INTRODUCCIÓN
De acuerdo a los especialistas, la novela puede definirse como un género
literario de carácter narrativo y de cierta extensión. Está escrita en prosa y narra
hechos ficticios o basados en hechos reales. También es el conjunto de obras
novelescas de un autor, época, lengua o estilo. Hay varias ramas de la novela,
pero en esta ocasión solo nos centraremos en la histórica.
La novela histórica es aquella que, siendo una obra de ficción, recrea un
periodo histórico preferentemente lejano y en la que forman parte de la acción
personajes y eventos no ficticios1. Esta no debe confundirse con la novela de
ambientación histórica, que presenta personajes y eventos ficticios ubicados en
un pasado con frecuencia remoto.
Si bien sabemos que, en siglos anteriores, hubieron narrativas históricas
que llegaron a aproximarse al género novelesco, debemos aclarar y precisar que
la novela histórica como tal (sub género narrativo o literario) nace en la segunda
década del siglo XIX, gracias a la labor literaria y difusora del escritor escocés
Walter Scott, autor de Waverly (1814) y Ivanhoe (1819). Surge, como expresión
artística del nacionalismo de los escritores románticos y de su nostalgia ante los
cambios producidos en las costumbres y los valores que impuso la
transformación burguesa del mundo durante el proceso de industrialización
económica y modernidad política en Europa entre los siglos XVIII y XIX.
De acuerdo a los cultores de este subgénero narrativo, la novela histórica
presenta ciertas características. Entre estas podemos identificar: a) Contiene
unos personajes que pueden ser verídicos o creados por el autor; b) se sitúa en
un tiempo y espacio verídico y real; c) se esfuerza por encontrar un aspecto
1
De acuerdo a la definición dada por Enrique Anderson Imbert (1954), “llamamos “novelas históricas” a
las que cuentan una acción ocurrida en una época anterior a la del novelista. Esa acción, por imaginaria
que sea, tiene que entrelazarse por lo menos con un hecho histórico significativo. Los materiales tomados
de la historia pueden ser modificados o no; pero aun en los casos en que permanecen verdaderos, al
fundirse en una estructura novelesca cambian de valor y se ponen a cumplir una función estética, no
intelectual. Es decir, que los objetos históricos se transmutan en objetos artísticos” (p. 26).
histórico sucedido en la vida privada de sus personajes; d) presenta la historia
de manera doméstica, es decir, de forma casual.
Aunque nuestro propósito, en esta compilación, no pretende incursionar
en el debate teórico, donde hay interesantes planteamientos de destacados
personajes de la talla de Giorgy Lukács y Robert Lefere, debemos de señalar
que en los últimos años se está tratando de establecer una tipología de la novela
histórica. El crítico literario argentino Noé Jitrik, plantea en su libro Historia e
imaginación literaria (1995) “las posibilidades de un género”, un esbozo de
tipología del género, ya no sobre la base del tratamiento ideológico de la
historia en las novelas sino a partir de la distancia y la relación entre el contexto
del “referente” y el contexto del “referido”. Así, existen para este autor tres
tipos de novela histórica: arqueológica, catártica y sistemática o funcional (Jitrik,
1995, p. 69).
En el primer caso, la novela histórica arqueológica, la distancia entre
ambos contextos históricos es profunda. En el caso de la novela histórica
catártica la distancia es mínima, los contextos se confunden y, como lo indica la
denominación en ella, “se canalizan necesidades analíticas propias de una
situación de cercanía”. Por último, está la novela histórica funcional o
sistemática, destaca que su objetivo no es sólo narrar la historia sino examinar
algunos de sus momentos.
Otros autores como el alemán Kurt Spang clasifican el subgénero en
ilusionista y antiilusionista (Spang, 1995, p. 86). En la primera clasificación, el
autor procura dar un velo de veracidad, de legitimidad y utiliza para ello todos
los recursos posibles para lograrlo al entrelazar los sucesos descritos. De tal
manera que su intención es inducir una impresión de realidad en el punto de
vista del narrador. Por ello, uno de los recursos que utiliza es la inclusión de
pasajes preparados con pruebas que reafirman su versión de los hechos. Estas
inclusiones dan veracidad a fragmentos, y el uso habitual del recurso apoya la
solidez que busca el narrador para su obra.
La novela histórica antiilusionista tiene cabida en Europa desde finales
del siglo XIX y conserva una aceptación extendida hasta hoy. En ella, esta
vertiente permite al lector, sea historiador o no, un sesgo resaltante en la
descripción de los sucesos. El recurso reinterpretativo de eventos aislados es su
materia; entonces, para el escritor resulta imprescindible ensamblar la línea
argumental incluyendo segmentos enteramente ficticios. Cabe destacar que su
narrador es mucho más subjetivo, y puede llegar a tomar una posición lejana y
menos afectada por el desarrollo de los sucesos.
Para cerrar esta clasificación de la novela, tenemos que señalar que
algunos conocedores en la materia, como la española Ana García Herranz,
siguiendo un criterio genérico, la separan en Episodio nacional o novela
histórica nacional y La nueva novela histórica postmoderna (García Herranz,
2009, p. 305). Es bueno señalar que no siempre hay consenso en considerar al
primero como parte del género.
El episodio nacional puede narrar sucesos históricos cercanos al autor,
un pasado reciente, contemporáneo. Otras de sus características serían: ausencia
del exotismo y el misterio, deficiente utilización de resúmenes y pausas
explicativas, un esfuerzo documental rigurosísimo, lo acaecido en la Historia se
impone y fija la trama ficticia, el protagonismo se reparte entre personajes
inventados y personajes históricos de primer plano o el hecho de que la historia
anónima y privada coexiste con la pública manifestando una intencionalidad
didáctica.
Entre tanto, la novela histórica postmoderna ha ido evolucionando. Este
tipo de novelas abunda en cantidad y calidad, dando lugar a múltiples
innovaciones que dan mayor vuelo al género. Usa elementos como la hipérbole,
lo grotesco o la pura invención en lo relativo al tratamiento del material
histórico, lo cual determina su alejamiento con respecto a la historiografía oficial
menoscabando el concepto de fidelidad histórica. Otros rasgos son: presencia
de la metaficción, alternabilidad de figuras y personajes, asume la
imposibilidad de establecer la realidad o la historia, se muestra impredecible,
da importancia a las referencias intertextuales y presenta aspectos ligados a la
heteroglosia, lo carnavalesco y lo dialógico.
Historia y novela histórica: coincidencias y diferencias
Muchos expertos han discutido la relación que existe entre la historia y la
novela histórica. Cuando estudiamos un libro de historia, muchas veces
encontramos los acontecimientos presentados en forma narrativa. Entonces,
¿Cuál es la diferencia entre el libro que utilizan los estudiantes en las clases de
historia y una novela histórica? La respuesta es clara. La historia maneja datos
irrefutables, presenta un ordenamiento de forma lógica y explica los sucesos de
forma directa, sin incurrir en lo imaginativo. En tanto, la novela histórica utiliza
el relato, es subjetiva, pues depende de lo que “siente” el autor y la lógica
difiere de los hechos.
En cuanto a los creadores, debemos decir que el historiador es objetivo y
su función es analizar los acontecimientos históricos y sacar una conclusión
sobre estos, mientras que el novelista histórico es un literato que utiliza su
imaginación para escribir sobre diversos sucesos acontecidos en el tiempo. En
ese sentido, crea una trama ficcional sucedido en el pasado y apela a las
emociones para recrear dicho momento. Si bien los historiadores y los
novelistas históricos tienen perspectivas distintas de la realidad, ambos
coinciden en un aspecto: emplean la narración en sus trabajos.
El destacado filosofo e historiador estadounidense Hayden White, dedicó
buena parte de su tiempo al estudio de las llamadas “narrativas históricas”. En
su libro El texto histórico como artefacto literario y otros escritos, White (2003),
señala categóricamente que:
hay un problema que ni los filósofos ni los historiadores han planteado
seriamente y al cual los teóricos de la literatura han prestado solo una
atención superficial. El asunto tiene que ver con el estatus de la narrativa
histórica, considerada puramente como un artefacto verbal que pretende
ser un modelo de estructuras y procesos muy antiguos y; por
consiguiente, no sujeto a controles experimentales u observacionales.
Esto no quiere decir que los historiadores y los filósofos de la historia no
se hayan percatado de la naturaleza esencialmente provisional y
contingente de las representaciones históricas y de que son susceptibles
de revisión infinita a la luz de una nueva evidencia o de una
conceptualización más sofisticada de los problemas. Una de las
características de un buen historiador profesional es la coherencia con la
cual recuerda a sus lectores la naturaleza puramente provisional de sus
caracterizaciones de los acontecimientos, los agentes y las agencias
encontrados en el siempre incompleto registro histórico. Esto tampoco
quiere decir que los teóricos de la literatura nunca hayan estudiado la
estructura de las narrativas históricas. Pero en general han sido reticentes
a considerar las narrativas históricas como lo que manifiestamente son:
ficciones verbales cuyos contenidos son tanto inventados como
encontrados y cuyas formas tienen más en común con sus homólogas en la
literatura que con las de las ciencias (p. 109).
Las opiniones de White no dejan de tener cierto sentido. En
determinados casos la ficción ha logrado cubrir ciertos vacíos que la historia no
ha podido resolver.
Las novelas históricas en el Perú e Hispanoamérica
Durante la segunda década del siglo XIX, en medio de las guerras de
emancipación entre España y sus colonias, la novela despierta a concitar el
interés de parte de los integrantes de las elites letradas criollas de
Hispanoamérica. Aquella particularidad fue advertida por Doris Sommer en su
libro Ficciones fundacionales, en donde sostiene que “las novelas románticas se
desarrollan mano a mano con la historia patriótica en América Latina. Juntas
despertaron un ferviente deseo de felicidad domestica que se desbordó en
sueños de prosperidad nacional materializados en proyectos de construcción de
naciones que invistieron a las naciones privadas con objetivos públicos”
(Sommer, 2004, p. 23).
Influida por el discurso de Benedict Anderson y Michael Foucault, la
mencionada crítica literaria estadounidense sostiene que las novelas o
“romances nacionales”, como así ella la califica, son narrativas alegóricas que
tratan de mostrar a distintos personajes de una propia comunidad en situación
de confraternidad, desligándose de sus afanes políticos, intereses económicos y
regionalismos. Para Sommer, las grandes novelas del Boom Latinoamericano,
entre las cuales menciona Cien años de Soledad, de Gabriel García Márquez,
reescriben en clave decadente, los “romances” originales.
Desde 1850 y 1830, los romances o novelas nacionales proyectaban las
creencias, sueños e ideales de la sociedad civil por medio de héroes masculinos
significativamente “feminizados” (aspecto físico, sentimientos y principios
elevados). Sommer sostiene que existen diferencias en torno al triangulo
romántico amoroso señalado por Rene Girard, a las relaciones de poder
expresadas en las novelas de Stendhal o Balzac, al desengaño y las
resquebrajaduras en las familias burguesas.
La combinación entre historia y ficción nacional con trascendencia
política es expresada en textos de escritores como Andrés Bello, Bartolomé
Mitre y José Martí. Cabe señalar que no todas las “novelas fundacionales” son
históricas, pero muchas si lo son, como es el caso de las novelas que recrean el
periodo de la independencia hispanoamericana.
Efectivamente, desde el periodo de la emancipación americana a la
actualidad, diversos escritores de Hispanoamérica han logrado publicar,
siguiendo una determinada corriente o escuela literaria (romanticismo,
modernismo, realismo, naturalismo, etcétera.), una enorme cantidad de novelas
históricas. Algunas de ellas se ubicaron en el periodo de la conquista
americana2, otras en el periodo colonial y un grupo considerable se desarrolla
en el contexto de las guerras de la independencia, disputadas entre los bandos
realistas y separatistas, las mismas que se desarrollaron en las posesiones
territoriales americanas del Imperio Español entre 1809 y 1830.
Inspirados en la obra de los autores europeos, los primeros novelistas
hispanoamericanos empezaron a plasmar sus primeras producciones en el
marco de las guerras de independencia de 1820 y los primeros años de la
década de 1830. Según el crítico literario uruguayo David Barbagelata (1947)
“nuestra América no podía escapar a esa regla de asimilación y de adaptación.
Sin sendas tradicionales que seguir en la materia, aunque con los antecedentes
de los libros de caballería y de las narraciones picarescas españolas los
talentosos y verdaderos novelistas hispanoamericanos […] buscaron la acción
extranjera para que obrara como elemento catalítico en sus producciones” (p. 8).
Franceses como Víctor Hugo y Alejandro Dumas, españoles como José
de Espronceda y Mariano José de Larra y el propio Walter Scott, empezaron a
ser leídos en las principales ciudades hispanoamericanas despertando la
atención de los hombres de la pluma quienes no tuvieron reparos en tratar de
imitarlos.
Aunque hay un vasto número de producciones literarias sobre la
temática de la emancipación americana, debemos de mencionar seis destacados
trabajos realizados en el siglo XIX por autores de nacionalidad argentina, como
Soledad (1847), de Bartolomé Mitre; Una noche de boda (1854), de Miguel Cane; El
isleño: episodio de la guerra de la independencia (1857) de Manuel Romano; María de
2
Si bien es cierto que la primera novela publicada en Hispanoamérica es El periquillo Sarniento (1816),
del escritor mexicano José Joaquín Fernández de Luzardi, la primera novela histórica que aparece en
Hispanoamérica es Jiconténcal (1826) de autor anónimo. Esta obra está ambientada durante el periodo de
la conquista de México entre 1519 y 1521. La obra narra la situación que atravesaban, durante ese
periodo, los indios tlaxcaltecas, entre librarse del dominio del Imperio Azteca y apoyar a los españoles o
luchar directamente contra las fuerzas invasoras provenientes de Europa.
Montiel (1861), de Mercedes Rosas de Rivera; El capitán de Patricios (1864) de
Juan María Gutiérrez y El pozo del Yocci (1869), de la escritora oriunda de Salta y
afincada por muchos años en el Perú, Juana Manuela Gorriti (Molina, 2011, p.
58)3.
Similar trascendencia tuvieron también en Chile las novelas, El Mendigo
(1843) y Rosa (1847), de José Victorino Lastarria, La vida de un amigo o un primer
amor (1846), de Wenceslao Vial Guzmán; Un rapto (1860), de Román Vial; Los
Talaveras (1871) y El capitán San Bruno o el escarmiento de los Talaveras (1875), de
Liborio Brieba y Durante la reconquista (1897), de Alberto Blest Gana, las cuales
constituyeron una clara muestra de la novelística histórica de la emancipación
chilena del siglo XIX (Zamudio, 1960, pp. 236-243).
A diferencia de Argentina y Chile, donde hubo una mayor producción
de novelas históricas sobre el periodo de la independencia, el desarrollo de este
género en el Perú, en particular sobre esta crucial etapa fundacional de la
nación, fue casi por así decirlo, escasa. En Peregrinaciones de una paría (1838) de
Flora Tristán, que precisamente no es una novela histórica sino un diario de
viaje, la autora francesa de origen peruano hizo una ligera mención del periodo
emancipador. De similar modo, la novela El padre Horan. Escenas de la vida del
Cuzco (1848), del escritor cuzqueño Efraín Aréstegui, publicada en forma de
folletín en El Comercio, donde el autor recrea la historia de un asesinato real
ocurrido en el Cusco de la década de 1830, esboza breves fragmentos
relacionados a personajes y acontecimientos de la independencia peruana.
Efectivamente, heroicos precursores como Tupac Amaru II y Mateo Pumacahua
y acontecimientos importantes como la célebre batalla de Junín son rescatados y
rememorados por el autor en las primeras páginas del libro. Sin embargo, la
trama de la novela gira alrededor de “un eje temático central: el asesinato de
Angelica por el Padre Horan. Todas esas historias articuladas se refieren a
3
Sobre el desarrollo e impacto de la novela histórica argentina, véase Lojo (2013).
diversas miserias morales y físicas de personajes afincados en el Cusco del siglo
XIX” (Velázquez, 2004, p. 287). En la década de 1850, tenemos conocimiento,
por información de Mariano Felipe Paz Soldán que, durante el gobierno del
general José Rufino Echenique, apareció en Ayacucho una novela histórica,
desconocida para nosotros, escrita por Justo Rivera, titulada Patriota, patriotismo
y patria (1853), obra que estaba ambientada en el periodo de lucha entre
patriotas y realistas (Paz Soldán, 1879, p. 544). Sin embargo, no pudimos
acceder a este texto, puesto que no está en ningún repositorio físico y virtual y
creemos que está desaparecida.
No es que en el Perú del siglo XIX no hayan existido cultores en novelas
históricas, desde luego que si los hubo (Julián Manuel del Portillo, Manuel
Ascencio Segura, Narciso Aréstegui, Luis Benjamín Cisneros, José Antonio
Lavalle, José Eugenio Iturrino, entre otros), pero casi nadie se atrevió a crear
una obra de este género ambientada totalmente en el periodo emancipador. De
todos los escritores peruanos quien más se acercó a este periodo, pero no desde
el género de la novela, sino desde el género creado por él mismo (la tradición),
fue Ricardo Palma. En aquellas cortas composiciones que plasmó de manera
original, varias de ellas se ubicaron en el periodo de la independencia: “Pan,
queso y raspadura”, “El secreto de la confesión”, “María Abascal”, “El padre
Pata”, “La justicia de Bolívar”, “Con días y ollas venceremos”, “El virrey de la
adivinanza”, “Una moza de rompe y raja”, “La Protectora y la Libertadora”,
“La tradición del himno nacional”, entre otras. Aquellos breves relatos de
historia y ficción, elaborados por el tradicionista fue lo más alto que pudo
producir la narrativa peruana decimonónica en torno al periodo mencionado.
De acuerdo a Seymour Menton, “el mejor narrador histórico latinoamericano de
todo el siglo XIX fue Ricardo Palma, cuyas seis series de Tradiciones peruanas,
publicadas entre 1872 y 1883, caben más dentro del realismo que dentro del
romanticismo” (Menton, 1993, p.37).
Al igual que las “tradiciones” escritas por Palma, aparecieron también en
el Perú de la segunda mitad del siglo XIX algunos cortos relatos históricos con
cierta dosis de ficción como “Bolívar (Recuerdos de antaño)”, escrita en 1862
por el venezolano Juan Vicente Camacho, “La medalla de un libertador” (1865),
de Luis Benjamín Cisneros, “Una minga patriótica” (1887), de Abelardo
Gamarra y “Muera el virrey” (1888), de Eleazar Boloña.
La pluma femenina peruana no fue ajena también a los episodios del
periodo de la independencia. En 1876, tres años antes del inicio de La Guerra
del Pacífico, fue publicado en El Correo del Perú el ensayo de Mercedes Cabello
de Carbonera, El patriotismo de la mujer, donde la autora destaca la labor de
algunas destacadas heroínas como María Parado de Bellido. Según Luz Morales
Pino (2022), “Cabello nombra de forma indiferente batallas claves y singulares
para la historia patria: acontecimientos que se llaman Ayacucho, Junín, Dos de
Mayo, lo que reproduce la mención de las mujeres de forma genérica como
colectivo homogéneo, intemporal y equivalente” (p. 142). No obstante, esta obra
tampoco fue una novela histórica. Dos años después, del trabajo de Mercedes
Cabello, Carolina Freyre de Jaime publicó María de Bellido, drama en prosa y en
verso ambientado en el periodo de la emancipación.
Si bien hubo mucho interés en torno a la independencia por parte de
algunos autores de tradiciones, dramas, versos y ensayos, no fue hasta el último
año del siglo XIX, en donde aparece tardíamente una novela histórica
ambientada en el periodo que abordamos. En efecto, Teresa Gonzales de
Fanning, rompiendo todos los esquemas, publicó en 1899 en Buenos Aires, en la
Revista de Derecho, Historia y Letras (Tomo III, pp. 24-35; pp. 245-252; pp. 403-413;
pp. 510-526) su novela Roque Moreno, la primera obra del género novelístico
ambientada en la independencia realizado por una escritora peruana.
En el caso de la literatura colombiana, alcanzamos a identificar algunas
novelas históricas que tuvieron cierta resonancia en las élites letradas
decimonónicas, como Los Jigantes [sic] (1875), de Felipe Pérez; La familia del tío
Andrés (1881), Una familia patriota. Cuadros de la época de la independencia de 1812 a
1821 (1884), Episodios novelescos de la historia patria. La insurrección de los
comuneros (1887), de Soledad Acosta de Samper y Galán, el comunero (1891), de
Constancio Franco.
Por su parte en México, encontramos un importante cultor de este
género, Juan Díaz Covarrubias, autor de una interesante novela, Gil Gómez el
insurgente (1857), una historia de amor e idealismo ambientada en el contexto de
la independencia mexicana, iniciada y promovida por el cura Miguel Hidalgo
en 1810.
Una menor producción novelística encontramos en Bolivia, Uruguay,
Venezuela y Ecuador. En el país altiplánico, el escritor Nataniel Aguirre publica
por entregas en la prensa de su natal Cochabamba, la novela Juan de la Rosa.
Memorias del último soldado de la independencia (1885). De acuerdo a Rosa Pellicer
(2013), “el fondo histórico de Juan de la Rosa es la heroica y desigual lucha de
los habitantes de Cochabamba, y el llamado Alto Perú, por alcanzar la
independencia política frente al poderoso ejército del cruel Goyeneche” (p. 274).
En la República Oriental del Uruguay, destacó en la creación de novelas
históricas, el escritor Eduardo Acevedo Díaz. Originario de Montevideo,
Acevedo fue el iniciador de la novela nacional de su país, autor de novelas
históricas, ambientadas en la lucha de los patriotas uruguayos contra las fuerzas
españolas y brasileñas, como Ismael (1888), Nativa (1890) y Grito de Gloria (1893).
En el país llanero, ubicamos Venezuela heroica (1881) del escritor Eduardo
Blanco. La mencionada obra presenta cinco cuadros de las batallas llevadas a
cabo entre patriotas y realistas en la patria de Bolívar: La Victoria, Las Queseras
del Medio, San Mateo, Carabobo y Boyacá. Dos años después, esta misma
epopeya en prosa romántica fue ampliada por su autor al agregarle sucesos
producidos en seis batallas libradas: Maturín, Sitio de Valencia, La invasión de
los Seiscientos, San Félix, La casa Fuerte, Punta Brava, La invasión de Estrella
de Mar y Matasiete.
Entre tanto en el Ecuador, destacamos la novela histórica Relación de un
veterano de la independencia (1895), del escritor quiteño, Carlos Rodolfo Tobar,
quien nos cuenta la historia de Antonio Mideros, un antiguo militar quien
rememora el episodio de la independencia de Quito, el 10 de agosto de 1809 y
los años posteriores, donde sirvió en el ejército libertador.
En lo que respecta a las novelas históricas hispanoamericanas del siglo
XX, destacamos Leyendas del tiempo heroico (1905), del ecuatoriano Manuel de
Jesús Calle; La flor del almendro (1910), del chileno Enrique del Solar, e Ildefonso
(1924), del peruano Carlos Camino Calderón. Publicada en Chincha, en el año
del Centenario de la batalla de Ayacucho, la novela de Camino Calderón lleva
el subtítulo: “de como el sacrificio de un joven chinchano trajo por consecuencia
la victoria de Ayacucho”. Basado en las memorias del militar británico, el
mariscal Guillermo Miller, el autor recrea en su obra la historia de un
afroperuano que se alista en el ejército patriota, inmolando su vida por la causa
de la emancipación.
Ese mismo año conmemorativo, fueron publicadas en Barcelona dos
obras literarias de Pedro Davalos y Lissón: San Martín (1820-1822) y Bolívar
(1823-1827), dos “novelas históricas que conforman una saga sobre la
Independencia y que escribió, a propósito de las celebraciones del primer
centenario” (Pollarollo, 2022, p. 289). Al poco tiempo de la salida de estos
trabajos, fue publicada en Buenos Aires la novela Tiempos de la Patria Vieja
(1926), de la peruana Angelica Palma, hija del famoso tradicionista don Ricardo
Palma, obra que había quedado en segundo lugar en el Concurso del
Centenario de la Batalla de Ayacucho en el área de novela, evento organizado
en 1924 por el Gobierno del presidente Augusto B. Leguía (Pollarollo, 2021, p.
350). Según Eduardo Huárag (2021), “la novela presenta el típico caso de una
familia de Lima, con ascendientes españoles e hijos de la patria nueva. La lucha
por la independencia los divide. Pero a la vez metafóricamente, la posibilidad
de que nazca una nueva república supone la muerte de del sistema anterior” (p.
19).
Por aquellos años aparecen también La Marquesa de Yolombo (1927), del
colombiano Tomás Carrasquilla; Un soldado de la Patria Vieja (1929), del chileno
René Brickles; Cuando mi tierra nació. Atardecer (1930), de la chilena Inés
Echevarría Bello; Las lanzas coloradas (1931), del venezolano Arturo Uslar Pietri,
novela ambientada en la independencia de su país, donde el autor enaltece el
accionar de los principales protagonistas del movimiento separatista, por
encima de la heroicidad del pueblo; El santo de la espada (1933), del argentino
Ricardo Rojas; Doña Javiera Carrera (1937) de la escritora chilena Isabel Carrera
de Ried, obra donde recrea la acción de los legendarios hermanos Carrera; El
reino de este mundo (1949), del reconocido escritor cubano Alejo Carpentier;
Amor y gloria: el romance de Manuel Sáenz y el Libertador (1952), de la escritora
peruana María Jesús Alvarado Rivera y Guerrilleros (1953), del chileno
Edmundo Márquez, en donde su autor recrea a su estilo la actuación que
tuvieron las guerrillas y montoneras en la independencia de Chile.
Una distinción especial, por su persistencia en este tipo de género
literario, nos lo ofrece el escritor peruano, oriundo de Piura, Francisco Vegas
Seminario, autor de una interesante trilogía, compuesta por Cuando los
mariscales combatían (1959), Bajo el signo de la mariscala (1960) y La gesta del
caudillo (1961), novelas que recreaban de modo ameno y fresco los agitados
acontecimientos sucedidos luego de la independencia.
En Chile, Jorge Inostrosa Cuevas, publicó su monumental obra Los
húsares trágicos (1964), novela escrita en tres volúmenes, donde se narra
ficcionalmente la historia del prócer y padre de la patria chilena, José Miguel
Carrera y el guerrillero patriota Manuel Rodríguez. Cinco años después, el
mencionado escritor, catalogado como uno de los mejores representantes de
novela histórica en su país, sacó a la luz Bajo las banderas del Libertador (1969),
inspirada en la trayectoria vital del general venezolano Simón Bolívar.
En los años sucesivos siguieron publicándose más novelas históricas
ambientadas en la independencia hispanoamericana: No se turbe vuestro corazón,
del argentino Eduardo Belgrano Rawson, obra que narra los acontecimientos
más oscuros realizados por el ejército libertador del Rio de la Plata; La tragedia
del generalísimo (1983), del venezolano Denzil Romero y Bolívar, La revolución es
un sueño eterno, del argentino Andrés Rivera (1987), La ceniza del libertador (1987),
del colombiano Fernando Cruz Kronfly y La esposa del doctor Thorne (1988), del
venezolano Denzil Romero. Asimismo, escribieron novelas históricas inspiradas
en el proceso de independencia, los consagrados representantes del Boom
Latinoamericano, el colombiano Gabriel García Márquez, autor de El general en
su laberinto (1989), donde recrea los últimos días del militar caraqueño
sucedidos entre Bogotá y Santa Marta en 1830, y el mexicano Carlos Fuentes,
autor de La campaña (1990), obra donde recrea algunos episodios de tres
personajes de ideas ilustradas acontecidos en el proceso de independencia
hispanoamericana (1810-1820), que fueron desarrollados en distintos escenarios
como la pampa de Argentina, el altiplano de Bolivia y el Perú, el extenso
territorio de México, algunos puertos de Chile y otras regiones del continente
americano.
Según el crítico literario estadounidense y especialista en literatura
latinoamericana, Seymour Menton, entre 1979 y 1992, se desarrolló en América
Latina un nuevo modelo de novela histórica. Precisamente, en la última década
del siglo XX, llegaron a destacarse algunas novelas históricas como Bolívar: El
último rostro (1990), del colombiano Álvaro Mutis y Mientras llega el día (1990),
del ecuatoriano Juan Valdano donde narra y recrea ficcionalmente las
incidencias del movimiento libertador en la ciudad de Quito en 1809 y sus
implicancias en los años posteriores.
Despiertan también el interés de la crítica literaria Las batallas secretas de
Belgrano (1995), de la argentina María Esther de Miguel, El insondable. Una visión
de la vida de Bolívar con nuevos aportes documentales (1997), del colombiano Álvaro
Pineda Botero, “novela coral llena de polifonías y heteroglosias, donde se van a
cuestionar muchas de las verdades oficiales del héroe de la independencia”
(Camacho Delgado, 2011, p. 54). Asimismo, despierta atracción en el público
lector Delirio y epopeya (1997), de su compatriota Víctor Paz Otero, quien
enaltece la figura del libertador venezolano. El impacto generado de esta obra lo
llevó a escribir otras novelas inspiradas en este personaje, tales como La agonía
erótica de Bolívar, el amor y la muerte (2006), La otra agonía. La pasión de Manuela
Sáenz (2006), y la última novela de la saga, Bolívar, el destino de la sombra (2007).
En Argentina, destacamos los trabajos de Elsa Drucaroff, Conspiración
contra Güemes (2002), y Miguel Bonasso, La venganza de los patriotas (2010). En
esta última novela el autor recrea la historia secreta del asesinato de Bernardo
de Monteagudo, ocurrido en Lima en 1824. La principal inquietud que lo
motiva a escribir esta novela fue tratar de responder la pregunta: ¿Quién fue el
principal responsable de la muerte del abogado originario de Tucumán? En ese
sentido, Bonasso busca identificar los probables autores del asesinato y las
causas que lo provocaron.
Regresando al Perú, en el presente siglo, han aparecido interesantes
novelas históricas ambientadas en el proceso de la independencia peruana.
Entre estas podemos destacar el trabajo de Carlos Thorne, Yo San Martín (2011),
novela histórica ambientada en la independencia peruana, que recrea la vida
del militar argentino y se desarrolla en el contexto de la emancipación, periodo
al que vuelve, luego de su anterior novela El señor de Lunahuana (1994).
Asimismo, despertó interés en el público lector, la novela de Jorge Eduardo
Benavides, El enigma del convento (2014), obra que recrea la vida del general
español José Manuel Goyeneche, conde de Guaqui.
Por la cercanía de la conmemoración de los doscientos años de la
proclamación de la independencia del Perú, un grupo de escritores y escritoras,
impulsados por Juan Manuel Chávez, sacaron a la luz una serie de novelas
históricas bajo el título de Colección del Bicentenario. Así, pues, bajo el sello de
la editorial Arsam, se pusieron en circulación interesantes obras como El barco
de San Martín del propio Juan Manuel Chávez, El molle y el sauce de Zoila Vega
Salvatierra, en donde se destaca el heroísmo y talento del poeta arequipeño
Mariano Melgar; El Márquez en el exilio de Fabrizio Tealdo Zazzali, donde
recoge el drama del brigadier español José Ramón Rodil, jefe de las fuerzas
realistas en el Real Felipe, en resistirse a la independencia del Perú; Historia de
dos Bernardos, de Alejandro Neyra, en la que el autor recrea la amistad, durante
el gobierno de Bolívar en el Perú, de Bernardo de O'Higgins y Bernardo de
Torre Tagle; 1814, Año de la Independencia (2017) de Claudia Salazar Jiménez,
novela inspirada en la rebelión de Mateo Pumacahua y los hermanos Angulo.
La autora recogió información proveniente de la Colección Documental de la
Independencia; El aroma de la disidencia, de Sandro Bossio, en la que se relatan
los últimos sucesos del periodo colonial en Lima, El año de Accarhuay (2016), de
Ulises Gutiérrez, novela donde describe la situación que le tocó vivir a Ccollo,
un indio de la sierra central y testigo presencial de las batallas de Junín y
Ayacucho y Potosí de David Lozano.
Siguiendo la misma iniciativa por la narrativa histórica de la
independencia, Petroperú impulsó el 2019 un proyecto editorial en donde
participaron diversos representantes de la pluma nacional. Aquel proyecto, que
llevaba también el nombre de Colección Bicentenario, lanzó un primer de
volumen de relatos de ficción histórica bajo el título de 21. Relatos sobre la
independencia del Perú. Seleccionados y prologado por José Donayre Hoefken, el
mencionado volumen reúne originales relatos de distintos autores como
Fernando Iwasaki, Gabriela Caballero, Erika Almenara, José Güich, Fabrizzio
Tealdo, Ángel Málaga, Miguel Angel Vallejo, entre otros.
El 2021, en el año de la conmemoración del Bicentenario de la
Independencia Nacional, Petroperú edita el segundo volumen de la Colección
del Bicentenario. Enfatizando el rol y heroicidad de la mujer en el proceso
emancipador, el volumen lleva por título 21. Relatos sobre mujeres que lucharon
por la independencia del Perú. En este volumen participan solo escritoras, que no
solo provienen del campo de la literatura, sino que también desde el campo de
la historia, antropología, educación, comunicaciones, entre otras especialidades.
Ese mismo año, el sello Altazor, lanzó en Lima un ambicioso proyecto
editorial, llamada también Colección Bicentenario, que reunía trece novelas
históricas que recreaban historias ambientadas en el periodo de la
independencia peruana. Participan en esta serie: Luis Freire (El inquieto colchón
del libertador), José Güich (Sepan qvantos), Rodolfo Ybarra (El evangelio según
Tupac Amaru II), Juan Manuel Chávez (Tupa Camaro), Cosme Saavedra (El prócer
resplandeciente), Micky Bolaños (A donde vayas, iré), Harold Gastelu (El secretario
del libertador), entre otros autores.
Un año después, el 2022, el sello editorial Penguin Random House y
Ediciones B publicó por partida doble dos interesantes novelas históricas
ambientadas en el contexto de la independencia. Claudia Núñez Flores ofrece al
público lector su obra La Mariscala, una versión distinta de la biografía
novelada, pero de similar título, escrita por Abraham Valdelomar (1915), en
donde narra y recrea la historia no contada de la vida de la famosa primera
dama, esposa del Mariscal Agustín Gamarra, doña Francisca Zubiaga y
Bernales de Gamarra. Por su parte, Alejandro Neyra entrega a los lectores su
novela 1821. El año de la esperanza. En este trabajo el autor se detiene
específicamente en el año donde cambió el derrotero de la historia peruana.
Desfilan en la trama, los icónicos personajes de la gesta libertadora, San Martín,
Monteagudo, Torre Tagle, entre otros y nos muestra episodios fundamentales
que trascendieron en el triunfo final de las fuerzas patrióticas.
Como podemos notar, la producción en novelas históricas, biografías
noveladas y relatos históricos en el siglo XXI se han elevado notablemente
superando a las producciones realizadas en el XIX y el XX. Aquel interés en
este crucial periodo, por parte de los amantes de la literatura, nos permite
confirmar el profundo interés que tienen los representantes de la cultura letrada
en seguir recreando el trascendental contexto de aquel periodo fundacional,
valorando el esfuerzo y sacrificio tanto de militares y civiles y mostrando
episodios relevantes y desconocidos de la historia del Perú y de algunos países
de Hispanoamérica.
Un breve recuento de los artículos de esta compilación
En esta compilación presentamos los trabajos realizados por distintos
profesionales provenientes del campo de la historia, la literatura, sociología,
antropología, educación y otras disciplinas académicas, quienes se encargan de
estudiar y analizar una variedad de novelas históricas ambientadas en el
proceso de la independencia peruana e hispanoamericana del siglo XVIII y XIX.
El ordenamiento que hemos decidido utilizar en esta recopilación sigue
una secuencia cronológica que se inicia con las novelas históricas de la
emancipación escritas en el siglo XIX, para luego continuar a las realizadas en el
XX y finalizar con ciertas narrativas literarias producidas en el siglo XXI. En ese
sentido, iniciamos nuestro recorrido en este repertorio histórico-literario
presentando el trabajo de Maribel Arrelucea Barrantes, “Género, clase y raza en
Adela y Matilde”. El ensayo de Arrelucea se centra en las mencionadas categorías
sociales que logró ubicar en la trama de la novela histórica Adela y Matilde o los
cinco años de la dominación española en el Perú, obra escrita y publicada en 1843
por el coronel español Ramón Soler. Especialista en temas de historia social,
género, racismo y etnicidad, Arrelucea realiza un exhaustivo análisis de la obra
deteniéndose en el comportamiento social de los personajes principales y los
personajes secundarios o de la periferia. Asimismo, intenta descifrar el universo
del autor, destacando su marcado hispanismo y la forma como observa a los
elementos del ejército patriota.
A continuación, presentamos el artículo de Carlos Alberto Pérez Garay,
“Recordando a Bolívar en el siglo XIX: Luis Benjamín Cisneros y su obra La
medalla del Libertador”. Preparado especialmente para esta publicación, Pérez
Garay, muestra en las páginas de su ensayo el origen, el contexto y la difusión
de una de las obras poco conocida del escritor, diplomático y miembro de la
“bohemia limeña”. Escrita a partir del relato transmitido por Mr. Fysquet, un
antiguo marino francés que participó en una expedición naval conducida por
Bolívar, que partió desde Corazao y llegó a la costa de Venezuela en 1815. La
obra de Cisneros narra y recrea un episodio sucedido durante el periodo de la
independencia de la antigua Capitanía General de Caracas, en donde su
principal protagonista (Fysquet) logra obtener una presea militar por sus
servicios prestados. Las ocurrencias y entretelones que tuvo que pasar el actor
principal para alcanzar la medalla, el breve dialogo con Bolívar, el recuerdo
nostálgico de aquella época de la emancipación americana y los sucesos
ocurridos en territorio francés en años posteriores, son de sumo interés para el
autor del ensayo, quien, siguiendo los planteamientos de Roger Chartier,
pretende elaborar una especie de historia del texto.
Luego del trabajo de Pérez Garay, presentamos a continuación un
interesante ensayo literario realizado por Manuel Prendes Guardiola sobre
algunas novelas históricas que forman parte de tres de las series de los Episodios
Nacionales del afamado escritor español Benito Pérez Galdós (1843-1920), cuya
trama guarda relación con el proceso de la independencia americana. Entre las
novelas mencionadas por el autor podemos destacar: Memorias de un cortesano
de 1815, Un faccioso más y algunos frailes menos, El equipaje del rey José, Terror en
1824, Napoleón en Chamartín, La segunda casaca, El grande oriente, 7 de julio, Un
voluntario realista, Vergara y Los Ayacuchos. Asimismo, el autor nos ofrece en su
ensayo algunos esbozos de otras novelas de la cuarta y quinta serie de los
Episodios ambientadas en la agitación continental de la década de 1860 (La vuelta
al mundo en La Numancia) y la independencia de Cuba (España trágica y Amadeo
I). Cabe destacar que el artículo mencionado busca revalorar la monumental
obra de Pérez Galdós, uno de los mejores exponentes del Realismo español,
cuya prosa y estilo sigue cobrando atención por parte de un creciente público
lector de España e Hispanoamérica.
El siguiente artículo de este libro lleva por título “La Guerra de
Independencia del Perú en los relatos de ficción: “María de Vellido” de Carolina
Freyre de Jaimes. Escrito por Marissa Bazán Díaz, el mencionado trabajo
describe y analiza la obra de teatro que compusiera en 1878 la escritora,
periodista tacneña Carolina Freyre, quien fuera esposa del escritor boliviano,
Julio Lucas Jaimes. Integrante de una prolífica generación de mujeres ilustradas
del siglo XIX (Clorinda Matto, Rosa Amézaga, Teresa Gonzales de Fanning,
entre otras), Freyre publicó en Lima, un drama de cuatro actos y en verso,
inspirado en la recordada heroína y precursora de la independencia, María
Parado de Bellido, quien fuera fusilada en el 11 de mayo de 1822 en Ayacucho
por orden del general español José Carratalá. Aunque no es precisamente una
novela histórica sino más bien un drama histórico, Bazán Díaz nos presenta en
su ensayo el contexto en que se escribió la composición literaria de Carolina
Freyre; también revaloriza su papel de mujer escritora y explica el auténtico rol
que asumió la protagonista central del drama de acuerdo a las fuentes
históricas. A su vez, identifica y logra distinguir en el relato la historia y la
ficción. Asimismo, nos describe la trayectoria vital de la autora y realiza un
análisis de los cuatros actos que componen la desconocida obra de Freyre.
Los siguientes ensayos de esta compilación se centran en algunas novelas
históricas ambientadas en el periodo de la independencia, que fueron
elaboradas en el siglo XX. Empezaremos nuestro recuento con el artículo de
Thomas Ward, titulado: “Roque Moreno de Teresa Gonzáles de Fanning: una
novela histórica negrista sobre la culminación de la independencia patria”.
Estudioso de la literatura peruana, Ward se sumerge en la obra de la integrante
de la primera generación de mujeres ilustradas del Perú y reconocida
educadora. Publicada originalmente en 1899 como una novela de folletín en una
revista argentina y posteriormente en 1904 como libro, Roque Moreno es un
relato histórico que nos muestra el ambiente social que se vivía en el Perú,
durante y después de la Independencia. En lugar de parecer un elogio, la obra
critica los excesos cometidos en nombre de la libertad y sostiene que la
búsqueda del beneficio personal echó a perder el propósito de la
independencia. Ward analiza en la novela la temática racial, en especial el tema
de la negritud. Presenta al actor principal, un mulato, llamado Roque Moreno,
quien era dueño de El Olivar, una hacienda en la zona norte. Durante la guerra
de independencia, el hacendado afrodescendiente, en su intento de conservar
sus propiedades, expresó su apoyo simultaneo a las fuerzas patrióticas y al
ejército realista. Las relaciones sociales entre blancos y negros, el pensamiento
racial de la época y las ideas de la autora en torno a la integración de los otros
(negros, indios y mestizos) a la nación peruana, son algunos de los tópicos del
interesante ensayo de Thomas Ward
El siguiente artículo es de la autoría de Daniella Terreros Roldán,
“Combatiente, elegante y transgresora: el caso de «La Mariscala» de Abraham
Valdelomar”. Conocida con el sobrenombre de “La Mariscala”, Francisca
Zubiaga y Bernales fue esposa del presidente del Perú, el mariscal Agustín
Gamarra. Aguerrida, aunque no era militar, en muchas ocasiones se comportó
como tal. Fue la primera y única mujer en el siglo XIX en llegar a la cima del
poder político de un país que aun batallaba por consolidarse como República.
Abraham Valdelomar, quien se desempeñaba en el campo periodístico y trataba
de abrirse espacio en el mundo literario, escribió en Lima en 1915 una biografía
novelada sobre esta controvertida primera dama, sacando a relucir su moda de
vestir y accionar transgresor, dentro de una coyuntura aún tradicional y
conservadora para la época. Con relación a lo expuesto, el presente artículo
pretende mostrar cual fue la influencia y participación de Francisca Zubiaga en
el proceso independentista, así como el analizar el rol que su transgresora
práctica de vestir jugó dentro de su accionar político y social.
El escritor Manuel Guerra participa en este libro con un artículo sobre la
novela histórica de Amalia Puga de Losada, El Voto (1923). En este corto ensayo,
Guerra sostiene que Amalia Puga narra las vicisitudes amorosas de una pareja,
cuya trama se ubica en el contexto de la lucha independentista, e inicia cuando
Simón Bolívar llega a Cajamarca. La pareja pertenece a la aristocracia de aquella
región dominada por el conservadurismo y los prejuicios religiosos. El joven
Fernando Mollinedo se enrola en el ejército libertador y después de varios años
de ausencia regresa a la ciudad convertido en comandante, se enamora
perdidamente de Aguedita Gómez; sin embargo, ella rechaza siempre sus
pretensiones. Al final Aguedita le confiesa al comandante que ella también lo
amaba, lo había amado desde siempre, pero que no podía aceptar el
matrimonio porque había hecho un voto (una promesa) a Dios de internarse en
un monasterio si es que él salía indemne de sus aventuras bélicas.
Al igual que Manuel Guerra, la investigadora y crítica literaria, Helen
Garnica Brocos, presenta en este libro un interesante ensayo que lleva por título:
“Un limeño entre dos mundos: los albores de la Independencia en La cruz de
Santiago (1925) de Carlos Camino Calderón”. En este trabajo, la autora describe
y analiza la trayectoria vital del personaje central de la novela, el limeño
Cristóbal de la Barca. Testigo presencial en su infancia y adolescencia de la
Lima virreinal borbónica, de la Barca viaja en su juventud a la Madre Patria,
llegando a alistarse en el ejército español. A su regreso a la Ciudad de los Reyes,
muestra su fidelidad al Rey, llegando a recibir la distinción de caballero de la
orden de Santiago. Sin embargo, su lealtad a la Corona no duró mucho tiempo,
puesto que tomará partido por la causa patriota. De acuerdo al ensayo de
Garnica Brocos, la novela de Camino Calderón nos presenta la pervivencia de
estructuras epistémicas coloniales que configuran una conflictiva conciencia
criolla en esta novela: la racialización de la otredad y la representación negativa
de la monarquía. Para lograr ello, la autora dividide su análisis en tres grandes
tópicos: un breve esbozo literario que recupera la valía de Camino Calderón y
su ejercicio pionero en las letras nacionales, un mapeo de conceptos claves en la
teoría decolonial, y la interpretación de una cosmovisión conflictiva en nuestro
protagonista.
Por otro lado, José Chaupis Torres nos ofrece en este libro un interesante
ensayo sobre la novela histórica de Eguiguren, El mártir pescador José Silverio
Olaya y los pupilos del Real Felipe (1954). El mencionado artículo tiene como
objetivo estudiar, en una primera parte, a través de una adecuada
contextualización a Luis Antonio Eguiguren, considerando la perspectiva de la
temporalidad historizante vinculándola con el entorno político, donde participó
activamente, complementándola con su enfoque sobre los elementos
estructurantes de la historia y el quehacer de historiador. Para vincular las
esferas de lo político e histórico, un eje central de su pensamiento y acción será
la idea de patria. En una segunda parte, Chaupis Torres muestra el impacto que
tuvo el activismo político sobre los escritos de carácter histórico, lo cual nos
permite visualizar con mayor claridad la imagen histórica que construye en
clave patriótica de Olaya Balandra en El mártir pescador, basándose en los
aportes brindados por la historia de las emociones, para luego enfocarse en la
forma como emplea tanto los sentimientos positivos como negativos,
conectándolo conjuntamente con los medios de expresión de la retórica
epidíctica.
Colabora también en esta publicación, Ezequiel Valenzuela, autor del
ensayo “Sueños y amores del Libertador, en Se llamaba Bolívar de Enrique
Campos Menéndez”. De acuerdo a Valenzuela, en esta novela histórica,
publicada en 1954, el autor intenta, a lo largo de las páginas de su obra,
mostrarnos como fue la participación patriótica del Libertador en la fase última
del proceso independentista en el Perú. Con una exquisita prosa coloquial,
Valenzuela recrea literariamente este acontecimiento histórico, mencionando a
personajes como José de San Martín, Antonio José de Sucre, José de Canterac,
José de la Serna y Manuelita Sáenz.
Otro de los colaboradores de esta publicación, es el sociólogo y
antropólogo sanmarquino, Pedro Jacinto Pazos, autor del ensayo “Naturaleza,
cultura y poder bajo el humanismo de Simón Bolívar. Ideas desde El general en
su laberinto de Gabriel García Márquez”. Este ensayo es una síntesis de la novela
histórica publicada en 1989 por el escritor colombiano y Premio Nobel de
Literatura en 1981, que pone en el tapete gran parte de lo que somos: un punto
en el universo. Obsérvense, como en el humanismo de Simón Bolívar se conjuga
con la música, se mezcla con los “caimanes”, el agua, las “praderas azules” y de
paso “los caballos”. Miremos, como la solidaridad y la amistad se hace canto en
el mundo criollo que se ve perdido porque ya han sido derrotados y además
porque los vencedores fueron sus amigos y camaradas de antaño. Y, como los
animales y las plantas -como extensión de esa naturaleza- se hacen luz con los
seres humanos a pesar de todo. Esto es la valía de una hipótesis que se hace
científica pero que en el fondo es la magia de una Latinoamérica que no
requiere de los dogmas ni de los modelos occidentales. Y Bolívar lo sabe. Y he
allí, su conocimiento que recorre la vida cotidiana y la cooperación originaria de
nuestros países y de nuestros pueblos. Es que aquí el olor y el alma son
vivencias naturales.
Al igual que Pedro Jacinto Pazos, el escritor y sociólogo, Roberto Reyes
Tarazona se hace también presente en esta compilación al ofrecernos un
interesante ensayo sobre la novela de Carlos Thorne, El señor de Lunahuaná
(1994). En dicho trabajo, Reyes Tarazona, recordado colaborador en la década
de 1960 de la revista literaria Narración, nos muestra la trayectoria vital del
personaje central de la novela, el noble criollo Dionisio de Gaviria y Landázuri,
conocido en el relato como El Señor de Lunahuana. Ambientada, en su mayor
parte, durante el gobierno del virrey José Fernando de Abascal (1806-1816), el
protagonista y personaje central de la obra nos narra en primera persona los
distintos momentos que le tocó vivir: duelos, aventuras con mujeres, encierro
en prisión y su participación militar en las batallas en la sierra del Perú. Reyes
Tarazona inicia su análisis con una introducción al género de la novela
histórica. Posteriormente, aborda la cuestión del tiempo, el pensamiento del
protagonista, los afanes y aspiraciones del personaje, las luchas por la
independencia y el legado de Dionisio de Gaviria.
Al igual que Roberto Reyes Tarazona, la escritora y periodista, Sara
Beatriz Guardia nos ofrece en esta compilación un interesante ensayo titulado
“Las voces de Jonatás y Manuela de Luz Argentina Chiriboga”. Según la autora
del ensayo, la novela, Jonatás y Manuela (1994), de Chiriboga, marca un hito en
la literatura latinoamericana al sustentar la presencia de un yo literario
femenino, y la afirmación de su identidad desde un personaje secundario,
Jonatás, la esclava, que en las biografías de Manuela Sáenz apenas emerge sin
mostrar su rostro. Se trata también de la primera novela antiesclavista desde la
visión de dos niñas marginadas, Manuela hija ilegítima, y Jonatás la esclava, en
el contexto de la lucha por la independencia del Perú. En esa perspectiva, el
centro patriarcal y europeizante es desplazado posibilitando una mayor visión
de la cultura africana, el devastador efecto del esclavismo, y la presencia de las
mujeres en la lucha por la independencia, lo que también significa un proyecto
de nación en condiciones de igualdad étnica y de género.
Se une a esta compilación, el reconocido historiador Wilfredo Kapsoli
Escudero. Alumno de Luis Alberto Sánchez en la década de 1960 en la Facultad
de Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Kapsoli se detiene
en una obra de su recordado maestro, quien fuera parte de la generación del
Centenario. Aquella obra, que estuvo inédita por mucho tiempo, lleva por título
A Bolívar una novela histórica cuya primera edición se dio a conocer en el año
de 1997. De acuerdo a su editor Hugo Vallenas, esta obra es una magistral
biografía novelada del Libertador. Interesado por este trabajo, Kapsoli hace una
relectura de la misma, contextualizando históricamente la novela con sus
principales protagonistas y acciones realizadas en pro de la independencia
peruana. En esta obra sobresalen las figuras de Simón Bolívar, de Manuelita
Sáenz, José de San Martín y José Antonio de Sucre. Igualmente actúan
cumpliendo distintos papeles los guerrilleros de la sierra central como Ignacio
Quispe Ninavilca, Isidoro Villar, José Antonio Manrique y Fray Bruno Terreros,
sacerdote franciscano quien comandó una guerrilla en Jauja para luego unirse al
ejército libertador.
También participa en esta publicación, David Rengifo Carpio, quien nos
presenta su ensayo titulado “La historia y la vida en la novela de Silvia Puente:
Remedios de Escalada. El escándalo y el fuego en la vida de San Martín”. En este
interesante trabajo, Rengifo analiza la dinámica interna del proceso político
argentino en el periodo inicial de su lucha independentista a partir del trabajo
histórico que sustenta la novela de Silvia Puente publicada el 2006. Para esto, el
autor intenta salir del análisis clásico de las novelas, que se detienen más en los
personajes, en sus vicisitudes, en el argumento, y en el contexto literario al que
corresponden como productos artísticos concretos. Precisamente, en lo que
respecta a los actores, el ensayo de Rengifo se centra más en Remedios de la
Escalada, quien es la protagonista principal, a la que se pretende rescatar en la
historia; su relación con la etapa inicial del proceso independentista argentino,
su mirada sobre esta etapa inicial, que, aunque breve, fue fundamental para el
inicio del proceso de emancipación, y se caracterizó por una posición liberal
democrática laica pocas veces vista en Hispanoamérica; por consiguiente,
Rengifo no se detendrá del mismo modo con el general San Martín.
Al igual que David Rengifo, Aurora Marrou colabora también en este
libro brindándonos un interesante ensayo de la novela histórica En busca de
Bolívar, del escritor colombiano William Ospina. De acuerdo a Marrou, la obra
publicada por Ospina en el 2010 cumple un enfoque totalizador presentando los
hechos en los diversos momentos de vida del libertador venezolano.
Precisamente, en su ensayo, la autora destaca que en la obra de Ospina las
trascendentales decisiones de índole individual que tuvo el militar caraqueño
con sus variantes afectivas, laborales, sociales, políticas e incluidos sus sueños
lograron constituir los nexos en su actuación personal frente a la realidad social
en que se vivía. En sus apuntes, Marrou ha priorizado observar la información
que contiene la obra sobre el aspecto vital de Bolívar, asumiendo, que el trabajo
de Ospina sigue las características del género biográfico, sin entrar al análisis ni
explicación de los hechos con rigurosidad metodológica de un texto histórico,
haciendo de dicho género, como anota el autor, “la biografía hace de dicha tarea
una narrativa creativa”.
Asimismo, presentamos en este libro un ensayo preparado por Emilio
Rosario sobre la novela histórica Yo, San Martin de la autoría de Carlos Thorne
Boas, quien se encarga de resaltar el rol del militar argentino durante las
guerras de independencia en Argentina, Chile y Perú. Publicada en Madrid, en
el año 2011, la mencionada novela no solo abona a la tradición historiográfica
donde se pone de manifiesto el papel protagónico del libertador argentino, sino
lo contextualiza en el ámbito latinoamericano y como gesta su llegada al Perú.
Thorne, un destacado escritor peruano, fallecido hace un par de años, brindó
parte de su repertorio intelectual a la creación de novelas históricas como El
señor de Lunahuana o Papá Lucas. Es importante resaltar que, esta contribución,
se realiza para afirmar a nuestros más importantes héroes patrios, en este caso a
la figura de José San Martín y Matorras.
El siguiente artículo, inserto en este libro, es de la autoría de Rubén
Robles Chinchay. Historiador de carrera, apasionado por la literatura y autor de
una novela histórica: La rebelión de los escogidos (2014), Robles nos presenta en
este libro el ensayo titulado “El enigma del convento. José Manuel de
Goyeneche y los vericuetos de lo posible en la historia de Jorge Eduardo
Benavidez”, donde propone un acercamiento a la novela El enigma del convento
(Alfaguara, 2014), del escritor peruano Jorge Eduardo Benavides. Esta novela
está ambientada en el periodo de la restauración absolutista de Fernando VIII.
Las acciones se despliegan en distintos hilos narrativos en escenarios
americanos y peninsulares de un tiempo cargado de conspiración y sospechas,
antes de las definitivas luchas por la Independencia de los años veinte del siglo
XIX. Se plantea, de esta forma, una aproximación a la manera en que el autor,
desde la novela negra, aprovecha el vacío historiográfico para articular una
historia de situaciones posibles en torno a las acciones desplegadas por José
Manuel de Goyeneche en territorio americano.
Colabora también en este libro, Guillermo Fernández Ramos, autor del
ensayo titulado, “La gran rebelión: Los Tupac Amaru 1572 – 1827” de Omar
Aramayo. El artículo preparado por Fernández Ramos es un análisis del libro
del escritor puneño, Omar Aramayo Cordero, publicado el año 2018. De
acuerdo a Fernández Ramos, la novela histórica del mencionado escritor
peruano ha logrado despertar la atención sobre la historia de las luchas de los
movimientos populares en un contexto en que la historiografía peruana
abandonó su estudio. Para ello, primero se discute porque la obra de Aramayo
es una novela histórica. Seguidamente, se presenta la composición y estilo de la
pieza literaria. Por último, se sitúa a la novela de Aramayo en el debate de la
producción intelectual sobre la gesta de Túpac Amaru II.
Por su parte, Miguel Ángel Vallejo Sameshima, nos ofrece a continuación
un interesante ensayo, titulado “La resolución de conflictos históricos en la
novela El barco de San Martín (2016) de Juan Manuel Chávez”. En este trabajo
Vallejo Sameshima señala que la novela de Chávez presenta en sí misma una
gran variedad de enfoques, las cuales analiza primero desde una perspectiva
estructuralista, para luego tratar de interpretar los vínculos entre pasado y
presente en la obra. La trama de El barco de San Martín se desarrolla en cuatro
planos. En el primero, nos muestra las diferencias y desacuerdos en cuestiones
históricas de unos escolares limeños de clase media del siglo XXI, quienes
investigan unas cartas entre el general San Martín y el mariscal Ramón Castilla
en 1848. En el segundo, aborda la vida cotidiana de San Martín en Francia y sus
recuerdos de la gesta libertadora americana. En el tercero, se detiene en unos
fragmentos de las cartas reales que intercambiaron los personajes históricos y,
finalmente, en el cuarto plano, narrado en tercera persona, trae a la luz un
episodio de San Martín, que parece que nunca llegó a ocurrir.
Vallejo Sameshima sostiene que la relación de estos cuatro planos ofrece
varias interpretaciones sobre la influencia del pasado y el presente y de ello
puede interpretarse una propuesta ideológica. En ese sentido, considera que la
novela de Chávez propone una reinterpretación del pasado histórico, sino que
también de la peruanidad.
A continuación, Gustavo Montoya Rivas nos presenta un interesante
ensayo titulado “Un día de guerra en Ayacucho: Consideraciones, ficción y
realidad en la etapa final de la guerra de Fermín Goñi”. En este trabajo Montoya
analiza la novela histórica escrita por Goñi. Según Montoya el novelista
español, intenta a lo largo de casi doscientos páginas, ofrecernos un fresco
social, militar y cultural sobre la etapa final de la guerra por la independencia
en el Perú. En ella busca trazar el rostro humano de la guerra. Para ello logra
sumergirse en la vida cotidiana de los actores históricos colectivos, para captar
el pulso interno de los acontecimientos. Desde el primer momento de su
ensayo, Montoya advierte que si bien la novela de Goñi, se trata de una
recreación de episodios históricamente verificables acaecidos durante la guerra,
destaca que el autor, hace uso de la imaginación histórica para dotarle de
verosimilitud a las escenas que reconstruye.
Al igual que Montoya Rivas, colabora también en esta compilación
Arnaldo Mera Avalos. En su artículo “Rosa de Guayaquil: de la ficción a los
hechos históricos para el Peru de 1821 y 1822”, como bien lo acota en el título, el
autor busca deslindar la ficción del hecho histórico que implique la mención de
lo peruano en la novela de Liliana Bellone, en la cual se recrea magistralmente
las mujeres en la vida del general don José de San Martín, desde su amante,
Rosa Campusano para pasar luego a su hija y posteriormente a su nieta. Mera
Avalos ha dividido su artículo en tres partes. La primera presenta una breve
introducción teórica para luego abordar dos ejemplos de aseveraciones
históricas en la novela; luego -la segunda parte- pasa a un aporte importante al
esclarecimiento de tres aspectos políticos que en la novela la autora no
profundiza o expone adecuadamente y finalmente una tercera parte en la cual
expongo aspectos personales de la vida privada de San Martin y Rosa
Campusano para luego ofrecer una reflexión final.
Finalmente presentamos en esta compilación, el artículo de Gerardo
Trillo Auqui. El ensayo preparado por Trillo tiene como objetivo analizar la
novela histórica 1821. El año de la esperanza del Perú de Alejandro Neyra, a partir
de un marco teórico entre la literatura y la historia. Con ello, se propone dar
revisión al papel del autor como narrador del pasado. Además, el trabajo se
enfoca en algunos pasajes del libro 1821, como son la independencia de Trujillo,
el pronunciamiento de Aznapuquio, la percepción sobre la peruanidad, la
participación de las mujeres y la visión omnisciente del autor respecto al
devenir del Perú. A partir de estos tópicos, se comenta la actualidad de la
discusión entre literatura e historia respecto a la escritura del pasado,
considerando las propuestas del historiador y escritor francés, Iván Jablonka en
su manifiesto por las ciencias sociales.
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Davalos y Lissón. En Kapsoli Escudero, W y Pérez Garay, C. A. (eds.).
Historiografía de la Independencia Peruana en el año del Bicentenario. Lima:
Universidad Ricardo Palma. Editorial Universitaria, pp. 287-307.
___________ (2021). La ficcionalización de la independencia en dos
novelas escritas durante las celebraciones del primer centenario. RIRA, 6 (2), pp.
347- 362.
Sommer, D. (2004). Ficciones fundacionales. Las novelas nacionales de
América Latina. Bogotá: Fondo de Cultura Económica.
Spang, K. (1995). Apuntes para una definición de la novela histórica. En
Spang, Arellano, I. y Mata, C. (eds.). La novela histórica. Teoría y comentarios.
Navarra: EUNSA, p. 86.
Velázquez, D. (2004). Novela y nación en el Perú en el Perú republicano
(1845-1879). Tesis para optar el grado académico de magister en Literatura
Peruana y Latinoamericana. Lima: Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
White, H. (2003). El texto histórico como artefacto literario y otros escritos.
Barcelona: Ediciones Paidós.
J. Zamudio (1960). La independencia de la novela histórica chilena.
Anales de la Universidad de Chile, (119), pp. 236-243.
ÍNDICE
SIGLO XIX
ARRELUCEA BARRANTES, Maribel. Género, clase y raza en Adela y
Matilde, novela romántica sobre la guerra de Independencia (1843)
de Ramón Soler...............................................................................................
PÉREZ GARAY, Carlos. Recordando a Bolívar en el siglo XIX: Luis
Benjamín Cisneros y su obra “La medalla del Libertador”
(1860)..............................................................................................................
PRENDES GUARDIOLA, Manuel. América ante España en los
Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós ............................................
BAZÁN DÍAZ, Marissa. La Guerra de Independencia del Perú en los
relatos de ficción: “María de Vellido” de Carolina Freyre de
Jaimes.............................................................................................................
SIGLO XX
TERREROS ROLDÁN, Daniella. Combatiente, elegante y transgresora:
el caso de «La Mariscala» de Abraham Valdelomar ..................................
WARD, Thomas. Roque Moreno de Teresa Gonzáles de Fanning:
Una novela histórica negrista sobre la culminación de la
Independencia patria.....................................................................................
GUERRA VELÁSQUEZ, Manuel. El Voto (1923) de Amalia Puga ................
GARNICA BROCOS, Helen. Un limeño entre dos mundos: los albores
de la Independencia en La cruz de Santiago (1925) de Carlos
Camino Calderón ......................................................................................
CHAUPIS TORRES, José. Emociones Patrióticas en el Mártir Pescador
José Silverio Olaya y los pupilos del Real Felipe de Luis Antonio
Eguiguren ...................................................................................................
VALENZUELA, Ezequiel. Sueños y amores del Libertador, en Se
llamaba Bolívar de Enrique Campos Menéndez......................................
KAPSOLI ESCUDERO, Wilfredo. Una lectura de A Bolívar (1997) de
Luis Alberto Sánchez.................................................................................
JACINTO PAZOS, Pedro. Naturaleza, Cultura y Poder bajo el
Humanismo de Simón Bolívar. (Ideas desde “El general en su
laberinto” de Gabriel García Márquez) .......................................................
GUARDIA, Sara Beatriz. Las voces de Jonatas y Manuela de Luz
Argentina Chiriboga .................................................................................
SIGLO XXI
RENGIFO CARPIO, David. La historia y la vida en la novela de Silvia
Puente: Remedios de Escalada. El escándalo y el fuego en la vida de
San Martín ...................................................................................................
ROSARIO, Emilio. Héroe de Papel. José de San Martín en la novela de
Carlos Thorne.............................................................................................
REYES TARAZONA, Roberto. El señor de Lunahuaná (1994), una
novela histórica de Carlos Thorne .............................................................
MARROU ROLDÁN, Aurora. Comentario del libro: En Busca de
Bolívar de William Ospina ........................................................................
ROBLES CHINCHAY, Rubén. El enigma del convento. José Manuel de
Goyeneche y los vericuetos de lo posible en la historia de Jorge
Eduardo Benavidez ...................................................................................
FERNÁNDEZ RAMOS, Guillermo. La Gran Rebelión de los Tupac
Amaru de Omar Aramayo ........................................................................
MERA ÁVALOS, Arnaldo. Rosa de Guayaquil: de la ficción a los hechos
históricos para el Perú de 1821 y 1822 de Liliana Bellone .......................
MONTOYA RIVAS, Gustavo. Un día de guerra en Ayacucho:
Consideraciones, ficción y realidad en la etapa final de la guerra de
Fermín García ............................................................................................
VALLEJO SAMESHIMA, Miguel. La Resolución de Conflictos
Históricos en la Novela El Barco de San Martín (2016) de Juan
Manuel Chávez...........................................................................................
TRILLO AUQUI, Gerardo. 1821. El Año de la esperanza del Perú de
Alejandro Neyra: la historia es una literatura contemporánea..................
Colaboradores ............................................................................................................