Filosofía U8 – Apuntes.
“Positivo” es un término usado como sinónimo de “científico”.
Ante la necesidad de reconstruir el mundo por la caída de las monarquías y las
revueltas sociales, surge el positivismo, que será de importancia para definir la
racionalidad científico-tecnológica y tecnocrática de la época, razón de la cual somos
deudores. Se produce el endiosamiento de la ciencia: sólo el conocimiento científico
es cálido; así como se pretende un gobernante-científico.
1. De la revolución a la crisis socio-política.
Ante la caída del viejo orden europeo que unificaba estado y sociedad, y frente a las
revoluciones burguesas que plantean una disociación entre el orden político y los
movimientos sociales, aparece una sociedad cargada de problemas y contradicciones,
que se intentará contrarrestar científicamente. A diferencia de los siglos pasados, las
masas se hicieron conscientes de lo injusto de su posición, irrumpieron como fuerza
histórica.
La sociedad burguesa surgirá cuando la sociedad europea se siente específicamente
como “sociedad” frente al “estado”, y experimentará las explotaciones del primer
capitalismo industrial. Los reformadores sociales intentarán crear un pensamiento
social reflexivo al nivel de las transformaciones sociopolíticas contemporáneas. La
crisis radica en la coexistencia de instituciones incompatibles: un gobierno feudal y una
sociedad industrial. Se trata de una anarquía intelectual; según Compte, tiene lugar
por la coexistencia de tres filosofías divergentes: teológica, metafísica y positiva.
Los profundos cambios filosóficos traídos por la ilustración tuvieron como epílogo la
necesidad de reconstruir la necesidad de un nuevo orden. Si bien el idealismo de Kant
entra en crisis, se mantiene una afinidad profunda con su concepción del uso de la
razón humana para el conocimiento y la acción. La razón tendrá en esta etapa un
papel de primer orden: la organización social.
2. El positivismo y sus fases.
Se distinguen cuatro fases: protopositivismo (mediados del siglo XVIII hasta la era
napoleónica), positivismo clásico (Compte), positivismo crítico alemán (último tercio del
siglo XIX), y el positivismo lógico o neopositivismo (Círculo de Viena).
El protopositivismo: Saint-Simon.
Los inicios se encuentran en los geómetras franceses del siglo XVIII, formados en la
fermentación científica y filosófica producida en Francia. La primera exposición de
principios del Positivismo es el Tratado de Dinámica de D’Alembert (1743), aún dentro
de la Ilustración (se podría decir que el positivismo es una manifestación del
pensamiento ilustrado). Según D’Alembert, la solidez del pensamiento y de la
investigación se debe obtener del conocimiento de la naturaleza, anclándose en ella
misma y afianzándose de la seguridad de la ciencia físico-matemática como base ddel
pensamiento. Esta es la base del reduccionismo: las ciencias naturales son
consideradas rectoras del conocimiento, se trata de un único método o modelo que
debe poder extenderse y aplicarse al resto de las ciencias. El positivismo se presenta
como filosofía de las ciencias empíricas, y es una constante la preocupación por la
metodología científica y por los análisis de la estructura de las teorías. Es cuando el
intelectual occidental se hace consciente de la existencia de la explicación científica
del mundo, que nace la actitud filocientífica (amor a la ciencia) del positivismo y su
deseo de exponer toda explicación libre de las impurezas acientíficas.
El advenimiento del industrialismo y la incorporación del concepto de totalidad social
(razón instrumental) son uno de los fundamentos de la utopía sansimoniana que ve a
la política y a la ciencia unidas (política positiva) en la administración de una nueva
sociedad (capitalista). Frente a la crisis, Saint-Simon se plantea las alternativas de
restaurar o instaurar el régimen industrial; decide instaurar porque los positivistas son
evolucionistas. Su idea fundamental es la de la historia como un progreso necesario y
continuo.
A partir del siglo XV surgió la tendencia de fundar todo raciocinio sobre hechos
observados, que condujo a la reorganización de la astronomía, física, y química sobre
una base positiva. Tal tendencia debía extenderse a todas las demás ciencias, y por
tanto a la ciencia general, que es la filosofía. La filosofía positiva será el fundamento
de un nuevo sistema de religión, política, moral, e instrucción pública. Sólo en virtud de
este sistema, el mundo recobraría su unidad, que no pueden ya fundarse en creencias
teológicas o en teorías metafísicas.
Este movimiento llega a adquirir mayor notoriedad con la escuela politécnica de París,
bajo una triple finalidad: 1) propagar los ideales de libertad, humanidad, progreso y
señorío de la razón; 2) formar las mentes en las ciencias positivas y exactas, 3)
estudiar la sociedad humana como se estudia la de las abejas. Saint-Simon mantuvo
contacto con profesores de la Escuela, mientras Comte estudiaba ahí.
El positivismo clásico: Comte.
Comte fue secretario de Saint-Simon por años, quien ejerció gran influencia en sus
ideas político-sociales. Comte tiene el mérito de haber fundado el positivismo como
sistema filosófico y como metodología de supuesta validez universal; su aspiración era
lograr una aplicación del método de las ciencias naturales al dominio de la historia y
fenómenos sociales. Dice “el fin de mis trabajos coincide con las necesidades de la
época”; construir una nueva doctrina, el fin de su obra, está ligada a la polémica entre
las “doctrinas de los reyes” (buscaban restaurar el régimen absolutista) y la “doctrina
del pueblo” (que no tiene la capacidad de organizarse). Expresa la necesidad de que
la conciencia individual se adhiera a un conjunto de ideas comunes. Critica la libertad
de consciencia y establece que la única libertad será, como norma, la científica.
Para el positivismo, la ciencia es el medio de encontrar las leyes del mundo
experimental, en el que debe concentrarse el conocimiento humano; son reglas
generales que permiten prever para luego actuar. Para Comte, todo lo real será
reducido a lo dado a los sentidos; la relación entre sociedad y naturaleza se
fundamenta en un solo principio: la invariabilidad de las leyes naturales. El
“conocimiento positivo”: basado en la observación de fenómenos y de las leyes que
describen su funcionamiento.
Se establece el criterio de demarcación entre lo científico y lo no científico (teología y
metafísica). Toda proposición que no pueda ser reducida a un hecho, es decir, que no
se corresponda con algo observable, no será una proposición científica. Comte
concibe la ciencia como dirigida a establecer el dominio del hombre sobre la
naturaleza. El verdadero objetivo de la ciencia no es buscar las causas ocultas de los
fenómenos. Ciencia = previsión = acción.
La segunda parte de la vida de Comte fue una divinización de la historia. Su
descubrimiento fundamental, a sus ojos, fue la ley de los tres estadios: toda rama del
conocimiento humano pasa por tres estadios teóricos, el teológico o ficticio, el
metafísico o abstracto, y el científico o positivo. El primero es el punto de partida de la
inteligencia humana, el tercero su estado fijo y definitivo, y el segundo es la transición.
El estadio teológico: el espíritu humano dirige sus investigaciones hacia la naturaleza
de los seres y hacia las causas primeras y finales, y se representa los fenómenos
como productos de la acción directa de agentes sobrenaturales (Antigüedad y Edad
Media); el metafísico: los agentes sobrenaturales se sustituyen por fuerzas abstractas,
inherentes a los entes del mundo, capaces de engendrar por sí todos los fenómenos
observados (del Renacimiento a la Ilustración); el positivo: se reconoce la
imposibilidad de alcanzar nociones absolutas, se aplica únicamente a descubrir las
leyes de los fenómenos (desde mediados del siglo XIX).
La concepción del conocimiento de Comte, está ligada a su concepción histórica.
Políticamente, si el estadio metafísico implica una crítica al estadio teológico (frente a
la autoridad absoluta basada en principios religiosos se levantan los derechos del
hombre basado en principios abstractos), el estadio positivo también es crítico
respecto a la anterior (es una sociedad industrial gobernada por científicos que
imponen esquemas racionales a la convivencia social, garantizando el orden y el
progreso.
El fin práctico del positivismo: concebir todas nuestras especulaciones como producto
de nuestra inteligencia, destinados a satisfacer nuestras necesidades esenciales, para
volvernos mejores.
3. Positivismo y el rol de la ciencia: organizar a la sociedad.
El lema comtiano “orden y progreso” no sólo se aplicaba a la organización social sino
también a la ética científica. Era la expresión filosófica de la actitud de la mayoría de
científicos de la primera mitad del siglo XIX. Comte trata de lograr una síntesis entre el
orden (espíritu teológico) y el progreso (espíritu metafísico). Considera que todo
progreso supone un orden preexistente (alta valoración del orden jerárquico del
tradicionalismo), pero el progreso desemboca en nuevos órdenes que llevan en sí
mismos el germen de un nuevo progreso. Su propia inclinación conservadora, le lleva
a colocar el orden antes que el progreso.
Teoría del orden.
El principio fundamental en que se apoya es la del consenso social: un fenómeno
social total del cual no están excluidos los conflictos. Una creencia optimista sobre la
armonía social, que surge espontáneamente de la propia naturaleza de la sociedad,
olvidando las diferencias conflictivas y las contradicciones de la estructura social.
Principio de la espontaneidad de la sociabilidad y del orden social.
Ambas son algo espontáneo y natural, y no el resultado de un acuerdo o pacto entre
individuos. El estado de sociedad es para el hombre el estado natural.
La humanidad sobre el hombre individual.
Para el espíritu positivo, no existe el hombre sino la humanidad, pues todo nuestro
desarrollo se debe a la sociedad. El individuo es una abstracción, y sólo la humanidad
es real e inmutable a lo largo de la historia. La evolución humana también sigue el
progreso de los tres estadios, determinado por cómo concibe al mundo. La filosofía
positiva sigue la visión teológica del cristianismo: el ideal de perfección y salvación.
4. Un proyecto político: positivismo sansimoniano y comtiano.
La conciencia de vivir en una crisis profunda impulsa el proyecto del nuevo modelo.
Se verifica que los sistemas teóricos aportados por la revolución francesa sólo han
contribuido a modificaciones parciales: hacen cambios políticos, pero dejan subsistir el
orden social político antiguo; por lo tanto, no se trata de una revolución política sino
una del sistema social total.
El nuevo poder espiritual será el de los científicos, los hombres que pueden predecir
el mayor número de cosas. La administración de los asuntos temporales será de los
industriales, quienes dan ocupación al mayor número de individuos, y quienes, bajo
interés personal, mantendrán la paz entre naciones y disminuirán el impuesto para que
se empleen los productos del modo más ventajoso para la comunidad. Si x país
perdiera los tres mil individuos que cubren los cargos políticos, administrativos y
religiosos más importantes, el estado no sufriría ningún daño, pues sería fácil
sustituirlo; pero si perdiera a los tres mil científicos, artistas y artesanos más hábiles, el
daño sería irreparable, puesto que ofrecen los productos más necesarios y dirigen los
trabajos más útiles; la nación se convertiría en un cuerpo sin alma.
Positivismo como religión: endiosamiento de la ciencia.
Con el positivismo, la ciencia se considera única manifestación legítima de lo infinito, y
por ello se llena de significación religiosa, pretendiendo suplantar las religiones
tradicionales. En sus fundadores, el positivismo se presenta como pretensión de servir
como única religión auténtica y como único fundamento posible de la vida humana
individual y social. El hombre ha creído haber hallado en la ciencia la garantía infalible
de su destino. Comte se presenta como un profeta de una nueva religión, formula un
catecismo, calendario, y persignación positivista.
La filosofía de Comte demuestra la relación entre positivismo y desarrollo científico
como una forma bien delineada de positivismo: todo desarrollo en la sociedad humana
depende del desarrollo científico, y la historia de la ciencia es el núcleo de la historia
general de la especie humana.
La tecnocracia.
El modelo político del gobernante filósofo, es denominado tecnocrático. Comte
condena cualquier investigación científica cuya utilidad para el hombre no sea
evidente; y sus limitaciones habrían privado a la ciencia de todo desarrollo teórico y
práctico. Afortunadamente, la ciencia sólo ha empleado la legalidad y su posibilidad de
previsión, e ignorado todas las restricciones. Comte hubiera querido ser el jefe
espiritual de un régimen positivo tan absolutista como el régimen teológico que debía
suplantar.
La educación sería el mecanismo a través del cual los sujetos incorporarían estas
ideas.
5. Críticas.
Sobre el endiosamiento de la ciencia.
Las actitudes hacia la ciencia van desde la admiración acrítica en un extremo, pasa
por la desconfianza, resentimiento y envidia, para llegar a la denigración en el otro.
La primera actitud es la cientificista, un respeto exagerado hacia la ciencia, una
predisposición excesiva para aceptar como de autoridad cualquier afirmación hecha
por las ciencias. “Ciencia” se usa para referirse a ciertas disciplinas, pero, incluso más
a menudo, se emplea de forma honorífica. De este modo, “científico” pasa a ser un
término propuesto para todo aquello fuerte, fiable, y bueno.
Ante el éxito de la Ciencia de la naturaleza, este uso honorífico es comprensible pero
desafortunado, pues oscurece el hecho de que no todos los cultivadores de las
disciplinas clasificadas como ciencias- o sólo ellos- son investigadores buenos. Esto
lleva a filósofos de la ciencia a la preocupación por el problema de demarcar la ciencia
real respecto a la presunta; también la actitud acrítica ante las disciplinas clasificadas
como ciencias. La ciencia no es sagrada: como toda empresa humana es falible, a
menudo se mueve a tientas, a veces es corrupta, y es incompleta; pero tampoco es un
timo: las ciencias naturales han sido las empresas cognoscitivas humanas de mayor
éxito. La filosofía de la ciencia se ha equivocado a menudo en sobrevalorar la ciencia.
Razón y ciencia como dispositivos de control.
El ideal de control y dominio se relaciona con las prácticas y experiencias económicas
de la burguesía. Remite al aseguramiento del usufructo de lo producido
económicamente. La garantía del usufructo exige crecimiento económico, lograble por
el incremento del dominio sobre la naturaleza, que se obtiene mediante la integración
en el proceso productivo de los adelantos tecnológicos. Pero hace falta establecer el
control sobre los hombres: se necesita tanto de la iniciativa empresarial como de los
consumidores.
La tendencia individualista también tiene sus raíces en la idea de razón que, a partir
del siglo XVIII, permite ordenar y justificar el desarrollo del individuo. La razón controla
los actos del individuo, y señala los caminos para el logro de su plenitud. La tendencia
al control y al dominio encuentra su sentido en el aseguramiento de la satisfacción
plena y constante, que se haría factible por el crecimiento económico.