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Teoría del Estado: Fundamentos y Contextos

El documento presenta una introducción a la teoría del Estado, abarcando temas como los orígenes de la teoría política, los elementos constitutivos del Estado como territorio, población y poder, y la historia de la filosofía política y del derecho.

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Teoría del Estado: Fundamentos y Contextos

El documento presenta una introducción a la teoría del Estado, abarcando temas como los orígenes de la teoría política, los elementos constitutivos del Estado como territorio, población y poder, y la historia de la filosofía política y del derecho.

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Facultad de Derecho y Cs.

Sociales Estado “A” UNT

TEORIÍA DEL ESTADO


MÓDULO UNO: TEORÍA DEL ESTADO
Unidad 1:
1.-Teoría: explicación y prescripción. Los orígenes de la teoría política. El universo político, la política y “el político”.
El orden político: poder, derecho y creencias. Régimen de poder. Régimen y de poder y derecho. Orden político y
creencias políticas. La crítica teórica.
2.-Estado: marco teórico y elementos para su análisis: dominación, centralidad, burocratización, poder militar.
Desarrollo histórico del concepto. Consolidación y expansión. El Estado de bienestar Keynesiano. El Estado en el
nuevo orden global. Bibliografía:

 D´AURÍA, Aníbal; Teoría y crítica del Estado; Buenos Aires, Eudeba, 2012, pág. 13-36.

 ABAL MEDINA (h), Juan Manuel y NEJAMKIS, Facundo Patricio; El Estado en Introducción a la Ciencia
Política, Julio Pinto (comp); Buenos Aires, Eudeba, 2006, pág. 185-201.
MÓDULO DOS: ELEMENTOS CONSTITUTIVOS DEL ESTADO
Unidad 2:
1.-Territorio: Concepto. Modos de adquisición. Ocupación. Conquista, otros medios. Los límites del territorio.
Procedimiento. Las prolongaciones del territorio. Aplicaciones concretas. El mar territorial y alta mar. Las zonas
económicas. La zona contigua. La plataforma continental. El espacio aéreo. Las características del territorio. Estado,
pueblo y nación. La población. Concepto. Pueblo. Nacionalidad. Ciudadanía. Sociología de la población. La población
como sujeto y como objeto. Pueblo en sentido natural y pueblo en sentido cultural. Nación.
2.-Población: El componente social y la superación del enfoque estrictamente jurisdiccional.
3.-Poder: El poder. Su naturaleza. Intencionalidad y efectividad. Decisiones de poder. Medios y herramientas: poder
económico, poder ideológico y poder político. Medios y herramientas. Expansión y contención del poder.
Bibliografía:

 GRAÑA Eduardo y ÁLVAREZ, Cesar, Principios de Teoría del Estado y de la Constitución. Buenos Aires,
Ad-Hoc 2003, ISBN 50-894-383-1, pág. 97-125 - RESNIK, Mario H. Estado y Política: una aproximación sistémica,
Buenos Aires, La Ley S.A., 1997, pág. 101-111.

 VILAS, Carlos María; El poder y la política: El contrapunto entre razón y pasión, Capítulo 2; Editorial
Biblos/Politeia; Buenos Aires, 2013, pág. 17-35.
Unidad 3:
1.-Legitimidad: Concepto de Legitimidad. Elementos del concepto de Legitimidad: Consentimiento y Legitimidad.
Las demandas o la sustancia de la Legitimidad. Legitimidad y conformidad a la ley. Significación política de la
Legitimidad: Diferenciación política y Legitimidad. Responsabilidad política y Legitimidad. Juicio o evaluación
política y Legitimidad. Controversias en torno a la Legitimidad: Críticas y respuestas Bibliografía:
Texto de la cátedra a cargo de Guido Buldurini, basado en el texto de COICAUD, Jean Marc; Legitimidad y Política.
Contribución al estudio del derecho y de la responsabilidad política, Homo Sapiens Ediciones, 2000.

MÓDULO TRES: HISTORIA DE LA FILOSOFÍA POLÍTICA y DEL DERECHO

Unidad 4:
1.- América y el nuevo patrón del poder mundial: Raza, una categoría mental de la modernidad. El capitalismo: la
nueva estructura de control del trabajo. Colonialidad del poder y capitalismo mundial. Colonialidad y eurocentrismo
del capitalismo mundial. Nuevo patrón del poder mundial y nueva intersubjetividad mundial. La cuestión de la
modernidad.
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2.- Deslizamiento semántico del concepto “Europa”. Dos conceptos de modernidad. Racionalidad e Irracionalidad o el
mito de la modernidad Bibliografía:

 QUIJANO, Aníbal, Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina, en “La colonialidad del saber:
eurocentrismo y ciencias sociales, Perspectivas latinoamericanas”, Edgardo Lander (comp), Buenos Aires, Clacso,
2005; pág. 201-218

 DUSSEL, Enrique; Europa, modernidad y eurocentrismo, en “La colonialidad del saber: eurocentrismo y
ciencias sociales, Perspectivas latinoamericanas”, Edgardo Lander (comp), Buenos Aires, Clacso, 2005; pág. 41-53.

Unidad 5:
1.-El modelo Iusnaturalista de la Antigüedad: Del periodo cosmológico a Platón. El modelo iusnaturalista aristotélico.
Estoicismo y cristianismo. Las concepciones del derecho en el pensamiento romano.
2.-El modelo Iusnaturalista de la Edad Media: La cultura, la Iglesia y el Derecho. Derecho Natural en Tomás de
Aquino. La superioridad del Derecho Natural: ley injusta, legitimidad del poder político y desobediencia legítima
Bibliografía:

 RUIZ MIGUEL, Alfonso; Una filosofía del derecho en modelos históricos. De la antigüedad a los inicios del
constitucionalismo; Madrid, Editorial Trotta, 2002; pág. 80-83, pág. 17-73; pág. 110-117 y 141-154.

 DA SILVEIRA, Pablo; ¿Por qué mataron a Sócrates?, y El gordo, el buey y el santo; en “Historias de
Filósofos”, Buenos Aires, Suma de Letras Argentinas, 2002, pág. 17-56 y pág. 87-105

Unidad 6:
1.-El modelo iusnaturalista de la Modernidad. El marco previo: Bodín, la Reforma protestante y Maquiavelo. La tríada
estado de naturaleza, contrato social y sociedad civil. Contractualismo e individualismo.
2.- La Ilustración: El proyecto ilustrado, características principales. Contexto Histórico, cultural y social
3.- Nicolás Maquiavelo: Contexto histórico, geográfico y político. Vida y Obra. Pensamiento político de Maquiavelo:
Estado, Crueldad y Consenso, Principado y Republica, Conflicto y Libertad, Ciencia Política, Virtud y Fortuna,
Moralidad y Política, Iglesia y Religión. Clásico y Moderno Bibliografía:

 RUIZ MIGUEL, Alfonso; Una filosofía del derecho en modelos históricos. De la antigüedad a los inicios del
constitucionalismo; Madrid, Editorial Trotta, 2002; pág. 169-177; 196-239.

 TODOROV, Tzvetan, El espíritu de la Ilustración, Barcelona, Galaxia Gutenberg Editores, 2014, pág. 9-25.

 VARNAGY Tomás, Fortuna y Virtud en la República Democrática. Ensayos sobre Maquiavelo, CLACSO,
2000, pág. 9 -44

Unidad 7:
1.-Teoría política marxista: Marx y el problema del Estado. La crítica de la filosofía política hegeliana. El Estado
como superestructura. El Estado Burgués como dominio de clase. El Estado de transición. La extinción del Estado.
2.-Karl Marx: el recolector de señales. La disciplina secundaria. Los prefacios. El difícil trance. El asalto de la duda.
El canto de los gallos. La crítica de los ratones. Trabajos dispersos. Afiladores de cuchillos. Señales en el patíbulo.
Perro muerto. Estranguladores de Londres. La sagrada túnica de Tréves.
Bibliografía:

 BOBBIO, Norberto; Ni con Marx ni contra Marx, México, Fondo de Cultura Económica, 1999, pág. 132-145.

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 GONZALEZ, Horacio; Karl Marx, el recolector de señales; en “Los Asaltantes del Cielo. Política y
emancipación”, Buenos Aires, Editorial Gorla., 2006, pág. 13-68.

MODULO CUATRO: HISTORIA POLITICA DE AMERICA LATINA. GENESIS Y PROCESO


CONSTITUYENTE DEL ESTADO ARGENTINO.

Unidad 8:
1.-La formación del Estado argentino: Orden, progreso y organización nacional. La organización nacional y la
construcción del Estado. La cuestión del progreso. La cuestión del orden. Aparato institucional y organización
nacional. Alianzas políticas y organización nacional.
Bibliografía:

 OSZLAK, Oscar; La formación del Estado argentino. Orden, progreso y organización nacional, Buenos Aires,
Ariel, 2014, pág. 44-94.

MÓDULO CINCO: EL ESTADO CONSTITUCIONAL, SOCIAL Y DEMOCRATICO DE DERECHO: SUS


COMPONENTES IDEOLOGICOS. SUS ADVERSARIOS. TEORIA DEL ESTADO FEMINISTA.

Unidad 9:
1.-Liberalismo: concepciones filosóficas de base. Liberalismo y economía de mercado. Los liberalismos del siglo XIX
y siglo XX.
2.-Republicanismo: el ideal republicano de libertad. Un ideal de discriminación constitucional. El antónimo de la
libertad republicana. El imperio de la ley. La separación de poderes. Diseño democrático. Las distintas implicaciones
de la libertad como ausencia de dominación.
Bibliografía:

 ANTON, Joan; El liberalismo, en Manual de Ciencia Política, Miguel Caminal Badía (Editor), Madrid,
Tecnos, 2005, pág. 87- 105.

 PETTIT, Philip, La libertad republicana y su trascendencia constitucional, en Republicanismo y Democracia;


Bertomeu, María Julia, Domenech, Antoni y De Francisco, Andrés (comp); Buenos Aires, Miño y Dávila Editores,
2005, pág. 41-68.

Unidad 10:
1.- Democracia: La democracia clásica. Sus críticas. El ocaso del pensamiento democrático y el esbozo de la soberanía
popular. La tradición republicana y la teoría democrática. Liberalismo y democracia. La democracia en el pensamiento
contemporáneo. El mundo de las democracias. ¿El fin de un paradigma?
2.- Socialismo: concepto, su carácter utópico o científico. Tendencias y problemas actuales. Socialismo en
Latinoamérica.
Bibliografía:

 RESPUELA, Sofía, La democracia: una discusión en torno de sus significados; en “Introducción a la Ciencia
Política”, Julio Pinto (comp), Buenos Aires, Editorial Eudeba, 2003, pág. 271-320.

 BOBBIO, Norberto; Mateucci, N. y Pasquino, G.; Diccionario de Política, México, Siglo XXI Editores, 1994,
pág. 1501-1513.

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Unidad 11:
1.-Anarquismo: Introducción. Socialismo anti-autoritario. Coherencia entre fines y medios. La teoría proudhoniana de
la fuerza colectiva. ¿Materialismo o idealismo? Federalismo y anarquismo. Antiteologismo y anarquismo. Anarquía y
comunismo. Anarquía y pragmatismo. Ley versus contrato. 2.-Anarco/indigenismo. La fusión entre anarquismo e
indigenismo. Anarco-feminismo, anarcoindigenismo.
Bibliografía:

 D´AURÍA, Aníbal; Introducción al ideario anarquista, en El anarquismo frente al derecho: lecturas sobre
Propiedad, Familia, Estado y Justicia, Buenos Aires, Libros de Anarres, 2007, pág. 11-49.

 TAIBO, Carlos, Anarquistas de Ultramar: anarquismo, indigenismo, descolonización, Santiago de Chile,


Editorial Eleuterio, 2018, pág. 143-148

Unidad 12:
1.-Teoría del Estado en clave feminista: El origen del feminismo como construcción histórica de la realidad. El
concepto de patriarcado. Principales teorías de oposición al patriarcado desde el feminismo: teorías liberales, teorías
marxistas. La situación actual del feminismo. El feminismo de la igualdad y el feminismo de la diferencia. La
posibilidad de una teoría feminista del Estado.
Carole Pateman y el contrato sexual: el pacto patriarcal.
Bibliografía:

 BALAGUER, María Luisa, Mujer y Constitución. La construcción jurídica del género, Valencia (España),
Ediciones Cátedra, Universidad de Valencia, 2005, pág. 23-56.

 TORRES QUIROGA, Miguel, Carole Pateman y el contrato sexual: el pacto patriarcal; Revista Levadura,
2018.

Unidad 13:
1.-Autoritarismo: usos históricos y análisis político del término. Sistemas políticos autoritarios. Ideología autoritaria.
Comparación con la idea de dictadura.
2.-Totalitarismo: ideología como sistema de representación en el fenómeno totalitario. Utilización histórica y política
del término totalitarismo. Comparación con dictadura y autoritarismo.
3.-Dictaduras latinoamericanas: características de las intervenciones políticas de los aparatos militares en América
Latina durante el siglo XX. Las Fuerzas Armadas como actor político. La doctrina de la seguridad nacional.
Diferencias conceptuales con totalitarismo y autoritarismo. El estado burocrático autoritario.
Bibliografía:

 CASALI de BABOT, Judith; Autoritarismo en Breve Vocabulario de Cultura Política. Aportes para una
cultura democrática, Casali de Babot (Directora), Tucumán, 2008, UNT – Facultad de Filosofía y Letras–Sadop;
pág. 35-52.

 TRAVERSO, Enzo; El totalitarismo. Usos y abusos de un concepto; pág. 99-


110 en [Link]
Enzo-El-Totalitarismo-Uso-y-abuso-de-un-concepto-pdf
- RIVAS NIETO, Pedro y RODRIGUEZ FERNÁNDEZ, María, Autoritarismo, totalitarismo y doctrina de seguridad
nacional; Revista Espacios Públicos, México, UNAM, vol. 13, núm. 29, diciembre de 2010, pág. 99-118. Disponible
en [Link]
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MODULO SEIS: CRISIS DEL ESTADO NACIÓN Y GLOBALIZACIÓN

Unidad 14:
1.-La Teoría del Estado en la era de la globalización; ¿Ocaso del Estado?
Globalización: puntos de consenso en su conceptualización. Soberanía del Estado y globalización: Globalización:
Globalización o mundialización. Formas neo-medievales del orden político universal. Factores que erosionan el
concepto clásico de soberanía estatal: factor militar, factor económico, factor financiero. La cooperación internacional.
Los usos ideológicos de la noción de globalización y sus peligros. Soberanía del Estado: La pervivencia del Estado
como forma fundamental de la organización político-social. El contenido actual de la noción de soberanía.
Bibliografía:

 HINOJOSA MARTINEZ, Luis Miguel, Globalización y soberanía de los Estados, en Revista

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MÓDULO UNO: TEORÍA DEL ESTADO

Unidad 1
1.-Teoría: explicación y prescripción. Los orígenes de la teoría política. El universo político, la política y “el político”.
El orden político: poder, derecho y creencias. Régimen de poder. Régimen de poder y derecho. Orden político y
creencias políticas. La crítica teórica.

2.-Estado: marco teórico y elementos para su análisis: dominación, centralidad, burocratización, poder militar.
Desarrollo histórico del concepto. Consolidación y expansión. El Estado de bienestar Keynesiano. El Estado en el
nuevo orden global.

TEORIA

EXPLICACION Y PRESCRIPCION
Se entiende por “teoría” a todo discurso más o menos coherente e hilado sobre cierto fenómeno o hecho; en otras
palabras, teoría es un sistema de proposiciones respecto de algo. Una teoría política, entonces, no es otra cosa que
un sistema de proposiciones sobre el fenómeno “política”; y una teoría del Estado es una sub-clase de teoría
política, es decir, está incluida en ese género más amplio que es la política en general.

En tanto sistema de proposiciones con pretensiones de coherencia, una teoría política puede ser de tres tipos, no
siempre fácilmente diferenciables en la práctica. Una teoría puede ser:

1. EXPLICATIVA,
2. NORMATIVA, O BIEN,
3. CRITICA.

1. EXPLICATIVA: Una teoría explicativa no sólo tendrá pretensiones de coherencia argumentativa, sino
también de verdad acerca de lo que dice; es decir, pretende dar cuenta del fenómeno que trata sin
comprometerse con ningún ideal normativo acerca del mismo. Pretende corresponderse con la realidad,
pretende ser un conjunto de proposiciones verdaderas. Ejemplo: la Teoría Pura del Derecho de Hans Kelsen.
Esta es una teoría explicativa del Derecho y del Estado que no tiene pretensión normativa, y sólo pretende
ser una adecuada explicación (es decir, verdadera) de todo ordenamiento jurídico positivo, sea este liberal,
comunista, democrático o totalitario.
2. NORMATIVA: Una teoría normativa tendrá pretensiones, no sólo de coherencia o discursiva, sino también
de validez normativa. Es decir: la pretensión de coherencia discursiva, por definición, va implícita en todo
discurso que inspire ser una teoría, pero a diferencia de las teorías explicativas, una teoría normativa no tiene
pretensiones de verdad (no es susceptible de verdad o falsedad), sino que tiene pretensiones de ser aceptada
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como justa, deseable o moralmente valiosa. Tiene pretensiones normativas. Pretende fundamentar un “debe-
ser” del fenómeno tratado, no simplemente constatarlo en la realidad. Independientemente de cómo se
presente el fenómeno en los hechos, este tipo de teoría pretende fundamentar un modelo de cómo debería ser
para ser considerado legítimo en términos morales. Ejemplo: El contrato social de Rousseau o la Teoría de la
Justicia de Rawls.
En resumen:

Teorías Explicativas Teorías prescriptivas (o normativas)


Hablan de lo que es. Hablan de lo que debería ser.
Pretensión de coherencia y verdad Pretensión de coherencia y valor

Los Orígenes de la Teoría Política


La política ha sido objeto de la reflexión teórica desde los orígenes mismos de la filosofía. Puede decirse que la
filosofía en sí misma es desde sus inicios “política”.

Los Sofistas
Es con los Sofistas en el S.V a.C., que la política se constituye por primera vez como un área específica del
conocimiento; es decir, como algo que puede ser enseñado y aprendido. Los sofistas enseñaban el arte de convencer
por medio de la palabra; enseñaban a imponer discursivamente la voluntad para vencer en las asambleas deliberativas
y en los pleitos judiciales. Este conocimiento era entendido como una habilidad, como un obrar (tekné). Su enseñanza
se centra básicamente en la retórica y la manipulación del lenguaje. No se trata de una escuela doctrinaria, sino de un
movimiento en que podían hallarse muy variadas concepciones del hombre, del cosmos y de la polis. De aquí se
extraen algunos presupuestos: relativismo epistemológico, relativismo antropológico, realismo político, importancia
del lenguaje y retórica.
En los sofistas no hay una “teoría política” expresamente desarrollada.

Platón (427-347 a.C)


La teoría política halla en Platón a su fundador. En él se hallan estrechamente enlazadas y de manera explícita una
doctrina del hombre (o al menos, de su alma, psyche), una doctrina del “justo” orden político y una doctrina del
conocimiento.
Platón traza un fuerte paralelismo entre la estructura del alma individual y la organización de la Polis, trasladando por
analogía su doctrina tripartita del alma a una doctrina tripartita de la estructura política.
Platón postula una tajante y fuerte distinción entre doxa (opinión) y episteme (ciencia). La doxa está conformada por
los juicios, creencias e impresiones del mundo empírico, sensitivo y cambiante. En cambio, la episteme es
conocimiento de las formas ideales, de las ideas (eidos), que según Platón son siempre eternas, invariables e
inmutables. Es decir, la episteme constituye el verdadero conocimiento, pues es conocimiento acerca del mundo
verdadero, que, para Platón, no es el mundo empírico, sino el mundo de las puras ideas.
La teoría política de Platón es predominantemente normativa, mientras que los presupuestos en que se apoyaban los
sofistas conformaban una suerte de proto-teoría explicativa que orientaba una acción política entendida en términos
estratégicos y no morales.

Aristóteles (-384 al -322)


La teoría política aristotélica, también es predominantemente normativa. Su intención expresa es investigar la mejor
Polis posible. En consonancia con ello, Aristóteles establece como finalidad de la polis, no la justicia sino el buen
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vivir, la eudaimonía. Es un precursor del conocimiento aplicado, o mejor dicho, de una teoría explicativa aplicada a
fines teóricos normativos.
La sofística, Platón y Aristóteles conforman los tres pilares fundamentales sobre lo que pudo constituirse, ya en la
antigüedad griega, un conocimiento teórico de la política, esto es, la conformación de la política como objeto de
reflexión y fundada.
En la antigüedad la teoría política no logró diferenciarse plenamente de la metafísica ni de la ética; y durante el
medioevo quedó subsumida y subordinada al dogma religioso y a la teología. Recién en la modernidad, se puede
hallar el deliberado propósito de construir una reflexión política libre de la metafísica, de la moral y de la religión.

Maquiavelo (s. XV)


Aquí podemos ver una clara conciencia lógico-lingüística por no confundir los planos del ser y del deber ser. La
teoría política de Maquiavelo está desarrollada en dos libros fundamentales: “Discursos sobre la Primera Década de
Tito Livio” y “El Príncipe”, el primero se orienta hacia la teoría política normativa, y el segundo a la teoría política
explicativa.
En Los Discursos, Maquiavelo expone sus convicciones republicanas y teoriza sobre los modos de construir y
conservar una deseable república que resguarde la libertad popular; en El Príncipe, observa la realidad que lo circunda
y explica el modo en que se conquista y conserva el poder en los principados.
En “El Príncipe” hay algunos elementos que signaran gran parte de la teoría política moderna.
1. Concepción antropológica pesimista, fundada en la observación del hombre de carne y hueso: no en el
hombre como al autor le gustaría que fuese, sino como de hecho se presenta ante su mirada fría y descriptiva.
El hombre que ve Maquiavelo es vengativo, simulador, ingrato, cobarde, conservador, interesado, calculador,
sólo hace el bien cuando le conviene.
2. Todos los consejos técnicos que un príncipe puede extraer para preservarse en el trono adquieren su valor de
efectividad a partir de esas consideraciones de hecho respecto de los hombres que son sus súbditos o sus
rivales.
3. Presenta una nueva clasificación de las formas de gobierno que deja de lado la tipología clásica que
diferenciaba formas justas de formas injustas; su nueva clasificación simplemente distingue principados
(gobierno de un hombre fuerte) de repúblicas (gobierno de una asamblea, que a su vez puede ser más o
menos democrática o más o menos aristocrática). La distinción fundamental entre las formas de gobierno
consiste en determinar si impera una voluntad individual personal o una voluntad grupal colectiva.

La obra de El Príncipe significó un giro de enfoque y método. Maquiavelo retoma la tradición antigua, especialmente
el legado de la sofística y del aristotelismo; incluso, en menor medida, el del platonismo. Pero brinda a la política
autonomía respecto de la ética, la metafísica y la moral al separar clara, consciente y analíticamente el lenguaje
explicativo del lenguaje normativo.
Es desde Maquiavelo que podemos distinguir con claridad una teorización explicativa de una teorización normativa de
la política, el hombre y la sociedad.

El Universo Político, La Política y “El Político”


La definición y caracterización de la política constituye una estipulación o un conjunto de estipulaciones que forma
parte de esa misma teoría. Para tratar de construir un concepto de universo o mundo político, procederemos ahora de
modo abiertamente especulativo: ¿qué clase de relaciones humanas conforman esa esfera o ámbito de acción que
llamaremos “política”?
Si estamos hablando de relaciones humanas, debemos partir de la coexistencia entre individuos; es decir: la política
ha de ser un juego que se juega con más de un jugador. La pluralidad de individuos es condición necesaria para
que existan relaciones y comportamientos políticos. Esa condición es necesaria pero insuficiente; también se requiere

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que entre esa pluralidad de individuos existan valores y/o intereses contrapuestos o, al menos, no coincidentes; es
preciso que esos individuos posean voluntades autónomas; o en otros términos: que se dé la posibilidad cierta de
conflictos entre los individuos que deben convivir entre sí. No cualquier modo de sobrellevar esos conflictos de
valores e intereses es política. Es necesario que la solución de esos conflictos interpersonales sea buscada evitando el
empleo liso y llano de la violencia física. Mientras los medios de la guerra son la violencia física directa, los medios
de la política excluyen la violencia física directa. La política más bien, es una economía de la violencia, un intento de
evitarla en la lucha por imponer valores o intereses. De ese modo, la política se ubica en una región intermedia entre la
armonía espontánea y la guerra: hay política cuando hay un conflicto, real o latente, y ese conflicto busca solucionarse
sin recurrir al empleo directo de la fuerza o la violencia física.
¿Cuáles son esos medios no violentos que emplea la política y que la constituye como tal?
Esos medios de la política, llamados “Técnicas de influencia”, son al menos tres: la amenaza, la contraprestación y la
argumentación. Se trata de recursos para influir sobre el comportamiento humano que pueden ordenarse como
gradación entre los extremos donde termina la política: la guerra, por un lado, y la armonía espontánea por el
otro. En efecto, la amenaza parece más próxima a la guerra, la contraprestación estaría en el medio y la
argumentación se halla más próxima a la armonía espontánea.

 Con la amenaza, alguien pone a otro en la disyuntiva de obrar según la voluntad ajena o bien sufrir un daño de
su parte, no necesariamente daño corporal.

 Con la oferta de contraprestación, alguien pone a otro en disyuntiva de obrar según la voluntad ajena y obtener
una recompensa. La amenaza y la contraprestación son dos caras de una misma técnica de influencia.

 En cambio, la argumentación, consiste en la exposición discursiva de razones, lo que implica tener en cuenta
al otro como interlocutor válido capaz de discernir por sí mismo.

Se podría definir de forma amplia y general a la política como el intento de solucionar conflictos, entre personas
con valores y/o intereses disimiles, por medio de amenazas, contraprestaciones o argumentos. Universo o
mundo político, es el conjunto de esas relaciones e interacciones humanas. O sea, el universo político está
constituido por fuerzas, individuales o colectivas, que buscan imponerse recíprocamente valores e intereses; es
una esfera de acción humana donde esos valores e intereses se enfrentan, se apoyan, se imponen o se
neutralizan unos a otros por medio de diferentes formas de influencia (amenaza, contraprestación o
argumento).
El problema fundamental de la política es resolver la gran diversidad de valores e intereses, o en otros términos,
dirimir recurrentemente los conflictos que surgen de la interacción de seres existencialmente libres.
Todos estamos desde que coexistimos, dentro de ese universo político. La politicidad parece constituir un rasgo
existencial del ser humano. Pero si todos ejercemos influencias reciprocas unos sobre otros, ¿esto significa que todos
somos políticos? No. Si bien es cierto que todos ejercemos influencias sobre otros, POLITICO es quien ejerce
influencia como medio para acumular más influencia.

El Orden Político: Poder, Derecho y Creencias


La acción política es “eficaz” cuando alcanza la meta u objetivo específico que se propuso. Pero la “eficacia” no
supone “eficiencia”. Eficiente es la acción política que alcanza la meta u objetivo buscados pero del modo menos
gravoso para el propio actor, o sea, del modo más económico. La “eficiencia es una cuestión de disminución de costos
y maximización de beneficios”.
De la interacción política, es decir, de ese mar de valores e intereses entretejidos, de ese conjunto de influencias
reciprocas, de esas metas y objetivos específicos logrados, postergados o renunciados, emerge el “orden jurídico
político”, es decir:
1. Un sistema de influencias oficial (Régimen de Poder);
2. Un conjunto de valores e intereses “objetivado” en normas que alientan, permiten o prohíben la persecución
de ciertas metas o de ciertos medios para alcanzarlas (Derecho) y
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3. Una constelación de creencias y discursos que justifican la bondad y explican el funcionamiento de tal
régimen de poder y de tal derecho (creencias políticas predominantes)

Régimen de Poder
Se considera Poder al sistema de relaciones que surge del predominio de alguna o algunas de esas técnicas de
influencias (influencia es la capacidad subjetiva, de un sujeto, para determinar el comportamiento de otro sujeto por
medio de diferentes técnicas). El poder sería así como una suerte de objetivación climática de las influencias
predominantes: en la medida en que en cierto conglomerado humano prevalece el empleo de un determinado tipo de
influencia, las relaciones políticas se cristalizan en un determinado tipo de régimen de poder con una lógica propia de
funcionamiento.

 Cuando en un conglomerado prevalecen las amenazas como técnica de acción política, entonces se trata de un
“régimen de poder autoritario”

 Cuando prevalecen las contraprestaciones, se trata de un “régimen de poder poliárquico”

 Cuando prevalecen los argumentos, se trata de un “régimen de poder comunicativo o discursivo”


Cada régimen de poder se corresponde con cada una de las tres técnicas de influencia en la acción política. En este
sentido, el poder ya no es una capacidad subjetiva de determinar el comportamiento ajeno, sino que es una
característica de un orden social, algo así como un “clima” político: el poder no es de nadie en particular, pero afecta a
todos en general; es influencia objetivada. El poder no es una cosa u objeto que se posea o no se posea; el poder es
movedizo, circula entre los hombres bajo la forma de “influencias” recíprocas. Por eso es impropio afirmar que
alguien tiene el poder. Alguien puede tener más o menos influencia sobre tales o cuales personas, pero nunca el poder,
como si fuera éste una cosa concreta.
La diferencia entre “acción estratégica” (sistema autoritario y poliárquico) y “acción comunicativa”, que en el plano
subjetivo de la acción conlleva una fuerte carga moral, llevada al plano impersonal del poder político se traduce en
una distinción entre dos tipos fundamentales de regímenes de poder: el régimen de poder sistémico (que abarca el
régimen de poder autoritario y el poliárquico) y el régimen de poder comunicativo.
En los regímenes sistémicos de poder se produce una lógica de funcionamiento que se impone a los actores como
imperativos ineludibles, quedando ellos mismos reducidos a engranajes del sistema, la interacción estratégica
(amenazas y contraprestaciones) dan forma a sistemas autorregulados que se auto-reproducen circularmente
imponiendo imperativamente la interacción estratégica entre los actores. A esto se le llama imperativos sistémicos.
En cambio, en la interacción comunicativa, es decir, fundada en el intercambio argumentativo, no da lugar a esos
sistemas autorregulados donde el régimen de poder se vuelve autorreferencial; con el comportamiento orientado al
entendimiento recíproco, las personas no quedan reducidas a engranajes funcionales de un sistema. Mientras el poder
sistémico es vivenciado siempre por los actores como heterónomo, o sea impuesto desde afuera, el poder
comunicativo implica el acuerdo libre y renovado entre las variadas autonomías subjetivas. Se trata de dos flujos de
poder contrapuestos, como se contraponen dos tipos de racionalidad: la instrumental y la argumentativa. La
racionalidad instrumental es adecuada para relacionarse con las cosas, pero no con las personas; con ellas, la
racionalidad apropiada es la que se funda en el intercambio de razones y argumentos.

Régimen de Poder y Derecho: Efectividad y Legalidad


Del universo político, no solo surge un régimen de poder, sino también un cierto orden normativo. Paralelamente a la
objetivación de las influencias en poder, se produce también una objetivación de valores e intereses en derecho. Con la
generalización de ciertas pautas de acción política, no solo se produce poder, sino también derecho, que no es otra
cosa que un conjunto de valores e intereses “objetivados”. No quiere decir que se trate de valores e intereses
objetivados en sentido axiológico o moral; simplemente quiere decir que ciertos valores e intereses, por lograr

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predominio en el mundo político, adquieren status de derecho, es decir, tienen pretensión de ser validos positivamente
para todos; y “positivamente” quiere decir que se apoyan en el régimen de poder vigente.
Régimen de poder y derecho se apoyan recíprocamente: el régimen de poder dota al derecho de “efectividad”; el
derecho dota al régimen de poder de “legalidad”. Efectividad y legalidad son dos caras de una misma moneda: el
orden jurídico-político de una sociedad. El funcionamiento de un orden político se funda en ambas cosas: la legalidad
brinda regularidad y habilita al ejercicio del poder; el poder busca hacer efectivo al derecho, previendo que no se lo
vulnere o sancionando cuando se ha vulnerado.
El derecho puede ser visto como la expresión legal del orden político. Conocer el derecho de una sociedad nos permite
hacernos una idea de los valores e intereses dominantes y de las fuerzas políticas de mayor influencia.
El derecho se presenta como: 1) meta, 2) como marco y 3) como instrumento de la acción política.

 El derecho es meta de la acción política en tanto toda fuerza política busca que sus valores e intereses
adquieran el status de derecho; es decir, que se vuelvan válidos para todos. Buscan que sus propios valores e
intereses alcancen legalidad positiva.

 En cuanto marco de la acción política, el derecho fija pautas de comportamiento político y de objetivos
políticos “correctos” bajo la forma de la prohibición/permisión; es decir, determinan cuales medios y objetos
políticos son admitidos y cuáles no.

 El derecho también es instrumento de acción política desde el momento en que las fuerzas políticas que
tengan capacidad de fijarlo encuentran en él un medio efectivo de imponer sus propios valores e intereses.

Legitimidad
El poder y el Derecho conforman dos caras de una misma moneda, aportando uno efectividad y el otro legalidad al
orden político. Pero falta un tercer elemento constitutivo del orden político. En efecto, la unidad que conforman el
régimen de poder y el derecho puede ser vivenciada y valorada de muy diversas maneras por la gente sujeta a ese
orden. Esta puede brindar un alto grado de aceptación, puede mostrarse indiferente, puede experimentarlo como algo
ajeno, puede negarle expresamente cualquier apoyo o simpatía, o bien puede ser abiertamente hostil. En resumen: la
gente puede conceder a ese orden mayor o menor “legitimidad”; entendida como mayor o menor grado de
aceptabilidad que cosecha entre la población el régimen de poder y el derecho vigente. La legitimidad depende en gran
medida de las creencias políticas dominantes en una sociedad, creencias predominantes que también surgen de la
interacción política.
Efectividad, legalidad y legitimidad, son el triángulo que conforma a todo orden político.

Creencias políticas
Pueden ser:
1- Conservadoras
2- Transformadoras: 2.a Reformista 2.b Radicales

Las creencias políticas conservadoras, son las que resultan funcionales y reproductoras del derecho y del régimen de
poder vigente en su totalidad actual. Las creencias políticas reformistas son las que promueven una transformación
gradual y/o parcial del régimen de poder y el derecho vigentes. Las creencias políticas radicales son las que alientan
un cambio total y rupturista con el régimen de poder y el derecho vigentes.

Las creencias políticas son el tercer elemento constitutivo del orden político, junto con el régimen de poder y con el
derecho. Tanto las creencias políticas predominantes (o conservadoras) como las reformistas le reconocen al orden
vigente un considerable grado de legitimidad, mientras que las creencias radicales se la niega prácticamente toda.

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La crítica teórica
Una teoría científica deja de lado el empleo prescriptivo o normativo del lenguaje y se limita a explicar su objeto. Una
teoría científica evita (o pretende evitar) consideraciones extra-empíricas y extra-lógicas (religiosas, moralistas,
metafísicas) y así procura un alto grado de intersubjetividad y universalidad en el conocimiento.
Será recién después del monumental intento hegeliano de identificar historia y razón, y con la crítica materialista y
socializante de ese mismo sistema metafísico, cuando se entenderá la crítica como investigación, no de condiciones
trascendentales (ideales) de posibilidad, sino de condiciones materiales, históricas y sociales. Más específicamente en
Feuerbach, el anarquismo y el marxismo la crítica pasa a ser entendida como investigación de las condiciones
psicológicas, históricas y sociales que determinan epocalmente la esfera de la cultura. En este sentido, crítica no
equivale al uso cotidiano del término, sino que se presenta como una radicalización de la observación científica:
propiamente, se presenta como una observación de los supuestos, prejuicios y preconceptos desde los que otros
observan.
La reflexión y la investigación crítica buscan evidenciar los supuestos, condiciones de posibilidad y prejuicios en que
se basa una teoría, creencia o modo de pensar y comprender. De ese modo, la crítica intenta sacar a la luz los puntos
ciegos no explícitos ni conscientes de ciertas creencias. La reflexión crítica no es una vuelta a la confusión entre
observación y valoración que caracteriza al pensamiento pre-científico; más bien es una observación de segundo grado
que pone a la vista el suelo desde el cual se ha observado o valorado.

ESTADO
Marco Teórico
Es importante definir el Estado porque la política es un tipo de poder que se constituye, sobre todo en la modernidad,
alrededor de la idea de Estado.

¿Qué significa el Estado? Surgimiento y consolidación de los estados nacionales.


La existencia de un Estado no es una constante en la existencia humana. La mayor parte del tiempo (miles de años) los
seres humanos vivieron en su condición de cazadores, recolectores, con organizaciones sociales sumamente sencillas y
flexibles, en las cuales las relaciones de poder no estaban institucionalizadas ni mucho menos centralizadas. La idea
de Estado está íntimamente vinculada a la existencia de una civilización en tanto ésta significa la presencia de tres
instituciones básicas: el centro ceremonial, la escritura y la ciudad.
La política se constituye en un espacio en el que se intersectan contradictoriamente diferentes racimos de relaciones
sociales. En este espacio convergen, de forma desordenada y cambiante, las cuatros fuentes sustanciales del poder
social, organizándose y difundiéndose de manera espacial e históricamente específicas.
Las cuatro fuentes del poder son: ideológica, económica, política y militar.

 Cuando nos referimos al poder ideológico, entendemos que este procede de la necesidad humana de dotar a la
vida de un significado último, compartir normas y valores, y participar en prácticas estéticas y rituales. Los elementos
asociados a este poder constituyen algo así como “el mapa cognitivo desde el que los actores interpretan su mundo”.
Este tipo de poder se puede expresar en una religión, como ocurrió en la antigüedad, o tal como el marxismo o el
liberalismo en la modernidad.

 El poder económico está vinculado a la distribución de la dotación de los recursos económicos que produce
una sociedad.

 El poder político está asociado a la utilidad de una regulación centralizada y territorial. El poder político se
asocia al poder estatal. Abal Medina: “Las variables político-institucionales que hacen referencia a las reglas de
diversos tipos que determinan una estructura diferencial de probabilidades para la realización de los intereses o metas
de los distintos grupos sociales”

 El poder militar está vinculado al uso y organización de la fuerza física.


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Elementos para su análisis: dominación, centralidad, burocratización, poder militar.

Dominación: es un concepto relacional en tanto implica la vinculación desigual entre sujetos.

Max Weber señala: Debe entenderse dominación a la probabilidad de encontrar obediencia dentro de un grupo
determinado para mandatos específicos (o para toda clase de mandatos). No es, por tanto, toda especie de
probabilidades de ejercer poder o influjo sobre otros hombres. En el caso concreto esta dominación (autoridad), en el
sentido indicado, puede descansar en los más diversos motivos de sumisión: desde la habituación inconsciente hasta lo
que son consideraciones puramente racionales con arreglo a fines.

La dominación, no solo es relacional sino también es asimétrica en tanto implica el acceso diferencial al control de los
diferentes recursos de poder que circulan socialmente. El acceso a esos recursos de poder proviene de las diferentes
posibilidades que asigna la matriz política.

Centralidad: Las relaciones políticas irradian desde el centro y hacia el centro para abarcar un territorio delimitado.

Burocratización: Es el desarrollo de un tipo particular de organización propio del Estado. Para Weber, el Estado
moderno en su forma ideal es el Estado burocrático. El desarrollo de una administración burocrática, contrariamente a
lo que indica el sentido común, implica entre otras características, una tajante división entre política y administración,
reservándose para esta última “el saber profesional especializado” así como la dominación de la impersonalidad
formalista: sine ira et studio.

Poder Militar:

¿Qué es el Estado?
El Estado es un conjunto diferenciado de instituciones y personal que implica una centralidad, en el sentido que las
relaciones políticas irradian desde el centro y hacia el centro para abarcar un territorio delimitado, y sobre el cual
reclama el ejercicio del monopolio de la coerción física legítima, para garantizar un orden que sostiene una
multiplicidad de relaciones insertas en una matriz político-social, la cual asigna probabilidades diferenciales a los
actores protagonistas.

A esto podríamos agregar 4 elementos: 1. Las relaciones de producción capitalistas, o mejor dicho, la propiedad
privada, tiene que ver al menos en el orden moderno con lo que denominamos condiciones estructurales impuestas por
la matriz imperante. 2. Frente a esta definición, el control del Estado se convierte en un elemento central de la lucha
política en tanto es potencialmente un lugar estratégico para generar cambios y/o transformaciones, inclusive
potencialmente en la misma matriz. 3. En el Estado moderno ese orden tiene características de estar legalmente
estatuido. 4. El Estado moderno desarrolla una serie de instituciones “rutinarias, racionalizadas y formalizadas de gran
alcance sobre los ciudadanos y sus territorios”

Desarrollo histórico del concepto


La construcción del Estado Moderno
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Para comprender el proceso de constitución de los Estados nacionales, utilizaremos el concepto de “ Estatidad” así
como la adquisición en el proceso de formación de ciertas propiedades que éste define como centrales.

Estatalidad. Características

 Capacidad de externalizar el poder (capacidad de obtener reconocimiento internacional)

 Capacidad de institucionalizar su autoridad (imposición de “una estructura de relaciones de poder que garantice su
monopolio sobre los medios organizados de coerción”

 Capacidad de diferenciar su control (contar con un conjunto de instituciones profesionalizadas extractivas


(extracción de recursos de la sociedad en forma legítima y controlada centralmente))

 Capacidad de internalizar una identidad colectiva mediante la creación de símbolos generadores de pertenencia y
solidaridad.

La primera etapa de surgimiento de los Estados nacionales está vinculada a:

 Expansión económica y crecimiento de los mercados de consumo.

 Gastos en el arte de la guerra.

 Movilidad urbana y rural (siglo XVI)

 Clima intelectual y de época: cambio del orden simbólico legitimante (feudal al moderno)

 Contractualismo

 Nacimiento del capitalismo (nuevos actores: los dueños del dinero)

 Confluencia entre sectores dominantes (económicos y políticos)

Estado. Concepción teórica

 ¿El estado tiene una finalidad?

 ¿El estado puede ser definido “mirando” características estatales?

 MAX WEBER: El estado es el monopolio legítimo del uso de la fuerza (formalismo, realismo)

 La fórmula weberiana se pretende descriptiva

 La fórmula se adapta a cualquier tipo de estado (tiránico o no) y apunta al centro del poder y a lo que el estado no
puede renunciar: el uso de la fuerza

 Puede renunciar a otros monopolios (ideología, economía, etc.)

 La fórmula, para que tenga sentido, requiere dominación

Max Weber

 La probabilidad de encontrar obediencia dentro de un grupo determinado para mandatos específicos (o para
toda clase de mandatos).

 Cuando hay cuadro administrativo: la probabilidad (en la que se puede confiar) de encontrar obediencia en un
grupo determinado para mandatos específicos o para toda clase de mandatos

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 El imperante impera por la creencia en la legitimidad de su dominación

Resultado:

 Alta formalización y abstracción

 Impersonalidad

 Profesionalismo que garantiza la dominación

 Centralidad: las relaciones políticas se irradian desde el centro y hacia el centro

Consolidación y expansión
Esta nueva etapa se caracteriza por la consolidación de las relaciones capitalistas, así como por la centralización del
poder político y la concentración de los medios que le son específicos. A esto se le suma el problema de la
representación.
Esta etapa es la de consolidación de las relaciones capitalistas, con esto se consolida el Estado como garante de dichas
relaciones. Pero también surgen grandes cuestionamientos al poder despótico monárquico. Así se constituye una
esfera pública política, como espacio “sustraído a la influencia del Estado y critico respecto a los actos y fundamentos
de este” que no sólo significa diferenciarse del soberano, sino que tiene también como característica ser un espacio
propio de la burguesía, es decir que el pueblo no tiene acceso a este debate.
De esta forma las dos instituciones fundamentales que confluyeron en este proceso fueron, por un lado la división de
poderes. Como señala Montesquieu, la fórmula para evitar que un gobierno se convierta en tiránico pasa porque el
poder contrapese al poder. Por un lado, el desarrollo de instituciones representativas y el movimiento de ampliación
del sufragio fueron elementos que permitieron más inclusión de los habitantes de los Estados nacionales, lo que al
mismo tiempo consolidó la construcción de los mismos.
Se puede dividir la constitución de los Estados en dos etapas: una primera signada por un amplio desarrollo del Estado
“debido al militarismo geopolítico”. La segunda es un proceso en el cual cambia cualitativamente el accionar estatal
sin que esto signifique necesariamente un crecimiento de sus gastos. Fundamentalmente éste se desarrolla a partir de
tres áreas: 1- el desarrollo de una amplia infraestructura de comunicación; 2- una mayor intervención del Estado en la
economía; 3- la incipiente creación de alguna de las formas de lo que luego sería el Estado asistencial.
Al menos en términos de modelización, los Estados nacionales cristalizaron a fines del S XIX como Estados
capitalistas militaristas, representativos y nacionales. La representatividad puede situarse como señala Mann en este
periodo a lo largo de un continuo que va de la monarquía despótica a la democracia plena”

El Estado de Bienestar Keynesiano


La expansión que se observa en este periodo responde a dos lógicas que se entrecruzan en un momento histórico
determinado. La primera está relacionada con la idea de bienestar, esta idea puede ser comprendida desde dos
concepciones: 1- una axiológica, en tanto se sostiene la necesidad de que el Estado provea de ciertos estándares
mínimos de vida a los ciudadanos (derechos ciudadanos y su evolución). 2- otra que tiene que ver con los aspectos de
la lucha y el juego político que desencadenaron nuevas formas de intervención del Estado.
Más allá que durante este período histórico las funciones civiles del Estado se desarrollaron en forma considerable, en
términos generales éste continuó siendo predominantemente un Estado liberal. Definir el Estado como liberal implica,
en términos de la teoría económica, que el mismo: 1- debe mantener su presupuesto en equilibrio; 2- debe permitir que
los mercados se autorregulen permitiendo una vuelta natural al equilibrio luego de los periodos de recesión y crisis.
La teoría de Keynes sostiene la posibilidad de que los Estados funcionen con déficit en sus presupuestos con el
propósito de quebrar los ciclos recesivos y reanudar los ciclos de crecimiento económico.
Este modelo “amplio” de Estado suponía algún grado de “subordinación de los mercados a la política” y actuaba en
una doble dimensión: como modernizador e integrador, como integrador en el sentido que buscaba ampliar la
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inclusión efectiva de las capas sociales inferiores, que se habían vuelto políticamente relevantes desde la aprobación,
en la mayoría de las democracias, del sufragio universal masculino.
Los Estados se ampliaron generando todo un entramado de organizaciones burocráticas que iban desde la regulación
de áreas económicas hasta tareas directamente productivas. En este Estado, la política adquirió una indudable
centralidad.

El Estado en el Nuevo Orden Global


Estos cambios (posmodernidad, segunda modernidad, globalización, sociedad de la información, como características
de esta era) implicaron la crisis del Estado benefactor keynesiano y el cuestionamiento del espectro de políticas
asociadas a éste. Las características de la nueva matriz social posibilitan la radicalización de las políticas neoliberales,
caracterizadas por una fuerte reducción del Estado tanto en su tamaño como en su funcionalidad.
En este sentido, los cambios son en varios órdenes y niveles. En primer lugar nos encontramos en un mundo en el cual
las distancias se han acortado producto de los profundos cambios tecnológicos. Por otro lado, se han generado
transformaciones en los sistemas de estratificación social. Nos estamos refiriendo al desarrollo cada vez mayor de los
sectores de servicios y la perdida de centralidad del mundo industrial.
El nuevo orden global significa la perdida de la centralidad de los Estados nacionales. Esto se expresa en:
1. El retiro del Estado como actor central de los procesos económicos y su vuelta al cumplimiento de la función
gendarme previa al consenso keynesiano,
2. La aparición y conformación de los bloques regionales (U.E, Nafta, Mercosur, etc.),
3. La aparición de fenómenos asociados a las crisis de identidad nacionales como el terrorismo y el fundamentalismo,
4. Este último punto resalta la aparición de nuevos conflictos con características distintivas: las guerras ya nos son
entre naciones necesariamente, sino que en muchos casos los Estados confrontan contra enemigos que no tienen
ninguna base territorial o bien responden a identidades de tipo religiosas practicadas en forma fundamentalista.
Ciertas características del orden emergente ponen en cuestión algunos de los elementos considerados como centrales
en el proceso de constitución de los Estados nacionales. Los atributos de estatidad se ponen en duda en un mundo en
el cual lo local adquiere cada vez mayor relevancia; lo regional aparece en muchos casos suplantando las funciones
tradicionales del Estado; la globalización genera enormes dificultades en el cobro de impuestos a los flujos financieros
internacionales; las anteriormente sólidas fronteras nacionales se convierten en porosos espacios por los que circulan
enormes masas migratorias; las identidades nacionales entran en crisis producto de las dificultades de los Estados para
dar cuenta de las nuevas problemáticas.
Se trata de entender la complejidad de un mundo en el cual sus tradicionales instituciones se encuentran en momento
de redefinición, del cual seguramente se conjugará un nuevo entramado institucional en el que los Estados seguirán
existiendo pero con diferentes capacidades e inmersos en nuevas realidades en términos geopolíticos, así como en lo
que refiere a las relaciones económicas y a las ideologías dominantes.

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MÓDULO DOS: ELEMENTOS CONSTITUTIVOS DEL ESTADO


Unidad 2
1.-Territorio: Concepto. Modos de adquisición. Ocupación. Conquista, otros medios. Los límites del territorio.
Procedimiento. Las prolongaciones del territorio. Aplicaciones concretas. El mar territorial y alta mar. Las zonas
económicas. La zona contigua. La plataforma continental. El espacio aéreo. Las características del territorio. Estado,
pueblo y nación. La población. Concepto. Pueblo. Nacionalidad. Ciudadanía. Sociología de la población. La población
como sujeto y como objeto. Pueblo en sentido natural y pueblo en sentido cultural. Nación.
2.-Población: El componente social y la superación del enfoque estrictamente jurisdiccional.
3.-Poder: El poder. Su naturaleza. Intencionalidad y efectividad. Decisiones de poder. Medios y herramientas: poder
económico, poder ideológico y poder político. Medios y herramientas. Expansión y contención del poder.

TERRITORIO
Concepto
Es el espacio físico en el que el Estado se asienta, donde desarrolla su actividad y donde ejerce su poder.

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El poder del Estado implica una relación de mando-obediencia, y en consecuencia debe existir un lugar geográfico
preciso y delimitado en donde se materializan las consecuencias de esa relación; por ello, el territorio es uno de sus
elementos esenciales.
Jellinek dice, que la significación jurídica del territorio de un Estado se exterioriza de una doble manera: una positiva,
en tanto las personas que lo habitan quedan sujetas al poder del Estado que en él se asienta; y otra negativa, en cuanto
ese poder excluye el ejercicio de su poder por parte de cualquier otro Estado.
En un mismo territorio únicamente puede desplegar su poder un solo Estado.
Kelsen observa que existiendo determinadas normas jurídicas que se aplican más allá de las fronteras que se
reconocen a los Estados y otras a quienes no se encuentran dentro de ellas, sostiene que los límites políticos significan,
por lo general, una restricción para la vigencia del Derecho.
Hasta el S XIX no se consideró que la posesión permanente de un territorio fuera una condición necesaria para la
existencia del Estado.
El poder del Estado implica una relación de mando-obediencia que solo se refiere a los individuos, por ello, el Estado
requiere de la intermediación de la población. Es así que su población va configurando progresivamente el territorio
del Estado como consecuencia de su residencia continua y prolongada en una determinada zona geográfica aunque se
han reconocido otros modos de adquisición.
El Estado, según Jellinek, no tiene dominio de su territorio de la misma forma que los seres humanos son propietarios
de las cosas inmuebles; lo obtiene indirectamente a través del poder que ejerce sobre quienes integran su población.
No es una relación de Dominio, sino Imperio: el Estado manda a los individuos que asuman una cierta conducta con
relación a las cosas que les pertenecen.
La noción clásica expuesta por Jellinek, en el sentido de que el poder del Estado dentro de su territorio es soberano ha
sido puesta en crisis por la aparición de modernas formas de asociación. Las comunidades de Estados más
evolucionadas han producido el fenómeno de la aparición de organizaciones supraestatales que crean Derecho.

Modos de adquisición
Esta cuestión es objeto de estudio por parte del Derecho internacional público.
Podestá Costa enseña que tradicionalmente fueron reconocidos dos modos básicos de adquisición de territorio: la
ocupación y la conquista, a los que añaden otros de menor incidencia relativa.

 Ocupación. La ocupación consiste en la toma de posesión que un Estado efectúa de un territorio antes
desconocido o despoblado y mantiene esa posesión de una forma efectiva y pública. Estas tierras eran consideradas
como cosas sin dueño (res nullius) y, al igual que en el caso de la posesión del derecho privado, se exigía el ánimo de
poseerla para sí.

 Conquista. Es la sumisión a la soberanía de un Estado de un territorio perteneciente a otro Estado por medio
de la fuerza. La mera ocupación bélica implica ipso facto, la conquista.
La Carta de las Naciones Unidas prohíbe actualmente la amenaza o el uso de la fuerza contra la integridad territorial o
la independencia política de cualquier Estado.

 otros medios. Un Estado puede ampliar su territorio en virtud de otros hechos, algunos originarios y otros
derivados.

Los originarios son obra de la naturaleza o provienen del trabajo de la población.


Así, un Estado adquiere territorio por accesión cuando surge una isla del mar territorial o de un río o lago sometido a
su poder, o cuando por medio de obras de ingeniería, gana terreno desde la costa construyendo espigones, muelles o
terraplenes, y rellena los espacios intermedios.

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Lo adquiere por aluvión como resultado de la acumulación lenta de tierra que depositan las aguas formando islas o
deltas en el territorio marítimo fluvial, y adquiere por avulsión la masa de tierra que se desprende naturalmente de otro
territorio, añadiéndose al propio.
Los hechos derivados provienen de fuentes jurídicas.
La cesión es la transferencia de la soberanía sobre determinado territorio realizada por un Estado a otro como
consecuencia de un tratado internacional.
Un Estado, a su vez, puede fraccionarse dando lugar a la formación de varios o una parte de él puede emanciparse,
declarando su independencia. Los Estados que se forman de este modo adquieren sus respectivos territorios por
sucesión.
Se obtiene, a su vez, territorio por adjudicación cuando –existiendo litigio a su respecto- le es concedido a uno de los
Estados que se lo disputan, por sentencia o laudo de un tribunal arbitral o internacional.
Por prescripción, finalmente, un Estado adquiere el territorio que posee durante largo tiempo, aunque haya sido en
algún momento reivindicado por otro.

Los límites del territorio


Procedimiento
Los límites del territorio entre los Estados se fijan apelando a dos tipos de procedimientos. Unos toman como base
accidentes naturales (montañas, ríos, lagos, etc.), y otros recurren a elementos artificiales (como los meridianos y
paralelos geográficos o el trazado de líneas imaginarias entre determinados puntos de referencia indicados en el
terreno).
Si como base para el trazado se elige una cadena montañosa, suele establecerse como línea divisoria la línea
imaginaria que pasa por las más altas cumbres, o bien la que pasa por la línea de separación de las aguas que corren
hacia uno y otro lado, o también una combinación de ambas pautas.
Cuando se fija como línea divisoria el cauce de un rio, antiguamente se la hacía seguir la línea media, alternativa que
aún se aplica en el caso de los ríos que no permiten la navegación.
Este mecanismo origina la posibilidad de que el canal navegable quede dentro del territorio de sólo uno de los
Estados, por lo que actualmente suele emplearse al thalweg, lo cual alude a una línea imaginaria que se traza en el
lecho del canal uniendo los puntos de mayor profundidad.

Las prolongaciones del territorio


Aplicaciones concretas
Surgen distintas cuestiones al aplicar a un espacio geográfico concreto el concepto de territorio del Estado. A este
respecto es necesario examinar los problemas que plantean lo que se conoce como sus prolongaciones (el subsuelo, el
mar territorial y el espacio aéreo), todos estos conceptos propios del derecho internacional público. Con relación al
subsuelo, no se discute que al Estado al que pertenece la superficie le corresponde también su continuación en
dirección al centro de la tierra.
Así mismo ha sido admitida generalmente la prolongación del territorio del Estado hacia el mar adyacente, pero
diversas cuestiones han surgido en torno a la extensión del mar territorial.
Con respecto al espacio aéreo, por el contrario, se han formulado diversa doctrinas, aunque actualmente los autores
aceptan que la de la soberanía absoluta del Estado subyacente ha sido adoptada por la mayor parte de las legislaciones
positivas y por distintas convenciones internacionales.

El mar territorial y alta mar

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Para Podestá Costa, se denomina “mar territorial” a la franja de aguas que se halla bajo la soberanía del Estado costero
y, por exclusión, “alta mar” o “mar libre” al vasto espacio marítimo que se sitúa fuera del espacio que los mares
territoriales delimitan. En sentido análogo, señala la Convención sobre la Alta Mar que “se entenderá por alta mar la
parte del mar no perteneciente al mar territorial ni a las aguas interiores de un Estado.
La alta mar está “abierta a todas las naciones” y ningún Estado puede “pretender legítimamente someter cualquier
parte de ella a su soberanía”. En alta mar, el poder que puede ejercer el Estado se limita, en principio, a las naves de su
propia bandera.
El mar territorial es la franja de agua comprendida entre la costa de un Estado, contada desde la línea de la más baja
marea, y una línea imaginaria que corre paralelamente a cierta distancia.
La convención sobre el mar territorial y la zona contigua establece que esa zona de mar se halla bajo el poder soberano
del estado costero, que se ejerce sobre las aguas, también sobre el espacio aéreo, el lecho y el subsuelo
correspondiente; y se encuentra limitada únicamente por el derecho al tránsito inocuo, que la costumbre internacional
reconoce a los buques y naves de otra bandera.
La elaboración del concepto de mar territorial en el S. XIII del que la alta mar es su contrafigura y tuvo por objeto la
protección de 2 valores fundamentales: otorgar la máxima libertad de navegación para todos los estados en cuanto
fuera compatible con la seguridad del estado costero.

Las zonas económicas


El hecho de que una franja de agua sea considerada mar territorial, implica que quedan reservados para el Estado
costero determinados derechos de gran importancia económica. Como la pesca y la explotación de los fluidos
minerales de su subsuelo (particularmente los hidrocarburos). Por ello distintos Estados que no reivindican un mar
territorial de gran extensión se adjudican sin embargo zonas económicas o zonas de pesca exclusivas que pueden
llegar a alcanzar las 200 millas.
La zona contigua
Esta es una zona de alta mar vecina al mar territorial en el que la convención territorial que rige la materia concede al
Estado costero el derecho de ejercer el control necesario para prevenir o castigar infracciones a las reglamentaciones
aduaneras fiscales, de inmigración o sanitarias, cometidas o que pudieran cometerse en su territorio terrestre o en su
mar territorial. Según la convención sobre el mar territorial y la zona contigua la máxima anchura de la zona contigua
no puede exceder de las 12 millas.

La plataforma continental.
La plataforma continental es definida como el lecho del mar y el subsuelo de las zonas marinas adyacentes a las
costas, pero situadas fuera de la zona de mar territorial. El estado riberano de acuerdo con dicha convención “ejerce
derechos de soberanía sobre la plataforma continental a los efectos de su exploración y de la explotación de sus
recursos naturales”

El espacio aéreo
Distintas doctrinas se han planteado con relación al espacio aéreo:
1. La de la libertad absoluta que postula que el espacio aéreo no integra el territorio del Estado.
2. Luego la conocida como “de las zonas” semejantes conceptualmente a las doctrinas sobre el mar territorial
que lo divide en dos secciones mediante un plano horizontal ideal cuya altura es variada por los distintos
autores sin mayor fundamento científico considerándose libre a la superior y sometida a la inferior a la
soberanía del Estado subyacente.
3. La de la soberanía restringida, que admite que el espacio aéreo forma parte del territorio del Estado pero
reconoce a los demás el derecho inocuo, concepto cuya definición es imprecisa.

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4. Y por último la doctrina de la soberanía absoluta del Estado sobre su espacio aéreo que es la adoptada por la
mayor parte de las legislaciones positivas y por distintas convenciones internacionales.

Las características del territorio


Durante los Siglos XIX y XX se desarrolló una disciplina (la geopolítica) que estudia los Estados como fenómenos
espaciales con la idea de comprender las bases geográficas de su poder investigando el territorio, el clima, los recursos
naturales y su localización, las características y distribución de la población, la actividad económica y las estructuras
políticas. Vinculado con las investigaciones de esta disciplina, se encuentra el concepto de que el Estado debe ser
autosuficiente, es decir que su territorio tiene que contar con todos los recursos necesarios para un desarrollo
autosustentable.

Estado, Pueblo y Nación


La población. Concepto
Es uno de los elementos esenciales del Estado, lo que implica, que no puede existir un Estado sin población. Este es
un requisito obvio, ya que el Estado no posee sino un ser accidental –es decir, que no existe por sí solo, ni por sí
mismo, ni se sostiene por sí mismo-, sino que requiere de los hombres mediante los cuales actúa.
Con respecto a la población, hay dos corrientes que difieren en cuanto al contenido que le atribuye a su estudio como
elemento del Estado. Por una parte, está aquella que considera suficiente comprobar que el Estado se sustenta en un
grupo humano estable, sin interesarle su composición ni sus características específicas; por la otra, hay quienes creen
que es necesario analizar, como mínimo, la presencia de ciertos y determinados requisitos en el grupo, cuya exigencia
varía.

Población es el conjunto de los seres humanos que conviven en forma estable en el territorio de un Estado.

Pueblo
El término pueblo tiene un alcance más limitado que el vocablo población, y además una mayor connotación
emocional e ideológica.

Nacionalidad
La nacionalidad es el vínculo particular que se establece entre un individuo y un Estado, como consecuencia del cual
aquel es considerado miembro de la comunidad política que éste constituye, según el derecho interno y el derecho
internacional.
Los extranjeros habitan la sociedad civil pero no son parte de la comunidad y sustentan al Estado.
El Estado regula la pérdida o adquisición de la nacionalidad.

 Personalidad de ley es cuando coexisten en un mismo territorio dos ordenamientos jurídicos para regular las
relaciones políticas y sociales.

 Territorialidad de ley es cuando en un mismo territorio rigen las mismas normas para todos los ciudadanos.

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Los Estados contemporáneos atribuyen una nacionalidad a toda persona física en el momento de nacer (nacionalidad
de origen).
Para hacer esto se sigue dos sistemas:
1) El del derecho de sangre (ius sanguinis) según el cual el individuo tiene la nacionalidad de sus padres
cualquiera sea el país de nacimiento; o
2) El del derecho de territorio (ius soli) que asigna a la persona la nacionalidad del Estado en cuyo territorio
nace, sea cual fuere la nacionalidad de sus padres.
Los derechos y obligaciones políticos, quedan habitualmente restringidos a los nacionales de los Estados.
El vínculo particular que implica la nacionalidad produce importantes consecuencias en el marco del derecho público
interno y en el derecho internacional, constituyendo una condición para que el individuo eventualmente pueda:
a) Ejercer los derechos políticos o estar sujeto a deberes militares;
b) Desempeñar funciones públicas o algunas de ellas, o ciertas profesiones o poseer determinados derechos o
actividades que están, en ese caso, vedados a los extranjeros;
c) Obtener pasaporte, retornar al país y, en caso de indigencia, ser repatriado por el Estado, y
d) Solicitar su protección diplomática, en aquellas oportunidades en que sus derechos fueran lesionados en el
extranjero.

Ciudadanía
La titularidad de los derechos civiles y obligaciones de esta naturaleza no se vinculan con el concepto de nacionalidad,
sino con el concepto de ciudadanía.
Son ciudadanos aquellos que se encuentran calificados legalmente para ejercer los derechos políticos. Supone a la
nacionalidad pero alude a un grupo reducido de la sociedad.
Así como el conjunto de ciudadanos tiene el poder de elegir a sus gobernantes, ósea componen el electorado activo y
el electorado pasivo lo componen los que no pueden ser elegidos. Como consecuencia de la previsión de ciertas y
determinadas condiciones específicas para acceder a una magistratura.

Sociología de la población
Kelsen, de acuerdo con una concepción unidimensionalista, considera al Estado como un orden normativo. La
población es una pluralidad de acciones y omisiones humanas, y solo en la medida en que las contempla el derecho.
Jellinek en su teoría general del Estado dice que es importante añadir al análisis del estatuto jurídico, el otro
conocimiento, el sociológico de la población y se interesa por dos aspectos: el cuantitativo (cantidad y distribución) y
cualitativos (composición y características)
Calidad optima
1) Por un lado están los autores que creen que la población debe ir aumentando sosteniblemente.
2) Dicen que un número ideal de habitantes.
Calidad optima
Modernamente los especuladores han girado en torno a la homogeneidad.
Homogeneidad cultural: a partir de la mezcla de distintas etnias a través de largos periodos históricos que generaron
individuos con rasgos similares.
Homogeneidad natural: la población pertenece a una sola raza dominante y pura.
Cierta homogeneidad contribuye a su estabilidad y viabilidad y la heterogeneidad contribuye a su evolución.
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La población como sujeto y como objeto


Desde una perspectiva política, la población asume un doble carácter: es sujeto, en cuanto una parte de ella es la
encargada de ejercer el poder del Estado y actuar en su nombre; y también objeto, en cuanto es la destinataria de esa
misma actividad.
Rousseau asigna a todo individuo una doble cualidad, la de ciudadano activo que participa en la formación de la
voluntad común y la del ciudadano sometido a aquella voluntad.
Los individuos, en cuanto objeto del poder del Estado son sujetos de deberes; en cuanto miembro del Estado, por el
contrario, sujetos de derecho.

Pueblo en sentido natural y pueblo en sentido cultural


Heller desarrolla dos conceptos que han sido el punto de partida de múltiples elaboraciones teóricas, las de un pueblo
en su aspecto natural (grupo de seres humanos que se desarrolla por simple reproducción); y de un pueblo como
formación Cultural: parte de la formación de la población por diferentes etnias
Los principales vínculos que unen al pueblo en un sentido natural y pueden llevarlo a construirse en un pueblo en un
sentido cultural, no depende esencialmente de características físicas objetivas.
La transformación de un pueblo natural a uno cultural en un proceso en el que intervienen múltiples factores.
La conformación de un pueblo en sentido cultural no es sólo obra de las características raciales de los individuos que
lo componen, sino que se produce como consecuencia de la lenta y paulatina acumulación de valores comunes de ese
tipo.

Nación.
Una población (o pueblo en sentido natural) que se ha reconocido como un pueblo en un sentido cultural, al adquirir
conciencia de su relación homogénea, se transforma en una nación cuando es capaz además, de construir una voluntad
política común, por lo menos, en ,o que respecta a ciertas cuestiones, en momentos determinados.
Dice Heller el pueblo cultural se convierte en una nación cuando la conciencia de pertenecer al conjunto llega a
transformarse en una conexión de voluntad política.
Solo cuando un pueblo se esfuerza por mantener y extender de manera propia una voluntad política relevantemente
unitaria, sólo así se puede hablar de nación.
Un pueblo en sentido cultural que adquiere una voluntad política común se transforma conceptualmente en nación,
pero esa evolución no supone que deba afrontar luego inevitablemente el desafío de intentar constituir un Estado.
Dentro de un Estado pueden coexistir naciones con clara conciencia de sus respectivas individualidades y similitudes.
Los Estados serían así, la organización jurídica de la nación o su personificación.
El concepto de nación refiere a una grupo humano que como consecuencia de su historia valores y rasgos culturales
comunes posee la conciencia de una vinculación solidaria capaz de sustentar un poder político propio. Ernest Ranan
afirma que, para que una sociedad llegue a ser una nación, debe poseer glorias en el pasado, una voluntad común en el
presente y haber hecho grandes cosas juntas y querer hacerlas. Concluye que el pueblo en el sentido cultural es un
producto espiritual de los individuos que al que pertenecen y esbozó una fórmula, de que la nación es un alma, un
principio espiritual que se constituye por un plebiscito cotidiano.

PODER
El poder
El poder es inherente a todas las organizaciones complejas; esto incluye por supuesto, la más compleja de todas: la
sociedad humana. Es posible identificar relaciones de poder en todas las dimensiones de la vida, tanto en la esfera
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pública como en la privada, pero las condiciones, el modo y los fines de su ejercicio varían de acuerdo con los ámbitos
en que tiene lugar: sistemas políticos, organizaciones profesionales o deportivas, iglesias o cualquier otro, sin perjuicio
de que en algunos de esos ámbitos el vocablo “poder” no figure en el repertorio semántico de la respectivas practicas
discursivas
El estudio del poder político revela la existencia de contrapoderes, es decir, de competiciones y resistencias y, por
tanto, la eventualidad de oposición, conflicto, antagonismo y lucha con relación a su ejercicio y a quienes lo ejercen:
esas resistencias pueden ser abiertas o solapadas y alcanzar desigual eficacia, pero existen, para desconsuelo o
irritación de los poderosos y esperanza y aliento de los dominados.

Su naturaleza
Poder es una particular relación social en cuya virtud una persona o un grupo de personas obligan o inducen a otro u
otras a ejecutar determinadas acciones o a abstenerse de ellas, usualmente, pero no invariablemente, bajo amenaza de
alguna sanción a los renuentes.
El poder implica una asimetría en las relaciones sociales y, en consecuencia, una desigualdad. Las preeminencias y las
subordinaciones que sostienen la relación de poder se originan en una multiplicidad de cuestiones: edad, sexo,
filiación, cualidades personales, posesión de recursos escasos, producción y apropiación de información o
conocimiento, desempeño de posiciones institucionales y otras. Esta asimetría específica, inherente a toda relación de
poder, se suma a otra más general: en todas las sociedades complejas el poder se encuentra desigualmente distribuid;
en todas ellas existen individuos y grupos con más poder que otros.
Jefes, reyes, presidentes, lideres, caudillos… por su propia naturaleza el poder no puede existir sin un titular real, sin
una unidad decisoria creada de acuerdo con ciertas condiciones históricas (económicas y sociales, materiales y
simbólicas). La titularidad del poder puede recurrir a delegaciones operativas o a determinadas mediaciones, pero para
ser tal debe funcionar en todos los casos, como una unidad de concepción y de ejecución. “La unidad del poder es
unidad en la voluntad del titular”. Sin esa unidad, el poder desaparece porque se diluyen la determinación de los
mandatos, los fines a los que éstos apuntan y el comportamiento que se pretende de los individuos.

Intencionalidad y efectividad
Toda relación de poder presenta dos características básicas: intencionalidad y efectividad. La intencionalidad significa
que se trata de una relación que obedece a un propósito, orientada a generar determinadas respuestas de aquellos
respecto de quienes se ejerce; una relación de poder no se entabla “por descuido” o “sin querer”. La efectividad refiere
a que el poder existe en sus efectos; se materializa cuando se consigue la obediencia buscada.
Si bien el poder es intencional, su efectividad es probabilística, condicionada siempre por la capacidad de resistencia,
subterfugios, evasivas, dilaciones, de aquellos de quienes se pretende acatamiento.

Decisiones de poder
Hablar de Decisiones de poder implica hacer referencia a la intencionalidad, al despliegue de la voluntad y, en última
instancia, a las relaciones sociales que dan lugar a los conflictos en torno a ideales, propósitos y medios para
alcanzarlos.
Las decisiones de poder y las acciones emprendidas en su consecuencia no existen en el vacío; se toman y ejecutan en
escenarios previamente configurados que a su turno experimentan el efecto de unas y otras, tanto para su reproducción
como para su modificación; son, en consecuencia, el resultado de la acción colectiva, de sus conflictos y
conciliaciones a través del tiempo. En conjunto generan un efecto de dominación que condiciona y orienta los
comportamientos individuales y colectivos, y ordena la reproducción del todo social, su relación con la naturaleza y
con otras colectividades humanas.

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Medios y herramientas: poder económico, poder ideológico y poder político


El ejercicio del poder supone la activación de un conjunto heterogéneo de atributos e instrumentos. Dependiendo de
los medios movilizados para obtener la obediencia, es usual distinguir el poder económico, el poder ideológico y el
poder político.

El poder económico, ideológico y político:


a) El poder económico: se basa en la desigual distribución y apropiación de los recursos necesarios para la
subsistencia y la calidad de vida de quienes se espera un determinado comportamiento. Esto vale tanto para las
personas físicas como para las organizaciones (por ejemplo, empresas de negocios).
b) El poder ideológico: este tipo de poder se asienta en la persuasión de las ideas y en su capacidad para
influenciar comportamientos humanos. Una ideología consiste en la selección y organización de ciertas ideas para
ofrecer interpretaciones del mundo, tornarlo comprensible y manejable. Es imprudente subestimar el poder de las
ideas: todas las grandes transformaciones sociales han tenido y tienen como punto de partida la difusión y aceptación
de ideas. A diferencia del poder económico, el poder de las ideas siempre tiene un fuerte ingrediente normativo, sea
porque plantea cómo debe ser lo que realmente es (ideologías revolucionarias o reformistas), o porque sostiene que lo
que ya es actualmente se ajusta a lo que debe ser (ideologías conservadoras).
c) El poder político: las ventajas de tener el poder político a favor de uno son muchas; la principal de todas es
que dota a los mandatos de carácter imperativo y los convierte en derecho. Ello es así porque el poder político tiene
como rasgo constitutivo y específico el recurso actual o potencial a la fuerza física. Lo que califica a una relación de
poder como relación política es que ella descansa en última instancia, e intrínsecamente, en la superior capacidad de
exigir coactivamente la obediencia a sus decisiones dentro de un determinado ámbito geográfico. Solamente las
decisiones políticas, bajo la forma de leyes, decretos o disposiciones de similar índole, se aplican con fuerza coercitiva
a la generalidad de las personas que habitan determinado territorio. Esto es Jo que comúnmente se conoce como “la
fuerza de la ley": la posibilidad socialmente reconocida de utilizar instrumentos coactivos (policía, tribunales,
cárceles) para obtener la obediencia a los mandatos y castigar ejemplarmente la desobediencia.

Poder Político, Conflicto y Consenso


El Conflicto es inherente a la política por varias razones:
En primer lugar, porque la pluralidad social genera una diversidad de objetivos, medios y modos de acción
promovidos por los diferentes grupos sociales, económicos y políticos. La conflictividad social es más amplia que la
política y no todo conflicto social constituye necesariamente un conflicto político, pero dada determinada condición
puede devenir tal.
En segundo lugar, la política, es inherentemente contenciosa porque frente a cada situación respecto de la que hay
que tomar una decisión y encarar determinadas acciones, siempre es posible dar más de una respuesta.
Tanto el ejercicio de la coacción (fuerza física) como la construcción de acuerdos y consensos son inherentes a la
política.

Poder directo y poder indirecto


El Poder puede efectivizarse tanto de manera directa como indirecta.
En el primer caso se trata de relaciones en que el sujeto activo interpela sin mediaciones al sujeto pasivo (madre que
ordena a su hijo vestirse).
El segundo caso, refiere al control o la regulación de los contextos y las condiciones materiales, institucionales y
simbólicas en que las personas desenvuelven su existencia dentro de la sociedad y con la naturaleza, así como la
restricción o la ampliación de las opciones que están disponibles para el ejercicio de su voluntad.

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Ejercicio del Poder Político, Estado de Derecho y DDHH.


En los países donde rige el estado de derecho y el respeto a los DDHH, los límites al recurso de la fuerza física son
claros y contundentes.
Según Naciones Unidas el estado de derecho puede definirse como un principio de modo de gobierno en el que todas
las personas, instituciones y entidades públicas y privadas, incluido el propio Estado, están sometidas a leyes que se
promulgan públicamente, se debe cumplir por igual y se aplican con independencia.
Entendemos a los DDHH como un repertorio abierto de libertades y derechos inherentes a cada uno de los seres
humanos sobre la base de su igualdad y dignidad personal y social.
El Poder Político puede hacer uso de la fuerza física pero siempre tiene la obligación de hacerlo respetando el
estado de derecho y los DDHH. En caso de no respetar estos límites el Poder Político puede enfrentar consecuencias
jurídicas o políticas.
No puede existir estado de derecho en las sociedades si no se protegen y respetan los DDHH y viceversa. Así el
estado de derecho y los DDHH son las dos caras del mismo principio: la libertad para vivir con dignidad,
funcionan como límites al ejercicio de la fuerza física por parte del Poder Político.

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Unidad 3
1.-Legitimidad: Concepto de Legitimidad. Elementos del concepto de Legitimidad: Consentimiento y Legitimidad.
Las demandas o la sustancia de la Legitimidad. Legitimidad y conformidad a la ley. Significación política de la
Legitimidad: Diferenciación política y Legitimidad. Responsabilidad política y Legitimidad. Juicio o evaluación
política y Legitimidad. Controversias en torno a la Legitimidad: Críticas y respuestas
LEGITIMIDAD
Concepto de Legitimidad
La legitimidad es el reconocimiento por parte de los gobernados del derecho de gobernar por parte de los gobernantes.
Justificar, simultáneamente, el poder de mando de los gobernantes y la obediencia por parte de los gobernados, es el
primer desafío de la legitimidad.

ELEMENTOS DEL CONCEPTO DE LEGITIMIDAD


Consentimiento y Legitimidad: del derecho a la autoridad política.
El hecho de definir la legitimidad como el reconocimiento del derecho de gobernar supone que en ella el
consentimiento juega un papel relevante. El derecho sirve para determinar lo que corresponde a cada individuo.
El carácter público del derecho: teniendo como objetivo coordinar las acciones entre individuos por medio de leyes
que delimitan lo que es considerado inalienable, el derecho contribuye a organizar un circuito de sociabilidad. Esta
posibilita que los intercambios se desarrollen bajo la forma de la reciprocidad: a cada derecho corresponde un deber.
El funcionamiento de este espacio público no puede prescindir del consentimiento individual. El consentimiento juega
un rol decisivo en el mecanismo de la reciprocidad. Un derecho no reconocido por nadie no es un derecho. El
sentimiento de que poseemos un deber frente a un individuo significa que reconocemos su derecho, lo cual presupone
que ese individuo acepte igualmente nuestro derecho.
Lejos de obligar solo de manera negativa -como ocurre por ejemplo en el caso del derecho civil en el que cada cual
debe permanecer en su esfera propia respetando el derecho específico del otro- las instituciones políticas exigen una
participación activa de los miembros de la comunidad. Participación que impulsa a los individuos a salir de su zona de
interés inmediata, pudiendo ir hasta el sacrificio de la propia vida, especialmente cuando estalla una guerra.

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Cuanto más importante es una obligación, más elevado es el nivel de aprobación necesario. Para que la facultad de
autoridad política revista un carácter jurídico, de derecho, y no recurra a un uso injustificado de la fuerza, el grado y el
valor del consentimiento deben ser proporcionales a la amplitud de la obligación impuesta.
El consentimiento justifica el recurso a la coacción.

Las demandas o la sustancia de la Legitimidad


La legitimidad no puede prescindir de la consideración de las demandas que realiza la sociedad a sus gobernantes.
Gobernar es un acto de derecho a condición de que aquellos que gobiernan y aquellos que obedecen se pongan de
acuerdo sobre el contenido de las demandas que la política quiere promover y cumplir.
Vamos a entender por "demanda" a toda petición o reclamo que dirigen los gobernados a sus gobernantes por entender
como deseable su realización. Serán demandas los pedidos o reclamos que hace una determinada sociedad por salud,
educación, agua, electricidad, mejores salarios o jubilaciones, seguridad, igualdad, etc., que varían de un individuo a
otro y de una sociedad a otra según las circunstancias personales, sociales, de tiempo y lugar.

Demandas mayoritarias o estabilizadas:


Esas demandas son vividas como deseables por una gran mayoría de una determinada sociedad a lo largo del tiempo,
se denominan demandas estabilizadas o institucionalizadas (ej la educación pública universitaria gratuita en el caso de
nuestro país). Adquieren el carácter de derechos y se reconocen en normas jurídicas de distinta jerarquía (leyes,
constitución nacional). Dentro de estas demandas mayoritarias podemos distinguir demandas ya satisfechas o
concretadas (como la educación pública universitaria gratuita) y demandas insatisfechas o pendientes (como la
disminución de la pobreza y desigualdad)

Demandas minoritarias o flotantes:


Hay demandas que solo se constituyen como tales con el transcurso del tiempo y, si bien en determinados momentos
son vividas como deseables solo por una minoría, puede ocurrir que pasado algún tiempo se reclamen como deseables
por la mayoría, desafiando a otras demandas ya institucionalizadas (ej el matrimonio igualitario)

Identidades y consentimiento:
No todas las demandas engendran derechos. Para adquirir el estatuto de derechos, aquellas deben ser percibidas como
deseables por el conjunto de la población.
El derecho se establece entonces en relación con lo que es vivido como deseable.
Cada individuo o grupo social reconoce como deseables un determinado conjunto de demandas, que puede variar
respecto de otros individuos o grupos sociales. Es por eso que cada miembro de la comunidad, considerado
individualmente, percibirá la destrucción o violación de esos conjuntos de valores como una amenaza a su propia
identidad.
La legitimidad de un determinado gobierno está atada a lograr el consentimiento de la mayor cantidad posible de
gobernados mediante la satisfacción de esas demandas. Si la situación fuera inversa y una gran mayoría rechazara las
políticas llevadas a cabo por los gobernantes, ello desembocaría en la perdida de legitimidad.
Es evidente que el solo consentimiento no basta para engendrar el derecho de gobernar. Se deben tener en cuenta las
demandas/derechos de los gobernados.

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Legitimidad y conformidad a la ley


En los diccionarios, la definición de legitimidad es "aquello que es conforme a la ley". Entonces, ¿qué significa la idea
de conformidad de la legitimidad a la ley?
La sociología del derecho desarrollada por Weber consiste en el estudio de su proceso de racionalización, desde el
derecho carismático irracional, hasta el derecho moderno doblemente racional.
A este aspecto central de la sociología weberiana del derecho, corresponde, a nivel político, la tesis que afirma que la
simple ley formal del Estado constituye la base de su legitimidad.
Hoy en día la forma de legitimidad más extendida es la creencia en la legalidad, la aceptación de reglas formalmente
correctas que han sido instituidas en conformidad con las leyes.
En el estado moderno, las decisiones tomadas conforme a un procedimiento legal bastarían para establecer la
legitimidad política, sin que sea necesario recurrir a otros requisitos.
Medir la validez y justicia de un orden legal, no puede realizarse únicamente a partir del criterio de la legalidad.
Afirmar la ley no hace a la legalidad sinónimo de legitimidad. Es decisivo seguir los procedimientos admitidos para
crear las leyes. Pero ello no es suficiente para generar legitimidad. La creencia en la legalidad presupone la
legitimidad. La legalidad o la creencia en la legalidad, no constituye un tipo de legitimidad independiente.
La creencia en la legalidad exige dos condiciones complementarias:
a) En primer lugar, los enunciados jurídicos deben concordar con las demandas/derechos institucionalizadas. Cuando
la legalidad expresa la identidad mayoritaria del grupo, es posible presentar la legitimidad como aquello que es
conforme a la ley.
b) En segundo lugar, los enunciados jurídicos deben contribuir de manera creíble a la realización de las
demandas/derechos de la sociedad. Si esto no ocurre, a largo plazo se produce su rechazo.
Para poder defender la idea de que la legitimidad sea la conformidad a la ley, la legalidad debe corresponder a los
intereses materiales y simbólicos de la sociedad.

Significación política de la legitimidad


Diferenciación política y Legitimidad
El mecanismo de legitimidad política tiende a establecer el reconocimiento del derecho a gobernar. La diferenciación
entre política y legitimidad se da cuando por lógica la legitimidad, va a separar a los individuos que gobiernan
(gobernantes) de aquellos que obedecen (gobernados).
Los requisitos que deben cumplirse para justificar el hecho de que unos gobiernen y otros obedezcan son:

a) El estudio de la vida política en términos de legitimidad equivale a un análisis de las condiciones que debe
cumplir la división entre gobernantes y gobernados en un marco de derecho, es decir de reciprocidad con los
miembros de la comunidad, es decir yo gobernado le otorgo al gobernante el poder y el gobernante garantiza
mis demandas y derechos).

b) En la construcción de la legitimidad se debe recordar un aspecto esencial, la representación, que es el


sentimiento compartido por los miembros de la comunidad que los dirigentes se encargan de los intereses del
grupo y esos intereses guían las acciones de los gobernantes.

Responsabilidad política y Legitimidad


El poder no es privado. El poder político no es solamente de las personas que gobiernan, el dirigente deberá buscar el
bienestar de la sociedad. La ambición personal de un individuo (dirigente) solo encuentra justificación en política
cuando se presenta al servicio de la comunidad, solo cuando está auténticamente preocupado por asegurar la
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prosperidad del grupo su deseo de éxito adquiere un valor político verdaderamente legítimo. Cuando hablamos de
poder político no es solamente el que le corresponde a la autoridad, es un compromiso, una responsabilidad, porque el
dirigente político no busca el poder para él (en teoría) sino busca el bienestar general. Cualquier dirigente político que
intente probar el derecho que tiene a gobernar debe satisfacer, tratar de satisfacer o pretender satisfacer las
necesidades, demandas e intereses de los miembros de la comunidad. La responsabilidad es una función de servicio al
grupo y se expresa por un sentimiento de deber en el ejercicio de un cargo público.
La responsabilidad del gobernante está unida a la actividad política. Se espera que tome decisiones y conduzca
acciones, no para satisfacer sus intereses privados sino en beneficio de las necesidades y demandas de la comunidad.
El gobernante es responsable siempre y cuando sus actividades políticas responden a las necesidades de la sociedad,
cuando da respuestas a las demandas. El gobernante que ha sido elegido por la sociedad para gobernar es el que tiene
la responsabilidad de sacar adelante a esa determinada comunidad, es una responsabilidad impostergable desde el
momento en que el poder político se sitúa en una perspectiva de legitimidad.
Es imposible separar la actividad política legítima de la responsabilidad, la cual es expresión de un poder que acepta
limitaciones impuestas por el derecho a gobernar.
Los límites impuestos a los gobernantes o al dirigente determinan el marco de la actividad legítima y el hecho de
respetarlos es a la vez la expresión y el instrumento de la responsabilidad. Fuera de estas condiciones, tanto el sentido
de la responsabilidad como la legitimidad de la acción política son cuestionados.

Sanción
Las sanciones tienen un rol esencial en la legitimidad. A diferencia del poder absoluto, la monarquía, que no reconoce
ninguna ley superior a la suya y niega la posibilidad de que el rey sea juzgado (por sus acciones), para la autoridad
política, es decir el gobernante que acepta prestar un servicio a la comunidad dentro de un marco de reglas (gobernar),
también acepta que se le atribuyan sanciones por los resultados de sus acciones.
Se entiende por sanción a la posibilidad que tiene el dirigente de ser condenado (política o penalmente) por las
decisiones y acciones de su autoría cuyos efectos nefastos han recaído sobre la sociedad.
Las nociones de responsabilidad y sanción resultan importantes para la preservación de la organización social y
política.
Desde lo social para conservar la paz en la sociedad evitando generar incertidumbre en los individuos y por
consiguiente desórdenes, por lo tanto se debe establecer la responsabilidad del dirigente culpable y castigarlo.
En cuanto a lo político, tiene que ver con la existencia de límites a la acción política de los gobernantes, la
transgresión de los límites implica una sanción.
En algunos casos ante esta situación, es decir ante los problemas que no pueden resolver por su mal accionar, los
políticos lo que hacen es lavarse las manos, para preservar su credibilidad, responsabilizando a terceros o a las
circunstancias. En este caso son los gobernados los que tienen la obligación de recordar constantemente al gobernante
sus deberes. Lo hace a través de protestas y manifestaciones.

Juicio o evaluación política y Legitimidad


Se entiende por juicio político, al resultado que obtienen los gobernados luego de comparar sus demandas y derechos
fundamentales con lo realizado por los gobernantes para llevarlas a cabo. De esta comparación resulta un juicio
esencial que sella la obligación política de obediencia. Si es positivo, la obligación está asegurada. Si es negativo se
replantean cambios y modificaciones radicales.

El proceso de evaluación y juicio de la acción gubernamental posee dos componentes:


1- El mecanismo de la evaluación está compuesto de dos momentos:

 el primero consiste en preguntarse cuáles son las demandas y derechos que deben garantizar los gobernantes y

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 un segundo momento en el que se analiza si los gobernantes lograron llevar a cabo en la realidad aquellas
demandas y derechos deseados por los gobernados.

Es decir se evalúa lo que deben hacer y lo que hacen las autoridades políticas. ¿De qué es responsable el político? ¿Lo
que está haciendo es su obligación? ¿Lo que está haciendo está bien o mal? Esa es la realidad política concreta.
Si existe una adecuación suficiente entre la realidad política y las demandas y derechos originarios, la legitimidad se
hace presente. Si no es así, un juicio negativo declara la ilegitimidad de la acción de los gobernantes.

2- El segundo componente es la perspectiva del evaluador. Cada miembro de la sociedad juzga el accionar del
gobernante de acuerdo a sus intereses, deseos y expectativas, es decir que el juicio del evaluador no puede
separarse de su status o condición social.

Controversias en torno a la Legitimidad


Los argumentos de las tesis que descalifican a la legitimidad giran en torno a dos de los elementos que conforman el
concepto de legitimidad: el derecho (en tanto reciprocidad) y el consentimiento de los gobernados.

Críticas y respuestas
1- Crítica Nº1 al Derecho y la Legitimidad
El derecho cuestionado. Esta tesis sostiene que las relaciones entre gobernantes y gobernados, no estarían ordenadas
en función del bien público sino de los intereses particulares de los gobernantes. La finalidad de la política no es el
bien general sino el interés de quienes la dirigen.

Esta postura sostiene que como la política es susceptible de asegurar la subsistencia financiera de un individuo se
vuelve un empleo que tiene como exclusiva finalidad la lucha del poder.
Al derecho se lo percibe como estando al servicio de los gobernantes y no como mediadora entre dirigentes y
dirigidos.

Respuesta. Se plantea una comprensión más equilibrada del derecho considerando tres elementos:

 En primer lugar no existe la posibilidad de una vida social sin un conjunto de derechos y deberes.

 En segundo lugar, el derecho es para los gobernados un medio de protegerse de los excesos de poder que
pueden cometer los gobernantes.

 Por último, el derecho permite asimismo describir y explicar las transformaciones de una comunidad.

2- Crítica Nº2 Consentimientos, sujeto y legitimidad.


Esta crítica hace referencia al consentimiento. A) Hay quienes afirman que el consentimiento de los gobernados no
interviene en la marcha de la historia política y B) por otro lado se pone en duda la calidad del consentimiento.
a- Critica a la existencia del consentimiento de los gobernados. Desde esta perspectiva se considera que la
función política se encuentra exclusivamente en manos de una élite, la cual impone sus opiniones al resto de la
población, sin que importe el consentimiento de los gobernados.

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En respuesta a esta crítica, se plantea que los gobernantes solo gozan de una situación segura y estable cuando están
arraigados en la sociedad cuya dirección y coordinación asumen. Para gozar de las condiciones más favorables en el
ejercicio de poder, los dirigentes tienen la necesidad del consentimiento de los dirigidos.

b- Críticas a la calidad del consentimiento. En primer lugar la crítica señala que el consentimiento no implica
más que un nivel de satisfacción individual de las necesidades que varía según la evolución de las situaciones
particulares de cada gobernado. Es una evaluación meramente individual y egoísta. En segundo lugar, plantea que
los individuos solo consienten por prudencia/temor o alineación cultural, es decir mediante amenazas de sanciones
directas o indirectas o de perder algunos bienes o derechos. El consentimiento lejos de ser la expresión libre de la
autonomía de la voluntad de los individuos, es indisociable del estado de alineación en la que viven, es el
resultado de la falsa conciencia engendrada por el trabajo de embrutecimiento generalizado que produce la
ideología. Por último, la crítica va a señalar que el consentimiento solo es propio en los regímenes
democráticos.
En respuesta a las críticas y en defensa de la calidad del consentimiento se plantea que:
El consentimiento es individual pero también se preocupa por los demás. El consentimiento se da en función que tiene
los gobernantes para asumir y concretar determinados los servicios. Sólo así los gobernantes reciben el apoyo de los
dirigidos, por tanto es normal que los dirigidos tomen en cuenta el nivel de satisfacción personal en el acto de
consentir pero también se basan en una cierta preocupación por los demás miembros del grupo.
Los individuos poseen la facultad de deliberar y consentir. El hecho de manifestar prudencia no quiere decir que el
consentimiento se resultado de sus miedos.
El argumento que afirma que los dirigidos no poseen las capacidades intelectuales necesarias para interpretar los
diferentes aspectos de la vida política, se le responderá que actualmente es imposible conceder crédito a esta tesis, por
cuanto el hecho de que una persona no haya tenido una determinada educación formal no impide que conozca sus
propias necesidades y que pueda evaluar una acción política.
Por último, sin poner en cuestión la cuota de verdad contenida en la afirmación que dice que el consentimiento está
influenciado por la ideología, hay que evitar asimilarlo sistemáticamente con una visión falsa de la realidad política.
También es objetable el argumento que ve en el consentimiento un fenómeno limitado a la democracia. No es por el
hecho de que el acto de consentir sea central y está institucionalizado en un régimen democrático, que su acción le
este particularmente reservada. Sino que para su existencia y su función sean definidas, es necesario que exista una
relación de reciprocidad basada en el reconocimiento mutuo de derechos y deberes por parte tanto de gobernantes
como de gobernados.

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Unidad 4
HISTORIA DE LA FILOSOFÍA POLÍTICA y DEL DERECHO
1.- América y el nuevo patrón del poder mundial: Raza, una categoría mental de la modernidad. El capitalismo: la
nueva estructura de control del trabajo. Colonialidad del poder y capitalismo mundial. Colonialidad y eurocentrismo
del capitalismo mundial. Nuevo patrón del poder mundial y nueva intersubjetividad mundial. La cuestión de la
modernidad.
2.- Deslizamiento semántico del concepto “Europa”. Dos conceptos de modernidad. Racionalidad e Irracionalidad o el
mito de la modernidad

AMÉRICA Y EL NUEVO PATRÓN DEL PODER MUNDIAL


América se constituyó como el primer espacio tiempo de un nuevo patrón de poder de dominación mundial y como
la primera identidad de la modernidad. Dos procesos históricos convergieron y se asociaron en su producción, se
establecieron como los dos ejes fundamentales del nuevo patrón de Poder. Por una parte la codificación de las
diferencias entre conquistadores y conquistados en la idea de raza, una diferente estructura biológica que ubicaba a
los unos en situación natural de inferioridad respecto de los otros. Esa idea fue asumida por los conquistadores como
el principal elemento constitutivo fundante, de las relaciones de dominación que la conquista imponía. Por otra parte,
la articulación de todas formas históricas de control del trabajo, de sus recursos y de sus productos, en torno del capital
y del mercado mundial.

La Raza
No tiene antecedentes históricos antes de América, que fue donde se situó como referencia a supuestas estructuras
biológicas diferenciales entre conquistadores y conquistados. Se fundaron relaciones sociales en base a dicha idea, con
lo que surgieron identidades nuevas como: indios, negros, mestizos, entre otros. Y los términos español y portugués
(más tarde europeo), comenzaron a tener connotación racial. De acuerdo a las relaciones de dominación, se
determinaron jerarquías, lugares y roles sociales, lo que significó que la raza e identidad racial fuesen instrumentos de
clasificación social para la población. Para los colonizadores, el color fue establecido como rasgo fenotípico y
emblemático para determinar una categoría racial; ellos se autodenominaron como blancos. De ahí que la idea de raza
sirviera como legitimación a las relaciones de dominación impuestas por la conquista, lo cual significó que los pueblos
sometidos fuesen situados en una posición de inferioridad respecto a sus rasgos fenotípicos, descubrimientos mentales
y culturales.

El capitalismo: la nueva estructura de control del trabajo


Todas las formas de control de explotación del trabajo y de control de producción, fueron articuladas en torno a la
relación capital-salario. Quedaron incluidos la esclavitud, servidumbre, pequeña producción mercantil, reciprocidad y
el salario. En cuanto al trabajo, también se vio afectado por una división racial. Por ejemplo en la Corona de Castilla
se puso término a la esclavitud de los indios para prevenir su exterminio, algunos de la nobleza india fueron eximidos

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de la servidumbre y recibió un trato especial por su labor de intermediario con los dominadores, sin embargo los
negros fueron relegados a la esclavitud. Españoles y portugueses podían recibir salario, ser comerciantes
independientes o agricultores (productores independientes de mercancías). En el transcurso de la expansión mundial
de la dominación colonial, surgieron nuevas identidades históricas y sociales (amarillos y aceitunados), las cuales se
agregaron a los blancos, indios, mestizos y negros. Así una distribución racista del trabajo, significó una exclusiva
asociación de la blanquitud social con el salario y puestos de mando de la administración colonial. Incluso aquellos en
proceso de colonización y futuros europeos, asociaron el salario a las razas dominadoras, por cuanto los dominados
eran inferiores. Antecedentes de genocidio se verificaron cuando los indios fueron catalogados como mano de obra
desechable, por lo que estaban obligados a trabajar hasta morir, sólo se produjo el cese de ésta cuando los indios de
América fueron adscritos a un régimen de servidumbre no pagada (no equiparable al feudalismo europeo), y el trabajo
de esclavo, otra forma no pagada, fue destinada exclusivamente a la población traída desde África, llamados negros.
Las formas de trabajo no pagadas fueron asignadas a las razas colonizadas (indios, negros y mestizos) en América y
en el resto del mundo a los amarillos y oliváceos. América se situó en una privilegiada posición, producto del control
de metales preciosos y mercancías generadas del trabajo gratuito de los inferiores, además de su ubicación en la
vertiente del Atlántico como vía necesaria de intercambio comercial. Con esto se genera urbanización entre vastas
regiones, integradas y monetizadas por el flujo de metales provenientes de América, lo que convierte a Europa
Occidental en un concepto geo cultural, además de sede central del control del mercado mundial. Desde Europa
entonces fueron atribuidas nuevas identidades neo-culturales; después de América y Europa, fueron establecidas Asia,
África y eventualmente Oceanía, y sólo las formas y nivel de desarrollo político y cultural e intelectual, permitieron a
Oriente tener dignidad suficiente para ser el otro. Concentró bajo se hegemonía mundial, el control de la subjetividad,
la cultura y conocimiento y producción de éste, realizando para ello: a) expropiaciones a las poblaciones colonizadas.
b) represión a sus modos de producción de conocimiento. c) forzaron a los colonizados a aprender lo útil para la
reproducción de la dominación, sea en el campo material, tecnológico, como en lo subjetivo, especialmente en el área
religiosa (judeo-cristiana). El éxito de Europa de convertirse en el centro del moderno sistema-mundo, desarrolló en
los dominadores coloniales e imperiales de la historia; el etnocentrismo. Los europeos sostuvieron una perspectiva
temporal de la historia y re-ubicaron a los pueblos sometidos y a sus culturas, en el pasado de una trayectoria histórica,
cuya culminación era Europa, asignándoles una categoría propia de su raza inferior y por lo tanto atrasados y
anteriores a los europeos.

Colonialidad del poder y capitalismo mundial


Raza y división del trabajo, quedaron estructuralmente asociados y reforzándose mutuamente, a pesar de que ninguno
de los dos era necesariamente dependiente el uno del otro para existir o para cambiar. Se impuso una sistemática
división racial del trabajo. En el área hispana, la Corona de Castilla decidió el cese de la esclavitud de los indios, para
prevenir su total exterminio. Fueron confinados a la servidumbre. La nobleza india fue eximida de la servidumbre y
recibió un trato especial, debido a sus roles como intermediaria con la raza dominante. Los negros fueron reducidos a
la esclavitud. Los españoles y los portugueses, como raza dominante, podían ser productores independientes de
mercancías. Sólo los nobles podían participar en los puestos altos y medios de la administración colonial, civil y
militar.
Desde el siglo XVIII, en la América hispánica muchos de los mestizos de españoles y mujeres indias, comenzaron a
participar en los mismos oficios y actividades que ejercían los ibéricos que no eran nobles. En actividades de servicio
o que requerían de talentos o habilidades especiales pero tardaron en legitimar sus nuevos roles ya que sus madres
eran esclavas. La distribución racista del trabajo al interior del capitalismo colonial/moderno se mantuvo a lo largo de
todo el período colonial. Nuevas identidades históricas y sociales fueron producidas: amarillos y aceitunados fueron
sumados a blancos, indios, negros y mestizos. Esto se expresó en una exclusiva asociación de la blanquitud social con
el salario y por supuesto con los puestos de mando de la administración colonial.
Cada forma de control del trabajo estuvo articulada con una raza particular.

Colonialidad y eurocentrismo del capitalismo mundial


La privilegiada posición ganada con América para el control del oro, la plata y otras mercancías producidas por medio
del trabajo gratuito de indios, negros y mestizos, y su ventajosa ubicación tenía que hacerse el tráfico de esas
mercancías para el mercado mundial, otorgó a dichos blancos una ventaja decisiva para disputar el control del tráfico
comercial mundial. La progresiva monetización del mercado mundial que los metales preciosos de América
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estimulaban y permitían, hizo que a tales blancos les fuera posible el control de la vasta red preexistente de
intercambio comercial. Eso también les hizo posible concentrar el control del capital comercial, del trabajo y de los
recursos de producción en el conjunto del mercado mundial. Todo ello fue reforzado y consolidado a través de la
expansión de la dominación colonial blanca sobre la diversa población mundial.
El control del tráfico comercial mundial por los grupos dominantes, en las zonas del Atlántico donde tenían sus sedes,
impulsó un nuevo proceso de urbanización en esos lugares, la expansión del tráfico comercial entre ellos, y la
formación de un mercado regional crecientemente integrado y monetizado. Europa y Europa occidental se constituía
como una nueva id-entidad geo cultural que emergía como la sede central del control del mercado mundial.
Europa se convirtió también, hasta el siglo XIX en la sede central del proceso de mercantilización de la fuerza de
trabajo. Todo el resto de las regiones y poblaciones incorporadas al nuevo mercado mundial, colonizadas
permanecían bajo relaciones no-salariales de trabajo, sus recursos y sus productos, se articulaban en una cadena de
transferencia de valor y de beneficios cuyo control correspondía a Europa Occidental.
Los europeos asociaron el trabajo no pagado con las razas dominadas, porque eran razas inferiores. El genocidio de
los indios en las primeras décadas de la colonización no fue causado porque tales indios fueron usados como mano de
obra desechable, forzados a trabajar hasta morir. La eliminación de esa práctica colonial culmina, a mediados del siglo
XVI. Los indios en adelante fueron adscritos a la servidumbre no pagada.
El control del trabajo en el nuevo patrón de poder mundial se constituyó, articulando todas las formas históricas de
control del trabajo en torno de la relación capital-trabajo asalariado. Dicha articulación fue constitutivamente colonial,
se fundó, primero, en la adscripción de todas las formas de trabajo no pagadas a las razas colonizadas, originalmente
indios, negros y los mestizos, en América y más tarde en el resto del mundo. Y, segundo, en la adscripción del trabajo
pagado, asalariado, a la raza colonizadora, los blancos.
Esa colonialidad del control del trabajo decidió la geografía social del capitalismo: el capital. Dicha relación social fue
geográficamente concentrada en Europa. Yen esas medidas, Europa y lo europeo se constituyeron en el centro del
mundo capitalista.

Nuevo patrón del poder mundial y nueva intersubjetividad mundial


Europa no solamente tenía el control del mercado mundial, sino que pudo imponer su dominio colonial sobre todas las
regiones y poblaciones del planeta, incorporándolas al “sistema mundo”, y a su patrón de poder. Para tales regiones,
eso implicó un proceso de re-identificación histórica, pues desde Europa les fueron atribuidas nuevas identidades geo
culturales.
Europa concentró bajo su hegemonía el control de todas las formas de control de la subjetividad, de la cultura, y en
especial del conocimiento, de la producción del conocimiento.
En el proceso que llevó a ese resultado, los colonizadores ejercieron diversas operaciones. En primer lugar,
expropiaron a las poblaciones colonizadas. En segundo lugar, reprimieron las formas de producción de conocimiento
de los colonizados, sus patrones de producción de sentidos, su universo simbólico, sus patrones de expresión y de
objetivación de la subjetividad. En tercer lugar, forzaron a los colonizados a aprender la cultura de los dominadores en
todo lo que fuera útil para la reproducción de la dominación, sea en el campo de la actividad material, tecnológica,
como de la subjetiva, especialmente religiosa. El éxito de Europa Occidental en convertirse en el centro del moderno
sistema-mundo, desarrolló en los europeos el etnocentrismo. Ese rasgo tenía un fundamento y una justificación
peculiar: la clasificación racial de la población del mundo después de América. La asociación entre ambos fenómenos
ayuda a explicar por qué los europeos fueron llevados a sentirse superiores a todos los demás pueblos del mundo y
naturalmente superiores. Los europeos generaron una nueva perspectiva temporal de la historia y reubicaron a los
pueblos colonizados, y a sus historias y culturas. Los pueblos colonizados eran razas inferiores y anteriores a los
europeos.

La cuestión de la modernidad.
A los europeos occidentales les llevó a pensarse como los modernos de la humanidad y de su historia, como lo nuevo
y al mismo tiempo lo más avanzado de la especie. Los europeos imaginaron también ser no solamente los portadores
exclusivos de tal modernidad, sino sus exclusivos creadores y protagonistas. La modernización no implica
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necesariamente la occidentalización de las sociedades y de las culturas noeuropeas, la modernidad es un fenómeno de


todas las culturas, no sólo de la europea u occidental. La modernidad es un fenómeno posible en todas las culturas y
en todas las épocas históricas. Todas las llamadas altas culturas (China, India, Egipto, Grecia, Maya-Azteca,
Tawantinsuyo) anteriores al actual sistema-mundo, muestran las señales de esa modernidad, incluido lo racional
científico, la secularización del pensamiento, etc.
Los defensores de la patente europea de la modernidad suelen apelar a la historia cultural del antiguo mundo heleno-
románico y al mundo del Mediterráneo para legitimar su reclamo a la exclusividad de esa patente. Ese argumento
escamotea, primero, el hecho de que la parte avanzada de ese mundo del Mediterráneo, era islamo-judaica. Segundo,
que fue dentro de ese mundo que se mantuvo la herencia cultural greco-romana, las ciudades, el comercio, la
agricultura comercial, la minería, la textilería, la filosofía, la historia, cuando la futura Europa Occidental estaba
dominada por el feudalismo y su oscurantismo cultural. Tercero que, la mercantilización de la fuerza de trabajo, la
relación capital-salario, emergió, en esa área y fue en su desarrollo que se expandió posteriormente hacia el norte de la
futura Europa. Cuarto, que solamente a partir de la derrota del Islam y del posterior desplazamiento de la hegemonía
sobre el mercado mundial al centro-norte de la futura Europa, comienza a desplazarse el centro de la actividad cultural
a esa nueva región.
Toda modernización de poblaciones no-europeas es una europeización, es una pretensión etnocentrista y a la
posteridad provinciana.
El actual patrón de poder mundial es el primero efectivamente global de la historia conocida.
Uno, es el primero donde en cada uno de los ámbitos de la existencia social están articuladas todas las formas
históricamente conocidas de control de las relaciones sociales correspondientes, configurando en cada área una sola
estructura con relaciones sistemáticas entre sus componentes y en su conjunto.
Dos, es el primero donde cada una de esas estructuras de cada ámbito de existencia social, está bajo la hegemonía de
una institución producida dentro del proceso de formación y desarrollo de este mismo patrón de poder. El control del
trabajo, de sus recursos y de sus productos, está la empresa capitalista; en el control del sexo, de sus recursos y
productos, la familia burguesa; en el control de la autoridad, sus recursos y productos, el Estado-nación; en el control
de la intersubjetividad, el eurocentrismo.
Tres, cada una de esas instituciones existe en relaciones de interdependencia con cada una de las otras. El patrón de
poder está configurado como un sistema.
Cuatro, este patrón de poder mundial es el primero que cubre a la totalidad de la población del planeta.
El término modernidad, hoy involucra al conjunto de la población mundial y a toda su historia de los últimos 500
años, a todos los mundos o ex-mundos articulados en el patrón global de poder y, a cada uno de sus segmentos
diferenciados.

Dussel ha propuesto la categoría de transmodernidad como alternativa a la pretensión eurocéntrica de que Europa es
la productora original de la modernidad. América y sus consecuencias en el mercado mundial y en la formación de un
nuevo patrón de poder mundial, son un cambio histórico verdaderamente enorme y que no afecta solamente a Europa
sino al conjunto del mundo. Se trata del cambio del mundo como tal. El elemento fundante de la nueva subjetividad es
percepción del cambio histórico. La percepción del cambio lleva a la idea del futuro, puesto que es el único territorio
del tiempo donde pueden ocurrir los cambios. El futuro es un territorio temporal abierto. El tiempo puede ser nuevo.
La historia puede ser percibida ya no sólo como algo que ocurre, sino como algo que puede ser proyectado.
Con América se inicia, pues, un entero universo de nuevas relaciones materiales e intersubjetivas. El concepto de
modernidad da cuenta de los cambios en la dimensión material de las relaciones sociales. Los cambios ocurren en
todos los ámbitos de la existencia social de los pueblos y de sus miembros individuales. La modernidad generó un
horizonte de liberación de las gentes de toda relación, estructura o institución vinculada a la dominación y a la
explotación, pero también las condiciones sociales para avanzar en dirección a ese horizonte.

Dualismo eurocéntrico de la modernidad:


• La civilización humana como una trayectoria que parte de un estado de naturaleza y culmina en Europa.
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• Otorgar sentido a las diferencias entre Europa y no-Europa, negándolas consecuentes relaciones de poder
implicadas en esta distinción. Lo anterior, llevó a los europeos a catalogarse como los modernos de la humanidad; es
decir lo nuevo y más avanzado de su especie. Dussel a partir de aquello, propuso la categoría de transmodernidad,
según la cual la constitución del ego individual diferenciado es lo nuevo que ocurre con América y es la marca de la
modernidad. América y sus consecuencias inmediatas en el mercado mundial y la formación de un nuevo patrón de
poder, son un Cambio Histórico, que afecta al mundo, y genera cambios al mundo como tal; esto es un elemento
fundante de la percepción del cambio histórico. Esta visión, lleva a la idea de futuro, puesto que es el único territorio
del tiempo donde pueden ocurrirlos cambios. Las prácticas sociales implicadas en el patrón de poder mundial, se
asocian a la perspectiva sobre el tiempo y la historia, al cambio histórico; requieren necesariamente la des-
sacralización, el cambio o desmantelamiento de las estructuras e instituciones. La individuación de las gentes, sólo
adquiere su sentido en ese escenario; la necesidad de un foro propio para pensar, dudar, decidir, la libertad individual
contra las adscripciones sociales fijadas y en consecuencia la necesidad de igualdad social entre los individuos.

Eurocentrismo:
Patrón abstracto para categorizar la sociedad (perspectiva y modo concreto de producir conocimiento). Con la
elaboración intelectual se produjo una perspectiva de conocimiento y modo de producirlo, que dan cuenta del carácter
de patrón mundial de poder; colonial/moderno, capitalista y euro centrado.

Características del eurocentrismo:

a) Articulación entre dualismo (pre-capital/no capital, no europeo/europeo, etc.) y evolucionismo lineal,


unidireccional.

b) Naturalización de las diferencias culturales entre grupos humanos promedio de su codificación con la idea de
raza.

c) La distorsionada reubicación temporal de todas esas diferencias, de modo que lo no-europeo es percibido
como pasado. El Capital, como relación social basada en la mercantilización de la fuerza de trabajo, nace
aproximadamente en los siglos XI-XII. Es bastante más antiguo que América, pero sólo en ella el capital pudo
consolidarse y obtener predominancia mundial. El mito fundacional de la versión eurocéntrica de la
modernidad, en que el estado de naturaleza es el punto de partida del curso civilizatorio y la culminación es la
civilización europea u occidental, surge la eurocéntrica perspectiva evolucionista, de movimiento y cambio
unilineal y unidireccional de la historia humana; lo cual fue asociado a la clasificación racial de la población
del mundo. Esta visión provocó una combinación paradójica entre evolucionismo y dualismo.

El cambio histórico
Es un proceso en el cual una entidad se transforma de manera continua, homogénea y completa en otra cosa y
abandona absolutamente la escena histórica. Cada unidad diferenciada como una economía/sociedad, es una
entidad/identidad homogénea. Sin embargo al hablar de capitalismo, nos encontramos con una estructura de elementos
heterogéneos, los cuales se relacionan entre sí y con el conjunto de manera discontinua e incluso conflictiva. Nuevo
dualismo: La diferenciación entre el cuerpo y no-cuerpo es universal en la historia de la humanidad, común en las
civilizaciones. Y también es universal la permanente co-presencia de ambos elementos como dimensiones no
separables. Su separación deviene desde el mundo cristiano, sobre la base de la primacía del alma sobre el cuerpo.
Pronto Descartes convierten lo anterior en una radical separación entre razón/sujeto y cuerpo. El hombre, es por
excelencia un ser dotado de razón, lo cual se localiza exclusivamente en el alma. Durante el siglo XVIII, este dualismo
fue asociado con las ideas de progreso y de un estado de naturaleza en la trayectoria humana, además de los mitos
sobre la versión eurocéntrica de la humanidad.

Eurocentrismo y experiencia histórica en América latina. Moderno Estado- nación de América latina
Se trata de una sociedad nacionalizada y políticamente organizada, la cual incluye las instituciones modernas de
ciudadanía y democracia. Un Estado-nación es una especie de sociedad individualizada entre los demás, entre sus

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individuos existe una identidad. Sin embargo toda sociedad se organiza en torno al poder, y en las concepciones
modernas, toda homogeneización de la población de un estado-nación, consiste en la común participación democrática
en el control de la generación y de gestión de instituciones de autoridad pública y sus específicos mecanismos de
violencia. La idea de Estado-nación surge como proceso de colonización de algunos pueblos sobre otros; en el caso de
España, el proceso incluyó la expulsión de algunos grupos, como los musulmanes y judíos, la cual fue considerada la
primera experiencia de limpieza étnica en tiempos modernos. Sin embargo, la existencia de un fuerte Estado central
no es suficiente para producir homogeneización de una población diversa y heterogénea, la cual debería contar con
identidad común y duradera lealtad hacia ella. Ejemplos: Francia es evidencia de una exitosa construcción, en cambio
España es la menos exitosa.

América Latina: Cono sur y mayoría blanca


La situación de Chile, Argentina y Uruguay, es similar a la de [Link], pues los indios tampoco fueron integrados a la
sociedad colonial, y la población negra era una minoría. Los dominantes de estos territorios consideraron necesario
para sus fines, exterminar a los indios como forma de homogeneizar a la población y formar un estado-nación. En
Chile se produjo durante las tres primeras décadas del siglo XX.

Revolución democrático-burguesa
Proyecto en el cual la burguesía organiza a la clase obrera, a los campesinos y a otros grupos dominados para arrancar
al señorío feudal del control del Estado y organizar la sociedad en términos de capital y burguesía.

Mayoría india, negra y mestiza: el imposible “moderno Estado-nación”


Todavía, en ningún país latinoamericano es posible encontrar una sociedad plenamente nacionalizada ni tampoco un
genuino Estado-nación. La homogeneización nacional de la población, según el modelo eurocéntrico de nación, sólo
hubiera podido ser alcanzada a través de un proceso radical y global de democratización de la sociedad y del Estado.
Primero que nada, esa democratización hubiera implicado, y aún debe implicar, el proceso dela descolonización de las
relaciones sociales, políticas y culturales entre las razas, o más propiamente entre grupos y elementos de existencia
social europeos y no europeos. No obstante, la estructura de poder fue y aún sigue estando organizada sobre y
alrededor del eje colonial. La construcción de la nación y sobre todo del Estado-nación ha sido conceptualizada y
trabajada en contra de la mayoría de la población, en este caso, de los indios, negros y mestizos. La colegialidad del
poder aún ejerce su dominio, en la mayor parte de América Latina, en contra de la democracia, la ciudadanía, la
nación y el Estado-nación moderno. Quijano, termina su texto señalando la derrota de dos acontecimientos a nivel
latinoamericano; revolución burguesa y socialista (creo), concluyendo que para conseguir avanzar y conquistar tanto
derechos políticos como civiles, es necesaria una redistribución del poder, para lo cual es presupuesto la
descolonización de la sociedad, lo que actualmente no se expresa en la reconcentración de poder por parte del
capitalismo mundial. Es apremiante liberarse del espejo eurocéntrico, donde la propia imagen será siempre
distorsionada, y empezar a ser lo que verdaderamente somos.

Europa, Modernidad y Eurocentrismo


Deslizamiento semántico del concepto Europa: Hay que analizar el cambio de significado del concepto de
"Europa". En primer lugar, la mitológica Europa es hija de fenicios, de un semita. Esta Europa venida del Oriente es
algo cuyo contenido es completamente distinto a la Europa "definitiva" (la Europa moderna). A Grecia no hay que
confundirla con la futura Europa. Esta Europa futura se situaba al norte de la Macedonia, y al norte de la Magna
Grecia en Italia. El lugar de la Europa futura (la "moderna) era ocupado por lo "bárbaro" por excelencia (de manera
posteriormente, en cierta forma, usurpará un nombre que no le es propio porque el Asia (que será provincia con ese
nombre en el Imperio Romano: solo la actual Turquía) o el África (el Egipto) son las culturas más desarrolladas, y los
griegos clásicos tienen clara conciencia de ello. El Asia y el África no son "bárbaras", aunque tampoco plenamente
humanas. Lo que será la Europa "moderna" (hacia el norte y el oeste de Grecia) no es la Grecia originaria, está fuera
de su horizonte, y es simplemente lo incivilizado, lo no-político, lo no-humano. Con esto queremos dejar muy claro

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que la diacronía unilateral Grecia-Roma-Europa (Esquema 2) es un invento ideológico de fines del siglo XVIII
romántico alemán; es entonces un manejo posterior conceptual del "modelo ario", racista.
En segundo lugar, lo "occidental" será el imperio romano que habla latín, que ahora contiene al África del norte. Lo
"occidental" se opone a lo "oriental, el imperio helenista, que habla griego. En lo "Oriental" está Grecia y el "Asia”, y
los reinos helenistas hasta los bordes del Indo, y también el Nilo ptolomaico.
En tercer lugar, Constantinopla desde el siglo VII, el imperio romano oriental cristiano, se enfrenta al mundo árabe
musulmán creciente. "Lo griego clásico" es tanto cristiano bizantino como árabe musulmán.

Esquema 1

La influencia griega no es directa en la Europa latino occidental (pasa por las flechas a y b). La secuencia c de la
Europa moderna no entronca con Grecia, ni tampoco directamente con el mundo bizantino (flecha d), sino más bien
con el mundo latino romano occidental cristianizado.
En cuarto lugar, la Europa latina medieval se enfrenta igualmente al mundo árabe-turco. Nuevamente Aristóteles, por
ejemplo, es considerado más un filósofo en manos de los árabes que de los cristianos. Abelardo, Alberto Magno y
Tomas de Aquino, contra la tradición y arriesgándose a condenaciones, usan al Estagirita. En efecto, Aristóteles será
estudiado y usado como el gran metafísico y lógico en Bagdad, mucho antes que sea traducido en la España
musulmana al latín, y de Toledo llegue a París a finales del siglo VII. Europa se distingue ahora del África, por
primera vez, y del mundo oriental (principalmente del imperio bizantino, y de los comerciantes del Mediterráneo
Oriental, del Medio Oriente). Las cruzadas son el primer intento de la Europa latina de imponerse en el Mediterráneo
Oriental. Fracasan, y con ello la Europa latina sigue siendo una cultura periférica, secundaria y aislada por el mundo
turco y musulmán, que domina geopolíticamente desde Marruecos hasta Egipto, la Mesopotamia, el imperio Mogol
del norte de la India, los reinos mercantiles de Malaka, hasta la isla Mindanao en Filipinas en el siglo XIII. La
"universalidad" musulmana es la que llega del Atlántico al Pacifico. La Europa latina es una cultura periférica y nunca
ha sido hasta ese momento "centro" de la historia; ni siquiera con el imperio romano (que por su ubicación
extremadamente occidental nunca fue centro ni siquiera de la historia del continente euro-afro-asiático). Si
algún imperio fue centro de la historia regional euro-asiática antes del mundo musulmán, solo podemos remontarnos a
los imperios helenistas desde los Seleusidas, Ptolomeicos, el de Antíocos, etc. Pero, de todas maneras, el helenismo no
es Europa, y no alcanzó una "universalidad" tan amplia como la musulmana en el siglo XV.
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En quinto lugar, en el renacimiento italiano (especialmente después de la caída de Constantinopla en 1453), comienza
una fusión novedosa: lo Occidental latino (secuencia c del esquema), se une con lo griego Oriental (flecha d), y
enfrenta el mundo turco, el que, olvidando el origen helenístico-bizantino del mundo musulmán, permite la siguiente
ecuación falsa: Occidental = Helenístico + Romano + Cristiano. Nace así la "ideología" eurocéntrica del romanticismo
alemán.
Esquema 2

Esta secuencia es hoy la tradicional. Nadie piensa que es una "invención" ideológica y que pretende que desde la
época griega y romana dichas culturas fueron "centro" de la historia mundial. Esta visión es doblemente falsa:
1. en primer lugar, porque, no hay todavía historia mundial.
2. en segundo lugar, porque el lugar geopolítico le impide poder ser "centro" (el Mar Rojo o Antioquía, lugar de
término del comercio del Oriente, no son el "centro" sino el límite occidental del mercado euro-afro-asiático).
Tenemos así a la Europa latina del siglo XV, situada por el mundo musulmán, periférico y secundario en el extremo
occidental del continente euro-afro-asiático.

Esquema 3
Aclaración: la flecha a indica la procedencia del homo sapiens en América y las influencias neolíticas del Pacífico;
nada más.

Dos conceptos de "Modernidad": Hay dos conceptos de "modernidad". El primero es eurocéntrico, provinciano,
regional. La modernidad es una emancipación, una "salida" de la inmadurez por un esfuerzo de la razón como proceso
crítico, que abre a la humanidad a un nuevo desarrollo del ser humano. Este proceso se cumpliría en Europa, en el

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siglo XVIII. Los acontecimientos históricos claves para la implantación del principio de la subjetividad (moderna) son
la Reforma, la ilustración y la Revolución Francesa.
Denominamos a esta visión "eurocéntrica" porque indica como punto de partida de la "Modernidad" fenómenos intra-
europeos, y el desarrollo posterior no necesita más que Europa para explicar el proceso.
Proponemos una segunda visión de la "Modernidad", en un sentido mundial, y consistiría en definir como
determinación fundamental del mundo moderno el hecho de ser "centro" de la historia Mundial. Nunca hubo
empíricamente Historia Mundial hasta el 1492. Anteriormente a esta fecha los imperios o sistemas culturales
coexistían entre sí.
España, abre la primera etapa "moderna": el mercantilismo mundial. Las minas de plata de Potosí y Zacatecas
permiten acumular riqueza monetaria suficiente para vencer a los turcos en Lepanto veinticinco años después de dicho
hallazgo. Para nosotros, la "centralidad" de la Europa latina en la Historia Mundial es la determinación fundamental
de la Modernidad. Las demás determinaciones se van dando en torno a ella (la subjetividad constituyente, la
propiedad privada, la libertad del contrato, etc.)
La segunda etapa de la "Modernidad", la de la revolución industrial del siglo XVIII y de la Ilustración, profundizan y
amplían el horizonte ya comenzado a fines del siglo XV. Inglaterra reemplaza a España como potencia hegemónica
hasta 1945, y tiene el comando de la Europa moderna, de la Historia mundial.
Esta Europa Moderna "centro" de la Historia Mundial, constituye, por primera vez en la historia, a todas las otras
culturas "periferia".

Esquema 4

Aclaraciones: flecha a: la primer periferia; b: el esclavismo en sus costas occidentales; flecha c: algunas colonias
(como Goa, etc.), pero sin ocupación continental; d: emancipación de Estados Unidos; e: emancipación
hispanoamericana.

Racionalidad o irracionalidad o mito de la modernidad


La modernidad de Europa será el despliegue de las posibilidades que se abren desde su “centralidad” en la Historia
Mundial, y la constitución de todas las otras culturas como su “periferia”. El ergo cogito moderno fue antecedido en

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más de un siglo por el ergo con que ro (Yo conquisto) práctico del hispano-lusitano que impuso su voluntad (la
primera “Voluntad-de-Poder” moderna) al indio americano.
Por su contenido secundario y negativo mito con, la “Modernidad” es la justificación de una praxis irracional de
violencia. El mito podría describirse así:
1) La civilización moderna se auto comprende como más desarrollada, superior.
2) La superioridad obliga a desarrollar a los más primitivos, rudos, bárbaros, como exigencia moral.
3) El camino de dicho proceso educativo de desarrollo debe ser el seguido por Europa.
4) Como el bárbaro se opone al proceso civilizador, la praxis moderna debe ejercer en último caso la violencia si
fuera necesario
5) Esta dominación produce víctimas que se consideran inevitables.
6) Para el moderno, el bárbaro tiene una “culpa”.
7) El carácter “civilizatorio” de la “Modernidad”, se interpretan como inevitables los sufrimientos o sacrificios
(los costos) de la “modernización” de los otros pueblos “atrasados”.

Si se pretende la superación de la “Modernidad” será necesario negar la negación del mito de la Modernidad. Para
ello, la “otra-cara” negada y victimada de la “Modernidad” debe primeramente descubrirse como “inocente”: es la
“víctima inocente” del sacrificio ritual, que al descubrirse como inocente juzga a la “Modernidad” como culpable de la
violencia sacrificadora, conquistadora originaria, constitutiva, esencial.
Sólo cuando se niega el mito civilizatorio y de la inocencia de la violencia moderna, se reconoce la injusticia de la
praxis sacrificial fuera de Europa y entonces se puede igualmente superar la limitación esencial de la “razón
emancipadora”. Se supera la razón emancipadora como “razón liberadora” cuando se descubre el “eurocentrismo” de
la razón ilustrada, cuando se define la “falacia desarrollista” del proceso de modernización hegemónico. Se trata de
una “TransModernidad” como proyecto mundial de liberación donde la Alteridad, que era co-esencial de la
Modernidad, se realice igualmente. Debe ser un proyecto “trans-moderno” y por la utilización real del carácter
emancipador racional de la Modernidad y de su Alteridad negada. La Modernidad realmente pudo nacer cuando se
dan las condiciones históricas de su origen efectivo
Dos paradigmas contradictorios: el de la mera “Modernidad” eurocéntrica, y el de la Modernidad subsumida desde un
horizonte mundial, donde cumplió una función ambigua .La realización del segundo paradigma es un proceso de
“Trans-Modernidad”. La Modernidad se definió como “emancipación” con respecto al “nosotros”, pero no advirtió su
carácter mítico-sacrificial con respeto a “los otros”.

Esquema 5

Dos paradigmas de modernidad:


I) Determinaciones más relevantes:

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A: Europa en el momento del “descubrimiento” (1492)


B: El presente europeo moderno
C: Proyecto de “realización” (habermasiana) de la “Modernidad”
D: La “invasión” del continente (de África y Asia posteriormente) E: El presente “periférico”
F: Proyecto dentro del “Nuevo Orden Mundial” dependiente
G: Proyecto mundial de liberación (“Trans-modernidad”)
R: Mercantilismo hispánico (Renacimiento y Reforma)
K: Capitalismo industrial (La “Aufklärung”)
II) Relaciones con una cierta dirección o flechas:
A: Historia europea medieval (lo pre-moderno europeo) B: Historia “moderno”-europea C: Praxis de realización de C
d: Historias anteriores a la conquista europea (América Latina, África y Asia) e: Historia colonial y dependiente
mercantilista f: Historia del mundo periférico al capitalismo industrial g: Praxis de realización de F (desarrollismo) h:
Praxis de liberación o de realización de G i: Praxis de solidaridad del Centro con la Periferia 1,2,3,n: Tipos históricos
de dominación (de A —-> D, etc.)
III) Los dos paradigmas de Modernidad:
[ ]: Paradigma eurocéntrico de “Modernidad”: [R->K->B->C]
{ }: Paradigma mundial de “Modernidad/Alteridad” (hacia una “Trans-modernidad”): {A/D->B/E->G}

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Unidad 5:
1.-El modelo Iusnaturalista de la Antigüedad: Del periodo cosmológico a Platón. El modelo iusnaturalista aristotélico.
Estoicismo y cristianismo. Las concepciones del derecho en el pensamiento romano.
2.-El modelo Iusnaturalista de la Edad Media: La cultura, la Iglesia y el Derecho. Derecho Natural en Tomás de
Aquino. La superioridad del Derecho Natural: ley injusta, legitimidad del poder político y desobediencia legítima.

1.-EL MODELO IUSNATURALISTA DE LA ANTIGÜEDAD


Del periodo cosmológico a Platón
Aquí se va a iniciar desde el modelo medieval porque marcan significativas diferencias que conviene destacar.
La concepción clásica del Derecho Natural dividido en los 3 epígrafes:

Del mundo Cosmológico a Platón


Aristóteles concibe el mundo a imagen y semejanza del humano. Tal concepción humaniza a la naturaleza y a los
dioses. Esa concepción propia de visiones mágicas o mítico-religiosas, es seguramente universal en todas las culturas
y puede observarse en la Biblia, por ejemplo, en las 10 plagas de Egipto como castigos divinos. Si atendemos al
testimonio de Hesidoto poeta griego de finales del siglo VIII a.C, la justicia, DIKE, aparece personificada como una
virgen hija de Zeus y de Themis (orden) y el apartamiento del hombre de lo que aquella ordena provoca males
naturales en la sociedad.
Esta distinción entre leyes naturales y sociales, entre el mundo natural y el humano, hoy nos es extraña como efecto de
mayor conocimiento científico, que apenas deja sitio al mito. Ese proceso de diferenciación ha sido largo y comienza
con la filosofía griega, que nace con la progresiva separación del pensamiento mítico-religioso. Y, precisamente la
relación Nómos (normas) y Physis (búsqueda en un principio natural, en decir en objetos), se constituye en uno de los
principales focos de discusión.

Periodo cosmológico (siglos VI-V): Heráclito.


Hacia los siglos VI y V a.C, el llamado periodo cosmológico se pregunta por el origen físico de las cosas, la
indistinción entre physis y nómos, donde los primeros filósofos griegos tienden a naturalizar al hombre y a la
sociedad, que comienzan a ser vistos como sometidos a leyes equivalentes. El elemento clave y nuevo del hombre a lo
natural, está en la idea de la razón, o logos entendida como orden que se atribuye a la divinidad y al mundo, hombre y
sociedad. Heráclito 535-470 a.C introduce la idea del logos que se puede traducir por razón (también “lenguaje” y
“pensamiento”) como ley eterna.
Esta relación entre naturaleza y ley anticipa dos ideas del modelo aristotélico de justicia: de un lado la formulación de
una ley natural como origen y fundamento de las leyes positivas, y de otro lado presenta al hombre y a la sociedad
como productos naturales, ordenados, armoniosos, lo que anuncia una concepción organicista de la sociedad.

Periodo Antropológico (siglos V y IV a.C)


a) Los sofistas, Sócrates y los socráticos menores (cínicos y cirenaicos): ruptura entre physis y nomos;
primeros atisbos de individualismo.
Este periodo se inicia con los sofistas y Sócrates (469-399), seguidos por Platón, y los socráticos menores (cínicos
como Diógenes y cirenaicos como Aristipo), Aristóteles puede ser incluido sobre el final de ese mismo periodo. Casi
todos estos filósofos- especialmente los sofistas- introducen una revolución en el pensamiento anterior en separar lo
natural de lo legal. Esta ruptura entre Physis y Nómos tiene una manifestación literaria en la Antígona de Sófocles.
Esa consciencia del contraste entre las leyes naturales y las humanas es el origen de una primera concepción
iusnaturalista que distintos sofistas expresaron con diferentes formas, pero bajo una común función crítica hacia las

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leyes existentes. Con lo anterior, la mayoría de los sofistas, Sócrates y los cínicos y cirenaicos aparecen ideas
individualistas en tres sentidos diferentes:
1) La idea del contrato social, la organización política- social que fue vista como el acuerdo para salvaguardar los
intereses de los hombres
2) Anunciando a la idea de autonomía kantiana, la moral llega a aparecer como criterio propio del sujeto individual, la
gran enseñanza de Sócrates razona sobre la obligación de obedecer la sentencia donde lo condenaron a muerte.
3) Prefigurando formas moderas del individualismo como la despreocupación por los asuntos colectivos en favor del
interés individual, también el apartamiento de la vida privada.
Estas distintas versiones individuales constituyen anticipaciones de algunos aspectos del modelo del iusnaturalismo
racionalista o protestante, que se desarrollaría 2000 años después.
b) Sócrates y la obediencia al Derecho
La gran figura de Sócrates (469-399 a.C), sostiene sus ideas en favor de la obediencia a las decisiones jurídicas de la
comunidad. Los argumentos se desarrollan en 3 motivos fundamentales por los que siempre el derecho ha de ser
obedecido, aún por quien discrepa de él:
1) Interés General: La desobediencia al derecho puede tener malas consecuencias para el mantenimiento del orden
político, en la medida en que si debiera prevalecer el juicio individual de las normas aprobadas oficialmente deben ser
obedecidas o no, es improbable que estas pudieran tener la eficacia suficiente para mantener un sistema jurídico-
político necesario y justo en su conjunto.
2) Los beneficios recibidos: Ante la respuesta de Critón de que eso es lo que merece la ciudad por su injusta sentencia,
Sócrates replica que la ciudad ha producido para sus ciudadanos beneficios que estos han de retribuir la justicia, tanto
las duras como las inmaduras.
3) El consentimiento al sistema y a sus leyes: Sócrates cambia su razonamiento, que inicia mencionando una cierta
idea de pacto entre la ciudad y los individuos y concluye apelando con consentimiento tácito por el hecho de vivir en
la ciudad bajo su protección y participar en la aprobación de las leyes.
Los anteriores argumentos no agotan el debate sobre el eterno problema de la obediencia a las leyes injustas, porque
hay variantes que Sócrates no consideró (como la del consentimiento hipotético que merecería un sistema político
justo, lo cual no lo es) y de otra los sistemas políticos que no son de pertenencia voluntaria como la Atenas del siglo
V.
c) Platón: Justicia como concepto objetivo y como orden. Platón (427-347 a.C)
Propone una concepción de Justicia más ambiciosa y objetivista, ligada a un modelo de Justicia natural diferente de
carácter idealista y no naturalista.
Por un lado, el plano Metodológico, Platón inaugura una concepción idealista del conocimiento, según las ideas o
conceptos son la verdadera esencia de las cosas, de manera que esta mesa en la que estoy sentado, es la mismas o se
asemeja a una mesa porque tiene determinadas condiciones, que las definen como tal y existe en todo el mundo.
Ilustra esta concepción mediante el mito de la caverna, en la que los hombres alcanzan a ver el reflejo de sus sombras
de unas estatuas que representan a las cosas reales, su verdadera forma Pues bien se hallaría también la idea de
justicia, como modelo de comportamiento correcto entre los seres humanos, un modelo objetivo en el sentido eterno y
trascendente y no obtenido a partir de los hechos comprobables, ni de lo común de diferentes lugares.
En el plano de los contenidos el ideal que defendió Platón es la organización política y social, que es un orden
jerarquizado y total bajo el modelo de organización individual. En él deberían existir 3 clases de ciudadanos:
• El Filósofo-rey: son la parte más pequeña del Estado
• Guardianes o Gobernantes: son la sabia dirección de la sociedad
• Los guerreros o militares: la valentía para el combate.
• Los artesanos y trabajadores: la habilidad para el trabajo

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La estructura jerárquica es desigualitaria en el Estado Platónico en donde cada cual debe someterse a la posición que
le destinan sus capacidades naturales, de manera que es “justa” la sociedad en la que cada persona y cada clase
cumplen los deberes que le corresponden por naturaleza.

EL MODELO IUSNATURALISTA ARISTOTÉLICO


Lo que se ha llamado modelo aristotélico del Derecho natural es una concepción del hombre, la sociedad, la política, y
la justicia. Conviene distinguir dos elementos, 1) el carácter metodológico, relativo a la pregunta ¿Qué y cómo
podemos saber?; y otro de carácter Ético, que responde a la pregunta ¿Cómo debemos comportarnos?

1. Aspectos metodológicos, se caracteriza por 2 rasgos básicos: su teleologismo y su conocimiento práctico.


a) El teleologismo: En un clásico libro sobre Aristóteles, Werner Jaeger elaboró una síntesis de los diversos
momentos del filósofo griego bajo una marcada evolución desde: un inicial platonismo, con visión idealista, y rasgos
racionalistas hasta una posición independiente y realista de carácter realista. Luego un Aristóteles más maduro como
una síntesis de racionalismo y de empirismo, usa la deducción, al modo de la Metafísica, pero también la observación
y la inducción. Aristóteles dio a su pensamiento un tono realista y pluralista diferenciable del racionalismo platónico.
La clave del racionalismo aristotélico es la comprensión de las cosas en función de fines.
Este teleologismo puede entenderse como una visión metafísica general del mundo según la cual la esencia de las
cosas es el movimiento o el paso de la potencia al acto, es su naturaleza esencial. Así son lo que la causa final por lo
que se puede definir su esencia.
Aristóteles considera al hombre como animal y político, el fin último de los actos humanos, es la felicidad, entendida
como vivir y obrar bien, o sea, como vida virtuosa que es placentera. De la concepción de felicidad hay una variación
producto de su condición dual de la naturaleza humana; según el hombre como ser racional o ser político. De esa
depende la distinción el conocimiento teórico y su virtud y el conocimiento práctico y sus virtudes:
• El primero, el fin lo marcan las virtudes como la sabiduría, es la racionalidad teórica como actividad más
virtuosa, es sólo para el FILÓSOFO.
• El segundo, el fin lo marcan las virtudes como la prudencia, la justicia, propias de la política y la ética aluden
a la racionalidad práctica, que necesita de virtudes humanas.

b) El conocimiento práctico o retórico: La concepción aristotélica del conocimiento práctico es declaradamente


no dogmática: en el estudio de la política y la Ética, es decir los bienes y fines humanos.
Se propone la diferencia entre razonamiento demostrativo/razonamiento teórico y dialéctico. El Demostrativo, es visto
como deducción lógica y se obtiene cuando el razonamiento tiene cosas verdaderas, que tienen credibilidad por sí
mismas.
Mientras que el Razonamiento Retórico al igual que el Dialectico, es el construido a partir de cosas aceptables,
derivado de la opinión.
Sin embargo, en la segunda forma de razonamiento, que es propia de la justicia y la política. La disputabilidad de
argumentos, asociada a su capacidad de persuasiones la sustancia común de la dialéctica y la retórica, que no son para
Aristóteles idénticas, sino son paralelas debido a su forma y uso:
• La retórica: es el arte de persuadir mediante la palabra hablada, es una técnica del discurso. Por ej. La oratoria
forense.
• La dialéctica: como arte de razonamiento probable, es una técnica de discusión del diálogo, es la
argumentación dialógica. Ej. Discusiones políticas como podría ser secuencia de preguntas y respuestas.
Estos trabajos son culminados en la su OBRA LA RETÓRICA y el tema de los Tópicos

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2. Aspectos éticos
a) Naturaleza en sentido factico y Teleológico
Se puede llamar factico o empírico, alude a la naturaleza como conjunto de hecho sometidos a relaciones de
causalidad y, en el ámbito humano debida a una inclinación instintiva (biológicos en términos de hoy), que funciona
como causa que determina determinados efectos: la naturaleza equivale a causa eficiente.
Teleológico o finalista alude a la naturaleza como modo de ser de una cosa según lo conforma la finalidad para lo que
la cosa esta dispuesta, por donde la naturaleza de la llave es abrir puertas y la del sabio es el conocimiento. La
naturaleza se identifica con la forma, esto es la causa final de las cosas.
En el primer sentido factico, lo natural es lo normal, en contraposición de a lo milagroso. El segundo sentido,
teleológico, no natural es lo bueno y se contrapone lo malo.

b) La sociabilidad natural del hombre


La idea de la tendencia natural a la sociabilidad humana, es predominantemente teleológica y enlaza las ideas de
sociabilidad, racionabilidad y moralidad de una forma muy incisiva. El hombre es descrito como politikon zoon,
traducido como animal social en donde la comunidad de ciudadanos incluye a todos tipos de relaciones públicas y
privadas. La razón por la cual el hombre es más que un animal, es que es el único que tiene palabra. La voz es signo
del dolor y del placer y llega a tener la sensación de dolor y placer y significársela a los demás, y es exclusivo del
hombre el sentido del bien y del mal y la comunidad es lo que constituye la casa y la ciudad.
Cabe insistir aquí en dos ideas clave. Por una parte, la idea de sociabilidad natural del hombre, según la cual la
organización política y social está justificada, incluso desde un punto de vista moral como algo necesario y bueno. Por
otro lado, la idea de preeminencia de comunidad sobre los individuos, que Aristóteles confirma que “ningún
ciudadano pertenece a sí mismo, sino que todos pertenecen a la ciudad” y asocia a la comunidad como cuerpo, que
tiene necesidades funciones y facultades independientes superiores a las individuales. La concepción aristotélica
presupone la existencia de un sujeto asocial anterior a la organización política, que contrata o pacta condiciones de
igualdad con otros individuos, para dar lugar a un sistema de protección política de ciertos derechos individuales, que
se contradice porque son subordinados y menos valiosos a ella.
c) La justicia aristotélica
Tiene un elemento dominante el concepto factico de “naturaleza” ¿Qué es justicia? Comienza en el orden de la ciudad,
en sentido de buena organización. ¿En qué consiste el Orden?
1) La justicia según la igualdad se resume en la formula lo igual, para los iguales y lo desigual, para los
desiguales. Estas dos relaciones dan lugar a lo que llama JUSTICIA CORRECTIVA, la aplicable entre iguales y
puede ser de 2 tipos:
La justicia legal en sentido estricto: es aquello que en un principio sea así, pero una vez establecido ya no da lo
mismo. Por ej. Los sistemas procesales. Por su parte, en la RETORICA denomina a esta justicia “ley particular”
definiéndolas como la que cada pueblo se ha señalado para sí mismo y de éstas unas son no escritas y otras escritas. El
realismo aristotélico de esta manera prefigura este concepto en la justicia legal, lo que más adelante se conocerá
como positivismo ideológico.
2) Justicia Natural: es lo que tiene en todas partes la misma fuerza independientemente de que lo aparezca o no
(la que tiene en todas partes la misma fuerza y no está sujeta al parecer humano.)

d) La falacia Naturalista en Aristóteles:


El paso de lo factico a lo valorativo puede analizarse en la concepción aristotélica sobre la esclavitud humana. Según
Aristóteles existen esclavos por naturaleza. El amo no es del esclavo otra cosa que el amo, pero el esclavo le pertenece
por completo al amo. Esa naturaleza teleológica de esclavo, esa forma de ser a la que algunos seres humanos estarían
destinados según Aristóteles.

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Se genera una discusión muy profunda en base a la forma tratada por la ley hume y se termina desmoronando la
primera y la última. En donde se termina concluyendo y aclarando que la noción fáctica de naturaleza, es
comprobable, pero no incorpora valores. Y la teleológica es valorativa no es comprobable y es sometible a discusión.

e) La justicia según la ley y las formas de gobierno.


La explicación de la segunda triada (derecha) es que el interés está más lejano del interés general que el interés de los
pocos.
Que en democracia se lo llama Pura o directa, en impura o representativa. La forma Pura: tiende a buscar el bien
común.
• Monarquía: uno gobierna conforme a las leyes
• Aristocracia: gobierno de los mejores por preminencia en la sociedad por tradición o por sangre
• Democracia: es el gobierno de Todos.
La Forma Impura: es la deformación y transformación de las anteriores.
• Tiranía: Cuando la monarquía de vuelve arbitraria
• Oligarquía: cuando la aristocracia gobierna en su propio beneficio.
• Demagogia: Cuando la democracia deja de respetar el derecho de las minorías.

Estoicismo y cristianismo
Desde finales del siglo IV a.C, se abre el llamado periodo helenístico, que se suele situar en los 3 siglos que van desde
la muere de Alejandro Magno (323 a.C) hasta el principado de Augusto; se desarrollaron 2 escuelas filosóficas: el
epicureísmo y el estoicismo que serán el nexo de la unión más importante:
Primero entre la filosofía griega y la cultura romana
Segundo, en especial el estoicismo, entre el pensamiento antiguo o clásico y el pensamiento cristiano
En la esquematización por modelo se destacaran 4 aspectos:

Primer aspecto. Rasgos comunes de epicureísmo y estoicismo


Entre los rasgos más comunes al epicureísmo y al estoicismo pueden señalarse 2: por una parte, la mayor
preocupación por la ética que por la filosofía teórica y por otra parte, en reacción contra la defensa platónica y
aristotélica, de los ideales de la ciudad-estado, la defensa de un cierto individualismo y de un cierto cosmopolitismo.

Segundo aspecto. Estoicismo y ley natural


El estoicismo nace en Grecia, los representantes principales fueron: Crisipo, Panecio, y Posidonio. La aportación del
estoicismo a la historia de la idea de justicia reside en la nueva síntesis sobre el Derecho natural que transmite al
pensamiento cristiano, una síntesis compuesta de dos elementos, uno ideal (la recta razón) y otro empírico (el
consenso entre los distintos pueblos).
a) El logos y la “recta ratio”: ley universal, natural y humana
Los estoicos comparten con Heráclito, Platón y Aristóteles una imagen finalista del mundo, en la que lo natural se
corresponde con la finalidad racional y coincide con la bondad moral. Para ellos el logos aparece como ley racional
universal, en el sentido de plan de designio y también de destino, que gobierna y da sentido al kosmos.
La ley universal, se manifiesta en la ley natural, ley que a su vez ha de plasmarse en las leyes humanas. De este modo,
los estoicos vuelven a humanizar a la naturaleza, entendida como logos u orden universal, atribuyéndole a este un
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carácter normativo y hasta jurídico. Con una idea hasta el punto de llegar a invertir la relación entre la naturaleza y las
normas jurídicas y sociales de una manera hasta entonces inédita: lo que es natural-racional, o justo, no es legal.
En todos los elementos anteriores ya cabe ver una gran conexión entre estoicismo y cristianismo.
b) El consensus ómnium gentium
Junto al elemento ideal de la recta ratio, los estoicos definieron igualmente lo natural mediante elementos facticos. De
este modo, el estoicismo propone una nueva y ambigua síntesis de lo racional y lo empírico, que une la ética pura de la
conciencia y la ética de lo instintivo, de lo consuetudinario y común.
Por su parte, la ambigüedad entre lo racional y lo empírico se observa en la influyente formula de Cicerón del
“consensus ómnium gentium”, que implica que cualquier hombre tiene impreso por instinto en su corazón lo que
racionalmente debe hacer.
c) Universalidad y Superioridad de la ley natural
Como resultado de lo expuesto anteriormente, se puede sintetizar la más importante aportación del estoicismo
mediante dos rasgos básicos de la idea de “ley natural”, propio de la época medieval.
1) El carácter de universalidad de la ley natural, entendida como inmutabilidad en el tiempo y en el espacio.
2) El carácter de superioridad de la ley natural, entendida como esencialidad del verdadero carácter jurídico a las
leyes naturales frente a las leyes injustas

Tercer aspecto. Libertad y Ley: la forma de gobierno republicano


Además de la idea estoica de la ley natural, hay otra concepción transmitida por Cicerón que también haría fortuna, a
través de diversos filósofos políticos de sucesivas épocas. Se trata de la defensa del ideal del gobierno mixto.
El gran sintetizador que fue Cicerón, justamente cundo la republica romana ya exhalaba su último suspiro, recogió la
forma de gobierno republicana enmarcándola en una fundamentación retorica basada en una cierta idea de libertad.
Ligando la vida de la libertad tanto a la existencia previa de la ley como al poder y el bienestar general del pueblo,
Cicerón puso en circulación ideas destinadas a tener un largo y persistente recorrido histórico en una paradójica
conexión que la sitúa en el sometimiento a la ley. Claro que esa ley ha de ser la de un gobierno justo, sometido a la ley
natural y, en la línea abierta por Aristóteles, dedicado al bien común.
Para Cicerón la ley que garantiza la libertad y el bien común se realiza a través de la forma democrática de gobierno
pero no defendió realmente el sistema democrático sino el sistema republicano romano que mezclaba el elemento
democrático de los comicios o asambleas populares con el aristocrático del Senado. Cicerón prosiguiendo también el
temor esquematizado hacia la tendencia a la generación de las formas de gobierno buenas, dejo bien en claro en
distintos lugares su preferencia por una forma de gobierno mixto.
Y es en esta forma en la que Cicerón admiro la constitución republicana de los <<tiempos gloriosos>>, cuando uno de
los primeros cónsules, mantuvo la autoridad de los principales dando una moderada libertad al pueblo.

Cuarto aspecto. Del estoicismo al cristianismo


a) Teologalización, voluntarismo y pesimismo antropológico
1. Teologalización del pensamiento. El cristianismo al partir de la creencia en un Dios personal al que se le debe
fidelidad absoluta y, tiende a subordinarlo todo. Eso sirve al reforzamiento de ideas estoicas como la de la igualdad de
los seres humanos, también se sientan las bases para la aparición de dos tipos de distinciones: por un lado, la
distinción entre razón y fe, que hace posible el << creo porque es absoluto >> y por otro lado, la distinción entre
política y religión, que introduce la posibilidad de la tensión entre el Estado y la iglesia. Por eso la añadidura del
nuevo punto de vista teológico tuvo importantes efectos innovadores: el mundo antiguo, donde lo ético, lo político y lo
social van unidos, se contrapone al mundo cristiano.

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No obstante, ambos tipos de diferenciación sufrirán distintas vicisitudes: la tensión entre razón y fe variara sobre todo
según los teólogos, pues unos defenderán su mera distinción, mientras otros la verán como separación; y la decisión
entre el hombre y el ciudadano variara sobre todo según los momentos históricos.
2. Aparición del voluntarismo. Como consecuencia de la influencia en el cristianismo del Dios bíblico, aparece
el nuevo elemento del voluntarismo, esto es, la creencia de que en las decisiones divinas hay un elemento
racionalmente inmotivado. Esta concepción, es nueva respecto del pensamiento clásico que fue más
<<intelectualista>>. En esa medida, fue crítica, la posibilidad de que algo pudiera ser justo por el mero hecho de haber
sido ordenado.
3. Pesimismo antropológico. El pensamiento cristiano introduce una visión novedosa en la consideración
pesimista del hombre, cuya naturaleza se considera corrompida por el pecado original, un punto de partida con mayor
o menor peso según distintos teólogos. Esta consideración más bien negativa de la condición humana da lugar a una
nueva explicación. Esa explicación nueva se basa en la idea de que el poder político es pena y remedio del pecado, por
lo que el Estado aparece como un mal menor y necesario.
b) Pablo de Tarso: ley natural, igualdad humana y obediencia al poder
La primera elaboración del núcleo de las ideas cristianas sobre el poder y la justicia es obra de Pablo de Tarso.
En primer lugar, propone ya explícitamente la identificación analógica entre la ley natural teorizada por los estoicos y
el decálogo mosaico.
En segundo lugar, asume la igualdad entre todos los seres humanos, en la que la igualdad se ofrece sobre todo para los
cristianos y, sobre todo, se aplaza para el otro mundo.
En fin, aun con el trasfondo de la ambigua contestación de cristo ante la capciosa pregunta de si había que pagar
impuestos a los romanos, que permite matices implícitos que algunos teólogos posteriores explotarían, Pablo de Tarso
expresa una sólida justificación religiosa de la obediencia al poder político.
Esa justificación, basada en la idea de la inescrutable voluntad divina llegara a servir la doctrina del origen divino del
poder monárquico, que comenzara a tener importancia en la edad media y se extenderá hasta el final de la edad
moderna.

Las concepciones del derecho en el pensamiento romano


Casuismo y justicia en la jurisprudencia romana
1. Derecho y ciencia jurídica; Derecho público y privado
La distinción entre derecho y ciencia jurídica ha de tenerse en cuenta aquí presente, pues el derecho preexiste a su
ciencia como la construcción de puentes a la ingeniería, la curación de enfermedades a la ciencia de la medicina a la
práctica del cálculo a la matemática. Y la misma situación sirve para ver la diferencia entre derecho privado y público,
pues aunque el derecho público existe como realidad y como concepto ya en roma, la ciencia jurídica es durante
muchos siglos estudio del derecho privado. A finales del siglo pasado, con Gerber, Laband y Jellinek, nacería una
ciencia del derecho público similar a la jurídico-privada tradicional. Con todo teniendo en cuenta es más liviana
teorización tradicional, las referencias y concepciones a propósito del derecho público serán también de interés para
nosotros en adelante.
a) Los tres periodos de la jurisprudencia romana: republicano, clásico y postclásico
Para situar históricamente a la jurisprudencia romana conviene decir que nació antes de la elaboración de la ley de las
XII Tablas, que fueron aprobadas en la mitad del siglo V a.C recogiendo costumbres y reglas en buena parte del
conocimiento reservado del colegio sacerdotal de los pontífices.
La madurez de la jurisprudencia romana se alcanza a mediados del siglo II a.C hacia el 150, cuando mediante una
“revolución intelectual” aquella pasa definitivamente de la oralidad a la escritura, comienza a utilizar conceptos
jurídicos abstractos en el marco de las técnicas clasificatorias de la dialéctica y, en fin, tiende a presentarse como un
saber autónomo respecto de la religión y de la política.
Desde entonces se suele dividir su evolución en tres periodos:

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 El periodo republicano, que comprende los casi 150 años que van desde la caída de Cartago (146 a.C) hasta
Augusto, cerca ya del comienzo de nuestra era con juristas como Manlius Maniluis, Marco Junio Bruto y
Publio y Quinto Mucio Scaevola o Servio Sulpicio Rufo

 El periodo clásico, que abarca los 250 años que van desde Augusto hasta la muerte del emperador Alejandro
Severo (año 235, cuando comienza una época de anarquía militar con juristas como Labeon, Sabino, Casio y
Proculo)

 El periodo postclásico, que comprende casi 350 años (desde el 2do tercio del siglo III hasta el último tercio
del siglo VI, con la codificación de Justiniano), cuando desaparecen los jurisprudentes, siendo sustituidos por
juristas-burócratas al servicio del emperador; este último periodo viene a coincidir con el llamado Derecho
Romano bizantino
b) La labor de los jurisprudentes
Con la anterior diferenciación de etapas en el trasfondo, conviene añadir ahora como actuaban los jurisprudentes, en
principio tuvieron una fundación en materia de derecho privado que no tenía carácter público u oficial, era gratuito y
actuaban como particulares, en el proceso judicial el único sujeto que intervenía con carácter público era un cuarto
personaje: el pretor.
En ese marco, los jurisprudentes intervenían en el proceso solo indirectamente, pues nunca comparecían en él. En un
principio fueron consultores jurídicos, y con el tiempo sus dictámenes los distintos casos fueron adquiriendo gran
autoridad y llegaron a ser aceptados por el pretor como formulas o soluciones que daban acción para litigar antes
nuevos asuntos. Más adelante todavía, los jurisprudentes terminaron por actuar de hecho como miembros del
consilium del pretor, que opero como órgano no oficial pero influyente.
Los jurisprudentes fueron siempre un conjunto selecto de conocedores del derecho, enseñaban de manera directa a
modo de clases particulares a discípulos que continuaban su labor. En el siglo I a.C, con objeto de facilitar su
enseñanza, sobre el conjunto de reglas jurídicas realizaron un cierto trabajo de sistematización, proponía analizar
ciertos temas mediantes divisiones sucesivas de géneros y especies: por ejemplificarlo, según esa propuesta así como
el ser se clasificaba en vivo e inanimado etc., las garantías jurídicas se dividían en personales como las fianza y reales,
y las reales en prenda e hipoteca, esta forma de sistematización no afecto al conjunto del derecho civil, que se siguió
ordenando según criterios arcaicos y sin orden clasificatorio, de modo que el uso del sistema tendió a limitarse a la
ordenación de instituciones particulares, para aplicarles las reglas generales y especiales, que se consideraban
apropiadas.
c) Jurisprudencia republicana y clásica: casuística y sistemática
La distinción entre la jurisprudencia republicana y la clásica se debe a varias razones. En primer lugar, a que desde
Augusto o Tiverio a los jurisconsultos más ilustres le fue conferido el derecho de responder o emitir responsae por la
autoridad del príncipe, de modo que parece que adquirieron una especie de facultad oficial de decidir en lo que se
refiere a la questio iuris. En segundo lugar, aunque la sustancia de la jurisprudencia clásica siguió siendo similar a la
republicana, consistiendo en ambas en la enunciación de una regla para un caso concreto, se han destacado dos
diferencias: de un lado, que en el periodo clásico se pretendía obtener la regla por inducción, y por otro lado, que la
regla se presentaba como meramente probable o plausible.
d) Ius, justicia y regla
El modo casuístico de considerar y enseñar el derecho se debe relacionar estrechamente con la concepción romana del
derecho subyacente, que no fue expresamente formulada ni, mucho menos, teorizada. Los jurisprudentes romanos no
tomaron el derecho como un dogma, más bien el ius civile se tuvo por un acervo de criterios, modificable e integrable
mediante una interpretación caso por caso en la que ya se llegó a diferenciar entre el significado literal y la voluntad
de los textos jurídicos.
La predominante función práctica de la interpretación de los jurisprudentes, como forma de asesoramiento privado y,
en la jurisprudencia clásica, publico, ha permitido insistir desde distintas perspectivas en la idea de que el ius de los
romanos fue visto como acervo de soluciones de conflictos concretos. Así, el ius seria, según Michel Villey, lo que al
contacto con la filosofía estoica daría jugar a figuras como la de la naturaleza de las cosas.
Volviendo al pensamiento jurídico romano, y como consecuencia de la concepción casuística del derecho, no es de
extrañar que en el no existía una teorización elaborada sobre lo que es el derecho en general que pueda compararse ni
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aun vagamente, a las actuales teorías generales del derecho o las partes generales de las distintas disciplinas jurídicas.
No obstante, la falta de una teorización más desarrollada no quita significatividad al hecho de que lo que poco que
puede encontrarse de elaboración abstracta sobre el concepto del derecho, denote una concepción jurídica fuertemente
marcada por la justificación político-moral de las instituciones jurídicas y por una marcada relación entre el derecho y
el moral. En general, la separación hoy existente en los sistemas liberales entre derecho y moral privada, es
desconocida en roma.
Mas en particular, en cuanto a concepciones expresadas sobre el derecho, en los contados casos en los que autores
romanos definen al derecho en general aparece una estrecha conexión entre ley y justicia.
Y también se da una conexión semejante entre derecho y justicia y las dos definiciones famosas del derecho que
aparecen en toda la extensa producción jurídica romana.
Una definición esta tan relacionada con la noción de derecho natural y la otra definición, que relaciona estrechamente
las nociones de iustitia, de ius y de iurisprudencia.
Por lo demás, la estrecha relación, entre el derecho y la justicia alude a una función integradora del derecho, esta
trabazón entre las nociones de derecho y de justicia, hace como la propia función de corrección e integración del
derecho natural sobre el derecho positivo han marcado una profunda huella en el pensamiento político-jurídico
occidental.
2. El ius gentium
El ius gentium fue un conjunto de reglas recogidas en su edicto por el pretor peregrino, una magistratura que se crea a
mediados del siglo III A.C para entender el tráfico mercantil de una roma con un millón de habitantes, el ius gentium
aparece como una especie de derecho de hospitalidad, que reunía las reglas que regulaban los actos jurídicos,
comerciales y familiares de los extranjeros que habitaban el territorio romano.
El contenido de las reglas del ius gentium, fue en gran parte extraído del propio derecho romano, el ius gentium se
articulaba en torno a 4 contratos fundamentales: de compraventa, de arrendamiento, de sociedad y de mandato, y en
torno a 3 principios rectores, destinados a convertirse en otros tantos ejes de todo desarrollo jurídico posterior: el
consensualismo, la buena fe y la reciprocidad.
3. De la jurisprudencia: clásica a Justiniano

La burocratización
La burocratización de los juristas y la ascendencia de las leyes imperiales en el plano de la ciencia jurídica el proceso
de decadencia comienza cuando con el jurisconsulto modestino termina el ius respondendi ex autoritate principis y se
empieza a abrir paso a la burocratización de los juristas. En el proceso de decadencia de la jurisprudencia, cabe
destacar dos rasgos entrelazados. Por un lado, el derecho es producto de la ley, y por otro lado, la idea de la
supremacía de la ley como libre voluntad del príncipe, conforme a la cual las decisiones de este no están sometidas a
la ley, esto es, el príncipe esta suelto o desligado de las leyes.

2.-EL MODELO IUSNATURALISTA DE LA EDAD MEDIA


La edad media aparece a partir del siglo V y termina en el siglo XV. Está marcada por el modelo Aristotélico. Aquí
ocurren fenómenos propios de la edad media. Se produce la creación del derecho de la ciencia medieval.
El colapso de la civilización romana trae como consecuencia una serie de rupturas con la antigüedad, dentro de estas
rupturas podemos mencionar el pluralismo jurídico: convive con leyes y costumbres romanas y bárbaros de las
ciudades europeas. El derecho romano vulgar se va disolviendo en las normas y costumbres de los lugares que estaban
libres del imperio romano. También podemos mencionar el pluralismo político: que es un estado de confusión
político porque convive la autoridad tanto del rey, noble y la iglesia. La ley tiene un límite, no existe la ley absoluta
que tenía el emperador romano. Se mantiene la noción de sacro imperio romano germánico.

La cultura, la Iglesia y el Derecho

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En el plano cultural, tras las investigaciones germánicos la Europa occidental volvió al estado místico y mágico-
religioso anterior al surgimiento de la filosofía en Grecia. Hubo una regresión cultural. El saber quedó reservado a los
conventos y monasterios. Aquí presentaron una labor fundamental los llamados padres de la iglesia cuya elaboración
teológica sirvió para desarrollar y mantener el concepto estoico del derecho y la doble triada entre ley eterna natural y
temporal por un lado y por el otro derecho civil, derecho de gentes y derecho natural.
La iglesia se transformó en un actor político plenamente identificado con elementos característicos. De la iglesia es el
poder de la corona. El poder de establecer la legitimidad del poder político por sí mismo.
El papado fue un elemento de unificación en la tendencia a la dispersión de la alta edad media europea en cuanto
mantuvo con éxito la supremacía religiosa.
Surge así la “Teoría de las 2 espadas" y la de “Plenitud del poder"

Teoría de las 2 espadas: Dios le dio a la iglesia un poder espiritual y al rey un poder secular. Ambos poderes se
convergen entre sí y se colaboran.

Plenitud del poder: el poder de Dios venia solo al papa y el papa coronaba al príncipe.
Sería una sociedad con dos partes, cada una de las cuales diferente y autónoma en su esfera, aunque cooperan entre sí.
En oposición a esa doctrina, sería la sustentada por el papado y la iglesia, mantendría que las 2 espadas habían sido
entregadas por Dios a la iglesia mediante el otorgamiento al papa de la plenitud del poder, quien habría delegado el
poder civil (una de las espadas) para su uso conforme a la doctrina eclesiástica. Frente a esta posición en el lado
impuro y monárquico se defendió la tradicional doctrina de las 2 espadas y la consiguiente autonomía del poder civil
ante el eclesiástico.

Derecho Natural en Tomás de Aquino


Derecho y ley natural en Tomás de Aquino.
La teoría de la justicia de Santo Tomás de Aquino es representativa de lo que puede llamarse modelo iusnaturalista
medieval. El más importante exponente del método escolástico.

El concepto y las clases de ley para Santo Tomás


La Ley se va a dividir en 2. En Ley Eterna que a su vez también se divide en 2. En eterna cósmica y natural. Esta
última (ley natural) se subdivide en lo que es la humanidad libre y el antiguo testamento.
Por otro lado se divide en Ley Positiva que se subdivide en divina y humana que forman lo que es el nuevo
testamento.
a) Finalismo y ley eterna: él recoge de Aristóteles una concepción finalista de todo el universo, uniéndola
también a la idea estoica de orden cósmico racional. Pero ese orden es visto como un modo justo cristiano.
Dirigido por un dios personal y creador de todas las cosas. Ese Dios que crea las cosas de la nada, las crea,
como agente libre. Orientándolas a una finalidad. Esa finalidad es la que está inscripta en la ley eterna
entendida como la razón de la divina sabiduría en cuanto dirige toda acción y todo movimiento. En la ley
eterna está incorporada tanto la ordenación de todo el cosmos, como la del mundo humano o social donde
aparece la noción del libre albedrío. En este modelo teológico el universo aparece como una gran empresa o
compañía divina en la que el mundo inanimado y animado como el humano está sometidos a leyes similares.
Aquino dice que hay 2 manifestaciones de la ley eterna, dice que las cosas pueden dirigirse a su fin último de
dos modos: moviéndose por sí mismo hacia su fin (como el hombre) o movidos por otros. Los seres dotados
de razón se mueven por si mismos hacia el fin, los que carecen de razón tienden al fin por inclinación natural.

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b) Ley eterna y Ley natural. Ley= construcción totalizadora, universal. Dentro de la ley eterna el distingue entre
ley eterna en sentido estricto y ley natural. Donde ley natural no es otra cosa que la participación de la ley
eterna en la criatura racional. En Aquino ambos tipos de leyes tienen una unidad en cuanto forman parte del
mismo designio, pues tanto el orden humano como el de las cosas y los animales quedan integrados en un
mismo plan divino y eterno, unificado bajo la providencia de “Dios como monarca del universo" También
reconoció la diferencia del libre albedrío en el ámbito de la ley natural o social y acepto la diferencia
metodológica relativa a la mayor igualdad en el conocimiento por parte de la razón del orden de lo natural y
humano.
c) Ley positiva, promulgación y costumbre A la ley eterna en sentido amplio, excluida la natural, se contrapasa
la ley positiva, que es una norma promulgada de forma expresa o propia, dada a conocer mediante su
publicación, en el sentido de hacerse pública, sea oralmente o por escrito.

Dentro de la noción de ley positiva se incluyen dos clases distintas de ley: la divina y la humana

 La ley divina es la de Dios, que es quien tiene a cargo el cuidado de la comunidad cristiana, ha
expresado o promulgado a través de la revelación en las escrituras, fundamentalmente tanto en los
diez mandamientos como en los mandatos de Dios.

 La ley humana abarca a las normas promulgadas por los gobernantes para el cuidado de la comunidad
a la que dirigen.
También utiliza un concepto muy amplio de ley, no reduciéndolo a la escrita sino incluyendo las costumbres, porque
cuando el poder reside directamente en la autoridad superior se entiende que si la tolera es que aprueba la imposición
de la costumbre contraria a la ley, o bien porque cuando el poder reside directamente en el pueblo el consenso
expresado en la costumbre y de más en orden a establecer una norma que la autoridad del príncipe, cuyo poder para
crear la costumbre y de más en orden a establecer una norma que la autoridad del príncipe, cuyo poder para crear leyes
radica únicamente en que asume la representación del pueblo.

La superioridad del Derecho Natural: ley injusta, legitimidad del poder y de obediencia legítima
El problema de la ley injusta
La superioridad de la ley adquiere en la escolástica medieval un valor fundamental y relevante en la práctica en
relación con los límites de la obediencia al derecho injusto.
Esta concepción del derecho natural se ha denominado iusnaturalismo ontológico porque identifica el ser o esencia del
derecho con el derecho natural, define al derecho natural como único, real y verdadero, ya que el derecho positivo no
es tal sino coincide con el derecho natural.
Los criterios de legitimidad del poder político.
Sintetizando los elementos fundamentales de la concepción del poder político en Aquino cabe destacar dos
componentes fundamentales:
a. La sociabilidad natural del hombre
La tesis de la sociabilidad natural del hombre, procedente de Aristóteles, da por supuesto que hay una secuencia
natural entre la existencia de una comunidad política y su gobierno de modo que si la asociación política no necesita
especial justificación, tampoco lo necesita el gobierno. En Aquino la transición va rápidamente de la natural
sociabilidad humana a la monarquía como mejor forma de gobierno.
No obstante, a diferencia de Aristóteles casi no hace falta decir que en Aquino se ha pasado de la polis a las dos
formas básicas del Estado medieval: la ciudad y el reino.
b. La atribución divina del poder originario al pueblo
La atribución de ese poder a los gobernantes no es directa, sino a través del pueblo que es su depositario original.

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En la visión tomista el mismo origen divino del poder y el fin último de todos los cristianos, incluidos sus
gobernantes, de conseguir la salvación eterna, otorgaba a la iglesia y, a su cabeza, el papa, un papel de dirección de
corrección del poder secular.
Se conoce 3 doctrinas distintas sobre el poder político, dos descendentes y una ascendente del pueblo monarca.
La primera que hizo su aparición fue la teoría descendente del poder, establece que de Dios va al pueblo y del pueblo
al monarca. Pero en realidad, la teoría ascendente habla que el poder viene del pueblo hacia el monarca, pero
previamente el poder que tiene el pueblo desciende del Dios, es decir, que toda la teoría del poder originario son
descendentes, solo que en algunos casos el poder se detiene en el pueblo para que el monarca gobierne para el pueblo
pero sin el pueblo.
En la última etapa de la edad media, las ciudades italianas tenían un sistema que se llamaba republicanismo
democrático. Este sistema democrático, el pueblo practicaba en el gobierno, el rey era un ejecutor de los mandatos de
las corporaciones, pero los actores políticos no era el pueblo como el pueblo como se conoce, sino como los grupos
sociales, las corporaciones.
La república italiana tenía elementos mixtos, tenía componentes ciudadanos, tenía sistema de elecciones y
participación de las corporaciones, pero ninguna de estas formas llamadas democracia italiana y republicana eran en
rigor una democracia como se conoce o una república. Ambos estaban formados por los únicos actores sociales y
políticos concebidos en la edad media.

Fundamento divino del poder y derecho divino de los reyes


Para Santo Tomás De Aquino el poder divino en último término de la ley eterna y natural, que someten a la
providencia divina todo cuanto ocurre en el mundo, incluidas las leyes de los gobernantes humanos
El fundamento divino tiende del poder tiende a atribuirse al poder legítimo.
Hay 3 nociones del fundamento divino del poder:
1) La doctrina del origen divino del poder político
2) Del carácter divino del poder
3) Doctrina del derecho divino del poder

El bien común
La consideración del pueblo como titular o sujeto primario del poder político o legitimo tiene en Santo Tomás De
Aquino más que ver con la noción del bien común como finalidad del poder que con la democracia como forma de
ejercicio aunque deja un papel al consenso popular, siempre mediado y dirigido por los estamentos superiores, la
nobleza, el alto clero y algunos ciudadanos notables.
El pueblo es una idea más abstracta que refleja a la comunidad en cuánto república, es decir, en cuanto cuerpo a la vez
político y social.
El pueblo es titular pero no necesariamente ejerce el poder.
El pueblo es el cuerpo político-social, la comunidad en conjunto, que es la titular y, a la vez, la destinataria o
beneficiaria del bien común que debe ser garantizado por quienes ejercen el poder político, sea el rey o un consejo de
notables. La legitimidad que se atribuye al pueblo en cuanto conjunto de individuos es inexistente en lo que se refiere
a elecciones o votaciones, su papel es meramente pasivo.
Bajo la idea de bien común, la función de gobierno se puede ver como un fideicomiso, un encargo de buena fe que la
comunidad encomienda a los gobernantes. Esa idea de fideicomiso estará detrás de una concepción “pactista” del
poder político que tuvo gran importancia en el plano de institución como los parlamentos medievales.

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El pactismo medieval
Cuando la monarquía comienza a organizarse de manera más centralizada y necesita especial apoyo financiero o
militar, acude a los parlamentos o cortes medievales, como extensión de las asambleas y curias o consejos que venían
reuniendo al rey con la nobleza y el alto clero como medio de confirmación de que las leyes eran conformes con las
costumbres de la comunidad.
Lo que distingue a los parlamentos es la representación de las ciudades dependientes del rey y su papel de contrapeso
y control político.
En los parlamentos medievales se puede decir que todo el mundo está representado, era representación corporativa,
conforme a la cual mientras los miembros de la alta nobleza, hablan y se pronuncian por el conjunto de nobles y por
los siervos de ser jurisdicción, por su parte, las ciudades suelen enviar como representantes a miembros de la
oligarquía local solo por ella misma los comerciantes más ricos o financieros y militares más poderosos.
La representación parlamentaria medieval y el parlamento actuaban como un intermediario, estaba fuera del Estado.
En los parlamentos modernos representan al pueblo en el sentido que están jurídicamente autorizados para realizar en
su nombre e interés actos como aprobar leyes o elegir y controlar al gobierno.

- Derecho a la resistencia civil: hay casos que se puede desobedecer al poder cuando el poder deja de ser justo,
cuando se produce un quiebre entre ese poder que debería ser justo y cuando es injusto.

PASIVA, no puede oponerse o escaparse de los tiranos

RESISTENCIA
ACTIVA, los tiranos pueden ser desobedientes cuando son gobernantes
por título o por ejercicio

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Unidad 6

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1.-El modelo iusnaturalista de la Modernidad. El marco previo: Bodín, la Reforma protestante y Maquiavelo. La tríada
estado de naturaleza, contrato social y sociedad civil. Contractualismo e individualismo.
2.- La Ilustración: El proyecto ilustrado, características principales. Contexto Histórico, cultural y social
3.- Nicolás Maquiavelo: Contexto histórico, geográfico y político. Vida y Obra. Pensamiento político de Maquiavelo:
Estado, Crueldad y Consenso, Principado y Republica, Conflicto y Libertad, Ciencia Política, Virtud y Fortuna,
Moralidad y Política, Iglesia y Religión. Clásico y Moderno

1.-EL MODELO IUSNATURALISTA DE LA MODERNIDAD


El marco previo: Bodín, la Reforma protestante y Maquiavelo
Los autores fundamentales del iusnaturalismo racionalista que se extiende sobre todo en el S. XVII y XVIII entre ellos
Samuel Puffendorf, Thomas Hobbes, John Locke, Rousseau e Immanuel Kant.

El origen doctrinal del Estado moderno es la teorización de la soberanía realizada por el filósofo político francés Jean
Bodín. Influido por el pensamiento aristotélico y por los grandes juristas medievales, Bodín define a la soberanía
como "el poder absoluto y perpetuo de una república" o, como dice su versión latina, es la potestad suprema y exenta
de leyes sobre ciudadanos y súbditos".
La idea del soberano como "legibussolutus" es decisiva en las dos manifestaciones fundamentales del concepto de
soberanía: la exterior, donde cada Estado es considerado como independiente y libre respecto de los demás Estados, y
en la interior, donde el soberano tiene jurisdicción en todo el territorio y es libre de ordenar a voluntad y sin sujeción a
las leyes.
Para el autor, la libre capacidad de legislar era el primer y único atributo del príncipe soberano. Desde el punto de
vista jurídico, esta doctrina comportaba ya definitivamente la primacía de la ley sobre la costumbre (recordar que en el
modelo aristotélico, la costumbre podía derogar la ley), pues ésta sólo tiene fuerza de tolerancia en tanto que place al
soberano.
De todas formas, Bodín aceptaba la posibilidad del régimen democrático, aunque claramente su preferencia era
la monarquía hereditaria, en la que el príncipe no debía juramento a nadie más que a Dios.
A excepción de Inglaterra (monarquía moderada por el common law), el absolutismo fue un proceso general en
Europa. El ejemplo más claro es el Estado del rey Luis XIV, conocido por su frase "El Estado soy yo '. Cabe
aclarar que el término "Estado" se introduce en el lenguaje político corriente como organización política impersonal,
no identificada con la persona del gobernante ni con el conjunto de gobernados" a partir de los siglos XVII y XVIII.

La reforma protestante
Se origina en el primer tercio del siglo XVI en 1517, con la publicación de las 95 tesis de Lutero sobre las
indulgencias. Esta reforma fue condición necesaria para la nueva forma de un pensamiento ético político puesto que,
por un lado, por la libertad del pensamiento individual que fomentó la libre interpretación de la Biblia (plano teórico).
Y por el otro, por el protagonismo que tuvo el valor de la tolerancia, como consecuencia positiva de las persecuciones
y guerras de religión (plano ético o práctico).

Lutero y Calvino
Martín Lutero mantuvo un pensamiento obsesionado por las divisiones entre fe y razón, gracia y naturaleza,
régimen espiritual y reino temporal, por las que atribuye a la fe y a la libertad interior la salvación espiritual.
Desconfiando de la razón como consecuencia del pecado original. Somete al poder político
La naturaleza pecaminosa de los hombres para salvaguardar su convivencia civil.

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Fue muy fiel a la doctrina de Pablo de Tarso sobre el fundamento divino del poder de los príncipes, hasta negar el
derecho de resistencia a los súbditos, salvo ante las órdenes contrarias a la fe. Sostuvo que los príncipes injustos son
instrumentos de Dios ante los pecados del pueblo, 1530. Aceptó las doctrinas de resistencia activa o violenta frente al
poder injusto.
Defendía la división estamental y las doctrinas medievales sobre el comercio y los préstamos (conservador).
Juan Calvino se diferenciaba de Lutero por su concepción política (aristocrática y republicana) y su actitud más
moderna ante las actividades comerciales. En cuanto al derecho de resistencia del pueblo, sostenía posiciones
ambiguas y moderadas. Ambos sentaron las bases del pensamiento racionalista moderno, cuya primera manifestación
es la construcción del principio de la tolerancia.

La construcción de la idea de la tolerancia


Durante la Edad Media la unidad del Occidente europeo en la religión católica se mantuvo siempre, y sólo la Reforma
Protestante rompió definitivamente con la unidad de los cristianos. El Poder político adquiere un mayor protagonismo
en las persecuciones y guerras religiosas, que harán de Europa un lugar hostil para las minorías perseguidas que
lograron sobrevivir.

LA TRÍADA ESTADO DE NATURALEZA, CONTRATO SOCIAL Y SOCIEDAD CIVIL


El Estado de Naturaleza
Es el primer presupuesto individualista del esquema iusnaturalistas, en la que los individuos aparecen como titulares
de derechos naturales, pero sin que gocen de una organización espontánea, ni de un aparato específico destinado a
protegerlos. Mientras que en los precursores este estado se configura como positivo e incluso idílico, en los modernos
es negativo o deficiente y en ningún caso ideal.

Tiene 3 problemas interpretativos:

a) El carácter histórico o hipotético


Sólo algunos (como Locke y Rousseau) lo consideraron como un hecho histórico universal. Para la gran mayoría (era
una situación universal pero sólo en cuanto a hipotética o bien una situación real, pero no universal),
b) ¿Un Estado de naturaleza social?
Sólo Grocio, autor de transición entre el modelo medieval y moderno, mantiene la teoría aristotélica de que los
hombres tienen el "appetitus societatis que de manera natural les impulsa a estar organizados socialmente.
En realidad, en este modelo racional, predomina un Estado de naturaleza asocial, disponiendo el ser humano solo de
la capacidad suficiente para salir de él por distintas razones, según los distintos autores: desde el cálculo interesado
(Hobbes y Locke) a la necesidad (Spinoza) o al deber (Pufendorf y Kant).
Se debe precisar que la caracterización del Estado de Naturaleza por el aislamiento y la insociabilidad humana, es
compatible con el reconocimiento histórico por parte de algunos iusnaturalistas, de que los hombres siempre han
necesitado vivir en agrupaciones más o menos extensas.
c) Guerra y paz
Se han distinguido concepciones: "optimistas", representadas por Locke y Rousseau. Y pesimistas, representadas por
Hobbes.
Para el primer grupo, el Estado de naturaleza como pacífico es desorientador, pues se trata de un Estado deficiente
del que se debe salir. Es decir, al fin y al cabo también es negativo. Para Hobbes es un Estado de guerra de todos
contra todos (negativo); Locke se diferencia en este sentido, considerándolo potencialmente de guerra. (Potencial
conflicto)
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Rousseau plantea que el Estado de naturaleza es de felicidad, compuesto por hombres benevolentes que no necesitan a
los otros.

Plantea 3 elementos. 1. Modo salvaje 2 Propiedad privada 3 Sociedad civil


La tríada iusnaturalista se convierte en una secuencia de 4 elementos:

1) Estado de naturaleza

2) Institución de la propiedad privada

3) Sociedad civil

4) Contrato social y República


En él, la expresión "sociedad civilizada" aparece con una connotación negativa, ya que considera a la civilización
como la pérdida de ese Estado de naturaleza feliz, debido a la aparición de la propiedad privada, establecida mediante
un primer pacto social pero de naturaleza injusta. Por eso, propone otro contrato social verdadero y justo, con un
gobierno justo en el que se practica el ejercicio de la voluntad general de los ciudadanos dentro de un sistema
democrático.
En conclusión, lo que hace racionalmente útil (Hobbes y Locke), necesario o debido (Spinoza, Kant y Pufendorf)
salir de ese Estado es su carácter negativo o insuficiente, ya sea para eliminar la conflictividad o para evitar la falta de
cooperación. Esto se opera desde el contrato social segundo elemento individualista del modelo iusnaturalistas
racionalista.
Contrato Social
1. Carácter histórico o justificativo del contrato: consentimiento expreso, tácito y presunto Hobbes, Spinoza y
Kant lo concibieron como una idea regulativa al servicio de la justificación del Estado.
En cambio, Locke creía que era un hecho histórico y Pufendorf supuso que había tenido un papel importante en la
constitución de las primeras organizaciones políticas. Para Rousseau, estaba destinado a legitimar su república
democrática.
Histórico no, el contrato es el expediente justificador básico de la asociación política y el consentimiento de los
individuos se destaca como criterio fundamental de legitimación del poder entre los hombres.
La diferencia entre consentimiento efectivo y de consentimiento hipotético está en que el primero valdría con
independencia de las razones que lo sustenten y puede darse por capricho e incluso contra la moral; por otro lado,
El segundo no es propiamente consentimiento puesto que sólo se supone, e incluso se impone, cuando existen razones
que lo justifican. En el consentimiento expreso se atribuye valor de aceptación a una acción y en el tácito tal valor se
atribuye a una omisión (el que calla, otorga). En ambos se identifica como algo efectivamente ocurrido. En cambio,
en el consentimiento hipotético no hay acción ni omisión del sujeto a quien se le atribuye la aceptación, es
indiferente que se haya dado o no. Por otra parte, esta distinción entre un tipo de consentimiento y el otro propone dos
versiones diferentes de la justificación contractualista: voluntarismo (primacía de la autoridad) frente al
intelectualismo (primacía de las leyes). Por una parte, hay quienes consideran que el contrato es racional por ser
querido por sus firmantes, pero también está la postura en la que se lo considera racional sin más, de modo que debe
ser aceptado por los obligados por él, con independencia de que lo consientan o no.

¿Uno o dos contratos? Los orígenes de la distinción entre Estado y sociedad civil
Para la versión del contrato doble (Pufendorf, Locke y Kant) se produce primero un "pactum societatis• para crear
una comunidad social en cuanto agrupación de individuos, todavía sin organización política alguna. Mediante este se
convierten en un pueblo, en una relación de carácter horizontal en la que los individuos aparecen como asociados.
Después, en un segundo momento, se celebra un -pactum subiectionis• a través del cual la comunidad establece el
Poder político y se convierte en un Estado con ciudadanos agrupados bajo ese poder, en una relación vertical. Para la
versión simple (Hobbes, Spinoza y Rousseau) sólo existe el -pactumunionis", acto de asociación, de carácter
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horizontal, y de sometimiento al Poder Político, de carácter vertical. Según esta fórmula, el pueblo se constituye
como tal y en el mismo acto, sin necesidad de hacer otro pacto, se organiza políticamente para someterse
democráticamente a sí mismo como comunidad política.

El contenido del contrato: liberalismo, autoritarismo y democracia


En el modelo liberal puro o lockeano, los individuos conservan todos los derechos a la libertad y la propiedad, con la
excepción de los estrictamente necesarios para mantener el orden de la sociedad, y la renuncia al derecho de hacer
justicia por mano propia.
En el modelo autoritario (Hobbes) los individuos ceden a un tercero prácticamente todos sus derechos a su libertad o
poder natural en aras de preservar su vida y seguridad, "De este modo, se genera ese gran Leviatán, ese dios mortal a
quien debemos, bajo el Dios inmortal, nuestra paz y seguridad*.
En el modelo democrático, puro y rousseauniano, la libertad del Estado de naturaleza se mantiene sustancialmente
inalterable en su alcance en la sociedad civil. Los individuos ceden todos sus derechos naturales a la sociedad para
recuperarlos y disfrutarlos en cuanto miembro de la sociedad política como derechos civiles, empleada ahora esta
palabra sobre todo en el sentido de derechos políticos.
Para resaltar los rasgos más puros de cada doctrina, conviene añadir que la liberal se diferencia de las otras dos porque
no aceptaría que el poder legislativo lo ejerza quien lo ejerza, pudiera limitar legítimamente los derechos naturales.
Por su parte, aunque tanto la posición autoritaria como la democrática son ajenas a la necesidad de admitir tales
límites, se diferencian entre ellas porque mientras en la primera la transferencia de los derechos individuales al
soberano es completa y definitiva, en la segunda se supone que los individuos mantienen sus derechos sin más
renuncias, que las que puedan ser aprobadas colectivamente.

La Sociedad civil o Estado: los Límites del Poder y el derecho de resistencia

En el modelo del iusnaturalisrno racionalista, la lógica implica que el Poder Político se justifica en tanto que
garantice los derechos naturales, de modo que su falta de protección o la violación directa por parte del
Estado, habría de generar un quebrantamiento del contrato social que dejaría a los súbditos en libertad de
desobedecer y oponerse al Poder. Sin embargo entre los iusnaturalistas más influyentes solo LOCKE acepta la
tradicional solución del derecho de rebelión, ante el poder injusto (lo denomina apelación al cielo); los demás
iusnaturalistas racionalistas más relevantes convivieron con el absolutismo despótico de su época e incluso se niegan a
reconocer el derecho a resistencia, entre ellos incluimos filósofos como HOBBES quien usa la estructura
iusnaturalistas para justificar una concepción en la que el derecho positivo es el único existente y legítimo, pues el
soberano es el único que legítimamente puede decidir entre lo justo o injusto. También ROUSSEAU se encuentra
entre los negadores radicales del derecho de resistencia. Iusnaturalistas con menos autoridad como SPINOZA que
predica la libertad de pensamiento se opone a la rebeldía. Incluso KANT acepta tal negación "razona cuanto queráis
y sobre lo que queráis, pero obedeced". La actitud más bien moderada frente al despotismo, no niega la capacidad
crítica que el modelo construido por ella proporcionó fomento a las revoluciones liberales de fines del siglo 19 y en el
sistema liberal que se fue asentando a partir de entonces.

Contractualismo e individualismo
El Contractualismo se caracteriza por la utilización de la noción de contrato o pacto que otorga una particular
relevancia al consentimiento para la justificación del poder político la primera relación con el viejo contrato a
propósito de la prioridad de la voluntad o de la razón. La segunda por la subordinación de la Esfera pública a un
designio individualista y la tercera por la imposibilidad de construir una organización colectiva radical a partir de
intereses individuales.

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 La primer paradoja plantea el problema de cómo el contrato una categoría caracterizada por la primacía de la
voluntad ha sido privilegiado por una corriente de pensamiento racionalista sin embargo el consentimiento por
parte de los naturalista modernos no fue particularmente voluntarista en la medida que su versión del contrato
social como mecanismo justificado el poder político se dio especial primacía y autonomía de la voluntad con
independencia de la razón. El intelectualismo sostiene que las normas jurídicas son válidas sólo si son
conformes con criterios de justicia y de razón una norma injusta o una promesa y moral carece de validez y
tanto la doctrina intelectualista como la voluntarias son independientes de la mayor o menor racionalismo en
el método de justificación y presentación de la filosofía.

 La segunda paradoja pretende poner la centralidad que el iusnaturalismo adquiere una categoría derecho
privado como el contrato para justificar el poder político y en suma el conjunto del derecho público.

 La tercer paradoja que ya no es tan fácil de disolver como las anteriores afecta menos al conjunto que una
parte de la fundamentación iusnaturalista sobre toda la teoría hobbesiana Si se quiere a una interpretación de
tal teoría en la medida en que está basada en la convergencia de los distintos intereses individuales y el
establecimiento de un sistema de protección común capaz de definir mediante las leyes positivas lo justo y lo
injusto para explicar lo mejor está el ejemplo del dilema del prisionero, dos sospechosos de un delito de robo a
mano armada supongamos son detenidos por la policía y encerrados sin comunicación entre ellos se le pone
ante las tres siguientes posibilidades y uno confiesa a cambio de su libertad Mientras que el otro casa El que
calla será condenado a 20 años ver si ninguno de los dos confiesa uno y otro serán condenados a un año por
tenencia ilícita de armas sé si ambos confianza cada uno será condenado a 5 años por robo a mano armada
pero con la Tecno ante de colaborar con la justicia El dilema supone que no existe ninguna razón arregla
externa al juego que se le hiciste a cooperar entre sí esto se denomina El dilema Por qué propone un tipo de
racionalidad Llamar a prudencia o auto interesada en contraste con la racionalidad moral basada en un criterio
Imparcial con miras al interés común o general.

Individualismo iusnaturalista
Muchos autores han repetido que el individualismo del racionalismo tanto iusnaturalista como ilustrado refleja la
ideología del liberalismo y el capitalismo emergente en la época moderna del al menos de dos sentidos Por una parte
en cuanto dicho individualismo fundamenta el pensamiento político liberal basado en la primacía de los derechos de
libertad y de igualdad ante la ley y por otra parte en cuanto concibe las organizaciones colectivas como artificio
destinados a salvaguardar y potencial conforme al liberalismo económico los intereses de individuos a la búsqueda de
su propia y provecho ambos sentidos Aunque están conceptualmente relacionados entre sí no son del todo idénticos
pues responden a su presupuesto si acentos diferentes.
2.- LA ILUSTRACIÓN
El proyecto ilustrado, características principales. Contexto Histórico, cultural y social
El Proyecto
Grandes Ideas de la Ilustración se remonta a la Edad Media Renacimiento de la época clásica ilustración observa y
artículo pidiendo sobre el pasado que estaban en conflicto, la ilustraciones es racionalista y empirista la vez tan
heredera de Descartes como de los Locke. La Ilustración fue un período de debate quiere consenso el proyecto de
ilustración tiene consigo tres ideas: la autonomía, la finalidad humana de nuestros actos, y la universalidad.
El primer rasgo constitutivo del pensamiento de la Ilustración consiste en privilegiar las elecciones y las decisiones
personales en detrimento de lo que nos lleven puesto por una autoridad gena nosotros hay dos facetas una crítica y otra
constitutiva en cuanto ellos podemos hablar de la emancipación y la autonomía en los términos q designan las dos
fases.
La autoridad debe ser homogénea los hombres es decir no sobrenatural sino natural la tutela en la que vivían los
hombres antes de la Ilustración era ante toda la naturaleza religiosa las principales corrientes de la Ilustración
reivindicando el ateísmo sino la religión natural el diezmo y no de sus muchas variantes los hombres de la Ilustración
se dedican a observar y describir las creencias del mundo entero no con la con la intención de rechazar las religiones
sino para qué sirven de guía en el camino de la tolerancia para defender la libertad de conciencia. Los hombres libres
del Antiguo yugo determinan las nuevas leyes y normas recurriendo a medio exhaustivamente humano. Ya no hay
lugar para la magia y la revelación la convicción de la luz desciende las alturas queda sustituida por la de toda una
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multiplicidad de luces que se propaga de persona a persona. La primera autonomía que se conquista es la del
conocimiento, tiene dos únicas fuentes, la razón y la experiencia racional. Adquiere un espacio como herramienta de
conocimiento se opone a la fe no a las pasiones.
La física avanza de forma espectacular la química la biología incluso la sociología y la psicología. Se parte de la base
del que el conocimiento es liberado. El principio de autonomía cambia radicalmente tanto la vida del individuo como
de las sociedades. La lucha por la libertad de conciencia que permite que cada quien Elige a su religión la exigencia de
la libertad de opinión y de expresión y de prensa.
La autonomía del individuo se amplía tanto en el ámbito de la vida como la de sus obras y se pone el descubrimiento
del medio natural formado por bosque real ojos claros y Colinas se otorga un nuevo lugar a las a los artistas y a su
quehacer pintores músicos actores y escritores. El artista creador es el que decide por sí mismo sobre sus
composiciones estos dos nuevos valores ponen a la vez de manifiesto la nueva dignidad que se otorga el mundo
sensible. Exigencia de autonomía transformamos profundamente todavía las sociedades políticas precede y culmina la
separación de la temporal respecto de lo espiritual.
Más allá de su despotismo ilustrado que cultiva la autonomía de la razón del monarca, pero mantiene a todos los
sometidos teles y ciencia que lleva a dos principios el primero es el de la soberanía principios activos que adquiere
aquí un nuevo sentido el origen de todo poder estar al pueblo y nada es superior a la voluntad general. El segundo es el
de la libertad del individuo respecto de todas las de todo poder Estatal legítimo o ilegítimo para garantizar esa libertad
se vela por el pluralismo y el equilibrio de los diferentes poderes. Todos los sectores de la sociedad tienden a
convertirse en laicos aun cuando los individuos sigan siendo creyentes. Se aplica no sólo al poder político sistemas de
la justicia lo único que debe reprimirse es el delito. La economía que debe liberarse de previsiones arbitrarias y
permitir la libre circulación de los bienes que debe fundamentarse en el valor del trabajo y el esfuerzo individual en
lugar d apropiarse parcial de privilegios y de jerarquías del pasado. El espíritu de la Ilustración no se limita exigir la
autonomía sino que además trae consigo sus propios medios de regulación. El primero de ellos tiene que ver con la
finalidad de las acciones humanas liberadas. Apunta a los hombres en este sentido El pensamiento de ilustración es
humanismo o si se prefiere un antropocentrismo. El estado no está el servicio del designio divino sino que su objetivo
es el bien de los ciudadanos.
La segunda restricción consérvala libre actuación tanto de los individuos como de las comunidades consiste en afirmar
que todos los seres humanos por el mero hecho de serlo poseen derechos inalienables todo ser humano tiene derecho a
la vida tiene derecho a la integridad física así pues la tortura no está legitimada.
El ejercicio de libertad está pues limitarnos limitado por la exigencia de la universalidad y lo sagrado que
abandonados los dogmas y las reliquias, se materializa en adelante en los derechos del hombre que acaban de
reconocerse.
La exigencia de igualdad deriva de la universalidad de las mujeres deben ser iguales a los hombres ante la ley debe
abolirse la esclavitud y debe reconocerse la dignidad de los pobres y considerar a los niños individuos.-

3.- NICOLÁS MAQUIAVELO


Contexto histórico, geográfico y político. Vida y Obra. Pensamiento político de Maquiavelo: Estado, Crueldad y
Consenso, Principado y Republica, Conflicto y Libertad, Ciencia Política, Virtud y Fortuna, Moralidad y
Política, Iglesia y Religión. Clásico y Moderno

Nicolás Maquiavelo
Contexto histórico, geográfico, político.
Desde el S. XV hasta, el S. XVI se produce una serie de transformaciones que convulsionó a Europa occidental en un
periodo que conocemos como Renacimiento. Maquiavelo es una de las máximas encarnaciones del espíritu del
renacimiento italiano. En este largo ciclo de transición del feudalismo al capitalismo surgen nuevas realidades

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técnicas, un fuerte desarrollo económico y un gran desarrollo de las ciudades, el comercio y la manufactura. Las
revoluciones astronómicas de Copérnico y Kepler y el desarrollo de la ciencia inductiva y experimental de la física de
Galileo, y la renovación del pensamiento religioso con la reforma que entre otras cuestiones.
En el aspecto político nos encontramos en primer lugar con la declinación del feudalismo y el comienzo del fin de la
fragmentación política junto con la aparición y crecimiento de las monarquías absolutas en España, Francia e
Inglaterra que reducen a la impotencia a los señores y asambleas feudales. En segundo lugar el desarrollo de una
cultura y una política cada vez más secularizada acompañada de críticas a la iglesia de Roma que tendrá su máxima
expresión en la reforma.
La nueva conciencia del hombre que labra su peculiar destino creó su propia historia dejando atrás la idea de ser el
centro de un universo creado y dirigido por Dios. Esta tendencia a la consolidación y la unión fue un hecho en los
países mencionados pero no se dio en la Italia de Maquiavelo, dividida en numerosos principados feudales, ciudades,
reinos, repúblicas, ducados y otras unidades políticas que no lograron la unificación hasta la segunda mitad del S XIX.

Aspecto geográfico.
En el aspecto geográfico, las cinco principales potencias de la Península eran el reino de Nápoles, los territorios de la
iglesia de Roma, la República de Florencia, el ducado de Milán y la República de Venecia. Los cinco buscaban
expandir su autoridad territorial.
Nápoles incluye al sur de Italia con excepción de Sicilia que pertenecía Fernando de España, Carlos tercero de Francia
marcho a Nápoles a través de Italia en 1494 y 95 luego Fernando expulsó a los franceses y más tarde acordó con Luis
XII dividirse Nápoles.
La mayoría de los territorios de la iglesia de Roma estaban dominados por el jefe mercenario y por otro lado tanto
Milán beneficia y amenazaba territorios del papa al mismo tiempo que existían constantes fricciones en la frontera con
Florencia.
Al norte de Roma estaba la región de Toscana dominada por la rica ciudad de Florencia. En el Noroeste encontramos
el ducado y la ciudad de Milán con Francisco Sforza que llegó al poder en el 1450 y conquistó Génova y 1462
cultivando una estrecha relación con Francia.
La República de Venecia debía su riqueza principalmente al comercio marítimo y en realidad era una oligarquía, uno
de los gobiernos más celebrados y administrativamente eficientes del mundo renacentista.

Florencia
Debido a su ubicación en el centro de Italia, Florencia se enfrentaba regularmente con príncipes agresivos que desde el
norte y el sur deseaban expandir sus dominios. Cosme un banquero se hace dueño de Toscana y rige sus destinos hasta
1464. Cosme controlaba los asuntos florentinos más como jefe político con apoyo popular que como un tirano
renacentista. Las formas republicanas se mantuvieron ya que siguió siendo un ciudadano privado, mantuvo el orden y
gastó gran parte de su fortuna privada en obras artísticas y arquitectónicas lo cual le valió el reconocimiento de sus
ciudadanos, fue muy hábil además para mantener a Florencia fuera de la guerras.

Vida y obra
Nicolás Maquiavelo nació en Florencia el 13 de mayo de 1469, provenía de una familia antigua de la pequeña Nobleza
y poco se conoce de sus primeros años. Su educación fue adecuada y en 1498 a los 29 años obtuvo un puesto público.
En el momento en que Florencia era una República trabajó durante 14 años al servicio de la ciudad con crecientes
influencias y responsabilidades como jefe de la segunda cancillería. Con estos cargos se convierte en uno de los
funcionarios más importantes del gobierno. Fue secretario de guerra y de relaciones exteriores. Su misión más noble
fue acompañar como agente diplomático florentino a César Borgia en 1502, y en 1506 acompañó al aguerrido Papa
Julio II, en 1506 y en 1507 se dedicó a la leva de milicias y fue impulsor de la creación de un ejército nacional
florentino.

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Entrevistó con el emperador Maximiliano en Tirol en diciembre de 1507 y a su regreso se ocupó de la guerra con Pisa.
Y aunque sólo era un secretario, sus tareas fueron importantes, se cree que a la caída de esta ciudad en 1509 se debió
en gran parte a la tarea realizada por Maquiavelo. Debido a que la administración a la cual servía dependía
exclusivamente de los Médici, necesariamente tuvo que actuar en contra de esa poderosa familia. Los Médici no
llegaron como tiranos despóticos que esclavizaron a un pueblo eternamente libre, habrían sido los gobernantes
tradicionales de la ciudad echados 18 años antes de un largo período en el poder. Maquiavelo nunca había estado
satisfecho con el sistema de gobierno florentino que de malo se convirtió en pésimo y creía que nunca había sido una
República en el sentido pleno del término, se trataba de la disyuntiva entre una auténtica República y una tiranía
despótica, o sea que había bastantes similitudes entre el gobierno anterior y el actual de los Médici. Esta es una de las
razones por las cuales “El Príncipe” está dedicado a Lorenzo II. Fue echado de su trabajo y se le prohibió la entrada a
cualquier edificio público, luego fue acusado de conjurar contra los Médici, fue procesado, torturado y encarcelado.
Posteriormente fue puesto en libertad y obligado a retirarse a sus fincas cerca de San Casiano.
Los Médici tenían una oportunidad para beneficiar a la ciudad y aparecer como sus segundos fundadores a la par de
Rómulo. Con esta idea Maquiavelo sugirió posteriormente una Constitución para Florencia que aseguraría un buen
gobierno, más tarde Maquiavelo es empleado por los Médici y se le solicitan sugerencias para una nueva Constitución
de Florencia en dos oportunidades. De lo cual resulta en el discurso sobre los asuntos de Florencia después de la
muerte de Lorenzo de Médici.

Pensamiento político: Estado


Todas las lenguas europeas, latinas y germánicas, utilizan una palabra originaria de latín estatus para designar el
Estado. Durante siglos, su significado fue la manera de ser y a lo largo de la Edad Media se utilizarían términos tales
como estatus Repúblicae, estatus imperio, estatus regi. En el S XIII, en países como Hungría e Inglaterra donde la
noción de corona tuvo particularmente importancia, se utilizó status coronae. Este tipo de estatus, en todos estos
enunciados implicaba simplemente situación, manera de ser, estado.
En la Edad Media no existía el concepto de Estado en el sentido moderno, pues la República no era otra cosa que el
orden opuesto a la iglesia, el populus partido de los gobernados, o la corona de gobernantes.
En el S XV estatus en el sentido de Poder de Mando sobre los hombres gobiernos y regímenes y al final de ese estilo y
a principios del S XVI se impone el valor actual de estado como cuerpo político sometido a un gobierno. El primer
sustantivo que aparece en “El príncipe” es justamente estado y fue Maquiavelo profeta del Estado moderno nacional
quién le dio a esa palabra el sentido moderno, o sea un poder central soberano independiente al cual se subordinan
todos los principios de autoridad medievales, incluso el religioso.

Crueldad y consenso.
El núcleo esencial del poder es la violencia, pero el Estado contemporáneo no se reduce a una simple máquina de
opresión, no funciona sólo por el monopolio de la coerción física sino también por el consenso. Maquiavelo combinó
ambos ingredientes, la crueldad y el apoyo del pueblo. Consideraba que existían dos formas de combatir, una con las
leyes y otra con la fuerza, la primera es propia del hombre la segunda de las bestias, pero como la primera muchas
veces no basta, conviene recurrir a la segunda. Son necesarias las leyes y la fuerza.
La “crueldad” de Maquiavelo era en realidad una buena administración desde una economía de la violencia, una
aplicación controlada de la fuerza para evitar males mayores y sólo se justifica si contribuye a crear la paz y el orden
en beneficio del pueblo. Por eso es que un príncipe no debe preocuparse de la fama de crueldad si a cambio mantiene
a sus súbditos unidos y leales.
La combinación de crueldad y consenso es clara en otros escritos de Maquiavelo, por ejemplo, en el arte de la guerra
cuando recomienda que en los acuartelamientos se mantenga la disciplina con el temor y el castigo en campaña. Como
se necesita también el consenso y no sólo la violencia, es por eso que para entrar en un país siempre se tiene necesidad
por más fuertes que sean los ejércitos propios, del favor de los habitantes. En primer lugar el príncipe no debe agraviar
al pueblo y si carecer de vicios que lo hagan aborrecer. Es lógico que sea aceptado y respetado de manera natural, en
segundo lugar no es necesario que sea amado pero sí eludir ser odiado o despreciado, pues hacerse odiar nunca ha sido
bueno para ningún príncipe. Los príncipes deben lograr el consenso popular, pues quién tiene por enemigo a la

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colectividad no puede asegurarse y cuánta más crueldad usa, tanto más débil se vuelve su principado de modo que el
mayor remedio en este caso es tratar de ganar la amistad de pueblo.
Los Estados bien ordenados y los príncipes sabios han buscado con toda diligencia los medios para no reducir a la
desesperación a los nobles y para dar satisfacción al pueblo y para tenerlo contento porque esta es una de las materias
y cuestiones más importantes para un príncipe y concluye afirmando que un príncipe debe estimar a los nobles pero no
hacerse odiar por el pueblo.

Principado y República
Los libros de consejo de los gobernantes como “El Príncipe”, eran muy comunes en el medioevo, San Agustín en su
“Ciudad de Dios”, Santo Tomás de Aquino en el Opúsculo sobre el gobierno de los príncipes, en ellos encontramos un
relato del príncipe ideal. “El príncipe” de Maquiavelo pertenece a este género y él también desea que el gobernante
sea un buen hombre, pero lo más importante es que logre el bienestar del pueblo. El núcleo fundamental en su
pensamiento político lo encontramos en “El Discurso” y no en “El Príncipe”, escrito con una finalidad circunstancial
determinada para recuperar el empleo, hacer menos duro el dominio sobre Florencia y convertirla en el núcleo de la
unidad italiana. “El príncipe” como el resto de la obra de Maquiavelo si se quiere entender apropiadamente su
pensamiento, debería de comenzar con la indispensable lectura de “Los discursos” ya que “El Príncipe” forma parte de
ella.
“El Príncipe” es un agregado con el propósito de dar consejos prácticos a un nuevo príncipe que libere y unifique a
Italia. Maquiavelo hace referencia a que los Estados están acostumbrados a vivir bajo un príncipe o acostumbrados a
ser libres. O sea que se trate de repúblicas o principados, la situación de Italia era tan calamitosa que era inútil soñar
con una unificación bajo un gobierno republicano, sólo un príncipe podría lograrlo debido al caos reinante.
“Los Discursos” tratan de la República y muestran la simpatía del autor por esta forma de gobierno. Maquiavelo
también veía las ventajas de un reino pues consideraba que era posible un buen gobierno bajo un príncipe. Los cuerpos
mixtos como la República están mejor organizados y tienen una vida más larga ya que mediante sus instituciones se
pueden renovar. Las buenas formas de gobiernos clásicas como la monarquía, aristocracia y democracia son fáciles de
pasar a las formas malas. El régimen mixto, una combinación de las formas buenas producen equilibrio entre las
fuerzas sociales y logra que todas las partes que se vean comprometidas en los asuntos de gobierno y cada una vigila a
la otra para evitar la arrogancia de los ricos y el libertinaje del pueblo. El bienestar general en última instancia
solamente se logra en las repúblicas porque lo que hace grande a las ciudades no es el bien particular sino el bien
común.

Conflicto y libertad.
La causa principal de la libertad son los tumultos entre los nobles y la plebe, pero en un intercambio dialectico
produce efectos positivos. Hay dos espíritus contrapuestos, el de los grandes y el del pueblo y de la desunión entre los
actores políticos nacen todas las leyes que se hacen en pro de la Libertad. De esta manera el conflicto se canaliza y el
pueblo puede desfogar su ambición. El mejor camino para desfogar los humores es a través de una salida prevista por
la ley o sea la República debe prever procedimientos legales e institucionales para evitar situaciones extraordinarias
que arruinan el Estado. Además los nobles tienen un gran deseo de dominar mientras que aquellos tienen tan sólo el
deseo de no ser dominados, y por consiguiente mayor voluntad de vivir libres, por lo tanto ese pueblo es el guardián y
la garantía de la libertad. La libertad que implica un gobierno amplio sirve para vivir seguros haciendo leyes y
ordenamientos en los que a la vez se afirma el poder y se garantiza la seguridad de todos. En suma, el pueblo comete
menos errores que un príncipe y por tanto resulta más digno de confianza que él, por eso es que se encontrará más
fidelidad en las Repúblicas que en los príncipes.

Ciencia política
Si bien Aristóteles realizó estudios sistemáticos y empíricos, fue Maquiavelo quien descubrió la necesidad de la
autonomía de la política, una política que está más allá de la ética, que tiene sus propias leyes y en contra de las cuales
es inútil rebelarse. El comportamiento de los hombres es un hecho objetivo y observable, de una naturaleza fija, pues
nacen, viven y mueren siempre de la misma manera.

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La política se convierte en una ciencia porque el comportamiento humano se hizo observable y predecible y tiene sus
propias leyes con postulados, normas y un caudal de experiencias históricas y contemporáneas que permiten confirmar
las hipótesis y llegar a conclusiones determinadas que servirán para prevenir a los gobernantes acerca de sus actos. Así
Maquiavelo sienta la base de una teoría política una nueva ciencia que refleja la creencia de que para poder analizar de
modo coherente los fenómenos políticos es necesario liberarlos de las ilusiones entretejidas con conceptos ajenos a
ella. La constitución de la ciencia política en tanto empresa colectiva y acumulativa tiende a la formulación de
tipología de generalizaciones de teorías generales de leyes, todas estas relativas a fenómenos puramente políticos
fundados en el sentido de la historia y el análisis fáctico de hechos contemporáneos.

Virtud y Fortuna
Los Estados se adquieren gracias a la fortuna y por medio de la virtud y el hecho de convertirse un particular en
príncipe es fruto de la virtud o de la fortuna. El éxito o fracaso de los hombres depende principalmente de su
capacidad, de su virtud o adaptación a las circunstancias. La idea acerca del poder de la fortuna sobre los asuntos
mundanos será compartida por los hombres del Renacimiento.
Los hombres en todas sus acciones y sobre todo en las grandes, deben tener en cuenta los tiempos y acomodarse a
ellos, ya que las causas de la buena o mala fortuna residen en esa capacidad. Por otro lado en el Renacimiento, virtud
implica saber bien lo que se hace, un virtuoso es quién posee excelencia en su habilidad o arte, como por ejemplo: un
virtuoso del violín. Para Maquiavelo, virtud implica fuerza interior, energía, habilidad para actuar y decidir con
determinación, virtud militar como valor, bravura y coraje, a lo cual hay que sumarle el talento, técnica, eficacia,
claridad mental, autocontrol, originalidad y sabiduría.
La visión de Maquiavelo es la de un activista: el hombre debe confrontar a la fortuna con su virtud, para defender o
controlarlos a través de una pugna activa. El hombre renacentista manifiesta su dignidad atribuyéndose un papel en la
ejecución de su destino.

Moralidad y Política
Desde los griegos hasta el medioevo escribieron sobre el deber ser, esto es, como han de comportarse los gobernantes,
Maquiavelo se aparta de estos métodos.
El drama y la angustia de la conciencia moral de Maquiavelo se revela aquí ya que pese a saber cuándo establecer el
ejercicio del bien, ve como en el mundo de los hombres y la política tal cosa es imposible. No hay que guardar
fidelidad a las promesas, pero puesto que son malos y no te guardarían a ti su palabra, tú tampoco tienes porqué
guardarles la tuya. Lo importante es aparentar el deber ser, no es necesario que un príncipe posea virtudes morales
pero es muy necesario que parezca tenerla. Lo importante es la virtud política, la capacidad de acción en el presente
real para la obtención de un fin, la seguridad y el bienestar de los Estados, y si un príncipe conserva su Estado, los
medios siempre serán juzgados honrosos y aceptados por todos.
El ejercicio de las virtudes morales pueden arruinar el Estado y el bien común, entonces sólo se tienen dos opciones,
aferrarse a principios éticos o al bienestar del pueblo. En los reinos imaginarios de los moralistas los dos son uno y a
Maquiavelo le gustaría que fuese así pero la realidad es otra y el príncipe debe elegir salvar su alma o su gente.
El problema moral reside en la siguiente cuestión, ¿puede un buen gobernante con fines justos actuar inmoralmente?,
Maquiavelo no afirma que el gobernante debe ser malvado y no poder ser bueno, él nunca aprueba la conducta
perversa de un príncipe ya que únicamente pueden a lavarse aquellas acciones que son dirigidas hacia el bien común.

Iglesia y Religión
Según Maquiavelo la corrupción de la iglesia es una de las causas de la ruina de Italia que se podría haber evitado si
los eclesiásticos hubiesen seguido los pasos de San Francisco y Santo Domingo. La iglesia de Roma es perjudicial por
dos razones, los malos ejemplos de aquella corte y que la iglesia ha tenido siempre dividido a nuestro país.

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Maquiavelo examina los dominios de la iglesia que no se adquieren ni conservan por la virtud o la fortuna ya que se
sustentan en las antiguas leyes de la religión, las cuales son tan poderosas y de tanto arraigo que mantienen sus
príncipes al frente del Estado.
El poder temporal de la iglesia es diferente al poder espiritual de la religión y lo que censura Maquiavelo del
cristianismo son sus efectos perniciosos y el hecho de que no se mantuvo tal como fue constituido por Jesús. Otro
problema que señala, es que al cristianismo ha glorificado más a los hombres contemplativos que a los activos. A
diferencia de la religión de los antiguos que ponía énfasis en la grandeza de ánimo, en la fortaleza corporal y en todas
las cosas educadas para hacer fuerte a los hombres, este nuevo modo de vivir ha debilitado al mundo.
La religión es un elemento imprescindible para mantener la vida civil pero el temor a Dios facilita cualquier empresa y
es útil para mandar a los ejércitos para confortar a la plebe y mantener en su Estado a los hombres buenos y
avergonzar a los malos.

Clásico y Moderno
Maquiavelo es un clásico, lo cual implica que trata de interpretar un pensamiento vivo y no de interpretarse en la
búsqueda de restos arqueológicos. Los clásicos son tales porque analizan el presente y se lee como contemporáneos y
les recuerdan a cada generación que las cuestiones planteadas pueden y deben ser reformuladas para interrogar
críticamente a la actualidad en la que vivimos. La tradición clásica es una tradición de significado más que de hecho o
resultados, una indagación permanente sobre los fundamentos de la buena sociedad, una exploración inacabable e
inacabada, acerca de la inerradicable moralidad de los actos de la vida social, esta tradición viviente de la filosofía
política.
Maquiavelo es un clásico en un período de transición en el hito que se señala la continuidad y la ruptura de la tradición
griega y medieval siendo el último de los antiguos y el primero de los modernos, pues él también busca la buena
sociedad y el bien común. Desde una perspectiva teocéntrica del hombre pasamos a una visión antropocéntrica,
además por primera vez en la teoría política moderna se considera la religión como una fuerza coercitiva y no
espiritual, claros ejemplos de la modernidad del florentino.
Es un innovador lingüístico en cuanto al Estado pues es el primero que define y utiliza este término en el sentido
moderno afirmando y comprobando su existencia con un claro significado de poder central, soberano y autónomo. En
la teoría contemporánea de la Democracia de acuerdo a Norberto Bobbio, confluyen tres grandes tradiciones del
pensamiento político, la teoría clásica de Aristóteles y el gobierno del pueblo de muchos, luego la teoría medieval, de
la reivindicación romana, de la soberanía popular una concepción ascendente que se contrapone a otra descendente de
la soberanía, y finalmente la teoría derivada de Maquiavelo que nace con el surgimiento del Estado moderno. Si bien
la República no se identifica totalmente con la democracia, en ella el poder no está concentrado en las manos de uno
solo, sino que está distribuido diversamente en diferentes cuerpos colegiados.
El concepto de República asume un significado distinto en el pensamiento político moderno cuando se produce una
tipología diferente de la clásica; con Maquiavelo primero y Montesquieu después surge, una nueva tríada que
sustituye a la anterior monarquía, República y despotismo. La clásica utiliza un criterio cuantitativo, uno, pocos o
muchos que gobiernan. Mientras que la segunda es una regla cualitativa que resulta de una multiplicidad de factores,
primero el espacio la República de tener una extensión moderada mientras que la monarquía precisa un espacio
grande, segundo, en la República debe haber una relativa igualdad mientras que en la monarquía desigualdades a favor
de la nobleza, tercero en la República las leyes son expresión de la voluntad popular, en cuarto lugar la fuerza de
integración social son diversas en la República y virtud que lleva los ciudadanos anteponer el bien del Estado a sus
intereses particulares, en la monarquía, la nobleza es sostén y límite del poder del Rey.

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Unidad 7
1.-Teoría política marxista: Marx y el problema del Estado. La crítica de la filosofía política hegeliana. El Estado
como superestructura. El Estado Burgués como dominio de clase. El Estado de transición. La extinción del Estado.
2.-Karl Marx: el recolector de señales. La disciplina secundaria. Los prefacios. El difícil trance. El asalto de la duda.
El canto de los gallos. La crítica de los ratones. Trabajos dispersos. Afiladores de cuchillos. Señales en el patíbulo.
Perro muerto. Estranguladores de Londres. La sagrada túnica de Tréves.

1.-TEORÍA POLÍTICA MARXISTA


Marx y el problema del Estado. La crítica de la filosofía política hegeliana
Cuando hablamos de pensamiento político marxista tenemos que indicar dos, tres o cuatro conceptos que son
representativos, ilustrativos del pensamiento de Karl Marx.
Georg Hegel realizando una crítica al iusnaturalismo y del racionalismo , este explica que básicamente es que aquel
contrato social que todo solucionaba, va a poner su interés en saber cómo se ha producido la relación entre las partes
al momento de contratar, hará hincapié en lo relacional, es decir, cómo se genera ese contrato, luego de esto le va a
añadir el carácter dialectico de lo situacional (en el momento que las partes deciden pactar para que no me mates, o te
metas con lo mío, etc., garantizar la paz social), esta es una relación antitética, es decir no contraria sino que no es
una relación de iguales. Hegel sostiene que al momento de pactar uno de los sujetos o era amo o era esclavo. Este
pacto fracasaría ya que una de las partes en este caso el esclavo en la relación dialéctica buscara salir de su situación
de esclavitud, de modo que este contrato no solucionará el problema, será todo lo contrario
Marx toma esta crítica de Hegel, y realiza una crítica metodológica a su propuesta, en la cual parte una teoría que ha
prescindido de un análisis de la realidad, es decir, ha prescindido de lo observacional para poder llegar a teorizar,

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entonces tal es así que ha prescindido que no ha ponderado la situación de desigualdad. Y la crítica al método
especulativo como lo dice Bobbio en el texto es porque prescinde de la observación de la realidad.

El método especulativo: Marx lo que le dice a Hegel, es que el estado no puede tener prioridad sobre los
antecedentes (familia en sociedad civil) no es algo que se eleve por encima hay que prestarle atención aquellas
instancias de tipo preliminar que son las que van a sostener el diseño del estado, de esa manera se cae la afirmación
del método especulativo, diciendo que la soberanía del estado es el monarca. Lo que diría una filosofía no especulativa
como la marxista, el monarca tiene el poder soberano, es decir él tiene algo que no es suyo.
Gracias a todo esto Marx va entender que el diseño del estado burgués liberal (Triunfador de las revoluciones), solo ha
buscado y solo ha generado consolidar situaciones antagónicas de desigualdad precedidas por la familia y la sociedad
civil, ese estado es un garante de las relaciones sociales que le preceden. Desde de esa perspectiva Marx va a sostener
que tenemos que dejar poner en el foco de atención al estado, hay que ponerle atención a las instituciones que le
preceden que en la familia y en la sociedad civil porque hay está la relación de producción, y lo que ha hecho el estado
burgués y el estado liberal es condicionar esas relaciones de producción, para garantizar un statu quo esto es q no
exista un movimiento dialectico de las clases sociales.

El Estado como superestructura


El estado como superestructura es tratar de explicar la relación entre sociedad civil y estado. Al pensar la relación
entre sociedad civil y estado de otra manera, es decir, es pensar que la sociedad civil no está ni subsumida ni absorbida
por el estado.
Hegel lo criticará a Marx porque no ha solucionado los problemas de la dialéctica de amo y esclavo, Marx no
solucionó los problemas de la sociedad civil, al criticar esto van a romper con la tradición de filosofía política
moderna ¿qué significa esto? Es romper con una visión de que la sociedad anterior al estado y es una subestructura
que precede y va a ser resuelta en la organización de una superestructura llamada estado.
Luego de estado Marx ambiciona con desmitificar, quiere decir con empezar a sospechar que intereses responde la
superestructura, en esta superestructura está el estado, en la estructura están los medios de producción.
Marx considera al estado burgués como un conjunto de instituciones políticas, ese conjunto son aquellas que
concentran los mayores esfuerzos de una determinada sociedad, pero se posicionan encima respecto de esa sociedad, y
estos se posicionan encima porque van a utilizar los aparatos ideológicos del estado, que van a ocupar un lugar en la
infraestructura para garantizar el desarrollo de una estructura para garantizar como se va a mover la sociedad civil en
una estructura , como se va a mover en el medio de producción.
Desde esa perspectiva Marx va a sostener que el estado termina siendo una continuación del estado de naturaleza de
los contractualistas, es decir, ese estado que han diseñado y que supuestamente solucionaba todo, este no soluciono
nada. Quizás en palabras hegelianas no es otra cosa más que menguar la relación de amo y esclavo, que estos no se
maten por un tiempo.
Luego de esto podemos observar que la relación entre estructura y estructura va estar dada por un diseño, por
estructura nosotros tendríamos las relaciones de producción pero esas relaciones estarán orientadas y determinadas
por una estructura jurídica y política que es el estado, y ahí aparecerá el derecho (normatividad), esta es la que
garantiza una estructura política y jurídica que va a sostener relaciones de producción. A cada una de estas relaciones
y estructuras jurídicas le comprende determinadas formas de conciencia social.

El Estado Burgués como dominio de clase


El condicionamiento de la superestructura política por parte de la económica y la dependencia del estado de la
sociedad civil se manifiestan en que la sociedad civil es donde se forman las clases sociales y se expresan sus
antagonismos, y el estado del aparato que mediante el aparato represivo impide que el antagonismo degenere en lucha
perpetua, no mediando los intereses de las clases contrapuestas, sino contribuyendo a mantener el dominio de la clase
dominante sobre la clase dominada. Marx concentra su atención en el Estado burgués, por ejemplo en la ley contra los
robos de leña, nota como el interés del propietario de bosques es el principio determinante de toda la sociedad. Esta
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lógica transforma el dependiente del propietario forestal en una autoridad estatal, transforma la autoridad estatal en
dependiente del propietario. En este ejemplo hace referencia al Estado burgués, a la fase donde la sociedad civil las
órdenes se transformaban en clase y la propiedad privada se emancipó del Estado.
Marx afirma la ideología alemana del Estado: es la forma de organización que los burgueses se dan por necesidad,
tanto hacia el exterior como en el interior, garantizando su propiedad y sus intereses.
En periodos de crisis la clase dominante cede su propio poder político directo, el que ejercita a través del parlamento,
por ejemplo con Napoleón. Esto no significa que el Estado cambie su naturaleza. Lo que le acontece es el paso de las
prerrogativas soberanas dentro del mismo estado burgués, del poder legislativo al poder ejecutivo (del parlamento a la
burocracia). Esta sustitución da la impresión de que el Estado se ha vuelto independiente de la sociedad civil, pero este
“despotismo individual” no se rige si no se apoya en una determinada clase social: los campesinos pequeños
propietarios (por que la misión del dictador o el parlamento es asegurar el orden burgués). Si la burguesía renuncia a
su poder político es porque considera que el dictador asegurará su dominio en la sociedad civil. “Para salvar su bolsa
debe perder su corona”

El Estado de transición
Marx va a proponer un reemplazo porque lo que ha visto a base de este estudio es la existencia de una dictadura de la
burguesía, es la estructura de la burguesía hecha estructura jurídica hecha estructura política la que ha regulado las
relaciones de producción, y lo que propone Marx es hacer en este estado de transición una dictadura del proletariado.
Este es el paso del estado en donde la clase dominante es la burguesía al estado en donde la clase dominante sea el
proletariado.
Porque lo que va a sostener Marx es que en la dictadura de la burguesía son muy pocos los que dominan a muchos, en
cambio en esta lucha de clases hacia una pretendida sociedad sin clases, hay que cambiar el esquema y esta propuesta
de cambio de esquema tiene que ver exclusivamente con imponer una dictadura del proletariado (dictadura en este
tiempo quiere decir puntualmente a que sean muchos los que dominen a unos pocos). Esto no solo se va a realizar a
través de una conquista del poder estatal sino que exige la destrucción de aquellas instituciones y su sustitución con
instituciones completamente diferentes.
La crítica puntualmente tiene que ver con señalar que es lo que se entiende ahí, el estado es una máquina que no puede
manejar a su antojo, es decir, lo que sostiene Marx es que debe formar una maquina según sus propias exigencias, es
decir esta máquina del estado burgués tenía instituciones jurídicas y política que sostenían las relaciones de la
estructura las relaciones de producción, cuando el estado proletariado busque romper eso e impondrá lógicamente
nueva estructura. En estas nuevas estructuras estará lo que después nosotros vamos a conocer como las propuestas del
socialismo, en este hay un llamado de apropiarse los medios de producción no solo de estructura sino de
superestructura que tiene el marxismo. Lo que si va a hacer el pensamiento marxista es indicarte casi como un
diagnóstico de una precisión impecable
Este nuevo estado pondrá como foco de atención en destruir instituciones de esa superestructura productos del diseño
liberal burgués.

La extinción del Estado


El estado que busca extinguir Marx es el liberal burgués, ese que construyo la supuesta racionalidad del hombre la
supuesta mayoría del hombre buscándolo a Kant. Porque ese estado es el que satisfizo las necesidades de esa
burguesía. Siempre los estados que se extinguieron fueron productos de la dictadura de una clase, y no hay excepción
en la clase de dictadura del proletariado ya que él sabe que en algún momento debe desaparecer. Este destruye el
estado burgués para poder construir y sentar bases de su propia destrucción, para poder avanzar a una sociedad sin
clases sociales. Este no es un estado como los otros, este se trata de un estado de transición hacia una sociedad sin
estado, esto lo lograra si supera los problemas que hay en las relaciones de producción.

2.-Karl Marx: el recolector de señales


La disciplina secundaria
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El joven Marx relata en una carta a su padre “…siento el impulso de medirme con la filosofía…no es de ningún modo
posible seguir sin la filosofía”.
Dicha afirmación revela un conflicto interno de tipo vocacional, a partir del cual puede enfrentar la decisión de dejar
de lado sus estudios jurídicos.
A los 19 años revela también en una carta “…me ligue cada vez más estrechamente a la moderna filosofía del mundo,
de la que pensaba poder escapar”. Así señala el inicio de su relación Hegel y su poderosa paternidad filosófica sobre
él, como le llama el autor.
Marx hizo su aventura intelectual, su itinerario educativo yendo de las Ciencias Jurídicas a la Economía Política. Esto
es, desde la ciencia que estudia el significado jurídico de cualquier relación social hasta la ciencia que estudia cómo
las fuerzas productivas están asociadas a determinadas relaciones de propiedad.
En ese viaje entre ciencias jurídicas y económicas, encontró la ciencia que demuestra que las relaciones jurídicas no
explican nada por sí mismas, y que deben ser explicadas por las relaciones sociales.
Así constituye, en forma primigenia, su mirada sobre el ser social que determina la conciencia y no a la inversa
poniendo patas para arriba la filosofía especulativa que se le precedió.
“el ser social”, el conjunto de fuerzas productivas y las relaciones de propiedad de una sociedad, es lo que explicaría
lo jurídico, en tanto situado en una superestructura.
La disciplina secundaria para Marx fue el derecho, la jurisprudencia. El en su momento estaba ocupado en ponerla en
el mismo nivel que se encontraban sus preocupaciones filosóficas e históricas.

Los prefacios
Cuando en 1859 Marx publica la Contribución a la Critica de la Economía Política, siente la necesidad de trazar su
biografía intelectual. En el prefacio de ese libro decide resumir los resultados generales de sus investigaciones.
Lo interesante del prefacio de 1859 es la oportunidad de ver como el mismo, cuenta los diversos momentos de su
desarrollo intelectual. El prefacio de la segunda edición de El Capital, escrito en 1873 es casi un equivalente
autobiográfico del Prefacio de 1859.
Aprovechar esta información y permitir que surja alguna duda son los fines de ese escrito.

El difícil trance
“En 1942-43, siendo redactor de la Gaceta Renana, me vi por primera vez en el difícil trance de tener que opinar
acerca de los llamados intereses materiales”
K. Marx, Prefacio de 1859
En 1842 su principal preocupación teórica era desentrañar la relación de la filosofía con el mundo. La filosofía busca
su realización en el mundo y, en esa realización se pierde y se vuelve mundana. Pero al mismo tiempo y por la misma
razón la realidad se vuelve filosófica.
El tema de “la filosofía en el mundo” traslada a Marx de Berlín a Colonia, para editar la gaceta renana. Es ahí en
donde se verá en un difícil trance.
Hans Wiethaus era el encargado del ministerio público para censurar a la gaceta renana, pero había dejado pasar un
artículo en especial escrito por Marx que se trataba sobre el problema de los campesinos que recogían la leña del
suelo. La dieta había condenado esa actividad como destrucción furtiva de los bosques. Los campesinos podían ser
condenados por robo por el simple hecho de recoger la madera del suelo que necesitaban como combustible. Marx
reflexiona críticamente sobre esta relación entre lo normativo y las relaciones sociales. La ley de la Dieta, sólo
defiende los intereses materiales de los propietarios, es un Estado que ignora su deber de representar a toda la sociedad
y que asume sólo la representación de intereses privados y particulares.
Estos artículos molestaban a funcionarios del rey, y no tardaría en llegar una censura radical.

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Prevenido Marx escribió que, un movimiento político podía ser censurado, pero no las ideas. Ellas eran demonios que
solo era posible someter sometiéndose a ellas. Decir que las ideas son solo suprimidas cuando son incorporadas por
aquellos que quieren suprimirlas es una versión libre del problema de la “realización de la filosofía en el mundo”. De
esta forma, la censura solo podría suprimir las ideas cuando la propia censura fuera suprimida por las ideas
Por otro lado, el escribirá que es ridículo suprimir las ideas a través de la censura, pues las revoluciones cuando
estallan, nunca son provocadas por la libertad de prensa. Tenemos aquí a un Marx que resuelve la cuestión
pensamiento-mundo a favor de una realidad que existe independientemente de los instrumentos con los que es
observada.
Marx tenía dos visiones de porque la censura era innecesaria: 1) Porque el mundo siempre se desarrolla
independientemente de las ideas.2) Las ideas solo desaparecen cuando el mundo las convierte en su propia realidad.
En el prefacio de 1859 nos dice que “el difícil trance” era tener que opinar sobre economía e intereses materiales por
primera vez, pero opinar sobre la censura tampoco era tan fácil. Había aprendido que mundo material influía
decisivamente en las acciones de la vida política del estado.

El asalto de la duda
La París de 1844 fue el escenario en el que los jóvenes hegelianos intentaron la alianza con el socialismo francés.
Nada mejor que versos de Heine en Los Tejedores (poesía celebre) “vieja Alemania, tejemos tu mortaja”.
Tejedores de mortaja eran Heine, Ruge y Marx. La revista los anales franco-alemanes se volvió la desembocadura de
los jóvenes alemanes que querían desentrañar “los principios que el mundo había desarrollado en su interior”.
Marx concluye en que tanto las relaciones jurídicas como las formas de estado no pueden comprenderse por sí mismas
ni por la llamada evolución general del espíritu humano, sino que hunden sus raíces condiciones materiales de vida,
cuyo conjunto resume Hegel, siguiendo el precedente de los ingleses y franceses, bajo el nombre de “sociedad civil”

El canto de los gallos


“el día de la resurrección alemana será anunciada por el canto del gallo francés” Marx.
Se puede decir que Marx está manipulando un cuerpo revolucionario europeo de carácter tricéfalo, tres países, tres
proletariados, tres formas de conocimiento: filosofía, política y economía.
Francia: La cabeza política
Alemania: cabeza filosófica
Inglaterra: cabeza económica.
Marx diferenciaba revolución y señal de revolución. La señal de revolución podía ocurrir en cualquier lugar y tendría
con la revolución en proceso la misma relación que las apariencias o el fenómeno tienen con la regularidad de las
leyes productivas de la sociedad.
De la sagrada familia, escrita principalmente por Marx, surgió el proletariado como agente objetivo de la
transformación revolucionaria de la humanidad. El proletariado se constituía en el momento en que la humanidad
percibía que en las condiciones de vida esa clase oprimida se resumían todas las condiciones de vida significaba
suprimir al proletariado como clase.
Marx esboza ideas semejantes en Manuscritos económico-filosóficos de 1844, estos afirmaban q la propiedad privada
origina la alienación de trabajo. El producto del trabajo se volvía un “poder” independiente del trabajador. En el
régimen de propiedad privada, la realidad del productor y del producto se escinde, creando un ilusionismo colectivo.
Con la fuerza de imágenes invertidas, que es la fuerza del sentido común dominante, el producto asume las
propiedades del verdadero sujeto. Mientras tanto este -el productor- pierde su libertad espiritual. La alienación del
trabajo entonces estaría en la actividad productiva deformada por el capitalismo a través de la apropiación privada del
propio producto del trabajo.

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Estos manuscritos, acentuaban que el punto de partida del conocimiento estaba en la acción real y en el ser objetivo de
las sociedades. La consecuencia de la alienación del trabajo era la aparición de dos fuerzas que enfrentaban al mismo
tiempo “sus potencias espirituales”: el capital y el trabajo.
A fines de 1844 Marx es expulsado de Francia y se va con su familia a Bruselas. Heine es expulsado pero la opinión
ilustrada francesa hizo campaña a favor de este y logro quedarse en Francia. Entonces Heine se queda, Marx se va.
Para ellos es como un vacío histórico, Bélgica está fuera de los itinerarios filosóficos de la revolución. En Bruselas no
cantaban los gallos.

La crítica de los ratones


Con la “ideología alemana” Marx y Engels querían ajustar cuentas con “nuestra antigua conciencia filosófica”, es
decir con la herencia de Hegel.
La ideología alemana es uno de los puntos más altos de la literatura polémica del siglo XIX.
En ella los hombres son el resultado de todos los que producen y del modo que lo producen. Esa era la “vida real”
pero es propio de la “cámara oscura” de la ideología invertir esa realidad a favor de la primacía de la conciencia.
Es el intercambio social entre los hombres lo que produce las formas de conciencia y el lenguaje; de acuerdo con cada
fase del desarrollo de las fuerzas productivas.
El mundo sensible no sería el resultado de la esencia de las cosas, sino el producto del desarrollo social y de la
industria.
Feuerbach entendía ese mundo sensible como un objeto inerte y exterior a la conciencia que lo percibe.
Este es el tema de las “tesis sobre Feuerbach” escritas contemporáneamente a la “ideología alemana”
Feuerbach es criticado porque su materialismo no supo desarrollar el lado “activo del conocimiento” que era la
práctica social como critica de la realidad, el conocimiento como acción, la filosofía realizada en el mundo.
Al no reconocer la práctica social como critica efectiva de la realidad, Feuerbach acaba separando “materialismo e
Historia”. En Feuerbach el materialismo impedía la “acción”. Marx pensaba que la acción debía tener
“conocimiento” así como el conocimiento debía tener en la acción a su lado activo.
Sin embargo “critica roedora de los ratones” la ideología alemana defendía a Feuerbach de los ataques de Stirner y
Bauer que fueron blancos de muchas “parodias” por parte de Marx y Engels. La ideología alemana tiene un clima
cervantesco que en su momento no encontraba editor.
Marx suponía, que los editores disponibles boicoteaban la obra. En el prefacio autobiográfico de 1859 está la frase
entregamos el manuscrito a la
El prefacio tenía por objetivo demostrar que las ideas de Marx eran fruto de largos años de “concienzuda
investigación”
Marx quería que esos años de investigación fueran resguardados de cualquier valoración política con la que se
pretendía juzgarlos. Los trabajos de éste eran producto de largas y rigurosas investigaciones y según él no iban a
perder su “carácter científico” por mucho que choquen contra los prejuicios de las clases dominantes.
Marx dice que la ciencia no pertenece al ámbito de los intereses de ninguna clase social. Una ciencia está por encima
de las pasiones de una sociedad en lucha.
Él presenta una ciencia relativamente autónoma del proceso político. Da como garantía de su producción teórica el
hecho de que el “gabinete de estudios y sociedad en lucha son dos situaciones diferentes del comportamiento del
hombre que separan al sabio de la política”.
La Filosofía vuelta real, daba otra configuración a la relación ciencia- sociedad.
La teoría se volvía fuerza material cuando era asumida por las masas.
Las teorías existían porque se conciliaban con el modo de existencia de la realidad. La realidad existía porque podía
reconocerse como una existencia capaz de realizar las categorías teóricas del pensamiento.
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Para que entre la teoría y la realidad existiera este régimen de relaciones era necesario que el conocimiento fuera
producido por la misma realidad que él estudia.
Los filósofos para Marx no emergen de la tierra como hongos, sino que son fruto del tiempo.
En 1859 habla de “los ratones”. Ante esos ratones se trataba de liquidar la conciencia filosófica anterior. Aquí la
interpretación crítica triunfa sobre la interpretación política.
Marx distinguía el método de investigación del método de exposición de los descubrimientos científicos.
Pero existía también en él un método de “polemizar” que para él debía tener el pasaje lo ideal a lo real: de las armas
de las críticas a las críticas de las armas.
De ahí el prólogo del libro “Miseria de la filosofía”, el libro contra Proudhon: “el señor Proudhon tiene la desgracia de
ser singularmente desconocido en Europa, en Francia ser mal economista, en Alemania ser mal filosofo…”
Proudhon leyó y subrayo el libro de Marx contra él. Pero de
Proudhon respondiendo a Marx solo existe una carta antes de la “Miseria de la Filosofía” que lo acusaba de ser el
nuevo Lutero porque estaba creando una nueva intolerancia.
En la “ideología alemana” su víctima fue Max Stirner autor de el “único”.

Trabajos dispersos
¡Aparecen en 1848 dos ediciones del Manifiesto del Partido Comunista con una leyenda en su tapa que señala
“proletarios de todo el mundo, uníos!
Se advierte aquí la crítica al Estado liberal burgués y el abandono definitivo a la visión positiva del Estado. “La
burguesía creo maravillas mayores que las pirámides de Egipto, los acueductos romanos o las catedrales góticas”. Era
un canto a la revolución incesante de los modos de producción. La burguesía fue la autora de esa revolución colosal.
Pero en sus entrañas generó otra revolución. La primera fue la revolución de la industria “pasiva e inconsciente”; la
segunda sería la del proletariado, fruto y sepulturero de la burguesía. La burguesía era revolucionaria porque generaba
el proletariado.
En este párrafo advertimos la secuencia y propuesta del paso del Estado Burgués al Estado Proletario y el verdadero
significado del denominado estado de transición hacía el no estado. Comienza a partir de aquí en Marx un trabajo de
divulgación de ideas y se militancia política con los diversos grupos.

Afiladores de cuchillos
En 1852, Marx publica “El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte”. Ésta está vestida de frases relucientes. Se trata
del efecto de ciertas frases en la historia; aunque su motivo fue analizar el golpe de Estado que en 1852 lleva a Luis
Bonaparte III al poder.
Marx dice que las generaciones muertas oprimen el cerebro de los vivos. Los hombres se obstinan en no asumir su
verdadera condición humana.
Temen asumir los costos de la profanación que ocurre. Cuando sienten señales de la revolución, convocan a los
espíritus del pasado y toman prestados sus nombres, gestos y gritos.
Los hombres gritan, puede ser, pero no significa que reconozcan lo que está ocurriendo.
Esos cuerpos muertos visitando los escenarios de la lucha social francesa es la fuerte acusación que Marx dirige
globalmente contra la política francesa.
El Dieciocho Brumario es un urgente canto de independencia del presente con relación al pasado, un pedido de que los
hombres asuman su verdadera condición de clases sin farsas antiguas. Lo mismo ocurre con las fuerzas productivas,
ellas ya pueden estar maduras para librarse de las antiguas trabas sociales que en otro momento eran adecuadas a ellas.

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Luis Bonaparte da un golpe que Marx llama “dieciocho Brumario” recordando cuando en 1799 el 1° Napoleón se
volvió emperador de Francia.
“Francia “vuelve” al pasado: grupos sociales representando papeles que no corresponden a su situación objetiva en la
Sociedad” “Proletariados y burgueses son sustituidos: “afiladores de cuchillos” hablan por los proletariados, nobles
decadentes con cosméticos ridículos hablan por los burgueses”
(nota: afiladores de cuchillos eran la clase más baja de los proletariados, casi inexistentes)
Marx concluye que nadie, menos él, dedicaría un análisis al surgimiento del Estado francés a partir de la Edad Media.
Solo le atribuye a éste, la responsabilidad de haber dado fin al proceso.

Señales en el patíbulo.
A mediados de 1850 las dificultades económicas llevan a Marx a solicitar un puesto de funcionario en la compañía
ferroviaria de Londres. Pero había una dificultad, Marx tenía mala letra. El “Moro” (como ya era conocido) probo con
el periodismo. Ya había dirigido 2 periódicos de gran circulación y 2 revistas. En el “New York Daily Tribune”
publica pequeños ensayos en los que el capitalismo aparece como Bárbaro, Hipócrita y Devastador. Pero es el
Capitalismo el que lo llevara a la periferia del “planeta de las leyes orgánicas” que le permitirán fundar un mundo
nuevo. La barbarie capitalista es un inconsciente de la civilización. “Es necesario el bárbaro para crear civilización, es
necesario el “lado malo del proceso” para que el proceso prospere”
“La historia es un Patíbulo” decía Hegel: pueblos fueron destruidos en la historia. Se desmoronan Estados y los
individuos son frustrados en sus designios.
Hay una primera ministra invisible que gobierna la historia: LA RAZON. La razón los observa con astucia, necesita
de ellos. Para Hegel ésta es la “astucia de la Razón”
Cuando Marx ve a la India entrar al mundo moderno capitalista, interpreta la astucia de la razón.
En 1863 la guerrilla polaca golpea a Rusia Zarista. Marx está atento. En el mismo campo de la causa están los
grandes propietarios y los pobres campesinos.
La revuelta polaca podía transformarse en una “SEÑAL” que estimulara la unidad alemana.
La Señal palabra que conduce a uno de los grandes temas de Marx.
La Europa que él ve es una Europa de las nacionalidades y el proletariado. La Señal es la llamada a la Revolución.
Marx paso mucho tiempo tratando de identificar “señales” (cantos de gallo).
Esas señales podían surgir de contradicciones que estaban en el centro de la historia moderna o en la periferia del
mundo. En 1847 en Londres, acompañado por Engels, Marx había dado un discurso en la liga de los comunistas “La
victoria del proletariado contra la burguesía será la Señal de liberación de todas las naciones oprimidas”. Esto es para
él el Origen de la Señal.

Perro muerto
El Capital” aparece en 1867. Pero existía una cuestión sobre la cual importaba mucho: La Cuestión Hegel. Y el
Capital editado en su 2| volumen (1873) era el momento para ajustar cuentas. Marx sostiene que él fue quien ataco lo
que la Dialítica de Hegel tenia de mistificador.
Marx dice que Hegel fue el 1° en presentar la Dialéctica como un método de conocimiento que partía de la
identificación de las “formas generales de movimiento de la realidad” dando a la dialéctica una “envoltura mística”
por lo que Marx lo llama “perro muerto”.
Éste no solo puso a la dialéctica idealista y mística de Hegel sobre bases materialistas racionales, sino que anuncio que
realizaría un movimiento empleando una alegoría.
En “El Capital” el capítulo inicial es una parodia que homenajea a

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Hegel de principio a fin. Va y viene con el lenguaje hegeliano en su presentación de la Teoría del Valor.
Las mercancías son productos de las relaciones sociales entre los productores. Pero éstas “encubren” su carácter de
producto social a través de creencias ideológicas de que son ellas las que detentan las propiedades sociales originadas
en el trabajo de los productores.
El “fetichismo” es inherente a la mercancía. Ésta es propia del desarrollo histórico del capitalismo.
Sin embargo, en la Edad Media no existía ese encubrimiento. El trabajo y sus productos son lo que son “Relaciones
sociales inmediatas”. “En ella no hay fetichismo de la mercancía” dice Marx en El Capital.
Decir eso lo convierte a Marx en alguien diferente de aquél que hacía apología del papel transformador de las fuerzas
productivas. Se está en frente de un Marx que en vez de analizar la historia a través de la “producción Material”
analiza la historia a través de la “ideología”.
La crítica al fetichismo es la crítica a las ideologías de encubrimiento. Es el productor directo quien debe hacerla, el
hombre de una sociedad de productores libres.
La crítica a la Edad Media la hace el capitalismo. En ella nadie engaña al productor directo a partir del “propio sistema
económico” pues todos saben qué hacer y para quien trabajan.

Estranguladores de Londres

La sagrada túnica de Tréves.

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Unidad 8
1.-La formación del Estado argentino: Orden, progreso y organización nacional. La organización nacional y la
construcción del Estado. La cuestión del progreso. La cuestión del orden. Aparato institucional y organización
nacional. Alianzas políticas y organización nacional.

La formación del Estado Argentino

Línea de tiempo

Enfoque metodológico
Entre las categorías conceptuales propias del autor se destacan:
-pensar al Estado como una realidad en formación

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-pensar el Estado como una entidad que va conformándose a partir de la adquisición de la estatidad, esto es, la
adquisición de determinadas capacidades o atributos que definen la estatidad que son:
1) capacidad de externalizar su poder, obteniendo reconocimiento como unidad soberana dentro de un sistema de
relaciones interestatales;
2) capacidad de institucionalizar su autoridad, imponiendo una estructura de relaciones de poder que garantice su
monopolio sobre los medios organizados de coerción;
3) capacidad de diferenciar su control, a través de la creación de un conjunto funcionalmente diferenciado de
instituciones públicas con reconocida legitimidad para extraer establemente recursos de la sociedad civil, con cierto
grado de profesionalización de sus funcionarios y cierta medida de control centralizado sobre sus variadas actividades;
4) capacidad de internalizar una identidad colectiva, mediante la emisión de símbolos que refuerzan sentimientos de
pertenencia y solidaridad social y permiten, en consecuencia, el control ideológico como mecanismo de dominación.

Es a partir de las categorías conceptuales enunciadas que para Ozslak el Estado nacional argentino se presenta
como la resultante de la conjunción en un proceso de construcción social, de un Estado y de una Nación, como
unidad política dotada de sus propias características, y que delimita la fisonomía de la estatidad desde
mediados del siglo XIX hasta nuestros días a partir del despliegue de cuatro capacidades o atributos de la
estatidad.

Hipótesis que guía el texto


Aunque el enfrentamiento entre unitarios y federales para una generalizada interpretación historiográfica constituye la
clave de bóveda para entender más de medio siglo sin alcanzar a definir la unidad nacional (desde 1810 a 1862), tal
lapso extenso sin hallar una fórmula posible de unidad nacional responde principalmente a la falta de condiciones
materiales (falta de capacidad para la extracción legítima de recursos de la sociedad civil) por parte de la
Confederación para constituir efectivamente un Estado Nacional:
- Sin Buenos Aires y sus recursos (Aduana y Puerto)
O
- Con Buenos Aires y sus recursos (Aduana y Puerto), pero privada de una posición hegemónica
La fórmula posible a la que se llegó en 1862 fue un gobierno nacional con Buenos Aires y sus recursos, y con
una posición hegemónica.
La derrota de la Confederación Argentina a manos del ejército de Buenos Aires, representó un hito crucial en el
proceso de construcción de la sociedad argentina. El inicio de la consolidación del Estado Nacional ha sido precedido
por más de medio siglo de guerras civiles y experimentos fallidos. Este movimiento revolucionario que va desde 1810
y hasta la definitiva organización nacional fue sustentado por un enfrentamiento entre dos bandos (unitarios y
federales) que debieron dirimir por las armas el derecho a imponer al país una fórmula política.
Nos proponemos examinar estás cuestiones analizando la formación de nación y Estado, en términos de un proceso de
mutua determinación de los atributos que la definen.
El fracaso de la Confederación Argentina es la mejor demostración de que las guerras civiles impidieron la formación
de un Estado Nacional. Debemos considerar:
1) Los significados alternativos que tuvo la llamada cuestión nacional para las distintas regiones, intereses y
fracciones en pugna, a la luz de las transformaciones que se iban produciendo en el plano de la actividad
económica.
2) El sentido que adquiriría la cuestión del orden y su desagregación de las relaciones sociales.
3) Los recursos administrativos y fiscales disponibles para constituir la base del aparato institucional del Estado.
4) El juego de alianzas que permitió sentar las bases políticas e institucionales de un Estado

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Nacional.

Emancipación y Organización Nacional


Factores que dificultan una sucesión automática del Estado Colonial al Estado Nacional
-Falta de una clase dirigente criolla capaz de suplantar inmediatamente el liderazgo y la legitimidad del control
político y territorial ejercido por la corona.
-Fuerzas centrífugas desatadas ante la ausencia de un centro de poder alternativo al de la corona.
-Falta de identificación fuerte de los pueblos que componían la vasta unidad política con la lucha emancipadora (más
allá de que los débiles sentimientos nacionales se fortalecieron un poco con la secesión del Alto Perú, Paraguay y la
Banda Oriental, que creó la conciencia en los líderes revolucionarios de la necesidad de defender la integridad del
territorio heredado de la Corona).
-Carácter esencialmente localista del movimiento independentista en clara asociación con los intereses de Buenos
Aires.
-Tendencias secesionistas de las provincias del interior organizadas en torno de los caudillos locales como centro de
poder, separadas de Buenos Aires por la distancia, la geografía agreste y las franjas territoriales bajo dominio
indígena. Pero entiéndase bien, el localismo no era una forma aberrante de organización social destinada a perpetuar
en el poder a los caudillos, sino que era la solución política que mejor se avenía con los circuitos económicos de las
Provincias Unidas.

Diferencias regionales al interior de las Provincias Unidas


-Región pampeana (Buenos Aires)
-Región Mediterránea (zonas centro, norte y oeste) con asimetrías al interior de la región en actividades económicas y
grados de desarrollo, antes y después de la época colonial.
-Región Litoral

Derrota de Rosas
Para Oszlak la derrota de Rosas en la Batalla de Caseros más que una victoria sobre una forma de hacer política da
cuenta de la creación de condiciones para que los sectores económicos dominantes del interior se situaran como
interlocutores en la discusión sobre cómo gestionar el circuito económico que tenía por eje al Puerto de Buenos Aires

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La Revolución de Mayo y las luchas de emancipación desde 1810 marcaron el comienzo del proceso de la creación de
la nación argentina. Sin embargo la ruptura con el poder imperial no se produjo automáticamente. Roto el vínculo
colonial, se hizo evidente que la dominación española no había creado resquicios para el desarrollo de una clase
dirigente criolla capaz de suplantar con liderazgo y legitimidad el control político y territorial ejercido por la corona.
La secesión de Paraguay, el Alto Perú y la banda Oriental creó conciencia en los líderes revolucionarios sobre la
necesidad de defender la integridad del territorio heredado de la colonia.
El origen del movimiento independentista, resultaba un escollo para lograr la adhesión subordinada de los pueblos del
interior al nuevo esquema de dominación que se proponía. Buenos Aires se constituyó en capital de la organización
política surgida del movimiento revolucionario.
Los centros de poder tendieron a localizarse en las viejas ciudades coloniales del interior. Estos centros de poder se
integraron en torno a la figura de caudillos locales. Los intentos de organización republicana fueron sustituidos por la
autocracia y el personalismo. El acceso al poder pasó a depender del control de las milicias y los partidos surgieron
como pantalla para legitimar la renovación de autoridades. El destierro, el asesinato político, la venalidad, el
nepotismo y la coacción física se incorporaron como instrumentos de dominación en las prácticas políticas del país.
Los caudillos lucharon por reivindicar el marco provincial como ámbito natural para el desenvolvimiento de la
actividad social y política. La provincia pasó a constituirse casi en símbolo de resistencia frente a los esfuerzos de Bs.
As para concentrar y heredar el poder político del gobierno imperial.
Tres décadas después de declarada la Independencia, Echeverría observaba:
“La patria para el Correntino es Corrientes; para el cordobés, Córdoba…para el gaucho el pago en que nació. La vida
e intereses comunes que envuelve el sentimiento racional de la patria es una abstracción incomprensible para ellos y
no pueden ver la unidad de la república simbolizada en su nombre”. Esta observación desnuda la esencia de la
“cuestión nacional”. Está interpretación contrasta con el tratamiento analógico de los conceptos de nación, estado y
hasta país independiente.
La Nación Argentina dio forma y personalidad a las provincias. Obtenida su personalidad, las provincias pactaron
entre si y organizaron la nación, no la formaron. Así como no puede hablarse de un Estado Nacional, tampoco puede
afirmarse que existiera una nación antes de haberse desarrollado tanto los atributos ideales de la nacionalidad como
sus fundamentos materiales.
El localismo no era una forma de organización social destinada a perpetuar en el poder a caudillos sino que respondía
sobre todo a la modalidad que habían adquirido las relaciones de producción y los circuitos económicos en el territorio
de las Provincias Unidas.
La expansión económica de la región pampeano-litoraleña durante la primera mitad del siglo XIX estuvo ligada a su
inserción en el mercado internacional como exportadora de bienes pecuarios e importadora de productos
industrializados. Esta exportación de bienes pecuarios permitió que la provincia de Bs As se diferenciará con respecto
al resto del territorio. Las clases dominantes porteñas coincidían en sostener la estabilidad política de la provincia y el
predominio de Bs As con el resto del territorio.
El desarrollo de la producción pecuaria se basó en el uso extensivo de la tierra y en la racionalización de la
explotación de las estancias, que consistió en la disciplina de la fuerza de trabajo y el aprovechamiento integral del
ganado. La estancia era unidad productiva y también unidad económico-social. Abarcaba desde la organización para
defenderse de los indios y actuar como policía rural hasta la producción de la mayor parte de los consumos internos.
Estás unidades productivas tenían pocas vinculaciones económicas fuera de la línea que las unía con el mercado
externo y por ello la producción de bienes exportables no se beneficiaba con el dinamismo que el incremento de las
exportaciones permitía a la economía urbana.
Para los terratenientes, el fortalecimiento del circuito se centraba en garantizar las condiciones de producción de
bienes pecuarios a través del control de la frontera con los indios y desarrollar las vías de comunicación entre el puerto
y las unidades productivas. El predominio de Bs As sobre el interior debía restringirse a mantener el control de la
aduana en manos locales y participar indirectamente en la porción del excedente extraída a través de la aduana
porteña.
El interés del sector mercantil-portuario en el fortalecimiento del circuito económico Bs As-mercado externo se
combinaba con el propósito de expandir el mercado para las importaciones hacia el interior del territorio. El
predominio de Bs As sobre las demás provincias se ligaba en este caso a la integración de todas las regiones a la
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economía portuaria, bajo un régimen liberal. La apertura de todo el territorio como mercado para las importaciones y
el potencial incremento de las exportaciones requerían uniformar el sistema monetario, abolir las barreras aduaneras
internas, crear vías de comunicación y garantizar el tráfico interprovincial.
La región mediterránea, que abarca las provincias del centro, norte y oeste, comprendía varios sistemas productivos
con desiguales características y grados de desarrollo. La zona central y norteña se configuro durante el periodo
colonial, vinculada así al circuito formado por las minas potosinas y el puerto de Lima, como proveedora de carretas,
tejidos y animales de carga. En La zona cuyana sus vinculaciones más importantes fueron con la economía chilena y
el mayor desarrollo de la agricultura. Las provincias de Catamarca y La Rioja formaban la zona económicamente más
atrasada de la región.
El interior mediterráneo entró en un largo periodo de estancamiento con la paulatina disolución del circuito que lo
unía a la economía limeña. Las relaciones entre los sistemas productivos regionales eran escasas y el comercio con la
región pampeano-litoraleña estaba obstaculizado por barreras aduaneras internas y por la competencia del comercio de
importación.
Las posibilidades de expansión de los sistemas económicos de la región mediterránea dependían de la constitución de
una instancia institucional que enajenada a Bs As el control local de la aduana, limitara las importaciones y destinara
una porción importante de las rentas aduaneras a subsidiar a los gobiernos provinciales y a crear las condiciones
político-económicas para una vinculación más dinámica entre el interior y la región pampeano-litoraleña.
La región del Litoral tuvo un desarrollo de la actividad ganadera anterior al de Bs As. Pero se vio relegada a un
segundo plano por la supremacía del puerto de Bs As y el acceso directo al mismo que tenía la producción de esta
provincia.
Teniendo la posibilidad de establecer un comercio directo con el mercado internacional, la organización de la nación
significaba, para el litoral, terminar con el exclusivismo portuario de Bs As mediante la sanción de la libre navegación
de los ríos interiores. Se creaba la posibilidad de que el litoral llegara a competir con Bs As en la intermediación del
comercio externo.
Nacionalizada la aduana de Bs As, abiertos los ríos interiores a la libre navegación y organizado el tráfico comercial
en todo el territorio, sería posible neutralizar la gravitación política de Bs As y reducir el control económico que
ejercía a través de la centralización en el puerto de Bs As.
El conflicto entre federalismo y unitarismo, no fue sino una expresión política de una contradicción económica mucho
más profunda. Mariano Frágueiro escribía a Quiroga lo siguiente:

“La Guerra civil aunque ostensiblemente se hace entre federales y unitarios, ella no existe fundamentalmente sino
entre provincias interiores y las litorales porque los intereses entre ambas no han estado íntimamente ligados…Las
provincias interiores arden en guerra, destruyen sus propios recursos y sus propios hijos, y el resultado será su ruina
y engrandecimiento de las litorales. En una palabra, estamos sirviendo de instrumento para acrecentar un poder que
ha sido el origen de nuestras desgracias.”

La Organización Nacional comenzó a vislumbrarse con mayor fuerza cuando la posibilidad de articular y
compatibilizar estos diferentes intereses empezó a dar sentido unificador a la nación.
Cómo lo destaca Halperin, la última etapa del rosismo había creado posibilidades de institucionalización del orden y
también generado y consolidado una red de intereses a la sombra de la moderada prosperidad alcanzada gracias a la
dura paz que Rosas impuso al país. La Guerra civil que sobrevino después de Caseros, debe entenderse como la
manifestación político-militar de un enfrentamiento entre proyectos alternativos de unidad nacional, congruentes con
intereses económicos opuestos. El triunfo sobre Rosas debe entenderse como la creación de nuevas condiciones para
la articulación de los intereses de los sectores dominantes del interior al circuito económico que tenía por eje el puerto
de Bs. As.

La cuestión del progreso


Aproximación conceptual
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El progreso tiene que ver con las condiciones materiales, con brindar un andamiaje al desarrollo económico.
El progreso y el contexto externo
Contexto externo favorable para el progreso: la segunda revolución industrial y sus avances tecnológicos
incrementaron la demanda de bienes (en particular materias primas)

El Progreso y la Generación del 37


La Generación del 37 que pensaba al progreso conjugando liberalismo y romanticismo, inspirándose en la experiencia
europea y norteamericana es una matriz fundamental de la idea de progreso

El progreso y la Constitución de 1853


El progreso como fue pensado por los sectores dominantes de las Provincias Unidas fue plasmado normativamente en
la Constitución de 1853.
La Constitución de 1853 estimula los tres clásicos factores de producción (tierra, trabajo y capital), asignándole al
Estado nacional funciones que hasta ese momento nadie en las Provincias Unidas había acometido orgánicamente:
-ferrocarriles
-empréstitos externos
-definición de la frontera interna frente a los pueblos indígenas
-inmigración
-libre navegación de los ríos
-eliminación de las aduanas interiores
La escisión de la Confederación y Buenos Aires
Después de Caseros, durante casi una década, Buenos Aires y la Confederación se mantuvieron escindidas como
unidades políticas independientes. Las razones de tal situación tenían profundas raíces económicas. Se trataba de un
escenario profundamente complejo:
-por una parte, en términos de estricta realidad económica, Buenos Aires y el Litoral era el eje de la economía
primario-exportadora
-por otra parte, en términos del procesamiento de esa realidad económica:

 Buenos Aires pretende mantener su control de la Aduana, porque perderlo compromete el sostenimiento de su
aparato burocrático-militar.

 El Litoral y el interior mediterráneo pretenden sustraer a Buenos Aires el control de la Aduana y promover la
libre navegación de los ríos interiores para colocar su producción

 Lo que no debe perderse de vista es que el interior mediterráneo es desde el origen, por la estricta realidad
económica de la región (economía primario-exportadora con salida por la boca del Río de La Plata), el sector
más débil que sólo se asocia con el Litoral por el enemigo común que es Buenos con su control de la Aduana
y con el freno a la navegación de los ríos interiores)

La cuestión del progreso


En el poco más de medio siglo transcurrido hasta Caseros, el progreso expansivo no se detuvo, los intereses de las
embrionarias burguesías del interior fueron desprendiéndose poco a poco de sus raíces localistas. Hacia mediados de
siglo, el proceso político se hallaba enmarcado por profundos cambios que generaban expectativas de progreso
material. La organización nacional modificaba el significado de una comunidad organizada provincialmente, con
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autoridades locales que solo designaban una porción de su autonomía a un gobierno nacional. La gradual apertura
externa de la economía originaba nuevas necesidades, nuevas relaciones, nuevos intereses, nuevos marcos de
referencia, sobre todo entre los sectores más estrechamente ligados al mercado mundial. La “internacionalización” de
la vida económica aparecía como una condición necesaria para la “nacionalización” de la sociedad argentina.
La continua expansión de la economía exportadora durante la primera mitad del siglo 20 comenzó a acelerar su ritmo
a partir de la caída de Rosas. La eliminación de las restricciones al comercio y exportación de oro y los efectos de la
llamada segunda revolución industrial produjeron un fuerte incremento de la producción y el intercambio.
Con la apertura de nuevas oportunidades generadas en la revolución tecnológica se inició un doble proceso alimentado
por la experiencia de otros países que servía como guía y meta.

La llamada Generación del 37 (Echeverría, Alberdi, Gutiérrez y otros) incluida por las ideas románticas y el
liberalismo europeo, había señalado el camino. Este proyecto se nutría en la idea del “progreso”. La articulación de
intereses económicos y el desarrollo de las fuerzas productivas se exigían de este modo en indispensables
componentes materiales de la nacionalidad. El progreso se constituía en idea integradora de la sociedad. Según Bury,
el progreso se abría paso como concepción dominante en esta etapa de construcción de la sociedad argentina.
La Constitución Nacional de 1853 representó la plasmación normativa de esta nueva concepción y el denominado
proyecto de la Generación del 80 encontró en ella su más acabado fundamento. A lo largo de la segunda mitad del
siglo XXI se reiteraran manifestaciones de éste pensamiento sobre las infinitas posibilidades de progreso a la luz de
las condiciones materiales existentes en el país y el conocimiento de los factores que podrían concretarlo. La
fórmula: tierra, trabajo y capital pondría en marcha la maquinaria del progreso. Únicamente el Estado estaba en
condiciones de construir los pilares del nuevo orden social. Como diría Renan, el Estado era la máquina del progreso.
La Constitución de 1853 al formalizar la existencia del Estado nacional, le asignará ciertas funciones que ni los proto-
estados surgidos durante la Guerra de independencia y las luchas civiles, ni los sectores sociales dominantes, habían
asumido hasta entonces como objeto propio. Pensar la Argentina después de Caseros implicaba una toma de
conciencia, una crítica evaluación del pasado, una repentina actualización de concepciones que venían madurando
desde hacía décadas.
Hasta entonces el país no contaba con ferrocarriles, la inversión extranjera, reducida al comercio y las finanzas,
permanecía estacionaria desde hacía mucho tiempo, vastas extensiones de tierra aún estaban en manos de los
indígenas, en tanto que la frontera interna se había estrechado peligrosamente y la inmigración se reducía a una escasa
corriente espontánea.
Las nuevas condiciones comenzaron a movilizar a los agentes económicos y a producir ajustes y desplazamientos en
las actividades productivas tradicionales. La libre navegación de los ríos y la eliminación de las aduanas interiores
generaron nuevas posibilidades de intercambio comercial y formación de mercados. Los intereses del sector
mercantil-importador comenzaron a engarzarse estrechamente con los del sector agroexportador y financiero. Las
posibilidades de importación dependían de la capacidad de exportar, del aumento de la producción agropecuaria y de
su ventajosa colocación en el mercado mundial. La nueva situación acentuó las diferencias que ya existían entre el
próspero litoral y un interior mediterráneo empobrecido. Bs As y las provincias litorales continuarían siendo el eje
dinámico de la economía primario-exportadora.
El enfrentamiento que separó a Bs As de la Confederación Argentina luego de Caseros, tenía raíces económicas
profundas. Haber terminado con Rosas no significó acabar con la política “federalista” de Bs As.
Cómo en el interior se originaba y destinaba apenas un 10% del comercio exterior, la solución propiciada por el
interior al discutirse las bases de la organización nacional, pretendían imponer a Bs As una política proteccionista que
asegurara la colocación de su producción en el expansivo mercado del Litoral, así como asegurar una participación
más equitativa en la recaudación de la aduana bonaerense.

La cuestión del orden


La distancia entre la utopía del progreso y la realidad del atraso
Utopía del progreso: Constitución de 1853
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Realidad del atraso: Dispersión y aislamiento de los mercados regionales, por la escasez de población, por la
precariedad de los medios de comunicación y transporte, por la anarquía de los medios de pago, por la inexistencia de
un mercado financiero, por las dificultades para expandir la frontera territorial más allá de las tierras bajo control de
los pueblos originarios para expandir la frontera productiva, por la falta de garantías a la propiedad, por la falta de
garantías a la vida puesta en cuestión de modo constante por las guerras civiles y las incursiones de los pueblos
indígenas
Para salvar la distancia entre la utopía del progreso y la realidad del atraso aparece la idea de orden.

Aproximación conceptual
Orden es la ausencia de conflicto y, en ese marco, implica:
-Eliminar todos los elementos que pudieran obstruir al progreso, por ejemplo, y como aparece delineado en Facundo
de Sarmiento, los pueblos indígenas, y las montoneras y caudillos
-Generar condiciones que permitan incorporar dos factores fundamentales de producción procedentes del extranjero,
capital y trabajo (con respecto al capital, con seguridad jurídica para las inversiones externas, con respecto al trabajo,
promoviendo la inmigración)
-Desplegar un Estado que cuente con reconocimiento externo de su soberanía único (la Confederación y Buenos Aires
contaban con reconocimiento externo de su soberanía por separado), control por la fuerza único (Ejército nacional),
aparato administrativo y jurídico único, control ideológico de la dominación. En definitiva, que la Confederación y
Buenos Aires se comporten como un Estado único, y no como dos Estados separados
Las posibilidades de articulación de los factores productivos se vieron limitados por diversos obstáculos: la dispersión
y el aislamiento de los mercados regionales, la escasez de población, la precariedad de los medios de comunicación y
transporte, la anarquía en los medios de pago y en la regulación de las transacciones, la inexistencia de un mercado
financiero y las dificultades para expandir la frontera territorial incorporando nuevas tierras a la actividad productiva.
Sobre todo por la ausencia de garantías sobre la propiedad, la estabilidad de la actividad productiva y hasta la propia
vida ponían escollos insalvables a la iniciativa privada. La distancia entre proyecto y concreción, entre la utopía del
“progreso” y la realidad del atraso era la distancia entre la constitución formal de la nación y la efectiva existencia de
un estado nacional.
Regularizar significaba imponer un nuevo marco de organización y funcionamiento social, coherente con el perfil que
iban adquiriendo el sistema productivo y las relaciones de dominación.
Roto el orden colonial, el “Orden” se erigía como cuestión dominante. El orden aparecía como la posibilidad del
“progreso”, como el marco dentro del cual, la sociedad encontraría el modo de desarrollar sus fuerzas productivas. El
“orden” excluía a todos aquellos elementos que podían obstruir el progreso. El “orden” también contenía una implícita
definición de ciudadanía, sobre todos de quienes eran considerados legítimos miembros de la nueva sociedad.
El “orden” también tenía proyecciones externas que permitirían obtener la confianza del extranjero en la estabilidad
del país y sus instituciones. Con ello se atraían capitales extranjeros de inmigrantes. Con respecto al capital extranjero,
la Confederación Argentina dio los primeros pasos. En la línea inaugurada en los Estados Unidos, Hamilton negocio
un acuerdo para el pago del empréstito de 1824 con el objeto de recuperar el crédito externo. En cuanto a la
inmigración europea, ésta continúo con su flujo.
La instauración del “orden” significaba dar vida real a un Estado nacional cuya existencia, no se evidenciaba más allá
de la formalidad de un precepto constitucional. El des-orden y sus diferentes manifestaciones (enfrentamiento armado,
caos jurídico, precariedad institucional, imprevisibilidad en las transacciones) expresaban la inexistencia de una
instancia articuladores de la sociedad civil que, solo podía estar encarnada en el Estado. Dar vida al Estado implicaba
que un sector estuviera en condiciones de movilizar recursos suficientes para instituir un sistema de dominación
estable capaz de resolver las múltiples manifestaciones de desorden.
Luego de varias décadas de guerras civiles, la Confederación Argentina compartía con Bs As el reconocimiento
externo de su soberanía política. A esta dispersión de la autoridad se contraponía la precariedad de un aparato
administrativo y jurídico con alcances nacionales. Bajo tales condiciones, tampoco podía esperarse que el Estado
confederado ejerciera un efectivo control ideológico de la dominación.

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Como puede apreciarse, cada una de estas propiedades remite a la existencia de un “orden” de la vida social
organizada. Soberanía externa indisputada, autoridad institucionalizada en todo el ámbito territorial, respaldada por el
control del monopolio de la coerción, diferenciación e integración del aparato institucional y centralización jurídico-
legislativa, tales son los senderos a recorrer, las cuestiones a resolver en el proceso de “ordenar” la sociedad y llenar
de contenido los atributos del Estado.
El fracaso de la Confederación en organizar la nación y asegurar la viabilidad del Estado como un pacto de
dominación estable y disponer de los recursos institucionales para materializar su existencia.

Aparato Institucional y Organización Nacional


La estrategia de Urquiza tendió a consolidar la unidad política del territorio nacional y neutralizar la posible
generalización de conflictos provinciales o regionales. Los caudillos del interior mediterráneo, se mantuvieron pasivos
ante el conflicto entre el litoral y Bs As. La alianza de fuerzas litoraleñas que depuso a Rosas con el auxilio de
efectivos extranjeros, asumió objetivos de organización nacional cuya consecución se basó en incorporar los poderes
locales a la organización del gobierno nacional mediante acuerdos interprovinciales. Esta estrategia suponía respetar la
autoridad de las provincias y no afectar la estabilidad política de los poderes constituidos en cada una de ellas durante
el periodo anterior. Luego de la batalla de Caseros, Bs As habría de permanecer bajo control militar.
Urquiza promovió la unidad política del territorio mediante un sistema institucional nacidos de acuerdos
interprovinciales.
La concurrencia de las provincias a la organización de la nación ocurrió sin dificultades salvó en el caso de Bs As. El
reconocimiento de la autonomía de esta provincia, la aceptación del gobierno nacido después de Caseros dio por
resultado que Bs As no reconociera los pactos preliminares conducentes a la organización nacional y se negara a
integrar la Confederación Argentina. En cuanto a la construcción del aparato institucional de la nación, el hecho más
destacable es que la autoexclusión de Bs As privó a las autoridades de la Confederación de la única fuente de recursos
fiscales que existía en el territorio. Fuera del circuito económico de la Provincia de Bs As no existía una economía
como para constituir una fuente de recursos fiscales capaz de solventar la construcción del aparato institucional de la
nación.
Ninguna de las precarias Administraciones provinciales podía proveer al gobierno nacional los medios para hacer
efectiva su presencia a lo largo del territorio que se hallaba bajo su jurisdicción.
En mayo de 1852, mediante el acuerdo de San Nicolás, las provincias otorgaron a Urquiza el cargo de Director
Provisorio de la Confederación Argentina. En ese carácter debía reglamentar la navegación de los ríos interiores,
organizar la administración general de los correos y lo atinente a transportes y comunicaciones. Se lo facultó para
intervenir en cualquier lugar del territorio nacional, al mismo tiempo se disponía que las fuerzas militares de cada
provincia formarán parte del ejército nacional, bajo el mando del Director Provisorio. Las provincias debían contribuir
a los gastos del gobierno nacional en proporción a sus recursos.
Casi todos los recursos con que contó en un comienzo el Director Provisorio provinieron de la federalizada Provincia
de Entre Ríos. En Noviembre de 1852, Urquiza señaló a las provincias del Litoral como iniciadoras de la organización
nacional y aludió a su condición de gobernador de Entre Ríos, que le imponía la misión de “constituir la nación bajo el
sistema federal”.
A casi dos años de San Nicolás, la existencia del gobierno nacional era precaria. El gobierno nacional contaba sólo
con las recaudaciones de la Provincia de Entre Ríos, el ingreso proveniente de unas pocas operaciones de crédito
interno y pequeñas contribuciones de los gobiernos de Santa Fe, Córdoba y Mendoza. La centralización de la
conducción militar solo se daba en los casos de acuerdos bilaterales entre Urquiza y los gobiernos provinciales. La
única fuerza que dependía del gobierno nacional era el ejército de Entre Ríos. En el ámbito civil, el gobierno solo
actuaba a través de las instituciones de cada Provincia.
Las bases materiales para llevar a cabo la efectiva unificación del territorio nacional se hallaba en la Provincia de Bs
As, donde se consolidaba un gobierno independiente.
Uno de los problemas que enfrentó el gobierno de la Confederación fue la organización de un aparato recaudador.
Urquiza expreso en su discurso de apertura de sesiones del Congreso

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Legislativo Federal en 1854: “Nada había preparado, era preciso destruir los restos fiscales del aislamiento…remover
los obstáculos propios de todo lo que no tiene antecedentes…La transición del aislamiento de las provincias a la
nacionalidad argentina ha debido ser gradual y tan lenta como lo permitían los medios que debían verificarla…Sin
rentas, sin monedas, sin comercio regular, sin medios de comunicación, todo era forzoso crearlo”
El papel moneda no fue aceptado y su circulación se limitó a pagos hechos por el gobierno y posteriores transacciones
de los particulares con el fisco. La rápida depreciación de la moneda fiduciaria llevo a que se suprimiera su circulación
en Setiembre de 1854.
El intento de centralización de las aduanas, casa de moneda y correos provinciales mediante un sistema de
Administración de Hacienda y Crédito, resultó un fracaso. En 1855 las aduanas se encontraban aún en manos de los
gobiernos locales. Ante esta situación se decretó la sujeción de toda oficina nacional de recaudación a las
Administraciones de Rentas Nacionales, organismos que se subordinan a la Contaduría Gral. De la Nación.
Simultáneamente, se designaron 2 Inspectores de Aduana con la misión de centralizar las aduanas y administraciones,
uniformar el sistema de recaudación de rentas y mejorar la información sobre gastos y recursos nacionales.
Sin la centralización de la recaudación aduanera no era posible controlar la recaudación, ni los gastos de cada oficina
receptora, ni formular un cálculo aproximado de los recursos con que se contaría en el futuro. La aduana del puerto de
Rosario, continúo atendiendo los libramientos del gobierno provincial, del gobierno nacional y de un administrador
que actuaba independientemente atendiendo los gastos de guerra que ocasionaba el enfrentamiento con Bs As. El
gobierno de la Confederación nunca alcanzó una situación económica estable y se veía acosada por los gastos de
guerra y siempre debió manejarse con operaciones crediticias en pequeña escala, destinada a atender vencimientos
acumulados.
El objetivo central fue facilitar las relaciones comerciales entre las provincias y con el exterior. Se obtuvo un éxito
relativo en la abolición de los impuestos aduaneros internos, pero fracaso en el intento de introducir una moneda
uniforme y crear un sistema crediticio. Mediante tratados de libre navegación, el gobierno de la Confederación trato
de incentivar el comercio del puerto de Rosario, pero el resultado de estas medidas fue muy limitado debido a la
escasa capacidad de los comerciantes con asiento en esa ciudad y que no podían absorber el cargamento completo de
un buque proveniente del extranjero.
Durante varios años se negoció con Europa la construcción de un ferrocarril que uniría Córdoba con Rosario, pero las
obras se iniciaron en la década siguiente (1865). Los únicos servicios de transporte y comunicaciones que se
inauguraron durante la Confederación fueron las mensajerías nacionales (diligencias que unían Rosario con el
interior): y el servicio de navegación a vapor entre las ciudades de Santa Fe y Paraná. Ambos servicios debieron
suspender muchas veces sus salidas por falta de pasajeros.
El correo oficial fue muy poco usado por particulares a pesar que el gobierno rebajo las tarifas, aseguro la
inviolabilidad de la correspondencia y trató de regularizar los servicios, los pasajeros particulares continuaron siendo
el principal vehículo de la correspondencia privada. El gobierno de la Confederación logró centralizar el servicio de
correo. Un inspector debía establecer las bases de un servicio postal uniforme en las Administraciones de Rentas
Nacionales y ordenar a los administradores la centralización del servicio en el radio de su jurisdicción.
Las provincias, al ser abolidas las aduanas internas y nacionalizadas las externas, se vieron privadas de los recursos
necesarios para atender los gastos de las administraciones locales.
Al finalizar la década del 50, la Confederación se hallaba estrangulada económicamente. Su deuda era
desproporcionada con respecto a sus recursos genuinos y el gobierno se hallaba imposibilitado de continuar
recurriendo al endeudamiento público. Una vez centralizada la aduana, las rentas nacionales estuvieron
comprometidas antes de su percepción. Los sueldos militares y civiles sufrieron un atraso crónico y reducciones. En
vísperas de Pavón, la acumulación de créditos impagos anticipaba el colapso de este intento de construir el aparato
institucional del Estado sin el concurso de los recursos bonaerense. En cuanto a la organización militar, el gobierno de
la Confederación Argentina no llegó a contar con un ejército nacional propio. La formación de una fuerza militar bajo
el mando directo del gobierno nacional se produjo en ocasión de la Guerra del Paraguay. Durante el periodo de la
Confederación, la única fuerza militar a disposición del gobierno nacional, fue el ejército de la Provincia de Entre
Ríos. Las prescripciones del acuerdo de San Nicolás, solo trascendieron el plano formal a través de alianzas entre el
ejecutivo nacional y gobernadores provinciales.
El grueso de las fuerzas militares se hallaba destinado a custodiar las fronteras internas con los indios de la región
chaqueña y al sur de las provincias de San Juan, San Luis y Córdoba. Se hallaba bajo el mando de los gobiernos
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provinciales. La creación de estos batallones debían crearse a través de los gobiernos provinciales, lo cual acarreó que:
la mayor parte de las fuerzas no pudo reunirse por falta de recursos hasta varios años más tarde.
Además de los ejércitos destinados a custodiar las fronteras interiores, los gobiernos provinciales contaban con
milicias locales denominadas “guardias nacionales”. El grueso de los mismos lo formaba la población civil que se
enrolaba por orden del gobierno local. Al desaparecer las circunstancias que motivaron la reunión, las tropas eran
licenciadas. En 1854 se crea la Inspección General del Ejército y Guardias Nacionales con el objeto de centralizar la
conducción del ejército y reglamentar el funcionamiento de las milicias de cada provincia.
La desorganización del ejército y el gran número de bajas sufrido durante la campaña que culminó en los
enfrentamientos de Cepeda y Martin García, redujo su potencial bélico. En vísperas de Pavón el ejército resultaba
insuficiente para defender las fronteras y ciudades principales. Las diferentes políticas seguidas por los gobiernos
provinciales no preveían la colaboración entre las diversas fuerzas, y el gobierno de la Confederación tuvo poco éxito
en poner algún orden en este sentido.
En Bs As, bajo el gobierno de Valentín Alsina se ofrecían fuertes sumas de dinero a quienes sirviesen como
voluntarios en los cuerpos de línea por el término de 4 años. Al mismo tiempo se reorganizaba la Guardia Nacional de
la provincia y se organizaba la Guardia Nacional de la campaña en 17 regimientos mandados por jefes de línea. Más
tarde se creó por decreto una compañía de marina para el servicio de la escuadra y por enganche, dos legiones
extranjeras. Se intentó superar las dificultades de enrolamiento mediante severas sanciones a los desertores o a quienes
tratarán de evitar su enganche. El estado de Bs As contó con la posibilidad de movilizar recursos financieros para la
organización y sostenimiento de su ejército. Para ello utilizo el crédito del Banco de la Provincia, la afectación de
rentas aduaneras y el producto de la venta y arriendo de tierras públicas.
A pesar de las vicisitudes de la Guerra civil y del asedio de las fuerzas confederadas, Bs As dispuso en todo momento
del control de su Aduana y el apoyo de su Banco. El monopolio comercial ejercido por el puerto de Bs As hacía de su
aduana un instrumento de apropiación de recursos, al tiempo q el Banco de la Provincia concurría a saldar no solo el
déficit presupuestario del gobierno, a través de la emisión monetaria, creaba una encubierta forma de imposición que
resolvía las situaciones más urgentes. Solo así pudo la provincia escindir sostener el extraordinario presupuesto a
militar que exigió la defensa de su territorio y las campañas que debió librar ante el avance indígena.
Durante el lapso que duró la secesión de Bs As, se produjeron avances decisivos en la consolidación de vínculos
nacionales entre provincias. Bs As permaneció separada por 10 años con un gobierno independiente, el resto del
territorio dio los primeros pasos hacia la formación de un mercado único con la desaparición de las barreras aduaneras
internas y la nacionalización de las externas.
El territorio se mantuvo bajo la jurisdicción de instituciones que facultaban a sus titulares a tomar decisiones de
carácter nacional. El gobierno nacional llegó a gozar de cierto grado de estabilidad y del reconocimiento de su
soberanía. La estabilidad estuvo supeditada a qué no se restringiera la autonomía de los gobiernos provinciales. La
capacidad del gobierno nacional para tomar decisiones que afectarán a la población fue escasa o nula.
La construcción de un aparato institucional que trastocara la relación entre provincias y el gobierno nacional y
permitiera hacer efectivo el poder otorgado a las autoridades nacionales era una tarea por iniciarse, después de Pavón
sería llevada a cabo. Mientras el gobierno nacional permaneció privado de la contribución de la aduana y el Banco
Porteño, el sistema tributario y el aparato militar no pudieron arraigarse como instituciones nacionales.

Alianzas políticas y organización nacional


A principios de los años 50, las provincias de Corriente y Entre Ríos rompieron la alianza que había posibilitado que
el partido federal de buenos Aires liderara la política nacional y postergara los compromisos relativos a la
organización de la Nación contraídos por el pacto de 1831. Éste partido representaba, en términos generales, los
intereses terratenientes y comerciales identificados con la consolidación del circuito económico formado por la
provincia de Buenos Aires y el mercado externo.
A principios de la década de 1830, había tenido a su favor el reciente fracaso de la política liberal centralista del
unitarismo, a la que se habían opuesto las provincias del Litoral e interior mediterráneo. La confluencia de las
provincias en contra del unitarismo, el liderazgo político ejercido por Rosas, y la satisfacción esporádica de algunas
demandas de los gobiernos provinciales, permitió al federalismo de Bs AS llenar de contenido nacional una política
que sistemáticamente se opuso a la organización definitiva de instituciones nacionales.
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Cuando el federalismo litoraleño puso fin a la alianza con Rosa, contaba con la pasividad del interior mediterráneo y
el apoyo activo de los unitarios y segmentos del federalismo porteño, que si bien no habían enfrentado abiertamente a
Rosas, participaron de la conspiración iniciada en su contra. A esta reunión de fuerzas contribuyeron el Brasil y el
Uruguay, mientras Inglaterra permaneció neutral, sin quitar su apoyo formal a Rosas hasta el último momento.
Las potencias extranjeras, sin embargo no prestaron apoyo efectivo a la alianza liderada por el Litoral, más allá de
Caseros, Inglaterra se interesó en la incorporación de Buenos Aires a la Confederación Argentina, nacida del acuerdo
de San Nicolás, posiblemente porque la unidad Argentina era garantía contra la expansión del imperio brasileño, pero
se mantuvo neutral, ya que la correlación de fuerzas entre Buenos Aires y la Confederación fue casi permanente
favorable a la provincia escindida y, por otra parte, en ella se hallaban radicado el grueso de la población y los interese
británicos. El interior mediterráneo no tuvo una participación relevante en el conflicto entre el gobierno de la
Confederación y Buenos Aires, que estuvo centrado en el juego político-militar entablado entre el Litoral y las fuerzas
porteñas.
Al plantearse el conflicto entre Buenos Aires y la Confederación en 1852, los intereses vinculados a la consolidación
de la provincia como unidad político-económica diferenciada del resto del territorio, configuración lograda en los
últimos 30 años gracias al afianzamiento de los terratenientes exportadores y el crecimiento constante del comercio
exterior, constituyeron un factor aglutinante, por encima de las filiaciones políticas vigentes hasta entonces.
El proyecto de Federalización de Buenos Aires apoyado por Urquiza en San Nicolás y en las conversaciones
preliminares realizada con los principales dirigentes políticos de Buenos Aires, los ejércitos del Litoral acampados en
las afueras de ésta ciudad, los aliados potenciales de Urquiza en el interior y la influencia que él mismo ejercía sobre
el gobierno de Buenos Aires desde su campamento en Palermo hacían muy poco probable que los representantes de
esta provincia pudieran garantizar la integridad político-económica de la misma e imponer sus objetivos, recurriendo a
la organización del gobierno nacional bajo circunstancias tan desfavorables. La alianza de sectores públicos de Buenos
Aires con el Litoral había agotado sus objetivos con la deposición de Rosas. Caseros y, más precisamente, el acuerdo
de San Nicolás, inauguraban un nuevo capítulo de la lucha por la organización nacional, signado por la Unión de los
diversos sectores porteños para enfrentar a la Confederación Argentina liderada por Urquiza.
Las diferencias entre las fuerzas política que habían participado en la revolución de septiembre cobraron relevancia
una vez que se estableció un gobierno autónomo en la provincia, que contó con el reconocimiento del director
provisorio de la Confederación y, especialmente, al desaparecer la amenaza inmediata de las tropas entrerrianas, que
fueron retiradas de Palermo. El nuevo Gobierno Provincial reunía antiguos federales y unitarios, que a partir de
entonces lucharon por el predominio en el ámbito provincial. Los federales buscaron el apoyo del Litoral, pero sin
adherir a su política de organización nacional. Los unitarios, a su vez, aprovecharon la amenaza de una guerra con la
Confederación para consolidar su situación en el gobierno provincial. La Confederación presionó constantemente para
incorporar a Buenos Aires, sin lograr ningún apoyo importante en el ámbito local.
El liberal-nacionalismo, si bien postulaba la defensa y fortalecimiento de los intereses locales de la provincia, tenía
como objetivo central crear las condiciones para iniciar un nuevo proceso de organización nacional que, en vez de ser
conducido por el Litoral, fuera liderado por Buenos Aires. La otra facción liberal más tarde "autonomista" se
distinguió por seguir una política de conflicto abierto con la Confederación. Aun cuando defendía el autonomismo
provincial como cuestión central de su política, lo que la caracterizó principalmente, mientras duró el conflicto entre el
gobierno nacional y la provincia, fue su posición antiurquizista extrema y el considerar la unidad nacional más como
algo a ser negociado que como objetivo político fundamental. Por estas razones, denominará a la futura fracción
autonomista del partido liberal, " sector radicalizado de la revolución de septiembre".
En 1854 se sancionó la Constitución, Provincial, declarado a Buenos Aires, al menos provisoriamente, Estado
Independiente. El carácter de la constitución, la confirmación de Pastor Obligado como gobernador por tres años, y la
política exterior tendiente a obtener el reconocimiento de Buenos Aires como Estado Independiente, muestran el
predominio del sector radicalizado de la revolución de septiembre en el gobierno de la provincia.
En diciembre de 1855, Buenos Aires y la Confederación firmaron dos convenios que, más allá de las promesas de
reunificación nacional, reafirmaban la situación autónoma de la provincia. Éste ablandamiento de política de la
Confederación respondía al fracaso de las invasiones realizada por los federales disidentes, la sólida situación de las
autoridades provinciales en los planos internos e internacional y las dificultades que afrontaba el gobierno nacional a
dos años de su existencia, dificultades que paulatinamente iban mostrando la imposibilidad de organizar un sistema de
instituciones nacionales e integrar económicamente el extenso territorio nacional sin contar con los recursos
concentrados en la provincia de Buenos Aires.

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A mediados de marzo de 1856, el Ministerio del Interior comunicó a Buenos Aires la caducidad de los pactos de
diciembre y enero.
Entre 1856 y 1859 el gobierno de la Confederación fue endureciendo progresivamente su política hacia Buenos Aires.
En 1857 se aplicaron las leyes de derecho diferenciales y se conminó a la provincia a que estudiara la Constitución de
1853, a fin de su pronta incorporación.
La agresiva política de la Confederación fue hasta entonces capitalizada por el sector radicalizado de la revolución de
septiembre. La fracción liberal-nacionalista recién ocupó el centro de la escena política de Buenos Aires cuando el
endurecimiento de la Confederación llegó al extremo de la guerra y fue necesario entablar nuevas negociaciones con
el gobierno nacional.
Entre 1858 y 1859 el Litoral consiguió cierta unidad de los gobiernos provinciales en contra de la política secesionista
de Buenos Aires y en torno a la figura de Urquiza, cuya gravitación provenía fundamentalmente de ser jefe del partido
federal del interior.
Luego de la batalla de Cepeda, Buenos Aires se comprometió a revisar la Constitución de 1853 mediante una
Convención provincial. Si en ésta Convención no surgía objeciones a la Constitución Nacional, la provincia se
incorporaría de inmediato a la Confederación.
La variación en la correlación de fuerzas luego de la batalla de Cepeda, se dio en el interior de la alianza que
sustentaba el gobierno de la provincia desde 1852. Los intereses mercantiles vinculados a la expansión de mercado
interno a través de la unificación política del territorio nacional fueron favorecidos por los resultados del pacto de
noviembre, con la desaparición de los obstáculos opuesto por la Confederación al tráfico comercial con Buenos Aires
y por la perspectiva de una cercana incorporación de la provincia.
El sector liberal-nacionalista pasó a desempeñar un rol crucial, en tanto era el interlocutor más apropiado para
negociar con la Confederación de un momento en que la misma había llevado al extremo sus esfuerzos por incorporar
a Buenos Aires. La correlación de fuerzas entre Buenos Aires y la Confederación era de un equilibrio inestable y hasta
entonces no había puesto en peligro la estabilidad del gobierno de la provincia ejercido por el partido liberal. Ése
equilibrio inestable, que podía alterarse a favor de la Confederación, fortaleció la posición del sector liberal-
nacionalista.
A partir de 1860, Mitre inició una ofensiva política contra el sector radicalizado de la revolución de septiembre, que
ocupaba la mayor parte de los cargos políticos y predominaba en la legislatura provincial. En las elecciones de marzo
de 1860 para la renovación de esta legislatura que debería designar un nuevo gobernador en mayo, la fracción mitrista
obtuvo mayoría en ambas cámaras. Posteriormente, Mitre fue elegido gobernador.
Mitre propuso a hombres del sector radicalizado integrar su gabinete, pero estos rechazaron el ofrecimiento. Recurrió
entonces a sus colaboradores más allegados, futuros hombres clave del gobierno nacional: Rufino Elizalde, Gelly
Obes, Vélez Sarsfield, Sarmiento y de inmediato anunció su propósito de incorporar la provincia a la Confederación.
El gabinete fue duramente criticado y se acusó al gobierno de haber traicionado la revolución de septiembre.
La redistribución de fuerzas en el interior del partido liberal creó en el Litoral expectativas de una alianza con el sector
liberal nacionalista, para unificar el territorio y reiniciar la organización nacional sobre nuevas bases políticas. A fines
de 1859 había sido electo presidente Derqui, representante hasta entonces de una política intransigente para con la
provincia de Buenos Aires.
En mayo de 1860, a pocos días de haber asumido Mitre el gobierno de la provincia, se iniciaron las tratativas entre las
autoridades de la Confederación y un representante de Buenos Aires, Vélez Sarsfield, para reformular y ampliar las
disposiciones del pacto de noviembre de 1859, relativa a la incorporación de Buenos Aires a la Confederación. A
través del acuerdo de junio de 1860 la provincia ratificó sus compromisos e hizo nuevas concesiones, acordando la
entrega mensual de un millón y medio de pesos m/c al gobierno nacional, comprometiéndose a solventar los gastos
que ocasionara la Convención nacional convocada para discutir las reformas constitucionales propuestas por Buenos
Aires.
La Confederación continúo recibiendo de Buenos Aires aproximadamente la misma suma que hasta entonces había
percibido en concepto de subsidio. Que la tesorería nacional recibiera solo el excedente de la recaudación aduanera
evidenciaba que seguían coexistiendo dos poderes independientes en la Nación.

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La consolidación del gobierno de Buenos Aires, la posición de fuerza frente al gobierno nacional que aquél adoptando
hacia fines de 1860, el reagrupamiento del partido liberal de Buenos Aires producidos en los primeros meses de 1861
con la incorporación de miembros del sector radicalizado al gabinete provincial, fueron desvaneciendo las
expectativas litoraleña de una alianza con el liberal-nacionalismo.
Por su parte, Mitre estableció lazos con los gobiernos del interior mediterráneo, en un intento semejante al de los
primeros meses de la revolución de septiembre, para lograr el desconocimiento de las autoridades nacionales y crear
desde Buenos Aires las condiciones para una organización nacional alternativa.
A lo largo de 1861 se fueron agotando las instancias de conciliación entre Buenos Aires y el gobierno nacional. Los
diputados de esa provincia fueron rechazados en el congreso nacional.
Por su parte, el gobierno de la Confederación había llegado al límite de su crítica situación económica y para cada
paso debía recurrir a una medida de emergencia. No le quedaba ya otro recurso que la guerra. A esta altura, la alianza
Litoral conducida por Urquiza no se identificaba plenamente con el gobierno nacional.
Los gobiernos provinciales quitaron su apoyo al gobierno nacional, que dejó de existir en diciembre de 1861, y
delegaron en el gobernador de Buenos Aires el ejercicio provisorio denlas funciones del ejecutivo nacional y la
facultad para convocar a un nuevo congreso sobre las bases de la Constitución de 1853, reformada en 1860; Corrientes
y la Rioja limitaron la delegación al ejercicio de las relaciones exteriores; y Entre Ríos, a la convocatoria del congreso.
Durante los primeros meses de 1862 se estableció en la ciudad de Buenos Aires un gobierno nacional provisorio
estrechamente ligado a las instituciones locales. Las provincias habían delegado funciones nacionales en la persona de
Mitre como jefes de las fuerzas vencedoras y no en su carácter de gobernador de Buenos Aires. No obstante, Mitre
colocó el ejercicio de las funciones que le habían delegado bajo la dependencia del gobierno provincial y no trató de
establecer instituciones nacionales claramente diferenciadas de las instituciones de la provincia.
Para atender los problemas de ésta índole, se creó la Secretaría General de Asuntos Nacionales y, adjunto, un registro
nacional para consignar las disposiciones del poder Ejecutivo hasta q se establecieran las autoridades nacionales de
acuerdo con la Constitución de 1853, reformada en 1860.
Mitre centró su actividad en la negociación política, con las fuerzas opositoras de Buenos Aires, concerniente a las
condiciones en que se instauraría el futuro gobierno nacional. Además procuró la pacificación del interior a través de
los aliados del liberal-nacionalismo.
Luego de un mes de negociaciones, Mitre obtuvo autorización de la legislatura de Buenos Aires para convocar al
Congreso Nacional para el 25 de mayo de ese año. Una vez reunido el Congreso, Mitre propuso la Federalización de
la provincia de Buenos Aires. La medida fue rechazada por la legislatura provincial, cuya conformidad era un
requisito Constitucional a partir de la reforma de 1860. Lo mismo ocurrió con el posterior intento de federalizar la
ciudad de Buenos Aires. El acuerdo a que se llegó permitió la coexistencia de las autoridades nacionales y
provinciales en esa ciudad con jurisdicción de la primera sobre el municipio, durante cinco años. La legislatura
sancionó el proyecto y el Congreso lo transformó en ley nacional el 1° de octubre de 1862.

MÓDULO CINCO: EL ESTADO CONSTITUCIONAL, SOCIAL Y DEMOCRATICO DE DERECHO: SUS


COMPONENTES IDEOLOGICOS. SUS ADVERSARIOS. TEORIA DEL ESTADO FEMINISTA.

Unidad 9
1.-Liberalismo: concepciones filosóficas de base. Liberalismo y economía de mercado. Los liberalismos del siglo XIX
y siglo XX.

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2.-Republicanismo: el ideal republicano de libertad. Un ideal de discriminación constitucional. El antónimo de la


libertad republicana. El imperio de la ley. La separación de poderes. Diseño democrático. Las distintas implicaciones
de la libertad como ausencia de dominación.

1.-LIBERALISMO
Concepciones filosóficas de base
Es lógico asociar estrechamente la evolución del liberalismo como filosofía y doctrina política con la evolución del
capitalismo en el plano económico y la de la burguesía en el social. Pero el liberalismo, a su vez, está compuesto de
un conjunto de elementos filosóficos de larga tradición cultural y lento recorrido histórico que han conformado
decisivamente la historia contemporánea, tanto a escala occidental como mundial.
En la doctrina liberal encontramos elementos renacentistas, empiristas, racionalistas cartesianos, historicistas e
ilustrados; mientras que en su división en el [Link], también se verán reflejados el tradicionalismo, en el liberalismo
conservador, y el romanticismo y el socialismo en el radical.
Aunque los diferentes liberalismos compartirán una serie de factores, como afirma Miller:” las siguientes
características son las bases del pensamiento liberal, sobre las que se han construido tanto sus variedades posteriores
como sus desviaciones radicales y conservadoras: la ausencia en la naturaleza de una guía moral positiva, la prioridad
de la libertad sobre la autoridad, la secularización de la política y la promoción de constituciones y principios de
derecho que establezcan los límites del gobierno y determinen los derechos de los ciudadanos frente a este”. A esto se
debe añadir la convicción de que el progreso técnico y moral de la humanidad se produce como consecuencia de un
constante debate de ideas e intereses en ocasiones contrapuestos; de ahí la importancia de las reglas formales
consensuadas y el rechazo de sistemas dogmáticos absolutistas.
Las primeras ideas que pueden ser calificadas de “liberales” surgen a finales de la Edad Media en correspondencia
cultural con la aparición de nuevas formas de riqueza fruto de la creciente importancia de las manufacturas urbanas y
el comercio y coartadas en su expansión por las que en siglos futuros se denominaran “trabas feudales”.
Son ideas enfrentadas a una sociedad radicalmente no-liberal, la sociedad feudal. Esta sociedad es estamental,
corporativista, anti-individualista, teocéntrica, híper-religiosa, estática y pesimista. Contra todo esto, se conformará y
desarrollará el Liberalismo, fundamentalmente en reacción a la última etapa del feudalismo: las sociedades de Antiguo
Régimen gobernadas por monarquías absolutas.
El liberalismo se presenta como filosofía del progreso –económico, social, técnico- y propugna, en su esencia, una
liberación total de las potencialidades de los individuos. Siendo sus divisas básicas: la individualidad y la libertad.
Con visión antropológica optimista del hombre, al que ve como un ser individualmente autónomo, auto-
perfeccionable, materialista y dotado de razón. Para los libertarios, el estado puede ser necesario, pero no es natural.
Solo la libertad es la condición natural del hombre.
No aceptan los privilegios feudales y propugnan, en cambio, la igualdad jurídica de todos los hombres. Libertad para
competir por la posesión de los medios materiales, como medio para conseguir el éxito económico y social.
El final del proceso liberal de sedimentación de las premisas, postulados y enfrentamientos políticos con sus
oponentes doctrinales será el adoptar una postura radical: todo lo que impida o frene la libertad individual debe ser
suprimido, ya que la libertad es la condición natural del hombre. Como despliegue doctrinal, político e ideológico de
los tres grandes ejes en los que se articula el mensaje liberal de todas las épocas, tendremos: en primer lugar, el
naturalismo hedonista que establece que la felicidad consiste en poseer, acumular y disfrutar bienes materiales, y por
tanto, el hombre está dotado de un instinto de apropiación natural, siendo el interés individual el motor de la sociedad.
En segundo lugar, el racionalismo. La razón como medio de eliminar el oscurantismo y conseguir una actuación útil y
eficaz respecto a los fines propuestos. Finalmente, como componente preponderante, el individualismo libertario. El
individuo como principio y fin del mensaje liberal.

Liberalismo y economía de mercado


En la antigüedad y en la Edad Media, la propiedad y la riqueza iban acompañadas de determinadas funciones sociales.
La teoría liberal, al separar la esfera pública de la privada y la política de la económica, hace que estas funciones
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sociales desaparezcan: el resultado fue que las relaciones sociales de producción, quedaron supeditadas a los contratos
privados, limitándose el Estado a ser el garante del cumplimiento de unas leyes inspiradas por esos criterios
doctrinales.
A la teoría política se le añadiría la teoría económica en lo que se denominaría liberalismo económico o economía
política clásica con una influencia cultural e ideológica de enorme magnitud, solo comparable a la que ejercerá el
marxismo.
El autor de mayor éxito fue Adam Smith (1723-1790) que en su obra “Investigación sobre la naturaleza y causa de la
riqueza de las naciones” (1776), afirma que la economía está regida por unas leyes naturales inmutables que poseen
mecanismos propios de autorregulación.
El mercado, la división de trabajo tanto en un plano nacional como internacional, la ley de la oferta y la demanda, la
libre competencia y los afanes individuales se coordinan, no conscientemente, en la famosa “mano invisible”
correctora de la que habla Smith como factor regulador de los desajustes que se producen.
En el plano filosófico la aceptación de los presupuestos y postulados del liberalismo económico dará lugar a la
aparición y divulgación del utilitarismo de Bentham y J. Mill que pretende calcular como logra la mayor felicidad para
el mayor número.

Los liberalismos del siglo XIX


Tras su desaparición, el liberalismo se divide en varias corrientes, en ocasiones políticamente enfrentadas, puesto que
mientras que una rama del liberalismo profundiza en las teorías liberales civiles, idealiza la libertad y se siente
heredera de la ilustración, otra fracción doctrinal del liberalismo se asusta ante los “excesos” de la Revolución
Francesa y se vuelve conservadora. De esta forma un liberalismo demócrata-radical se opondrá al liberalismo
doctrinario.
El liberalismo radical desarrollado por los federalistas norteamericanos, Tocqueville o Jhon Stuart Mill es heredero de
Kant y de la Ilustración y de sus autores británicos como Thomas Paine (1737-1809), que trasplantaron al Nuevo
Mundo concepciones democráticas sobre derechos del hombre, la superstición de la religión y la necesidad de
separarla de la política.
Paine basaba su argumentación a favor de la reforma política en un concepto básico para el primer liberalismo: los
derechos naturales, concepto según el cual todos los hombres habían nacido con idénticos atributos para dirigir sus
propios asuntos, o en otras palabras, con la capacidad innata para tomar decisiones racionales e independientes en
todos los aspectos de la vida: moral, religiosa, política y económica … la función del gobierno consistirá en
salvaguardar los derechos naturales o libertades civiles… El efecto de estas dos ideas-los derechos naturales y la
racionalidad innata de las personas –sobre el pensamiento fue muy profundo.
Los liberales demócratas propugnaban la libertad de pensamiento, de expresión y de asociación, la seguridad jurídica
y política de la propiedad y el control de las instituciones políticas mediante una opinión pública informada. Todo ello
debería alcanzarse mediante gobiernos constitucionales basados en el concepto clave de la soberanía popular. Y que
actuaran basándose en las concepciones siguientes: que el gobierno tenga un límite a sus actuaciones establecido por
la ley; que el núcleo central en donde se ejerce la autoridad política resida en los poderes legislativos representativos y
que la legitimidad política de los gobiernos viene dada por una voluntad mayoritaria de los ciudadanos ante los cuales
son responsables.
De este modo el problema fundamental de esa versión radical del liberalismo es ¿Cómo compaginar libertad e
igualdad?, y, al mismo tiempo, desarrollar una sociedad que logre que sus miembros sean cada vez más benevolentes,
sinceros, honestos y libres de prejuicios; todo ello, naturalmente, respetando los derechos y libertades.
Por su parte, el liberalismo doctrinario se inspira en Burke, está influido por Locke, los fisiócratas y los
tradicionalistas franceses De Maistre y Bonald y defiende los principios del liberalismo económico de forma
fundamentalista. En su reacción conservadora transforman el elitismo de Locke en el oligarquismo clasista-no
estamental-de Guizot (1787-1874), olvidándose del sentido de comunidad siempre presente en el autor británico,
reavivan el legitimismo según las concepciones de Royer-Collard (1763-1843) y propugnan satanizar la Revolución
francesa por sus veleidades democráticas.

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La clave de su sistema político, está en su concepto de soberanía compartida entre el rey y el parlamento, como
equilibrio de poderes entre lo viejo-la monarquía-y lo nuevo-el parlamento controlado por los propietarios-.
La monarquía de Julio en Francia y las Restauraciones en Francia y España marcan el apogeo del liberalismo
doctrinario.
El liberalismo en el último tercio del siglo XIX estaba muy cuestionado, tanto en su vertiente más política-sufragio
censitario-, como en su defensa de los viejos dogmas económicos del laissez faire-laissez paser que rechazan
cualquier intervención del Estado en materia económica o social.
El cambio de mentalidad en las elites dirigentes europeas se produjo por toda una serie de factores, de los cuales
podríamos enumerar los más relevantes:
- La constatación de que el aumento gradual de la riqueza que el industrialismo capitalista comportaba llevaba
consigo la existencia de una miseria urbana estremecedora.
- Las consecuencias sociales de los cambios de coyuntura económicos. Singularmente la crisis económica de
las últimas décadas del [Link]: paro y hambre.
- La influencia de pensadores socialistas.

- La creación y espectacular desarrollo de partidos obreros como el Independent Labour Party británico y el
Partido Socialista Alemán.
- La elaboración por parte de instituciones gubernamentales de los países desarrollados de estadísticas fiables
sobre paro laboral, accidentes laborales, trabajo femenino e infantil, etc.
- El rechazo de algunos de los partidos conservadores europeos- como el partido Tory inglés- o instituciones
como la monarquía prusiana de las concepciones radicales individualistas del liberalismo, tendiendo a realizar
políticas paternalistas.
- La influencia de la doctrina social de la iglesia católica.

- La gran difusión de estudios científicos que revelaban los costes sociales del industrialismo capitalista.
Prototipo: Progreso y Pobreza, de Henry George, la obra más editada después de la Biblia.
- La agudización de la lucha de clases: represión sobre el movimiento obrero, anarquismo internacional.

Todo esto comportará que los gobernantes más lúcidos de los países desarrollados, como Gran Bretaña, Francia,
Alemania, Bélgica, Suiza, iniciarán políticas intervencionistas que se plasmarán en legislaciones laborales y sociales
que eliminarán los aspectos más hirientes del capitalismo, tendientes a desactivar la lucha de clases, integrando en el
sistema a los sindicatos obreros y aislando del grueso de las capas populares de los revolucionarios que propugnan
soluciones políticas radicales.
En el terrenos de las ideas, dentro de la órbita del liberalismo, las posturas de los autores se decantarán o bien por la
defensa de los principios clásicos del liberalismo económico, o bien por proporcionar cobertura teórica y moral a los
reformistas.
En el primer caso, se podría destacar la obra de Herbert Spencer (1820-1903), el autor más relevante del darwinismo
social, que defiende la extrapolación de los hallazgos de la biología al terreno de las sociedades humanas, exponiendo
así que en el hombre, como en el resto de los animales, sólo sobreviven loas más fuertes que mejor se adaptan al
medio.
Respecto a los teóricos reformistas, la influencia de los británicos John Stuart Mill (1806-1873) y la de Thomas Hill
Green (1826-1882) fueron superior a la de los otros.
John Stuart Mill expuso en Principles of Political Economy (1848) que el individualismo liberal debe ser
complementado y reformado con algunas de las demandas sociales, según una moral utilitarista que tiene su meta en
el progreso global de la humanidad, lo que significa el desarrollo de la personalidad y potencialidades de todos los
ciudadanos, por lo que se rechaza el elitismo del liberalismo clásico y su visión de la naturaleza humana como

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consustancialmente apropiadora y consumidora, elaborándose así un nuevo modelo teórico basado en la concepción
de una sociedad liberal democratizada y en constante desarrollo.
T. H. Green, por su parte, representa en el terreno de la filosofía política unas concepciones idealistas. Influido por la
filosofía clásica griega y los filósofos alemanes Kant y Hegel, defiende en su obra que la naturaleza humana es en
esencia social, y que la participación del hombre en la vida en sociedad es la superior forma de desarrollo individual.
Los seres humanos tienen limitada su individualidad por el bien común, y este hecho constituye, a la vez, la
conciencia colectiva de una finalidad común; por ello defiende que la fuente de la soberanía no reside en el Estado
sino en el consenso moral de la comunidad.

Los liberalismos del siglo XX.


Las concepciones teóricas social-liberales y el éxito integrador del intervencionismo estatal propiciarían que el
liberalismo del [Link] se desarrollara según unos parámetros muy diferentes a los anteriores.
Por una parte, el Estado demoliberal del primer tercio del [Link] está inmerso en una profunda crisis como
consecuencia de la obsolescencia de sus estructuras políticas para adaptarse a las nuevas realidades sociales; por otra
parte, el movimiento obrero, al que la revolución rusa da alas, presiona en demanda de que a las libertades y derechos
individuales se añadan los de los colectivos. Finalmente, las consecuencias de la mayor crisis que ha sufrido el
capitalismo en 1929 implicarán el abandono de las políticas basadas en parámetros liberales clásicos.
Unos países abordarán la crisis del Estado demoliberal sustituyéndolo por dictaduras militares o civiles, o por Estados
totalitarios, mientras que, desde una óptica liberal, otros Estados entran en una decidida vía de ampliación de la
representación política, reformismo social-asumiendo los derechos de los colectivos- e intervencionismo
redistributivo.
El economista inglés John Maynard Keynes (1883-1946) se convertirá en el autor más influyente en Occidente en la
medida en que defiende una teoría económica que proporciona las bases de desarrollo capaces de sostener esas
políticas social-redistributivas.
La puesta en práctica de esas ideas supuso el fin del liberalismo económico clásico y su sustitución por economías
mixtas en donde el Estado ejercía un papel económico decisivo para reactivar la economía mediante inversiones
públicas, corregir las disfunciones del capitalismo, impedir otro “viernes negro de 1929” y redistribuir la renta por
medio de una fiscalidad progresiva para eliminar las desigualdades extremas y activar la demanda.
El presidente de [Link], Roosevelt y su política del New Deal, intervencionista, tuvieron como objetivo paliar los
enormes costes sociales del crack del 29 y relanzar la economía estadounidense según premisas basadas en criterios
del liberalismo reformista.
Esta óptica reformista, pretenderá democratizar las sociedades liberales respetando sus características base:
proclamación de unos derechos y libertades individuales; separación de poderes, participación política de los
ciudadanos; principio de legalidad sancionado constitucionalmente. Entre el fin de la Segunda Guerra y los inicios de
los años setenta, en todo Occidente donde los regímenes políticos son democracias, existe un consenso entre todas las
fuerzas políticas mayoritarias de aplicar políticas denominadas de Estado de bienestar. Con la crisis del petróleo en
1973 y el subsiguiente cambio de coyuntura económica se difunden teorías que proponen el cuestionamiento radical
de las concepciones básicas del Estado de bienestar y el retorno a premisas del liberalismo clásico.
Estas concepciones neoliberales ocasionaron grandes debates. Robert Nozick proclama que únicamente es legítimo y
moral un Estado mínimo que proteja al individuo y haga que se cumplan los contratos. Otorgar mayores competencias
al Estado supone atentar contra los derechos individuales y debe ser rechazado. John Rawls, en su Teoría de la
Justicia, rechaza el utilitarismo y defiende los derechos individuales pero supeditándolos al bien común. De esta forma
Rawls, al igual que Dworkin, enlazaría con la corriente liberal social-reformista, mientras que Nozick y otros, que se
autodenominan anarco-capitalistas, conectaran con las corrientes liberales decimonónicas conservadoras y
antidemocráticas.
El neoliberalismo de estos últimos autores estaría relacionado con corrientes políticas neoconservadoras que han
proporcionado cobertura doctrinal-ideológica a los gobiernos conservadores de la década de los 80, cuyo prototipo
sería la Gran Bretaña de Thatcher y los [Link] de Reagan. Siendo el núcleo de sus propuestas el poner fin a la tutela
social por parte del Estado y eliminar gradualmente los mecanismos de redistribución de la renta. Además de

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desregularizar el mercado de trabajo, privatizar el sector público, y dejar que las leyes del libre mercado autorregulen
la vida económica de la sociedad. De esta forma, crearán más riquezas, sería rentable invertir, se acabaría con la
cultura del subsidio, se motivaría a los individuos y se generaría más riqueza social, con independencia de los costes
sociales y el aumento de las desigualdades que supondría.
Las teorías neoliberales han puesto de moda los análisis económicos e implicaciones de la filosofía política de la
denominada Escuela Austriaca de Economía: C. Menger (1840-1921), L. Von Mises (1881-1973) y F.A. Hayek
(1899-1992), los cuales propugnaban una limitación estricta de los ámbitos de las decisiones colectivas en nombre de
la libertad individual y la ventaja y eficacia del mercado como mecanismo justo mediador entre las relaciones de los
individuos, identificando como inseparables, liberalismo político y liberalismo económico.

2.-REPUBLICANISMO
Tres razones para explorar la trascendencia constitucional de la libertad republicana. Una es que muchos mandatos
constitucionales tienen su origen, históricamente, en una tradición fuertemente influida por el pensamiento
republicano. Una segunda razón es que la concepción republicana de libertad revela una lógica común para estos
distintos mandatos, mientras que otras justificaciones proporcionan diferentes explicaciones para cada uno de ellos. Y
una tercera es que una vez identificada esta lógica, ofrece sugerencias importantes acerca de cómo deben entenderse y
desarrollarse los mandatos constitucionales para adaptarse a unas circunstancias cambiantes.
Hay una ambigüedad en el término “Constitución”. Cuando los pensadores de los siglos XVII y XVIII hablaban de la
Constitución británica, tenían en mente un régimen no escrito que regía, tal como ellos pensaban, en el mundo
objetivo de las leyes y la política británica. Cuando los escritores contemporáneos hablan de una constitución, en lo
que normalmente piensan no es en una estructura objetiva o una administración de los asuntos de un pueblo, sino más
bien en un documento que formula e intenta regular esa estructura o administración.

El ideal republicano de libertad.


La idea central
La tradición republicana, es antigua y amplia. Se asocia con Cicerón durante la República Romana, con varios
escritores, sobre todo Maquiavelo, con James Harrington, Algernon Sydney y una multitud de autores menores
durante y después de la guerra civil inglesa y la república.
La larga tradición republicana está asociada de manera bastante consistente con una concepción particular de la
libertad. Bajo esta concepción una persona es libre sólo en la medida en que nadie ocupe una posición de
dominus en su vida: ni ningún déspota privado ni ninguna autoridad pública. Nadie es capaz de interferir en lo
que hace en la medida en que no se vean obligados a hacerlo para respetar el interés percibido de la persona en
cuestión. Nadie tiene un poder de interferencia arbitrario en sus asuntos.

Un ideal socialmente exigente


Esta concepción de libertad es socialmente exigente, en la medida en que significa que la dependencia de la buena
voluntad de otro-tener que vivir a merced de otro- es contraria a la libertad. Incluso si el otro en cuestión- el dominus-
es perfectamente feliz dejando a la persona hacer lo que quiera, el propio hecho de la dependencia y la vulnerabilidad,
de la posibilidad para ese dominus de ejercer una interferencia arbitraria, significa que la persona no es libre. Todo lo
que haga, lo hace por permiso del dominus. Vive en una esfera de dominación que, como un campo de fuerza,
distorsiona el carácter de todo lo que intente hacer. La persona libre, la persona capaz de actuar libremente, no puede
verse obligada a vivir bajo ese régimen de censura.
Esto es una concepción de libertad socialmente exigente porque significa que, las mujeres y los sirvientes, teniendo en
cuenta su posición en todas las sociedades pre-modernas, no eran libre. Aun suponiendo el marido o el amo más
amable del mundo, el sirviente o la mujer vive a su merced: in potestate domini. Y eso es suficiente en sí mismo para
situarle fuera de esa esfera de libertad.

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Un ideal de discriminación constitucional


La concepción republicana de la libertad como no dependencia o no dominación no sólo es socialmente exigente, sino
constitucionalmente discriminante. El Estado y la ley son inevitablemente coercitivos. Deben establecer impuestos a
los ciudadanos para obtener recursos, amenazar con penas a aquellos que vulneran la ley, e imponer penas a aquellos
condenados por su vulneración. ¿Privarán esas interferencias de su libertad a los ciudadanos? No necesariamente, de
acuerdo con el ideal republicano. En el caso de que el Estado que interfiere está obligado a respetar los intereses
percibidos por los ciudadanos en su manera de interferir, no les dominará. Pueden verse limitados por las acciones del
Estado, al igual que se ven restringidos por limitaciones naturales.
Los republicanos tradicionales estaban más interesados en las implicaciones constitucionales que en las sociales de su
concepción de la libertad.
El ideal republicano era constitucionalmente discriminante, en el sentido de que daba claras indicaciones sobre cuándo
una constitución era satisfactoria y cuándo no. Cualquier constitución o régimen que permita que los gobernantes
tengan un grado de poder arbitrario sobre su pueblo, un poder que no está obligado a servir el interés común percibido
por el pueblo, sería bajo esos términos objetable.
Esta temática del pensamiento republicano fue objeto de afirmaciones exageradas en el trabajo de escritores como
Rousseau y Hegel –afirmaciones en el sentido de que la ley podía obligar a la gente a ser libre- y es importante que la
entendamos adecuadamente. La idea es que el Estado y la ley, si siguen fielmente el interés común percibido por el
pueblo (una condición muy fuerte, por supuesto) no atentaran contra su libertad en el sentido primigenio y más básico
de dominarlos; si se quiere, no comprometerán la libertad del pueblo. Pero el Estado y la ley afectaran necesariamente
a la libertad de la gente en otro sentido secundario: sin dominarles, sus imposiciones coercitivas restringirán el ámbito
de la libertad en el cual puedan disfrutar de la ausencia de dominación. Sin comprometer su libertad, esas
imposiciones no obstante la condicionarán: tendrán el mismo efecto condicionante o restrictivo que tiene los
obstáculos y las limitaciones naturales. Si es este el caso, la concepción republicana de la libertad enseña una doble
lección al pensamiento constitucional. En primer lugar, las constituciones deben ser diseñadas para minimizar la
dominación del Estado. Y, en segundo lugar, que entre dos constituciones no dominadoras que sean igualmente
buenas en evitar la dominación por parte de otros, la que impone menores restricciones será la mejor. Permitirá al
pueblo disfrutar de ausencia de dominación para un rango mayor de elecciones.
El antónimo de la libertad republicana
En la actualidad prevalece la concepción de que la libertad está constituida por la ausencia de interferencia más que
por la ausencia de dominación. Una persona se ve privada de su libertad en la medida en que haya una interferencia
real. La dominación no está ni en lo uno ni en lo otro.
El “en la medida” de esta fórmula significa que todas las leyes disminuyen la libertad, dado que toda ley es
coercitiva. Y todas las leyes disminuyen la libertad, estén obligadas o no a perseguir el interés común, sean o no
arbitrarias en el sentido republicano. En consecuencia, la nueva concepción es constitucionalmente menos
discriminante que la antigua.
El relato histórico de cómo la libertad como ausencia de interferencia le ganó la mano a la libertad como ausencia de
dominación está estrechamente relacionado con esta diferencia en el significado social y constitucional de ambos
ideales. El ideal de la libertad como ausencia de interferencia ganó fuerza por primera vez a finales del S. XVII. En
ese momento el ideal republicano era constitucionalmente problemático, porque sugería que el dominio colonial en las
colonias británicas de América convertía a los colonos en esclavos. Estaban sometidos a un gobierno que, aunque
benigno, no estaba obligado a seguir sus intereses percibidos y que tenía la posición de un dominus.
A finales del [Link] la concepción republicana de la libertad era también un ideal socialmente problemático. En este
periodo era ya imposible no tener en cuenta a las mujeres y los sirvientes tan completamente como había sido
costumbre hasta entonces.
Por varias razones estos grupos pasaron también a ser considerados como parte de la base social de la que se tenía que
preocupar el Estado. Pero si se suponía que el Estado debía promover la libertad de sus súbditos, y si se entendía
requería ausencia de dominación, entonces esta extensión de las obligaciones del Estado para incluir a mujeres y
sirvientes parecía increíblemente radical. Habría implicado la derogación de las leyes existentes de familia y
reguladoras de la relación amo-sirvientes. En ese contexto los reformadores se vieron atraídos por el ideal alternativo
de libertad como ausencia de interferencia. Eso habría permitido que las mujeres y los sirvientes contasen como

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personas libres, en la medida en que no se viesen forzados por sus amos: en la medida en que sus maridos fueran
amables caballeros cristianos, y sus empleadores agentes económicos racionales que no obtuviesen ningún beneficio
de imponer su autoridad por el mero hecho de imponerla.

El imperio de la ley
Si queremos, como exige la libertad republicana, que el Estado republicano no asuma una forma arbitraria y
dominante, entonces, los instrumentos empleados por el Estado deben ser, tanto como sea posible, no manipulables.
Diseñados para perseguir determinados fines públicos, debe maximizarse su resistencia a ser empleados sobre una
base arbitraria, quizás faccional. ¿Cómo se puede maximizar la no manipulabilidad de los instrumentos republicanos?
Para ello es esencial tener en cuenta la realidad empírica y es imposible concebir un proyecto sobre una base
puramente filosófica. Pero bajo cualquier escenario posible una de las condiciones es, en palabras de James
Harrington, que el sistema debe constituir un “imperio de las leyes y no de los hombres”
Hay dos aspectos a tener en cuenta en la condición del imperio de la ley.

 El primero prescribe que las leyes deben tener una cierta forma: en general, que deben ajustarse a las
constricciones descritas por los teóricos contemporáneos de la ley. Deben ser generales y de aplicación
universal, incluyendo a los mismos legisladores. Deben ser promulgadas y anunciadas anticipadamente a
aquellos a quienes se aplican. Y deben ser inteligibles, consistentes y no estar sujetas a constantes cambios, y
así sucesivamente.

 El segundo aspecto de la condición del imperio de la ley presupone que el primero se ve satisfecho y que toda
ley que se apruebe tendrá una forma satisfactoria. Prescribe que en caso de que el gobierno tenga que elegir
entre actuar sobre una base legal (es decir legislar sobre el caso de que se trate) y actuar de forma más
particularista, debe elegir lo primero, el enfoque basado en principios. Esto no implica que la acción
gubernamental, en el caso de que sea legal, sea necesariamente buena. La idea es que, siempre que la acción
gubernamental es realmente necesaria, esa acción debe operar tanto como posible a través de decisiones con
rango legal, en particular a través de decisiones que cumplan las constricciones del imperio de la ley. Por
ejemplo, que no sean ad hoc o ex post.

La lógica republicana de todo esto es que, aunque la decisión particularista puede ser conformada arbitrariamente por
la voluntad de quien la toma, la norma legislativa basada en principios no es tan fácilmente manipulable. La
legislación será aplicable universalmente, incluidos potencialmente los propios legisladores y no les será fácil, aunque
desgraciadamente no les será imposible orientarla de forma arbitraria.
El imperio de la ley exige fidelidad al principio de proceso debido en un amplio rango de frentes políticos.

Hay varios aspectos a tener en cuenta acerca de esta derivación del ideal del imperio de la ley de la concepción
republicana de la libertad como ausencia de dominación.

 Un primer aspecto es que se trata del tipo de justificación del imperio de la ley que atraía históricamente a
personajes como Harrington, y, de hecho, a autores republicanos de la antigua Roma. “No hay nada más
absurdo que decir que un hombre tiene poder absoluto por encima de la ley para gobernar según su voluntad
por el bien del pueblo y la preservación de su libertad: porque allí donde hay un poder tal, no puede subsistir
la liberad” Algernon Sydney. Se consideraba que esa condición era esencial para asegurar que la acción
gubernamental no fuera sólo una fachada detrás de la cual un individuo o un grupo pudiese ejercer un poder
arbitrario. Significaba que la ley era “una norma estable bajo la cual vivir”, y ayudaba a asegurar que el
gobierno no representaría “una voluntad inconstante, incierta, desconocida y arbitraria”

 El segundo aspecto a tener en cuenta acerca de la defensa republicana del imperio de la ley es que tiene un
alcance general y substantivo. Se aplica no solo a la legislación, sino también a la administración. Da su
apoyo a los ideales de justicia natural y proceso debido de la misma forma en que apoya una noción más
estrecha del imperio de la ley. Aunque la justificación es más general en ese sentido, no reduce el ideal del
imperio de la ley puramente formal o independiente de regulaciones que violen técnicamente las

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constricciones normales, sino también contra normas y decisiones contrarias únicamente al espíritu de esas
constricciones.

 El tercer aspecto a tener en cuenta acerca de la defensa republicana del imperio de la ley es que no lo sacraliza
o lo fetichiza: no lo considera una constricción absoluta. Si la libertad como ausencia de dominación está
mejor servida bajo un régimen que permite ciertas formas de discrecionalidad, entonces debe permitirse ese
régimen. Una razón por la cual los republicanos pueden tener una buena disposición hacia una
discrecionalidad de este tipo, y podrían oponerse a cualquier tipo de prioridad absoluta de normas escritas
rígidas, es que hay otros medios, además del imperio de la ley, para evitar las arbitrariedades. Se puede exigir
a todos aquellos agentes a los que se confiere una discrecionalidad limitada que razonen sus decisiones, por
ejemplo. Igualmente pueden someterse esas decisiones a procedimientos de apelación y queja y, además, a un
procedimiento de supervisión rutinaria.

La separación de poderes
Una segunda condición asociada con la deseabilidad de un sistema constitucional no manipulable de gobierno es que
el poder que los funcionarios y cargos públicos tienen bajo cualquier régimen legal debe ser separado o dispersado.
Esta condición se refiere a la forma en la que opera la ley.
Donde hay una ley, por necesidad, hay diferentes roles a cumplir. En la obra de Montesquieu, están las funciones de
legislar, ejecutar o administrar la ley y de adjudicarla a aquellos casos controvertidos en los que es de aplicación. La
dispersión del poder requiere que estas funciones estén muy bien separadas. La acumulación de todos los poderes, el
legislativo, el ejecutivo y el judicial, en las mismas manos, ya sea de uno, unos pocos, o muchos, y de forma
hereditaria, por autoproclamación o de forma electiva, puede ser considerada con justicia, la definición misma de
tiranía.
Si solo se permite a los legisladores legislar de forma consistente con ciertas leyes o principios existentes, entonces es
importante que aquellos que juzgan si la legislación se ajusta a esas constricciones no sean los propios legisladores. Y,
a su vez, si se exige que aquellos que ejecutan la ley deben ajustarse a las leyes existentes en su forma de ejecución, es
importante que no sean ellos mismos sus propios jueces, es decir, que el poder judicial relevante descanse en otras
manos. Los poderes de legislación, ejecución y atribución deben ser distribuidos entre distintas partes y organismos.
La lógica republicana detrás de la dispersión del poder es, ceteris paribus, incrementar la no manipulabilidad de la ley
y evitar que el gobierno ejerza influencia arbitraria sobre otros. La asunción es que en la medida en que el poder está
localizado, en el sentido de acumulado en manos de esta o aquella persona, es potencialmente dominador. Dada esta
lógica, la dispersión del poder que debemos buscar debe incluir otras medidas aparte de la separación de los poderes
legislativo, ejecutivo y judicial.
Una medida que se puede incluir perfectamente es el bicameralismo. Esto supone que hay dos cámaras legislativas,
cada una con una base distinta. De hecho, el bicameralismo, es atractivo para los republicanos por varias razones. Otra
medida igualmente familiar es la descentralización del poder que se logra mediante un sistema federal bajo el cual un
número de Estados constituyentes comparten el poder con el gobierno central. Otra medida es la dispersión del poder
que puede conseguirse en el mundo contemporáneo siempre que los gobiernos estén de acuerdo en limitar sus
acciones por medio de convenciones o tratados internacionales. Esto tiene el efecto de conferir poder a los organismos
internacionales que interpretan esos acuerdos.
Cuando decimos que la dispersión del poder puede requerir más que separación de las funciones legislativa, ejecutiva
y judicial, nos estamos manteniendo fieles a la antigua tradición republicana. Para esta, la división funcional era parte
de un proyecto más amplio de dispersión del poder. Este proyecto estaba recogido en el ideal antiguo de un gobierno
mixto en el que están representados diferentes sectores y el poder es dado en parte a este organismo representativo y
en parte a aquel. Este proyecto se oponía frontalmente no ya poner en peligro la división de funciones, sino a que
alguien fuese juez y parte, por ejemplo, o juez y jurado.
El contraste entre la lógica republicana y populista para justificar la separación entre la funciones legislativa, ejecutiva
y judicial, se deriva de unos diferentes puntos de vista acerca de lo exacta que tiene que ser esa separación.

Diseño democrático
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Asumiendo que en la medida en que la interferencia del gobierno en las vidas de la gente esté obligada a perseguir el
interés común percibido, esa interferencia no será arbitraria. Pero, ¿Qué interés en concreto debería perseguir?
Aquellos intereses, diría la tradición, que servidos por el gobierno beneficien a todos. Aquellos intereses que hagan,
en primer lugar, deseable al gobierno.
La cuestión de cómo definir los intereses comunes que un Estado republicano debería estar constitucionalmente
obligado a perseguir es un tanto truculenta.
El desafío constitucional primordial para los republicanos puede ser replanteado con la ayuda de una noción de interés
común. Se trataría de identificar instituciones que obliguen al Estado a perseguir los intereses comunes de la
ciudadanía, y sólo esos intereses comunes. Hay dos peligros, por lo tanto, contra los cuales deben actuar las
instituciones requeridas. Uno es el peligro de la negativa falsa: no identificar y atender ciertos intereses comunes
reconocibles. Y el otro es el peligro del positivo falso: permitir que factores distintos de los intereses comunes
reconocibles sean influencias autorizadas sobre el gobierno.
Esto sugiere que deberíamos buscar instituciones republicanas que funciones en dos dimensiones. En primer lugar,
que protejan contra negativas falsas proporcionando un suministro de candidatas a materias de interés común
reconocible para las políticas gubernamentales. Y, en segundo lugar, que protejan contar positivos falsos
proporcionando un control sobre los candidatos a bienes comunes que hayan sido ya reconocidos, y sobre otros
factores que determinan las decisiones gubernamentales, para comprobar que sólo los intereses comunes tengan
influencia. En la primera dimensión las instituciones se asegurarán de que todos los intereses comunes reconocibles
sean articulados y autorizados como guías de gobierno. En el segundo, las instituciones se asegurarán de que sólo los
intereses comunes reconocibles sean articulados y autorizados en ese sentido.
La forma obvia de conseguir el primer efecto será abrir todos los canales posibles para que el público haga propuestas
sobre materias que tengan que ver con intereses comunes reconocibles. Y aquí la institución relevante es la de las
elecciones democráticas en las que cualquier ciudadano es libre de participar y tiene el mismo derecho al voto.
Las instituciones electorales, que deberían asegurar que todas las materias potenciales de interés común reconocible
sean escuchadas (y que deben proteger por tanto contra negativas falsas) tenderán a quedarse cortas con respecto a los
falsos positivos.
En frases que tienen una amplia resonancia en el seno de la tradición republicana, el Estado electoralmente
democrático podría ser un despotismo electo: podría representar una tiranía de la mayoría o, de hecho, una tiranía de
esta o aquella elite o grupo.
¿Cómo protegernos de que esos falsos positivos prevalezcan en los corredores del poder? ¿Cómo garantizar que las
personas y las políticas que obtienen un mandato electoral sean controlados de forma que se reduzcan
significativamente las posibilidades de falsos positivos? ¿Cómo aumentar la probabilidad de que sólo asuntos de
interés común y reconocible puedan dictar los fines y los medios adoptados en la acción gubernamental?
Los derechos electorales dan al pueblo como colectivo el poder de un autor indirecto en relación con las leyes y
decisiones gubernamentales. Actúa como supervisor de esos autores (gobierno). El problema en la democracia
electoral proviene de dos fuentes: en primer lugar, del hecho de que el control de autor es ejercido colectivamente, por
lo que las voces minoritarias podrían ser ignoradas. Y en segundo lugar, del hecho de que se ejerce indirectamente,
por lo que otros factores podrían dictar la política: en particular, factores que no es de interés común habilitar.
La metáfora sugiere que la forma de protegerse frente al tema en cuestión (positivos falso) podría ser intentar
asegurarse de que las personas normales, individualmente y en grupo, tuviesen el poder de un editor junto con el de un
autor en relación con lo que hace el gobierno. Deberían tener un poder sobre lo que hace el gobierno del tipo del que
tiene los editores.
La gente no puede tener un poder de veto individual, dado que eso probablemente haría imposible el gobierno. Una
forma de dar poder de un editor a las personas comunes en relación con el gobierno sería estableciendo posibilidades
paralelas de disputabilidad.
La metáfora, recoge la idea detrás de la democracia disputatoria. Primero, sitúa la democracia disputatoria en un
contexto en que la democracia electoral es claramente el complemento necesario. Y en segundo lugar, sugiere una
base útil desde donde pensar qué requeriría una democracia disputatoria.

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Para entender el segundo punto seguimos la metáfora. La disputabilidad que asumiese la forma de una apelación al
concejo es probable que sea demasiado exigente-consumía mucho tiempo y energía- y no muy eficiente: unas bases
adecuadas para disputabilidad deberían plantearse caso por caso. Hay dos pasos que nos podemos imaginar. El
primero consistiría en que los editores y el concejo editorial estuviesen de acuerdo acerca de unas bases necesarias
para la disputabilidad, en la necesidad de que las propuestas que se sometiesen a consideración siguiesen ciertas
directrices. Esos acuerdos se incorporarían en unos procedimientos que los editores deberían seguir.
El segundo paso sería conceder espacio para una contestación ex ante al igual que para una ex post. En lugar de
permitir sólo que el editor plantee objeciones a una propuesta ante el concejo, se debería permitir que el editor tuviese
algo que decir en estadios anteriores del proceso invitando a los autores a recibir consejos y sugerencias de la editorial.
Podrían introducir dispositivos consultivos y complementar así la disputabilidad ex post.
Para reducir la influencia de positivos falsos sobre el gobierno, podemos pensar en medios a través de los cuales la
gente pueda tener un poder de editor equivalente con recursos equivalentes de naturaleza procedimental, consultiva y
de apelación. Maneras a través de las cuales se pueda aumentar la disputabilidad pública en las acciones
gubernamentales y para reducir el riesgo de positivos falsos.
Un ejemplo de recursos procedimentales equivalentes a los diseñados para dar poder el editor son las medidas
consideradas anteriormente (elecciones democráticas). La concepción de la democracia electoral cum disputabilidad
nos sirve para ver esas medidas desde la perspectiva adecuada. Los recursos previstos son medidas para refrenar y
encauzar lo que el gobierno puede hacer y, en consecuencia, para dar poder a la gente normal. Incluirán no solo
constricciones derivadas del imperio de la ley y la separación de poderes, sino que también la exigencia de que las
decisiones públicas sean razonadas, la implicación de autoridades estatutarias en ciertas decisiones, el control del
gobierno por parte de los auditores independientes, y la libertad de información.
Las medidas procedimentales y consultivas son dos de los tres aspectos de una democracia disputatoria. El tercer
aspecto es el derecho de apelación ex post, este puede adoptar muchas forma, públicas, parlamentarias y judiciales. Y
la propia forma judicial abarca una multitud de otras formas diversas, dado que las instituciones realmente existentes
en muchas sociedades muestran que las decisiones gubernamentales no pueden ser objeto únicamente de revisión
judicial de su legalidad. También pueden ser revisadas sobre la base de sus méritos por tribunales administrativos, o
investigados por los defensores del pueblo para determinar si se pueden plantear quejas más generales.
La lección primordial del republicanismo por lo tanto, es que la comunidad política debe buscar instituciones que
incorporen este ideal de democracia que es al mismo tiempo electoral y disputable. Esas instituciones nos protegerían
del peligro de que le Estado se convirtiese en un dominus al dificultar que la política pública no esté presidida por
intereses comunes y reconocibles.

Las distintas implicaciones de la libertad como ausencia de dominación


Los ideales republicanos constituyen una visión estrechamente conectada de cómo debería organizarse la vida política,
al derivarse todos ellos de una preocupación común por la libertad como ausencia de dominación.
El ideal de libertad como ausencia de interferencia se ve auxiliado en cierto grado por medidas tales como el imperio
de la ley, la separación de poderes, las elecciones democráticas y el acceso a medidas de disputabilidad. Esas medidas
necesariamente reducirán la posibilidad de interferencia de una forma dañosa en las vidas de la gente.
Bajo el ideal de ausencia de interferencia, las protecciones permitidas por nuestras medidas constitucionales sólo
tendrán una forma de utilidad: la implicada en reducir la probabilidad de ciertas formas de interferencia. Ellas mismas
implican una interferencia, y esa interferencia debe ponerse en la balanza con las interferencias contra las que se
protegen.
Bajo en ideal de ausencia de dominación, las protecciones que nos proporcionan nuestras medidas constitucionales
serán atractivas, no solo por hacer relativamente poco probables ciertas formas de interferencias, sino también por
tener un valor similar al valor de seguridad de los seguros. Tiene el valor de permitir que la gente sepa que no viven a
merced de los funcionarios públicos, y que pueden caminar con la cabeza alta entre sus iguales. Unas buenas políticas
republicanas ideales asegurarán que la gente no esté a merced del poder y la riqueza privados –dominum- y una buena
constitución republicana asegurará que tampoco esté a merced del poder público-imperium-. Esas medidas tendrán el
valor de uso de proteger contra abusos del poder público, pero, en el caso de que no se produzcan esos abusos,
tendrán igualmente el “valor de estatus”, como podríamos llamarlo, de permitir a la gente caminar con la cabeza bien
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alta, sin ninguna necesidad de deferencia ente los gobernantes. John Mills se refirió a este tema cuando dijo acerca de
la “república libre”: “Los grandes caminan por las calles como los demás hombres, y se les puede hablar libre,
familiarmente, sin adoración”.
La tradición republicana, en particular el ideal republicano de libertad, nos ofrece una intuición convincente de cómo
entender ciertos ideales constitucionales y acerca de por qué son importantes.

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Unidad 10
1.- Democracia: La democracia clásica. Sus críticas. El ocaso del pensamiento democrático y el esbozo de la soberanía
popular. La tradición republicana y la teoría democrática. Liberalismo y democracia. La democracia en el pensamiento
contemporáneo. El mundo de las democracias. ¿El fin de un paradigma?
2.- Socialismo: concepto, su carácter utópico o científico. Tendencias y problemas actuales. Socialismo en
Latinoamérica.

1.- Democracia:
“En una democracia el pueblo puede hacer cualquier cosa pero debe saber que no debe hacer cualquier cosa. La
democracia es el régimen de la autolimitación y es, pues, el régimen del riesgo histórico y un régimen trágico”
Sofía Respuela

La democracia clásica
El primer antecedente de democracia y los orígenes del término se remontan a la Grecia clásica, en la primera mitad
del S. V antes de Cristo, en la forma de gobierno que experimentó la polis griega, siendo Atenas el ejemplo más
representativo. De esta época y de estas prácticas proviene su definición etimológica: la democracia definida como “el
gobierno del pueblo”, exactamente demokratia, término compuesto por demos=pueblo y kratia=gobierno. Pero, ¿Qué
y quienes constituyen el pueblo y que significa que ellos gobiernan?
Grecia constituye el primer ejemplo de una sociedad que “delibera explícitamente sobre sus leyes y que a la vez es
capaz de modificar esas leyes. En este sentido es la primera comunidad con vida política, entendida ésta como una
actividad colectiva cuyo objeto es la institución de la sociedad como tal”. En Grecia la política es autonomía: los
ciudadanos establecen y modifican sus propias leyes, son capaces de auto-institución. La comunidad política es
absolutamente soberana, y se fundamenta en la igualdad de todos los ciudadanos. Esta igualdad se manifiesta en un
doble sentido. Es isonomía, igualdad de los ciudadanos ante la ley, y es isegoría o el derecho de todo ciudadano de
participar y expresarse en la asamblea. En términos de Tucídides, el demos es autónomos, autodiktos, autoteles, es
decir, se rige por sus propias leyes, posee su jurisdicción independiente y se gobierna él mismo.
El fundamento de la democracia griega es la participación activa y plena de todos sus ciudadanos. Esta participación
es la que los constituye en ciudadanos; renunciar a ella significa renunciar a la ciudadanía, situarse fuera de la polis.
Según la visión griega de la democracia, el ciudadano es un ser total para quien la política constituye una actividad
social natural, no separada del resto de la vida, y para quien el gobierno y el Estado (o más bien la polis) no son
entidades remotas y ajenas, sino que la vida política es una extensión armoniosa de sí mismo.
La democracia era concebida como una relación inherente a la vida de la polis, una relación “simbiótica”
Los ideales políticos que sostienen este sistema son: la igualdad entre ciudadanos y el respeto a la ley y la justicia. En
este mundo griego no existe la división entre lo público y lo privado.
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La democracia griega funcionaba a través de las siguientes instituciones:

- La Asamblea o Ecclesia. Estaba compuesta por toda la ciudadanía y ella trataba, discutía y decidía sobre
todos los asuntos grandes que afectaban a la comunidad.

- El Concejo de los 500. Tenía como función central organizar la Asamblea, es decir redactar su agenda, hacer
borradores de la legislación, recibir iniciativas, proponer decisiones, etc.

- Los Tribunales. Estaban organizados de forma similar al Concejo. Las magistraturas y jurados eran ocupados
por elección, por sorteo o rotación, lo cual aseguraba gran participación ciudadana. Estos cargos no admitían
reelección.

- Los Magistrados. Tenían a su cargo la tarea administrativa de la ciudad, quienes duraban en su cargo
generalmente un año y eran elegidos por sorteo o elección.

- El Comité de los 50. Este colaboraba con el Concejo

Esta democracia funcionaba a partir de determinadas características estructurales indispensables:

- Ciudad-Estado pequeña.

- Economía de esclavitud, que deja tiempo libre a los ciudadanos.

- Trabajo doméstico, es decir, el trabajo de la mujer, que libera al hombre para los deberes públicos.

- Restricción de la ciudadanía a un número relativamente pequeño. Eran ciudadanos solamente los varones
adultos libres atenienses; estaban excluidas las mujeres, los esclavos y los extranjeros.

- Los ciudadanos deben tener intereses suficientemente armoniosos entre sí, de modo de compartir un intenso
sentimiento de lo que es el bien general.

- Los ciudadanos deben mostrar un alto grado de homogeneidad respecto de características que, de otra manera,
tendrían que generar entre ellos agudas discrepancias y conflictos políticos respecto del bien público. Entre
estas características están la distribución del poder económico de los ciudadanos, del tiempo libre, la
homogeneidad religiosa o idiomática, el grado de instrucción, etc.

- La cantidad de ciudadanos debe ser pequeña, fundamentalmente por tres razones: 1. Para evitar la
heterogeneidad; 2. Para un mejor conocimiento de la ciudad y de los demás ciudadanos gracias a la
observación, la experiencia y el debate; y 3. Para la reunión conjunta de todos los ciudadanos en asamblea a
fin de que puedan actuar como gobernantes soberanos de la ciudad.

- Los ciudadanos deben estar en condiciones de reunirse para decidir en forma directa acerca de las leyes y
medidas políticas.

- La participación de los ciudadanos no debe limitarse a la participación en la asamblea, debe incluir también la
participación en la administración y el desempeño de cargos públicos.

- La Ciudad-Estado debe ser autónoma.

LOS CIUDADANOS
(Atenieses mayores de 20 años)
(Repartidos entre unos cien distritos territoriales locales o demos: unidades de gobierno local)

ASAMBLEA
(Ecclesia)

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(El principal órgano, con un mínimo de 40 sesiones al año y un quórum


De 6 mil ciudadanos en las sesiones plenarias y en otras ocasiones especiales)

(A)

CONCEJO DE LOS 500


(Comité ejecutivo y de gobierno de la asamblea, compuesto por los varones mayores de 30 años)

(B)

10 MILITARES GENERALES

(C)
MAGISTRADOS TRIBUNALES
(Cargos normalmente desempeñados por un concejo de 10)

Sus críticas
Platón y Aristóteles consideraban a la democracia como forma desviada, impura o injusta de gobierno.
En su tipología de regímenes políticos de gobierno, Platón considera una sola forma capaz de realizar el ideal de
justicia, la aristocracia, siendo las demás formas impuras e injustas.
Por su naturaleza, los hombres, tienen aptitudes diferentes; en ellos puede predominar la razón, el valor o las pasiones.
Según el elemento predominante encontraremos tres tipos de ciudadanos. Aquellos en que la razón es el elemento
predominante son los filósofos, los que pueden aprehender las verdades, alcanzar el mundo de las ideas, los que son
“capaces de comprender lo que existe siempre de una manera inmutable”. Aquellos en que predomina el valor son los
guardianes, los guerreros. Finalmente, aquellos en los que predominan los instintos son los artesanos, trabajadores,
labradores de la tierra. Estas tres partes que encontramos en el alma de los hombres, se reproducen en la ciudad
originando los tres grupos sociales descriptos.
Establecidas las partes constituyentes de una sociedad, Platón deduce el concepto de justicia. La justicia consiste en
hacer cada uno lo suyo según su propia naturaleza. La ciudad nos parece justa cuando las tres clases de naturaleza que
la componen llenan las funciones que le son propias.
Una ciudad justa es una ciudad bien gobernada, en la cual los filósofos gobiernan, los guardianes defienden la ciudad
y los artesanos, labradores, comerciantes se ocupan de ejercer sus oficios. Esta forma de gobierno perfecta y justa es la
aristocracia.
Platón establece un proceso de decadencia de la ciudad a partir de la mezcla de sus clases, proceso que determina una
tipología de las formas de gobierno, desde la justa por excelencia, la aristocracia, hasta la más injusta, la tiranía.
La democracia “es una forma de gobierno encantadora, anárquica y pintoresca, pues establece una especie de igualdad
tanto entre iguales como entre los desiguales”. El hombre que habita en este sistema no posee orden ni control sobre
su vida, sus pasiones y sus deseos, “no hay orden ni sujeción en su conducta y sigue el caprichoso curso de su vida
que considera agradable, libre y deliciosa”. La democracia es, a su vez, el origen de la siguiente y última de las formas

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malas y viciosas: la tiranía, y es precisamente la característica central de aquella, la libertad, la causa del nuevo
régimen. Es el deseo inmoderado de libertad que lleva a los hombres a desear su opuesto: el exceso de autoridad y,
con ella, su esclavitud. La excesiva igualdad entre gobernantes y gobernados y el reinado de la licencia más absoluta
conduce a la anarquía y la esclavitud. En este nuevo gobierno un caudillo gobernará con poderes absolutos.
Queda así expuesto el concepto negativo que posee Platón de la democracia. Con una explicación un tanto diferente,
Aristóteles coincide con Platón en su evaluación contraria a este régimen de gobierno. Aristóteles distinguía las
formas de gobierno según sus fines. Un régimen político es “la organización de las magistraturas en las ciudades,
como se distribuyen, cual es el elemento soberano y cual el fin de la comunidad en cada caso”. Cuando un régimen se
propone el bien común es un régimen recto; en cambio, cuando el objetivo era el beneficio y bien de los propios
gobernantes, las formas de gobierno son desviaciones de las rectas. Dentro de cada uno de estos grupos (formas rectas
y formas desviadas) encontramos subtipos según entre quienes y entre cuantos se distribuyan las magistraturas.

OBJETIVOS
El bien común El bien de los gobernantes
Formas puras Formas desviadas
Uno Monarquía Tiranía
EJERCEN EL PODER
Pocos Aristocracia Oligarquía
Muchos República o politeia Democracia

La monarquía, la aristocracia y la república son las formas de gobierno en las cuales se gobierna en vistas al bien
común de la polis. La tiranía puede definirse como una monarquía orientada hacia el interés del monarca, en la cual se
ejerce un poder despótico sobre la comunidad. La oligarquía, por su parte, tiene lugar cuando los que gobiernan son
unos pocos con fortuna y lo hacen en beneficio propio. Finalmente, la democracia es el gobierno de los pobres en su
propio beneficio.

Tanto el modelo clásico de democracia como sus críticas han tenido un impacto duradero en el pensamiento político
moderno occidental: el primero como fuente de inspiración para muchos pensadores demócratas, y las segundas
como advertencias de los peligros de la política democrática. Held

¿Cuál debe ser el lugar dentro de la teoría de la democracia del modelo griego?
Grecia es el locus histórico-social donde se creó la democracia y la filosofía y donde, por consiguiente, están nuestros
propios orígenes. En la medida en que el sentido y el vigor de esta creación no están agotados, Grecia es para nosotros
un germen, no un “modelo” ni un ejemplar entre nosotros, sino un germen.

El ocaso del pensamiento democrático y el esbozo de la soberanía popular


Un largo periodo de silencio caracterizará al mundo posterior a la experiencia democrática griega y todo el apogeo de
la época medieval. Fundamentalmente podemos agrupar las razones en dos categorías: por un lado el predominio de la
visión religiosa y teológica del mundo, y la plenitud de la dominación cristiana, de la iglesia de Roma, sobre el mundo
occidental, y por el otro, la interrupción del pensamiento democrático por el surgimiento de los imperios, los estados
poderosos y los regímenes militares, y luego el advenimiento del mundo feudal de autoridad fragmentada basada en el
poder del señor.
Este dominio que el cristianismo ejercía sobre la vida social y política desplaza las preocupaciones de cuestiones
como el autogobierno, las leyes adecuadas para la ciudad, los derechos de participación, la construcción de un régimen
justo, la legitimidad de la autoridad.

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La nueva vida social y política está basada ahora en un mundo y en un orden extrasocietal, de verdades dogmáticas y
reveladas, que no admiten discusión sino sometimiento. Contrariamente al mundo griego donde lo bueno y lo justo
estaba ligado al bienestar de la polis y a la organización armónica de sus elementos, ahora lo bueno y lo justo son
valores extramundanos, verdades inmutables, definidos independientemente de lo social.
En este nuevo mundo no hay espacio para interrogantes respecto del derecho de la autoridad para mandar, de la
legitimidad del poder, y sus representantes. En general, la sociedad era concebida como un todo jerárquicamente
organizado, en cuya cúspide se encontraban los representantes de Dios en la tierra, siendo el Papa la figura central de
este ordenamiento.
En la Edad Media no se espera encontrar, y no se encuentra, ninguna teoría de la democracia, ni ninguna exigencia de
derechos democráticos de voto…en aquella época el poder no solía residir en órganos electivos… Donde imperaba el
feudalismo, el poder dependía de la posición social.
A pesas de este ocaso del pensamiento democrático, Norberto Bobbio, reconoce, dentro de lo que denomina la
“tradición de pensamiento romano-medieval”, el surgimiento del concepto de “soberanía popular” y desde allí su
incorporación a la teoría democrática como punto de partida indiscutible de las democracias modernas. Para este
autor, la teoría de la soberanía popular contrapone a la concepción descendente del poder una teoría ascendente, según
la cual el poder deriva del pueblo y es delegado al príncipe. “El príncipe tiene tal autoridad porque el pueblo se la ha
confiado”. Esta idea de que el poder emana del pueblo trae consigo otra idea fundamental en la teoría política: es el
pueblo el que posee el derecho de hacer la ley. El poder soberano consiste en el poder de hacer la ley.

La tradición republicana y la teoría democrática


El silencio en torno de la democracia fue roto cuando se introdujo en el campo de la teoría política el concepto de
“república”.
Bobbio: “el desarrollo de la historia romana propuso al pensamiento político…el tema de la contraposición entre reino
y república o entre república y principado”
Puede considerarse a Nicolás Maquiavelo como el iniciador de esta tradición de pensamiento. En su obra “El
Príncipe” distingue entre las repúblicas y los principados: “Cuantos Estados, cuantos dominios han tenido y tienen
autoridad sobre los hombres han sido y son repúblicas y principados”
Con Maquiavelo la política vuelve a pertenecer al ámbito de las creaciones humanas, desligada de cualquier orden
extramundano, de todo sistema jerárquico determinados por criterios extrasociales, de autoridades legitimadas por la
religión y de verdades absolutas. La política es ahora, lucha por el poder. La política es el campo para la “virtud”, el
lugar donde los gobernantes deberán enfrentar a la “fortuna”.
Las preguntas respecto de por qué obedecen los hombres, respecto de la legitimidad del poder, de los límites de la
autoridad y los márgenes para la autonomía ciudadana regresan al centro de la teoría política.
Para Robert Dahl el origen de la tradición republicana se encuentra en Aristóteles: “en el conjunto de ideas que tienen
su orígenes en el crítico más notable de la democracia griega. Basada en Aristóteles, conformada por las experiencias
de la Roma republicana y de la República de Venecia a lo largo de varios siglos, interpretada a fines del Renacimiento
fundamentalmente por Nicolás Maquiavelo, fue reformulada y reinterpretada en Inglaterra y el los [Link] durante los
Siclos XVII y XVIII”.

Entre este conjunto de ideas el autor menciona los siguientes principios constitutivos de esta tradición de pensamiento:

- El hombre es un animal político.

- La asociación política es necesaria e indispensable para la realización de las potencialidades humanas.

- Un hombre bueno deber ser también un buen ciudadano.

- Un sistema político está constituido por buenos ciudadanos.

- El ciudadano posee como atributo central y característico la virtud cívica.


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- La virtud cívica es la inclinación de los hombres a procurar el bien en todos los asuntos públicos.

- El mejor sistema político es aquel basado en la igualdad de los ciudadanos en ciertos aspectos fundamentales:
la igualdad ante la ley, la ausencia de dependencias, la ausencia de jerarquías, etc.

- Los sistemas políticos sólo son legítimos si en su gobierno participaba todo el pueblo.

La preocupación central del republicanismo es la búsqueda de mecanismos que eviten la posibilidad de la corrupción
de los liderazgos y, como consecuencia directa de ello, la corrupción de la virtud cívica. Las principales amenazas a la
virtud cívica provienen desde las facciones y los conflictos políticos, dado el reconocimiento de que el pueblo no es
homogéneo; por ende la preocupación central es elaborar una constitución y con ella producir un diseño institucional
que permita equilibrar los intereses de las distintas facciones y grupos que surgen al interior de lo social.

El modelo constitucional más notorio y que influirá notablemente a las democracias occidentales modernas y al
derecho es la constitución de la república romana con su sistema de cónsules, senado y tribunos del pueblo. Otro de
los ejemplo fue la constitución inglesa en donde la monarquía se combina con la cámara de los lores y la cámara de
los comunes.

Dahl reconoce dos versiones del republicanismo, versiones desarrolladas en [Link]: el republicanismo aristocrático y
el republicanismo más democrático.
Para la versión aristocrática, si bien el pueblo debía participar en la toma de decisiones y creía en el principio de
soberanía popular, el papel del pueblo en el gobierno debía ser limitado. La función del pueblo no es la de gobernar
sino elegir a los gobernantes, quienes decidirán sobre las cuestiones públicas teniendo en cuenta el bien común. La
característica central de estos gobernantes es su superior calificación respecto de la media del pueblo.
Para el republicanismo más democrático, no es el pueblo la mayor fuente de peligros y perversiones sino los
elementos aristocráticos y oligárquicos. A diferencia de los republicanismos aristocráticos, los demócratas ven cada
vez con mayor recelo la salida institucional de equilibrar con diferentes instituciones los distintos intereses. La nueva
propuesta es la salida enunciada por Montesquieu: la división de las tres ramas del poder: el legislativo, el ejecutivo y
el judicial, su separación constitucional e institucional.

Liberalismo y democracia
El surgimiento del liberalismo a partir del S XVII significará la aparición de una nueva forma de pensar la política,
basada centralmente en las libertades individuales. Estos cambios, en general, se incorporarán a la teoría de la
democracia a tal punto que, la democracia moderna es democracia liberal.
Básicamente centrado en la preocupación de limitar el poder de la autoridad para dejar espacio al individuo y proteger
al ciudadano y sus libertades frente al poder del Estado y frente a los otros, el liberalismo articula una serie de
conceptos centrales: la concepción del sujeto como poseedor de derechos, la representación, el nuevo concepto de
libertad y el gobierno legal y constitucional.
En esta sociedad constituida por individuos, la libertad adquiere también otro carácter. La necesidad o la obligación de
la participación no constituyen un acto de libertad en el mundo moderno. Para Constant la libertad política radica en la
posibilidad de la elección de la participación en la vida política., la libertad de elegir y ser elegido. La participación
política aparece ahora como una posibilidad, una opción libre de los ciudadanos a quienes se les debe garantizar la
posibilidad de elegir su participación y, de inclinarse por ella, no deben imponérseles obstáculos. Estos sujetos libres,
a su vez, son considerados sujetos de derecho, poseedores naturalmente de una serie de derechos inalienables contra
los cuales ninguna autoridad puede actuar: el derecho a la vida, a la libertad, a la seguridad, a la felicidad. Frente a
ellos el Estado debe actuar como garante y protector de los mismos, defendiéndolos ante cualquier intervención,
violación o avasallamiento posible.
De la nueva concepción de lo social, de la centralidad del individuo y del concepto de “libertad negativa”, el gobierno
que aparece junto con el liberalismo es el gobierno representativo. Al rescatar el concepto de representación, el
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liberalismo modificará fundamentalmente a la democracia pues se incorporará un elemento tradicionalmente no


democrático como es precisamente la representación. La dimensión de la política y la democracia se modifican: ya
deja de ser democracia directa para transformarse en democracia representativa.
El liberalismo entendido como la “teoría y la práctica de la defensa a través del Estado constitucional de la libertad
política individual”, como cuerpo teórico que se fue articulando alrededor del individuo y sus libertades, que defiende
el Estado de derecho, las libertades individuales, el derecho a la propiedad privada y la economía de mercado, se
transformó en un elemento constitutivos de la democracia.
La democracia es hoy en sentido amplio el nombre de una civilización o, mejor dicho, del producto político de la
civilización occidental. Desde mediados del siglo pasado los ideales liberales y democráticos se han fundido y, de esa
forma, han llegado a confundirse.
En términos de Bobbio:
El Estado liberal no solamente es el supuesto histórico sino también jurídico del Estado democrático. El Estado liberal
y el Estado democrático son independientes en dos formas: 1) en la línea que va del liberalismo a la democracia, en el
sentido de que son necesarias ciertas libertades para el correcto ejercicio del poder democrático; 2) en la línea opuesta,
la que va de la democracia al liberalismo, en el sentido de que es indispensable el poder democrático para garantizar la
existencia y la persistencia de las libertades fundamentales. En otras palabras: es imposible que un Estado no liberal
pueda asegurar un correcto funcionamiento de la democracia.

La democracia en el pensamiento contemporáneo


Tras la finalización de la II Guerra Mundial, las distintas ideologías predominantes se “apropiaron” del término
democracia para calificar como democráticos a regímenes políticos y organizaciones sociales de signo ideológico muy
diverso. Sartori denomina a este tiempo “época de democracia confusa”, donde el término fue tan usado tanto como
sustantivo o como adjetivo pero carente de contenido.
David Held en Modelos de democracias dice:
“Hoy en día todo el mundo dice ser demócrata, ya sean sus posturas de izquierda, centro o derecha. Los regímenes
políticos de todo tipo, en, por ejemplo, Europa occidental, el bloque del este, América latina, dicen ser democracias.
Sin embargo, lo que cada uno de estos regímenes dice, y lo que hace, es radicalmente distinto. La democracia parece
dotar de un “aura de legitimidad” a la vida política moderna: normas, leyes, políticas y decisiones parecen estar
justificadas y ser apropiadas si son “democráticas”.
Dada la universalización del término democracia, vivimos en la era de la democracia. Pero en este contexto, ¿Qué
significa hoy la democracia?, ¿Cómo podemos definirla?

La democracia de masas
Una de las grandes transformaciones de la política moderna ha sido el sufragio universal, eje portador y diferencial de
la democracia política (…) el reconocimiento general de la subjetividad política (y jurídica) de todos los hombres y
mujeres. Este perfil de universal de la democracia no conoce antecedentes, sino que es el verdadero, auténtico rasgo
caracterizante de la democracia de los modernos y también de la democracia de los contemporáneos (…) el sufragio
universal da principio a la democracia y gobierno de todo el pueblo.
La irrupción de las masas en la política y su reconocimiento institucional a partir del sufragio universal introduce una
nueva dinámica a la vida política, dinámica que transformará no sólo las formas de hacer política sino también de
pensar la participación, la libertad, las instituciones y la democracia.

El mundo de las democracias


El Estado-Nación, Estado de Derecho.
Dentro de estos rasgos distintivos de la época, encontramos que la democracia ha tenido siempre como base el Estado-
Nación. Este anclaje territorial impone dos características a esta forma de gobierno. Primero, el límite territorial al
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alcance de los mecanismos institucionales para la toma de decisiones políticas: los sistemas democráticos están
limitados a un determinado Estado, no son –aún-mecanismos decisionales supraestatales. Y en segundo lugar, el
Estado-Nación es el primer factor definitorio de la ciudadanía. Independientemente de la extensión que ha adquirido
con el tiempo (sin límites de renta, género, raza, etc.) el primer criterio que determina quienes son o no son ciudadanos
es la pertenencia a una determinada unidad territorial: el Estado-Nación.
Actualmente estos dos aspectos están siendo puestos en tela de juicio a partir de dos cuestiones centrales. En primer
lugar, el surgimiento de unidades políticas y económicas que comprenden varios Estados, siendo el caso de la UE el
más representativo. Una democracia con base en un conjunto de Estados implicará nuevos diseños institucionales,
nuevas prácticas y mecanismos decisionales, nuevos problemas de “elitización” de la política, así como mayor
distancia entre el ciudadano y el sistema político, lo que dificultará la participación en la vida política y el control
sobre los liderazgos.
El otro problema son los movimientos migratorios y la existencia de grandes grupos de “extranjeros” al interior de
regímenes democráticos. Conviven ahora distintos tipos de ciudadanos: aquellos que gozan de todos los derechos y
que son en la más amplia acepción del término “ciudadanos”; aquellos que gozan de una “ciudadanía incompleta”, es
decir, tienen por ejemplo derechos sociales pero no políticos, y finalmente los que no gozan de ningún tipo de
derecho, que viven en sociedades democráticas pero sin pertenecer a esa sociedad ni gozar de los principios
democráticos que a su vez se proclaman universales.

Estado keynesiano y Estado de Bienestar


Las democracias del mundo moderno en el presente siglo se desarrollaron junto a alguna forma de Estado keynesiano
y/o bienestar que cambió las reglas de la política y la economía permitiendo mayor equidad, crecimiento económico,
redistribución y pacificación del conflicto de clases.
Este estado asistencial es producto del compromiso de clases entre capital y trabajo para garantizar la existencia del
mercado frente a las amenazas revolucionarias provenientes del proletariado organizado y para amortiguar las
desventajas del capitalismo de libre mercado. Puede afirmarse, que el estado asistencial ha servido como la más
importante formula pacificadora de las democracias capitalistas avanzadas en el periodo siguiente a la SGM. En lo
fundamental, esta fórmula pacificadora consiste, en primer lugar, en la explicita obligación del aparato estatal de
proveer asistencia y apoyo a aquellos ciudadanos que sufren de necesidades y riesgos específicos, característicos de la
sociedad de mercado (…) En segundo lugar, el Estado asistencial está basado en el reconocimiento del rol formal de
los sindicatos de los trabajadores tanto en la redacción de los convenios colectivos de trabajo como en la formación de
las políticas públicas.
Se considera que estos dos componentes estructurales del Estado asistencial limitan el conflicto de clases y lo mitiga,
equilibrando el poder asimétrico del trabajo y el capital y, como consecuencia de ello, superando las condiciones de
lucha disgregantes y de contradicciones que constituyen la característica más conspicua del Estado preasistencial o del
capitalismo liberal (…) El estado asistencial ha sido celebrado a lo largo del periodo posbélico como la solución
política a la contradicciones sociales.
El Estado asistencial permitió la pacificación de las democracias occidentales capitalistas desarrolladas al incorporar
al sistema a través de importantes beneficios a grandes masas sociales, dio origen a lo que Offe denomina
“mercantilización de la política y politización de la economía” y favoreció nuevas formas de redistribución.
La imposibilidad del Estado de bienestar de dar respuestas a las crecientes demandas originadas en la sociedad civil no
sólo es causa de su pérdida de legitimidad sino de algo más grave: desde algunos sectores se cuestionan la legitimidad
misma de la democracia. Se comienza a hablar de exceso de democracia y de su ingobernabilidad.
Los ataques provienen desde el neoliberalismo y el neoconservadorismo, que cuestionan las ineficiencias de las
democracias a partir de un Estado que le quita incentivo al capital (dada la gran carga impositiva) y al trabajo (quien
no tiene alicientes para la competencia y la eficiencia pues se ha eliminado el ejercicio de reserva y se provee al
trabajador de asistencia en caso de desempleo) y, por lo tanto, es el responsable de la detención del crecimiento. Es
necesario volver al mercado y que el sistema político democrático deje de tomar decisiones para las cuales muestra
acabadamente su ineficiencia.

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Al respecto Huntington dice: “el exceso de democracia genera ingobernabilidad, y ese exceso de democracia está
básicamente representado por un Estado de bienestar que no pone límite a los inputs, es más, los incentiva, y al
hacerlo está causando ingobernabilidad.
La crisis del Estado de bienestar y el surgimiento de las nuevas características del mercado cambiarán el escenario en
el cual se desarrollaron estas democracias y pondrán a prueba su capacidad de adaptación al cambio.
El fordismo se define así a partir de: 1) economía centrada en la producción masiva de productos estandarizados: 2) la
mano de obra es calificada: se necesita un trabajador semiespecializado en perjuicio del especializado y del no
especializado; 3) consumo masivo de un mercado homogéneo que admite productos estandarizados; 4) dependencia
del keynesianismo: intervención estatal para manejar la demanda en la economía con el fin de asegurar su crecimiento.
En este nuevo contexto las democracias deberán demostrar su capacidad para sobrevivir, para adaptarse y dar
respuesta a los nuevos desafíos económicos y sociales.

¿El fin de un paradigma?


La democracia misma está hoy soportando presiones evolutivas sin paralelos en las sociedades postindustriales. Estas
presiones se han vuelto tan intensas que el poder explicativo de la noción misma de “democracia representativa” es en
la actualidad, seriamente cuestionado. La idea de democracia representativa parece ya no ser capaz de describir con
éxito los sistemas políticos de los países postindustriales y de distinguir adecuadamente los democráticos de los no
democráticos. Estamos ante la necesidad de desarrollare otra teoría de la democracia, de una complejidad y realismo
aún mayores que los que nos transmitió la tradición occidental, tanto clásica como neoclásica.
Estas consideraciones de Danilo Zolo tienen como base la afirmación de la gran complejidad sistémica a la que han
llegado los sistemas sociales actuales requiere de otros paradigmas explicativos de los procesos institucionales y
decisionales de las democracias modernas. Los supuestos de la democracia representativa –soberanía, racionalidad y
autonomía moral del individuo- han demostrado su inadecuación a los tiempos postindustriales.
Su punto de partida es la complejidad, entendida como una situación cognitiva en la cual se encuentran los agentes, ya
sean individuos o grupos. Estos agentes se encuentran en situación de complejidad social que se manifiesta:

- En la variedad de lenguajes, entendimientos, técnicas y valores que se utilizan dentro de cada subsistema de
las sociedades postindustriales caracterizadas por una gran división del trabajo y una alta diferenciación
funcional.

- En las múltiples interdependencias entre los diversos subsistemas.

- En la movilidad social ante los múltiples espacios sociales regulados por criterios contingentes y flexibles que
conduce a la marcada aceleración del cambio social.

- En la “despersonalización” y “abstracción” de las relaciones sociales como consecuencia de los procesos de


diferenciación y especialización.

La incertidumbre y la complejidad creciente del medio ambiente, que se manifiesta en el desarrollo de tecnologías
avanzadas, en las características del sistema productivo, en la especialización funcional de todos los subsistemas
sociales-que no sólo se traducen en un aumento de la complejidad sino también en el aumento vertiginoso de la
velocidad con la que los cambios se producen- significan que el proceso democrático de toma de decisiones está
adquiriendo características nuevas de las que la teoría de la democracia debe dar cuenta.
Esto demuestra que a pesar de la ciada de los regímenes comunistas y el triunfo indiscutido de la democracia como
única forma de gobierno legítima en las sociedades modernas actuales, la democracia está lejos de ser un régimen
definido y de características indiscutibles sino que, por el contrario, nuevos debates, nuevos cambios, nuevos
problemas son desafíos que debe encarar la teoría democrática para adaptarse a las nuevas sociedades del S. XXI

2.- Socialismo:

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Concepto
En líneas generales, el socialismo se ha definido históricamente como programa político de las clases trabajadoras que
se ha formado en el transcurso de la Revolución Industrial. La base común de las múltiples variantes del socialismo
puede establecerse en la transformación sustancial del planteamiento jurídico y económico fundado en la propiedad
privada de los medios de producción y de intercambio, en el sentido de crear una organización social en la cual: a) el
derecho de propiedad esté fuertemente limitado; b) los principales recursos económicos estén bajo el control de las
clases trabajadoras: c) su gestión esté dirigida a promover la igualdad social (y no solamente jurídica o política), a
través de la intervención de los poderes públicos.
El término y el concepto de socialismo se entrelazan desde el principio con los de comunismo en una relación
variable.
A finales de 1839 empezó a usarse en Francia, el término “comunismo” como equivalente a socialismo o de
“comunitarismo”. Pero en los años cuarenta las palabras “comunismo” y “socialismo” pasan a indicar variantes
distintas del movimiento que denunciaba las condiciones de los obreros en el desarrollo de la sociedad industrial,
oponiéndose al liberalismo político y económico y a su individualismo, con un proyecto de refundamentación de la
sociedad sobre bases comunitarias y promoviendo formas asociativas de diverso género (sindicales, políticas,
experimentos cooperativistas y comunitarios) para llevar adelante las nuevas ideas.
En la segunda mitad del s. XIX se puso en evidencia la contraposición de significados entre socialismo y comunismo;
el problema principal era el de constituir organizaciones obreras autónomas y obtener para ellas el reconocimiento de
los derechos elementales de asociación, de prensa, la ampliación del derecho de voto más allá de los límites
establecidos por los ordenamientos liberales, el derecho de huelga y de contratación sindical.
Con la disgregación del frente socialista en la primera guerra mundial y con la revolución de 1917 en Rusia, la
contraposición entre Socialismo y Comunismo fue ritualizada por el leninismo: el partido bolchevique asumió la
denominación de Partido Comunista (bolchevique) en 1918, apelando polémicamente al contenido revolucionario
original del Manifiesto y a la ruptura con las posiciones reformistas mayoritarias en los partidos socialistas europeos.

Carácter Utópico o Científico


Hacia fines de los años 1830 se empezó a usar, por parte de los críticos del socialismo, la calificación de “utópicos”
para designar a los socialistas. Sin embrago, fueron Marx y Engels los que establecieron en el Manifiesto la distinción
entre socialismo utópico y socialismo científico, la cual se refleja continuamente en la tradición marxista.
Aunque la crítica del Manifiesto es bastante severa en relación con el S. “reaccionario” de los críticos del
industrialismo, que idealizaban la situación histórica precedente, al “verdadero” socialismo filosófico alemán, al s.
“burgués”, Marx y Engels reconocieron la función positiva desempeñada por el socialismo y comunismo crítico-
utópico, al determinar las contradicciones fundamentales de la sociedad industrial y al delinear el futuro proyecto
social.
El carácter científico de la nueva teoría socialista de Marx y Engels consiste, según sus autores: a) en el hecho de que
el Socialismo ofrece un programa racional de reconstrucción de la sociedad que se dirige indistintamente al sector
intelectual y al proletariado, en cuanto portador histórico de la tendencia objetiva a la resolución comunista de las
contradicciones económico-sociales del capitalismo; en este sentido el socialismo pretende ser “ciencia” de la
revolución proletaria; b) en el hecho de que el socialismo ya no se presenta como un “ideal” sino como una necesidad
histórica derivada de la inevitable decadencia del modo capitalista de producción, que se puede entrever objetivamente
en las crisis cada vez más agudas y frecuentes que va encontrando; c) en el hecho de que el socialismo empieza a
emplear un “método científico” de análisis de la sociedad y de la historia, que tiene sus puntos fuertes en el
“materialismo histórico”, con la teoría de la sucesión histórica de los modos de producción, y en la “crítica de la
economía política”, con la teoría del plusvalor como forma específica de explotación en la situación de capitalismo
industrial.

Tendencias y problemas actuales

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Dentro del socialismo de la II Internacional se van delineando las principales tendencias políticas que va a coexistir
con la socialdemocracia clásica hasta la primera guerra mundial y que caracterizarán, al menos en parte, las
orientaciones divergentes del socialismo posterior.
La gran división se produjo entre el socialismo declaradamente reformista y el socialismo que no veía que se hubiera
superado el modelo analítico del capitalismo elaborado por Marx y la perspectiva de la crisis general del sistema y de
la revolución.
La primera posición tuvo la elaboración teórica más notable en el “revisionismo” de E. Bernstein. El reformismo
“revisionista” fue adquiriendo consistencia organizativa y espacio en la praxis real del movimiento obrero de todos los
países industrialmente avanzados y en Inglaterra, donde el marxismo nunca tuvo una gran difusión. Observando el
fenómeno en un periodo muy largo, el socialismo reformista, que valora la cúspide institucional del estado liberal-
demócrata como el mejor terreno para la afirmación de los objetivos de las clases trabajadoras y que considera “el fin
último” de la abolición de la forma mercancía de los productos del trabajo y del trabajo mismo como una utopía que
se debe abandonar, se ha convertido en la alternativa ampliamente predominante en el socialismo occidental.
La alternativa marxista “ortodoxa”, que predominó en la socialdemocracia “clásica” del partido alemán y de la II
Internacional y que tuvo en K. Kautsky el teórico más sistemático en el periodo anterior a la primera guerra mundial,
intentó acomodar la letra del socialismo marxista, aceptando formalmente en su globalidad, a una concepción distinta
y con valoración “positiva” del estado moderno. El objetivo final del socialismo era continuamente aplazado o
proyectado a una situación histórica, siempre inactual, de maduración decisiva de las condiciones objetivas y
subjetivas del socialismo.
Las otras dos alternativas que se constituyeron con fisonomía propia en el campo del pensamiento socialista fueron las
posiciones revolucionarias de izquierda que tuvieron a sus teóricos más notables en Luxemburg y Lenin. En ambas
tendencias el nexo entre las tareas inmediatas del movimiento obrero y la revolución social se define en principio
como subordinación de toda experiencia del movimiento obrero al fin de la conquista y de la práctica directa del
poder político; en ambas el estado liberal-democrático se entiende en su significación original de estado de clase.
Sin embargo, en la obra de Luxemburg está presente, transcripta en términos marxistas, la tendencia “economicista-
revolucionaria” del sindicalismo revolucionario y del anarco-sindicalismo con su programática continuidad entre la
lucha económica inmediata y la lucha política revolucionaria.
De manera distinta, Lenin, a pesar del valor atribuido a los soviets en las revoluciones de 1905 y 1917, sostiene “la
subordinación incondicional de todos los movimientos económicos, culturales e ideológicos del proletariado al
movimiento político guiado por el partido revolucionario. Fue precisamente esta orientación al marxismo, que
consideraba prioritaria “la política”, la que triunfó a escala mundial a partir de la revolución bolchevique de 1917 y ha
determinado hasta nuestros días toda la estructura y desarrollo del estado soviético con el consiguiente totalitarismo
derivado de su principio político.

Problemas Actuales
La escisión del movimiento socialista internacional como consecuencia de la revolución soviética cristalizó en el
socialismo y el comunismo como dos culturas políticas profundamente distintas y a menudo hostiles, aunque después
de un primer periodo de enfrentamiento en el que los socialistas fueron tratados por parte de los dirigentes leninistas
como “socialtraidores” siguió una fase de alianzas y de colaboración en el transcurso de la lucha antifascista y de la
resistencia.
En Occidente, los gobiernos guiados por las socialdemocracias, en Alemania, en Inglaterra, en Bélgica y en los países
escandinavos, promovieron algunas nacionalizaciones y la instauración de una economía mixta en el marco de
“capitalismo organizado”, con la redistribución del ingreso y formas de seguridad social para las clases trabajadoras a
través del “estado de bienestar”. A diferencia de la socialdemocracia clásica, las socialdemocracias actuales son
partidos populares que han abandonado la idea de la división de la sociedad en clases contrapuestas y del socialismo
como abolición de la propiedad privada.
En los años 70 ambos modelos de socialismo han entrado en crisis: el estado de bienestar promovido por las
socialdemocracias no puede mantener sus promesas ante la crisis económica; el “socialismo real”, por otro lado, se ve
obligado a contar cada vez más con sus propios aparatos militares para mantener el statu quo. Tampoco se puede decir

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que las propuestas de algunos partidos comunistas occidentales en el sentido de “tercera vía” eurocomunista haya
llegado a representar un modelo alternativo suficientemente definido de socialismo.

Socialismo en Latinoamérica
El socialismo de raíz marxista fue en Latam, a diferencia del Anarquismo y en parte quizás del socialismo chileno, la
expresión ideológica y política de las clases obreras urbanas de origen migratorio.
El peso de las emigraciones alemanas e italianas en la constitución del socialismo latinoamericano creó condiciones
más favorables para que la hegemonía conquistada por la socialdemocracia en la II Internacional fuera reconocida
como un ejemplo a seguir por las organizaciones socialistas formadas desde fines del siglo pasado en Argentina,
Uruguay, Brasil, Chile y México. Con referentes como Germán Ave Lallemant, o Juan B. Justo ante los socialista
paulistas, la socialdemocracia alemana aparecía como una gran fuerza política.
Sin embargo, el ejemplo de la socialdemocracia alemana, llegó a nuestras tierras cuando comenzaba a fracturase el
difícil equilibrio alcanzado entre la perspectiva palingenética en la que se inspiraba y su naturaleza de partido de masa,
vinculado por miles de hilos visibles e invisibles a la acción integradora del estado germano. Lo que de este partido
venía trasplantado a América fue su visión del marxismo como ideología del desarrollo y de la modernización, en el
interior de una insuprimible lucha de clases en la que el socialismo expresaba el “partido del progreso”.
La ignorancia casi total de la teoría revolucionaria marxista, tendía a limitar la acción socialista a una mera batalla
cotidiana por las reivindicaciones más inmediatas de los trabajadores y por la legalidad del movimiento.
En aquellos lugares donde pudieron constituir organismos políticos “modernos”, los socialistas lucharon por el
ejercicio de la democracia política, por la implementación de sistemas electorales que respetaran la voluntad popular y
por regímenes republicanos que impidieran el gobierno de la sociedad a través de la violencia militar o el cesarismo.
Privilegiaron la constitución de partidos políticos basados en una clara definición programática, y respetuosos de la
autonomía de las instituciones civiles. Defendieron los derechos de las minorías políticas, y trabajaron por una
legislación social que protegiera los derechos de los trabajadores.

Relaciones Continentales E Internacionales.


Apenas constituidos, lo grupos o partidos socialistas latinoamericanos trataron de relacionarse entre sí y con la
Internacional Obrera y Socialista.
La reactivación de la Internacional y su interés creciente por Latam en los años setenta dio como resultado una etapa
nueva en la relación tal organismo con una multiplicidad de formaciones socialistas y populares latinoamericanas de
antigua o reciente data y cuyas definiciones ideológicas son genéricamente socialdemócratas.
En el plano continental, existieron varias tentativas fallidas por establecer un organismo coordinador de los partidos
socialistas latinoamericanos. En 1919, y con la asistencia de delegados de Paraguay, Bolivia, Perú, Chile y Uruguay,
fue convocada por iniciativa del Partido Socialista de Argentina la Primera Conferencia Socialista y Obrera
Panamericana que sesionó en [Link]. En 1946 se realiza en Santiago de Chile un Congreso de partidos socialistas y
populares cuyos resultados quedan invalidados debido a la ilegalización de dos de sus organismos más importantes: el
Partido Acción Democrática, en Venezuela, y el APRA, en Perú. Desde 1955 existió un secretario latinoamericano de
la Internacional Socialista que se extinguió pocos años después.

El Socialismo Argentino
La experiencia argentina es la más temprana y prolongada en el tiempo de formación de un partido político socialista
basado en las experiencias alemana, italiana y belga. En 1894, y bajo la dirección del médico Juan B. Justo (1865-
1928), se fundó el periódico socialista La Vanguardia, en torno al cual se constituyó el 1895 el llamado Partido
Socialista Obrero Argentino. Un año después en su primer congreso, establecen sus principios, estatutos y programa,
que aunque modificado, se mantiene hasta el presente. Se define como el partido de los trabajadores organizados para
la conquista del poder político y la socialización de los medios de producción.

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En 1904, logra imponer como diputado, por la circunscripción obrera de la Boca, al Dr. Alfredo Palacios, quien fue el
primer representante socialista en un parlamento latinoamericano, logrando la aprobación de disposiciones legislativas
fundamentales como el descanso dominical y la protección al trabajo femenino e infantil. Años después, en 1912, el
P.S surgirá como la tercera fuerza política del país, después de los radicales y conservadores. Ya en esa época, el
partido contaba con más de 4 mil miembros, un periódico de gran difusión nacional, una revista bimensual y varios
semanarios en diversos lugares del país.
Hasta la aparición del peronismo en 1945, el Socialismo Argentino fue la principal fuerza de izquierda compitiendo
con los comunistas por la dirección del movimiento obrero y popular. Luchando en un principio contra los anarquistas
en los medios obreros y contra los radicales en el terreno político, el P.S se transformó en una gran corriente
democrática en cuyo seno se formaron intelectuales que contribuyeron decisivamente a la formación de un
pensamiento de transformación social en Argentina y en todo el continente.
Desde su nacimiento el S.A sufrió una interminable serie de cismas y divisiones que lo condujeron prácticamente a su
disgregación en los años 60. En 1918 las corrientes de izquierda que desde 1912 se fueron perfilando en su interior
rompieron con la dirección partidaria que rehusaba el apoyo a la revolución de octubre y la participación en la III
Internacional y formaron un nuevo partido que adoptó en 1920 el nombre de Partido Comunista.

Otras Organizaciones Socialistas


En Uruguay, desde inicios del siglo existe un partido socialista que, sin la gravitación del argentino, reproduce
significativamente la experiencia del caso argentino. Desde 1896 existían ya en Montevideo algunos grupos socialistas
cuya labor permitió que en diciembre de 1904, y bajo el liderazgo de un intelectual prestigioso como Emilio Frugoni
(1880-1969), se constituyera el Centro Carlos Marx y en 1910 el Partido Socialista Uruguayo. En su declaración de
principios el Socialismo colocó en un primer plano la necesidad de transformar la estructura agraria y de impulsar la
creación de una clase de pequeños propietarios rurales.
El P.S nunca pudo ser en la realidad uruguaya de su tiempo una fuerza con tal gravitación teórica y política como para
transformarse en la columna vertebral de un fuerte movimiento obrero y popular en favor de la transformación agraria.
Su programa de acción práctico fue, en esencia, la lucha constante porque se respetaran plenamente los intereses de las
clases populares y en primer lugar de los trabajadores. Su crecimiento en la sociedad uruguaya fue excesivamente
lento. En la década de los 30 ha concluido su etapa de reorganización. En los años 60, la expansión de la experiencia
revolucionaria cubana y del castrismo provoca una nueva división en el viejo tronco partidario del que acaban
marginándose los sectores más tradicionales y el propio Frugoni. El P.S será en adelante una fuerza política de
orientación antiimperialista, nacionalista y revolucionaria, estrechamente vinculada a las experiencias de la nueva
izquierda latinoamericana.
En Chile, en el año 1912, se fundó el Partido socialista Obrero, al que se adhirieron los sectores más radicalizados del
Partido Democrático y grupos de tendencias socialistas. En 1921 se transformó en Partido Comunista. En 1933 se
constituye el Partido Socialista sobre la base de la fusión de grupos provenientes de la izquierda radical y de
divisiones producidas en el interior del P.C. Desde 1957 en adelante, el partido reunificado establecerá con los
comunistas una alianza que perdura hasta el presente.
El P.S ha mantenido siempre una actitud crítica frente a las experiencias de la II y III Internacional, manteniéndose al
margen de ellas y con una política continental e internacional propia. Su declaración de principios señala que “la
doctrina socialista es de carácter internacional y exige una acción solidaria y coordinada de los trabajadores del
mundo. Para iniciar la realización de estos postulados, el P.C propugnaba la unidad económica y política de los
pueblos del continente para llegar a la Federación de Repúblicas Socialistas del continente y a la creación de una
economía antiimperialista”. En 1970, una coalición de cinco partidos vertebrada en torno a alianza socialista-
comunista y denominada Unidad Popular, impone como presidente de la República al socialista Salvador Allende, que
intenta instrumentar un programa de profundas reformas de estructura abortado por el golpe militar de 1973.
Otras experiencias de formación de partidos socialistas en los marcos de la II Internacional, casi sin éxitos o de poca
duración, se produjeron en Brasil, Cuba y México. En los años 20 y vinculados a la III Internacional, se constituyeron
partidos socialistas en Ecuador, Colombia y Perú.

Socialdemocracia
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Concepto:
Socialdemocracia es un término que ha adquirido en el lenguaje corriente un significado equivoco desde el punto de
vista teórico e histórico, aun cuando paradójicamente es correcto en cuanto a su etimología. En la práctica se lo usa
para designar a los movimientos socialistas que intentan moverse rigurosa y exclusivamente en el ámbito de las
instituciones liberal-democráticas y aceptan dentro de ciertos límites la función positiva del mercado y de la misma
propiedad privada. Este empleo del término cuyo nombre apropiado es reformismo, traiciona su origen maniqueo. La
socialdemocracia, a diferencia del reformismo, acepta sin entusiasmo las instituciones liberal-democráticas y soporta
el mercado y la propiedad privada en la medida en que, diferenciándose en esto del socialismo revolucionario,
considera a los tiempos como “no maduros” para transformar radicalmente al primero y abolir además la segunda. Es
precisamente la socialdemocracia la que lleva la lucha sobre dos frentes: contra el reformismo, que lleva al
movimiento obrero a empantanarse sin remedio dentro del sistema y contra el aventurerismo revolucionario, que lo
lleva, en cambio, a romperse la cabeza contra la estructura todavía sólida del sistema.
El primero y más completo experimento socialdemócrata ha sido el alemán, el cual, precisamente por esto, puede, a
los efectos de una definición, considerarse casi paradigmático.

La Socialdemocracia Alemana y el Anarquismo:


La socialdemocracia alemana, surgida alrededor de 1875, se define a través de la lucha que, en el nivel internacional y
nacional, la contrapone por algunos decenios al anarquismo.
Mientras el anarquismo apelaba a la revuelta espontánea, negaba la sociedad existente y no permitía compromiso
alguno, la socialdemocracia intentaba, en cambio, valerse de todas las posibilidades, de todo lo que le ofrecían las
instituciones democráticas, para conseguir una sólida base de masas que le permitiera instalarse en el interior del
bastión enemigo, para llegar a constituir, al menos en grandes líneas, una especie de contra sociedad, cuyo crecimiento
debería, en general, provocar el derrumbe de las estructuras externas del sistema y constituir el núcleo de la nueva
sociedad del mañana.
La crítica anarquista, según la cual, actuando de ese modo la socialdemocracia habría terminado por consolidar la
estructura de la sociedad capitalista-democrática y, por lo tanto, alejando en el tiempo la idea revolucionaria, era tan
aguda y profética como estéril. No se acompañaba, en efecto, con propuestas constructivas de algún género, con una
estrategia alternativa.

La Socialdemocracia entre Comunismo y Fascismo:


Sin el advenimiento del comunismo es muy probable que la evolución de la socialdemocracia hubiera desembocado,
antes o después, en el reformismo. El desdoblamiento entre una teoría revolucionaria y una praxis de hecho más bien
reformista no podía durar indefinidamente. A la larga las corrientes propensas a una política reformista coherente y
activa habrían terminado por imponerse.
Cuando Lenin decide cambiar el nombre, imponiendo en su partido la vieja denominación de comunista, quería con
esto significar que finalmente se daba término al equívoco: por una parte los revolucionarios de palabra, los
socialdemócratas; por la otra, los verdaderos revolucionarios, es decir, los comunistas. Los primeros, o se decidían
adoptando en cada lugar, en todo y por todo, la estrategia y la organización leninista, o bien serian desenmascarados
por lo que eran, esto es reformistas o, lo que es lo mismo, traidores de la revolución. Esto sobre la base de la hipótesis
de que en toda Europa estaban a la orden del día las condiciones objetivas para la revolución.
La socialdemocracia se empantanó en disquisiciones escolásticas respecto de interpretaciones del texto marxiano,
refutando al leninismo y reivindicando para sí la encarnación del auténtico espíritu revolucionario.
La áspera polémica no debe ser por otro lado inducir al error: mientras la socialdemocracia permanece ligada a un
residuo de perspectiva revolucionaria, la afinidad que le emparenta al comunismo prevalece sobre toda disensión.
Cuando, en cambio, se separa de la matriz milenarista, cesa de ser socialdemocracia, aun cuando sigue llamándose así,
para devenir en reformismo.
El hecho de que ambos movimientos, socialdemocracia y comunismo, hayan fallado en Occidente no sólo en los
objetivos revolucionarios sino también en impedir el advenimiento del fascismo y encontrar una solución política a los
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problemas que permitieron el surgimiento del fascismo, representa una emblemática comunidad de destino que
comprueba , no obstante las polémicas sobre la responsabilidad de estos fracasos, la sustancial identidad que resulta
propiamente del común marxismo “doctrinario” incapaz de comprender la realidad de las transformaciones sociales en
curso.
Solo cuando el fascismo, después de haber revuelto Alemania, llega a amenazar a la URSS, el comunismo consistió en
dar curso a la colaboración con la socialdemocracia con miras antifascistas, sobre la base del reformismo de los
frentes populares de Francia y España, en el seno de los cuales quienes aconsejaron moderación y respeto para los
intereses del capital fueron los propios comunistas.

El arribo a una práctica reformista:


Después de la tragedia de la segunda guerra mundial, la evolución de la socialdemocracia hacia el reformismo
continúa y al principio de los años setenta parece concluir en todos los países. Favorecen tal evolución diversos
factores: la reiteración contra todos los partidos socialistas de Europa oriental del engaño total por obra de los
comunistas; la gran revivificación del capitalismo que lleve a cabo una estrategia que tome simultáneamente en cuenta
los intereses de los obreros y los de las capas medias; finalmente, la pésima demostración que dan las economías
basadas en la planificación total y que muestra cómo la abolición integral de la propiedad privada y del mercado en
vez de favorecer el desarrollo armónico de la economía y su subordinación a los intereses de las masas, entrega en
manos de los planificadores un poder discrecional absoluto en razón de la elección económica que los ciega
completamente y privándolos con el mercado del único punto valido de referencia para juzgar la eficiencia de sus
acciones.
Valor absoluto de las libertades y de la democracia; función de las capas medias y del mercado y, por lo tanto, de los
operadores económicos, se llamen capitalistas o managers: es a partir de estas premisas que el socialismo vuelto
reformista descubre una función propia, en la tarea de asegurar al sistema un crecimiento equilibrado y a las masas
una continua redistribución de la renta, siempre más ingente, así producida.
La socialdemocracia consigue estos resultados mediante la colaboración institucionalizada y permanente entre el
estado, las empresas y los sindicatos de trabajadores. Se trata de un sistema de guía de la economía y de la sociedad
que en su motivo inspirador recuerda al corporativismo proclamado por el fascismo italiano como “tercera vía” entre
capitalismo de mercado y colectivismo comunista.
Entre el proyecto que el fascismo italiano dejó esbozado y la realidad social-democrática existe, sin embargo, una
diferencia de fondo. El corporativismo debía ser completamente maniobrado desde arriba, conforme a las aspiraciones
totalitarias del régimen. El neocorporativismo funciona en cambio sobre la base del respeto de las reglas de la liberal-
democracia.

La crisis del modelo:


En el esfuerzo de mantener el neo-corporativismo dentro de los límites del régimen de libertad, la socialdemocracia
encuentra cada vez mayores dificultades.
Con la necesidad de combatir la inflación que el aumento de los precios del petróleo y de las demás materias primas
ha hecho salir a la luz, incluso la pérdida del pleno empleo y de las ventajas menores sectoriales adquiridas por varios
estratos de la clase obrera, el margen para llevar adelante la síntesis entre economía liberal y economía neo-
corporativa se ha estrechado dramáticamente, hasta casi desaparecer. Esto ha llevado a la exasperación de la
impugnación de la izquierda socialdemócrata, que atribuye las dificultades actuales al poco estatalismo corporativo y
no al demasiado.

Socialdemocracia latinoamericana:
La “irrupción” en el escenario político de nuestro continente de la Internacional Socialista es un hecho relativamente
reciente e indicativo de los profundos y extendidos procesos de recomposición que están afectando a las
organizaciones políticas radicales, democráticas y socialistas desde los años setenta, signados por la amenaza de una
involución autoritaria generalizada.
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Es en mayo de 1976 cuando los socialdemócratas europeos organizaron en Caracas una reunión designada con el
impreciso título de Conferencia de Dirigentes Políticos de Europa y América en Pro de la Solidaridad Democrática
Internacional. El propósito de tal conferencia era el de estimular la concurrencia de líderes de una serie de partidos o
movimientos políticos que en su mayoría no han tenido ni tienen vinculación orgánica con la Internacional Socialista
pero con los cuales ésta tiene interés en establecer o profundizar contactos y, eventualmente, concertar alianzas o
coordinar orientaciones políticas.
Los participantes de la conferencia, si bien hicieron constar que no estimaban oportuno fundar ningún tipo de
organización, subrayaron al mismo tiempo el hecho de que inauguraba un dialogo permanente. En octubre de 1977,
en la reunión de Madrid del Buró de la Internacional Socialista, se acordó la creación de un Comité Latinoamericano y
un año después, en octubre de 1978, en su XIV Congreso, celebrado por primera vez en el continente americano (en
Vancouver, Canadá), la Internacional Socialista confirmaba su nueva línea de apertura al mundo latinoamericano
eligiendo al venezolano Gonzalo Barrios y al jamaiquino Michael Manley como vicepresidentes adicionales.
Entre otras medidas, dicho Congreso avaló la decisión de integrar el Comité Latinoamericano de la Internacional
Socialista como un organismo permanente de la vida de este organismo internacional.
Como resultado de esta penetrante actividad de la Internacional Socialista, del 26 al 28 de marzo de 1980 se realizó en
Santo Domingo la primera Conferencia Regional para América Latina y el Caribe de la Internacional Socialista con la
participación de los máximos líderes del socialismo democrático mundial. Esta conferencia, dedicada con
exclusividad a considerar la problemática latinoamericana, ilustra significativamente hasta dónde la Internacional
Socialista está dispuesta a estimular la constitución orgánica de una tendencia democrática y socialista en condiciones
de elaborar una alternativa viable que eluda el camino de los regímenes militares de extrema derecha y el
revolucionario de corte castrista. Las difíciles condiciones por las que atraviesa la democracia latinoamericana, la
reiteración casi permanente de las respuestas autoritarias, represivas de las clases dominantes a las luchas populares en
favor de una transformación social, signos característicos de la vida de las repúblicas latinoamericanas ha provocado
que la socialdemocracia europea recuerde antiguas proposiciones que, hacia fines del siglo pasado, motivaron su
creación.
El reconocimiento de la necesidad histórica de transformaciones aun violentas en ciertas áreas o países donde los
regímenes políticos existentes cierran toda posibilidad de expresión popular coloca a la socialdemocracia europea y a
sus organizaciones más o menos afines en América Latina en situaciones confusas o por lo menos inéditas, en la
medida en que ya no parecen ser interlocutores naturales aquellos dirigentes políticos latinoamericanos que en los
años sesenta aparecían fuertemente comprometidos con los sistemas existentes sino otras expresiones políticas más
radicalizadas que incluyen hasta los comandantes sandinistas.
El cambio de actitud de buena parte de las organizaciones genéricamente “de izquierda” de América Latina con
respecto a la Internacional Socialista se debe en buena medida a la creencia de que los socialistas y socialdemócratas
europeos constituirán en el juego político regional un contrapeso progresista y democrático a la influencia hasta hace
poco casi exclusivamente del imperialismo norteamericano.
Ni por su historia ni por su doctrina ni por sus propuestas concretas, las expresiones latinoamericanas de
socialdemocracia pueden ser identificadas con sus congéneres europeas.

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Unidad 11
1.-Anarquismo: Introducción. Socialismo anti-autoritario. Coherencia entre fines y medios. La teoría proudhoniana de
la fuerza colectiva. ¿Materialismo o idealismo? Federalismo y anarquismo. Antiteologismo y anarquismo. Anarquía y
comunismo. Anarquía y pragmatismo. Ley vs Contrato.
2.-Anarco/indigenismo. La fusión entre anarquismo e indigenismo. Anarco-feminismo, anarcoindigenismo.

1.-Anarquismo:
Introducción
No es fácil delimitar con claridad cuál es el origen del anarquismo; entre otras cosas, porque no puede decirse
tampoco que el anarquismo constituya un cuerpo cerrado y dogmático u ortodoxo de ideas. Los anarquistas han estado
siempre abiertos a la influencia de autores y corrientes filosóficas de las más diversas procedencias, aunque estos
autores y corrientes puedan no ser totalmente asimilables al anarquismo. Así, el anarquismo, que de por sí no busca ni
quiere ser una ortodoxia dogmática, corre riesgo de desdibujarse como un collage de ideas inconexas. En efecto, ante
esta multiplicidad de fuentes e influencias, algunos han podido encontrar antecedentes remotísimos del pensamiento
anarquista en la Antigüedad griega.
Por ello, se impone, al menos metodológicamente, una primera delimitación temática. Se trata de recortar, dentro de
todo ese bagaje de ideas, lo que podemos llamar el anarquismo sociopolítico, dejando de lado lo artístico y lo
epistemológico, y considerando sólo las tesis sobre la sociedad y la política. Este recorte, sin embargo, no puede
excluir las tesis anarquistas sobre economía y religión por la fuerte articulación que adquieren con la crítica social.
Este recorte no significa que el anarquismo no tenga nada que decir sobre la libertad artística o científica; pero se hace
necesario determinar ese núcleo duro que le daría identidad como corriente del pensamiento político.
Esta primera delimitación temática también implica trazar un corte histórico entre una historia y una prehistoria del
anarquismo. Esta distinción permite circunscribir el origen y desarrollo de las tesis propiamente ácratas a un cierto
momento histórico-social, evitando confundirlas con corrientes que, aunque familiares, podrían resultar anacrónicas.
Los antecedentes inmediatos del anarquismo son dos: la Revolución Francesa y las doctrinas de los primeros
socialistas asociacionistas (Saint-Simon y, especialmente, Owen y Fourier). Eso en cuanto a los antecedentes
inmediatos; en cuanto al origen específico del anarquismo propiamente dicho, la referencia incuestionable es al propio
introductor del término “anarquía” como orden sin coacción externa: Pierre Joseph Proudhon.
Y dentro también de esta primera delimitación, cabe trazar otra línea diferenciadora entre temperamento libertario y
anarquismo. Mientras el temperamento libertario ha existido siempre, y puede aparecer y surgir en cualquier lugar y
momento, el anarquismo es un paso más adelante: es una “reflexión radical sobre la libertad”. El temperamento
anárquico es así una condición necesaria pero insuficiente para el anarquismo. Esta diferenciación –superpuesta a la
anterior entre prehistoria e historia del anarquismo– permite excluir no sólo escuelas y movimientos de otras épocas
sino también actitudes paralibertarias en un sentido meramente temperamental.
Ahora bien, trazadas estas distinciones y ubicado en Proudhon el punto de origen del anarquismo propiamente dicho,
¿qué camino recorre el desarrollo de la idea anarquista?

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Tal vez su originalidad no radique en sus tesis aisladas, sino en la combinación del conjunto. Guérin señala como
“ideas básicas” del anarquismo las siguientes:
1. Rebeldía visceral;
2. Horror al Estado;
3. Rechazo a la democracia burguesa (representativa);
4. Rechazo al socialismo autoritario (es decir, estatal, sea en su versión leninista o en su versión
socialdemócrata).

Por su parte, García Moriyón incluye:


1. Una concepción de la historia diferente (menos dogmática y más compleja) que la del marxismo;
2. El Estado como un mal con lógica propia (no mero epifenómeno de la economía);
3. Un antiteísmo militante (la idea de Dios como origen del principio de autoridad);
4. La indisociabilidad entre individualismo y solidaridad;
5. Federalismo y autogestión como propuestas constructivas;
6. La educación integral (multidisciplinaria, no coactiva y teórica-práctica);
7. Revolución integral sin jacobinismo (social, no política);
8. El socialismo como incompatible con el Estado;
9. Una ética vitalista sin sanciones;
10. Coherencia entre los medios y los fines.

Reduciremos el núcleo básico del anarquismo a dos principios centrales muy generales en los que quedarían incluidos
muchos de los enumerados por Guérin o García Moriyón:
1. Socialismo antiautoritario, y 2. Coherencia entre fines y medios.

De estos dos principios se infieren tanto el antiestatismo como la oposición a cualquier otra instancia de organización
autoritaria y la crítica al teologismo; también pueden inferirse las propuestas autogestionarias y federativas como
alternativas de organización social; y también podrían explicarse las cambiantes y aparentemente divergentes posturas
anarquistas ante la violencia, la práctica revolucionaria y la construcción de “utopías” como hipótesis prácticas
motivadoras. A su vez, esto permite, en el plano de las puras ideas, ubicar correctamente al anarquismo tanto en
relación con el marxismo y otras corrientes socialistas como en relación con el liberalismo.

Socialismo anti-autoritario.
El anarquismo se autodefine como socialismo libertario, esto es, antiestatista. No sólo desconfía del Estado como
gestor de la economía, sino también del Estado como instrumento revolucionario. Para los anarquistas, el Estado no es
un mero epifenómeno del modo en que está estructurada la producción y la vida económica, sino que es un mal en sí
mismo, cómplice de la explotación económica, pero con intereses también propios. Y esto vale también para la
Iglesia. El capitalista, el burócrata gobernante y el sacerdote representan tres tipos de opresión (anti) social.
En su antiestatismo, el anarquismo se reconoce heredero de algunas tesis liberales, pero no acepta la propiedad
privada de los medios de producción. Los anarquistas pretenden la abolición de la propiedad privada de los medios de
producción y la abolición del lucro: por eso son socialistas. Pero también se distancian de los socialistas que confían
en el Estado como regulador de la producción y de los socialistas que lo ven como un instrumento de la revolución

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que conduciría ulteriormente a su propia extinción. Así, los socialistas de Estado –tanto los que aceptan el juego
electoral como los que pretenden llegar a su conducción por vía revolucionaria– y los socialistas que pretenden llegar
a una ulterior sociedad libre a través del Estado, son, para los anarquistas, socialistas autoritarios, y como tales,
contradictorios, falsos socialistas; porque el Estado es la negación de la sociedad: el Estado es la imposición coactiva
de un falso orden, esto es, de un orden aparente. El auténtico orden será resultado de la organización espontánea de la
sociedad sobre bases libres, prescindente de toda instancia coactiva. De allí las propuestas autogestionarias y
confederativas (ni propiedad capitalista, ni Estado).
Pero el antiautoritarismo anarquista no está sólo dirigido contra el Estado y contra el capitalismo –formas política,
económica e históricamente determinadas–, sino contra todo modo de autoritarismo. Y encuentra el origen de la idea
de autoridad (en sentido de dominio) en la idea de Dios; de ahí su antiteologismo militante. Capitalismo, Estado y
dominio (Dios) son tres aspectos indisociables: ni Dios, ni patrón, ni Estado.
El anarquismo no concibe tensión entre igualdad y libertad; ambas se reclaman mutuamente. Sólo una mala
comprensión de esos valores puede llevar a entenderlos como incompatibles o en tensión. Es claro que el anarquismo
parte de una antropología y una psicología filosóficas diferentes a las de los liberales burgueses: para los ácratas el
egoísmo (la satisfacción individual) no es incompatible con la cooperación y solidaridad (ayuda mutua).

Coherencia entre fines y medios.


El anarquismo también se define como una búsqueda de la libertad, pero a través de la libertad misma. Por eso es una
filosofía de la libertad y de la liberación. La libertad, inescindible de la igualdad, es la facultad humana por excelencia;
es lo que nos hace hombres. La construcción de una sociedad libre e igualitaria sólo puede buscarse a través de la
práctica aquí y ahora de la libertad propia (respetuosa de la igual libertad ajena). Esto es lo que los anarquistas llaman
“acción directa”.
Por otra parte, toda rebelión contra la opresión –en cualquiera de sus formas– es legítima en tanto que no derive en la
inversión de la situación, es decir, siempre que el antes oprimido no se torne nuevo opresor. La violencia sólo es
legítima cuando concluye en el acto mismo de liberación –individual o social–; si va o pretende ir más allá, se vuelve
ilegítima, violación de la igual libertad del otro. La única circunstancia que puede postergar la rebelión legítima (sea o
no violenta) es la prudencia en cuanto a la evaluación de sus posibles resultados ante la coyuntura concreta.
Se trata de evitar que los resultados de una rebeldía visceral puedan ser contraproducentes, esto es, generadores de una
reacción que profundice la situación anterior de opresión. Pero si los posibles resultados son evaluados correctamente,
y si la rebelión (sea o no violenta) se limita a la liberación, siempre es aconsejable. Incluso, aun si se hubieran
evaluado mal los posibles resultados, nunca es condenable: siempre es un acto de legítima defensa y de ejercicio de la
propia libertad; por lo tanto, siempre es un acto de legítima humanidad .
El anarquismo presenta una concepción compleja de la revolución, donde los factores evolutivos no son desdeñados
sino complementarios de un cambio social radical. Tanto la revolución como la sociedad futura que resulte de ella no
pueden surgir de la nada; deben ser preparadas desde el hoy, aquí y ahora. De ahí la acción directa, que significa no
sólo rebelión sino también construcción: en lo posible, el anarquista debe vivir la anarquía lo más plenamente que las
circunstancias permitan; debe vivir la autogestión y la federación libre desde el ahora, como células de la sociedad
futura y como medios de lucha contra la sociedad actual.
En cuanto a la utopía, el anarquismo, igual que el marxismo, rechaza la elaboración en abstracto de sociedades
perfectas de laboratorio. Pero –incluso en sus pensadores que utilizan el término en forma negativa, como Proudhon–
se acepta como necesidad la construcción de “hipótesis” sociales como instrumento para el cambio. Es decir, la utopía
es utilizada como hipótesis, no como dogma: cualquier elaboración de las mismas está sujeta al testeo y reformulación
permanente.
El anarquismo se presenta también como una educación para la libertad. Pero es una educación práctica que consiste
en el mismo ejercicio directo de la libertad. La libertad y la igualdad se ejercitan en la autogestión y en la deliberación
libre de coacciones. Y la educación misma es –en un sentido muy roussoniano– una “educación negativa”, esto es, un
proceso que consiste más en liberarse de dogmas y prejuicios que en difundir nuevos dogmas.

La teoría proudhoniana de la fuerza colectiva.

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Los reclamos anarquistas contra el Estado, la propiedad y la desigualdad social no son meros planteos de moral
declamatoria. El anarquismo ha pretendido ser un enfoque racional, filosófico y hasta científico de la sociedad y el
hombre. En este sentido, ha procurado apoyarse sobre argumentos y experiencias. Así ha construido, a lo largo de su
desarrollo teórico, una serie de doctrinas puntales para la crítica del orden vigente y para la construcción de una
“sociedad libre”.
La teoría de la fuerza colectiva tal vez sea el núcleo vital del anarco-socialismo. Podemos resumirla en las siguientes
tesis:

a. El trabajo asociado (colectivo) genera una fuerza colectiva mayor que la simple suma de las fuerzas de trabajo
individuales que la componen. Es decir, la asociación del trabajo no es una simple suma aritmética de fuerzas, sino
una potenciación.

b. De ahí que el trabajo asociado produzca un plus-valor por encima de la suma aritmética de salarios que cobran
los trabajadores (ese plus-valor es lo que se apropia y “roba” permanentemente el capitalista).

c. A esta altura de los tiempos y del desarrollo de las sociedades, toda producción es colectiva, pues el individuo
más aislado debe apoyarse en herramientas o conocimientos elaborados y trasmitidos histórica y socialmente.

d. El saber o conocimiento también es un producto colectivo de la sociedad.

e. La fuerza colectiva no es sólo una fuerza productiva, sino también un instrumento de lucha política.

Con esta doctrina, los anarquistas han criticado la propiedad privada de los medios productivos, el parasitismo del
capitalista y del burócrata gobernante y la desigualdad de ingresos y medios de vida. Esta teoría resulta la contracara
de las teorías hiperindividualistas de origen hobbesiano que veían en el hombre sólo un “adversario” del hombre. En
contraste, los anarquistas no comparten esa antropología pesimista y muestran cómo el hombre puede ser un “socio”
del hombre.
La teoría de la fuerza colectiva aparece ya claramente expresada en la obra fundacional del anarco-socialismo, ¿Qué
es la propiedad?, de Pierre-Joseph Proudhon. En el apartado 5º del capítulo III, Proudhon escribe este famoso pasaje:
“El capitalista, se dice, ha pagado los jornales a sus obreros; para ser más exacto, debe decirse que el capitalista ha
pagado tanta veces una jornada como obreros ha empleado diariamente, lo cual no es en absoluto lo mismo. Porque
no ha pagado esa fuerza inmensa que resulta de la unión y de la armonía de los trabajadores, de la convergencia y de
la simultaneidad de sus esfuerzos.
Así, en el apartado 3º del capítulo V, Proudhon sostiene:
“El hombre mantiene con el hombre su intercambio constante de ideas y de sentimientos, de productos y de servicios.
Todo lo que enseña y practica en la sociedad le es necesario; pero, de esa inmensa cantidad de productos y de ideas, lo
que cada uno puede hacer y adquirir por sí solo no representa nada aisladamente, es como un átomo comparado con el
sol. El hombre no es hombre sino por la sociedad, la cual, a su vez, no se mantiene sino por el equilibrio y la armonía
de las fuerzas que la componen”.
Bakunin emplea la misma doctrina de la fuerza colectiva para explicar el poder político de las clases privilegiadas
sobre las explotadas. Ya Proudhon se había proclamado anarquista por ver en el aparato político estatal un cuerpo
parasitario cómplice del capitalista explotador. Pero Bakunin procura mostrar cómo una “fuerza colectiva
improductiva” (pero política) de los explotadores organizados “mecánicamente” en el Estado, hace posible la
explotación de la “fuerza colectiva productiva” de los trabajadores desorganizados políticamente (aunque
autoritariamente disciplinados, para la producción).
En términos más llanos: si en una sociedad de n número de personas se precisa una producción de x cantidad para la
supervivencia, y si en esa sociedad una cierta porción de la población no contribuye a la producción colectiva (por
pertenecer al gobierno o por tener un título de propiedad que le permite vivir de renta), eso significa que el resto de la
población produce para sí misma y para los improductivos; esto es, los improductivos viven del trabajo ajeno. La
producción debida a la fuerza colectiva del trabajo asociado es expropiada en favor de una fuerza también colectiva,
aunque no productiva, organizada políticamente. El Estado se presenta entonces como un instrumento de opresión
cómplice imprescindible de la explotación de las clases privilegiadas propietarias del capital.

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Bakunin lleva la teoría de la fuerza colectiva a su forma más radical. Los individuos mismos son productos de la
fuerza colectiva de la sociedad, manifestada históricamente. La libertad individual misma es un producto social, y las
teorías (filosóficas, políticas, jurídicas o religiosas) que la postulan como un dato metafísico a priori no son más que
ficciones, ideologías. La libertad de los hombres no es presocial; por el contrario, ha de ser conquista y producto de la
sociedad: la auténtica asociación no limita al individuo, sino que lo potencia.

¿Materialismo o idealismo?
A diferencia del “idealismo absoluto” de Hegel, Proudhon asume un dualismo irreductible entre espíritu y materia,
dualismo necesariamente problemático pero, según él, inevitable. Así lo explica en el prólogo de su Filosofía de la
miseria:
“No se concibe el ser sin las propiedades de la materia como no se concibe sin las del espíritu; de suerte que si se
niega el espíritu, porque, no entrando en ninguna de las categorías de tiempo, de espacio, de movimiento, de solidez,
etc., se nos presenta despojado de todos los atributos que constituyen lo real, negaré a mi vez la materia, que, no
ofreciéndome de apreciable sino su pasividad, ni de inteligible sino sus formas, no se manifiesta en ninguna parte
como causa (voluntaria y libre), y se me escapa enteramente como sustancia; y llegamos al idealismo puro, es decir, a
la nada. Nos es forzoso, pues, empezar por un dualismo cuyos términos nos consta perfectamente que son falsos, pero
que, siendo para nosotros la condición de la verdad, se nos imponen de una manera irrecusable”.
Esta dialéctica fundada en esta antinomia, precisamente, por ser irreductible no encuentra nunca un “tercer momento”
o “categoría superadora” que la resuelva. Lo que Proudhon llama “síntesis” no es nunca un “tercer momento” en el
sentido de la “síntesis” de Fichte o de la “negación de la negación” de Hegel; no es una unidad superior encorsetadora.
La síntesis de Proudhon no es otra cosa que un “justo equilibrio” entre los elementos antinómicos, esto es, un
reconocimiento de la necesidad de los términos de la antinomia y una correcta delimitación de los mismos; es una
armonización de la diversidad. Así, aquella antinomia fundamental entre materia y espíritu reaparece una y otra vez
bajo distintas formas a lo largo de la Filosofía de la miseria (cuyo título central es, en realidad y no por casualidad,
Sistema de las contradicciones económicas). En efecto, las antinomias entre realidad e ideal, entre economía política y
socialismo, entre valor de cambio y valor útil, no son otra cosa que la reiteración permanente del mismo dualismo; y el
problema no se resolverá mientras los hombres sigan saltando de un término al otro de las antinomias, sino cuando
encuentren el equilibrio justo entre ellos. En todos los capítulos reaparece el mismo y recurrente problema: la
antinomia entre la inteligencia y la realidad, entre lo que debe ser y lo que es.
Pero ese equilibrio justo, o armonización, que busca Proudhon no es un modelo abstracto, ecléctico, arbitraria creación
de la mente humana, sino que es un deber-ser anclado en el ser, un derecho anclado en los hechos. Se trata de
reconocer la necesidad de todas las categorías económicas, pero ordenadas y delimitadas del modo adecuado, es decir,
equilibradas justamente.
La dialéctica de Proudhon es sutilmente diferente de la de Hegel, predominantemente idealista. En rigor, la dialéctica
de Proudhon está a medio camino entre la de Hegel y la de Marx: mientras Hegel es un idealista absoluto y Marx es
un materialista absoluto, él es un dualista que reniega de toda síntesis absoluta.
Sin embargo, su continuador, Bakunin, aceptará en este punto las objeciones de Marx contra el “idealismo”
proudhoniano. Bakunin se enrolará en un materialismo franco, lo que, no obstante, no impedirá que también a él Marx
lo moteje de “idealista”. ¿En qué consiste el materialismo de Bakunin? ¿Y en qué, en todo caso, su supuesto
idealismo?
Bakunin se enrola abiertamente en el materialismo filosófico, sin fisuras; y toda su crítica teórica se orienta contra el
idealismo, siempre metafísico, que pretende divorciar al espíritu de la materia, al pensamiento de la animalidad, a la
vida de la naturaleza. Es decir, el materialismo de Bakunin, en rigor, es un monismo opuesto a todo dualismo entre
materia e idea, incluso al dualismo inmanentista proudhoniano. El mundo del espíritu, según Bakunin, emerge de la
materia, que es materia viva. Bakunin denomina idealistas (de modo peyorativo) a quienes, divorciando espíritu y
materia, pretenden explicar a la segunda por el primero. Para Bakunin, el desenvolvimiento de la vida va desde lo más
elemental hacia lo más complejo, que es el hombre, que por complejo no deja de ser material en su punto de partida.
Mientras los idealistas parten de la idea (Dios) para explicar la materia, para Bakunin lo ideal está adelante, como
producto del desenvolvimiento de la misma materia. El hombre surge como tosca animalidad, y se desenvuelve como
hombre gracias a su facultad de rebelarse contra su propia situación; y esa rebeldía no es otra cosa que la misma

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facultad de pensar y trabajar (lucha contra la hostilidad de la naturaleza): pensamiento, trabajo y rebelión
(estrictamente, términos intercambiables) hacen al hombre cada vez menos animal y cada vez más humano:
“Pero como todo desenvolvimiento implica necesariamente una negación, la de la base o del punto de partida, la
humanidad es al mismo tiempo y esencialmente una negación, la negación reflexiva y progresiva de la animalidad en
los hombres; y es precisamente esa negación tan racional como natural, y que no es racional más que porque es
natural, a la vez histórica y lógica, fatal como lo son los desenvolvimientos y las realizaciones de todas las leyes
naturales en el mundo, la que constituye y crea el ideal, el mundo de las convicciones intelectuales y morales, las
ideas”.
El idealista, con su abstracción fantasiosa, atribuye a su ser ideal (Dios) todas las perfecciones, dejando al verdadero
mundo despojado de todos los bienes que transfiere a su cielo ideal y eterno. Siendo para los metafísicos el mundo
ideal lo perfecto, el mundo de los hombres será siempre una basura. Por ello, se produce una paradójica inversión de
actitudes prácticas: el idealista teórico se vuelve un pragmático y grosero materialista, mientras el materialista teórico
adopta un comportamiento orientado a la realización del ideal entre los hombres:
“Al divinizar las cosas humanas, los idealistas llegan siempre al triunfo de un materialismo brutal. Y esto por una
razón muy sencilla: lo divino se evapora y sube hacia su patria, el cielo, y lo brutal queda solamente en la tierra”.
Se ve ahora en qué sentido Bakunin es un materialista (teórico) y en qué sentido es un idealista (práctico). Pero hay
también un segundo aspecto en que puede ser llamado “idealista”, muy vinculado con ese primer sentido, pero
sutilmente distinto (y es este segundo aspecto el que seguramente tuvo en mente Marx cuando lo motejó
peyorativamente como tal): su insistente y obsesionada lucha contra el propio idealismo (metafísico o teológico, que
son lo mismo). Es decir, para ser un materialista teórico, puede llamar mucho la atención que Bakunin gaste tantas
energías en la lucha teórica contra el propio idealismo. Pero el antiidealismo y antiteologismo de Bakunin son muy
coherentes con su propia versión del materialismo según lo hemos expuesto. Veamos por qué.
“Es evidente que el idealismo teórico o divino tiene por condición esencial el sacrificio de la lógica, de la razón
humana, la renunciación a la ciencia. Se ve, por otra parte, que al defender las doctrinas idealistas, se halla uno
forzosamente arrastrado al partido de los opresores y de los explotadores de las masas populares. He ahí dos grandes
razones que parecerían deber bastar para alejar del idealismo todo gran espíritu, todo gran corazón”.
Las ilusiones fantasmagóricas del idealismo teórico o divino aturden el intelecto, es decir, privan al hombre de su
principal cualidad: la de reflexionar y rebelarse. El absurdo dogmatismo metafísico de los idealistas detiene el
desenvolvimiento humano, esto es, pone diques al movimiento de la materia-hombre para su avance hacia la
realización del ideal sobre la tierra. Por eso, la lucha contra las ficciones del dogmatismo ciego del idealismo es
fundamental; por eso es importante la lucha contra el “fantasma divino”, Dios. Frente a los sufrimientos de la sociedad
injusta, miserable y opresiva, tal como se la haya hoy por hoy, el pobre sólo tiene tres caminos:
1. el consuelo ocasional que le puede brindar el prostíbulo, para tener de vez en cuando algún goce en la vida;
2. el refugio ilusorio en la iglesia, una suerte de actitud avestrúcea, que consiste en esconder la cabeza en un
pozo esperando una suerte mejor después de la muerte; y
3. la revolución, esto es, la reformulación del orden social.
Pero para el tercer camino es necesario operar primero una microrrevolución interior, liberándose de las ficciones en
que fundan su dominación los poderosos (gobernantes, propietarios capitalistas y sacerdotes).

Federalismo y anarquismo.
Proudhon buscaba un “equilibrio” entre dos formas abusivas y despóticas: la propiedad y la comunidad. El llamaba
“libertad” a ese tercer camino, y entre otros elementos lo caracterizaba así:
a. Conservar la posesión individual, eliminando la propiedad privada que es fuente de privilegio. Como toda
producción es fruto de una fuerza colectiva, la propiedad capitalista resulta ilegítima.
b. Asegurar la igualdad de salarios y fortunas a todo quien trabaje, es decir, que participe de la producción.
c. Asegurar la equivalencia de los intercambios (lo que significa estrictamente la eliminación del lucro en las
transacciones comerciales, puesto que nadie puede adquirir más de lo que da a cambio).
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Y concluye:
“La asociación libre, la libertad, que se limita a mantener la igualdad en los medios de producción y la equivalencia en
los cambios, es la única forma posible de sociedad, la única justa, la única verdadera.
La política es la ciencia de la libertad: el gobierno del hombre por el hombre, cualquiera que sea el nombre con que se
disfrace, es tiranía; el más alto grado de perfección de la sociedad está en la unión del orden y de la anarquía”.
Proudhon ve en el mutualismo la clave para el equilibrio social buscado. En 1865, Proudhon desarrolla sus ideas
federativas en El principio federativo, ideas sobre las que volveremos de inmediato. Y en su obra póstuma, La
capacidad política de la clase obrera, articula ambos conceptos centrales de su proyecto libertario: mutualismo y
federalismo.

Modelo mutualista-federativo de Proudhon.


Es fundamental, para ello, tomar en paralelo su Sistema de las contradicciones económicas (o Filosofía de la miseria)
con El principio federativo. Mientras aquélla procura hallar –según hemos visto– el equilibrio armónico entre los
elementos antinómicos de la economía, éste procura hacer lo propio con las antinomias de la política.
Es decir, El principio federativo es un esquema de ese otro libro que Proudhon pensó escribir en paralelo con la
Filosofía de la miseria. En efecto, el principio federativo comienza por establecer la contradicción fundamental de
todo orden político: la antinomia autoridad/libertad, tan irreductible como las analizadas en su tratado sobre economía.
Y así como el mutualismo es la ecuación que resuelve las contradicciones económicas, el federalismo es ahora la
ecuación que resolverá las contradicciones políticas.

Proudhon, luego de establecer esa antinomia política inevitable entre autoridad y libertad, distingue cuatro formas a
priori (al modo de tipos intelectuales puros) de organización política; a saber:
1. Formas autoritarias:
1 A monarquía (“uno sobre todos”)
1 B Comunismo (“todos sobre todos”).
2. Formas liberales:
2 A Democracia (“cada uno sobre todos”).
2 B Anarquía (“cada uno sobre cada uno”).

Mientras las formas autoritarias conservan el poder indiviso, las formas liberales lo difuminan. La realidad empírica
presenta, siempre un carácter mixto, precisamente porque la antinomia autoridad/libertad es irreductible: no puede
haber una forma puramente liberal ni una forma puramente autoritaria; la autoridad y la libertad, cualquiera sea la
forma empírica de gobierno, siempre tienen algún lugar donde refugiarse y reaparecer.
Por la exagerada extensión de los Estados y su prejuicio centralizador y unificador, las formas autoritarias tienden a
democratizarse y las democracias a autocratizarse. Esto da lugar a extrañas paradojas, como que el pueblo tiende a
apoyar formas autoritarias (el imperio) y la burguesía, en cambio, formas liberales (monarquías constitucionales).
Se trata, entonces, de encontrar la correcta ecuación entre autoridad y libertad.
“El problema político, consiste en hallar el equilibrio entre dos elementos contrarios, la autoridad y la libertad. Todo
equilibrio falso produce inmediatamente para el Estado desorden y ruina, para los ciudadanos opresión y miseria. En
otros términos: las anomalías o perturbaciones del orden social resultan del antagonismo de sus principios, y
desaparecerán en cuanto los principios estén coordinados de suerte que no puedan hacerse daño”.

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Y esa “coordinación de los principios” es lo que él llama “constitución progresiva”, esto es, un federalismo donde la
autoridad quede reducida a su mínima expresión en la esfera que le es propia: la pequeña familia nuclear y la familia
no nuclear (padres e hijos; hermanos), que corresponderían respectivamente al principio monárquico y al comunista.
De ahí hacia arriba la federación libre, fundada en contratos sinalagmáticos (recíprocos), conmutativos (equivalentes
en los intercambios), específicos (sobre puntos determinados claramente, conservando siempre más derechos que los
que se ceden) y rescindibles (no puede haber obligaciones a perpetuidad; la secesión es un derecho inalienable).
Federación agrícola-industrial no es otra cosa que la síntesis, el equilibrio o armonización, entre economía y política,
expresión reiterada de la antinomia irreductible entre naturaleza y espíritu, materia e idea. Si la ecuación-síntesis de
las contradicciones económicas es el mutualismo, y si la ecuación-síntesis de las contradicciones políticas es el
federalismo, la ecuación de la ecuación, síntesis social suprema, es ahora la federación agrícola-industrial:
“La federación agrícola-industrial tiende a acercarse cada día más a la igualdad por medio de la organización de los
servicios públicos hechos al más bajo precio posible por otras manos que las del Estado, por medio de la reciprocidad
del crédito y de los seguros, por medio de la garantía de la instrucción y del trabajo, por medio de la igualdad en el
impuesto, por medio de una combinación industrial que permita a cada trabajador pasar de simple peón a industrial
y artista, de jornalero a maestro”.

Anti-teologismo y anarquismo.
Ya Proudhon se había autodefinido como ateo práctico en su Filosofía de la miseria. Pero su dualismo metafísico lo
retenía necesariamente en un teísmo teórico: la hipótesis de Dios era metodológicamente imprescindible para poder
ser negada.
Pero va a ser Bakunin quien haga del antiteologismo su caballito de batalla, escarbando filosóficamente en las raíces
idealistas y en las consecuencias materiales del teísmo y la religión.
En otras palabras: el antiteologismo es el núcleo de la crítica bakuniana, así como el pilar de sus propuestas
federativas y socialistas revolucionarias.
Para Bakunin, la religión, hoy por hoy, es la abdicación de la razón. Bakunin opone dos series de conceptos. Por un
lado están Dios, la religión, la metafísica dualista, la sinrazón, el dogmatismo, el Estado y la opresión. En la vereda
opuesta están el hombre, la filosofía racional (visión del mundo apoyada en el desarrollo de las ciencias, desde abajo
hacia arriba), el materialismo monista, la razón libre, hipotética y experimental, el federalismo socialista y la
liberación. Y estas dos cadenas de conceptos se oponen una a la otra como se oponen la unidad impuesta desde arriba
hacia abajo y el orden construido desde abajo hacia arriba, tanto en el nivel cosmogónico como en el político.
Si el universo tiene lógica, si está efectivamente regulado por leyes que nuestro entendimiento puede conocer (aunque
siempre parcialmente), entonces Dios no existe. Si Dios existe, entonces, el universo carece de lógica, ya que el
creador sería por definición radicalmente distinto de su creación. A su vez, si Dios existe, entonces el hombre está
condenado a la ignorancia y la injusticia; pero como el hombre puede conocer, liberarse y construir la justicia,
entonces Dios no existe. Por ello es que, en Bakunin, la lucha contra la divinidad, contra la idea de divinidad, es
necesaria para la liberación del hombre; y esa liberación no puede ser nunca exclusivamente individual: en la
ignorancia y en la esclavitud de un solo hombre persistirán siempre la ignorancia y la esclavitud de todo el género
humano.
No hay evidencia seria ni argumentos racionales que puedan dar cuenta de la existencia de la divinidad. Sus
defensores suelen esgrimir como pruebas la antigüedad y universalidad de la creencia religiosa. Pero, según Bakunin,
la universalidad de una creencia sólo prueba la unidad y similitud de todo el género humano; en cuanto a su
antigüedad, antes que acreditar la verdad, es una presunción de falsedad, porque el progreso del conocimiento va
siempre desde lo falso a lo verdadero. Sin embargo, para liberarse de la idea de Dios no basta con saber y demostrar
que es falsa; debe mostrarse cuál es el origen y papel histórico de esa falsedad.
En efecto, la libertad es para Bakunin la adecuación paulatina y progresiva entre el hombre y la naturaleza por medio
del conocimiento. Pero el conocimiento es un largo y duro camino signado por obstáculos y tropezones. La religión,
ese primer despertar errado de la razón, lleva al hombre por distintas etapas: el fetichismo (divinización de un objeto
cercano), la religión de los brujos (divinización de personas), la divinización de un objeto lejano (v. gr. el sol), y
finalmente, la idea de un ser supremo abstracto, inmaterial; es en este punto en que nace propiamente la teología y la
metafísica. Pero, precisamente por ser una abstracción absoluta, Dios es una absoluta y pura nada. El hombre debe
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conocer para ser libre, pero la afirmación de esa nada absoluta, de ese divino fantasma, conlleva lógicamente la
negación de su contrario: el hombre y la realidad material terrena, esto es, la vida. Por ello, el conocimiento no debe
apoyarse sólo en la capacidad abstractiva (que lleva a la fábula metafísica) sino que debe complementarse con el
análisis experimental de los hechos. El hombre –para Bakunin– es un ser tan social como individual a la vez, y en su
evolución sociohistórica va creando y reformulando él mismo las nociones de bien y de mal. No las recibe de Dios, ni
las crea el Estado. Ni Dios ni el Estado pueden crear nada que no haya creado primero la sociedad, porque tanto Dios
como el Estado son creaciones humanas, ficciones, que por el contrario, tergiversan, falsean y traicionan lo que el
hombre les atribuye como cualidades. El hecho de que sean ficciones o se apoyen en ficciones, no significa que no
tengan efectos muy reales y materiales. Todo hijo legítimo de la Revolución de 1789, que crea en verdad en la justicia,
la fraternidad y los derechos del hombre, ha de ser enemigo declarado del Estado, por más laico que sea.
Toda apología del Estado y toda teología tienen en común la postulación de una autoridad externa y jerárquica. Pero
¿cómo se imponen esa autoridad y sus leyes a los hombres? Hay tres respuestas posibles (aparentemente):
a. por la libre y racional aceptación de los mismos hombres sujetos a ellas;
b. por la fuerza;
c. por la religión.
La investigación histórica muestra que el origen real de los Estados se encuentra en las respuestas b y c, combinadas o
alternadas. Pero el moderno Estado liberal laico pretende afirmar su legitimidad en la solución a (si fuera b, no sería
Estado libre; si fuera c, no sería Estado racional); por eso invoca la nueva ficción del contrato tácito.
Como se ve, el antiteologismo es, en última instancia, una crítica dirigida a un monstruo de dos caras de orígenes
platónicos:
1. la idea de un fundamento primero no material del mundo (Dios, mundo de las ideas, divinidad), y
2. (correlato de 1) la idea de la perennidad de las almas (pertenecientes a ese mundo supraterreno, súbditas de la
divinidad).
La aceptación de estas tesis (falsas científicamente, según Bakunin) conlleva la aceptación, consciente o no, del
principio de autoridad, es decir, del Estado, forma social de esa “ley” externa, de ese corsette, que viene a poner orden
(un orden jerárquico, y por ende, falso) entre los hombres.
Podría objetarse que el propio determinismo bakuniano obliga a aceptar la necesidad del Estado y el derecho jurídico.
Esto, en verdad no constituiría una objeción, ya que Bakunin lo reconoce expresamente, salvo que aclarando que dicha
“necesidad” es sólo una “necesidad histórica”, como lo era también la religión. Y esta necesidad, precisamente por
histórica, debe también ser negada históricamente porque no es más que un estadio en el desarrollo del hombre que
aprende por medio de sus errores: la razón no es otra cosa que ese devenir desde el error a la verdad, de la injusticia a
la justicia, desde la necesidad a la libertad.

Anarquía y comunismo.
Con Kropotkin, Reclus y Malatesta el anarquismo salta al comunismo. Y el principio de este anarcocomunismo es el
de la producción y el consumo libres. La máxima “de cada quien y a cada quien según su trabajo” es desplazada por
“de cada quien según sus posibilidades a cada quien según sus necesidades”. O, como lo expresa el propio Kropotkin:
“Tomar a discreción lo que se encuentre en abundancia; racionamiento para lo que haya en cantidad limitada”.
Kropotkin se apoya en el materialismo biológicoevolucionista de Darwin. Pero a diferencia de los darwinistas sociales
de su tiempo, no ve en la competencia y la lucha entre los hombres un factor de evolución, sino en la ayuda mutua.
Por lo demás, Kropotkin conserva las tesis centrales del anarquismo. Sostiene su programa de expropiación
revolucionaria sobre las bases de la tesis de la “fuerza colectiva”. Concibe la revolución como aniquilamiento de todo
poder estatal centralizador, no como mero reemplazo de la casta gobernante. Postula una reorganización social, a
partir de la libre asociación de los hombres en unidades descentralizadas y voluntarias de producción, artísticas y
científicas. No ve en la desigualdad social simplemente un fenómeno económico, sino un problema más complejo
donde la explotación económica está en complicidad con la opresión política y la superstición religiosa.

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En Campos, fábricas y talleres, Kropotkin intenta mostrar la viabilidad de un orden comunista anárquico. Argumenta
que, en una sociedad tal, las fuerzas productivas se multiplicarían, no sólo porque las clases ociosas también tendrían
que trabajar para sustentarse, sino porque muchas fuerzas productivas, actualmente abocadas a la manufactura de
bienes suntuarios, innecesarios o destructivos, se reorientarían a la elaboración de bienes vitales, imprescindibles y
útiles.
En su escrito El Estado, hace una suerte de genealogía de esta forma social y lo presenta como triunfo del principio
centralizador sobre el principio comunal. En efecto, el instinto de dominar es tan fuerte como el de cooperación, y
suelen estar en tensión uno con el otro. Así, el Estado expresa la victoria de ciertos individuos en quienes prevalecen
esos instintos antisociales: el cura, el juez y el guerrero. Sin embargo, su dominio sobre los demás muestra que
también entre ellos se precisa algún grado de ayuda muta para alcanzar sus fines de dominio sobe los otros. El Estado
moderno es producto de esa nefasta asociación: el juez romano, el sacerdote católico-romano y el guerrero romano,
aggiornados a los tiempos que corren.

Anarquía y pragmatismo.
Hemos visto cómo los grandes teóricos del pensamiento anarquista fundaron sus tesis libertarias sobre diferentes
presupuestos filosóficos. Tanto Proudhon como Bakunin y Kropotkin se apoyan en ciertas filosofías de la historia para
desarrollar sus posiciones; y esas filosofías de la historia difieren entre sí:
Proudhon parte de una dialéctica compleja entre idea y materia (ideo-realismo); Bakunin parte de un fuerte
materialismo filosófico que lo lleva a combatir con mayor ferocidad que otros anarquistas todo resabio teológico o
idealista; Kropotkin, por último, parte de un cientificismo biologicista que postula a la ayuda mutua como un instinto
básico del hombre, cuyo desarrollo pleno está obstaculizado por las instituciones jurídicas y políticas. Estos diferentes
puntos de partida no les impiden coincidir en sus críticas puntuales a la sociedad vigente, ni en el punto crucial del
anarcosocialismo, que es la teoría de la producción social (la teoría de la fuerza colectiva). También, a pesar de la
diferencia en los puntos de partida filosóficos, coinciden en las propuestas centrales de lo que sería una sociedad libre:
cogestión (ni propiedad capitalista, ni propiedad estatal), federalismo radicalizado desde los individuos a las comunas,
de éstas a las regiones, y así hacia arriba (organización de abajo a arriba) y negación de las fantasmagorías ideológicas
que impiden el desarrollo desprejuiciado del conocimiento. Aunque en sus propuestas prácticas puedan hallarse
diferencias de detalle (mutualismo, colectivismo, comunismo), éstas no son tan importantes como se suele pensar:
responden a las coyunturas epocales y todas, en última instancia, se subsumen bajo la idea central de autogestión
política y cogestión económica (de los medios productivos).
En realidad, podríamos distinguir cuatro diferentes planos del pensamiento anarquista:
1. El diagnóstico crítico de las sociedades burguesas.
2. El encuadre filosófico general en que se apoyan esas críticas.
3. La descripción general de las características de lo que sería propiamente una sociedad libre e igualitaria
(anarquía).
4. Los medios por los que se ha de pasar de la sociedad actual a una sociedad libre e igualitaria (el puente entre 1
y 3).

Podemos ver que no hay grandes diferencias entre los tres grandes pensadores anarquistas en lo que respecta a los
puntos 1 y 3. En efecto, los tres, apoyándose en la teoría de la fuerza colectiva y la producción social, coinciden en la
crítica del orden burgués donde capitalistas, sacerdotes, militares, burócratas y políticos viven de lo que producen los
demás; en este orden, todas las instituciones políticas y jurídicas están al servicio de las clases dominantes, en
desmedro de los productores y los marginados: Estado, Iglesia y derecho son sinónimos de explotación, desigualdad,
ignorancia y opresión. En cuanto a las propuestas de mutualismo, colectivismo o comunismo, las diferencias entre
ellos no son muchas. Y como vio Malatesta, no son sustanciales:
“Entre los anarquistas hay quienes gustan calificarse de comunistas, colectivistas, individualistas o con otras
denominaciones. A menudo se trata de palabras interpretadas de manera que oscurecen y ocultan una fundamental
identidad de aspiración; a veces, se trata sólo de teorías, de hipótesis con las cuales cada uno explica y justifica de
manera distinta conclusiones prácticas idénticas”.
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Y luego agrega, más específicamente:


“El comunismo, el individualismo, el colectivismo, el mutualismo y todos los programas intermedios y eclécticos no
son, en el campo anarquista, sino el modo que se cree mejor para realizar en la vida económica la libertad y la
solidaridad, el modo que se considera más adecuado para la justicia y la libertad de distribuir entre los hombres los
medios de producción y los productos del trabajo.
Bakunin era anarquista, y era colectivista, enemigo encarnado del comunismo porque veía en él la negación de la
libertad y, por lo tanto, de la dignidad humana. Y con Bakunin, y largo tiempo después de él, fueron colectivistas –
propiedad colectiva del suelo, de las materias primas y de los instrumentos de trabajo, y asignación del producto
integral del trabajo a cada productor, sustraída la cuota necesaria para las cargas sociales– casi todos los
anarquistas españoles, que se contaban entre los más conscientes y consecuentes.
Otros por la misma razón de defensa y garantía de la libertad se declaran individualistas y quieren que cada uno tenga
en propiedad individual la parte que le corresponde de los medios de producción y, por ende, la libre disposición de
los productos de su trabajo.
Otros idean sistemas más o menos complicados de mutualidad. Pero en suma es siempre la búsqueda de una garantía
más segura de la libertad lo que constituye la característica de los anarquistas y la división en diversas escuelas”.
Las diferencias teóricas más grandes que pueden hallarse entre Proudhon, Bakunin y Kropotkin se dan
fundamentalmente en el plano 2 (dialéctica ideo-realista, materialismo filosófico, cientificismo evolucionista). Pero
tales diferencias son, una vez más, secundarias desde un punto de vista pragmático (como el que adopta y aconseja
Malatesta):
“Se puede ser anarquista cualquiera sea el sistema filosófico que se prefiera. Hay anarquistas materialistas, y también
existen otros que, como yo, sin ningún prejuicio sobre los posibles desarrollos futuros del intelecto humano, prefieren
declararse simplemente ignorantes.
Pero por fortuna las concepciones filosóficas tienen poca o ninguna influencia sobre la conducta”.
Finalmente, en el plano 4 (los medios para realizar la anarquía) sí hay, efectivamente, importantes diferencias entre los
anarquistas en general (no sólo entre los tres grandes teóricos aludidos hasta aquí). Éste es el plano propio de la
práctica y la acción, y aunque es central para el anarquismo, en este estudio deberemos dejarlo de lado por razones de
espacio. Su análisis nos llevaría al estudio vastísimo de conceptos como “revolución”, “educación”, “sindicalismo”,
“acción directa”, “propaganda”. Este plano de los medios es polémico en el propio seno del pensamiento y de la
acción anarquista; pero al menos, en general, los anarquistas coinciden en cuáles medios no son aptos: la conquista del
aparato político-estatal (sea bajo la forma parlamentaria, sea bajo la forma de dictadura) está proscripta de la acción
anarquista68. Y esto marca la diferencia central con los partidos o movimientos que también se dicen socialistas
(marxistas, socialdemócratas, etc.). Incluso, el complejo concepto de “revolución” (al cual cabría dedicarle todo un
estudio por separado), nunca es entendido como conquista del poder político; eso sería jacobinismo, esto es,
estatalismo, esto es, opresión y desigualdad. Sin embargo, no obstante las reales y concretas diferencias que existen,
no ya entre Proudhon, Bakunin y Kropotkin, sino en el movimiento anarquista en general acerca de los medios, este
plano de cuestiones también puede abordarse desde un sano pragmatismo:
“Entre los anarquistas hay los revolucionarios, que creen que es necesario abatir por la fuerza a la fuerza que mantiene
el orden presente, para crear un ambiente en el cual sea posible la libre evolución de los individuos y de las
colectividades, y hay educacionistas que piensan que sólo se puede llegar a la transformación social transformando
antes a los individuos por medio de la educación y de la propaganda. Existen partidarios de la no violencia, o de la
resistencia pasiva, que rehúyen la violencia aunque sea para rechazar a la violencia, y existen quienes admiten la
necesidad de la violencia, los cuales se dividen, a su vez, en lo que respecta a la naturaleza, alcance y límites de la
violencia lícita. Hay discordancia respecto de la actitud de los anarquistas frente al movimiento sindical, disenso sobre
la organización o no organización propia de los anarquistas, diferencias permanentes y ocasionales sobre las
relaciones, entre los anarquistas y los otros partidos subversivos.
Justamente son estas y otras cuestiones semejantes las que requieren que tratemos de entendernos; o si, según parece,
el entendimiento no es posible, hay que aprender a tolerarse: trabajar juntos cuando se está de acuerdo, y cuando no,
dejar que cada uno haga lo que le parezca sin obstaculizarse unos a otros. Porque en verdad, si se toman en cuenta
todos los factores, nadie tiene siempre razón”69.

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En fin, desde la concepción pragmática de Malatesta, lo nuclear del anarquismo consiste en el diagnóstico y las
propuestas (que hemos ubicado, respectivamente, en los planos 1 y 3). Las diferencias en el plano 2 (fundamentos
filosóficos) resultan totalmente secundarias. Y las diferencias en el plano práctico (plano 4), si bien son importantes,
deben buscar solución en cada contexto y situación determinada, sin dogmatismo y cooperativamente entre los propios
anarquistas.
En la visión de Malatesta, el anarquismo surge de la rebelión moral contra la injusticia, esto es, contra la desigualdad y
la opresión social. Cuando los hombres toman conciencia de que esa situación es producto del hombre, y por
consiguiente, eliminable también por el mismo hombre, ahí nace el anarquismo 70. Así, el núcleo básico del programa
anarquista sería para el anarquista italiano el siguiente 71:

1. Abolición de la propiedad privada de la tierra, de las materias primas y de los instrumentos de trabajo.
2. Abolición del Estado y de toda desigualdad política.
3. Organización de la vida social a través de libres asociaciones y federaciones de productores y consumidores.
4. Garantía de los medios de vida y bienestar para los niños y quienes no puedan bastarse por sí mismos.
5. Educación científica y guerra a las supersticiones religiosas.
6. Reconstrucción de la familia, fundada en el simple amor, sin ataduras religiosas ni legales.

Ley vs Contrato.
Para comprender la propuesta anarquista, es preciso atender al análisis crítico que ellos hacen de conceptos claros a la
teoría política moderna como “contrato” y “ley”. Los anarquistas no reniegan de la primera noción, sino que, por el
contrario, la toman radicalmente en serio; en cuanto a la segunda, desechan totalmente el sentido jurídico del término
para apegarse al uso científico del mismo.

1. En la teoría política moderna se ha recurrido a la figura jurídica del contrato para legitimar el poder político
legisferante de ese aparato policial-burocrático llamado Estado. Por este expediente “contractualista” se ha
querido fundamentar el orden político centrado en la noción autoritaria de “soberanía”, sin recurrir a hipótesis
teológicas como el origen divino del poder. El anarquismo ha sido claro en sus críticas tanto a la teoría del origen
divino del poder político como en sus críticas a las teorías “contractualistas”. Sin embargo, en sus propuestas de
“orden social libre” reaparece la idea de “contrato” como alternativa al “falso orden social” fundado en la ley
coercitiva del Estado. Los contratos que proponen los anarquistas como modo de relación social se diferencian
sustancialmente del contrato ficcional de la escuela contractualista, tanto de Hobbes, para quien el convenio es
una hipótesis explicativa y legitimante del Estado-Leviatán, como de Locke, para quien el pacto es un hecho
histórico realmente acaecido. En cuanto al contractualismo de Rousseau, la distinción es más sutil, ya que para el
filósofo ginebrino el contrato social no es ni una hipótesis metodológica ni un hecho acaecido, sino una propuesta
de reforma del orden político-social. Sin embargo, las diferencias también existen, pues el contrato roussoniano
significa la entrega total del individuo a la Voluntad General, con la única reserva de la igualdad absoluta ante la
ley, expresión de aquella Voluntad General y del Interés Común. Para los anarquistas, por el contrario, los
contratos entre los individuos de una sociedad libre tendrían siempre las siguientes características:
 Sinalagmático, es decir, recíproco; las partes se obligan todas unas a las otras.
 Conmutativo; es decir, las obligaciones contraídas son equivalentes en valor, de manera que la igualdad no
puede quedar alterada.
 Rescindible; esto es, no hay obligación permanente; los convenios son libres y duran mientras las partes lo
consientan; por lo tanto no hay sanciones punitivas por incumplimiento, más que la restitución de la situación
anterior o su equivalente.
 Parciales y limitados; lo que significa que no puede haber obligaciones generales no específicas; cada
contratante siempre conserva más de lo que cede al contratar.

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 Concretos; siempre se dan entre individuos y grupos de carne y hueso, nunca por abstracciones o vaguedades
como una nación.
En resumen: los contratos anarquistas no son ficciones metodológicas ni hechos ya acaecidos (Hobbes y Locke); son
una propuesta a realizar, pero siempre de contenido parcial, y rescindibles, donde las partes se reservan más
atribuciones de las que ceden (a diferencia de Rousseau).

2. Por otra parte, pero paralelamente, los anarquistas han denunciado la extrema ambigüedad de la palabra “ley”:

a) Ley como regularidad “inmanente” a las cosas (leyes naturales de las ciencias) y

b) Ley como coerción externa, “trascendente”, a la voluntad de las personas (ley jurídica y mandatos religiosos).
Ambos sentidos de la palabra “ley” no sólo difieren, sino que resultan diametralmente opuestos. De esta manera, la
palabra “ley” sirve a un uso tramposo. Todo el orden social vigente se apoya en la ley jurídica, cuyo prestigio proviene
del malentendido con la ley natural o científica; incluso los contratos civiles del derecho positivo son sólo meras
delegaciones de la ley positiva del Estado; es decir, el ordenamiento jurídico faculta a los individuos, en ciertas
ocasiones, a autorregular sus transacciones, siendo así el contrato particular el relleno de una cláusula en blanco de la
ley jurídica estatal.

A la inversa del orden social de arriba-abajo, propio del Estado, el anarquismo propende a un orden social de abajo-
arriba. Mientras el primero se apoya en una ruptura tajante entre el mundo de la naturaleza y el mundo del hombre, el
segundo propende a una continuidad gradual entre la una y el otro. La sociedad ácrata fundada en contratos libres se
funda en la libre espontaneidad de los hombres, ya no movidos por el imperio de ninguna instancia externa (ley de
dios o del Estado).
Como se ve, este anarcocontractualismo federativo de asociaciones libres no es ni pretende ser una teoría legitimadora
de un orden coactivo (Estado/derecho) sino su contracara; es una alternativa radicalmente diferente al orden jurídico-
estatal. En la teoría clásica del Estado, la ley jurídica imperativa y coactiva es la realidad y el contrato político es una
ficción en que ella se funda. Por el contrario, en la propuesta anarquista, los contratos libres serían la realidad, y las
leyes naturales empíricas (inmanentes a la conducta humana) serían el punto de apoyo. En otras palabras: liberada la
sociedad del aparato coercitivo del Estado y el derecho, quedaría librada a su espontáneo movimiento, a la inmanencia
de sus propias leyes intrínsecas, por las cuales los hombres se asocian y cooperan motivados por sí mismos en
múltiples pero pequeñas agrupaciones de primer y segundo grado.
Comprender esto es comprender el significado del núcleo duro del pensamiento político-jurídico anarquista, tal como
lo delimitáramos en el primer punto de este estudio: socialismo antiautoritario y coherencia entre medios y fines. Este
contractualismo libre, igualitario y federativo es la esencia misma del anarquismo: creer en su posibilidad y abocarse a
su realización es ser anarquista. Así lo definía el propio Kropotkin en su artículo para la Enciclopedia Británica:
“ANARQUISMO (del griego an- y arke, contrario a la autoridad), es el nombre que se da a un principio o teoría de la
vida y la conducta que concibe una sociedad sin gobierno, en que se obtiene armonía, no por sometimiento a la ley, ni
obediencia a la autoridad, sino por acuerdos libres establecidos entre los diversos grupos, territoriales y profesionales,
libremente constituidos para la producción y el consumo, y para la satisfacción de la infinita variedad de necesidades y
aspiraciones de un ser civilizado.
En una sociedad desarrollada sobre estas directrices, las asociaciones voluntarias que han empezado ya a abarcar todos
los campos de la actividad humana adquirirían una extensión aún mayor hasta el punto de sustituir al Estado en todas
sus funciones. Representarían una red entretejida, compuesta de una infinita variedad de grupos y de federaciones de
todos los tamaños y grados, locales, regionales, nacionales e internacionales, temporales o más o menos permanentes,
para todos los objetivos posibles: producción, consumo e intercambio, comunicaciones, servicios sanitarios,
educación, protección mutua, defensa del territorio, etcétera; y, por otra parte, para la satisfacción de un número
creciente de necesidades científicas, artísticas, literarias y de relación social.
Además, tal sociedad no se pretendería inmutable. Por el contrario, como sucede en todo el conjunto de la vida
orgánica, la armonía deriva de un ajuste y reajuste perpetuo y variable del equilibrio de la multitud de fuerzas e
influencias, y este ajuste se obtendría, dicho brevemente, si ninguna fuerza gozase de la protección especial del
Estado”73.
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Como se ve, el anarquismo propone un contractualismo sustancialmente diferente a lo que se conoce como
contractualismo político (Hobbes, Locke o Rousseau 74); el contractualismo anarquista no es ni pretende ser una teoría
legitimadora del Estado, sino una propuesta operativa de orden social alternativo al Estado. Mientras el
contractualismo clásico pretende legitimar la Ley jurídica coercitiva en la ficción metodológica o histórica de un
contrato político, el anarquismo pretende construir un orden social (multi) contractual real en la noción de Ley
científica, espontánea, natural e inmanente (en el sentido empírico biológico, psicológico, económico y sociológico).

2.-Anarco/indigenismo.
El debate sobre el anarcoindigenismo, y sobre algunos conceptos afines, se ha desarrollado ante todo en Canadá y en
Estados Unidos, aun cuando tenga manifestaciones más o menos similares en otros escenarios. La formulación
correspondiente parte de la aceptación de que anarquismo e indigenismo son dos propuestas distintas que es posible, y
deseable, sin embargo, relacionar. A ellas se debe agregar una tercera, la del feminismo, que justificaría la irrupción
de los términos “anarcaindigenismo” y “anarcoindigenismo”. Por detrás se encontraría, en lugar central, la inferencia
de que los anarquistas pueden operar como aliados de las comunidades indígenas, al amparo de una propuesta que
tiene, por cierto, mayor relieve en Canadá que en Estados Unidos, país este último en el que muchos indios habrían
aceptado la versión oficial que, sobre el anarquismo, y con la mención ritual de la presunta violencia de los grupos
correspondientes, emiten las autoridades.

La fusión entre anarquismo e indigenismo.


Desde la perspectiva anarcoindigenista es necesario que el anarquismo, en su empeño de contestar todas las formas de
opresión y dominación, coloque en el centro de sus reflexiones y prácticas la discusión colonial —también la
feminista—, y busque de una aproximación al indigenismo. Entre los objetivos mayores del anarcoindigenismo se
cuentan cuestionar los discursos y las instituciones que tienen un carácter opresor, y que perpetúan la injusticia, y
procurar hacerlos visibles a los ojos de la sociedad; respaldar conocimientos que han sido desacreditados por las
diferentes instancias de poder, y construir “conceptualizaciones activistas de investigación” de carácter crítico. En la
trastienda opera el designio de alimentar nuevas prácticas de resistencia y, con él, el de romper el casi monopolio de la
reflexión teórica que hasta hoy ha beneficiado a la Europa occidental y al norte del continente americano. El círculo se
cierra con el propósito, ineludible, de dejar atrás el capitalismo, de la mano ante todo de la construcción de alternativas
genuinas a éste.
Varias son las herramientas de la lucha anarcoindigenista. Una de ellas es el designio de recuperar instancias y formas
de vida tradicionales, y de hacerlo al margen de la institución Estado y de sus imposiciones. Actuar dentro de los
parámetros del Estado no hace sino fortalecer éste. O, como lo subraya Fanon, “crear Estados, instituciones y
sociedades que se inspiran en Europa es pagar un tributo a esta última en un momento en el que la humanidad espera
de nosotros algo distinto de esa imitación caricaturesca y obscena”. Pero se trata también de rechazar eventuales
alianzas con los diferentes sistemas de opresión, de alimentar espacios autodeterminados en los que no se hagan valer
relaciones coactivas y jerárquicas, de respetar formas de organización muy dispares, de desarrollar prácticas de acción
directa, de configurar alternativas frente a los sistemas estatista, capitalista, patriarcal y colonial, y de asumir todas las
tareas mencionadas sin renunciar al establecimiento de horizontes globales. Si, en sí mismas, todas estas herramientas
pueden ser compartidas sin mayores problemas por los anarquistas, del lado de éstos cabe esperar un esfuerzo de
comprensión de lo que, para las comunidades indígenas, supone la discusión sobre la tierra, escenario fundamental de
una historia de colonización, desposesión y robo. Viveiros de Castro sostiene que la condición de indígena se asienta,
en su esencia, en una relación primordial con la tierra:
Significa formar parte de una comunidad ligada a un lugar específico, esto es, integrar un pueblo. Ser ciudadano, por
el contrario, significa formar parte de una población controlada, y al mismo tiempo “defendida” y atacada, por un
Estado. El indígena mira hacia abajo, hacia la tierra que le es inmanente; saca su fuerza del suelo. El ciudadano mira
hacia arriba, hacia el espíritu encarnado en la forma de un Estado trascendente: recibe sus derechos de lo alto.
Vine Deloria Jr. ha subrayado, con la misma vocación, que para los indígenas la disposición de sus tierras alcanza un
relieve decisivo, hasta el punto de que todo se ordena en torno a ella 576. Recuperar esas tierras tiene, entonces, un
carácter prioritario, como lo tiene el desmantelamiento de los Estados coloniales y de los aparatos extractivistas que
muy a menudo los acompañan.

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De manera inevitable, el anarcoindigenismo defiende el derecho de autodeterminación para las comunidades indígenas
y alienta un respeto pleno de las decisiones que éstas puedan tomar al respecto, incluidas las que afecten a la
restitución de las tierras confiscadas. Esto es lo que parecen rechazar vivamente, sin embargo, todos los Estados, con
frecuencia dispuestos a reconocer sus culpas del pasado pero indeleblemente empeñados en un doble proceso de
integración —aparentemente generosa, subterráneamente interesada— de los indígenas y de negación cabal de la
capacidad de éstos para decidir su futuro. En semejante escenario no es de extrañar que muchas de las comunidades
resistentes vean con malos ojos un discurso, el dominante, que pretende arrinconar cualquier reacción emocional
agresiva del lado de las víctimas, como si tal reacción no fuese una respuesta objetiva, y sensata, a las agresiones
padecidas y como si el resentimiento no fuese “la expresión refleja de una protesta moral”. En realidad, la propuesta
anarcoindigenista no es un proyecto diferente del que pusieron en marcha a principios del siglo XX indígenas y
anarquistas en Perú, en México o en Bolivia. Liebner adelanta al respecto un argumento sugerente: el que anota que la
certificación de lo que supuso la primera guerra mundial, con su reguero de barbarie y de muerte, abrió los ojos a
muchos indios en lo que respecta a la idea de que lo que llegaba de Europa no era precisamente saludable, de tal
manera que se hacía inexcusable escarbar en las raíces propias.

Anarco-feminismo.
Ya he sugerido que en la mayoría de las formulaciones la propuesta anarcoindigenista incorpora un tercer vector: el
feminismo. Al respecto lo primero que hay que recordar es que desde el anarcofeminismo se estima que para acabar
con el patriarcado es preciso hacer otro tanto con el Estado, y viceversa, de tal suerte que el empeño de preservar la
institución Estado no puede tener ningún efecto saludable en materia de liberación de las mujeres. El anarcofeminismo
no duda en subrayar, por otra parte, que en el propio mundo anarquista perviven muchas de las señas de la sociedad
patriarcal, secuelas de fenómenos entre los cuales se cuentan los efectos de la socialización correspondiente, los de
una tradición anarquista de carácter sexista o los de prioridades estratégicas como las que, por ejemplo, subordinan
todo lo demás a la lucha contra el capitalismo.
Cierto es, en un sentido diferente, que las propias anarcofeministas, comúnmente vinculadas con los sectores de
población blanca que nutren al feminismo, necesitan acometer un ejercicio de descolonización de su discurso, similar,
por lo demás, al que debe asumir, en términos generales, el propio anarquismo. Janet McCloud ha concretado al
respecto alguna demanda precisa dirigida al anarcofeminismo:
Uníos a nosotras en la liberación de nuestra tierra y de nuestras vidas. Perded los privilegios que habéis adquirido a
nuestras expensas en virtud de la ocupación de nuestra tierra. Haced de esto la mayor prioridad mientras esa
ocupación se mantiene. Entonces nos uniremos a vosotras para afrontar, si es preciso, los problemas de clase y de
género presentes en vuestra sociedad. Pero, si no estáis dispuestas a hacerlo, no nos digáis cómo debemos liberarnos.
Salta a la vista, con todo, que el ejercicio mencionado no sólo debe afectar al anarcofeminismo: tiene que alcanzar
también al feminismo en general, como lo sugieren muchas de las propuestas que han llegado desde instancias tan
dispares como el feminismo lesbiano, el negro o el chicano, en las que se abren camino las “otras” mujeres,
“racializadas, empobrecidas, migrantes, indígenas, LGTBI, musulmanas”, a menudo de la mano de proyectos que son
al tiempo anticapitalistas, antirracistas y antipatriarcales.
El ejercicio de descolonización tiene que resaltar la relación existente entre colonialismo y patriarcado, y entender que
este último es una herramienta esencial de la colonización de las comunidades indígenas, desarrollado a través de la
creación de relaciones jerárquicas en el marco de sociedades generalmente igualitarias. Las comunidades indígenas
han internalizado al respecto el heteropatriarcado al amparo de una reubicación de las mujeres, y de los niños, como
objetos de la dominación masculina. Esas comunidades deben preservar su autonomía mientras pelean por hacer frente
a la violencia sistémica y simbólica padecida por las mujeres, una violencia institucionalizada que se refleja en
relaciones materiales de opresión, manifiestas a través de la pobreza, el desempleo, los encarcelamientos, las
enfermedades crónicas o la ausencia de viviendas. Pero que se revela también a través de una violencia invisible de la
que participan, cómo no, los propios integrantes varones de las comunidades. En semejante escenario no hay que
descartar la posibilidad de recuperar muchas reglas del juego que se hicieron valer en el pasado y que con frecuencia
otorgaban a las mujeres papeles centrales en la toma de decisiones o reflejaban el ascendiente de códigos
matrilineales. A tono general con la propuesta anarcoindigenista, la lucha correspondiente tiene que desplegarse desde
una oposición a la institución Estado, a la violencia ejercida por éste y a las estrategias reformistas de cambio social. Y
por lógica habrá de basarse, una vez más, en la construcción, o en el fortalecimiento, de comunidades que contesten el
colonialismo, el patriarcado y el Estado.

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Unidad 12
1.-Teoría del Estado en clave feminista: El origen del feminismo como construcción histórica de la realidad. El
concepto de patriarcado. Principales teorías de oposición al patriarcado desde el feminismo: teorías liberales, teorías
marxistas. La situación actual del feminismo. El feminismo de la igualdad y el feminismo de la diferencia. La
posibilidad de una teoría feminista del Estado.
Carole Pateman y el contrato sexual: el pacto patriarcal.

1.-TEORÍA DEL ESTADO EN CLAVE FEMINISTA:


El origen del feminismo como construcción histórica de la realidad.
El concepto de patriarcado.
Se atribuye la incorporación del término “patriarcado” a la teoría feminista, para evidenciar el poder de los hombres
sobre las mujeres en la sociedad. El término es útil para designar de forma genérica al poder de sumisión que sufren
las mujeres.
El patriarcado ha tenido como consecuencia la subordinación histórica de las mujeres, ejerciendo y manteniendo un
sistema de dominación, capaz de reproducirse ideológicamente.
Desde esta posición, definida como una diferencia social determinada por el género, la función que el feminismo
atribuye al patriarcado es la dominación ideológica que obstaculiza e impide la igualdad.

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De alguna manera el patriarcado se asimilaría al concepto de superestructura que el marxismo define como
reproducción de las condiciones de producción. El marxismo con ciertas inexactitudes pretende vincular al patriarcado
con la aparición del capitalismo.
En la actualidad el patriarcado tiene importantes limitaciones como consecuencia de la adquisición de los derechos de
las mujeres, como el divorcio, el aborto y otras medidas liberalizadoras para la mujer.

Principales teorías de oposición al patriarcado desde el feminismo: teorías liberales, teorías marxistas.
El término feminismo es polisémico y designa una realidad muy plural. Se habla de teoría feminista para designar en
general cualquier planteamiento teórico que reivindique la igualdad para la mujer. Pero también se refiere a cualquier
actitud o pensamiento diferenciado de las mujeres, cuando su acción y pensamiento conllevan una impugnación de la
realidad para conseguir su equiparación social.
No se puede establecer un momento histórico preciso acerca del surgimiento de una teoría del feminismo. Podría ser
ubicado en la época de la Ilustración. El feminismo como teoría política va ligado negativamente a la Ilustración. La
formación del concepto de individuo, sujeto y ciudadano, que en un primer momento revolucionario surge en Francia
sin adscripción sexual específica, pronto se ve materializada en el hombre, sin que la mujer, que había participado
activa e intelectualmente en este proceso revolucionario, pudiera compartir los logros de la Revolución.
Se admiten por lo general tres teorías acerca del feminismo, dos de ellas se relacionan de forma directa con teorías
generales del pensamiento, el liberalismo y el socialismo, y una tercera que sería específica del feminismo.
Aisladamente también se han clasificado en cuatro: liberalismo, marxismo, socialismo y feminismo radical.
Son imprecisas las etapas que se marcan en la evolución del pensamiento feminista. Una primera que iría desde la
consecución del derecho del sufragio en la mujer hasta los años sesenta, una segunda que surgiría de las intelectuales
americanas (B. Friedan), y europeas (S. de Beauvoir), y finalmente una tercera etapa que coincidiría con el
pensamiento feminista actual.
Hay una coincidencia general en que los orígenes del feminismo como reflexión consciente de las mujeres están
ligado a la Ilustración y a las figuras históricas de Wollstonecraft y Olimpe de Gouges. En lo que se refiere a
momentos históricos precisos, la Declaración de Séneca Falls en 1848, y en la consecución del voto para la mujer en
diferentes momentos históricos en cada Estado, son también etapas que impulsaron el desarrollo del feminismo.
Finalmente, el reconocimiento internacional de los derechos de la mujer en os textos políticos implica sin duda un
importante avance de la teoría feminista.

Teorías Liberales
Lo que se ha llamado feminismo liberal está en el origen mismo de la teoría feminista, y coincide con el momento
histórico del desarrollo de las teorías liberales que condicionan el pensamiento político del S. XIX.
Se liga comúnmente el inicio de la teoría política feminista a la Ilustración del S. XVIII, y a la época del Iluminismo
que en Europa tiene un punto de inflexión en la Revolución Francesa.
En [Link]. el primer movimiento feminista surge en 1840, diez años antes que en Inglaterra, y se materializa en la
iniciativa de 19 de Julio de 1848 con la Declaración de Séneca Falls. Esta Declaración supuso un punto de partida
para el lanzamiento de una reivindicación de las mujeres que mantenía hasta un lenguaje común con la esclavitud. Sin
embargo, la Decimocuarta Enmienda introducida en 1868, por la que se reconoce el derecho de sufragio a los negros,
dejará a las mujeres sin derecho al voto.
Se culpa al Liberalismo de no integrar a las mujeres en el reconocimiento de los derechos que hicieron a los hombres
ciudadanos libres.
La negativa a considerar iguales a los hombres y mujeres en ese momento se basó en la superioridad física de los
varones, que determinaría diferencias en la educación. Sin embargo, las feministas del momento pondrían en relieve la
errónea percepción de Rousseau de que, a diferente capacidad física deba seguir una diferente educación. La medida
más importante que se considera entonces necesaria para la igualdad es la extensión del derecho de sufragio a las
mujeres, que traería consigo una total equiparación de los derechos.

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En la medida en que el Liberalismo ha puesto de manifiesto la capacidad de universalizar el principio de


individualización, ha permitido al feminismo compartir muchos de los postulados liberales, pero a su vez también ha
sufrido las insuficiencias de esa teoría para resolver el problema de la integración social de las mujeres. Así, el modelo
de democracia liberal se revela de este modo insuficiente para dar respuesta a las exigencias políticas de las mujeres.

Teorías Marxistas
La teoría marxista del Estado no formuló posiciones específicas respecto de la situación de la mujer en relación con la
opresión del Estado. Posteriormente, algunas marxistas intelectuales han considerado la posibilidad de enlazar el
análisis marxista de clase con el género. Pero en el marxismo, a diferencia de la clara formulación de clase social, no
hay una teoría del patriarcado, ni se plantea como doctrina en ningún momento la desigualdad derivada de la diferente
posición de los hombres y las mujeres en la sociedad.
Se puede decir en definitiva que tanto feminismo como marxismo son teorías de la desigualdad social, que comparten
un análisis basado en la alienación (de clase, de género), de grupos sometidos al dominio (de la clase dominante, del
patriarcado), cuya reproducción permite la perpetuación y el dominio.

La situación actual del feminismo.


Lo que se ha considerado como el segundo hito importante del feminismo (segunda ola), surge en [Link]. de manos
de B. Friedman y su obra acerca de la mística de la feminidad.
Esa segunda ola se sitúa a mediados de los 60 y consiste en dar un paso adelante en el proceso de análisis de las causas
que originan el mal de las mujeres. Ese malestar es causa directa de la función que la mujer realiza en las sociedades
industriales y su falta de integración en la sociedad.

El feminismo de la igualdad y el feminismo de la diferencia.


Ante la imposibilidad de un modelo de sociedad integrador, por una parte del Liberalismo que niega la condición de
sujeto a la mujer, y por otra parte el marxismo que considera como factor de desigualdad solamente la clase, y ante la
imposibilidad de adscripción teórica del feminismo a ningún concreto modelo de pensamiento científico, se perfila
una posición que más tarde se desarrollará con el genérico nombre de Feminismo de la diferencia.
En Francia, es S. de Beauvoir, quien analiza desde un punto de vista fisiológico-biológico, como en la mujer se
genera una “alteridad” respecto del hombre, que no tiene ninguna justificación bilógica. Ciertamente hay una
desigualdad biológica que condiciona a las mujeres, pero esto no las hace inferiores, sólo diferentes biológicamente,
no culturalmente. La fisiología no puede fundamentar valores.
De manera que la mujer resulta ser una construcción social que comprende los elementos biológicos más los
elementos culturales. De ahí se presentan las verdaderas dificultades para la igualdad.
Por lo tanto la propuesta para la igualdad es clara: educar a la mujer en las mismas exigencias que los hombres. Exigir
igualdad es aceptar las categorías del patriarcado y extenderlas a las mujeres, así que debe elaborarse un concepto de
ciudadanía sexualmente diferenciado. La superación de esta dicotomía es formulada por C. Mouffle, que considera
que el sexo no debe ser categoría para la distinción entre la vida privada y la pública, sino que es posible otro concepto
de ciudadanía en el que no opera la distinción. Para ello hay que redefinir el concepto de ciudadanía, no como un
derecho a la participación política orientado a la consecución del bien común (concepto liberal), sino desde la
democracia radical, como algo que sirve a los intereses de los grupos para la satisfacción de su demanda social.
Aunque el feminismo de la diferencia surge en Francia y muy avanzada la década de los 60, la representación histórica
de esa diferencia corresponde a E. Goldman, que relativiza los éxitos de las sufragistas y establece la relación entre el
anarquismo y el feminismo.
La característica más importante del feminismo radical consiste en destacar sobre todo el aspecto biológico de la
mujer y en su alcance como factor de diferenciación del hombre. De esta diferencia se desprende una inferioridad, lo
que las feministas radicales harán es recorrer el camino que permite refutar la idea de que de la diferencia se
desprenda la inferioridad.
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Esto también exige constatar la deferencia entre la desigualdad bilógica y el patriarcado. Mientras la desigualdad es un
hecho, el patriarcado es una realidad histórica que puede cambiar.
La lucha contra el patriarcado exige la “deconstrucción”, en el sentido de reelaboración de un mundo compartido e
impuesto desde la masculinidad. Esta deconstrucción ha servido en buena parte para reafirmar el feminismo de la
diferencia.
Desde un punto de vista jurídico, la integración de la mujer como sujeto de derechos y obligaciones se produce
dejando intocable el sistema jurídico que se había creado en los Ss. XVIII y XIX respecto de la creación del sujeto
individual frente al Estado. La mujer no modifica para nada ese sistema sino que la integración es acrítica e inmutable.
Esto tiene como consecuencia que la irrupción de la mujer en el espacio político sea concebido como “ampliación” y
no modificación de ese espacio.
Ante la ausencia de criterios que contribuyan a la creación de una categoría universal, no ya sólo de sustituir el
modelo creado por el hombre, sino que contribuya a una teoría feminista de la organización social y política, el
movimiento se debilita. El feminismo de la igualdad mientras tanto se ha integrado y ha asumido paulatina y
progresivamente, si bien críticamente, el modelo en que se inserta. La urgencia de los intereses a corto plazo ha
permitido que el feminismo de la igualdad se imponga.
Esas normas proyectadas sobre un universal masculino, en cuanto se concretan y aplican a las mujeres como sujetos
también transforman la realidad y la modifican. En la medida en que no se satisfacen las exigencias de género esa
“universalidad”, que no lo es, se matiza y se empiezan a generar las medidas de desigualdad compensatoria. La misma
expresión de “iguales”, referida a las mujeres, implica la homologación a algo previamente definido en sí mismo que
es el hombre y la ampliación de esa esencia de ser a la mujer. La mujer es diferente del hombre, pero el concepto de
igualdad exige que se la trate igual. Y ello porque el parámetro de la igualdad lo constituyen los derechos del hombre
que se amplían a la mujer.
La igualdad busca su justificación en la neutralidad, sin apercibirse que la neutralidad es masculina, y vale para medir
a los individuos de ese género.
Además del concepto de raza, clase y género debe considerarse la dimensión internacional de la diferencia para
explicar adecuadamente la situación de la mujer. El problema se desplaza de la consideración de la igualdad como fin
al de la diferencia, como integración social de la mujer. Esto implica la necesidad de la deconstrucción social, en
términos de ciertas filosofías que sirven de apoyo teórico al feminismo de la diferencia.
Desde el feminismo de la igualdad se critica el feminismo de la deferencia por considerar que no se puede hacer un
“tabula rasa” de la Historia, y desde el feminismo de la diferencia se considera que el feminismo de la igualdad no
libera a la mujer, sino que la enajena.
El principal problema del feminismo de la diferencia lo constituye su contradicción al menos a corto plazo para la
práctica política. En la medida en que es anti-poder, no interfiere en las decisiones políticas, lo que le niega la
posibilidad de transformación en los ámbitos jurídicos y políticos.
En definitiva, las posibilidades de cambio a corto plazo se encuentran en la profundización del modelo que se inicia
con la democracia liberal, por la efectividad que muestra en la extensión, lenta pero ascendente, de los derechos
políticos y sociales de los hombres a las mujeres. Sin embargo, el avance por la igualdad a largo plazo, debe integrar
estos elementos de la cultura feminista de la diferencia, porque aseguran que el feminismo se construya desde la
identidad de las mujeres, y no desde la de los hombres.

La posibilidad de una teoría feminista del Estado.


Se dice que el feminismo no contiene una teoría del Estado, incluso que ni siquiera tiene un método científicamente
construido.
El primer obstáculo para la teoría feminista lo constituye el relativo olvido de la doctrina científica del derecho, en
particular de las disciplinas llamadas a desarrollarla, la Ciencia Política, el Derecho Constitucional, la Filosofía del
Derecho y las demás disciplinas jurídicas en sus respectivos ámbitos, que no han incorporado todavía a sus elencos las
materias relacionadas con el género.

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Es importante distinguir es este sentido entre una teoría del Estado y una teoría del poder. Para MacKinnon el
feminismo no contiene una teoría del Estado, pero sí una del poder. Para que se considere que el feminismo contiene
una teoría del Estado, tendría que haber elaborado, desde la teoría, una forma alternativa de construcción de las
instituciones del Estado, del Derecho y de las relaciones entre las instituciones. Sólo ha elaborado un análisis y
diagnóstico del modelo de Estado. Ese análisis concluye que el Estado es masculino porque la norma es objetiva y la
ley lo que hace es reforzar la distribución del poder existente. Pero la objetividad coincide con la masculinidad. Se
considera que las normas de los hombres son también aplicables a las mujeres, su legitimidad viene de la neutralidad.
Ese análisis aporta a la ciencia política la consideración de que la sociedad se ha formado con el sólo concurso de los
hombres. Hasta ese momento había un reconocimiento de que el Estado era capitalista, pero no de que era masculino.
El diagnóstico del feminismo es que la inserción de la mujer en ese modelo produce cambios importantes, dada la
capacidad de transformación de las mujeres, y, por tanto, el Estado social se beneficiará de la integración social y
política de las mujeres.
La principal dificultad para construir una ideología feminista genuina radica en la carencia del poder suficiente para la
imposición social de los paradigmas de identificación de lo femenino.

Carole Pateman y el contrato sexual: el pacto patriarcal.


El individuo libre, producto del pensamiento occidental que circunda la Ilustración, con derechos de propiedad sobre
sí mismo y sobre el mundo que le rodea, es un individuo varón.
Coincide con Olympe de Gouges y Mary Wollstonecraft: la libertad de las mujeres no se alcanzará gracias a un
conjunto de derechos donde la realidad de las mujeres sea ignorada, donde ni siquiera se conciba un interés en su
emancipación y se dé por sentado que tienen ‘los mismos derechos’ como si tuviesen las mismas libertades y sus
experiencias fueran iguales en tanto que existía (y todavía existe) una sociedad hecha a imagen y semejanza de los
intereses y de la realidad ‘masculina’. El contrato social tiene que ver con las necesidades e intereses del varón,
entendido por Thomas Hobbes, John Locke, o incluso por Jean-Jacques Rousseau como un individuo solipsista que se
basta a sí mismo y que solo requiere de las mujeres puntualmente.
Para acordar y delimitar esas necesidades del varón existe el contrato. Sea el contrato social o el individualista de los
ingleses liberales, ambos excluyeron a las mujeres de cualquier vinculación con la esfera pública, siendo su lugar la
esfera privada, para Rousseau por ejemplo, el deber de toda mujer no es uno diferente al de hacer realidad el potencial
de autorrealización del varón.
Mientras que los varones, tal y como lo pensara la filósofa española Celia Amorós, se apropian de lo genéricamente
humano y dejan a las mujeres todo eso que entendemos como ‘propio del género femenino’, lo que cultural y
políticamente las subordina al espacio de las idénticas. Mientras que los hombres se aseguran como ‘todos iguales ante
la ley”.
Los cuatro contratos que ilustran la manera por la cual la inclusión de las mujeres a la ciudadanía viene dada por la
cláusula denominada por Pateman como propia de El contrato sexual.
Los cuatro contratos son: el matrimonial, el de trabajo asalariado (desigualdad en el sueldo y en labores feminizadas)
y el trabajo no remunerado (cuidados y crianza de los hijos, las personas mayores, con discapacidad y, por supuesto,
de sus maridos, sin olvidar todo el cuidado doméstico y de procuración alimenticia). Los otros dos contratos se
derivan de la regulación que legitima a quien tenga dinero de adquirir a su vez un libre acceso a los cuerpos de las
mujeres: la prostitución y la maternidad subrogada.

El Matrimonio:
Simone de Beauvoir tuvo una percepción peyorativa del matrimonio: sin divorcio permitido, pero tampoco capacidad
de autonomía económica y status social para satisfacer sus necesidades e intereses, las mujeres se convirtieron en
propiedad de los hombres. Pateman recupera esta noción, señalando que el concepto de consentimiento cobra un
sentido especial para las mujeres con el contrato matrimonial, por el cual las mujeres consentían lo que sus maridos
bien decidieran hacer con ellas: cuántos hijos, cuántas relaciones sexuales, cuántas veces, cómo, cuándo y dónde.
Resistirse era imposible, la sola posibilidad de apelar a la existencia de la violación en el matrimonio era
improcedente.

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Cuando la mujer consentía en el altar con el ‘sí, acepto’, al mismo tiempo, como si fuese un acto elocucionario según
la teoría de los actos de habla de John Austin, también se daba a sí misma y asentía todo lo demás que el futuro ‘les
deparara’. Las esposas eran esclavas en tanto que su contrato era también la única salida económica para la infinita
mayoría de mujeres ‘afortunadas’. La propiedad de su persona, ese sentido de pertenencia del cuerpo como plataforma
de la autonomía y la personalidad, también formó parte de las posesiones del marido: el acceso al cuerpo de su esposa
no requería de consentimiento alguno.

El trabajo:
Con los nuevos movimientos revolucionarios, los cambios en la sociedad, las mujeres experimentan un acceso masivo
al ‘trabajo asalariado’, pero nunca en igualdad de condiciones. Obligadas a jornadas de explotación en rutinarias y
repetitivas actividades, seguidas por dobles o triples jornadas en torno a los cuidados, la desigualdad laboral viene a
ser una confirmación de que el contrato sexual sigue vigente. La mujer trabaja porque las necesidades de la familia
nuclear empujan a sus integrantes a vender su trabajo por dinero.
Con el siglo XX, muchas desigualdades fueron cambiando en los países más desarrollados, pero cada reforma positiva
para las mujeres viene acompañada de su respectiva respuesta reaccionaria: a finales de la década de 1970, Catharine
MacKinnon exigió la penalización del acoso sexual en el trabajo, un mal poco nombrado, cuyo objetivo implícito fue
subordinar a las mujeres, hacerles saber que su lugar político no dejaba de ser el de cuerpos sexualmente suculentos
para el jefe o compañero de trabajo en turno.

La prostitución:
El acceso a los cuerpos de las mujeres en el patriarcado moderno es una de las batallas más duras de librar.
Conceptualizado ahora como ‘trabajo sexual’ por la gran mayoría del feminismo liberal, el transfeminismo y otros
sectores abanderados bajo el pedigree del progresismo sexual, es uno de los retos que enfrenta el feminismo para
conseguir la igualdad radical. Pateman conceptualiza la prostitución como un contrato que garantiza a todo varón el
acceso a los cuerpos de las mujeres.
El contractualismo concibe el pacto prostitucional como reconocimiento de la autonomía de las trabajadoras sexuales.
Suscriben que basar la justicia de un contrato en el principio de elección justifica a su vez que el pacto es justo. En
esta jerga, los ‘servicios sexuales’ son como cualquier otra clase de actividad, desde las más refinadas y cultas hasta
las manuales y domésticas en tanto que todas son realizadas usando nuestros cuerpos. Pateman recalca que la tradición
feminista, desde Wollstonecraft hasta Beauvoir y culminando con el feminismo radical de los años 1960 y 1970
siempre fue crítico hacia la prostitución como una institucionalización que legitima la inferioridad de las mujeres.
Pateman sostiene que la fraternidad entre hombres originó la prostitución, pues solo así se entiende que, el porcentaje
de mujeres en la población global dedicada al comercio sexual ronda entre el 85 y el 90%. El pacto patriarcal-fraternal
permanece invisible, dando a entender que las mujeres son quienes ‘deciden’ entrar en la prostitución del mismo modo
en que podría aspirar a cualquier otro trabajo. El contrato sexual visibiliza, en el fondo, que la prostitución es un
problema de la masculinidad patriarcal y de la opresión contra las mujeres que posibilita tanto la trata como la
prostitución elegida. Como abolicionista, Pateman ha defendido que algunas medidas como una renta básica universal
e incondicional pueden aumentar los márgenes de libertad en los cuales se mueven las mujeres de manera que actúe
positivamente en una progresiva emancipación. Como efecto colateral, podría ayudar a la superación de los contratos
que legitiman la subordinación prostitucional.

La maternidad subrogada:
El surgimiento de las Técnicas de Reproducción Asistida trajo consigo, a principios de los años 1980, el surgimiento
de los contratos de maternidad subrogada. Para Pateman, la cláusula básica y esencial de esta práctica no es si la mujer
gestante cobra o no por parir un bebé no genéticamente relacionado con ella sino con personas que fungirán como
padres, o si puede cambiar de parecer en algún momento. La clave yace en la manera en que la propiedad de su
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persona, concepto contractualista por excelencia, es convertida en objeto de contrato de manera tal que las mujeres no
serán nunca reconocidas como ‘madres’ mientras que los promotores se apropian de esta condición, volviéndose las
únicas personas reconocidas como propietarias de los derechos parentales. Que el lazo gestacional se transforme en
objeto de contrato refleja, nos dice Pateman, una apropiación del hombre de las capacidades reproductivas de las
mujeres. Pateman rechaza la idea del cuerpo como propiedad, pero afirma que creer en algo semejante tiene efectos
perniciosos en la vida social, especialmente para las mujeres.
La influencia de esta obra para el feminismo no contractualista es sustantivo. No obstante, El contrato sexual recibió
numerosas críticas negativas tanto de las filas contractualistas como de otras corrientes del feminismo. Elizabeth
Anderson, estuvo en desacuerdo de la visión extremadamente pesimista desde la cual se asume la imposibilidad del
contractualismo de lograr una compatibilidad con los retos del feminismo, y sostiene que éste último puede lograr un
uso afirmativo del contrato para proveer de herramientas y regulaciones que propicien un debilitamiento de las
estructuras patriarcales. Anderson sentencia: “las teorías solo son exitosamente derrotadas cuando se propone una
alternativa superior”. Por su parte, Nancy Fraser alega que el análisis de Pateman adolece de un entendimiento
reduccionista de la dialéctica hegeliana del amo y el esclavo que no deja otra escapatoria que simplificar a las mujeres
como víctimas y a los hombres como mercenarios. Además, Fraser lamenta que Pateman no presente el ejercicio de la
sexualidad como vía de emancipación de la mujer, dado que especialmente en el capítulo “¿What’s wrong with
prostitution?” la sexualidad es mostrada como una cruda materialización de la subyugación masculina. Por un lado, a
lo largo de la obra es cierto que la vena radical de Pateman no tiene como propósito último proveer de una alternativa
certera al contractualismo capitalista, pero eso no quiere decir que sus observaciones y propuestas no deban de ser
tomadas en cuenta como fundamentos para que la izquierda se vea a sí misma frente al espejo.

En resumen:
Pateman no abunda en el diseño de estrategias para cambiar el sistema estructural basado en la desigualdad. En
defensa de las cualidades de su trabajo, no es justo ignorar que sus herramientas conceptuales rescatan un feminismo
que ubica más claramente cómo las fórmulas modernas de regulación contractual perpetúan las viejas tácticas de
opresión patriarcal. Advierte al feminismo de las muchas máscaras que el patriarcado puede utilizar para perpetuarse
en el seno de las fuerzas progresistas, las que comúnmente atribuimos como ‘de izquierda’. Según Pateman, la
perpetuación de la desigualdad en sociedades formalmente igualitarias es que, el contrato introduce una suerte de
lenguaje que tiene consecuencias reales en el mundo. El contrato hace cosas, como la mujer que se ‘entregaba’ a su
marido y que podría ser violada una y mil veces por él sin que el ultraje fuese siquiera concebido como procedente por
la ley. El contrato crea ficciones, sobre todo con el cuerpo y con el uso que las personas pueden hacer con los suyos, y
en sociedades desiguales, las mujeres suelen enfrentarse más veces y con mayor intensidad con contratos invasivos,
como la prostitución, el trabajo desigualmente remunerado, las labores domésticas no reconocidas ni pagadas, y
últimamente, también con los vientres de alquiler.
Como hija de la Ilustración, el feminismo tiene raíces claras: liberar a las mujeres. Su vertiente radical no debe seguir
siendo ignorada, máxime ante el vendaval de reacciones patriarcales y de constructos relativistas provenientes del
posmodernismo que, en alianza con el neoliberalismo sexual buscan dinamitar el camino de la emancipación del
sujeto político mujer.

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Unidad 13
1.-Autoritarismo: usos históricos y análisis político del término. Sistemas políticos autoritarios. Ideología autoritaria.
Comparación con la idea de dictadura.
2.-Totalitarismo: ideología como sistema de representación en el fenómeno totalitario. Utilización histórica y política
del término totalitarismo. Comparación con dictadura y autoritarismo.
3.-Dictaduras latinoamericanas: características de las intervenciones políticas de los aparatos militares en América
Latina durante el siglo XX. Las Fuerzas Armadas como actor político. La doctrina de la seguridad nacional.
Diferencias conceptuales con totalitarismo y autoritarismo. El estado burocrático autoritario.

1.-Autoritarismo:
Usos históricos y análisis político del término.
El autoritarismo es un término polisémico. Etimológicamente proviene del latín “autoritas” que deriva de autor, y
“augere” que es algo que hace aumentar “augustus”, título de los emperadores romanos.
En la edad moderna la palabra “autoridad” sufre un cambio, se nutre de elementos modernos (legalidad, legitimidad,
etc.).
La filosofía política moderna está basada en la eficacia. En el mundo moderno, el poder es legítimo para asegurar el
orden; para que este carácter coactivo se convierta en normal se debe fundar en el Derecho como conjunto de normas
pre-establecidas. Esta facultad presupone el uso de la fuerza, su aplicación se revela como un poder fundado en el

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poder, según la teoría Weberiana. Esta conexión entre legitimidad y legalidad asegura la autoridad del poder. Poder,
Derecho y efectividad son tres elementos inseparables.
La construcción de ese poder legítimo-racional ha surgido de marchas y contramarchas a lo largo de la historia.
El término “autoritarismo” se debe ubicar en el siglo XX, en el periodo entre las dos Guerras Mundiales, en plena
crisis de la democracia liberal y el surgimiento de los fascismos.
El autoritarismo nace como fruto de la crítica de la democracia liberal. Al igual que el totalitarismo se opone a los
regímenes democráticos.

Se entiende por autoritarismo:

1. Una autoridad opresiva que aplasta la libertad e impide la crítica.

2. Sistema político con un pluralismo político limitado y no responsable.

Características del autoritarismo:

 Privilegia el aspecto del mando/acción (fascismo italiano). Desprecian todo aquello que tienen que ver con lo
factico.

 Menosprecian el consenso. ¿Y cuál sería la manera de actuar? La imposición, mediante la violencia y


desaparición de instituciones republicanas.

 Eliminación de poderes.

 No hay participación política.

 Hay un solo partido de gobierno. No existe el sufragio.

 Castigo a los opositores.

Sistemas políticos autoritarios.

1. “Los regímenes autoritarios son sistemas políticos con un pluralismo político limitado y no responsable”.
El pluralismo limitado puede existir de hecho o de derecho y puede ser suprimido, pero siempre subsisten los grupos
de presión más importantes, el gobierno llega a ejercer la función de árbitro y, por esta vía, a limitar su propio poder; y
en cuanto a los de no responsable significa que no surge de las bases mismas de la sociedad civil sino que es
favorecido desde arriba.

2. “Sin una ideología elaborada y propulsiva (sino con las mentalidades características)”.
El autoritarismo carece de una teoría política elaborada que justifique el poder. Ligado con esto, la ideología deja de
ser propulsiva, o sea, movilizadora y dinámica.

3. “Sin una movilización política intensa o vasta (excepto en algunos momentos de su desarrollo)”.
La cuestión de la movilización política de la sociedad es relevante para comprender la diferencia con el totalitarismo:
en el caso del autoritarismo la penetración y movilización social son limitadas de modo que no se traspasa la frágil
línea entre Estado y sociedad civil.

4. “Un jefe ejerce el poder dentro de límites que formalmente están mal definidos pero que de hecho son
fácilmente previsibles”.
Este rasgo engloba todas las características citadas del autoritarismo.

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Alain Rouquié advierte que los conceptos de autoritarismo deben ser usados con suma prudencia puesto que su
connotación descalificante entorpece la tare analista. “Siempre serian autoritarios los regímenes que uno reprueba”.

¿Qué territorio ocupa esta categoría política?


El régimen autoritario no es ni democrático-representativo ni totalitario. Designa a las dictaduras conservadoras de
entre las dos guerras, fue aplicado a regímenes juzgados recuperables para la democracia, a diferencia de los
totalitarismos.
Para Rouquié los autoritarismos son de naturaleza transitoria. A corto plazo se inclinaran por la democracia o por el
totalitarismo.
Según este autor, “[los regímenes autoritarios] señalan el establecimiento de un bloqueo de las instituciones a fin de
limitar o suprimir la competencia política y la participación juzgadas peligrosas para los intereses nacionales definidos
por aquellos mismos que instauran el nuevo régimen. A largo plazo en este sistema el pueblo se ve privado de los
medios legales para aceptar o rechazar a los hombres destinados a gobernarlo, y el poder es ocupado por un partido o
por un hombre”

Es totalitario el régimen que tiene como principio: “aquel que no está conmigo, está contra mi”; el autoritarismo se
contenta con pretender de manera hipócrita: “aquellos que no están en contra de mí, están conmigo”. Esto significa
que en los regímenes autoritarios o totalitarios, el poder deja de designar un lugar vacío y se encuentra materializado,
ocupado por un hombre o un órgano.
Rouquié distingue la implantación de la democracia en espacios políticos sin tradición histórico-política democrática.
En este caso se produce una falta de correspondencia entre la constitución escrita y la vivida. Esta situación termina
por lo general encaminándose hacia un sistema de dominación incompatible con una democracia representativa e
igualitaria. El autor señala la importancia de la dimensión cultural en los comportamientos autoritarios pero
simultáneamente advierte sobre una errónea interpretación o abuso de este enfoque. Rouquié insiste en la importancia
de la dimensión cultural, sostiene que debe ser analizada dentro de un contexto global de los itinerarios políticos. Otro
elemento a tener en cuenta es el desarrollo económico siempre que no se lo tome en forma determinista o causal.
Por otro lado, el autoritarismo no necesariamente es post democrático “no solo constituye la prueba de un fracaso sino
que puede ser pre-democrático o el camino a la modernización”. En este sentido alude a la caída del Muro y al
desmoronamiento de la URSS para dar paso a un proceso de democratización.

Mario Stoppino postula tres contextos de autoritarismo: la estructura de los sistemas políticos, las disposiciones
psicológicas relacionadas con el poder y las ideologías políticas. Los tres tienen una característica fundamental: están
regidos por el principio de autoridad pero la emana del concepto deformado, particular de autoridad, en el que la
relación entre el que manda y el que obedece es jerárquica, asimétrica, basada en la idea de la desigualdad entre los
hombres, por lo tanto, dicha relación es desigual, que implica una obediencia incondicional.

Respecto a la estructura de los sistemas políticos, se denomina así a los regímenes que privilegian una posición de
mando y menosprecian el consenso, restando poder a las instituciones representativas.

Desde el punto de vista psicológico se habla de una personalidad autoritaria para indicar un tipo de personalidad de
rasgos característicos y centrada en la unión de los actitudes íntimamente relacionadas entre sí: por un lado, la
obediencia casi servil y aduladora por parte del que obedece y desprecio de parte del que anda hacia los considerados
inferiores jerárquicamente o porque carecen de poder.

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Ideología autoritaria. Las ideologías autoritarias niegan de una manera más o menos decidida la igualdad de los
hombres, acentúan el carácter jerárquico, propugnan formas de regímenes autoritarios y con frecuencia exaltan la
personalidad autoritaria.
La existencia de estos tres niveles de análisis no implica determinismo ni coherencia absoluta entre los elementos
políticos, psicológicos e ideológicos.
Los rasgos de la personalidad autoritaria se relacionan también con determinadas concepciones del mundo
predominantes en ciertas culturas o subculturas, interiorizadas por el individuo a través del proceso de socialización.

Juan Linz distingue cinco formas principales y dos secundarias:

1. Regímenes autoritarios burocrático-militares, caracterizados por el gobierno de una coalición de oficiales y


burócratas y por un débil nivel de participación política.

2. Loa regímenes autoritarios que representan diversos intereses y categorías económicas de carácter
corporativo.

3. Movilización en países pos-democráticos que se distinguen por un grado alto de movilización política basado
en un partido único y un grado bajo de pluralismo político consentido.

4. Los de movilización pos-independencia resultado de la lucha anticolonial.

5. Autoritarios correspondientes a los pos-totalitarios.

Los secundarios: el caso del totalitarismo imperfecto, fase transitoria de un sistema político que tiende a transformarse
en un régimen autoritario, y el régimen de la democracia racial en la que un grupo racial que se gobierna con un
sistema democrático ejerce un dominio autoritario sobre otro grupo racial.

Comparación con la idea de dictadura.


Conserva con el pasado la idea de concentración del poder. Este término designa (en semejanza con el autoritarismo) a
todos los regímenes antidemocráticos y no democráticos, pero Stoppino especifica que la connotación de
autoritarismo es más amplia que el sentido de dictadura. El termino autoritarismo, servía para calificar tanto a las
monarquías como los despotismos hereditarios tradicionales; luego se restringe al referirse sólo a regímenes políticos
modernos de entreguerras mientras que el de dictadura se amplía.

La dictadura moderna presenta como rasgos novedosos que:


- no se enmarca dentro de reglas constitucionales.

- se instaura de facto y trastorna el orden político preexistente.

- su poder no ofrece limites jurídicos ni temporales.

- El poder se concentra en un órgano que puede ser el Poder Ejecutivo cuya esfera se extiende hasta la
suspensión de libertades.

Características de la dictadura:
Se refiere a los regímenes no democráticos modernos. Estas características son tres:
[Link] concentración y la ilimitabilidad del poder.
[Link] condiciones políticas del contexto caracterizadas por la aparición de las masas y la soberanía popular
(grandes estratos de la población)
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[Link] precariedad de las reglas de sucesión al poder.

Comparación con los términos despotismo y tiranía


Respecto al despotismo, la palabra significa aquella forma de gobierno en la cual quien detenta el poder tiene respecto
de sus súbditos el mismo tipo de relación que el patrón con sus esclavos. Nace con un sentido despreciable frente a las
polis. Surge también en comparación con los regímenes orientales, el poder despótico es ilimitado frente a los bienes y
vidas de sus súbditos.
El gobierno despótico se rige por el miedo y existe una relación servil entre gobernantes y gobernados. Los pueblos
que se someten a un régimen despótico viven en un estado de esclavitud política.
En el lenguaje político moderno el término es usado para indicar un gobierno absoluto, terminología mucho más fuerte
que el de autoritarismo; despotismo implica un poder más radical.
Si se compara con el termino tiranía, Stoppino encuentra una diferencia sustancial: en el caso de la tiranía, el
gobernante desprecia las leyes establecidas y gobierna según su capricho, en el despotismo es el pueblo el que,
incapaz de gobernarse a sí mismo, acepta ser esclavizado. El dictador, se impone en circunstancias especiales de
tiempo.
Por otra parte, la filosofía política occidental desde el siglo XVIII apeló al uso de la palabra despotismo con un sentido
polémico para atacar la monarquía absoluta del antiguo régimen.

2.-Totalitarismo:
Ideología como sistema de representación en el fenómeno totalitario.
La idea de totalitarismo se ha conocido a lo largo del siglo XX. Durante los últimos años, un renacimiento de este
concepto después de 1989, el año de la caída del Muro de Berlín, seguida del fracaso de la Unión Soviética.
Dos elementos esenciales se encuentran en el origen de este resurgimiento.
1° elemento: memoria del genocidio de los judíos.
2° elemento: fin del comunismo como fenómeno histórico.

El totalitarismo esta estigmatizado como antítesis del liberalismo, la ideología y el sistema político actualmente
dominante. Al final de una era de tiranía, encarnada por las figuras siniestras de Hitler y Stalin, el mundo ha logrado
su equilibrio y la historia retoma su camino por las vías seguras del liberalismo. El totalitarismo ha sido vencido por el
mejor de los mundos, el Occidente liberal. Después del atentado terrorista del 11 de septiembre de 2001 en Nueva
York el totalitarismo reaparece como una nueva amenaza encarnada por el aislamiento político.

“Totalitarismo” es una palabra que pertenece a todas las corrientes del pensamiento político contemporáneo, del
fascismo al antifascismo, del marxismo al liberalismo, del anarquismo al pensamiento conservador.
La historia de la idea de totalitarismo puede ser dividida en dos grandes fases:
1° va de los años veinte a fines de la Segunda Guerra Mundial.
2° corresponde a la guerra fría de 1947, a la caída de la URSS.

Durante la primera fase, este término desempeña un papel crítico frente a los sistemas políticos dominantes en Italia,
Alemania y la Unión Soviética. En la segunda fase, esta noción cumple una función apologética del orden occidental.
El concepto de totalitarismo cierra demasiado rápido el debate sobre la “culpabilidad alemana” abierto por Karl
Jaspers en 1945.

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“Totalitarismo” es un término anglosajón poco usado en Europa, a excepción de Alemania, un país que ocupa una
posición crucial durante la guerra fría. En otros países como Italia y Francia, en los cuales los partidos comunistas han
desempeñado un papel importante en la Resistencia, este concepto es de hecho censurado.

Utilización histórica y política del término totalitarismo.


En el ámbito de la historiografía y de la sociología política, la idea del totalitarismo está lejos de tener una aprobación
unánime. Parece limitada, para quien busca aprehender, más allá de las afinidades superficiales entre los sistemas
políticos totalitarios. Las principales teorías del totalitarismo subrayan una serie de analogías entre nazismo, fascismo
y comunismo entendidos como sistemas de poder.
a) La superación de la democracia representativa y del Estado de derecho, la eliminación de las libertades
individuales y la superación de la división de poderes, el establecimiento de la censura y la introducción de un
monopolio estatal de los medios de comunicación.
b) Partido único dirigido por un jefe carismático.
c) Intervencionismo estatal, planificación autoritaria y centralizada de la economía.
d) Monopolio estatal y la difusión endémica de la violencia como forma de gobierno.

Nazismo y Stanlinismo difieren también por el tipo de violencia que producen. La violencia del comunismo soviético
es esencialmente interna a la sociedad que ella intenta someter, normalizar, disciplinar, pero también modernizar y
transformar a través de medios autoritarios, coercitivos y criminales. Las victimas del Stanlinismo son casi todos
ciudadanos soviéticos, y en su gran mayoría rusos.
La violencia del nazismo, es esencialmente dirigida hacia el exterior. Se desencadena en el curso de la guerra, a partir
de 1939 rigurosamente codificada y racionalizada, de manera extrema.
Raymond Aron marca una diferencia entre comunismo y nazismo:
1°- el campo de trabajo, la violencia ligada a un proyecto de transformación coercitiva y autoritaria de la sociedad.
2°- la cámara de gas, exterminio como finalidad en sí misma, inscripta en una búsqueda de purificación racial.

El comunismo tenía como objeto central era la modernización de la economía y de la sociedad soviética, perseguida a
través de una intensa industrialización y colectivización de la agricultura. Los medios usados para lograr esto eran
inhumanos, el trabajo forzado, prácticamente esclavista; la “explotación militar feudal” de los campesinos, la
eliminación de una parte importante de las elites administrativa y militar, y, finalmente, la deportación en masa de
grupos y pueblos.

En el nazismo el objetivo buscado era: la dominación de “raza aria”, el remodelaje de Europa sobre la base de una
jerarquía de tipo racial. Los campos de exterminio nazis son una ilustración de esta contradicción.

En la URSS, los deportados eran “usados”, “consumidos” para cortar bosques, extraer minerales, construir
ferrocarriles y líneas eléctricas. Las victimas del estalinismo era la consecuencia de procedimientos barbaros y
coercitivos. En la Alemania nazi, los métodos masa avanzados de la ciencia, de la técnica y de la industria eran usaos
para destruir vidas humanas.
Los dos sistemas eran incontestablemente inhumanos, criminales y totalitarios.

Relación entre el fascismo italiano y el nazismo alemán.


(En las versiones más radicales).
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La interpretación del totalitarismo no admite la pertenencia de la Alemania hitleriana a una familia política, la del
fascismo, de origen italiano y de dimensiones europeas. Una tesis análoga, que pretende distinguir entre un
totalitarismo “de derecha” (alemán) y uno “de izquierda” (italiano), negando su parentesco y su raíz común fascista,
ha sido propuesta en Italia por Renzo de Felice.

Comparación con dictadura y autoritarismo.


La diferencia crucial entre totalitarismo y autoritarismo está no en lo que hacen, sino en sus potencialidades
respectivas. Totalitarismo no implica necesariamente mayor coacción, sino mayor alcance en la capacidad de hacerlo.
De hecho, cuanto más consiga el totalitarismo penetrar en el control de una sociedad, menos necesitará recurrir a la
coacción desnuda. Lo que lo define es que penetra y se extiende de modo total en la sociedad.

Autoritarismo iberoamericano y regímenes de seguridad nacional


Visto lo anterior parecería acertado decir, a priori, que el autoritarismo en Iberoamérica se ejercía de modo diferente a
las autocracias clásicas. Rouquié decía que América Latina no inventó el Estado, pero hizo de él un actor central cuyo
papel constituyó alguna de las especificidades de la organización sociopolítica de las naciones iberoamericanas, con
excepciones. A partir de los años cincuenta aparecieron teorías explicativas del autoritarismo en la región, en la que
éste se entendía como un proceso de transición a la modernidad, o como una anomalía del patrón democrático
(Lipset); o se interpretaba como un producto del proceso de modernización (Huntington); o como un defecto de las
tradiciones políticas propias de la región, quizá derivadas de la herencia hispánica, que parecía ser autoritaria,
burocrática y centralizada (Tannenbaum); o como un reflejo de la singularidad de América Latina, que mezclaba las
tradiciones pragmáticas libres de ideología y un estilo autoritario de ordenación social tanto deliberado como
accidental (Véliz); e incluso el corporativismo se veía como una fórmula puramente iberoamericana.

3.-Dictaduras latinoamericanas:
Características de las intervenciones políticas de los aparatos militares en América Latina durante el siglo XX.
Durante los primeros años de la década de los 70 las fuerzas armadas intervinieron en Brasil, Perú, Argentina,
Ecuador, República Dominicana y Honduras para frenar la voluntad izquierdista de algunos partidos.
Los militares sólo tenían autoridad relativa, y sus intervenciones en Iberoamérica en realidad eran la respuesta a los
deseos de los sectores medio ascendentes que querían introducir reformas limitadas y conservadoras en la sociedad.
No obstante, aquellos que seguían la Doctrina de Seguridad Nacional monopolizaban el poder hasta la extenuación ya
que consideraban tener un papel fundamental en frenar la subversión interna.
En tiempos en que América Latina carecía de organizaciones de presión que frenaran el abuso de poder, se impuso la
tendencia golpista: las fuerzas armadas intervenían como grupo de mando puesto que tenían la facultad de defender al
Estado, de monopolizar la posesión y el empleo de las armas y un cierto sentimiento de suficiencia institucional;
condiciones que los demás grupos sociales no poseían.

Las Fuerzas Armadas como actor político.


En los Estados Unidos y en Europa los técnicos militares participaban en la política como asesores y como grupo de
presión, en Iberoamérica las fuerzas armadas intervenían como grupo de mando porque tenían ciertas condiciones que
las diferenciaban de otros grupos sociales: su facultad de defender al Estado, de monopolizar la posesión y el empleo
de las armas, además de cierto sentimiento de suficiencia institucional. Los ejércitos, que tenían la facultad de hecho
de poder derrocar al poder, participaban en política no sólo con facultad de presionar, sino también con la de sustituir,
si había desacuerdo con lo brindado por el gobernante de turno.

Definición de la Doctrina de Seguridad Nacional


Joseph Comblin sistematizó los elementos esenciales que la caracterizaban:
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1. Obsesión por perseguir al enemigo comunista,


2. Modificación de los atributos de las fuerzas armadas, que priorizaron garantizar el orden interno ante la
defensa nacional,
3. Aplicación de procedimientos que violaban los derechos humanos,
4. Transformación del pueblo en objeto histórico y no en sujeto,
5. Verticalismo organizativo y elitismo del sistema político,
6. Asunción de principios económicos emanados de la Escuela de Chicago (EEUU) y sumisión a los postulados
que el gobierno de ese país consideraba esenciales para la seguridad nacional,
7. Eliminación de cualquier clase de disidencia.

Su paradigma teórico utilizó ideas de discursos de los altos mandos militares, algunas consignas morales, confusos
conceptos del arte de la guerra y de cualquier doctrina que conviniera sus intereses. Sin embargo, lo importante no era
la teoría sino su ejercicio.
Lo propio de esta doctrina despótica y autocrática era la ausencia de límites, puesto que ni sus doctrinarios ni los
ciudadanos sabían cuándo se había encontrado un grado suficiente de seguridad. Por eso, se hace necesario que la
seguridad encuentre en la política sus límites y su justa medida. Sin embargo, la Seguridad Nacional no tenía la
voluntad ni los mecanismos para controlar la tendencia a la seguridad absoluta (cuyo precio era la inseguridad
absoluta de los otros).
El temor de que desapareciera la civilización cristiana y la democracia inspiraba a los defensores de la doctrina a
garantizar la libertad y la seguridad de la gente. Para esto, las sociedades y las democracias debían organizarse como
las fuerzas armadas, en donde los oficiales velan por el bienestar de la tropa; debían actuar como un partido político.
Las fuerzas que querían representar a la nación y al Estado y dirigirlo en supuesto beneficio de todos no se
identificaban con ningún sector de la sociedad civil. Es por eso que era una doctrina de seguridad del Estado: la
seguridad afectaba a todos los aspectos de la vida social y había amenazas en todos lados, por lo que era una
responsabilidad de todos los ciudadanos.

¿Un nuevo Leviatán?

● El Estado de Seguridad Nacional renegaba de la democracia liberal, de cuya debilidad desconfiaban ya que
consideraban que la democracia no tenía forma de frenar al comunismo. Por ejemplo, Schmitt plantea que “la
legalidad, la legitimidad y la Constitución, en vez de impedir la guerra civil, sólo contribuyen a exacerbarla”. Ideas de
este tipo animaron a los partidarios de la Doctrina de Seguridad Nacional a evitar el orden constitucional.
● Es por eso que la Doctrina de Seguridad Nacional le asigna al Estado la función de ejecutar el poder para
lograr los objetivos nacionales. Estos eran generales, universales y cubrían todos los valores posibles de las sociedades
humanas.
Podían agruparse 3 grandes bloques:
1. El legado de valores morales y espirituales de la civilización occidental: el humanismo, el cristianismo y la
democracia.

2. La idiosincrasia nacional, definida en cada país por los defensores de la Doctrina de la Seguridad Nacional.

3. El territorio, la integridad nacional y la autodeterminación.

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● No se permitía la crítica porque eso abría la puerta al comunismo, así que el nuevo Estado debía integrar esa
estructura todos los mecanismos de defensa contra la subversión.
● La doctrina anuló el concepto de pueblo y prescindió de él. Esto suponía una erosión atroz de la democracia
representativa y del pluralismo político en América. Se elegía el principio minoritario de legitimidad, de carácter
autocrático.

Totalitarismo y Autoritarismo: el poder y la fuerza


● Es importante aclarar que totalitarismo y autoritarismo no son lo mismo: mientras todo sistema totalitario es
también autocrático, lo contrario no es cierto.
● Para el ejercicio autocrático del poder, la única condición necesaria es el atropello de la libertad individual. El
principio jurídico que subyacía en regímenes autocráticos era el interés de la colectividad, interpretado de forma
autoritaria y que prevalecía sobre el interés de particulares. De forma que se eliminaban las trabas al gobierno y
se centraba el poder a partir de la eliminación de constitucionalidad de las leyes y limitando libertades públicas.
● Para considerar totalitario un régimen, se necesita de un único partido que intenta monopolizar la vida de los
hombres. Este es detentador absoluto de la Verdad del Pueblo, de la Nación e incluso de la Historia; lo que le
otorga el derecho legítimo de disolver una asamblea elegida, suprimir a cualquier otro partido, controlar toda
información.
● Junto a esto debe haber una ideología oficial, el monopolio gubernamental de las armas y de los medios de
comunicación, un sistema policíaco de terror y una economía dirigida de manera centralizada.
● El totalitarismo piensa que las masas son incapaces, especialmente si se las compara con el jefe, y considera
que el individuo sirve para cumplir los fines del Estado sin discusión posible. El individuo es sólo un miembro
de la comunidad racial o nacional y las libertades individuales son concesiones políticas.
● Hannah Arendt, estudiosa del totalitarismo, expresó que los gobiernos tiránicos buscan lograr el aislamiento
del hombre para dominarlo por completo, reducir la singularidad a la mínima expresión y suprimir la diferencia.
El líder expande su poder mediante la propaganda hasta lograr la desaparición del individuo.
● El voluntarismo del totalitarismo, que se convierte en la ideología del poder, aspira al dominio absoluto del
hombre y a la eliminación de las diferencias reduciendo a los seres humanos a una única identidad. Es una forma
de irracionalismo que puede ejemplificarse con el terror de los campos de concentración, esencia del dominio
totalitario.

Dios(es) en la Tierra (o la violencia contra el espíritu)


● En la Historia, los totalitarismos intentaron crear al nuevo hombre. Dice Scantimburgo que fueron un supremo
desafío a Dios hecho faz de la tierra, ya que entiende a la política como ciencia y como sustituto de la fe, y ésta
siempre posee la verdad última de todos los asuntos humanos.
● Los regímenes totalitarios aplastan a todas las instituciones autónomas porque tendían a adueñarse del alma
humana. Por el contrario, los regímenes autoritarios toleraban instituciones que otorgaban cierta protección al
individuo frente al Estado. El totalitarismo supone que toda la sociedad está encarcelada dentro del Estado
y se adentra en la vida extra política del hombre, invadiendo la intimidad humana. Esto distingue al
totalitarismo del autoritarismo.
● La diferencia crucial entre totalitarismo y autoritarismo no está en lo que hacen, sino en sus potencialidades.
Totalitarismo no significa necesariamente mayor coacción, sino mayor alcance en la capacidad de hacerlo. De
hecho, cuanto más consiga penetrar en el control de una sociedad, menos necesitará recurrir a la coacción.

El estado burocrático autoritario.


El autoritarismo de los regímenes de Seguridad Nacional no era totalitario porque:

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1. Aspiraba a producir apatía en las masas.


2. Si era de corte hobbesiano, no aspiraba a cambiar la naturaleza humana, sino a aceptarla tal cual era.
3. Prescindía de los partidos políticos.
4. El ejército era partidario de una relación de apoyo entre el Estado y los grupos sociales de carácter técnico, y
no de alianza con grupos sociales amplios.

Por eso era diferente de la democracia, del nacionalismo alemán, del fascismo italiano y del comunismo soviético,
pues la movilización del partido como fuerza represiva no era esencial. Además su ideología no podía evocar a un
nacionalismo basado en la exaltación de las virtudes de la raza y en la vocación de expansión territorial.
● La falta de movilización y apatía populares, la mentalidad jerárquica y estatista, el Estado sin partido y la
jerarquía eran, por tanto, elementos del autoritarismo de Seguridad Nacional iberoamericano. En palabras de Fernando
E. Cardoso “las características de las formas emergentes de dominación política en América Latina como burocrático-
autoritario tenían algo nuevo que ofrecer (...)”.
● La falta de un sistema de partidos dejaba claros los límites de la participación, pese a que las sociedades
civiles de Cono Sur estaban más organizadas que las del resto del continente, con la excepción de América del Norte.
La tradición de los Estados fuertes con control político elitista y de jerarquías burocráticas facilitaba el éxito de ese
tipo de Estados, pese a que su autoritarismo fuera “subdesarrollado”: podían matar y torturar pero no controlar la vida
de las personas.

En los Estados de carácter militar se encontraron similitudes de un modelo de Estado autoritario, que fueron de tipo
excluyente -Estados represivos que restringían derechos cívicos y políticos, y violaban constantemente derechos
humanos -e incluyentes- prohibición de ciertas formas de participación que se mezclaban con el intento de desarrollar
otras nuevas-. La pura coacción era reflejo de su falta de control total de la sociedad.

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MODULO SEIS: CRISIS DEL ESTADO NACIÓN Y GLOBALIZACIÓN


Unidad 14
1.-La Teoría del Estado en la era de la globalización; ¿Ocaso del Estado?
Globalización: puntos de consenso en su conceptualización. Soberanía del Estado y globalización: Globalización:
Globalización o mundialización. Formas neo-medievales del orden político universal. Factores que erosionan el
concepto clásico de soberanía estatal: factor militar, factor económico, factor financiero. La cooperación internacional.
Los usos ideológicos de la noción de globalización y sus peligros. Soberanía del Estado: La pervivencia del Estado
como forma fundamental de la organización político-social. El contenido actual de la noción de soberanía.

La globalización se refiere al proceso de interconexión e interdependencia creciente entre los países y las sociedades a
nivel mundial. Este proceso implica una mayor integración económica, cultural, política y tecnológica entre las

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naciones. Como resultado, las fronteras se vuelven más permeables y las interacciones entre los estados se
intensifican.
La soberanía de los Estados, por otro lado, se refiere a la capacidad de un Estado para ejercer autoridad y control sobre
su territorio, su población y sus asuntos internos. La soberanía implica la capacidad de tomar decisiones políticas,
jurídicas y económicas sin la interferencia de otros Estados.
La globalización plantea desafíos a la soberanía de los Estados, ya que puede limitar la capacidad de los gobiernos
para controlar ciertos aspectos de sus economías, políticas y culturas. Por ejemplo, la integración económica a través
de acuerdos comerciales y la movilidad global de bienes, servicios y capital pueden limitar el control que un estado
tiene sobre su economía.
Además, la globalización también puede dar lugar a una mayor interdependencia entre los Estados, lo que significa
que las decisiones tomadas por un Estado pueden tener impactos en otros. Esto puede generar tensiones entre la
soberanía de un Estado y la necesidad de coordinar y cooperar con otros países en asuntos globales, como el medio
ambiente o la seguridad.
En resumen, la globalización desafía y redefine la soberanía de los Estados, ya que promueve una mayor integración y
dependencia entre las naciones. Los Estados deben encontrar un equilibrio entre mantener su soberanía y participar
activamente en la comunidad internacional para abordar los desafíos globales que enfrentamos en la actualidad.

1. Globalización: puntos de consenso en su conceptualización:


Puntos de consenso: para entender la realidad

 Artificio social

 Proceso o conjunto de procesos

 Diversas dimensiones

 Diversos niveles territoriales

 Refuerzo simultáneo de identidades globales y de

 Identidades nacionales, regionales y locales

 Fenómeno reciente. Fines del S. XIX comienzo del S. XX (1989 caída del muro de Berlín) ruptura de la
URSS

Globalización. Consensos para su conceptualización: En primer lugar, existe un consenso para comprender la
globalización como un proceso o conjunto de procesos. Se concibe como un fenómeno activo y organizado,
especialmente en el tiempo de larga duración; aunque se emplea el término de forma singular, sus manifestaciones
son plurales. Resultaría más correcto hablar de Globalizaciones (económicas, sociales, políticas y culturales) en lugar
de Globalización.
En segundo lugar la globalización aparece como un fenómeno económico y político, que tendría implicaciones
sociales y culturales. Al entenderla como un fenómeno económico y político, llegamos a un nuevo consenso, el fuerte
impacto del desarrollo tecnológico en la expansión de la Globalización, transforma el modelo de producción
traducidos en procesos de flexibilización, descentralización, internacionalización e interdependencia en las sociedades
nacionales; ello multiplica y descentraliza los centros de decisión. Tal desarrollo tecnológico privilegia como médula
de la producción económica a los sistemas de provisión de servicios y manejo de la información. Este aumento afecta
a otras esferas de la vida social, los mercados monetarios dependen de una fusión de tecnologías satélites e
informáticas que inciden sobre otros aspectos de la sociedad. Un mundo de comunicación instantánea reorganiza las
instituciones locales y las pautas vitales cotidianas; la globalización está transformando la vida diaria, a la vez que
crea nuevas fuerzas y sistemas transnacionales, sociedades en las que vivimos.
Se presenta un tercer consenso, según el cual la globalización refuerza o puede reforzar las identidades, así como los
procesos de empoderamiento de las comunidades en los niveles local y regional. La reafirmación local, debe
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entenderse desde un punto de vista institucional, presenciamos una transformación de las responsabilidades y
competencias de las diferentes entidades territoriales.

Globalización, o mundialización, internacionalización, interdependencia


-Sí globalización. Goza de significado más general, que se adapta mejor a la realidad. No es sólo un hecho
geográfico, en el que se difuminan las fronteras y se acortan las distancias entre los países, sino que trae connotaciones
económicas, políticas, sociales y culturales.
-No mundialización. Tiene una connotación excesivamente geográfica.
-No internacionalización o interdependencia.

El debilitamiento del estado y las formas neo-medievales del orden político universal
- Debilitamiento de la figura político-social del Estado derivada de una doble quiebra:

 Globalización. Limita la capacidad del Estado para satisfacer determinadas demandas sociales, socaba su
autoridad ante la sociedad.

 Renacimiento de los nacionalismos. Hecho ocurrido a finales del S. XX junto a la desaparición de los sistemas
comunistas de Europa del Este y Central y en la antigua URSS, han provocado un aumento de
reivindicaciones de soberanía en numerosos países del mundo. Esto trajo cierta tendencia a la federalización
en el orden interno y la aparición de nuevos Estados.
- La evocación del orden político medieval. Los Estados modernos deben compartir su autoridad sobre los
ciudadanos con las autoridades regionales y mundiales, por una parte, y con las autoridades sub-estatales, por otra.

Factores que erosionan el concepto clásico de soberanía estatal


-El factor económico financiero. Pérdida de capacidad de los gobiernos en la dirección de sus economías, y en la
imposibilidad de controlar la actividad de los grandes grupos industriales y financieros de carácter multinacional. Son
los “mercados” los que imponen las opciones de política económica y, por tanto, los que diseñan el modelo de
sociedad.
-El factor militar. Dependencia de alianzas militares con otros países.
-Cuatro áreas en las que existen dificultades de control autónomo por los Estados: flujos monetarios y
financieros, empresas multinacionales, medioambiente, información.
-La cooperación internacional. Aparece como la única opción del poder público para seguir garantizando una serie
de servicios que la sociedad civil exige. Ejemplos: FMI, OMC.
-Los usos ideológicos de la noción de globalización. Intenta deslegitimar el papel/poder del Estado.

Soberanía del Estado: la pervivencia del estado como forma fundamental de la organización político-social.
Es todavía el Estado la estructura político-social que mejor proporciona y garantiza:
-Seguridad. Tanto en su interior como frente a otros Estados.
-Solidaridad social. Asumiendo una función de redistribución de la riqueza y de prestación de los servicios públicos
esenciales.
-Punto de referencia/aglutinante cultural.
-Control a los flujos migratorios (países ricos).

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¿Cuál es el contenido actual de la noción de soberanía?


Se trata de un concepto mutable y cambiante, que ha evolucionado paralelamente a las transformaciones del Estado
moderno.
La soberanía se define:
-En su concepción formal sobre la base de dos elementos sustantivos: igualdad e independencia
-Desde el punto de vista sustancial: es el derecho de los pueblos a disponer de sí mismos, tanto en política, como en
economía
-Desde el punto de vista de la noción de competencia: es la titularidad originaria del máximo de competencias
compatibles con aquellas iguales de las que gozan los demás Estados >>> mientras que la titularidad de competencias
soberanas no se transfiere nunca, el ejercicio de competencias soberanas puede delegarse, salvo dos: a) defensa y
política exterior en el ámbito externo, y b) competencia de monopolio de la coacción en el ámbito interno.

En tales circunstancias, y salvo algunos casos excepcionales, los Estados continúan siendo soberanos, al menos
formalmente. Las limitaciones que impone la globalización al ejercicio eficaz de las competencias soberanas no son
mayores que las derivadas del desigual reparto de poder en la sociedad internacional.
En la actualidad, el Estado continúa siendo el principal núcleo de poder en la sociedad internacional y, en
consecuencia, permanece como el eje central en torno al cual se articula el derecho internacional. Por tanto, persiste la
vigencia de la noción de soberanía como elemento constitutivo del Estado y base del derecho internacional actual.
La afirmación de la pervivencia de la soberanía de los Estados tiene una importancia capital, no sólo para la
comprensión del ordenamiento jurídico internacional, sino desde un punto de vista político y social.

Globalización y Política
La Globalización es un proceso multidimensional y multiescalar: la política constituye una de sus dimensiones. Nuevo
orden global tras la culminación de la Guerra Fría y el Estado constituye fenómenos sociales que deben ser abordados
para comprender la Política de la Globalización.
Cuando finaliza la Guerra Fría surge este nuevo espacio político global, con más actores, más complejo, y asociado
con la consolidación del proceso de globalización. ¿Cómo afecta la existencia o inexistencia de un orden global, la
configuración del Estado contemporáneo y sus posibilidades de acción?
“Las relaciones internacionales y la política mundial” comparten interés por analizar las estructuras y los procesos
políticos pero no son lo mismo.
Relaciones Internacionales: toman como base la teoría moderna de la política en la Soberanía del Estado y en las
relaciones se presentan entidades autónomas y soberanas.
Política mundial: rechaza la idea de entender la política por visiones estáticas y hace reclamos en una “política
apropiada” con autoridad legítima de comunidades particulares, debido a su interés por señalar dimensiones del poder
mundial que trascienden y tienen prioridad sobre elementos de soberanía de los Estados.
En el proceso de globalización si bien las relaciones internacionales se mantienen, se fortaleció la política mundial por
la emergencia de dimensiones políticas que rebalsan y complejizan las tradicionales relaciones internacionales. Así la
política mundial es la herramienta más apropiada para definir los aspectos políticos del proceso de globalización y la
relación entre orden mundial y naturaleza del Estado.

Aspectos políticos de la globalización


Dos elementos
Política mundial: relacionada con la instauración o no, de un orden mundial que trascienda a los Estados.

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Nueva condición que asume el Estado en cada uno de los escenarios posibles.
De ellas surgen varias teorías pero ninguna posee la capacidad de trascender el problema.
Los teóricos del riesgo global no constituyeron una teoría distinguida e identificada, si dieron elementos conceptuales
comunes, que permiten definir los aspectos políticos de una globalización.
1) El orden como proyecto socio político.
2) El riesgo como producto social.
3) La re politización de lo social.
4) La crisis estructural y el cambio institucional permanente.
5) Las relaciones que se presentan entre conocimientos y decisiones.
6) Concepción sobre el poder.

El desorden global produce el deterioro de la Soberanía del Estado, tanto económica, política, culturales, jurídicos,
ambientales y sociales.

Hacia un concepto de globalización


Hay un acuerdo generalizado en el sentido de entender la globalización “como la ampliación, profundización y
aceleración de una interconexión mundial en todos los aspectos de la vida social contemporánea, desde lo cultural
hasta lo criminal, desde lo financiero hasta lo espiritual “Held 1999”

Por esta idea surgieron tres líneas de pensamiento


Tesis Hiperglobista:
La globalización es comprendida como una nueva era, en el que todo el mundo está cada vez más sujeto a las
disciplinas del mercado global.
Concepto de Estado-Nación tradicionales se han convertido en negocio no viables, e incluso imposible de mantener.
La economía global “Sin Fronteras” basada en redes transnacionales de comercio, producción y finanzas, construye
nuevas formas de organización social que sustituyen a los Estados Nación tradicional. Esto implica que el fin de las
políticas estatales de bienestar y protección social y la difusión global de la democracia liberal definida por estándares
universales de organización económica y política. Este proceso de globalización genera ganadores y perdedores en el
marco de la nueva división internacional del trabajo.

Tesis Escéptica:
Considera que la globalización es un mito, que oculta la realidad de una economía internacional, cada vez más
segmentada en bloques regionales, sustentados en Estados poderosos.
Identifican la globalización con un mercado mundial total y perfectamente integrado.
La dinámica económica demuestra la consolidación de tres bloques financieros y comerciales principales (Europa,
Asia-Pacifico y Estados Unidos) cuyo origen y forma contemporánea fue prevista en el Estado mismo.

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Para los escépticos es ilusoria la idea de un gobierno mundial que administre el orden global, más aún, los mitos de la
economía global, la cultura homogénea y el gobierno mundial son entendidos como proyectos de occidentes en los
negocios mundiales.

Tesis transformistas:
Concibe a la globalización como un proceso sin precedentes históricos, que tiene cambios profundos, la interconexión
acelerada y la acentuación de la incertidumbre.
Las transformaciones asocian, la globalización con los cambios sociales, políticos y económicos que están reformando
las sociedades modernas y el orden mundial.
La globalización es concebida como un proceso histórico y factores coyunturales de esferas económicas, sociales,
políticas, militares, tecnológicas, ecológicas, jurídicas y culturales.
En la economía globalizada, los Estados mantienen fuentes de Poder que se yuxtaponen con formas y focos
internacionales de Poder, influencia y regulación. La globalización es asociada con relación de soberanía,
territorialidad y Poder estatal. Y finalmente resalta la existencia de procesos de reterritorialización, regionalización y
desterritorialización que afecta de manera significativa los niveles local, nacional, regional, y global.
Hay ventajas conceptuales y teóricas que posee la tesis trasformacionalista, con respecto a la tesis
hiperglobalizaciones y escépticas. En primer lugar comprende la globalización con un proceso contingente y abierto
más que como “un tipo ideal” o una “situación particular dada” con perspectivas históricas fijas e inamovibles.
Elementos positivos de la tesis transformalista, pueden ser comprendidos mejor en este concepto de globalización,
transciende el determinismo económico de las otras tesis.
Concepto por Sousa: La globalización es el proceso por medio del cual una condición o una entidad local dada, tiene
éxito en extender su rango de acción sobre todo el globo y, haciéndolo desarrolla la capacidad de designar a una
condición o entidad rival como local.

Desde otra perspectiva


Zaki Laïdi define globalización
Globalización: como un movimiento plenario en que las sociedades, renegocian su relación con el espacio y el
tiempo por medio de concatenaciones, que ponen en acción una proximidad planetaria bajo su forma territorial (el fin
de la geografía) simbólica (la pertenencia a un mismo mundo) y temporal (la simultaneidad).
Hace su concepto en un plano estructural, una transformación del sistema mundial a través de flujos que vinculan los
actores mediante relaciones complejas e inestables.
Zaki Laïdi comprende la globalización no como un estado social sino como un proceso; como fenómeno social
colmado de situaciones dinámicas, evolutivas, conflictivas y ambivalentes que impiden la emergencia del orden: “el
gran problema de la globalización consiste en radicalizar la incertidumbre, antes que determinar situaciones o fijar
relaciones de fuerza”

Las concepciones de De Sousa y Laïdi se relacionan con cuatro elementos:


a) Introducir las relaciones de poder.
b) En un proceso.
c) Que es multidimensional y multiescalar.
d) Se redefine la relación que la sociedad posee en el espacio y en el tiempo.

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Deben ser complementados por otro factor: concebir la globalización como un constructo humano, como un artificio
social, realizado en un marco general de la modernidad, atribuido a procesos sociales autónomos e independientes que
involucran a la sociedad.
La perspectiva de la geografía crítica, ofrece elementos importantes relacionados con el fundamento socio-político de
la construcción del espacio que se vinculan con el carácter multidimensional y multiescalar.
En la década de 1970 surge la geografía crítica que consolida un análisis crítico de la economía política de la
especialidad capitalista y reconoce al espacio como construcción social y producto de las luchas sociales, de las
constantes transformaciones socio económicas. Está considera que la configuración social del espacio tiene como fin
la reproducción de las relaciones sociales existentes. Es necesario acordarse sobre los debates, sobre el origen
histórico de la globalización:

Se distingue cuatro épocas de la globalización:


1° Período pre-moderno.
2° El primer período moderno de la expansión occidental.
3° La época industrial moderna.
4° El período contemporáneo.

Sin embargo resulta imposible identificar un punto de partida único para la globalización.
Pero aun así se pondrá de punto de partida en el nacimiento de la modernidad, la globalización será entendida como
un proceso paralelo al surgimiento y a la evolución de la modernidad.

En Conclusión
Hay cuatro elementos indispensables para el concepto de globalización:
a) Observarla desde el marco general de la modernidad con el fin de aprender toda su complejidad y sustento
histórico.
b) Entenderla como un constructo o artificio social, en el que involucra la sociedad en su totalidad y en el que se
presentan diversas relaciones de poder, resistencias y conflictos.
c) Comprenderla como un proceso dinámico en permanente cambio y transformaciones en que la sociedad
remodela su relación con el tiempo y el espacio.
d) Percibirla como un proceso que envuelve diversas dimensiones (políticas, económicas, sociales, ambientales,
jurídicas y culturales) y niveles territoriales (local, nacional, regional, global).

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