Lectura: Ácidos y bases en la vida diaria
Los ácidos y las bases no son sustancias extrañas que sólo los químicos emplean en sus laboratorios. En la
vida cotidiana también usamos muchas sustancias cuya utilidad precisamente radica en su carácter ácido o
básico. Éstos son algunos ejemplos:
• Ciertos frutos y alimentos comunes poseen ácidos.
Las naranjas, los limones y otras frutas contienen ácido cítrico. En las manzanas
aparece el ácido málico, en el yogur el ácido láctico. Y en el vinagre el ácido
acético. El ácido butírico (butanoico) es un componente característico de la
mantequilla, y, en general, los ácidos grasos son elementos esenciales de las
grasas vegetales y animales. El ácido tartárico está presente en la uva y le
proporciona su acidez.
• Es bien conocido que el ácido clorhídrico, junto con otras sustancias, se
encuentra en el jugo gástrico de nuestro estómago, donde desempeña una
función fundamental en la digestión de los alimentos y en la activación de
algunos enzimas digestivos.
Se calcula que un adulto produce cada día de 2 a 3 litros de jugo gástrico, cuyo pH es
aproximadamente del 1,5 y su concentración en HCl es, alrededor del 0,4 %. Pero
¿cuál es el origen del HCl en el jugo gástrico?
Como resultado de ciertas reacciones metabólicas, se producen iones H + que se desplazan
hacia el interior del estómago desde el plasma sanguíneo exterior a él. Este proceso se
denomina transporte activo y en él intervienen algunos enzimas. Al mismo tiempo, para
mantener la neutralidad de las cargas, se mueve en el mismo sentido una cantidad igual de
iones cloruros. El hecho de comer estimula la secreción de iones H+, de los que normalmente
una pequeña proporción es reabsorbida por la membrana mucosa que rodea al estómago,
retornando los iones H+ al plasma sanguíneo. Sin embargo, si la cantidad de HCl es excesiva,
el retorno masivo de iones H+ a través de la membrana mucosa puede producir serias
molestias.
Una de estas molestias es la acidez de estómago, que usualmente y de forma momentánea
suele reducirse mediante la ingestión de un antiácido que disminuya la concentración de los
iones H+. Algunas de estas sustancias neutralizan de esta forma el exceso de HCl en el jugo
gástrico.
• Entre los productos comerciales de limpieza doméstica es muy común el uso de
sustancias que contienen amoníaco, NH3, una importante base débil. La sosa
cáustica, hidróxido de sodio, una base fuerte, se emplea frecuentemente para
desatascar las cañerías. El salfumán, una disolución comercial de ácido
clorhídrico, es otro de los productos más utilizados en la limpieza doméstica.
Todos estos productos, generalmente muy concentrados, deben emplearse con
las debidas precauciones dada su agresividad química.
• En ciertos productos de limpieza corporal, como es el caso de los champús y geles
de baño, suele constar en el envase el pH del producto que contiene, ya que la
acidez de estas sustancias puede influir en la salud del pelo y de la piel. Nuestros
cabellos están formados por largas cadenas de proteínas unidas entre sí mediante
distintos tipos de enlaces. Los más débiles son los enlaces de hidrógeno, pues se
rompen simplemente al mojarlos con agua, aunque se vuelve a formar al secarse.
Un champú cuyo pH sea menor que 4 o superior a 8 afecta en mayor o menor
grado al resto de las uniones entre las proteínas; en especial, un champú
fuertemente alcalino, además de volver quebradizo el cabello, elimina
excesivamente la grasa protectora que segregan las glándulas sebáceas del cuero
cabelludo para evitar la deshidratación del cabello.
Un pH alrededor de 5 es el más adecuado para un champú. En general, los productos de aseo
corporal excesivamente alcalinos resecan y agrietan la piel.