Resumen del fallo Grippo en Ecuador
Resumen del fallo Grippo en Ecuador
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ruptura de una arteria. Atento al dolor y la pérdida de sangre, un
pasajero le hizo un torniquete para evitar una hemorragia y el
conductor del ómnibus, identificado como José Ramón Mingo, la
llevó hasta el hospital Güemes de la localidad de Haedo, Provincia de
Buenos Aires.
III. El sentenciante de grado, consideró acreditada la
versión brindada por la parte actora, y juzgó que los emplazados son
responsables en virtud de lo normado por los artículos 1286, 1289,
1290, 1757 y 1777 del Código Civil y Comercial de la Nación y art.
118 de la ley 17.418.
Por no encontrarse discutida la responsabilidad decidida
en autos, me concentraré en los recursos esgrimidos respecto a los
rubros indemnizatorios y en la tasa de interés aplicada.
a. Incapacidad sobreviniente
El magistrado de grado fijó por este ítem la suma de
$1.800.000, la cual incluye el costo de todo tratamiento futuro.
Ambas partes cuestionan la cuantía establecida.
Ante todo, es preciso recordar que el daño, en sentido
jurídico, no se identifica con la lesión a un bien (las cosas, el cuerpo,
la salud, etc.), sino, en todo caso, con la lesión a un interés lícito,
patrimonial o extrapatrimonial, que produce consecuencias
patrimoniales o extrapatrimoniales (Calvo Costa, Carlos A., Daño
resarcible, Hammurabi, Buenos Aires, 2005, p. 97). En puridad, son
estas consecuencias las que deben ser objeto de reparación (Pizarro,
Ramón D. – Vallespinos, Carlos G., Obligaciones, Hammurabi,
Buenos Aires, 1999, t. 2, p. 640), lo que lleva a concluir en la falta de
autonomía de todo supuesto perjuicio que pretenda identificarse en
función del bien sobre el que recae la lesión (la psiquis, la estética, la
vida de relación, el cuerpo, la salud, etc.). En todos estos casos, habrá
que atender a las consecuencias que esas lesiones provocan en la
esfera patrimonial o extrapatrimonial de la víctima, que serán, por lo
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En otros términos, aunque conceptualmente autónomo, el
daño psíquico no constituye un tercer género de daños a los fines de
su indemnización, ya que en forma indistinta o simultánea, puede
constituir un daño patrimonial, emergente o lucro cesante, por las
erogaciones de asistencia psicológica y psiquiátrica y farmacológica,
y por la incapacidad transitoria o permanente que pueda producir, y a
la vez un daño moral por los dolores, molestias y padecimientos
extrapatrimoniales (conf. Zabala de González Matilde: “ob. Cit.”, con
cita de Galdos “Acerca del daño psicológico”, JA, 2005-I-1197).
Explicado esto, en la medida que en la especie repercute
en ambos ámbitos, deviene correcto tratarlo a título de incapacidad
sobreviniente y dentro del daño moral.
Sentado ello, la incapacidad sobreviniente puede ser
aprehendida en un doble aspecto, en tanto lesión a la persona, la
incapacidad se percibe ante todo desde una perspectiva intrínseca:
como menoscabo a la integridad psicofísica del sujeto, que con mayor
o menor alcance lo invalida en realizaciones existenciales o
productivas. En este último sentido desde un punto de vista genérico,
puede ser definida como inhabilidad o impedimento, o bien dificultad
apreciable en algún grado para el ejercicio de funciones vitales.
(Zabala de González Matilde: “Tratado de Daños a las Personas –
Disminuciones Psicofísicas”, Tomo II, Pag. 1). Se toman en cuenta de
modo predominante las condiciones personales de la víctima y para
que exista es necesario que se verifique luego de concluida la etapa
inmediata de curación y convalecencias, y cuando no se ha logrado su
total restablecimiento.
Más específicamente, se entiende por lesión toda
alteración de la contextura física o corporal, como una contusión,
escoriación, herida, mutilación, fractura, entre otros ejemplos, y todo
detrimento del organismo, sea por un empeoramiento del desempeño
de la función o un desempeño más gravoso, y cualquier perjuicio en el
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última instancia, de un lucro cesante actual o futuro, derivado de las
lesiones sufridas por la víctima (Pizarro-Vallespinos, “Obligaciones”,
cit., t. 4, p. 305).
Lo expuesto exige además precisar, que aunque
importante, el aspecto laboral es solo una parcela de la indemnización
de la incapacidad sobreviniente. El menú está integrado por otros
ingredientes que pueden incidir en el caso en concreto, lo que nos
conduce a la figura de la “incapacidad vital”, que exige analizar la
proyección que la mengua tiene en la personalidad integral de la
víctima. Esto, porque las secuelas que deja un accidente suelen
repercutir en la vida de relación del damnificado y gravitar
negativamente más allá de la esfera individual, hasta alcanzar los más
variados aspectos, como el social, doméstico, deportivo y cultural, que
si bien no se traducen en la generación de recursos económicos, o de
ganancias directas o inmediatas, al margen de la trascendencia que su
afectación pueda acarrear en el área extrapatrimonial, son
patrimonialmente mensurables, porque pueden de rebote aparejar
consecuencias de esa índole, costado que de estar presente, de acuerdo
a lo que sea dable inferir de las pruebas colectadas en la causa, no
puede ser ignorado a la hora de fijar la cifra del resarcimiento por el
concepto en análisis.
El perito médico José Luis Rodríguez presentó su
informe a fs. 164/169, donde realizó un detalle del examen médico
elaborado a la accionante del que surge: “…La señora Johana
Soledad Duarte el día 23 de septiembre de 2018, sufrió un accidente
mientras viajaba como pasajera de un colectivo. Durante el mismo,
sufrió un traumatismo de su miembro inferior derecho que le origino
una fractura expuesta del calcáneo de su pie, por la que fue
intervenida quirúrgicamente, como forma de reducirle la fractura,
con forma de reducirle la fractura, con utilización de osteosíntesis
(placa de 1/3 tubo de 4 orificios). Al momento del examen médico
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caso grado de la misma. Respuesta: Al momento del examen pericial,
la actora presenta una incapacidad parcial y transitoria del 30,25%
de la Total Vida.- Los puntos de inclusión solicitados por la parte
fueron desarrollados en cada uno de los apartados que componen
este Informe Pericial.”
Preguntado que fuera el galeno en el punto 12): “…Diga
el experto desde que acaeció el accidente cuanto tiempo
aproximadamente tiene de recuperación y cuánto tiempo le falta.-
Respondió: Según se desprende del relato de los hechos y de la
documentación médica incluida en el expediente de autos, el
accidente descripto ocurrió el día 23/09/2018. Al momento del
examen la actora presenta una incapacidad física funcional parcial y
transitoria del orden del 25%. Según la información médica que se
desprende de la investigación bibliográfica al respecto de este tipo de
lesiones; con las terapias adecuadas tienden a la restitución completa
de función afectada, con plazos de durabilidad variables.”.
También manifestó “13) Atento a las constancias de
autos, las secuelas que tiene a la fecha de revisación pericial y los
exámenes que le ordene practicar y los que se han presentado en
autos, Practique el Sr. Perito un diagnóstico sobre las dolencias de la
actora, y determine si le ha quedado algún grado de incapacidad,
producto del hecho narrado en autos.- Respuesta: Producto de la
fractura expuesta del calcáneo al momento del examen pericial, la
actora presenta una incapacidad funcional parcial y transitoria del
25% y una incapacidad del 30,25% de la total vida.”.
Por último, solicitado que fuera para que aclaré lo
explicado, más precisamente en el punto “14) Aclare el Sr. Perito si
esta es transitoria o permanente.”, respondió que “…La incapacidad
funcional es parcial y transitoria, y la incapacidad estética es parcial
y permanente.”.
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En el aspecto psíquico, a fs. 185/191 el perito psicólogo,
licenciado Guillermo A Zotta, informó: “… Los hechos relatados en
la demanda le produjeron a la actora un padecimiento de su
psiquismo. Se ha visto perturbado de manera tal que se encuentra en
el estado actual de nerviosismo, depresión y angustia que puede
denotarse durante la entrevista realizada. Se ha alterado su
acontecer vital ya que presenta inhibiciones y temores que limitan
profundamente su vida cotidiana, con el efecto negativo que esto
acarrea sobre su perfil psicológico… la magnitud de la perturbación
es global y profunda, afectando su orden personal y sus relaciones
sociales y familiares. A nivel laboral, en septiembre se cumple un año
en el que ella no ha podido trabajar por las características propias
de su trabajo…efectivamente, el agente motivado (accidente) es
causante directo de la patología. Es importante aclarar que las
“condiciones pre-existentes” no anulan “daños advenidos” que no
son elegidos padecer y que por tanto, deben ser resarcidos. Siempre
hay predisponentes y eso explica la dirección en que se dispara o
activa un padecimiento determinado pero no implica que los sucesos
narrados no hayan dejado secuela por sí mismos. Es excesivamente
difícil determinar si esto es así o no, ya que no tenemos registro
alguno de los rasgos de personalidad del entrevistado previos a los
sucesos. Pero por otro lado, como antes se señaló, en caso de que
existieran rasgos previos en el entrevistado, es el evento sucedido y
ningún otro elemento, el determinante de que se conforme un cuadro
fóbico y depresivo, siendo el entrevistado la víctima en dicho evento y
por lo tanto debe ser resarcido a fin de que pueda realizar un
tratamiento acorde y pueda superar el cuadro que se conformó. A
esto llamamos, concausalidad …se observa un daño psíquico parcial
en la entrevistada, dejando como consecuencia una incapacidad
psíquica del 20 %. Se considera la edad y el momento vital del actor.
Se utiliza el baremo de daño psíquico el Cuerpo Médico Forense. Se
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peligro la integridad y la constancia biopsicológica. Implica
recomponer su capacidad elaborativa, su metabolismo pulsional,
para lograr la rearticulación adecuada de representaciones y afectos,
que se encuentran desarticulados y desplazados, generando
sobrecarga afectiva en algunas representaciones (fobia, angustia) y
descatectización de otras. Esto es, desafectar, retirar la carga
afectiva de otras, con sus consecuentes efectos depresivos. Los
ejemplos, son la evitación de actividades que puedan conllevar riesgo
(evitación fóbica), y la desmotivación para la realización de sus
actuales actividades. Implica que la Sra Duarte pueda tramitar el
contenido representacional del accidente y pueda ligar las
representaciones y los afectos por el mismo producidos. Nuevamente
el abogado de la contraparte me pide que yo realice algo que no solo
no me corresponde sino que además, no me es posible. Sabiendo
todos los elementos que entran en juego en la psiquis de una persona,
es imposible que yo o ningún otro profesional pueda dejar constancia
de cómo modificará un tratamiento las alteraciones psíquicas
actuales que presenta el actor, derivadas del evento de la Litis. Seria
basicamente poder predecir el futuro… Como se mencionó en el
punto 4, nos encontramos ante la configuración de un cuadro
combinado, con características propias de un cuadro depresivo y de
un cuadro fóbico. Por esto, se considera un cuadro de mayor
complejidad que aquel que, si bien tiene el mismo porcentaje global
de afectación, es monosintomático. Por esto, se debe considerar en
estos casos, como un estimativo lo que indica la LEY 24.557”.
Ahora bien, respecto a la presencia de daño estético en la
actora, carece de entidad para incidir en su vida de relación y/o
laboral, ya que las cicatrices no son idóneas en la especie para ello,
habida cuenta que de acuerdo al curso natural y ordinario de las cosas,
no habrán de incidir directamente en las posibilidades económicas de
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Horacio, “Código Civil y Comercial…, t. VIII, pág. 278 y sgtes., Ed.
La Ley). En razón de ello, esta Sala viene considerando desde hace
ya tiempo que parece útil –en sintonía con esos nuevos postulados-
explicitar las bases objetivas y variables en juego que se toman en
cuenta para arribar a los montos indemnizatorios. Ello aún, cuando
esa nueva normativa no sea –reitero- aplicable en virtud de lo
dispuesto por el art. 7 del mencionado código; es que explicitar el
temperamento para su determinación sin duda contribuye a la
transparencia en la medida en que obliga al magistrado a exponer y
permite a las partes controlar el desarrollo que precede a la
determinación en concreto de la indemnización, ya que al expresar
cada una de las variables a tener en cuenta- ingresos, tasa de
descuento, período de la vida a computar- “obliga a expresar de un
modo transparente (y por exigencias generales de fundamentación,
justificado) qué valor se entiende acreditado o aplicable al caso
(Garrido Cordobea, Borda, Alferillo, en “Código Civil y
Comercial…”, t. 2, pág. 1072 y sgtes.; Ed. Astrea, Buenos Aires,
2015” y entre otros CNCiv. esta Sala, “Peloche Velazco, Miguel
Hugo c/ Hidalgo, Claudio Alejandro y otros s/ daños y perjuicios”
voto del a Dra. Guisado del 28/3/2018)”.
En lo personal, aunque acepto la destacada utilidad que el
empleo de fórmulas matemáticas ofrece como pauta comparativa u
orientativa a los fines de la cuantificación del daño, considero que una
aplicación obligatoria y en términos absolutos de esos esquemas
matemáticos, se manifiestan insuficientes para dar respuestas
razonables y justas en todos los supuestos, y ello de rondón lleva
ínsito el riesgo de desoír el mandato que impone el art. 2 del Título
Preliminar, del Código Civil y Comercial de la Nación –utilizable
como pauta interpretativa-, cuando exige interpretar la ley teniendo en
cuenta los principios y valores jurídicos y de modo coherente con todo
el ordenamiento jurídico. También, por defecto o por exceso, de
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CRISTINA DE LOS ANGELES c/ BINAGHI, MARIANO
s/DAÑOS Y PERJUICIOS”, del 22 del mes de mayo de dos mil
veinte y EXPTE Nº 34088/2015, caratulado “VIVANCO HUGO
JULIO C/ RIVERO CESAR AGUSTIN Y OTROS S/ DAÑOS Y
PERJUICIOS”, de octubre de dos mil veintiuno, entre muchos
otros).
Tales directrices, deben desplegarse de acuerdo con los
lineamientos que bajan de la Corte Suprema de justicia de la Nación,
que exige respetar el derecho que tiene toda persona a una reparación
integral de los daños sufridos, calificado por el Sumo Tribunal como
un principio basal del sistema de reparación civil, que encuentra su
fundamento en la Constitución Nacional y está expresamente
reconocido por el plexo convencional incorporado al artículo 75,
inciso 22, de la Ley Fundamental (conf. artículos I de la Declaración
Americana de los Derechos y Deberes del Hombre; 3° de la
Declaración Universal de Derechos Humanos; 4°, 5° y 21 del Pacto de
San José de Costa Rica y 6° del Pacto Internacional de Derechos
Civiles y Políticos; CSJN in re “ Grippo, Guillermo Oscar; Claudia P.
Acuña y otros c. Campos, Enrique Oscar y otros s/daños y perjuicios
(acc. trán. c. les. o muerte). Además, ya de un modo más concreto,
esta tarea de cuantificación habré de desarrollarla de acuerdo con las
pautas volcadas en el precedente “Grippo” (CSJN “Grippo, Guillermo
Oscar; Claudia P. Acuña y otros c. Campos, Enrique Oscar y otros
s/daños y perjuicios (acc. trán. c. les. o muerte) • 02/09/202, TR LA
LEY AR/JUR/134520/2021), cuyos alcances he tenido oportunidad de
analizar en votos anteriores, a cuyos fundamentos me remito en honor
a la brevedad (ver mis votos en las causas “BUSTOS, JOSE LUIS c/
LOZA, HECTOR Y OTROS s/DAÑOS Y PERJUICIOS (EXP.
Nº 68281/2018) y “CARNERERO, LUCIA ALBA C/
TRANSPORTE AUTOMOTOR PLAZA S.A.C.I. y otro S/
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los jueces estamos obligados a respetar (art 34, inc. 4 y 163, inc. 6º del
Código Procesal, y art. 165 parte final del Código Procesal).
b. Gastos
El juez de la anterior instancia fijó por este ítem la
cuantía de $20.000 para Johana Soledad Duarte.
Para la parte actora, el monto resulta insuficiente. Por su
parte las condenadas lo consideran desproporcionado.
De acuerdo con la pacífica jurisprudencia que reinaba
sobre el punto antes de su sanción, y conforme el art. 1746 del Código
Civil y Comercial de la Nación, resultan amparados por una
presunción iuris tantum, que admite pruebas en contrario, los gastos
en concepto de prestaciones médicas, farmacéuticas y por transporte,
efectuados por la víctima o un tercero, siempre que resulten
razonables en función de las la índole de las lesiones o la incapacidad.
De ahí que, el resarcimiento de los gastos médicos, de medicamentos
y traslado debe ser admitido aún cuando no se encuentren
documentalmente acreditadas las sumas irrogadas, cuando -como en
el caso-, por la naturaleza de las lesiones padecidas, es presumible que
tales desembolsos se hubieran producido. En efecto, no es necesaria la
prueba acabada de su existencia mediante la presentación de recibos o
facturas, en atención a su razonabilidad. Basta la acreditación de la
adecuada relación con la patología sufrida para su reembolso, el que
quedará librado al prudente arbitrio judicial.
En tal sentido, es sabido que la circunstancia de que el
actor sea afiliado a una obra social no es razón para rechazar o limitar
la reparación por gastos farmacéuticos puesto que es de público
conocimiento que ellas no cubren la totalidad de los servicios y que a
lo sumo se logra un descuento, pero no la gratuidad en las compra de
remedios.
En el caso, teniendo en cuenta las lesiones padecidas, que
ya fueron descriptas, así como los medicamentos que debió haber
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En esta línea, se lo ha caracterizado como el configurado
por la lesión en los sentimientos que determina dolor o sufrimiento,
inquietud espiritual o agravio a las afecciones legítimas y, en general,
toda clase de padecimientos comprendiendo también las molestias en
la seguridad personal de la víctima o en el goce de sus bienes.
Mediante la indemnización peticionada se procura
reparar la lesión ocasionada a la persona en alguno de aquellos bienes
que tienen un valor principal en su vida, y que son la paz, la
integridad física, la tranquilidad de espíritu, el honor, y los demás
sagrados afectos que se resumen en los conceptos de seguridad
personal y afección legítima; y cuya violación determina la
modificación disvaliosa del espíritu en su capacidad de entender,
querer o sentir, que resulta anímicamente perjudicial.
La referencia del art. 1738 del Código Civil y Comercial
de la Nación a las afecciones espirituales legítimas le confiere al daño
moral un contenido amplio, abarcativo de todas las consecuencias no
patrimoniales. Se señala en este sentido que se ha descendido
notoriamente el piso o umbral a partir del cual las angustias, molestias
inquietudes, zozobras, dolor, padecimientos, etcétera, determinan el
nacimiento del daño moral, acentuándose la protección de la persona
humana. En esta línea, se llega también a sostener la existencia de
“daños morales mínimos”, en base a la constitucionalización de la
tutela de la persona humana (conf. Lorenzetti, Ricardo Luis: “Ob. cit”,
t. VIII, p. 485).
Vale destacar que, con buen criterio, el Código consagra
expresamente el principio de reparación plena (art. 1740), que ya
había sido concebido como derecho constitucional por la Corte
Suprema de Justicia de la Nación (a partir de "Santa Coloma c.
Ferrocarriles Argentinos", 05/08/1986 y "Ruiz c. Estado Nacional,
24/05/1993) en base a los arts. 14, 17, 19, 33, 42, 75 inc. 22 de la
Constitución Nacional.
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de padecimientos derivados del evento dañoso, con la adquisición de
bienes y contratación de actividades sociales, culturales y de
esparcimiento o recreación en general, aptos para posibilitarle al
damnificado situaciones de disfrute, distracción y deleites suficientes
para alcanzar los objetivos que expresa el dispositivo.
Ello no obsta a señalar que se trata de perjuicios donde a
la hora de la apreciación económica, a diferencia de lo que ocurre con
el daño patrimonial, la subjetividad tiene un rol destacado, porque
nadie más que el damnificado está en mejores condiciones de definir
la intensidad de su padecimiento y lo que pecuniariamente necesita
para adquirir bienes o acceder a actividades que razonablemente lo
compensen. De ahí que, salvo aquellos casos donde sobrevienen
consecuencias que lo agravan y que se desconocían cuando fue
cuantificado, resulta difícil como regla, sin violentar el principio de
congruencia, exceder la propia estimación o precio de consuelo
definido por el mismo afectado en la demanda.
A tal fin, valoro, las características del hecho, la edad que
tenía al momento del accidente (36 años), y todo lo descripto al tratar
la incapacidad sobreviniente, el traslado al hospital Güemes de la
localidad de Haedo, Provincia de Buenos Aires, el tratamiento
quirúrgico con la colocación de clavos de sujeción, las cicatrices
descriptas por el galeno interviniente, el tratamiento que deberá
encarar y las secuelas con las que deberán convivir.
En base a ello, a fin de compensar la intensidad del
padecimiento de la víctima y lo que pecuniariamente necesita para
adquirir bienes o acceder a actividades que razonablemente la
compensen, es que propongo al Acuerdo rechazar los agravios de
ambas partes sobre el punto y confirmar la cifra fijada en la anterior
instancia, que con la tasa de interés fijada, incluida en la base del
cálculo desde la demanda, entiendo razonablemente proporcionada
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encontrándose rebatidos los argumentos en que se sustenta el rechazo
del rubro pérdida de chance, que la actora incorrectamente rotula en
esta alzada como lucro cesante, corresponde rechazar las quejas y
confirmar la sentencia apelada también en este aspecto.
IV. Intereses
El magistrado de la anterior instancia entendió que los
intereses deben liquidarse conforme la tasa activa del plenario
“Samudio”. Asimismo resolvió también que, además de los intereses
compensatorios, se paguen intereses moratorios equivalentes a otro
tanto de la tasa referida, para el caso de cualquier demora en el pago
de la condena en el plazo establecido.
Cabe señalar que esta Sala comparte el criterio de fijar la
tasa activa cartera general (préstamos) nominal anual vencida a treinta
días del Banco de la Nación Argentina (CNCiv. en pleno, en autos
“Samudio de Martínez, Ladislaa c/ Transporte Doscientos Setenta
S.A.”) – o una similar- solo a partir del pronunciamiento de primera
instancia cuando los valores son establecidos a esa fecha y se
encuentran libres hasta entonces de todo deterioro a causa de la
desvalorización monetaria.
En lo atinente a la tasa de interés aplicable vedle resaltar
que de conformidad con la doctrina establecida por la Cámara en
pleno en los autos “Samudio de Martínez, Ladislaa c/ Transportes
Doscientos Setenta S.A. s/ daños y perjuicios” en los acuerdos del 14
de octubre y 11 de noviembre de 2008 y la inteligencia atribuida a esa
doctrina por esta Sala en casos como el presente (cfr. “Aguirre
Lourdes Antonia c/ Transporte Automotores Lanús Este S.A. s/ daños
y perjuicios” del 17 de marzo de 2009 y sus citas; “Martínez, Eladio
Felipe c/Díaz, Hernán Reinaldo s/ daños y perjuicios” del 15 de marzo
del año 2013, entre otros), comparto el criterio mantenido por este
Tribunal en cuanto a que desde la producción del perjuicio hasta el
pronunciamiento apelado se fije la tasa del 8% anual, como tasa pura
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Al respecto, es oportuno señalar que el art. 771 del
CCyCN, faculta a los magistrados para intervenir en las tasas de
interés aplicables, cuando resulten objetivamente desproporcionados,
pues la mutabilidad y fluidez de las tasas de interés motiva que el juez
deba intervenir para asegurar, en definitiva, que el deudor pague lo
que realmente debe, ni más ni menos.
En función de ello, propongo hacer lugar parcialmente a
los agravios de la parte accionada y su aseguradora, con el alcance
señalado y disponer que los intereses corran desde la producción del
perjuicio hasta el pronunciamiento apelado a la tasa del 8%
anual, y desde allí y hasta su efectivo pago, a la tasa activa cartera
general (préstamos) nominal anual vencida a treinta días del Banco de
la Nación Argentina. Con las excepción mencionada.
V. Por todo lo expresado, si mi voto fuese
compartido, propongo: rechazar íntegramente los agravios de la parte
actora, y hacer lugar parcialmente a los de la demandada y citada, y en
consecuencia reducir el monto fijado en concepto de incapacidad
sobreviniente y tratamiento a $1.000.000. Los intereses deberán
liquidarse de conformidad con lo establecido en el considerando IV.
Atento a las características de los agravios, su incidencia económica,
los distintos criterios que existen en materia de accesorios, y la forma
como se resuelve, las costas de Alzada deben imponerse 40 % a la
demandada y citada y en el 60 % restante a la parte actora.
La Dra. Guisado votó en igual sentido y por análogas
razones a las expresadas por el Dr. Rodríguez.
Con lo que terminó el acto.
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