Jarok Sacane: Maestro de Armas y Su Historia Épica
Jarok Sacane: Maestro de Armas y Su Historia Épica
Habilidades de Combate:
HA: 120 Desarmado, 190 Legislador +10
HP: 120 Desarmado, 190 Legislador +10
Daño: 30 Desarmado (CON), 110 Legislador +10 (FIL)
Habilidades Naturales: Uso de Espada Bastarda (Arma Inicial), Tabla de profesión: Soldado,
Ataque Encadenado, Ataque en Área, Combate a Ciegas, Sujeción
Llevar Armadura: 40
Armadura: Completa de Cuero (Completa +10)
TA: FIL 3 CON 2 PEN 4 CAL 3 ELE 4 FRI 3 ENE 0
Ki: 72
Acumulaciones: Agi 1, Con 2, Des 3, Fue 2, Pod 2, Vol 1
Habilidades del Ki: Uso del Ki, Control del Ki, Detección del Ki 212, Forzar técnicas, Extrusión
de presencia, Extensión del aura al arma, Uso de la energía necesaria, Eliminación de
necesidades, Eliminación de penalizadores, Inhumanidad
Habilidades Secundarias: Atletismo 40, Montar 120, Nadar 10, Trepar 10, Saltar 40, Estilo 35,
Intimidar 60, Liderazgo 45, Persuasión 40, Advertir 75, Buscar 45, Ciencia 30, Historia
(Cristiana) 40, Ocultismo (religión) 60, Frialdad 80, Proezas de fuerza 80, Resistir el dolor 80,
Ocultarse 40, Sigilo 40
Equipo: Varias mudas de ropa (incluyendo alguna elegante de buena calidad), raciones para
más de una semana, un caballo, un par de armas (Legislador y espada larga), una armadura
ligera o media (Completa de cuero), un objeto personal de gran valor (crucifijo de oro
enjoyado).
Técnicas__________
Cruz del Norte
EFECTO:
Ataque a Distancia 100m
Daño 130: (Presenciax2 + Bono POD)
NIVEL: 1 - CM: 20
KI: POD 3 VOL 3
DESCRIPCIÓN:
Tras pronunciar el nombre de la técnica, el lanzador esgrime al tiempo sus armas una en sentido
vertical y la otra horizontal, creando en el aire la forma de una cruz que avanza a gran velocidad
hacia su adversario. Durante el trayecto, en cada uno de los puntos cardinales de esta aparece otra
pequeña cruz, destellando y desapareciendo al impactar.
Áureo Despertar
EFECTO:
+50 ATA.
+50 Daño.
Ataque en Área 25m.
NIVEL: 2 - CM: 50
KI: FUE 4 DES 5 POD 6
DESCRIPCIÓN:
Tras pronunciar el nombre de la técnica, el atacante voltea su Legislador, quedando empuñado hacia
atrás con la hoja siguiendo el antebrazo mientras a su alrededor se perfila un aura dorada. Acto
seguido, hinca una rodilla en el suelo, clavando su Legislador en el suelo. El aura dorada que
rodeaba al atacante se expande furiosamente afectando a todos en un área de 25m. (Tras su uso
pierde 2 puntos de Cansancio).
Ira de Dios
EFECTO:
x3 Daño
NIVEL: 2 - CM: 50
KI: FUE 4 DES 6 VOL 5
DESCRIPCIÓN:
Tras pronunciar el nombre de la técnica, los ojos del atacante se tornan dorados y a la hoja de su
arma comienza a desprender un resplandor dorado. Cuando realiza el golpe, el arma deja una estela
dorada en el aire que termina en una explosión de luz dorada cuando impacta.
HISTORIA
El trueno estalló con fuerza a escasos metros de donde se encontraban, otra vez sus miradas
agotadas se volvieron a encontrar. Llevaban horas peleando sin tregua ni cuartel y solo la
férrea voluntad de sus almas era capaz de sostener el peso de sus espadas.
La figura vestida con ropajes blancos manchados únicamente por la roja sangre avanzó
sosteniendo su acero en alto, dio un paso tras otro lentamente hasta que su caminata se
convirtió en una tremenda carga, al llegar a su objetivo sujetó la empuñadura con ambas
manos y golpeó con tal fuerza que habría partido una montaña.
Su hoja solo cortó el aire.
Cuatro metros detrás suyo se mantenía de pie una figura de ropajes oscuros, con una mano
se aferraba una herida que sangraba abundantemente abierta en su brazo derecho, con la
otra sostenía una espada de alargada hoja. Era ésta de un negro azulado que parecía brillar
captando un reflejo que ningún ojo mortal podía ver.
El hombre de claros ropajes sonrió cansado, se dio lentamente la vuelta y volvió a encarar a
su adversario, en realidad, puede que los dos hubieran estado haciendo eso mismo durante
toda su vida, quien sabe lo que habría pasado si por una vez, uno de los dos se hubiera dado
por vencido.
Pero esta vez tampoco fue así.
Cuando completó el giro extendió la palma de su mano, de ella surgieron haces de energía
que se movían a velocidad inhumana, su adversario rápidamente colocó su hoja frente a su
cara y se concentró en ella para poder ver bien las descargas de energía, una vez que
comprendió los complejos hilos que los entretejían urdió un conjuro para desmantelarlos y
anular así los mortales proyectiles. Acto seguido se dirigió corriendo a su enemigo y
descargó sobre el su larga katana. Las dos hojas colisionaros y parecieron abrazarse
mientras desprendían chispas.
-Tu tampoco.
Acto seguido movieron las espadas deshaciendo el abrazo mortal y al unísono efectuaron un
círculo con las hojas. La sangre brotó de las terribles heridas y cayeron en la yerma tierra.
Durante el segundo antes de que la muerte viniera a recoger sus almas, los dos miraron al
cadáver cercano, era una mujer de sobrecogedora belleza, cada uno de los pelos que
adornaban su majestuosa cabellera era como un precioso hilo de oro bordado con el más
exquisito de los cuidados, su piel era comparable a la seda más suave y cuidada y sus labios
eran como el primer rayo de la mañana, que con el poder de su luz rompe la oscuridad de la
noche y trae la promesa de un nuevo día.
Con toda su fuerza de voluntad los dos pidieron volverse a encontrar.
Como casi todo en esta vida, esta misma historia tiene dos versiones o dos caras, casi se
podría decir que esta fragmentada en dos piezas. Cada una de esas piezas es un hombre, y
no se podría entender la historia de uno de ellos sin conocer la del otro, pues desde el
nacimiento estaban ligados el uno con el otro, y aunque parezca que alguna vez tuvieron
elección, su futuro fue escrito por extrañas manos hace ya mucho tiempo…
Nolan nació en Cedonia, ciudad portuaria del principado de Bellafonte, que a su vez es parte
de la llamada “Alianza Azur”. Su padre, Radnor, era uno de tantos mineros y trabajaba sin
descanso en las canteras de Lavín, extrayendo el mejor mármol para que bien lejos, otros lo
disfrutaran. En cuanto a su madre poco sabía de ella, salvo que se había llamado una vez
Elatha, lo cierto es que Nolan no sabía si su madre había muerto o si simplemente se había
ido después de dar a luz. Tampoco quería saberlo.
Siendo joven, Nolan, tomó una decisión importante a la que no le dio el peso que merecía.
Decidió que no quería terminar sus días como su padre, y que sería algo más que un simple
trabajador en las blancas minas. También se prometió a si mismo que saldría de aquella
ciudad en la que parecía que todo estaba centrado en la extracción del asqueroso mármol.
Para cumplir su sueño Nolan decidió practicar duramente con la espada, pero pronto
comprendió que su sangre guardaba un legado oscuro. Por las noches veía extrañas escenas
de lucha y de muerte y para cuando despertaba no podía recordar nada.
Nada excepto las palabras.
Notó que la sangre hervía al pensar en esas palabras extrañas y sin aparente sentido, hasta
que una mañana, habiéndose ido su padre las dijo.
Y dio rienda suelta a la magia.
Los efectos fueron devastadores, sin darse cuenta de lo que había hecho la casa se vino
abajo al ver privado de su resistencia a las columnas que mantenían el peso del tejado.
Medio muerto Nolan decidió irse de allí para no tener que explicarle a su padre lo que había
pasado.
Durante algunas semanas malvivió en las sucias calles de la ciudad, aterido de frío, sin
apenas nada que echarse a la boca. Los primeros días estaba tan herido que apenas si podía
moverse, más tarde sus heridas se fueron curando y consiguió robar algo de comida.
Pero por ahora dejemos al todavía joven Nolan robando y creciendo en las calles de Cedonia
y dirijamos nuestra mirada al norte, casi a la frontera con Kanon, a la capital de Bellafonte,
Raverna. Allí conoceremos a la segunda pieza de nuestro rompecabezas particular.
Jarok era hijo de Agostino Sacane y de Gia Sacane. Nació y creció en la enorme metrópolis
de Raverna, allí, la familia Sacane tenía una enorme importancia en la vida económica de la
ciudad, y desde hace incontables generaciones eran formidables, y ricos, mercaderes.
Jarok fue instruido en multitud de ciencias y maneras del saber que convenían a quien en un
futuro debía ser la cabeza de una de las principales familias de comerciantes de todo
Bellafonte. Pero pasarse el día en un despacho, firmando contratas y mirando precios no era
exactamente el sueño del joven Jarok, él quería pertenecer a la prestigiosa orden de la cruz,
una de las principales ordenes de caballería.
Dado el clima político del momento Jarok fue aleccionado de las virtudes nacionales de la
Alianza y de los muchos pecados del Imperio de Abel. También tuvo una extensa enseñanza
religiosa, sobre la verdadera religión y las enseñanzas de Cristo.
Cuando cumplió los doce años de edad y soplaba las velas de su tarta de cumpleaños su
padre le animó a que pidiera un deseo, Jarok juntó todas sus fuerzas y le contó a su padre
su sueño. Quería verse en un majestuoso caballo, sirviendo a la orden de la cruz. Con el
tiempo estaba seguro de que llegaría a un puesto de importancia y que haría que se sintiera
orgulloso de él. Su padre no pudo menos que comprender los sueños de su hijo, y
conociendo que la sangre a tierna edad corre más rápida y veloz decidió dejarle acercarse a
su sueño. Compró un majestuoso caballo y contrató los servicios de Darwin Sunbright un
antiguo soldado que había servido fielmente en la caballería hasta que le llegó la edad de
retirarse. Jarok aprendió mucho y bien sobre todo lo que le decía su maestro, en poco
tiempo consiguió mantenerse sobre el caballo después de realizar una pasada de carga, y
aprendió a pelear sobre el terreno, donde se vio que su pericia sobresalía.
Desgraciadamente no a todos los Sacane les iba todo tan bien, y así Agostino fue informado
de que varios de sus barcos se habían hundido y si no sucedía un milagro se quedaría en la
ruina. Casi sin poder creer tal racha de mala suerte el cabeza de familia sacó fuerzas de
flaquezas para continuar adelante y no dejar a su familia hundirse en el lodo de la
desesperación.
Intentó sonreír y mostrarse optimista cuando le contó a Gia la situación.
Desafortunadamente la situación no mejoró en los seis meses siguientes, dos barcos más
hicieron agua y perdieron toda su valiosa carga, era el momento de tomar una decisión.
Hubo que ir quitando gastos y lo último de lo que se desprendieron fue del caballo que años
antes habían comprado para Jarok. Cuando la situación parecía insostenible Agostino tomó
una decisión, podrían sacar los fondos que le quedaban y vender la mansión con todos los
muebles, así conseguirían suficiente dinero como para comprar una carreta y viajar hasta la
ciudad portuaria de Cedonia, allí podrían adquirir alguna embarcación y una primera remesa
de mármol, pasarían tiempos duros hasta que las ganancias de la venta no llegaran, pero
cuando lo hicieran podrían comprar una casa y otra remesa y poco a poco volverían a
construir un gran imperio. De esta forma, cuando después de muchísimas generaciones, la
familia Sacane tuvo que decir adiós a Raverna, lo hicieron con el ansia en el corazón de que
fuera un hasta pronto.
La familia Sacane tiene que hacer ahora un viaje, y así los dejaremos, permitiremos que el
suave traqueteo de la carreta los suma en un sueño, esperemos que plácido, y mientras nos
centraremos de nuevo en Nolan, quien se quedó malviviendo por las calles de Cedonia.
Difíciles eran los días en la ciudad y por eso tomó una decisión, debía de poner en claro sus
nuevas aptitudes, y por eso cuando estuvo completamente recuperado de sus heridas, se
marchó a vivir a las montañas de las sierras blancas.
Si bien es cierto que en su falda tienen una subida suave, que convierte el ascenso en un
agradable paseo, también es cierto que cuando se ha subido un trecho el camino empieza a
hacerse mucho más peligroso y angosto.
Allí Nolan se dejó llevar por lo sueños, sueños de los que no recordaba nada al despertar,
pero siempre que lo hacía, se sentía como si tuviera algo en la punta de la lengua, así
centrado en sus recuerdos aprendió nuevas palabras, y con el tiempo, todo un vocabulario
nuevo se extendió ante él.
Con esas palabras puso nombre a su ambición.
Con su recientemente aprendida magia, Nolan no se dio por satisfecho y decidió aprender
más de sí mismo, durante semanas permaneció en las montañas entrenándose durante el
día con la espada y por la noche con la magia. Cuando estaba agotado se dirigía a un plácido
paraje, un lugar donde toda su rabia e ira desaparecían misteriosamente. Un día cuando
estuvo a punto de caer en el pozo del sueño le pareció ver a una mujer. Era ésta una mujer
de larga cabellera rubia y de preciosos rasgos, pero para su desconcierto, cuando se reanimó
no vio por ninguna parte a aquel ser de ensueño.
Cuando Nolan se sintió satisfecho consigo mismo por su entrenamiento decidió bajar de
nuevo a la ciudad, allí adquiría el suficiente dinero como para conseguir salir de allí.
La ciudad era más pequeña de lo que recordaba, la gente parecía más diminuta y cien veces
más insignificante, casi parecían hormigas que se paseaban de un lado a otro sin un
propósito, Nolan se consideraba elevado con respecto a los demás, y no veía posible
comparación entre el, y el resto de personas. Él había pasado por cosas terribles y había
estado en la montaña averiguando la verdad sobre el mundo y sobre sí mismo, mientras que
el resto de personas lo único que hacían era pasear por las calles cargando con cajas
repletas de un mármol que jamás vestiría sus salones y que nunca adornaría sus suelos.
Como ya tenía pensado de antemano Nolan empezó a conseguir dinero, gracias a su nuevas
habilidades, no fue difícil, pero pronto descubrió el peso de la sangre, y es que, Nolan tuvo
que manchar su filo con la sangre de un estúpido que valoró más su bolsa que su propia
vida. Nuestro muchacho no tuvo más remedio que arrebatarle las dos. Falso sería decir que
no sintió absolutamente nada después de aquello, pero también es bien cierto, que sería
engañar al lector, decir que se sintió mal después de arrebatar la que sería la primera de
muchas vidas.
Con el tiempo y el hábito Nolan se volvió un peligroso asesino, y asedió con su espada la
ciudad de la cual tomó lo que pudo hasta saciarse.
El Pequeño Nolan se ha trasformado en un despiadado asesino con una extraña moral y con
un peligroso sueño. Pero esa misma moral le impidió ver que la gente con la que acababa
también tenía sueños propios y que estos eran destrozados por su espada, y esa herida
sangraba mucho más que cualquier otra. Gracias a los dioses todavía quedan sueños en
Cedonia, y todavía hay más sueños a punto de llegar en la carreta en la que viajan los
Sacane, pues justo esta noche llegan a la ciudad portuaria.
Habían oído hablar sobre las majestuosas cumbres de las sierras blancas, pero nunca habían
imaginado algo tan magnífico. Muy por encima de sus cabezas se elevaban esas blancas
montañas que casi parecían partir el mismo firmamento en dos con el poder de sus picos.
Poco después de llegar a la ciudad y oler el aroma del mar, Agostino vendió la carreta en la
que habían venido y buscó una posada en la que pasar la noche. Encontró una a un precio
asequible para su situación y los tres se metieron allí a comer algo caliente. Posaran donde
posaran la vista solo veían rostros peligrosos y ojos que desprendían malicia. El cabeza de la
familia Sacane decidió distraer a su mujer y a su hijo de aquellos rostros contándoles una
historia de algún antiguo miembro de su familia.
A la mañana siguiente Jarok y su padre decidieron ir a hacer una visita al puerto para ver
algunos barcos, lo cierto es que de la venta de la casa habían conseguido menos dinero de lo
que esperaban sacar, pero aun así esperaban poder conseguir algo que, por lo menos,
flotara. Debido a su corto margen económico a los dos le pareció lo más sensato pasar unos
cuantos días viendo las embarcaciones y juzgando con sus propios ojos la calidad de estas y
de su tripulación. A la hora de la comida volvieron a la posada para comer algo todos juntos.
Durante el almuerzo comentaron a Gia lo que habían visto y sus planes de posponer un poco
la compra de la embarcación a fin de poder conseguir un mejor precio o una embarcación
más segura.
Pasaron el resto del día igual, y por la noche volvieron a la posada después de dar una vuelta
por la ciudad y ver las posibles maravillas que esta pudiera contener, lo cierto, es que no
encontraron mucho de eso, ya que la ciudad parecía pensada para extraer el mármol de las
canteras y poder llevar luego éste a los barcos o a alguno de los muchos talleres donde se
trabajaba y luego a los barcos desde donde se distribuía. Agostino siempre les entretenía con
historias animadas y con visiones de su futuro vendiendo hermosas estatuas hechas de un
perfecto mármol blanco que decorarías las estancias de los mismísimos arcontes. Por su
parte Jarok, quien había crecido fuerte y vigoroso gracias a las lecciones de su maestro de
esgrima y valiente y noble gracias a su propio padre, siempre se aseguraba de que nadie
molestara a sus padres.
Decidieron que al día siguiente harían una pequeña excursión a las canteras para poder
apreciar el tremendo trabajo que se llevaba a cabo en aquella ciudad y así poder admirar ese
mineral del cual dentro de poco dependerían sus vidas. Volvieron entusiasmados de las
canteras, nunca antes había contemplado tal cantidad de hombres trabajando, además el
mármol que de ellas se extraía era blanco como la nieve que adornaba como coronas los
montes que había por encima de sus cabezas, lamentablemente su expedición duró menos
de lo esperado debido a que Gia empezó a toser, y con miedo de que agarrara alguna
enfermedad la llevaron de vuelta a la posada.
Pasaron un par de semanas en la posada hasta que por fin decidieron comprar una
embarcación al día siguiente, irían Jarok y Agostino ya que Gia se había puesto peor y lo
mejor era que se quedara en la cama tranquila.
De camino al puerto, vieron a una mujer que vendía unas flores hermosas como ninguna
otra, a pesar de todo, a los dos les pareció una buena idea comprar un buen ramo y
llevárselo a Gia con los deseos de una pronta recuperación, al ser Jarok Joven y de piernas
poderosas fue el quien se dirigió de vuelta a la posada a llevar las hermosas flores mientras
Agostino esperaba sentado contemplando su futuro barco.
Desgraciadamente para cuando Jarok llegó a donde le esperaba su padre le vio hundido en
un charco formado por su propia sangre, entre la multitud creciente vislumbró un rostro que
corría hacia las sombras. Rápidamente corrió hacia su padre y manchándose los ropajes con
el licor de la vida de quien se lo dio todo, le sostuvo entre sus brazos en sus últimos
momentos, y Agostino abandonó la vida como había permanecido en ella, con una cálida
sonrisa.
Jarok tuvo que enterrar a su padre el mismo, ya que no tenía dinero para poder pagar un
entierro digno, su madre hacía días que no podía moverse de la cama de lo enferma que
estaba. Consiguió un empleo en la mina y trabajó en ella afanosamente, y no había trabajo
que le pareciera demasiado duro o trabajoso para él, y con las manos que crecieron
aprendiendo a sostener una bolsa de oro, ahora sostenían picos y palas, y se encallecían
debido al pesado esfuerzo, pero hay que decir a favor de Jarok que no decayó su ánimo y
que si bien no podía llevar todos los días un ramo de flores para su madre, bien es cierto que
siempre le traía una cálida sonrisa.
Un día cargando mármol a uno de los talleres, vio a una mujer cuyo rostro tenía una belleza
sin par, cuyos ojos eran como estanques de profunda y clara agua cristalina. Jarok se paró a
hablar con la joven, y rápidamente se sintieron bien el uno en compañía del otro, de tal
suerte que se volvieron a ver más días, y nació una profunda relación de amor. La joven
parecía, según le confesó a Jarok, estar buscando algo que no podía encontrar, pero para
desgracia de la muchacha no era capaz de recordar exactamente lo que buscaba, y por eso
flotaba en un mar de desánimo hasta que conoció al joven Sacane.
Un día los dos marcharon a un pacífico lago de tranquilas aguas que había entre dos de los
montes de las colinas blancas, el lago era llamado el lago de cristal debido a la sublime
transparencia de sus aguas. El paraje lo llenaba todo de un aire místico y casi sobrenatural,
cuando los ojos de la muchacha se tornaron completamente blancos, y cayó en una suerte
de trance, Jarok preocupado por el estado de la chica la agarró fuertemente de los hombros
y trató de traerla hacia la conciencia pero esta, pareció levitar y sus pies abandonaron el
suelo, de repente, dos alas se extendieron, una de ellas, se acercó hacia donde él estaba y la
otra se dirigió hacia el otro lado del valle, allí Jarok vio un rostro familiar, el del joven que
había huido con el cofre lleno de oro después de dar muerte a su padre. El joven Sacane
cayó ciego de rabia al creer que todo había sido un montaje orquestado por ese perverso
hombre, y que esta muchacha que creía amar no era sino un demonio venido para tentarle y
olvidar a su familia y con su recuerdo, todo lo que es bueno. De esta forma se dirigió a
acabar con la vida del súcubo.
El combate se alargó durante horas, el campo, así como el lago quedó cubierto por plumas
de unas alas tan largas como hermosas mientras los dos jóvenes luchaban por sus vidas.
Al final los dos cayeron. Si rendidos de cansancio, o si presa de algún hechizo de la
muchacha es imposible decirlo. Pero lo que si es cierto es que Nolan se despertó primero,
agarró a la muchacha, cuyas misteriosas alas habían desaparecido, y se la llevó consigo lejos
de aquel lugar, pues temía que el otro joven le hiciera algún mal, ya que durante su pelea
había dicho cosas terribles y muchas veces la había llamado demonio.
Si Nolan y Jarok son las dos caras de la misma moneda, Ilmina, era el canto de ésta, y solo
en ésta quedaban los futuros de los dos jóvenes. Aunque, por supuesto, ninguno de ellos
podría haberlo imaginado.
Nolan no lograba a comprender que le había hecho salvar a la muchacha de aquel loco, pero
algo en su interior se había removido. El, que había matado a tanta gente para conseguir sus
fines egoístas, por primera vez había puesto su vida en peligro solo para salvar a otra
persona, y haciendo esto fue como si mirara a los ojos a su reflejo en un extraño espejo, y
comprendió que no solo el poder puede ser una meta en esta vida, sino que procurar la
felicidad de alguien podía convertirse en una meta en sí misma. Nolan no sabía por qué, pero
deseaba más que nada en este mundo, que aquella muchacha fuera feliz.
Muy sorprendido, incluso puede que algo asustado, se quedó al ver que el otro aún le
perseguía y buscaba por la ciudad. Su rostro le era familiar, pero no terminaba de recordar
donde le había visto, hasta que por fin dio con la clave. Aquel muchacho era el hijo del
hombre al que asesino para conseguir un cofre lleno de oro, ese hombre había puesto todo lo
que pudo de su parte para proteger aquel oro, y le dijo que no era su vida solo la que
dependía de aquel dinero, sino la de toda su familia. Nolan comprendió que aquel no era otro
de tantos ricos a los que había robado o asesinado, ricos opulentos, que podían conseguir
fácilmente la cantidad que él les robaba, este hombre realmente necesitaba todas y cada una
de aquellas monedas, y el, le había arrebatado su esperanza y sus sueños.
Nolan lo comprendió todo y sufrió al comprender el peso de la sangre sobre su filo.
Decidió que era el momento de dar un giro a su vida, y de que debía proteger a aquella
muchacha, pero lo que no podía hacer era robarle la vida al muchacho a quien ya le había
arrebatado un padre. Estudió sus movimientos y descubrió que tenía una madre enferma, así
que usó todo el dinero que le quedaba, menos unas cuantas monedas, para conseguir que
aquella mujer ingresara en un monasterio donde la podrían atender verdaderos médicos y
gente sabía.
Después de aquello Nolan se fue junto con Ilmina, y sintió que le empezaba a querer, pero él
sabía que no era digno de aquel amor tan puro.
Jarok, había sido traicionado, lo había perdido todo. Todo menos una cosa. Su fe en Dios.
Éste le demostró con obras que no le había abandonado, pues unas amables monjas vinieron
a buscar a su madre a la posada donde se alojaban para llevársela a un convento donde
cuidarían de ella el tiempo que fuera necesario. Jarok persiguió al asesino de su padre y a la
bruja que le había tentado, pero su búsqueda terminó en nada, aunque no se daría por
vencido. Con un nuevo camino por delante, ingresó en el santo oficio de la Inquisición y
buscó a Nolan y a Ilmina.
Nolan se percató de que no podía huir para siempre, de que no podía arrastrarla a ella a una
vida así. Por ello tomó una de las decisiones más difíciles que jamás tomaría.
Llevó a Ilmina a la isla de Tol Rauko donde la podrían proteger, pero a cambio pidió su
ingreso en la orden, para poder encontrar lo que Ilmina había estado buscando y que ahora,
al estar encerrada en el arca, no podría encontrar. El cargaría con el peso de encontrarlo por
ella.
Y en su camino esperaba encontrar la redención.
Ingreso Nolan
Poco tiempo después de decidir marcharse de Cedonia, Nolan se encontró con un hombre
una noche mientras montaba guardia. El extraño personaje vestía capa negra que utilizaba
aquella noche fría para protegerse de los elementos, sobre la testa llevaba un tricornio azul
oscuro, su porte parecía militar, los rasgos eran duros y serios, un arma se adivinaba por
debajo de la capa. Hizo un gesto a Nolan para que fuera donde él estaba y se alejara de la
fogata y de Ilmina, que dormía plácidamente, el muchacho, temeroso de que en una lucha
ella pudiera acabar entre el fuego cruzado acepto la muda invitación, y con la mano sobre la
empuñadura y una sílaba mágica en los labios marchó al encuentro del nocturno visitante.
El hombre pregunto franco y sin rodeos si quería llevar a esa misma chica a la destrucción, le
hizo notar que por el aspecto que ambos tenían no parecían haber comido decentemente
desde hacía días y que además tenían el aspecto de quien huye de un terrible peligro. El
hombre con una voz dura le dijo a Nolan que él era parte de una poderosa organización, una
organización muy antigua y especial cuyo fin es preservar lo místico en el mundo, Nolan no
tenía idea de cómo pudo ser, pero instintivamente, como el conejo que se retuerce cuando
intuye el peligro, así Nolan sintió que aquel extraño personaje sentía la magia que había en
él, y más aún, sentía lo que el ya sospechaba desde aquella tarde en el lago. Ilmina no era
del todo humana.
El extraño personaje, como etiqueta de la despedida le dijo a Nolan que, si más tarde
accedía, que le buscara, su nombre era Seinfer y la organización para la cual trabajaba era
Tol Rauko.
El nombre chocó en la mente de Nolan como una ola destroza un castillo de arena. Hasta él,
un muchacho de una ciudad lejana y casi sin importancia había escuchado cuentos y
leyendas acerca de los templarios, según lo que el muchacho sabía era una organización que
se dedicaba a misiones para el emperador, o algo parecido, pero en la actualidad nadie cree
que cumplan un rol bien definido.
A pesar de todo no permitiría que le pasara nada a Ilmina, a pesar de todo era su
responsabilidad protegerla, se debía a ella, y sabía que también se lo debía a aquel anciano.
Debía de dar algo, aunque fuera una minúscula parte de la felicidad que había arrebatado.
Miró nuevamente el perfecto rostro de Ilmina…
Una felicidad que él no se merecía.
Al día siguiente hicieron los petates y se volvieron a poner en marcha, no tenían caballos y
eso hacía su marcha lenta y cansada, pero también es cierto que no tenían ningún sitio
donde querer ir, ella nunca se quejó del camino ni de tener que estar andando durante días
enteros. Quizás le bastaba con eso.
A pesar de todo, la cabeza del joven Nolan hervía con cientos de pensamientos, no sabía que
sería mejor, y en el fondo se culpaba a sí mismo por pensar en dejarla a ella, pero si el
objetivo era su felicidad, ¿por qué no preguntarle a ella?
Una noche antes de dormir, mientras Nolan afilaba la espada, pegada la espalda contra una
roca, le preguntó sin atreverse a mirarla a los ojos, ella no dijo nada durante un tiempo,
desconcertado Nolan levantó la mirada para ver su expresión, y cuando ella le miró solo dijo:
Os quiero.
Nolan no pudo volver a tocar el tema, no se atrevía a preguntarle nada, diablos, ni siquiera
se atrevía a dirigirle la palabra, durante día y noche se maldecía por el amor que sentía por
ella, pero mucho más por el amor que ella sentía por él, y que estaba seguro, sería la
perdición de la chica, pues quien tanto mal ha hecho, no puedo deshacerlo y queda maldito a
los ojos de los dioses.
A la media tarde del día siguiente divisaron el bosque, Nolan no recordaba que ese bosque
tuviera nombre alguno, pero sabía que estaba entre la ciudad de Elysio y la de Raverna,
podían seguir avanzando hasta internarse en el bosque, allí no solo encontrarían comida y
seguramente también algún arroyo en el que calmar la sed, sino que además podrían
permanecer ocultos a los ojos de algún perseguidor.
Como si lo hubiera invocado con el pensamiento se empezó a formar una nube de polvo
hacia el sur, alguien se acercaba a caballo, y lo hacía endiabladamente rápido.
Nolan sabía que no llegaría a tiempo al bosque, y tampoco podría apartarse a ningún lado en
aquel lugar al descubierto, sino hacía algo pronto los dos estarían muertos para antes del
anochecer. Miró a los ojos claros de Ilmina y supo lo que debía hacer. Rápidamente extrajo
su espada larga de su vaina de cuero viejo y mientras decía unas palabras con el idioma de
la magia la introdujo en el suelo, cuando supo que el hechizo estaba hecho se apartó con la
espada lista. Solo quedaba ver si funcionaba.
El caballo siguió avanzando a una velocidad vertiginosa, ahora podía ver al caballero que lo
montaba y guiaba, era aquel joven, Nolan se maldijo a sí mismo por no haber sido más
cuidadoso, por su torpeza de nuevo tendrían que luchar. El caballo avanzó y devoró lo
metros que lo separaban de Nolan mientras Jarok desenvainaba y preparaba la carga como
su maestro Darwin Sunbright le había enseñado. Estaba a penas a dos metros de Nolan y de
Ilmina cuando su caballo cayó. El suelo se había vuelto tan frágil en una parte que se había
quebrado como cristal cuando pasó el pesado caballo por encima. Jarok salió disparado y
cayó pesadamente cuatro metros más adelante, el golpe que se dio podría haber privado de
consciencia a un hombre menos preparado mentalmente, pero no fue suficiente para parar a
Jarok.
Por fin estaban delante de él, de ellos… los que le habían arrebatado los pedazos de su
felicidad, los que se rieron de él y de los esfuerzos de su padre y del sufrimiento de su
madre. Ahora era el momento de poner a ese asesino y a esa demonio donde debían de
estar, ya solo quedaba eso, para bien o para mal, necesitaba que ese combate se llevara a
cabo y que tuviera un final para así poder poner su alma a descansar y a lamerse las muchas
heridas. Le costó toda una vida ponerse en pie y cuando lo consiguió notó que algo se había
roto en su pierna. No importaba. Desenvainó lentamente la espada e intentó no pensar en el
terrible dolor de su pierna mientras caminaba hacia los dos. El muchacho le miraba con ojos
vacíos, sin ira en su mirada, sin pasión, solo pena. Eso fue un puñal lanzando contra su
mismo corazón, su padre todavía estaría vivo si no fuera por ese desgraciado, su madre
ahora mismo estaría tomando el sol en la terraza…
La miró a ella, miró los ojos que ya antes había contemplado, los mismos ojos que antes
había amado, pero que ahora veía con una luz completamente distinta.
Ignorando todo el dolor de su pierna cargó contra Nolan, e Ilmina gritó el nombre de su
nuevo compañero temiendo por su vida.
Su acero fue detenido por el del joven de pelo blanco, destrabó las armas, trató de hacer
una finta hacia su zurda pero la pierna le falló y estuvo a punto de caer al suelo, en lugar de
terminar el movimiento movió rápidamente el brazo con el que sostenía la espada y trazó un
semicírculo horizontal apuntado a la cabeza de Nolan, éste no esperándose el movimiento
estuvo a punto de caer en la trampa, pero consiguió doblarse sobre sí mismo lo suficiente
como para que la espada pasara justo por encima suyo, Jarok improvisó un movimiento, con
el toque que solo la experiencia y el duro entrenamiento saben dar, giró la empuñadura de la
espada sobre la palma de la mano, para volver a sujetarla cuando el filo apuntara hacia
abajo, llevó a cabo el movimiento con perfección marcial y dirigió la espada hacia abajo con
una fuerza arrolladora, Nolan no podría haber parado de forma alguna aquella hoja, y
tampoco tenía el tiempo suficiente de canalizar las mágicas energías que desharían la
espada, así que apelando a toda su destreza de guerrero dio una voltereta hacia atrás y el
filo de Jarok le mordió la piel a altura del costado, pero gracias a su agilidad solo se quedó
en eso.
Nolan no quería hacerle daño al extraño joven, pero sabía que si el moría Ilmina caería poco
después, así que tras haber esquivado el ataque hacia atrás y haber conseguido unos
segundos se concentró en sus energías mágicas, su enemigo no le dio el tiempo que requería
ya que se volvió a lanzar contra el utilizando una devastadora estocada, Nolan guardó parte
de las fuerzas arcanas que había podido invocar y usó su espada para apartar el acero de
Jarok. Con esto no conseguiría el tiempo que necesitaba así que se vio obligado a hacer otra
cosa, todavía guardando las energías mágicas se dirigió hacia su Némesis con un golpe alto
de espada, pero a pocos centímetros hurtó el golpe y dirigió una poderosa patada a la pierna
de la que cojeaba Jarok. El grito que le arrancó le estremeció, pero consiguió centrarse lo
suficiente como para poder decir las palabras arcanas, acto seguido la espada de su
antagonista se deshizo en todas sus partes, la guarda se desencajó, la hoja cayó inofensiva
al suelo, y Jarok se quedó sosteniendo una simple empuñadura.
Aprovechando que su enemigo estaba en el suelo, desarmado y con la pierna en estado
grave Nolan pensó en coger el caballo en el que había venido el otro muchacho y salir de allí
lo antes posible, lamentablemente el caballo estaba tan mal como su dueño, así que no les
quedó más remedio que correr hacia el bosque.
Para cuando llegaron la noche ya había caído, Nolan hizo un pequeño fuego y se sentó junto
a Ilmina quien todavía estaba afectada por lo sucedido.
Sabía que por ahora su enemigo estaba neutralizado y que tardaría un tiempo en poder
acercarse a ellos, para cuando él estuviera en pie ellos ya estarían lejos, o al menos eso
esperaba.
Qué habría pasado si el conjuro no hubiera funcionado, si no hubiera parado la carga del
caballo? ¿Estaría muerta ahora Ilmina? ¿Qué era lo correcto a hacer? ¿Se podía justificar
encerrar a alguien solo para protegerlo? ¿Y qué pasaría con eso que buscaba Ilmina? ¿Se
quedaría inconcluso solo por su debilidad? ¿Sería de nuevo la causa de la tristeza de otro ser
humano? Sin poder contener más su tristeza y su odio sobre sí mismo Nolan lloró, y
entonces sintió como las cálidas gotas de pena eran detenidas por la extrema suavidad y
calidez de los dedos de la muchacha, su mano le tocaba la mejilla, su rostro estaba cerca y
era tan perfecto… tan bello… Nolan se ruborizó al sentir la calidez de los pechos de Ilmina
cuando esta lo abrazó.
A la mañana siguiente Nolan sabía lo que debía hacer. Después del desayuno comenzaron la
partida, si todo iba bien, por la tarde debían de estar fuera del bosque, y a medio camino de
Raverna. Esperaba encontrar alguna caravana que fuera hasta Americh y así poder ir desde
allí hasta Bendeck, una vez allí deberían viajar hasta la capital del principado de Kanon,
Brudge, una vez allí ya vería lo que hacía. Sabía que si tomaba las calzadas sería más fácil
de encontrar que si iba por los caminos o campo a través, pero por las calzadas iría bastante
más rápido y confiaba en que su enemigo todavía tardaría mucho en poder echarse al
mundo.
El viaje trascurrió sin más percances y pudieron llegar hasta la enorme ciudad de Brudge sin
problemas. A medida que el viaje avanzó Nolan sintió la tentación creciente de acercarse a
Ilmina, tuvo que recordarse una vez más lo que conllevaría un acto tan egoísta, debía
protegerla, no causarle más pesares.
Brudge era sin duda una ciudad de esplendor, el enorme puerto lucía con cientos de barcos a
cuál más magnífico, las enormes mansiones góticas se alzaban majestuosas sobre el nivel
del mar y ofrecían una vista que hacía estremecer el espíritu humano. Mirando el mar se
divisaban las diferentes islas del Mar Interior.
Nolan se dirigió, después de haber dejado a Ilmina en una posada, al cuartel de los
templarios que había en la ciudad.
Era éste un magnífico castillo hecho de poderosa piedra, de las paredes caían los estandartes
de la cruz granate acabada en punta y ondeaban estos mecidos por el viento. En la puerta
había dos soldados vestidos con pesadas armaduras.
Nolan dio a conocer el motivo de su visita, quería ver a Seinfer. Los soldados le hicieron
pasar y le acompañaron por el interior del castillo, allí vio a los verdaderos miembros de Tol
Rauko, los cruzados, iban vestidos con armaduras granates, todas diferentes en algo, pero
con un estilo común. Cruzaron por docenas de habitaciones llenas de libros o de salas de
armas, hasta que entraron en una adusta habitación en la que solo había una mesa cuadrada
con una silla en cada lado y un arcón de madera situado en el lado opuesto de la puerta. Uno
de los soldados se quedó allí esperando junto con Nolan. Al cabo de unos minutos que se
hicieron horas debido a la atenta mirada del soldado, la puerta se abrió mostrando al mismo
hombre que vio aquella noche cerca de la hoguera, solo que esta vez vestía una de las
armaduras de los templarios. Por ciertos símbolos y líneas que llevaba en el
hombro, Nolan dedujo que debía de ostentar un cargo importante.
El hombre le sonrió afable y poderoso, le dijo que se alegraba de que hubiera tomado esa
decisión y le ofreció algo de vino que sacó del arcón de madera. El muchacho se sentía
pequeño e inofensivo frente al poderío militar de este hombre que una vez se acercó a hablar
con él. A pesar de todos los complejos, Nolan le dijo que estaba de acuerdo con que la
cuidaran en el lugar que tuvieran para ellos, pero que quería ver el lugar para asegurarse de
que no era una cárcel, y que además quería ingresar en la orden como templario para poder
verla a ella cuando quisiera, a cambio ayudaría a la organización y sería un perro de esa
orden militar.
Largos minutos de silencio siguieron a ese atrevido discurso, hasta que Seinfer sonrió le dio
la mano ceremonialmente y le anunció que mañana partirían hacia Tol Rauko.
Nolan se dirigió apesadumbrado hacia la posada donde se había quedado esperando Ilmina,
una vez allí le contó su decisión.
El viaje fue corto y trascurrió en una enorme embarcación con la cruz templaría en las velas.
El trayecto hasta el interior de la isla fue peligroso y avanzaron lentamente, había que
moverse a través de un intrincado laberinto construido en la roca, cuando por fin llegaron al
muelle tuvieron que ascender por escalones hechos en la piedra hasta llegar por fin a la
superficie de la isla, cerca se divisaba una pequeña ciudad y al otro extremo estaba la
portentosa fortaleza de Tol Rauko, todavía conservaba torres de metal negro como la misma
noche y enormes gárgolas de oscuro metal sonreían desde las alturas. Ilmina y Nolan fueron
conducidos a la parte más baja de la enorme fortaleza, la zona que los templaros llamaban el
arca de Noé, allí vieron a cientos de criaturas sobrenaturales en lo que parecía un vergel,
parecía casi como si estuvieran en una fiesta. Ilmina se quedó allí y conoció a mucha gente
distinta, mientras que Nolan fue conducido más arriba, hasta una cámara de dorada bóveda,
en ella había una pequeña piscina de agua tibia, Nolan se desvistió y se adentró en el agua,
allí tranquilo permaneció unos instantes. En su cabeza muchos pensamientos luchaban por
salir, pero el muchacho no quería permitir a las dudas emerger ahora, ya que sabía que
necesitaba toda la concentración y fuerza de voluntad de que dispusiera para poder tomar la
decisión que creía correcta.
Salió de la piscina limpio, fuera, en una pequeña cámara contigua, le esperaba un nuevo
atuendo blanco con una cruz granate en el centro, Nolan se lo puso ceremonialmente y
cuando se sintió a gusto avanzó a la siguiente sala. Esta no era como las anteriores, sino que
era un enorme salón, sus paredes estaban decoradas con frescos que narraban los inicios de
la orden y con tapices en los que estaba bordado el símbolo de Tol Rauko, En una mesa al
final de la gigantesca cámara había una alargada mesa de madera que parecía tan vieja
como la sala misma. Detrás del escritorio estaba Seinfer y media docena más de hombres,
entre todos destacaba el de en medio que era un hombre de pelo cano, sus ojos mostraban
bondad, pero desprendía un aura de absoluto liderazgo.
Ese mismo hombre se acercó a Nolan y le dio un objeto, una afilada katana, la hoja
resplandecía, pero no parecía trasmitir ningún brillo visible para el ojo humano, el color era
el de la misma noche, ya que según se mirara podría verse de un negro absoluto o de un
azul muy apagado. El hombre, que se hizo llamar Malakías Graft, le dijo a Nolan tras
entregársela que consideraba propio dársela ya que le pertenece, o le perteneció, ya que la
encontraron hacía mucho tiempo y llevaba su nombre escrito con sangre en la hoja.
Después de una solemne ceremonia, Nolan salió de la sala siendo un cruzado de Tol Rauko,
siendo uno de los encargados de encontrar y proteger lo místico en este mundo, siendo él
propietario de una mística espada que le era entregada por sí mismo siglos antes.
Y solo lo hizo por expiación.
Al cabo de una semana le entregaron su armadura carmesí, la armadura que le definía como
un cruzado, la armadura que le imbuía del poder de proteger a la única mujer a la que
amaba.
Ingreso Jarok
Se despertó al cabo de las horas, no tenía idea de cuánto tiempo había pasado, sólo
recordaba el sabor de la batalla, la ira pulsando por beber la sangre de sus enemigos, el odio
sin medida que había sentido, que incluso ahora sentía, contra los dos.
Había anochecido, ahora mismo no podría rastrearlos bien, ¿qué había pasado? Su mente
estaba confusa, demasiado. Necesitaba poner en orden sus pensamientos, y sobre todo, sus
prioridades.
Tardó en llegar hasta la posada y el viaje se hizo amargo, demasiadas preguntas hervían en
su cabeza, demasiados interrogantes sin una respuesta clara, demasiada... ira.
Su madre reposaba febril en la cama, las sábanas empapadas en sudor, las delicadas manos
de ella se aferraban a las mantas como si temiera dejarlas escapar, el terror de las pesadillas
que estaba sufriendo se veía reflejado en su hermoso rostro.
Jarok pasó su cálida mano por la ardiente frente de la que le había dado a luz. Le pasó por
ésta un paño mojado en agua fría y esperó, los resultados no tardaron en hacerse ver, el
rostro de su madre empezó lentamente a relajarse, sus manos soltaron las mantas y
reposaron plácidamente sobre la cama, Jarok cogió una de éstas y mientras la sostenía con
una mano con la otra la acariciaba con ternura, inconscientemente bajó la cabeza, se sentía
mal, se sentía terriblemente mal.
Lo había perdido todo, absolutamente todo. Su padre, se había ido sin él, su madre estaba
demasiado enferma, la mujer a la que había amado estaba en los brazos de otro...
Antes de que los sentimientos le hicieran aferrarse con más fuerza a la mano de su madre, la
soltó y se dirigió a su cuarto.
La noche se hacía cada vez más larga, y el espacio de la habitación cada vez más pequeño,
notaba como las paredes se iban acercando a paso de tortuga, y cómo el mundo empezaba a
caérsele encima. Los días de sol y lecciones de monta quedaban tan lejanos... Jarok sabía
que no podía hacer nada, no podía dejar a su madre mientras el perseguía su ansiada
venganza, ella estaba demasiado enferma como para hacer eso. Entonces la alternativa era
desistir de la justicia divina y dejar a los malvados escapar, que se marcharan aquellos que
se lo habían robado todo, pero ¿cómo podría permitir eso? ¿Cómo podría seguir viviendo
sabiendo que el asesino de su padre anda libre junto con la mujer que le embaucó?
Simple y llanamente no podría. Era incapaz de seguir en un mundo tan vil, un mundo que
nada traía de bueno, sino la firme promesa de un peor día mañana.
Haciendo acopio de todo el dolor de su corazón Jarok cogió su acero y lo encaró con la punta
hacia su corazón. Solo quedaba un último paso, el paso que le arrebataría del sufrimiento y
que lo conduciría a la nada, y estaba seguro de que la nada sería más justa con él, de lo que
era la vida.
Durante un tiempo indefinible se mantuvo con la hoja pegada a su pecho, durante ese
milenio pensó en su madre, la que siempre le sonreía, la que escuchaba atenta lo que había
aprendido en las lecciones del día, recordó a su padre, los esfuerzos que ese magno hombre
había hecho para evitarle sufrimientos a su familia, un hombre como dios manda.
Jarok se dispuso a completar la sentencia, firme el pulso que sujetaba la hoja, firme el
pensamiento que le llevaba a la dulce inexistencia, firme el corazón dispuesto a reunirse con
su amantísimo padre.
Convencido de que hacía lo correcto...
Tres golpes irrumpieron su concentración, con lágrimas en los ojos Jarok dudó entre
envainar el acero en su pecho o si guardarlo momentáneamente y volver más tarde a su
nefasta tarea
Otro golpe en la puerta decidió por él. Se levantó al tiempo que escondía las lágrimas y
cualquier signo de debilidad y se encaminó pesadamente hacía la puerta de madera. La abrió
y en su rostro se dibujaba una expresión de enfado porque le habían interrumpido en mitad
de una tarea tan importante y digna. Rápidamente su expresión cambió al ver quien estaba
al otro lado.
Era dos mujeres vestidas con hábitos eclesiásticos, una de ellas, la que había tocado a la
puerta, tenía unos profundos ojos azules, el rostro era delicado y su cabello era negro como
la noche. Su compañera, que esperaba unos pasos por detrás, era un poco menor, tanto en
edad como en estatura, ella era rubia y de ojos azules, parecía nerviosa o preocupada.
La conversación que mantuvo con las hermanas no fue demasiado larga, Jarok,
simplemente, no tenía palabras. Le dijeron que les habían informado de que allí había una
mujer muy enferma, su orden las había mandado desde la capital para llevarla hasta allí y
poder atenderla con todos los cuidados pertinentes en su monasterio. Jarok no sabía que
decir, estaba completamente atónito, dejó que las hermanas Teresa y María se llevaran a su
madre, le esperaba un viaje demasiado largo para su gusto, pero allí la atenderían como ella
se merecía y estaría bajo el amparo del Señor, no había nada mejor que eso.
Jarok no tardó en salir de la ciudad. Con su madre de camino a Raverna ya no había nada
que lo atara y podía dedicarse a hacer justicia.
Había perdido mucho tiempo durante su noche de incertidumbre, pero también era cierto
que aquél desgraciado iba cargando con aquel demonio de apariencia de mujer, y por ese
vulgar disfraz, que engaña la vista y la razón de los hombres, irían más despacio. Solo tenía
una posibilidad y decidió jugárselo todo a una carta. Montó en su caballo y se dirigió hacia el
norte, seguramente querrían abandonar la ciudad y sus alrededores cuanto antes, lo más
seguro es que trataran de esconderse durante una temporada en caminos secundarios y que
luego tomaran alguna calzada principal que los llevara bien lejos con la mayor premura.
Jarok debía alcanzarlos antes de eso.
Cabalgó al trote con su caballo y a punto estuvo de reventarlo por el tremendo esfuerzo que
le hizo cumplir, abandonó las sierras blancas y las dejó al sur, pasó de la ciudad de Elisio y
siguió adelante, al cabo de unas horas sus pesquisas habían dado sus frutos. Su intuición no
se había equivocado y allí estaban, a lo lejos se veían dos figuras que corrían intentando
llegar a un bosque que había más al norte, pero tanto ellos como el mismo Jarok, sabían que
no lo lograrían antes de que él les diera alcance con su corcel.
Nolan sabía que no llegaría a tiempo al bosque, y tampoco podría apartarse a ningún lado en
aquel lugar al descubierto, sino hacía algo pronto los dos estarían muertos para antes del
anochecer. Miró a los ojos claros de Ilmina y supo lo que debía hacer. Rápidamente extrajo
su espada larga de su vaina de cuero viejo y mientras decía unas palabras con el idioma de
la magia la introdujo en el suelo, cuando supo que el hechizo estaba hecho se apartó con la
espada lista. Solo quedaba ver si funcionaba.
El caballo siguió avanzando a una velocidad vertiginosa, ahora podía ver al caballero que lo
montaba y guiaba, era aquel joven, Nolan se maldijo a sí mismo por no haber sido más
cuidadoso, por su torpeza de nuevo tendrían que luchar. El caballo avanzó y devoró lo
metros que lo separaban de Nolan mientras Jarok desenvainaba y preparaba la carga como
su maestro Darwin Sunbright le había enseñado. Estaba a penas a dos metros de Nolan y de
Ilmina cuando su caballo cayó. El suelo se había vuelto tan frágil en una parte que se había
quebrado como cristal cuando pasó el pesado caballo por encima. Jarok salió disparado y
cayó pesadamente cuatro metros más adelante, el golpe que se dio podría haber privado de
consciencia a un hombre menos preparado mentalmente, pero no fue suficiente para parar a
Jarok.
Por fin estaban delante de él, de ellos… los que le habían arrebatado los pedazos de su
felicidad, los que se rieron de él y de los esfuerzos de su padre y del sufrimiento de su
madre. Ahora era el momento de poner a ese asesino y a esa demonio donde debían de
estar, ya solo quedaba eso, para bien o para mal, necesitaba que ese combate se llevara a
cabo y que tuviera un final para así poder poner su alma a descansar y a lamerse las muchas
heridas. Le costó toda una vida ponerse en pie y cuando lo consiguió notó que algo se había
roto en su pierna. No importaba. Desenvainó lentamente la espada e intentó no pensar en el
terrible dolor de su pierna mientras caminaba hacia los dos. El muchacho le miraba con ojos
vacíos, sin ira en su mirada, sin pasión, solo pena. Eso fue un puñal lanzando contra su
mismo corazón, su padre todavía estaría vivo sino fuera por ese desgraciado, su madre
ahora mismo estaría tomando el sol en la terraza…
La miró a ella, miró los ojos que ya antes había contemplado, los mismos ojos que antes
había amado, pero que ahora veía con una luz completamente distinta.
Ignorando todo el dolor de su pierna cargó contra Nolan, e Ilmina gritó el nombre de su
nuevo compañero temiendo por su vida.
Su acero fue detenido por el del joven de pelo blanco, destrabó las armas, trató de hacer
una finta hacia su zurda pero la pierna le falló y estuvo a punto de caer al suelo, en lugar de
terminar el movimiento movió rápidamente el brazo con el que sostenía la espada y trazó un
semicírculo horizontal apuntado a la cabeza de Nolan, éste no esperándose el movimiento
estuvo a punto de caer en la trampa, pero consiguió doblarse sobre sí mismo lo suficiente
como para que la espada pasara justo por encima suyo, Jarok improvisó un movimiento, con
el toque que solo la experiencia y el duro entrenamiento saben dar giró la empuñadura de la
espada sobre la palma de la mano, para volver a sujetarla cuando el filo apuntara hacia
abajo, llevó a cabo el movimiento con perfección marcial y dirigió la espada hacia abajo con
una fuerza arrolladora, Nolan no podría haber parado de forma alguna aquella hoja, y
tampoco tenía el tiempo suficiente de canalizar las mágicas energías que desharían la
espada, así que apelando a toda su destreza de guerrero dio una voltereta hacia atrás y el
filo de Jarok le mordió la piel a altura del costado, pero gracias a su agilidad solo se quedó
en eso.
Nolan no quería hacerle daño al extraño joven, pero sabía que si el moría Ilmina caería poco
después, así que tras haber esquivado el ataque hacia atrás y haber conseguido unos
segundos se concentró en sus energías mágicas, su enemigo no le dio el tiempo que requería
ya que se volvió a lanzar contra el utilizando una devastadora estocada, Nolan guardó parte
de las fuerzas arcanas que había podido invocar y usó su espada para apartar el acero de
Jarok. Con esto no conseguiría el tiempo que necesitaba así que se vio obligado a hacer otra
cosa, todavía guardando las energías mágicas se dirigió hacia su Némesis con un golpe alto
de espada, pero a pocos centímetros hurtó el golpe y dirigió una poderosa patada a la pierna
de la que cojeaba Jarok. El grito que le arrancó le estremeció, pero consiguió centrarse lo
suficiente como para poder decir las palabras arcanas, acto seguido la espada de su
antagonista se deshizo en todas sus partes, la guarda se desencajó, la hoja cayó inofensiva
al suelo, y Jarok se quedó sosteniendo una simple empuñadura.
Aprovechando que su enemigo estaba en el suelo, desarmado y con la pierna en estado
grave Nolan pensó en coger el caballo en el que había venido el otro muchacho y salir de allí
lo antes posible, lamentablemente el caballo estaba tan mal como su dueño, así que no les
quedó más remedio que correr hacia el bosque.
En medio del terrible dolor, mientras luchaba por tenerse en pie, Jarok sufrió cada segundo
mientras veía como los dos se escapaban entre sus dedos. El heredero del apellido Sacane
casi lloraba por la impotencia de ver como sus dos enemigos encarnizados huían ante sus
propias narices, si tan solo fuera más fuerte... Si tan solo tuviera más fuerza en sus brazos,
si tan solo fuera más ágil, si su odio fuera mayor...
Jarok empezó a compenetrarse con ese sentimiento, cada vez se hundía más y más en él y
empezó a sentir el poder. A su alrededor estalló una explosión de pura energía, la tierra
empezó a temblar y a desquebrajarse, la piedras parecían levantarse y Jarok cada vez sentía
más y más odio.
Al cabo del rato acabó exhausto, cayó a tierra cuan largo era y mirando al cielo descansó.
De donde había venido ese poder? ¿Quién le había dado por unos momentos aquello que
necesitaba?
Aquello por lo que había rezado y suplicado en su corazón?
Mirando al cielo lo comprendió. Había sido Él, el mismo que había acudido en ayuda de su
madre, el único que no le había abandonado, el que siempre estaría allí por él.
Cristo...
Jarok recorrió el camino hasta la ciudad sintiendo un abrumador dolor en la pierna, pero éste
no consiguió aminorar la marcha del joven Sacane. Devoró los kilómetros que lo separaban
de la ciudad de Elisio y al entrar en ella se puso a buscar frenético una Iglesia, uno de los
templos levantados en honor a Abel Cristo, el redentor del mundo.
Al entrar en la enorme Iglesia, Jarok se sintió petrificado por el poder que allí sentía, ante el
crucifijo símbolo de la pasión del Señor sintió que no estaba solo, que él siempre había
estado a su lado, al mirar el crucifijo era como si su mismo padre le devolviera una tierna
mirada.
Se sintió reconfortado, no solo anímicamente, sino también físicamente. Pasó toda la noche
rezando a Dios, y al día siguiente, con la primera luz del alba, se puso en camino hacia el
sur. Su madre ya estaría de camino hacia la capital de Bellafonte, y Jarok sabía que Él
estaría cuidándola.
Con una nueva meta en mente, Jarok se dirigió a puerto Misrech, desde allí podría conseguir
un sitio para alguna embarcación que se dirigiera hasta el Dominio, la tierra de los elegidos
de Cristo.
Después de muchos periplos, Jarok consiguió hacerse con un billete para el barco La Reina
del Sur, era un carguero que llevaba provisiones, y productos varios a la isla del dominio. La
travesía no fue muy larga y gozaron de buen tiempo, al poco llegaron a La Fe, era ésta una
portentosa ciudad llena de esplendor, su puerto daba la bienvenida a los visitantes de la
forma más espléndida imaginable, con dos estatuas de Mikael y Gabriel, los arcángeles.
Jarok contempló extasiado la magnificencia del lugar, allí todo era precioso, y fijara donde
fijara la mirada se respiraba fe y amor a Cristo.
La precaria situación económica de Jarok lo llevó a pernoctar fuera de la ciudad, los hoteles
eran demasiado lujosos para él, y no quería perder tiempo consiguiendo un empleo que le
permitiera vivir mejor, debía llegar a la capital Albidíon cuanto antes.
Después de dos días de marcha forzada y a penas sin alimento Jarok por fin llegó a la ciudad
Santa, la ciudad que se había fundado sobre el pequeño pueblecillo donde nació el
mismísimo Abel. Cristo.
Casi se le saltan las lágrimas al contemplar la magnificencia del lugar, toda la ciudad estaba
construida en forma de cruz, y por ello estaba dividida en cuatro secciones, cada una de ellas
protegida por la efigie de uno de los arcángeles.
El bueno del padre estuvo con Jarok cuando le nombraron inquisidor, lamentablemente éste
se tuvo que ir justo después, y dejaron a Jarok bajo la tutela de Catilina.
Catilina era apenas una niña, no debía de tener más de trece años, pero sus profundos ojos
grises desmentían su apariencia, adornaba su larga cabellera plateada con una cinta verde, y
vestía una largo y precioso vestido azul oscuro.
La hermana Catilina solía hablar con una media sonrisa y con voz queda, a veces emitía una
leve sonrisa cuando escuchaba algo que le pareciera gracioso, y siempre se comportaba de
una forma exquisita. Jarok aprendió mucho de ella, curiosamente ella también defendía un
dominio parecido al del padre Alexias, pero que difería en el de él en la forma de ver la Fe.
Sin duda la hermana Catilina pensaba que la sangre impura se debía purificar con las llamas
de la justicia, una muerte sin un fin no es justicia, sólo es una masacre. Por ello ella guiaba
el ánimo a donde apunta el espíritu y la Fe en Cristo. Enseñó a Jarok a controlar la ira
primordial que le había despertado, a menudo emitía pequeñas risas cuando éste le hablaba
de lo que el padre Alexias le había enseñado, y le recordaba su propia historia, las traiciones
que había sufrido, lo malvados que pueden ser esos demonios que lucen piel humana.
Si Jarok y sus hermanos eran débiles y no hacían lo que debía hacerse, esos monstruos
seguirían por ahí, matando y engañando, hundiendo a las gentes de bien en la desesperación
con sus subterfugios.
Ellos, como elegidos de Cristo no podían permitirlo.
Años fueron los que pasó adiestrándose Jarok tanto en la fe como en los misterios de la
energía interna del cuerpo. Siguió el camino de los Misterios, bebió de la inagotable fuente
de conocimiento que era Catilina, pero no olvidó el consuelo que había traído a su alma el
Padre Alexias, y, aunque no lo dijera en voz alta, estaba deseoso de que sus caminos se
volvieran a cruzar.
Un buen día, después de rezar su rosario matutino Jarok fue llamado a ver a su superiora, la
hermana Catilina. Ella le informó gozosa de que ya podía abandonar la isla y marchar en
nombre de Dios, para servirle como la Iglesia estipulara.
Jarok continuó su búsqueda contra el demonio y su concubina, pero la jugada que había
hecho éste metiéndose en la organización de Tol Rauko interfirió notablemente en su
venganza, sus superiores le ordenaban que no atacara a éste sino había una causa
justificada, y que por tanto, se mantuviera atento, pero nada más.
Jarok Sacane, el hijo de un padre asesinado brutalmente y de una madre que todavía en
estos días lucha contra una inexplicable enfermedad, se convirtió en uno de los más
importantes pilares de la Iglesia sobre la faz de Gaia.
Tiempo más tarde mientras cenaba en una fonda, vio un rostro familiar, a pesar del tiempo
que había pasado y de la armadura con la cruz de la inquisición que llevaba le reconoció, era
Jarok. Por debajo de la mesa Nolan agarró instintivamente la empuñadura de su espada.
Notó que Jarok le miraba a los ojos y que le reconoció, para sorpresa de Nolan el joven se
sentó con él a la mesa.
-Buenas noches, mi viejo enemigo. - saludó con cortesía. - es un gusto volver a verte. No
tenía idea alguna de que te hubieras unido a los cruzados.
Nolan todavía sorprendido por lo que estaba ocurriendo tardó más de la cuenta en
reaccionar, por fin pudo recomponer su fuerza de ánimo y respondió:
-Buenas noches a ti también, hacía tiempo que no te veía. En efecto, hace tiempo decidí
unirme a los templarios de Tol Rauko, pero veo que no soy el único que ha buscado un ala
protectora- dijo señalando con un dedo el símbolo inquisitorial, mientras sujetaba una copa
de vino.
-Así es. He sido testigo de las más grandes proezas y decidí unirme a quienes piensan como
yo.
Después de un momento de silenciosa tensión Nolan tomó la palabra y dijo en un tenue tono
de voz:
-Algún día…
-En efecto Nolan- dijo continuando lo que había dejado dicho su interlocutor- la próxima vez
que nos veamos volveremos a cruzar espadas, y verás que no caeré nuevamente en tus
trucos- dijo sonriendo mientras se levantaba.
Cuando ya había dado un paso hacia la salida se detuvo y con una voz que destilaba tristeza
se atrevió a preguntar: