Novena a Mama Antula: Santa Argentina
Novena a Mama Antula: Santa Argentina
(1730-1799)
Fiesta: 7 de marzo
« Quisiera andar hasta donde Dios no es conocido para hacerlo conocer » 19
María Antonia de San José, conocida como Mama Antula es la primera santa Argentina. Nacida en
Santiago del Estero se consagró a los 15 años como Beata de la Compañía de Jesús y realizó los
votos de manera privada.
A partir de ese día ayudó a los padres Jesuitas en las actividades apostólicas que realizan en
Santiago del Estero. Junto a ellos aprendería la importancia de los Ejercicios Espirituales creados
por San Ignacio de Loyola, su pedagogía y forma de implementarlos a fin de lograr la conversión de
vida de los ejercitantes. También, en la Compañía de Jesús, aprendió el valor de las misiones
populares para evangelizar al pueblo de Dios y se apropió de sus devociones más destacadas tales
como: al Niño Jesús en la Cruz a quién llama “Manuelito” , El Sagrado Corazón de Jesús, el Cristo
Crucificado (Nazareno), la Virgen de los Dolores (Abadesa), San José, San Ignacio de Loyola, San
Estanislao y San Cayetano. Cristo en la Eucaristía será también muy importante en su espiritualidad.
En 1767, tras la expulsión de los Jesuitas, siendo Mama Antula una mujer madura de 37 años
decidió salir a evangelizar para reparar la pérdida ocasionada por el “Extrañamiento de la Compañía
de Jesús” de todo el Virreinato.
Junto a otras mujeres (que en ese tiempo se llamaban Beatas), inició su extraordinaria misión
evangelizadora organizando los Ejercicios Ignacianos en la ciudad de Santiago del Estero, luego en
Silípica, Loreto, Soconcho, Atamisqui y Salavina para dirigirse luego hacia el Norte a solicitar
autorización para su apostolado al Obispo y Gobernador. También allí organizó los ejercicios en 19
Jujuy, Salta y Tucumán. Luego, ya con las autorizaciones pertinentes inicia una misión hacia el
noroste: Catamarca y La Rioja. Luego irá hacia Córdoba dónde organizará los Ejercicios por dos
años para trasladarse finalmente a Buenos Aires dónde estuvo evangelizando desde 1779, veinte
años solamente interrumpidos por los dos años que fue al Uruguay, ampliando el espacio de su
apostolado.
Por más de 30 años animó los Ejercicios Espirituales logrando un éxito mayor al de los propios
Jesuitas, convirtiendo a miles de personas a la fe y favoreciendo al cambio de las costumbres de la
sociedad colonial en que vivió.
Santa María Antonia de San José Paz y Figueroa, ruega por nosotros.
Acto de contrición
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío amorosísimo, que
por el muy ardiente amor que tenéis a nuestras almas, quisisteis haceros hombre para redimir al
género humano; mediante el padecer y sufrir la afrentosa muerte de Cruz, a fin de sacarnos de la
ominosa esclavitud del demonio y del pecado. Os amo, Dios mío, con todo mi corazón, con toda mi
alma, con todas mis fuerzas y sobre todas las cosas: por vuestra infinita bondad, me pesa en el alma
de haberos ofendido, y también me pesa porque podéis castigarme eternamente en el infierno.
Espero que, por los méritos de vuestra preciosísima sangre, y por los del santísimo Corazón de
vuestra divina madre, me concederéis el perdón de todas mis culpas y la gracia eficaz para amaros y
serviros toda mi vida y perseverar en vuestro santo servicio hasta la muerte. Amén.
Palabra de Dios: Mateo 5, 1-12
Al ver estas multitudes, subió a la montaña, y habiéndose sentado, se le acercaron sus discípulos.
Entonces, abrió su boca, y se puso a enseñarles así:
“Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque a ellos pertenece el reino de los cielos.
Bienaventurados los afligidos, porque serán consolados.
Bienaventurados los mansos, porque heredarán la tierra.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque serán hartados. 19
Bienaventurados los que tienen misericordia, porque para ellos habrá misericordia.
Bienaventurados los de corazón puro, porque verán a Dios.
Bienaventurados los pacificadores, porque serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque a ellos pertenece el reino de los
cielos.
Dichosos seréis cuando os insultaren, cuando os persiguieren, cuando dijeren mintiendo todo mal
contra vosotros, por causa mía. Gozaos y alegraos, porque vuestra recompensa es grande en los
cielos, pues así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.”
Mama Antula: Mama Antula es santa no sólo por su extraordinaria misión apostólica y los frutos
de conversión que cosechó mediante la realización de los Ejercicios Espirituales que organizaba,
sino también por sus virtudes. Ambrosio Funes, su “hijo espiritual” y escritor de sus cartas dice de
ella: “es el San Javier de Occidente, y el Apóstol de nuestra India…su extraordinaria virtud, sus
milagros, su Misión y su conducta todo lo merece, todo lo indica, todo lo exige”; “su espíritu es
verdadero, y de Dios, y su virtud y santidad, acompañadas de la inocencia de sus costumbres, del
vigor de sus penitencias, y de tantos ejemplos de humildad, es verdaderamente sólida y muy
extraordinaria”.
Dios eterno por tu inmensa clemencia, en nombre de tu Hijo Jesucristo, y por los méritos de su
pasión santísima: te suplico, concedas eterno descanso a las afligidas Almas que están detenidas en
el Purgatorio, para que cuanto antes gocen de la bienaventuranza eterna, como lo desean. También
te pido humildemente, Dios mío, en nombre del mismo Jesucristo, Hijo tuyo y Redentor del mundo, 19
que perdones los pecados que yo, y todos los vivientes hemos cometido; que a todos nos des
verdadero arrepentimiento, para enmendarnos, y observar tu divina ley, con auxilios de gracia,
aquellos que necesitamos para mejor servirte en esta vida, y alabarte en la eterna Gloria, que
esperamos, por tu infinita misericordia. Amén.
ORATIO
Fidelium Deus omnium contlitor et Redemptor, animabus famulorum famularumque tuarum
remissionem cunctorum tribue peccatorum; ut indulgenliam quam semper optaverunt piis
supplicationibus consequantur. Qui vivis et regnas in sæcula sæculorum. Amen.
Animæ omnium fidelium defunctorum per misericordiam Dei requiescant in pace. Amen.
Acto de contrición
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío amorosísimo, que
por el muy ardiente amor que tenéis a nuestras almas, quisisteis haceros hombre para redimir al
género humano; mediante el padecer y sufrir la afrentosa muerte de Cruz, a fin de sacarnos de la
ominosa esclavitud del demonio y del pecado. Os amo, Dios mío, con todo mi corazón, con toda mi
alma, con todas mis fuerzas y sobre todas las cosas: por vuestra infinita bondad, me pesa en el alma
de haberos ofendido, y también me pesa porque podéis castigarme eternamente en el infierno.
Espero que, por los méritos de vuestra preciosísima sangre, y por los del santísimo Corazón de
vuestra divina madre, me concederéis el perdón de todas mis culpas y la gracia eficaz para amaros y
serviros toda mi vida y perseverar en vuestro santo servicio hasta la muerte. Amén.
Santa María Antonia de San José Paz y Figueroa, ruega por nosotros.
Dios eterno por tu inmensa clemencia, en nombre de tu Hijo Jesucristo, y por los méritos de su
pasión santísima: te suplico, concedas eterno descanso a las afligidas Almas que están detenidas en
el Purgatorio, para que cuanto antes gocen de la bienaventuranza eterna, como lo desean. También
te pido humildemente, Dios mío, en nombre del mismo Jesucristo, Hijo tuyo y Redentor del mundo,
que perdones los pecados que yo, y todos los vivientes hemos cometido; que a todos nos des
verdadero arrepentimiento, para enmendarnos, y observar tu divina ley, con auxilios de gracia,
aquellos que necesitamos para mejor servirte en esta vida, y alabarte en la eterna Gloria, que
esperamos, por tu infinita misericordia. Amén.
ORATIO 19
Fidelium Deus omnium contlitor et Redemptor, animabus famulorum famularumque tuarum
remissionem cunctorum tribue peccatorum; ut indulgenliam quam semper optaverunt piis
supplicationibus consequantur. Qui vivis et regnas in sæcula sæculorum. Amen.
Animæ omnium fidelium defunctorum per misericordiam Dei requiescant in pace. Amen.
Acto de contrición
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío amorosísimo, que
por el muy ardiente amor que tenéis a nuestras almas, quisisteis haceros hombre para redimir al
género humano; mediante el padecer y sufrir la afrentosa muerte de Cruz, a fin de sacarnos de la
ominosa esclavitud del demonio y del pecado. Os amo, Dios mío, con todo mi corazón, con toda mi
alma, con todas mis fuerzas y sobre todas las cosas: por vuestra infinita bondad, me pesa en el alma
de haberos ofendido, y también me pesa porque podéis castigarme eternamente en el infierno.
Espero que, por los méritos de vuestra preciosísima sangre, y por los del santísimo Corazón de
vuestra divina madre, me concederéis el perdón de todas mis culpas y la gracia eficaz para amaros y
serviros toda mi vida y perseverar en vuestro santo servicio hasta la muerte. Amén.
Vino también a Nazaret, donde se había criado, y entró, como tenía costumbre el día de sábado, en
la sinagoga, y se levantó a hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías, y al desarrollar
el libro halló el lugar en donde estaba escrito: “El Espíritu del Señor está sobre Mí, porque Él me
ungió; Él me envió a dar la Buena Nueva a los pobres, a anunciar a los cautivos la liberaron, y a los
ciegos vista, a poner en libertad a los oprimidos, a publicar el año de gracia del Señor.”
Después de recibir el Bautismo de manos de Juan en el Jordán, Jesús vuelve a su patria chica,
Nazaret. Allí va a proclamar “un año de gracia” para su pueblo, un tiempo de alegría en el que el
mismo Dios viene a salvarlos.
Jesús es el Ungido de Dios, su Hijo predilecto, a quién hay que escuchar, viene de parte de Dios a
curar la vida: anunciar la Buena Noticia de la Salvación a los pobres, dar la vista a los ciegos, y
liberar a los oprimidos.
También hoy necesitamos hacer ese anuncio. ¿Somos capaces de dejar actuar al Espíritu en nosotros
para que también como Jesús seamos “curadores de la vida”?
El fruto del Espíritu es el amor, la alegría, la paz, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio de
sí… Somos “templo” del Espíritu Santo, Dios habita y obra en nuestros corazones. Todos lo hemos
recibido en el Bautismo. Sin embargo, no siempre lo dejamos obrar. ¿Cómo vivimos en la familia la
presencia del Espíritu Santo? 19
Mama Antula: María Antonia fue “inspirada” por el Espíritu cuando de joven decidió hacerse
Beata, frente a otras opciones de vida. Cuando los Jesuitas fueron expulsados, otra vez el Espíritu
Santo la “visitó” con una fuerza tal que decidió salir por los caminos del mundo a llevar a Jesús a
los demás. Su vida, sus sueños, proyectos y apostolado estaban animados por el Espíritu que la
ayudó a superar los obstáculos que se le presentan en la misión: “la providencia del Señor hará
llanos los caminos que a primera vista parecen insuperables”.
Santa María Antonia de San José Paz y Figueroa, ruega por nosotros.
Dios eterno por tu inmensa clemencia, en nombre de tu Hijo Jesucristo, y por los méritos de su
pasión santísima: te suplico, concedas eterno descanso a las afligidas Almas que están detenidas en
el Purgatorio, para que cuanto antes gocen de la bienaventuranza eterna, como lo desean. También
te pido humildemente, Dios mío, en nombre del mismo Jesucristo, Hijo tuyo y Redentor del mundo,
que perdones los pecados que yo, y todos los vivientes hemos cometido; que a todos nos des
verdadero arrepentimiento, para enmendarnos, y observar tu divina ley, con auxilios de gracia,
aquellos que necesitamos para mejor servirte en esta vida, y alabarte en la eterna Gloria, que
esperamos, por tu infinita misericordia. Amén.
ORATIO
Fidelium Deus omnium contlitor et Redemptor, animabus famulorum famularumque tuarum
remissionem cunctorum tribue peccatorum; ut indulgenliam quam semper optaverunt piis
supplicationibus consequantur. Qui vivis et regnas in sæcula sæculorum. Amen.
Animæ omnium fidelium defunctorum per misericordiam Dei requiescant in pace. Amen. 19
Acto de contrición
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío amorosísimo, que
por el muy ardiente amor que tenéis a nuestras almas, quisisteis haceros hombre para redimir al
género humano; mediante el padecer y sufrir la afrentosa muerte de Cruz, a fin de sacarnos de la
ominosa esclavitud del demonio y del pecado. Os amo, Dios mío, con todo mi corazón, con toda mi
alma, con todas mis fuerzas y sobre todas las cosas: por vuestra infinita bondad, me pesa en el alma
de haberos ofendido, y también me pesa porque podéis castigarme eternamente en el infierno.
Espero que, por los méritos de vuestra preciosísima sangre, y por los del santísimo Corazón de
vuestra divina madre, me concederéis el perdón de todas mis culpas y la gracia eficaz para amaros y
serviros toda mi vida y perseverar en vuestro santo servicio hasta la muerte. Amén.
Los once discípulos fueron, entonces, a Galilea, al monte donde les había ordenado Jesús. Y al verlo
lo adoraron; algunos, sin embargo, dudaron. Y llegándose Jesús les habló, diciendo: “Todo poder
me ha sido dado en el cielo y sobre la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos
bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a conservar todo
cuanto os he mandado. Y mirad que Yo con vosotros estoy todos los días, hasta la consumación del
siglo.”
El Cristo Resucitado convoca a los discípulos en Galilea, donde había comenzado todo; allí les dará
el mandato misionero de ir por todo el mundo para hacer discípulos suyos, bautizarlos y enseñarles
a cumplir sus mandatos, sobre todo el del amor, asegurándoles su presencia en medio de la
comunidad hasta el fin del mundo.
La misión de la Iglesia es evangelizar.
Mama Antula: Inmediatamente después de la expulsión de los Jesuitas Mama Antula salió para
llevar a Jesús a los demás. Su primera misión en Santiago del Estero y localidades aledañas la
realizó al año siguiente. Luego recorrió lo que hoy es el norte argentino, Córdoba, Buenos Aires y
hasta el Uruguay. Su vida fue un continuo salir, si hubiera podido se habría dirigido a Europa y
desde allí a todo el mundo. Tiene una vocación misionera extraordinaria. Sufre al ver a las familias
de su pueblo alejarse de Dios y llevar una vida mundana por eso caminó descalza e infatigablemente
para hacer conocer y amar a Dios. Esa es la razón de su vida y el motivo de su alegría.
Pídase la gracia que se desea alcanzar por intercesión de la santa.
Santa María Antonia de San José Paz y Figueroa, ruega por nosotros.
Dios eterno por tu inmensa clemencia, en nombre de tu Hijo Jesucristo, y por los méritos de su
pasión santísima: te suplico, concedas eterno descanso a las afligidas Almas que están detenidas en
el Purgatorio, para que cuanto antes gocen de la bienaventuranza eterna, como lo desean. También
te pido humildemente, Dios mío, en nombre del mismo Jesucristo, Hijo tuyo y Redentor del mundo,
que perdones los pecados que yo, y todos los vivientes hemos cometido; que a todos nos des
verdadero arrepentimiento, para enmendarnos, y observar tu divina ley, con auxilios de gracia,
aquellos que necesitamos para mejor servirte en esta vida, y alabarte en la eterna Gloria, que
esperamos, por tu infinita misericordia. Amén.
ORATIO
Fidelium Deus omnium contlitor et Redemptor, animabus famulorum famularumque tuarum
remissionem cunctorum tribue peccatorum; ut indulgenliam quam semper optaverunt piis
supplicationibus consequantur. Qui vivis et regnas in sæcula sæculorum. Amen.
Animæ omnium fidelium defunctorum per misericordiam Dei requiescant in pace. Amen.
Acto de contrición
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío amorosísimo, que
por el muy ardiente amor que tenéis a nuestras almas, quisisteis haceros hombre para redimir al
género humano; mediante el padecer y sufrir la afrentosa muerte de Cruz, a fin de sacarnos de la
ominosa esclavitud del demonio y del pecado. Os amo, Dios mío, con todo mi corazón, con toda mi
alma, con todas mis fuerzas y sobre todas las cosas: por vuestra infinita bondad, me pesa en el alma
de haberos ofendido, y también me pesa porque podéis castigarme eternamente en el infierno.
Espero que, por los méritos de vuestra preciosísima sangre, y por los del santísimo Corazón de
vuestra divina madre, me concederéis el perdón de todas mis culpas y la gracia eficaz para amaros y 19
serviros toda mi vida y perseverar en vuestro santo servicio hasta la muerte. Amén.
Cuando iba aproximándose a Jericó, un ciego estaba sentado al borde del camino, y mendigaba.
Oyendo que pasaba mucha gente, preguntó qué era eso. Le dijeron: “Jesús, el Nazareno pasa”. Y
clamó diciendo: “¡Jesús, Hijo de David, apiádate de mí!” Los que iban delante, lo reprendían para
que se callase, pero él gritaba todavía mucho más: “¡Hijo de David, apiádate de mí!” Jesús se
detuvo y ordenó que se lo trajesen; y cuando él se hubo acercado, le preguntó: “¿Qué deseas que te
haga?” Dijo: “¡Señor, que reciba yo la vista!” Y Jesús le dijo: “Recíbela, tu fe te ha salvado.” Y en
seguida vio, y lo acompañó glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alabó a Dios.
Camino a Jericó, Jesús se encuentra con un hombre ciego, sentado al costado del camino pidiendo
limosna. Se trata de un hombre descartado de la sociedad, considerado impuro, es decir, pecador. Al
escuchar que pasa Jesús se puso a gritar: “ten compasión de mí”. Jesús lo escuchó, se detuvo, y lo
mandó llamar: “qué quieres que haga por ti” le preguntó. El ciego responde: “Señor que vea otra
vez”. Jesús le devolvió la vista diciéndole “tu fe te ha salvado”. Es la fe de este hombre desdichado
la que mueve el corazón misericordioso de Jesús que lo curó de su ceguera y le regaló la salvación.
El ciego ahora es discípulo, sigue a Jesús, y tendrá la misión de llevar luz a todos los que viven en la
oscuridad.
Mama Antula: María Antonia tenía una fe profunda, que se manifiesta en su espíritu de oración,
devociones, confianza en la providencia, discernimiento de la voluntad de Dios y celo apostólico.
Esta fe se nutre en el trato de intimidad con Dios y la sostiene en las dificultades y contrariedades de
su apostolado. Aferrada a su fe en Jesús servía con mansedumbre y alegría compartiendo con los
demás el don que Dios le dio.
Santa María Antonia de San José Paz y Figueroa, ruega por nosotros.
Dios eterno por tu inmensa clemencia, en nombre de tu Hijo Jesucristo, y por los méritos de su
pasión santísima: te suplico, concedas eterno descanso a las afligidas Almas que están detenidas en 19
el Purgatorio, para que cuanto antes gocen de la bienaventuranza eterna, como lo desean. También
te pido humildemente, Dios mío, en nombre del mismo Jesucristo, Hijo tuyo y Redentor del mundo,
que perdones los pecados que yo, y todos los vivientes hemos cometido; que a todos nos des
verdadero arrepentimiento, para enmendarnos, y observar tu divina ley, con auxilios de gracia,
aquellos que necesitamos para mejor servirte en esta vida, y alabarte en la eterna Gloria, que
esperamos, por tu infinita misericordia. Amén.
ORATIO
Fidelium Deus omnium contlitor et Redemptor, animabus famulorum famularumque tuarum
remissionem cunctorum tribue peccatorum; ut indulgenliam quam semper optaverunt piis
supplicationibus consequantur. Qui vivis et regnas in sæcula sæculorum. Amen.
Animæ omnium fidelium defunctorum per misericordiam Dei requiescant in pace. Amen.
Acto de contrición
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío amorosísimo, que
por el muy ardiente amor que tenéis a nuestras almas, quisisteis haceros hombre para redimir al
género humano; mediante el padecer y sufrir la afrentosa muerte de Cruz, a fin de sacarnos de la
ominosa esclavitud del demonio y del pecado. Os amo, Dios mío, con todo mi corazón, con toda mi
alma, con todas mis fuerzas y sobre todas las cosas: por vuestra infinita bondad, me pesa en el alma
de haberos ofendido, y también me pesa porque podéis castigarme eternamente en el infierno.
Espero que, por los méritos de vuestra preciosísima sangre, y por los del santísimo Corazón de
vuestra divina madre, me concederéis el perdón de todas mis culpas y la gracia eficaz para amaros y
serviros toda mi vida y perseverar en vuestro santo servicio hasta la muerte. Amén.
El discípulo no es mejor que su maestro, ni el siervo mejor que su amo. Basta al discípulo ser como
su maestro, y al siervo ser como su amo. Si al dueño de casa llamaron Beelzebul, ¿cuánto más a los
de su casa? No los temáis. Nada hay oculto que no deba ser descubierto, y nada secreto que no deba
ser conocido. Lo que os digo en las tinieblas, repetidlo en pleno día; lo que oís al oído, proclamadlo
desde las azoteas. Y no temáis a los que matan el cuerpo, y que no pueden matar el alma; más temed
a aquel que puede perder alma y cuerpo en la gehena. ¿No se venden dos gorriones por un as?
Ahora bien, ni uno de ellos caerá en tierra sin disposición de vuestro Padre. En cuanto a vosotros,
todos los cabellos de vuestra cabeza están contados. No temáis, pues; vosotros valéis más que
muchos gorriones.” Exhortaciones y consuelos “A todo aquel que me confiese delante de los
hombres, Yo también lo confesaré delante de mi Padre celestial; mas a quien me niegue delante de
los hombres, Yo también lo negaré delante de mi Padre celestial. 19
Jesús nos enseña a confiar en Dios en los momentos de crisis, dificultades y persecución por vivir el
Evangelio. Nos invita a ser valientes, a no tener miedo a los que matan el cuerpo pero no pueden
matar el alma, es decir, nuestros sueños y utopías. A Jesús lo persiguieron y mataron por proponer
un mundo alternativo al vigente en su tiempo. Hoy también en nuestra sociedad hay miles de
hermanos que son descartados y obligados a vivir indignamente. Los cristianos a veces nos vemos
abrumados por esta situación y hemos dejado de denunciar los atropellos contra la dignidad humana
por temor, o quizás por comodidad. Jesús nos invita a seguir anunciando su Reino, a no temer ser
perseguidos, a confiar en el amor de Dios que aún en la oscuridad nos sostiene.
Mama Antula: Antula era una mujer de firmes convicciones. Ya en su tiempo se la describe como
una mujer capaz de vencer cualquier dificultad a la hora de llevar adelante su misión. No le faltaron
contrariedades, censuras y pruebas. Su fortaleza nace de la fe en Jesús y su confianza en la
providencia del Padre: “y así yo no quiero más que lo que Dios quiere, por quién estoy pronta a
sacrificarme”.
Santa María Antonia de San José Paz y Figueroa, ruega por nosotros.
Dios eterno por tu inmensa clemencia, en nombre de tu Hijo Jesucristo, y por los méritos de su
pasión santísima: te suplico, concedas eterno descanso a las afligidas Almas que están detenidas en
el Purgatorio, para que cuanto antes gocen de la bienaventuranza eterna, como lo desean. También
te pido humildemente, Dios mío, en nombre del mismo Jesucristo, Hijo tuyo y Redentor del mundo,
que perdones los pecados que yo, y todos los vivientes hemos cometido; que a todos nos des
verdadero arrepentimiento, para enmendarnos, y observar tu divina ley, con auxilios de gracia,
aquellos que necesitamos para mejor servirte en esta vida, y alabarte en la eterna Gloria, que
esperamos, por tu infinita misericordia. Amén.
ORATIO
Fidelium Deus omnium contlitor et Redemptor, animabus famulorum famularumque tuarum 19
remissionem cunctorum tribue peccatorum; ut indulgenliam quam semper optaverunt piis
supplicationibus consequantur. Qui vivis et regnas in sæcula sæculorum. Amen.
Animæ omnium fidelium defunctorum per misericordiam Dei requiescant in pace. Amen.
Acto de contrición
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío amorosísimo, que
por el muy ardiente amor que tenéis a nuestras almas, quisisteis haceros hombre para redimir al
género humano; mediante el padecer y sufrir la afrentosa muerte de Cruz, a fin de sacarnos de la
ominosa esclavitud del demonio y del pecado. Os amo, Dios mío, con todo mi corazón, con toda mi
alma, con todas mis fuerzas y sobre todas las cosas: por vuestra infinita bondad, me pesa en el alma
de haberos ofendido, y también me pesa porque podéis castigarme eternamente en el infierno.
Espero que, por los méritos de vuestra preciosísima sangre, y por los del santísimo Corazón de
vuestra divina madre, me concederéis el perdón de todas mis culpas y la gracia eficaz para amaros y
serviros toda mi vida y perseverar en vuestro santo servicio hasta la muerte. Amén.
Y he aquí que, en aquel mismo día, dos de ellos se dirigían a una aldea, llamada Emaús, a ciento
sesenta estadios de Jerusalén. E iban comentando entre sí todos estos acontecimientos.
Y sucedió que, mientras ellos platicaban y discutían, Jesús mismo se acercó y se puso a caminar con
ellos. Pero sus ojos estaban deslumbrados para que no lo conociesen. Y les dijo: “¿Qué palabras son
éstas que tratáis entre vosotros andando?” Y se detuvieron con los rostros entristecidos.
Uno, llamado Cleofás, le respondió: “¿Eres Tú el único peregrino, que estando en Jerusalén, no
sabes lo que ha sucedido en ella en estos días?” Les dijo: “¿Qué cosas?” Y ellos: “Lo de Jesús el
Nazareno, que fue varón profeta, poderoso en obra y palabra delante de Dios y de todo el pueblo, y
cómo lo entregaron nuestros sumos sacerdotes y nuestros magistrados para ser condenado a muerte,
y lo crucificaron. Nosotros, a la verdad, esperábamos que fuera Él, aquel que habría de librar a
Israel. Pero, con todo, ya es el tercer día desde que sucedieron estas cosas.
Y todavía más, algunas mujeres de los nuestros, nos han desconcertado, pues fueron de madrugada
al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo se volvieron, diciendo también que ellas habían
tenido una visión de ángeles, los que dicen que Él está vivo. Algunos de los que están con nosotros
han ido al sepulcro, y han encontrado las cosas como las mujeres habían dicho; pero a Él no lo han
visto.”
Entonces les dijo: “¡Oh hombres sin inteligencia y tardos de corazón para creer todo lo que han
dicho los profetas! ¿No era necesario que el Cristo sufriese así para entrar en su gloria?”
Y comenzando por Moisés, y por todos los profetas, les hizo hermenéutica de lo que en todas las
Escrituras había acerca de Él. Se aproximaron a la aldea a donde iban, y Él hizo ademán de ir más
lejos. Pero ellos le hicieron fuerza, diciendo: “Quédate con nosotros, porque es tarde, y ya ha
declinado el día.” Y entró para quedarse con ellos. 19
Y estando con ellos a la mesa, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y les dio. Entonces los ojos de ellos
fueron abiertos y lo reconocieron; más Él desapareció de su vista. Y se dijeron uno a otro: “¿No es
verdad que nuestro corazón estaba ardiendo dentro de nosotros, mientras nos hablaba en el camino,
mientras nos abría las Escrituras?”
Y levantándose en aquella misma hora, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y
a los demás, los cuales dijeron: “Realmente resucitó el Señor y se ha aparecido a Simón.” Y ellos
contaron lo que les había pasado en el camino, y cómo se hizo conocer de ellos en la fracción del
pan.
Los discípulos huyen ante la muerte del maestro. Están tristes y afligidos porque sus expectativas
eran que Jesús fuera un líder que liberara al pueblo de la esclavitud de los romanos. Pero nada de
eso había ocurrido. Su ministerio había terminado en un rotundo fracaso. Ante esta situación, Jesús
se acerca, los escucha, los invita a leer con fe la historia del pueblo de Dios, especialmente en lo que
se refiere a la venida del Mesías y cómo éste salvaría al mundo. Es necesario hoy, como ayer,
escuchar a Dios que habla al corazón y nos enseña que la salvación llega por otro camino, el del
amor y la entrega de la propia vida. Un nuevo mundo y una nueva humanidad son posibles, se trata
de escuchar la Palabra de Dios y aprendiendo de ella amar y servir como lo hizo Jesús.
Mama Antula: Ambrosio Funes dice de María Antonia: “Hablaba a cada uno con la Lengua de
Dios, allá en el secreto de los corazones, convidando públicamente a los santos Ejercicios, según la
necesidad que cada uno tenía, y como forzando a que cada uno se conviértase a Jesucristo”. Antula
habla la lengua de Dios porque lo conoce y ama y tiene con él un trato de amistad. La escucha de su
Palabra la ayuda a discernir su voluntad. En ese trato de intimidad aprende su lenguaje y lo
comparte con los demás. ¡Cómo no dejarse cautivar por estas palabras llenas de dulzura y
misericordia ¡Antula tenía ese poder de convencimiento propio de los santos, hablaba al corazón y
palabras del mismo Dios.
Santa María Antonia de San José Paz y Figueroa, ruega por nosotros.
Dios eterno por tu inmensa clemencia, en nombre de tu Hijo Jesucristo, y por los méritos de su
pasión santísima: te suplico, concedas eterno descanso a las afligidas Almas que están detenidas en 19
el Purgatorio, para que cuanto antes gocen de la bienaventuranza eterna, como lo desean. También
te pido humildemente, Dios mío, en nombre del mismo Jesucristo, Hijo tuyo y Redentor del mundo,
que perdones los pecados que yo, y todos los vivientes hemos cometido; que a todos nos des
verdadero arrepentimiento, para enmendarnos, y observar tu divina ley, con auxilios de gracia,
aquellos que necesitamos para mejor servirte en esta vida, y alabarte en la eterna Gloria, que
esperamos, por tu infinita misericordia. Amén.
ORATIO
Fidelium Deus omnium contlitor et Redemptor, animabus famulorum famularumque tuarum
remissionem cunctorum tribue peccatorum; ut indulgenliam quam semper optaverunt piis
supplicationibus consequantur. Qui vivis et regnas in sæcula sæculorum. Amen.
Animæ omnium fidelium defunctorum per misericordiam Dei requiescant in pace. Amen.
Acto de contrición
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío amorosísimo, que
por el muy ardiente amor que tenéis a nuestras almas, quisisteis haceros hombre para redimir al
género humano; mediante el padecer y sufrir la afrentosa muerte de Cruz, a fin de sacarnos de la
ominosa esclavitud del demonio y del pecado. Os amo, Dios mío, con todo mi corazón, con toda mi
alma, con todas mis fuerzas y sobre todas las cosas: por vuestra infinita bondad, me pesa en el alma
de haberos ofendido, y también me pesa porque podéis castigarme eternamente en el infierno.
Espero que, por los méritos de vuestra preciosísima sangre, y por los del santísimo Corazón de
vuestra divina madre, me concederéis el perdón de todas mis culpas y la gracia eficaz para amaros y
serviros toda mi vida y perseverar en vuestro santo servicio hasta la muerte. Amén.
Cuando el Hijo del Hombre vuelva en su gloria, acompañado de todos sus ángeles, se sentará sobre
su trono de gloria, y todas las naciones serán congregadas delante de Él, y separará a los hombres,
unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los machos cabríos. Y colocará las ovejas a su
derecha, y los machos cabríos a su izquierda.
Entonces el rey dirá a los de su derecha: «Venid, benditos de mi Padre, tomad posesión del reino
preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer;
tuve sed, y me disteis de beber; era forastero y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; estaba
enfermo, y me visitasteis; estaba preso, y vinisteis a verme.» Entonces los justos le responderán,
diciendo: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer, o sediento, y te dimos de
beber? ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos
enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?» Y respondiendo el rey les dirá: «En verdad, os digo: en 19
cuanto lo hicisteis a uno solo, el más pequeño de estos mis hermanos, a Mí lo hicisteis».
Entonces dirá también a los de su izquierda: «Alejaos de Mí, malditos, al fuego eterno; preparado
para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me
disteis de beber; era forastero, y no me acogisteis; estaba desnudo y no me vestisteis; enfermo y en
la cárcel y no me visitasteis». Entonces responderán ellos también: «Señor, ¿cuándo te vimos
hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?» Y Él les
responderá: «En verdad, os digo: en cuanto habéis dejado de hacerlo a uno de éstos, los más
pequeños, tampoco a Mí lo hicisteis». Y éstos irán al suplicio eterno, mas los justos a la eterna
vida.”
Jesús llama bendecidos, y les asegura su ingreso en el Reino a aquellos que vieron su presencia en
los hermanos más pobres y los auxiliaron: los que tienen hambre, sed, los que van de paso (los sin
techo, los inmigrantes), desnudos sin ropa para vestir, enfermos y presos. Estos bendecidos por Dios
ya gozan del Reino que es “justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo” (Romanos 14, 17).
Identificarse con los pobres, con los últimos de la sociedad es el carnet de identidad de los cristianos
porque en eso nos parecemos a Jesús, el profeta de la misericordia que vino al mundo a servir
amando y consolando a los que sufren.
Mama Antula: María Antonia vivió en la pobreza, “carece de todo. Ningún objeto temporal la
ocupa”. Duerme sobre una tarima, no come carne, se alimenta con pan y agua y un poco de sopa.
Lleva una vida austera, sólo le importa organizar los Ejercicios Espirituales porque está convencida
de que de esta manera logra la conversión de las personas y la reforma de la sociedad.
Amaba especialmente a los más pobres, se ocupaba de que tuvieran la posibilidad de encontrarse
con Dios y compartía con ellos los bienes y recursos que le donaban para los Ejercicios aliviando
sus necesidades. En los Ejercicios congregaba a personas de distintas clases sociales y era un deleite
ver a las “amas servir a sus esclavas”.
Santa María Antonia de San José Paz y Figueroa, ruega por nosotros.
Dios eterno por tu inmensa clemencia, en nombre de tu Hijo Jesucristo, y por los méritos de su
pasión santísima: te suplico, concedas eterno descanso a las afligidas Almas que están detenidas en 19
el Purgatorio, para que cuanto antes gocen de la bienaventuranza eterna, como lo desean. También
te pido humildemente, Dios mío, en nombre del mismo Jesucristo, Hijo tuyo y Redentor del mundo,
que perdones los pecados que yo, y todos los vivientes hemos cometido; que a todos nos des
verdadero arrepentimiento, para enmendarnos, y observar tu divina ley, con auxilios de gracia,
aquellos que necesitamos para mejor servirte en esta vida, y alabarte en la eterna Gloria, que
esperamos, por tu infinita misericordia. Amén.
ORATIO
Fidelium Deus omnium conditor et Redemptor, animabus famulorum famularumque tuarum
remissionem cunctorum tribue peccatorum; ut indulgenliam quam semper optaverunt piis
supplicationibus consequantur. Qui vivis et regnas in sæcula sæculorum. Amen.
Animæ omnium fidelium defunctorum per misericordiam Dei requiescant in pace. Amen.
Acto de contrición
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío amorosísimo, que
por el muy ardiente amor que tenéis a nuestras almas, quisisteis haceros hombre para redimir al
género humano; mediante el padecer y sufrir la afrentosa muerte de Cruz, a fin de sacarnos de la
ominosa esclavitud del demonio y del pecado. Os amo, Dios mío, con todo mi corazón, con toda mi
alma, con todas mis fuerzas y sobre todas las cosas: por vuestra infinita bondad, me pesa en el alma
de haberos ofendido, y también me pesa porque podéis castigarme eternamente en el infierno.
Espero que, por los méritos de vuestra preciosísima sangre, y por los del santísimo Corazón de
vuestra divina madre, me concederéis el perdón de todas mis culpas y la gracia eficaz para amaros y
serviros toda mi vida y perseverar en vuestro santo servicio hasta la muerte. Amén.
Pablo exhorta a los cristianos de la comunidad de Roma a no dejarse arrastrar por la mundanidad,
por el mal y el pecado de la sociedad en la que vivían. Les pide que se ofrezcan ellos mismos a
Dios, como personas nuevas, transformadas por su gracia, para que no se amolden al mundo, es
decir, para que no vivan y obren como aquellos que hacen el mal. Es esta la tentación de todos los 19
cristianos cuando dejamos enfriar el amor a Dios en nuestros corazones. Dejémonos sorprender por
Dios, seamos dóciles a su voluntad para ser sus instrumentos de bondad en el mundo.
Mama Antula: Mama Antula era laica, una mujer “contemplativa en la acción”. Sus devociones y
expresiones de fe son propias de la época que le tocó vivir, pero para nada era una persona aislada
de su contexto social y cultural. La faceta más conocida de su vida es la organización de los
Ejercicios Espirituales y el éxito que logró ayudando a convertirse a miles de personas. A la vez, era
consejera de muchos, algunas personas con poder político e influencia social, madre de los pobres y
excluidos, amiga y confidente de sacerdotes, religiosas y laicos cuya fe compartían a diario.
Intercedía por los encarcelados, acudía en ayuda de los más necesitados, siempre tenía una palabra
de aliento para los tristes y abandonados. Vivió la fe encarnada en la cultura de su tiempo con un
espíritu misionero admirable que hoy anhelamos como Iglesia.
Santa María Antonia de San José Paz y Figueroa, ruega por nosotros.
Dios eterno por tu inmensa clemencia, en nombre de tu Hijo Jesucristo, y por los méritos de su
pasión santísima: te suplico, concedas eterno descanso a las afligidas Almas que están detenidas en
el Purgatorio, para que cuanto antes gocen de la bienaventuranza eterna, como lo desean. También
te pido humildemente, Dios mío, en nombre del mismo Jesucristo, Hijo tuyo y Redentor del mundo,
que perdones los pecados que yo, y todos los vivientes hemos cometido; que a todos nos des
verdadero arrepentimiento, para enmendarnos, y observar tu divina ley, con auxilios de gracia,
aquellos que necesitamos para mejor servirte en esta vida, y alabarte en la eterna Gloria, que
esperamos, por tu infinita misericordia. Amén.
ORATIO
Fidelium Deus omnium contlitor et Redemptor, animabus famulorum famularumque tuarum
remissionem cunctorum tribue peccatorum; ut indulgenliam quam semper optaverunt piis
supplicationibus consequantur. Qui vivis et regnas in sæcula sæculorum. Amen. 19
Animæ omnium fidelium defunctorum per misericordiam Dei requiescant in pace. Amen.