la chica nos escucha y le saca el dedo del medio—. A Hazel ya la conoces.
Y, por desgracia para ti, a Derek también. Juro que no lo he invitado yo.
Genial. Parece que ni siquiera esta noche voy a librarme de él.
—Fracasada —me saluda con un gesto.
Decido ignorarlo y volverme hacia los demás. Sonrío, pero nadie me
presta atención, excepto Hazel, que me hace una seña para que me acomode
a su lado. Lisa me anima con un empujón y las tres nos apretujamos en el
sofá.
—¿Así que te llamas Maia? —comenta Hazel con voz dulce—. Me
gusta. Es un nombre bonito. Y eres muy guapa.
Sonrío con timidez. A su lado, Derek finge tener una arcada.
—Creo que voy a vomitar.
—Gracias —respondo haciendo oídos sordos. Hazel tiene unos ojos
marrones grandes y profundos. Busco rápidamente algo que decir—. A mí
me gusta tu... pelo. Es genial.
Joder, soy pésima en esto de socializar. De nuevo, Derek se hace notar.
Suelta una risotada sarcástica.
—Patética —carraspea con una sonrisa burlona.
Me vuelvo hacia él con cara de pocos amigos.
—¿No tienes nada mejor que hacer?
—En realidad, me preguntaba dónde habías dejado a tu noviecito. Dime,
¿ya se ha cansado de ti?
—¿Sigues afectado porque te mandé a la mierda? Vamos, supéralo, ha
pasado mucho tiempo.
—Seguro que se largó en cuanto logró que te acostaras con él —
continúa, con sus ojos sobre los míos—. Eres rara de cojones, pero estás
buena. Supongo que merece la pena soportarte durante un par de días y
largarse después.
En cualquier otra ocasión lo habría mandado a la mierda, pero ahora,
después de lo que ha pasado, sus palabras hacen que se me forme un nudo
en el estómago.
—Que te jodan, Derek —respondo con la voz temblorosa.
Él no para de sonreír.
—En el fondo sabes que tengo razón.
—Ve a cascártela y déjanos en paz —le espeta Lisa, y la miro agradecida
por que me haya defendido.
Sorprendentemente, Derek le hace caso. Se levanta, se sacude el polvo
de los pantalones y me guiña un ojo, burlón, antes de marcharse. A mí se
me ha revuelto el estómago.
—Ignóralo —dice Lisa cuando desaparece de nuestro campo de visión
—. Sabes que solo quiere hacerte daño.
A su lado, Hazel asiente para darle la razón. Sonrío y finjo que todo me
da igual, tal y como he hecho durante los últimos siete meses. Solo que esta
vez me cuesta mucho más.
Aunque me esfuerzo por participar en la conversación, no lo habría
conseguido de no ser por Lisa y Hazel. Esta última no deja de hacerme
preguntas y contesta a las mías con ilusión. Descubro que es bastante
diferente a Lisa, pero aun así parecen ser muy amigas. Al parecer, se
conocieron en un club de ballet. Me cuentan anécdotas y yo sonrío e intento
escucharlas, aunque tenga la cabeza en otra parte.
Todavía estamos sentadas en el sofá cuando dan las once y media. Se
han incorporado un par de chicos más cuyos nombres no me he molestado
en preguntar. Lisa ya va un poco borracha, y Hazel y yo nos reímos de sus
incoherencias. Estoy a punto de proponer que nos movamos cuando mi
móvil vibra en mi bolso.
Lo saco y se me para el corazón al leer el mensaje.
MÍSTER BORRACHO (ALIAS CAPULLO)
¿Sigues en la fiesta?
Siento una presión molesta en el pecho. A sabiendas de que será lo
mejor, lo dejo en visto y bloqueo la pantalla. Sin embargo, sigue vibrando.
Una y otra vez. Lo ignoro hasta que comienzan a llegar tantos mensajes que
es imposible que los demás no se den cuenta.
—Parece importante —comenta Hazel señalándolo.
Fuerzo una sonrisa y, muy a mi pesar, lo desbloqueo.
MÍSTER BORRACHO (ALIAS CAPULLO)
¿Maia?
¿Dónde estás?
Vamos, responde, por favor.
Entiendo que estés cabreada, pero no me ignores. Vamos.
Está en línea, así que sabe que he leído sus mensajes. Podría responder,
pero no me sale nada. No estoy de humor para hablar con él ahora mismo.
De hecho, estoy dispuesta a apagar el móvil para que me deje en paz, pero
justo en ese momento un audio de casi tres minutos de duración aparece en
la pantalla.
Me muerdo el interior de la mejilla. Mi yo racional sabe que lo mejor
sería no escucharlo, pero no tengo tanta fuerza de voluntad.
—¿Dónde está el baño? —le pregunto a Lisa, que responde sin hacer
preguntas.
Me levanto con aparente tranquilidad, pero después subo la escalera a
toda prisa y sigo sus indicaciones con el corazón a mil. Ahora hay todavía
más gente y es casi imposible abrirse paso entre la multitud. Cuando por fin
llego al segundo piso, giro a la izquierda y lo encuentro. Entro, enciendo la
luz y cierro la puerta. Con pestillo.
Vale. Puedo con esto.
Dejo el móvil en la encimera del lavabo, apoyo las manos sobre ella y
me miro al espejo. Me llega un nuevo mensaje.
MÍSTER BORRACHO (ALIAS CAPULLO)
Escúchalo entero. Por favor.
Estoy completamente segura de que es una mala idea, pero tendré que
enfrentarme a él tarde o temprano. Cojo aire y le doy a «reproducir». De