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Creación según la Biblia: Fe y Razón

El documento discute la racionalidad de la creencia en la Creación según la Biblia y la ciencia. Explica que la creencia es contemplada como la mejor hipótesis desde resultados científicos como la teoría de la entropía y la relatividad. También analiza los dos relatos de la creación en Génesis y cómo se complementan en el Nuevo Testamento y en la comprensión del hombre creado a imagen de Dios.

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Creación según la Biblia: Fe y Razón

El documento discute la racionalidad de la creencia en la Creación según la Biblia y la ciencia. Explica que la creencia es contemplada como la mejor hipótesis desde resultados científicos como la teoría de la entropía y la relatividad. También analiza los dos relatos de la creación en Génesis y cómo se complementan en el Nuevo Testamento y en la comprensión del hombre creado a imagen de Dios.

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UNIDAD 4 ANEXO:

DIOS CREADOR

“En el principio Dios creó los cielos y la tierra. La tierra era caos y vacío, y la oscuridad cubría la superficie
del océano. Pero el espíritu de Dios se cernía sobre la superficie de las aguas…”

Estas palabras con las que comienza la Sagrada Escritura.

1. La diferencia entre forma y fondo en el relato de la Creación:

Una primera respuesta se elaboró hace ya algún tiempo. Dice así: La Biblia no es un tratado científico ni
tampoco pretende serlo. Es un libro religioso; no es posible, Por lo tanto, extraer de él ningún tipo de
dato científico, ni aprender cómo se produjo naturalmente el origen del mundo; únicamente podemos
obtener de él un conocimiento religioso. Hay que distinguir, pues, entre la forma de representación y el
contenido representado. La forma se escogió de los modos de conocimiento de aquel tiempo, de las
imágenes con las que los hombres de entonces vivían, con las que se expresaban y pensaban, con las
que eran capaces de entender lo grandioso, lo genuino. Y solamente lo verdadero, que se ilustraba por
medio de las imágenes, era lo que en realidad permanecía y se entendía. De manera que la Escritura no
pretende contarnos cómo progresivamente se fueron originando las diferentes plantas, ni cómo se
formaron el sol, la luna y las estrellas, sino que en último extremo quiere decirnos sólo una cosa: Dios ha
creado el Universo. Hay que distinguir, pues, entre la forma de representación y el contenido
representado. La forma se escogió de los modos de conocimiento de aquel tiempo, de las imágenes con
las que los hombres de entonces vivían, con las que se expresaban y pensaban, con las que eran capaces
de entender lo grandioso, lo genuino. Y solamente lo verdadero, que se ilustraba por medio de las
imágenes, era lo que en realidad permanecía y se entendía. De manera que la Escritura no pretende
contarnos cómo progresivamente se fueron originando las diferentes plantas, ni cómo se formaron el
sol, la luna y las estrellas, sino que en último extremo quiere decirnos sólo una cosa: Dios ha creado el
Universo.

2. La unidad de la Biblia como criterio de interpretación

la diferencia entre imagen y verdadero mensaje. La Sagrada Escritura no es como una novela o un
simple manual, escritos de un tirón desde el principio hasta el final; es más bien el eco de la historia de
Dios con su pueblo. Es el resultado de las luchas y los caminos de esta historia; recorriéndolos, podemos
conocer los auges y decadencias, los sufrimientos, las esperanzas, la grandeza y de nuevo la flaqueza de
esta historia. La Biblia es, pues, expresión del empeño de Dios por hacerse progresivamente
comprensible al hombre; pero es al mismo tiempo expresión del esfuerzo humano por comprender
progresivamente a Dios.

En la Biblia misma podemos ver cómo las imágenes se van transformando a medida que avanza el
pensamiento. Y se transforman para dar en cada momento testimonio de una sola cosa, que es la que
verdaderamente le ha llegado de la Palabra de Dios: el mensaje de su Creación. En la Biblia, pues, las
imágenes son libres, se corrigen continuamente, dejando traslucir en este lento y combativo avance que
sólo son eso, imágenes que descubren algo más profundo y grandioso.
3. El criterio cristológico

Algo más decisivo debemos tomar aún en consideración: con el Antiguo Testamento el camino no ha
llegado a su fin. Lo que aborda la literatura sapiencial es el último puente de un largo camino, el puente
que nos conduce al mensaje de Jesucristo, a la Nueva Alianza. Precisamente aquí encontramos el relato
definitivo y equilibrado de la Creación de la Sagrada Escritura. Dice así: «En el principio la Palabra existía
y la Palabra estaba con Dios y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por
ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe.» (Ioh 1,1-3).

Palabra con la que Dios quiere mover nuestro corazón. De esta manera se nos hace evidente que
nosotros, los cristianos, leemos el Antiguo Testamento no en sí mismo y por sí mismo; lo leemos
siempre con El y por El.

También la Iglesia Antigua y la de la Edad Media sabían que la Biblia es un todo y que la oímos
verdaderamente cuando la oímos desde Cristo: desde la libertad que El nos ha dado y desde la
profundidad por la que El nos hace evidente lo que permanece a través de las imágenes, el cimiento
firme sobre el que en todo momento podemos mantenernos seguros.

La creencia en la Creación no es hoy tampoco irreal, es hoy también racional. Es, contemplada incluso
desde los resultados científicos, la «mejor hipótesis», la que aclara más y mejor que todas las demás
teorías. La fe es racional. La razón de la Creación procede de la Razón de Dios: no existe, en realidad,
ninguna otra respuesta convincente.

La razón del Universo nos permite reconocer la Razón de Dios, y la Biblia es y continúa siendo la
verdadera «Ilustración» la que ha entregado el Universo a la razón del hombre y no a su explotación por
el hombre, porque la razón lo abrió a la verdad y al amor de Dios. Por eso, no necesitamos tampoco hoy
esconder la creencia en la Creación. No podemos permitirnos esconderla. Pues sólo si el Universo
procede de la libertad, del amor y de la razón, sólo si éstas son las fuerzas propiamente dominantes,
podemos confiar unos en otros, encaminarnos al futuro y vivir como hombres. Sólo porque Dios es el
Creador de todas las cosas, es su Señor, y solamente por eso, podemos orarle. Y esto significa que la
libertad y el amor no son ideas impotentes, sino las fuerzas fundamentales de la realidad.

II SIGNIFICADO DE LOS RELATOS BÍBLICOS DE LA CREACIÓN

En nuestra primera aproximación a la creencia en la Creación, enseñada por la Biblia y por la Iglesia, nos
han quedado claras sobre todo dos cosas. La primera podemos resumirla así: como cristianos leemos la
Sagrada Escritura con Cristo. El es nuestro guía través de ella. La segunda es: la creencia en la Creación
es algo racional y aunque la razón por sí sola no pueda quizás explicarla, sin embargo, si acude en si
búsqueda, encuentra en ella la respuesta esperada.

1. La racionalidad de la creencia en la Creación Debemos profundizar este aspecto en dos


direcciones. En primer lugar se trata del simple «Que» de la Creación que reclama un
fundamento. La ciencia estaba marcada por las dos grandes teorías de la conservación, la
conservación de la materia y Creación y pecado. El Universo entero aparecía así como un
cosmos eterno, estable y regido por las leyes perpetuas de la naturaleza, que procede de sí
mismo y en sí mismo existe y que no necesita nada externo. Esto significa que el Universo sigue
un curso de desarrollo y extinción. Lo temporal está inscrito dentro de él mismo.
2. Una segunda consideración es la que se refiere ya no al puro Que del ser, sino al diseño, por así
decir, del Universo; al modelo conforme al cual éste se ha construido. Pues de aquel «¡Hágase!»
no se originó una masa caótica. Cuanto más sabemos del Universo más nos sale al paso,
procedente de él, una razón, cuyos caminos sólo con asombro podemos considera

El hombre creado. Dra. María Paula Casanova

la creencia en la Creación es racional, es contemplada, incluso desde los resultados científicos, como la
mejor hipótesis. Algunas de ellas son:

“la teoría de la entropía” que sostiene que la energía se consume llegando a un punto en el cual ya no
puede ser transformada y por lo cual se evidencia que el universo sigue un curso de desarrollo y llegará
a un fin.

“la teoría de la relatividad” que sumada a otros conocimientos nos mostraron que el universo tenía un
comienzo y se encaminaba a un fin.

El origen del universo no fue una masa caótica sino que todo se manifiesta razonable.

La temática de la creación se encuentra esparcida por toda la Biblia, aunque el relato tradicional se
encuentre en el libro del Génesis, ya que su conciencia acompaña a Israel durante toda su historia.

En el Nuevo Testamento donde encontramos el relato definitivo de la Creación en la Sagrada Escritura:


“En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el
principio con Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe” (Jn 1,1-3)

Los dos relatos de la creación del libro del Gn presentan una gran diversidad, tanto en el lenguaje que
utilizan como en su mentalidad y en sus concepciones. El primer relato proviene del documento
sacerdotal (P) y presenta los resultados de una rigurosa reflexión teológica y cosmológica, sin emociones
poéticas; el segundo relato, en cambio, presenta un estilo más simple y figurativo, y es el relato yahvista.
Éste último relato es más antiguo que el primero y sus diferencias son debidas a que responden a
épocas y por lo tanto, pensamientos diversos. Ambos desembocan en la creación del hombre en su
doble cualidad de varón y mujer y es la obra suprema de la creación de Dios.

Cotejando ambos textos podemos decir que el primer relato de la creación del hombre es conciso y
presenta únicamente el hecho objetivo que define una realidad objetiva: el hombre es definido de modo
más metafísico que físico, presenta el carácter personal del ser humano, según las dimensiones del ser y
del existir y en este contexto se puede entender la entidad de bien, es decir el aspecto de valor: “Dios
vio cuanto había hecho y todo era muy bueno” (Gn 1,31). En cambio, el segundo relato de la creación
del hombre se diferencia del primero por abarcar principalmente la subjetividad del hombre, su
psicología, que se corresponde con el hecho objetivo de su ser criatura, creado a “imagen de su
Creador” 1. Podemos decir que este segundo relato ayuda a comprender más cabalmente la verdad del
hombre creado a imagen y semejanza de Dios como varón y mujer2: una imagen que al presentarse
como unidad de dos, nos permite pensar a la diferencia sexual en íntima relación con la Imago Dei

1
2
El hombre creado para la vida eterna.

La respuesta que Cristo da a los fariseos en la discusión sobre el divorcio (Mc 12, 18-27) nos evidencia
que en el mundo futuro ya no existirá la realización matrimonial del significado esponsal del cuerpo ni la
reproducción, ya que, cuando el género humano alcance el cumplimiento definitivo y se clausuren
cuantitativamente los seres creados a imagen de Dios para que sometan la tierra, ambos perderán su
razón de ser. Sin embargo, el hombre, de una manera distinta pero en continuidad con la vida terrena,
mantendrá la propia naturaleza psicosomática3 y el significado esponsal del cuerpo, ya que forma parte
del integrum humanum, cuyos significados son inmutables. El significado esponsal del cuerpo se
relaciona con el ser imagen de Dios-comunión, por eso en la vida futura el cuerpo glorioso que entrará
plenamente en comunión con la Trinidad gozará de la mayor consumación de su sentido esponsal.

La resurrección nos atestigua que el cuerpo no está unido al alma temporalmente, sino que ambos
forman la unidad integral del ser humano, y a causa de esto, el espíritu impregnará las energías del
cuerpo.

Esta resurrección de la persona no se realiza con el retorno al cuerpo biológico, sino a una vida diversa,
como aquella que posee Jesús resucitado4: los relatos evangélicos sobre la resurrección insisten en que
la vida del Resucitado ya no es bios, sino zoe5, es decir, vida nueva, distinta, definitiva. Esta nueva vida se
presenta como una dialéctica lingüística, ya que al mismo tiempo se habla de contacto y no contacto,
conocer y no conocer, de identidad total entre el Crucificado y el Resucitado, pero al mismo tiempo de
total transformación.

La fe nos dice que la historia se dirige a un punto Omega donde el mundo será consumado y todo será
recapitulado en Jesucristo: es en ese momento donde veremos con claridad que lo estable no es la
materia pura, carente de conciencia y de vida, sino la inteligencia que soporta el ser y le confiere
realidad porque “es” su realidad.

El concepto teológico del hombre como imagen de Dios es fundamental en el pensamiento del Papa
Juan Pablo II ya que es en ella que encuentra el fundamento para afirmar la paridad de dignidad de
todos los hombres. En EV 8 nos dice que gracias a que todos los hombres fueron creados a imagen de
Dios, todos “participan del mismo bien fundamental: la idéntica dignidad personal”. Es gracias a que la
dignidad le viene dada por haber sido creado a imagen de Dios y redimido por Cristo que ésta se
encuentra libre de cualquier autoridad

Desarrollo del concepto de imagen de Dios en la Sagrada Escritura

Para las Sagradas Escrituras la “imagen de Dios” es casi una definición del hombre ya que éste no se
puede entender si no es en relación a su Creador. De aquí surgen dos nociones claves. La primera es que
todo el hombre es imagen de Dios y no solo algunas de sus partes, como ser su inteligencia, su libertad,
su naturaleza sexuada o su capacidad de trabajar la tierra.

3
4

5
La segunda noción clave que nos presenta el texto sagrado es que el hombre no ha sido creado como un
individuo aislado, sino que la imagen de Dios ha sido creada en dos personas que se relacionan la una
con la otra, cada una con un partner del otro sexo. Este vivir en relación con otras personas, con el
mundo, con Dios y con uno mismo, nos manifiesta que el hombre “es” un ser en relación, que esto
forma parte de su estructura ontológica y que, por lo tanto, es el fundamento para el ejercicio de la
libertad y la responsabilidad.

Es por su condición de imagen el hombre es invitado a entrar en la alianza con su Creador.

Y es esta invitación a ser un “aliado” de Dios lo que le da especificidad al hombre en relación a las otras
criaturas: esto impone una responsabilidad sobre el hombre -que no puede ser pasivo ante esta
invitación- y que debe decidirse a entrar en la alianza o a rechazarla. Porque “Dios no ejerce este poder
como voluntad amenazante, sino como cuidado y solicitud amorosa hacia sus criaturas”.

El hombre, creado a imagen de Dios pueden conquistar la naturaleza y explorar el espacio, avanzar en el
desarrollo científico y tecnológico de nuestro tiempo, pero sus actos siempre están marcados por sus
implicancias morales que lo obligan a discernir, en cada acto, cuál es la voluntad de Dios para poder
actuar correctamente.

En el NT, a diferencia del AT, la relevancia de la imagen de Dios en el hombre no es a partir de la


creación, sino a partir de la re-creación del hombre en la resurrección de Cristo.

Génesis queda reinterpretado a la luz del Nuevo Testamento: la imagen de Dios, condición esencial del
hombre, se convierte en vocación al seguimiento de Jesús para alcanzar la plenitud futura, y la superior
dignidad del hombre aclamado en el Antiguo Testamento, queda concretada en la predestinación eterna
de Dios para convertirnos en imágenes de su Hijo6. Debido a su condición de imagen, la relación con
Dios es un constitutivo esencial del ser hombre y lo que lo distingue del resto de la creación.

Con respecto a la semejanza divina, el texto bíblico no explicita en qué consiste, pero nos la revela. Los
alcances de esta semejanza no pertenecen solo al espíritu, sino que también se encuentra en la
corporeidad: las palabras ‫“( צלם‬imagen”, “estatua”, “escultura”) y ‫“( דמףת‬semejanza”, “algo parecido a”)
se refieren al hombre entero y no solo a su naturaleza espiritual.

La imagen de Dios en los Padres de la Iglesia, en la teología medieval, en el Concilio Vaticano II y en la


teología contemporánea.

6 Cf. LUIS LADARIA, Antropología teológica…, 118-126.

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