N° de Expediente: 97-1971 N° de Sentencia: 240
Tema: Difamación
Materia: Derecho Penal
Asunto: Concepto. Honorabilidad Objetiva y Subjetiva. Honor y Reputación.
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Viernes, 25 de Febrero de 2000
PROCTER & GAMBLE DE VENEZUELA, C.A
La difamación es un delito que atenta contra la honorabilidad de las personas
en dos aspectos: subjetivo y objetivo. El aspecto subjetivo supone, como se
expresó con anterioridad, el sentimiento de la propia dignidad. Y este aspecto
de la honorabilidad de las personas es el que se ha considerado como el honor
o reputación subjetiva u honor en sentido amplio. El aspecto objetivo contempla
de modo específico la reputación. Y este aspecto de la honorabilidad de las
personas es el que se ha considerado como la reputación en sentido estricto u
honor objetivo.
La Doctrina ha sido uniforme y constante en admitir que el sujeto activo, puede
ser cualquier persona, por supuesto natural, ya que no se admite
responsabilidad penal de las personas jurídicas en ningún hecho punible.
Respecto al sujeto pasivo del delito de Difamación, es obvio que en nuestra
legislación no cabe discusión al respecto, habida cuenta que en el texto del ya
transcrito artículo, se establece al sujeto pasivo de la difamación dentro de la
categoría de "individuo".
Las personas jurídicas tienen una reputación y en consecuencia tienen perfecto
derecho a que el Derecho Criminal les dé la debida protección respecto a esa
reputación.
Son la injuria y la difamación los delitos que atentan de modo directo contra el
honor y la reputación de las personas.
La injuria es la ofensa genérica y la difamación la ofensa específica. Por tanto,
la injuria es el género y la difamación la especie. Ésta exige la imputación de
un hecho determinado, es decir, detallar esa ofensa, que si no pasa de
genérica quedaríase en injuria. Habría que dar pormenores, habría que
matizar esa ofensa genérica con circunstancias de lugar, tiempo, modo, etc.
La difamación, como se expresó con antelación, está descrita en el Artículo
444 del Código Penal. El criterio distintivo entre difamación e injuria consiste en
que mientras en esta última se atribuye una ofensa genérica, no
pormenorizada, en la primera se irroga una ofensa específica, determinada,
caracterizada o pormenorizada. Y como en la difamación, por atribuir un hecho
determinadamente detallado, hay un mayor ataque a la víctima (por la mayor
apariencia de verdad), por eso se ha castigado más severamente.
En la difamación se lleva al extremo el perjuicio que causó en la fama de la
víctima, pues se rodeó la imputación de una apariencia formidable de veracidad
dado que se afianzó en supuestos hechos circunstanciados de lugar, fecha,
sitio, cantidad, etc.
Este delito exige el "animus diffamandi" (voluntad consciente de difamar), por lo
cual queda excluida la respectiva responsabilidad penal al no haber ese ánimo
sino otros "animi": "jocandi", "narrandi", "defendendi", "consulendi" y
"corrigendi". Están descartados por completo y por potísimas razones todos
estos "animi", con la excepción del "animus narrandi", que luego de unas
generalidades se analizará.
La difamación es un delito agravado por la circunstancia de publicidad
contemplada en los artículos 444 y 446 del Código Penal. El medio de la
publicidad agrava con toda lógica estos delitos por la máxima difusión del daño
contenido en las especies ofensivas. Es evidente que una gran cantidad de
personas acceden a los medios de comunicación y viceversa, así como que de
forma masiva se acude a la prensa, en especial, en procura de información.
De allí la inmensa importancia pero también la inmensa responsabilidad de
quienes conducen tales medios de comunicación social en general y en
particular la prensa escrita.
N° de Expediente: CC08-300 N° de Sentencia: 497
Tema: Difamación
Materia: Derecho Penal
Asunto: Tipo Penal
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Jueves, 02 de Octubre de 2008
En este tipo penal, el elemento subjetivo es, el animus difamandi, que no es
más que la voluntad consciente de difamar, el querer dañar la honorabilidad de
la persona, atribuyéndole hechos determinados que afecten su reputación, así
mismo, el elemento del tipo es la comunicación con personas reunidas o
separadas y se considera agravada la acción, si se realiza por medio de
documento público, dibujos, escritos o cualquier medio de publicidad.
En el caso bajo estudio, la presunta violación se apoyó en manifestaciones
escritas (libellus famosus) que fueron divulgadas y puestas al alcance del
público.
...El momento consumativo del delito de difamación, es el instante cuando se
materializa la comunicación con el animus difamandi, pero, cuando el acto
difamatorio se realiza por medios escritos, su consumación no se perfecciona
al momento de redactar el texto, sino al momento en que ese texto se divulgó,
se extendió y se puso al alcance del público.
Articulo 450 ( prescripción de la acción)
EXCEPTIO VERITATIS
Excepción de la verdad. Argumento por el que el demandado en un caso de
difamación puede ser exceptuado de indemnizar si demuestra que lo que dijo
es verdad. Ejemplo: “Con la sentencia condenatoria del demandante, el
periodista opuso la exceptio veritatis en el juicio que se le interpuso”.
Ejemplo de uso por la Sala Constitucional: “Ahora bien, a la exceptio veritatis
en la dogmática penal se le ha determinado como una excusa absolutoria y
éstas son definidas por Luis Jiménez de Asúa en su obra La Ley y el Delito
como ‘las que hacen que un acto típico, antijurídico, imputable a un autor y
culpable, no se asocie pena alguna, por razones de utilidad pública’. Así
tenemos que dicha figura ha sido determinada por algunos doctrinarios como
un motivo de impunidad que no excluye ni el injusto ni la culpabilidad pero que
genera indulgencia punitiva, dada la comprobación de la veracidad del hecho
atribuido a la parte ofendida, pero, por otra, como una especial hipótesis de
extinción de la responsabilidad penal, por inexigibilidad de otra conducta, dada
las circunstancias de violencia aplicada contra quien ofende, debiendo incluso
tomarse en cuenta los bienes jurídicamente protegidos que se encuentren
involucrados como principio orientador del derecho penal, que en el presente
caso fueron el honor y la reputación de quien fue difamado y la integridad física
de quien difamó, todo lo cual queda al libre arbitrio del juez sin poder limitarlo,
pues, para que este pueda establecer si hubo o no culpabilidad, deberá
preguntar si le era exigible otro comportamiento al agente y sólo el Juez,
motivadamente, podrá establecer la posibilidad o imposibilidad de desplegar
otra conducta y en tal caso podría considerarla como causal de justificación, de
inculpabilidad, de exención de pena o incluso como jurídicamente irrelevante.
De tal modo que dependiendo de la inclinación del Juez hacia uno u otro
enfoque dogmático, éste va a determinar si condena y posteriormente exime
del cumplimiento de la pena o si absuelve de la responsabilidad penal, como
sucedió en el presente caso, pero, insistimos, esto pertenece a la esfera de
interpretación del juzgador, no susceptible de revisión por esta Sala”. sentencia
completa:
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La prueba de la divulgación es fundamental. Intención debe ser de
manera expresa ofender el honor, no puede alegarse que se quería
brindar colaboración con las autoridades.
Sala constitucional Sentencia 1942 de fecha 15/07/2003
Así y todo, la Sala en la sentencia 1013 (Caso: Elías Santana), acotó:
“...la información (la noticia o la publicidad), efectuada por los medios capaces de
difundirla a nivel constitucional, debe ser oportuna, veraz, imparcial, sin censura y
ceñida a los principios constitucionales (artículo 58 eiusdem), y la violación de esos
mandatos que rigen la noticia y la publicidad, hace nacer derechos en toda persona
para obrar en su propio nombre si la noticia no se amoldó a dichos principios.
Igualmente la comunicación (pública) comporta tanto en el comunicador como en el
director o editor del medio, las responsabilidades que indique la ley, como lo señala
expresamente el artículo 58 constitucional, y el artículo 14 de la Ley Aprobatoria de la
Convención Americana sobre Derechos Humanos, Pacto de San José.
Ello tiene que ser así, desde el momento que las fuentes de información de los
periodistas son secretas por mandato constitucional (artículo 28 de la Carta
Fundamental) y legal (artículo 8 de la Ley de Ejercicio del Periodismo). En
consecuencia, los dislates periodísticos que atentan contra el derecho de los demás y
contra el artículo 58 constitucional, generan responsabilidades legales de los editores o
de quienes los publican, al no tener la víctima acceso a la fuente de la noticia que lo
agravia. Pero además de estas acciones, y sin que sean excluyentes, las personas tienen
el derecho de réplica y rectificación cuando se vean afectados por informaciones
inexactas o agraviantes.
Los medios de comunicación, al permitir a las personas estar informados,
satisfaciéndoles su derecho, en cuanto a esa información o noticia actúan en dos
planos: uno general, donde deben emitir información veraz, oportuna e imparcial,
donde se evita la difusión de la noticia falsa, o manipulada con medias verdades; de la
desinformación que niega la oportunidad de conocer la realidad de la noticia; o de la
conjetura o información parcializada para lograr un fin específico contra algo o
alguien. Este derecho constitucional, a favor de toda persona, crea en los medios la
obligación de información veraz, oportuna e imparcial, que da derecho a réplica o
rectificación, el cual puede ejercerse mediante un amparo, si la situación jurídica de la
persona se ve afectada por la información inexacta (así no esté referido a ella), que le
impide recibir y difundir informaciones o ideas que le permitan ejercer correctamente
su derecho a la libertad de pensamiento o expresión.
Se trata, según el artículo 58 constitucional, de un derecho individual (la norma prevé
que la persona se vea afectado directamente), y no colectivo. Sin embargo, y conforme
a lo expuesto por esta Sala en sentencia del 31 de agosto de 2000 (caso: William Ojeda
Orozco), será posible incoar acciones para ejercer derechos e intereses difusos, cuando
la publicidad atente contra la calidad de la vida, cuando la comunicación deja de ser
plural, o cuando no contribuyan a la formación ciudadana (artículo 108
constitucional).
En este plano como lo señalara el Tribunal Constitucional Español en fallo del 19 de
abril de 1993, “el requisito de la veracidad condiciona el ejercicio de la libertad de
información, imponiendo al comunicador un específico deber de diligencia en la
comprobación razonable de la veracidad, aunque su total exactitud sea controvertible o
se incurra en errores circunstanciales, que no se cumple con la simple afirmación de
que lo comunicado es cierto o con alusiones indeterminadas a fuentes anónimas o
genéricas, como las policiales, y sin que ello suponga que el informador venga
obligado a revelar sus fuentes de conocimiento, sino tan sólo acreditar que ha hecho
algo más que menospreciar la veracidad o falsedad de su información, dejándola
reducida a un conjunto de rumores deshonrosos e insinuaciones vejatorias o meras
opiniones gratuitas que no merecen protección constitucional”.
La doctrina transcrita, que hace suya esta Sala, que ha sido tomado de la obra
Jurisprudencia Constitucional 1981-1995, de Tomás Gui Mori (Edit. Civitas S.A
Madrid 1957 p. 1976), es clave para el manejo del alcance de la libertad de
información y las responsabilidades que el abuso de la misma puede generar, así como
para delinear los derechos y acciones que tienen las personas.
Resulta un abuso de los medios, que contraría la libertad de información, emitir
conceptos negativos o críticos sobre ideas, pensamientos, juicios, sentencias, etc., sin
señalar en qué consiste lo criticado, impidiéndole a las personas que tienen el derecho
a informarse, enterarse de qué es lo deleznable. De igual entidad abusiva es acuñar
frases con lugares comunes, tales como que una actitud es funesta, una idea un
exabrupto o una locura, sin exponer cuál es la actitud o la idea criticada, o aislando de
un contexto un sector y comentarlo, sin tomar en cuenta el todo donde se insertó lo
resaltado, lo que cambia el sentido de lo aislado.
...omissis...
El Tribunal Constitucional Federal Alemán, al respecto ha señalado: “una información
inexacta no constituye un objeto digno de protección, porque no puede servir a la
correcta formación de la opinión postulada por el Derecho Constitucional” (Tomado
de la obra “Tribunales Constitucionales Europeos y Derechos Fundamentales.” Centro
Estudios Constitucionales. Madrid. 1984).
El otro plano es particular. Está referido a las personas que se ven afectadas por
informaciones inexactas o agraviantes o que atentan contra sus derechos humanos,
contra su dignidad o contra derechos constitucionales que les corresponden, quienes,
hasta ahora, no reciben ningún apoyo de las organizaciones no gubernamentales
dedicadas a los derechos humanos, cuando su dignidad, el desenvolvimiento de la
personalidad, el honor, la reputación, la vida privada, la intimidad, la presunción de
inocencia y otros valores constitucionales se ven vulnerados por los medios de
comunicación social.
En este último plano nacen, para las personas agraviadas, varios derechos distintos:
uno, establecido en el artículo 58 constitucional, cual es el derecho a réplica y
rectificación; otro, que también dimana de dicha norma, así como del artículo 14 de la
Ley Aprobatoria de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, cual es
obtener reparación (responsabilidad civil) por los perjuicios que le causaren, los
cuales incluyen la obligación de indemnizar integralmente a las víctimas, ya que si el
Estado la tiene, conforme al artículo 30 constitucional, los victimarios particulares
también tienen dicha obligación, aunque el juez siempre debe conciliar el derecho que
tienen las personas a estar informados, con los otros derechos humanos que se
infringen al reclamante.
Esto último lo resaltó la Sala de Casación Penal de este Tribunal Supremo, en fallo de
29 de febrero de 2000, donde analizó la responsabilidad penal de los periodistas y
editores (que sería otro derecho de los agraviados, el de querellarse), y señaló: “En los
Estados Unidos de América, donde la prensa y los medios de comunicación en general
han alcanzado la más elevada potencialidad, la jurisprudencia ha establecido hace
décadas la doctrina de la “Real Malicia”, en lo concerniente a la responsabilidad de
dichos medios. Consiste esa doctrina en no hallar responsabilidad penal o civil para
los periodistas, aunque lo que comuniquen sea incierto, con excepción de cuando
actúen a sabiendas de la falta de veracidad”.
Hay falta de veracidad, cuando no se corresponden los hechos y circunstancias
difundidas, con los elementos esenciales (no totales) de la realidad.
Cuando la información ha sido supuestamente contrastada por el medio antes de su
divulgación, aunque tenga errores o inexactitudes, la información puede considerarse
veraz, ya que tiene una correspondencia básica con la realidad, y no puede exigirse a
quien busca la información, que va a beneficiar a las personas que tienen el derecho a
ella, una meticulosidad y exactitud que choca con la rapidez sobre la captura de la
noticia, con la dificultad de comprobar la fiabilidad de la fuente de la misma (la cual
muchas veces es oficial) o con las circunstancias –a veces oscuras- como sucede con
los hechos que interesan al público, etc.
Corresponde a la jurisprudencia, en cada caso, determinar si hubo o no una
investigación suficiente sobre la veracidad de lo publicado, como noticia, o como base
de una opinión. En este sentido, el Tribunal Constitucional Español, en fallo de 1988,
citado por Rubio Llorente en su obra Derechos Fundamentales y Principios
Constitucionales (Edit. Ariel Derecho, 1995, p. 208), sentó: “Cuando la Constitución
requiere que la información sea ‘veraz’ no está tanto privado de protección a las
informaciones que pueden resultar erróneas –o sencillamente no probadas en juicio-
cuando estableciendo un específico deber de diligencia sobre el informador a quien se
le puede y debe exigir que lo que transmita como ‘hechos’ haya sido objeto de previo
contraste con datos objetivos, privándose, así, de la garantía constitucional a quien,
defraudando el derecho de todos a la información actúe con menosprecio de la
veracidad o falsedad de lo comunicado. El ordenamiento no presta su tutela a tal
conducta negligente, ni menos a la de quien comunique como hechos simples rumores
o, peor aún, meras invenciones o insinuaciones insidiosas, pero sí ampara, en su
conjunto, la información rectamente obtenida y difundida, aun cuando su total
exactitud sea controvertible. En definitiva, las afirmaciones erróneas son inevitables en
un debate libre, de tal forma que, de imponerse la ‘verdad’ como condición para el
reconocimiento del derecho, la única garantía sería el silencio. (STC6/1988, FJ 5.º).
Véase también STC 171/1990, FJ 8.º, 143/1991, FJ 6.º, 15/1993, FJ.2º”.
El mismo Tribunal en sentencia de 1990 (Rubio Llorente, ob. cit., p. 208), expresó:
“(...) la veracidad no actúa de manera uniforme en toda clase de supuestos, puesto que
su operatividad excluyente de la antijuricidad de las intromisiones en el honor e
intimidad de las personas es muy distinta, según que se trate de hechos u opiniones o la
intromisión afecte al derecho al honor o a la intimidad (...) El deber de diligencia en la
comprobación razonable de la veracidad de la información no se satisface con la pura
y genérica remisión a fuentes indeterminadas que, en ningún caso, liberan al autor de
la información del cumplimiento de dicho deber, pues, al asumir y transmitir a opinión
pública la noticia, también asume personalmente su veracidad o inveracidad, en cuanto
que la obligación de contrastar la verosimilitud de la noticia es un deber propio y
específico de cada informador (...) Entendido así el requisito de la veracidad, es de
especial importancia distinguir entre pensamientos, ideas, opiniones y juicios de valor,
de un lado, y hechos, del otro, puesto que tal distinción delimita teóricamente el
respectivo contenido de los derechos de libre expresión e información, siendo propio de
este último la recepción y comunicación de hechos (...). (Ahora bien, la) mezcla de
descripción de hechos y opiniones, que ordinariamente se produce en las
informaciones, determina que la veracidad despliegue sus efectos legitimadores en
relación con los hechos, pero no respecto de las opiniones que los acompañen o
valoraciones que de los mismos se hagan, puesto que las opiniones, creencias
personales o juicios de valor no son susceptibles de verificación y ello determina que el
ámbito de protección del derecho de información quede delimitado, respecto de esos
elementos valorativos, por la ausencia de expresiones injuriosas, que resulten
innecesarias para el juicio crítico, careciendo de sentido alguno introducir, en tales
supuestos, el elemento de veracidad, puesto que, en todo caso, las expresiones
literalmente vejatorias o insultantes quedan siempre fuera del ámbito protector del
derecho de información. También merece distinto tratamiento el requisito de la
veracidad, según se trate del derecho al honor o del derecho a la intimidad, ya que
mientras la veracidad funciona, en principio, como causa legitimadora de las
intromisiones en el honor, si se trata del derecho a la intimidad actúa, en principio, en
sentido inverso. El criterio para determinar la legitimidad o ilegitimidad de las
intromisiones en la intimidad de las personas no es el de la veracidad, sino
exclusivamente el de la relevancia pública del hecho divulgado, es decir, que su
comunicación a al opinión pública, aun siendo verdadera, resulte ser necesaria en
función del interés público del asunto sobre el que se informa. (STC 172/1990, FJ
3.º)”.
El derecho a la información, de esencia constitucional, debe ponderarse cuando debe
prevalecer sobre otros derechos constitucionales de las personas, pero estos tendrán
primacía, cuando la información no es veraz, por falsa, o por falta de investigación
básica del medio que la pública o la utiliza.
En el ámbito penal, esto lo tomó en cuenta el fallo de 29 de febrero de 2000 de la Sala
de Casación Penal, antes aludido, el cual agregó: “Las informaciones suministradas en
los medios de comunicación y por los periodistas en principio, no llegan a ser
delictuosas (difamación e injuria) porque se consideran expuestas con un “animus
narrandi” o intención de narrar, informar o comunicar”.
Dichas informaciones pueden ser erradas, y conculcarían los derechos personales de
naturaleza constitucional, cuando se difunden con conocimiento de que eran falsas o
con indiferencia temeraria acerca de si la afirmación era falsa o no. Esto es lo que la
sentencia del Tribunal Supremo de los Estados Unidos de Norteamérica, en el caso
New York Times vs Sullivan (citado por Rafael Saraza Jimena en su obra Libertad de
Expresión e Información Frente a Honor, Intimidad y Propia Imagen. Aranzadi
Editorial. 1995); llamó la “actual malice” o malicia real.
La jurisprudencia del Tribunal Constitucional Español (extraída de la obra de Saraza
Jimena citado) no ha considerado ilegítima la intromisión en los derechos
fundamentales de la personalidad, cuando el error era inevitable, o intrascendente, o
que no es absolutamente inveraz, o que ha habido pronta corrección o rectificación
posterior por el medio.
Se trata, a título enunciativo, de señalar razones que otorgan la tuición constitucional a
informaciones erróneas, sin que se considere por ello, que hay menoscabo a derechos
de la personalidad.
Sin embargo, a juicio de esta Sala, la información siempre genera responsabilidad
civil, cuando ella por falsa o inexacta daña a las personas, y el medio no realizó
actividad periodística razonable para confirmarla.
Igualmente, el ejercicio de la libertad de expresión y en cierta forma el de la libertad de
información a ello unida, admite opiniones y valoraciones críticas de los hechos
noticiosos que se comunican, incluso con el empleo de expresiones molestas, hirientes o
excesos terminológicos, siempre que los mismos no constituyan insultos o
descalificaciones fuera de discurso, desconectadas o innecesarias con el tema objeto de
opinión o información; ni de expresiones hirientes, insidiosas o vejatorias sin conexión
con el tema objeto de información u opinión, o innecesarias para la formación de la
opinión pública, ni cuando se trata de expresiones injuriosas que exteriorizan
sentimientos personales ajenos a la finalidad de contribuir a la formación de una
opinión pública libre y responsable. No puede existir un insulto constitucionalmente
protegido, y ellos, carecen de cobertura constitucional”.
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Esta Sala en sentencia Nº 193, de fecha 25 de abril de 2003, caso Dolores
Morante Herrera contra Domingo Antonio Solarte y otro, ratificada, entre otros,
mediante fallo Nº 199, de fecha 2 de abril de 2014, caso Franklin René
Gutiérrez Andradez, contra C.A. De Seguros La Occidental, con respecto al
principio de carga de la prueba, dejó establecido lo siguiente:
“...En el derecho procesal moderno, corresponde a la parte que afirma el
hecho, esto es, aquella que tiene interés en obtener la consecuencia
jurídica que asigna la norma general y abstracta a ese hecho , demostrar
al juez la realización concreta del mismo y provocar en él la convicción de
la verdad del hecho; y a la parte que tiene interés en obtener el rechazo de la
pretensión, demostrar los hechos extintivos o modificativos de la misma. Tiene
apoyo esta tesis en el principio del contradictorio y se la denomina “carga
subjetiva de la prueba”, independientemente de que esté expresamente
distribuida por una norma o implícita en la estructura misma del proceso. Los
límites de la controversia quedan planteados con el ejercicio de la pretensión
que se hace valer en la demanda y con el ejercicio de la defensa o excepción
que hace valer el demandado en la contestación.
…Omissis…
…cuando el demandado no se encierra en la pura negación de las
pretensiones, sino que expone razones de hecho para discutirlas, adopta en el
proceso una actitud dinámica, y la contienda procesal se desplaza de la
pretensión, a las razones que la enervan, y el riesgo de la falta de pruebas
también se desplaza, porque el actor no tiene que probar nada, pues no es de
la realidad de su pretensión de lo que se trata, sino de las razones
contendientes de aquellas. (GF. N° 17 (2° etapa) p 63)...”.
…Omissis…
...en sentencia N° 170 de fecha 26 de junio de 1991, caso Roberto Cordero
Torres contra Guido Leopardi y otros, la Sala indicó:
“...Reus in exceptione fit actor...” se refiere a una actitud específica del
demandado. En efecto, el reo puede adoptar distintas posiciones frente a las
pretensiones del actor, a saber:
a) Convenir absolutamente o allanarse a la demandada. El actor queda exento
de prueba.
b) Reconocer el hecho, pero atribuyéndole distinto significado jurídico. Toca al
juez “decir” el derecho.
c) Contradecir o desconocer los hechos, y por tanto, los derechos que de ellos
deriven. El actor corre con toda la carga de la prueba y de lo que demuestre en
el proceso depende el éxito y el alcance de sus pretensiones.
d) Reconocer el hecho con limitaciones, porque opone al derecho una
excepción fundada en un hecho extintivo, impeditivo o modificativo. Al reo le
corresponde probar los hechos extintivos o las condiciones impeditivas o
modificativas...”. (Negrillas del fallo citado de la Sala).
En el presente caso, después de hecho el análisis y valoración de todas
las pruebas aportadas al juicio, bajo el principio de comunidad de la prueba, y
hecho el análisis de los alegatos hechos en la demanda y su contestación, se
pudo determina sin lugar a dudas, que el demandado de autos cometió actos
difamatorios de forma pública por medio de las redes sociales en contra
del demandante, haciendo señalamientos denigrantes en su contra, los
cuales no se repiten en esta parte del fallo, dado que ya fueron reseñados en la
sentencia en el análisis probatorio, y así evitar una posible apología del delito
y darle una mayor relevancia de la que puedan tener ante la sociedad, al ser
actores políticos los sujetos procesales intervinientes en este proceso judicial,
aunque no es menos cierto que dichos señalamientos constituyen
afirmaciones graves que ameritaron el conocimiento a fondo de la Sala de los
hechos argumentados en el presente caso, quedando claro que el demandante
del daño moral acreditó para la procedencia de su reclamación, el llamado
“hecho generador del daño moral”, es decir, el conjunto de circunstancias de
hecho que genera la aflicción cuyo petitum doloris se reclama.
Por otra parte está probada la relación de causalidad entre los hechos
difamatorios y el agente activo del daño moral, que se produjo el daño moral
reclamado y que hubo abuso de derecho de forma intencional y
consciente por parte del demandado, con el uso de las redes sociales en
detrimento del demandante, agravado por el hecho de la dificultad que
engendra el aclarar la verdad ante la opinión pública, después de que el hecho
difamatorio es hecho público en las redes sociales, donde se transmite y
retransmite la información, sin constatarse la veracidad de los hechos
expuestos, lo que determina un estado de indefensión ante la sociedad del
sujeto difamado, al cual se le imposibilita refutar o recoger la mala información
que fue publicada en su contra, pues al ser de conocimiento público el hecho,
el mismo es retrasmitido en las redes sociales, sin importar si es cierto o no, lo
que lo ha convertido en una práctica perversa de difamación moderna
mediante el uso de medios electrónicos en esta sociedad actual, siendo una
práctica antijurídica que comporta un síntoma claro de injusticia, que debe
reprimirse por medio del ejercicio de las acciones legales pertinentes ante los
órganos jurisdiccionales, ya sean en materia civil o penal, para combatir dicha
práctica nefasta en la sociedad moderna, donde se le ha dado un uso indebido,
irracional e inadecuado a las redes sociales, que no fueron hechas con esos
fines perversos de difamar, para que de forma directa o mediante un
eufemismo y de forma fatua, se infatué y se proceda a la ofensa del honor
y reputación de un ciudadano de la República, cometiéndose en su contra
una grave ignominia con consecuencias fatales en su persona (psiquis) y
libre desenvolvimiento ante la sociedad.
Ahora bien, en torno a la libertad de expresión como garantía
constitucional y en referencia a que, quien ejerza dicho derecho debe
asumir plena responsabilidad por todo lo expresado, cabe señalar la
doctrina de la Sala Constitucional de este Tribunal Supremo de Justicia,
reflejada en su sentencia N° 897, de fecha 20 de julio de 2015, en el
expediente N° 2011-1375, caso: Revisión constitucional incoado por el Instituto
Nacional de Canalizaciones, donde dispuso al respecto lo siguiente:
“...Igualmente se advierte, que en el presente caso el supuesto ejercicio del
derecho a la participación, fue vinculado por la Corte con el derecho a la
libertad de expresión, el cual está consagrado en el artículo 57 de la
Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, que establece:
“Toda persona tiene derecho a expresar libremente sus pensamientos,
sus ideas u opiniones de viva voz, por escrito o mediante cualquier otra forma
de expresión y de hacer uso para ello de cualquier medio de comunicación y
difusión, sin que pueda establecerse censura. Quien haga uso de este
derecho asume plena responsabilidad por todo lo expresado. No se
permite el anonimato, ni la propaganda de guerra, ni los mensajes
discriminatorios, ni los que promuevan la intolerancia religiosa.
Se prohíbe la censura a los funcionarios públicos o funcionarias públicas para
dar cuenta de los asuntos bajo sus responsabilidades”.
La disposición citada contempla el derecho a la libertad de expresión,
entendido este como la facultad de toda persona de poder expresar sus
pensamientos ideas y opiniones, en forma oral, por escrito o por cualquier otra
expresión, haciendo uso de cualquier medio de comunicación y difusión,
señalándose que quien ejerza dicho derecho debe asumir plena
responsabilidad por todo lo expresado.
Ahora bien, en cuanto al derecho a la libertad de expresión, existen
precedentes en esta Sala, en los cuales expresamente se ha señalado:
“…la libertad de expresión es irrestricta en el sentido que no puede ser
impedida por la censura previa oficial (ya que de hecho los medios de
comunicación masiva, públicos o privados, limitan lo que se ha de difundir
mediante ellos), una vez emitido el pensamiento, la idea o la opinión, el emisor
asume plena responsabilidad por todo lo expresado, tal como lo señala el
artículo 57 constitucional, y surge así, conforme a la ley, responsabilidad civil,
penal, disciplinaria, o de otra índole legal, conforme al daño que cause a los
demás la libertad de expresión utilizada ilegalmente”. (Vid. Sentencia de la Sala
N° 1013, del 12 de junio de 2001, caso: “Elías Santana”).
De lo anterior se desprende claramente que quien ejerce dicho derecho,
asume plena responsabilidad por todo lo expresado, tal como lo ha
señalado en anteriores oportunidades esta Sala Constitucional en sentencia N°
1942, de 15 de julio de 2003, caso: “Rafael Chavero Gazdik”:
“En primer lugar, la libertad de expresión debe respetar el derecho de los
demás. En un sentido amplio, ninguna persona natural o jurídica puede ser
dañada en forma arbitraria por la expresión de otro; es decir, los daños que
éste cause se pueden subsumir en el artículo 1185 del Código Civil, o en
cualquier otro que precave a las personas de daños de cualquier clase, como
los que pueden surgir -por ejemplo- de la competencia desleal producida
comunicacionalmente o en otra forma
(…) Omissis
Por último, la libertad de expresión utilizada para disminuir la moral
pública, también puede generar responsabilidad de quien la expresa”.
Siendo ello así, esta Sala reitera que (el) derecho a la libertad de expresión
podría generar en los términos expuestos responsabilidad, pero teniendo en
cuenta además, que el derecho a la participación debe ejercerse a través de
los mecanismos establecidos para tal fin y ante los órganos competentes, y en
uso de canales regulares para tramitar las denuncias a que haya lugar...”.
(Destacados de la Sala).-
De igual forma se observa, que el demandado de autos fue contumaz en
el proceso, pues a este no se le logró la citación personal, y agotada esta vía,
el demandante solicitó su citación por carteles, y verificada esta, se le designó
defensor judicial, el cual fue debidamente notificado de su designación y
posteriormente citado para que diera contestación a la demanda, la cual se
verificó en este caso, transcurriendo los lapsos de pruebas e informes,
concluyendo la sustanciación de la causa en primera instancia, conforme al
debido proceso y derecho a la defensa, con sentencia de mérito sobre el fondo
de lo litigado en este caso.
Ahora bien, la doctrina de esta Sala señala en torno a la estimación del
monto del daño moral a resarcir y su fijación por parte del juez, que la
parte reclamante del daño moral debe acreditar para la procedencia de su
reclamación el llamado “hecho generador del daño moral”, es decir, el
conjunto de circunstancias de hecho que genera la aflicción cuyo petitum
doloris se reclama; y, una vez probado el hecho generador, lo que procede es
la estimación de dicho daño, la cual se hace al prudente arbitrio del juez.
(Cfr. Fallo de esta Sala N° 1 del 17 de febrero de 2000, caso: Ana Rosa
Acosta Sifuentes contra Lothar Eikenberg). (Destacado de la Sala).-
Tal discrecionalidad del juez para fijar el monto de la indemnización encuentra
su basamento en el artículo 1196 del Código Civil y se fundamenta en que
ningún auxiliar o medio probatorio puede determinar a ciencia cierta
cuánto sufrimiento o cuánto dolor padeció el agraviado o en qué medida
se vio afectado su honor o prestigio. (En caso de daño moral por
difamación).
De allí que el juez de la causa no se encuentre limitado al monto estimado
en el libelo de la demanda, sino que puede alterarlo, para disminuirlo o
para aumentarlo, sin incurrir en el vicio de incongruencia negativa o
positiva, respectivamente.
Asimismo, el artículo in comento establece que esta labor del juez es
potestativa, y en este sentido el artículo 23 del Código de Procedimiento
Civil lo autoriza para obrar según su prudente arbitrio consultando lo más
equitativo, justo o racional.
En efecto, es importante tener presente que el daño moral consiste en el
sufrimiento que experimenta un individuo en la esfera íntima de su
personalidad, que determina su degradación de valor como persona
humana, respecto de otros en la sociedad en que se desenvuelve o frente
a sí mismo, causado injustamente por un tercero. Dicho sufrimiento puede
igualmente consistir en lesiones corporales o pérdidas físicas de familiares.
De lo anterior se colige que el daño moral al referirse a la esfera íntima afectiva
del sujeto o lesionado, no es de naturaleza patrimonial y no existen
parámetros que puedan determinar su cuantía, pues su determinación
corresponde a la esfera íntima del sentenciador, es decir, el juez debe
percibir cuál es la importancia del daño sufrido y atendiendo a la escala de
sufrimientos, debe colocarse en la situación de la víctima para comprender qué
cantidad razonable y equitativa podría reparar por equivalente dicho daño. Los
criterios empleados por el sentenciador son enteramente subjetivos y
guiados por su condición humana. De allí que ni la estimación del valor
de la demanda, ni lo expresamente solicitado por el interesado o afectado
constituye un dato vinculante para el juez al momento de acordarlo.
Por eso, al decidirse una cuestión de daños morales, el sentenciador
necesariamente ha de sujetarse al proceso lógico de establecer los hechos, de
calificarlos y de llegar a través de este examen a la aplicación del derecho,
analizando desde luego la importancia del daño, el grado de culpabilidad del
autor, la conducta de la víctima, sin cuya acción no se hubiera producido el
daño y la llamada escala de los sufrimientos morales, valorándolos, pues no
todos tienen la misma intensidad, por las distintas razones que puedan influir
en ellos, para llegar a una indemnización razonable, equitativa, humanamente
aceptable.
En todo caso lo que se quiere significar, es que la doctrina de la Sala acerca
del daño moral, atiende a que el juez una vez comprobado el hecho ilícito
procede a fijar discrecionalmente el monto del daño moral a ser
indemnizado a la víctima, con base en su criterio subjetivo, pues siempre la
reparación del daño moral la hará, según lo establecido en el artículo 1196 del
Código Civil. De modo que queda a su apreciación subjetiva y no limitada
a lo estimado en el libelo.
Por consiguiente, la doctrina de esta Sala en materia de daño moral, exige que
el reclamante pruebe el llamado hecho generador del daño moral, o sea el
conjunto de circunstancias de hecho que genera la aflicción cuyo petitum
doloris se reclama. Probado que sea el hecho generador, lo que procede
es su estimación, lo cual se hace al prudente arbitrio del juez.
En tal sentido la Sala Constitucional de este Tribunal Supremo de Justicia,
en su sentencia N° 606, de fecha 11 de agosto de 2017, expediente N°
2017-0558, en revisión constitucional incoada por Alberto José Villasmil
Léanos y otra, contra la decisión “...de fecha 22 de junio de 2016, marcada con
el alfanumerico RC.000381, emanada de la Sala de Casación Civil...”, declaró
ha lugar la misma, haciendo referencia a la jurisprudencia reiterada de
esta Sala y de la Sala Constitucional en materia de daño moral, señalando
al respecto lo siguiente:
“...En relación con el anterior argumento esta Sala debe mencionar que, en
materia de daño moral el artículo 1.196 del Código Civil dispone que la
procedencia de la indemnización por daño moral no es meramente facultativa
del juez ya que el propio texto de la ley señala que “(…) La obligación de
reparación se extiende a todo daño material o moral causado (…)”. Por lo que,
si existe el daño el juez debe indemnizarlo y el carácter potestativo se
limitaría a la facultad del juez de determinar el monto, alcance y los
medios de la indemnización o compensación del daño.
Sobre este punto, cabe destacar que cuando el Código Civil hace referencia a
indemnización no debe entenderse como un medio para hacer desaparecer el
daño, sino como una compensación mediante el otorgamiento de un bien que
sea capaz de proporcionar una satisfacción susceptible de reemplazar
aproximadamente el menoscabo sufrido. Bajo tales planteamientos, la Sala
reitera que en materia de daño moral la legislación nacional establece como fin
último que se repare -se compense- el daño causado, sin que esté
preestablecida ninguna forma particular de indemnización -vgr. En especie o
equivalente-.
Por ello, la jurisprudencia reiterada de la Sala de Casación Civil y de esta
Sala ha señalado que la indemnización o quantum en materia de daño
moral, es del criterio exclusivo y soberano del juez, quien en definitiva es
el que la determina de acuerdo con su prudente arbitrio, con lo cual los
sentenciadores ostentan la facultad para apreciar si el hecho ilícito generador
de daños materiales puede ocasionar, además repercusiones psíquicas, o de
índole afectiva, lesivas de algún modo al ente moral de la víctima, y por lo
tanto la estimación que al respecto hagan los jueces de mérito así como
la indemnización que acuerden en uso de la facultad discrecional que les
concede el artículo 1.196 del Código Civil, son de su criterio exclusivo
(Cfr. sentencia de esta Sala N° 1.542/2008).
(...omissis...)
3.- Tomando en consideración que el caso sub examine se trata del
fallecimiento de una niña como consecuencia del arrollamiento ocasionado por
el conductor del camión (evento hartamente descrito durante el juicio), ello
conlleva a formular un exhorto a la Sala de Casación Civil, para que en el
marco de sus competencias y conforme a la discrecionalidad en la
fijación del monto para la reparación del daño moral, efectúe un nuevo
razonamiento lógico, arribando a través de éste a una indemnización justa
y razonable, valorando la inconmensurable intensidad del sufrimiento
psíquico de los progenitores de la niña fallecida, cuya impronta psíquica,
emocional y moral obviamente ha de quedar de manera permanente en sus
padres y cuya indemnización debe estar acorde, se insiste, con tal entidad. Así
se declara...”. (Destacados de lo transcrito).-
Por su parte, esta Sala en su decisión N° RC-848, de fecha 10 de diciembre
de 2008, expediente N° 2007-163, caso: Juana Ynocencia Rengifo De Arenas
y Antonio Arena, en representación de sus hijas fallecidas Danyali Del Valle (†),
Yumey Coromoto (†) y Rosangela Arenas Rengifo (†), contra Serviquim C.A., y
Seguros Mercantil C.A.; en torno a los supuestos para la estimación del monto
de la condena en daño moral, dispuso lo siguiente:
“...La Sala para decidir, observa:
De la delación antes transcrita se desprende que el formalizante le imputa a la
recurrida la infracción del ordinal cuarto 4º del artículo 243 del Código de
Procedimiento Civil, por inmotivación del fallo, lo que acarrea la nulidad del
mismo, conforme a lo preceptuado en el artículo 244 eiusdem, al considerar
que el Juez de alzada omitió la motivación necesaria que requería la
cuantificación del daño moral por el cual fue condenada su representada, sin
tomar en consideración, la importancia del daño, el grado de culpabilidad del
autor, la conducta de la víctima, la llamada escala de los sufrimientos morales,
el grado de educación y cultura del reclamante, su posición social y económica,
la participación de la víctima en el accidente, y que el monto que se dispone
como indemnización por concepto de daño moral, constituye el equivalente en
dinero del perjuicio sufrido por el accionante y no una forma de
enriquecimiento.
La doctrina de esta Sala de Casación Civil, con respecto a los supuestos de
hecho, que deben ser analizados por el Juez al momento de determinar el
monto del daño moral condenado a resarcir, vertida entre otros fallos, en el de
fecha 20 de diciembre de 2002, sentencia Nº RC-495, expediente Nº 2001-817,
en el juicio de Rafael Felice Castillo contra Rafael Tovar, refiriendo al criterio
sostenido en decisiones del 18 de noviembre de 1998, 3 de noviembre de
1993, 9 de agosto de 1991 y 12 de febrero de 1974, que se dan en este acto
por ratificadas, expresa lo siguiente:
“...Para decidir, se observa:
Ciertamente, la doctrina vigente de la Sala de Casación Civil, ha expresado
que la sentencia que analice una demanda por indemnización de daños
morales, debe cumplir con los siguientes aspectos en su motivación:
“...La Sala en doctrina contenida en sentencia del 9 de agosto de 1991
(Josefina Sanmiguel de Hernández y otros contra C.A., Venezolana de Seguros
Caracas), reiterada en fallo del 3 de noviembre de 1993 (Jorge Enrique Zabala
contra Aerotécnica, S.A), expresó:
Este Supremo Tribunal ha establecido que los jueces cuando condenan al
pago de un daño moral, más aún si es de magnitud, están en la ineludible
obligación de expresar las razones que tuvieron para fijar el monto de la
indemnización acordada. En sentencia del 12 de febrero de 1974, la Sala
sostuvo:
Al decidirse una cuestión de daños morales, el sentenciador necesariamente
ha de sujetarse al proceso lógico de establecer los hechos, de calificarlos y de
llegar a través de este examen a la aplicación del derecho, analizando desde
luego la importancia del daño, el grado de culpabilidad del autor, la
conducta de la víctima, sin cuya acción no se hubiera producido el daño y
la llamada escala de los sufrimientos morales, valorándolos, pues no
todos tienen la misma intensidad, por las distintas razones que puedan
influir en ellos, para llegar a una indemnización razonable, equitativa,
humanamente aceptable.
En el caso en examen, el sentenciador de la recurrida dio por probado el daño
moral con las demostraciones que hizo el actor de haber presentado al Banco
de Fomento Regional Los Andes, C.A., donde mantenía un depósito en cuenta
corriente, un cheque por la cantidad de Bs. 400,oo el cual no obstante tener en
su haber fondos disponibles, le fue rechazado. Ello trajo como consecuencia,
que el actor resultare perjudicado en su buen nombre y reputación con el
agravante de que fue sometido a varios días en prisión, afectándose de ese
modo, sus actividades profesionales y comerciales. Tales circunstancias a
juicio del sentenciador infringieron (sic) un daño moral al actor que el
sentenciador de la recurrida estimó en la cantidad de Bs. 800.000,oo. (sic)
La condena a reparar un daño de tal magnitud obligaba a exponer una relación
sustanciada de los hechos para justificarla, como de los alcances y de los
pormenores y circunstancias que determinaron en el ánimo del Juez
establecer el montante de la indemnización en la cantidad de Bs.
800.000,oo. En sus comentarios sobre el daño moral Planiol y Ripert, Tomo
XIII, pág. 281, señalan el ‘fallo debe expresar cuáles son las razones de
hecho en que se fundamenta para dejar establecido el daño y el alcance
de la responsabilidad del dañante; debe dejar establecido con precisión
los hechos en que se funda para poner en evidencia los extremos
fundamentales de la condenación. La sentencia que no contenga estos
extremos, será nula, por falta de motivación.’ En ese aspecto es de
observar, que en los últimos cincuenta años nuestra casación ha ido ampliando
su censura y el conocimiento de los hechos a través de las motivaciones de las
sentencias y es constante su jurisprudencia al rechazar las calificaciones
impropias aplicando el artículo 162 del Código de Procedimiento Civil. (G.F.N°
83, 2ª etapa, pág. 321).
...La sentencia que no contenga estos extremos es nula por falta de
motivación, tal como ha acontecido en el caso de autos, en que la alzada
condena al pago en Bs. 800.000,oo sin que exista la fundamentación específica
que la doctrina y la jurisprudencia exigen en este tipo de condena.’ (Sentencia
de la Sala de Casación Civil de fecha 18 de noviembre de 1998, en el juicio de
María Y. Méndez y otras contra Expresos La Guayanesa, C.A., expediente N°
95-340, sentencia N° 905). (Destacados de la sentencia transcrita).
De igual forma en reciente sentencia de esta Sala Nº RC-211, de fecha 17 de
abril de 2008, expediente Nº 2007-528, en el juicio de Grazia Tornatore De
Morreale y otro, contra Zurich Seguros S.A., se señalo lo siguiente:
“...En ese mismo sentido se pronunció esta Sala en sentencia N° 159 de fecha
27 de marzo de 2007, en el caso: Baninvest Banco De Inversión C.A., contra
Carlos Eduardo Acosta Duque; Gloria Yudith Quintero Pulido y William Andruan
Hernández, en la que se ratifica el criterio sobre el vicio de inmotivación
en materia del daño moral, en sentencia N° 00171 de fecha 2 de mayo 2005,
caso: Eulalio Narváez Cassis c/ Mapfre La Seguridad, C.A. de Seguros, entre
otras, señaló lo siguiente:
(...omisis...)
Es claro, pues, que la motivación de la sentencia consiste en el
establecimiento de los hechos con ajustamiento a las pruebas que lo
demuestran, y los motivos de derecho por la aplicación de los principios
doctrinarios y las normas jurídicas atinentes a los hechos establecidos en el
caso concreto, lo cual garantiza a las partes su derecho a conocer los motivos
en que se funda la decisión, ya que si no están de acuerdo con la
argumentación dada por el juez, podrán interponer los recursos previstos en la
ley para obtener la revisión de la legalidad del fallo.
Por otra parte, esta Sala, en sentencia de fecha 18 de noviembre de 1998,
caso María Y. Méndez y otras, contra Expresos La Guayanesa, C.A., reiterada
entre otras, mediante decisión del 20 de diciembre de 2002, caso: Rafael Felice
Castillo, contra Sucesión de Rafael Tovar, ha dejado expresamente establecido
que la sentencia que analice una demanda por indemnización de daños
morales, debe cumplir con los siguientes aspectos en su motivación:
“...La Sala en doctrina contenida en sentencia del 9 de agosto de 1991
(Josefina Sanmiguel de Hernández y otros contra C.A., Venezolana de Seguros
Caracas), reiterada en fallo del 3 de noviembre de 1993 (Jorge Enrique Zabala
contra Aerotécnica, S.A.), expresó:
Este Supremo Tribunal ha establecido que los jueces cuando condenan al
pago de un daño moral, más aún si es de magnitud, están en la ineludible
obligación de expresar las razones que tuvieron para fijar el monto de la
indemnización acordada. En sentencia del 12 de febrero de 1974, la Sala
sostuvo:
‘Al decidirse una cuestión de daños morales, el sentenciador necesariamente
ha de sujetarse al proceso lógico de establecer los hechos, de calificarlos y de
llegar a través de este examen a la aplicación del derecho, analizando desde
luego la importancia del daño, el grado de culpabilidad del autor, la conducta de
la víctima, sin cuya acción no se hubiera producido el daño y la llamada escala
de los sufrimientos morales, valorándolos, pues no todos tienen la misma
intensidad, por las distintas razones que puedan influir en ellos, para llegar a
una indemnización razonable, equitativa, humanamente aceptable.’
(...omisis...)
“...Conforme al criterio de la Sala precedentemente transcrito, que hoy se
reitera, corresponde al Juez que decida una demanda de indemnización por
daño moral, expresar obligatoriamente en el fallo “…la importancia del daño,
el grado de culpabilidad del autor, la conducta de la víctima, sin cuya
acción no se hubiera producido el daño y la llamada escala de los
sufrimientos morales, valorándolos, pues no todos tienen la misma
intensidad, por las distintas razones que puedan influir en ellos, para
llegar a una indemnización razonable, equitativa, humanamente
aceptable”.
Al mismo tiempo, tiene el deber de establecer en el fallo el alcance de la
indemnización, los pormenores y circunstancias que influyeron en su
ánimo para fijar el monto de la indemnización por daño moral. De no
cumplir la sentencia estos extremos, está viciada por inmotivación, al no
contener pues la fundamentación que exige en este tipo de condena...”
(Destacado de la Sala)
De la doctrina de esta Sala antes citada se desprende que, en la sentencia
que condene al pago de una indemnización por daño moral, es necesario que
el Juez se pronuncie sobre los siguientes supuestos de hecho, para que no sea
considerada inmotivada en cuanto a la determinación del monto del mismo, los
cuales son: 1.- La importancia del daño. 2.- El grado de culpabilidad del autor.
3.- La conducta de la víctima, sin cuya acción no se hubiera producido el daño.
4.- La llamada escala de los sufrimientos morales, valorándolos, pues no todos
tienen la misma intensidad, por las distintas razones que puedan influir en ellos,
para llegar a una indemnización razonable, equitativa, humanamente
aceptable. 5.- El alcance de la indemnización, y 6.- Los pormenores y
circunstancias que influyeron en su ánimo para fijar el monto de la
indemnización por daño moral...”. (Destacado de lo transcrito).-
Ahora bien, conforme a lo dispuesto en fallos de esta Sala de Casación Civil,
números RC-254, expediente N° 2017-072. Caso: Luis Antonio Díaz Barreto
contra Ysbetia Roció González Zamora, y RC-255, expediente N° 2017-675.
Caso: Dalal Abdrer Rahman Masud contra Yuri Jesús Fernández Camacho y
otra, ambos de fecha 29 de mayo de 2018, reiterados entre muchos otros, en
fallo N° RC-156, expediente N° 2018-272. Caso: José Rafael Torres González
contra Carmelo José González y otra, de fecha 21 de mayo de 2019, ya
descritos en esta sentencia, que establecen el NUEVO PROCESO DE
CASACIÓN CIVIL; así como lo señalado en fallo de esta Sala N° RC-517,
expediente N° 2017-619. Caso: Nieves Del Socorro Pérez De Agudo contra
Luís Carlos Lara Rangel, de fecha 8 de noviembre de 2018, QUE INSTAURÓ
LA FACULTAD DE ESTIMACIÓN DEL MONTO DEL DAÑO MORAL
“...INCLUYENDO SU CORRECCIÓN DE OFICIO POR PARTE DE ESTA
SALA DE CASACIÓN CIVIL, QUIEN EN DEFINITIVA FIJARÁ EL MONTO DE
LA CONDENA AL CONOCER DEL RECURSO EXTRAORDINARIO DE
CASACIÓN PROPUESTO...”; por cuanto, que la doctrina de esta Sala
referente al daño moral, SEÑALA QUE EL JUEZ UNA VEZ COMPROBADO
EL HECHO ILÍCITO PROCEDE A FIJAR DISCRECIONALMENTE EL MONTO
DEL DAÑO MORAL A SER INDEMNIZADO A LA VÍCTIMA, con base en su
criterio subjetivo, conforme a lo previsto en el artículo 1196 del Código
Civil y artículo 23 del Código de Procedimiento Civil, DE MODO QUE
QUEDA A SU APRECIACIÓN SUBJETIVA Y NO LIMITADA A LO
ESTIMADO EN EL LIBELO DE LA DEMANDA, y en aplicación de la
SENTENCIA VINCULANTE DE LA SALA CONSTITUCIONAL DE ESTE
TRIBUNAL SUPREMO DE JUSTICIA, N° 606, de fecha 11 de agosto de
2017, expediente N° 2017-0558, en revisión constitucional, antes descrita
en este fallo, que “...CONLLEVA A FORMULAR UN EXHORTO A LA SALA
DE CASACIÓN CIVIL, PARA QUE EN EL MARCO DE SUS COMPETENCIAS
Y CONFORME A LA DISCRECIONALIDAD EN LA FIJACIÓN DEL MONTO
PARA LA REPARACIÓN DEL DAÑO MORAL, EFECTÚE UN NUEVO
RAZONAMIENTO LÓGICO, ARRIBANDO A TRAVÉS DE ÉSTE A UNA
INDEMNIZACIÓN JUSTA Y RAZONABLE, VALORANDO LA
INCONMENSURABLE INTENSIDAD DEL SUFRIMIENTO PSÍQUICO...”,
ESTA SALA PASA A FIJAR EL MONTO DEFINITIVO DEL DAÑO MORAL A
RESARCIR EN ESTE CASO, y en tal sentido observa:
1.- La importancia del daño. Se trata del despreció público que se generó en
contra de la persona difamada, que lo afectó en su esfera personal y familiar,
así como, en frente de su entorno social en general, viéndose sometido al
escarnio público sin justificación alguna. Lo que hace que esta Sala lo califique
como un daño moral gravísimo.
2.- El grado de culpabilidad del autor. Se observa que están comprobados
los actos difamatorios, así como la culpa del autor de dichos actos, y que este
actuó de forma consciente y a sabiendas de la repercusión de sus actos en las
redes sociales, y como estas publicaciones tenían inherencia directa en la visa
social y política del demandante, que también es un actor político como el
demandado.
3.- La conducta de la víctima, sin cuya acción no se hubiera producido el
daño. Es claro establecer que no hubo intencionalidad de la víctima, ni está
tuvo alguna conducta que generara las noticias difamatorias publicadas por la
demandada en su contra.
4.- La llamada escala de los sufrimientos morales, valorándolos, pues no
todos tienen la misma intensidad, por las distintas razones que puedan
influir en ellos, para llegar a una indemnización razonable, equitativa,
humanamente aceptable. El daño moral causado es gravísimo, pues infirió
directamente en su persona y afectó su nucleó familiar, así como en el
desenvolvimiento como persona natural ante la sociedad, donde participa como
actor político y su prestigio ante la sociedad se ve deteriorado por el accionar
del demandado, causándole un gran daño a su imagen y reputación como
ciudadano de la República ante sus connacionales.
5.- El alcance de la indemnización. Esta se hace tomando en consideración
el alcance de la responsabilidad del dañante y todas las situaciones de hecho
que se derivan del caso y las consecuencias del mismo, así como la posición
económica del demandado, quien valiéndose de su posición de actor político,
fácilmente procuró la difamación e injuria de otro ciudadano también actor
político, sin más limitación que la que el mismo dispuso, haciendo caso omiso a
la ponderación de los hechos y raciocinio lógico en el uso de las redes sociales.
6.- Los pormenores y circunstancias que influyeron en su ánimo para fijar
el monto de la indemnización por daño moral. Estos se contraen como ya
se explicó, a los actos difamatorios y sus efectos ante su entorno familiar y
social, y la verificación de la culpa del autor de dichos actos, que hizo a esta
Sala concluir que los mismos eran de carácter gravísimo.
Por lo cual, y en consideración a todos los fundamentos precedentemente
expuestos, legales y jurisprudenciales, esta Sala fija el monto a resarcir
como indemnización por daño moral causado al demandante y a fin de
proteger el valor del monto condenado como indemnización por el daño
moral acaecido, toma como base de cálculo el valor de la criptomoneda
venezolana Petro, y condena al pago de la cantidad en bolívares
equivalente a CINCUENTA MIL PETROS (50.000,00 PTR), calculada según
el valor del Petro para el momento del efectivo pago. Así se decide.- (Cfr.
Sentencia de la Sala Político Administrativa de este Tribunal Supremo de
Justicia, N° 1112, de fecha 31 de octubre de 2018, expediente N° 2011-1298,
caso: María Elena Matos contra el I.N.I.A.; fallos de esta Sala N° AVOC-008, de
fecha 16 de abril de 2021, expediente N° 2021-008, caso: Diosdado Cabello
Rondón contra C.A. Editorial El Nacional, N° RC-201, de fecha 4 de junio de
2019, expediente N° 2018-640, caso: Diosdado Cabello Rondón contra
Inversiones Watermelon, C.A. y N° RC-666, de fecha 13 de diciembre de 2018,
expediente N° 2018-377, caso: Carlos Alberto Osorio Zambrano contra Carlos
Humberto Tablante Hidalgo; y decisión de la Sala Constitucional de este
Tribunal Supremo de Justicia, N° 302, de fecha 22 de julio de 2021, expediente
N° 2021-0234, caso: C.A. Editora El Nacional en revisión constitucional).-
Monto que será indexado bajo los parámetros expuestos en sentencia de esta
Sala N° RC-517, de fecha 8 de noviembre de 2018, expediente N° 2017-619,
caso: Nieves Del Socorro Pérez De Agudo contra Luís Carlos Lara Rangel, que
señala al respecto lo siguiente:
“...Por último, la INDEXACIÓN en materia de DAÑO MORAL presenta una
particularidad, en la cual, EL JUEZ DE OFICIO ordenará en la dispositiva del
fallo la corrección monetaria del monto condenado a pagar, PERO SÓLO
DESDE LA FECHA EN QUE SE PUBLICA EL FALLO, HASTA SU
EJECUCIÓN, si el condenado no da cumplimiento voluntario a la
sentencia dentro de los lapsos establecidos al respecto, excluyéndose de
dicho cálculo los lapsos sobre los cuales la causa haya estado paralizada
por acuerdo entre las partes, por hechos fortuitos o de fuerza mayor y por
vacaciones judiciales; debido a que la estimación hecha por el juez es
actualizada al momento en que dicta la sentencia, dado “...que la
indemnización o quantum en materia de daño moral, es del criterio exclusivo y
soberano del juez, quien en definitiva es el que la determina de acuerdo con su
prudente arbitrio, con lo cual los sentenciadores ostentan la facultad para
apreciar si el hecho ilícito generador de daños materiales puede ocasionar,
además repercusiones psíquicas, o de índole afectiva, lesivas de algún modo al
ente moral de la víctima, y por lo tanto la estimación que al respecto hagan los
jueces de mérito así como la indemnización que acuerden en uso de la facultad
discrecional que les concede el artículo 1.196 del Código Civil, son de su
criterio exclusivo...”, incluyendo su corrección de oficio por parte de esta
Sala de Casación Civil, quien en definitiva fijará el monto de la condena al
conocer del recurso extraordinario de casación propuesto. Así se decide.-
(Cfr. Fallos de la Sala de Casación Social de este Tribunal Supremo de
Justicia, N° 116, del 17 de mayo de 2000; N° 680, del 12 de diciembre de
2002; 290, del 14 de abril de 2005 y N° 110, del 11 de marzo de 2005, entre
muchas otras, y sentencia de la Sala Constitucional de este Tribunal
Supremo de Justicia, N° 606, de fecha 11 de agosto de 2017, expediente
N° 2017-0558)...”.-
En conclusión y en consideración a todos los fundamentos de hecho y de
derecho precedentemente expuestos, esta Sala casa de oficio y sin reenvío
la sentencia de alzada recurrida, y por ende declara su nulidad absoluta;
confirma en los términos de esta Sala, la sentencia dictada por el tribunal
de primera instancia, la cual sólo fue modificada en cuanto al establecimiento
del monto de la condena de la indemnización, quedando incólume en sus
demás pronunciamientos, y en consecuencia, se declara con lugar la
demanda de daño moral incoada y se condena en costas del proceso al
demandado, por haber mediado en su contra el sistema objetivo o supuesto
necesario de vencimiento total. Así se decide.-
DECISIÓN
Por las precedentes consideraciones, este Tribunal Supremo de Justicia de la
República Bolivariana de Venezuela, en Sala de Casación Civil, administrando
Justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley, declara:
PRIMERO: CASA DE OFICIO Y SIN REENVÍO, la sentencia proferida por el
Juzgado Superior Undécimo en lo Civil, Mercantil, del Tránsito, Bancario y
Marítimo con sede en la ciudad de Caracas, en fecha 20 de octubre de 2020.
SEGUNDO: NULO el fallo recurrido de alzada antes descrito, y como
consecuencia, se CONFIRMA en los términos de esta Sala, la sentencia de
fecha 8 de agosto de 2019, dictada por el Juzgado Primero de Primera
Instancia en Lo Civil, Mercantil, del Tránsito y Bancario de la Circunscripción
Judicial del Área Metropolitana de caracas, ya descrita en este fallo, que
declaró con lugar la acción.
TERCERO: CON LUGAR la demanda de daño moral incoada por el ciudadano
FRANCISCO JOSÉ AMELIACH ORTA contra el ciudadano LEANDRO JOSÉ
DOMÍNGUEZ BÁEZ, ambos ya identificados en este fallo.
CUARTO: SE CONDENA al demandado, ciudadano LEANDRO JOSÉ
DOMÍNGUEZ BÁEZ, al pago de la cantidad en bolívares equivalente a
CINCUENTA MIL PETROS (50.000,00 PTR), calculada según el valor del
Petro para el momento del efectivo pago, como indemnización pecuniaria por el
daño moral cometido al demandante ciudadano FRANCISCO JOSÉ
AMELIACH ORTA.
QUINTO: Se CONDENA en costas del proceso al demandado en la presente
causa, por haber resultado totalmente vencido, en conformidad con lo previsto
en el artículo 274 del Código de Procedimiento Civil.
SEXTO: No se hace imposición de CONDENA en costas del recurso
extraordinario de casación a las partes, dada la naturaleza de orden público del
presente fallo, que casó de oficio la sentencia recurrida de alzada.
Queda de esta manera CASADA TOTAL y SIN REENVÍO la sentencia
recurrida, DECRETÁNDOSE SU NULIDAD ABSOLUTA, conforme a lo
preceptuado en el nuevo proceso de casación civil.
Publíquese y regístrese. Remítase el expediente al Juzgado Primero de
Primera Instancia en Lo Civil, Mercantil, del Tránsito y Bancario de la
Circunscripción Judicial del Área Metropolitana de caracas. Particípese la
presente decisión al juzgado superior de origen antes mencionado, de
conformidad con el artículo 326 del Código de Procedimiento Civil.
Dada, firmada y sellada en la Sala de Despacho de la Sala de Casación Civil,
del Tribunal Supremo de Justicia, en Caracas, a los tres días del mes de
noviembre de dos mil veintiuno. Años: 211º de la Independencia y 162º de la
Federación.