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Autorretratos de Escritores Famosos

El documento presenta autorretratos de Gabriel García Márquez, Pablo Neruda y Jorge Luis Borges, donde cada autor describe aspectos personales y su relación con la escritura de una forma introspectiva y reflexiva.

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El documento presenta autorretratos de Gabriel García Márquez, Pablo Neruda y Jorge Luis Borges, donde cada autor describe aspectos personales y su relación con la escritura de una forma introspectiva y reflexiva.

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Autorretrato

Los autorretratos son representaciones que una persona hace de sí misma. Habitualmente conocemos este tipo
de obras realizadas a través del dibujo o la pintura, Frida Kahlo fue muy conocida por sus autorretratos. Sin
embargo, también podemos autorretatarnos con palabras.
Leamos en conjuntos los autorretratos de Gabriel García Márquez , de Pablo Neruda y el cuento “Borges y yo”
de Jorge Luis Borges que también puede funcionar como un retrato de su autor.

Autorretrato- Gabriel García Márquez


Yo, señor, me llamo Gabriel García Márquez. Lo siento: a mí tampoco me gusta ese nombre, porque es una
sarta de lugares comunes que nunca he logrado identificar conmigo. Nací en Aracataca, Colombia. Mi signo es
Piscis y mi mujer es Mercedes. Esas son las dos cosas más importantes que me han ocurrido en la vida, porque
gracias a ellas, al menos hasta ahora, he logrado sobrevivir escribiendo.
Soy escritor por timidez. Mi verdadera vocación es la de prestidigitador, pero me ofusco tanto tratando de hacer
un truco, que he tenido que refugiarme en la soledad de la literatura. Ambas actividades, en todo caso,
conducen a lo único que me ha interesado desde niño: que mis amigos me quieran más.
En mi caso el ser escritor es un mérito descomunal, porque soy muy bruto para escribir. He tenido que
someterme a una disciplina atroz para terminar media página en 8 horas de trabajo; peleo a trompadas con cada
palabra y casi siempre es ella quien sale ganando, pero soy tan testarudo que he logrado publicar cinco libros en
veinte años. El sexto, que estoy escribiendo, va más despacio que los otros, porque entre los acreedores y una
neuralgia me quedan muy pocas horas libres.
Nunca hablo de literatura, porque no sé lo que es, y además estoy convencido de que el mundo sería igual sin
ella. En cambio, estoy convencido de que sería completamente distinto si no existiera la policía…

(En Sara Facio, Alicia D’Amico, ‘Retratos y autorretratos’, Buenos Aires, Crisis, 1973).

Borges y yo Jorge Luis Borges

Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya
mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo
su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas,
la tipografía del siglo XVII, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas
preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor. Sería exagerado afirmar que
nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura
me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden
salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición. Por lo
demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y solo algún instante de mí podrá sobrevivir en el otro.
Poco a poco voy cediéndole todo, aunque me consta su perversa costumbre de falsear y magnificar. Spinoza
entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un
tigre. Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que
en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra. Hace años yo traté de librarme de él y pasé de
las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y
tendré que idear otras
cosas. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro. No sé cuál de los dos escribe
esta página.
Tema: es una descripción personal a manera de espejo muy particular

Estilo: (analizar formal, informal, léxico, anécdotas) es un estilo académico con un modo sertero que no aphela al interlocutor, es un
texto distante sin búsqyeda de una relación con el interlocutor

Composición: hay un juego de la primera y la tercera persona; tiene un uso del presente; y las oraciones muy extensas con complejidad
gramatical; con subordinadas y comparaciones.

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