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Afrodescendientes en la identidad mexicana

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Capítulo uno - Jerarquía, integración, blanqueamiento e

invisibilización: los afrodescendientes y la construcción de la identidad

nacional mexicana durante los siglos XVIII y XIX

Todos los habitantes de él, sin otra distinción que su mérito y


virtudes, son ciudadanos idóneos para optar cualquier empleo.
Vicente Ramón Guerrero Saldaña
Artículo 12 - Plan de Iguala

Introducción

En abril de 2011, PBS transmitió Blacks in Latin America. Producido por el

reconocido académico de Harvard Henry Louis Gates, Jr. Esta serie de cuatro partes

ilumina la presencia africana en América Latina. A lo largo de la serie, Gates se

sorprende en repetidas ocasiones de que tan pocas personas en los Estados Unidos de

América conocen la presencia del afrodescendiente en América Latina. En una entrevista

sobre la aclamada serie, Gates describe por qué decidió incluir a México en la serie:

…no one thinks of Mexico and Peru as black. But Mexico and Peru

together got 700,000 Africans in the slave trade. The coast of Acapulco

was a black city in the 1870s. And the Veracruz Coast on the Gulf of

Mexico and the Costa Chica, south of Acapulco are traditional black

lands. Here’s the punchline, Barack Obama the first black president in the

New World? No way. Vicente Guerrero in 1829. Mulatto, just like Barack

Obama. First President of Mexico.

  24  
Gates parece haberse olvidado del caso de Haití–Henri Christophe (1806), quien llegó al

poder antes de Guerrero.1 Sin embargo su punto es importante: algunos guerrilleros de la

Independencia de México como Vicente Guerrero y José María Morelos son de

ascendencia africana. Esta es una referencia que de hecho no es ampliamente conocida, y

ciertamente no se celebra en México. Por miles de razones que van desde lo pragmático

hasta lo pernicioso, la historia de los negros en México se ha vuelto invisible.

En este capítulo y en el resto de la tesis interrogo la razones, justificaciones, y el

impacto social asociado con el intento por borrar la presencia del afrodescendiente en

México. Naturalmente, comienzo mi análisis con Vicente Guerrero. En verdad, los

esfuerzos para generar esta invisibilidad han sido a menudo obvios, por consiguiente son

fácilmente identificables como por ejemplo el blanqueamiento del que fue objeto el

segundo presidente de México Vicente Guerrero. María Dolores Ballesteros Páez, en su

ensayo “Vicente Guerrero: insurgente, militar y presidente afromexicano” argumenta

que la ascendencia africano de Guerrero “es emplead[a] como un insulto o como

elementos físicos que deben ser ‘blanqueados’ para permitir la plena inclusión de

Guerrero a la élite política” (23).2 En consecuencia la adscripción racial de Guerrero fue

un hecho que se ha mantenido oculto en sus biografías, aún más evidente es el proceso

mediante el cual gradualmente la imagen del presidente Guerrero fue apareciendo (en las

pinturas) cada vez con un tono de piel más claro. Ballesteros Páez cita en su ensayo a

Tomás Pérez Vejo para explicar que el procedimiento pigmentocrático al que fue

                                                                                                               
1
Se puede agregar también que Toussaint L’Oveuture (1789) y Jean-Jacques Dessalines (1804) fueron
gobernantes, sólo que no son considerados presidentes de Haití.
2
Ballesteros Páez, en su ensayo también desarrolla un análisis sobre las representaciones escritas acerca de
Vicente Guerrero, a través del cual muestra cómo: “Guerrero es admirado y respetado por algunos, así
como despreciado y objeto de insultos por sus capacidades intelectuales y su origen racial, por otros” (23-
24).

  25  
sometida la imagen de Guerrero obedece a que: “[…] dentro de sus “esquemas

conceptuales las elites mexicanas decimonónicas se definían a sí mismas y a México

como una nación de raza blanca, latina y española, en lo físico, en lo moral, en lo social y

en lo cultural.” (25) De esta forma se puede entender que el intento por borrar la

descendencia africana de Guerrero no es un acto accidental, no es un hecho casual sino

que se debe distinguir que en la esfera del poder del siglo XIX existe una tensión entre la

acción y la negación, encaminada a eliminar o diluir todo aquello que no se sujetará al

modelo de su imaginario de la identidad nacional mexicana.

Por otra parte, es fundamental para este análisis indicar que existe otro tipo de

borrado, uno que es sutil y aparentemente inocente, por consecuencia es infinitamente

más difícil de identificar y rastrear. Por ejemplo podemos atender los comentarios

realizados por algunos estudiosos que sin proponérselo hacen daño cuando sin querer

minimizan o descartan los aportes de los africanos a la herencia cultural de México. Una

demostración de este borrado sutil son los comentarios hechos, con buenas intenciones,

por la investigadora mexicana Adriana Naveda Chávez de Hita (especialista en la

presencia africana en Veracruz). En la entrevista que realizó el periodista Luis Prados

para su artículo “Las raíces negras de Veracruz” (publicado en junio de 2013 por el

periódico El País), podemos apreciar cómo la postura que presenta Naveda contribuye al

proceso de la invisibilidad de los afrodescendientes mexicanos. Prado resume la dirección

de su artículo de la manera siguiente: “Miles de esclavos robados de África llegaron

encadenados a Veracruz. Son antepasados invisibles de la nación mexicana”. Después de

una breve introducción al tema presenta y cede la voz a la Dra. Chávez de Hita:

  26  
La historiadora Adriana Naveda Chávez de Hita del Instituto de

Investigaciones Histórico-Sociales de la Universidad Veracruzana y

especialista en la población negra de México, explica las verdaderas

circunstancias de esta migración forzada y su evolución: “Actualmente

sólo queda el fenotipo porque [los descendientes afro] son más mexicanos

que el mole. Gonzalo Aguirre Beltrán, el padre de la antropología

mexicana, calculó que llegaron unos 250.000 esclavos–equivalente al

número de españoles asentados en México durante los tres siglos de

dominación colonial, aunque algunos autores modernos elevan esa cifra

hasta casi los 400.000 por el contrabando. La mayoría llegó a finales del

siglo XVI y principios del XVII, y fueron tan pocos porque la población

indígena era muy numerosa”. Sin embargo, añade, “en el caso del puerto

de Veracruz eran el primer grupo racial por delante de blancos e indios”.

Muchos vivían extramuros de la ciudad en barrios como el de La Huaca,

que aún hoy se conserva, con sus casas de madera pintadas de colores y

construidas originalmente, según la leyenda, con los tablones recogidos de

los naufragios.3 (Énfasis mío)

Como se puede observar, cuando la Dra. Chávez de Hita da su punto de vista sobre la

presencia del afromexicano, su opinión es sumamente poderosa, tomando en cuenta que

ella es una de la especialistas con más prestigio sobre este tema en Veracruz. Sin

embargo, aun considerando sus aparentes buenas intenciones así como su reputación, su

comentario se vuelve sumamente peligroso. Es decir, en principio su explicación parece

                                                                                                               
3
Luis Prados, “Las raíces negras de Veracruz,” El País. El Periódico Global. El País Semanal, 26 julio
2013, Internet, 3 octubre 2014.

  27  
ser favorable pero si leemos con claridad, podemos descifrar una pauta acerca de cómo se

está desarrollando el discurso sobre la identidad del afrodescendiente mexicano en el

presente histórico. La invisibilidad de los afromexicanos no se remite a una negación

total: no se niega su existencia, sin embargo se les reduce al fenotipo. Por lo tanto, el

peligro de comentarios como el de la Dra. Naveda radica en la anulación, desde su punto

de vista, de las retenciones y recreaciones culturales que aún podemos encontrar entre la

población afrodescendiente en México.

Por consiguiente debemos estar conscientes de ubicar dos modos muy diferentes

pero eficaces que han servido para borrar nuestro presente histórico. El primero de estos

modos es directo, es torpe, es agresivo, es deliberado y tiende a ocurrir en el espacio

público. Ejemplos incluyen el blanqueamiento del que fue objeto la imagen del

presidente Vicente Guerrero, o los debates sobre la imagen de Memín Pinguín y su

mérito para ser colocado en una estampilla postal nacional. Al analizar dichas discusiones

podemos advertir diversos argumentos que tienden a descontar el contenido de esta

imagen como una representación ofensiva de los mexicanos negros. El segundo modo es

mucho más sutil y, a veces está encubierto o marcado por declaraciones como la

realizada anteriormente por Chávez de Hita, o más notoriamente en los pronunciamientos

públicos, hechos por el ex-Presidente Vicente Fox en Londres en 2005, cuando dijo:

“Nosotros nos sentimos muy orgullosos de Memín Pinguín”.4 El “nosotros real” que

invoca Fox imagina una población mexicana que no ve en sí misma los rasgos

incorporados en Memín Pinguín. Para ser más preciso, lo que sugiere Fox al argumentar

este comentario de manera pública es que las caricaturas de la negritud sólo son posibles

                                                                                                               
4
Melgar, Ivonne. “Nos sentimos orgullosos de Memin” El norte, 8 de julio de 2005, Internet, 2 noviembre
2014.  

  28  
en una sociedad que no contiene una población negra que pueda estar ofendida por tales

imágenes. Su imaginación de la población mexicana es la de una población homogénea.

Si se considera que esta disertación tiene como uno de los objetivos principales

iluminar los mecanismos que han hecho posible la invisibilidad del afrodescendiente

dentro del discurso imaginario del Estado-nación mexicano es importante volver al

pasado e iluminar la historia. Para entender la presencia afrodescendiente en el México

actual, en el presente histórico, es fundamental saber lo que sucedió en la última etapa de

la colonia–finales del siglo XVIII, así como también debemos estudiar los sucesos que

marcaron a México como nación independiente–principios del siglo XIX. Por lo tanto la

investigación que desarrollo en este capítulo me ayudará a responder preguntas como:

¿cuáles han sido las razones? (el por qué) y ¿cuáles han sido los mecanismos? (el cómo),

que se han usado para borrar la presencia y las aportaciones del afrodescendiente en

México del discurso de identidad nacional mexicana.

Este capítulo se enfoca en el análisis de dos períodos históricos: el siglo XVIII-

última parte de la Nueva España y siglo XIX-el período pos-independentista. En primer

lugar estudio cómo la élite en el poder aplica el concepto de casta a finales del siglo

XVIII. Especialmente me enfocó en la influencia que ejercen las pseudociencias sobre los

novohispanos en el poder para codificar los supuestos de superioridad blanca y la

inferioridad racial. Mi análisis de castas me permite explicar el proceso que ayuda a

construir un sistema de jerarquía social, económica y racial, donde los afrodescendientes

son destinados a permanecer en la periferia. Por otra parte, me acerco a las pinturas de

castas como documentos históricos que permiten iluminar los mecanismos usados por la

élite española para marginalizar los afrodescendientes a finales del siglo XVIII. Si bien la

  29  
historia de México como un país independiente comienza con el siglo XIX, es importante

identificar posturas ideológicas, discursos, y conceptos que contienen las preocupaciones

raciales, los estereotipos y las políticas de desprestigio que fueron heredadas del

virreinato a la nueva nación mexicana.

Como tercer punto analizo el argumento de Aguirre Beltrán sobre las distinciones

o diferencias “culturales” que hicieron posible la integración del “negro” en la sociedad

mexicana pos-independentista (siglo XIX). En este sentido demuestro que algunas de las

diferencias señaladas como “culturales” por el antropólogo son en realidad raciales; así

como también es importante subrayar que aquellas que son culturales fueron impuestas a

las comunidades afrodescendientes por la élite en el poder. Un análisis del contexto

histórico de principios del siglo XIX permite entender la manera en la que se reestructura

la nueva nación independiente. De esta forma estaré en la posición de estudiar

aportaciones trascendentales sobre diferencias raciales que servirán de base en la

fundación de la nación moderna mexicana de finales del siglo XIX.

Por último, me enfoco en el proceso de “blanqueamiento” del que fueron objetos

los retratos y/o litografías de Guerrero. Sobre todo quiero establecer una discusión sobre

el por qué la élite mexicana en el poder está interesada en ocultar la ascendencia

afrodescendiente de Guerrero en la narrativa nacional. La importancia de estudiar los

marcos históricos de finales del siglo XVIII y principios del XIX es que ayuda a

distinguir ejemplos de la manera en la que la élite en el poder, así como algunos

intelectuales encaminaron sus esfuerzos para invisibilizar las comunidades

afrodescendientes del discurso imaginario de la identidad nacional mexicana.

  30  
Con mi estudio en este capítulo quiero iluminar cómo fueron utilizados algunos

mecanismos por las elites en el poder para marginalizar los afrodescendientes. Sobre todo

quiero enfocarme en la codificación de los supuestos de la superioridad blanca y la

inferioridad racial a finales del siglo XVIII y principios del XIX. De modo que a lo largo

del presente capítulo voy a responder a preguntas como: ¿Qué significa “casta” para el

siglo XVIII? ¿Cuál es el impacto de las pseudociencias en la sociedad virreinal de finales

del siglo XVIII? ¿Cuáles son las representaciones de los estereotipos o mitos que se

pueden leer a través de las pinturas de castas? ¿Cómo se lleva a cabo la integración del

“negro” en la sociedad mexicana del siglo XIX? ¿Cómo ayudan las imposiciones

culturales establecidas a los negros–por la élite en el poder colonial–para su integración a

la sociedad de la nueva nación? Entre las imposiciones culturales que señala Aguirre

Beltrán, ¿hay restricciones raciales? ¿El afrodescendiente se integra o se invisibiliza en el

discurso ideológico del estado-nación? ¿Por qué en las imágenes de Guerrero se

invisibiliza su ascendencia afrodescendiente? ¿Cuáles son implicaciones del

blanqueamiento de Guerrero en la narrativa nacional de su contexto histórico? y ¿Cómo

impacta “la integración” del negro a la sociedad mexicana y el blanqueamiento de

Guerrero a la invisibilidad de los afrodescendientes?

  31  
Parte I - De la génesis y función del sistema de castas en el siglo XVIII hasta su

abolición por Morelos en 1813

Es sustancial para el desarrollo de este capítulo señalar cuáles son los mecanismos

usados por la élite española, en el contexto de la ideología de la Ilustración, para

marginalizar los afrodescendientes. De esta forma al analizar dichos dispositivos se podrá

exponer la codificación de los supuestos de la superioridad blanca y la inferioridad racial

de los grupos minoritarios–indígenas y afrodescendientes. A partir de una lectura

minuciosa de documentos históricos de este contexto como las pinturas de castas es

posible determinar algunos mecanismos utilizados por las elites en el poder para

sistematizar funciones de gobiernos y jerarquías sociales en dicha población.

El intento por borrar la presencia del afrodescendiente en México es una respuesta

a una serie de preguntas centrales e interrelacionadas en prácticamente todas las colonias

esclavistas en el hemisferio occidental. Dichas preguntas tiene en común a los africanos,

quienes fueron importados principalmente como una fuerza de trabajo, usada para

complementar o suplantar por completo los sistemas existentes de la esclavitud indígena:

¿Quiénes son estos africanos? ¿Cuáles son sus capacidades? ¿Cómo van a encajar o cómo

no van encajar en la nueva sociedad que se está creando? ¿Qué se va a hacer con ellos, en

relación a los otros esclavos–indígenas? ¿Cómo se puede proteger a la nueva sociedad de

la mancha de sangre? y ¿Cuáles son los derechos y privilegios que se les va a conceder?

Mientras que las respuestas concretas a estas preguntas pueden haber diferido

significativamente de una colonia a otra, la forma en que se utilizan las respuestas, y las

implicaciones que estas respuestas tienen filosóficamente son inequívocamente

  32  
uniformes. Los colonizadores lidiaron con las preocupaciones antes mencionadas,

entendieron que sus respuestas debían cimentarse inevitablemente en una estructura

fundamental de las jerarquías raciales desarrolladas en las economías impulsadas por la

esclavitud. Consecuentemente dichas jerarquías se fundan en dos pilares de

presuposiciones racistas: la superioridad europea y la inferioridad africana. En todos los

casos, los africanos se verían obligados a ocupar los peldaños más bajos de la sociedad

colonial mientras que los europeos se reservaron los más altos.

Por lo tanto, para comprender cómo se construye el discurso encaminado a borrar

la presencia del afrodescendiente en México se debe empezar por entender

detalladamente las diferentes épocas de la presencia africana en las Américas. Con

algunas diferencias, las colonias que participaron en la trata de esclavos transatlántica

pasaron en general por cinco fases o momentos: los períodos de esclavitud legal, los

movimientos abolicionistas, los procedimientos de emancipación, la reconstrucción legal,

y las luchas por los derechos civiles, la igualdad y la autonomía que se vive en nuestro

contexto histórico. Al igual que con las preguntas mencionadas anteriormente, estos

movimientos y momentos históricos son diferentes en términos de carácter, tiempo,

duración, y consecuencia de una colonia a otra. Así como se pueden encontrar diferencias

en los momentos y movimientos históricos, es posible encontrar también similitudes entre

las diversas colonias. Tal vez la similitud más constante del sistema colonial es el

desarrollo de normas y regulaciones basadas en privilegios de ascendencia racial. Mucho

antes de que México intentara borrar la presencia de los afrodescendientes de la memoria

y el registro público, la Nueva España desarrolló un sistema complejo para organizar la

diversidad racial de su floreciente población colonial.

  33  
Los nuevos sistemas de organización de la élite de Nueva España se concentran

en proteger la pureza racial de la población europea al mismo tiempo que son usados para

mantener el poder económico sostenido en el trabajo inhumano al que son sometidos los

esclavos africanos. De modo que los sistemas de organización desarrollados por los

colonizadores españoles se erigen en las bases de un viejo concepto religioso para

establecer las diferencias raciales. Es decir, los colonizadores de la Nueva Españas

utilizan la llamada “limpieza de sangre” (creada durante la persecución de los judíos en la

península ibérica para determinar quién era y quién no era descendiente de verdaderas

familias cristianas) que termina siendo parte fundamental de un sistema híbrido de

ordenamiento social y económico que se conocerá como el sistema de castas. Tal y como

se ha señalado anteriormente el estudio de la primera parte de este capítulo se centra en el

análisis de los mecanismos para marginalizar los afrodescendientes usados en el contexto

de la ideología de la Ilustración. Por consiguiente es preciso revisar el significado del

término de casta en el siglo XVIII.

La noción de “casta” se mantiene en el Diccionario de Autoridades, de

principios de siglo XVIII. En el “casta” se refiere a aquello que no tiene

mezcla, a un estado puro. Sin embargo, añade la definición de “cuarterón

nacido en América de mestizo y española, ó de español y mestiza”. Lo

anterior indica un nuevo sentido en dicha categoría, ya que vemos

instalada una taxonomía basada en las combinaciones de los diferentes

grupos humanos del Nuevo Mundo. Clasificación en la que el componente

del color era un dato fundamental para establecer nuevas formas de

identificación e identidad social y política. (González Undurraga 1499)

  34  
Esta definición es resultado de un fenómeno que tiene lugar en la Nueva España del siglo

XVIII, donde se puede advertir claramente la convivencia entre españoles, criollos,

indios, mestizos, negros y mulatos: esta variedad poblacional nos sugiere un complejo

fenómeno sociopolítico de intercambio y convivencia. En este sentido, María Elisa

Velázquez Gutiérrez establece algunas aclaraciones sobre este contexto sociopolítico en

el ensayo “Africanos y afrodescendientes en México: premisas que obstaculizan entender

su pasado y presente”:

Es cierto que la Nueva España fue una sociedad sumamente desigual

económica y socialmente, con diferencias estamentales y corporativas, sin

embargo, difícilmente puede considerarse como una sociedad de “castas”

con rígidas separaciones por apariencias, oficios o color de piel, como

algunos autores lo siguen considerando. Es importante hacer notar que en

la noción de “casta” utilizada en ocasiones como sinónimo de “calidad” se

incluían a todos los mestizajes, muy difíciles de clasificar desde el siglo

XVII, pero prácticamente imposible para el siglo XVIII. (14)

En consecuencia se puede entender que siempre existe una distancia entre la realidad de

la vida cotidiana y la realidad imaginada, en este caso por la élite española. Pese a los

esfuerzos de las elites para restringir el acceso que tuvieran las mezclas raciales al poder,

usando para tal efecto el sistema o ideología de castas, es posible encontrar excepciones

que muestran cómo los grupos minoritarios tuvieron “cierta movilidad”. Sin embargo, lo

que merece la atención resaltar en este análisis es el nuevo significado del uso de casta

para este período histórico.

  35  
Para entender cómo funciona el término de casta en el siglo XVIII es importante

subrayar que tal definición traslada a la esfera social un sentido de

clasificación/jerarquización usada comúnmente en la biología para definir los grupos de

animales y vegetales. El hecho de que dicha categorización se aplique ahora en el

contexto social, asociado a la manera en la que se está explicando el intercambio y la

convivencia de los diferentes grupos que conforman la sociedad novohispana, es el

indicativo que se relaciona el concepto de casta al de raza. Para tener claridad sobre las

modificaciones en la definición del concepto de casta, es necesario comparar su

significado en el siglo XVII, ya que revela que casta se pueden entender en tres sentidos:

el primero con una significación de linaje, el segundo desde una óptica genealógica, y el

tercero como una categoría de personas. En este último caso, casta funciona para

establecer una relación positiva que indica nobleza, alcurnia, etcétera.

Es de destacar que el Diccionario de Covarrubias del siglo XVII entiende

por casta “el linaje noble y castizo, el que es de buena línea y

descendencia; no embargante que dezimos es de buena casta y mala

casta”. También apela a la genealogía en términos naturales y morales, por

cuanto el comportamiento sexual de los varones generaría una buena o

mala descendencia […] Por último, se refiere a una categoría de personas,

los “castizos”, como aquellos que “son de buen linaje y casta”. (González

Undurraga 1497-98)

En esta definición, la casta se ubica en el terreno humano, mientras que la raza para el

mismo período histórico, “se vincula, entonces con la idea de un origen espurio, dado por

linaje, por la sangre, por el parentesco, por la “herencia biológica” se dirá más tarde”

  36  
(González Undurraga 1498). Entonces se puede advertir que para el siglo XVII casta se

relaciona con el linaje y la nobleza, mientras que raza se vincula con un linaje espurio

(que tiene como sinónimo degenerado, corrompido, ilegítimo, etcétera). Si bien ambos

son conceptos que indican linaje también implican contenidos opuestos. Por consiguiente

para el siglo XVIII se puede advertir una diferencia, el hecho de que el concepto de casta

agregue un sentido de clasificación/jerarquización de los diferentes grupos humanos que

conviven en la sociedad virreinal (donde “el componente del color” va a determinar

“nuevas formas de identificación e identidad social y política” ) implica por primera vez

una relación entre la casta y la raza dentro de una definición conceptual humana.

Tomando en cuenta el fenómeno sociopolítico de intercambio y convivencia que

se dio en el Nuevo Mundo, las pseudociencias fueron herramientas invaluables usadas

por las elites en el poder para reafirmar el dominio de España sobre la sociedad virreinal,

en especial sobre los indígenas y los afrodescendientes. En el contexto histórico, no es de

extrañar que la obra de pensadores europeos de la Ilustración como David Hume (1711-

1776), Immanuel Kant (1724-1804) y Johann Friedrich Blumenbach (1752-1840)

ayudaran a marcar el comienzo de una era de pensamiento pseudocientífico sobre la raza.

María Elisa Velázquez Gutiérrez señala que estos intelectuales “se propusieron hacer

ciencia con métodos y procedimientos basados en ‘la razón’, y se preocuparon por

clasificar y organizar el mundo natural y social” (“Orgullo y despejo” 28). Los cambios

que genera esta nueva forma de pensamiento privilegian al individuo en oposición a las

leyes divinas. Sin embargo a la hora de explicar al individuo se puede advertir que las

elites en el poder de la sociedad virreinal usaron las pseudociencias para enfatizar las

ventajas de un modelo de superioridad racial eurocéntrico en contraposición al

  37  
estereotipo de inferioridad racial atribuido a los indígenas y los afrodescendientes como

un modelo racial no deseado. 5 En el caso del último grupo también se inscribe la

preocupación cristiana de la limpieza de sangre (de la Reconquista española de 1492) que

se remonta a las sospechas de las impurezas de la sangre mora y judía.6

Consecuentemente, cuando se llega al final del siglo XVIII, observamos que la

Nueva España ha producido un discurso sobre el orden sociopolítico basado en un

sistema de castas con privilegios por motivos de raza.7 Por tanto, es importante saber

quién quedó en qué categoría/casta. Al igual que muchas otras naciones, México llegaría

a depender de los mitos de superioridad o inferioridad racial como se demuestra en el

sistema de castas y el apoyo de las ideas ilustradas sobre las diferencias raciales para

justificar su tratamiento de las personas obligadas a permanecer en los márgenes de la

sociedad.

Como uno de los ejemplos más palpables, sobre cómo las ciencias de la razón son

usadas por las elites para ejercer poder y dominio, en el contexto sociopolítico del siglo

XVIII, podemos examinar las pinturas de castas o mestizaje.8 Dichas pinturas surgen, al

parecer, como una necesidad de:

                                                                                                               
5
En este sentido se puede apreciar un modelo donde el cuerpo de la élite se establece como lo blanco, lo
civilizado, lo moderno, etc., mientras que en oposición se encuentran los cuerpos populares que contiene al
indio, al aborigen, el negro, el nómada, el bárbaro. Consecuentemente, esos elementos van a estar presentes
a la hora de establecer las preguntas sobre raza entre 1750 y 1850 para el contexto mexicano (González
Undurraga 1505).
6
Los mismos europeos también tenían que comprobar ser cristianos viejos, de limpia casta y generación,
sin raza ni mezcla de moros, ni judíos, ni otra secta reprobada (“La población” 267).
7
La categoría de raza es (re)conceptualizada a finales del siglo XVII y a lo largo del XIX, de esta forma se
puede percibir que pasó de ser un concepto taxonómico a uno biológico-antropológico. Es decir pasó de ser
un concepto que describía la organización del mundo animal y humano, a un concepto que racializaba la
cultura. (González Undurraga 1494)
8
Velázquez Gutiérrez en el ensayo “La pintura de castas o mestizaje: una manera de descubrir cómo eran
los novohispanos” establece que: “Gran parte de estas pinturas está compuesta por 16 escenas en lienzos
separados, aunque algunos de ellas aparecen en un solo cuadro dividido en distintos compartimientos”.
Ilona Katzew, otra importante estudiosa del tema, calcula que hasta la fecha se han encontrado alrededor de
100 series de castas. Así como también explica que: Muchas de las series de cuadros de castas fueron

  38  
peninsulares deseosos de mostrar a los círculos de poder las características

de la Nueva España, en particular la superioridad de su origen sobre las

castas–bajo los nuevos lineamientos que sobre el origen racial estaban en

boga, […]Sin embargo, también se reconoce que su factura respondió a

móviles internos, de criollos, mestizos u otros grupos sociales orgullosos

de los suyos… (Velázquez Gutiérrez 104)

Es importante señalar que las pinturas de castas constituyen un valioso conjunto de

artefactos que nos ayudan a comprender la diversidad cultural y racial en el México

colonial siglo XVIII, ya que son documentos históricos que permiten realizar lecturas

sobre los oficios, la vestimenta o las relaciones de género de la población novohispana.

Por otra parte, las pinturas de castas también pueden ser usadas para analizar los

estereotipos inscritos en los grupos minoritarios como es el caso de los

afrodescendientes–en este sentido voy a analizar las pinturas de las castas o mestizaje.

En consecuencia para tener un panorama más integral sobre cómo fue “utilizado”

el sistema de castas en la colonia es necesario entender cómo se desarrolla dicho sistema.

La corona ordena a las líneas de la familia de peninsulares que engendran hijos en la

Nueva España–siguiendo el ejemplo de los impuestos públicos regresivos de España–los

impuestos pasivos en la base de líneas raciales. En medio de estos polos se desarrolla una

fórmula que establece que entre más cercana es la persona a la sangre africana, el pago

tributario es más alto y por el contrario, entre más se acerca la persona a la “sangre pura”

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                         
elaborados por famosos pintores, en su gran mayoría novohispanos, entre ellos, los Arellano, Juan
Rodríguez Juárez, Luis Barrueco y José Ibarra, activos entre la segunda mitad del siglo XVII. Miguel
Cabrera, José Joaquín Magón, Andrés de Islas, Ignacio María Barreda, José de Páez, Sebastián Antonio
Salcedo, Mariano Gutiérrez, Francisco Clapera, el único español, o Ramón Torres, fueron los pintores
importantes en la segunda mitad de siglo XVIII que también elaboraron cuadros de mestizaje. Sin embargo,
muchos otros fueron realizados por pintores poco conocidos como Luis Mena, de la primera mitad del siglo
XVIII y por artistas anónimos, no por ello menos representativos”. (102-07)  

  39  
del español, el impuesto económico es menor. Inicialmente esta estratificación funciona

bien pero con el tiempo se perciben claramente dos limitaciones. Primero el sistema de

castas llega a ser difícil de manejar, y por otra parte es un sistema poroso. En este último

sentido se puede advertir que no es en absoluto difícil sobornar a un miembro del clero

para alterar un registro de bautismo o intimidar a un funcionario del censo para cambiar

una posición del individuo (o toda una comunidad ) dentro del sistema de castas, con el

golpe de una pluma. También se vuelve difícil confiar en la “pigmentocracia” para

determinar quién puede y quién no puede legítimamente reclamar privilegios que se

acumulan en la blancura de la sangre pura.9

En este sentido John K. Chance, en su estudio “On the Mexican Mestizo” (1979)

establece que desde 1570 hasta 1810, los registros del censo tomados a nivel local,

regional, nacional, así como también de aquellos censos realizados por los militares son

notoriamente inconsistentes en término de cómo fueron utilizadas las categorías de

castas. El número de categorías que se encuentran en los registros de los censos varía de

tres a por lo menos doce, también se puede apreciar poca coherencia en relación con las

denominaciones que aparecen en los registros colectivos. A menudo, los términos que no

son considerados castas como “mulatos libres”, “negros libres”, “asiáticos” y “cacique”

aparecen junto a otras categorías menos ciertas como “indeterminado”, “varios”, y

“moriscos y pardos”. Además de estas inconsistencias en la clasificación, en la

enumeración y en los errores numéricos que se encuentran en estos documentos (los

números rara vez se suman), existen otros métodos usados para comprar la salida de las

restricciones de casta. La más famosa de estas salidas es la de Gracias al Sacar

certificado legal que permitía a su dueño (aunque fuera negro) recibir los privilegios
                                                                                                               
9
Término de Trudier Harris.

  40  
reservados para peninsulares y algunos criollos. No es de extrañar entonces que la élite

gobernante comienza a aplanar las jerarquías raciales y sociales que se establecieron en el

primer siglo de la “post-conquista”. Es decir se eliminan niveles de castas intermedias

(categorías impositivas) con las que los individuos se deslizan con facilidad para evitar

los impuestos, el servicio militar, la esclavitud, o el volver a la esclavitud. El

aplanamiento gradual de jerarquías sociales generó una necesidad que resultó en una

reducción de una amplia gama de posiciones de castas.

Por lo tanto, Cuando Cabrera está pintando a mediados del siglo XVIII, lo está

haciendo sobre una mitología de la estratificación racial que nunca existió, ni habría sido

práctica en una colonia con una economía en auge como la Nueva España. Más

interesante que las cincuenta y tres estratificaciones de castas del imaginario de la Nueva

España que fueron representadas en el trabajo de Cabrera (Katzew 24), es el hecho de que

las elites de la sociedad novohispana se convirtieron en expertos en manipular estas

categorías para adaptarlas a condiciones que se vivían en lugar de aquellas que se

imaginaban ser. A la luz de los resultados de Chance podríamos concluir que la

desaparición de los negros en el discurso público en la Nueva España, tenía menos que

ver con la discriminación racial de lo que tenía que ver con la realidad económica. En una

sociedad que presenta una fuerte actividad de intercambio y convivencia, donde hasta

cierto punto se puede elegir a qué linaje pertenecer, los individuos optaron por el linaje

que era más ventajoso en términos económicos. Es decir, si no existe ningún beneficio

económico al que dice ser de ascendencia africana en el México colonial ¿cuál era la

razón lógica para pertenecer a dicho grupo? 10 Por lo tanto este fenómeno redujo

                                                                                                               
10
“La marginalización de los afromexicanos, así como el de muchos indígenas y blancos pobres, los obligó
a impugnar su identidad y calidad en una búsqueda de privilegios continua. Los afromexicanos y otros

  41  
seriamente las estadísticas demográficas de los afrodescendientes para esa época. Es

importante insistir en que esto no significa que los negros no existieran pero sí se puede

señalar que dicho fenómeno es el primer mecanismo que contribuye a la invisibilidad de

los afrodescendientes mexicanos. Al igual que lo que sucedió en España durante la

Reconquista, los africanos podían mezclarse en la sociedad y evitar la persecución al

igual que generaciones de moros y judíos lo habían hecho antes. Debemos moderar estas

conclusiones con los resultados de los estudios más reciente como el de Douglas R. Cope

que en su libro meticulosamente documentado The Limits of Racial Domination:

Plebeian Society in Colonial Mexico City, 1660-1720, minuciosamente delinea una

paradoja importante con respecto al paso de una posición a otra en el sistema de casta.

Cope establece que si bien hubo incentivos económicos para pasar de una casta a otra,

esos alicientes fueron superados por el costo social del paso que significó el

establecimiento de nuevas relaciones sociales (75-85). En consecuencia, las personas no

pasaban tan a menudo como nos gustaría imaginar desde nuestra perspectiva histórica.

Los discrepancias significativas que se encuentran entre el análisis de Aguirre Beltrán

(1970), el análisis de Chance (1979), Nutini (2000) y la impresionante revisión de Cope

(1994) sobre el tópico de casta sugiere que la raza y casta en la Nueva España colonial es

una realidad mucho más compleja de lo que nos han hecho creer. Más importantes son

los registros de nacimiento, licencias de matrimonio, casos legales, y otros materiales de

archivo revelan una rica presencia civil de las profundidades de la cual apenas estamos

llegando a apreciar plenamente.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                         
grupos subalternos tuvieron éxito en su impugnación de identidad y rango social cuando lo hicieron de
modo colectivo, a través de redes de parentesco, confraternidades, comunidades y compañías militares”
(Carroll 136).

  42  
Antes de comenzar con el análisis, es indispensable precisar las consideraciones

que los especialistas en estudios coloniales han establecido en relación a las

interpretaciones de dichas pinturas. Los historiadores coinciden en que las categorías

usadas en las pinturas de castas no representan una situación verdadera sobre la

estratificación de la sociedad virreinal. Es decir, afirman los especialistas, que no se ha

podido encontrar información que avale que en la cotidianidad del siglo XVIII se

utilizará una tipología de estratificación tan sofistica como la que sugieren las pinturas de

castas (García Sáiz, 1989; Cruz Carretero, 2006; Velázquez Gutiérrez, 2011). 11 Sin

embargo, éstos mismos han establecido que las pinturas de castas sí nos permiten realizar

una interpretación si son consideradas como documentos históricos. Es decir, a partir de

estas fuentes históricas se puede percibir el quehacer de la sociedad novohispana, la

forma de vestir, los oficios, las relaciones de género entre los grupos étnicos, hasta es

factible advertir el carácter de los personajes representados en dichas pinturas. Se puede

agregar que las pinturas de castas, además de informarnos sobre lo antes mencionado,

también lograron captar “las representaciones de los estereotipos o mitos” que contienen

parte de la ideología de la época sobre los afrodescendientes (“‘Orgullo y Despejo’” 26-

27). En este sentido se centra mi análisis sobre dichas pinturas, específicamente analizó la

forma en la que se plasman los estereotipos inscritos sobre los afrodescendientes

mexicanos como un mecanismo de control y poder encaminado a marginalizar y

minimizar a este grupo.

                                                                                                               
11
Sagrario Cruz Carretero, establece en la introducción del catálogo de la exposición The African Presence
in México, que las pinturas de castas, “probablemente fueron pintadas por encargo obedeciendo a una
corriente pseudocientífica producto de la Ilustración. Los nombres usados en estas obras no corresponden
con la realidad cotidiana de la época ya que los registros parroquiales de bautismo, matrimonios y
defunciones no se encuentran categorías tan complicadas como las de las castas llamadas ‘eruditas’ …”
(23).

  43  
Las pinturas de castas producen varias taxonomías de las castas. En una

serie se pueden apreciar hasta veinticinco categorías: “criollos, mestizo,

mulato, zambo, castizo, morisco, albino, ahí te estás, albarazado, barcino,

calpamulo, cambujo, coyote, chamizo, chino, cholo, grifo, jenízaro, jíbaro,

lobo, no te entiendo, salta-atrás, tente en el aire, torna-atrás y zambaigo

considerando.” (García Sáiz 24-29)

Haciendo una lectura detallada de las veinticinco categorías es posible encontrar algunas

constantes, las cuales indican que en la medida que una persona presenta características

fenotípicas propias de su mestizaje con relación al “negro” el lugar que le corresponde es

el inferior. Como resultado de esta política, en el nivel más alto de la pintura de castas

está ubicado el criollo (español/blanco), mientras en el más bajo se ubica al “negro”.

Considerando lo antes expuesto se puede establecer que las pinturas de castas proponen

como una figura ideal al europeo o como González Undurraga explica: “el modelo [es]

(lo blanco, lo civilizado, lo moderno, etc.) que se encuentra en oposición a los grupos

populares (el indio, el aborigen, el negro, el nómada, el bárbaro)” (1505). De esta forma

las castas establecen una identificación personal que impacta en la construcción

sociopolítica del finales del siglo XVIII, donde el español o el criollo–blanco además de

ser el modelo racial es la figura que mantiene el poder político y económico.

A través de estas representaciones es posible leer otros estereotipos que enfatizan

el discurso de supremacía eurocéntrica. Como por ejemplo, el uso de términos

despectivos para denominar aquellas castas que son el resultado del mestizaje donde

intervienen personas de ascendencia afro, tales como mulato -que se relaciona con la

palabra “mula” que es el producto del cruce entre un caballo/yegua y un burro/a- o el

  44  
término lobo torna atrás -que sugiere la regresión a la raza negra-, y que contiene la

mezcla de india y cambujo–este último término significa caballo o yegua de color negro

con viso rojizo que se aplica a cualquier persona de color muy negro–, entre otros. En

consecuencia, se puede agregar que algunos nombres de las castas hacen alusión a

animales, lo que sugiere una insistencia en relacionar la imagen del negro, con lo

salvaje/lo animal. Por otra parte, también se encuentra el uso de categorías como salta-

atrás, tente en el aire, torna-atrás, que son las tres últimas, antes de zambaigo, y que

sugieren “posiblemente regresión hacia la raza negra” (García Sáiz 28-29). Lo más

importante de resaltar aquí es la insistencia ideológica por adjudicar representaciones o

adjetivos con la intención de crear estereotipos encaminados a desprestigiar a los grupos

minoritarios, a los otros. De esta forma se fomenta un discurso de poder que coloca a los

europeos blancos como el prototipo ideal al mismo tiempo que se promueve un

estereotipo sobre los grupos marginados: los indígenas12 y los afrodescendientes. Este

discurso de desprestigio es uno de los mecanismos que contribuye, en un sentido obvio a

mantener a los afrodescendientes, en términos generales, en las esferas de la periferia;13

más complejo aún es percibir que de esta manera se inicia una ideología que funcionará

                                                                                                               
12
Es importante destacar que las pinturas de casta o mestizaje, también ofrecen información sobre un
discurso de superioridad europea en relación al indígena pero en esta ocasión sólo vamos a discutir lo
relacionado con los grupos afrodescendientes.
13
Sin embargo la Dra. Velásquez Gutiérrez argumenta que es posible advertir algunas excepciones
siguiendo los estudios sobre la población afrodescendientes que sugieren que de alguna manera los
africanos y afrodescendientes de la sociedad novohispana participaron activamente: “… Por ejemplo, es
sabido que los conquistadores estuvieron acompañados por africanos que participaron en la colonización y
que recibieron tierras y encomiendas por sus servicios [Restall, 2005]. También sabemos que a lo largo del
siglo XVII la Nueva España creció hacia adentro y desarrolló cierta autonomía social, económica y política,
por los problemas que enfrentaba España con el resto de Europa, o que permitió, entre otras cosas, un
intercambio importante entre indígenas, españoles y africanos, así́ como cierta movilidad económica y
social. Fue así́ que muchos africanos y afrodescendientes tuvieron posibilidades de obtener su libertad y
acceder a trabajos como artesanos en distintos gremios, funcionarios, comerciantes, capataces, arrieros o en
las milicias mejorando sus condiciones de vida. Ello por supuesto no niega que muchos continuaron
sometidos a situaciones de esclavitud, explotación y marginación” (“Africanos y afrodescendientes en
México” 13-14).

  45  
como un mecanismo encaminado a borrar la población afrodescendiente del centro del

discurso.

Tal vez irónicamente, al final, el sistema de castas proporciona una evidencia

irrefutable de una población negra desde el período colonial hasta la independencia. El

discurso encaminado a borrar la población de negra en México fue un proceso

significativo que tomó su tiempo para que pudiera llevarse a cabo, hasta el punto que

incluso algunos académicos se resisten a la idea de una presencia afromexicana existente

en el México actual. Al final, nos encontramos con que esta población nunca fue

completamente absorbida dentro de la población mexicana. Que además de las

comunidades aisladas como Coyolillo y Matamba, entre otras en Veracruz o la red de

pueblos que componen la Costa Chica en los estados de Guerrero y Oaxaca, cada

comunidad metropolitana importante en México contiene comunidades de ascendencia

africana (1946, Aguirre Beltrán; 2004, Vinson).

En una línea similar, al igual que los afrodescendientes en México no se

desvanecen en el olvido, el sistema de castas tampoco. El sistema de castas desarrollado

en México por más de tres siglos ha requerido más de una derogación legal para ser

descentrada. Es decir la construcción de un proyecto hegemónico como el mestizaje para

explicar la diversidad racial en el México independiente no fue suficiente para neutralizar

la diversidad poblacional. En consecuencia, la persistencia de las ideas sobre la raza y el

sistema de castas–con otra finalidad–siguen informando el contexto sociopolítico para los

intelectuales del siglo XIX (como es el caso de la guerra de castas que se desarrollan

entre 1847 y 1850), que pretenden elaborar una identidad nacional mexicana que evite la

  46  
casta y sus principios de organización.14 De esta forma desde la independencia y a lo

largo del siglo XIX, los pensadores tratan de escribir en su lugar nuevas identidades

nacionales que registran descendientes de los españoles, indígenas nobles, y su

descendencia mestiza al tiempo que niegan la presencia de los mexicanos de ascendencia

africana. Una y otra vez, las complejas realidades demográficas del pueblo mexicano y

las contradicciones filosóficas implícitas en el sistema de castas han frustrado los

esfuerzos para imaginar un México multicultural, desde su nacimiento con Cortés hasta la

actualidad .

Así como se ha podido observar que la ideología de la Ilustración tuvo un fuerte

impacto en la construcción de la identidad en la Nueva España–terreno de lo

sociopolítico–es importante entender cuáles son la implicaciones de la misma en lo que

respecta al contexto socioeconómico. Especialmente si consideramos que las grandes

desigualdades económicas y sociales van a originar los movimientos independentistas de

lo que será la nación mexicana.

Como resultado de la nueva ideología de la Ilustración, podemos observar un

avance en la sociedad virreinal que se refleja en la industria, la minería, y el comercio

exterior, entre otros. Este auge comercial se traduce en mejoras en la capital de la Nueva

España, como por ejemplo se construyen casas palaciegas, se instala la iluminación

nocturna, y se permite el tránsito de coches entre otro servicios, lo que proporciona una

sensación de que la urbe está avanzando hacia el modelo que se propone en la Ilustración.

                                                                                                               
14
Esta lucha pone en relieve las injusticias que vivían los indígenas a mediados del siglo XIX. De tal forma
pese a que México es un país independiente que se rige con leyes, La guerra de castas evidencia que la
nueva nación aun tiene fallas que permiten un estado de desigualdad. Las guerra de castas tuvieron lugar en
Yucatán, Chiapas , Oaxaca y en la sierra de Xichú por mencionar los lugares donde fue más grave el
conflicto. Por otra parte, llama la atención el uso del termino de casta a mediados del siglo XIX cuando este
sistema como tal había desaparecido legalmente desde 1813. En este sentido se debe aclarar que el término
casta implica un horizonte entre “la raza blanca o criolla” de México y los “indios” (González Navarro 80).

  47  
Por otra parte, la ciudad adopta un gusto por lo francés como los bailes, los cafés, las

botillerías, las fondas y los billares (González 76). Con estos cambios se intenta que la

Nueva España se reviste con las novedades europeas. Desafortunadamente los beneficios

que arroja este apogeo económico no son equitativos, ya que los privilegios sólo tienen

impacto en la población de ascendencia española, que como “gobernantes, acrecieron su

poder y como mercaderes aumentaron sus riquezas” (González 78). Los criollos

aristócratas, dueños de minas y haciendas, también se favorecieron de estos beneficios

económicos, sin embargo, hay que subrayar que si bien los españoles están dispuestos a

compartir las riquezas no es así con lo que respecta al poder.

A mediados del siglo XVIII surgen las Reformas Borbónicas que:

se propusieron restablecer el control de los virreinatos; palabras o

nociones como la de “colonia” comenzaron a utilizarse para explicar la

nueva relación de sujeción que caracterizaría las relaciones entre las

potencias europeas y los territorios americanos […] impusieron nuevos

controles económicos, políticos y sociales. Uno de los que más afectó a la

sociedad novohispana, como bien se sabe, fue el desplazamiento

económico y político de los criollos por los españoles. (Velázquez

Gutiérrez 14-16)

Como consecuencia los españoles nacidos en Europa establecen una diferencia entre ellos

y los criollos/españoles nacidos en América, con la intención de controlar/evitar el

ascenso de las elites criollas al poder. De esta forma las decisiones importantes quedan

solamente en manos de los españoles europeos que se ubican en el nivel más alto de la

sociedad novohispana. Esta diferenciación entre los españoles y criollos genera gran

  48  
descontento, y se volverá uno de los motivos principales, que más tarde conducirán a los

movimientos independentistas.

Los contrastes desproporcionados tanto en el terreno socioeconómico como

político promueven el surgimiento de un nuevo grupo de blancos comunes y corrientes

llamado los criollos humanistas. Este grupo se caracteriza por promover una voz crítica

en contra de la élite en el poder, sobre todo–los criollos humanistas–se opone a la

desigualdad humana que permea la sociedad virreinal–que sólo busca los beneficios

propios a costa del abuso de los indígenas y los afrodescendientes. La nueva facción

social se constituye por diversas órdenes religiosas (especial relevancia tienen los

jesuitas), así como también por laicos: “médicos, abogados, mercaderes y oficiales del

ejército” (González 78). Algunos de estos humanistas criollos “proclamaron con orgullo

su parentesco con los indios” (78). Especialmente podemos citar el trabajo realizado por

el padre Pedro José Hernández, y el del padre Francisco Xavier Clavijero, ya que ambos

luchan por la igualdad entre los hombres. En particular, Clavijero defiende a los

indígenas cuando: “asegura que los indios son ‘tan capaces de todas las ciencias como los

europeos’” (79).

Sin embargo este esfuerzo encaminado a lograr una igualdad entre los seres

humanos no es extensiva a los afrodescendientes, ya que es el mismo Clavijero quien

declara sobre este grupo:

¿Pueden imaginarse un conjunto más opuesto a la idea general que

tenemos de la belleza y de la perfección del cuerpo humano que un

hombre fétido, cuya piel es negra como la tinta, la cabeza cubierta de lana

  49  
negra en lugar de cabello, los ojos amarillos o rojos, los labios gruesos y

negruzcos y la nariz aplasta?. (“Oposición de raza” 53)

Esta postura nos sugiere una continuidad del principio ideológico que se puede observar

también en las pinturas de castas o mestizaje con respecto a los indígenas y los

afrodescendientes como grupos minoritarios, que sugiere una postura más rígida hacia los

asuntos relacionado con los “negros,” en tanto que percibe una flexibilidad a la hora de

explicar las cuestiones relacionadas con los indígenas.15 De esta forma se puede observar

cómo comienza un movimiento encaminado a respaldar a los indígenas. Es decir cuando

se les otorga la posibilidad de ser considerados con capacidad intelectual como los

europeos, se inicia un discurso que va a florecer en las discusiones post-independentista

sobre identidad nacional, donde se va a establecer que identidad nacional mexicana es

resultado de la unión de indígenas y españoles.

Haciendo un recuento, podemos advertir que las filosofías de la Ilustración en el

contexto de la sociedad novohispana refuerzan desigualdades sociales y económicas que

van a motivar cambios significativos que se concretarán a partir de los movimientos

independentistas. Es decir por una parte, se advierten conflictos entre los españoles y los

criollos de la élite que se disputan el poder y los beneficios del enriquecimiento, mientras

que por otra parte, hay disconformidad entre los indígenas, mestizos negros y mulatos, ya

que desean salir de la miseria y el abuso del que han sido objeto. Por otra parte, la

juventud criolla humanista no ve con buenos ojos el recrudecimiento de la tiranía de la

                                                                                                               
15
En este sentido el Dr. Aguirre Beltrán en el ensayo: “Oposición de raza” explica: “… parece también
incuestionable que esta conciencia era especialmente vigorosa en cuanto concierne al negro y sus mezclas
y mucho menos sensible en lo que atañe al indio y los productos de su amalgama con el blanco. Entre
conquistadores y pobladores hubo quienes casaran con indias principales y si no lo hicieron con indias del
común debióse a la abyección de su status social y no a la naturaleza de su casta. Los mestizos resultantes
de esta mezcla, cuando engendrados en legítimo matrimonio, gozaban de los derechos y prerrogativas de
los españoles” (52).

  50  
élite en el poder–con el objeto de mantener a los españoles en el apogeo económico.

Además los criollos humanistas advierten los cambios sociopolíticos como resultado de

la revolución francesa, y a la independencia de las trece colonias británicas del país

vecino. En consecuencia, tanto los criollos humanistas como los grupos marginados:

indígenas, mestizos negros y mulatos proponen cambios al interior de la sociedad

virreinal. Entre los principios que enarbolan podemos citar: la edificación de una patria

honorable, el acabar con el sistema de tutela para los indios, el repartir entre sus codueños

las tierras de las comunidades indígenas, así como también difunden la idea de la

separación entre Nueva España y la Vieja España (González 81). Los cambios exigidos

por ambos grupos tanto en los aspectos socioeconómicos como políticos van a propiciar

el fin de la sociedad novohispana y el comienzo de México como un país independiente.

El 16 de septiembre de 1810, Miguel Hidalgo y Costilla se levanta en armas bajo

la exhortación de derribar al mal gobierno. Entre las proclamas del padre Hidalgo se

encuentran el uso exclusivo de las tierras de comunidad por sus dueños, la abolición de la

esclavitud en beneficio de seis mil negros, la extinción de los monopolios estatales del

tabaco, la pólvora de naipes, y la supresión de los tributos que pagan los indios (González

83-84). Cabe aclarar, que aun antes del triunfo de los movimientos independentistas, y

con la intención de borrar las diferencias que se viven en el país, en 1813 José María

Morelos y Pavón establece legalmente la abolición de castas.

Consecuentemente se puede advertir un estado de igualdad, con lo que se cumple

con uno de los ideales independentistas, sin embargo al mismo tiempo podemos advertir

que existen otras razones que motivan los grandes cambios en la construcción

sociopolítica que son realizados en la época de la Independencia:

  51  
El ideal de igualdad otorga la esperanza necesaria de que las diferencias

entre unos (“nosotros los criollos”) y otros (“las castas”) sean borradas

para poder instalar un nuevo orden político y social: la Nación. Ideal, el de

igualdad, que camufla el pánico de los grupos dirigentes respecto de la

mayoría plebeya en tanto se sirve de la promesa de igualdad para contener

una furia latente: “se cierra todo camino a las quejas o resentimientos.

(González Undurraga 1510)

Como se puede observar, la causa más obvia de las nuevas leyes, tal y como señala

González Undurraga, es apaciguar al grueso de la población conformada por los grupos

minoritarios. Más allá podemos añadir que con el establecimiento de la igualdad también

se pretende lograr una mayor participación de los grupos marginalizados en favor de los

criollos que dirigen los movimientos independentistas.16 Sin embargo, uno de los efectos

más significativos de esta sociedad en transición–en términos de la conformación de la

identidad–es que a partir de este momento comienzan una integración discursiva de los

negros, los mulatos, y los mestizos‒las antiguas “castas”‒ a la nueva conformación social

y política. Por lo tanto, aquí comienza el segundo mecanismo que contribuye a la

invisibilidad discursiva de los afrodescendientes mexicanos. No será el mismo caso para

los indígenas, ya que éstos van a conservar su adscripción étnica por lo tanto van a

permanecer separados del resto de la población.17

                                                                                                               
16 Ben Vinson ha trabajado ampliamente el tema de los afromexicanos en la milicias en su libro: Bearing

Arms for his Majesty: The Free-Colored Militia in Colonial Mexico.  


17 Aguirre Beltrán establece que “ ...el indio, para quien se convino paridad, todavía hoy permanece

segregado configurando una multiplicidad de minorías étnicas y culturales” (“Oposición de raza” 54).  

  52  
La abolición de las castas se puede establecer como una marca histórica que va a

determinar la aplicación de otros recursos, sistemas, conceptos que ayuden a explicar la

conformación de la población en términos físicos y culturales:

El paso–al menos en el discurso–de una sociedad virreinal a una moderna

y republicana también quedó inscrito en los significados y uso de los

conceptos de “casta” y “raza”. La transición mencionada se describe en el

paso del concepto casta, propio del mundo novohispano, al de raza, propio

del México decimonónico, para explicar las diferencias físicas y culturales

de los diversos sujetos de dicha sociedad. (González Undurraga 1496-

1497)

Consecuentemente en la segunda mitad del siglo XIX vamos a encontrar diversas formas

de interpretar la conformación sociopolítica, sobre todo en base a una ideología

positivista que trata de explicar esta nueva realidad sociopolítica a través del término de

raza en lugar de casta. En este sentido, dentro de la nueva nación mexicana se va a

generar una construcción binaria de la identidad nacional mexicana, llegándose a

establecer que esta identidad es el resultado de la unión de los españoles y los indígenas.

Con esta tesis se da inicio a la construcción del mestizaje como una ideología de

homogeneización encaminada a explicar la identidad nacional mexicana.18

La tan anhelada Independencia llega hasta el 28 de septiembre de 1821, cuando

entra a la ciudad de México el ejército trigarante con Iturbide al frente, y se proclama el

                                                                                                               
18 En el ensayo “Africanos y afrodescendientes” la Dra. Velásquez Gutiérrez, presenta una serie de

argumentos para establecer una diferenciación entre: la “ideología del mestizaje” y “el proceso de
intercambio y convivencia que efectivamente se dio en México y que continúa entre regiones” (18-20). En
este sentido he usado el término intercambio para el siglo XVIII, y mestizaje para el siglo XIX, con la
intención de establecer una diferenciación cuando me refiero el proceso de intercambio y convivencia entre
los diferentes grupos que conforman la sociedad novohispana o la sociedad independentista.  

  53  
primer gobierno independiente. El camino ha sido largo y con un costo económico muy

alto que se refleja en “un déficit de 4 millones y una deuda heredada de 76 millones”

(González 93). Por otra parte, en el ámbito del orden social aún persisten los problemas

de desigualdad: los indígenas siguen desprotegidos, enfrentados ahora a los latifundistas;

se agudizan las condiciones laborales tanto del peón como del artesano, y aun sigue en

vigor la esclavitud. Para contrarrestar este complicado panorama socioeconómico y

político, la clase media se propone crear programas que estimulen la producción

económica del país y constituyen programas de salud y educación. Más allá de estas

intenciones el grupo se entusiasma por la conformación de una constitución que respalde

mejores condiciones de trabajo, pero sobre todo que pueda garantizar a todos los

mexicanos condiciones de igualdad. Consecuentemente, el nuevo país comienza a

plantear la necesidad de construir una identidad nacional que incluya a toda la población

como un ser nacional, donde se traspasen las diferencias de clase, etnia y raza. Sin

embargo, estos ideales de igualdad no son suficientes para generar el cambio, en parte

porque el poder económico y político sigue en manos de los criollos. Dicho grupo insiste

en establecer una diferencia entre el grueso de la población y su pequeño grupo en el

poder, de esta forma vamos a encontrar que los conceptos que respaldan esta posición

cambian. Al final, el resultado que se espera es establecer una línea entre los criollos y el

resto de la población. Es decir que:

Las características de lo puro y lo híbrido, contenidas en el concepto de

casta del período novohispano, siguen vigentes a comienzos del siglo XIX.

No obstante, “blanco” y “casta” devienen en metáforas de raza porque en

el escenario político y social de la independencia el horizonte cultural es lo

  54  
ilustrado, occidental, moderno. Un horizonte que tiene una figura muy

precisa que lo encarna: el “criollo blanco”. (González Undurraga 1510)

Si existe un claridad en la esfera del poder, donde lo criollo es el modelo cultural,

político, y racial que se desea enfatizar como un prototipo ideal, la pregunta es entonces:

¿Qué hacemos con los negros? ¿Cuáles son sus privilegios? ¿Cuáles son sus

restricciones? ¿Cómo van a ser considerados en un nuevo Estado-nación que preferiría

que no existieran? Sobre todo si se toma en cuenta que se debe construir una identidad

nacional que sea compatible y que no sea inferior en relación a los Estados recientemente

establecidos como independientes en América del Norte (Estados Unidos de América -

1776), en el Caribe (Haití - 1804), o naciones postrevolucionarias en Europa (Francia -

1789). Uno de los requisitos que entorpece que el Nuevo Estado mexicano dialogue con

las otras naciones constituidas es el hecho que siga en vigor la esclavitud.

  55  
Parte II - La integración del “negro” en la sociedad mexicana: factores culturales y

raciales

El 1 de abril de 1929 se declara presidente a Vicente Guerrero. El nuevo

gobernante ha sido líder de los movimientos independentistas como parte de los ejércitos

multiétnicos y multirraciales que exigían la libertad y la igualdad. Ese mismo año el

presidente Guerrero firma el decreto sobre la abolición de la esclavitud, que forma parte

de las demandas de dicho grupo.19 Con la abolición de la esclavitud se cierra el círculo

que se había iniciado con la abolición de las castas, lo que traerá grandes repercusiones

para los grupos afrodescendientes en México, sobre todo lo relacionado con un discurso

encaminado a borrar los contribuciones y la presencia de dicho grupo del discurso de la

identidad nacional mexicana. En la conformación de la nueva construcción sociopolítica

los criollos mantienen su configuración como el modelo ilustrado, occidental y moderno,

mientras que los indígenas siguen separados mediante un horizonte sociocultural que los

clasifica en salvajes, semisalvajes y civilizados, y el resto de la población queda integrada

en el grupo de los mestizos. De esta forma, a través del grupo de los mestizos, los

afrodescendientes quedan integrados en el discurso de la identidad de la nación

mexicana. Al menos, en lo que se refiere a una configuración fundamentada en el

mestizaje como una construcción ideológica. De este modo el Estado mexicano traza el

camino que lo llevará a la construcción de una identidad hegemónica nacional.

Para tener una comprensión más clara sobre la integración del afrodescendiente

así como la integración de los pueblos indígenas en la sociedad nacional mexicana es


                                                                                                               
19
Hoffmann establece de la abolición de la esclavitud que ya en 1810 existe una primera prohibición, y que
fue hasta 1817 que fue abolida, sin embargo que el último decreto fue firmado por Vicente Guerrero en
1829 (110).

  56  
sustancial analizar el ensayo de Aguirre Beltrán: “The Integration of the Negro into the

National Society of Mexico” (1970). En dicho documento el antropólogo discute las

formas específicas en las que tantos los afrodescendientes como los indígenas pueden o

no pueden integrarse legalmente a la sociedad nacional de México. Es conveniente

precisar–antes de comenzar el análisis–que cuando se revisa el uso de Aguirre Beltrán

sobre el término “integración” se puede percibir una diferencia significativamente del uso

académico de dicho término en el presente. En nuestro momento la definición sociológica

del término contiene dimensiones sociales, raciales, políticas y económicas. El uso del

término por Beltrán se produce en un momento en que los Estados-naciones, sobre todo

Estados Unidos, están preocupados por las dimensiones jurídicas de la integración y

debaten acaloradamente la posibilidad misma de la concesión de los grupos minoritarios,

de la igualdad social, de la justicia racial, del poder político y la libertad económica que

forman parte del concepto de ciudadanía.

Aguirre Beltrán dispone de una parte importante de su ensayo para explicar el por

qué y cómo el sistema de castas en México se convierte en discurso diferente de lo que

fue en España o del que se practica en las sociedades hindúes. Para Beltrán, casta

significa estratificación social colonial:

based on a graduated series of positions, openly called castes by colonial

officials, which were determined by racial, economic, and social

differences. These social strata functioned rigidly during the consolidation

of the colonial system and gave rise, from the very beginning, to a series

of contradictions which finally destroyed it. (27)

  57  
El antropólogo señala que desde el principio, las realidades sociales, culturales, políticas

y económicas en el México colonial debilitan el desarrollo del sistema de castas como se

refleja en los cuadros de castas de la época. Es decir, en lugar de que la élite novohispana

desarrolle un sistema más elaborado que intente incluir todos los intercambios raciales

posibles o al menos las más dominantes; los colonialistas optan por un enfoque más

pragmático y adoptan una versión simplificada del sistema de castas donde

persistentemente los europeos aparecen en la parte superior de la jerarquía social, los

indígenas en los escalones intermedios, y los africanos en los peldaños más bajos.

Por otra parte, la afirmación de Beltrán de que los negros no forman parte de un

grupo en particular en el sistema de castas es problemática:

The negroes and mulattoes, unlike Indians, were not considered a separate

caste… the negroes, mestizos, and mulattoes, enfranchised or runaways,

constituted the second largest group of the population at the close of the

colonial epoch. The definitive destruction of the caste system resulted

from its inability to contain the growing numbers of these marginal men

without a distinct position in the structure… the integration of the Negro

was the result of his untenable position, of his marginal place within

colonial society, an undesirable situation which was resolved by the

abolition of the caste system itself. (26)

Si se analiza el sistema de castas se puede advertir que más de la mitad de las

designaciones se refiere a las personas de ascendencia africana. Es cierto que hubo un

espacio especial en ese sistema reservada para los pueblos indígenas, pero había muchos

más espacios reservados para los afrodescendientes que para cualquier otro grupo. En

  58  
verdad, el sistema de castas tal y como se desarrolla en el México colonial tiene más que

ver con la categorización y el control de los afrodescendientes que con los otros grupos

étnicos y raciales.

A medida que el sistema de castas se debilita y degenera con el tiempo, Aguirre

Beltrán crea una teoría simple pero intrigante para explicar por qué los negros–que se

encuentran en los peldaños más bajos de la sociedad–se integran más fácilmente en la

sociedad en relación a los indígenas que ocupan una posición más alta. El antropólogo

argumenta que cuando se establece la abolición del sistema de castas, se abre la puerta

para la inclusión en la sociedad mexicana de los grupos que no pueden ser clasificados

apropiadamente en términos de casta. Según Aguirre Beltrán, cuando se forma la nación

mexicana la segregación de los pueblos indígenas obedece a una situación de voluntad y

esfuerzo por mantener su posición subordinada en el sistema de castas señorial. Esto es

resultado, según el antropólogo, a que los pueblos indígenas desde el principio se dieron

cuenta de que la situación de subordinación ofrecía ciertas ventajas que les permite el

mantenimiento de ciertas diferencias “culturales” como el lenguaje, la vestimenta

distintiva, la vivienda, la alimentación, y los oficios. Desde esta perspectiva se puede

observar que Aguirre Beltrán está sugiriendo que los pueblos indígenas lucharon con más

insistencia que sus opresores para mantener su estatus de inferioridad.

The Indians maintained and defended the colonial structure which had

organized them in corporate communities that were endogamous and

subordinate in the social hierarchy, and which relegated them to primary

occupations in the economy… Within this system of “castas” the Indian

was forced into a subordinate position which he later defended with even

  59  
more tenacity than those who had conceived it originally…With

independence and the abolition of the system of “castas.” The Indians,

who were the largest group within the colonial population, were unable to

integrate themselves into a national society based on class rather than

caste. They remained in separate ethnic groups because various parts of

the country offered them places of refuge where they could maintain the

caste structure. These still exist today and impede complete integration.

(26-27)

Haciendo a un lado el debate sobre la conveniencia de la “integración total”, se puede

distinguir claramente que la idea de Aguirre Beltrán sobre la integración significa

encontrar un lugar dentro de la sociedad en general–sin que esto incluya ser acogido por

la autoridad dominante. Esta integración significa desprenderse de la diferencia con el fin

de integrarse en la medida de lo posible. La visión del concepto de integración de 1969 a

principios del siglo XXI ha cambiado, ahora es más igualitaria, al menos, implica la

búsqueda de la convivencia armónica.

Por otra parte, con respecto a la integración del afrodescendiente Aguirre Beltrán

establece que la desaparición de este grupo del registro público es–en algún nivel–

resultado de sus esfuerzos para volverse invisibles, y así lograr su plena integración. En

este sentido, la ausencia de toda mención de los afrodescendientes en el registro público

es una prueba positiva del éxito de estos esfuerzos. Cuando Aguirre Beltrán explica cómo

se produce dicha integración se puede percibir una posición notablemente conservadora:

“cultural differences were far more important than racial distinctions as mechanisms

which prevented the integration of ethnic groups into the national society”. (23)

  60  
Esencialmente si se descarta raza como un factor en el proceso de integración, se aprecia

en el discurso de Aguirre Beltrán ocho distinciones culturales prominentes que hicieron

posible la integración de los negros–pero imposible para los pueblos indígenas–el idioma,

la vestimenta distintiva, el estilo de la vivienda, la alimentación, las ocupaciones, la

visión del mundo, la condición de gente de razón, y el acceso a la estructura social

tradicional. Sin embargo, si se observa con detenimiento no todas estas diferencias son

culturales, ya que las dos últimas son más bien diferencias filosóficas. Aguirre Beltrán

sostiene de manera poco convincente que fuera de dichas diferencias culturales los

afrodescendientes son similares o sólo ligeramente diferentes de las personas de

ascendencia europea; mientras que los indígenas, por su propia voluntad han mantenido

diferencias culturales que han resultado en la imposibilidad de su integración en la

sociedad.

Para comprender los argumentos de Aguirre Beltrán es preciso profundizar en las

cinco primeras distinciones: los negros hablan español o dialectos del español, mientras

que los indígenas insisten en el mantenimiento de cientos de diferentes idiomas; los

pueblos indígenas aceptan la idea del vestido distintivo que se les permitió usar mientras

que los negros son despojados progresivamente de cualquier vestido particular; las

comunidades indígenas son libres de construir viviendas en su forma tradicional, mientras

que los negros viven junto a los criollos y españoles; en tanto que los negros comen los

mismos alimentos que los blancos, los indígenas continúan con una alimentación

tradicional; finalmente los pueblos indígenas son confinados a las empresas agrícolas

“autónomas y autosuficientes”, mientras que los negros están empleados en una gama

mucho más amplia de ocupaciones que van desde mano de obra especializada–como la

  61  
minería–hasta el servicio doméstico. Tal y como se puede observar de estas cinco

supuestas diferencias culturales, el lenguaje es la única manifestación que se refiere a una

diferencia cultural deliberadamente mantenida. Las cuatro diferencias restantes no puede

ser consideradas manifestaciones de la cultura producto de la elección libre–

propiamente–más bien son imposiciones culturalmente establecidas a los

afrodescendientes en nombre del mantenimiento del orden social. Tiene cierto sentido

entonces pensar en estos elementos culturales impuestos como los requisitos sociales

establecidos para absorberse dentro de los grupos principales en lugar de determinarlos

como barreras culturales.

Haciendo un recuento de la interpretación de Aguirre Beltrán con respecto a la

integración de los grupos afrodescendientes encontramos algunas contradicciones

adicionales. Aguirre Beltrán señala que la creación de un ejército regular integrado en

1765 refleja un debilitamiento del sistema de castas. Así como también destaca el hecho

de que la entrada en la sociedad a través del servicio militar había estado prohibido

durante mucho tiempo. Sin lugar a dudas esta prohibición no puede ser considerada una

restricción por razones culturales, sino que más bien parece que surgió por motivos

raciales.

En otro ejemplo, Aguirre Beltrán señala claramente que los españoles que se

volvieron artesanos o pequeños comerciantes se organizaron “en gremios de tipo feudal”

(18). Estos gremios eran instrumentos eficaces en el mantenimiento de las restricciones

conservadoras del sistema de castas–que surgieron durante el siglo XVI y continuaron

hasta el siglo XVIII. Los gremios limitan la gama de ocupaciones que el antropólogo cree

son importantes para la integración del afrodescendiente. Sin embargo dichos gremios se

  62  
pueden interpretar, al final, como barreras que sirven para proteger a los

españoles/blancos contra las posibles usurpaciones de los afrodescendientes en términos

económicos no en términos culturales. Otro punto que discute Aguirre Beltrán como

posible vía para la integración de los afrodescendientes es el clero. El antropólogo

establece que la Iglesia católica frena la entrada de los afrodescendientes al clero bajo el

argumento de que racialmente, no son aptos para oficiar así como tampoco pueden

supervisar la vida espiritual de los demás. En este caso el mismo antropólogo está

afirmando que estas restricciones hacia los afrodescendientes obedecen a razones raciales

y no motivos culturales como se sugiere en la lista de las ocho diferencias culturales. Por

otra parte, los afrodescendientes son el único grupo de personas en el México colonial

que tienen prohibido poseer propiedad. Esta restricción no está basada en modo alguno en

las diferencias culturales sino que se orienta a un asunto de raza y de discriminación

racial.

Tomando en cuenta el análisis anterior, es pertinente volver a las tres

afirmaciones más problemáticas en el argumento de Aguirre Beltrán en relación a la

cultura: la tesis de que los afrodescendientes tienen la misma cosmovisión que sus

opresores, que en lo esencial las leyes civiles y eclesiásticas fueron las mismas para los

afrodescendientes que para los españoles, y que los afrodescendientes no pueden

reconstruir las estructuras sociales y cultura que habían desarrollado en África (26).

Aguirre Beltrán plantea la pregunta sobre la integración del negro en la sociedad

mexicana contextualizándola en la visión del mundo de África en el período colonial. Es

difícil creer que el amo y el esclavo no ven el mundo de manera diferente. Aguirre

Beltrán reconoce que debe haber habido alguna diferencia entre lo que la “élite educada”

  63  
y el “trabajador ignorante” deben haber creído. Sin embargo insiste en que las diferencias

entre la visión del mundo de los negros (libres y esclavos) y la visión del mundo del amo

de los esclavos “were not as radically divergent from each other as they were from the

concepts of the Indians who preserved a set of ideas derived directly from ancient Meso-

American thought and barely modified by acculturation” (25). Si la resistencia violenta a

un orden social refleja efectivamente la divergencia de visión del mundo entre el amo y el

esclavo, entonces existe amplia evidencia de que las personas de ascendencia africana

ven el mundo significativamente diferente de aquellos que se sentían justificados para

intentar esclavizarlos. Creo que es difícil encontrar un mejor ejemplo que evidencie la

divergencia entre estos dos grupos.

Por otra parte, con respecto a las leyes civiles y eclesiásticas–que Aguirre Beltrán

argumenta han teniendo un efecto igualador–se puede subrayar que no parecen haber

tenido sus raíces en diferencias culturales, así como tampoco parecen evidenciar

consciencia de las diferencias que el propio Aguirre Beltrán ha usado para iluminar su

argumento sobre diferencias culturales–tal y como se ha discutido anteriormente. El

problema con respecto al argumento central de “La integración de los negros” de Aguirre

Beltrán estriba en el hecho de que él identifica numerosas distinciones coloniales que

hicieron posible la “integración” del negro que no tienen que ver estrictamente con

diferencias culturales, sino que más bien dichas diferencias se han hecho basadas en la

raza. No obstante es problemático hablar de una “integración”–como se entiende

académicamente en este momento–tanto del afrodescendiente como del indígena en

términos culturales menos aún en un sentido económico–político-social–cuando se llegue

  64  
a las preguntas de identidad se debe considerar las dimensiones psicológicas también.20

Con todo lo discutido se puede observar que Aguirre Beltrán ha iluminado, al menos el

entretejido que la élite en el poder ha tramado para que el afrodescendiente mexicano

quede integrado discursivamente a la nueva nación mexicana. Hecho que se puede

advertir en el discurso ideológico del estado-nación encaminado a aglutinar la población

mexicana mediante la construcción de una identidad hegemónica.

Para finalizar se puede concluir que con la abolición de la esclavitud y el

surgimiento del nuevo estado de derecho se genera el segundo paso que conduce a que

los afrodescendientes queden borrados como un grupo sociopolítico dentro del discurso

de la nación mexicana del siglo XIX. Sin embargo, se puede observar una contradicción

en la integración discursiva de los grupos afrodescendientes al discurso de la nueva

nación:

La paradoja reside en el hecho de que la mala raza, tan reusada por el

estudioso, no encontró graves obstáculos para integrarse en la sociedad

nacional apenas quedó legalmente constituida; no hubo discriminación en

su contra, ni seria interdicción, para que ocupara una posición en la

estratificación de clases que venían tomando forma. (“Oposición de raza”

54, énfasis mío)

En este sentido se puede agregar que si bien, los afrodescendientes se reconfiguran (mas

no se integran) como parte de la estratificación de clase, son los que tienen menos

recursos económicos–con algunas excepciones, ya que se desempeñan en actividades

como “campesinos, obreros y artesanos ‘libres’” (Hoffmann 110). Por otra parte, se

                                                                                                               
20
Tal y como se ha mencionado anteriormente, en nuestro momento la definición sociológica del término
contiene dimensiones sociales, raciales, políticas económicas y psicológicas.

  65  
puede señalar que no todos los afrodescendientes se asimilan al mestizaje como un

proceso de integración e intercambio. Es decir, quedan reductos de estos grupos donde se

pueden ubicar “identidades regionales particulares que integran y recuerdan los orígenes

negros sin reducirse a ellos: jarochos en Veracruz, guanches en las tierras calientes de

Morelia, moscogos en Coahuila” (110). Es posible que Hoffmann no menciona la Costa

Chica de Oaxaca y Guerrero porque es tan obvia la importancia de esta zona como una

identidad regional. Sin embargo y pese a que estos grupos presentan en mayor o menor

grado características fenotípicas como color de piel, o tipo de cabello, etcétera, y que en

la actualidad sea posible establecer construcciones identitarias que presentan retenciones

tanto en la música como en la comida (por citar las constantes más relevantes) fueron

reducidos al mestizaje como una construcción ideológica explicada como el resultado de

la unión de europeos e indígenas. Como se va a poder observar, a lo largo del siglos XIX,

XX y XXI, este mestizaje ha brindado la posibilidad para que la identidad mexicana sea

definida bajo diversas fórmulas pero manteniendo una constante: la omisión de los

grupos afrodescendientes.

  66  
Parte III - Entre la abolición de la esclavitud en 1829 y el blanqueamiento de

Guerrero ¿Dónde quedan los afrodescendientes mexicanos?

Considerando que el discurso de la nueva nación mexicana a través de los

derechos de igualdad ha logrado que los afrodescendientes (negros, pardos o mulatos)

pasen a formar parte de la población mestiza y tomando en cuenta que el modelo ideal es

la imagen criolla, es relevante establecer un análisis sobre cómo es interpretado por la

élite conservadora en el poder el hecho de que el afrodescendiente Vicente Guerrero

asuma la presidencia de México en 1929. Vicente Guerrero es sin lugar a dudas uno de

los personajes más fascinantes entre los líderes de la época de la independencia. Cuando

Guerrero asume la presidencia, firma la famosa abolición de la esclavitud en México.

Esta decisión es una de las más trascendentales en la historia de México, pero también

demuestra ser una decisión fatal para Guerrero.

Dado su historia militar y lealtad absoluta a México, se puede pensar que su poder

en el cargo iba a durar mucho más tiempo que los escasos ocho meses y diecisiete días

desde su toma de posesión hasta el día de su destitución por el vicepresidente Anastasio

Bustamante (uno de los verdaderos villanos de la época de la Independencia). Temiendo

el regreso de Guerrero al poder, Bustamante orquesta una ejecución en manos de un

grupo pequeño de rebeldes. Las filosofías liberales y progresistas de Guerrero respecto a

la raza y a la ciudadanía, junto con su imagen pública poderosa resultan ser una amenaza

en contra de la cristalización de la identidad de la nación floreciente. Entender la

trayectoria política de Guerrero no es difícil, sin embargo para comprenderla es necesario

advertir la trayectoria política y social de los grupos que se le oponen. Tomando en

  67  
cuenta, que dichos grupos se volvieron un reto para el presidente, Guerrero tiene que

contradecirlos la mayor parte de su tiempo como líder de la República. La oposición que

sufre Guerrero en su presidencia se imbrica con el sistema de castas, cuya ideología sigue

informando las perspectivas raciales en las primeras décadas del siglo XIX. El corpus de

los estudios dedicados al sistema de castas es abrumador, literalmente podemos encontrar

cientos y cientos de libros y artículos académicos que mencionan de manera significativa

o se centran exclusivamente en este tema. Aun así, quiero presentar varios puntos claves

de esas investigaciones que me ayudan a iluminar cómo la imagen de Guerrero,

afrodescendiente (pardo)–remitida a las clasificaciones/denominaciones de las castas–es

usada en los intentos por borrar o controlar la presencia del negro en la vida y cultura de

México del período de la independencia al período de la Revolución un siglo después.

Cuando el sistema de castas fue abolido oficialmente en 1812, hacía mucho tiempo que

había dejado de servir a la Nueva España la función que originalmente fue establecida.

De hecho, se puede observar en la dinámica socioeconómica de la fuerza de laboral–en la

Nueva España de Cortés a Cabrera–que los criollos y españoles desarrollaron sus propios

sistemas de privilegio por motivos de raza y de origen étnico, así como por razones de

orden económico–tal y como se ha discutido en la primera parte de este capítulo.

En este contexto Guerrero, como hijo de un arriero “pardo”, siempre es un

recordatorio profético del pasado racializado de México. Él es la manifestación física de

la fusión metafórica de sangre indígena, europea y africana en la raíz del pasado de la

nación. Mientras Guerrero está vivo, su imagen se encuentra bajo constantes ataques

debido a su herencia racial, un patrimonio que en su haber Guerrero abraza a pesar de las

presiones por asociarlo a la identidad criolla. Consecuentemente se pueden advertir dos

  68  
mecanismos encaminados a borrar el origen afromexicano del presidente Guerrero. El

primer dispositivo se puede ubicar en una serie de documentos que insisten en

desprestigiar la imagen de Guerrero, usando estereotipos construidos en la colonia en

contra de los negros: sobre su capacidad intelectual, virtud moral, propensión a la

embriaguez, entre otros. Mientras que el segundo mecanismo nos advierte sobre un claro

intento por blanquear los retratos o pinturas donde aparece Guerrero como presidente o

como héroe de los movimientos independentistas. (Vinson “La historia”, Vincent “Racial

Amnesia”, y Ballesteros “Vicente Guerrero”)

El desprestigio del que fue objeto Guerrero surge del grupo que se le opone, ya

que la imagen de Guerrero los enfrenta con una realidad: el máximo representante de su

país es un afrodescendiente pese a todos los mecanismos desplegados para eliminar la

presencia de este grupo. En consecuencia se pueden advertir las preocupaciones de la

élite criolla, quienes descubren que no es suficiente con construir un discurso imaginario

sobre la identidad del nuevo país, sobre todo cuando la identidad que se desea incorporar

es una imagen específica: lo civilizado, lo ilustrado y lo criollo. Los intelectuales

contemporáneos a Guerrero‒Bustamante, y Zavala, entre otros‒ establecen una campaña

de desprestigio en la que usan argumentos sobre la adscripción racial del presidente para

subrayar “su alteridad”‒ negro, efigie prieta, familia negricia (Ballesteros Páez 27-28). Es

decir, se subraya la parte ajena de “la realidad mexicana”–siendo esta la realidad de la

élite criolla capitalina. Por lo tanto se puede observar que, “aunque el sistema de castas

había desaparecido, en la mentalidad de la élite conservadora capitalina, el origen

africano seguía siendo un insulto, una explicación de maldad y la violencia y un elemento

ajeno a lo mexicano” (30).

  69  
En este sentido se puede interpretar que el blanqueamiento de Guerrero a través

de sus retratos es otro mecanismo desplegado para borrar la imagen de un presidente

afrodescendiente. De esta forma, la élite criolla intenta borrar las representaciones de los

afrodescendientes dentro de la identidad nacional. Entre las imágenes de Guerrero, que

aún se conservan, se puede advertir diferentes maneras de interpretar su origen

afromexicano. Por ejemplo, las pinturas de José Francisco Rodríguez (1850), nos revelan

una imagen donde: “el general tiene la piel morena y el pelo rizado”, mientras que “en las

representaciones de Segura [cerca de 1820] sólo las patillas son rizadas […] su cabello

liso, su piel clara y su vestimenta elegante” (Ballesteros Páez 31). Por su parte, el pintor

Primitivo Miranda (1870), en sus litografías: “presenta al general con el pelo rizado y las

patillas largas y espesas que lo caracterizan, los labios gruesos y la expresión seria”.21 En

oposición a las tres imágenes señaladas existen otras representaciones como las de

Ferdinand Bastin y Julio Michaud y Thomas (1836), donde el general aparece con “su

patilla negra como su pelo y su piel tan clara como la de Iturbide” (Ballesteros Páez 31).

En este ejemplo, se advierte un blanqueamiento que en nivel más obvio presenta la

imagen de Guerrero con un tono de piel más claro, mientras que en otro nivel más sutil se

reviste dicho blanqueamiento con la estilización de la imagen del presidente. Es decir, se

usan elementos como la vestimenta que se relaciona con: “la elegancia de la élite política

y militar mexicana” (32), como es el caso del retrato de Ramón Sagredo, donde Guerreo

es presentado con una capa y su uniforme. En oposición a esta interpretación se

encuentran dos retratos al óleo de Anacleto Escutia (1850), donde se puede apreciar a

Guerrero como: “…el tipo sureño, cabello obscuro y ensortijado, rostro moreno y gesto
                                                                                                               
21
No ha sido posible precisar la fecha de la primera versión del dibujo de Miranda que sirvió de modelo
para la litografía de Santiago Hernández. Sin embargo en El libro rojo: 1520-1867, se puede encontrar una
copia de dicha litografía.

  70  
desconfiado” (Báez, citado por Ballesteros Páez 32). En conclusión se puede advertir una

insistencia por representar a un México, a través de sus héroes, que se aleja de la variedad

racial y que parece más bien moderno, es decir como concluye Ballesteros Páez que

representa “al México imaginado”.

Mirando desde el análisis de Vicente Guerrero hacia mediados del siglo XIX, hay

que reconocer que el intento de suprimir la presencia afrodescendiente en México fue

parte de una transformación mayor, que no tiene únicamente por objeto excluir a los

negros. Considerando el período de noviembre de 1810, cuando Guerrero se unió a la

rebelión contra España hasta su destitución en 1829, se puede advertir un cambio global

en el orden social en México. En el momento en que se llega al final de ese período, los

criollos han desplazado a los españoles como el grupo más poderoso de la República. Los

afrodescendientes libres y antiguos esclavos pugnan por encontrar un lugar en las filas de

los mestizos. Mientras tanto los mestizos se erigen como el segundo grupo más poderoso

de la nueva República. Por último, la población indígena se ha dividido en grupos

“civilizados”, “semicivilizados” y “salvajes” y conforman el tercer grupo la identidad

nacional tripartita recientemente imaginada.

Sin estas transformaciones sin precedentes en el cuerpo político (reales o

simuladas), se debe imaginar que la elección de Benito Juárez no hubiera sido posible.

Más que eso, Vasconcelos se habría visto privado de las bases de su teoría sobre la raza

cósmica un siglo después de que un General “pardo”, orgullosamente reclamara su

ascendencia africana, india y su sangre europea, cuando ascendió a la presidencia de la

nueva República.

  71  
Durante la primera mitad del siglo XIX, México vive un período de una gran

inestabilidad económica, política y social. Además de las luchas encaminadas para lograr

la Independencia, se puede precisar que entre 1821 y 1850 México tiene cincuenta

gobiernos‒once de ellos fueron presididos por Santa Ana‒, esta inestabilidad implica un

sinnúmero de enfrentamientos internos. Este desequilibrio lleva a la pérdida de un

extenso territorio nacional: Nueva California, Nuevo México y Chihuahua (1848). Por

otra parte, el país sufre inestabilidad por las guerras de castas (entre 1845-1850).22 Dichas

sublevaciones de los indígenas en contra de los criollos–se ubican en las frontera norte

(Sonora) y la frontera sur (Yucatán), aunque también se dan enfrentamientos en Oaxaca,

Veracruz, Michoacán, Guanajuato y Puebla entre otra regiones (González Navarro 70-

81). Estos enfrentamientos dan lugar a que el término de casta en desuso a principios de

siglo XIX–con la abolición de las castas, vuelva a utilizarse, sólo que ahora: “…casta,

adquiere un sentido racial al antagonizar a los grupos en conflicto como “indios” contra

“blancos”, indios que se perciben como exterminadores de quienes no pertenezcan a su

“raza”, según deja ver en cartas oficiales …” (González Undurraga 1518). Es así que

casta se vuelve un sinónimo de raza, en donde el indígena contemporáneo–de ese

contexto histórico–representa la raza “salvaje” que amenaza la estabilidad del Estado

mexicano.

En términos intelectuales es difícil definir cual es la identidad nacional mexicana,

sobre todo considerando que no ha habido una cohesión nacional–entre los criollos, los

                                                                                                               
22
Moisés González Navarro, hace un excelente análisis sobre el conflicto de las guerras de casta o las
guerras de color, en el ensayo “Las guerras de castas”, donde se puede apreciar los diferentes matices sobre
el contexto histórico que nos ayudan a entender las preocupaciones por los criollos sobre la intervención de
Estados Unidos así como Inglaterra en territorio nacional. Más allá del conflicto bélico, se puede percibir, a
lo largo de este ensayo, parte del discurso de desprestigio– que nos permiten entender las políticas raciales
y las descripciones de inferioridad– que usaron los jefes que combatieron estas guerras: Juan Álvarez,
Nicolás Bravo e Ignacio Comonfort para justificar los ataque a los indígenas.  

  72  
mestizos, los indígenas y los afrodescendientes–a lo largo y ancho del país. Sin embargo

se puede advertir que los intelectuales mexicanos están buscando el origen de México

como una nación. Desde esta perspectiva hay dos momentos que se usan para tratar de

formular una identidad mexicana: uno es el México precolombino–el indígena del pasado

histórico–y el otro es el momento del contacto con españoles.23 Los ausentes de los hitos

históricos del país son los afrodescendientes, ya que no se establece una marca sobre el

momento en el que fueron traídos los esclavos a la Nueva España. Dicho grupo tampoco

va a formar parte de la genealogía de México como un país independiente que es

explicado como el resultado del encuentro de dos mundos: América y Europa. Entonces,

la pregunta sobre la genealogía se encamina a: “La búsqueda del origen “puro”, de ahí su

nexo con el concepto de raza, que estará acompañada por los descubrimientos

arqueológicos y etnográficos que remiten a las ciencias como garante de legitimidad al

definir la identidad mexicana” (González Undurraga 1514). El camino queda trazado para

los intelectuales de la segunda mitad del siglo decimonónico. Por una parte se va a

investigar la genealogía de la raza “aborigen”/“los indios”, y por otro lado se deberá

contestar una pregunta más allá del origen: ¿cómo se puede integrar la multiplicidad de

los grupos en una sola identidad homogénea? La respuesta es el mestizaje. El segundo

proyecto para los intelectuales mexicanos, por lo tanto, se enfoca en establecer una

fórmula sobre la construcción del mestizaje como una ideología que les permita subrayar

lo que se desea resaltar: lo criollo, y omitir lo que no es pertinente incluir: el “indio

salvaje”, y lo afrodescendiente.

                                                                                                               
23 “El contacto que se generó entre españoles e indígenas no sólo había ayudado a impulsar el progreso

parcial de la evolución, sino que también había favorecido a la mezcla racial de la que surgieron los
mestizos” (Jiménez Marce 87).  

  73  
En este contexto histórico, se pueden advertir dos grupos en la pugna por el poder

político e intelectual: los conservadores que desean de vuelta a los españoles–las

monarquías del viejo mundo, se caracterizan por ser por tradicionalistas, retrógrados y

europeizantes (González 105); y los liberales quienes niegan la tradición hispana,

indígena y católica, y “creían en las vías del todo nuevas de las libertades de trabajo,

comercio, educación, letras, tolerancia de cultos, supeditación de la Iglesia al Estado…”

(106). Sin embargo, el proyecto más importante para los liberales es sintetizar todos los

valores antes mencionados en la imagen del mestizo. Los mestizos hasta este punto han

logrado demostrar que tienen una superioridad intelectual en relación a los criollos, sin

embargo les falta tener acceso al poder económico y político. En 1858 Benito Juárez (del

grupo liberal) gana la presidencia. Su origen indígena es conocido, así como también su

adhesión a los principios ideológicos de los mestizos. Por lo tanto se puede entender que

con el triunfo de Benito Juárez como presidente los mestizos ganan terreno y desplazan a

los criollos, por primera vez en la historia tanto de la Nueva España como del México

independiente,. A partir de este momento los mestizos irán ganando terreno: más allá del

triunfo de este grupo a un nivel sociopolítico debemos enfatizar en la fuerza que adquiere

el mestizaje como una ideología que va a funcionar para explicar la identidad nacional

mexicana.

En términos socioculturales, para esta época, se puede percibir una postura que

trata de definir al hombre por sus rasgos físicos. “A mediados del XIX no está en duda

que existen las razas y que éstas sean diferentes, lo que está en debate es la superioridad

de una sobre las otras. Si bien esa será la intensa discusión de los próximos años, ‘raza’

se ha establecido con sus polivalencias, deviniendo así un singular colectivo” (González

  74  
Undurraga 1520). Esta postura lleva a los pensadores mexicanos a explicar la diversidad

cultural en términos de las diferencias somáticas. Las teorías del pensamiento racial de

esta época surgieron como un instrumento que ayudaría a justificar la sumisión de los

grupos étnicos. Entre las corrientes más controversiales podemos citar el darwinismo

social, el poligenismo y el spencerianismo.24 Dichas teorías asociaban aspectos negativos

a la herencia negra, por tal razón el discurso nacionalista mexicano continuó ignorando la

presencia y las contribuciones de la población afrodescendiente en la base de la

construcción de la identidad nacional mexicana (“Oposición de raza” 53).

Como un antecedente a este movimiento se encuentra la publicación México y sus

revoluciones de José María Luis Mora en 1836. En este texto, Mora explica que las

diferencias entre “los hombres conocidos” tienen una organización donde influye “no

sólo el color de su piel sino lo que es más en sus fuerzas físicas, en su facultades mentales

y en la industriales”. Sin embargo agrega que: “de esta diversidad de aptitudes se deduce

la superioridad de unas razas sobre otras y éste es un error imperdonable”. Mora

finalmente concluye así: “la verdad es que las razas empeoran o mejoran con los siglos,

como los particulares, con los años y que aquellos y estos lo puede todo la educación”

(175). Con estas reflexiones, el Dr. Mora, deja asentado que no existe la superioridad de

razas, sino que cualquier grupo racial tiene posibilidad de crecimiento intelectual. Esta

                                                                                                               
24
El darwinismo social: “surge con la publicación de El origen de las especies de Charles Darwin (1859),
cuyo estudio demostró que las poblaciones que se reproducen se adaptan a lo largo del tiempo en una lucha
constante por la supervivencia ... afirmó que, aunque la selección natural enfrentaba a las razas en una
lucha para sobrevivir, algunas estaban en mejores condiciones que otra para lograrlo ” (Vinson 37). Por
otra parte, el poligenismo: “Según Lamarck, la herencia genética era la llave para explicar los distintos
niveles de habilidades de las varias poblaciones humanas, ya que las características inferiores o superiores
podían ser heredadas de generación en generación. Sus ideas dieron credibilidad a un sistema de
pensamiento conocido como “poligenismo”, que sostenía que la humanidad se había formado con base en
especies diferentes y descendía de varios ancestros.” (Vinson 36). Finalmente el spencerianismo alcanzó
gran aceptación en México a través de las propuestas de Spencer y su darwinismo social, Justo Sierra fue
uno de los primeros en afiliarse al organismo francés y a su teoría de la selección y de la supervivencia del
más apto en materia social (Aguirre Beltrán “Oposición de raza”).

  75  
postura fue adoptada posteriormente por los pensadores mexicanos de finales de siglo

XIX (Justo Sierra, Francisco Pimentel y Andrés Molina Enríquez, entre otros) bajo la

filosofía del positivismo que básicamente propone que no se puede hablar de superioridad

de razas, ya que cada una de ellas se complementa.25 Es importante aclarar que el

discurso de la construcción del ciudadano nacional de finales del siglo XIX incluye a los

mestizos, los españoles y los indígenas: los afrodescendientes habían salido del panorama

nacional. Aunque con las nuevas propuestas filosóficas se ha transformado la noción del

mestizaje mexicano, planteando la inoperatividad de la superioridad racial, los

pensadores mexicanos manipulan la realidad social en un proyecto de blanqueamiento

nacional. Es decir el mestizaje es encaminado a borrar la presencia y las contribuciones

del afrodescendiente, mientras que el indígena debe pasar por un proceso de civilización

a través de una homogenización amalgamiento cultural.

Mientras que en México algunos de los planteamientos filosóficos del positivismo

eliminan la noción de supremacía racial (al menos en el discurso), hubo otros pensadores

que desde Europa la divulgan, como Joseph Arthur de Gobineau a través de su Ensayo

sobre la desigualdad de las raza humanas (1853–855). Este ensayo propone tres puntos

básicos: la raza aria es superior, las razas inferiores retrasan el progreso, y los pueblos

mezclados significan una retrogresión que depende de la cantidad y calidad de

adulteración de la sangre. Bajo estos argumentos la noción del mestizaje mexicano parece

sufrir un revés, sin embargo los pensadores mexicanos hacen una interpretación muy

                                                                                                               
25
Sin embargo el positivismo plantea otro tipo de jerarquía, tal y como Comte establece, en la sociedad es
necesario que haya hombres que dirijan y trabajadores que obedezcan. Superiores e inferiores deben estar
subordinados a la sociedad. Siguiendo esta lógica los positivistas mexicanos identificaron, al igual que
Comte lo hizo en Europa, los interés de la clase que representaban con los intereses de la nación. En este
sentido se pretendía alcanzar el progreso de la historia de México. Con este fin los positivistas plantean tres
estados: el teológico, el metafísico y el positivo (Zea 39-49).

  76  
personal de la filosofía de Gobineau reubicando al mestizo–tan detestado entre los

europeos–para colocarlo como el modelo de la raza superior en México.

Consecuentemente en el siguiente capítulo voy a analizar el desarrollo del

pensamiento positivista que surge durante el Porfiriato. A finales del siglo XIX se

encuentra un período de relativa estabilidad política y social, que es propicio para la

génesis de la nación moderna mexicana. Este importante hito en la historia nacional de

México es cognoscible, pero obviamente no es totalmente comprensible sin el

conocimiento de las épocas y momentos importantes que lo precedieron. Estoy

particularmente interesada en analizar cómo la presencia del afrodescendiente en México

impactó en la construcción de la identidad nacional en estos momentos importantes.

Específicamente estoy interesada en el estudio de la resistencia, la marginación, y en

muchos casos, en la negación parcial o la negación total de la presencia afrodescendiente

en México a finales del siglo XIX.

  77  
Conclusiones

Para concluir quiero señalar que a lo largo de este capítulo he explorado algunas

formas en las que la presencia del afrodescendiente ha sido borrada sistemáticamente en

la sociedad mexicana. En este análisis pude comprobar que en la última parte de la

sociedad novohispana los españoles y criollos siguen dominando. Sin embargo se puede

advertir que algunas cosas están cambiado: inmediatamente debajo de los españoles y

criollos, varias castas han empezado a agruparse en el grupo mestizo superando a este

último grupo. Los grupos indígenas y los africanos se mantienen al margen de la

sociedad. En vísperas de la Independencia de México la Nueva España se está moviendo

inexorablemente hacia el cambio radical. En dos décadas el español que ha dominado a

través de su hermanamiento entre peninsulares/criollos da paso a una élite gobernante

totalmente criolla; los mestizos comienzan a afirmar su superioridad numérica en una

nación compuesta de “ciudadanos iguales” con derecho a más poder político, los

indígenas son clasificados en tres grupos (civilizados, semi-civilizados y no civilizados),

el grupo indígena “civilizado” es usado como un marcador de un patrimonio nacional

glorioso, y la emancipación elimina distinciones entre libres y esclavos.

La nueva identidad nacional simplificada reconoce que el español descendió en el

criollo, el indígena civilizado tiene importancia, y un vestigio fundamental del sistema de

castas se adhiere al grupo de los mestizos. Después de ayudar a construir la nación y la

lucha por su independencia, los afrodescendientes se encuentran luchando para ubicar un

lugar dentro de la población mestiza. En la nueva nación tri-cultural, hay poca paciencia

para recordar las realidades demográficas de un país que fue construido en su pasado por

  78  
la mano de obra esclava. De hecho, conservadores y liberales por igual ven un futuro en

el carácter privilegiado que seguirá acumulando a la blancura. La insistencia de Vicente

Guerrero en la inclusión del artículo 12 del Plan de Iguala y su eventual abolición de la

esclavitud son contrarias a los intereses racistas y comerciales que están impulsando las

jerarquías sociales emergentes, la política racial, y la floreciente identidad nacional de la

república de reciente creación.

Mis conclusiones en este primer acercamiento es que la marginación de la

presencia afrodescendiente que existe desde el período colonial hasta mediados del siglo

XIX, o es posible decir que hasta el día de hoy, ha sido promovida por dos motivaciones.

La política interna y la lucha por el poder entre los grupos sociales, políticos y

económicos, y la política externa que ha ejercido presiona en la élite en el poder para

mantener una constante validación de la identidad en relación a la supremacía

eurocéntrica. Por ejemplo en el Porfiriato–tema que voy a analizar en el siguiente

capítulo–la identidad mexicana se apoya en filosofías, y en políticas sociales y culturales

diseñadas para ayudar a México a asegurar una posición más ventajosa en la familia de

naciones civilizadas del mundo. Si ha habido una constante en la génesis de la identidad

nacional de México, se encuentra en el discurso hegemónico nacional.

Al igual que todas las identidades nacionales, la identidad mexicana nunca ha sido

una construcción “fija”. Lo que significa ser “mexicano” ha cambiado con el tiempo, a

veces más rápidamente o de manera más dramática. Ante la falta de una definición de

identidad fija, se debe explorar en los contorno y las trayectorias de la misma. Más

precisamente, se puede hacer una pausa en puntos concretos de la historia nacional

mexicana para explorar los contornos de la identidad nacional mexicana en un momento

  79  
dado de entendimiento. Cuando se analiza uno de esos puntos se esta simplemente

mirando la imagen en pausa y por lo tanto es una imagen parcial de una construcción en

movimiento.

Para continuar con mi análisis de los mecanismos que el Estado-nación ha usado

para invisibilizar la presencia y las contribuciones de los afrodescendientes en el discurso

de identidad imaginario mexicano voy a estudiar el contexto histórico de finales del siglo

XIX, así como el siglo XX. En el capítulo dos voy a abordar las formas en las que se

configuran las realidades políticas y sociales de este borrado en el discurso de los

positivistas sobre la construcción del Estado-nación mexicano, así como también en la

literatura mexicana a través de la novela romántica El Zarco (1869) de Ignacio Manuel

Altamirano. Un contexto apropiado es indispensable para una lectura meticulosa de

cualquier texto literario. Este segundo capítulo, está centrado en el desarrollo del contexto

histórico no sólo como un antecedente del texto literario–El Zarco–que analizo al final

del capítulo, sino también para el análisis que voy a desarrollar en los siguiente capítulos:

sobre la construcción de la identidad nacional mexicana en la primera parte del siglo XX

y el análisis de la novela La negra Angustias de Francisco Rojas González (1944); sobre

la cultura popular mexicana–capítulo cuarto–donde voy a centrarme en el análisis de la

cinematografía así como también de la ficción popular (especialmente en las tiras

cómicas).

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