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INTRODUCCIÓN

La novela histórica recrea un periodo histórico con personajes y eventos reales. Surge en el siglo XIX gracias a Walter Scott y expresa el nacionalismo romántico. Existen varias clasificaciones como ilusionista y antiilusionista, dependiendo del tratamiento de los hechos históricos. La historia presenta datos objetivos mientras la novela histórica es subjetiva y ficticia aunque ambas utilizan la narrativa.
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INTRODUCCIÓN

La novela histórica recrea un periodo histórico con personajes y eventos reales. Surge en el siglo XIX gracias a Walter Scott y expresa el nacionalismo romántico. Existen varias clasificaciones como ilusionista y antiilusionista, dependiendo del tratamiento de los hechos históricos. La historia presenta datos objetivos mientras la novela histórica es subjetiva y ficticia aunque ambas utilizan la narrativa.
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INTRODUCCIÓN

De acuerdo a los especialistas, la novela puede definirse como un género

literario de carácter narrativo y de cierta extensión. Está escrita en prosa y narra

hechos ficticios o basados en hechos reales. También es el conjunto de obras

novelescas de un autor, época, lengua o estilo. Hay varias ramas de la novela,

pero en esta ocasión solo nos centraremos en la histórica.

La novela histórica es aquella que, siendo una obra de ficción, recrea un

periodo histórico preferentemente lejano y en la que forman parte de la acción

personajes y eventos no ficticios1. Esta no debe confundirse con la novela de

ambientación histórica, que presenta personajes y eventos ficticios ubicados en

un pasado con frecuencia remoto.

Si bien sabemos que, en siglos anteriores, hubieron narrativas históricas

que llegaron a aproximarse al género novelesco, debemos aclarar y precisar que

la novela histórica como tal (sub género narrativo o literario) nace en la segunda

década del siglo XIX, gracias a la labor literaria y difusora del escritor escocés

Walter Scott, autor de Waverly (1814) y Ivanhoe (1819). Surge, como expresión

artística del nacionalismo de los escritores románticos y de su nostalgia ante los

cambios producidos en las costumbres y los valores que impuso la

transformación burguesa del mundo durante el proceso de industrialización

económica y modernidad política en Europa entre los siglos XVIII y XIX.

De acuerdo a los cultores de este subgénero narrativo, la novela histórica

presenta ciertas características. Entre estas podemos identificar: a) Contiene

unos personajes que pueden ser verídicos o creados por el autor; b) se sitúa en

un tiempo y espacio verídico y real; c) se esfuerza por encontrar un aspecto


1
De acuerdo a la definición dada por Enrique Anderson Imbert (1954), “llamamos “novelas históricas” a
las que cuentan una acción ocurrida en una época anterior a la del novelista. Esa acción, por imaginaria
que sea, tiene que entrelazarse por lo menos con un hecho histórico significativo. Los materiales tomados
de la historia pueden ser modificados o no; pero aun en los casos en que permanecen verdaderos, al
fundirse en una estructura novelesca cambian de valor y se ponen a cumplir una función estética, no
intelectual. Es decir, que los objetos históricos se transmutan en objetos artísticos” (p. 26).
histórico sucedido en la vida privada de sus personajes; d) presenta la historia

de manera doméstica, es decir, de forma casual.

Aunque nuestro propósito, en esta compilación, no pretende incursionar

en el debate teórico, donde hay interesantes planteamientos de destacados

personajes de la talla de Giorgy Lukács y Robert Lefere, debemos de señalar

que en los últimos años se está tratando de establecer una tipología de la novela

histórica. El crítico literario argentino Noé Jitrik, plantea en su libro Historia e

imaginación literaria (1995) “las posibilidades de un género”, un esbozo de

tipología del género, ya no sobre la base del tratamiento ideológico de la

historia en las novelas sino a partir de la distancia y la relación entre el contexto

del “referente” y el contexto del “referido”. Así, existen para este autor tres

tipos de novela histórica: arqueológica, catártica y sistemática o funcional (Jitrik,

1995, p. 69).

En el primer caso, la novela histórica arqueológica, la distancia entre

ambos contextos históricos es profunda. En el caso de la novela histórica

catártica la distancia es mínima, los contextos se confunden y, como lo indica la

denominación en ella, “se canalizan necesidades analíticas propias de una

situación de cercanía”. Por último, está la novela histórica funcional o

sistemática, destaca que su objetivo no es sólo narrar la historia sino examinar

algunos de sus momentos.

Otros autores como el alemán Kurt Spang clasifican el subgénero en

ilusionista y antiilusionista (Spang, 1995, p. 86). En la primera clasificación, el

autor procura dar un velo de veracidad, de legitimidad y utiliza para ello todos

los recursos posibles para lograrlo al entrelazar los sucesos descritos. De tal

manera que su intención es inducir una impresión de realidad en el punto de

vista del narrador. Por ello, uno de los recursos que utiliza es la inclusión de

pasajes preparados con pruebas que reafirman su versión de los hechos. Estas
inclusiones dan veracidad a fragmentos, y el uso habitual del recurso apoya la

solidez que busca el narrador para su obra.

La novela histórica antiilusionista tiene cabida en Europa desde finales

del siglo XIX y conserva una aceptación extendida hasta hoy. En ella, esta

vertiente permite al lector, sea historiador o no, un sesgo resaltante en la

descripción de los sucesos. El recurso reinterpretativo de eventos aislados es su

materia; entonces, para el escritor resulta imprescindible ensamblar la línea

argumental incluyendo segmentos enteramente ficticios. Cabe destacar que su

narrador es mucho más subjetivo, y puede llegar a tomar una posición lejana y

menos afectada por el desarrollo de los sucesos.

Para cerrar esta clasificación de la novela, tenemos que señalar que

algunos conocedores en la materia, como la española Ana García Herranz,

siguiendo un criterio genérico, la separan en Episodio nacional o novela

histórica nacional y La nueva novela histórica postmoderna (García Herranz,

2009, p. 305). Es bueno señalar que no siempre hay consenso en considerar al

primero como parte del género.

El episodio nacional puede narrar sucesos históricos cercanos al autor,

un pasado reciente, contemporáneo. Otras de sus características serían: ausencia

del exotismo y el misterio, deficiente utilización de resúmenes y pausas

explicativas, un esfuerzo documental rigurosísimo, lo acaecido en la Historia se

impone y fija la trama ficticia, el protagonismo se reparte entre personajes

inventados y personajes históricos de primer plano o el hecho de que la historia

anónima y privada coexiste con la pública manifestando una intencionalidad

didáctica.

Entre tanto, la novela histórica postmoderna ha ido evolucionando. Este

tipo de novelas abunda en cantidad y calidad, dando lugar a múltiples

innovaciones que dan mayor vuelo al género. Usa elementos como la hipérbole,
lo grotesco o la pura invención en lo relativo al tratamiento del material

histórico, lo cual determina su alejamiento con respecto a la historiografía oficial

menoscabando el concepto de fidelidad histórica. Otros rasgos son: presencia

de la metaficción, alternabilidad de figuras y personajes, asume la

imposibilidad de establecer la realidad o la historia, se muestra impredecible,

da importancia a las referencias intertextuales y presenta aspectos ligados a la

heteroglosia, lo carnavalesco y lo dialógico.

Historia y novela histórica: coincidencias y diferencias

Muchos expertos han discutido la relación que existe entre la historia y la

novela histórica. Cuando estudiamos un libro de historia, muchas veces

encontramos los acontecimientos presentados en forma narrativa. Entonces,

¿Cuál es la diferencia entre el libro que utilizan los estudiantes en las clases de

historia y una novela histórica? La respuesta es clara. La historia maneja datos

irrefutables, presenta un ordenamiento de forma lógica y explica los sucesos de

forma directa, sin incurrir en lo imaginativo. En tanto, la novela histórica utiliza

el relato, es subjetiva, pues depende de lo que “siente” el autor y la lógica

difiere de los hechos.

En cuanto a los creadores, debemos decir que el historiador es objetivo y

su función es analizar los acontecimientos históricos y sacar una conclusión

sobre estos, mientras que el novelista histórico es un literato que utiliza su

imaginación para escribir sobre diversos sucesos acontecidos en el tiempo. En

ese sentido, crea una trama ficcional sucedido en el pasado y apela a las

emociones para recrear dicho momento. Si bien los historiadores y los

novelistas históricos tienen perspectivas distintas de la realidad, ambos

coinciden en un aspecto: emplean la narración en sus trabajos.

El destacado filosofo e historiador estadounidense Hayden White, dedicó

buena parte de su tiempo al estudio de las llamadas “narrativas históricas”. En


su libro El texto histórico como artefacto literario y otros escritos, White (2003),

señala categóricamente que:

hay un problema que ni los filósofos ni los historiadores han planteado


seriamente y al cual los teóricos de la literatura han prestado solo una
atención superficial. El asunto tiene que ver con el estatus de la narrativa
histórica, considerada puramente como un artefacto verbal que pretende
ser un modelo de estructuras y procesos muy antiguos y; por
consiguiente, no sujeto a controles experimentales u observacionales.
Esto no quiere decir que los historiadores y los filósofos de la historia no
se hayan percatado de la naturaleza esencialmente provisional y
contingente de las representaciones históricas y de que son susceptibles
de revisión infinita a la luz de una nueva evidencia o de una
conceptualización más sofisticada de los problemas. Una de las
características de un buen historiador profesional es la coherencia con la
cual recuerda a sus lectores la naturaleza puramente provisional de sus
caracterizaciones de los acontecimientos, los agentes y las agencias
encontrados en el siempre incompleto registro histórico. Esto tampoco
quiere decir que los teóricos de la literatura nunca hayan estudiado la
estructura de las narrativas históricas. Pero en general han sido reticentes
a considerar las narrativas históricas como lo que manifiestamente son:
ficciones verbales cuyos contenidos son tanto inventados como
encontrados y cuyas formas tienen más en común con sus homólogas en la
literatura que con las de las ciencias (p. 109).

Las opiniones de White no dejan de tener cierto sentido. En

determinados casos la ficción ha logrado cubrir ciertos vacíos que la historia no

ha podido resolver.

Las novelas históricas en el Perú e Hispanoamérica

Durante la segunda década del siglo XIX, en medio de las guerras de

emancipación entre España y sus colonias, la novela despierta a concitar el

interés de parte de los integrantes de las elites letradas criollas de

Hispanoamérica. Aquella particularidad fue advertida por Doris Sommer en su

libro Ficciones fundacionales, en donde sostiene que “las novelas románticas se

desarrollan mano a mano con la historia patriótica en América Latina. Juntas

despertaron un ferviente deseo de felicidad domestica que se desbordó en


sueños de prosperidad nacional materializados en proyectos de construcción de

naciones que invistieron a las naciones privadas con objetivos públicos”

(Sommer, 2004, p. 23).

Influida por el discurso de Benedict Anderson y Michael Foucault, la

mencionada crítica literaria estadounidense sostiene que las novelas o

“romances nacionales”, como así ella la califica, son narrativas alegóricas que

tratan de mostrar a distintos personajes de una propia comunidad en situación

de confraternidad, desligándose de sus afanes políticos, intereses económicos y

regionalismos. Para Sommer, las grandes novelas del Boom Latinoamericano,

entre las cuales menciona Cien años de Soledad, de Gabriel García Márquez,

reescriben en clave decadente, los “romances” originales.

Desde 1850 y 1830, los romances o novelas nacionales proyectaban las

creencias, sueños e ideales de la sociedad civil por medio de héroes masculinos

significativamente “feminizados” (aspecto físico, sentimientos y principios

elevados). Sommer sostiene que existen diferencias en torno al triangulo

romántico amoroso señalado por Rene Girard, a las relaciones de poder

expresadas en las novelas de Stendhal o Balzac, al desengaño y las

resquebrajaduras en las familias burguesas.

La combinación entre historia y ficción nacional con trascendencia

política es expresada en textos de escritores como Andrés Bello, Bartolomé

Mitre y José Martí. Cabe señalar que no todas las “novelas fundacionales” son

históricas, pero muchas si lo son, como es el caso de las novelas que recrean el

periodo de la independencia hispanoamericana.

Efectivamente, desde el periodo de la emancipación americana a la

actualidad, diversos escritores de Hispanoamérica han logrado publicar,

siguiendo una determinada corriente o escuela literaria (romanticismo,

modernismo, realismo, naturalismo, etcétera.), una enorme cantidad de novelas


históricas. Algunas de ellas se ubicaron en el periodo de la conquista

americana2, otras en el periodo colonial y un grupo considerable se desarrolla

en el contexto de las guerras de la independencia, disputadas entre los bandos

realistas y separatistas, las mismas que se desarrollaron en las posesiones

territoriales americanas del Imperio Español entre 1809 y 1830.

Inspirados en la obra de los autores europeos, los primeros novelistas

hispanoamericanos empezaron a plasmar sus primeras producciones en el

marco de las guerras de independencia de 1820 y los primeros años de la

década de 1830. Según el crítico literario uruguayo David Barbagelata (1947)

“nuestra América no podía escapar a esa regla de asimilación y de adaptación.

Sin sendas tradicionales que seguir en la materia, aunque con los antecedentes

de los libros de caballería y de las narraciones picarescas españolas los

talentosos y verdaderos novelistas hispanoamericanos […] buscaron la acción

extranjera para que obrara como elemento catalítico en sus producciones” (p. 8).

Franceses como Víctor Hugo y Alejandro Dumas, españoles como José

de Espronceda y Mariano José de Larra y el propio Walter Scott, empezaron a

ser leídos en las principales ciudades hispanoamericanas despertando la

atención de los hombres de la pluma quienes no tuvieron reparos en tratar de

imitarlos.

Aunque hay un vasto número de producciones literarias sobre la

temática de la emancipación americana, debemos de mencionar seis destacados

trabajos realizados en el siglo XIX por autores de nacionalidad argentina, como

Soledad (1847), de Bartolomé Mitre; Una noche de boda (1854), de Miguel Cane; El

isleño: episodio de la guerra de la independencia (1857) de Manuel Romano; María de

2
Si bien es cierto que la primera novela publicada en Hispanoamérica es El periquillo Sarniento (1816),
del escritor mexicano José Joaquín Fernández de Luzardi, la primera novela histórica que aparece en
Hispanoamérica es Jiconténcal (1826) de autor anónimo. Esta obra está ambientada durante el periodo de
la conquista de México entre 1519 y 1521. La obra narra la situación que atravesaban, durante ese
periodo, los indios tlaxcaltecas, entre librarse del dominio del Imperio Azteca y apoyar a los españoles o
luchar directamente contra las fuerzas invasoras provenientes de Europa.
Montiel (1861), de Mercedes Rosas de Rivera; El capitán de Patricios (1864) de

Juan María Gutiérrez y El pozo del Yocci (1869), de la escritora oriunda de Salta y

afincada por muchos años en el Perú, Juana Manuela Gorriti (Molina, 2011, p.

58)3.

Similar trascendencia tuvieron también en Chile las novelas, El Mendigo

(1843) y Rosa (1847), de José Victorino Lastarria, La vida de un amigo o un primer

amor (1846), de Wenceslao Vial Guzmán; Un rapto (1860), de Román Vial; Los

Talaveras (1871) y El capitán San Bruno o el escarmiento de los Talaveras (1875), de

Liborio Brieba y Durante la reconquista (1897), de Alberto Blest Gana, las cuales

constituyeron una clara muestra de la novelística histórica de la emancipación

chilena del siglo XIX (Zamudio, 1960, pp. 236-243).

A diferencia de Argentina y Chile, donde hubo una mayor producción

de novelas históricas sobre el periodo de la independencia, el desarrollo de este

género en el Perú, en particular sobre esta crucial etapa fundacional de la

nación, fue casi por así decirlo, escasa. En Peregrinaciones de una paría (1838) de

Flora Tristán, que precisamente no es una novela histórica sino un diario de

viaje, la autora francesa de origen peruano hizo una ligera mención del periodo

emancipador. De similar modo, la novela El padre Horan. Escenas de la vida del

Cuzco (1848), del escritor cuzqueño Efraín Aréstegui, publicada en forma de

folletín en El Comercio, donde el autor recrea la historia de un asesinato real

ocurrido en el Cusco de la década de 1830, esboza breves fragmentos

relacionados a personajes y acontecimientos de la independencia peruana.

Efectivamente, heroicos precursores como Tupac Amaru II y Mateo Pumacahua

y acontecimientos importantes como la célebre batalla de Junín son rescatados y

rememorados por el autor en las primeras páginas del libro. Sin embargo, la

trama de la novela gira alrededor de “un eje temático central: el asesinato de

Angelica por el Padre Horan. Todas esas historias articuladas se refieren a

3
Sobre el desarrollo e impacto de la novela histórica argentina, véase Lojo (2013).
diversas miserias morales y físicas de personajes afincados en el Cusco del siglo

XIX” (Velázquez, 2004, p. 287). En la década de 1850, tenemos conocimiento,

por información de Mariano Felipe Paz Soldán que, durante el gobierno del

general José Rufino Echenique, apareció en Ayacucho una novela histórica,

desconocida para nosotros, escrita por Justo Rivera, titulada Patriota, patriotismo

y patria (1853), obra que estaba ambientada en el periodo de lucha entre

patriotas y realistas (Paz Soldán, 1879, p. 544). Sin embargo, no pudimos

acceder a este texto, puesto que no está en ningún repositorio físico y virtual y

creemos que está desaparecida.

No es que en el Perú del siglo XIX no hayan existido cultores en novelas

históricas, desde luego que si los hubo (Julián Manuel del Portillo, Manuel

Ascencio Segura, Narciso Aréstegui, Luis Benjamín Cisneros, José Antonio

Lavalle, José Eugenio Iturrino, entre otros), pero casi nadie se atrevió a crear

una obra de este género ambientada totalmente en el periodo emancipador. De

todos los escritores peruanos quien más se acercó a este periodo, pero no desde

el género de la novela, sino desde el género creado por él mismo (la tradición),

fue Ricardo Palma. En aquellas cortas composiciones que plasmó de manera

original, varias de ellas se ubicaron en el periodo de la independencia: “Pan,

queso y raspadura”, “El secreto de la confesión”, “María Abascal”, “El padre

Pata”, “La justicia de Bolívar”, “Con días y ollas venceremos”, “El virrey de la

adivinanza”, “Una moza de rompe y raja”, “La Protectora y la Libertadora”,

“La tradición del himno nacional”, entre otras. Aquellos breves relatos de

historia y ficción, elaborados por el tradicionista fue lo más alto que pudo

producir la narrativa peruana decimonónica en torno al periodo mencionado.

De acuerdo a Seymour Menton, “el mejor narrador histórico latinoamericano de

todo el siglo XIX fue Ricardo Palma, cuyas seis series de Tradiciones peruanas,

publicadas entre 1872 y 1883, caben más dentro del realismo que dentro del

romanticismo” (Menton, 1993, p.37).


Al igual que las “tradiciones” escritas por Palma, aparecieron también en

el Perú de la segunda mitad del siglo XIX algunos cortos relatos históricos con

cierta dosis de ficción como “Bolívar (Recuerdos de antaño)”, escrita en 1862

por el venezolano Juan Vicente Camacho, “La medalla de un libertador” (1865),

de Luis Benjamín Cisneros, “Una minga patriótica” (1887), de Abelardo

Gamarra y “Muera el virrey” (1888), de Eleazar Boloña.

La pluma femenina peruana no fue ajena también a los episodios del

periodo de la independencia. En 1876, tres años antes del inicio de La Guerra

del Pacífico, fue publicado en El Correo del Perú el ensayo de Mercedes Cabello

de Carbonera, El patriotismo de la mujer, donde la autora destaca la labor de

algunas destacadas heroínas como María Parado de Bellido. Según Luz Morales

Pino (2022), “Cabello nombra de forma indiferente batallas claves y singulares

para la historia patria: acontecimientos que se llaman Ayacucho, Junín, Dos de

Mayo, lo que reproduce la mención de las mujeres de forma genérica como

colectivo homogéneo, intemporal y equivalente” (p. 142). No obstante, esta obra

tampoco fue una novela histórica. Dos años después, del trabajo de Mercedes

Cabello, Carolina Freyre de Jaime publicó María de Bellido, drama en prosa y en

verso ambientado en el periodo de la emancipación.

Si bien hubo mucho interés en torno a la independencia por parte de

algunos autores de tradiciones, dramas, versos y ensayos, no fue hasta el último

año del siglo XIX, en donde aparece tardíamente una novela histórica

ambientada en el periodo que abordamos. En efecto, Teresa Gonzales de

Fanning, rompiendo todos los esquemas, publicó en 1899 en Buenos Aires, en la

Revista de Derecho, Historia y Letras (Tomo III, pp. 24-35; pp. 245-252; pp. 403-413;

pp. 510-526) su novela Roque Moreno, la primera obra del género novelístico

ambientada en la independencia realizado por una escritora peruana.


En el caso de la literatura colombiana, alcanzamos a identificar algunas

novelas históricas que tuvieron cierta resonancia en las élites letradas

decimonónicas, como Los Jigantes [sic] (1875), de Felipe Pérez; La familia del tío

Andrés (1881), Una familia patriota. Cuadros de la época de la independencia de 1812 a

1821 (1884), Episodios novelescos de la historia patria. La insurrección de los

comuneros (1887), de Soledad Acosta de Samper y Galán, el comunero (1891), de

Constancio Franco.

Por su parte en México, encontramos un importante cultor de este

género, Juan Díaz Covarrubias, autor de una interesante novela, Gil Gómez el

insurgente (1857), una historia de amor e idealismo ambientada en el contexto de

la independencia mexicana, iniciada y promovida por el cura Miguel Hidalgo

en 1810.

Una menor producción novelística encontramos en Bolivia, Uruguay,

Venezuela y Ecuador. En el país altiplánico, el escritor Nataniel Aguirre publica

por entregas en la prensa de su natal Cochabamba, la novela Juan de la Rosa.

Memorias del último soldado de la independencia (1885). De acuerdo a Rosa Pellicer

(2013), “el fondo histórico de Juan de la Rosa es la heroica y desigual lucha de

los habitantes de Cochabamba, y el llamado Alto Perú, por alcanzar la

independencia política frente al poderoso ejército del cruel Goyeneche” (p. 274).

En la República Oriental del Uruguay, destacó en la creación de novelas

históricas, el escritor Eduardo Acevedo Díaz. Originario de Montevideo,

Acevedo fue el iniciador de la novela nacional de su país, autor de novelas

históricas, ambientadas en la lucha de los patriotas uruguayos contra las fuerzas

españolas y brasileñas, como Ismael (1888), Nativa (1890) y Grito de Gloria (1893).

En el país llanero, ubicamos Venezuela heroica (1881) del escritor Eduardo

Blanco. La mencionada obra presenta cinco cuadros de las batallas llevadas a

cabo entre patriotas y realistas en la patria de Bolívar: La Victoria, Las Queseras

del Medio, San Mateo, Carabobo y Boyacá. Dos años después, esta misma
epopeya en prosa romántica fue ampliada por su autor al agregarle sucesos

producidos en seis batallas libradas: Maturín, Sitio de Valencia, La invasión de

los Seiscientos, San Félix, La casa Fuerte, Punta Brava, La invasión de Estrella

de Mar y Matasiete.

Entre tanto en el Ecuador, destacamos la novela histórica Relación de un

veterano de la independencia (1895), del escritor quiteño, Carlos Rodolfo Tobar,

quien nos cuenta la historia de Antonio Mideros, un antiguo militar quien

rememora el episodio de la independencia de Quito, el 10 de agosto de 1809 y

los años posteriores, donde sirvió en el ejército libertador.

En lo que respecta a las novelas históricas hispanoamericanas del siglo

XX, destacamos Leyendas del tiempo heroico (1905), del ecuatoriano Manuel de

Jesús Calle; La flor del almendro (1910), del chileno Enrique del Solar, e Ildefonso

(1924), del peruano Carlos Camino Calderón. Publicada en Chincha, en el año

del Centenario de la batalla de Ayacucho, la novela de Camino Calderón lleva

el subtítulo: “de como el sacrificio de un joven chinchano trajo por consecuencia

la victoria de Ayacucho”. Basado en las memorias del militar británico, el

mariscal Guillermo Miller, el autor recrea en su obra la historia de un

afroperuano que se alista en el ejército patriota, inmolando su vida por la causa

de la emancipación.

Ese mismo año conmemorativo, fueron publicadas en Barcelona dos

obras literarias de Pedro Davalos y Lissón: San Martín (1820-1822) y Bolívar

(1823-1827), dos “novelas históricas que conforman una saga sobre la

Independencia y que escribió, a propósito de las celebraciones del primer

centenario” (Pollarollo, 2022, p. 289). Al poco tiempo de la salida de estos

trabajos, fue publicada en Buenos Aires la novela Tiempos de la Patria Vieja

(1926), de la peruana Angelica Palma, hija del famoso tradicionista don Ricardo

Palma, obra que había quedado en segundo lugar en el Concurso del


Centenario de la Batalla de Ayacucho en el área de novela, evento organizado

en 1924 por el Gobierno del presidente Augusto B. Leguía (Pollarollo, 2021, p.

350). Según Eduardo Huárag (2021), “la novela presenta el típico caso de una

familia de Lima, con ascendientes españoles e hijos de la patria nueva. La lucha

por la independencia los divide. Pero a la vez metafóricamente, la posibilidad

de que nazca una nueva república supone la muerte de del sistema anterior” (p.

19).

Por aquellos años aparecen también La Marquesa de Yolombo (1927), del

colombiano Tomás Carrasquilla; Un soldado de la Patria Vieja (1929), del chileno

René Brickles; Cuando mi tierra nació. Atardecer (1930), de la chilena Inés

Echevarría Bello; Las lanzas coloradas (1931), del venezolano Arturo Uslar Pietri,

novela ambientada en la independencia de su país, donde el autor enaltece el

accionar de los principales protagonistas del movimiento separatista, por

encima de la heroicidad del pueblo; El santo de la espada (1933), del argentino

Ricardo Rojas; Doña Javiera Carrera (1937) de la escritora chilena Isabel Carrera

de Ried, obra donde recrea la acción de los legendarios hermanos Carrera; El

reino de este mundo (1949), del reconocido escritor cubano Alejo Carpentier;

Amor y gloria: el romance de Manuel Sáenz y el Libertador (1952), de la escritora

peruana María Jesús Alvarado Rivera y Guerrilleros (1953), del chileno

Edmundo Márquez, en donde su autor recrea a su estilo la actuación que

tuvieron las guerrillas y montoneras en la independencia de Chile.

Una distinción especial, por su persistencia en este tipo de género

literario, nos lo ofrece el escritor peruano, oriundo de Piura, Francisco Vegas

Seminario, autor de una interesante trilogía, compuesta por Cuando los

mariscales combatían (1959), Bajo el signo de la mariscala (1960) y La gesta del

caudillo (1961), novelas que recreaban de modo ameno y fresco los agitados

acontecimientos sucedidos luego de la independencia.


En Chile, Jorge Inostrosa Cuevas, publicó su monumental obra Los

húsares trágicos (1964), novela escrita en tres volúmenes, donde se narra

ficcionalmente la historia del prócer y padre de la patria chilena, José Miguel

Carrera y el guerrillero patriota Manuel Rodríguez. Cinco años después, el

mencionado escritor, catalogado como uno de los mejores representantes de

novela histórica en su país, sacó a la luz Bajo las banderas del Libertador (1969),

inspirada en la trayectoria vital del general venezolano Simón Bolívar.

En los años sucesivos siguieron publicándose más novelas históricas

ambientadas en la independencia hispanoamericana: No se turbe vuestro corazón,

del argentino Eduardo Belgrano Rawson, obra que narra los acontecimientos

más oscuros realizados por el ejército libertador del Rio de la Plata; La tragedia

del generalísimo (1983), del venezolano Denzil Romero y Bolívar, La revolución es

un sueño eterno, del argentino Andrés Rivera (1987), La ceniza del libertador (1987),

del colombiano Fernando Cruz Kronfly y La esposa del doctor Thorne (1988), del

venezolano Denzil Romero. Asimismo, escribieron novelas históricas inspiradas

en el proceso de independencia, los consagrados representantes del Boom

Latinoamericano, el colombiano Gabriel García Márquez, autor de El general en

su laberinto (1989), donde recrea los últimos días del militar caraqueño

sucedidos entre Bogotá y Santa Marta en 1830, y el mexicano Carlos Fuentes,

autor de La campaña (1990), obra donde recrea algunos episodios de tres

personajes de ideas ilustradas acontecidos en el proceso de independencia

hispanoamericana (1810-1820), que fueron desarrollados en distintos escenarios

como la pampa de Argentina, el altiplano de Bolivia y el Perú, el extenso

territorio de México, algunos puertos de Chile y otras regiones del continente

americano.

Según el crítico literario estadounidense y especialista en literatura

latinoamericana, Seymour Menton, entre 1979 y 1992, se desarrolló en América

Latina un nuevo modelo de novela histórica. Precisamente, en la última década


del siglo XX, llegaron a destacarse algunas novelas históricas como Bolívar: El

último rostro (1990), del colombiano Álvaro Mutis y Mientras llega el día (1990),

del ecuatoriano Juan Valdano donde narra y recrea ficcionalmente las

incidencias del movimiento libertador en la ciudad de Quito en 1809 y sus

implicancias en los años posteriores.

Despiertan también el interés de la crítica literaria Las batallas secretas de

Belgrano (1995), de la argentina María Esther de Miguel, El insondable. Una visión

de la vida de Bolívar con nuevos aportes documentales (1997), del colombiano Álvaro

Pineda Botero, “novela coral llena de polifonías y heteroglosias, donde se van a

cuestionar muchas de las verdades oficiales del héroe de la independencia”

(Camacho Delgado, 2011, p. 54). Asimismo, despierta atracción en el público

lector Delirio y epopeya (1997), de su compatriota Víctor Paz Otero, quien

enaltece la figura del libertador venezolano. El impacto generado de esta obra lo

llevó a escribir otras novelas inspiradas en este personaje, tales como La agonía

erótica de Bolívar, el amor y la muerte (2006), La otra agonía. La pasión de Manuela

Sáenz (2006), y la última novela de la saga, Bolívar, el destino de la sombra (2007).

En Argentina, destacamos los trabajos de Elsa Drucaroff, Conspiración

contra Güemes (2002), y Miguel Bonasso, La venganza de los patriotas (2010). En

esta última novela el autor recrea la historia secreta del asesinato de Bernardo

de Monteagudo, ocurrido en Lima en 1824. La principal inquietud que lo

motiva a escribir esta novela fue tratar de responder la pregunta: ¿Quién fue el

principal responsable de la muerte del abogado originario de Tucumán? En ese

sentido, Bonasso busca identificar los probables autores del asesinato y las

causas que lo provocaron.

Regresando al Perú, en el presente siglo, han aparecido interesantes

novelas históricas ambientadas en el proceso de la independencia peruana.

Entre estas podemos destacar el trabajo de Carlos Thorne, Yo San Martín (2011),
novela histórica ambientada en la independencia peruana, que recrea la vida

del militar argentino y se desarrolla en el contexto de la emancipación, periodo

al que vuelve, luego de su anterior novela El señor de Lunahuana (1994).

Asimismo, despertó interés en el público lector, la novela de Jorge Eduardo

Benavides, El enigma del convento (2014), obra que recrea la vida del general

español José Manuel Goyeneche, conde de Guaqui.

Por la cercanía de la conmemoración de los doscientos años de la

proclamación de la independencia del Perú, un grupo de escritores y escritoras,

impulsados por Juan Manuel Chávez, sacaron a la luz una serie de novelas

históricas bajo el título de Colección del Bicentenario. Así, pues, bajo el sello de

la editorial Arsam, se pusieron en circulación interesantes obras como El barco

de San Martín del propio Juan Manuel Chávez, El molle y el sauce de Zoila Vega

Salvatierra, en donde se destaca el heroísmo y talento del poeta arequipeño

Mariano Melgar; El Márquez en el exilio de Fabrizio Tealdo Zazzali, donde

recoge el drama del brigadier español José Ramón Rodil, jefe de las fuerzas

realistas en el Real Felipe, en resistirse a la independencia del Perú; Historia de

dos Bernardos, de Alejandro Neyra, en la que el autor recrea la amistad, durante

el gobierno de Bolívar en el Perú, de Bernardo de O'Higgins y Bernardo de

Torre Tagle; 1814, Año de la Independencia (2017) de Claudia Salazar Jiménez,

novela inspirada en la rebelión de Mateo Pumacahua y los hermanos Angulo.

La autora recogió información proveniente de la Colección Documental de la

Independencia; El aroma de la disidencia, de Sandro Bossio, en la que se relatan

los últimos sucesos del periodo colonial en Lima, El año de Accarhuay (2016), de

Ulises Gutiérrez, novela donde describe la situación que le tocó vivir a Ccollo,

un indio de la sierra central y testigo presencial de las batallas de Junín y

Ayacucho y Potosí de David Lozano.

Siguiendo la misma iniciativa por la narrativa histórica de la

independencia, Petroperú impulsó el 2019 un proyecto editorial en donde


participaron diversos representantes de la pluma nacional. Aquel proyecto, que

llevaba también el nombre de Colección Bicentenario, lanzó un primer de

volumen de relatos de ficción histórica bajo el título de 21. Relatos sobre la

independencia del Perú. Seleccionados y prologado por José Donayre Hoefken, el

mencionado volumen reúne originales relatos de distintos autores como

Fernando Iwasaki, Gabriela Caballero, Erika Almenara, José Güich, Fabrizzio

Tealdo, Ángel Málaga, Miguel Angel Vallejo, entre otros.

El 2021, en el año de la conmemoración del Bicentenario de la

Independencia Nacional, Petroperú edita el segundo volumen de la Colección

del Bicentenario. Enfatizando el rol y heroicidad de la mujer en el proceso

emancipador, el volumen lleva por título 21. Relatos sobre mujeres que lucharon

por la independencia del Perú. En este volumen participan solo escritoras, que no

solo provienen del campo de la literatura, sino que también desde el campo de

la historia, antropología, educación, comunicaciones, entre otras especialidades.

Ese mismo año, el sello Altazor, lanzó en Lima un ambicioso proyecto

editorial, llamada también Colección Bicentenario, que reunía trece novelas

históricas que recreaban historias ambientadas en el periodo de la

independencia peruana. Participan en esta serie: Luis Freire (El inquieto colchón

del libertador), José Güich (Sepan qvantos), Rodolfo Ybarra (El evangelio según

Tupac Amaru II), Juan Manuel Chávez (Tupa Camaro), Cosme Saavedra (El prócer

resplandeciente), Micky Bolaños (A donde vayas, iré), Harold Gastelu (El secretario

del libertador), entre otros autores.

Un año después, el 2022, el sello editorial Penguin Random House y

Ediciones B publicó por partida doble dos interesantes novelas históricas

ambientadas en el contexto de la independencia. Claudia Núñez Flores ofrece al

público lector su obra La Mariscala, una versión distinta de la biografía

novelada, pero de similar título, escrita por Abraham Valdelomar (1915), en


donde narra y recrea la historia no contada de la vida de la famosa primera

dama, esposa del Mariscal Agustín Gamarra, doña Francisca Zubiaga y

Bernales de Gamarra. Por su parte, Alejandro Neyra entrega a los lectores su

novela 1821. El año de la esperanza. En este trabajo el autor se detiene

específicamente en el año donde cambió el derrotero de la historia peruana.

Desfilan en la trama, los icónicos personajes de la gesta libertadora, San Martín,

Monteagudo, Torre Tagle, entre otros y nos muestra episodios fundamentales

que trascendieron en el triunfo final de las fuerzas patrióticas.

Como podemos notar, la producción en novelas históricas, biografías

noveladas y relatos históricos en el siglo XXI se han elevado notablemente

superando a las producciones realizadas en el XIX y el XX. Aquel interés en

este crucial periodo, por parte de los amantes de la literatura, nos permite

confirmar el profundo interés que tienen los representantes de la cultura letrada

en seguir recreando el trascendental contexto de aquel periodo fundacional,

valorando el esfuerzo y sacrificio tanto de militares y civiles y mostrando

episodios relevantes y desconocidos de la historia del Perú y de algunos países

de Hispanoamérica.

Un breve recuento de los artículos de esta compilación

En esta compilación presentamos los trabajos realizados por distintos

profesionales provenientes del campo de la historia, la literatura, sociología,

antropología, educación y otras disciplinas académicas, quienes se encargan de

estudiar y analizar una variedad de novelas históricas ambientadas en el

proceso de la independencia peruana e hispanoamericana del siglo XVIII y XIX.

El ordenamiento que hemos decidido utilizar en esta recopilación sigue

una secuencia cronológica que se inicia con las novelas históricas de la

emancipación escritas en el siglo XIX, para luego continuar a las realizadas en el

XX y finalizar con ciertas narrativas literarias producidas en el siglo XXI. En ese


sentido, iniciamos nuestro recorrido en este repertorio histórico-literario

presentando el trabajo de Maribel Arrelucea Barrantes, “Género, clase y raza en

Adela y Matilde”. El ensayo de Arrelucea se centra en las mencionadas categorías

sociales que logró ubicar en la trama de la novela histórica Adela y Matilde o los

cinco años de la dominación española en el Perú, obra escrita y publicada en 1843

por el coronel español Ramón Soler. Especialista en temas de historia social,

género, racismo y etnicidad, Arrelucea realiza un exhaustivo análisis de la obra

deteniéndose en el comportamiento social de los personajes principales y los

personajes secundarios o de la periferia. Asimismo, intenta descifrar el universo

del autor, destacando su marcado hispanismo y la forma como observa a los

elementos del ejército patriota.

A continuación, presentamos el artículo de Carlos Alberto Pérez Garay,

“Recordando a Bolívar en el siglo XIX: Luis Benjamín Cisneros y su obra La

medalla del Libertador”. Preparado especialmente para esta publicación, Pérez

Garay, muestra en las páginas de su ensayo el origen, el contexto y la difusión

de una de las obras poco conocida del escritor, diplomático y miembro de la

“bohemia limeña”. Escrita a partir del relato transmitido por Mr. Fysquet, un

antiguo marino francés que participó en una expedición naval conducida por

Bolívar, que partió desde Corazao y llegó a la costa de Venezuela en 1815. La

obra de Cisneros narra y recrea un episodio sucedido durante el periodo de la

independencia de la antigua Capitanía General de Caracas, en donde su

principal protagonista (Fysquet) logra obtener una presea militar por sus

servicios prestados. Las ocurrencias y entretelones que tuvo que pasar el actor

principal para alcanzar la medalla, el breve dialogo con Bolívar, el recuerdo

nostálgico de aquella época de la emancipación americana y los sucesos

ocurridos en territorio francés en años posteriores, son de sumo interés para el

autor del ensayo, quien, siguiendo los planteamientos de Roger Chartier,

pretende elaborar una especie de historia del texto.


Luego del trabajo de Pérez Garay, presentamos a continuación un

interesante ensayo literario realizado por Manuel Prendes Guardiola sobre

algunas novelas históricas que forman parte de tres de las series de los Episodios

Nacionales del afamado escritor español Benito Pérez Galdós (1843-1920), cuya

trama guarda relación con el proceso de la independencia americana. Entre las

novelas mencionadas por el autor podemos destacar: Memorias de un cortesano

de 1815, Un faccioso más y algunos frailes menos, El equipaje del rey José, Terror en

1824, Napoleón en Chamartín, La segunda casaca, El grande oriente, 7 de julio, Un

voluntario realista, Vergara y Los Ayacuchos. Asimismo, el autor nos ofrece en su

ensayo algunos esbozos de otras novelas de la cuarta y quinta serie de los

Episodios ambientadas en la agitación continental de la década de 1860 (La vuelta

al mundo en La Numancia) y la independencia de Cuba (España trágica y Amadeo

I). Cabe destacar que el artículo mencionado busca revalorar la monumental

obra de Pérez Galdós, uno de los mejores exponentes del Realismo español,

cuya prosa y estilo sigue cobrando atención por parte de un creciente público

lector de España e Hispanoamérica.

El siguiente artículo de este libro lleva por título “La Guerra de

Independencia del Perú en los relatos de ficción: “María de Vellido” de Carolina

Freyre de Jaimes. Escrito por Marissa Bazán Díaz, el mencionado trabajo

describe y analiza la obra de teatro que compusiera en 1878 la escritora,

periodista tacneña Carolina Freyre, quien fuera esposa del escritor boliviano,

Julio Lucas Jaimes. Integrante de una prolífica generación de mujeres ilustradas

del siglo XIX (Clorinda Matto, Rosa Amézaga, Teresa Gonzales de Fanning,

entre otras), Freyre publicó en Lima, un drama de cuatro actos y en verso,

inspirado en la recordada heroína y precursora de la independencia, María

Parado de Bellido, quien fuera fusilada en el 11 de mayo de 1822 en Ayacucho

por orden del general español José Carratalá. Aunque no es precisamente una

novela histórica sino más bien un drama histórico, Bazán Díaz nos presenta en
su ensayo el contexto en que se escribió la composición literaria de Carolina

Freyre; también revaloriza su papel de mujer escritora y explica el auténtico rol

que asumió la protagonista central del drama de acuerdo a las fuentes

históricas. A su vez, identifica y logra distinguir en el relato la historia y la

ficción. Asimismo, nos describe la trayectoria vital de la autora y realiza un

análisis de los cuatros actos que componen la desconocida obra de Freyre.

Los siguientes ensayos de esta compilación se centran en algunas novelas

históricas ambientadas en el periodo de la independencia, que fueron

elaboradas en el siglo XX. Empezaremos nuestro recuento con el artículo de

Thomas Ward, titulado: “Roque Moreno de Teresa Gonzáles de Fanning: una

novela histórica negrista sobre la culminación de la independencia patria”.

Estudioso de la literatura peruana, Ward se sumerge en la obra de la integrante

de la primera generación de mujeres ilustradas del Perú y reconocida

educadora. Publicada originalmente en 1899 como una novela de folletín en una

revista argentina y posteriormente en 1904 como libro, Roque Moreno es un

relato histórico que nos muestra el ambiente social que se vivía en el Perú,

durante y después de la Independencia. En lugar de parecer un elogio, la obra

critica los excesos cometidos en nombre de la libertad y sostiene que la

búsqueda del beneficio personal echó a perder el propósito de la

independencia. Ward analiza en la novela la temática racial, en especial el tema

de la negritud. Presenta al actor principal, un mulato, llamado Roque Moreno,

quien era dueño de El Olivar, una hacienda en la zona norte. Durante la guerra

de independencia, el hacendado afrodescendiente, en su intento de conservar

sus propiedades, expresó su apoyo simultaneo a las fuerzas patrióticas y al

ejército realista. Las relaciones sociales entre blancos y negros, el pensamiento

racial de la época y las ideas de la autora en torno a la integración de los otros

(negros, indios y mestizos) a la nación peruana, son algunos de los tópicos del

interesante ensayo de Thomas Ward


El siguiente artículo es de la autoría de Daniella Terreros Roldán,

“Combatiente, elegante y transgresora: el caso de «La Mariscala» de Abraham

Valdelomar”. Conocida con el sobrenombre de “La Mariscala”, Francisca

Zubiaga y Bernales fue esposa del presidente del Perú, el mariscal Agustín

Gamarra. Aguerrida, aunque no era militar, en muchas ocasiones se comportó

como tal. Fue la primera y única mujer en el siglo XIX en llegar a la cima del

poder político de un país que aun batallaba por consolidarse como República.

Abraham Valdelomar, quien se desempeñaba en el campo periodístico y trataba

de abrirse espacio en el mundo literario, escribió en Lima en 1915 una biografía

novelada sobre esta controvertida primera dama, sacando a relucir su moda de

vestir y accionar transgresor, dentro de una coyuntura aún tradicional y

conservadora para la época. Con relación a lo expuesto, el presente artículo

pretende mostrar cual fue la influencia y participación de Francisca Zubiaga en

el proceso independentista, así como el analizar el rol que su transgresora

práctica de vestir jugó dentro de su accionar político y social.

El escritor Manuel Guerra participa en este libro con un artículo sobre la

novela histórica de Amalia Puga de Losada, El Voto (1923). En este corto ensayo,

Guerra sostiene que Amalia Puga narra las vicisitudes amorosas de una pareja,

cuya trama se ubica en el contexto de la lucha independentista, e inicia cuando

Simón Bolívar llega a Cajamarca. La pareja pertenece a la aristocracia de aquella

región dominada por el conservadurismo y los prejuicios religiosos. El joven

Fernando Mollinedo se enrola en el ejército libertador y después de varios años

de ausencia regresa a la ciudad convertido en comandante, se enamora

perdidamente de Aguedita Gómez; sin embargo, ella rechaza siempre sus

pretensiones. Al final Aguedita le confiesa al comandante que ella también lo

amaba, lo había amado desde siempre, pero que no podía aceptar el

matrimonio porque había hecho un voto (una promesa) a Dios de internarse en

un monasterio si es que él salía indemne de sus aventuras bélicas.


Al igual que Manuel Guerra, la investigadora y crítica literaria, Helen

Garnica Brocos, presenta en este libro un interesante ensayo que lleva por título:

“Un limeño entre dos mundos: los albores de la Independencia en La cruz de

Santiago (1925) de Carlos Camino Calderón”. En este trabajo, la autora describe

y analiza la trayectoria vital del personaje central de la novela, el limeño

Cristóbal de la Barca. Testigo presencial en su infancia y adolescencia de la

Lima virreinal borbónica, de la Barca viaja en su juventud a la Madre Patria,

llegando a alistarse en el ejército español. A su regreso a la Ciudad de los Reyes,

muestra su fidelidad al Rey, llegando a recibir la distinción de caballero de la

orden de Santiago. Sin embargo, su lealtad a la Corona no duró mucho tiempo,

puesto que tomará partido por la causa patriota. De acuerdo al ensayo de

Garnica Brocos, la novela de Camino Calderón nos presenta la pervivencia de

estructuras epistémicas coloniales que configuran una conflictiva conciencia

criolla en esta novela: la racialización de la otredad y la representación negativa

de la monarquía. Para lograr ello, la autora dividide su análisis en tres grandes

tópicos: un breve esbozo literario que recupera la valía de Camino Calderón y

su ejercicio pionero en las letras nacionales, un mapeo de conceptos claves en la

teoría decolonial, y la interpretación de una cosmovisión conflictiva en nuestro

protagonista.

Por otro lado, José Chaupis Torres nos ofrece en este libro un interesante

ensayo sobre la novela histórica de Eguiguren, El mártir pescador José Silverio

Olaya y los pupilos del Real Felipe (1954). El mencionado artículo tiene como

objetivo estudiar, en una primera parte, a través de una adecuada

contextualización a Luis Antonio Eguiguren, considerando la perspectiva de la

temporalidad historizante vinculándola con el entorno político, donde participó

activamente, complementándola con su enfoque sobre los elementos

estructurantes de la historia y el quehacer de historiador. Para vincular las

esferas de lo político e histórico, un eje central de su pensamiento y acción será


la idea de patria. En una segunda parte, Chaupis Torres muestra el impacto que

tuvo el activismo político sobre los escritos de carácter histórico, lo cual nos

permite visualizar con mayor claridad la imagen histórica que construye en

clave patriótica de Olaya Balandra en El mártir pescador, basándose en los

aportes brindados por la historia de las emociones, para luego enfocarse en la

forma como emplea tanto los sentimientos positivos como negativos,

conectándolo conjuntamente con los medios de expresión de la retórica

epidíctica.

Colabora también en esta publicación, Ezequiel Valenzuela, autor del

ensayo “Sueños y amores del Libertador, en Se llamaba Bolívar de Enrique

Campos Menéndez”. De acuerdo a Valenzuela, en esta novela histórica,

publicada en 1954, el autor intenta, a lo largo de las páginas de su obra,

mostrarnos como fue la participación patriótica del Libertador en la fase última

del proceso independentista en el Perú. Con una exquisita prosa coloquial,

Valenzuela recrea literariamente este acontecimiento histórico, mencionando a

personajes como José de San Martín, Antonio José de Sucre, José de Canterac,

José de la Serna y Manuelita Sáenz.

Otro de los colaboradores de esta publicación, es el sociólogo y

antropólogo sanmarquino, Pedro Jacinto Pazos, autor del ensayo “Naturaleza,

cultura y poder bajo el humanismo de Simón Bolívar. Ideas desde El general en

su laberinto de Gabriel García Márquez”. Este ensayo es una síntesis de la novela

histórica publicada en 1989 por el escritor colombiano y Premio Nobel de

Literatura en 1981, que pone en el tapete gran parte de lo que somos: un punto

en el universo. Obsérvense, como en el humanismo de Simón Bolívar se conjuga

con la música, se mezcla con los “caimanes”, el agua, las “praderas azules” y de

paso “los caballos”. Miremos, como la solidaridad y la amistad se hace canto en

el mundo criollo que se ve perdido porque ya han sido derrotados y además

porque los vencedores fueron sus amigos y camaradas de antaño. Y, como los
animales y las plantas -como extensión de esa naturaleza- se hacen luz con los

seres humanos a pesar de todo. Esto es la valía de una hipótesis que se hace

científica pero que en el fondo es la magia de una Latinoamérica que no

requiere de los dogmas ni de los modelos occidentales. Y Bolívar lo sabe. Y he

allí, su conocimiento que recorre la vida cotidiana y la cooperación originaria de

nuestros países y de nuestros pueblos. Es que aquí el olor y el alma son

vivencias naturales.

Al igual que Pedro Jacinto Pazos, el escritor y sociólogo, Roberto Reyes

Tarazona se hace también presente en esta compilación al ofrecernos un

interesante ensayo sobre la novela de Carlos Thorne, El señor de Lunahuaná

(1994). En dicho trabajo, Reyes Tarazona, recordado colaborador en la década

de 1960 de la revista literaria Narración, nos muestra la trayectoria vital del

personaje central de la novela, el noble criollo Dionisio de Gaviria y Landázuri,

conocido en el relato como El Señor de Lunahuana. Ambientada, en su mayor

parte, durante el gobierno del virrey José Fernando de Abascal (1806-1816), el

protagonista y personaje central de la obra nos narra en primera persona los

distintos momentos que le tocó vivir: duelos, aventuras con mujeres, encierro

en prisión y su participación militar en las batallas en la sierra del Perú. Reyes

Tarazona inicia su análisis con una introducción al género de la novela

histórica. Posteriormente, aborda la cuestión del tiempo, el pensamiento del

protagonista, los afanes y aspiraciones del personaje, las luchas por la

independencia y el legado de Dionisio de Gaviria.

Al igual que Roberto Reyes Tarazona, la escritora y periodista, Sara

Beatriz Guardia nos ofrece en esta compilación un interesante ensayo titulado

“Las voces de Jonatás y Manuela de Luz Argentina Chiriboga”. Según la autora

del ensayo, la novela, Jonatás y Manuela (1994), de Chiriboga, marca un hito en

la literatura latinoamericana al sustentar la presencia de un yo literario

femenino, y la afirmación de su identidad desde un personaje secundario,


Jonatás, la esclava, que en las biografías de Manuela Sáenz apenas emerge sin

mostrar su rostro. Se trata también de la primera novela antiesclavista desde la

visión de dos niñas marginadas, Manuela hija ilegítima, y Jonatás la esclava, en

el contexto de la lucha por la independencia del Perú. En esa perspectiva, el

centro patriarcal y europeizante es desplazado posibilitando una mayor visión

de la cultura africana, el devastador efecto del esclavismo, y la presencia de las

mujeres en la lucha por la independencia, lo que también significa un proyecto

de nación en condiciones de igualdad étnica y de género.

Se une a esta compilación, el reconocido historiador Wilfredo Kapsoli

Escudero. Alumno de Luis Alberto Sánchez en la década de 1960 en la Facultad

de Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Kapsoli se detiene

en una obra de su recordado maestro, quien fuera parte de la generación del

Centenario. Aquella obra, que estuvo inédita por mucho tiempo, lleva por título

A Bolívar una novela histórica cuya primera edición se dio a conocer en el año

de 1997. De acuerdo a su editor Hugo Vallenas, esta obra es una magistral

biografía novelada del Libertador. Interesado por este trabajo, Kapsoli hace una

relectura de la misma, contextualizando históricamente la novela con sus

principales protagonistas y acciones realizadas en pro de la independencia

peruana. En esta obra sobresalen las figuras de Simón Bolívar, de Manuelita

Sáenz, José de San Martín y José Antonio de Sucre. Igualmente actúan

cumpliendo distintos papeles los guerrilleros de la sierra central como Ignacio

Quispe Ninavilca, Isidoro Villar, José Antonio Manrique y Fray Bruno Terreros,

sacerdote franciscano quien comandó una guerrilla en Jauja para luego unirse al

ejército libertador.

También participa en esta publicación, David Rengifo Carpio, quien nos

presenta su ensayo titulado “La historia y la vida en la novela de Silvia Puente:

Remedios de Escalada. El escándalo y el fuego en la vida de San Martín”. En este

interesante trabajo, Rengifo analiza la dinámica interna del proceso político


argentino en el periodo inicial de su lucha independentista a partir del trabajo

histórico que sustenta la novela de Silvia Puente publicada el 2006. Para esto, el

autor intenta salir del análisis clásico de las novelas, que se detienen más en los

personajes, en sus vicisitudes, en el argumento, y en el contexto literario al que

corresponden como productos artísticos concretos. Precisamente, en lo que

respecta a los actores, el ensayo de Rengifo se centra más en Remedios de la

Escalada, quien es la protagonista principal, a la que se pretende rescatar en la

historia; su relación con la etapa inicial del proceso independentista argentino,

su mirada sobre esta etapa inicial, que, aunque breve, fue fundamental para el

inicio del proceso de emancipación, y se caracterizó por una posición liberal

democrática laica pocas veces vista en Hispanoamérica; por consiguiente,

Rengifo no se detendrá del mismo modo con el general San Martín.

Al igual que David Rengifo, Aurora Marrou colabora también en este

libro brindándonos un interesante ensayo de la novela histórica En busca de

Bolívar, del escritor colombiano William Ospina. De acuerdo a Marrou, la obra

publicada por Ospina en el 2010 cumple un enfoque totalizador presentando los

hechos en los diversos momentos de vida del libertador venezolano.

Precisamente, en su ensayo, la autora destaca que en la obra de Ospina las

trascendentales decisiones de índole individual que tuvo el militar caraqueño

con sus variantes afectivas, laborales, sociales, políticas e incluidos sus sueños

lograron constituir los nexos en su actuación personal frente a la realidad social

en que se vivía. En sus apuntes, Marrou ha priorizado observar la información

que contiene la obra sobre el aspecto vital de Bolívar, asumiendo, que el trabajo

de Ospina sigue las características del género biográfico, sin entrar al análisis ni

explicación de los hechos con rigurosidad metodológica de un texto histórico,

haciendo de dicho género, como anota el autor, “la biografía hace de dicha tarea

una narrativa creativa”.


Asimismo, presentamos en este libro un ensayo preparado por Emilio

Rosario sobre la novela histórica Yo, San Martin de la autoría de Carlos Thorne

Boas, quien se encarga de resaltar el rol del militar argentino durante las

guerras de independencia en Argentina, Chile y Perú. Publicada en Madrid, en

el año 2011, la mencionada novela no solo abona a la tradición historiográfica

donde se pone de manifiesto el papel protagónico del libertador argentino, sino

lo contextualiza en el ámbito latinoamericano y como gesta su llegada al Perú.

Thorne, un destacado escritor peruano, fallecido hace un par de años, brindó

parte de su repertorio intelectual a la creación de novelas históricas como El

señor de Lunahuana o Papá Lucas. Es importante resaltar que, esta contribución,

se realiza para afirmar a nuestros más importantes héroes patrios, en este caso a

la figura de José San Martín y Matorras.

El siguiente artículo, inserto en este libro, es de la autoría de Rubén

Robles Chinchay. Historiador de carrera, apasionado por la literatura y autor de

una novela histórica: La rebelión de los escogidos (2014), Robles nos presenta en

este libro el ensayo titulado “El enigma del convento. José Manuel de

Goyeneche y los vericuetos de lo posible en la historia de Jorge Eduardo

Benavidez”, donde propone un acercamiento a la novela El enigma del convento

(Alfaguara, 2014), del escritor peruano Jorge Eduardo Benavides. Esta novela

está ambientada en el periodo de la restauración absolutista de Fernando VIII.

Las acciones se despliegan en distintos hilos narrativos en escenarios

americanos y peninsulares de un tiempo cargado de conspiración y sospechas,

antes de las definitivas luchas por la Independencia de los años veinte del siglo

XIX. Se plantea, de esta forma, una aproximación a la manera en que el autor,

desde la novela negra, aprovecha el vacío historiográfico para articular una

historia de situaciones posibles en torno a las acciones desplegadas por José

Manuel de Goyeneche en territorio americano.


Colabora también en este libro, Guillermo Fernández Ramos, autor del

ensayo titulado, “La gran rebelión: Los Tupac Amaru 1572 – 1827” de Omar

Aramayo. El artículo preparado por Fernández Ramos es un análisis del libro

del escritor puneño, Omar Aramayo Cordero, publicado el año 2018. De

acuerdo a Fernández Ramos, la novela histórica del mencionado escritor

peruano ha logrado despertar la atención sobre la historia de las luchas de los

movimientos populares en un contexto en que la historiografía peruana

abandonó su estudio. Para ello, primero se discute porque la obra de Aramayo

es una novela histórica. Seguidamente, se presenta la composición y estilo de la

pieza literaria. Por último, se sitúa a la novela de Aramayo en el debate de la

producción intelectual sobre la gesta de Túpac Amaru II.

Por su parte, Miguel Ángel Vallejo Sameshima, nos ofrece a continuación

un interesante ensayo, titulado “La resolución de conflictos históricos en la

novela El barco de San Martín (2016) de Juan Manuel Chávez”. En este trabajo

Vallejo Sameshima señala que la novela de Chávez presenta en sí misma una

gran variedad de enfoques, las cuales analiza primero desde una perspectiva

estructuralista, para luego tratar de interpretar los vínculos entre pasado y

presente en la obra. La trama de El barco de San Martín se desarrolla en cuatro

planos. En el primero, nos muestra las diferencias y desacuerdos en cuestiones

históricas de unos escolares limeños de clase media del siglo XXI, quienes

investigan unas cartas entre el general San Martín y el mariscal Ramón Castilla

en 1848. En el segundo, aborda la vida cotidiana de San Martín en Francia y sus

recuerdos de la gesta libertadora americana. En el tercero, se detiene en unos

fragmentos de las cartas reales que intercambiaron los personajes históricos y,

finalmente, en el cuarto plano, narrado en tercera persona, trae a la luz un

episodio de San Martín, que parece que nunca llegó a ocurrir.

Vallejo Sameshima sostiene que la relación de estos cuatro planos ofrece

varias interpretaciones sobre la influencia del pasado y el presente y de ello


puede interpretarse una propuesta ideológica. En ese sentido, considera que la

novela de Chávez propone una reinterpretación del pasado histórico, sino que

también de la peruanidad.

A continuación, Gustavo Montoya Rivas nos presenta un interesante

ensayo titulado “Un día de guerra en Ayacucho: Consideraciones, ficción y

realidad en la etapa final de la guerra de Fermín Goñi”. En este trabajo Montoya

analiza la novela histórica escrita por Goñi. Según Montoya el novelista

español, intenta a lo largo de casi doscientos páginas, ofrecernos un fresco

social, militar y cultural sobre la etapa final de la guerra por la independencia

en el Perú. En ella busca trazar el rostro humano de la guerra. Para ello logra

sumergirse en la vida cotidiana de los actores históricos colectivos, para captar

el pulso interno de los acontecimientos. Desde el primer momento de su

ensayo, Montoya advierte que si bien la novela de Goñi, se trata de una

recreación de episodios históricamente verificables acaecidos durante la guerra,

destaca que el autor, hace uso de la imaginación histórica para dotarle de

verosimilitud a las escenas que reconstruye.

Al igual que Montoya Rivas, colabora también en esta compilación

Arnaldo Mera Avalos. En su artículo “Rosa de Guayaquil: de la ficción a los

hechos históricos para el Peru de 1821 y 1822”, como bien lo acota en el título, el

autor busca deslindar la ficción del hecho histórico que implique la mención de

lo peruano en la novela de Liliana Bellone, en la cual se recrea magistralmente

las mujeres en la vida del general don José de San Martín, desde su amante,

Rosa Campusano para pasar luego a su hija y posteriormente a su nieta. Mera

Avalos ha dividido su artículo en tres partes. La primera presenta una breve

introducción teórica para luego abordar dos ejemplos de aseveraciones

históricas en la novela; luego -la segunda parte- pasa a un aporte importante al

esclarecimiento de tres aspectos políticos que en la novela la autora no

profundiza o expone adecuadamente y finalmente una tercera parte en la cual


expongo aspectos personales de la vida privada de San Martin y Rosa

Campusano para luego ofrecer una reflexión final.

Finalmente presentamos en esta compilación, el artículo de Gerardo

Trillo Auqui. El ensayo preparado por Trillo tiene como objetivo analizar la

novela histórica 1821. El año de la esperanza del Perú de Alejandro Neyra, a partir

de un marco teórico entre la literatura y la historia. Con ello, se propone dar

revisión al papel del autor como narrador del pasado. Además, el trabajo se

enfoca en algunos pasajes del libro 1821, como son la independencia de Trujillo,

el pronunciamiento de Aznapuquio, la percepción sobre la peruanidad, la

participación de las mujeres y la visión omnisciente del autor respecto al

devenir del Perú. A partir de estos tópicos, se comenta la actualidad de la

discusión entre literatura e historia respecto a la escritura del pasado,

considerando las propuestas del historiador y escritor francés, Iván Jablonka en

su manifiesto por las ciencias sociales.

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Paz Soldán, M. F. (1879). Biblioteca Peruana. Lima: Imprenta Liberal.

Pellicer, R. (2012). Las memorias ficticias de Juan de la Rosa, de Nataniel


Aguirre. En Rovira J. C. y Sanchis, V. M. (eds.). Literatura de la independencia e
independencia de la literatura en el mundo latinoamericano. Alicante: Asociación
Española de Estudios Literarios Hispanoamericanos (AEELH), pp. 273-285.

Pollarollo, G. (2022). San Martín y Bolívar (1924) dos novelas de Pedro


Davalos y Lissón. En Kapsoli Escudero, W y Pérez Garay, C. A. (eds.).
Historiografía de la Independencia Peruana en el año del Bicentenario. Lima:
Universidad Ricardo Palma. Editorial Universitaria, pp. 287-307.

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Spang, Arellano, I. y Mata, C. (eds.). La novela histórica. Teoría y comentarios.
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White, H. (2003). El texto histórico como artefacto literario y otros escritos.
Barcelona: Ediciones Paidós.

J. Zamudio (1960). La independencia de la novela histórica chilena.


Anales de la Universidad de Chile, (119), pp. 236-243.

ÍNDICE

SIGLO XIX

ARRELUCEA BARRANTES, Maribel. Género, clase y raza en Adela y


Matilde, novela romántica sobre la guerra de Independencia (1843)
de Ramón Soler...............................................................................................

PÉREZ GARAY, Carlos. Recordando a Bolívar en el siglo XIX: Luis


Benjamín Cisneros y su obra “La medalla del Libertador”
(1860)..............................................................................................................

PRENDES GUARDIOLA, Manuel. América ante España en los


Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós ............................................

BAZÁN DÍAZ, Marissa. La Guerra de Independencia del Perú en los


relatos de ficción: “María de Vellido” de Carolina Freyre de
Jaimes.............................................................................................................

SIGLO XX

TERREROS ROLDÁN, Daniella. Combatiente, elegante y transgresora:


el caso de «La Mariscala» de Abraham Valdelomar ..................................

WARD, Thomas. Roque Moreno de Teresa Gonzáles de Fanning:


Una novela histórica negrista sobre la culminación de la
Independencia patria.....................................................................................

GUERRA VELÁSQUEZ, Manuel. El Voto (1923) de Amalia Puga ................


GARNICA BROCOS, Helen. Un limeño entre dos mundos: los albores
de la Independencia en La cruz de Santiago (1925) de Carlos
Camino Calderón ......................................................................................

CHAUPIS TORRES, José. Emociones Patrióticas en el Mártir Pescador


José Silverio Olaya y los pupilos del Real Felipe de Luis Antonio
Eguiguren ...................................................................................................

VALENZUELA, Ezequiel. Sueños y amores del Libertador, en Se


llamaba Bolívar de Enrique Campos Menéndez......................................

KAPSOLI ESCUDERO, Wilfredo. Una lectura de A Bolívar (1997) de


Luis Alberto Sánchez.................................................................................

JACINTO PAZOS, Pedro. Naturaleza, Cultura y Poder bajo el


Humanismo de Simón Bolívar. (Ideas desde “El general en su
laberinto” de Gabriel García Márquez) .......................................................

GUARDIA, Sara Beatriz. Las voces de Jonatas y Manuela de Luz


Argentina Chiriboga .................................................................................

SIGLO XXI

RENGIFO CARPIO, David. La historia y la vida en la novela de Silvia


Puente: Remedios de Escalada. El escándalo y el fuego en la vida de
San Martín ...................................................................................................

ROSARIO, Emilio. Héroe de Papel. José de San Martín en la novela de


Carlos Thorne.............................................................................................

REYES TARAZONA, Roberto. El señor de Lunahuaná (1994), una


novela histórica de Carlos Thorne .............................................................

MARROU ROLDÁN, Aurora. Comentario del libro: En Busca de


Bolívar de William Ospina ........................................................................

ROBLES CHINCHAY, Rubén. El enigma del convento. José Manuel de


Goyeneche y los vericuetos de lo posible en la historia de Jorge
Eduardo Benavidez ...................................................................................
FERNÁNDEZ RAMOS, Guillermo. La Gran Rebelión de los Tupac
Amaru de Omar Aramayo ........................................................................

MERA ÁVALOS, Arnaldo. Rosa de Guayaquil: de la ficción a los hechos


históricos para el Perú de 1821 y 1822 de Liliana Bellone .......................

MONTOYA RIVAS, Gustavo. Un día de guerra en Ayacucho:


Consideraciones, ficción y realidad en la etapa final de la guerra de
Fermín García ............................................................................................

VALLEJO SAMESHIMA, Miguel. La Resolución de Conflictos


Históricos en la Novela El Barco de San Martín (2016) de Juan
Manuel Chávez...........................................................................................

TRILLO AUQUI, Gerardo. 1821. El Año de la esperanza del Perú de


Alejandro Neyra: la historia es una literatura contemporánea..................

Colaboradores ............................................................................................................

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