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Capitulo 1

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Capítulo 1

La investigación
científica

Objetivos:

El estudiante, al leer con atención este capítulo y realizar los ejercicios que se presen­
tan al final, habrá aprendido nociones generales relacionadas con la investigación.
Específicamente logrará los siguientes objetivos:
• Valorar la ciencia como una práctica humana y reconocer su importancia en las
distintas disciplinas.
• Comprender en qué consiste la investigación y qué es el método científico.
• Identificar las fases del proceso de investigación.
• Comprender las motivaciones que rigen a los trabajos de investigación, así como
el papel de la ética en la práctica de la ciencia.
4 Investigación. Fundamentos y metodología

LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA
Este capítulo busca introducir al lector en el tema de la investigación, familiarizarlo
con eso que llamamos ciencia. Es útil ver el origen, de dónde provienen las cosas, para
tener una idea más clara de lo que después llegan a ser. Una mirada retrospectiva nos
ayuda a ver cómo fueron los inicios de algunas de las ciencias. Si eso lo hace reír y
disfrutar al mismo tiempo, ¡qué bueno!
Este capítulo también muestra que la organización del proceso investigativo es
fundamental. Si comparamos la investigación con una mesa de cuatro patas, entonces
diremos que es un sistema en donde todas sus patas deben estar al mismo nivel y de­
ben ser de la misma madera. Esto no significa que la primera mesa que el estudiante
haga —es decir, el primer proyecto de investigación— tenga todas sus partes perfecta­
mente coordinadas, pero sí que pueda identificar si alguna es más larga que las otras.
Como en toda disciplina, hay claves para que cada quien coseche la satisfacción
de sentir su avance sólido en el aprendizaje de los fundamentos de la investigación;
para ello debe leer el texto con atención e interés, así como reflexionar y ampliar su
conocimiento, buscando más información en otros libros y en Internet. Otra forma
de reflexionar y ampliar lo leído consiste en hacer los ejercicios que se presentan en
el texto.
¡Buen viaje en esta aventura de la investigación!

1.1 Qué es investigar


Investigar es una palabra que suena a muchas cosas, ¿verdad? Algunos la asocian con
búsqueda, otros con descubrimientos novedosos; alguien más pensará en premios
Nobel; otros la asociarán con experimentos y algunos hasta con magia o detectives. Es
pertinente preguntar si sólo los científicos hacen investigaciones, o bien, si cualquiera
puede hacerlas. Puede surgir otra pregunta: ¿en qué condiciones uno puede ser tam­
bién investigador?
Es conveniente preguntarse qué relación hay entre esa palabra que ahora intere­
sa aclarar —investigación— y otra que también se asocia con ella: conocimiento. Se
dice que en nuestra época hay muchos conocimientos
acumulados, que vivimos en una sociedad del cono­
cimiento, que la clave para que las empresas crezcan
y se desarrollen es su capacidad de construir el propio
conocimiento. También se dice que el conocimiento se
conserva en los libros y que la lectura es clave para las
personas exitosas o que quieren serlo. A propósito, ¿será
que el conocimiento sólo se encuentra en los libros?
¿Qué diferencia hay entre éstos e Internet como fuentes
de consulta?
Investigar viene del latín in, que significa “hacia
algo”, y vestigium, “vestigio, huella”. Así que investigar
originalmente era ir detrás o en busca de las huellas; se
refería al cazador que iba detrás de las pisadas del ani­
mal que le interesaba como presa para alimentarse. Las
acciones y las circunstancias han cambiado, pero queda
Figura 1.1 Investigación científica. lo esencial: la búsqueda a partir de los indicios.
Capítulo 1 La investigación científica 5

La investigación es una herramienta utilizada por las personas y la sociedad para


aclarar dudas y problemas y, de paso, aumentar el conocimiento sobre algo. El ciuda­
dano común no está tan interesado en la ciencia y la investigación, pero sí se beneficia
de sus resultados, como lo demuestra la gran cantidad de aparatos y tecnologías que
usan cotidianamente. El ciudadano común tampoco se da cuenta de que la tecnología
y los conocimientos de nuestrosInvestigación
días tienendocumental
como base las investigaciones realizadas
durante muchos siglos y por infinidad de científicos.
Esas relaciones se pueden visualizar de una manera que parece familiar:

Ciencia Conocimiento Tecnología

Ortega y Gasset (1968), un filósofo español de la primera mitad del siglo xx, ha­
blaba de “este sacramento moderno de la investigación”; con ello se refería a los sor­
prendentes resultados de un fenómeno que se vivía en Europa y Estados Unidos en su
época: la fabricación de nuevas herramientas y sistemas de vida con base en la inves­
tigación y la industrialización.
Algunas expresiones sobre el conocimiento, provenientes de otros autores, aclaran
un poco más el concepto de lo que es ciencia, investigación y conocimiento:
“Si somos capaces a veces de ver más lejos, es porque estamos subidos sobre los
hombros de nuestros predecesores” (García, 2000: 11). El conocimiento, efectivamente,
es como una pirámide; se construye poco a poco sobre los cimientos o bases que otros
han puesto. No hubiera sido posible inventar los telescopios si antes no se hubieran
desarrollado lentes de aumento; no se hubieran podido predecir los eclipses si antes no
hubiera habido sistemas de numeración y medición de las distancias en el espacio. No
podríamos tomar fotografías si no se hubiera desarrollado la precisión de los lentes.
“Mejor es dudar en lo que no sabemos que porfiar en lo que no está determina­
do”, decía San Agustín. Porfiar es afirmar ciegamente y es grave hacerlo sustentado
en rumores. Por ejemplo, alguien dijo que las personas que viven a la orilla del mar
son perezosas y otros repiten esta frase. ¿Sabemos o porfiamos que es así? ¿Se trata de
“pereza” o de ritmos de vida diferentes? La actitud científica
induce a la duda razonada, a preguntar por la veracidad de
algo y, más todavía, por los fundamentos de una “verdad”.
Como según dijo otro santo, Santo Tomás: “Hasta no ver no
creer”. Eso sí, si somos consecuentes, también debemos po­
ner en duda esta afirmación.
El conocimiento es resultado de las investigaciones que
por siglos han realizado individuos, grupos, universidades o
países. Albert Einstein, ese genio que desarrolló la teoría de
la relatividad y cuyos conocimientos dieron lugar a la bomba
atómica, ¿habría surgido sin que antes de él Arquímedes y
Newton desarrollaran teorías científicas en el mismo campo
de estudio? Él también afirmó que no todo lo que puede ser
contado es importante y que lo importante no necesariamen­
te puede ser contado. ¿Qué quiso decir, en otras palabras?
La ciencia está hecha por hombres y mujeres de carne y
hueso, que aciertan y se equivocan, que se atreven a explorar Figura 1.2 Albert Einstein.
6 Investigación. Fundamentos y metodología

terrenos desconocidos. Paul Languevan afirma: “No hay nada como ir a las fuentes,
ponerse en contacto tan frecuentemente como sea posible con quienes han hecho cien­
cia… Nada mejor que leer las obras de los científicos de otros tiempos y vivir con
nuestros contemporáneos para penetrar en el pensamiento de unos y otros” (citado
por Brezinski, 1993: 6).

1.2 Curiosidad, conocimiento y desarrollo


Parte de lo interesante es que cada ser humano puede crecer y progresar en sus cono­
cimientos todos los días; se tengan o no inmensas bibliotecas y laboratorios, cada
quien puede investigar. Entonces, ¿cuál es el punto de partida fundamental para hacer
investigación?: la curiosidad, ese gusanito interior, o interés, que nos empuja a querer
saber, aclarar o profundizar el conocimiento de algo.
La curiosidad es importante, pero no es suficiente para decir que quien la tiene es
ya un científico. La curiosidad debe formalizarse en ideas claras y proyectos de investi­
gación. La investigación está hecha por las personas, pero, generalmente, la organizan
y financian las empresas, las instituciones o los gobiernos porque es cada vez más cara y
requiere de equipos y financiamiento. Muchas veces se habla o escribe de “I&D”, es
decir, Investigación y Desarrollo: con ello se trata de medir cuánto gasta una empresa o
país en generar nuevos descubrimientos y productos. Se asume que cuanto mayor sea
el porcentaje gastado en este rubro mejores bases se están sembrando para la producti­
vidad y el bienestar futuros. Una medicina con la que ahora contamos supone enormes
esfuerzos de investigación previa, notables cantidades de recursos invertidos.
A veces se habla también de una política de investigación; esto es, los criterios,
prioridades y recursos que se destinan por parte de los gobiernos para fomentar la
investigación en un país. Es interesante comparar la inversión relativa en I&D entre
unos y otros países. ¿Cómo está el nuestro en este aspecto?

1.3 Un poco de historia

Arquímedes (280 o 290-211 o 212 a.C.)


Fue un pensador griego; desde hace más de dos mil años pedía
que le dieran un punto de apoyo y con eso movería el mundo.
¿De qué punto de apoyo hablaba Arquímedes? De un punto
conocido, algo que se supiera con claridad, para que a partir de
allí siguiera avanzando hasta mover el mundo. Arquímedes
descubrió por qué en el agua flotan las cosas pesadas, más
pesadas que el agua, y descubrió muchas cosas más, se adelan­
tó a su tiempo. Hoy el conocimiento mueve al mundo y, cierta­
mente, es como una gran palanca.
A los griegos —con razón— se les atribuyen diversas ha­
zañas del pensamiento; la investigación, como idea y como
práctica, no es una excepción. Tales de Mileto, Hipócrates,
Anaxágoras, Anaximandro, Pitágoras, Empédocles, Herodoto
son personajes con quienes la investigación tiene diversas deu­
das. “La Historia, para los griegos o helenos, podría traducirse
Figura 1.3 Arquímedes. en lo que hoy denominamos investigación, indagación, averi­
Capítulo 1 La investigación científica 7

guación. Su desarrollo se efectuaba escuetamente mediante la


definición previa de un problema, que adoptaba la forma de una
pregunta rectora que se buscaba satisfacer; luego, apelando a los
datos que podrían recogerse, debía razonarse hasta encontrar la
respuesta o posibles respuestas a la interrogante inicial” (Sabino,
1996: 39­40).

Herodoto (484-430 o 420 a.C.)


Recorrió el mundo cercano a Grecia observando hechos y reco­
giendo testimonios, interrogando a quienes le parecían confiables
informantes. Escribió su Historia con base en la información reco­
pilada sobre hechos políticos y militares. Describió el ave fénix, Figura 1.4 Herodoto.
aunque sólo la vio pintada; distinguió entre lo que vio y lo que
le relataban; cotejó versiones de una misma historia y buscó
pruebas para confirmarlas. Procuró apartarse del dogmatis­
mo; fue un auténtico precursor del pensamiento científico.

Galileo Galilei (1564-1642)


Es un personaje cuya historia merece la atención de quien quie­
ra tener idea de lo que es ser mártir de la ciencia. En ocasiones
se afirma que la ciencia moderna comienza con él; tal afirma­
ción se fundamenta en dos rasgos de su trabajo: procuraba
realizar experimentos y la cuantificación de los fenómenos
que estudiaba. Después de llevar a cabo muchas investigacio­
nes, publicó dos libros de difusión: Diálogo de los dos principales
sistemas del mundo y Diálogo sobre las dos nuevas ciencias; al pu­
blicarlos tenía 68 y 74 años de edad, respectivamente; el se­
gundo cuando ya estaba casi ciego. Para ser buen científico no
Figura 1.5 Galileo Galilei.
hay límites de edad.
La economía parece una ciencia que siempre ha existido,
pero no es cierto. Como disciplina formal no tiene más de tres si­
glos y se fundó a través de las primeras observaciones del escocés
Adam Smith, quien se preguntó cómo se generaba la riqueza de
las naciones. Éste es precisamente el título de uno de sus libros:
Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations, general­
mente traducido sólo como La riqueza de las naciones. Vale la pena
darle una hojeada y también conocer un poco sobre su biografía.

Adam Smith (1723-1790)


“Las personas se conducen por el interés individual y egoísta de
cada uno”; así pensaba Adam Smith. El mercado, según él, es un
mecanismo regulador de los precios. Smith escribió lo siguiente: Figura 1.6 Adam Smith.
8 Investigación. Fundamentos y metodología

Every individual is continually exerting himself to find out the most advantageous
employment for whatever capital he can command. It is his own advantage, indeed,
and not that of the society, which he has in view. But the study of his own advantage
naturally, or rather necessarily, leads him to prefer that employment which is most
advantageous to the society.

Es importante reconocer la importancia de los fundadores de una ciencia, de las


personas que pusieron los cimientos de una disciplina, en el caso de la economía,
Adam Smith; sus sucesores que tienen aspiraciones y actitud científica deben captar
exactamente lo afirmado por un autor; también deben preguntarse si tal afirmación es
válida y qué parte de lo afirmado es cierto y qué parte debe ser verificado o sometido
a discusión. Adam Smith, por ejemplo, aseguró que las personas se conducen por el
interés individual y egoísta de cada uno. Vale la pena preguntarse si es así, si todas las
personas lo hacen y también qué significa el “interés individual y egoísta”. También
dijo que el mercado era un mecanismo regulador de los precios, “la mano invisible”
que establece los precios. En este caso, sería conveniente preguntarse si siempre, en
todos los lugares y épocas, opera tal mano invisible, si no hay momentos y circuns­
tancias donde no suceda. La revisión crítica es una de las características esenciales del
oficio de todo investigador.

Leewenhoek, primer cazador de microbios


En su libro Los cazadores de microbios, cuya lectura se sugiere,
Lazzaro Spallanzani presenta una vívida descripción de uno de los
científicos más notables y olvidados, de un pionero de la investi­
gación microbiológica.
“Leewenhoek fue el primero en asomarse a un mundo
nuevo, poblado de millares de especies de seres pequeñísi­
mos… Cuando en Leewenhoek nació el deseo de hacer
investigaciones, la investigación científica aún no había llegado
a ser una ‘profesión’, era aquél un mundo en que la ciencia empe­
zaba a ensayar sus primeros pasos, la ciencia que no es otra cosa
sino el intento de aproximarse a la verdad mediante la observa­
ción cuidadosa y el pensar despejado… ¡Qué divertido debía ser
mirar a través de una lente y ver cosas de tamaño mayor a
simple vista! Pero, ¿comprar lentes? ¡No sería Leewenhoek
quien tal hiciera! ¡Jamás se dio hombre más desconfiado!
¿Comprar lentes? ¡No; él se las fabricaría!”
Leewenhoek, olvidando a su familia, sin preocupar­
se de sus amigos, trabajaba a altas horas de la noche,
inclinado sobre sus lentes acrisoles, y él mismo decía
de sus convecinos: “Hay que perdonarles vista su
ignorancia”. Vivía satisfecho, no tenía otro deseo
que examinar con sus lentes cuanto caía en sus
manos. Pasó horas enteras mirando la lana de oveja
y los pelos de castor y liebre que, de finos filamentos, se
trasformaban, por virtud de su pedacito de cristal,
Figura 1.7 Los primeros en troncos gruesos; disecó cuidadosamente la
microscopios permitieron acercarse cabeza de una mosca, ensartó la masa encefálica
a un mundo antes invisible. en la finísima aguja de su microscopio, miró y
Capítulo 1 La investigación científica 9

quedó asombrado. Era Leewenhoek como un cachorro que olfatea todo lo que tiene a su
alrededor sin asco, sin tino ni respeto.
Y así continúa Spallanzani su descripción de los esfuerzos obsesivos de Leewenhoek.
Es interesante destacar que este científico no hacía trazos ni dibujos de lo observado a
través de sus lentes “hasta que después de mirar cientos de veces la misma cosa en idén­
ticas condiciones, estaba seguro de que no había variación alguna”. Pensaba que “hasta
el observador más experto puede equivocarse”.
Por aquel tiempo, en Inglaterra, un grupo de curiosos fundó una sociedad científica;
uno de sus miembros, el señor Graaf, se interesó en observar a través de aquellas diminu­
tas lentes sin igual en Europa. Después de hacerlo, Graaf escribió a sus colegas de la Real
Sociedad los novedosos descubrimientos de Leewenhoek.
¿Por qué fue tan difícil descubrir los microbios? Cuando nació Leewenhoek no exis­
tían microscopios sino lupas o cristales de aumento. El esfuerzo por elaborar mejores
lentes fue un paso previo para que un día se observaran microbios en una pequeña gota
de límpida agua de lluvia. Spallanzani se pregunta: “¿Y a quién si no a un hombre tan
extraordinario se le habría ocurrido dirigir su lente hacia un objeto tan poco interesante:
una de los millones de gotas de agua que caen del cielo?” Es difícil pensar qué pudo sen­
tir este científico al observar que del cielo caían cosas impuras. Se dio cuenta de que había
tomado agua de los canales de su casa y que a lo mejor de ahí venían los bichitos.
Después de ver a través de su lente, llama a su hija María, de 19 años: “¡Ven aquí!
¡Date prisa! ¡En el agua de lluvia unos bichitos… nadan! ¡Dan vueltas! ¡Son mil veces más
pequeños que cualquiera de los bichos que podemos ver a simple vista!… ¡Mira lo que he
descubierto!” Leewenhoek estaba dando un gigantesco salto en favor de la ciencia, la
salud y el bienestar de la humanidad.

Fuente: Spallanzani, L., Los buscadores de microbios, Disponible en la red.

1.4 De la curiosidad a la rigurosidad


El conocimiento es como una pirámide: al realizar una investigación generalmente
estamos en la parte alta de esa pirámide construida con el esfuerzo de muchas perso­
nas que han pensado, escrito e investigado sobre determinado asunto. Cualquiera que
sea nuestra disciplina o campo de estudio, es
importante saber quiénes pusieron los primeros
peldaños o gradas, cuál es su origen.
En la base de una gran teoría, descubrimien­
to o invento hay diversos pasos previos que hi­
cieron posible lo que en determinado momento
es un gran éxito. Detrás de un Premio Nobel está Conocimientos
en proceso
el esfuerzo de investigadores menos reconocidos
y famosos, que años o siglos antes pusieron los
Conocimientos
cimientos del edificio de la ciencia. recientes
Si por un momento se piensa en el investi­
gador como un detective, la idea nos resulta más
Conocimiento
clara. Tal es el caso del británico Sherlock Hol­
mes cuando trata de aclarar misterios, como sería
el caso de establecer quién cometió un crimen. Esquema 1.1 El triángulo del
Procede observando cuidadosamente las huellas conocimiento.
10 Investigación. Fundamentos y metodología

o señales dejadas; luego se pregunta qué dicen las pistas para explicar el asunto y
determinar quiénes fueron los autores y cuáles los motivos que llevaron al criminal
a cometer una atrocidad. A partir de señales visibles y con mentalidad imaginativa y
analítica, el detective va hacia atrás, aclarando un misterio. En la vida cotidiana a ve­
ces hacemos de detectives cuando observamos la forma y los colores de una nube con
la interrogante de si va o no a llover más tarde. En tales casos, queremos ser más que
detectives: queremos adivinar el futuro.
La persona que posee una buena dosis de curiosidad tiene dentro de sí la semilla
de la ciencia; eso sí, no basta con observar indicios y tratar de predecir fenómenos. La
curiosidad es el punto de partida, pero no es suficiente. A ese deseo ferviente de saber
algo hay que darle forma y orden. Que una persona tenga el deseo de saber si los japo­
neses prefieren el café respecto al té, está muy bien, pero no es suficiente con que llame
a la embajada de Japón y le pregunte a la recepcionista si a ella le gusta más el té o el
café. Esa llamada puede ser el punto de partida. También es magnífico que alguien esté
ansioso por saber si la tecnología destruye el ambiente; pero es necesario dar varios
pasos sucesivos para aclarar y resolver tan ecológica inquietud.
Al releer el enunciado del problema que nos interesa se nota un error en el plantea­
miento mismo: “Saber si la tecnología destruye el ambiente”. El error consiste en que
“tecnología” y “ambiente” son términos vagos, imprecisos. Para terminar por arruinar
el planteamiento se dice que la tecnología “destruye el ambiente”; piénselo bien y
concluirá que está ante una ensalada de palabras. Para establecer la base firme de una
investigación después de plantear situaciones y problemas observados tenemos que
concluir formulando una pregunta de investigación.
El tema de la pregunta de investigación es relevante y se aborda, con amplitud y
ejemplos, más adelante en este libro; por ahora sea suficiente decir que si la pregunta
no está bien planteada, con precisión y concisión, empezamos mal, y nadie quiere co­
menzar mal al emprender una tarea.
Ser rigurosos es importante e imprescindible cuando practicamos la ciencia. Se
trata de un ideal, algo difícil de conseguir. La rigurosidad se fundamenta en actitudes
como la honestidad, la responsabilidad o el profesionalismo. En algunos casos la rigu­
rosidad no depende sólo del investigador, sino de las empresas o de las instituciones
de las cuales se forma parte. El contexto en el que trabajamos haciendo investigación
condiciona, para bien o para mal.
Como afirman tres compatriotas de Sherlock Holmes: “Lo que importa realmente
es que nuestros trabajos sean, en la medida de lo posible, abiertos y transparentes en
lo concerniente a las intenciones, metodología,
análisis y descubrimientos” (Blaxter, Hughes y
Tight, 2000).
Como se aprecia, la ciencia al ser rigurosa no
está reñida con la ética. Karl Popper, un filósofo
de la ciencia, afirma que “la característica distin­
tiva de los enunciados científicos reside en que
son susceptibles de revisión (es decir, en el hecho
de que pueden ser sometidos a crítica y reempla­
zados por otros mejores)”. Y aún va más allá en
sus notas precautorias: “La ciencia no es un sis­
tema de enunciados seguros y bien asentados…
Figura 1.8 La tecnología: ¿enemiga del ambiente? Nunca se puede pretender que se ha alcanzado
Capítulo 1 La investigación científica 11

la verdad, ni siquiera el sustituto de ésta, que es la probabilidad” (Gutiérrez y Brenes,


1971: 111).
Las palabras son instrumentos que nos permiten entendernos; sin embargo, para
un buen entendimiento es necesario usarlas con precisión: no le podemos llamar “co­
sas” a todos los objetos, no le podemos llamar “capricho” a todas las actitudes, “utili­
dad” a los ingresos, “utensilios” a las máquinas. Desde hace más de 300 años, Descar­
tes pedía que las ideas fueran claras y distintas y, lamentablemente, a veces no poseen
ni una ni otra característica y, en consecuencia, las exponemos confusas y mezcladas.
Cuando se escucha una exposición a veces dan ganas de preguntarle al expositor: ¿Qué
afirma? ¿De quién habla? ¿Qué hace ese sujeto? ¿Dónde ocurrió eso? ¿Cuándo ocurrió?
A menos que estemos leyendo poesía, en cuyo caso es conveniente que haya polisemia,
que las palabras tengan un significado abierto y múltiple.
Otra dimensión de la exigencia científica de rigurosidad es la medición o cuantifi­
cación de fenómenos. Cuando platicamos entre amigos o en una reunión social pode­
mos decir que muchos consumidores prefieren las marcas de moda, que por lo regular
la gente sale a la playa en Semana Santa, que siempre hay calor al medio día. Las
palabras “muchos”, “por lo regular”, “siempre” son inadmisibles en la terminología
científica. Aquí se demanda un lenguaje preciso y en lo posible numérico, fruto de
mediciones comprobables, que cualquiera puede verificar.
No todo se puede cuantificar: no podemos establecer el porcentaje de afecto, pero
sí qué tan afectuosa es la gente de nuestro país; con instrumentos apropiados podemos
establecer cuánto pesa la emoción en la toma de decisiones. El reto radica en contar con
instrumentos adecuados para aquello que deseamos medir o cuantificar.
En el fondo, de lo que estamos hablando es de objetividad. Ser objetivos es lo con­
trario de ser subjetivos. Somos subjetivos cuando decimos “me parece que…”, “creo
que…”. Pero a veces no hace falta que empleemos tales expresiones para opinar al dar
puntos de vista sin bases. Ser objetivos es algo fundamental en nuestra aproximación
a los objetos de estudio, en la construcción del conocimiento.

¿Existen las torres de cristal?


A veces se dice que un científico necesita estar en su torre de cristal, que se aísla de los
problemas y circunstancias de la vida real, llena de pasiones y complicaciones, humanas
y sociales; que desde ahí, él es capaz de ver objetivamente las situaciones y los fenómenos y
de aportar soluciones “puras” y óptimas.
¿Existen las “torres de cristal”? ¿Es posible aislarnos de las noticias diarias del perió­
dico, de los problemas familiares, de los costos de la canasta básica, de lo bien o mal que
hace su trabajo un gobierno o un partido político? Podemos y debemos hacer un esfuerzo
por aislar tales fenómenos de los que ocupan nuestra atención. Pero ningún científico tra­
baja en el vacío. Einstein y varios otros científicos y humanistas tuvieron que emigrar a
Estados Unidos cuando no podían pensar y crear con amplitud en la Alemania de Hitler.

La investigación no es una actividad totalmente objetiva llevada a cabo por científi­


cos imparciales y desapasionados… Es una actividad social poderosamente influida
por las motivaciones y valores del investigador. También se la emprende dentro de
un contexto social más amplio, en el cual la política y las relaciones de poder deter­
minan, en parte, qué se entiende por investigación, cómo se realiza, si la información
aportada se dará a conocer y cómo y, en caso de ser así, si se actuará basándose en
esos datos (Blaxter, Hughes y Tight, 2000).
12 Investigación. Fundamentos y metodología

1.5 La sociedad (y la empresa) del conocimiento


Probablemente ya hemos escuchado esta afirmación: vivimos en la sociedad del cono­
cimiento. ¿Qué quiere decir? Que ahora ya no son tan determinantes la materia prima,
el trabajo y las máquinas para “producir”, que la información es un valor que se com­
pra y se vende; en ningún momento como en el que se vive a principios del siglo xxi
la humanidad ha tenido y manejado tal cúmulo de conocimientos e información. Ésta
es ahora importante para tener éxito, así se trate de personas, empresas, instituciones
o países.
Una persona que estudie una carrera y sea capaz de adquirir, procesar y adminis­
trar información de manera eficaz tiene alta probabilidad de ser un profesional exitoso.
Una empresa capaz de producir y acumular sus propias “recetas” tendrá mejores po­
sibilidades de rentabilidad que una que sólo cumple rutinas o se basa en información
producida en otros ambientes, realidades o empresas. Un país poseedor de técnicos y
profesionales generadores de nuevos conocimientos podrá competir con otras nacio­
nes en los campos donde tenga sabiduría acumulada. No vivimos sólo en un mundo
donde hay “guerra comercial”, vivimos en un mundo en donde la economía supone
administración del conocimiento. Éste es un punto para reflexionar.
Aquí enunciamos dos cosas que quizá parezcan dudosas, polémicas e incluso in­
creíbles. En primer lugar, no existen los campesinos, los empresarios, las curvas de
crecimiento, las ventajas competitivas: éstas son palabras utilizadas para describir una
realidad. Un campesino, por ejemplo, es una persona que hace distintas actividades
(sembrar maíz, vender en el mercado, comprar refrescos, cosechar, guardar semillas,
etcétera). Por realizarlas es que le llamamos “campesino”. Esta palabra es una cons­
trucción mental para organizar la realidad, así como para comunicarnos y entendernos
unos con otros.
En segundo lugar, las causas de los fenómenos no son observables; sólo las infe­
rimos, vale decir, las imaginamos a partir de observar los fenómenos que queremos
relacionar. La disminución de la pesca en un lago, ¿se debe al empleo de nuevos instru­
mentos de pesca o a la introducción de una especie voraz que depreda a otros peces?
¿O a una causa diferente? Si nuestras observaciones fueron inadecuadas o incompletas
damos un salto al vacío cuando decimos “las causas de tal y tal fenómenos son…”.
Recomendamos tener mucho cuidado cuando hablamos de “la causa de tal y tal fenó­
menos”. ¿Cómo podemos estar seguros de que
algo es “la causa” de otra cosa?
Con la investigación sucede lo mismo que
con cualquier otra habilidad. Confucio, ese sa­
bio chino que vivió hace más de dos mil años,
ya lo decía: “Díganme y olvidaré; muéstrenme
y recordaré; déjenme participar y yo entende­
ré”. Así es, aquello que practico lo hago parte
de mis conocimientos, pero no podemos con­
cluir simplemente diciendo: ¡a investigar se ha
dicho! Eso equivale a lanzar a alguien a un lago
porque queremos que aprenda a nadar. Para
cualquier empresa uno debe prepararse. Esto in­
Figura 1.9 La formación de profesionales de cluye aprender a partir de lo que otros han hecho,
calidad garantiza el progreso de un país. de sus éxitos y sus fracasos, tomar en cuenta la
Capítulo 1 La investigación científica 13

pirámide del conocimiento, de la que ya se habló antes. A investigar se


aprende investigando, es cierto, pero dando pasos ordenados.

1.6 El proceso de investigación


Es importante tener clara esta idea: cada uno de nosotros puede partici­
par en la construcción del conocimiento. Es más, un profesor no nos
puede trasladar “su” conocimiento, sólo nos da señales verbales, en la
pizarra o a través de la proyección. Conocer algo es acercarnos indivi­
dualmente a ese objeto o fenómeno: podemos partir desde la indiferen­
cia (a mí no me importa ese edificio, ese libro, esa persona, esa idea)
hasta alcanzar profundo interés y empatía (yo quiero acercarme y cono­
cer ese edificio, ese libro, esa persona, esa idea).
El siguiente esquema ilustra la interrelación entre la investigación
y otras partes del proceso de conocimiento de la realidad. En la prácti­
ca, por supuesto, las cosas no son tan lineales ni directas, nos saltamos
etapas. El esquema también puede ser un círculo y tener otras partes o
elementos. Esa nueva representación se plantea como reto al lector.

Identificación de un problema Figura 1.10 Confucio.

Investigación documental

Pregunta de investigación

Marco teórico y contextual

Fijación de objetivos

Elección de métodos y técnicas

Investigación de campo

Análisis e interpretación de datos

Redacción y presentación de informe

Esquema 1.2 Fases del proceso de investigación.

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