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Bert Hellinger - Comienzos

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Introducción a las Constelaciones Familiares

En el idioma alemán, las constelaciones familiares se dicen


familienaufstellungen, palabra que significa “posicionamiento familiar” o
“configuración familiar”, por lo que el término correcto sería
“configuración” y no “constelación”. Sin embargo, en Argentina y en el
mundo, el método es popularmente conocido como “constelaciones
familiares”, “family constellations” en inglés

Se trata de un método fenomenológico desarrollado por el filósofo y


terapeuta alemán Bert Hellinger, donde se representa, mediante
personas u otras herramientas, el sistema familiar o la situación actual
de un consultante que tiene una pregunta en relación con un síntoma o
dificultad.

La situación y/o el sistema familiar es entonces representado por


personas ajenas e imparciales o bien por el mismo consultante, de
forma ciega, posicionándose en plantillas u otros elementos.

Si estamos hablando de constelaciones grupales, el consultante elige


personas que asistieron al taller como representantes de su familia de
origen. Estos representantes comienzan a sentirse similares a las
personas representadas, es decir, si, por ejemplo, hemos ubicado tres
representantes: uno para el consultante, otro para el padre y otro para la
madre, estas tres personas que van a representar a la familia del
consultante no actúan ni psicodramatizan el tema por el cual vino el
consultante a constelar, sino que esperan un tiempo en sus lugares y
luego comienzan a tener sensaciones físicas y/o emocionales en su
propio cuerpo. Los representantes también pueden decir cómo se
sienten entre ellos: quizás el hijo únicamente puede ver a la madre, pero
no al padre; quizás el padre puede tener interés en el hijo, pero no en su
mujer. También puede suceder que un representante se quiera mover,
alejarse y tomar distancia, o tal vez mirar al piso o no mirar a nadie en
absoluto. Toda esta información que comienza a emerger está
mostrando una situación del pasado familiar que, por alguna razón no
pudo integrarse y permanece en el presente y se vincula con la
problemática que trae alguien para constelar.

Los representantes transmiten al constelador cómo se sienten en sí


mismos y en relación con los demás participantes de la configuración. El
representante únicamente habla cuando el constelador le hace una
pregunta. Esta información emocional y física ofrecida por los
representantes, sumada a la historia del consultante, la imagen que
forma la configuración, y las señales conscientes o no que los cuerpos
de todos los presentes dan en el momento en que se realiza un trabajo,
dan por resultado una lectura que el constelador hace sobre el asunto,
la pregunta, el síntoma o la dificultad del consultante con el fin de poder
brindarle nueva información sobre el tema en cuestión. El consultante, al
recibir esta nueva información, a menudo experimenta un alivio
emocional y una comprensión diferente sobre su asunto.

Usualmente hacemos una constelación para salir del círculo estrecho


desde el cual vemos la realidad. Nuestra visión se encuentra reducida
en su potencial cuando tenemos un conflicto, dificultad o síntoma.

Se trata de quitarnos los filtros que se han acumulado en nuestra


psiquis como una respuesta al pasado. Esto significa que reaccionamos
poniendo filtros en nuestra visión, ante diversas situaciones sucedidas
en el pasado, no sólo personal sino de nuestra familia de origen.
Muchas veces los eventos que nos ocurren son demasiado, son muy
estresantes y sobreexigentes, por eso necesitamos de los filtros en
orden de protegernos de esa información. Los filtros se acumulan,
también se heredan y llega un momento que ya no nos sirven más.

Necesitamos abrir nuestra perspectiva para poder ir más allá, hacia una
solución. Por lo tanto, no constelamos para evitar que nos suceda algo a
nosotros o a nuestros hijos. Somos parte de un inmenso tejido que se
teje más allá de nuestra voluntad. Constelamos cuando tenemos un
síntoma o dificultad en nuestra vida cotidiana y necesitamos alumbrar el
proceso de cómo llegamos hasta aquí, cómo participé de lo que se tejió.
Es claro que esos filtros que tenemos forman parte del “cómo llegué
hasta aquí”.

Cuando es el momento correcto, correr estos filtros o ir más allá de


ellos (como cuando corremos las cortinas de la casa para ver que
sucede afuera), se abre otra vez la posibilidad de comprender lo que me
llevó a mantener una perspectiva limitada y como ella es parte
estructural del problema o síntoma que tengo hoy. Allí quizás nace la
semilla para el cambio y la responsabilidad. Ese trabajo, sin embargo,
no lo hace la constelación: lo hace cada uno junto a esa conciencia que
alumbra.
¿Quién es Bert Hellinger?

Bert Hellinger nació en una familia católica en Alemania en 1925. Vivió


en la Alemania nazi durante su infancia y juventud, y hubo dos hechos
que lo marcaron seriamente: en 1945 fue capturado y encarcelado en
un campo aliado de prisioneros de guerra en Bélgica y un hermano de él
murió muy joven. Después de escaparse del campo, Hellinger volvió a
Alemania, donde entró en una orden religiosa católica y se hizo
sacerdote. Estudió filosofía, pedagogía y teología en la Universidad de
Würzburg como parte de sus estudios hacia el sacerdocio. A principios
de los años 1950, fue enviado a Sudáfrica, donde se le encomendó la
tarea misionera con los zulúes. Hellinger vivió allí durante 16 años,
durante los cuales sirvió como sacerdote de parroquia, profesor y,
finalmente, como el director de una gran escuela para estudiantes
africanos. Aprendió la lengua zulú con fluidez y participó en sus rituales.
Posteriormente, participó en un entrenamiento ecuménico interracial y
de dinámica de grupos, de carácter fenomenológico, guiado por el clero
anglicano. Luego de 25 años dejó el sacerdocio, a partir de unas
preguntas que le formuló uno de sus ministros: “¿Qué es más
importante para ti: tus ideales o la gente? ¿Cuál sacrificarías?” Le siguió
una noche sin dormir, debido a la profundidad de la pregunta. Bert
Hellinger dice: “Le estoy muy agradecido a ese ministro por haberme
hecho esa pregunta. En un sentido, la pregunta cambió mi vida, pues
esa orientación fundamental hacia la gente ha formado todo mi trabajo
desde entonces. Una excelente pregunta digna de todo”. Más tarde
abandonó el sacerdocio, volvió a Alemania y se casó. Estudió
psicoanálisis, terapia primal, análisis transaccional, hipnosis
Ericksoniana, hasta que finalmente llegó a presenciar el trabajo de Ruth
McClendon y Leslie Kadis. Ahí fue donde por primera vez tuvo contacto
con las constelaciones familiares y llevó este trabajo a sus propios
grupos terapéuticos. De la combinación de muchísimas técnicas y
herramientas que aprendió e integró, descubrió la dimensión sistémica e
intergeneracional de las problemáticas, de los sentimientos, de los
sueños, etcétera, que a primera vista parecían ser solamente cuestiones
personales. Cuando integró la herramienta de configurar un sistema
familiar con representantes a estos descubrimientos, encontró la forma
de unir ambas comprensiones. En una primera etapa, Hellinger utilizaba
representantes para ordenar un sistema familiar, es decir, ubicaba a
cada uno en su sitio. Ya habiendo descubierto la dimensión sistémica,
por ejemplo, de que muchas veces uno tomaba sentimientos de otras
personas o el guion de vida de otros miembros de la familia, comenzó a
ordenar el sistema familiar del paciente y observar los efectos que tenía
en la persona. Para saber cuál era el sitio de cada uno, utilizó las
técnicas aprendidas previamente, por ejemplo, lo que se denomina
“escultura familiar”, y también iba corroborando con los representantes
ciertas posiciones en donde estuvieran más cómodos y observando el
efecto que tenía en los otros. Así tuvieron lugar las primeras
constelaciones familiares. Por ejemplo, si el hijo se ubicaba detrás de la
madre, entonces traía al abuelo y ponía al hijo en su lugar.
Automáticamente, el representante del paciente y el paciente mismo
sentían alivio ante este orden. En esta etapa todavía no se buscaban
implicancias familiares, es decir, la conexión invisible que un paciente
podría tener con algún miembro de la familia que estaba excluido. Con
el correr del tiempo, Bert Hellinger comenzó a configurar sin intervenir. A
los representantes les pidió que no actuaran ni se ubicaran de forma
especial alguna, sino que simplemente permanecieran centrados en sus
lugares, atentos a sus sensaciones, emociones o impulsos. Fue
observando cómo los representantes se comportaban en verdad como
las personas reales y cómo lo que sucedía en la configuración luego
tenía un efecto, incluso, en los demás integrantes de la familia, aunque
no hubiesen asistido a la terapia. Ya en esa etapa, Hellinger permitió a
los representantes moverse según sus impulsos y sensaciones, de
forma lenta y centrada y, de esta forma, dio el nombre de “movimientos
del alma” a la configuración de una imagen del sistema familiar captada
por los representantes, sin conocer estos nada de la historia de las
personas a las que representaban. Esta imagen, que surgía al
corroborar lo observado con el paciente, obedecía a una imagen antigua
de su sistema familiar, por ejemplo, la madre alejada y mirando al piso,
el padre lejos mirando hacia otro lado, el hijo en el medio de los padres,
mirando a uno y a otro y tambaleándose. Ante esta imagen, el paciente
siempre solía decir: “es así”. Por eso los movimientos del alma son
conocidos por el paciente, aunque hasta ese momento no los haya
tenido en claro desde la conciencia. Posteriormente, Bert llamó
“movimientos del espíritu” a aquellos movimientos nuevos que se
introducían en la constelación y que no habían sucedido con
anterioridad. ejemplo, un hijo que nunca había podido acercarse al
padre, ahora lo hacía y podían reunirse finalmente.

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