0 calificaciones0% encontró este documento útil (0 votos) 33 vistas18 páginasCangilicini El Uso Patrimonio
El uso del patrimonio y su relación con el arte
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Néstor Garcia Canclini
Departamento de Antropo-
logia de la UAM-Iztapalapa,
México, DF.
Articular hist6ricamente lo
pasado no significa cono-
cerlo tal y como verdadera-
‘mente ba sido, Significa
adueharse de un recuerdo
tal como relumbra en el
instante de un peligro.
WALTER BENJAMIN
articulo reproduce el publicado,
con igual thulo, en Af Patrimonio
Cultural de México (E. Florescano,
comp), 1994 México,
LOS USOS SOCIALES DEL PATRIMONIO
CULTURAL*
A medida que el debate sobre el patrimonio cultural se agudiza en
los medios masivos y en la escena politica, encontramos mas dificil defi-
nir posiciones bien fundamentadas con los modos habituales de con-
ceptualizarlo y estudiarlo, Puede cambiarse el uso o remodelarse un
edificio de valor hist6rico por necesidades actuales? necesita
ampliar el Metro para mejorar al transporte en el centro hist6rico de la
ciudad, y al excavar se descubren restos precolombinos, ;cudl debe ser
la eleccién: el progreso o la memoria? Los sismos que trastornaron en
1985 gran parte de la ciudad de México, ademas de agravar bruscamen-
te los problemas de vivienda, impusieron la evidencia de que nuestras
nociones ordinarias sirven poco para intervenir en los conflictos presen-
tes entre grupos con intereses antagénicos.
Repensar el patrimonio exige deshacer la red de conceptos en que
se halla envuelto, Los términos con que se acostumbra a asociarlo -iden-
tidad, tradicion, historia, monumentos- delimitan un perfil, un tertitorio,
en el cual “tiene sentido” su uso. La mayoria de los textos que se ocu-
pan del patrimonio lo encaran con una estrategia conservacionista, y un.
respectivo horizonte profesional: el de los restauradores, los arquedlo-
g08, los historiadores; en suma, los especialistas en el pasado.
Sin embargo, algunos autores empiezan a vincular el patrimonio con
otras redes conceptuales: turismo, desarrollo urbano, mercantilizacion,
comunicaci6n masiva, Estos términos son mencionados casi siempre como
adversarios del patrimonio: desafios 0 agresiones exteriores que proceden
de universos distintos. Aqui partiremos de la hipétesis opuesta. Nos parece
‘que estas referencias recurrentes son el sintoma de una relacion fundamen-
tal entre el patrimonio y lo que suele considerarse ajeno a su problematica.
Muchas de las dificultades que obstaculizan la teorizaci6n y la politica cul-
tural en esta 4rea proviene de una inadecuada ubicacion del patrimonio en
el marco de las relaciones sociales que efectivamente lo condicionan.
En México, como en otros paises, la legislaci6n, las declaraciones de
organismos nacionales ¢ internacionales, y sobre todo los debates
recientes, muestran un triple movimiento de redefinicién y reconcentra~
ciOn de los discursos referidos al patrimonio cultural:
a. Se afirma que el patrimonio no incluye s6lo la herencia de cada
pueblo, las expresiones “muertas” de su cultura -sitios arqueologicos,
arquitectura colonial, objetos antiguos en desuso-, sino también los
bienes actuales, visibles e invisibles -nuevas artesanias, lenguas,
conocimientos, tradicione.
b. También se ha extendido la politica patrimonial de la conserva-
cidn y administracién de lo producido en el pasado, a los usos socia-
16Etnologia
les que relacionan esos bienes con las necesidades contempordneas
de las mayorias
©. Por thtimo, frente a una selec:
turales producidos por las clases hegem6nicas -piramides, palacios,
objetos legados a la nobleza o la aristocracia-, se reconoce que el
patrimonio de una nacién también esta compuesto por los produc
tos de la cultura popular: masica indigena, escritos de campesinos y
obreros, sistemas de autoconstrucci6n y preservacion de los bienes
materiales y simbolicos elaborados por grupos subalternos
Esta ampliacién del concepto de patrimonio, parcialmente recogida
en algunos documentos cel gobiemo mexicano y de organismos inter-
nacionales en los que México participa’, no cuenta atin con legislacion
suficiente para proteger tan diversas manifestaciones culturales ¢ inter-
venir en sus usos contemporineos, A menudo, las leyes existentes no
prevén las pricticas de organismos oficiales y de agentes particulares, 0
entran en conflicto con ellas. Queremos analizar aqui cinco de las nue-
vas cuestiones tedricas y politicas que necesitan ser trabajadas:
1. BI patrimonio cultural y la desigualdad social.
2. Los usos del patrimonio.
3. Propositos de la preservaci6n,
4. El patrimonio en la época de la industria cultural
5. Los criterios estéticos y filos6ficos.
n que privilegiaba los
jenes cul-
El patrimonio cultural expresa la solidaridad que une a quienes com-
parten un conjunto de bienes y pricticas que los identifica, pero suele
ser también un lugar de complicidad social. Las actividades destinadas a
definirlo, preservarlo y difundirlo, amparadas por el prestigio historico y
simbélico de los bienes patrimoniales, incurren casi siempre en cierta
simulaci6n al pretender que la sociedad no esta dividida en clases, etnias
¥ grupos, 0 al menos que la grandiosidad y el respeto acumulados por
estos bienes trascienden esas fracturas sociales.
El estudio de otros aspectos de la vida social ha levado a una vision
menos arménica. $i se revisa la nocién de patrimonio desde la teoria de
la reproduccién cultural, los bienes reunidos en la historia por cada
sociedad no pertenecen realmente a todos, aunque formalmente parez~
can ser de todos y estar disponibles para que todos los usen. Las inves-
Ligaciones sociol6gicas y antropol6gicas sobre las maneras en que se
transmite el saber de cada sociedad a través de las escuelas y los muse-
os, demuestran que diversos grupos se apropian en formas diferentes y
desiguales de la herencia cultural, No basta que las escuelas y los muse-
os estén abiertos a todos, que sean gratuitos y promuevan en todas las
capas su acci6n difusora a medida que descendamos en la escala eco-
nomica y educacional, disminuye la capacidad de apropiarse del capital
cultural transmitido por esas instituciones’.
Esta diversa capacidad de relacionarse con el pattimonio se origina,
primero, en la desigual participacion de los grupos sociales en su forma-
ci6n, Aun en los paises en que la legislaci6n y los discursos oficiales adop-
7
1 Véanse los materiales reunidos en el
libro de Salvador Dfaz-Berrio Femsn-
ez, Conservacin de monumentos
_y-2onas, INA, México, 1985,
2. Un buen ejemplo son ls resultados
de la Conferencia Intergubernamen-
tal sobre fas Poltcas Cultures en
Aunérica Latina y el Carte, onganiza-
da por la UNESOO en Bog en 1978.
Patrimonio cultural y
desigualdad social
5, Se trata de un principio general,
‘stableido por quienes inestigan las
leyes sociales de a difsién cultural
(véanse especialmente Pier Bourdiew
y Jean Claude Passeron, La reproduc-
‘ibn, Blementos para una teoréa del
sistema de ensetartza, Lai, Barcelo-
na, 1977; P Bourdieu y lan Darbe,
Lamour de Fart, les mustes dart
européens et leur public, Minuit,
Pari, 1969), No se trata de una deter-
‘minacién mecénica del nivel eoné-
‘mioo 0 educatvo sobre la capacidad
individual de apropianse del patrimo-
no, sino lo que las encuestas y ls
cstadticas revelan acerca del modo
esigual en que ls insituciones trans
roisoras del patrimonio permiten su
aptopiacida, debido a su organizacin
Yast aticlacién con otras desgual-
dacs socials (Conchisiones seman
tes seencventran en os estuos sobre
rblico en Mésico, que luego citare
mos).4, Se adopta agate concepo de capi-
tal cultural que maneja Boundieu para
analizar process culturales yea
‘as, aunque no To empleaespefica-
mente en relacién oom el patrimonio
Dada laextensn yl propio de este
texto, slo se sefiala su fecundidad
para inamizar la nocién de patrimo-
rio y situarla en la reproduccién
social. Lin wso mas sstemtic deiera
plantar, como ante cualquier aplica
cin un concepto a otro campo, las
condiciones epistemoldgicas y los
Tfnites de su uso metaférco en un
frea para la cual n0 fue trabajado
como concept cent. Cf. Bou
dieu, La cstincton, Critique social
dus jugement, Minuit, Pars, 1979,
caps. 24, y Le sens pratique, Minuit,
Paris, 198, caps 3,67.
tan la noci6n antropol6gica de cultura, que confiere legitimidad a todas las
formas de organizar y simbolizar la vida social, existe una jerarquia de los
capitales culturales: vale mas el arte que las artesanias, la medicina cienti-
fica que la popular, la cultura escrita que la oral. En los paises més demo-
criticos, 0 donde los movimientos revolucionarios lograron incluir saberes
Y practicas de indigenas y campesinos en la definicion de cultura nacional
-como México- , los capitales simbélicos de los grupos subaltemos tienen
un lugar subordinado, secundario, dentro de las instituciones y los dispo-
sitivos hegemonicos. Por eso, la reformulacion del patrimonio en téminos
de capital cultural tiene la ventaja de no presentarlo como un conjunto de
bienes estables neutros, con valores y sentidos fijos, sino como un proce
so social que, como el otto capital, se acumula, se renueva, produce ren-
dimientos que los diversos sectores se apropian en forma desigual’.
Si bien el patrimonio sirve para unificar a una naci6n, las desigual-
dades en su formacién y apropiacion exigen estudiarlo también como
espacio de lucha material y simbdlica entre las clases, las etnias y los
grupos. Este principio metodolégico corresponde al caracter complejo
de las sociedades contemporaneas. En las comunidades arcaicas casi
todos los miembros compartian los mismos conocimientos, poseian cre-
encias y gustos semejantes, y tenfan un acceso aproximadamente igual
al capital cultural coman, En la actualidad, las diferencias regionales o
sectoriales, originadas por la heterogeneidad de experiencias y la divi-
sion técnica y social del trabajo, son utilizadas por las clases hegemOni-
cas para obtener una apropiaci6n privilegiada del patrimonio comin, Se
consagran como superiores ciertos barrios, objetos y saberes porque fue-
ron generados por los grupos dominantes, o porque éstos cuentan con
la informacion y formacion necesarias para comprenderlos y apreciarlos,
es decir, para controlarlos mejor.
El patrimonio cultural sirve, asi, como recurso para reproducir las
diferencias entre los grupos sociales y la hegemonia de quienes logran
un acceso preferente a la producci6n y distribucién de los bienes, Los
sectores dominantes no s6lo definen cuales bienes son superiores y
merecen ser conservados; también disponen de medios econémicos €
intelectuales, tiempo de trabajo y de ocio, para imprimir a esos bienes
mayor calidad y refinamiento. En las clases populares encontramos a
veces una extraordinaria imaginacin para construir casas con desechos
en una colonia marginada, para usar las habilidades manuales logradas
en su trabajo y dar soluciones técnicas apropiadas a su estilo de vida.
Pero dificilmente ese resultado puede competir con el de quienes dis-
ponen de un saber acumulado historicamente, emplean a arquitectos €
ingenieros y cuentan con vastos recursos materiales y la posibilidad de
confrontar sus disefios con los avances internacionales.
Lo mismo se podria decir al comparar un conjunto de misicos aficio-
nados de un pueblo indigena con una orquesta sinfOnica nacional. Los
productos generados por las clases populares suelen ser mas representa-
tivos de la historia local y mas adecuados a las necesidades presentes del
grupo que los fabrica. Constituyen, en este sentido, su patrimonio propio.
18Etnologia
También pueden alcanzar altos grados de creatividad y valor estético,
segtin se comprueba en la artesania, la literatura y la misica de muchas
regiones de México. Pero tienen menor posibilidad dle realizar varias ope-
raciones indispensables para convertir esos productos en patrimonio
generalizado y ampliamente reconocido: acumularlos hist6ricamente
Gobre todo cuando sufren pobreza o represi6n extremas), convel
la base de un saber objetivado (relativamente independiente de los indi-
viduos y de la simple transmision oral), expandirlos mediante una educa-
cin institucional y perfeccionarlos a través de la investigacin y la expe-
rimentacion sistematicas. Algunos de estos puntos se cumplen bien en
ciertos grupos: por ejemplo, en la acumulacién y transmision historica
dentro de las etnias mas fuertes. Pero la desigualdad estructural impide
reunir todos los requisitos indispensables para intervenir plenamente en el
desarrollo de ese patrimonio dentro de las sociedades complejas.
ta desventaja suele acentuarse en los sectores populares mas inte-
grados al desarrollo modero. La producci6n cultural de los obreros,
observa la antrop6loga brasilefa Eunice Ribeiro Durham, casi nunca se
archiva. La memoria popular, en la medida en que depende de las per-
sonas, “es una memoria corta”, sin los recursos para alcanzar la profun-
didad hist6rica que logra el patrimonio reunido por los intelectuales en
la universidad’. En México, el registro de la producci6n cultural de sec-
tores populares no indigenas ha sido escaso y reciente. Son excepcio-
nales los programas como el del Museo Nacional de Culturas Populares.
Sus expos y libros amplian la documentacion de las culturas
subalternas mas alla de lo indigena, y reconocen el lugar de la cultura
obrera y diversos aspectos de la cultura urbana dentro del patrimonio
nacionalé, Pero el conocimiento de lo que podriamos llamar “popular
moderno”, desde la historia sindical hasta los usos del espacio urbano,
sigue teniendo menor importancia en la definicién del patrimonio que
las grandes obras de las culturas tradicionales, sobre todo del periodo
precolombino.
Sefalar esta desigualdad estructural de las distintas clases en la for-
maci6n y apropiacién del patrimonio es fundamental, pero insuficiente.
Ta sociedad no se desenvuelve s6lo mediante la reproduccién incesante
del capital cultural hegemOnico, ni el lugar de las clases populares se
explica dinicamente por su posici6n subordinada. Como espacio de dis-
puta econémica, politica y simbdlica, el patrimonio esta atravesado por
la acci6n de tres tipos de agentes: el sector privado, el Estado y los movi-
mientos sociales. Las contradicciones en el uso del patrimonio tienen la
forma que asume la interacci6n entre estos sectores en cada periodo.
La accién privada respecto del patrimonio esti regido, igual que en
otros mbitos, por las necesidades de acumulacién econémica y repro-
duccién de la fuerza de trabajo, A menudo, esta tendencia lleva a la
explotaci6n indiscriminada del ambiente natural y urbano, la expansion
voraz de la especulacién inmobiliaria y el transporte privado, en detri-
mento de los bienes histéricos y del interés mayoritario. Pero como no
19
5. Eunice Ribeiro Durham, “Cultura,
Patrimonio e preservgao”, en Anto
no Augusto Arantes (comp ), Produ-
zzindo 0 passado, Bstrategias de
construgao do patrimonio cultural,
Sao Paulo, Brasil, 1984, pp. 32-33
6. CL Obreras somos... expresiones
de cultura obrera, Museo Nacional
de Culturas Populares, México, 1984,
y Relat obreras mericanas,'s.1.y
2, Méxioo, Asian de Amigos del
Museo Nacional de Culturas Popula-
res, Meco, 1984
Los usos del Patrimonio7. Leopoldo Rodriguer. Morales. y
Podro Paz Arellano, “La protecin y
conservcin del patrimonio cultural
de Oaxaca’, en La defensa del par
‘monio cultaral, Primes foro organ
zado por la Delegicién Sindical D-
ILIA de ta Seocin 10 del SNTE,
México, julio de 198.
hay un solo tipo de capital, tampoco existe una sola estrategia privaca
respecto del patrimonio. No sitven, por eso, las generalizaciones que eti
quetan el comportamiento de los diversos agentes con el simple rotulo
de “burguesia” © “intereses mercantiles”. En parte, la degradacin del
medio natural y urbano deriva de que los distintos tipos de empresas
dustriales, inmobiliarias, turisticas- utilizan a su antojo el patrimonio
con visiones sectoriales y enfrentadas. Las contradicciones entre sus inte~
reses son mas destructivas cuando no existen programas pUblicos que
definan el sentido del patrimonio para toda la sociedad, regulen enérgi-
camente el desarrollo econémico y establezcan un marco general -basa-
do en intereses generales- para el desempeno de cada sector del capital.
La accién privada no siempre puede ser reducida a una simple
agresion al patrimonio, puesto que algunos grupos aprecian el valor
simbélico que incrementa el valor econ6mico. Existen inmobiliarias
que defienden la preservacin de un barrio muy antiguo para aumen-
tar el costo de las viviendas que tienen alli, Algunas empresas turisti-
cas conservan el sentido escenogrifico de edificios historicos, aunque
introducen cambios arquitectonicos y funcionales con fines lucrativos,
como el convento convertido en Hotel Presidente de Oaxaca, donde
las celdas fueron transformadas en suites, se coloc6 una piscina en uno
de los patios y la capilla fue adaptada como sede de convenciones y
fiestas’.
Quiza los efectos de la mercantilizacion son mas ambivalentes en las
culturas populares tradicionales, Tal vez por ello muchos estudios y
documentos politicas eluden analizar esa ambigtiedad, Se prefiere
denunciar, simplemente, que Jas artesanias sometidas al régimen de
valor de cambio sufren un deterioro de su calidad y sus componentes
simbélicos tradicionales. Pero es innegable que en ciertos pueblos
pobres, para cuyos habitantes la Gnica opci6n es emigrar, la incorpora-
cién de las artesanias al mercado urbano y turistico posibilita que
muchos indigenas y campesinos permanezcan en sus comunidades y
reactiven sus tradiciones productivas y culturales. El problema no es tan-
to el cambio de escenario y de uso de las ceramicas 0 los tejidos, ni la
adaptaciones que experimentan, como las condiciones de explotacion
en que se producen, De ahi que sea ineficaz. una politica de apoyo al
patrimonio artesanal que s6lo se dedique al rescate y la conservacion de
las técnicas y los estilos tradicionales, Asi como la defensa del patrimo-
nio urbano requiere enfrentar la crisis estructural de las grandes ciuda-
des y la injusticia sufrida por los sectores pobres, una verdadera inter-
venci6n en el desarrollo actual de las artesanias necesita de una politic
cultural combinada con transformaciones socioeconémicas en las condi
ciones de vida de los campesinos.
‘También el Estado tiene una relacion ambivalente con el patrimonio.
Por un lado, lo valora y promueve como elemento integrador de la nacio-
nalidad. En el México postrevolucionario, sobre todo en el cardenismo,
Ia politica cultural buscé combinar la cultura de élites y la popular en un.
sistema, y trat6 de usarlo -junto a la castellanizacion de los indigenas, la
20Etnologia
reforma agraria y el desarrollo del mercado interno- para superar las divi-
siones del pais. El indigenismo, que guié durante décadas la politica de
investigacién arqueolégica y de rescate de las culturas populares, extrajo
del pasado de las principales etnias algunas bases del nacionalismo poli-
tico. Sin la accién del Estado es inexplicable la vasta rehabilitacion de
sitios arqueolégicos y centros histéricos, la creacién de tantos museos y
publicaciones dedicados a guardar la memoria, y el uso de estos recur-
sos para conformar una identidad compartida, Esta intervenci6n estatal,
sin comparacién con la de cualquier otro pais Latinoamericano, logré
antes que las comunicaciones masivas y el turismo- que las artesanias
de diversos grupos étnicos, los simbolos hist6ricos y algunos saberes
regionales trascendieran su conexi6n exclusiva con la cultura local. La
difusi6n conjunta por todo el pais de los tejidos wowziles y las imagenes
del arte mural de la ciudad de México, la cerdmica tarasca y las pirimi-
des mayas, form6 un repertorio iconogrifico unificado que es visto como
representativo de la mexicanidad hasta en poblaciones que nunca tuvi
ron experiencias directas de esas manifestaciones regionales.
No obstante, como todo Estado modermo, al promover el patrimonio
ha tendido a convertir esas realidades locales en abstracciones politico-
culturales, en simbolos de una identidad nacional en que se diluyen las
particularidades y los conflictos. A veces, el Estado se interesa por el
patrimonio para frenar el saqueo especulativo; en otros casos, porque el
alto prestigio de los monumentos es un recurso para legitimarse y obte-
ner consenso, y en otros, sefala Carlos Monsivais, por simple “auto-
complacencia escenografica”®, Pero si entendemos que el Estado no es
nicamente el gobierno, debemos ver también el peso mayor o menor
de cada una de estas tres pricticas como resultado del grado de parti
paci6n de los diferentes sectores en la apropiacion de estos bienes.
Hace muy poco tiempo que la defensa y el uso del patrimonio se
convirti6 en interés de los movimientos sociales, Como afirma el mismo
Monsivais, estos temas no han formado parte de los programas partida-
trios ni de la cultura politica, ni siquiera en las agrupaciones progresistas:
“Por décadas, la izquierda cometié el grave error de juzgar, por ejem-
plo, a la lucha por preservar monumentos coloniales como tarea del guar-
darropa evocativo de la derecha, quizés algo plausible, pero de ningtin
modo tarea prioritaria, En su preocupaci6n por aduefiarse del sentido del
porvenir, la izquierda le “regalo” el pasado a la derecha, reservandose s6lo
la clausula de la interpretacion correcta y cientifica”’
En afios recientes, la expansion demografica, la urbanizacion incon-
trolada y la depredaci6n ecolégica suscitan movimientos sociales preo-
cupados por rescatar barrios y edificios, 0 por mantener habitable el
espacio urbano. En la ciudad de México se produjeron avances extraor-
dinarios en la organizaci6n y participacién popular, luego de los sismos
de septiembre de 1985: agrupamientos vecinales inventaron formas iné-
ditas de solidaridad y elaboraron soluciones colectivas, poniendo en pri-
mer lugar la reconstrucci6n de sus viviendas de acuerdo con su estilo de
vida, pero planteando también asumir criticamente “el valor historico del
at
8 y 9, Carlos Monsvs, “Sobre la
defensa del Centro Histrico", Gno-
smdsuo, sup de Sabado (México), 3
de diciembre de 1983.3.10, “Qué es la Unidn2", Uiniéin de
Inqutinos y Damnifieads el Cento,
noviembre de 1985. Citado en la
Revista Mexicana de Sociologia (Mé-
iat), XII, nn 2, abril junio
de 1986p. 20.
Los propésitos de la
preservacion
centro” de la ciudad en relaci6n “con todos los servicios né
una vida digna”
Sin embargo, esta preocupacién no es compartida masivamente, La
organizacién y las movilizaciones se empequefecen en cuanto pasa la
crisis. También en la distribuciGn de los intereses por el patrimonio, en
Jos temas prioritarios de los diversos sectores, advertimos el desigual uso
de la ciudad. Es comprensible que las clases populares, atrapadas en la
penuria de la vivienda y en la urgencia por sobrevivir, se sientan poco
involucradas en la conservaci6n de valores simbélicos, sobre todo si no
son los suyos. Aun respecto de su propio capital cultural, los sectores
subalternos manifiestan a veces una posici6n vacilante 0 tibia, como si
intetiotizaran la actitud desvalorizadora de los grupos dominantes hacia
la cultura popular. S6lo algunas capas medias y populares, especial-
mente afectadas por el agravamiento de la situaci6n, van profundizando
su conciencia colectiva. Nuevos movimientos, desde los populares urba-
nos hasta los ecologistas, empiezan a cambiar lentamente la agenda
publica y ensanchan el debate sobre el patrimonio. Tres rasgos caracte-
rizan la transformaci6n observable en estos sectores:
a, La cuestion del patrimonio ambiental -natural y urbano- no se ve
como responsabilidad exclusiva del gobierno.
b. Se comprende que si no hay movilizaci6n social por el patrimo-
nio, es dificil que el gobierno lo vincule con las necesidades actua-
les y cotidianas de la poblacién,
¢. E] efectivo rescate del patrimonio incluye su apropiaci6n colectiv:
y democritica, © sea: crear condiciones materiales y simbdlicas para
que todas las clases puedan compartitlo y encontrarlo significativo,
En el fondo, las nuevas interacciones entre capital, Estado y sociedad
in cambiando la problematica patrimonial. Ya no se trata s6lo de las dos
cuestiones que monopolizan casi toda la bibliografia: c6mo conservarlo o
restaurarlo debidamente -si es adecuado cierto material, si queda mejor esta
pitina- y c6mo protegerlo con mayor seguridad -perfeccionar las leyes, ins-
talar alarmas eficaces contra robo-. La cuestién del patrimonio ha desbor-
dado a los dos responsables de estas tareas, los profesionales de la con-
servacion y el Estado. Pese a la enorme importancia que atin tienen la
preservaci6n y la defensa, el problema mas desafiante es ahora el de los
USOS sociales del patrimonio, En él es neces
esfuerzos de investigaci6n, reconceptuali
ios para
rio. concentrar los mayores
acion y politica cultural
Hay por lo menos cuatro paradigmas politico-culturales desde los
cuales se responde a esta pregunta. El primero, que llamaremos tradi-
cionalismo sustancialista, es el de quienes juzgan los bienes hist6ricos
Gnicamente por el alto valor que tienen en si mismos, y por eso conci-
ben su conservacién independientemente del uso actual, Consideran
que el patrimonio esta formado por un mundo de formas y objetos
excepcionales en el que han desaparecido las experiencias sociales y las
condiciones de vida y trabajo de quienes lo produjeron. Esta posicién es
sostenida por diversos actores sociales, aunque prevalece en la
tenden-
2Etnologia
cias aristocritico- tradicionalistas del campo académico y de los apara-
tos politicos. Su rasgo comin es una vision metafisica, historica de la
humanidad 0 del “ser nacional’, cuyas manifestaciones superiores se
habrfan dado en un pasado desvanecido y sobrevivirian hoy s6lo en los
bienes que lo rememoran. Preservar un centro ceremonial © muebles
antiguos son tareas indiferentes a las preocupaciones practicas; su Gnico
sentido es guardar esencias, modelos estéticos y simbélicos, cuya con-
servaci6n inalterada servird precisamente para atestiguar que la sustan-
ia de ese pasado glorioso trasciende los cambios sociales. Quedan fue-
ra de esta politica los bienes precarios 0 cambiantes, los que s6lo
documentan practicas populares 0 acontecimientos culturales, sin alcan-
zar un puesto sobresaliente en la historia culta de las formas y los esti-
los. Los otros paradigmas corresponden al privilegio otorgado a cada
uno de los tres agentes sociales descritos en el punto anterior
Quienes ven en el patrimonio una ocasion para valorizar econémi-
camente el espacio social o un simple obstaculo al progreso econémico
sustentan una concepeién mercantilisia. Los bienes acumulados por una
sociedad importan en la medida en que favorecen o retardan “el avan-
ce material”, Este destino mercantil guiar4 los criterios empleados en
todas las acciones, Los gastos requeridos para preservar el patrimonio
son una inversion justificable si reditta ganancias al mercado inmobilia-
rio 0 al turismo, Por eso se atribuye a las empresas privadas un papel
clave en la seleccion y rehabilitacién de los bienes culturales. A este
modelo corresponde una estética exhibicionista en la restauraci6n: los
Criterios artisticos, hist6ricos y técnicos se sujetan a la espectacularidad
y la utilizacién recreativa del patrimonio con el fin de incrementar su
rendimiento econémico. Los bienes simbélicos son valorados en la
medida en que su apropiacion privada permite volverlos signos de dis-
linci6n © usufructuarlos en un show de luz y sonido.
El papel protagonista del Estado en la definicién y promocién del
patrimonio se funda en una concepeién conservacionista y monumen-
talista, En general las tareas del poder pGblico consisten en rescatar, pre-
servar y custodiar especialmente los bienes historicos capaces de exaltar
la nacionalidad, de ser simbolos de cohesion y grandeza. Ante la mag-
nificencia de una pirmide maya o de un palacio colonial a casi nadie
se le ocure pensar en las contradicciones sociales que expresan. La
atenci6n privilegiada a la grandiosidad del edificio suele distraer también
de los problemas regionales, la estructura de los asentamientos rurales 0
urbanos en medio de los cuales los monumentos adquieren sentido: se
ha senalado varias veces que la salvaguarda del patrimonio es eficaz si
toma en cuenta las grandes obras junto con los sistemas constructivos y
Jos usos contextuales del espacio", Pero es grande la tentaci6n de aso-
ciar al Estado con las herencias monumentales para legitimar el sistema
politico actual: se manifiesta asi la voluntad de defender lo propio, se
busca significar el arraigo hist6rico de quienes lo conservan y “teinau-
‘guran” después de restaurarlo, y en la forma mas plena de apropiacion
se le usa como sede fisica de un organismo oficial. En México, esta con-
23
LL. Néase, por ejemplo, el artculo de
el patrimonio cultural en el émbito
de los_asentamientos humanos’,
ise UNAM (México), nim. 4,
noviembre de 1986, pp. 411.12. Oriol Bohigas, Contra tena argui-
ectura adjlivada, Seix Baral, Bar-
‘celona, 1969, pp. 78-79.
cepcién monumentalista no se muestra tinicamente en la politica de con
servaci6n y uso de edificios antiguos; esti presente también en la arqui-
tectura que evoca la monumentalidad precolombina 0 colonial, origi-
nando reelaboraciones afortunadas -las del Museo Nacional de
Antropologfa y El Colegio de México-, reinvenciones brillantes que inser-
tan el modelo juedas geométricas contemporaneas
-el Espacio Escult6rico en la Ciudad Universitaria de la UNAM-, pero
también la grandilocuencia abrumadora de la Plaza Tapatia de Guadala-
jara y la Macroplaza de Monterrey, donde la aspiracin autoexaltadora
del poder politico y econémico sacrific6 la organizaci6n histérica y el
equilibrio estético del espacio pablico.
El cuarto paradigma, que denominamos participacionista, concibe el
patrimonio y su preservacion en relacién con las necesidades globales
de la sociedad. Las funciones anteriores ~el valor intrinseco de los bie-
nes, su interés mercantil y su capacidad simbélica de legitimacién— son
subordinadas a las demandas presentes de los usuarios. La seleccién de
lo que se preserva y la manera de hacerlo deben decidirse a través de
un proceso democritico en el que intervengan los interesados y se con-
sideren sus habitos y opiniones. Este enfoque se caracteriza, asimismo,
por incluir en el patrimonio tanto los edificios monumentales como la
arquitectura habitacional, los grandes espacios ceremoniales 0 piblicos
del pasado del mismo modo que los parques y plazas de hoy, los bie~
nes visibles junto a las costumbres y creencias. El acento en la partici-
pacin social es el recurso clave para evitar los dos riesgos mas fre-
cuentes que Oriol Bohigas sefiala en las ciudades o barrios antiguos: que
se conviertan en “ciudades-museos’, ilustraciones hist6ricas de estructu-
ras y formas que quedaron sin funciGn, o “ciudades para snobs”, areas
apropiadas por una élite de artistas, intelectuales, burgueses y sobre todo
especuladores, que ven en esos conjuntos urbanos un modo de subra-
yar su distincién”.
Desde la perspectiva participacionista es posible plantear a las poli-
ticas culturales preguntas reveladoras sobre los usos sociales que se da
a los bienes hist6ricos:
a. {Con qué Optica se los restaura, la aristocrdtica que tantas veces
os engendr6 o Ia del conocimiento y la utilizacion de quienes aho-
ra desean entenderlos?
b, ;De qué modo se presentan y se explican los edificios antiguos al
abrirlos al piblico, y los objetos al exhibirlos en museos?
¢. Forman parte de la politica cultural s6lo la catalogacion y restau-
raciOn, 0 también se busca conocer las necesidades y los codigos del
piblico, lo que sucede en la recepcién y apropiacion que cada gru-
po hace de la historia?
En México estas preguntas han recibido respuesta ms bien con
acciones que con estudios sistematicos sobre los usos del patrimonio y
las necesidades populares. Existen en el pais organismos dedicados a
promover el patrimonio vivo, que han hecho investigaciones sobre la
participacion social, como el Instituto Nacional Indigenista, la Direccién
eyGeneral de Culturas Populares y el Museo Nacional de Cultura
res. Sin embargo, es dificil evaluar los efectos de las diversas concep-
ciones que los guien, entre otras razones, porque hay pocos estudios
sobre la recepcin de sus tareas, Predomina la voluntad de difundir y
promover el patrimonio popular, 0 el acceso a la cultura en general por
parte de las clases subalternas. Esta politica promocional viene generan-
do valiosas experiencias educativas y participativas museos comunitarios
y escolares, programas de divulgaci6n cultural, pero rara vez basa su
acei6n difusora en investigaciones sobre lo que piensan y hacen quie-
nes la reciben,
Queremos destacar una de estas carencias por su importancia para
la participaci6n en el patrimonio cultural: el estudio del pablico y de los
usuarios. Es significative que dispongamos de una vasta bibliografia de
catalogacion y descripcién de sitios arqueol6gicos, edificios coloniales y
monumentos, obras y tendencias artisticas, pero se cuentan con los
dedos de una mano las investigaciones publicadas sobre la recepcion de
bienes. Conocemos que los museos y las zonas arqueolégicas reciben
anualmente un amplio pablico: en 1985 hubo un ingreso de 6.140.173
personas a los museos, de las cuales s6lo 1.161.330 eran extranjeras; los
itios arqueol6gicos tuvieron en el mismo aio una concurrencia de
3,280,366, que inclufa 1.242.788 extranjeros'’, También sabemos que
existe un alto nmero de visitantes al Musco Nacional de Historia de
Chapultepec (659.997 en 1986) y al Museo Nacional de Antropologia
(1.194.422 el mismo afio)" y que algunas exposiciones, como las de Die-
go Rivera en el Museo Tamayo y en el Palacio de Bellas Artes, aleanza-
ron el medio millén de asistentes. Pero ignoramos por qué el publico va
a estos espacios culturales, c6mo los usa, qué prefiere o rechaza, de qué
modo se apropia del patrimonio nacional y qué dificultades encuentra
para relacionarlo con su vida cotidiana. Arturo Monz6n"¥ y Miriam A. de
Kerriou® realizaron dos trabajos sobre el Museo de Antropologia que
recogen principalmente datos cuantitativos. Respecto de los museos de
arte, la Gnica investigacion publicada es la que Rita Eder efectu6 en 1977
en la exposicién Hammer", y se encuentra en prensa otra investigacion
realizadla en cuatro exposiciones de la ciudad de México por un equipo
de investigadores del Instituto Nacional de Bellas Artes, con la colabo-
raci6n de la Maestria de Antropologia Social de la Escuela Nacional de
Antropologia Historia. En otros espacios culturales de a ciudad de
México y de la provincia, desconocemos los datos basicos para vincular
eficazmente las acciones culturales relativas al patrimonio con las nece-
sidades de la poblaci6n.
No se lograr una politica efectiva de preservaci6n y desarrollo del
patrimonio si éste no es valorado adecuadamente por el piblico de los
museos y sitios arqueoldgicos, los habitantes de los centros hist6ricos,
los receptores de programas educativos y de difusion. Para cumplir estos
objetivos, no basta multiplicar las investigaciones.patrimoniales, los
museos y la divulgacion; hay que conocer y entender las pautas de per-
cepcion y comprension en que se basa la relacién de los destinatarios
25
13, Anuario Bstaditico de las Bita-
dos Unidos Hexicamos. 1985, Secre-
tara de Programacién y Presupuest,
Instituto Nacional de Estadistca, Geo-
srafiae Informatica,
14, Infomacin poporconada por a
Secreta Ténica del Instituto Nacio-
nal de Antropologi e Historia
15, Arturo Mona, “Bases para inere-
mentar el piblico que visita el Museo
Nacional de Antopologf’, en Anales
del INMH, tI, 2a. parte, nim. 35,
México, 1952,
16, Miia A. de Keto, Las vista
tes y al funcionamiento del Museo
nacional de Antrpologta de México,
México, 1981 (mimeo)
17, ita der y otros, “El pili de
ate en Mésieo os espectadores dela
expesicin Hammer’, Plural (Méx-
¢), v0.1, nim, 7, joo de 1977El Patrimonio
en la época de
Ja Industria Cultural
« La participacion del pablico y de los usuarios
no sustituye la problematica especifica de la valoracién hist6rica y esté-
tica de los bienes culturales, ni el papel del Estado o de los historiado-
res, arquedlogos y antroplogos especializados en la investigacion y
conservaci6n del patrimonio, Pero si ofrece una referencia -una fuente
de sentido- con la cual debieran redefinirse todas estas tareas para avan-
zar en la democratizacion de la cultura.
acion de las sociedades contemporaneas ha reubicado los
del patrimonio y de la participaci6n. Millones de personas
que nunca han ido a los museos, o que apenas se enteraron en la escue-
la de las obras que exhiben, hoy ven esas obras en sus casas por medio
de la television. Pareceria que es innecesario desplazarse: las imagenes
de las pirdmides y los centros hist6ricos legan hasta la mesa donde la
familia come, se convierten en temas de conversacion y se mezclan con
los asuntos del dia. La televisién transmite también mensajes publicita-
rios en los que se usa el prestigio de los edificios antiguos para atribuir
sus virtudes a un coche 0 un licor. El video clip difundido diariamente
durante el campeonato mundial de fatbol, en que se disolvian las ima-
genes de las pirimides antiguas en otras modernas, o del juego preco-
lombino de pelota en danzas que remedaban el fitbol actual, proponia
una continuidad fluida, sin conflictos, entre la tradiciOn y la modernidad.
Es notable que esta visi6n conciliadora de las contradicciones historicas
que transmitfa el video de una empresa privada ~Televisa- se halle tam-
bién en mensajes del Estado; por ejemplo, la primera pelicula mexicana
en el sistema Omnivision, FI pueblo del sol, proyectada en el Planetario
de Tijuana dentro del programa de afirmaci6n de la identidad nacional
en la frontera norte, describe la etapa colonial como un simple enrique-
cimiento de las culturas precolombinas. Tal parece que la eliminacién de
los conflictos es un rasgo mas extendido en los medios masivos que en
otros modos de documentaci6n y difusi6n de la historia,
in embargo, el problema no se reduce a mejorar la interpretacin
ideol6gica del pasado. Las posibilidades de difusion masiva y espect
cularizacién del patrimonio que ofrecen las tecnologias de comunicacion
modernas plantean nuevos desafios: ¢C6mo usar de un modo més ima-
ginativo y critico los medios para el desarrollo de la conciencia social
sobre el patrimonio? ;Cuales serian los limites de la resemantizacion que
realiza la industria de la comunicaci6n sobre las culturas tradicionales?
{Como legislar sobre estos temas sin afectar los derechos basicos de libre
informacién y comunicacién social? Cémo interacttian estos derechos
con los de los grupos indigenas y populares a los que pertenecen his-
toricamente dichos bienes culturales? Estas preguntas muestran la urgen-
cia de ensanchar el campo de problemas y el ambito disciplinatio en que
suele ubicarse el patrimonio. Necesitamos nuevos instrumentos concep-
tuales y metodol6gicos para analizar las interacciones actuales entre lo
popular y lo masivo, lo tradicional y lo modermo, lo pablico y lo priva-
do, y ello requiere una mayor vinculaci6n de las Ciencias antropolégicas
26con la sociologia y los estudios sobre comunicacion
Los cambios en la produccién, la circulaci6n y el consumo de la c
tura exigen modificar también la concepci6n del patrimonio manejada
en las politicas piblicas. Sin duda, ha sido un gran avance que se haya
mpliado el concepto elitista de cultura para incluir las formas artesana-
les de produccién popular: hoy casi no existen discursos oficiales que
nieguen un lugar en el patrimonio nacional a la misica, las danzas y la
literatura indigenas. Pero cuesta extender la competencia del Estado a las
‘manifestaciones no tradicionales. La accion gubernamental se concentra
en la conservaci6n y defensa de los bienes hist6ricos -sitios arqueol6gi-
cos, arquitectura colonial-, la promocién de actividades artisticas que
representan los valores mas altos de la nacionalidad -desde el folklore a
la plastica moderma-, y protege algunas practicas culturales cuyo costo
de produccién y descenso de pablico tornan problematico su futuro
-cine, teatro, revistas de arte-, Pero el mercado simbélico de masas atrae
poco interés estatal, y en gran medida es dejado en manos de empresas
privadas, Aparecen ocasionales intentos en la television estatal de pro-
mover las formas tradicionales y eruditas de cultura -programas del INBA.
y de la Unidad de Television Educativa-, pero las nuevas tecnologias de
son vistas a menudo como una cuesti6n ajena al campo
cultural, Se las vincula mAs bien con la seguridad nacional y la manipu-
lacion politica-ideolégica de intereses extranjeros, Por ello dependen de
la Secretaria de Gobernaci6n y no del sector educativo,
Las investigaciones sobre el consumo cultural familiar realizadas Glti-
mamente en Estados Unidos, en paises europeos y algunos latinoameri-
canos indican que los gastos domésticos se concentran cada vez mas en
la adquisicién de “maquinas culturales” -televisores, tocadiscos, videos,
radios para distintos miembros de la familia y para el coche-, en det
mento del gasto en publicaciones y espectaculos teatrales, cinematogra
ficos y musicales que se realizan fuera de casa’, Esta “cultura a domic
lio, manejada por Ia iniciativa privada, crece en recursos, en eficaci
comercial y simbélica, mientras los Estados siguen dedicdndose priorita-
riamente a las pricticas culturales que estén perdiendo influencia.
ZA qué se debe esta resistencia a extender la responsabilidad patri-
monial del poder piblico a los nuevos circuitos y tecnologias culturales?
Proviene, en parte, del temor a enfrentar a los grandes consorcios pri-
vados, Los pocos intentos de desarrollar acciones mas definidas del E:
do respecto de las instituciones culturales recibieron virulentos rechazos:
los empresarios, ademas de defender su negocio, argumentan que el
control estatal de los espacios simbélicos es una forma de autoritarismo.
y conduce a la burocratizacion y unilateralidad de los medios masivos,
wor qué esta restricci6n del Estado a formas tradicionales o cultas
del patrimonio es aceptada por muchos responsables de la politica
gubernamental que defienden con firmeza su participacién en el ambi-
to educativo, € incluso por partidos progresistas de la oposicién que
.cluyen en sus propuestas estos nuevos espacios culturales?
ciones podria hallarse en esa dilatada creencia de que
tampoco
Una de las expli
18 CE los textos de Pier Hourdien ya
citados. Respecto de América Latina,
ase Sergio Micali, Fstado e ultra
‘no Brasil, DIFEL, Sao Paulo, 1984; y
José Joaquin Bruner, ida cian,
‘sociedad y cultura: Chile, 1973-
1982, FINCSO, Santiago, 198219, Raymond Willams, Marsismo
literatura, Peninsula, Barcelona,
1980, pp. 148-146.
la cultura es la “erudita” y la tradicional, y que su convivencia con la de
masas acaba perjudicandolas, Seguimos escuchando con frecuencia que
ante la degradaci6n “fatal” que traen el crecimiento urbano y las indus-
trias culturales lo nico posible es preservar los bienes histéricos y las
costumbres tradicionales, testimonios puros de tiempos mejore:
No puede mantenerse esta posicién en cuanto se le confronta con lo
que se quiere salvar. Porque los centros histricos son resultado de eta-
pas diversas de desarrollo en que se fueron sedimentando estilos cons-
tructivos y concepciones dispares del espacio urbano. Del mismo modo
las artesanias tradicionales surgieron de progresivas adaptaciones al
entorno natural y de distintos tipos de organizaci6n social, primero pre-
colombinos, luego coloniales y por Gltimo del capitalismo modero. No
vemos por qué los antiguos diseftos de los edificios deben permanecer
indiferentes a las nuevas funciones que se les asignan, ni por qué la alfa-
reria y los tejidos no pueden adaptarse a las condiciones socioecon6mi-
cas y culturales de los indigenas que emigran a las grandes ciudades 0
habitan pueblos campesinos transformados. Encontramos una légica
incuestionable en que los purépechas, por ejemplo, que durante siglos
‘compusieron la iconografia de su cerimica con diablos, serpientes y
pajaros, hoy -cuando van a vender sus piezas a las grandes ciudades 0
pasan varios meses por afo trabajando como braceros en los Estados
Unidos- hagan con el barro diablos que viajan en aviones 0 en autobu-
ses con ruta “México-Laredo", que hablan por teléfono o son vendedo-
res ambulantes. El problema no reside en que se cambien las imagenes
tradicionales, sino con qué criterios se modifican y quiénes lo deciden:
dos artesanos, los intermediarios, los consumidores?
El proceso del patrimonio y las condiciones de tansformacion de las
sociedades contemporineas requieren que diferenciemos en él, segin los,
términos de Raymond Williams, lo que es arcaico, residual y emergente.
Lo arcaico es lo que pertenece al pasado y es reconocido como tal por
quienes hoy lo reviven, casi siempre “de un modo deliberadamente espe-
cializado”. En cambio, lo residual se form6 en el pasado, pero todavia se
halla en actividad dentro de los procesos culturales. Lo emergente designa
los nuevos significados y valores, nuevas pricticas y relaciones sociales”.
La politica cultural respecto del patrimonio, agregamos nosotros, no pue-
de aferrarse al primer sentido, como suele ocurrir; necesita articular la recu-
peracion de la densidad historica con los significados recientes que gene-
s innovadoras en la produccién y el consumo.
Ante los conflictos que plantean al patrimonio las transformaciones
sociales, es posible formular tres criterios generales para orientar las
decisiones:
a. La preservacion de los bienes culturales nunca puede ser mas
importante que la de las personas que los necesitan para vivir: al
recuperar un centro hist6rico, la revaloraci6n de los monumentos no
debe pesar mas que las necesidades habitacionales y simbdlicas de
sus habitantes, ni la politica artesanal puede anteponer la defensa de
Jos objetos a la de los artesanossoluciones deben buscar un equilibrio organico entre las tra-
diciones que dan identidad -a un barrio, a los productores de arte
sanias- y los cambios requeridos por ka modernizaci6n.
. Las politicas y las decisiones sobre estos problemas deben tomar
se en instancias y con procedimientos que hagan posible la parti
pacién democratica de los productores y los usuarios: por qué casi
siempre que se rehabilitan los centros hist6ricos s6lo intervienen los
funcionarios y los arquitectos, pero no los que habitan el bario?,
epor qué los artesanos nunca forman parte de los jurados en los con
cursos donde se premian artesanias, ni les pedimos que opinen
sobre los folletos turisticos que dicen cémo interpretatlas? Las expe-
riencias de coparticipacin de especialistas y usuarios desarrolladas
en las tareas de reconstruccién posteriores al sismo, asi como las aso
ciaciones de consumidores y de defensa del patrimonio natural,
muestran que estas utopias comienzan a ser realizables,
Quiz4 donde se manifiesta con mayor agudeza la crisis de la forma
tradicional de pensamiento sobre el patrimonio es en su valoracion esté-
tica y filos6fica, Vamos a analizar, para terminar, el criterio que suele juz~
garse fundamental: el de la autenticidad, Este es el valor proclamado con
insistencia por los folletos que hablan de las costumbres folkl6ricas,
por las guias turisticas cuando exaltan las artesanias y fiestas “aut6cto-
por los carteles del FONART que garantizan la venta de genuino
arte popular mexicano”. Pero lo mds alarmante es que dicho criterio siga
siendo empleado en gran parte de la bibliografia sobre el patrimonio
para demarcar el universo de bienes y pricticas que merece ser consi-
derado por los cientificos sociales y las politicas culturales. Llamamos
alarmante a esta pretensi6n de autenticidad, porque las condiciones pre-
sentes de circulaci6n y consumo de los bienes simbdlicos han clausura-
do las condiciones de produccién que en otro tiempo hicieron posible
el mito de la originalidad en el arte, el arte popular y el patrimonio cul-
tural tradicional
Desde el célebre texto de Benjamin de 1936", uno de los temas cru-
ciales de la estética es la manera en que la reproductividad técnica de la
pintura, la fotografia y el cine atrofian “el aura” de las obras artisticas,
esa “manifestaci6n irrepetible de una lejania” que tiene la existencia de
una obra Gnica en un solo lugar al que se peregrina para contemplarla.
Cuando se multiplican en libros, tevistas y televisores los cuadros de
Orozco y las fotos de Alvarez Bravo, la imagen original es transformada
por la repeticién masiva. El problema de la autenticidad y unicidad de
la obra cambia su sentido. Advertimos entonces, con Benjamin, que “lo
auténtico” es una invencién modema y transitoria, Por una parte, por
que “la imagen de una virgen medieval no era auténtica en el tiempo
‘en que fue hecha; lo fue siendo en el curso de los siglos siguientes, y
mas exuberantemente que nunca en el siglo pasado". Por otra, se vuel-
ve evidente que el cambio actual no es s6lo efecto de las nuevas tecno-
ao
Los criterios estéticos y
filos6ficos
En el arte
29 Wale Benamin, “La obra de ante
en La poca de su reproductive
nica”, en Discurso interrumpides
Taurus, Barelon, 1973,
21, der, p24.
2. Ade, p. 2123 Wem, p. 24
2, John Berger, dos de ver, Gust
w Gili Barcelona, 1980, p.
En las artes populares
logias, sino una tendencia historica global; “acercar espacial y humana-
mente las cosas es una aspiracin de las masas actuales"®, un reclamo
historico para superar el elitismo a que llev6 el secuestro de los origi
nales en los museos y las mansiones,
Si bien todavia sigue siendo diferente preguntarse por la obra origi-
nal en la arqueologia y las artes plisticas que en el cine y el video, don-
de la cuestion ya no tiene sentido, el nticleo de! problema es que cam-
bio la insercion del arte en las relaciones sociales: ahora las obras no se
vinculan casi nunca con la tradicion a través de una relacion ritual, de
devocién a obras Gnicas, con un sentido fijo, sino que se difunden en
miltiples escenarios y propician lecturas diversas. Muchas técnicas de
reproduccion y exhibicién disimulan este giro historico, por ejemplo los
museos que solemnizan objetos que fueron cotidianos, los libros que
divulgan el patrimonio nacional mediante una retorica fastuosa y que asi
neutralizan el pretendido acercamiento con el lector. Pero también la
multiplicacion de las imagenes nobles facilita la creacion de esos muse-
08 cotidianos armados en el cuarto por cada uno que pega en la pared
el cartel con una foto de Uxmal, junto a la reproduccién de un Toledo,
recuerdos de viajes, un recorte de periédico del mes pasado, el dibujo
de un amigo, en fin, un patrimonio propio que vamos renovando segin
fluye la vida.
Este ejemplo extremo no quiere sugerir que los museos y los centros
historicos se hayan vuelto insignificantes y no merezcan ser visitados, ni
que el esfuerzo de comprensin requerido por un centro ceremonial
prehispanico 0 un cuadro de Toledo se reduzcan hoy a recortar sus
reproducciones y pegarlas en el cuarto. No es lo mismo, por supuesto,
preservar la memoria en forma individual que plantearse el problema de
como asumir la representacion colectiva del pasado. Pero el ejemplo del
museo privado sugiere que es posible introducir mis libertad y creativi-
dad en las relaciones con el patrimonio. También permite repensar c6mo
se transforma la apropiaci6n del arte al pasar de un mundo rigidamente
jerarquizado, donde los que detentaban el saber y el poder disponian de
cotos reservados, a este tiempo en el que “las imagenes a son
efimeras, ubicuas, accesibles... Nos rodean del mismo modo que nos
rodea el lenguaje. Han entrado en la corriente principal de la vida sobre
la que no tienen ningtin poder por si mismas". Nos permiten definir de
otto modo cémo se forma la experiencia historica al relacionar el pa
do con el presente, cémo encontramos y cambiamos el significado de
nuestras vidas participando en procesos de reelaboracin de los que
podemos convertirnos en agentes activos.
Las artesanias de mayor venta son imitadas en otros pueblos y en
talleres de las grandes ciudades. La ceramica de Tonal ha sido mejora~
da y redisefiada en talleres de alta temperatura de Tlaquepaque; la alfa-
reria verde de Patamban es hecha ahora también en Tzintzuntzan; los
tejidos y cerimicas originarios de pequefos pueblos del Estado de Méxi-
co, Oaxaca y Michoacdn ya son producidos en la ciudad de México, en
0
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