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Poema XV: Silencio y Melancolía

Este poema trata sobre el dolor de la pérdida del amor a través de la nostalgia y el recuerdo. Narra la tristeza de un hombre enamorado que recuerda una noche donde abrazó y besó a su amada bajo las estrellas, pero que ahora ya no la tiene y solo le queda escribir los 'versos más tristes' sobre su ausencia y soledad.

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Poema XV: Silencio y Melancolía

Este poema trata sobre el dolor de la pérdida del amor a través de la nostalgia y el recuerdo. Narra la tristeza de un hombre enamorado que recuerda una noche donde abrazó y besó a su amada bajo las estrellas, pero que ahora ya no la tiene y solo le queda escribir los 'versos más tristes' sobre su ausencia y soledad.

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Poema XV: Me gustas cuando callas (Poema XV)

Me gustas cuando callas porque estás como ausente,

y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.

Parece que los ojos se te hubieran volado

y parece que un beso te cerrara la boca.

Como todas las cosas están llenas de mi alma

emerges de las cosas, llena del alma mía.

Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,

y te pareces a la palabra melancolía.

Me gustas cuando callas y estás como distante.

Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.

Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:

déjame que me calle con el silencio tuyo.

Déjame que te hable también con tu silencio

claro como una lámpara, simple como un anillo.

Eres como la noche, callada y constelada.

Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente.

Distante y dolorosa como si hubieras muerto.

Una palabra entonces, una sonrisa bastan.

Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.


El manuscrito del Poema 15, con el título de Poema de su silencio, fue enviado por Neruda a
Albertina. Con igual título, pero con modificaciones, se publicó en la revista Vendimia en 1923 y en
la revista Zig-Zag el 5 de enero de 1924. En este mismo año, formó parte del poemario Veinte
poemas de amor y una canción desesperada identificado solo por el número de orden 15 y con la
forma definitiva. Es uno de los poemas de Neruda más conocidos y valorados, y uno de los más
influyentes en el desarrollo de la poesía de habla española. En sus estrofas, el verdadero amor
trasciende las palabras y se sublima en el silencio compartido.

Este poema está compuesto de cinco cuartetos imperfectos con rima ABCB: la rima ABAB del
segundo cuarteto no altera el esquema básico, pues no está buscada como tal, sino como
resultado de la repetición de la palabra «alma» en los tres primeros versos. Todos los versos son
alejandrinos, es decir, de catorce sílabas métricas, con excepción del octavo verso, según se verá
más abajo. Cada alejandrino está dividido en dos hemistiquios que son isostiquios heptasílabos
separados por una cesura. La esticomitia (coincidencia entre la unidad sintáctica y la unidad
métrica) es perfecta en todos los hemistiquios. En general, el patrón acentual más común en los
alejandrinos es el que tiene marca rítmica en las sílabas sexta y decimotercera. Aquí, Neruda pone
acento rítmico constitutivo en esas sílabas y en todos los versos, salvo el octavo. Los acentos extra
rítmicos se distribuyen alternativamente entre las restantes sílabas, dando variedad a la música
acentual del poema y evitando así caer en la estrechez de un ritmo solemnemente marcial
impropio del discurso involucrado.

En este poema el yo lírico está representado por un hombre que está enamorado de una mujer,
los sentimientos de amor por esta mujer son tan fuertes que el yo lírico expresa como ama hasta a
el "silencio" de la mujer querida.

El poema “me gustas cuando callas” trata sobre una conversación metafórica entre el hablante
lírico con su ser amado que está ausente. Es un diálogo imposible, porque sin decir palabras se
construye un discurso entre ambos que resulta ficticio. Queda en evidencia que su única compañía
es el recuerdo y le toca continuar en silencio con su soledad.

En la primera estrofa, la imagen más clara es la “ausencia” del objeto lírico, quien se mantiene
inmutable. Nos enteramos de esto, porque su voz “no la toca” y «parece que los ojos se (le)
hubieran volado». Sin embargo, siente como si le escuchara a lo lejos; aún en ese vacío, hay una
esperanza.

La segunda estrofa es una evocación desde el recuerdo: «emerges de las cosas, llena del alma
mía». Demostrando cómo es posible revivir a alguien desde la memoria, pero resulta efímero y
deja ese sabor a melancolía.

Más adelante, se hace evidente lo innegable. Para este momento su voz ya no «la alcanza» y se
resigna a aceptar que está «distante». Pasa de ser una «mariposa de sueño» a una «mariposa en
arrullo».

Finalmente, entre tanto silencio se produce la revelación negada hasta entonces: estás «distante y
dolorosa como si hubieras muerto.» Tan solo le queda el regocijo del recuerdo de una palabra o
una sonrisa para devolverle momentáneamente la alegría.
El poema se convierte en una conversación cómplice con el recuerdo del ser amado, sin
pronunciar un solo vocablo. Pero al final podría resultar también un autoengaño o resignación al
confesar que le gusta su silencio.
Poema XX

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,

y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.»

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.

La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.

Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.

Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.

La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos

Mi alma no se contenta con haberla perdido.


Como para acercarla mi mirada la busca.

Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.

Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.

Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.

Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.

Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,

mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,

y estos sean los últimos versos que yo le escribo.


El Poema 20 de Pablo Neruda trata sobre la pérdida del amor romántico y la nostalgia de recordar
a la persona amada. Neruda escribió los versos inspirado en su relación con Albertina Azocar, una
mujer con quien mantuvo secretamente un romance por casi 10 años.

La historia comienza describiendo una noche estrellada, donde el yo lírico expresa el final de una
relación amorosa con sentimientos de dolor, soledad y melancolía. Cuenta su pesar narrando con
detalle el recuerdo triste de una noche, donde él la quiso y la besó muchas veces mirando sus ojos
fijos.

A lo largo del poema se repite tres veces el verso: “puedo escribir los versos más tristes esta
noche”. Esta repetición rítmica le dota de una cierta melancolía en su rima. El hablante lírico sabe
que ha perdido a su amada, pero no por eso se resigna, no pone fin a su duelo, insiste y la busca
en el viento para tocar su oído. Su corazón la busca, aunque ha comprendido que su amada pronto
“será de otro”.

Si tuviéramos que resumir todo el poema en un verso, posiblemente sería la revelación de que “Es
tan corto el amor, y es tan largo el olvido”.

Contenido e interpretación estrofa por estrofa

1º, 2º, 3º Estrofa

El yo poético nos dice que puede “escribir los versos más tristes esta noche”, y nos da un ejemplo
de cómo hacerlo (cuando relata: escribir por ejemplo la noche está estrellada). Es decir, hace de
manera magistral dos poemas en uno. Toma dos personajes el que observa con sensibilidad de
autor y el yo lírico que manifiesta y conecta con los sentimientos del lector.

De esta manera, en estos primeros versos, habla de una noche estrellada. El yo lírico nos eleva a
los astros titilantes y desnuda su amor por esa mujer. La compara con el firmamento, con el
viento. Luego, él es el universo, el cielo que gira y canta su amor a ella.

4º y 5º Estrofa

Comienza repitiendo el primer verso “Puedo escribir los versos más tristes esta noche”,
rápidamente afligido el yo poético baja de nuevo a lo terrenal y nos habla de su amor humano, en
el que él la quiso y ella lo quiso. Describe como la abrazó y la besó bajo el cielo infinito de una
noche estrellada, como la de hoy donde le escribe estos versos.

6º y 7º Estrofa

El yo lírico insiste que la quiso y que ella lo quería. Mostrándonos lo que existía entre ellos y la
presenta con sus grandes ojos fijos. Para luego con inmensa nostalgia confesar que siente que
“que la ha perdido”.

8º Estrofa

“Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella. Y el verso cae al alma como al pasto el rocío”. El yo
poético expresa que su dolor es tan grande como el sonido de la noche inmensa, noche que crece
en soledad y en un inmenso vacío. Es tan grande su dolor que el texto lo describe cuando eleva el
verso y lo deja caer directo a su alma: “como al pasto el rocío”. Es un dolor profundo que expresa
lo que siente al no tenerla consigo.

9º y 10º Estrofa

De pronto al yo lírico ya no le importa no poder guardar su amor, cree que su amor no fue
suficiente para retenerla. Al fin y al cabo, ella está en “la noche estrellada, y ella no está conmigo”.
Está en las estrellas mas no presente con él. Luego a la distancia una voz marca un canto, que a lo
lejos le recuerda a su alma herida.

11º y 12º Estrofa

El yo lírico continúa buscando de donde viene la voz, la busca con su mirada para traerla. Y no
pudiendo encontrarla con la razón y el sentido de la vista, la busca con su corazón, pero es en
vano: “ella no está conmigo”.

Luego en la estrofa 12º, describe árboles fantasmales, blanqueados por la noche como diciendo
que hay una luna fría que los ilumina como en el más allá, donde ellos, los enamorados, “ya no son
los mismos”.

13º Estrofa

“Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise. Mi voz buscaba el viento para tocar su oído”. Una
vez más, el yo poético blasfema que no la quiere, lo afirma, pero es mentira. Quiere fundirse en el
viento para “tocar su oído”. Es evidente que no puede acercarse para hablarle.

14º Estrofa

“De otro. Será de otro. Como antes de mis besos. Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos”. Ahora
el yo poético se muestra celoso, siente, intuye que está con otro, que la besa, que le habla, que
toca “su cuerpo claro”. Y solo recuerda sus ojos infinitos.

15º Estrofa

“Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero. Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido”. Nos
dice que ya no la quiere, pero tal vez la quiere. Una clásica contradicción de quien está viviendo el
duelo de un desamor.

Y luego presenta magistralmente la gran revelación del poema, el entendimiento más profundo
sobre la puede resultar una ruptura amorosa: “Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido”.

16º Estrofa

“Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos, mi alma no se contenta con haberla
perdido”. El yo lírico ahora revela que, en noches estrelladas como esa, ella estuvo en sus brazos.
Pero no se conforma, no le perdona a la noche, ni así mismo, el haberla perdido.

17º Estrofa

Finalmente, continuando el reclamo a la noche estrellada en tono de despedida, el yo lírico dice:


“Aunque éste sea el último dolor que ella me causa, estos serán los últimos versos que yo le
escribo”. Es el fin de un sufrimiento, la despedida de un gran amor ante la noche estrellada, y la
certeza que no le escribirá más versos a ella. Nunca más. Con enorme tristeza aleja la pluma del
papel, se levanta y se retira definitivamente de ese amor.

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