Mi Cuento
Había una vez en un pequeño pueblo rodeado de bosques frondosos y montañas
majestuosas, una niña llamada Aurora. Aurora tenía doce años y vivía con sus padres en
una casa de campo pintoresca al borde del bosque. Desde muy pequeña, Aurora había
sentido una conexión especial con la naturaleza que la rodeaba. Pasaba horas explorando
los senderos del bosque, observando los pájaros y admirando la belleza de las flores
silvestres.
Un día, mientras caminaba por el bosque, Aurora descubrió un sendero que nunca antes
había visto. Intrigada, decidió seguirlo. El sendero la llevó a través de un denso bosque de
árboles altos y frondosos, hasta que finalmente llegó a un claro donde se encontraba una
cascada cristalina que caía en una poza de agua clara y fresca. Aurora se maravilló ante la
belleza del lugar y decidió explorar un poco más. A medida que avanzaba, descubrió una
cueva escondida detrás de la cascada. Con valentía, decidió adentrarse en la cueva. A
medida que avanzaba por el oscuro pasaje, comenzó a notar destellos de luz brillando en las
paredes de la cueva. Con cada paso, las luces se volvían más brillantes y coloridas, hasta
que finalmente llegó a una enorme caverna iluminada por miles de cristales que brillaban
como estrellas en el cielo nocturno.
En el centro de la caverna, Aurora encontró algo que la dejó sin aliento: un árbol
gigantesco, cuyas ramas se extendían hasta tocar el techo de la caverna. El árbol estaba
cubierto de hojas resplandecientes y frutos de colores brillantes que parecían emitir una luz
propia. Aurora se acercó al árbol con asombro y se dio cuenta de que era algo muy especial.
Entonces, una voz suave y melodiosa resonó en la caverna. "Bienvenida, Aurora", dijo la
voz. Aurora se giró sorprendida y vio a una figura luminosa que parecía estar hecha de pura
luz. "Soy el espíritu del bosque", continuó la voz. "He estado esperando tu llegada".
Aurora se sintió abrumada por la emoción y la sorpresa. El espíritu del bosque le explicó
que ella tenía un don especial: el don de comunicarse con la naturaleza y de protegerla. Le
encomendó la misión de ser la guardiana del bosque y de velar por su bienestar. Aurora
aceptó con humildad la responsabilidad que se le había otorgado y prometió cuidar del
bosque con todo su corazón. A partir de ese día, se convirtió en la guardiana del bosque,
protegiendo a sus habitantes y velando por su armonía. Los años pasaron y Aurora creció en
sabiduría y fortaleza. Se convirtió en una verdadera defensora de la naturaleza, luchando
contra aquellos que intentaban dañar el bosque y enseñando a otros la importancia de
conservar el mundo natural.
Y así, gracias al valor y la dedicación de Aurora, el bosque floreció y prosperó,
convirtiéndose en un lugar de belleza y serenidad que perduraría para las generaciones
venideras. Y la historia de la niña que se convirtió en la guardiana del bosque se convirtió
en una leyenda que se contaba una y otra vez en el pequeño pueblo y más allá, inspirando a
todos aquellos que escuchaban sus hazañas a proteger y cuidar el mundo natural que los
rodeaba.
Autora.
Emilia Alejandra Linares Vizcarra.