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Cuentos Breves de Fantasía y Aventura

El documento contiene varios cuentos populares. Relata historias como la de una joven que tiene un sueño recurrente sobre una casa encantada, un rey con cien tazas preciosas y las consecuencias para quien las cuida, y un carbonero que engaña a un lobo, un zorro y una liebre.

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Cuentos Breves de Fantasía y Aventura

El documento contiene varios cuentos populares. Relata historias como la de una joven que tiene un sueño recurrente sobre una casa encantada, un rey con cien tazas preciosas y las consecuencias para quien las cuida, y un carbonero que engaña a un lobo, un zorro y una liebre.

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INDICE

LA CASA ENCANTADA .................................................................................................................................................2


LAS CIEN TAZAS DEL REY.............................................................................................................................................3
EL CARBONERO ...........................................................................................................................................................4
EL PRÍNCIPE Y EL MAGO .............................................................................................................................................6
LA VERDAD Y LA MENTIRA..........................................................................................................................................8
HÄNSEL Y GRETEL .......................................................................................................................................................9
EL GATO CON BOTAS ............................................................................................................................................... 11
EL VALIENTE SOLDADITO DE PLOMO ...................................................................................................................... 13
PINOCHO ................................................................................................................................................................. 14
BUSCANDO LA PAZ .................................................................................................................................................. 15
LA CIUDAD SIN COLORES ......................................................................................................................................... 16
LAS ARDILLAS Y EL MÓVIL........................................................................................................................................ 18
PETER PAN ............................................................................................................................................................... 19
PASEO POR LA LUNA................................................................................................................................................ 21
EL PRIMER VIAJE DE SIMBAD EL MARINO ............................................................................................................... 22
BIBLIOGRAFIA ..................................................................................................................................................... 23
LA CASA ENCANTADA
Una joven tuvo una noche un extraño sueño: caminaba por un inhóspito sendero que ascendía por
una colina y atravesaba un espeso bosque. Todo estaba en calma. Reinaba el silencio. Al llegar a la
cima de la colina, había una pequeña casa blanca, rodeada por un hermoso jardín. Llena de
curiosidad, la joven llamó a la puerta. Abrió un anciano que tenía una larga barba blanca. Pero al
comenzar a hablar, la joven se despertó, y no pudo continuar el sueño.

Aquel sueño comenzó a perturbar a la joven. No podía dejar de pensar en él. Por si eso fuera poco,
durante las tres noches siguientes volvió a tener el mismo sueño. De nuevo se veía andando por aquel
sendero, una vez más se encontraba con la casa blanca y siempre, siempre, se despertaba en el
mismo instante, justo cuando empezaba a hablar con el anciano de la larga barba blanca.

Pocas semanas después, la joven se dirigía en coche a la casa de unos amigos que daban una fiesta.
Pero a mitad de camino reconoció el sendero de su sueño, así que detuvo el coche y comenzó a subir
por la empinada colina. Y allí estaba la casa blanca de sus sueños. No lo dudó y llamó a la puerta. Y
sí, abrió el anciano de la barba blanca. Ella aprovechó para preguntar:

– Dígame, anciano, ¿se vende esta casa?


– Sí-contestó él- Pero no le recomiendo que la compre…
– ¿Por qué?- se extrañó ella.
– Porque en esta casa habita un fantasma.
– ¿Un fantasma? ¿De quién?
– El suyo.
Y el anciano cerró con suavidad la puerta.
LAS CIEN TAZAS DEL REY
Cuentan que hace mucho tiempo, existió en la India un rico rey que un día, organizó una ostentosa
fiesta de cumpleaños. A la fiesta llegaron muchos ilustres nobles y por supuesto, ricos comerciantes.
Todos llevaron algún regalo. Pero de entre todos los presentes, el que más impresionó al rey fue el
regalo de un comerciante. Había conseguido traer de un lejano país cien tazas para su rey. Eran
realmente hermosas, de una fina porcelana con filigranas de oro y piedras preciosas.

El monarca, emocionado y agradecido, decidió llevar las tazas al mejor de sus palacios. Pero
necesitaba también a una persona para que las cuidara y limpiara a diario.

– Necesito voluntarios para escoger a aquel que cuide de mis tazas– dijo un día- El que se quede con
este trabajo, recibirá una buena recompensa.

Se presentaron muchos voluntarios, y después de numerosas entrevistas, el rey eligió a uno.

– Tu trabajo es sencillo- le dijo- Debes proteger las tazas y limpiarlas a diario. Serás recompensado
por ello. Pero, ¡ay de ti si se rompe alguna taza! ¡Lo pagarás con tu vida!

El rey cumple su terrible palabra


El hombre asintió y comenzó con su trabajo. Todo iba bien, hasta que un día, sin querer, tropezó y se
le cayó una taza, haciéndose añicos. El rey, enfurecido, ordenó que le ejecutaran, y volvió a anunciar
el puesto.

Esta vez se presentaron menos voluntarios, pero el rey al fin pudo escoger a uno. Le explicó cuáles
eran las normas y lo que sucedería si se rompía alguna taza. Y el joven, tuvo mucho cuidado en
proteger las tazas… y su vida. Pero desgraciadamente, al cabo de unos meses, una de las tazas se
rompió, y el monarca ordenó que le cortaran la cabeza.

De nuevo tuvo que pedir voluntarios para el trabajo pero esta vez, no se presentó ninguno.

– Está bien, si no hay voluntarios, tendré que escoger yo a alguna persona… – dijo el rey delante de
sus consejeros.

– Espere, alteza- dijo entonces el consejero más anciano- Yo me encargaré de las tazas.

– ¿Tú?- dijo extrañado el rey- Tú no… eres mi consejero más valioso, y muy anciano ya. No puedes
correr ese riesgo.
– Por eso, alteza. Ya tengo más de noventa años. ¿Qué puedo perder?

– Está bien- dijo entonces el rey- Tuyo es el puesto.

Entonces, el anciano consejero, con su andar tembloroso y el bastón en la mano, se acercó hasta
donde estaban las 98 tazas y de pronto, comenzó a romperlas todas con su bastón.

– ¿Pero qué haces, insensato?- dijo el monarca fuera de sí- ¿Por qué las destrozas todas?

Y, solo cuando el anciano vio que ya no quedaba ni una, respondió:

– ¿Que qué hago? Majestad, acabo de salvar 98 vidas.


EL CARBONERO
Vivía el carbonero en medio del bosque en una cálida cabaña. Era un día muy frío y tenía la chimenea
encendida. De pronto, entró un lobo:

– Amigo carbonero, qué fuego tan fantástico tienes. ¿Dejas que me caliente?

– Claro que sí, lobo, pasa y caliéntate conmigo- le dijo el carbonero.

Y el lobo entró en la cabaña y enseguida entró en calor. Al poco rato entró un zorro y dijo:

– ¡Qué fuego tan fantástico tienes, amigo carbonero! ¿Me dejarías calentarme? ¡Hace mucho frío!

– Claro, zorro- respondió el carbonero- pasa y caliéntate con nosotros.

Y el zorro en seguida entró en calor. Al cabo de unos minutos, entró una liebre.

– Brrr…¡qué frío hace y qué buen fuego tienes, carbonero!- dijo la liebre- ¿Me dejarías calentarme en
él?

– Claro, por supuesto, liebre, pasa y caliéntate- dijo el carbonero.

Pasaron unos minutos y el carbonero dijo:

– Bien, ya que os he dejado calentaros con mi fuego, podríamos celebrar una buena comida. ¿Qué tal
si traéis algo como agradecimiento?

– Claro- dijo el lobo- Yo sé dónde encontrar un buen cordero. Iré a buscarlo.

– Y yo traeré el mejor capón- dijo el zorro.

– Yo- dijo la liebre- traeré la col más tierna.

– Fantástico, ¡a ver quién regresa primero!- dijo entusiasmado el carbonero.

La lección del carbonero


La primera en llegar fue la liebre, que entraba muy orgullosa por la puerta con una enorme col.

– Fantástico, liebre, ¡eres la primera en llegar! Sigue calentándote si quieres…

Pero cuando la liebre se acercó a la chimenea, el carbonero la empujó y al notar que se quemaba,
salió corriendo despavorida. Después llegó el lobo con un enorme cordero.

– ¡Qué bien, lobo, eres el primero en llegar! Trae el cordero que lo preparo y caliéntate en el fuego.

Y en cuanto el lobo se acercó a la lumbre, el carbonero lo empujó. El lobo salió aullando de allí. Y
después llegó el zorro, con un gran capón.
– ¡Qué fantástico, zorro! ¡Has sido el primero en llegar! Siéntate delante del fuego mientras hago la
comida…

¿Y qué pasó! ¡Sí! El carbonero empujó al zorro al fuego y el pobre salió corriendo y chamuscado de
allí.

Y así fue cómo el carbonero consiguió sin hacer nada un cordero, un capón y una enorme col. Al poco
se encontraron el lobo, el zorro y la liebre en el bosque.

– ¡Ayyy!- se lamentaban.

– ¡Qué malvado el carbonero! ¡Me quería achicharrar!- protestó el zorro.

– Ni que lo digas, amigo- asintió el lobo- a mí me empujó al fuego.

– ¡Y a mí también!- dijo la liebre– ¿Y qué podríamos hacer con el carbonero?

– ¿Sabéis lo que os digo?- dijo el zorro- ¡Que yo no aparezco por allí ni loco!

– Ni yo, amigo zorro- dijo el lobo.

– Ni yo tampoco- añadió la liebre.

Y los tres se alejaron de allí doloridos.


EL PRÍNCIPE Y EL MAGO
Había una vez un príncipe al que le gustaba observar y recapacitar sobre todo lo que veía. Y creía en
todo, menos en las princesas, las islas y en Dios. Su padre le había dicho que estas tres cosas no
existían y él, como no había visto nunca princesas, islas ni a Dios, creía a su padre.

Pero un día, el príncipe decidió salir del reino. Sentía grandes deseos de conocer otros mundos. Y
después de cabalgar durante bastante tiempo, llegó hasta el mar. Y a lo lejos vio unos pedacitos de
tierra que le parecieron islas, y en ellas, se movían con elegancia unas mujeres que lucían vestidos
lujosos.

Al príncipe le entró curiosidad y quiso acercarse a esa isla, y comenzó a buscar algún bote. Entonces,
un hombre se le acercó y le preguntó:

– ¿Qué buscas?

– Oh, busco un bote, porque quiero acercarme a aquel lugar… – dijo señalando a la isla.

– ¿A esa isla?

– ¿Es una isla? Entonces… ¿existen las islas?

– ¡Claro que existen!

– Vaya… ¿y quiénes son esas mujeres de la isla?

– Son princesas- respondió el hombre, que iba muy elegantemente vestido.

– Así que existen las princesas… solo falta que me digas que existe Dios.

– Claro que existe. Soy yo.- dijo entonces el hombre haciendo una reverencia.

El príncipe y el mago: la realidad construida con la magia


El Príncipe se quedó atónito, y decidió volver al castillo de su padre. Al llegar, le dijo muy enfadado:

– ¡Me has mentido! ¡Me dijiste que no había islas, princesas ni Dios! ¡Y ahora sé que existe!

Su padre contestó con calma:

– ¿Y cómo sabes que existen?

– ¡Los he visto! ¡También he conocido a Dios!

– Y ese Dios… ¿vestía de forma elegante y llevaba las mangas recogidas?

– Sí.

– Te han engañado, hijo. Es un mago. Le conozco…

– ¿Un mago?
El príncipe, más enfadado aún, fue a buscar al mago y le dijo:

– ¿Por qué me engañaste? Ahora sé que eres un mago y me has hecho ver lo que tú has querido que
vea… Ahora sí creo más aún a mi padre.

– ¿Tu padre? ¿Ese que dice ser rey? ¡Él también es un mago!

El príncipe no supo qué decir. Regresó a casa de su padre y le preguntó:


– ¿Es verdad que eres un mago?

– Sí, es verdad…

– ¡Me volviste a engañar! ¿Por qué me haces esto? Ahora mi vida no tiene sentido. Todo es mentira…
¡Prefiero morir!

Entonces, el rey (mago) hizo aparecer a la muerte y ésta llamó al príncipe. Pero cuando el joven iba a
ir hacia ella, le entró un escalofrío y dio marcha atrás. Recordó entonces las islas falsas pero hermosas
y las princesas falsas pero bellas y dijo:

– Está bien, padre, puedo aceptar que seas un mago.

– Bien, hijo- contestó él- Tú también comienzas a serlo.


LA VERDAD Y LA MENTIRA
Cuenta una leyenda que un día la verdad y la mentira se cruzaron:

– Buenos días- dijo la mentira.

– Buenos días- contestó la verdad.

– Hermoso día- dijo la mentira.

Y la verdad, miró al cielo y oteó el horizonte para ver si era verdad… Y sí, lo era.

– Hermoso día- contestó entonces la verdad.

– Aún más hermoso está hoy el lago- dijo la mentira.

Y la verdad, miró y requetemiró al lago para convencerse de que era verdad… Y sí, lo era.

– Cierto, está más bonito- dijo entonces la verdad.

Y la mentira, corriendo hacia el agua, dijo:

– ¡Vayamos al agua a nadar! ¡El agua está mucho más hermosa!

La verdad se acercó con prudencia al agua, la tocó con la yema de los dedos, vio que sí, el agua
estaba más hermosa, y decidió creer a la mentira y seguirla.

Ambas se quitaron la ropa y se lanzaron al agua. La verdad y la mentira estuvieron nadando un buen
rato, muy a gusto, hasta que la mentira salió y se puso la ropa de la verdad. La verdad, incapaz de
ponerse la ropa de la mentira, comenzó a caminar desnuda por la calle y todos se horrorizaron de
verla.

Así es cómo, desde entonces, la mayoría de personas prefieren ver la mentira disfrazada de verdad
que la verdad al desnudo.
HÄNSEL Y GRETEL
Había una vez un leñador y su esposa que vivían en el bosque en una humilde cabaña con sus dos
hijos, Hänsel y Gretel. Trabajaban mucho para darles de comer pero nunca ganaban lo suficiente. Un
día viendo que ya no eran capaces de alimentarlos y que los niños pasaban mucha hambre, el
matrimonio se sentó a la mesa y amargamente tuvo que tomar una decisión.
- No podemos hacer otra cosa. Los dejaremos en el bosque con la esperanza de que alguien de buen
corazón y mejor situación que nosotros pueda hacerse cargo de ellos, dijo la madre.
Los niños, que no podían dormir de hambre que tenían, oyeron toda la conversación y comenzaron a
llorar en cuanto supieron el final que les esperaba. Hänsel, el niño, dijo a su hermana:
- No te preocupes. Encontraré la forma de regresar a casa. Confía en mí.
Así que al día siguiente fueron los cuatro al bosque, los niños se quedaron junto a una hoguera y no
tardaron en quedarse dormidos. Cuando despertaron no había rastro de sus padres y la pequeña
Gretel empezó a llorar.
- No llores Hänsel. He ido dejando trocitos de pan a lo largo de todo el camino. Sólo tenemos que
esperar a que la Luna salga y podremos ver el camino que nos llevará a casa.
Pero la Luna salió y no había rastro de los trozos de pan: se los habían comido las palomas.
Así que los niños anduvieron perdidos por el bosque hasta que estuvieron exhaustos y no pudieron dar
un paso más del hambre que tenían. Justo entonces, se encontraron con una casa de ensueño hecha
de pan y cubierta de bizcocho y cuyas ventanas eran de azúcar. Tenían tanta hambre, que enseguida
se lanzaron a comer sobre ella. De repente se abrió la puerta de la casa y salió de ella una vieja que
parecía amable.
- Hola niños, ¿qué hacéis aquí? ¿Acaso tenéis hambre?
Los pobres niños asintieron con la cabeza.
- Anda, entrad dentro y os prepararé algo muy rico.
La vieja les dio de comer y les ofreció una cama en la que dormir. Pero pese a su bondad, había algo
raro en ella.
Por la mañana temprano, cogió a Hänsel y lo encerró en el establo mientras el pobre no dejaba de
gritar.
- ¡Aquí te quedarás hasta que engordes!, le dijo
Con muy malos modos despertó a su hermana y le dijo que fuese a por agua para preparar algo de
comer, pues su hermano debía engordar cuanto antes para poder comérselo. La pequeña Gretel se
dio cuenta entonces de que no era una vieja, sino una malvada bruja.
Pasaban los días y la bruja se impacientaba porque no veía engordar a Hänsel, ya que este cuando le
decía que le mostrara un dedo para ver si había engordado, siempre la engañaba con un huesecillo
aprovechándose de su ceguera.
De modo un día la bruja se cansó y decidió no esperar más.
- ¡Gretel, prepara el horno que vas a amasar pan! ordenó a la niña.
La niña se imaginó algo terrible, y supo que en cuanto se despistara la bruja la arrojaría dentro del
horno.
- No sé cómo se hace - dijo la niña
- ¡Niña tonta! ¡Quita del medio!
Hänsel y Gretelero cuando la bruja metió la cabeza dentro del horno, la pequeña le dio un buen
empujón y cerró la puerta. Acto seguido corrió hasta el establo para liberar a su hermano.
Los dos pequeños se abrazaron y lloraron de alegría al ver que habían salido vivos de aquella horrible
situación. Estaban a punto de marcharse cuando se les ocurrió echar un vistazo por la casa de la bruja
y, ¡qué sorpresa! Encontraron cajas llenas de perlas y piedras preciosas, así que se llenaron los
bolsillos y se dispusieron a volver a casa.
Pero cuando llegaron al río y vieron que no había ni una tabla ni una barquita para cruzarlos creyeron
que no lo lograrían. Menos mal que por allí pasó un gentil pato y les ayudó amablemente a cruzar el
río.
Al otro lado de la orilla, continuaron corriendo hasta que vieron a lo lejos la casa de sus padres,
quienes se alegraron muchísimo cuando los vieron aparecer, y más aún, cuando vieron lo que traían
escondido en sus bolsillos. En ese instante supieron que vivirían el resto de sus días felices los cuatro
y sin pasar penuria alguna.
EL GATO CON BOTAS
Había una vez un molinero pobre que cuando murió sólo pudo dejar a sus hijos por herencia el molino,
un asno y un gato. En el reparto el molino fue para el mayor, el asno para el segundo y el gato para el
más pequeño. Éste último se lamentó de su suerte en cuanto supo cuál era su parte.
- ¿Y ahora qué haré? Mis hermanos trabajarán juntos y harán fortuna, pero yo sólo tengo un pobre
gato.
El gato, que no andaba muy lejos, le contestó:
- No os preocupéis mi señor, estoy seguro de que os seré más valioso de lo que pensáis.
- ¿Ah sí? ¿Cómo?, dijo el amo incrédulo
- Dadme un par de botas y un saco y os lo demostraré.
El amo no acababa de creer del todo en sus palabras, pero como sabía que era un gato astuto le dio lo
que pedía.
El gato fue al monte, llenó el saco de salvado y de trampas y se hizo el muerto junto a él.
Inmediatamente cayó un conejo en el saco y el gato puso rumbo hacia el palacio del Rey.
- Buenos días majestad, os traigo en nombre de mi amo el marqués de Carabás - pues éste fue el
nombre que primero se le ocurrió - este conejo.
- Muchas gracias gato, dadle las gracias también al señor Marqués de mi parte.
Al día siguiente el gato cazó dos perdices y de nuevo fue a ofrecérselas al Rey, quien le dio una
propina en agradecimiento.
Los días fueron pasando y el gato continuó durante meses llevando lo que cazaba al Rey de parte del
Marqués de Carabás.

Un día se enteró de que el monarca iba a salir al río junto con su hija la princesa y le dijo a su amo:
- Haced lo que os digo amo. Acudid al río y bañaos en el lugar que os diga. Yo me encargaré del resto.
El amo le hizo caso y cuando pasó junto al río la carroza del Rey, el gato comenzó a gritar diciendo
que el marqués se ahogaba. Al verlo, el Rey ordenó a sus guardias que lo salvaran y el gato
aprovechó para contarle al Rey que unos forajidos habían robado la ropa del marqués mientras se
bañaba. El Rey, en agradecimiento por los regalos que había recibido de su parte mandó rápidamente
que le llevaran su traje más hermoso. Con él puesto, el marqués resultaba especialmente hermoso y la
princesa no tardó en darse cuenta de ello. De modo que el Rey lo invitó a subir a su carroza para dar
un paseo.
El gato se colocó por delante de ellos y en cuanto vio a un par de campesinos segando corrió hacia
ellos.
- Buenas gentes que segáis, si no decís al Rey que el prado que estáis segando pertenece al señor
Marqués de Carabás, os harán picadillo como carne de pastel.
Los campesinos hicieron caso y cuando el Rey pasó junto a ellos y les preguntó de quién era aquél
prado, contestaron que del Marqués de Carabás.
Siguieron camino adelante y se cruzaron con otro par de campesinos a los que se acercó el gato.
- Buenas gentes que segáis, si no decís al Rey que todos estos trigales pertenecen al señor Marqués
de Carabás, os harán picadillo como carne de pastel.
Y en cuanto el Rey preguntó a los segadores, respondieron sin dudar que aquellos campos también
eran del marqués.
El gato con botasontinuaron su paseo y se encontraron con un majestuoso castillo. El gato sabía que
su dueño era un ogro así que fue a hablar con el.
- He oído que tenéis el don de convertiros en cualquier animal que deseéis. ¿Es eso cierto?
- Pues claro. Veréis cómo me convierto en león
Y el ogro lo hizo. El pobre gato se asustó mucho, pero siguió adelante con su hábil plan.
- Ya veo que están en lo cierto. Pero seguro que no sóis capaces de convertiros en un animal muy
pequeño como un ratón.
- ¿Ah no? ¡Mirad esto!
El ogro cumplió su palabra y se convirtió en un ratón, pero entonces el gato fue más rápido, lo cazó de
un zarpazo y se lo comió.
Así, cuando el Rey y el Marqués llegaron hasta el castillo no había ni rastro del ogro y el gato pudo
decir que se encontraban en el estupendo castillo del Marqués de Carabás.
El Rey quedó fascinado ante tanto esplendor y acabó pensando que se trataba del candidato perfecto
para casarse con su hija.
El Marqués y la princesa se casaron felizmente y el gato sólo volvió a cazar ratones para entretenerse.
EL VALIENTE SOLDADITO DE PLOMO
Érase una vez veinticinco soldaditos de plomo. Todos iguales, con su uniforme impecable, la vista al
frente y su fusil al hombro. Todos menos uno, al que le faltaba una pierna porque fue el último en
fundir y ya no quedaba plomo suficiente. Pero precisamente porque era distinto, era el que más
llamaba la atención de todos.
Un día los soldaditos fueron regalados a un niño y llegaron a una casa llena de juguetes. De todos
ellos, el castillo de papel fue el que más le gustó al soldadito de plomo. ¡Era tan bonito y grande! y
además en su puerta tenía una elegante bailarina.
- ¡Qué guapa es! ¡Podría ser mi esposa y entonces viviríamos juntos en su castillo!, pensó el soldadito.
Cuando llegó la noche y todos en la casa se fueron a dormir, los juguetes se despertaron. El soldadito
observaba escondido detrás de una caja de tabaco al resto de los juguetes, y en especial a su
bailarina, cuando de repente sonaron las doce y se abrió de golpe la caja de tabaco. De ella salió un
trol negro.
- ¿Qué miras soldadito de plomo? ¡Mira a otro lado!
El soldadito se echó a reír y el trol enfadado le contestó.
- ¿Ah no? ¡Pues ya verás!
Al día siguiente el niño colocó al soldadito en la ventana y de repente vino una corriente de aire - no se
sabe si por culpa del trol o por qué- y lanzó al soldadito hasta la calle. Rápidamente el niño bajó a
buscarlo pero aunque el soldadito estaba ahí mismo, no lo vió.
El soldadito se quedó sólo y por si fuera poco empezó a llover. Unos niños lo encontraron y no se les
ocurrió otra cosa que hacer un barco de papel y meterlo dentro para que navegara por las calles. Pero
no fue en absoluto divertido. El barco se movía cada vez más y el pobre soldadito empezó a estar
mareado, pero como era un soldado valiente continuó con la vista al frente sujetando con fuerza su
fusil. Llegó a un desagüe donde la corriente era más y más fuerte y en esos momentos de angustia el
soldadito sólo podía pensar en ver a su bailarina. Continuó en el barquito, pero hubo un momento en el
que éste no pudo aguantar más, acabó deshaciéndose y el soldadito se hundió con él…. hasta que por
ahí apareció un pez y engullió al soldadito.
El valiente soldadito de plomobrió los ojos y no vio nada. Permaneció en la oscuridad, casi sin poder
moverse hasta que se abrió la boca del pez y apareció una muchacha al otro lado. Lo miró con
curiosidad, lo cogió con cuidado y lo dejó encima de una mesa. Pero un momento, aquel lugar
resultaba familiar para el soldadito… ¡claro! Estaba en la misma casa en la que se encontraba justo
antes de caerse de la ventana y sí, la bailarina seguía allí erguida sobre una pierna con elegancia.
Pero sin saber porqué el niño lo cogió y lo lanzó a la chimenea. El pobre soldadito empezó a
consumirse poco a poco sin poder hacer nada por salvarse. En medio del tormento miró a la bailarina y
ella lo miró a él. Entonces surgió otra ráfaga de viento y la bailarina voló hasta la chimenea junto a él y
ambos desaparecieron juntos entre las llamas.
Al día siguiente, nada quedaba de los dos salvo una pequeña bolita de plomo, que curiosamente, tenía
forma de corazón.
PINOCHO

En una vieja carpintería, Geppetto, un señor amable y simpático, terminaba un día más de trabajo
dando los últimos retoques de pintura a un muñeco de madera que había construido.
Al mirarlo, pensó: ¡qué bonito me ha quedado! Y como el muñeco había sido hecho de madera de
pino, Geppetto decidió llamarlo Pinocho. Aquella noche, Geppeto se fue a dormir deseando que su
muñeco fuese un niño de verdad.
Siempre había deseado tener un hijo. Y al encontrarse profundamente dormido, llegó un hada buena y
viendo a Pinocho tan bonito, quiso premiar al buen carpintero, dando, con su varita mágica, vida al
muñeco.
Al día siguiente, cuando se despertó, Geppetto no daba crédito a sus ojos: Pinocho se movía,
caminaba, se reía y hablaba como un niño de verdad, para alegría del viejo carpintero.
Feliz y muy satisfecho, Geppeto mandó a Pinocho a la escuela. Quería que fuese un niño muy listo y
que aprendiera muchas cosas. Le acompañó su amigo Pepito Grillo, el consejero que le había dado el
hada buena.
Pero, en el camino del colegio, Pinocho se hizo amigo de dos niños muy malos, siguiendo sus
travesuras, e ignorando los consejos del grillito. En lugar de ir a la escuela, Pinocho decidió seguir a
sus nuevos amigos, buscando aventuras no muy buenas.
Al ver esta situación, el hada buena le hechizó. Por no ir a la escuela, le colocó dos orejas de burro, y
por portarse mal, le dijo que cada vez que dijera una mentira, le crecería la nariz, poniéndosele
además colorada.
Pinocho acabó reconociendo que no estaba siendo bueno, y arrepentido decidió buscar a Geppetto.
Supo entonces que Geppeto, al salir en su busca por el mar, había sido tragado por una enorme
ballena. Pinocho, con la ayuda del grillito, se fue a la mar para rescatar al pobre viejecito.
Cuando Pinocho estuvo frente a la ballena le pidió que le devolviese a su papá, pero la ballena abrió
su enorme boca y se lo tragó también a él. Dentro de la tripa de la ballena, Geppetto y Pinocho se
reencontraron. Y se pusieran a pensar cómo salir de allí.
Y gracias a Pepito Grillo encontraron una salida. Hicieron una fogata. El fuego hizo estornudar a la
enorme ballena, y la balsa salió volando con sus tres tripulantes.
Todos se salvaron. Pinocho volvió a casa y al colegio, y a partir de ese día siempre se comportó bien.
Y en recompensa de su bondad, el hada buena lo convirtió en un niño de carne y hueso, y fueron muy
felices por muchos y muchos años.
BUSCANDO LA PAZ
Había una vez un rey que ofreció un gran premio a aquel artista que pudiera captar en una pintura la
paz perfecta. Muchos artistas lo intentaron. El rey observó y admiró todas las pinturas, pero solamente
hubo dos que a él realmente le gustaron y tuvo que escoger entre ellas.

La primera era un lago muy tranquilo. Este lago era un espejo perfecto donde se reflejaban unas
plácidas montañas que lo rodeaban. Sobre estas se encontraba un cielo muy azul con tenues nubes
blancas. Todos quienes miraron esta pintura pensaron que esta reflejaba la paz perfecta.

La segunda pintura también tenía montañas. Pero estas eran escabrosas y descubiertas. Sobre ellas
había un cielo furioso del cual caía un impetuoso aguacero con rayos y truenos. Montaña abajo
parecía retumbar un espumoso torrente de agua. Todo esto no se revelaba para nada pacífico.

Pero cuando el Rey observó cuidadosamente, vio tras la cascada un delicado arbusto creciendo en
una grieta de la roca. En este arbusto se encontraba un nido. Allí, en medio del rugir del la violenta
caída de agua, estaba sentado plácidamente un pajarito en su nido...

- ¿Paz perfecta...?

- ¿Cuál crees que fue la pintura ganadora?

El Rey escogió la segunda.

- ¿Sabes por qué?

Explicó el rey: 'Paz no significa estar en un lugar sin ruidos, sin problemas, sin trabajo duro o sin dolor.
Paz significa que a pesar de estar en medio de todas estas cosas permanezcamos calmados dentro
de nuestro corazón. Este es el verdadero significado de la paz'.
LA CIUDAD SIN COLORES
Cuando la pequeña Violeta se levantó aquella mañana comprobó con terror que su habitación se había
quedado sin colores.

- ¿Qué ha pasado? – se preguntó la niña comprobando con alivio que su pelo seguía rojo como el
fuego y que su pijama aún era de cuadraditos verdes.

Violeta miró por la ventana y observó horrorizada que no solo su habitación, ¡toda la ciudad se había
vuelto gris y fea! Dispuesta a saber qué había ocurrido, Violeta, vestida de mil colores, se marchó a la
calle.

Al poco tiempo de salir de su casa se encontró con un viejito oscuro como la noche sacando a un perro
tan blanco que se confundía con la nada. Decidió preguntarle si sabía algo de por qué los colores se
habían marchado de la ciudad.

- Pues está claro. La gente está triste y en un mundo triste no hay lugar para los colores.

Y se marchó con su oscuridad y su tristeza. Al poco tiempo, se encontró con una mujer gris que
arrastraba un carrito emborronado y decidió preguntarle sobre la tristeza del mundo.

- Pues está claro. La gente está triste porque nos hemos quedado sin colores.

- Pero si son los colores los que se han marchado por la tristeza del mundo…

Cuento infantil La ciudad sin colores

La mujer se encogió de hombros con cara de no entender nada y siguió caminando. En ese momento,
una ardilla descolorida pasó por ahí.

- Ardilla, ¿sabes dónde están los colores? Hay quien dice que se han marchado porque el mundo está
triste, pero hay otros que dicen que es el mundo el que se ha vuelto triste por la ausencia de colores.

La ardilla descolorida dejó de comer su castaña blanquecina, miró con curiosidad a Violeta y exclamó:

- Sin colores no hay alegría y sin alegría no hay colores. Busca la alegría y encontrarás los colores.
Busca los colores y encontrarás la alegría.

Violeta se quedó pensativa durante un instante. ¡Qué cosa extraordinaria acababa de decir aquella
inteligente ardilla descolorida!

La niña, cada vez más decidida a recuperar la alegría y los colores, decidió visitar a su abuelo
Filomeno. El abuelo Filomeno era un pintor aficionado y también la persona más alegre que Violeta
había conocido jamás. Como ella, el abuelo Filomeno tenía el pelo de su barba rojo como el fuego y
una sonrisa tan grande y rosada como una rodaja de sandía. ¡Seguro que él sabía cómo arreglar aquel
desastre!

- Pues está claro, Violeta: Tenemos que pintar la alegría con nuestros colores.
- Pero eso, ¿cómo se hace?

- Muy fácil, Violeta. Piensa en algo que te haga feliz…

- Jugar a la pelota en un campo de girasoles.

- Perfecto, pues vamos a ello…

Violeta y el abuelo Filomeno pintaron sobre las paredes grises del colegio un precioso campo de
girasoles. Un policía incoloro que pasaba por allí quiso llamarles la atención, pero el abuelo Filomeno
con su sonrisa de sandía le preguntó alegremente:

- Señor Policía, cuéntenos algo que le haga feliz…

- ¿Feliz? Un sofá cómodo junto a una chimenea donde leer una buena novela policiaca.

Y fue así como Violeta, el abuelo Filomeno y aquel policía incoloro se pusieron a pintar una enorme
chimenea con una butaca de cuadros. En ese momento una mujer muy estirada y sin una pizca de
color se acercó a ellos con cara de malas pulgas, pero el abuelo Filomeno con su sonrisa de sandía le
preguntó alegremente:

- Descolorida señora, díganos algo que le haga muy feliz…

- ¿Feliz? ¿En estos tiempos grises? Déjeme que piense…una pastelería llena de buñuelos de
chocolate.

Poco a poco, todos los habitantes de la ciudad fueron uniéndose a aquel grupo y llenando la ciudad de
murales llenos de cosas maravillosas, que a todos ellos les hacían muy feliz. Cuando acabaron, la
ciudad entera se había llenado de colores. Todos sonreían alegres ante aquellas paredes repletas de
naranjas brillantes, azules marinos y verdes intensos. Volvían a ser felices y volvían de nuevo a
llenarse de colores.

Terminada la aventura, el abuelo Filomeno acompañó a Violeta a su casa. Pero cuando iban ya a
despedirse, a Violeta le entró una duda muy grande:

- Abuelo, ¿y si los colores vuelven a marcharse un día?

- Si se marchan tendremos que volver a sonreír. Solo así conseguiremos que regresen…

Y con su sonrisa de sandía, el abuelo Filomeno se dio media vuelta y continuó su camino a casa.
LAS ARDILLAS Y EL MÓVIL
¿Venís a jugar? - preguntó la ardilla Cascabel a sus amigos Cati y Link.

- No gracias, preferimos ver otro vídeo.

- ¡Os pasáis el día pegados a las pantallas!- les recriminó la ardillita. Y Cascabel tenía razón: desde
que Cati y Link aprendieron a usar los móviles que se olvidaban los excursionistas, ya no hacían otra
cosa que navegar por internet. Poco a poco, iban perdieron habilidades y como comían muchas
avellanas y apenas se movían, cada vez estaban más gordas.

Sólo Cascabel siguió trepando por las coníferas, ensayando saltos y acrobacias y manteniéndose en
forma.

Un día, mientras Cati y Link estaban mirando el móvil apareció una serpiente negra y amarilla que se
empezó a deslizar sigilosamente cerca de ellos, sin que se dieran cuenta.

Cascabel, que veía la escena desde lo alto, avisó a sus amigos con un grito: ¡cuidado!, pero ellos
estaban tan torpes, que tardaban mucho en moverse.

- ¡Oh no, los va a atacar!- exclamó Cascabel, y bajó todo lo rápido que pudo para intentar distraer a la
serpiente. El reptil se fijó en ella y empezó a perseguirla, así Cati y Link pudieron ponerse a salvo.

Cuando Cascabel hubo alejado a la serpiente muy lejos del bosque, volvió junto a sus amigos.

- ¡Qué susto tan grande!- dijeron Cati y Link al unísono- ¡Si no llegas a intervenir nos habría atacado!
¡Y todo por estar jugando con el teléfono!

Las ardillas aprendieron esta lección: Que no te distraigan las pantallas de tus obligaciones diarias.
PETER PAN
En las afueras de la ciudad de Londres, vivían tres hermanos: Wendy, Juan, y Miguel. A Wendy, la
hermana mayor, le encantaba contar historias a sus hermanitos.

Y casi siempre eran sobre las aventuras de Peter Pan, un amigo que de vez en cuando la visitaba.
Una noche, cuando estaban a punto de acostarse, una preciosa lucecita entró en la habitación.

El cuento clásico de Peter Pan para niños


Peter Pan cuento

Y dando saltos de alegría, los niños gritaron:

- ¡¡Es Peter Pan y Campanilla!!

Después de los saludos, Campanilla echó polvitos mágicos en los tres hermanos y ellos empezaron a
volar mientras Peter Pan les decía:

- ¡Nos vamos al País de Nunca Jamás!

Los cinco niños volaron, volaron, como las cometas por el cielo. Y cuando se encontraban cerca del
País de Nunca Jamás, Peter les señaló:

- Allí está el barco del temible Capitán Garfio.

Y dijo a Campanilla:
- Por favor, Campanilla, lleva a mis amiguitos a un sitio mas abrigado, mientras yo me libro de este
pirata pesado.

Pero Campanilla se sentía celosa de las atenciones que Peter tenía para con Wendy. Así que llevó a
los niños a la isla y mintió a los Niños Perdidos diciendo que Wendy era mala. Creyendo las palabras
del hada, ellos empezaron a decir cosas desagradables a la niña. Menos mal que Peter llegó a tiempo
para pararles. Y les preguntó:

- ¿Porque tratan mal a mi amiga Wendy?

Y ellos contestaron:

- Es que Campanilla nos dijo que ella era mala.

Peter Pan se quedó muy enfadado con Campanilla y le pidió explicaciones. Campanilla, colorada y
arrepentida, pidió perdón a Peter y a sus amigos por lo que hizo.

Pero la aventura en el País de Nunca Jamás solo acababa de empezar. Peter llevó a sus amiguitos a
visitaren la aldea de los indios Sioux. Allí, encontraron al gran jefe muy triste y preocupado. Y después
de que Peter Pan le preguntara sobre lo sucedido, el gran jefe le dijo:
- Estoy muy triste porque mí hija Lili salió de casa por la mañana y hasta ahora no la hemos
encontrado.
Como Peter era el que cuidaba de todos en la isla, se comprometió con el Gran Jefe de encontrar a
Lili. Con Wendy, Peter Pan buscó a la india por toda la isla hasta que la encontró prisionera del
Capitán Garfio, en la playa de las sirenas.

Lili estaba amarrada a una roca, mientras Garfio le amenazaba con dejarla allí hasta que la marea
subiera, si no le contaba donde estaba la casa de Peter Pan. La pequeña india, muy valiente, le
contestaba que no iba a decírselo. Lo que ponía furioso al Capitán. Y cuando parecía que nada podía
salvarla, de repente oyeron una voz:

- ¡Eh, Capitán Garfio, eres un bacalao, un cobarde! ¡A ver si te atreves conmigo!

Era Peter pan, que venía a rescatar a la hija del Gran jefe indio. Después de liberar a Lili de las
cuerdas, Peter empezó a luchar contra Garfio. De pronto, el Capitán empezó a oír el tic tac que tanto le
horrorizaba.

Era el cocodrilo que se acercaba dejando a Garfio nervioso. Temblaba tanto que acabó cayéndose al
mar.Y jamás se supo nada más del Capitán Garfio.

Peter devolvió a Lili a su aldea y el padre de la niña, muy contento, no sabía cómo dar las gracias a él.
Así que preparó una gran fiesta para sus amiguitos, quiénes bailaron y pasaron muy bien.

Pero ya era tarde y los niños tenían que volver a su casa para dormir. Peter Pan y Campanilla los
acompañaron en el viaje de vuelta. Y al despedirse, Peter les dijo:

- Aunque crezcáis, no perdáis nunca vuestra fantasía ni vuestra imaginación. Volveré para llevaros a
una nueva aventura. ¡Adiós amigos!

- ¡Hasta luego Peter Pan! gritaron los niños mientras se metían debajo de la mantita porque hacía
muchísimo frío.
PASEO POR LA LUNA
Perico quería ser astronauta. Ese era su gran sueño. Todas las noches miraba por la ventana para ver
la luna e imaginar lo que sería poder estar allí arriba.

Un día llegó a casa de Perico una carta. Era de una agencia espacial que buscaba jóvenes intrépidos
que quisieran participar en una expedición sin precedentes.

Los padres de Perico no estaban muy convencidos. Aun así concertaron una entrevista con los
representantes de la agencia para que les explicaran más detalles.

-No te hagas ilusiones, Perico -le advirtieron-. Solo vamos a informarnos.

Perico y sus padres fueron a las instalaciones de la agencia, donde les explicaron todos los detalles: la
preparación, el entrenamiento, la misión…

-Tendrías que estudiar muchísimo -le explicaron-. Además, el entrenamiento físico es muy duro, y la
disciplina excepcional. Tu compromiso deberá ser completo.

Perico estaba más que dispuesto. Pero a medida que le fueron explicando qué es lo que tendría que
hacer empezó a desanimarse. Tendría que entrenar durante meses, sin ver a sus padres ni a sus
amigos. Y el enfrentamiento era tan duro que cansaba solo de pensarlo. Y la disciplina, eso sí que
sonaba fatal.

-Si estás dispuesto a sacrificarte, podrás participar -le dijeron sus padres.

-Pero es que es muy duro -dijo Perico-. Y si no paso las pruebas no iré, y no habrá servido para nada.

-Paseo por la luna Eso no es del todo cierto -le dijeron los representantes de la agencia-. De todo se
aprende, aunque si pretendes empezar pensando en el fracaso es fácil que no lo logres. Pero
piénsatelo. Esto no es para todo el mundo, y no pasa nada si no lo haces. Si de verdad crees que no
puedes hacerlo, sé valiente y reconócelo. Pero si de verdad quieres ir a la luna, debes ser capaz de
sacrificarte y de comprometerte. Solo con buena actitud podrás alcanzar tus metas.

Perico se lo pensó. Él deseaba con toda su alma ser astronauta. Así que tenía que intentarlo. Así que
aceptó.

Y tras quince meses de duro entrenamiento, Perico lo consiguió. Hubo momentos difíciles, pero nunca
perdió de vista que el objetivo merecía la pena. Incluso cuando parecía imposible.
EL PRIMER VIAJE DE SIMBAD EL MARINO
Veréis. En mi juventud heredé una inmensa fortuna. Pero era bastante imprudente y lo gasté casi todo
en poco tiempo. Cuando al fin maduré y me di cuenta de que había echado mi vida a perder, juntó lo
que me quedaba y decidí crear una empresa de venta de mercancías. Busqué un barco, contraté al
capitán y la tripulación y me eché a la mar para buscar otro país para hacer negocios.

Pero en medio del mar divisamos un extraño islote de prados muy verdes. Era pequeño, y nos entró la
curiosidad de saber qué había allí, así que varios de mis hombre y yo subimos a un bote y llegamos
hasta la pequeña isla. No vimos nada especial, pero decidimos quemar algunas maderas para
calentarnos, porque empezaba a hacer frío.

En ese momento, la isla se movió como azotada por un terremoto, y de pronto se hundió en la
profundidad del mar. Desde el barco escuchamos los gritos:

– ¡No es una isla! ¡Es una ballena!

Imaginaros el pánico que nos entró. Mis compañeros consiguieron subirse al bote, pero se olvidaron
de mí, y me dieron por muerto.

Sin embargo, conseguí agarrarme a una tabla que había quedado flotando en el mar. Llegué hasta una
isla en donde unos hombres me encontraron y me llevaron hasta el rey del lugar, con el que entablé
una gran amistad. Días después un barco llegó hasta la isla: eran comerciantes y querían vender unas
valiosas mercancías.

– ¿De dónde son?- les pregunté.

– Señor, es el barco de un malogrado mercader que murió hace días. Se llamaba Simbad.

– ¿Simbad, dices? Entonces me quedaré con todo, pues yo soy Simbad.

Algunos de los marineros salieron del barco y me reconocieron. Así pude regresar a Bagdad, no sin
llevarme antes muchísimos y valiosos regalos que el rey de la isla me quiso hacer como muestra de
cariño.
BIBLIOGRAFIA

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india/

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ninos/

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educar-en-valores/

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los-ninos-a-las-pantallas/

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