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Robert Koch y el Descubrimiento del Bacilo del Carbunco

El documento describe los primeros experimentos de Robert Koch para identificar la causa del carbunco, una enfermedad que afectaba al ganado. Koch observó filamentos en la sangre de animales enfermos y logró cultivarlos en ratones, determinando que eran la causa de la enfermedad. Luego desarrolló un método para cultivarlos en placas y demostró que podían sobrevivir como esporas, explicando cómo se propagaba la enfermedad.
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Robert Koch y el Descubrimiento del Bacilo del Carbunco

El documento describe los primeros experimentos de Robert Koch para identificar la causa del carbunco, una enfermedad que afectaba al ganado. Koch observó filamentos en la sangre de animales enfermos y logró cultivarlos en ratones, determinando que eran la causa de la enfermedad. Luego desarrolló un método para cultivarlos en placas y demostró que podían sobrevivir como esporas, explicando cómo se propagaba la enfermedad.
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Capítulo IV

Roberto Koch
La lucha contra la muerte
Un poco de historia sobre Koch

Robert Koch nació el 11 de diciembre de 1843 en Clausthal, una pequeña ciudad


minera en las montañas de Harz al noroeste de Alemania.
A los 19 años, ingresó en 1862 a la Universidad de Göttingen para estudiar
medicina. Su profesor de Anatomía, Jacob Henle, había publicado en 1840 un
artículo en el que sostenía que las enfermedades infecciosas eran causadas por
organismos parásitos vivos.64 En ese artículo Henle proponía tres requisitos para
definir dichas enfermedades: presencia de un agente vivo en el cuerpo enfermo,
aislamiento de ese agente del cuerpo enfermo y la transferencia de la misma
enfermedad por el agente aislado,65 hecho que sin duda influenció el devenir de
Koch quien más tarde los retomó y aplicó. Se graduó de médico a los 23 años, en
1866.
Koch no quiere ser médico de pueblo y no puede ser médico militar por la miopía
que le aqueja. Él quería ser explorador para tener ocasión de visitar países remotos.
En uno de esos viajes conoce a Emma Frantz. Koch le propone casamiento pero
ella aceptaría con la condición de que se olvidase de todas aquellas fantasías a una
vida aventurera y se establezca en Alemania para ejercer su profesión para ser
ciudadano útil a su patria. Koch aceptó y permitió que dejara esa vida nómada y de
viajes exotico. Decidió practicar la medicina, profesión que le pareció monótono. En
1868, nace Gertrude, su única hija, quien colaboraría más tarde con su padre en
algunos experimentos.

Comienza su inquietud

Su mujer Emma en uno de sus cumpleaños le regala un microscopio. Claramente su


esposa no se imaginaría que el obsequio lo llevaría a aventuras mucho más
curiosas.
Koch recibía visitas de las madres con sus hijos enfermos, en su casa se
encontraba su consultorio, rogándole que salve a sus hijos. Y muchas veces se
hacía muchas preguntas: “¿ qué puedo hacer yo? ¿Cómo curar la difteria si
desconozco su causa?”. Koch tenía razón ¿que sabían los médicos sobre las
misteriosas causas de las enfermedades?

Carbunco, aquí empieza…

Koch manipulaba su microscopio, viendo que estén limpios los cristales en los que
le gustaba poner gotas procedentes de ovejas y vacas muertas de carbunco.
El carbunco era por aquel entonces una enfermedad misteriosa, que tenía
preocupados a los campesinos. Esta plaga no guarda regla ni norma. Se podía
encontrar un día a un cordero feliz, saltando y al otro día su dueño lo encontraba
tieso y frío, con la sangre convertida en una masa negruzca, lo mismo podría
suceder con un cordero, ovejas sin que hubiera manera de impedirlo. Y aún más a
los mismos ganaderos, los pastores, le salían granos horribles o lo que era peor
morían producto de una pulmonía fulminante.
Koch comenzó a investigar la sangre de ovejas y vacas muertas de carbunco. Tenía
poco tiempo, por lo que intercalaba entre las visitas de sus pacientes y las
observaciones de estos organismos muertos.
En estos momentos, frecuentemente interrumpidos, colocaba gotas de la sangre
negra de vacas muertas de carbunco entre dos láminas de cristal muy delgadas y
limpias, un dia al mirar por el microscopio vio unos bastoncitos cortos y poco
numerosos entre los globulos sanguineos.

Estos bastoncitos, ¿estarán vivos?

Posteriormente se habían estudiado a estos bastoncitos como por ejemplo: Davine y


Rayer, en Francia. Pero no pudieron demostrar que estos sean los causantes del
carbunco.
Koch no encuentra manera de saber si estos bastoncitos y filamentos están vivos o
no. Se pone a estudiar otras cosas en relación con ellos. Y dejó de estudiar
animales enfermos y se dedicó a los que estaban perfectamente sanos. Fue al
matadero a buscar trozos de animales sanos que fueron sacrificados para el
consumo.
En la sangre de los animales sanos no se ve ni un solo filamento y ni un solo
bastoncito. Sigue sin saber si son bacilos, si están vivos, si crecen, si se multiplican.
Al no tener dinero para comprar ovejas ni vacas para los experimentos, si consigue
tener jaulas llenas de ratones blancos. Piensa: “si pudiera contagiar carbunco a
estos ratones , quizás lograra comprobar en ellos si los bastoncitos se multiplican o
no”.
Un dia encontró un procedimiento seguro para contagiar el carbunco a los ratones;
carecía de jeringas para inyectar sangre envenenada, tomó una astillita de madera,
limpio cuidadosamente y calentó en el horno para matar todos los microbios, la mojo
de sangre de ovejas muertas de carbunco, sangre abundante en aquellos filamentos
y bastoncitos inmóviles, con un bisturí le hizo en la base de cola un corte bien limpio
en el que le inserto delicadamente la astillita embebida de sangre. Coloco al ratón
en una jaula aparte, se lavó las manos. A la mañana siguiente encontró al ratón
boca arriba. Luego procedió a hacerle la disección, le extrajo el hígado y los
pulmones. Abrió el bazo y puso sobre un cristal una gota del líquido negruzco. Aquí
están los bastoncitos y los filamentos, tan abundantes en el cuerpo de este ratón
como en la gota de sangre que utilizó ayer para empapar la astillita. Este
procedimiento lo realizó durante un mes, y seguía observando los filamentos y
bastoncitos, que nunca logró descubrir en la sangre de los animales sanos.
Koch dice: “ estos filamentos tienen que estar vivos”. De una astillita con una gota
de sangre, se multiplicaron en miles de millones de bastoncitos, ¿ de qué manera
conseguirá ver cómo se desarrollan los bastoncitos dando lugar a la formación de
filamentos? Trata de conseguir que se desarrollen los filamentos fuera del cuerpo
del ratón.
Koch sabía poco y nada de los caldos de cultivo, pero va a intentar la multiplicación
de estos filamentos(que se parezca a la sustancia dentro del cuerpo del animal).
Con este fin puso un pedacito de bazo de ratón muerto, del tamaño de la punta de
un alfiles en una gota de humor acuoso de ojo de buey, pero los filamentos para
desarrollarse deben estar a una temperatura del cuerpo del ratón. Improvisa una
estufa de cultivo, en este aparato improvisado coloca dos láminas de cristal entre las
cuales había puesto la gota de humor acuoso de ojo de buey.
Al observar el microscopio notaba que otros microbios móviles y saltarines invaden
entre las láminas de cristal y ahogaban a los delgados y peligrosos bastoncitos del
carbunco.
Es imprescindible conseguir que los bastoncitos se desarrollen aislados. Y empezó
a ensayar un procedimiento. Colocar una gota de ojo de buey sano, recién
sacrificado en una lámina de cristal precalentada para destruir los microbios que
pudieran contaminar, en esta gota introdujo un fragmento de bazo recién extraído a
un ratón muerto de carbunco, le adhirió otra lámina de cristal gruesa. Así obtuvo su
muestra aislada de los otros microbios. Pasadas unas horas los bastoncitos en el
bazo comenzaron a multiplicarse, masas de filamentos. Ahora si sabia que estos
bastoncitos estaban vivos.
Uno solo se introduce en uno de estos animales, sin motivo alguno y se desarrolla
dando lugar a millones de seres semejantes esparcidos por todo el animal,
invadiendo sus pulmones y su cerebro.

Bacilos puros

Durante ocho días siguió realizando el procedimiento, pero solo con la muestra de la
gota pendiente llena de bastoncitos en otra gota de humor acuoso y siempre
comprobó que los escasos bastoncitos se multiplicaron. Obtuvo ocho generaciones
de bacilos sin necesidad de la presencia de cuerpo de animal alguno; los obtuvo
puros, separados de toda otra especie microbiana. En esta octava gota pendiente
no queda nada de tejido enfermo ni rastros del bazo del ratón muerto y se preguntó:
“ si inyecto estos bacilos una raron, a una oveja ¿seguirán multiplicándose? Estos
filamentos ¿son realmente la causa del carbunco?
Procede a introducir la gota pendiente de microbios de la octava generación bajo la
piel de un ratón sano y logra demostrar los filamentos, los bacilos procedentes de la
gota pendiente son tan mortíferos como los del bazo de una oveja muerta de
carbunco.
En este último ratón encontró Koch exactamente la misma especie de microbios,
que sin tener idea que estaban vivos, había descubierto mucho antes en la sangre
de la primera vaca muerta que examinó. Koch pudo demostrar que una
determinada especie de microbios era la causa de una enfermedad definida.

Le impedía conciliar el sueño

Koch al mirar estos bacilos de carbunco, tan poco resistentes, que mueren con tanta
facilidad en el microscopio.
¿Cómo pasan de los animales enfermos a los sanos?
Entre los ganaderos y veterinarios de toda Europa, circulaban varias explicaciones
supersticiosas en relación con el carbunco, por ejemplo: creencias extrañas sobre el
poder de esta plaga.
Como algo tan pequeño puede ocasionar una enfermedad terrible. Los ganaderos
necesitan saber, buscar alguna explicación del porqué sus vacas y ovejas gozan de
buena salud en algunos pastizales y mueren luego cuando son trasladadas a otros
campos donde también encuentran buenos pastos.
Entonces:¿Cómo podían estos bacilos resistir el invierno en los campos y en las
montañas durante años? ¿ Qué es lo que los conserva vivos en los campos,
mientras que en el espacio de dos días mueran sobre las láminas de cristal?
Hasta que un día, Koch asistió a un espectáculo curioso, a una extraña
transformación de los microbios que le dio la clave del misterio.
Koch halló la solución del enigma que convertía en lugares malditos las praderas y
las montañas en Francia.
Durante 24 horas Koch coloca una gota pendiente a la temperatura del cuerpo del
ratón y lo deja. Al examinarla al microscopio notó que presentaban distintas formas,
eran brillantes como cuentas de vidrio, y que estaban dentro de los filamentos. Los
bacilos se habían convertido en esporas. Entonces experimentó: tomó una gota de
humor acuoso de ojo de buey y la colocó sobre la mancha seca que habían dejado
los bacilos convertidos en cuentas. La sorpresa que le causó ver cómo las cuentas
volvían a convertirse en bacilos y más tarde en largos filamentos.
Ahí llegó a la conclusión: estas curiosas perlas brillantes han vuelto a convertirse en
bacilos ordinarios de carbunco. Por lo tanto las cuentas deben ser esporas de los
microbios, esa forma tan resistente que les permite soportar enfrió, calor y la
sequedad.
Koch se embarcó en una serie de ensayos para saber si era cierta su conjetura:
extrajo el bazo de varios ratones muertos por carbunco, los protegió de toda posible
contaminación, los conservo un día entero a la temperatura del cuerpo de ratón,
comprobando que todos los filamentos se transformaban en esporas brillantes como
cristal. Estas conservan su vitalidad durante meses, a las esporas las colocó en el
humor acuoso de ojo de buey o introduce con una astillita en la base de la cola de
un ratón, convirtiéndose en mortíferos bacilos.
Estas esporas no se forman en los animales vivos; sólo aparecen después que han
muerto y únicamente cuando se conservan bastante caliente.
Por eso, para eliminar la plaga todos los animales que mueren de carbunco
deben ser quemados, inmediatamente después de morir y si no es posible
deben ser enterrados a bastante profundidad, donde la tierra esté bien fría
para que los bacilos no puedan convertirse en esporas tan resistentes.

Ida y vuelta
Koch decide viajar a Breslau, por entonces pertenecía a Alemania, hoy es una
ciudad de Polonia, para contar al mundo que había logrado demostrar que microbios
eran la causa de las enfermedades.
Exhibir los microbios del carbunco, como mataban a los ratones, a exponer la
extraña manera que tenían de convertirse en esporas.
Allí se encuentra a 2 grandes amigos, profesores en la Universidad cuando estudió
medicina, al profesor Cohn y Cohemin. Ellos logran que Koch deje Wollstein, y se
radique en Breslau. Fue nombrado médico municipal, pero al poco tiempo debió
volver a su ciudad. Ser un hombre tan eminente no logró que las personas vayan a
atenderse a su consultorio.
Al regresar a Wollstein, entre 1878 y 1880, hizo grandes progresos en bacteriología.
Se compró una cámara fotográfica y comenzó otra de sus aventuras, aprendió a
teñir con diferentes sustancias colorantes toda suerte de microbios. La cámara de
fotos la adoptó el microscopio y aprendió a sacar fotografías de los microbios.
Koch pensaba: “Nadie se convencerá de la existencia de estos bichos mortíferos si
no los ven en fotografías”. Así fue como Koch empezó a tratar de poner orden en la
microbiología.
En 1880 fue llamado por el Gobierno alemán para formar parte, en calidad de
agregado especial del Departamento Imperial de Sanidad. Le dieron un hermoso
laboratorio, de ayudantes y dinero suficiente para continuar su investigación entre
colorantes, tubos y conejillos de India.

Koch no perdió la cabeza

En esa época muchos se querían convertir en cazadores de microbios, tanto era el


entusiasmo que despertó los microbios, que por un momento los descubrimientos
de Koch corrieron el peligro de quedar relegados.
Pero Roberto no perdió la cabeza en medio del peligro y se dispuso a buscar
un procedimiento que le permitiese obtener cultivos puros de los distintos
microbios.
Él tenía en claro que que un microbio, una sola especie microbiana origina una
enfermedad determinada. Por eso intenta hallar un método fácil y seguro para
cultivar cada microbio libre de toda contaminación.
Surge una incógnita: ¿cómo aislar una sola especie de microbios?
La respuesta es la siguiente: Koch miro la superficie del corte de media batata
cocida que habia quedado abandonada sobre una mesa del laboratorio, observo
que presentaba manchitas, una de color gris, otraroja, otra amarilla y otra violada;
estas manchitas deben estar constituidas por gérmenes del aire. Es ahí que las
examinó y observó por el microscopio, y al examinar la preparación encontró un
enjambre de bacilos y cada uno de ellos igual a sus millares de hermanos.
Entonces Koch examino los microbios de cada manchia de color que encontro.
Presentaban distintas formas, redonda, bastoncito y otros sacacorchos vivientes.
Todos los microbios de una misma manchita eran semejantes a sus hermanos.
Cada una de estas manchitas es un cultivo puro de una especie bien definida de
microbios, es una colonia pura de una sola especie microbiana.
Cuando caen los gérmenes del aire en los caldos de cultivo que venían empleando,
se entremezclan las diversas especies pero cuando caen sobre la superficie sólida
de una patata , cada uno tiene que permanecer en el lugar donde ha caído, se
queda adherido y allí se multiplica.

Es el momento de la tuberculosis

Koch se dispuso a seguir la pista de los diminutos mensajeros que transmiten


docenas de enfermedades asesinas. Y comenzó con la tuberculosis. Todo lo que se
sabía acerca de la tuberculosis era que se suponía causada por alguna especie de
microbio, puesto que los hombres enfermos podían transmitirla a los animales
sanos.
Koch se puso a trabajar, y obtuvo el material de un obrero de 36 años tuberculoso,
que gozaba de perfecta salud, empezó a toser, sentir dolor en el pecho, a los pocos
días falleció acribillado de tubérculos. Se observa que en los órganos presentaba
manchas amarillas-grisáceas.
Koch se dedicó a teñir de varios colores el material procedente del obrero, y luego
las frotaba el material tuberculoso en lámina de cristal y las mantenía varias horas
en un fuerte tinte azul. Observó que eran bacilos delgados, teñidos de azul y tenues.
Koch reitera el procedimiento, porque no podía sacar conjeturas sobre lo que vio,
pero en este caso lo hizo con todas las partes del cuerpo del obrero muerto.
Distingue que los bacilos siguen siendo tenues, grises y encorvados, nada
parecidos a los microbios encontrados en los miles de cuerpos de hombres y
animales sanos y enfermos examinados anteriormente.
Los conejillos de india y los conejos inoculados, presentaron síntomas muy
parecidos a los fallecidos, estos animales murieron. Koch lo examina y descubre
que tienen los mismos tubérculos, gris amarillento que habían llenado el cuerpo del
obrero muerto.
Koch dice: “los encontré por fin”.
Buscaba la manera de que estos microbios se multipliquen, a prueba y error realizó
varios ensayos y no le resultaron, tal vez estos bacilos de la tuberculosis sean
parásitos que se desarrollan en el cuerpo de los seres vivos, hasta que en un
momento logró un invento: su famoso medio de cultivo, la gelatina de suero
sanguíneo.
1. Las carnicería le proveyeron del suero fresco, la sangre coagulada de vacas
sanas recién sacrificadas
2. Las calentó para destruir los microbios extraños que pudieron haberle
contaminado
3. Vierte el suero en una docena de tubos de ensayo, colocándolos inclinados
4. Después los calentó cada tubo dando lugar a una gelatina transparente
5. Koch extrajo tuberculos amarillos grisaceos de un conejillo de india muerto en
grado maximo de tuberculos y con un alambre de platino que contiene los
tuberculos, frota los tubos de ensayo contenidos de la gelatina de suero y los
lleva a calentar a la estufa de cultivo a la misma temperatura que la del
cuerpo de los conejillos de india.
Pasado 15 días y al aproximarse a la estufa encontró cubierta la superficie del tubo
de ensayo de manchas brillantes y aterciopelada de la gelatina de suero. Con un
alambre de platino extrajo una de aquellas colonias escamosas, observó por el
microscopio y allí estaban incontables de bastoncitos retorcidos, los mismos que
había descubierto en un principio en los pulmones del obrero víctima de
tuberculosis.
Ahora lo que hizo es extraer bastoncitos mortíferos y provenientes de distintos
animales tuberculosos, los llevó a los tubos de ensayo con el suero de gelatina y
pasados unos días los inyecto estos cultivos puros de bacilos a conejillos sanos, a
toda clase de animales sanos(conejos, gallinas, ratas ratones y monos) e inclusive a
los animales en que nunca se encuentran tubérculos(tortugas, golondrinas, sapos,
anguilas, pez dorado).
Pasado unos días los animales que nunca se contagian de tuberculosis siguen
igual, sin ningún síntomas, en cambio aquellos animales que estaban más
predispuesta a contagiarse de la enfermedad murieron.
Por fin descubrió el bacilo verdadero causante de la tuberculosis
Pero recordó una cosa por hacer, seguramente las personas pescan estos bacilos
con el polvo del aire o con las gotitas al toser de los enfermos de tuberculosis.
Koche se pregunta: ¿ Podrán contagiarse del mismo modo los animales sanos?
Lo último que hizo fue encerrar en una jaula conejillos de india, conejos y ratones,
pulveriza de bacilos el lugar y luego de semanas ve que estos animales mueren,
todos habían muerto víctimas de la tuberculosis.

Honor y gloria

Robert Koch (Figura 17) recibió en 1905 el Premio Nobel de Fisiología y Medicina
por sus trabajos sobre tuberculosis. Koch no abandonó nunca su esperanza de que
la tuberculina en última instancia pudiera curar la tuberculosis y nunca se retractó de
su afirmación.
En reconocimiento de la importancia del día en que Koch notificó su descubrimiento,
el 24 de marzo de 1982, un siglo después, la Organización Mundial de la Salud
(OMS) y la Unión Internacional Contra la Tuberculosis y las Enfermedades
Respiratorias (UICTER) patrocinaron la realización del primer Día Mundial de la
Tuberculosis, con el objetivo de “educar al público sobre las devastadoras
consecuencias económicas y de salud que causa la tuberculosis, su efecto en los
países en desarrollo y su impacto continuo y trágico en la salud global”,151 evento
que se celebra desde entonces cada año en todo el mundo, como una oportunidad
de educar sobre los efectos de la tuberculosis y de cómo se puede controlar y, por
supuesto, para conmemorar la vida y la obra de uno de los genios cazadores de
microbios.

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