligio Alzuru y con rasgos de nacionalismo reparador, en la
experiencia del General Tomás Herrera. Todos "sintieron la
necesidad de separar al Istmo independiente de sus actuacio-
nes porque lo veían como una parte distante y aislada de la in-
cipiente nación que en ese momento se llamó Nueva Granada"
(35).

(34) Ibid . pp . 170-171 .


(35) Carlos M . Gasteazoro, Celestino A . Araúz y Armando Muñoz P . La
Historia de Panamá en sus textos . Editorial Universitaria . Panamá,
1980 . T .I ., p . 31 .

XXXV
Si tomamos como base las actas de cada intento de sepa-
ración, encontramos aristas que aunque muy sutiles, revisten
importancia y merecen tomarse en cuenta . Por ejemplo, el docu-
mento del 26 de septiembre de 1830 explica en sus conside-
randos : 1 .- Que la separación de Ecuador y Venezuela "ha pro-
ducido una excisión completa en la Nueva Granada" . 2.- Que
el Istmo carece de relaciones comerciales con la Nueva Grana-
da . 3.- Que peruanos y ecuatorianos no quieren comerciar con
los panameños quienes son "adictos a la Nueva Granada con
la cual no tiene compromisos particulares" . 4.- Que el depar-
tamento del Istmo "tiene necesidad de ponerse en armonía y
buena inteligencia con todos para dar y recibir auxilios en los
males comunes" (36) . Aunque los resueltos que siguen en el
documento, tienen un fuerte sabor a política pro-bolivariana
en la que se invita al Libertador para que desde Panamá reinte-
gre la desmembrada República, de ninguna manera se pierde
el sentido particular de los considerandos, claros indicios de la
visión autárquica panameña .
El contenido del acta de la Junta que dirige el Coronel
venezolano Alzuru, el 9 de julio de 1831, confirma, a más del
mismo sentimiento autonomista por razón de los intereses mer-
cantiles, la idea esperanzada de que el Istmo se conviertiese en
territorio de la Confederación Granadina pero con administra-
ción propia, a manera de país hanseático. En ese sentido, el
Istmo podría entrar en "relaciones francas con todas las nacio-
nes de la tierra, convidándolas al giro comercial por su seno . . .
y consiguientemente, puede aproximar los pueblos de Europa
a los de Asia y América realizando el proyecto del camino, y
haciendo los arreglos mercantiles que reclama imperiosamente
la posición topográfica del país, en cuya empresa debe intere-
sarse la nueva confederación colombiana" (37) .
De acuerdo a lo consignado en las actas anteriores conclui-
mos que : 1 .- Los movimientos secesionistas de los años 30 y
31 tuvieron como motivación directa las acciones de Juan Jo-
sé Flórez en el Ecuador y José Antonio Páez en Venezuela ; que

(36) Mariano Arosemena . op. cit. pp . 203-204 .


(37) Ibid . pp . 215-216 .

XXXVI
a su vez significa la separación de las antiguas audiencias de Qui-
to y Caracas respectivamente, de la República de Colombia,
en cuyo gobierno había un predominio de la que fuera Audien-
cia de Santa Fe de Bogotá. El hecho de que Panamá también
tenía un lastre autonomista con raíces audienciales, nos bas-
ta para entender su actitud cuando ocurre el resquebraja-
miento de la gran República de Colombia. 2.- Tanto en el ca-
so de Espinar como en el de Alzuru, si bien es verdad que cada
uno en su momento trata de mantenerse a toda costa en el po-
der, el primero con apoyo popular y el segundo con medidas
coercitivas, también es cierto que al efectuar cada uno su pro-
nunciamiento, no fue capaz de omitir a la oligarquía de crio-
llos comerciantes, los de mayor beligerancia y capacidad políti-
ca y económica. Estos en tanto, no vacilan en plasmar en am-
bas actas sus intereses de grupo que, al fin y al cabo, son los que
se imponen, porque la presencia y acción de los referidos cau-
dillos son temporales y pasajeras, mientras que las de los crio-
llos son permanentes .
La relevante actitud caudillesca del General Tomás Herre-
ra una década más tarde, reviste matices que lo diferencia de
los anteriores . Este es consecuencia directa de la revuelta reli-
giosa que se inicia en Pasto, que luego, con connotaciones mera-
mente políticas, dirige el General José María Obando, y se ex-
tiende en toda la Nueva Granada. A través de sucesivos pronun-
ciamientos revolucionarios, los cabecillas regionales convier-
ten a las provincias en Estados soberanos e independientes y
se autodesignan jefes supremos, de allí que se denomine a la
insurrección, "revolución de los supremos" . (38).
Don Mariano, sin preveer el peligro que en estos momen-
tos corre la estabilidad nacional, se hace eco del sentir de los
sediciosos y justifica el general estado de disociación así : "El
sistema central para un estado de tamaña extensión territo-
rial, dotado de tan diversos climas y producciones, tan destitui-
do de vías de comunicación, de todo lo que pone en contacto

(38) Gasteazoro, Araúz y Muñoz . op. cit . T . 1 ., 231 . También Ricardo


J . Alfaro . Vida del General Tomás Herrera . Imprenta Nacional . Pa-
namá . 1960 . pp . 135-138 .

XXXVII
las unas poblaciones con las otras en las sociedades bien constitui-
das, era el reverso del cuadro formado por el régimen gubernativo
de la Nueva Granada, así que todos comprendían la urgen-
cia de establecer gobiernos propios" . (39)
Mientras las provincias neogranadinas se disgregan, las ist-
meñas se mantienen voluntariamente al margen de la contienda
política y además, aisladas o incomunicadas del gobierno central.
En consecuencia, los panameños dirigidos por el General He-
rrera, el 18 de noviembre de 1840, deciden erigir el Estado Li-
bre del Istmo o Estado Soberano de Panamá, en cuya acta se
establece que de reingresar a la organización política de la
Nueva Granada "el Estado de Panamá no se obligará con otros
principios que con los puramente federales. . . . " Los motivos
que llevan a esta ejemplar experiencia autonomista en la que
resaltan los rasgos de unidad, nos las ofrece el propio Jefe Su-
perior del Istmo en un informe que en 1841 dirige al Presiden-
te de la República, Pedro Alcántara Herrán . (40) . Apunta que :
1 .- la particular situación geográfica del Istmo hace que
su comunicación con el interior de Nueva Granada, sobre todo
con la capital sea difícil, incierta y tardía". 2.- Al desintegrar-
se la República y quedar aislado el Istmo del gobierno central,
éste no puede ejercer acto de soberanía sobre sus provincias .
3.- Por lo tanto, se hace necesario "reasumir nuestra soberanía,
deliberar nuestra propia suerte y constituirnos".
En torno al auténtico espíritu unitario que contiene esta
aleccionadora experiencia, el General Herrera asegura que to-
dos los panameños acuerpan al Estado del Istmo y "no hay una
sola persona que no pertenezca a la causa proclamada . . . Los
partidos desaparecieron como por encanto . . . y una sola es la
causa de todos, uno el pendón, una la señal : independencia
absoluta del Istmo o unión al resto de la Nueva Granada bajo
un gobierno federal". Finalmente, destacamos esta afirma-
ción herreriana : "El Istmo no prosperará en los siglos de los
siglos, sin tener dentro de sus límites la fuente de su peculiar
y exclusiva legislación ", el cual es uno de los conceptos bási-

(39) Mariano Arosemena. op . cit . p . 284 .


(40) Gasteazoro, Araúz y Muñoz . op . cit . T . I ., pp . 232-238 .

XXXVIII
cos de la política autonomista que en los años 50 hace posible
el Estado Federal.
Justo Arosemena colabora con entusiasmo desinteresado
en el gobierno del Estado Soberano de Tomás Herrera, "no só-
lo fue el director de casi todo el trabajo burocrático que se
realizó en la casa de gobierno a su paso accidental por la secre-
taría general del Estado, sino el redactor personal de casi to-
dos los documentos públicos más importantes que demandó
la organización del país" (41) . En su ensayo El Estado Federal
se refiere a esta tentativa separatista con evidente simpatía, y
sostiene que por reconocer "esa voluntad constante y esa ne-
cesidad imperiosa del Istmo de constituir un Estado soberano
aunque no independiente, cuyo gobierno satisfaga sus exigen-
cias de un carácter tan particular", es la razón por la que pre-
senta al Congreso el proyecto que crea el Estado Federal .
En síntesis, declaramos sin temor a equivocarnos que las
ideas autonomistas que se gestan durante el Estado Soberano
de Panamá son el resultado de la madurez de las mismas que
se gestan desde los tiempos coloniales y, a su vez, constituyen
las bases del pensamiento federalista que desarrolla Aroseme-
na entre 1852 y 1855 . Como es fácil advertir en párrafos ante-
riores, en el informe del General Herrera al Presidente Herrán,
con claridad se observan los fundamentos geográficos y jurí-
dicos a los que Arosemena agregará, con mucho acierto, las ra-
zones históricas . Como obra cumbre de una nacionalidad en
gestación, la obra El Estado Federal de Panamá, se sustenta
en estos tres fundamentos : geográfico, histórico y jurídico .
Posterior a la creación del Estado Federal, las insinuacio-
nes maliciosas que le hace un periodista bajo el pseudónimo
de Fabio (42), le brinda la oportunidad de profundizar su pen-
samiento autonomista cuando dice : "La Nación es un ente ideal,
compuesto de partes que son muy tangibles . Estas partes se

(41) Moscote y Arce op . cit . p . 54 . Fue el compromiso de don Justo con


esta causa autonomista lo que lo obligó a buscar asilo en el Perú .
(42) El artículo se titula "A Fabio", publicado en El Panameño de 16
de marzo de 1856 y reproducido por la Revista Lotería No . 141,
Panamá, agosto de 1967 . pp . 136-141 .

XXXIX
mantienen unidas por el sentimiento de su utilidad y dejarán
de estarlo cuando así les convenga" . Agrega en otro párrafo
. el Istmo tiene para separarse de la Nueva Granada el mismo
derecho que tuvo ésta para separarse de la España ; sin que val-
ga ningún argumento contrario, porque, en semejante caso,
el país interesado es el único juez. . . . Si el Istmo tiene derecho
como todo país de la tierra, para constituirse con absoluta in-
dependencia de la Nueva Granada, lo tiene para fijar condicio-
nes a su unión . . . ".

Ante la Realidad Panameña .

Desde que se verifica la separación de España, es la aspi-


ración de los grupos comerciantes de la zona de tránsito, la reno-
vación del comercio interoceánico que en los años preindepen-
dentistas había gozado de un avivamiento temporal, gracias
a la política un tanto condescendiente de las últimas autoridades
hispánicas . Un número plural de solicitudes tendientes al logro
de este objetivo, se envían a Bolívar y a los gobernantes que
le siguen, quienes escuchan las peticiones y sólo responden en
la medida en que se lo pemiten las intrincadas eventualidades
de sus inestables regímenes .
Sucesivas negociaciones para conceder un privilegio se veri-
fican los años 1827, 1835, 1836, 1839 y 1847 en los que el
gobierno colombiano primero, neogranadino después, llevan
a cabo negociaciones con la intención de brindar a diversas em-
presas privadas la oportunidad de unir el Atlántico con el Pa-
cífico a través de una vía más regular y asequible que las mante-
nidas en las centurias anteriores . Es decir, se hace apremiante
la construcción de un camino que supere definitivamente las
tradicionales arterias coloniales : Portobelo-Panamá y/o Chagres-
Cruces-Panamá . Los avances científicos del siglo XIX abren
nuevas perspectivas a los medios de comunicación terrestre y
marítimo con la aparición del ferrocarril, la utilización de la
máquina de vapor, las cada vez más generalizadas carreteras
de macadán y la renovada tendencia a la apertura de canales .
Estas alternativas se ofrecen a los istmeños para la mejora de
su vital ruta del comercio, además de que el naciente colonia-

XL
lismo de las potencias industrializadas, abren nuevas perspecti-
vas al tráfico internacional.
En enero de 1849, se cumplen en parte las esperanzas
panameñas cuando se restablece la actividad de tránsito con el
inicio de un movimiento impulsado por constantes oleadas de
pasajeros que circulan a través del Istmo, atraídos por los ve-
neros auríferos californianos . El Tratado Mallarino-Bidlack ne-
gociado en Bogotá tres años antes, concede al gobierno de los
Estados Unidos y a sus ciudadanos, el pleno derecho de servir-
se de la franja ístmica para comunicarse con las vastas extensio-
nes recién arrebatadas a México . De esta manera aquella na-
ción, en el desarrollo de su ambiciosa política de expansión
continental, se vale de nuestro territorio para alcanzar la costa
del Far West . Una heterogénea población flotante empujada
por la fascinación del oro californiano, deambula entonces por
el Istmo, con ventajas nunca antes alcanzadas por ningún otro
tratado americano.
Como consecuencia, un cambio vertiginoso se verifica en
Panamá. De su permanente monotonía y apacible inactividad
pasa, de manera brusca y sorpresiva, a un trajín atolondrado
y constante. El obligatorio uso de la ruta por extranjeros y el
contacto tangente de la población nativa con tan disímiles tran-
seúntes provocan inevitables choques que desencadenan pro-
blemas muy serios, por la actitud arrogante y poco comprensi-
va de los norteños .
Durante la construcción del camino de hierro (1850-1855),
es verdad que se hace realidad la vieja ambición istmeña al pro-
porcionársele la ruta expedita para el comercio ; pero la presen-
cia en nuestro suelo de la Compañía del Ferrocarril de Panamá,
propiedad de norteamericanos, se transforma en un verdade-
ro tropiezo, que provoca un sinnúmero de hechos que no so-
lo vulneran nuestras aspiraciones autonomistas y soberanas,
sino que ponen en peligro nuestra misma existencia como país .
Justo Arosemena que desde 1839, junto con su padre y
otros panameños, era un decidido propulsor de la reapertura
de la ruta interocéanica, asume a partir de 1850 -cuando es-
tá en su apogeo el tráfago de pasajeros y se inician los traba-
jos de ferrocarril- una actitud decidida y vertical en defensa

XLI
de los derechos nacionales, frente a las transgresiones de quie-
nes buscan obtener el mayor provecho del Istmo como parte
de su inmediata política expansionista (43) .
Sin embargo, merece señalarse que sus primeras opinio-
nes sobre los Estados Unidos son naturalmente favorables. Cuan-
do a los 23 años viaja a Nueva York para editar su obra Intro-
ducción a las Ciencias Sociales y Políticas, le impresiona el de-
sarrollo material de esa nación y no vacila en escribir, desde
Baltimore, una carta dirigida "A los Istmeños", que revelan
su honestidad y preocupación por los asuntos de su pueblo
natal. Afirma estar convencido de que los privilegios concedi-
dos hasta entonces a empresas privadas, con el fin de llevar a
cabo el camino interoceánico, han resultado ineficaces y cree
más efectivo otorgárselas a una potencia como los Estados
Unidos que posee características muy favorables para la Nue-
va Granada ; tales como su riqueza, proximidad (si se le compa-
ra con las naciones europeas), analogía de sus instituciones con
las nuestras y, principalmente : "la excelencia de las ideas y cos-
tumbres industriales y sociales de los norteamericanos que ser-
virán de modelo y estímulo a los istmeños puesto que su terri-
torio se poblará sin duda en gran parte de aquella raza" (44) .
Cuando Arosemena escribe en estos términos en 1840,
los Estados Unidos aun no habían iniciado su política agresi-
va contra la América Latina aunque ya se inicia en su "desti-
no manifiesto" con la infiltración en Texas. Mucho más ofen-
sivas parecen ser en esos momentos, las acciones británicas que
toman las Malvinas a la Argentina, (1833) y en Centroaméri-
ca extiende las fronteras de Belice, a la vez que se apodera de
las Islas de la Bahía y de Ruatán, en su estrategia de dominio
sobre la región.

(43) Ver Justo Arosemena . Patria y Federación. Litografía ENAN, S . A .,


Panamá 1982 . (Reimpresión de la edición de la Casa de las Américas,
Cuba, 1977) . En su prólogo, Nils Castro nos ofrece una valiosa inter-
pretación de esta faceta del pensamiento arosemeniano frente al peli-
gro yanqui .
(44) 0 . Méndez P . op. cit . p . 38 . Según su biógrafo, Arosemena reconoce
posteriormente su desacierto cuando anota al borrador de la carta
original : "Ideas y estilo cambiaron notablemente . . . y lo dicen sus
escritos posteriores" .

XLII
Nueve años después de su carta "A los Istmeños"; Arose-
mena presta servicios en la Secretaría de Relaciones Exterio-
res de Bogotá y publica en El Neogranadino, el artículo "Ley
de Salvación para el Istmo" donde muestra su preocupación
por las dificultades que atraviesan las negociaciones que en Wa-
shington, adelanta el General Pedro Alcántara Herrán con el con-
sorcio Aspinwall, Stephens y Chauncey, por interferencias de
otras compañías rivales como las de Nicaragua y Tehuantepec .
Presenta alternativas de lucha para lograr la firma del Contra-
to, cuyos lineamientos ya están prácticamente definidos, pues-
to que toma como base el documento negociado en 1847, con
el francés Mateo Klein, y además las reformas que en 1848 in-
corpora la primera concesión neogranadina a la firma nortea-
mericana .
En su artículo, también se enfrenta a la crítica local, teme-
rosa de que la prosperidad de Panamá incline a sus hijos a sepa-
rarla de la Nueva Granada, y en torno a ésto afirma que : "Si
el Istmo sirve de algo y es joya que merezca conservarse, . . .
es precisamente . . . en consideración a la prosperidad que pue-
de caberle por su singular topografía . Anúlese para no perder-
lo, y ya no hay razón alguna para conservarlo" .
En esos precisos momentos la oligarquía urbana istme-
ña, impaciente, clama por la firma del contrato . Justo Arose-
mena se convierte en su vocero más conspicuo ante el gobier-
no de Bogotá; mientras que don Mariano lo es en el Istmo a
través del rico repertorio periodístico que publica en El Panameño .
En 1850 comienzan los trabajos del ferrocarril, y lejos de
sentirse alegría o satisfacción por el mismo, aparecen las som-
bras de un serio peligro que ya se percibe con cierta claridad
en algunas áreas de nuestra América, pero hasta entonces sos-
layado por los istmeños: el expansionismo territorial de los Es-
tados Unidos .
En la primera mitad de 1850 El Panameño da las voces
iniciales de alarma. En su entrega del 2 de junio, reproduce un
artículo de la Gaceta Mercantil en la cual los neogranadinos
son concientes de la grave situación : "Nuestros temores van
tomando cuerpo a medida que sabemos los escándalos de Panamá.
Estos escándalos han llegado ya hasta el grado de verse ataca-

XLIII
das e irrespetadas las autoridades y hasta llegar a publicar en
letras de molde en un periódico norteamericano redactado en
Panamá cuál es la intención de esos peligrosos huéspedes" (45).
En el mismo número de El Panameño, aparece la noticia
de otro asunto, aun mucho más delicado ; una transcripción
tomada de La Crónica de Nueva York del l o. d e mayo, en la
cual figuran tres documentos relativos al establecimiento de
un gobierno angloamericano en el lado del río Chagres denomi-
nado La Furnia . Un estadounidense de nombre N. W. Fisk, que
se dice presidente de esa comunidad, en la que acaba de cons-
truir una amplísima posada llamada New York Exchange, con-
fiesa complacido, que por derecho propio habían juzgado a un
hombre `por un jurado compuesto de nuestra propia gente,
sentenciado a 50 azotes con un látigo de nueve mandamien-
tos de dos en dos días, hasta que restituyese el oro" . La con-
fesión del señor Fisk nos revela que el primer juicio a un pana-
meño, que los norteamericanos llevan a cabo en Panamá, ocu-
rre en la región del Chagres en 1850. (46) .
Estos norteamericanos, "por derecho propio", crean una
comisión que organiza el pueblo y establece un "ayuntamiento"
compuesto por cinco regidores (aldermen), entre los cuales uno
funge como presidente y otro como "sheriff" . Este cuerpo ac-
túa como un consejo comunal cuya misión se circunscribe, entre
otras cosas, al mantenimiento de casas y calles de acuerdo con
sus criterios, y a imponer las contribuciones a los ciudadanos.
Corre a cargo del presidente, impartir justicia : "tendrá pleno
poder para prender o hacer prender a cualquiera persona o per-
sonas y hará que un tribunal nombrado por él lo juzgue o los juz-
gue, cuyo tribunal constará de un jurado de seis hombres, presidido
por el presidente o por un juez nombrado al efecto ; y no se podrá
apelar de la decisión de este tribunal". Los comentarios que
agrega la redacción de El Panameño a tales informaciones son
los siguientes : "Nosotros no vemos en La Furnia sino una co-

(45) Se refiere al Panama Echo .


(46) El documento que da noticias de estos acontecimientos es escrito
por Fisk el 6 de abril de 1850 y en él explica que el caso de hurto
de oro ocurrió dos semanas antes aproximadamente .

XLIV
lonia de nuevo cuño, colonia que no se somete a las leyes de
la nación en donde se han establecido los colonos, y de consi-
guiente son los cimientos de una ciudad angloamericana, que
por el lugar que ocupa, será pronto más poblada que cualquie-
ra de las otras existentes ahora en el Istmo".
Una semana más tarde, el 9 de junio, El Panameño repro-
duce otro escrito, esta vez de La Democracia de Cartagena,
con el título "El Istmo de Panamá : lo que era, lo que es, lo que
será". Presenta en primera instancia la situación de postra-
ción y miseria de este territorio hasta enero de 1849 ; a partir
de esta fecha se altera el orden establecido y aparece un nuevo
panorama, en cuyo primer término está el vaivén de la zona
de tránsito : "la inmigración se desbordó por todos lados y el
Istmo privilegiado por la naturaleza con la excelente posición
que ocupa, sirvió de puente a la mayor parte de los aventure-
ros que dirigían sus pasos a las Californias. Todos los días lle-
gaban a Chagres buques cargados de emigrantes : todos los
días el río que pone en comunicación a este puerto con la Gor-
gona y Cruces, aparecía poblado de cayucos que conducían
a los recién venidos . El tránsito de estos pueblos a Panamá era
una Babilonia : el ruido de las herraduras, el relincho de los ca-
ballos, las expresiones de los transeúntes, los gritos de los
arrieros ; este concierto de voces y de sonidos, había reempla-
zado el silencio de muerte que reinó hasta entonces en aque-
llos lugares".
Antes de finalizar, la sensibilidad del editor de La Demo-
cracia lo induce a registrar el vaticinio, ya generalizado, con
respecto a la nueva conyuntura panameña : "Dícese, sin embar-
go, que el Istmo de Panamá será muy pronto una agregación
de los Estados Unidos . Los norteamericanos publican allí un
periódico semanal con el nombre de Estrella de Panamá (Panama
Star) y habiendo la coincidencia que en el pabellón de aque-
lla poderosa república, el número de sus Estados se encuentra
simbolizado con un número igual de estrellas, se cree que hay
un pronóstico en el título de aquel periódico . . . Nosotros
no creemos que el gabinete de Washington dirá ex-abrupto :
tomemos a Panamá . . . . Se apodera de los países primero por
medio de la industria de sus ciudadanos que se establecen en

XLV
ellos : esa industria los hace ricos, la riqueza los hace influyen-
tes ; dominan la opinión, y esta opinión se pronuncia en bre-
ve por su causa . . . . Esta nos parece que fue la política que
adoptó en Tejas ; esta es la política que está adoptando en la
muy fiel Cuba ; y este será indudablemente el sistema de ac-
ción que empleará también en nuestro Istmo".
Lejos estaba de pensar el cronista granadino que, paradó-
jicamente, en 1911, el Presidente Teodoro Roosevelt pronun-
ciaría la misma frase, en términos muy similares: 1 took Pana-
má, ("me tomé a Panamá").
Dentro del jolgorio de la ruidosa actividad transitista, las
atinadas publicaciones de El Panameño incitan a la meditación
y ponen en estado de alerta a sus lectores más responsables .
Aun más, cuando se conoce, por información del mismo noti-
cioso, en su entrega de 2 de junio de 1850, que algunos miem-
bros de la Cámara de Representantes de Bogotá, entre ellos los
doctores Romualdo Liévano y Alejo Morales habían propues-
to la venta del Istmo a los Estados Unidos por más de diez mi-
llones de pesos para cancelar la deuda con Gran Bretaña . El
motivo de tal acción se explica así.- "Parece ser que un gran
número de representantes piensa que el Istmo será anexado
a los Estados Unidos y que toda vez que esto haya de suceder
pudieran aprovecharse algunos millones de pesos que descar-
garán a la Nueva Granada de su deuda, y traerán al tesoro na-
cional gruesas cantidades de dinero". La noticia agrega que en
el mismo Congreso, la moción de Liévano había sido fuertemen-
te combatida por Manuel María Mallarino, Juan Antonio Par-
do, Juan Neira, el General José María Obando y otros.
También la rechazan periódicos como El Día y La Repú-
blica de Bogotá, los cuales se pronuncian con verticalidad en
defensa del Istmo . Considera el primero que : "La proposi-
ción del señor Liévano es inconstitucional, inmoral, antiame-
ricana y degradante para la Nación . . . . ¡Vender un territorio
poblado por millares de ciudadanos! . . . ! Es vender la libertad
de que disfrutan, el sentimiento de nacionalidad, el interés por
la Patria que han regado con su sangre y por la cual trabajan . . . ;
es vender el sentimiento de dignidad personal de cada uno de

XLVI
los individuos que habitan esa fracción, someterlos a otro idio-
ma, a otras costumbres, a otras leyes!. . . "
Es en noviembre del mismo año, cuando Justo Aroseme-
na se vuelve a sentir a través de sus escritos . Tropiezos de or-
den familiar, que culminan con la muerte de su esposa, lo man-
tienen por algún tiempo alejado de ese quehacer; pero una vez,
que se restablece, retorna a su habitual faena . Su pluma tiene
ahora un tono muy distinto a la del año anterior.
"i ¡ ¡Alerta Istmeños! ! !" al que agrega el epígrafe :
"to be or not to be, that is the question", es la voz que denun-
cia las verdades tergiversadas de esa nueva prensa extranjera
que aparece en Panamá paralelamente con la presencia nortea-
mericana, y que brinda un eficaz servicio de apoyo a los inte-
reses foráneos que se sirven del Istmo, en tanto que los nacio-
nales se sienten humillados en su propia tierra . En tal sentido,
Arosemena expresa : "es tanto el desprecio que les inspira-
mos que no consideran una falta grave alterar la verdad cuando
se trata de cosas pertenecientes a españoles, aun cuando sean
nada menos que relativas a sus primeras autoridades y corpora-
ciones". Enseguida analiza las interpretaciones amañadas e
irresponsables del Panama Star con respecto a la ordenanza que
la Cámara Provincial expidiera sobre derecho de pasajeros . To-
do cuanto representa pago de impuestos o contribuciones por
muy insignificantes que sean, es drásticamente rechazado
por aquellos que manejan los asuntos del lado extranjero. Uti-
lizan como argumento favorito el hecho de que según el Trata-
do de 1846 el tránsito por el Istmo es gratuito y por lo tanto,
exento de cualquier clase de gravámenes .
Con respecto a una solicitud que el Panama Star pretende
se envié a Washington, para la instalación en el Puerto de Pana-
má de una estación de buques de guerra, con el objeto exclusi-
vo de proteger los intereses norteamericanos, infiere Aroseme-
na: "Lo que vemos en todas estas publicaciones es la convic-
ción de que el Istmo es tierra de conquista . Los americanos miran
el país como suyo el día que lo deseen, y esperan desearlo cuan-
do se penetren de que es la mejor vía entre los dos océanos.
Todos los pueblos conquistados fueron injustos y estamos se-
guros que de nada nos servirán todas las liberalidades que con

XLVII
ellos usamos para el efecto de ser justos y benévolos" . Cierra
el artículo con una exhortación a la conciencia panameña, a
fin de aunar todos sus recursos en defensa de su pueblo, su in-
dependencia, sus leyes y costumbres, para "no ser, los humil-
des siervos de otras razas orgullosas, que jamás nos concedie-
ron el título de pueblos civilizados".
En enero de 1851, El Panameño reproduce el preámbulo
que el Diario de la Marina inserta al artículo "¡Alerta Istme-
ños!", cuando también es publicado por este noticioso . El edi-
tor del Diario de la Marina emite conceptos que merecen cono-
cerse debido a que retrata la visión del latinoamericano que
comparte, desde afuera, las preocupaciones del dilema istmeño
y que aunados a los criterios vertidos por don Justo, ofrecen
una visión general del asunto : "En Panamá como en otros pun-
tos de América reinaban aun esas tradiciones de política sen-
timental (o con mayor exactitud de política necia) que les hacía
suponer en los Estados Unidos una nación hermana, ligada por
el indisoluble vínculo de los principios a los pueblos hispanoa-
mericanos. La vecindad y el trato han llevado en Panamá a mi-
rar las cosas bajo su verdadero punto de vista, y a reconocer
que la cuestión es hoy tal cual el escritor de los adjuntos ren-
glones la ha planteado, la de ser o no ser (to be or not to be) ".
En el discurso que Justo Arosemena pronuncia en la Ca-
sa Municipal de Panamá, con motivo del vigésimo noveno ani-
versario de la independencia (47), se abstiene de acusar abier-
tamente los peligros de absorción del Istmo por un país extra-
ño y prefiere presentar, en tan significativa conmemoración,
aquello que para el Istmo es lo más constante y propio : su iden-
tidad histórica. En breves, pero vigorosas pinceladas, recorre
las líneas más significativas de nuestro pasado, desde el des-
cubrimiento hasta ese momento coyuntural y culmina con la
interrogante de cuál sería la suerte definitiva de esta porción
continental. Describe con ameno acento el interesante pano-
rama de la actividad transitista en la bahía, tal como lo obser-
van él o cualquier otro citadino panameño, desde el área de

(47) Publicado en Revista Lotería No . 141, Panamá, agosto de 1967 . pp .


17-22 .

XLVIII
San Felipe : "Echemos sobre la cumbre del Ancón una mirada
abarcadora. Ante todo se ofrece nuestra hermosa bahía brin-
dando en sus claras y tranquilas aguas un anclaje seguro, que
toman indistintamente las naves de todas las naciones, atraí-
das por el libre comercio . Allí el bajel de California cargado
del precioso metal que recogen más de cien mil trabajadores,
desembarca sus tesoros y sus viajeros, que se apresuran a cru-
zar hasta la orilla opuesta de nuestra calzada, para con el
auxilio de palacios flotantes impelidos por el vapor, restituir-
se a sus familiares y a su patria . Acá vemos llegar ansiosos en
miles de cabalgaduras nuevos perseguidores de la fortuna, que
van también a la región del oro, y apenas cambian en el cami-
no dos palabras con el que regresa, para cerciorarse de que aun
no es tarde para ellos en el festín universal. Ved que ya no hay
mendicidad, ni hay ocio : todo es animación, movimiento, jú-
bilo y esperanza ".
Una vez que exhibe el aspecto positivo de la singular en-
crucijada en la que está inmerso el Istmo, muestra la otra ca-
ra de la moneda, que consiste en la inmensa incertidumbre que
empaña el sosiego de los istmeños de aquel momento . Sugie-
re un compás de espera y antepone el servicio que el Istmo,
con su envidiable posición geográfica, debe prestar a la huma-
nidad y a los intereses de su pueblo . Soslaya cualquier pronun-
ciamiento basado en la defensa vertical y patriótica de esta tie-
rra, y cree que sus hijos, en último caso, deben ceder su propio
carácter y naturaleza que los identifica, en aras del bienestar
universal. En tanto, con ligero discernimiento y notoria condes-
cendencia, anota que " . . . cualquiera que sea el último desti-
no de nosotros, los poseedores del Istmo en el año de 1850,
el país será grande, rico y poderoso ; servirá al tráfico del mun-
do por un ferrocarril que acorte aun más la ya corta distancia
entre los dos mares; ofrecerá asilo y trabajo a todos los habitan-
tes del globo, y si no es la propiedad exclusiva de una raza o
de un pueblo, será el camino y la posada de todos los pueblos
o de todas las razas. Tal debe ser nuestra única ambición, nuestro
más ferviente deseo . Nada podríamos tampoco contra el des-
tino que Dios nos tenga deparado, y si él ha creído que los de-
rechos e intereses de la humanidad en este Istmo no se amal-

XLIX
gaman con nuestra permanente dominación, cúmplase enhora-
buena su soberana voluntad, cuando nos conste suficientemente
después de empleados nuestros medios físicos y morales para
retener la prenda que poseemos ".
Pese a la posición que sostiene en el discurso de aniversa-
rio, en donde el protocolo y la solemnidad del acto le imponen
un límite ponderado, en sus escritos periodísticos posteriores
continúa su línea de denuncias ante la amenaza de domina-
ción yanqui y ante sus enojosos desmanes y actitudes . En "Paz
y Justicia" aparecido en El Panameño el 15 de diciembre de
1850, rebate las afirmaciones del Panama Star . Como miem-
bro de la Cámara Provincial de Panamá, Arosemena revela el
desenvolvimiento de las relaciones entre las autoridades y los
comerciantes de la localidad, muchos de ellos estadouniden-
ses, a los cuales la prensa de lengua inglesa trata de sobreprote-
ger, en desmedro de las prudentes decisiones de los funciona-
rios gubernamentales. En tal sentido, proyecta los esfuerzos
sinceros de Panamá por ofrecer un ambiente favorable al comer-
cio a través de la fijación de contribuciones equitativas y justas
de acuerdo con una escala previamente establecida . Al con-
cluir, repite que en Panamá se vive un momento crucial de con-
quista; una época de transición en que una raza sojuzga a otra,
"en que nuevas influencias quieren sobreponerse con toda la te-
meridad, con toda la injusticia, con todo el espíritu de ingra-
titud del que necesita pretextos en que apoyar sus pretensiones":
El 12 de febrero de 1851, una nueva publicación de Aro-
semena trae El Panameño, bajo el título de "La Situación"
en el que critica fuertemente al Poder Ejecutivo por la tardan-
za en el nombramiento del Gobernador de Panamá y por des-
cuidar otros ramos de la administración, donde "las autorida-
des subalternas no cumplen con sus deberes y todo es incuria,
abandono y absoluta indiferencia" . Ante la realidad manifiesta
de que la integridad del Istmo está amenazada, estima que "só-
lo una política sabia y vigilante puede conservarla". Presenta
como la prueba más representativa de ineptitud y debilidad
gubernamental, el caso de "la parte americana del distrito de
Chagres, que nosotros llamamos Furnia y que los extranjeros
llaman con mucha formalidad American Town (ciudad ame-

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ricana), es en efecto una población independiente de las auto-
ridades del Chagres, y por consiguiente de la Nueva Granada ;
una ciudad anseática ni más ni menos que Hamburgo y Lubeck,
en donde se administra justicia por su propia cuenta y riesgo sin
contar con nuestros jueces ni con nuestros códigos y donde
hay autoridades americanas del orden municipal" . Las obser-
vaciones que aquí plasma, a las que se añaden los informes a los
cuales ya hemos hecho adhesión y que el 2 de junio del año
anterior publicara El Panameño, nos obliga a inferir que el gobier-
no de La Furnia que a nivel municipal manejan los norteame-
ricanos en el Istmo a mediados del siglo XIX, es un claro ante-
cedente de la administración de la "Zona del Canal" que, con
una proyección mas amplia de territorio y jurisdicción, se
mantiene enclavada en Panamá durante las primeras tres cuar-
tas partes del siglo XX.
Prosigue sus explicaciones en "La Situación" sobre anoma-
lías de carácter administrativo, del que es culpable el desinterés
manifiesto del poder central que emana de Bogotá. Deriva de sus
argumentos que en Panamá "no hay ninguna simpatía por
otros pueblos o gobiernos, ninguna disposición a independizarse ;
pero se quiere gobierno, y esto es indispensable para que el Istmo
continúe fiel a Nueva Granada, porque sin gobierno la existen-
cia misma de una sociedad apenas puede conservarse un corto
tiempo por las influencias personales, las ideas de civilización,
de religión y de mutua conveniencia. Más allá de ese corto tiem-
po las indicadas influencias no bastan . . . "
Los temores y las voces de alarma tienen un fundamento
de certeza, porque es verdadera la política de expansión y anexio-
nismo de los Estados Unidos en Texas y México, además de
sus pretensiones sobre Cuba . Sin embargo, Norteamérica en
el período de gobierno 1849- 1853 -con el Presidente Sachary
Taylor y su sucesor Millard Fillmore, ambos del partido whigs-
no propicia la incorporación de nuevos territorios a la Unión,
aunque sí deja abierta la posibilidad de adquirir posesiones,
siempre y cuando surjan circunstancias favorables (48). Duran-

(48) Ramiro Guerra . La Expansión Territorial de los Estados Unidos . Edi-


torial Ciencias Sociales . La Habana . Cuba, 1975 . pp . 251 - 257 .

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te el siguiente período (1853-1857), la presidencia del demó-
crata Franklin Pierce crea una situación muy favorable para
la anexión, pero surgen hondas diferencias internas, entre los
Estados del Norte y del Sur, cuyo rompimiento debilita cual-
quier posibilidad de conquista y adhesión de nuevos territorios .
En 1854, todavía se siente fuerte la presión expansionista en
algunos lugares como la Baja California, Cuba y Panamá. La
guerra de secesión (1861-1865) detiene momentáneamente el
movimiento expansionista, hasta su reaparición en 1898 (49).
Justo Arosemena, como miembro de la Cámara de Repre-
sentantes de 1852 y del Senado en 1853-1855, promueve desde
Bogotá con entusiasmo y tesón el federalismo para Panamá,
como solución a la debilidad administrativa y en especial frente
al peligro extranjero . El gobierno provincial tiene establecido
un nuevo sistema financiero, en reemplazo de la antigua usanza
de contribuciones nacionales indirectas, como resultado de las
transformaciones políticas que se inician en la República en 1850,
y que muchos historiadores y políticos afirman estar inspiradas
en la revolución de febrero de 1848 en Francia . El gobierno
liberal del General José Hilario López que asume el poder en
1849 elimina las trabas coloniales que aún persistían y pro-
clama la libertad religiosa y de los esclavos, disuelve los tribu-
nales eclesiásticos, proscribe los diezmos, instituye los juicios
por jurados, legaliza el divorcio, garantiza la libertad de prensa,
declara abolida la pena de muerte, elimina la protección adua-
nera y elige por elección popular a gobernantes y jueces . Ta-
les reformas se incorporan a la nueva Constitución de 1853 . (50).
La eliminación de las aduanas, trae consigo un desequi-
librio económico que es preciso paliar por medio de contribu-
ciones directas, tales como la de pasajeros y la de estableci-
mientos comerciales, medidas que son combatidas tenazmente
por el Panama Star y el Aspinwall Courier. Esto ofrece una co-
yuntura propicia a los extranjeros establecidos en Panamá y
Colón, para resistirse al cumplimiento del pago de impuestos,
en desacato a las autoridades. El Panameño de 3 de mayo de

(49) Ibid . pp. 269-270, 283-284 .


(50) Hubert Herring. Evolución Histórica de América Latina . Editorial
Universitaria de Buenos Aires . 1972 . T . II ., pp . 638-639 .

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1854, reproduce de El Pasatiempo de Bogotá un extenso estu-
dio de don Justo titulado "El Istmo de Panamá". Presenta la
disyuntiva panameña en las múltiples artistas con que apare-
ce en 1854, cuando a punto de finalizar el ferrocarril, cada mes
atraviesa el Istmo entre 4,000 y 5,000 pasajeros, pero tam-
bién donde hay una prensa en inglés como el Panama Star que,
reacia al pago de impuestos a buques y pasajeros que se sirven
del Istmo, no vacila en proferir improperios y denigrantes ame-
nazas a nuestros funcionarios en estos términos : "¿No son los
que ocupan los puestos públicos una partida de bribones e
ignorantes, que si conocen lo que es justo, prefieren hacer lo
que es malo? Así es de creerse y pensamos que no faltarla
razón a los habitantes respetables del Istmo para celebrar un
meeting, a fin de suplicar al Presidente de la nueva República
de la Baja California, Mr . Walker, se sirviese mandar una parte
de sus filibusteros a tomar posesión de este país, ahorcando
a la mitad de los empleados que pudieran capturar, y mandando
la otra mitad al presidio . Y en verdad que la elección de los que
debieran ser ahorcados, nada tendría de difícil ; porque en nues-
tra opinión cada uno de ellos, poco más o menos, desde el más
alto hasta el más bajo, no recibirá más que un premio digno
de su conducta" . (51) Este total irrespeto a las autoridades pú-
blicas del Istmo, da margen para que Arosemena llame a la re-
flexión serena del gobierno nacional con el propósito de tomar
medidas "serias y prontas"; y presenta su ya conocido proyec-
to de Acto Reformatorio de la Constitución que erige un Estado
Federal en Panamá.

(51) Este fragmento aparece en el artículo "El Istmo de Panamá" y se-


gún el mismo, pertenece al número del Panamá Star del 19 de febre-
ro de 1854 . La traducción es sin duda de Justo Arosemena . El fi-
libustero William Walker fue un furioso defensor de el destino mani-
fiesto de los Estados Unidos . En 1853, después de permanecer tres
años en San Francisco, organiza una pandilla que conduce a la Ba-
ja California y Sonora, declarando el territorio en República indepen-
diente . El pueblo se resiste y lo toma prisionero, logra escapar y re-
gresa a California . Entre 1855 y 1857 interviene en Nicaragua con
sus filibusteros, establece un gobierno que es reconocido por los Es-
tados Unidos, pero es expulsado por aquellos con la ayuda de Costa
Rica y Honduras . Realiza dos tentativas más de invasión a Centroa-
mérica, hasta que en 1860 se le captura y fusila en Honduras .

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