GEOMETRÍA Y DIMENSIÓN:
REPRESENTACIÓN Y CARACTERIZACIÓN DE OBJETOS 2D,
3D Y 4D
SERGIO ESTEBAN CASTIBLANCO HERNÁNDEZ
MICHAEL YHAIR MONTANA PÁEZ
UNIVERSIDAD PEDAGÓGICA NACIONAL
FACULTAD DE CIENCIA Y TEGNOLOGÍA
DEPARTAMENTO DE MATEMÁTICAS
LICENCIATURA EN MATEMÁTICAS
BOGOTÁ D.C. 2018
GEOMETRÍA Y DIMENSIÓN:
REPRESENTACIÓN Y CARACTERIZACIÓN DE OBJETOS 2D,
3D Y 4D
SERGIO ESTEBAN CASTIBLANCO HERNÁNDEZ
MICHAEL YHAIR MONTANA PÁEZ
Trabajo de grado presentado ante el Departamento de Matemáticas de la
Universidad Pedagógica Nacional como requisito para optar por el título de
Licenciado en Matemáticas.
Asesora:
LEONOR CAMARGO URIBE
UNIVERSIDAD PEDAGÓGICA NACIONAL
FACULTAD DE CIENCIA Y TEGNOLOGÍA
DEPARTAMENTO DE MATEMÁTICAS
LICENCIATURA EN MATEMÁTICAS
BOGOTÁ D.C. 2018
Agradecimientos
A las personas que han intervenido en mi vida universitaria quiero agradecerles por
perdonar mi ausencia en la vida real; de no haber sido por todo el tiempo valiosamen-
te sacricado, difícilmente habría llegado hasta aquí. Agradezco enternecidamente a
mi pareja sentimental por el apoyo moral y académico brindado, a mis hermanos por
la ayuda económica, a mi madre por tantísimas madrugadas en las que me despachó
y en especial, a la manera en que mi padre me enseñó matemáticas, pues con ello
comprendí que era posible y absolutamente necesaria una mejor forma de enseñarlas.
Sergio Castiblanco
Agradezco a mis padres, por apoyarme en cada proyecto que decido emprender, por
las diferentes enseñanzas y consejos que me han dado a lo largo de los años, pues
tengo claro que sin su presencia y compañía no podría haber llegado hasta aquí.
Gracias por ser ejemplo y guía. A mis hermanas, por el amor y la complicidad, por
sus ocurrencias y tantas alegrías. Por último, agradezco a mi editora de estilo, por
conar y creer, por estar y permanecer; por mostrarme con su ejemplo de vida que
siempre se puede ser mejor, por generar un cambio y alegrarme el corazón.
Michael Montana
En general, agradecemos a la Universidad Pedagógica Nacional por ser la Institución
Educativa que nos permitió formarnos, que nos deja un sinfín de recuerdos y gratas
experiencias. Agrademos a la profesora Leonor Camargo por el tiempo dedicado, por
la paciencia, apoyo e instrucción. Gracias por guiarnos en este camino y por aportar
no solo al desarrollo de este trabajo sino también a nuestra formación profesional y
personal.
Los autores
FORMATO
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Fecha de Aprobación: 10-10-2012 Página 1 de 4
1. Información General
Tipo de documento Trabajo de grado.
Acceso al documento Universidad Pedagógica Nacional. Biblioteca Central.
Geometría y dimensión: Representación y caracterización de
Titulo del documento
objetos 2D, 3D y 4D.
Castiblanco Hernández, Sergio Esteban; Montana Páez, Michael
Autor(es)
Yhair.
Director Camargo Uribe, Leonor.
Publicación Bogotá, Universidad Pedagógica Nacional, 2018. 60 p.
Unidad Patrocinante Universidad Pedagógica Nacional.
BIDIMENSIONAL, DIMENSIÓN, DIMENSIÓN AMBIENTAL,
Palabras Claves DIMENSIÓN INTRÍNSECA, REPRESENTACIÓN,
TRIDIMENSIONAL.
2. Descripción
En el este documento presentamos los resultados que hemos encontrado al realizar un estudio
respecto de la noción de dimensión. Inicialmente, logramos identificar tres interpretaciones, las
cuales están relacionadas con las características intrínsecas del objeto (dimensión intrínseca),
con los atributos del entorno en que viven los objetos (dimensión ambiental) y con la manera de
representar y percibir objetos (dimensión en la representación). Tales interpretaciones surgen a
raíz de clasificar las ideas intuitivas de la idea de dimensión que tienen las personas del común.
Posterior a esto, realizamos una aproximación matemática a cada una de las interpretaciones
que dimos a la idea de dimensión y presentamos las aproximaciones formales al concepto de
dimensión desde distintos enfoques.
Luego, se suscita una reflexión sobre la dimensión ambiental e intrínseca, con el fin de
cuestionar algunas ideas que comúnmente las personas creemos tener claras pero que resulta
no ser así. También ponemos de manifiesto la hipotética y especulativa existencia de mundos en
otras dimensiones, tratando de describir las características e implicaciones del comportamiento y
percepción de entidades que habiten en un mundo bidimensional o uno tetradimensional.
Por último, se aborda la dimensión en la representación, en donde se exponen algunos de los
acuerdos que han surgido a lo largo de la historia para representar objetos de dimensiones
superiores en dimensiones inferiores.
3. Fuentes
Para el presente trabajo, se consultaron principalmente las siguientes fuentes bibliográficas:
Abbott, E. (1998). Planilandia. Una novela en muchas dimensiones. Mallorca,
España: Torre De Viento.
Badajoz. (2018). Apuntes de Teoría de la Medida. Volumen 2.
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Chamorro, M. y Belmonte, J. (1991). El problema de la medida. Didáctica de las magnitudes
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Nacional de Colombia.
Guijarro, L. (2010). Variedades: introducción. UAM.
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de la geometría especial. Revista EMA. 3(3), 193-220.
Hawk, M. (1991). Geometría Descriptiva. México, D.F, México: Interamericana de México.
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Lafuente, J. (2014). Variedades diferenciables.
López, F.J. (s.f.) Espacios topológicos. Departamento de Geometría y Topología; Universidad de
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Lorenz, D. (2014). Geometric Measure Theory. Institute for Analysis and Algebra. TU
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Ospina, C. (2004). Nueva visita a la geometría descriptiva. Explorando la manera de aprender y
de enseñar. Bogotá, Colombia: Universidad Nacional de Colombia.
Orjuela, C y Rojas, C. 2006. El concepto de dimensión más que una idea intuitiva.
(Tesis de Maestría). Universidad Pedagógica Nacional, Colombia.
Páez, J., Orjuela, C. y Rojas, C. (2008). El concepto de dimensión: errores y dificultades.
Encuentro Colombiano de Matemática Educativa.
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Parzysz, B. (1988). “Knowing” vs “Seeing”. Problems of the plane representation of space
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Rucker, R. (1977). Geometry, relativity and the fourth dimension. New York, Estados Unidos:
Dover Publications.
4. Contenidos
Este trabajo está estructurado en tres capítulos. En el primero hacemos un planteamiento a la
idea intuitiva de dimensión a partir de tres interpretaciones que identificamos durante el
desarrollo del trabajo: dimensión ambiental, dimensión intrínseca y dimensión en la
representación. Luego mencionamos algunos intentos de matematizar el concepto de dimensión,
dilucidando en ellos alguna de las interpretaciones propuestas. Por último, abordamos las
aproximaciones formales a la dimensión según tres enfoques matemáticos: algébraico,
topológico y de geometría fractal.
En el segundo capítulo centramos la atención en suscitar una reflexión sobre dos de las
interpretaciones que dimos a la idea intuitiva de dimensión, particularmente la dimensión
ambiental y la dimensión intrínseca. Esto con el fin de cuestionar algunas ideas comunes que las
personas creemos tener claras y que pueden no ser así. Luego, consideramos la hipotética
existencia de mundos alternos al nuestro, tratando de dilucidar cómo serían dichos mundos en
términos de percepción, comenzando con entornos 2D para luego considerar mundos 4D. Es
importante resaltar que con este capítulo, el cual es meramente especulativo e ilustrativo,
pretendemos lo mismo que una película de ciencia ficción pretende: llevar al espectador a una
reflexión. En este caso, una reflexión que genere un pensamiento objetivo sobre las
implicaciones de nuestra dimensión y de mundos alternos de diferentes dimensiones.
En el capítulo tres retomamos la interpretación de la dimensión en la representación de objetos
geométricos. Inicialmente abordamos lo que se entiende por representar a partir de los
planteamientos de diversos autores y luego proponemos un conjunto de acuerdos que
contribuyen a representar objetos geométricos. Transversal a esto, proponemos las condiciones
requeridas para interpretar representaciones de objetos geométricos. Por último, ahondamos en
algunas técnicas puntuales para representar objetos geométricos de diferentes dimensiones y
las implicaciones que conlleva utilizarlas.
5. Metodología
En primer lugar, se realizó un rastreo y recopilación bibliográfica en aras de realizar un estudio
sistemático y detallado de algunos documentos existentes respecto al concepto de dimensión. A
partir de lo anterior, fundamentamos y seleccionamos la información, para las ideas de la
monografía y el material de divulgación. Seguido a ello, determinamos las tres interpretaciones
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de dimensión presentadas en el desarrollo del trabajo; es decir, dimensión intrínseca, dimensión
ambiental y dimensión en la representación. Luego, estructuramos el material de divulgación a
partir del estudio realizado. Definimos cuáles y cuántos iban a ser los capítulos del material y
comenzamos a escribirlos. Finalmente, consolidamos el documento de la monografía del trabajo
de grado y editamos la versión del documento de divulgación.
6. Conclusiones
Al realizar una indagación sobre el concepto de dimensión en matemáticas, cuyo uso se
presenta intuitiva e indiscriminadamente, podemos evidenciar que aunque existan varias
aproximaciones desde distintos enfoques matemáticos, sigue sin haber un consenso sobre su
definición puntual. Sin embargo, al abordar la idea de dimensión desde las tres interpretaciones
propuestas, es posible tener un panorama más amplio de su significado y de las limitaciones que
impone a objetos matemáticos y a la existencia de posibles entes de otras dimensiones.
Considerar mundos de dimensiones superiores o inferiores a la nuestra y tratar de describir la
forma en que posibles entes que habiten dichos mundos conciben su entorno, nos hace
enfrentarnos a un panorama diferente, en el que tenemos que dejar de lado nuestros prejuicios
dimensionales para tratar de entender algo que no está al alcance de nuestros ojos, ni de
nuestros sentidos, pero sí al alcance de nuestra imaginación. Podemos seguir pensando y
creando nuevos entes dimensionales, describiendo la forma en que entienden su entorno, pero
tenemos claro que nunca estaremos seguros de que esto sea así, siendo estos lo que
buscamos: imaginar, innovar aprender, crear y fallar.
Consideramos como futuros maestros que la representación es un punto clave para mediar el
conocimiento que se desarrolle en el aula. En tanto una representación evoque la mayor
cantidad de información de la mejor manera, los estudiantes podrán interpretar y aprehender la
idea que se quiere comunicar. Por esto, es importante tener en cuenta los acuerdos propuestos
al momento de representar un determinado objeto ante nuestros estudiantes, pues esto facilitará
el proceso de enseñanza y aprendizaje en tanto la aprehensión de información será más
asequible.
Por último, creemos que es pertinente hacer un llamado a los profesionales de educación básica
y media para institucionalizar y curricularizar el concepto de dimensión, pues este puede ser
interpretado desde distintos enfoques matemáticos presentes a lo largo de la vida académica de
los estudiantes.
Elaborado por: Castiblanco Hernández, Sergio Esteban; Montana Páez, Michael Yhair
Revisado por: Camargo Uribe, Leonor
Fecha de elaboración del
8 11 2018
Resumen:
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Índice
1. Dimensión en matemáticas 3
1.1. Acercamientos intuitivos a la idea de dimensión . . . . . . . . . . . . 3
1.2. Una aproximación matemática a cada interpretación de dimensión . . 6
1.3. Aproximaciones formales a la dimensión . . . . . . . . . . . . . . . . 8
2. Dimensión ambiental e intrínseca y posibles mundos 15
2.1. ¾Vivimos realmente en la tercera dimensión? . . . . . . . . . . . . . . 15
2.2. Planilandia, un mundo imaginario y bidimensional . . . . . . . . . . . 18
2.3. Posibles mundos más allá de la tercera dimensión . . . . . . . . . . . 23
3. Dimensión en la representación de objetos 26
3.1. Aproximaciones a la idea de representar . . . . . . . . . . . . . . . . 26
3.2. Acuerdos y técnicas para representar objetos geométricos y condicio-
nes para interpretar tales representaciones . . . . . . . . . . . . . . . 27
3.2.1. Acuerdos para representar . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 28
3.2.2. Técnicas para representar . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 34
4. Conclusiones 50
I
Índice de guras
1. Espacios vectoriales uni-, bi- y tridimensionales . . . . . . . . . . . . 6
2. Vecindad matemática. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 10
3. División de objetos en partes escaladas. . . . . . . . . . . . . . . . . . 12
4. Curva de Koch . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 13
5. Triángulo de Sierpinski . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 13
6. Dimensión del triángulo de Sierpinski mediante cubrimiento . . . . . 14
7. Meridianos y paralelos terrestes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 17
8. Percepción de superposición . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 20
9. Cuadrado A observando un ente bidimensional llamado representa-
ción de un cubo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 20
10. Secciones de Esfera A que atraviesan Planilandia . . . . . . . . . . . 21
11. Humano cayendo y atravesando en Planilandia. . . . . . . . . . . . . 22
12. Representaciones bidimensionales de un simplejo. . . . . . . . . . . . 23
13. Secciones de un simplejo atravesando el espacio tridimensional. . . . . 24
14. Representación de ejemplo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 29
15. Aprehensión discursiva . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 30
16. Triángulo rectángulo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 31
17. Notación de congruencia en una representación . . . . . . . . . . . . . 31
18. Notación de rectas paralelas y rectas perpendiculares . . . . . . . . . 32
19. Secciones de teseracto atravesando al espacio tridimensional. . . . . . 35
20. Representación de un teseracto hecha con jabón. . . . . . . . . . . . . 35
21. Posible ruta para representar objetos n-dimensionales en 2D . . . . . 36
22. Representación de una teseracto en 2D. . . . . . . . . . . . . . . . . . 36
23. Representaciones propuestas por Gutiérrez. . . . . . . . . . . . . . . . 37
24. Perspectiva con un punto de fuga . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 38
25. Perspectiva con dos puntos de fuga . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 39
26. Escalera de Penrose . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 40
27. Vistas de un sólido . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 41
28. Sólido isométrico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 42
29. Desarrollo plano del cubo de proyección . . . . . . . . . . . . . . . . . 43
30. Vistas del sólido isométrico en el cubo de proyección . . . . . . . . . . 43
31. Proyecciones fundamentales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 44
32. Proyección estereográca. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 45
33. Dodecaedro . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 45
34. Dos representaciones estereográcas del dodecaedro. . . . . . . . . . . 46
35. Representaciones estereográcas de dos sólidos. . . . . . . . . . . . . 47
36. Representación de un cubo en un espacio unidimensional. . . . . . . . 47
II
Índice de tablas
1. Interpretaciones de dimensión. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4
2. Acuerdos contextuales, de notación y dimensionales para representar
y caracterizar representaciones. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 49
III
Introducción
En el proyecto curricular de la Licenciatura en Matemáticas de la Universidad Peda-
gógica Nacional se contemplan tres cursos de geometría euclidiana, en los cuales se
realiza un estudio de diversos objetos geométricos y de las relaciones entre estos. En
dichos cursos, la representación de objetos geométricos del espacio tridimensional
(3D) y del plano bidimensional (2D) es realizada mediante bocetos en lápiz y papel
y en programas de geometría dinámica como Cabri Geometry y GeoGebra. Este
trabajo nos llevó a interesarnos por la forma como se podrían representar objetos
geométricos de la cuarta dimensión (4D) en 2D.
A partir de este interés, realizamos una exploración informal para tratar de construir
un hipercubo en un plano, partiendo de características comunes del cuadrado y del
cubo. Al contrastar los resultados de nuestra exploración con representaciones de
hipercubos encontrados en la web, fue evidente que nuestra aproximación a dicha
construcción era bastante cercana a lo contemplado por diversos autores. Lo anterior
fue el detonante principal para proponer este trabajo de grado.
Teniendo estas inquietudes en mente, surgieron interrogantes sobre cómo podíamos
representar diversas guras geométricas de distintas dimensiones en espacios 3D o
de dimensiones inferiores. Nos centramos entonces en la noción dimensión.
El objetivo del trabajo de grado es elaborar un material educativo, impreso o en for-
mato digital, de divulgación, para profesores y maestros en formación que aporte a la
profundización sobre la noción de dimensión desde tres interpretaciones propuestas
(intrínseca, ambiental y en la representación) y a la identicación de acuerdos para
representar y caracterizar representaciones de objetos en diferentes dimensiones.
Desde nuestra perspectiva como futuros educadores es importante contribuir a di-
vulgar información que concierne al concepto de dimensión. Esto es porque, por un
lado, en la escuela suele utilizarse el término dimensión de forma indiscriminada sin
exhibir claramente su signicado; y, por otro lado, porque son pocos los referentes
bibliográcos que aluden de forma didáctica a la dimensión, pues la mayoría de estos
están enfocados netamente en el componente matemático.
Pensamos que al abordar este tema y desarrollar un material para el uso de pro-
fesores podemos dar una visión sobre la dimensión y su potencial para entender la
geometría. Si los maestros no nos limitamos a las formas 2D y 3D, podemos con-
tribuir a la creatividad de nuestros estudiantes para imaginar y representar objetos
de dimensiones superiores y así impulsar y desarrollar una visión amplia de lo que
entienden por geometría; y por qué no, llevarlos a tener un panorama del concepto
de dimensión y de los diversos requerimientos que se deben tener en cuenta para
imaginar, representar y construir objetos n-dimensionales.
Este trabajo está estructurado en tres capítulos. En el primero hacemos un plantea-
miento a la idea intuitiva de dimensión a partir de tres interpretaciones que identi-
1
camos durante el desarrollo del trabajo: dimensión ambiental, dimensión intrínseca
y dimensión en la representación. Luego mencionamos algunos intentos de matema-
tizar el concepto de dimensión, dilucidando en ellos alguna de las interpretaciones
propuestas. Por último, abordamos las aproximaciones formales a la dimensión se-
gún tres enfoques matemáticos: algébrico, topológico y de geometría fractal.
En el segundo capítulo centramos la atención en suscitar una reexión sobre dos de
las interpretaciones que dimos a la idea intuitiva de dimensión, particularmente la
dimensión ambiental y la dimensión intrínseca. Esto con el n de cuestionar algunas
ideas comunes que las personas creemos tener claras y que pueden no ser así. Luego,
consideramos la hipotética existencia de mundos alternos al nuestro, tratando de
dilucidar cómo serían dichos mundos en términos de percepción, comenzando con
entornos 2D para luego considerar mundos 4D. Es importante resaltar que con este
capítulo, el cual es meramente especulativo e ilustrativo, pretendemos lo mismo que
una película de ciencia cción pretende: llevar al espectador a una reexión. En este
caso, una reexión que genere un pensamiento objetivo sobre las implicaciones de
nuestra dimensión y de mundos alternos de diferentes dimensiones.
En el capítulo tres retomamos la interpretación de la dimensión en la representación
de objetos geométricos. Inicialmente abordamos lo que se entiende por representar
a partir de los planteamientos de diversos autores y luego proponemos un conjunto
de acuerdos que contribuyen a representar objetos geométricos. Transversal a esto,
proponemos las condiciones requeridas para interpretar representaciones de objetos
geométricos. Por último, ahondamos en algunas técnicas puntuales para representar
objetos geométricos de diferentes dimensiones y las implicaciones que conlleva utili-
zarlas.
2
1. Dimensión en matemáticas
1.1. Acercamientos intuitivos a la idea de dimensión
En esta primera sección haremos un planteamiento a la idea intuitiva de dimensión
según cuatro interpretaciones que hemos podido identicar a lo largo del desarrollo
de este trabajo. Tales interpretaciones están relacionadas con características intrín-
secas de un objeto (dimensión intrínseca), con atributos del entorno en el que viven
los objetos (dimensión ambiental), con la manera de percibir y representar objetos
(dimensión en la representación) y con campos de un determinado fenómeno (domi-
nio). La idea de dimensión parece ser entonces una propiedad intrínseca de objetos,
entidades o lugares; sin embargo, parece no haber un consenso frente a su signicado
puntual.
En la teoría de conjuntos se pasa por alto la denición formal del término conjun-
to por sus múltiples interpretaciones. En vez de esto, se estructura y axiomatiza el
comportamiento de elementos que podrían ser parte de o conformar un conjunto. De
la misma manera, las varias interpretaciones del término dimensión que se resumen
en este escrito, evitan denir formal y puntualmente tal concepto. En vez de eso, se
establecen unos parámetros, propiedades o comportamientos de objetos, entornos,
fenómenos o representaciones que puedan existir en una determinada dimensión.
Esos comportamientos pueden ser entendidos y abordados desde distintos ámbitos,
incluso desde diferentes enfoques matemáticos: topológico, algebraico, físico y geo-
métrico. Este último es el enfoque de interés en este trabajo.
El término dimensión, comúnmente se abrevia con la letra D acompañada de un nú-
mero que indica de cuántas características se está hablando, lo cual resulta bastante
problemático porque esta determinación no es explícita respecto a cuál interpreta-
ción está aludiendo. Por ejemplo, uno podría escuchar en conversaciones de cafetería
o leer en anuncios publicitarios expresiones tales como vamos a ver una película en
3D, debiste dimensionar las consecuencias de tus acciones, quizás en una dimen-
sión paralela las cosas sean diferentes o se realizan ecografías 4D. Pareciese que
tal término es usado intuitivamente. Pero, ¾qué es exactamente eso de 3D en los
cines? ¾La sala? ¾La pantalla? ¾La película?
Al indagar con distintas personas tales como programadores de videojuegos, dise-
ñadores grácos, sastres, campesinos, estudiantes de literatura, arquitectos y tran-
seúntes al azar, encontramos algunas ideas meramente intuitivas sobre dimensión.
Algunas de las respuestas más recurrentes asociadas a su respectiva interpretación
se encuentran en la Tabla 1.
3
Tabla 1: Interpretaciones de dimensión.
Grosso modo, las ideas de dimensión intrínseca evocadas al aludir a atributos de un
objeto giran en torno a aspectos relacionados con tamaño, medición o movimiento;
las ideas de dimensión ambiental aluden a características de lugares o espacios; giran
en torno a aspectos como posición, ubicación o capacidad de movimiento de entida-
des u objetos; y las ideas de representación tienen que ver con mediciones, tamaños,
proporciones, etc. Finalmente, las ideas sobre dominios, ramicaciones o campos las
cuales se reeren a formas de clasicar no vienen al caso en este escrito; por tanto,
dejaremos a un lado la interpretación que subyace en este tipo de ideas de dimensión.
Respecto a la interpretación de dimensión intrínseca o dimensión de objetos, en los
trabajos matemáticos de la antigüedad se evidencia que la idea de dimensión se
abordó de manera intuitiva. Por ejemplo, en Los Elementos de Euclides, en el Libro
I, se denen objetos como línea y supercie caracterizándolos mediante atributos
medibles como anchura y largo; aun así, tales atributos no son tenidos en cuenta pa-
ra el desarrollo del contenido geométrico del libro y básicamente se mencionan como
si fueran sabidos experimental o intuitivamente por el lector (Sierra y Trujillo, 2001;
citado en Orjuela y Rojas, 2006). Es importante mencionar que, normalmente, la
utilización de los términos línea y supercie se reere a objetos geométricos, pese a
que dichos objetos se comporten en ocasiones como lugares o espacios geométricos.
Lo anterior hace que sea necesario distinguir las tres interpretaciones de dimensión
4
que nos interesan. En este sentido, consideramos:
Dimensión intrínseca: Mediante esta interpretación podemos considerar al-
gunas cualidades de entidades u objetos geométricos entre las que se hallan el
tamaño de sus atributos medibles.
Dimensión ambiental: Según esta interpretación consideramos entidades u
objetos geométricos como lugares en los que se pueden ubicar distintos objetos
geométricos; las cualidades identicables giran en torno a la localización y la
posibilidad de movimiento de dichos objetos.
Dimensión en la representación: Esta interpretación es un puente que
conecta la dimensión intrínseca de un objeto y la dimensión ambiental del lugar
donde habita dicho objeto con el n de comunicar. Lo anterior no tiene que ver
solamente con el entorno donde se realiza la representación sino también de
aquello que se está representando; esta cuestión será ampliada más adelante.
De manera un tanto más académica, pero igualmente intuitiva, se han propuesto
otras formas de referirse a las dimensiones ambiental e intrínseca. Por ejemplo, en
Orjuela y Rojas (2006), el concepto de dimensión se relaciona con una propiedad
del espacio con la cual se pueden denir atributos cuanticables de los objetos que
”viven” en este tales como el volumen; aunque también la idea de dimensión puede
ser entendida como la manera como se pueden ver las cosas, o el punto de vista
como se presenta un determinado fenómeno en un contexto determinado (p.90). Sin
embargo, en tal acepción de dimensión prevalecen las imágenes conceptuales previas
del observador, relacionadas con la percepción del mundo físico en el que habita o
con la representación gráca de objetos con los que convive (Páez, Orjuela y Rojas,
2008). Para entender mejor esta última acepción, imaginemos el fenómeno visual que
percibe un observador al ver su mano sumergirse en una piscina. Este observador po-
drá ver cómo su mano cambia de apariencia, incrementando su tamaño, cambiando
la inclinación con la que inicialmente sumergió su mano y, si el agua está ligeramen-
te turbia, podrá incluso ver cómo su mano se distorsiona. No obstante, el mismo
fenómeno de sumergir la mano en una piscina será percibido de manera distinta si
existiese otro observador sumergido en la piscina. Este nuevo observador podrá, jus-
to antes de que la mano sea sumergida, verla un tanto distorsionada; pero luego de
que la mano entre en contacto con el agua, el observador podrá ver más nítidamente
la mano. Por supuesto no pretendemos decir que el ambiente fuera y dentro de la
piscina tenga diferente dimensión sino mostrar cómo un mismo fenómeno puede ser
percibido de distintas formas según el ambiente en el que se encuentre el observador.
En síntesis, el ambiente que nos circunda afecta la manera en que percibimos la
dimensión del espacio en que vivimos. Dicho en palabras de Kant, la dimensión que
presenciamos es una modalidad ineluctable del espacio (Rucker, 1977).
5
1.2. Una aproximación matemática a cada interpretación de
dimensión
En este apartado mencionamos algunos intentos de matematizar las interpretaciones
de dimensión identicadas. La opinión de varios maestros en formación y algunos
profesores titulares de matemáticas fue tenida en cuenta para dilucidar la idea de
dimensión.
Matematización de la dimensión ambiental
Entre las opiniones formuladas por maestros en formación, la idea que predomina
es que la dimensión es el tamaño o el cardinal de la base en un espacio vectorial.
Este, desde nuestro punto de vista, está íntimamente relacionado con la dimensión
ambiental y especícamente, con la localización de objetos y con la posibilidad de
movimiento. Pero, ¾de dónde proviene la asociación de dimensión con un espacio
vectorial? Pues bien, para ello se crea una estructura matemática que determina
variables que caracterizan el ambiente que nos circunda, creando así lo que hoy día
llamamos espacio vectorial. De modo que, si se tiene un primer vector, tal vector
caracteriza una posible dirección y ubicación de objetos que habiten en el espacio
vectorial determinado por dicho vector, el cual será una línea o espacio unidimensio-
nal (Figura 1, a). Ahora, si se agrega otro vector que sea independiente del primero,
la composición de ambos vectores caracteriza todas las posibles direcciones y ubica-
ciones de objetos que habiten en el espacio vectorial determinado por tales vectores,
el cual será una supercie o espacio bidimensional (Figura 1, b). Análogamente, tres
vectores independientes caracterizan la posible dirección y ubicación de objetos que
circunden el ambiente en que vivimos los seres humanos, un espacio tridimensional
(Figura 1, c).
Figura 1: Espacios vectoriales uni-, bi- y tridimensionales
Algunos físicos como Einstein han supuesto un cuarto vector independiente a los
que caracterizan un espacio tridimensional, para intentar caracterizar un espacio
4D (tetradimensional); este vector es asociado con lo que denominamos el tiempo.
6
En tal espacio tetradimensional, llamamos momentos a lo que en el espacio tridi-
mensional llamamos lugares. Así, si consideramos un objeto cualquiera, como por
ejemplo un martillo que esté dentro de una habitación totalmente cerrada, y nos
preguntamos cómo pudo llegar allí tal martillo, una posible respuesta sería que el
martillo estuviera en el mismo lugar en donde la habitación fue construida. Dimen-
sionalmente hablando, el martillo necesitó estar en el mismolugar tridimensional en
el que la habitación fue construida y además, en algún momento tetradimensional
anterior a la habitación para que la situación anteriormente expuesta tuviera sentido.
Bajo esta idea, el tiempo junto con otras tres variables espaciales conguraría un
espacio tetradimensional. Como en los demás espacios dimensionales, el vector tiem-
po tendría una dirección única en dos sentidos, en este caso, futuro y pasado. Pero,
¾por qué naturalmente nos movemos únicamente en la dirección del tiempo que va
en sentido del futuro? ¾Será que la fuerza de atracción del espacio tridimensional
que hemos llamado gravedad es similar a la fuerza tetradimensional que nos hace
avanzar hacia el futuro? Si el pasado es otro sentido de la dirección del tiempo, ¾por
qué no podemos avanzar hacia el pasado? ¾Acaso la plena libertad de movimiento en
un espacio dimensional es posible únicamente para entidades que compartan dicha
dimensión? ¾Importan todas estas preguntas? Puede que sí o puede que no, pero sin
duda alguna, son preguntas de este estilo las que permiten cuestionarnos de manera
más objetiva sobre nuestra existencia y la del espacio en el que habitamos, como
veremos en el capítulo 2.
Matematización de la dimensión intrínseca
Como mencionamos anteriormente, la dimensión intrínseca es una interpretación de
dimensión que considera las características y atributos medibles de los objetos. El
concepto de medida surge del estudio de atributos medibles como la longitud, el
área y el volumen y de la necesidad de calcular. Para que sea posible medir, de
acuerdo a la teoría de la medida, es necesario que exista un σ -algebra en el conjunto
de magnitudes en el que se quiere realizar una medida, el cual es un anillo cerrado
para uniones o intersecciones nitas (Badajoz, 2018; Lorenz, 2014; López, s.f ), Lo
anterior, al igual que el signicado de espacio vectorial, desborda la idea intuitiva
de medir.
El proceso de medir se entiende como una repetición de un patrón o unidad con el
n de cubrir un cierto atributo que quiera ser medido y luego contar la cantidad
de veces que se utilizó dicha unidad, lo cual hace que este procedimiento pueda
entenderse como aditivo. Aun así, al utilizar una unidad para establecer una medi-
da, no siempre se logra cubrir el atributo que se está midiendo con una cantidad
exacta de unidades. En situaciones así, surge la necesidad de fraccionar la unidad
para hacer más precisa la medida, lo cual hace natural el uso de números racionales.
Esto implica que el procedimiento para establecer la medida pase de ser aditivo a
ser multiplicativo, hace que el proceso de medir sea en realidad multiplicativo.
7
En palabras de Chamorro y Belmonte (1991), la medida es una identidad entre el
conjunto de cantidades de una magnitud con su composición y su orden, y un sub-
conjunto de números reales con su suma y el orden natural denido en los conjuntos
numéricos (p. 144).
Matematización de la dimensión en la representación
En un intento por matematizar la idea de dimensión según la representación de ob-
jetos, Rucker (1977) propone una posible ruta para representar el objeto geométrico
llamado teseracto, el cual pertenece a un espacio 4D y es análogo al cuadrado (2D)
y al cubo (3D). La idea de la ruta es considerar una propiedad que relaciona dimen-
siones inferiores con las superiores mediante extensión de objetos. Por ejemplo, al
tomar un objeto y extenderlo en una dirección que no sea propia de la dimensión
intrínseca de dicho objeto, el resultado es un objeto dimensionalmente "más gran-
de"que el objeto anterior; dimensionalmente en el sentido de que, sin importar cómo
se extienda el objeto original en una dimensión que no sea propia de la dimensión
intrínseca de este, siempre obtenemos un objeto del mismo "tamaño dimensional".
Es decir, el punto puede generar una línea, una circunferencia, una hélice o cualquier
otra curva, pero todos estos nuevos objetos tienen la misma dimensión intrínseca:
1D. Así, la extensión de objetos 0D generan objetos 1D, objetos 1D generan objetos
2D, etc.
1.3. Aproximaciones formales a la dimensión
Aunque en este escrito no profundizamos en el concepto de dimensión desde otros
enfoques distintos al geométrico, sí vale la pena señalar que existen algunas otras
aproximaciones de dimensión tanto en el sentido intrínseco como en el ambiental
en otros campos de la matemática de los cuales nos ocuparemos en esta sección.
Además, hemos de aclarar que aunque en la actualidad el formalismo matemático
sugiere hablar de recta y plano, consideramos que los términos línea y supercie
adoptan la idea de dimensión en su carácter intrínseco y ambiental de forma más
cómoda, en tanto existen supercies que no son necesariamente planas y también
son bidimensionales, como se ejemplica en el capítulo 2. Por esto, pedimos al lector
ser exible con el uso que haremos de dichos términos.
Enfoque algebraico
De acuerdo con García (2015), en el siglo XVII, precisamente en 1636, surgieron
las primeras ideas sobre espacio vectorial provenientes de los trabajos de Fermat y
Descartes sobre geometría analítica, matrices, plano cartesiano y sistemas de ecua-
ciones lineales, en un intento de matematizar el espacio. Posteriormente en 1844,
el matemático alemán Hermann Grassmann introdujo la idea de espacio vectorial,
aunque la estructura algebraica fue llamada inicialmente como números hipercom-
plejos. No obstante, el término también se le atribuye al trabajo de Hamilton en
1853 titulado Lectures on Quaternions, quien inventó además el nombre de vector y
8
su notación actual i, j y k , aunque la denición formal de vector se le atribuye al ma-
temático italiano Giusto Bellativis. Luego en 1898, el matemático italiano Giuseppe
Peano retomó el trabajo de Grassmann y estableció los axiomas que fundamentan
un espacio vectorial, los cuales fueron aceptados por la comunidad académica hasta
1918 (Crowe, 2002).
Sin ánimo de mostrar todos los axiomas propuestos por Peano, presentamos uno
especíco que hace evidente la ruptura entre la percepción intuitiva de vector en el
espacio y lo que matemáticamente puede evocar. Básicamente, según Peano (1891),
un espacio vectorial V está compuesto de vectores independientes (x, y , z ,...) que
deben cumplir ciertas propiedades con dos operaciones: interna (+) y externa (∗)
con respecto a un dominio determinado. Algunas de las propiedades que se deben
cumplir son del siguiente estilo y rigurosidad:
∀x, y, z ∈ V |x + (y + z) = (x + y) + z (Propiedad asociativa )
∀α, β ∈ R, ∀x ∈ V |(α + β) ∗ x = (α ∗ x) + (β ∗ x) (Propiedad distributiva )
Lo anterior no es para nada próximo a la percepción de dimensión en la física pues
allí, la idea de matematizar la ubicación de una entidad que pertenezca a un es-
pacio puede ser pensada como determinar una trayectoria descrita con vectores.
Mientras que, matemáticamente hablando, los vectores que describen una posición
o una trayectoria hacen parte de una estructura matemática y deben cumplir ciertas
propiedades. Además, los objetos tratados en ambos campos de estudio tienen su
propia y diferente naturaleza: los objetos matemáticos son imaginarios mientras que
los físicos son reales.
Teniendo en cuenta la formalización algebraica de dimensión ambiental y la acep-
tación del término espacio vectorial, esta idea de dimensión puede interpretarse si
se considera como el grado de libertad de movimiento de los objetos en un espacio
determinado. Se entiende esta libertad como el número de direcciones ortogonales
diferentes que los objetos pueden tomar al moverse (Orjuela y Rojas, 2006). Dicho
grado de libertad de movimiento es análogo a la cantidad de vectores independientes
de un espacio vectorial. De modo que, una línea considerada como un habitat de
ciertos objetos tiene dimensión uno ya que un objeto contenido en esta se podrá
mover en una sola dirección pero en dos sentidos, lo cual atiende a la interpretación
de dimensión ambiental al considerar una línea como un espacio vectorial de un solo
vector. Análogamente se alude a que una supercie tiene dimensión ambiental dos
porque para un objeto contenido en ella es posible moverse en dos direcciones; y que
el espacio tiene dimensión ambiental tres porque un objeto contenido en este podrá
moverse en tres direcciones diferentes.
9
Enfoque topológico
Según Orjuela y Rojas (2006): una gura es unidimensional, si su frontera está
compuesta de puntos; bidimensional, si su frontera está compuesta de curvas y tri-
dimensional, si su frontera está compuesta de supercies (p.91). Topológicamente
se entiende la frontera de un conjunto como el conjunto de puntos que pertenecen
simultáneamente al cierre del conjunto y al de su complementario (López, s.f.). Es
decir, la frontera es el conjunto de puntos que separan el interior del exterior de
un objeto. Tal aproximación determina las propiedades geométricas necesarias para
clasicar la dimensión a la que naturalmente pertenecen ciertos objetos.
Otra manera de adoptar la idea de dimensión me-
diante la frontera consiste en identicar la forma en
que un determinado objeto puede recorrer el espa-
cio al cual pertenece. La dimensión de un objeto es
una medida topológica del tamaño de sus posibilida-
des de cubrimiento o llenado del espacio. Dicho for-
malmente, una variedad topológica (Guijarro, 2010;
Lafuente, 2014; Guillemin y Pollack, 1974) es un es-
pacio topológico que localmente tiene una estructura
euclidiana tal que, para cada punto que pertenezca
a un espacio, existe una vecindad homeomorfa a un
conjunto abierto (Figura 2). Dicho de manera más
Figura 2: Vecindad matemá- simple, para cada punto que pertenece al espacio,
tica. existe una vecindad que la contiene y que es trans-
formable (homeomorfa) en otra vecindad en la que se
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podrá desplazar, tanto como las leyes físicas le per-
mitan (euclidiano). Una manera de ilustrar esto es
considerar la situación de una persona que habita en el planeta tierra, la cual está
contenida en una región, zona o vecindad del planeta en la cual puede moverse tanto
como las leyes físicas le permitan. Siendo precisamente esta libertad de movimiento
la que determina la dimensión ambiental propia del objeto considerado, en este caso,
la tierra.
Aunque dotadas de la rigurosidad que requiere el caso, las variedades topológicas
cumplen dos características más que explican de mejor manera la idea de dimensión.
La primera condición es que deben ser un espacio de Hausdor; es decir, que puntos
distintos del espacio tienen vecindades disjuntas, lo cual implica que cada uno de
los puntos pertenecientes al espacio tiene su propia vecindad junta pero separada de
las demás vecindades. La segunda condición es que cada variedad topológica debe
satisfacer el segundo axioma de numerabilidad; esto quiere decir que alguna de sus
bases es numerable (Prieto, 2012). En términos de espacios vectoriales o grados de
libertad, cualquiera de los puntos del espacio puede ser localizable con una cantidad
numerable de vectores independientes. Así, las variedades topológicas pueden dar
una idea de dimensión, así como la sumatoria de partes innitamente pequeñas da
10
una idea de integral.
Ejemplicando la idea anterior, un objeto que habite en un espacio que permita n
cantidad de direcciones de movimiento podrá recorrer dicho espacio moviéndose de
n maneras posibles, siempre y cuando n sea numerable (1, 2, 3...). No obstante, la
dimensión no se limita a números enteros, como veremos en el siguiente apartado.
Enfoque de la geometría fractal
Como hemos visto, las interpretaciones de dimensión ambiental e intrínseca atien-
den a propiedades de espacios y objetos, respectivamente. Nos referimos a espacios
y objetos como si fueran entes distintos pero, de manera general, estamos hablando
de conjuntos de puntos. Por un lado, podemos considerar a los espacios como con-
juntos donde pueden existir puntos u objetos; pero al considerar un objeto, también
es posible entenderlo como el conjunto de puntos que lo conforman. Así, hablar de
espacios y objetos es en esencia, hablar de conjuntos de puntos, lo cual facilita la
interpretación de la siguiente aproximación y ampliación a la idea de dimensión.
La geometría fractal estudia objetos geométricos que son producto de iterar un
procedimiento, bien sea geométrico o polinómico, innitamente. Dichos objetos son
conjuntos de puntos llamados fractales, los cuales son especiales por mantener una
relación de auto-similaridad en la que intervienen 2 parámetros fundamentales: la
cantidad de partes en que se divide el objeto base del fractal (N ) y el tamaño de
1
estas partes ( ). Hausdor libera a la idea de dimensión de considerar bases necesa-
r
riamente numerables, proponiendo un intento de denición de dimensión (intrínseca)
para conjuntos de puntos, también conocida como dimensión fractal. Para entender
la expresión que Hausdor propuso, vamos a realizar la siguiente explicación. Todo
parte de dividir un objeto en cierta cantidad de partes de tal manera que cada parte
1
esté escalada por un factor . Al decir escalada nos referimos a que los atributos
r
medibles del objeto sean divididos por r . Por ejemplo, si tomamos un segmento,
un cuadrado y un cubo, podemos dividirlos en varias partes de acuerdo a un factor
(Figura 3).
11
Figura 3: División de objetos en partes escaladas.
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Lo cual signica que, por ejemplo, dado un cubo que dividimos en 8 cubos que
midan la mitad del inicial (r = 2), si queremos obtener el cubo inicial a partir de
uno de los 8 cubos, solo tendremos que magnicarlo por un r = 2 obteniendo la
D 3
siguiente expresión r = 2 = 8. Así, utilizando algunas propiedades básicas de los
exponentes y logaritmos en las que se relaciona el logaritmo natural con el número
e se puede obtener lo siguiente:
N = rD
ln(N ) = ln(rD )
ln(N ) = D ∗ ln(r)
ln(N )
D=
ln(r)
Ahora mostramos un ejemplo de la dimensión fractal y luego introduciremos el as-
pecto formal de esta aproximación, así podemos explicar la razón por la cual se usa
el logaritmo natural para obtener la dimensión fractal. Supongamos que queremos
saber la dimensión de la curva de Koch (Figura 4). La generación de tal fractal inicia
con un segmento. La primera iteración consta de dividir el segmento en tres segmen-
tos iguales. Luego, se construye un triángulo equilátero cuyo lado mide un tercio de
la medida de dicho segmento, sobre el segmento del medio, y nalmente se remueve
tal segmento dejando como resultado cuatro segmentos. La segunda iteración resulta
de aplicar en cada uno de los cuatro segmentos resultantes en la iteración anterior
el mismo procedimiento. Subsecuentemente, cada iteración siguiente sigue la misma
regla hasta la iteración en el innito.
12
Figura 4: Curva de Koch
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Para determinar la dimensión de tal fractal hace falta establecer los parámetros
que entran en juego. La iteración genérica de la curva de Koch consta de cuatro
copias auto-similares de un tercio de longitud, donde N es la cantidad de guras
1
auto-similares a la original, es el tamaño de las guras auto-similares y D es la
r
dimensión del fractal. Así, N = 4, r = 3 y por tanto, la dimensión de la curva de
ln(4)
Koch será D =
ln(3)
≈ 1, 26.
De manera formal, dado un subconjunto A de un espacio metrizable X , es decir, que
tenga una distancia denida, la dimensión Hausdor de dicho subconjunto D(A) se
dene como el límite inferior más grande d ≥ 0 tal que la medida d-dimensional
Hausdor de A es 0 (Lorenz, 2014).
La idea de cubrimiento del espacio sigue permeando la idea de dimensión, incluso
con objetos fractales. Para verlo, calculemos ahora la dimensión de otro fractal fa-
moso como lo es el Triángulo de Sierpinski (Figura 5). La iteración genérica de dicho
fractal consta de dividir el triángulo en otros cuatro tal que la medida de cada uno
de estos es la mitad del anterior y se elimine el triángulo que queda en la mitad,
dejando como resultado tres nuevos triángulos por cada triángulo en cada iteración.
Figura 5: Triángulo de Sierpinski
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Para calcular la dimensión podemos tomar un cuadrado de lado igual a la base del
triángulo inicial y así, cubriríamos por completo el fractal (Figura 6, a). Ahora, si
tomamos cuadrados de lado igual a la mitad de la longitud de la base del triángulo,
necesitaremos tres cuadrados para cubrir el fractal (Figura 6, b). De modo que, si-
guiendo la denición de Hausdor y la generalidad de las iteraciones del Triángulo
de Sierpinski, tenemos que los parámetros de dicho fractal son N = 3 porque se
necesitan tres cuadrados para cubrir el triángulo, r=2 porque la medida de cada
triángulo es la mitad del anterior y por tanto, la dimensión D hasta el momento
ln(3)
es D =
ln(2)
≈ 1, 58 y la expresión que determina la dimensión de Hausdor sería
ln(3)
3 = 2 ln(2) . No obstante, aunque la dimensión del fractal ya la hemos conseguido,
podemos seguir renando el cubrimiento cuanto queramos. Si tomamos cuadrados
de lado igual a un cuarto de la longitud de la base del triángulo, necesitaremos 9
ln(3)
cuadrados para cubrir el fractal (Figura 6, c); obteniendo así la expresión 9 = 4 ln(2) .
Análogamente, si tomamos cuadrados de lado igual a un octavo de la longitud del
triángulo, necesitaríamos 27 cuadrados para cubrir el fractal (Figura 6, d) y así ob-
ln(3)
tendríamos la expresión 27 = 8 ln(2) .
Figura 6: Dimensión del triángulo de Sierpinski mediante cubrimiento
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A diferencia de los espacios euclidianos, los cuales son considerados por tener dimen-
siones enteras y no mayores a tres, los fractales amplían en gran medida el alcance
del concepto de dimensión dado que proporcionan una medida de la complejidad de
objetos abstractos. Vemos entonces cómo la noción de dimensión es importante en
matemáticas ya que da una parametrización precisa de la complejidad conceptual
o visual de cualquier objeto geométrico o del entorno en donde vive. Por lo cual,
pareciese que la dimensión es una forma de matematizar no solo el espacio o ambien-
te circundante sino también a los objetos matemáticos. Aclararemos esta aparente
distinción en el siguiente capítulo.
14
2. Dimensión ambiental e intrínseca y posibles mun-
dos
Hemos dicho que la idea de dimensión surgió intuitivamente y que posteriormente
ha sido matematizada a partir de diferentes enfoques desde los cuales se puede in-
terpretar. Lo que pretendemos en este capítulo es suscitar una reexión sobre dos
de las cuatro interpretaciones que dimos a la idea intuitiva de dimensión, particular-
mente la dimensión ambiental y la dimensión intrínseca; esto con el n de cuestionar
algunas ideas comunes que todas las personas creemos tener claras y que pueden no
ser así. Para el desarrollo de dicha reexión, abordamos tres aspectos en particular.
Inicialmente, pretendemos cuestionar si realmente los seres humanos vivimos en la
tercera dimensión. Luego, nos enfocamos en considerar la hipotética existencia de
mundos alternos al nuestro, tratando de describir cómo serían dichos mundos, co-
menzando con uno bidimensional para luego imaginar mundos tetradimensionales o
pentadimensionales.
Es importante resaltar que el presente capítulo no pretende ir más allá de razona-
mientos especulativos e ilustrativos. No tiene un soporte matemático particular y
está basado en las ideas abordadas en el capítulo anterior. Pero lo consideramos útil
ya que permite ilustrar las ideas presentadas previamente. Además de eso, conside-
ramos que abre la imaginación a la existencia de mundos alternos al nuestro y que
de este modo podemos dar una visión más amplia respecto de la idea de dimensión y
su potencial para entender la geometría, ya que si no nos limitamos a las formas 2D
y 3D podemos fomentar y desarrollar la creatividad para imaginar y crear mundos
u objetos de dimensiones superiores o inferiores a la nuestra.
2.1. ¾Vivimos realmente en la tercera dimensión?
Vivimos en un mundo donde los objetos tienen tres dimensiones y nos hemos acos-
tumbrado a describir esquemáticamente estos objetos haciendo referencia a su largo,
alto y a su profundidad. Lo anterior es, a grandes rasgos, una de las ideas que todos
hemos escuchado en algún momento de nuestra vida, pero ¾estamos realmente segu-
ros de que los terrícolas vivimos en un mundo de tres dimensiones? ¾consideramos
esto como una verdad absoluta? Pues bien, a partir de las preguntas mencionadas a
priori tenemos un punto de partida para abordar la presente sección, cuyo propósito
no es otro que ahondar un poco más en estos interrogantes.
Habitualmente, por supuesto, decimos que habitamos en un espacio tridimensional,
pero ¾exactamente qué es lo que entendemos por esto? Pues bien, dos argumentos
ayudan a revalidar esta idea:
El primer argumento alude a la dimensión intrínseca, ya que podemos describir
los objetos pertenecientes a este mundo mediante tres atributos particulares,
como la longitud, la altura y la profundidad.
15
El segundo argumento alude a la dimensión ambiental, particularmente en-
tendida como el tamaño o cardinalidad de la base en un espacio vectorial;
es a partir de lo anterior que se determina la libertad de los tres posibles
movimientos que podemos realizar los seres humanos.
Con relación al segundo argumento dijimos que si se tiene un primer vector, tal vec-
tor caracteriza una posible dirección y ubicación de objetos que habiten en el espacio
vectorial determinado por dicho vector, el cual será una línea o espacio unidimen-
sional. Al agrega otro vector que sea independiente del primero, la composición de
ambos vectores caracteriza todas las posibles direcciones y ubicaciones de objetos
que habiten en el espacio vectorial determinado por tales vectores, el cual será una
supercie o espacio bidimensional. Por último y haciendo un razonamiento análogo,
tres vectores independientes caracterizan la posible dirección y ubicación de objetos
que circunden el ambiente en que vivimos los seres humanos, un espacio tridimensio-
nal. Según este último argumento matemático armaríamos que en efecto habitamos
en un espacio tridimensional.
Un ejemplo que ayuda a ilustrar lo descrito previamente, puede ser imaginar el vuelo
de un ave. Matemáticamente hablando, las curvas de barrido descritas en el vuelo
de un ave son de gran complejidad. Pero es posible dividir cualquier curva espacial
en tres tipos de movimientos, a saber: La primera dirección que puede tomar es este-
oeste; la segunda norte- sur y por último puede elevarse o descender. Al combinar
los tres tipos de movimiento mutuamente perpendiculares, podemos trazar cualquier
curva posible en nuestro espacio. No se necesitan más de tres direcciones, y no menos
de tres direcciones, por lo que es posible inferir, nuevamente, que nuestro espacio
es tridimensional. Otro ejemplo, similar al anterior, es describir una determinada
ubicación a una persona para que pueda llegar a un encuentro, dándole únicamente
tres datos como referencia. "Diríjase dos cuadras hacia el norte, gire a la derecha y
camine cuatro cuadras por esa calle, luego ingrese al edicio y suba en el ascensor
hasta el décimo piso". Nuevamente fue posible describir el espacio que nos circunda
únicamente con tres direcciones.
Los razonamientos que hasta el momento hemos realizado, no nos dejan pensar
otra cosa diferente a que la Tierra es tridimensional. Pero podemos analizar esta
situación de manera diferente valiéndonos de la geografía, disciplina que estudia la
descripción o representación gráca de la Tierra. Ahora bien, partiendo de imaginar
que la Tierra tiene casi la forma de una esfera, olvidando por un momento que está
ligeramente achatada en los polos, se han establecido algunos cortes imaginarios de-
nominados meridianos y paralelos. Se denomina paralelo al círculo formado por la
intersección entre el eje de rotación de la Tierra y un plano imaginario perpendicular
al eje y se denominan meridianos a los círculos máximos que pasan por los polos y
que permiten dividir a la Tierra en dos mitades (Figura 7).
16
Figura 7: Meridianos y paralelos terrestes
Teniendo los meridianos y los paralelos como referencia, es posible aludir al sistema
de coordenadas geográcas. Este es un sistema de referencia que únicamente utiliza
dos coordenadas angulares, latitud (norte o sur) del párelo del Ecuador y longitud
(este u oeste) del meridiano de Greenwich para determinar la posición de los pun-
tos de la supercie terrestre. Con ese sistema podemos describir la ubicación de
cualquier punto sobre la Tierra, teniendo como punto de partida la intersección del
paralelo del Ecuador y el meridiano de Greenwich. Luego, sobre el Ecuador avan-
zamos una cierta amplitud medida por un ángulo (longitud) para posteriormente
subir a lo largo de un meridiano la amplitud indicada por otro ángulo (latitud) y
así llegaremos a nuestro destino.
Como cada lugar sobre la Tierra está perfectamente determinado por la latitud y
la longitud, es evidente que solo necesitamos de estas dos coordenadas para locali-
zar un lugar cualquiera sobre la Tierra. Esto nos permite armar que la supercie
terrestre es bidimensional, pues solo tenemos libertad de dos movimientos sobre la
supercie. Ahora bien, es importante centrar la atención en la situación que quería-
mos problematizar; es decir, en el hecho de saber si realmente vivimos en un mundo
tridimensional o en un mundo bidimensional. Respecto a esto, podemos concluir que
siempre hablamos informalmente de que la Tierra es tridimensional, pero no siempre
es claro a qué nos estamos reriendo con dicha expresión. Armamos que vivimos
en un mundo tridimensional si estamos considerando la Tierra, como la supercie
más lo que está tanto fuera como dentro de ella; pero aludimos a que la Tierra es
esférica y bidimensional cuando esta es considerada solamente como la supercie; es
decir, lo que es bidimensional es tan solo la cáscara de la supercie de la Tierra.
La anterior es una de las reexiones que queremos suscitar en la presente sección,
pues al hablar de dimensión es importante puntualizar respecto a qué nos estamos
reriendo, si a la dimensión intrínseca de los objetos o la dimensión ambiental, si
nos referimos a la supercie de un determinado objeto o nos referimos a la super-
17
cie más lo que está tanto adentro como afuera de ella. Dependiendo a qué nos
estemos reriendo, es posible determinar no solo desde qué interpretación de dimen-
sión puede ser abordado un determinado problema sino también es posible inferir
si dicho objeto es bidimensional, tridimensional o de una dimensión superior a estas.
Para nalizar, queremos rearmar la idea de que con esta sección no pretendía-
mos otra cosa que cuestionar al lector sobre armaciones dimensionales que puede
considerar como ciertas y hacerlo reexionar sobre las dos interpretaciones de di-
mensión que mencionamos (dimensión ambiental y dimensión intrínseca). De este
modo, mediante el ejemplo particular de la Tierra, se pueden evidenciar las mar-
cadas diferencias entre estas dos interpretaciones y llegar al entendimiento de que
la respuesta a la pregunta ¾Qué dimensión tiene la Tierra? No es tan trivial como
siempre hemos pensado.
2.2. Planilandia, un mundo imaginario y bidimensional
En la sección anterior pudimos evidenciar que bajo una interpretación de dimensión,
particularmente la dimensión ambiental, concluimos que la supercie de la Tierra es
bidimensional. En esta segunda sección, pretendemos tomar esta idea como punto
de partida y vamos a aceptar la existencia de un mundo bidimensional para tratar
de entender las posibles limitantes que tengan los habitantes de este nuevo mundo,
las características particulares de los entes que habitan allí y poner de maniesto
cómo sería vivir en un mundo plano y quién puede vivir allí. Desarrollamos el tema,
teniendo como referencia dos formas de percibir el entorno en este nuevo mundo;
es decir, en primera instancia, seremos parte del entorno bidimensional. Luego, se-
remos entes externos a la dimensión ambiental del mundo plano y reexionamos
respecto a cómo se ven las cosas desde afuera de este mundo, teniendo la caracterís-
tica particular de tener por lo menos una dimensión más que el mundo bidimensional.
Queremos hacer referencia a un mundo bidimensional, tratando de entender cómo
es vivir allí. Es por esto por lo que creemos que no hay una mejor forma de hacerlo
si no es visitando Planilandia, aunque es importante tener como referencia las dos
diferentes formas mencionadas que tenemos para percibir el entorno.
Planilandia, novela de Edwin Abbott publicada por primera vez en 1884, es la histo-
ria del Cuadrado A, quien realiza un viaje a dimensiones más elevadas, tratando de
entender lo que allí ocurre. Esta es una novela muy conocida no solo por el abordaje
dimensional que allí se encuentra, sino también por la exposición sobre la dimensión
de diversos objetos geométricos, en una época en la que hablar de esto, es decir, de
asuntos dimensionales no era bien recibido según lo menciona Abbott en su libro.
Haciendo uso de Planilandia queremos plantear un ejemplo que permita dilucidar lo
que es estar inmerso en un mundo bidimensional.
Comenzamos con una pregunta, ¾Qué verías tú si vivieras en un mundo bidimen-
sional? Pues bien, eso es lo que Abbott intenta ilustrar. Es por ello por lo que el
primer paso es describir este nuevo mundo. Imaginemos una hoja de papel en la que
18
las distintas representaciones que allí se encuentran no son estáticas. Estas pueden
moverse libremente por toda la supercie aunque con un condicionante particular;
no tienen la capacidad de elevarse por sobre la hoja ni hundirse por debajo de ella.
En otras palabras la composición vectorial que modela todas las posibles direccio-
nes y ubicaciones de objetos que habiten este espacio está determinada únicamente
por dos vectores linealmente independientes, obteniendo así una supercie o espacio
bidimensional.
Teniendo lo anterior como referencia, surge un primer problema en este nuevo mun-
do bidimensional. Este se relaciona con la manera en que los entes propios de esta
dimensión pueden ver o percibir su propio entorno ¾De qué manera el Cuadrado A
puede saber que quien está frente a sus ojos es el Triángulo A y no el Pentágono
B? ¾De qué manera los entes bidimensionales construyen la idea de un mundo bidi-
mensional a partir de la visualización que tienen de su entorno? Pues bien, Abbott
propone dos soluciones para este problema. Inicialmente, menciona que el Cuadrado
A rodea a las guras y cuenta los lados; a partir de esto identica con facilidad con
quién está hablando. Cabe resaltar que nosotros en nuestro entorno tridimensional
no podemos hacernos una idea completa de un determinado objeto con un simple
vistazo, sino que tenemos que verlo desde diferentes ángulos para poder hacer una
composición mental de las partes y así entender el todo. Esto mismo pasa con los
habitantes de Planilandia, y es por ello por lo que tienen que rodear a las guras
para lograr percibir sus características propias y así identicarlas. La segunda forma
en que se perciben las cosas en Planilandia tiene relación con el color que tiene cada
uno de los entes que allí habitan, pues, según Abbott este es un indicador creado en
este mundo para que las diversas guras geométricas puedan ser identicadas como
entes pertenecientes a una determinada dimensión, creamos experiencias con el am-
biente que nos circunda y aprendemos a entender con naturalidad las características
propias de la dimensión a la que pertenecemos; pero es claro que no vamos a poder
explicar cabalmente lo que pasa en otra dimensión, por el simple hecho de que no
somos partes de ella y no tenemos la capacidad de percibir el entorno de la misma
forma como lo hace un ser de Planilandia.
La forma en que los habitantes de Planilandia perciben su entorno puede parecer
un tanto articial, pero dejemos de lado los prejuicios y pensemos en nuestra propia
dimensión, en la forma en que nosotros construimos una imagen mental de nuestro
mundo tridimensional. Pensemos por un momento en una persona que al mirar por
la ventana puede observar un auto, pero justo en ese momento alguien pasa frente
al auto, es decir, queda entre el observador y el auto (Figura 8a). Es claro para
nosotros que, dependiendo del ángulo y del lugar desde donde se esté observando la
situación, se van a tener percepciones diferentes de la misma; sin embargo, hay un
ángulo y un momento particular en el que parece que la persona que va caminando
frente al auto está sobrepuesta en él (Figura 8b); y aun cuando en ese instante dicha
idea parece tener sentido, el observador sabe que no lo tiene, pues posee la capacidad
de distinguir los atributos físicos que le proporciona el ambiente por el simple hecho
de vivir en este (Figura 8).
19
Figura 8: Percepción de superposición
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Respecto a los atributos físicos propios del ambiente bidimensional o tridimensional,
queremos destacar que para nosotros, entes de la tercera dimensión, resulta simple
representar por medio de un dibujo un cubo, pero ¾qué percibiría un ente (digamos
el Cuadrado A) que habite en el mismo espacio bidimensional en el cual yace la
representación del cubo? ¾Podría este ente bidimensional ver los segmentos en el
interior del cuerpo bidimensional que hemos llamado representación de un cubo?
(Figura 9).
Figura 9: Cuadrado A observando un ente bidimensional llamado representación de
un cubo.
Nuestro ente bidimensional (siguiendo las reglas de identicación corporal dadas en
su mundo; es decir, rodeando al objeto para identicar la cantidad de lados que tiene)
podría fácilmente confundir la representación con un objeto bidimensional llamado
hexágono. ¾Podría el Cuadrado A ver las líneas interiores de la representación? Por
supuesto que no, asumiendo análogamente que los cuerpos bidimensionales, al igual
que los tridimensionales, no son usualmente transparentes. Es decir, no podemos ver
el corazón, el cerebro, los órganos, las tripas, etc. de otro humano; sin lastimarlo,
por supuesto.
Supongamos por un momento que la representación está hecha para que la pueda
percibir, además, un ente bidimensional. Para lograrlo, tendríamos que afectar de
20
alguna manera la composición rígida e impenetrable a la vista del material de la
representación. Por ejemplo, podríamos considerar que los segmentos externos (la
silueta de la representación) está hecha con segmentos transparentes, como si de
un vidrio bidimensional se tratara. De esta manera el Cuadrado A, asumiendo que
pueda ver a través de los segmentos de la silueta, se haría una idea mucho más clara
de lo que es un cubo visto desde una posición muy particular; aun así, sería confuso
para el Cuadrado A identicar la conguración de los segmentos internos. Con esta
reexión queremos puntualizar las complicaciones que tiene sacar a los objetos
geométricos de su dimensión y además de ello, poner de maniesto las marcadas
diferencias existentes entre la naturaleza de los entornos dimensionales.
Ahora bien, pensamos que estos problemas, es decir, el tratar de entender otras di-
mensiones desde las características mismas de la dimensión a la que pertenecemos,
no son propios de los habitantes de Planilandia, sino nuestros, ya que tratamos de
trasladar los atributos físicos de nuestro entorno al de ellos. Tratamos de entender
y explicar su mundo teniendo como referencia únicamente el nuestro. Esto se vio
reejado en Planilandia, en el momento en el que un ser superior (tridimensional)
hizo una visita inesperada al Cuadrado A.
La Esfera A es un cuerpo cuya existencia
ambiental yace en un espacio tridimensional,
sin que esto signique que la dimensión in-
trínseca de la supercie de la Esfera A de-
ba ser también tridimensional. Cuando la Esfe-
ra A entra lentamente a Planilandia, el Cua-
drado A percibe secciones (arcos de circunfe-
rencia) de esta, cada vez más grandes. Pe-
ro al no lograr identicar con claridad lo que
pasa en su entorno, decide rodear las sec-
ciones que aparecen en dicho momento, iden-
ticando así que estas en realidad son cir-
cunferencias cuyo radio cambia según el movi-
miento (tridimensional) de la Esfera A (Figu-
ra 10). Con percibir nos referimos a lo que
en nuestro mundo tridimensional se entiende por
ver.
Figura 10: Secciones de Esfe- De modo que, si tratamos de meter en una dimen-
ra A que atraviesan Planilan- sión ambiental n−1 una entidad que naturalmente
dia habite en una dimensión ambiental n, solo podremos
meter secciones n−1 dimensionales de dicha en-
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tidad. Por ejemplo, si en vez de una esfera dejamos
caer un humano en Planilandia, las entidades que vi-
van en Planilandia percibirán curvas de las secciones del humano que cambian su
tamaño (Figura 11).
21
Figura 11: Humano cayendo y atravesando en Planilandia.
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Pero aunque las entidades que viven en Planilandia logren percibir las diferentes
secciones del humano o de la Esfera que atravesaron su entorno, debemos tener cla-
ro que por más que las perciba, el Cuadrado A está limitado por su propio entorno
y esto lo imposibilita para poder hacerse una idea completa de un objeto perte-
neciente a otra dimensión. Damos por hecho que las puede percibir, que en efecto
puede ver las diferentes secciones dimensionales que se crearon en su mundo, pero es-
tas van a ser insucientes para que pueda hacerse una idea del objeto n-dimensional.
Al inicio de esta sección planteamos la idea de la existencia de un mundo bidimen-
sional y a partir de esto hicimos un recorrido por Planilandia, tratando de esclarecer
cuestiones propias del entorno de este mundo. Edwin Abbott (1884), en su libro,
alude a que el Cuadrado A realizó una visita a la tercera dimensión guiado por la
Esfera A. En dicha visita el Cuadrado A, tuvo contacto con seres de otras dimen-
siones y ahora sabe que en ese mundo existe un tercer atributo medible que él no
logra percibir. Esto es lo mismo que pasa con nosotros, los habitantes de la tercera
dimensión, que sabemos que hay un atributo perteneciente a la cuarta dimensión
que no podemos ver, que por más que intentemos no logramos percibir. Esto se da
por una simple razón y es que no somos parte de la cuarta dimensión; por lo tanto,
estamos imposibilitados a ver los seres de ese espacio de forma completa.
Hablar de dimensión ambiental implica ubicación, movimiento y dirección; hablar
de dimensión intrínseca implica medición. Dado que estamos inmersos en una de-
terminada dimensión siempre vamos a estar sujetos a las interpretaciones propias
del mundo que habitamos. Si somos seres de Planilandia no podremos percibir un
atributo de la tercera dimensión, esto porque en nuestro entorno no estamos capaci-
tados para percibir este atributo. Lo mismo pasa con la cuarta dimensión. Nosotros
como seres tridimensionales no estamos en la capacidad de ver, ni de medir, ni de
percibir el cuarto atributo de dicha dimensión; sin importar cómo seamos, o a qué
dimensión pertenezcamos todos somos proclives a no entender las cuestiones propias
de un ambiente dimensional superior al nuestro. Somos esclavos de nuestros respec-
tivos prejuicios y limitantes dimensionales. Vemos lo que estamos acostumbrados a
ver y nos cuesta imaginar cómo podrían ser las cosas en una dimensión ajena a la
nuestra.
22
2.3. Posibles mundos más allá de la tercera dimensión
En la sección anterior nos planteamos la idea de un mundo bidimensional, y vimos
diversas implicaciones que surgen al considerar la existencia de este mundo. Trata-
mos de entender el entorno en el viven los entes bidimensionales, llegando a plantear
algunas cuestiones de difícil explicación como la manera en que tales entes perciben
el entorno que los rodea. Argumentamos que, como seres de la tercera dimensión es-
tamos imposibilitados para tratar de explicar la naturaleza y los atributos propios de
su dimensión ya que no hacemos parte de ella. Teniendo lo anterior como referencia,
si nos planteamos que existen mundos bidimensionales ¾por qué no podemos pensar
que hay mundos de dimensiones superiores a la nuestra? Mundos tetradimensionales
y hasta pentadimensionales. Esto es lo que pretendemos hacer en esa sección: dar
como cierta la idea de la existencia de estos mundos en aras de hacernos una idea
hipotética de cómo serían.
Inicialmente, tratamos de hacer una analogía con uno de los ejemplos de la sección
anterior, particularmente cuando la Esfera atravesó el plano en donde se encontraba
el Cuadrado A. Teniendo esto como referencia, podemos armar que si un objeto
que naturalmente pertenezca a un espacio tetradimensional estuviera cayendo y
atravesando nuestro espacio tridimensional, entonces veríamos este fenómeno como
secciones tridimensionales de dicho objeto. Para hacernos una idea completa del ob-
jeto que está atravesando nuestro entorno deberíamos, al igual que en su momento
lo hizo el Cuadrado A, rodear el objeto y veremos entonces cortes transversales tri-
dimensionales del objeto tetradimensional.
Si consideramos que la gura tetradimensional que atraviesa nuestro entorno tridi-
mensional es un simplejo (que intentamos representar bidimensionalmente como en
la Figura 12), es decir, un objeto tetradimensional análogo al triángulo bidimensio-
nal o al tetraedro tridimensional, veríamos los cortes de secciones transversales en
nuestra dimensión (Figura 13). Al igual que los seres bidimensionales, percibían los
cortes de la Esfera nosotros veríamos poliedros (composición de todas las secciones
que percibimos al rodear las secciones) que aparecen, se transforman y desaparecen
a medida que avanzan en la dirección de la cuarta dimensión mientras el simplejo
atraviesa nuestro espacio de la tercera dimensión.
Figura 12: Representaciones bidimensionales de un simplejo.
https://www.youtube.com/watch?v=k1NM7r1wvrQ
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Figura 13: Secciones de un simplejo atravesando el espacio tridimensional.
https://www.youtube.com/watch?v=k1NM7r1wvrQ
Lo anterior, no obstante, hace referencia al espectro visual (o perceptual) que expe-
rimentaría un observador que habite en un espacio n -dimensional cuando un ente
perteneciente a una dimensión ambiental mayor que n entra o atraviesa dicho espa-
cio n-dimensional. Lo anterior quiere decir que el observador no está visualizando
el objeto de dimensión superior sino secciones de este, al igual que pasó cuando le
Esfera A se introdujo en el Planilandia. Es claro, que ni el Cuadrado A logra hacerse
una idea real los atributos propios de la Esfera, ni nosotros podemos hacerlo con
el simplejo. Si bien creemos tener una idea por la composición realizada a partir
de las diferentes secciones que podemos observar, no estamos capacitados para ver
a cabalidad los atributos propios de dicha gura geométrica. Al no ser parte de su
dimensión, esto nos imposibilita verla como realmente es; por esto centramos nues-
tros esfuerzos en tratar de explicar sus características desde la naturaleza misma de
nuestra dimensión.
Hemos esclarecido algunos acuerdos para tratar de percibir objetos de dimensiones
superiores en nuestra dimensión, pero hasta el momento no hemos aludido pun-
tualmente a cómo serían dichos mundos. Pues bien, no es fácil imaginar algo como
esto. Creemos que ahora entendemos los problemas que tuvo el Cuadrado A con las
visitas dimensionales que recibió. Aunque no sea tarea fácil imaginar cómo es un
mundo en una dimensión superior, hay algunas aspectos que creemos tener claros y
que planteamos a continuación.
En el primer capítulo abordamos la idea de dimensión ambiental a partir de la in-
dependencia vectorial concluyendo que tres vectores independientes caracterizan la
posible dirección y ubicación de objetos que circunden el ambiente en que vivimos
los seres humanos, determinando así un espacio tridimensional. Siguiendo este mis-
mo camino, deberíamos poder construir un nuevo vector linealmente independiente
a los tres ya mencionados. Sin embargo, esto es un problema porque estamos im-
posibilitados para determinar la dirección que va a tener el nuevo vector. Por ello
no vamos a poder construirlo ni identicar de ninguna manera cuál sería el nuevo
atributo medible que va a tener la cuarta dimensión. En los modelos de la física
se presume que es el tiempo, pero por supuesto es algo que nunca vamos a poder
corroborar.
Lo anterior, podemos ilustrarlo retomando un ejemplo presentado en la sección 2.1
24
para referirnos a la información sobre la ubicación de alguien: "Diríjase dos cuadras
hacia el norte, gire a la derecha y camine cuatro cuadras por esa calle, luego ingrese
al edicio y suba el ascensor hasta el décimo piso". Ahora, si nuestro mundo fuera
tetradimensional ¾de qué forma sería la instrucción para que alguien pueda encon-
trarnos? Especulamos algo como lo siguiente Diríjase dos cuadras hacia el norte,
gire a la derecha y camine cuatro cuadras por esa calle, luego ingrese al edicio,
suba en ascensor al décimo piso y al salir camine a través de tres niveles de reali-
dad"¾Por qué lo expresamos de esta forma? Pues bien, no hay una forma diferente
a la especulativa. Nosotros podemos decirlo así, alguien puede decirlo de otro modo
y no va a ser falso, porque estamos imposibilitados para entender la cuarta o la
quita dimensión. Pero logramos algo muy importante en esta sección y es pensar
que existen otras dimensiones 4D, 5D, etc. y podemos tratar de entender entornos
a los cuales no podemos acceder.
25
3. Dimensión en la representación de objetos
3.1. Aproximaciones a la idea de representar
En la primera sección del capítulo tres retomamos una de las cuatro interpretaciones
que dimos a la idea intuitiva de dimensión en el primer capítulo. Particularmente,
la interpretación de dimensión como representación y la vinculamos a la idea de la
dimensión intrínseca. En el capítulo uno mencionamos que dicha interpretación po-
día ser entendida como la manera de representar un determinado objeto porque los
resultados de la indagación allí mencionada nos mostraron que las ideas de represen-
tación tienen que ver con mediciones, tamaños, proporciones, etc. Posteriormente,
diferenciamos la dimensión ambiental y la dimensión intrínseca; llegamos al punto
de abrir nuestra mente a dimensiones ambientales superiores a las dimensiones in-
trínsecas de los objetos y tratamos de comunicar la forma en que concebimos estos
posibles mundos en la segunda dimensión y mundos más allá de la tercera dimen-
sión. En este recorrido siempre estuvo inmersa la idea intuitiva de percepción que
podría ser entendida como una representación mental, producto de la visión. Sin
embargo, en este capítulo nos enfocamos en las representaciones externas. Esta sec-
ción pretende abordar lo que puntualmente se entiende por representar, partiendo
desde la necesidad histórica que tuvo el hombre por hacerlo, para luego dar una idea
de representar a partir de los planteamientos de diversos autores.
En primera instancia es importante mencionar que uno de los medios más antiguos
con que ha contado el hombre para poder plasmar y expresar sus ideas es el dibujo.
Mediante este, hemos llegado al conocimiento de las diferentes culturas en sus dis-
tintas épocas. En el origen de un dibujo siempre está inmersa la idea de comunicar
o de mostrar de una u otra forma objetos o sucesos en un determinado momento de
la historia. Para lograrlo, el hombre ha tenido que recorrer un largo camino hasta
el descubrimiento de la fotografía, ya que una de sus mayores dicultades ha sido
describir en supercies planas (bidimensionales), como las paredes de sus cavernas,
el lienzo de los artistas o las cúpulas de las grandes catedrales, los objetos tridimen-
sionales que constituyen nuestro mundo.
Esta dicultad, planteada por la necesidad de representar elmente las característi-
cas de los objetos de tres dimensiones en supercies bidimensionales ha sido resuelta
paulatinamente a través del tiempo, con el empleo de las formas y las sombras, con
una mejor comprensión de la perspectiva y con ayuda de la fotografía. Debido a ello,
las diferentes sociedades y los diversos entornos culturales lograron la representación
de objetos 3D de distintas maneras.
Hasta el momento hemos aludido a la necesidad de representar distintas formas y
objetos que percibimos. Pero no hemos puntualizado teóricamente a qué nos refe-
rimos cuando acudimos al término representar. Respecto a esto, y tomando como
referencia los planteamientos de Ospina (2004), aludimos a que cuando queremos
captar y registrar una imagen 3D mediante una proyección en un plano, estamos
haciendo una representación 2D de esta. La cual consiste en presentar en un plano
26
ante los ojos de otro observador, lo que el primero ha observado. Lo anterior no
nos supone una limitación para extrapolar el ejercicio de representación de objetos
tridimensionales mediante otros objetos tridimensionales como esculturas, tallados,
maquetas, etc.
Es importante mencionar que los medios de representación de objetos tridimensiona-
les en el plano no trasladan a las dos dimensiones la totalidad de las características
de las cosas representadas. Como ya mencionamos, la representación se está haciendo
sobre un plano y por ende estamos limitados a él. Al hacer una representación se bus-
ca delidad con lo que se está representando, pero dicha delidad está notoriamente
disminuida en virtud de que el representante es bidimensional y el representado es
tridimensional; de tal manera que en la representación algo se pierde, bien sea una
vista del objeto, la resolución de este, la escala, etc.
Habiendo dicho lo anterior, queremos centrar nuevamente la atención en la idea de
dimensión y aclarar cómo lo que hemos dicho de representación aporta a ese n.
En el primer capítulo, planteamos diferentes aproximaciones a la idea de dimensión.
Mencionamos que no se dene puntualmente el concepto, sino que las aproximacio-
nes matemáticas determinan las propiedades necesarias para clasicar la dimensión
a la que pertenecen ciertos objetos. Partiendo de ello, podemos clasicar un determi-
nado objeto geométrico en una dimensión a partir de sus características y atributos
particulares. Más allá de la clasicación de determinados objetos geométricos en una
u otra dimensión, el hombre siempre necesitó de un recurso que le diera la posibili-
dad de representar los objetos y poder plasmarlos de manera concreta para trasmitir
a otras personas información sobre los objetos sin tenerlos de manera presencial.
Un ejemplo de este tipo de recursos es la geometría descriptiva. Esta disciplina brin-
da la posibilidad de representar objetos 3D en 2D contribuyendo a resolver complejos
problemas de ingeniería o arquitectura. Permite al constructor, que generalmente no
es el mismo diseñador, hacer representaciones con gran delidad. Pero no queremos
enfocarnos en esas grandes construcciones arquitectónicas, sino más bien queremos
sintetizar la forma en la que el hombre utiliza los medios y los sistemas de repre-
sentación para lograr plasmar un objeto geométrico 3D en 2D o cómo hace para
dibujar en el papel 2D un objeto perteneciente a la cuarta dimensión. Son estas ra-
zones las que hacen que representar cobre tanta importancia. Introducimos la idea
de representar para aludir a la forma en que estamos presentando a otros objetos en
diferentes dimensiones, para comunicar características o propiedades de los objetos
que estamos observando.
3.2. Acuerdos y técnicas para representar objetos geométri-
cos y condiciones para interpretar tales representaciones
En esta sección proponemos un conjunto de acuerdos que contribuyen a representar
objetos geométricos. Transversal a esto, establecemos las condiciones que se requie-
ren para interpretar representaciones de objetos geométricos. Finalmente, ahonda-
27
mos en algunas técnicas puntuales para representar objetos geométricos y en las
implicaciones que conlleva utilizarlas.
3.2.1. Acuerdos para representar
Como mencionamos anteriormente, en esta sección mostramos los acuerdos y condi-
ciones que se deben tener en cuenta al representar o al interpretar representaciones
de objetos geométricos n-dimensionales en espacios de dimensión ambiental n o infe-
riores. Los acuerdos técnicos que mostramos son síntesis de pautas para representar
objetos geométricos de acuerdo a distintas técnicas propuestas por otros autores; aun
así, hacemos referencia a estas pautas como acuerdos para mantener un lenguaje uni-
forme. La clasicación de los acuerdos en contextuales, de notación y dimensionales
es autoría propia, la cual surgió de discusiones entre nosotros, los autores.
Acuerdos contextuales
Imaginemos un observador cuyos antecedentes académicos y experiencias previas le
permiten reconocer algunos objetos geométricos bidimensionales y tridimensionales
como triángulos, cuadriláteros y sólidos e incluso puede diferenciarlos a partir de
características tales como relaciones de congruencia, perpendicularidad, paralelismo
o por la cantidad de vértices, aristas y caras o también por la medida de ángulos
internos. Sin embargo, si dicho observador no conoce las propiedades geométricas
del objeto geométrico llamado simplejo y observa la representación de la Figura 12,
muy seguramente no podrá interpretar o caracterizar tal representación como un
objeto tetradimensional. En vez de eso, en el mejor de los casos, podría pensar que
se trata de una pirámide (irregular y de base cuadrilátera) en donde se evidencian
las diagonales de la base.
Esto, por supuesto, no es problema del observador y tampoco de la representación
misma sino que es asunto del proceso denominado visualización. De acuerdo con
Hershkowitz et al. (1996), la visualización es "la transferencia de objetos, conceptos,
fenómenos, procesos y sus representaciones a algún tipo de representación visual
y viceversa"(p. 163). Es importante mencionar que el objeto mental evocado en la
mente de cada observador a partir del proceso de visualización no tiene por qué ser el
mismo para todos los observadores. De esta manera, un objeto se puede representar
mediante alguna técnica de dibujo en la que se muestren conguraciones geométricas
más simples, de dimensión ambiental menor o igual que el objeto original, las cuales
también están unidas a armaciones matemáticas.
De acuerdo con Duval (1998), la identicación visual de las guras que componen un
dibujo (de objetos 1D, 2D o 3D en 2D) se basa en leyes de organización perceptiva; y
estás guras pueden representar objetos reales o netamente matemáticos. La correc-
ta interpretación de estas guras hace que el observador pueda ver matemáticamente
el objeto al que alude la representación, lo cual se entiende como aprehensión. Según
Duval (1998), existen tres tipos de aprehensión: perceptiva, discursiva y operativa.
28
La aprehensión perceptiva se considera como la identicación global de una represen-
tación que el observador puede caracterizar a partir de lo que ve. Así, por ejemplo,
la representación mostrada en la Figura 14 puede ser vista como la representación
de un objeto geométrico (un cuadrado, un rectángulo, un paralelogramo, un plano,
etc.), como el techo de una habitación o incluso como cuatro segmentos dibujados
en el papel. Todas estas interpretaciones son válidas para un tipo de aprehensión
perceptiva.
Figura 14: Representación de ejemplo
La aprehensión discursiva es la acción cognitiva que asocia una representación con
un enunciado o armación matemática tal como deniciones, propiedades, relacio-
nes, etc., la cual se puede presentar de dos maneras.
Por una parte, se puede acompañar la representación hecha con un enunciado, bien
sea oral o escrito, que amplíe información sustancial sobre el objeto al que alude
la representación. Por ejemplo, si en el momento de realizar la representación de
la Figura 14 se le asocia el enunciado: considere el siguiente cuadrado, el observa-
dor constituirá una imagen mental de lo que signica para este un cuadrado. Por
supuesto, el observador necesita conocer lo que es un cuadrado, bien sea por sus
propiedades o por la apariencia del mismo. De lo contrario, incluso con la asociación
de una armación matemática, la interpretación del objeto puede verse afectada.
La otra manera en la que se presenta la aprehensión discursiva consiste en partir
directamente de la armación matemática; esta evoca al observador una imagen
mental del objeto que se quiere representar; y desde luego, esta imagen no será
igual para cada observador. Es decir, llamamos aprehensión discursiva a la acción
de realizar una representación a partir de una armación matemática resaltando las
propiedades, deniciones o relaciones matemáticas declaradas en el enunciado.
Consideremos el siguiente ejemplo de enunciado que se le propone a un estudiante:
Un albañil apoya una escalera de 5 metros contra un muro vertical. El pie de la
escalera está a 2 metros del muro. Calcula la altura a la que se encuentra la parte
superior de la escalera.
Aquí, la aprehensión discursiva consiste en realizar una representación que dilucide el
anterior enunciado atendiendo a las características matemáticas relevantes (Figura
15, a) y no a la situación misma (Figura 15, b).
29
Figura 15: Aprehensión discursiva
Torregrosa y Quesada (2007). Versión digital en https://bit.ly/2yxPl7P
Por último, y consecuente al anterior tipo de aprehensión, cuando el observador ne-
cesita dar respuesta a algún problema geométrico, llamamos aprehensión operativa
a la modicación visual como ayuda para resolver dicho problema. Es decir, si el
observador realiza trazos auxiliares en la representación dada con el n de esclarecer
relaciones o propiedades matemáticas o descompone una conguración y recompone
la pieza de otra manera, consideramos que se está realizando una aprehensión ope-
rativa.
En síntesis, para que un observador pueda interpretar una representación es nece-
sario que este posea un contexto apropiado que le permita hacerse una idea mental
del objeto representado. En caso de no disponer de dicho contexto, la representación
tiene que ir acompañada de un enunciado que facilite al observador la aprehensión de
la representación y así pueda interpretar correctamente la representación. Aunque
existen otras ayudas visuales que contribuyen a la interpretación de representaciones
geométricas, como veremos en seguida.
Acuerdos de notación
No todo lo que se ve es. La frase anterior, fue una de las primeras que nos mencio-
naron en la clase de geometría al comenzar la universidad. Con el paso de los años
nos hemos dado cuenta que dicha frase quedó acuñada en nosotros y que es mo-
mento de retomarla. Una habilidad sustancial para el trabajo en distintos ámbitos
geométricos es poder descongurar o recongurar una determinada gura. Es decir,
poder mitigar alguna información inicial de la gura mediante un proceso mental,
para de ese modo centrarse en lo que realmente queremos ver, poder extraer lo
relevante y trabajar con ello.
Ahora bien, no podemos dejar de lado que cuando trabajamos en geometría, debe-
mos ser cuidadosos con las inferencias que obtenemos tan solo con la observación.
Muchas veces y en muchos momentos cometimos el error de armar que un deter-
minado ángulo era recto por el simple hecho de verlo así. También aseveramos que
30
dos rectas serían paralelas porque visualmente no se intersecaban, pero resulta que
lo hacían. En este momento era que constantemente se nos recalcaba No todo lo
que se ve es.
Mediante el uso de un programa de geometría dinámica podemos realizar diversas
exploraciones de algunas guras geométricas y de ese modo determinar sus pro-
piedades para ahora sí, armar con seguridad, que dicho ángulo es recto o que las
rectas son paralelas. Sin embargo, el uso de la geometría dinámica no es la única
forma en que se garantizan ciertas propiedades de los objetos geométricos. Muchas
veces, lo que nos garantiza el cumplimiento de una determinada característica de
un objeto es la notación. En diversos momentos durante nuestra formación vimos
representaciones en el tablero, en hojas y cuadernos, en que el triángulo no parecía
ser rectángulo, bien sea porque el ángulo recto no se veía así, porque los segmen-
tos estaban algo curveados por la falta de pulso de quien los dibujó o por diversos
factores que dejamos de lado al ver la notación de la representación en la Figura 16.
Figura 16: Triángulo rectángulo
Al observar la representación junto con su notación rápidamente dejamos de lado
las falencias que pueda presentar la representación y para todos es claro que es un
triángulo rectángulo a pesar de no verlo de esa forma.
Lo anterior, es un ejemplo de la importancia que tiene la notación cuando realizamos
una representación geométrica; es a partir de la notación que podemos garantizar
el cumplimiento de una determinada característica en la representación sin llegar
a una conclusión no válida de la misma. En las representaciones geométricas, hay
notaciones para garantizar la congruencia entre dos segmentos (Figura 17, a) o entre
dos ángulos (Figura 17, b).
Figura 17: Notación de congruencia en una representación
31
También hay acuerdos para garantizar que dos rectas son paralelas (Figura 18, a) o
de nuevo para aludir a un ángulo recto y por ende a rectas perpendiculares (Figura
18, b).
Figura 18: Notación de rectas paralelas y rectas perpendiculares
Lo anterior, son a grandes rasgos algunos de los acuerdos de notación geométrica con
los que contamos, que nos dan por hecho el cumplimiento de determinadas carac-
terísticas en una representación. Dichos acuerdos de notación se han desarrollado y
aceptado con el paso de los años para representar objetos de la geometría euclidiana.
Queremos resaltar que hay muchos más acuerdos ligados a la notación; por ejemplo,
aceptar que dos segmentos se intersecan en un único punto por el simple hecho de
estarlo viendo. También está el caso de aceptar que dos ángulos son opuestos por el
vértice, que tres o más puntos son colineales, que existe un ángulo, apoyados siem-
pre en la razón anterior, que es la representación. Con esto, es posible armar que
hay objetos geométricos que se aceptan por el simple hecho de verlos en la repre-
sentación pero hay otros, para los que la notación cobra una importancia particular
para no llegar a conclusiones no ciertas, ya que aunque la representación de los obje-
tos no se vea como esperamos, mediante la notación podemos garantizar que son así.
Acuerdos dimensionales
La representación de un objeto geométrico, como ya se ha mencionado, tiene como
objetivo comunicar a un observador las características geométricas que caracterizan
dicho objeto. Entre estas podemos encontrar la dimensión ambiental a la que per-
tenece el objeto geométrico representado.
Si se pretende representar objetos n-dimensionales en espacios de dimensión ambien-
tal n, se dibujan de tal manera que las características propias del objeto resalten y
puedan ser percibidas visualmente. Es decir, un cuadrado se representa en un plano
de tal manera que, aparentemente, los ángulos sean rectos y los segmentos congruen-
tes. Sin embargo, representaciones como la Figura 14 también son aceptadas siempre
y cuando disponga, como se mencionó anteriormente, de un enunciado que permita
la aprehensión discursiva o de la respectiva notación. Este tipo de representaciones
en las que las propiedades geométricas del objeto representado no son identicables
por el ojo humano únicamente, sugieren al observador que el representador estaba
en un lugar exterior a la dimensión en la que yace el objeto representado.
32
Por ejemplo, para nosotros, seres tridimensionales, resulta fácil reconocer y repre-
sentar un cuadrado en distintas posiciones. Por su puesto, nos referimos a posiciones
como los lugares desde donde podemos ver el cuadrado y no a distintos lugares en
los que puede estar tal cuadrado; pues un cuadrado es un cuadrado independiente
de su posición (girado o inclinado con respecto a una recta en el plano). Esto sucede
porque somos seres que habitamos en una dimensión ambiental superior a la dimen-
sión ambiental del objeto representado, lo cual nos permite percibir dicho objeto
desde distintos puntos de vista.
Ahora, al realizar representaciones de objetos n-dimensionales en espacios de dimen-
siones ambientales inferiores a n para interpretarlas es necesario atender al siguiente
acuerdo. Es necesario recordar al lector que los objetos de los que estamos hablan-
do corresponden a aquellos que poseen propiedades geométricas características en
todas sus componentes (un cubo y la perpendicularidad entre caras o un rombo y
la congruencia entre segmentos) y no a aquellos objetos geométricos que no poseen
ninguna propiedad geométrica característica (sólidos irregulares). Esto lo contem-
plamos por cuestiones netamente explicativas.
En primera instancia, cualquier representación debería incluir la mayor cantidad de
partes del objeto (vértices, aristas, caras, etc.). En caso de que una representación
superponga partes u oculte algunas de estas, la interpretación se verá inmediatamen-
te viciada por la cantidad de información percibible. Ahora, siguiendo la anterior
recomendación, la dimensión ambiental en la que habita el objeto representado se
identica en la representación por aquellas partes que, visualmente violan alguna de
las propiedades características del objeto. Por ejemplo, en la representación de un
cubo en un plano, las aristas que comparten un mismo vértice deberían verse per-
pendiculares entre sí pero una de éstas viola visualmente dicha perpendicularidad.
Si el observador asume que la perpendicularidad se mantiene pese a esta violación,
entonces se dice que tal segmento está en la tercera dimensión.
De manera general, el anterior acuerdo sugiere que en caso de que se asuma que
una parte del objeto representado conserva y mantiene una determinada propiedad
geométrica pese a que visualmente la viole, quiere decir que esa parte del objeto no
pertenece a la dimensión ambiental del espacio de representación. En la siguiente
sección retomamos este acuerdo considerando la representación de un teseracto en
el espacio.
Este acuerdo es manejable siempre y cuando la representación implique un solo salto
dimensional. Es decir, cuando el objeto representado es n-dimensional y el espacio de
representación es de dimensión ambiental n − 1, como por ejemplo representaciones
de objetos 4D en 3D, 3D en 2D o 2D en 1D. Pero cuando la representación implica
dos o más saltos dimensionales ( e.g. 4D en 2D o 3D en 1D), la interpretación de esta
adquiere un nivel de complejidad más alto porque hay que discernir las dimensio-
nes ambientales a las cuales pertenecen determinadas partes del objeto representado.
33
A continuación, mostramos distintas técnicas para representar en las cuales esclare-
cemos los acuerdos técnicos puntuales para representar y retomamos algunos de los
acuerdos mencionados en esta sección.
3.2.2. Técnicas para representar
Para orientar al lector en la organización de las ideas mediante las cuales mostramos
distintas técnicas para representar, le sugerimos pensar en una escalera dimensional,
en donde cada escalón representa una dimensión. Empezamos mostrando las repre-
sentaciones desde el escalón de la cuarta dimensión y luego iremos descendiendo
escalón por escalón. En cada escalón, ponemos en maniesto distintas representa-
ciones posibles y la caracterización de las mismas. Es decir, en cada escalón nos
detendremos a mirar hacia la dimensión correspondiente al escalón y hacia dimen-
siones inferiores.
Ob jetos n-dimensionales en espacios n-dimensionales
Tratemos de representar un teseracto en la cuarta dimensión, el cual, como se men-
cionó en el capítulo 1, es el objeto geométrico 4D análogo al cuadrado 2D y al cubo
3D. En la cuarta dimensión, en la cual existe naturalmente el teseracto, no supone-
mos que haya problemas para representarlo. Similarmente, en el espacio tridimensio-
nal podemos representar sólidos por medio de esculturas, tallados, impresiones 3D,
etc. De la misma manera y como ya asumimos en el capítulo anterior, los objetos
bidimensionales podrían ser representados en un espacio bidimensional. En general,
la representación de un objeto que pertenezca a una dimensión ambiental n en un
espacio cuya dimensión ambiental también sea n, se hace mediante la recreación del
objeto por algún proceso similar a lo que en la tercera dimensión conocemos como
esculpir, moldear, diseñar o imprimir en 3D.
Ob jetos 4D en 3D
Generalmente un teseracto se representa de dos maneras en la tercera dimensión.
Una, mediante secciones tridimensionales que vemos de un teseracto al atravesar
nuestro espacio 3D. Estas no componen la representación del teseracto por sí solas
(Figura 19). Esto es un problema porque no nos dan una idea clara de las caracte-
rísticas geométricas del teseracto. En vez de eso, solo nos muestran algunas partes
o secciones de este. Otra forma de representación consiste en sumergir la estructura
de un cubo en agua enjabonada y luego, retirarla del agua. Se forman caras de jabón
que se deforman y curvan hacia el interior por la presión atmosférica, creando así
un cubo de jabón dentro del cubo de la estructura. Esta disposición del cubo den-
tro del cubo es una representación del teseracto (Figura 20). Esto es porque, como
mencionamos anteriormente en los acuerdos dimensionales, una de las 4 aristas orto-
gonales que comparten uno de los vértices de un teseracto está visualmente violando
la ortogonalidad. Esta representación, es realizada por Antón Aubanell, profesor de
Didáctica de las Matemáticas de la Universidad de Barcelona.
34
Figura 19: Secciones de teseracto atravesando al espacio tridimensional.
https://youtu.be/k1NM7r1wvrQ
Figura 20: Representación de un teseracto hecha con jabón.
https://youtu.be/lmkCjeEjVbo
Un argumento que apoya que dicha representación corresponde a un teseracto corres-
ponde al hecho de que el material de las caras permite percibir las aristas internas de
la representación, tal cual como lo planteamos en el capítulo anterior con el Cuadra-
do A, cuando observaba la representación del cubo. Lo anterior no supone decir que
para visualizar objetos de la cuarta dimensión en un espacio tridimensional baste
con tener visión que traspase objetos tridimensionales. En vez de eso, pretendemos
resaltar el acuerdo dimensional que hace que las aristas que están en el interior del
cubo evoquen al observador la sensación de que son objetos que están dentro de la
cuarta dimensión. Esto sucede porque una de las 4 aristas que comparten un mismo
vértice del teseracto, las cuales son perpendiculares entre sí, viola visualmente dicha
perpendicularidad. Este mecanismo es análogo a la forma como representamos un
sistema coordenado tridimensional en un espacio bidimensional y dibujamos uno de
los vectores inclinado para indicar que está en la tercera dimensión.
35
Ob jetos 4D en 2D
Para representar el teseracto en la segunda dimensión, Rucker (1977) propone una
posible ruta en la que subyace una relación intrínseca entre objetos de diferentes
dimensiones, mediante la extensión. Se toma un punto cuya existencia yace en la
dimensión cero o 0D, pues este no tiene ningún atributo medible y no ocupa espacio
alguno (Figura 21, a). Se dibuja una imagen del punto una unidad a la derecha y
se une el punto original y la copia para determinar un segmento 1D (Figura 21,
b). Luego se dibuja una imagen del segmento hacia abajo una unidad, conectando
los extremos del segmento original con la imagen, produciendo así un cuadrado 2D
(Figura 21, c). Ahora se dibuja una imagen del cuadrado una unidad hacia más allá
del papel, uniendo los vértices respectivos obteniendo así un cubo 3D (Figura 21,
d). Acá, el segmento diagonal, representa la dirección más allá -más acá, del papel.
Figura 21: Posible ruta para representar objetos n-dimensionales en 2D
Tomado de Rucker (1977)
Se podría intentar representar la cuarta dimensión en el plano mediante un segmen-
to que sea perpendicular a los segmentos que están en las direcciones que el papel
permite y también a la dirección más allá-más acá del papel. De esta manera, se
puede continuar la ruta sugerida dibujando una imagen del cubo una unidad hacia
la dirección de la cuarta dimensión y uniendo los vértices respectivos, obteniendo
así una representación 2D del teseracto (Figura 22).
Figura 22: Representación de una teseracto en 2D.
36
Teniendo en cuenta que todas las imágenes que se dibujaron fueron a una unidad,
independientemente de la dirección, valdría la pena preguntarse: ¾Por qué los seg-
mentos diagonales de la Figura 21 tienen notablemente menor longitud que los demás
segmentos? Y, ¾por qué los segmentos que están en dirección de la tercera y cuarta
dimensión tienen igual longitud que los demás segmentos en la gura 22? De acuerdo
con Gaulin y Puchalska (1987, citado en Gutiérrez, 1998), hay convenciones para
representar objetos tridimensionales que incluyen decidir qué segmentos se trazan a
paralelos, congruentes, etc.
Ob jetos 3D en 2D
El trabajo realizado por Gutiérrez (1998) se orienta a la representación de los só-
lidos más utilizados en clase de matemáticas o de geometría, como lo son: cubos,
pirámides, prismas, multicubos, etc. Propone distintos tipos de representación de
los objetos ya mencionados. Por ejemplo, para representar estructuras de cubos
propone cinco tipos de representación (Figura, 23). Por supuesto que cualquier re-
presentación que se utilice tiene sus ventajas y desventajas sobre otras técnicas para
representar. Cabe resaltar que algunas de estas técnicas resultan obsoletas al tratar
de representar ciertos objetos porque son limitadas (un sólido con más de un nivel
de profundidad mediante la representación por niveles) o no resaltan las propieda-
des geométricas características del objeto representado (un tetraedro mediante la
proyección paralela).
Figura 23: Representaciones propuestas por Gutiérrez.
Tomado de Gutiérrez (1998)
En la Figura 23, Gutiérrez (1998) realiza la representación de un mismo sólido
usando diferentes técnicas para representarlo. Nos enfocaremos en cada una de las
37
técnicas de representación para dilucidar los acuerdos inmersos en cada técnica.
Proyección perspectiva
Según Blanco (2009) La perspectiva es una técnica que se encarga de proyectar obje-
tos tridimensionales sobre una supercie plana, con el objeto de recrear la ubicación
relativa y la profundidad de dichos objetos. Fue desarrollada por los artistas desde
el siglo XIV para dar la sensacion espacial a nivel visual. Da la ilusión óptica de
profundidad lograda a través de líneas que llegan a un mismo punto. Geométrica-
mente, estas representaciones se obtienen a partir de la intersección de un plano (el
plano del dibujo) con un conjunto de líneas visuales (las rectas o rayos que unen los
puntos del objeto representado con el punto desde el que se observa (denominado el
punto de fuga).
Hay distintas maneras de realizar una representación en perspectiva (Figura 23, a);
por ejemplo, tomando como referencia uno o más puntos de fuga. Si solo se tiene un
punto de fuga la ilusión óptica de profundidad se genera a través de las líneas que
llegan a un mismo punto (Figura 24).
Figura 24: Perspectiva con un punto de fuga
La perspectiva con dos puntos de fuga, parte del hecho que los puntos pueden ubi-
carse arbitrariamente en el horizonte. Se suele usar para dibujar los mismos objetos
que se representan en una perspectiva de un punto, pero cuando están rotados. Por
ejemplo, al observar hacia la esquina de una casa, uno de los puntos de fuga repre-
senta un conjunto de líneas rectas paralelas, y el segundo representa otro. Vistas
desde una esquina, las aristas horizontales de una de las paredes de una casa conver-
gerían hacia un punto de fuga, mientras que las de la otra pared se dirigirían hacia
el punto de fuga opuesto.(Figura 25)
38
Figura 25: Perspectiva con dos puntos de fuga
Como se dijo anteriormente, la forma de representación que parece ser más el a la
realidad y que por lo tanto es más utilizada en el diseño gráco de cuerpos geométri-
cos, es la representación en perspectiva. Esta forma de representación no es sencilla
y así como en la historia de la humanidad llevó siglos el dominio de sus técnicas, y
necesitó de la construcción de conocimientos matemáticos de la geometría proyec-
tiva, también requiere de habilidades para su utilización por parte de los estudiantes.
Proyección paralela
La proyección paralela es un sistema para representar objetos tridimensionales en
un plano. Al realizar una representación mediante esta técnica, las líneas paralelas
se dibujan siempre como paralelas, independientemente de cuál sea su dirección y
longitud. Lo anterior puede entenderse como un acuerdo técnico puntual que atañe
a este tipo de representación.
Existen dos tipos de proyección paralela: ortogonal u oblicua. En la ortogonal se
proyectan los puntos perpendicularmente con respecto al plano de proyección. La
oblicua (Figura 23, b) pretende representar el objeto con las características visuales
más próximas a como lo percibimos pero respetando el acuerdo mencionado ante-
riormente.
Este tipo de representación encuentra sus limitaciones al representar objetos que no
posean paralelismo alguno entre sus partes. Además, si la representación no cuenta
con un apropiado contexto que la respalde ni con la respectiva notación geométrica
para objetos paralelos, no podrá comunicar al observador las características propias
del objeto representado. Esta es una condición necesaria y trasversal a cualquier
técnica de representación.
39
Proyección isométrica
Este es un caso particular de la proyección paralela, en la que, además de mantener
el paralelismo entre partes paralelas, los cubos están situados de tal forma que las
tres aristas que se intersecan en un determinado vértice se dibujan con la misma
longitud y forman ángulos de 120° (Figura 23, c). Este es un acuerdo técnico para
este tipo de representación en el que también cobra sentido el acuerdo dimensional
mencionado sobre partes del objeto representado que violan visualmente una deter-
minada propiedad geométrica.
La isometría es una de las formas de proyección que tiene la ventaja de permitir la
representación a escala pero la desventaja de no reejar la disminución aparente del
tamaño (proporcional a la distancia que percibe el ojo humano). Esta desventaja
permite representaciones de objetos que pueden resultar paradójicos, en los que la
altura y la profundidad son difíciles de determinar, como la escalera de Penrose (Fi-
gura 26).
Figura 26: Escalera de Penrose
Tomado de https://bit.ly/2cMoxE2
Esta técnica provee las bases para lo que se conoce como dibujo isométrico o, en
términos de Gutiérrez (1998), representación por niveles, como se verá más adelante.
Proyección ortogonal codicada
La proyección ortogonal codicada, mantiene la información sobre la estructura de
los cuerpos (cantidad de elementos, posiciones relativas, etc.), pero la representación
pierde su aspecto visual similar a la representación de sólidos mediante técnicas co-
mo la perspectiva, la proyección paralela o la isométrica. La proyección ortogonal
añade algún tipo de código para indicar la cantidad de cubos que se encuentran en
la gura dependiendo desde dónde se esté observando.
Centrando la atención en la Figura 23,(e). podemos dilucidar los códigos inmersos
en la proyección ortogonal codicada. Inicialmente, se realizan las tres vistas del
40
sólido. En estas se evidencian las posiciones relativas de los cubos y se enfatiza en
que los números que aparecen en la representación indican cuántos cubos hay en
cada línea perpendicular al observador.
Proyección mediante vistas del sólido
Para explicar esta representación partimos de la idea de Hawk (1991), quien arma
que con las representaciones mediante varias vistas lo que se busca es dar a entender
una disposición lógica de dos o más vistas ortogonales de un objeto tridimensional.
Se denominan vistas principales de un objeto, a las proyecciones ortogonales de este
sobre seis planos, dispuestos en forma de cubo. Otra manera en que podemos denir
las vistas es a partir de las proyecciones ortogonales de un objeto, según las distintas
direcciones desde donde lo estemos observando.
Si situamos un observador según las seis direcciones indicadas por las echas, obte-
nemos las seis vistas posibles de un sólido (Figura 27).
Figura 27: Vistas de un sólido
Es importante mencionar que todas las vistas están relacionadas entre sí. Como
aludimos previamente, las vistas dan a entender la disposición lógica del sólido que
están representando. Por lo que, la relación entre determinadas vistas tiene lugar
cuando dos de estas son proyectadas sobre planos de imagen perpendiculares entre
sí. ¾Qué quiere decir esto? Pues bien, inicialmente entendemos disposición lógica
como uno de los primeros acuerdos contextuales que se tienen para representar sóli-
dos tridimensionales en un plano. Esto nos indica que no podemos dibujar las vistas
de una forma aleatoria, sino que es necesario seguir el orden que se ha estipulado
para la ubicación de las vistas. De modo que, al dibujar las vistas, otra persona dis-
tinta a quien hace la representación del sólido pueda unirlas como un rompecabezas,
41
y al verlas no solo vea vistas independientes sino que se logre una representación
mental y gráca del sólido.
Teniendo lo anterior como referencia, la idea de dimensión en este tipo de represen-
taciones está centrada fundamentalmente en dos aspectos. El primero, en hacer una
trasposición de las cualidades del espacio en donde habitan los objetos. El segundo,
en traducir en representaciones bidimensionales los diferentes lugares desde donde
podemos observar un determinado sólido. Así, quien observe la representación pue-
de, paulatinamente, desarrollar su capacidad espacial mediante el ejercicio de pasar
del solido a las vistas isométricas o viceversa, entendiendo la dimensión a la que
pertenece el sólido y la dimensión a la que pertenece su representación.
Otro de los aspectos relevantes para la disposición de las diferentes vistas sobre el
papel, es que se pueden utilizar al menos dos variantes de proyección ortogonal de
igual importancia entre sí. Estas son (Figura 28):
Método de proyección del primer diedro o también denominado método Euro-
peo.
Método de proyección del tercer diedro o también denominado método Ame-
ricano.
Figura 28: Sólido isométrico
http://www.dibujotecnico.com/obtencion-de-las-vistas-de-un-objeto/
En aras de ejemplicar y puntualizar las diferencias de cada uno de los métodos de
proyección, vamos a usar el mismo sólido de la Figura 27 para las dos proyecciones.
En ambos métodos, el sólido está dispuesto dentro de un cubo, sobre cuyas seis
caras, se realizarán las correspondientes proyecciones ortogonales.
En la Figura 28 se puede evidenciar que hay un ojo tanto en el sistema europeo
como en el sistema americano. Este se dispuso allí para puntualizar en la diferencia
42
entre los dos sistemas. La diferencia estriba en que, mientras en el sistema europeo,
el objeto se encuentra entre el observador y el plano de proyección, en el sistema
americano, es el plano de proyección el que se encuentra entre el observador y el
objeto.
Hasta el momento, hemos realizado las proyecciones ortogonales de cada una de las
vistas del sólido sobre las seis caras de cubo respectivamente. Es por lo anterior, que
el cubo recibe el nombre de cubo de proyección. Al querer plasmar en un solo plano
cada una de las caras del cubo de proyección (Figura 28) las posiciones relativas de
las vistas cambian su ubicación dependiendo del sistema en el que se esté trabajando.
Por ejemplo, la vista principal del sólido, vista A, cambia su ubicación sobre las
caras de cubo dependiendo de los sistemas de proyección.
Figura 29: Desarrollo plano del cubo de proyección
http://www.dibujotecnico.com/obtencion-de-las-vistas-de-un-objeto/
A raíz de lo anterior y al plasmar cara una de las caras del cubo sobre un único
plano se deriva la siguiente disposición de vistas para cada uno de los sistemas.
Figura 30: Vistas del sólido isométrico en el cubo de proyección
http://www.dibujotecnico.com/obtencion-de-las-vistas-de-un-objeto/
Como se puede observar en las guras anteriores, existe una correspondencia obli-
gada entre las diferentes vistas. Estas se relacionan de la siguiente forma:
43
El alzado, la planta, la vista inferior y la vista posterior, coincidiendo en an-
churas.
El alzado, la vista lateral derecha, la vista lateral izquierda y la vista posterior,
coincidiendo en alturas.
La planta, la vista lateral izquierda, la vista lateral derecha y la vista inferior,
coincidiendo en profundidad.
Ahora bien, haciendo uso de la geometría descriptiva Girón de León (1991) ar-
ma que todo sólido tiene longitud, altura y profundidad. Por lo que la proyección
en un solo plano no será suciente, ya que allí tan solo aparecen su largo y altura
(denominado plano vertical). Para que aparezca la tercera dimensión, es decir la
profundidad, es necesario proyectarlo sobre otro plano (plano horizontal). Basando
en lo anterior, Girón de León (1991) arma que son tan solo tres las vistas o pro-
yecciones fundamentales que se requieren para poder hacer la composición lógica de
determinado sólido.
En la Figura 31, a. podemos observar el sólido que se está trabajando. Girón de
León (1991) armar que tan solo son necesarias tres vistas (Figura 31, b) para que
una persona que no ha visto el sólido pueda hacerse una composición mental a partir
de las vistas y logré pasar de las vistas al sólido o viceversa.
Figura 31: Proyecciones fundamentales
Tomado de Girón De León (1991)
Proyección estereográca
Existe otra forma para representar objetos tridimensionales en el plano, mediante
bases de geometría proyectiva y la representación en perspectiva: la proyección este-
reográca. En esta, se proyectan puntos que pertenecen a una esfera en un plano que
es tangente a la esfera. Las rectas de proyección parten de un punto llamado foco
que está situado en el punto diametralmente opuesto al punto de intersección de la
esfera y el plano de proyección (Figura 32). Esto implica que todos los puntos de la
44
esfera tienen una proyección en el plano salvo el foco, el cual tiene su proyección en
el innito (Rucker, 1977).
Figura 32: Proyección estereográca.
Al circunscribir sólidos dentro de la esfera de proyección y efectuar la proyección
estereográca, se pueden obtener las respectivas representaciones estereográcas de
dichos sólidos. Hay que tener en cuenta que, si se rota la esfera, el punto focal per-
manecerá en la misma ubicación: en el lugar diametralmente opuesto al punto de
intersección de la esfera y el plano de proyección. Sin embargo, no basta con que los
sólidos estén circunscritos sino que estos deben estar además "proyectados"desde el
centro de la esfera hacia la esfera. Para entender mejor la idea anterior, imaginemos
que inamos tanto un sólido hasta el punto de deformarlo y volverlo similar a una
pelota de fútbol. Consideremos puntualmente el sólido llamado dodecaedro, el cual
es un sólido de 12 caras (Figura 33).
Figura 33: Dodecaedro
https://es.wikipedia.org/wiki/Dodecaedro
Para interpretar las representaciones estereográcas de un dodecaedro que mostra-
mos a continuación (Figura 34), sugerimos al lector tener en cuenta tres aspectos
45
importantes. Primero, el lugar desde el cual el observador percibe las representa-
ciones está en un punto que pertenece a la recta que determina el foco y su punto
diametralmente opuesto; y por supuesto, en el exterior de la esfera. Segundo, el sóli-
do circunscrito puede rotar dentro de la esfera, causando así que se generen distintas
representaciones del mismo objeto. Por último, el tercer aspecto está relacionado con
la frontera de la representación. Esta frontera, aunque en la Figura 34 es rectangular,
no está limitada a esta forma. En realidad, no existe ninguna forma que delimite la
representación estereográca, pese a que la circunferencia parezca la más apropiada.
Esto es porque la proyección del foco yace en el innito. Por eso, sugerimos al lector
interpretar la frontera de la representaciones de la Figura 34 como una limitación
netamente de forma y no como parte misma de la representación, pues en realidad
su frontera debería corresponder a la proyección del foco: en el innito. Esto último
constituiría una condición fundamental para interpretar representaciones estereo-
grácas.
Figura 34: Dos representaciones estereográcas del dodecaedro.
https://youtu.be/6ijTDOKEhVQ
Para hacernos una idea de lo complicado que es para entes bidimensionales carac-
terizar objetos 3D mediante representaciones 2D, a continuación mostramos dos
representaciones estereográcas de 2 sólidos, de los cuales no diremos su nombre,
para que el lector experimente por sí mismo (Figura 35). La dicultad se aprecia
incluso con la enorme ventaja de observar la representación desde un lugar exterior
al plano bidimensional donde yace la representación. He aquí una pista: todas y
cada una de las caras de los sólidos tiene un color diferente. Pruebe a contar la can-
tidad de colores que se aprecian en cada representación para determinar los sólidos
representados.
46
Figura 35: Representaciones estereográcas de dos sólidos.
https://youtu.be/6ijTDOKEhVQ
Como se habrá imaginado, las representaciones corresponden a un cubo (izquierda)
y a un icosaedro (derecha). Sin embargo, y dotando de la rigurosidad que hemos
mostrado en términos de los acuerdos, lo máximo que podemos asegurar a partir
de dichas representaciones es que aluden a un sólido de 6 y 20 caras, respectivamente.
Ob jetos 4D, 3D y 2D en 1D
Antes de mostrar una posible forma de representar objetos 4D, 3D o 2D en un
espacio dimensional 1D, es adecuado alertar al lector que resulta más complejo ca-
racterizar las representaciones hechas que hacer las representaciones en sí. Por tanto,
la siguiente forma de representar, la cual está basada en proyecciones, es complejo
de interpretar para nosotros los seres tridimensionales, a quienes se nos diculta en
gran medida concebir la forma en que entes bidimensionales perciben su mundo.
Ahora imagínese el aprieto que sería imaginar la forma en que perciben seres unidi-
mensionales su entorno. Veamos de qué se trata tal forma si tratamos de representar
un cubo en un espacio unidimensional. Para ello, basta con proyectar (mediante una
proyección ortogonal) la representación ya hecha en un espacio unidimensional, di-
gamos una recta (Figura 36). Lo mismo sucedería para cualquier objeto geométrico.
Figura 36: Representación de un cubo en un espacio unidimensional.
47
Resulta bastante complejo interpretar la representación unidimensional de un objeto
tridimensional, pues tal representación es un segmento conformado por más segmen-
tos que son producto de la proyección realizada.
Finalmente, faltaría representar cualquier objeto geométrico que pertenezca a una
dimensión ambiental superior a 0 en un espacio 0D. Como en espacios 0D solo exis-
ten los puntos, no cabe duda de que la representación de cualquier objeto debe ser
también un punto. Sin embargo, resulta aún más complejo pensar en este espacio.
Quizá los espacios 0D solo admiten la existencia de entes solitarios, únicos y absolu-
tos, pero esto ya es una cuestión losóca que se sale de lo que pretendemos mostrar.
Así pues, hemos mostrado distintas formas de representar objetos pertenecientes a
dimensiones ambientales n en espacios de dimensión ambiental inferiores a n; hace-
mos énfasis en los acuerdos técnicos y las condiciones que debería tener en cuenta
un observador al representar un objeto y al interpretar una representación de un
objeto geométrico. A continuación, resumimos los acuerdos contextuales, de nota-
ción y dimensionales que recomendamos se deberían tener en cuenta al representar
y caracterizar representaciones de objetos geométricos (Tabla 2).
48
Tabla 2: Acuerdos contextuales, de notación y dimensionales para representar y
caracterizar representaciones.
49
4. Conclusiones
Al realizar una indagación sobre el concepto de dimensión en matemáticas, cuyo uso
se presenta intuitiva e indiscriminadamente, podemos evidenciar que aunque exis-
tan varias aproximaciones desde distintos enfoques matemáticos, sigue sin haber un
consenso sobre su denición puntual. Sin embargo, al abordar la idea de dimensión
desde las tres interpretaciones propuestas, es posible tener un panorama más amplio
de su signicado y de las limitaciones que impone a objetos matemáticos y a la
existencia de posibles entes de otras dimensiones.
Considerar mundos de dimensiones superiores o inferiores a la nuestra y tratar de
describir la forma en que posibles entes que habiten dichos mundos conciben su
entorno, nos hace enfrentarnos a un panorama diferente, en el que tenemos que de-
jar de lado nuestros prejuicios dimensionales para tratar de entender algo que no
está al alcance de nuestros ojos, ni de nuestros sentidos, pero sí al alcance de nues-
tra imaginación. Podemos seguir pensando y creando nuevos entes dimensionales,
describiendo la forma en que entienden su entorno, pero tenemos claro que nunca
estaremos seguros de que esto sea así, siendo esto lo que buscamos: imaginar, inno-
var, aprender, crear y fallar.
Consideramos como futuros maestros que la representación es un punto clave para
mediar el conocimiento que se desarrolle en el aula. En tanto una representación evo-
que la mayor cantidad de información de la mejor manera, los estudiantes podrán
interpretar y aprehender la idea que se quiere comunicar. Por esto, es importante
tener en cuenta los acuerdos propuestos al momento de representar un determina-
do objeto ante nuestros estudiantes, pues esto facilitará el proceso de enseñanza y
aprendizaje en tanto la aprehensión de información será más asequible.
Por último, creemos que es pertinente hacer un llamado a los profesionales de educa-
ción básica y media para institucionalizar y curricularizar el concepto de dimensión,
pues este puede ser interpretado desde distintos enfoques matemáticos presentes a
lo largo de la vida académica de los estudiantes.
50
Referencias
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España: Torre De Viento.
[2] Badajoz.(2018). Apuntes de Teoría de la Medida Volumen 2.
[3] Blanco (2009).Representaciones grácas de cuerpos geométricos. Un análisis
de los cuerpos a través de sus representaciones (Tesis de Maestría). Instituto
Politécnico Nacional, México.
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de las magnitudes lineales. Editorial Sintesis. Madrid.
[5] Colerus, E. (1962). Del punto a la cuarta dimension: Una geometría para todos.
(Tr. Carreras, S.) Barcelona: LABOR (1944).
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