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Contractualismo y Liberalismo de Locke

Este documento describe las teorías contractualistas de John Locke, Thomas Hobbes y Jean-Jacques Rousseau. Explica que el contractualismo considera que la sociedad se origina de un pacto entre individuos, y analiza las visiones de cada autor sobre el estado de naturaleza, el estado de guerra y el estado civil.

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Contractualismo y Liberalismo de Locke

Este documento describe las teorías contractualistas de John Locke, Thomas Hobbes y Jean-Jacques Rousseau. Explica que el contractualismo considera que la sociedad se origina de un pacto entre individuos, y analiza las visiones de cada autor sobre el estado de naturaleza, el estado de guerra y el estado civil.

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1

EL CONTRACTUALISMO

1. El contractualismo.
El contractualismo es la teoría según la cual la sociedad humana debe su origen a un contrato o pacto
entre individuos.
Los defensores de esta teoría afirman simplemente que, sea cual sea el origen de la sociedad, su
fundamento y su posibilidad como sociedad se halla en un pacto. El contractualismo considera la
sociedad como si en un momento “histórico” hubiese tenido lugar ese pacto, acuerdo o contrato.
Dentro del contractualismo podemos establecer diferentes “generaciones”. Nosotros nos fijares en el
las tesis contractualistas modernas y de entre ellas en tres propuestas: de de Locke, Hobbes y Rousseau.

2. John Locke. El liberalismo político.


2.1. Introducción.
John Locke, como pensador político, es el padre del liberalismo por sostener que todo gobierno surge
de un pacto o contrato revocable entre individuos, con el propósito de proteger la vida, la libertad y la
propiedad de las personas, teniendo los signatarios el derecho de retirar su confianza al gobernante y
rebelarse cuando éste no cumple con su función.
Recordemos que el liberalismo surge como consecuencia de la lucha de la burguesía con la nobleza
y la Iglesia, queriendo acceder al control político del Estado y buscando superar los obstáculos que el
orden jurídico feudal oponía al libre desarrollo de la economía. Se trata de un proceso que duró siglos,
afirmando la libertad del individuo y propugnando la limitación de los poderes del Estado.
Los argumentos políticos de Locke son una exposición de los objetivos políticos Whig que defendían
una monarquía parlamentaria no absolutista, en contra de las posiciones Tories a favor de un absolutismo
monárquico.
Los Dos Tratados Sobre el Gobierno Civil son la obra política más importante de J. Locke,
originalmente escrita a principios de la década de 1680 para promover el movimiento Whig y luego
modificada en 1689 declarando, en su prefacio, abiertamente que su obra tiene como fin justificar la
Revolución Gloriosa de 1688 y para consolidar en el trono al rey Guillermo de Orange.

2.2. El primer tratado.


El primer tratado critica profundamente los argumentos de la exitosa obra de Sir Robert Filmer,
Patriarca, o del poder natural de los reyes, publicada por los Tories para defender sus ideas políticas.
Filmer era el portavoz de quienes apoyaban el absolutismo real y la justificación del poder absoluto.
Locke, en este primer tratado político, intenta demoler estos argumentos manifestándose en contra
del poder absoluto de los reyes y de la compresión del poder del rey como proveniente directamente de
Dios. La crítica fundamental de J. Locke al planteamiento de Filmer se centra en la idea de no entender
al Estado como una creación de Dios, sino como una unión política consensuada y realizada a parir de
hombres libres e iguales.
En este primer tratado aún no están presentes, de modo explícito, las teorías políticas de Locke que
serán la base para el liberalismo político.

2.3. El segundo tratado.


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El segundo tratado tiene como objetivo definir el verdadero origen, extensión y fin del gobierno civil,
considerado como una respuesta a las posturas absolutistas de Hobbes y los monárquicos (absolutistas).
El contenido de este segundo tratado gira en torno a tres conceptos fundamentales: Estado de
Naturaleza, Estado de Guerra y Estado Civil.

2.3.1. Estado de Naturaleza.


Ley natural
Locke define el Estado de Naturaleza así: “hombres reunidos según les dicta su razón, sin nadie que
sea superior a ellos sobre la tierra, con autoridad para juzgarse unos a otros”. El Estado de Naturaleza
está regulado por la razón. A través del uso de la razón el hombre es capaz de descubrir la ley natural
que consiste en un conjunto de reglas de la naturaleza que gobiernan la conducta humana. De esta forma
se entiende que cuando afirma que el Estado de Naturaleza está regulada por la razón, lo que está
diciendo es que el Estado de Naturaleza está regulado por la Ley natural, a la cual llega el hombre
mediante la razón.
Libertad
Este Estado es un estado de perfecta libertad, pero el hecho de que se trate de un estado de libertad
no implica que sea un estado de absoluta licencia, no consiste en que cada uno pueda hacer lo que le
venga en gana. La libertad de la que se disfruta en el Estado de Naturaleza consiste en que cada uno
pueda disponer y ordenar, según le parezca, su persona, sus acciones, posesiones y toda su propiedad.
La Ley Natural no enseña a todos que, al ser iguales e independientes, nadie puede perjudicar a otro en
su vida, libertad, salud o posesiones.
En el Estado de Naturaleza un hombre tiene derecho a juzgar y castigar a quién no respeta la ley
natural, convirtiéndose el transgresor en un peligro para la humanidad.
Propiedad privada.
Locke presta una enorme atención al tema de la propiedad y elabora su célebre teoría para explicar
su origen y valor. El término “propiedad” para Locke es polisémico: en sentido amplio hacer referencia
a la vida, la libertad y la hacienda, y en sentido estricto se refiere a los bienes, al derecho a heredar y a
la capacidad de acumular riquezas.
Para eliminar cualquier intromisión de los gobernantes en la propiedad privada, Locke afirma que
ésta es anterior al establecimiento de cualquier ley de una sociedad política o gobierno. Así, la propiedad
privada existe en el Estado de Naturaleza, antes de la organización de la sociedad, y ningún poder
supremo puede arrebatar a ningún hombre parte alguna de su propiedad sin su propio consentimiento.
Cada hombre es propietario de su propia persona, el trabajo de su cuerpo y la labor de sus manos, y si
toma algo y lo cambia de estado en que lo encontró en la naturaleza, ha mezclado su trabajo con él y le
ha añadido algo que le pertenece y, por tanto, lo convierte en propiedad suya. De esta forma, el resultado
de la creatividad humana aplicada a los recursos naturales, se transforma en parte del productor y le
pertenece, naciendo así el derecho a la propiedad privada.
Sin embargo, la propiedad no se entiende aquí como ilimitada pues cada hombre podrá poseer
legítimamente todo lo que pueda abarcar con su trabajo.
Queda claro que para Locke el derecho de propiedad tiene un carácter absoluto y es irrenunciable:
existe en el Estado de Naturaleza y, una vez constituida la sociedad civil, el fin del gobierno será la
preservación de la propiedad.
El dinero
La limitación de la propiedad en el Estado de Naturaleza proviene de que la mayor parte de las cosas
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son perecederas, de corta duración. Gracias a la invención del dinero, el hombre puede acumular
riquezas y propiedades más allá de las necesidades del individuo y de su familia. La consecuencia de
ello es la extensión de la posesión de tierras y el crecimiento de una sociedad comercial. Esto produce
desigualdades en la propiedad, lo cual originará conflictos en torno a ella y terminará con la idílica
existencia del Estado de naturaleza, conflictos que sólo podrán ser resueltos con la constitución de leyes
positivas en la sociedad civil o comunidad política (Estado).

2.3.2. Estado de Guerra.


Para Locke el Estado de Naturaleza es placentero y pacífico. No es necesariamente una guerra de
todos contra todos, es un estado pre-político pero no pre-social, y el hombre vive guiado por la ley
natural a través de la razón.
El hombre natural de Locke no es un salvaje hobbesiano1. Este idílico panorama se convertirá de
hecho en un estado de guerra, debido a dos fuentes de discordia: la primera, que algunos “irracionales”
traten de aprovecharse de otros pues los hombres no son perfectos; la segunda, los conflictos entre dos
o más personas en donde no hay una tercera parte, un juez o un árbitro, por lo cual vencerá el más fuerte
y no el más justo.
En el Estado de Naturaleza hay ausencia de jueces y leyes positivas, rigiendo la ley natural. Existe
un estado de paz mientras no hay utilización de la fuerza sin derecho.
El Estado de Guerra puede darse en el Estado de Naturaleza o en la sociedad civil, donde hay un juez
que hacer cumplir la ley.
El problema es que una vez que da comienzo el Estado de Guerra, éste no cesa, y la pretendida
armonía en el estado de naturaleza no existe. Ello hace necesario que los hombres se constituyan en
sociedad civil para evitarlo y es una de las grandes razones que mueven a los hombres a reunirse en
sociedad y salir del Estado de Naturaleza. Para salir de este Estado de Guerra, los individuos realizan
un pacto o contrato por el cual se constituyen la sociedad civil, la comunidad política: el Estado Civil.

2.3.3. Estado Civil.


Contrato.
El Estado de Guerra convence a los hombres para que ingresen en una sociedad política, en un Estado
Civil, en donde el gobierno actuará como juez y protegerá los derechos (ya preexistentes) a la vida, a la
libertad y a la propiedad. Su poder proviene del consenso de los gobernados. Los hombres laboriosos y
razonables ven la necesidad de una institución que imparta justicia y los lleve a realizar un contrato, ya
que no está garantizado que todos cumplan, como hemos visto, con los preceptos la ley natural y la
razón.
El contrato se realiza para garantizar la seguridad de la propiedad de los individuos (vida, libertad y
bienes) por la inseguridad existente en el Estado de Naturaleza.
Lo que obliga a instaurar el orden político es la impotencia de la sociedad cuando su orden natural
es amenazado por enemigos internos y/o externos. Se crea la sociedad civil y política a través de un
contrato, y se crea al gobierno como agente de esa sociedad. La sociedad está subordinada al individuo,
y el gobierno a la sociedad. La disolución del gobierno no implica la liquidación de la sociedad. A este
contrato entre gobernantes y gobernados, Locke lo denomina con el término “trust”, es decir,
“confianza”.
El poder político legítimos deriva de ese contrato entre los miembros de la sociedad, que no es un
1
Hobbes afirma que el hombre del estado de naturaleza es un hombre salvaje, es un lobo para el hombre.
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contrato al uso, porque se basa en la confianza. El hombre, al unirse a una comunidad, hace entrega de
todo el poder necesario para cumplir los fines para los que se ha unido a la sociedad civil, y esa entrega
se lleva a cabo mediante el mero acuerdo de unirse en una sociedad política, lo cual es todo el pacto que
se precisa para que los individuos ingresen o constituyan una república. Justamente ese consenso de
hombres libres es lo que da principio a cualquier gobierno legítimo en el mundo.
Sociedad política y gobierno.
Pese a todas las ventajas existentes en el Estado de Naturaleza, los hombres sienten la necesidad de
ingresar en el Estado Civil. El gobierno civil es el remedio más adecuado para las inconveniencias que
presta el Estado de Naturaleza, esto es, los problemas causados por es Estado de Guerra provocado por
los irracionales que atropellan la vida, la libertad y propiedad de los hombres laboriosos. Por esta razón,
repite Locke constantemente que el fin supremo y principal de los hombres al unirse en república y
someterse a un gobierno es la preservación de sus propiedades (vida, libertad y hacienda), algo que en
el Estado de Naturaleza es muy difícil de conseguir.
Resulta claro que cuando un hombre entra en la sociedad civil y se convierte en miembro de una
república, renuncia al poder que tenía de castigar los delitos contra la ley de la naturaleza: éste es el
origen del poder legislativo y ejecutivo. Los poderes naturales del hombre en el Estado de Naturaleza
se transforman, gracias al contrato, en los poderes políticos de la sociedad civil.
En otras palabras, forman una sociedad civil las personas que se unen en un cuerpo y disponen de
una ley común, así como de una judicatura a la que apelar, con autoridad para decidir en las controversias
que surjan entre ellos y poder para castigar a los delincuentes.
Sin embargo, si el gobernante se vuelve un tirano, el pacto se rompe. Un gobernante que no deja
recursos abiertos a sus súbditos, víctimas de injusticias, los obliga a considerarlo como injusto y con
derecho a castigar su opresión. Es el gobernante el que crea el estado de guerra cuando incurre en cierto
tipo de arbitrariedades que incitan a los pueblos a la rebelión.
En síntesis, el propósito principal de la sociedad política es proteger los derechos en sentido amplio,
esto es, la vida, la libertad y los bienes. De esta forma el gobierno está estrictamente limitado y cumple
con una función: proteger a la comunidad sin interferir en la vida de los individuos. Es un árbitro pasivo
que permite que cada uno busque sus propios intereses y sólo interviene cuando hay disputas. Su poder
surge y depende del contrato que hicieron los individuos para conformar la sociedad civil y política.
El poder del gobierno está basado totalmente en los poderes que le transfirieron los individuos,
además los gobiernos no tienen derechos que sean peculiares a ellos. Debe existir una separación del
poder ejecutivo y legislativo. Estos poderes no pueden recaer en la/s misma/s persona/s. El poder
legislativo es el que decide las políticas, encaminado a determinar las condiciones de uso legal de la
fuerza comunitaria en función de la defensa de la sociedad civil y de sus miembros. El poder ejecutivo,
encargado de las leyes formuladas por el legislativo, ha de estar subordinado a él. Además, hay también
un tercer poder: el federativo, que está destinado a definir las relaciones con otros Estados (países).
Derecho de resistencia.
Uno de los puntos más importantes del Segundo Tratado es su doctrina de la resistencia. Con esta
teoría, Locke, sólo quiere buscar argumentos para resistir a gobiernos tiránicos.
Si un gobierno hace uso de la fuerza sin tener derecho a ello, y tal es el caso de cualquier gobernante
que actúe contra la ley, se coloca en un estado de guerra respecto a aquellos contra los que ha empleado
la fuerza.
La justificación de la insurrección cuando el gobierno se vuelve tiránico y rompe el contrato es
considerada como una de los elementos democráticos de su teoría política y una idea novedosa para la
época. El gobierno pierde su poder cuando actúa rompiendo la confianza que la sociedad depositó en el
mismo.
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Es el pueblo quien decide cuándo se ha roto la confianza y tiene el poder porque subsiste como
comunidad pese a la disolución del gobierno. Sin embargo, las revoluciones no se producen por
cualquier error en la gestión de los asuntos públicos, el pueblo se rebelará solamente en el último
extremo.
De esta forma, la causa principal de las revoluciones no es la insensatez gratuita de los pueblos o su
deseo de acabar con los gobernantes, sino los intentos de estos últimos de obtener y ejercer un poder
arbitrario sobre los pueblos.
Por tanto, el derecho de resistencia es un derecho natural. Este derecho nunca se puede ejercer contra
un gobierno legítimo.

2.4. Moral.
La norma general es que hay que procurar el bien y apartarnos del mal. El bien, físicamente, es lo
agradable, lo útil y lo que causa placer; mal, lo desagradable.
El fundamento de la actividad moral es la tendencia a conseguir el propio bienestar. Moralmente, el
bien o el mal se definen por la propia ley, la cual determina la sanción, de premio o castigo.
Hay tres (tipos) leyes: la divina, que nos exige obediencia a la revelación y a los preceptos de la
naturaleza; la civil, impuesta por el legislador, que define lo inocente o lo culpable; y la opinión pública,
formulada por los filósofos, que definen el vicio o la virtud. En la elaboración de las ideas de bien y de
mal influye el ambiente del tiempo y la costumbre de los distintos países.

2.5. La religión: Carta Sobre la Tolerancia2.


El siglo XVII fue un siglo de guerras religiosas y había muy pocos teóricos dispuestos a defender la
tolerancia como correcta en principio o viable en la práctica. E su demanda por la tolerancia religiosa,
Locke, sostiene, en primer lugar, que ningún hombre tiene tanta sabiduría y conocimiento como para
que pueda dictar la religión a algún otro; en segundo lugar, que cada individuo es un ser moral,
responsable ante Dios, lo cual presupone la libertad; y, finalmente, que ninguna compulsión que sea
contraria a la voluntad del individuo puede asegurar más que una conformidad externa.
Según dice Locke en su Carta Sobre la Tolerancia, esta es una característica de la verdadera “Iglesia”,
que el clero debe preconizar la paz y el amor, y que la verdadera Iglesia no debe requerir de sus miembros
que crean más de lo que está especificado en la Biblia para la salvación (Sola scriptura). Rechaza la
idea de que la autoridad en una Iglesia esté ejercida por una jerarquía eclesiástica.
El Estado ha de ser una institución secular con fines seculares, pues todo el poder del gobierno civil
se refiere solamente a intereses civiles de los hombres. La Iglesia en sí es una cosa absolutamente distinta
y separada del Estado, ella es una sociedad de miembros unidos voluntariamente sin poder coactivo. Las
fronteras de la Iglesia del Estado son fijas e inamovibles, ninguno de los dos debe inmiscuirse en las
actividades del otro.
Locke se preocupa por las relaciones entre la Iglesia y el Estado y prescribe que debe tolerarse
cualquier postura religiosa que no perjudique los intereses fundamentales de la sociedad y del Estado.
Su intención es política más que religiosa, pues la finalidad de sus consideraciones no es la salvación de
las almas sino la protección del Estado, y se ha convertido en parte constitutiva del pensamiento político
moderno, ya que su propuesta más decisiva es la estricta separación entre la Iglesia y el Estado.
Además de negar el derecho divino de los reyes a gobernar, reconoce la función instrumental del
2
Locke escribió cuatro Cartas Sobre la Tolerancia, siendo la publicada anónimamente entre 1689 (1690) la que tuvo más éxito y la más
famosa. Esta es la cuarta carta, a la que nos referimos aquí.
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poder político como garante de la paz, bienestar e intereses privados de los súbditos.
La intolerancia es típica del catolicismo y el Estado debe prohibir sólo aquellas doctrinas que puedan
alterar la paz y seguridad públicas o que tengan consecuencias antisociales. El argumento de Locke era
que la obligación católica de obedecer al Papa iba en contra del reconocimiento de la autoridad legítima
o de los gobernantes seculares. Como los católicos eran súbditos del Papa, no podían ser ciudadanos de
ningún otro Estado que no fuese Roma. Hay otra idea que no debe ser tolerada, el ateísmo, pues al no
creer en Dios carece de principios morales.
Locke sugiere que puede haber más de una Iglesia “verdadera”. Considera irracional castigar a la
gente por sus creencias y por lo tanto el Estado no tiene por qué interferir con las creencias.
La Carta Sobre la Tolerancia implicó una fuerte condena a la intolerancia y la consagración de la
libertad religiosa, elementos indispensables en el proceso de constitución del Estado democrático liberal.

3. Thomas Hobbes. El hombre es un lobo para el hombre.


3.1. Líneas generales de la teoría política de T. Hobbes.
Moral, sociedad y política son en Hobbes cosas inseparables. El hombre no entra en el orden moral
hasta el momento en que no ingresa en el orden político y social. Hobbes se propone desarrollar una
teoría política tomando como punto de partida unos pocos principios pre-establecidos. Su teoría social
y política viene a ser una aplicación de su forma mecanicista de entender al ser humano, en la que hace
entrar en juego la naturaleza humana dominada por las pasiones o por la razón, de lo cual resultan dos
estados: el natural, bajo el dominio de las pasiones y la voluntad irracional, y el civil, bajo el dominio
de la razón, que es el único medio de asegurar la paz y la convivencia entre los hombres.
El hombre no es social por naturaleza. La sociedad no es una realidad natural, sino artificial. En el
hombre predomina el egoísmo, el ansia de dominio y la hostilidad hacia los demás. Si los individuos
llegan a organizarse en sociedad es por el imperativo de su razón y buscando un poder que frene y
domine sus instintos. Para comprender como se produce el tránsito del estado de naturaleza al estado
civil debemos considerar el hombre en estos dos estados sucesivos.

3.2. Estado de naturaleza.


Es el reino del instinto y de las pasiones, de la libertad absoluta e ilimitada, de la voluntad arbitraria
e irracional. Es un estado de violencia, desorden y anarquía. En el estado de naturaleza no hay justicia
ni injusticia. El único criterio de moralidad es el egoísmo; la única regla del derecho natural es la propia
utilidad; el único bien es la propia conservación y el propio provecho; la única medida es la ley del más
fuerte. Los hombres aislados son todos iguales y libres y tienen un derecho igual a todas las cosas. Todo
está permitido. El derecho de cada uno se extiende hasta dónde llega su poder personal. El hombre
aislado no está sometido más que al determinismo de sus pasiones, que le arrastran a conseguir su propio
bien, su conservación, el placer y el bienestar de su cuerpo y la gloria, que es el placer de su alma
En este estado existe una ley natural que consiste en conservar la propia vida, de sus miembros y
todo lo que contribuya a su comodidad. Es la base del derecho natural.
En virtud de ese derecho natural cada hombre puede usar a su arbitrio su propio poder para conservar
su vida. Todos tiene derecho igual a todo, incluso sobre el cuerpo y la vida de los demás. Así cada uno
puede usar cualquier medio y hacer todo lo necesario para su conservación.
El hombre en estado de aislamiento no se contenta con su propia conservación, sino que aspira
también a apoderarse de los bienes materiales y a dominar a los demás. Cada uno busca su propio bien,
prescindiendo del de los demás. Pero como todos los hombres son iguales y libres, todos tienen derecho
a todo y todos siente inclinación natural a las mismas cosas y a gozar de todos los bienes, de aquí resulta
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que cada uno se convierte para otro en un enemigo al que procura destruir. Cada hombre es para los
demás un enemigo que les disputa la vida.
En definitiva, el estado de naturaleza es un estado de conflicto permanente. Es un estado de constante
lucha en la que todo está permitido y en la que sobreviven los más fuertes.
Este estado resulta insoportable y por tanto contrario al egoísmo que desea el propio bien, la
tranquilidad y la paz. Por lo que es la misma naturaleza racional del hombre la que le impone buscar los
medios para asegurar la paz, y con ella su propio bien. Este deseo es lo que prepara el tránsito del estado
de naturaleza al estado civil

3.3. Estado civil.


La ley y la razón natural ordenan el establecimiento de la paz. Pero esto no pueden conseguirlo los
individuos aislados. Tampoco basta una asociación de hombres más o menos grande. Para salir del
estado natural, Hobbes no encuentra más solución que la de que los hombres se pongan de acuerdo entre
sí para renunciar a sus derechos naturales individuales, transfiriéndolos íntegramente a un poder
soberano único, bien sea a una asamblea o a un solo hombre, comprometiéndose a obedecerlo.
La finalidad de este poder será ante todo establecer el orden y asegurar la paz y el bien común. Así,
pues los derechos naturales quedan abolidos en virtud de un pacto entre los individuos, los cuales pasan
al estado civil.
De esta manera se forma una sociedad, o el cuerpo de un Estado, una persona civil, en que la voluntad
de un solo soberano concentra y sustituye las voluntades de todos los particulares y ejerce el sumo
dominio.
El pacto en Hobbes es un contrato entre todos entre sí, los cuales renuncian colectivamente a sus
derechos naturales y los ponen íntegramente en manos de un solo individuo. Por lo tanto, una vez hecho
ya no pueden anularlo, ni siquiera modificarlo. Ya no se tiene libertad para establecer un nuevo pacto.
El hombre en estado civil trata de evitar por todos lo medios la vuelta al estado de naturaleza, para
lo cual es capaz de reforzar los poderes del Estado hasta llegar al absolutismo, para impedir que las
pasiones puedan prevalecer sobre la razón. El poder del soberano coarta las libertades anárquicas de los
individuos aislados; es el predominio de la razón sobre la voluntad, de la ley sobre el capricho. Pero es
la garantía del orden, la paz y la prosperidad, y, por lo tanto, según Hobbes también es bueno.

4. Jean Jacques Rousseau. El contrato social3.


4.1. El estado civil.
4.1.1. El orden social.
Rousseau define el orden social como un derecho sagrado que sirve de base para los demás. Pero no
un derecho procedente de la naturaleza sino basado en el pacto o en la convención. La única sociedad
de derecho natural es la familia; pero en ella el lazo natural no dura más que mientras los hijos necesitan
de los padres para su conservación. En cuanto cesa esta necesidad, cesa el derecho natural.
Por otra parte, la fuerza no puede producir ni constituir derecho. Todos los hombres nacen iguales y
libres, y ninguno tiene autoridad sobre sus semejantes. Por tanto, la única fuente legítima de la autoridad
hay que buscarla en las convecciones o pactos entre los hombres. Sin embargo, el hombre no puede
enajenar su libertad y sujetarse a otro hombre. Así, es preciso buscar un medio de establecer y justificar
3
Rousseau aborda el problema social y político en dos obras inspiradas en principios completamente distintos y que, por lo mismo, llevan a
conclusiones no solo distintas, sino contradictorias sobre el origen, desarrollo, funciones y legitimidad del gobierno. Estas obras son El Contrato
Social y El Origen de las Desigualdades. En este caso nos decantaremos por exponer las conclusiones a las que nos lleva El Contrato Social
al hablar del Estado Civil.
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la soberanía y la autoridad colectiva sin menoscabo de la libertad individual.


El problema se plantea entre la autoridad y la libertad. La libertad es un derecho inalienable. Pero la
autoridad reclama obediencia y es necesaria para constituir la sociedad. Para solucionar este problema,
Rousseau, negando a Hobbes, recurre a la idea de pacto o de contrato social como base de la sociedad y
del estado civil pero matizando : “ Cada uno de nosotros (gobernados) pone en común su persona y todo
su poder bajo la suprema dirección de la voluntad general y nosotros recibimos en cuerpo cada miembro
como parte indivisible del todo” Es decir, cada individuo no contrata con ninguno de los otros
individualmente, sino con el todo ( el Estado), y como él forma parte de ese todo (del Estado), en realidad
se contrata y promete obediencia a sí mismo. Dándose cada uno a todos, no se da a ninguno en particular
y no pierde su libertad frente a ningún otro individuo.
Mediante el pacto social pasa el individuo del estado natural al civil, pero este tránsito implica un
conjunto de cambios muy importantes: sus actos comienzan a ser morales, la justicia sucede al instinto,
el deber al impulso físico, el derecho al arbitrio, la razón al capricho. Pero el balance de ganancias y
pérdidas es positivo y beneficioso en compensaciones. El individuo pierde su libertad natural, pero gana
la libertad civil, pierde un derecho vago e ilimitado, pero gana el derecho de la propiedad sobre lo que
posee.
Por tanto, en virtud del contrato social, el tránsito del estado natural al civil es legítimo, necesario y
beneficioso para el hombre. En el estado natural no reina la razón, sino la fuerza, la voluntad y los
instintos. En el estado civil reinan la razón y el derecho. Los bienes que pierde el particular quedan
ampliamente compensados por un sinnúmero de ventajas.

4.1.2. Soberanía.
Constituido el cuerpo social del Estado en virtud de un pacto por el cual se unen las voluntades de
todos los particulares en una sola voluntad general colectiva cuyo objeto es el bien y interés común, será
necesario definir que entiende Rousseau sobre voluntad general. Hay que distinguir entre voluntad de
todos y voluntad general. Esta atiende al interés público y el otro al interés privado y es el modo de
ejercer la soberanía.
La soberanía reside en ese cuerpo social (pueblo). Dicho poder soberano es inalienable e indivisible.
Es decir, nunca puede perderse y será ilícito que sólo disfrute de él una élite social. Que sea indivisible
viene a insistir en la idea de su ser inalienable pero no implica una oposición la división de poderes de
la que nos hablaba Locke y los ilustrados franceses enciclopedistas. De hecho, Rousseau reconoce esta
división de poderes: legislativo, ejecutivo y judicial. Además de reconocer que al cuerpo social en el
cual descansa la soberanía le compete la función o el poder legislativo: la decisión a cerca de las leyes
que han de regir la vida en el estado social o civil.

4.1.3. El gobierno.
Una cosa es la soberanía, que es colectiva y a la que le corresponde el poder legislativo, y otra el
gobierno, al cual le compete el poder ejecutivo. La función del gobierno no es otra que hacer cumplir
las leyes y llevar ante los jueces a los que las incumplan asegurando la pervivencia del estado civil.
El sujeto de la soberanía siempre es el pueblo. Los gobernantes sólo son administradores, ejecutores
empleados por el pueblo soberano. Por tanto, el gobierno no es más que el ejercicio legítimo del poder
ejecutivo. Es la ejecución de las leyes y el mantenimiento de la libertad. Pero no hay un doble pacto,
sino solo uno, por el que se establecen la sociedad, la soberanía y el gobierno.
Dentro del apartado dedicado al gobierno, Rousseau aborda el tema de las formas de gobierno. Sobre
este tema, nuestro autor afirma que hay tres formas de gobierno puras: democracia, aristocracia y
monarquía, las cuales se diferencian entre sí por la distinta combinación entre soberanía y gobierno. En
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la democracia la soberanía y el gobierno se identifican. Otra forma de gobierno es la aristocracia, en la


cual hay dos personas morales distintas: el pueblo soberano y legislador y el gobierno que ejecuta las
leyes, compuesto por un grupo selecto de ciudadanos. Existen tres clases de aristocracia: natural, electiva
y hereditaria. De estas tres, según Rousseau, la peor es la hereditaria y la mejor la electiva. En el caso
de monarquía hay también distinción de poderes: la soberanía sigue residiendo en el pueblo, pero el
poder ejecutivo se pone en manos y en la voluntad particular de una persona física. Puede que sea el
gobierno más eficaz, pero es el más expuesto a su corrupción en perjuicio del bien del Estado.

Para Rousseau no todas las formas de gobierno son igualmente convenientes en todos los casos.
Como criterio de elección pondrá la eficacia. No obstante, la eficacia dependerá de diferentes casos. De
esta forma, la democracia es el gobierno más eficaz para estados pequeños, la aristocracia para los
medianos y la monarquía para los grandes (se refiere a extensión territorial y habitantes, claro está).
También dice algo Rousseau sobre el poder judicial, al cual lo define como un “tribunado” que regula
al poder ejecutivo.

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