Rev Peru Med Exp Salud Publica. 2020;37(1):164-8.
HISTORIA DE LA SALUD PÚBLICA
EL TERREMOTO DE 1746 Y SU IMPACTO EN LA
SALUD EN LA CIUDAD DE LIMA
Carlos Carcelén 1,a
, Daniel Morán 1,b
, Laura Amador 1,c
1
Universidad San Ignacio de Loyola, Lima, Perú.
a
Magíster en Historia de América; b doctor en Historia; c bachiller en historia.
RESUMEN
Durante el siglo XVIII la ciudad de Lima fue afectada por una serie de desastres de origen natural y de
epidemias que mermaron tanto la población como la producción agrícola. A continuación, analizaremos
el caso del terremoto producido en Lima el 28 de octubre de 1746 y su impacto en el sistema de salud de
la ciudad. Dada la magnitud de su destrucción en la infraestructura y el alto número de muertes, marcó
un hito en la sociedad limeña de la época.
Palabras Claves: Terremotos; Epidemias; Perú (fuente: DeCS BIREME).
THE EARTHQUAKE OF 1746 AND ITS IMPACT ON
HEALTH IN THE CITY OF LIMA
ABSTRACT
During the 18th century, the city of Lima was affected by a series of natural disasters and epidemics that
depleted both the population and agricultural production. Next, we will analyze the case of the earth-
quake in Lima on October 28, 1746 and its impact on the city’s health system, given the magnitude of
the destruction of infrastructure and the high number of deaths it marked a milestone in Lima’s society
at the time.
Keywords: Earthquakes; Epidemics; Peru (source: MeSH NLM).
TERREMOTO, DESTRUCCIÓN Y EPIDEMIA EN 1746
Hasta antes de que el terremoto ocurrido en 1746 destruyese Lima y Callao, en la capital vi-
rreinal se registraron catorce terremotos en los años 1582, 1586, 1609, 1630, 1655, 1687, 1694,
1699, 1716, 1725, 1735, 1734 y 1743, siendo el de 1746 el más destructivo (1). Se puede observar
la constante destrucción de la infraestructura hidráulica de Lima y su entorno productivo ori-
ginado por una serie de sucesivos terremotos, que son resumidos en la investigación de María
Eugenia Petit-Breuilh Sepúlveda para toda la época colonial (2) y en el catálogo publicado por
Lizardo Seiner Lizárraga (3) para los siglos XV al XVIII.
El 28 de octubre de 1746 a las 10:30 de la noche (4), Lima fue sacudida por un terremoto que
dejó unas 1300 personas muertas (5) mientras que en El Callao el número fue mayor, unos 3800
muertos (2), ya que el sismo fue seguido por un tsunami, con olas de entre 10 y 24 metros (6). En
total se puede hablar de la pérdida del 8% de la población total de Lima y Callao, que se calcu-
laba en unos 65 000 habitantes en esos años (4). Se calcula la fuerza sísmica en 8.4° en la escala
Citar como: Carcelén C, Morán Richter. La severidad del terremoto fue tal, que la intensidad en la escala Mercalli Modificada se
D, Amador L. El terremoto de
1746 y su impacto en la salud en ha estimado en X-XI, lo que indica un grado de destrucción altísimo (1).
la ciudad de Lima. Rev Peru Med Respecto a los daños se requirió la reconstrucción de «las fortificaciones y población de
Exp Salud Publica. 2020;37(1):164-
68. Doi: https://doi.org/10.17843/ El Callao, al igual que los dos edificios más significativos de la capital: el palacio virreinal y
rpmesp.2020.371.4547 la catedral. Los principales hospitales, conventos y templos sufrieron derrumbes y grandes
_________________________________ destrozos, únicamente permaneció ilesa la iglesia de San Francisco y la de Santo Domingo
Correspondencia: Carlos Carcelén;
sufrió daños menores» (7).
[email protected] Pérez-Mallaína (3), usando los testimonios de Eusebio Llano Zapata y del arzobispo de
_________________________________ Lima Pedro Antonio Barroeta, describe la tragedia de las epidemias posteriores al terremoto:
«Como es natural, el hacinamiento, la carencia de higiene y la exposición a las inclemencias
Recibido: 19/05/2019
Aprobado: 22/01/2020
del tiempo y el hambre, ‘puerta franca de las pestes y llave maestra de las enfermedades’, ter-
En línea: 23/03/2020 minaron por desencadenar epidemias, entre ellas las de ‘tercianas’, los ‘dolores pleuríticos’, los
164 https://doi.org/10.17843/rpmesp.2020.371.4547
Rev Peru Med Exp Salud Publica. 2020;37(1):164-8. Carcelén C et al.
‘efluvios de vientre’ y el temible ‘tabardillo’, es decir el tifus». miasmas eran entendidos como un efluvio que se desprendía
Algunos testimonios de recién llegados mostraban sor- de las aguas estancadas, los cuerpos enfermos o en descom-
presa al ver a los leprosos transitar por las calles y al asen- posición, incluso las casonas coloniales tenían un segundo
tarse poblaciones sobre los estercoleros, en habitaciones patio en la parte posterior y, «en dirección opuesta al viento,
separadas por una simple estera, los contagios eran rápidos los cuartos de los esclavos, para que el aire se llevase supues-
y mortales. Tras el terremoto las epidemias y mortandad se tos malos olores» (11).
presentaron pese a los esfuerzos de las autoridades, en espe- Ante la amenaza de una epidemia, se recogieron los
cial del Virrey, por restablecer el ritmo del abastecimiento muertos para darles sepultura en grandes zanjas que se
de alimentos, tanto los traídos desde Chile, como el trigo, abrieron en las plazas. En estas condiciones, «en que el ve-
o del interior, como la carne, los frutos y la nieve de Huaro- cindario se hallaba a la intemperie, fuertes vientos y tena-
chirí. Asimismo, otra prioridad fue despejar las cañerías y ces aguaceros –desconocidos en la costa– acentuaron los
restablecer el flujo de agua en la ciudad, por las necesidades padecimientos de la atribulada población, y cerca de 2000
sanitarias y alimenticias, y por las de energía hidráulica para personas fallecieron como consecuencia de afecciones bron-
los molinos de trigo (5).
quiales, disentería y enfermedades gastrointestinales. En los
Luego del movimiento inicial, la gente se volcó a las ca-
campos enjambres de sabandijas asolaron los sembríos» (12).
lles. El virrey Manso de Velasco (8) narra que debió retor-
Sobre las epidemias Lastres (13) señala que, en 1746, luego
nar a la Plaza Mayor poco después del terremoto, la cual se
del «el gran terremoto»,, hubo una epidemia de tabardillo
encontraba llena «... de innumerable gente, que, poseída del
(tifus), que ocasionó la muerte de entre seis y ocho mil per-
susto, solo pensaba en buscar un lugar que no pudiese serle
sonas. Aunque encontramos una cifra más modesta en los
de sepulcro; y el resto del Pueblo, se hallaba alojado en otras
Anales del Cuzco (14) donde se menciona que tras el terremoto
plazas, en Huertas, y Campañas». Y en dicha situación per-
perecieron en Lima «más de dos mil personas, víctimas del
manecieron los sobrevivientes por varias semanas. Los más
pobres se asentaron en las plazas o se dirigieron al campo, y tabardillo, pleuresías y distintas enfermedades que tomaron
fueron víctimas de las enfermedades respiratorias o infec- forma de epidemia», lo que sí es concluyente es que la po-
ciosas generadas por la exposición a los elementos de la na- blación vio afectada su salud seriamente afectada debido a
turaleza y las precarias condiciones sanitarias. las condiciones sanitarias tras el terremoto. Las enfermeda-
Los cadáveres se encontraban a la intemperie por lo que des eran transmitidas por vectores que surgieron a raíz de
las autoridades se vieron en la necesidad de abrir fosas en las los cambios climáticos generados tras el terremoto y tsuna-
plazas y calles. Aunque el trabajo de sepultar tal cantidad de mi, en principio y, posteriormente, el evento del El Niño de
cuerpos era una tarea percibida como peligrosa debido las 1747. Además, existieron enfermedades originadas por el
condiciones y se temía la aparición de epidemias debido a la agua acumulada tras las inundaciones; la contaminación por
gran cantidad de restos, Manuel de Odriozola recoge que se agua propició brotes de tifoidea.
calcularon «más de tres mil mulas y caballos podridos deba-
jo de las ruinas, sin haber sido posible sacarlos. Al cuarto día IMPACTO EN LA SALUD
de ocurrido el terremoto se continuó enterrando los cuerpos
en fosas excavadas en los cementerios y plazas llegando se- Entre las décadas de los cincuenta y los sesenta, las respon-
gún testimonios de la época a 1300» (9). sabilidades del sector sanitario fueron variando, enfocán-
No obstante, el virrey convocó a la Cofradía de la Cari- dose no solo en aquellos que acudían en busca de atención
dad, la cual, con la asistencia de quienes se encargaban de la médica, sino también en los que no lo hacían, cambiar «el
limpieza de las calles, se encargó de llevar los cadáveres a las curar» por el «hacerse cargo de la población», coordinando
iglesias para librar a la ciudad de la infección con que estaba lo social con lo clínico (15,16). Evidentemente, para 1746 aún
amenazada. A propósito de esta tarea, el jesuita Pedro Loza- no se entendía en su totalidad el concepto de salud pública y
no señala que dichas labores ocasionaron la muerte de quie- la ciudad se recomponía gradualmente luego de numerosas
nes las practicaron, según la creencia de la época, a causa actividades religiosas sin que se establezca una discusión so-
del olor de los cadáveres. Además de la falta de condiciones bre cómo mejorar las condiciones existentes ante el próximo
adecuadas para la remoción de escombros y cuerpos «y no terremoto. En las siguientes líneas se mencionan los cambios
habiendo quedado en pie siquiera un granero, o pósito de las en la respuesta de las autoridades ante estos hechos siendo
cosas necesarias a la vida» (9). posible notar un incipiente interés por mejorar las condicio-
Los «miasmas» eran considerados la principal causa de nes de vida de la población pese a que los primeros visos de
contagio de las enfermedades (10), y su propagación era un salud pública llegarían tras la ilustración.
temor que crecía cada vez más debido a las condiciones sa- La población sobreviviente se desplazó hacia las zonas
nitarias en que se encontraba la población. Generalmente los rurales y refugios temporales lo cual incrementó el riesgo de
infecciones. Las principales enfermedades que padecen las
https://doi.org/10.17843/rpmesp.2020.371.4547 165
Rev Peru Med Exp Salud Publica. 2020;37(1):164-8. El terremoto de 1746
personas agrupadas en espacios insuficientes son las diarreas En el Real Hospital San Andrés, de españoles y sus hijos, de
y la disentería, tos ferina, tuberculosis, sarna y otras derma- 2449 ingresos tras el terremoto y hasta un año después murie-
tosis (17), se trata de un patrón epidemiológico que se repite ron 290. En el de Santa Ana, para indios e indias, de 2120, mu-
luego de un desastre natural y que se dio en esta población, rieron 422, sin contar los 42 que murieron sepultados la noche
de acuerdo a los testimonios que refieren un mayor número del terremoto. En el hospital de San Bartolomé de 202 murie-
de víctimas por causas indirectas que por el desastre mismo. ron 75 (9); igualmente, el Hospital del Callao, que auxiliaba a
La transmisión de enfermedades contagiosas inmediata- la «gente de mar y tropa», se destruyó como consecuencia del
mente a desastres naturales puede ser influida por seis factores: terremoto, por lo que los enfermos debían concurrir a Lima
a) las enfermedades existentes en la población antes del desastre para ser atendidos, en consecuencia, hubo más muertes indi-
y los niveles endémicos que esta padecía; b) los cambios eco- rectas por la demora en el traslado (13).
lógicos provocados por el desastre; c) los desplazamientos; d) La escasez de alimentos, la destrucción de la infraes-
tructura hidráulica de la ciudad y de la zona agrícola aleda-
el daño a edificios de servicios públicos; e) el desquiciamiento
ña, que produjo una mayor escasez de agua, y el incremento
de los programas de control de enfermedades y f) la alteración
de la temperatura y la humedad por ser el inicio del verano
de la resistencia individual a las enfermedades (17-20). En el caso
posibilitaron el desarrollo de una serie de epidemias, como
del terremoto de Lima se cumplieron casi todas las condiciones.
el tifus, la sarampión, las infecciones respiratorias y gas-
Si bien, la ciudad contaba hasta con catorce hospitales,
trointestinales, que costaron la vida de 2000 habitantes de
como se observa en la Tabla 1, estos no contaban con el pre-
la zona de desastre desde noviembre de 1746 hasta febrero
supuesto apropiado para satisfacer las necesidades sanitarias
de 1747 (21).
de la población. De un presupuesto total de 1 882 701 pesos En los meses previos al terremoto, por un cálculo ela-
correspondientes a los primeros años del gobierno del conde borado sobre los padrones de confesión, «se regularon de
de Superunda, se destinaban a ayudar al mantenimiento de población 60 000 almas, incluso los campos y haciendas»,
los hospitales para blancos, indios y castas, 27 998 pesos, es el evento sísmico, junto a las epidemias subsiguientes dis-
decir, el 1,5 % (5). minuyeron la población en seis u ocho mil individuos (22);
Luego del terremoto, gran parte de los hospitales queda- para 1755 el crecimiento vegetativo no había logrado cubrir
ron destruidos por lo que su reconstrucción era urgente (10). la cifra de desaparecidos (21).
Tabla 1. Hospitales públicos y religiosos (siglo XVIII)
Hospital Tipo Objetivo
Con capacidad para 200 camas donde eran atendidos en salas separadas españoles,
Hospital Real de San Andrés Público negros y mulatos pobres. Con salas para enfermedades cotidianas, contagiosas y
para enfermos mentales.
Hospital de San Pedro Público Fundado por el clérigo Francisco de Molina para eclesiásticos pobres.
Localizado en el Callao para gente de mar y tropa. Con 70 camas para los marine-
Hospital del Espíritu Santo Público
ros enfermos que legaban al puerto. A cargo de los religiosos de San Juan de Dios.
Hospital de San Bartolomé Público Para albergar a negros.
Fundado por el arzobispo Jerónimo de Loayza. Contaba con 300 camas para in-
Hospital de Santa Ana Público
dios e indias.
Hospital San Pedro de Alcántara Público Hospital para mujeres.
Hospital de la Caridad Público Hospital para mujeres.
Para los infestados de lepra; el más pobre, fundado a las faldas del río por el espa-
Hospital de San Lázaro Público dero Antón Sánchez junto a la Parroquia, en 1563 a causa de la epidemia de lepra
de ese año.
Acoge a los hermanos de San Juan de Dios quienes acuden a éste en su convalecen-
Hospital de San Diego Religioso
cia, además cumple la función de asilo.
Casa de padres agonizantes fundado en 1715. Posteriormente se construyó en el
Hospital de la Buena Muerte Religioso
arrabal de San Lázaro uno similar en 1736.
Hospital de San Cosme y San Para albergar mujeres enfermas; además, acoge a doncellas pobres. Se encontraba
Religioso
Damián regentado por las hermanas de la Caridad.
Hospital de San Juan de Dios Religioso Para religiosos convalecientes, ubicado en la zona urbana.
Hospital Betlemita “Casa Grande” Religioso Ubicado extramuros de la ciudad, para convalecientes.
Hospital Betlemita Religioso Para enfermos incurables.
166 https://doi.org/10.17843/rpmesp.2020.371.4547
Rev Peru Med Exp Salud Publica. 2020;37(1):164-8. Carcelén C et al.
Por otra parte, la dificultad que representaban los mon- de las loterías para financiar la reconstrucción de los hospi-
tes de escombros para el rescate de los cadáveres tanto de tales de Santa Ana y la Caridad, además de destinar fondos
seres humanos como de caballos, burros y otros animales a los hospitales de San Bartolomé y San Andrés (23) de esa
domésticos que murieron en grandes cantidades, produjo forma se fueron restituyendo paulatinamente los servicios
un hedor pestífero que permeaba a la ciudad y que despertó sanitarios de la ciudad.
el miedo de que seguirían grandes epidemias. La putrefac- La rápida reacción del virrey Antonio Manso de Velasco
ción de cadáveres creó condiciones óptimas para las temi- evitó el incremento de muertes, ya que ordenó la remoción
das enfermedades, que poco tiempo después del sismo co- de escombros y enterramiento masivos de cadáveres en zan-
menzaron a afligir a los sobrevivientes, subiendo la tasa de jas para prevenir epidemias, la ordenó la limpieza de acue-
mortalidad asociada con el desastre. Se desataron epidemias ductos, el abastecimiento de alimentos y la reconstrucción
de catarros, enfermedades gastrointestinales y tifoidea, que de las panaderías. Evitó la especulación de los precios del
aumentaron el número de víctimas secundarias, sobre todo trigo, prohibiendo su reventa en los caminos. Evitó el saqueo
entre la numerosa gente que había huido de la ciudad y se y la delincuencia nombrando alcaldes de barrio cuyas fun-
había instalado en el campo. Se calculó que murieron más ciones incluían evitar cualquier disturbio, detener a los la-
limeños en la zona rural, presa de las enfermedades conta- drones, rescatar los cadáveres de las ruinas y darles cristiana
giosas, a la falta de abrigo y a la humedad del campo, que los sepultura (8). Con estas medidas no solo se buscó retomar el
que fueron sepultados por el terremoto mismo (1). orden interno, sino que también brindó a los sobrevivientes
Los canales y acueductos también se destruyeron, pro- un sentido de seguridad y bienestar.
vocando la suspensión del abasto de agua para uso público.
El derrumbe de almacenes, panaderías y hornos, junto con CONCLUSIONES
la interrupción del transporte, inició un severo periodo de
hambre entre los sobrevivientes. La población de Lima con- La destrucción de la red hidráulica, la acumulación de es-
taba con las grandes bodegas del Callao, donde se almacena- combros y cadáveres, así como las condiciones climáticas
ban los productos importados que abastecían a la ciudad, so-
posteriores, contribuyeron al incremento de pérdidas huma-
bre todo el trigo, los cebos, el aguardiente, las maderas y los
nas, teniendo en cuenta destrucción y daños en los hospi-
metales como hierro y estaño. Además, los comerciantes que
tales de Lima y Callao. Junto al brote de epidemias, el im-
pudieron salvar una parte de sus mercancías de primera ne-
pacto negativo en la producción agrícola y abastecimiento
cesidad, aprovechando la escasez, las vendían a precios ele-
de alimentos, el terremoto de 1746 nos permite reconocer el
vados. Otros más comenzaron a sacar ventaja de la miseria,
impacto de los desastres naturales en la salud.
comprando alhajas de plata, oro y piedras preciosas a precios
Tras el terremoto de 1746 la población recurrió a la re-
bajísimos a quienes precisaban de dinero para comprar ali-
ligión nuevamente, pero esta vez se produjo un cambio: se
mentos. También se tuvo que sufrir el saqueo y el robo de los
delincuentes que se aprovechaban de la confusión (9). pensó en organizar a los vecinos para restablecer el orden,
Sin embargo, las autoridades y, en mayor medida, las se endurecieron las leyes para prevenir los robos y saqueos,
cofradías y vecinos prominentes comenzaron muy pronto a los entierros se realizaban en fosas comunes en las afueras de
enfrentar la situación, buscando medios para luchar contra la ciudad, pero sobre todo se buscó reconstruir la ciudad de
los problemas que suscitaban el hambre, los heridos, el entie- forma segura. El virrey Antonio Manso de Velazco, conde de
rro de los cadáveres y el restablecimiento del orden público. Superunda, tomó parte activa durante el proceso de recons-
La necesidad de reconstruir los edificios públicos signi- trucción y le dio un nuevo giro a la intervención y respuesta
ficó la toma de medidas extraordinarias en cuanto a la re- de las autoridades ante un desastre.
caudación de impuestos. Tal es el caso de la redificación y
mejora de los hospitales limeños los cuales sufrieron gran Contribuciones de autoría: Carlos Carcelén, Daniel Morán y Laura
daño tras el terremoto, por lo que el virrey «facilitó arbitrios Amador han participado en la concepción del artículo, la recolección
de datos, su redacción y aprobación de la versión final.
y trabajó en alentar a los mayordomos y hermandades para
el progreso de estas obras importantes» apelando al recurso Fuentes de financiamiento: Autofinanciado.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
1. Oliver-Smith A. El terremoto de 1746: El modelo colonial, el desarrollo 2. Petit-Breuilh M. Desastres naturales y ocupación del territorio en Hispa-
urbano y los peligros naturales. En: García V. (ed.) Historia y desastres noamérica. Huelva: Universidad de Huelva; 2004.
en América Latina. Bogotá: Red de Estudios Sociales en prevención de 3. Seiner L. Historia de los sismos en el Perú. Catálogo: Siglos XV-XVII.
desastres en América Latina. CIESAS; 1997. (2) p.133-161. Lima: Universidad de Lima; 2009.
https://doi.org/10.17843/rpmesp.2020.371.4547 167
Rev Peru Med Exp Salud Publica. 2020;37(1):164-8. El terremoto de 1746
4. Walker C. The Upper Classes and Their Upper Stories: Architecture 13. Lastres J. La medicina en el virreinato. En: Historia de la Medicina Peruana
and the Aftermath of the Lima Earthquake of 1746. Hispanic American 5(2). Lima: Imprenta Santa María; 1951.
Historical Review. 2003; 83(1): 53-82. 14. Palma R. Anales del Cuzco 1600 a 1750. Lima: Imprenta del Estado; 1901.
5. Pérez-Mallaína P. Retrato de una ciudad en crisis: la sociedad limeña ante 15. Figueroa S. Introducción a la Salud Pública [Internet]. Ciudad de Gua-
el movimiento sísmico de 1746. Lima: Pontificia Universidad Católica del temala: Universidad de San Carlos. Facultad de Ciencias Médicas. 2012
Perú – Instituto Riva-Agüero; 2001. [citado el 08 de Noviembre de 2019]. Disponible en: https://saludpubli-
6. Jiménez C. et al. Seismic Source of 1746 Callao Earthquake from Tsunami cayepi.files.wordpress.com/2012/06/documento-3er-parcial-compila-
Numerical Modeling, Journal of Disaster Research. 2013; 8 (2): 270. cion-4-documentos.pdf
7. Pérez-Mallaína P. “Las catástrofes naturales como instrumento de obser- 16. Navarro V. Concepto actual de la salud pública. En: Martínez F. Salud
vación social: el caso del terremoto de Lima en 1746”. Anuario de Estudios pública. España. McGraw-Hill Interamericana de España; 1997. p. 49-54.
Americanos. 2005; 62(2): 47-63. 17. Seaman J, Leivesley S. y Hogg C. Epidemiología de desastres naturales.
8. Relación que escrive el Conde de Superunda virrey del Perú... La Primera
México D.F: Harla; 1989.
comprehende los años desde 9 de Julio de 1745, hasta fin del mismo més,
18. Alcedo A. Diccionario geografico-histórico de las Indias Occidentales
en el a 1756 y la Segunda desde 1º de Agosto de dho año hasta 12 de
o America: es a saber: de los Reynos del Peru, Nueva España, Tierra
Octubre del de 1761. BNP, C1312.
Firme, Chile y Nuevo Reyno de Granada. Vol. 2. Madrid, Imprenta de
9. Odriozola M. Terremotos: Colección de las relaciones de terremotos
Blas Román; 1967.
más notables que ha sufrido esta capital y que la han arruinado. Lima:
Tipografía de Aurelio Alfaro; 1863. 19. Lizárraga R. Descripción breve de toda la tierra del Perú, Tucumán, Río
10. Chuhue Richard. La Piedad Ilustrada y los Necesitados en Lima Borbó- de la Plata y Chile. Libro primero. Lima: Imprenta Americana; 1908.
nica. Una aproximación hacia la plebe limeña y el manejo institucional 20. Pérez Cantó, Pilar “La población de Lima en el siglo XVIII”, Boletín
en el siglo XVIII. Summa Historiæ. 2004; 1 (1). americanista. 1982; 32: 383-407.
11. Flores Galindo A. La ciudad sumergida. Aristocracia y plebe en Lima, 21. Vargas Ugarte, R. Historia del Perú. Virreinato (Siglo XVIII) 1700-1790.
1760-1830. Lima: Horizonte; 1991. Lima: Librería Imprenta Gil; 1956.
12. Manso De Velasco, J. Relación y documentos de gobierno del virrey 22. Reflexiones históricas y políticas sobre el estado de la población de esta
del Perú, José A. Manso de Velasco, Conde de Superunda (1745-1761). capital. Mercurio Peruano, 3 de febrero de 1791. Lima: 92.
Moreno Cebrián A. (ed.) Madrid: Consejo Superior de Investigaciones 23. Mendiburu M. Diccionario histórico biográfico del Perú. Vol. 7. Lima:
Científicas, Instituto “Gonzalo Fernández de Oviedo”; 1983. Librería e imprenta Gil; 1933.
168 https://doi.org/10.17843/rpmesp.2020.371.4547