Teoría del Estado: Fundamentos y Contextos
Teoría del Estado: Fundamentos y Contextos
D´AURÍA, Aníbal; Teoría y crítica del Estado; Buenos Aires, Eudeba, 2012, pág. 13-36.
ABAL MEDINA (h), Juan Manuel y NEJAMKIS, Facundo Patricio; El Estado en Introducción a la Ciencia
Política, Julio Pinto (comp); Buenos Aires, Eudeba, 2006, pág. 185-201.
MÓDULO DOS: ELEMENTOS CONSTITUTIVOS DEL ESTADO
Unidad 2:
1.-Territorio: Concepto. Modos de adquisición. Ocupación. Conquista, otros medios. Los límites del territorio.
Procedimiento. Las prolongaciones del territorio. Aplicaciones concretas. El mar territorial y alta mar. Las zonas
económicas. La zona contigua. La plataforma continental. El espacio aéreo. Las características del territorio. Estado,
pueblo y nación. La población. Concepto. Pueblo. Nacionalidad. Ciudadanía. Sociología de la población. La población
como sujeto y como objeto. Pueblo en sentido natural y pueblo en sentido cultural. Nación.
2.-Población: El componente social y la superación del enfoque estrictamente jurisdiccional.
3.-Poder: El poder. Su naturaleza. Intencionalidad y efectividad. Decisiones de poder. Medios y herramientas: poder
económico, poder ideológico y poder político. Medios y herramientas. Expansión y contención del poder.
Bibliografía:
GRAÑA Eduardo y ÁLVAREZ, Cesar, Principios de Teoría del Estado y de la Constitución. Buenos Aires,
Ad-Hoc 2003, ISBN 50-894-383-1, pág. 97-125 - RESNIK, Mario H. Estado y Política: una aproximación sistémica,
Buenos Aires, La Ley S.A., 1997, pág. 101-111.
VILAS, Carlos María; El poder y la política: El contrapunto entre razón y pasión, Capítulo 2; Editorial
Biblos/Politeia; Buenos Aires, 2013, pág. 17-35.
Unidad 3:
1.-Legitimidad: Concepto de Legitimidad. Elementos del concepto de Legitimidad: Consentimiento y Legitimidad.
Las demandas o la sustancia de la Legitimidad. Legitimidad y conformidad a la ley. Significación política de la
Legitimidad: Diferenciación política y Legitimidad. Responsabilidad política y Legitimidad. Juicio o evaluación
política y Legitimidad. Controversias en torno a la Legitimidad: Críticas y respuestas Bibliografía:
Texto de la cátedra a cargo de Guido Buldurini, basado en el texto de COICAUD, Jean Marc; Legitimidad y Política.
Contribución al estudio del derecho y de la responsabilidad política, Homo Sapiens Ediciones, 2000.
Unidad 4:
1.- América y el nuevo patrón del poder mundial: Raza, una categoría mental de la modernidad. El capitalismo: la
nueva estructura de control del trabajo. Colonialidad del poder y capitalismo mundial. Colonialidad y eurocentrismo
del capitalismo mundial. Nuevo patrón del poder mundial y nueva intersubjetividad mundial. La cuestión de la
modernidad.
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2.- Deslizamiento semántico del concepto “Europa”. Dos conceptos de modernidad. Racionalidad e Irracionalidad o el
mito de la modernidad Bibliografía:
QUIJANO, Aníbal, Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina, en “La colonialidad del saber:
eurocentrismo y ciencias sociales, Perspectivas latinoamericanas”, Edgardo Lander (comp), Buenos Aires, Clacso,
2005; pág. 201-218
DUSSEL, Enrique; Europa, modernidad y eurocentrismo, en “La colonialidad del saber: eurocentrismo y
ciencias sociales, Perspectivas latinoamericanas”, Edgardo Lander (comp), Buenos Aires, Clacso, 2005; pág. 41-53.
Unidad 5:
1.-El modelo Iusnaturalista de la Antigüedad: Del periodo cosmológico a Platón. El modelo iusnaturalista aristotélico.
Estoicismo y cristianismo. Las concepciones del derecho en el pensamiento romano.
2.-El modelo Iusnaturalista de la Edad Media: La cultura, la Iglesia y el Derecho. Derecho Natural en Tomás de
Aquino. La superioridad del Derecho Natural: ley injusta, legitimidad del poder político y desobediencia legítima
Bibliografía:
RUIZ MIGUEL, Alfonso; Una filosofía del derecho en modelos históricos. De la antigüedad a los inicios del
constitucionalismo; Madrid, Editorial Trotta, 2002; pág. 80-83, pág. 17-73; pág. 110-117 y 141-154.
DA SILVEIRA, Pablo; ¿Por qué mataron a Sócrates?, y El gordo, el buey y el santo; en “Historias de
Filósofos”, Buenos Aires, Suma de Letras Argentinas, 2002, pág. 17-56 y pág. 87-105
Unidad 6:
1.-El modelo iusnaturalista de la Modernidad. El marco previo: Bodín, la Reforma protestante y Maquiavelo. La tríada
estado de naturaleza, contrato social y sociedad civil. Contractualismo e individualismo.
2.- La Ilustración: El proyecto ilustrado, características principales. Contexto Histórico, cultural y social
3.- Nicolás Maquiavelo: Contexto histórico, geográfico y político. Vida y Obra. Pensamiento político de Maquiavelo:
Estado, Crueldad y Consenso, Principado y Republica, Conflicto y Libertad, Ciencia Política, Virtud y Fortuna,
Moralidad y Política, Iglesia y Religión. Clásico y Moderno Bibliografía:
RUIZ MIGUEL, Alfonso; Una filosofía del derecho en modelos históricos. De la antigüedad a los inicios del
constitucionalismo; Madrid, Editorial Trotta, 2002; pág. 169-177; 196-239.
TODOROV, Tzvetan, El espíritu de la Ilustración, Barcelona, Galaxia Gutenberg Editores, 2014, pág. 9-25.
VARNAGY Tomás, Fortuna y Virtud en la República Democrática. Ensayos sobre Maquiavelo, CLACSO,
2000, pág. 9 -44
Unidad 7:
1.-Teoría política marxista: Marx y el problema del Estado. La crítica de la filosofía política hegeliana. El Estado
como superestructura. El Estado Burgués como dominio de clase. El Estado de transición. La extinción del Estado.
2.-Karl Marx: el recolector de señales. La disciplina secundaria. Los prefacios. El difícil trance. El asalto de la duda.
El canto de los gallos. La crítica de los ratones. Trabajos dispersos. Afiladores de cuchillos. Señales en el patíbulo.
Perro muerto. Estranguladores de Londres. La sagrada túnica de Tréves.
Bibliografía:
BOBBIO, Norberto; Ni con Marx ni contra Marx, México, Fondo de Cultura Económica, 1999, pág. 132-145.
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GONZALEZ, Horacio; Karl Marx, el recolector de señales; en “Los Asaltantes del Cielo. Política y
emancipación”, Buenos Aires, Editorial Gorla., 2006, pág. 13-68.
Unidad 8:
1.-La formación del Estado argentino: Orden, progreso y organización nacional. La organización nacional y la
construcción del Estado. La cuestión del progreso. La cuestión del orden. Aparato institucional y organización
nacional. Alianzas políticas y organización nacional.
Bibliografía:
OSZLAK, Oscar; La formación del Estado argentino. Orden, progreso y organización nacional, Buenos Aires,
Ariel, 2014, pág. 44-94.
Unidad 9:
1.-Liberalismo: concepciones filosóficas de base. Liberalismo y economía de mercado. Los liberalismos del siglo XIX
y siglo XX.
2.-Republicanismo: el ideal republicano de libertad. Un ideal de discriminación constitucional. El antónimo de la
libertad republicana. El imperio de la ley. La separación de poderes. Diseño democrático. Las distintas implicaciones
de la libertad como ausencia de dominación.
Bibliografía:
ANTON, Joan; El liberalismo, en Manual de Ciencia Política, Miguel Caminal Badía (Editor), Madrid,
Tecnos, 2005, pág. 87- 105.
Unidad 10:
1.- Democracia: La democracia clásica. Sus críticas. El ocaso del pensamiento democrático y el esbozo de la soberanía
popular. La tradición republicana y la teoría democrática. Liberalismo y democracia. La democracia en el pensamiento
contemporáneo. El mundo de las democracias. ¿El fin de un paradigma?
2.- Socialismo: concepto, su carácter utópico o científico. Tendencias y problemas actuales. Socialismo en
Latinoamérica.
Bibliografía:
RESPUELA, Sofía, La democracia: una discusión en torno de sus significados; en “Introducción a la Ciencia
Política”, Julio Pinto (comp), Buenos Aires, Editorial Eudeba, 2003, pág. 271-320.
BOBBIO, Norberto; Mateucci, N. y Pasquino, G.; Diccionario de Política, México, Siglo XXI Editores, 1994,
pág. 1501-1513.
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Unidad 11:
1.-Anarquismo: Introducción. Socialismo anti-autoritario. Coherencia entre fines y medios. La teoría proudhoniana de
la fuerza colectiva. ¿Materialismo o idealismo? Federalismo y anarquismo. Antiteologismo y anarquismo. Anarquía y
comunismo. Anarquía y pragmatismo. Ley versus contrato. 2.-Anarco/indigenismo. La fusión entre anarquismo e
indigenismo. Anarco-feminismo, anarcoindigenismo.
Bibliografía:
D´AURÍA, Aníbal; Introducción al ideario anarquista, en El anarquismo frente al derecho: lecturas sobre
Propiedad, Familia, Estado y Justicia, Buenos Aires, Libros de Anarres, 2007, pág. 11-49.
Unidad 12:
1.-Teoría del Estado en clave feminista: El origen del feminismo como construcción histórica de la realidad. El
concepto de patriarcado. Principales teorías de oposición al patriarcado desde el feminismo: teorías liberales, teorías
marxistas. La situación actual del feminismo. El feminismo de la igualdad y el feminismo de la diferencia. La
posibilidad de una teoría feminista del Estado.
Carole Pateman y el contrato sexual: el pacto patriarcal.
Bibliografía:
BALAGUER, María Luisa, Mujer y Constitución. La construcción jurídica del género, Valencia (España),
Ediciones Cátedra, Universidad de Valencia, 2005, pág. 23-56.
TORRES QUIROGA, Miguel, Carole Pateman y el contrato sexual: el pacto patriarcal; Revista Levadura,
2018.
Unidad 13:
1.-Autoritarismo: usos históricos y análisis político del término. Sistemas políticos autoritarios. Ideología autoritaria.
Comparación con la idea de dictadura.
2.-Totalitarismo: ideología como sistema de representación en el fenómeno totalitario. Utilización histórica y política
del término totalitarismo. Comparación con dictadura y autoritarismo.
3.-Dictaduras latinoamericanas: características de las intervenciones políticas de los aparatos militares en América
Latina durante el siglo XX. Las Fuerzas Armadas como actor político. La doctrina de la seguridad nacional.
Diferencias conceptuales con totalitarismo y autoritarismo. El estado burocrático autoritario.
Bibliografía:
CASALI de BABOT, Judith; Autoritarismo en Breve Vocabulario de Cultura Política. Aportes para una
cultura democrática, Casali de Babot (Directora), Tucumán, 2008, UNT – Facultad de Filosofía y Letras–Sadop;
pág. 35-52.
Unidad 14:
1.-La Teoría del Estado en la era de la globalización; ¿Ocaso del Estado?
Globalización: puntos de consenso en su conceptualización. Soberanía del Estado y globalización: Globalización:
Globalización o mundialización. Formas neo-medievales del orden político universal. Factores que erosionan el
concepto clásico de soberanía estatal: factor militar, factor económico, factor financiero. La cooperación internacional.
Los usos ideológicos de la noción de globalización y sus peligros. Soberanía del Estado: La pervivencia del Estado
como forma fundamental de la organización político-social. El contenido actual de la noción de soberanía.
Bibliografía:
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Unidad 1
1.-Teoría: explicación y prescripción. Los orígenes de la teoría política. El universo político, la política y “el político”.
El orden político: poder, derecho y creencias. Régimen de poder. Régimen de poder y derecho. Orden político y
creencias políticas. La crítica teórica.
2.-Estado: marco teórico y elementos para su análisis: dominación, centralidad, burocratización, poder militar.
Desarrollo histórico del concepto. Consolidación y expansión. El Estado de bienestar Keynesiano. El Estado en el
nuevo orden global.
TEORIA
EXPLICACION Y PRESCRIPCION
Se entiende por “teoría” a todo discurso más o menos coherente e hilado sobre cierto fenómeno o hecho; en otras
palabras, teoría es un sistema de proposiciones respecto de algo. Una teoría política, entonces, no es otra cosa que
un sistema de proposiciones sobre el fenómeno “política”; y una teoría del Estado es una sub-clase de teoría
política, es decir, está incluida en ese género más amplio que es la política en general.
En tanto sistema de proposiciones con pretensiones de coherencia, una teoría política puede ser de tres tipos, no
siempre fácilmente diferenciables en la práctica. Una teoría puede ser:
1. EXPLICATIVA,
2. NORMATIVA, O BIEN,
3. CRITICA.
1. EXPLICATIVA: Una teoría explicativa no sólo tendrá pretensiones de coherencia argumentativa, sino
también de verdad acerca de lo que dice; es decir, pretende dar cuenta del fenómeno que trata sin
comprometerse con ningún ideal normativo acerca del mismo. Pretende corresponderse con la realidad,
pretende ser un conjunto de proposiciones verdaderas. Ejemplo: la Teoría Pura del Derecho de Hans Kelsen.
Esta es una teoría explicativa del Derecho y del Estado que no tiene pretensión normativa, y sólo pretende
ser una adecuada explicación (es decir, verdadera) de todo ordenamiento jurídico positivo, sea este liberal,
comunista, democrático o totalitario.
2. NORMATIVA: Una teoría normativa tendrá pretensiones, no sólo de coherencia o discursiva, sino también
de validez normativa. Es decir: la pretensión de coherencia discursiva, por definición, va implícita en todo
discurso que inspire ser una teoría, pero a diferencia de las teorías explicativas, una teoría normativa no tiene
pretensiones de verdad (no es susceptible de verdad o falsedad), sino que tiene pretensiones de ser aceptada
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como justa, deseable o moralmente valiosa. Tiene pretensiones normativas. Pretende fundamentar un “debe-
ser” del fenómeno tratado, no simplemente constatarlo en la realidad. Independientemente de cómo se
presente el fenómeno en los hechos, este tipo de teoría pretende fundamentar un modelo de cómo debería ser
para ser considerado legítimo en términos morales. Ejemplo: El contrato social de Rousseau o la Teoría de la
Justicia de Rawls.
En resumen:
Los Sofistas
Es con los Sofistas en el S.V a.C., que la política se constituye por primera vez como un área específica del
conocimiento; es decir, como algo que puede ser enseñado y aprendido. Los sofistas enseñaban el arte de convencer
por medio de la palabra; enseñaban a imponer discursivamente la voluntad para vencer en las asambleas deliberativas
y en los pleitos judiciales. Este conocimiento era entendido como una habilidad, como un obrar (tekné). Su enseñanza
se centra básicamente en la retórica y la manipulación del lenguaje. No se trata de una escuela doctrinaria, sino de un
movimiento en que podían hallarse muy variadas concepciones del hombre, del cosmos y de la polis. De aquí se
extraen algunos presupuestos: relativismo epistemológico, relativismo antropológico, realismo político, importancia
del lenguaje y retórica.
En los sofistas no hay una “teoría política” expresamente desarrollada.
vivir, la eudaimonía. Es un precursor del conocimiento aplicado, o mejor dicho, de una teoría explicativa aplicada a
fines teóricos normativos.
La sofística, Platón y Aristóteles conforman los tres pilares fundamentales sobre lo que pudo constituirse, ya en la
antigüedad griega, un conocimiento teórico de la política, esto es, la conformación de la política como objeto de
reflexión y fundada.
En la antigüedad la teoría política no logró diferenciarse plenamente de la metafísica ni de la ética; y durante el
medioevo quedó subsumida y subordinada al dogma religioso y a la teología. Recién en la modernidad, se puede
hallar el deliberado propósito de construir una reflexión política libre de la metafísica, de la moral y de la religión.
La obra de El Príncipe significó un giro de enfoque y método. Maquiavelo retoma la tradición antigua, especialmente
el legado de la sofística y del aristotelismo; incluso, en menor medida, el del platonismo. Pero brinda a la política
autonomía respecto de la ética, la metafísica y la moral al separar clara, consciente y analíticamente el lenguaje
explicativo del lenguaje normativo.
Es desde Maquiavelo que podemos distinguir con claridad una teorización explicativa de una teorización normativa de
la política, el hombre y la sociedad.
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que entre esa pluralidad de individuos existan valores y/o intereses contrapuestos o, al menos, no coincidentes; es
preciso que esos individuos posean voluntades autónomas; o en otros términos: que se dé la posibilidad cierta de
conflictos entre los individuos que deben convivir entre sí. No cualquier modo de sobrellevar esos conflictos de
valores e intereses es política. Es necesario que la solución de esos conflictos interpersonales sea buscada evitando el
empleo liso y llano de la violencia física. Mientras los medios de la guerra son la violencia física directa, los medios
de la política excluyen la violencia física directa. La política más bien, es una economía de la violencia, un intento de
evitarla en la lucha por imponer valores o intereses. De ese modo, la política se ubica en una región intermedia entre la
armonía espontánea y la guerra: hay política cuando hay un conflicto, real o latente, y ese conflicto busca solucionarse
sin recurrir al empleo directo de la fuerza o la violencia física.
¿Cuáles son esos medios no violentos que emplea la política y que la constituye como tal?
Esos medios de la política, llamados “Técnicas de influencia”, son al menos tres: la amenaza, la contraprestación y la
argumentación. Se trata de recursos para influir sobre el comportamiento humano que pueden ordenarse como
gradación entre los extremos donde termina la política: la guerra, por un lado, y la armonía espontánea por el
otro. En efecto, la amenaza parece más próxima a la guerra, la contraprestación estaría en el medio y la
argumentación se halla más próxima a la armonía espontánea.
Con la amenaza, alguien pone a otro en la disyuntiva de obrar según la voluntad ajena o bien sufrir un daño de
su parte, no necesariamente daño corporal.
Con la oferta de contraprestación, alguien pone a otro en disyuntiva de obrar según la voluntad ajena y obtener
una recompensa. La amenaza y la contraprestación son dos caras de una misma técnica de influencia.
En cambio, la argumentación, consiste en la exposición discursiva de razones, lo que implica tener en cuenta
al otro como interlocutor válido capaz de discernir por sí mismo.
Se podría definir de forma amplia y general a la política como el intento de solucionar conflictos, entre personas
con valores y/o intereses disimiles, por medio de amenazas, contraprestaciones o argumentos. Universo o
mundo político, es el conjunto de esas relaciones e interacciones humanas. O sea, el universo político está
constituido por fuerzas, individuales o colectivas, que buscan imponerse recíprocamente valores e intereses; es
una esfera de acción humana donde esos valores e intereses se enfrentan, se apoyan, se imponen o se
neutralizan unos a otros por medio de diferentes formas de influencia (amenaza, contraprestación o
argumento).
El problema fundamental de la política es resolver la gran diversidad de valores e intereses, o en otros términos,
dirimir recurrentemente los conflictos que surgen de la interacción de seres existencialmente libres.
Todos estamos desde que coexistimos, dentro de ese universo político. La politicidad parece constituir un rasgo
existencial del ser humano. Pero si todos ejercemos influencias reciprocas unos sobre otros, ¿esto significa que todos
somos políticos? No. Si bien es cierto que todos ejercemos influencias sobre otros, POLITICO es quien ejerce
influencia como medio para acumular más influencia.
3. Una constelación de creencias y discursos que justifican la bondad y explican el funcionamiento de tal
régimen de poder y de tal derecho (creencias políticas predominantes)
Régimen de Poder
Se considera Poder al sistema de relaciones que surge del predominio de alguna o algunas de esas técnicas de
influencias (influencia es la capacidad subjetiva, de un sujeto, para determinar el comportamiento de otro sujeto por
medio de diferentes técnicas). El poder sería así como una suerte de objetivación climática de las influencias
predominantes: en la medida en que en cierto conglomerado humano prevalece el empleo de un determinado tipo de
influencia, las relaciones políticas se cristalizan en un determinado tipo de régimen de poder con una lógica propia de
funcionamiento.
Cuando en un conglomerado prevalecen las amenazas como técnica de acción política, entonces se trata de un
“régimen de poder autoritario”
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predominio en el mundo político, adquieren status de derecho, es decir, tienen pretensión de ser validos positivamente
para todos; y “positivamente” quiere decir que se apoyan en el régimen de poder vigente.
Régimen de poder y derecho se apoyan recíprocamente: el régimen de poder dota al derecho de “efectividad”; el
derecho dota al régimen de poder de “legalidad”. Efectividad y legalidad son dos caras de una misma moneda: el
orden jurídico-político de una sociedad. El funcionamiento de un orden político se funda en ambas cosas: la legalidad
brinda regularidad y habilita al ejercicio del poder; el poder busca hacer efectivo al derecho, previendo que no se lo
vulnere o sancionando cuando se ha vulnerado.
El derecho puede ser visto como la expresión legal del orden político. Conocer el derecho de una sociedad nos permite
hacernos una idea de los valores e intereses dominantes y de las fuerzas políticas de mayor influencia.
El derecho se presenta como: 1) meta, 2) como marco y 3) como instrumento de la acción política.
El derecho es meta de la acción política en tanto toda fuerza política busca que sus valores e intereses
adquieran el status de derecho; es decir, que se vuelvan válidos para todos. Buscan que sus propios valores e
intereses alcancen legalidad positiva.
En cuanto marco de la acción política, el derecho fija pautas de comportamiento político y de objetivos
políticos “correctos” bajo la forma de la prohibición/permisión; es decir, determinan cuales medios y objetos
políticos son admitidos y cuáles no.
El derecho también es instrumento de acción política desde el momento en que las fuerzas políticas que
tengan capacidad de fijarlo encuentran en él un medio efectivo de imponer sus propios valores e intereses.
Legitimidad
El poder y el Derecho conforman dos caras de una misma moneda, aportando uno efectividad y el otro legalidad al
orden político. Pero falta un tercer elemento constitutivo del orden político. En efecto, la unidad que conforman el
régimen de poder y el derecho puede ser vivenciada y valorada de muy diversas maneras por la gente sujeta a ese
orden. Esta puede brindar un alto grado de aceptación, puede mostrarse indiferente, puede experimentarlo como algo
ajeno, puede negarle expresamente cualquier apoyo o simpatía, o bien puede ser abiertamente hostil. En resumen: la
gente puede conceder a ese orden mayor o menor “legitimidad”; entendida como mayor o menor grado de
aceptabilidad que cosecha entre la población el régimen de poder y el derecho vigente. La legitimidad depende en gran
medida de las creencias políticas dominantes en una sociedad, creencias predominantes que también surgen de la
interacción política.
Efectividad, legalidad y legitimidad, son el triángulo que conforma a todo orden político.
Creencias políticas
Pueden ser:
1- Conservadoras
2- Transformadoras: 2.a Reformista 2.b Radicales
Las creencias políticas conservadoras, son las que resultan funcionales y reproductoras del derecho y del régimen de
poder vigente en su totalidad actual. Las creencias políticas reformistas son las que promueven una transformación
gradual y/o parcial del régimen de poder y el derecho vigentes. Las creencias políticas radicales son las que alientan
un cambio total y rupturista con el régimen de poder y el derecho vigentes.
Las creencias políticas son el tercer elemento constitutivo del orden político, junto con el régimen de poder y con el
derecho. Tanto las creencias políticas predominantes (o conservadoras) como las reformistas le reconocen al orden
vigente un considerable grado de legitimidad, mientras que las creencias radicales se la niega prácticamente toda.
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La crítica teórica
Una teoría científica deja de lado el empleo prescriptivo o normativo del lenguaje y se limita a explicar su objeto. Una
teoría científica evita (o pretende evitar) consideraciones extra-empíricas y extra-lógicas (religiosas, moralistas,
metafísicas) y así procura un alto grado de intersubjetividad y universalidad en el conocimiento.
Será recién después del monumental intento hegeliano de identificar historia y razón, y con la crítica materialista y
socializante de ese mismo sistema metafísico, cuando se entenderá la crítica como investigación, no de condiciones
trascendentales (ideales) de posibilidad, sino de condiciones materiales, históricas y sociales. Más específicamente en
Feuerbach, el anarquismo y el marxismo la crítica pasa a ser entendida como investigación de las condiciones
psicológicas, históricas y sociales que determinan epocalmente la esfera de la cultura. En este sentido, crítica no
equivale al uso cotidiano del término, sino que se presenta como una radicalización de la observación científica:
propiamente, se presenta como una observación de los supuestos, prejuicios y preconceptos desde los que otros
observan.
La reflexión y la investigación crítica buscan evidenciar los supuestos, condiciones de posibilidad y prejuicios en que
se basa una teoría, creencia o modo de pensar y comprender. De ese modo, la crítica intenta sacar a la luz los puntos
ciegos no explícitos ni conscientes de ciertas creencias. La reflexión crítica no es una vuelta a la confusión entre
observación y valoración que caracteriza al pensamiento pre-científico; más bien es una observación de segundo grado
que pone a la vista el suelo desde el cual se ha observado o valorado.
ESTADO
Marco Teórico
Es importante definir el Estado porque la política es un tipo de poder que se constituye, sobre todo en la modernidad,
alrededor de la idea de Estado.
Cuando nos referimos al poder ideológico, entendemos que este procede de la necesidad humana de dotar a la
vida de un significado último, compartir normas y valores, y participar en prácticas estéticas y rituales. Los elementos
asociados a este poder constituyen algo así como “el mapa cognitivo desde el que los actores interpretan su mundo”.
Este tipo de poder se puede expresar en una religión, como ocurrió en la antigüedad, o tal como el marxismo o el
liberalismo en la modernidad.
El poder económico está vinculado a la distribución de la dotación de los recursos económicos que produce
una sociedad.
El poder político está asociado a la utilidad de una regulación centralizada y territorial. El poder político se
asocia al poder estatal. Abal Medina: “Las variables político-institucionales que hacen referencia a las reglas de
diversos tipos que determinan una estructura diferencial de probabilidades para la realización de los intereses o metas
de los distintos grupos sociales”
Max Weber señala: Debe entenderse dominación a la probabilidad de encontrar obediencia dentro de un grupo
determinado para mandatos específicos (o para toda clase de mandatos). No es, por tanto, toda especie de
probabilidades de ejercer poder o influjo sobre otros hombres. En el caso concreto esta dominación (autoridad), en el
sentido indicado, puede descansar en los más diversos motivos de sumisión: desde la habituación inconsciente hasta lo
que son consideraciones puramente racionales con arreglo a fines.
La dominación, no solo es relacional sino también es asimétrica en tanto implica el acceso diferencial al control de los
diferentes recursos de poder que circulan socialmente. El acceso a esos recursos de poder proviene de las diferentes
posibilidades que asigna la matriz política.
Centralidad: Las relaciones políticas irradian desde el centro y hacia el centro para abarcar un territorio delimitado.
Burocratización: Es el desarrollo de un tipo particular de organización propio del Estado. Para Weber, el Estado
moderno en su forma ideal es el Estado burocrático. El desarrollo de una administración burocrática, contrariamente a
lo que indica el sentido común, implica entre otras características, una tajante división entre política y administración,
reservándose para esta última “el saber profesional especializado” así como la dominación de la impersonalidad
formalista: sine ira et studio.
Poder Militar:
¿Qué es el Estado?
El Estado es un conjunto diferenciado de instituciones y personal que implica una centralidad, en el sentido que las
relaciones políticas irradian desde el centro y hacia el centro para abarcar un territorio delimitado, y sobre el cual
reclama el ejercicio del monopolio de la coerción física legítima, para garantizar un orden que sostiene una
multiplicidad de relaciones insertas en una matriz político-social, la cual asigna probabilidades diferenciales a los
actores protagonistas.
A esto podríamos agregar 4 elementos: 1. Las relaciones de producción capitalistas, o mejor dicho, la propiedad
privada, tiene que ver al menos en el orden moderno con lo que denominamos condiciones estructurales impuestas por
la matriz imperante. 2. Frente a esta definición, el control del Estado se convierte en un elemento central de la lucha
política en tanto es potencialmente un lugar estratégico para generar cambios y/o transformaciones, inclusive
potencialmente en la misma matriz. 3. En el Estado moderno ese orden tiene características de estar legalmente
estatuido. 4. El Estado moderno desarrolla una serie de instituciones “rutinarias, racionalizadas y formalizadas de gran
alcance sobre los ciudadanos y sus territorios”
Para comprender el proceso de constitución de los Estados nacionales, utilizaremos el concepto de “ Estatidad” así
como la adquisición en el proceso de formación de ciertas propiedades que éste define como centrales.
Estatalidad. Características
Capacidad de institucionalizar su autoridad (imposición de “una estructura de relaciones de poder que garantice su
monopolio sobre los medios organizados de coerción”
Capacidad de internalizar una identidad colectiva mediante la creación de símbolos generadores de pertenencia y
solidaridad.
Clima intelectual y de época: cambio del orden simbólico legitimante (feudal al moderno)
Contractualismo
MAX WEBER: El estado es el monopolio legítimo del uso de la fuerza (formalismo, realismo)
La fórmula se adapta a cualquier tipo de estado (tiránico o no) y apunta al centro del poder y a lo que el estado no
puede renunciar: el uso de la fuerza
Max Weber
La probabilidad de encontrar obediencia dentro de un grupo determinado para mandatos específicos (o para
toda clase de mandatos).
Cuando hay cuadro administrativo: la probabilidad (en la que se puede confiar) de encontrar obediencia en un
grupo determinado para mandatos específicos o para toda clase de mandatos
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Resultado:
Impersonalidad
Consolidación y expansión
Esta nueva etapa se caracteriza por la consolidación de las relaciones capitalistas, así como por la centralización del
poder político y la concentración de los medios que le son específicos. A esto se le suma el problema de la
representación.
Esta etapa es la de consolidación de las relaciones capitalistas, con esto se consolida el Estado como garante de dichas
relaciones. Pero también surgen grandes cuestionamientos al poder despótico monárquico. Así se constituye una
esfera pública política, como espacio “sustraído a la influencia del Estado y critico respecto a los actos y fundamentos
de este” que no sólo significa diferenciarse del soberano, sino que tiene también como característica ser un espacio
propio de la burguesía, es decir que el pueblo no tiene acceso a este debate.
De esta forma las dos instituciones fundamentales que confluyeron en este proceso fueron, por un lado la división de
poderes. Como señala Montesquieu, la fórmula para evitar que un gobierno se convierta en tiránico pasa porque el
poder contrapese al poder. Por un lado, el desarrollo de instituciones representativas y el movimiento de ampliación
del sufragio fueron elementos que permitieron más inclusión de los habitantes de los Estados nacionales, lo que al
mismo tiempo consolidó la construcción de los mismos.
Se puede dividir la constitución de los Estados en dos etapas: una primera signada por un amplio desarrollo del Estado
“debido al militarismo geopolítico”. La segunda es un proceso en el cual cambia cualitativamente el accionar estatal
sin que esto signifique necesariamente un crecimiento de sus gastos. Fundamentalmente éste se desarrolla a partir de
tres áreas: 1- el desarrollo de una amplia infraestructura de comunicación; 2- una mayor intervención del Estado en la
economía; 3- la incipiente creación de alguna de las formas de lo que luego sería el Estado asistencial.
Al menos en términos de modelización, los Estados nacionales cristalizaron a fines del S XIX como Estados
capitalistas militaristas, representativos y nacionales. La representatividad puede situarse como señala Mann en este
periodo a lo largo de un continuo que va de la monarquía despótica a la democracia plena”
inclusión efectiva de las capas sociales inferiores, que se habían vuelto políticamente relevantes desde la aprobación,
en la mayoría de las democracias, del sufragio universal masculino.
Los Estados se ampliaron generando todo un entramado de organizaciones burocráticas que iban desde la regulación
de áreas económicas hasta tareas directamente productivas. En este Estado, la política adquirió una indudable
centralidad.
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TERRITORIO
Concepto
Es el espacio físico en el que el Estado se asienta, donde desarrolla su actividad y donde ejerce su poder.
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El poder del Estado implica una relación de mando-obediencia, y en consecuencia debe existir un lugar geográfico
preciso y delimitado en donde se materializan las consecuencias de esa relación; por ello, el territorio es uno de sus
elementos esenciales.
Jellinek dice, que la significación jurídica del territorio de un Estado se exterioriza de una doble manera: una positiva,
en tanto las personas que lo habitan quedan sujetas al poder del Estado que en él se asienta; y otra negativa, en cuanto
ese poder excluye el ejercicio de su poder por parte de cualquier otro Estado.
En un mismo territorio únicamente puede desplegar su poder un solo Estado.
Kelsen observa que existiendo determinadas normas jurídicas que se aplican más allá de las fronteras que se
reconocen a los Estados y otras a quienes no se encuentran dentro de ellas, sostiene que los límites políticos significan,
por lo general, una restricción para la vigencia del Derecho.
Hasta el S XIX no se consideró que la posesión permanente de un territorio fuera una condición necesaria para la
existencia del Estado.
El poder del Estado implica una relación de mando-obediencia que solo se refiere a los individuos, por ello, el Estado
requiere de la intermediación de la población. Es así que su población va configurando progresivamente el territorio
del Estado como consecuencia de su residencia continua y prolongada en una determinada zona geográfica aunque se
han reconocido otros modos de adquisición.
El Estado, según Jellinek, no tiene dominio de su territorio de la misma forma que los seres humanos son propietarios
de las cosas inmuebles; lo obtiene indirectamente a través del poder que ejerce sobre quienes integran su población.
No es una relación de Dominio, sino Imperio: el Estado manda a los individuos que asuman una cierta conducta con
relación a las cosas que les pertenecen.
La noción clásica expuesta por Jellinek, en el sentido de que el poder del Estado dentro de su territorio es soberano ha
sido puesta en crisis por la aparición de modernas formas de asociación. Las comunidades de Estados más
evolucionadas han producido el fenómeno de la aparición de organizaciones supraestatales que crean Derecho.
Modos de adquisición
Esta cuestión es objeto de estudio por parte del Derecho internacional público.
Podestá Costa enseña que tradicionalmente fueron reconocidos dos modos básicos de adquisición de territorio: la
ocupación y la conquista, a los que añaden otros de menor incidencia relativa.
Ocupación. La ocupación consiste en la toma de posesión que un Estado efectúa de un territorio antes
desconocido o despoblado y mantiene esa posesión de una forma efectiva y pública. Estas tierras eran consideradas
como cosas sin dueño (res nullius) y, al igual que en el caso de la posesión del derecho privado, se exigía el ánimo de
poseerla para sí.
Conquista. Es la sumisión a la soberanía de un Estado de un territorio perteneciente a otro Estado por medio
de la fuerza. La mera ocupación bélica implica ipso facto, la conquista.
La Carta de las Naciones Unidas prohíbe actualmente la amenaza o el uso de la fuerza contra la integridad territorial o
la independencia política de cualquier Estado.
otros medios. Un Estado puede ampliar su territorio en virtud de otros hechos, algunos originarios y otros
derivados.
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Lo adquiere por aluvión como resultado de la acumulación lenta de tierra que depositan las aguas formando islas o
deltas en el territorio marítimo fluvial, y adquiere por avulsión la masa de tierra que se desprende naturalmente de otro
territorio, añadiéndose al propio.
Los hechos derivados provienen de fuentes jurídicas.
La cesión es la transferencia de la soberanía sobre determinado territorio realizada por un Estado a otro como
consecuencia de un tratado internacional.
Un Estado, a su vez, puede fraccionarse dando lugar a la formación de varios o una parte de él puede emanciparse,
declarando su independencia. Los Estados que se forman de este modo adquieren sus respectivos territorios por
sucesión.
Se obtiene, a su vez, territorio por adjudicación cuando –existiendo litigio a su respecto- le es concedido a uno de los
Estados que se lo disputan, por sentencia o laudo de un tribunal arbitral o internacional.
Por prescripción, finalmente, un Estado adquiere el territorio que posee durante largo tiempo, aunque haya sido en
algún momento reivindicado por otro.
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Para Podestá Costa, se denomina “mar territorial” a la franja de aguas que se halla bajo la soberanía del Estado costero
y, por exclusión, “alta mar” o “mar libre” al vasto espacio marítimo que se sitúa fuera del espacio que los mares
territoriales delimitan. En sentido análogo, señala la Convención sobre la Alta Mar que “se entenderá por alta mar la
parte del mar no perteneciente al mar territorial ni a las aguas interiores de un Estado.
La alta mar está “abierta a todas las naciones” y ningún Estado puede “pretender legítimamente someter cualquier
parte de ella a su soberanía”. En alta mar, el poder que puede ejercer el Estado se limita, en principio, a las naves de su
propia bandera.
El mar territorial es la franja de agua comprendida entre la costa de un Estado, contada desde la línea de la más baja
marea, y una línea imaginaria que corre paralelamente a cierta distancia.
La convención sobre el mar territorial y la zona contigua establece que esa zona de mar se halla bajo el poder soberano
del estado costero, que se ejerce sobre las aguas, también sobre el espacio aéreo, el lecho y el subsuelo
correspondiente; y se encuentra limitada únicamente por el derecho al tránsito inocuo, que la costumbre internacional
reconoce a los buques y naves de otra bandera.
La elaboración del concepto de mar territorial en el S. XIII del que la alta mar es su contrafigura y tuvo por objeto la
protección de 2 valores fundamentales: otorgar la máxima libertad de navegación para todos los estados en cuanto
fuera compatible con la seguridad del estado costero.
La plataforma continental.
La plataforma continental es definida como el lecho del mar y el subsuelo de las zonas marinas adyacentes a las
costas, pero situadas fuera de la zona de mar territorial. El estado riberano de acuerdo con dicha convención “ejerce
derechos de soberanía sobre la plataforma continental a los efectos de su exploración y de la explotación de sus
recursos naturales”
El espacio aéreo
Distintas doctrinas se han planteado con relación al espacio aéreo:
1. La de la libertad absoluta que postula que el espacio aéreo no integra el territorio del Estado.
2. Luego la conocida como “de las zonas” semejantes conceptualmente a las doctrinas sobre el mar territorial
que lo divide en dos secciones mediante un plano horizontal ideal cuya altura es variada por los distintos
autores sin mayor fundamento científico considerándose libre a la superior y sometida a la inferior a la
soberanía del Estado subyacente.
3. La de la soberanía restringida, que admite que el espacio aéreo forma parte del territorio del Estado pero
reconoce a los demás el derecho inocuo, concepto cuya definición es imprecisa.
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4. Y por último la doctrina de la soberanía absoluta del Estado sobre su espacio aéreo que es la adoptada por la
mayor parte de las legislaciones positivas y por distintas convenciones internacionales.
Población es el conjunto de los seres humanos que conviven en forma estable en el territorio de un Estado.
Pueblo
El término pueblo tiene un alcance más limitado que el vocablo población, y además una mayor connotación
emocional e ideológica.
Nacionalidad
La nacionalidad es el vínculo particular que se establece entre un individuo y un Estado, como consecuencia del cual
aquel es considerado miembro de la comunidad política que éste constituye, según el derecho interno y el derecho
internacional.
Los extranjeros habitan la sociedad civil pero no son parte de la comunidad y sustentan al Estado.
El Estado regula la pérdida o adquisición de la nacionalidad.
Personalidad de ley es cuando coexisten en un mismo territorio dos ordenamientos jurídicos para regular las
relaciones políticas y sociales.
Territorialidad de ley es cuando en un mismo territorio rigen las mismas normas para todos los ciudadanos.
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Los Estados contemporáneos atribuyen una nacionalidad a toda persona física en el momento de nacer (nacionalidad
de origen).
Para hacer esto se sigue dos sistemas:
1) El del derecho de sangre (ius sanguinis) según el cual el individuo tiene la nacionalidad de sus padres
cualquiera sea el país de nacimiento; o
2) El del derecho de territorio (ius soli) que asigna a la persona la nacionalidad del Estado en cuyo territorio
nace, sea cual fuere la nacionalidad de sus padres.
Los derechos y obligaciones políticos, quedan habitualmente restringidos a los nacionales de los Estados.
El vínculo particular que implica la nacionalidad produce importantes consecuencias en el marco del derecho público
interno y en el derecho internacional, constituyendo una condición para que el individuo eventualmente pueda:
a) Ejercer los derechos políticos o estar sujeto a deberes militares;
b) Desempeñar funciones públicas o algunas de ellas, o ciertas profesiones o poseer determinados derechos o
actividades que están, en ese caso, vedados a los extranjeros;
c) Obtener pasaporte, retornar al país y, en caso de indigencia, ser repatriado por el Estado, y
d) Solicitar su protección diplomática, en aquellas oportunidades en que sus derechos fueran lesionados en el
extranjero.
Ciudadanía
La titularidad de los derechos civiles y obligaciones de esta naturaleza no se vinculan con el concepto de nacionalidad,
sino con el concepto de ciudadanía.
Son ciudadanos aquellos que se encuentran calificados legalmente para ejercer los derechos políticos. Supone a la
nacionalidad pero alude a un grupo reducido de la sociedad.
Así como el conjunto de ciudadanos tiene el poder de elegir a sus gobernantes, ósea componen el electorado activo y
el electorado pasivo lo componen los que no pueden ser elegidos. Como consecuencia de la previsión de ciertas y
determinadas condiciones específicas para acceder a una magistratura.
Sociología de la población
Kelsen, de acuerdo con una concepción unidimensionalista, considera al Estado como un orden normativo. La
población es una pluralidad de acciones y omisiones humanas, y solo en la medida en que las contempla el derecho.
Jellinek en su teoría general del Estado dice que es importante añadir al análisis del estatuto jurídico, el otro
conocimiento, el sociológico de la población y se interesa por dos aspectos: el cuantitativo (cantidad y distribución) y
cualitativos (composición y características)
Calidad optima
1) Por un lado están los autores que creen que la población debe ir aumentando sosteniblemente.
2) Dicen que un número ideal de habitantes.
Calidad optima
Modernamente los especuladores han girado en torno a la homogeneidad.
Homogeneidad cultural: a partir de la mezcla de distintas etnias a través de largos periodos históricos que generaron
individuos con rasgos similares.
Homogeneidad natural: la población pertenece a una sola raza dominante y pura.
Cierta homogeneidad contribuye a su estabilidad y viabilidad y la heterogeneidad contribuye a su evolución.
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Nación.
Una población (o pueblo en sentido natural) que se ha reconocido como un pueblo en un sentido cultural, al adquirir
conciencia de su relación homogénea, se transforma en una nación cuando es capaz además, de construir una voluntad
política común, por lo menos, en ,o que respecta a ciertas cuestiones, en momentos determinados.
Dice Heller el pueblo cultural se convierte en una nación cuando la conciencia de pertenecer al conjunto llega a
transformarse en una conexión de voluntad política.
Solo cuando un pueblo se esfuerza por mantener y extender de manera propia una voluntad política relevantemente
unitaria, sólo así se puede hablar de nación.
Un pueblo en sentido cultural que adquiere una voluntad política común se transforma conceptualmente en nación,
pero esa evolución no supone que deba afrontar luego inevitablemente el desafío de intentar constituir un Estado.
Dentro de un Estado pueden coexistir naciones con clara conciencia de sus respectivas individualidades y similitudes.
Los Estados serían así, la organización jurídica de la nación o su personificación.
El concepto de nación refiere a una grupo humano que como consecuencia de su historia valores y rasgos culturales
comunes posee la conciencia de una vinculación solidaria capaz de sustentar un poder político propio. Ernest Ranan
afirma que, para que una sociedad llegue a ser una nación, debe poseer glorias en el pasado, una voluntad común en el
presente y haber hecho grandes cosas juntas y querer hacerlas. Concluye que el pueblo en el sentido cultural es un
producto espiritual de los individuos que al que pertenecen y esbozó una fórmula, de que la nación es un alma, un
principio espiritual que se constituye por un plebiscito cotidiano.
PODER
El poder
El poder es inherente a todas las organizaciones complejas; esto incluye por supuesto, la más compleja de todas: la
sociedad humana. Es posible identificar relaciones de poder en todas las dimensiones de la vida, tanto en la esfera
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pública como en la privada, pero las condiciones, el modo y los fines de su ejercicio varían de acuerdo con los ámbitos
en que tiene lugar: sistemas políticos, organizaciones profesionales o deportivas, iglesias o cualquier otro, sin perjuicio
de que en algunos de esos ámbitos el vocablo “poder” no figure en el repertorio semántico de la respectivas practicas
discursivas
El estudio del poder político revela la existencia de contrapoderes, es decir, de competiciones y resistencias y, por
tanto, la eventualidad de oposición, conflicto, antagonismo y lucha con relación a su ejercicio y a quienes lo ejercen:
esas resistencias pueden ser abiertas o solapadas y alcanzar desigual eficacia, pero existen, para desconsuelo o
irritación de los poderosos y esperanza y aliento de los dominados.
Su naturaleza
Poder es una particular relación social en cuya virtud una persona o un grupo de personas obligan o inducen a otro u
otras a ejecutar determinadas acciones o a abstenerse de ellas, usualmente, pero no invariablemente, bajo amenaza de
alguna sanción a los renuentes.
El poder implica una asimetría en las relaciones sociales y, en consecuencia, una desigualdad. Las preeminencias y las
subordinaciones que sostienen la relación de poder se originan en una multiplicidad de cuestiones: edad, sexo,
filiación, cualidades personales, posesión de recursos escasos, producción y apropiación de información o
conocimiento, desempeño de posiciones institucionales y otras. Esta asimetría específica, inherente a toda relación de
poder, se suma a otra más general: en todas las sociedades complejas el poder se encuentra desigualmente distribuid;
en todas ellas existen individuos y grupos con más poder que otros.
Jefes, reyes, presidentes, lideres, caudillos… por su propia naturaleza el poder no puede existir sin un titular real, sin
una unidad decisoria creada de acuerdo con ciertas condiciones históricas (económicas y sociales, materiales y
simbólicas). La titularidad del poder puede recurrir a delegaciones operativas o a determinadas mediaciones, pero para
ser tal debe funcionar en todos los casos, como una unidad de concepción y de ejecución. “La unidad del poder es
unidad en la voluntad del titular”. Sin esa unidad, el poder desaparece porque se diluyen la determinación de los
mandatos, los fines a los que éstos apuntan y el comportamiento que se pretende de los individuos.
Intencionalidad y efectividad
Toda relación de poder presenta dos características básicas: intencionalidad y efectividad. La intencionalidad significa
que se trata de una relación que obedece a un propósito, orientada a generar determinadas respuestas de aquellos
respecto de quienes se ejerce; una relación de poder no se entabla “por descuido” o “sin querer”. La efectividad refiere
a que el poder existe en sus efectos; se materializa cuando se consigue la obediencia buscada.
Si bien el poder es intencional, su efectividad es probabilística, condicionada siempre por la capacidad de resistencia,
subterfugios, evasivas, dilaciones, de aquellos de quienes se pretende acatamiento.
Decisiones de poder
Hablar de Decisiones de poder implica hacer referencia a la intencionalidad, al despliegue de la voluntad y, en última
instancia, a las relaciones sociales que dan lugar a los conflictos en torno a ideales, propósitos y medios para
alcanzarlos.
Las decisiones de poder y las acciones emprendidas en su consecuencia no existen en el vacío; se toman y ejecutan en
escenarios previamente configurados que a su turno experimentan el efecto de unas y otras, tanto para su reproducción
como para su modificación; son, en consecuencia, el resultado de la acción colectiva, de sus conflictos y
conciliaciones a través del tiempo. En conjunto generan un efecto de dominación que condiciona y orienta los
comportamientos individuales y colectivos, y ordena la reproducción del todo social, su relación con la naturaleza y
con otras colectividades humanas.
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Unidad 3
1.-Legitimidad: Concepto de Legitimidad. Elementos del concepto de Legitimidad: Consentimiento y Legitimidad.
Las demandas o la sustancia de la Legitimidad. Legitimidad y conformidad a la ley. Significación política de la
Legitimidad: Diferenciación política y Legitimidad. Responsabilidad política y Legitimidad. Juicio o evaluación
política y Legitimidad. Controversias en torno a la Legitimidad: Críticas y respuestas
LEGITIMIDAD
Concepto de Legitimidad
La legitimidad es el reconocimiento por parte de los gobernados del derecho de gobernar por parte de los gobernantes.
Justificar, simultáneamente, el poder de mando de los gobernantes y la obediencia por parte de los gobernados, es el
primer desafío de la legitimidad.
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Cuanto más importante es una obligación, más elevado es el nivel de aprobación necesario. Para que la facultad de
autoridad política revista un carácter jurídico, de derecho, y no recurra a un uso injustificado de la fuerza, el grado y el
valor del consentimiento deben ser proporcionales a la amplitud de la obligación impuesta.
El consentimiento justifica el recurso a la coacción.
Identidades y consentimiento:
No todas las demandas engendran derechos. Para adquirir el estatuto de derechos, aquellas deben ser percibidas como
deseables por el conjunto de la población.
El derecho se establece entonces en relación con lo que es vivido como deseable.
Cada individuo o grupo social reconoce como deseables un determinado conjunto de demandas, que puede variar
respecto de otros individuos o grupos sociales. Es por eso que cada miembro de la comunidad, considerado
individualmente, percibirá la destrucción o violación de esos conjuntos de valores como una amenaza a su propia
identidad.
La legitimidad de un determinado gobierno está atada a lograr el consentimiento de la mayor cantidad posible de
gobernados mediante la satisfacción de esas demandas. Si la situación fuera inversa y una gran mayoría rechazara las
políticas llevadas a cabo por los gobernantes, ello desembocaría en la perdida de legitimidad.
Es evidente que el solo consentimiento no basta para engendrar el derecho de gobernar. Se deben tener en cuenta las
demandas/derechos de los gobernados.
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a) El estudio de la vida política en términos de legitimidad equivale a un análisis de las condiciones que debe
cumplir la división entre gobernantes y gobernados en un marco de derecho, es decir de reciprocidad con los
miembros de la comunidad, es decir yo gobernado le otorgo al gobernante el poder y el gobernante garantiza
mis demandas y derechos).
prosperidad del grupo su deseo de éxito adquiere un valor político verdaderamente legítimo. Cuando hablamos de
poder político no es solamente el que le corresponde a la autoridad, es un compromiso, una responsabilidad, porque el
dirigente político no busca el poder para él (en teoría) sino busca el bienestar general. Cualquier dirigente político que
intente probar el derecho que tiene a gobernar debe satisfacer, tratar de satisfacer o pretender satisfacer las
necesidades, demandas e intereses de los miembros de la comunidad. La responsabilidad es una función de servicio al
grupo y se expresa por un sentimiento de deber en el ejercicio de un cargo público.
La responsabilidad del gobernante está unida a la actividad política. Se espera que tome decisiones y conduzca
acciones, no para satisfacer sus intereses privados sino en beneficio de las necesidades y demandas de la comunidad.
El gobernante es responsable siempre y cuando sus actividades políticas responden a las necesidades de la sociedad,
cuando da respuestas a las demandas. El gobernante que ha sido elegido por la sociedad para gobernar es el que tiene
la responsabilidad de sacar adelante a esa determinada comunidad, es una responsabilidad impostergable desde el
momento en que el poder político se sitúa en una perspectiva de legitimidad.
Es imposible separar la actividad política legítima de la responsabilidad, la cual es expresión de un poder que acepta
limitaciones impuestas por el derecho a gobernar.
Los límites impuestos a los gobernantes o al dirigente determinan el marco de la actividad legítima y el hecho de
respetarlos es a la vez la expresión y el instrumento de la responsabilidad. Fuera de estas condiciones, tanto el sentido
de la responsabilidad como la legitimidad de la acción política son cuestionados.
Sanción
Las sanciones tienen un rol esencial en la legitimidad. A diferencia del poder absoluto, la monarquía, que no reconoce
ninguna ley superior a la suya y niega la posibilidad de que el rey sea juzgado (por sus acciones), para la autoridad
política, es decir el gobernante que acepta prestar un servicio a la comunidad dentro de un marco de reglas (gobernar),
también acepta que se le atribuyan sanciones por los resultados de sus acciones.
Se entiende por sanción a la posibilidad que tiene el dirigente de ser condenado (política o penalmente) por las
decisiones y acciones de su autoría cuyos efectos nefastos han recaído sobre la sociedad.
Las nociones de responsabilidad y sanción resultan importantes para la preservación de la organización social y
política.
Desde lo social para conservar la paz en la sociedad evitando generar incertidumbre en los individuos y por
consiguiente desórdenes, por lo tanto se debe establecer la responsabilidad del dirigente culpable y castigarlo.
En cuanto a lo político, tiene que ver con la existencia de límites a la acción política de los gobernantes, la
transgresión de los límites implica una sanción.
En algunos casos ante esta situación, es decir ante los problemas que no pueden resolver por su mal accionar, los
políticos lo que hacen es lavarse las manos, para preservar su credibilidad, responsabilizando a terceros o a las
circunstancias. En este caso son los gobernados los que tienen la obligación de recordar constantemente al gobernante
sus deberes. Lo hace a través de protestas y manifestaciones.
el primero consiste en preguntarse cuáles son las demandas y derechos que deben garantizar los gobernantes y
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un segundo momento en el que se analiza si los gobernantes lograron llevar a cabo en la realidad aquellas
demandas y derechos deseados por los gobernados.
Es decir se evalúa lo que deben hacer y lo que hacen las autoridades políticas. ¿De qué es responsable el político? ¿Lo
que está haciendo es su obligación? ¿Lo que está haciendo está bien o mal? Esa es la realidad política concreta.
Si existe una adecuación suficiente entre la realidad política y las demandas y derechos originarios, la legitimidad se
hace presente. Si no es así, un juicio negativo declara la ilegitimidad de la acción de los gobernantes.
2- El segundo componente es la perspectiva del evaluador. Cada miembro de la sociedad juzga el accionar del
gobernante de acuerdo a sus intereses, deseos y expectativas, es decir que el juicio del evaluador no puede
separarse de su status o condición social.
Críticas y respuestas
1- Crítica Nº1 al Derecho y la Legitimidad
El derecho cuestionado. Esta tesis sostiene que las relaciones entre gobernantes y gobernados, no estarían ordenadas
en función del bien público sino de los intereses particulares de los gobernantes. La finalidad de la política no es el
bien general sino el interés de quienes la dirigen.
Esta postura sostiene que como la política es susceptible de asegurar la subsistencia financiera de un individuo se
vuelve un empleo que tiene como exclusiva finalidad la lucha del poder.
Al derecho se lo percibe como estando al servicio de los gobernantes y no como mediadora entre dirigentes y
dirigidos.
Respuesta. Se plantea una comprensión más equilibrada del derecho considerando tres elementos:
En primer lugar no existe la posibilidad de una vida social sin un conjunto de derechos y deberes.
En segundo lugar, el derecho es para los gobernados un medio de protegerse de los excesos de poder que
pueden cometer los gobernantes.
Por último, el derecho permite asimismo describir y explicar las transformaciones de una comunidad.
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En respuesta a esta crítica, se plantea que los gobernantes solo gozan de una situación segura y estable cuando están
arraigados en la sociedad cuya dirección y coordinación asumen. Para gozar de las condiciones más favorables en el
ejercicio de poder, los dirigentes tienen la necesidad del consentimiento de los dirigidos.
b- Críticas a la calidad del consentimiento. En primer lugar la crítica señala que el consentimiento no implica
más que un nivel de satisfacción individual de las necesidades que varía según la evolución de las situaciones
particulares de cada gobernado. Es una evaluación meramente individual y egoísta. En segundo lugar, plantea que
los individuos solo consienten por prudencia/temor o alineación cultural, es decir mediante amenazas de sanciones
directas o indirectas o de perder algunos bienes o derechos. El consentimiento lejos de ser la expresión libre de la
autonomía de la voluntad de los individuos, es indisociable del estado de alineación en la que viven, es el
resultado de la falsa conciencia engendrada por el trabajo de embrutecimiento generalizado que produce la
ideología. Por último, la crítica va a señalar que el consentimiento solo es propio en los regímenes
democráticos.
En respuesta a las críticas y en defensa de la calidad del consentimiento se plantea que:
El consentimiento es individual pero también se preocupa por los demás. El consentimiento se da en función que tiene
los gobernantes para asumir y concretar determinados los servicios. Sólo así los gobernantes reciben el apoyo de los
dirigidos, por tanto es normal que los dirigidos tomen en cuenta el nivel de satisfacción personal en el acto de
consentir pero también se basan en una cierta preocupación por los demás miembros del grupo.
Los individuos poseen la facultad de deliberar y consentir. El hecho de manifestar prudencia no quiere decir que el
consentimiento se resultado de sus miedos.
El argumento que afirma que los dirigidos no poseen las capacidades intelectuales necesarias para interpretar los
diferentes aspectos de la vida política, se le responderá que actualmente es imposible conceder crédito a esta tesis, por
cuanto el hecho de que una persona no haya tenido una determinada educación formal no impide que conozca sus
propias necesidades y que pueda evaluar una acción política.
Por último, sin poner en cuestión la cuota de verdad contenida en la afirmación que dice que el consentimiento está
influenciado por la ideología, hay que evitar asimilarlo sistemáticamente con una visión falsa de la realidad política.
También es objetable el argumento que ve en el consentimiento un fenómeno limitado a la democracia. No es por el
hecho de que el acto de consentir sea central y está institucionalizado en un régimen democrático, que su acción le
este particularmente reservada. Sino que para su existencia y su función sean definidas, es necesario que exista una
relación de reciprocidad basada en el reconocimiento mutuo de derechos y deberes por parte tanto de gobernantes
como de gobernados.
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Unidad 4
HISTORIA DE LA FILOSOFÍA POLÍTICA y DEL DERECHO
1.- América y el nuevo patrón del poder mundial: Raza, una categoría mental de la modernidad. El capitalismo: la
nueva estructura de control del trabajo. Colonialidad del poder y capitalismo mundial. Colonialidad y eurocentrismo
del capitalismo mundial. Nuevo patrón del poder mundial y nueva intersubjetividad mundial. La cuestión de la
modernidad.
2.- Deslizamiento semántico del concepto “Europa”. Dos conceptos de modernidad. Racionalidad e Irracionalidad o el
mito de la modernidad
La Raza
No tiene antecedentes históricos antes de América, que fue donde se situó como referencia a supuestas estructuras
biológicas diferenciales entre conquistadores y conquistados. Se fundaron relaciones sociales en base a dicha idea, con
lo que surgieron identidades nuevas como: indios, negros, mestizos, entre otros. Y los términos español y portugués
(más tarde europeo), comenzaron a tener connotación racial. De acuerdo a las relaciones de dominación, se
determinaron jerarquías, lugares y roles sociales, lo que significó que la raza e identidad racial fuesen instrumentos de
clasificación social para la población. Para los colonizadores, el color fue establecido como rasgo fenotípico y
emblemático para determinar una categoría racial; ellos se autodenominaron como blancos. De ahí que la idea de raza
sirviera como legitimación a las relaciones de dominación impuestas por la conquista, lo cual significó que los pueblos
sometidos fuesen situados en una posición de inferioridad respecto a sus rasgos fenotípicos, descubrimientos mentales
y culturales.
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de la servidumbre y recibió un trato especial por su labor de intermediario con los dominadores, sin embargo los
negros fueron relegados a la esclavitud. Españoles y portugueses podían recibir salario, ser comerciantes
independientes o agricultores (productores independientes de mercancías). En el transcurso de la expansión mundial
de la dominación colonial, surgieron nuevas identidades históricas y sociales (amarillos y aceitunados), las cuales se
agregaron a los blancos, indios, mestizos y negros. Así una distribución racista del trabajo, significó una exclusiva
asociación de la blanquitud social con el salario y puestos de mando de la administración colonial. Incluso aquellos en
proceso de colonización y futuros europeos, asociaron el salario a las razas dominadoras, por cuanto los dominados
eran inferiores. Antecedentes de genocidio se verificaron cuando los indios fueron catalogados como mano de obra
desechable, por lo que estaban obligados a trabajar hasta morir, sólo se produjo el cese de ésta cuando los indios de
América fueron adscritos a un régimen de servidumbre no pagada (no equiparable al feudalismo europeo), y el trabajo
de esclavo, otra forma no pagada, fue destinada exclusivamente a la población traída desde África, llamados negros.
Las formas de trabajo no pagadas fueron asignadas a las razas colonizadas (indios, negros y mestizos) en América y
en el resto del mundo a los amarillos y oliváceos. América se situó en una privilegiada posición, producto del control
de metales preciosos y mercancías generadas del trabajo gratuito de los inferiores, además de su ubicación en la
vertiente del Atlántico como vía necesaria de intercambio comercial. Con esto se genera urbanización entre vastas
regiones, integradas y monetizadas por el flujo de metales provenientes de América, lo que convierte a Europa
Occidental en un concepto geo cultural, además de sede central del control del mercado mundial. Desde Europa
entonces fueron atribuidas nuevas identidades neo-culturales; después de América y Europa, fueron establecidas Asia,
África y eventualmente Oceanía, y sólo las formas y nivel de desarrollo político y cultural e intelectual, permitieron a
Oriente tener dignidad suficiente para ser el otro. Concentró bajo se hegemonía mundial, el control de la subjetividad,
la cultura y conocimiento y producción de éste, realizando para ello: a) expropiaciones a las poblaciones colonizadas.
b) represión a sus modos de producción de conocimiento. c) forzaron a los colonizados a aprender lo útil para la
reproducción de la dominación, sea en el campo material, tecnológico, como en lo subjetivo, especialmente en el área
religiosa (judeo-cristiana). El éxito de Europa de convertirse en el centro del moderno sistema-mundo, desarrolló en
los dominadores coloniales e imperiales de la historia; el etnocentrismo. Los europeos sostuvieron una perspectiva
temporal de la historia y re-ubicaron a los pueblos sometidos y a sus culturas, en el pasado de una trayectoria histórica,
cuya culminación era Europa, asignándoles una categoría propia de su raza inferior y por lo tanto atrasados y
anteriores a los europeos.
estimulaban y permitían, hizo que a tales blancos les fuera posible el control de la vasta red preexistente de
intercambio comercial. Eso también les hizo posible concentrar el control del capital comercial, del trabajo y de los
recursos de producción en el conjunto del mercado mundial. Todo ello fue reforzado y consolidado a través de la
expansión de la dominación colonial blanca sobre la diversa población mundial.
El control del tráfico comercial mundial por los grupos dominantes, en las zonas del Atlántico donde tenían sus sedes,
impulsó un nuevo proceso de urbanización en esos lugares, la expansión del tráfico comercial entre ellos, y la
formación de un mercado regional crecientemente integrado y monetizado. Europa y Europa occidental se constituía
como una nueva id-entidad geo cultural que emergía como la sede central del control del mercado mundial.
Europa se convirtió también, hasta el siglo XIX en la sede central del proceso de mercantilización de la fuerza de
trabajo. Todo el resto de las regiones y poblaciones incorporadas al nuevo mercado mundial, colonizadas
permanecían bajo relaciones no-salariales de trabajo, sus recursos y sus productos, se articulaban en una cadena de
transferencia de valor y de beneficios cuyo control correspondía a Europa Occidental.
Los europeos asociaron el trabajo no pagado con las razas dominadas, porque eran razas inferiores. El genocidio de
los indios en las primeras décadas de la colonización no fue causado porque tales indios fueron usados como mano de
obra desechable, forzados a trabajar hasta morir. La eliminación de esa práctica colonial culmina, a mediados del siglo
XVI. Los indios en adelante fueron adscritos a la servidumbre no pagada.
El control del trabajo en el nuevo patrón de poder mundial se constituyó, articulando todas las formas históricas de
control del trabajo en torno de la relación capital-trabajo asalariado. Dicha articulación fue constitutivamente colonial,
se fundó, primero, en la adscripción de todas las formas de trabajo no pagadas a las razas colonizadas, originalmente
indios, negros y los mestizos, en América y más tarde en el resto del mundo. Y, segundo, en la adscripción del trabajo
pagado, asalariado, a la raza colonizadora, los blancos.
Esa colonialidad del control del trabajo decidió la geografía social del capitalismo: el capital. Dicha relación social fue
geográficamente concentrada en Europa. Yen esas medidas, Europa y lo europeo se constituyeron en el centro del
mundo capitalista.
La cuestión de la modernidad.
A los europeos occidentales les llevó a pensarse como los modernos de la humanidad y de su historia, como lo nuevo
y al mismo tiempo lo más avanzado de la especie. Los europeos imaginaron también ser no solamente los portadores
exclusivos de tal modernidad, sino sus exclusivos creadores y protagonistas. La modernización no implica
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Dussel ha propuesto la categoría de transmodernidad como alternativa a la pretensión eurocéntrica de que Europa es
la productora original de la modernidad. América y sus consecuencias en el mercado mundial y en la formación de un
nuevo patrón de poder mundial, son un cambio histórico verdaderamente enorme y que no afecta solamente a Europa
sino al conjunto del mundo. Se trata del cambio del mundo como tal. El elemento fundante de la nueva subjetividad es
percepción del cambio histórico. La percepción del cambio lleva a la idea del futuro, puesto que es el único territorio
del tiempo donde pueden ocurrir los cambios. El futuro es un territorio temporal abierto. El tiempo puede ser nuevo.
La historia puede ser percibida ya no sólo como algo que ocurre, sino como algo que puede ser proyectado.
Con América se inicia, pues, un entero universo de nuevas relaciones materiales e intersubjetivas. El concepto de
modernidad da cuenta de los cambios en la dimensión material de las relaciones sociales. Los cambios ocurren en
todos los ámbitos de la existencia social de los pueblos y de sus miembros individuales. La modernidad generó un
horizonte de liberación de las gentes de toda relación, estructura o institución vinculada a la dominación y a la
explotación, pero también las condiciones sociales para avanzar en dirección a ese horizonte.
• Otorgar sentido a las diferencias entre Europa y no-Europa, negándolas consecuentes relaciones de poder
implicadas en esta distinción. Lo anterior, llevó a los europeos a catalogarse como los modernos de la humanidad; es
decir lo nuevo y más avanzado de su especie. Dussel a partir de aquello, propuso la categoría de transmodernidad,
según la cual la constitución del ego individual diferenciado es lo nuevo que ocurre con América y es la marca de la
modernidad. América y sus consecuencias inmediatas en el mercado mundial y la formación de un nuevo patrón de
poder, son un Cambio Histórico, que afecta al mundo, y genera cambios al mundo como tal; esto es un elemento
fundante de la percepción del cambio histórico. Esta visión, lleva a la idea de futuro, puesto que es el único territorio
del tiempo donde pueden ocurrirlos cambios. Las prácticas sociales implicadas en el patrón de poder mundial, se
asocian a la perspectiva sobre el tiempo y la historia, al cambio histórico; requieren necesariamente la des-
sacralización, el cambio o desmantelamiento de las estructuras e instituciones. La individuación de las gentes, sólo
adquiere su sentido en ese escenario; la necesidad de un foro propio para pensar, dudar, decidir, la libertad individual
contra las adscripciones sociales fijadas y en consecuencia la necesidad de igualdad social entre los individuos.
Eurocentrismo:
Patrón abstracto para categorizar la sociedad (perspectiva y modo concreto de producir conocimiento). Con la
elaboración intelectual se produjo una perspectiva de conocimiento y modo de producirlo, que dan cuenta del carácter
de patrón mundial de poder; colonial/moderno, capitalista y euro centrado.
b) Naturalización de las diferencias culturales entre grupos humanos promedio de su codificación con la idea de
raza.
c) La distorsionada reubicación temporal de todas esas diferencias, de modo que lo no-europeo es percibido
como pasado. El Capital, como relación social basada en la mercantilización de la fuerza de trabajo, nace
aproximadamente en los siglos XI-XII. Es bastante más antiguo que América, pero sólo en ella el capital pudo
consolidarse y obtener predominancia mundial. El mito fundacional de la versión eurocéntrica de la
modernidad, en que el estado de naturaleza es el punto de partida del curso civilizatorio y la culminación es la
civilización europea u occidental, surge la eurocéntrica perspectiva evolucionista, de movimiento y cambio
unilineal y unidireccional de la historia humana; lo cual fue asociado a la clasificación racial de la población
del mundo. Esta visión provocó una combinación paradójica entre evolucionismo y dualismo.
El cambio histórico
Es un proceso en el cual una entidad se transforma de manera continua, homogénea y completa en otra cosa y
abandona absolutamente la escena histórica. Cada unidad diferenciada como una economía/sociedad, es una
entidad/identidad homogénea. Sin embargo al hablar de capitalismo, nos encontramos con una estructura de elementos
heterogéneos, los cuales se relacionan entre sí y con el conjunto de manera discontinua e incluso conflictiva. Nuevo
dualismo: La diferenciación entre el cuerpo y no-cuerpo es universal en la historia de la humanidad, común en las
civilizaciones. Y también es universal la permanente co-presencia de ambos elementos como dimensiones no
separables. Su separación deviene desde el mundo cristiano, sobre la base de la primacía del alma sobre el cuerpo.
Pronto Descartes convierten lo anterior en una radical separación entre razón/sujeto y cuerpo. El hombre, es por
excelencia un ser dotado de razón, lo cual se localiza exclusivamente en el alma. Durante el siglo XVIII, este dualismo
fue asociado con las ideas de progreso y de un estado de naturaleza en la trayectoria humana, además de los mitos
sobre la versión eurocéntrica de la humanidad.
Eurocentrismo y experiencia histórica en América latina. Moderno Estado- nación de América latina
Se trata de una sociedad nacionalizada y políticamente organizada, la cual incluye las instituciones modernas de
ciudadanía y democracia. Un Estado-nación es una especie de sociedad individualizada entre los demás, entre sus
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individuos existe una identidad. Sin embargo toda sociedad se organiza en torno al poder, y en las concepciones
modernas, toda homogeneización de la población de un estado-nación, consiste en la común participación democrática
en el control de la generación y de gestión de instituciones de autoridad pública y sus específicos mecanismos de
violencia. La idea de Estado-nación surge como proceso de colonización de algunos pueblos sobre otros; en el caso de
España, el proceso incluyó la expulsión de algunos grupos, como los musulmanes y judíos, la cual fue considerada la
primera experiencia de limpieza étnica en tiempos modernos. Sin embargo, la existencia de un fuerte Estado central
no es suficiente para producir homogeneización de una población diversa y heterogénea, la cual debería contar con
identidad común y duradera lealtad hacia ella. Ejemplos: Francia es evidencia de una exitosa construcción, en cambio
España es la menos exitosa.
Revolución democrático-burguesa
Proyecto en el cual la burguesía organiza a la clase obrera, a los campesinos y a otros grupos dominados para arrancar
al señorío feudal del control del Estado y organizar la sociedad en términos de capital y burguesía.
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que la diacronía unilateral Grecia-Roma-Europa (Esquema 2) es un invento ideológico de fines del siglo XVIII
romántico alemán; es entonces un manejo posterior conceptual del "modelo ario", racista.
En segundo lugar, lo "occidental" será el imperio romano que habla latín, que ahora contiene al África del norte. Lo
"occidental" se opone a lo "oriental, el imperio helenista, que habla griego. En lo "Oriental" está Grecia y el "Asia”, y
los reinos helenistas hasta los bordes del Indo, y también el Nilo ptolomaico.
En tercer lugar, Constantinopla desde el siglo VII, el imperio romano oriental cristiano, se enfrenta al mundo árabe
musulmán creciente. "Lo griego clásico" es tanto cristiano bizantino como árabe musulmán.
Esquema 1
La influencia griega no es directa en la Europa latino occidental (pasa por las flechas a y b). La secuencia c de la
Europa moderna no entronca con Grecia, ni tampoco directamente con el mundo bizantino (flecha d), sino más bien
con el mundo latino romano occidental cristianizado.
En cuarto lugar, la Europa latina medieval se enfrenta igualmente al mundo árabe-turco. Nuevamente Aristóteles, por
ejemplo, es considerado más un filósofo en manos de los árabes que de los cristianos. Abelardo, Alberto Magno y
Tomas de Aquino, contra la tradición y arriesgándose a condenaciones, usan al Estagirita. En efecto, Aristóteles será
estudiado y usado como el gran metafísico y lógico en Bagdad, mucho antes que sea traducido en la España
musulmana al latín, y de Toledo llegue a París a finales del siglo VII. Europa se distingue ahora del África, por
primera vez, y del mundo oriental (principalmente del imperio bizantino, y de los comerciantes del Mediterráneo
Oriental, del Medio Oriente). Las cruzadas son el primer intento de la Europa latina de imponerse en el Mediterráneo
Oriental. Fracasan, y con ello la Europa latina sigue siendo una cultura periférica, secundaria y aislada por el mundo
turco y musulmán, que domina geopolíticamente desde Marruecos hasta Egipto, la Mesopotamia, el imperio Mogol
del norte de la India, los reinos mercantiles de Malaka, hasta la isla Mindanao en Filipinas en el siglo XIII. La
"universalidad" musulmana es la que llega del Atlántico al Pacifico. La Europa latina es una cultura periférica y nunca
ha sido hasta ese momento "centro" de la historia; ni siquiera con el imperio romano (que por su ubicación
extremadamente occidental nunca fue centro ni siquiera de la historia del continente euro-afro-asiático). Si
algún imperio fue centro de la historia regional euro-asiática antes del mundo musulmán, solo podemos remontarnos a
los imperios helenistas desde los Seleusidas, Ptolomeicos, el de Antíocos, etc. Pero, de todas maneras, el helenismo no
es Europa, y no alcanzó una "universalidad" tan amplia como la musulmana en el siglo XV.
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En quinto lugar, en el renacimiento italiano (especialmente después de la caída de Constantinopla en 1453), comienza
una fusión novedosa: lo Occidental latino (secuencia c del esquema), se une con lo griego Oriental (flecha d), y
enfrenta el mundo turco, el que, olvidando el origen helenístico-bizantino del mundo musulmán, permite la siguiente
ecuación falsa: Occidental = Helenístico + Romano + Cristiano. Nace así la "ideología" eurocéntrica del romanticismo
alemán.
Esquema 2
Esta secuencia es hoy la tradicional. Nadie piensa que es una "invención" ideológica y que pretende que desde la
época griega y romana dichas culturas fueron "centro" de la historia mundial. Esta visión es doblemente falsa:
1. en primer lugar, porque, no hay todavía historia mundial.
2. en segundo lugar, porque el lugar geopolítico le impide poder ser "centro" (el Mar Rojo o Antioquía, lugar de
término del comercio del Oriente, no son el "centro" sino el límite occidental del mercado euro-afro-asiático).
Tenemos así a la Europa latina del siglo XV, situada por el mundo musulmán, periférico y secundario en el extremo
occidental del continente euro-afro-asiático.
Esquema 3
Aclaración: la flecha a indica la procedencia del homo sapiens en América y las influencias neolíticas del Pacífico;
nada más.
Dos conceptos de "Modernidad": Hay dos conceptos de "modernidad". El primero es eurocéntrico, provinciano,
regional. La modernidad es una emancipación, una "salida" de la inmadurez por un esfuerzo de la razón como proceso
crítico, que abre a la humanidad a un nuevo desarrollo del ser humano. Este proceso se cumpliría en Europa, en el
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siglo XVIII. Los acontecimientos históricos claves para la implantación del principio de la subjetividad (moderna) son
la Reforma, la ilustración y la Revolución Francesa.
Denominamos a esta visión "eurocéntrica" porque indica como punto de partida de la "Modernidad" fenómenos intra-
europeos, y el desarrollo posterior no necesita más que Europa para explicar el proceso.
Proponemos una segunda visión de la "Modernidad", en un sentido mundial, y consistiría en definir como
determinación fundamental del mundo moderno el hecho de ser "centro" de la historia Mundial. Nunca hubo
empíricamente Historia Mundial hasta el 1492. Anteriormente a esta fecha los imperios o sistemas culturales
coexistían entre sí.
España, abre la primera etapa "moderna": el mercantilismo mundial. Las minas de plata de Potosí y Zacatecas
permiten acumular riqueza monetaria suficiente para vencer a los turcos en Lepanto veinticinco años después de dicho
hallazgo. Para nosotros, la "centralidad" de la Europa latina en la Historia Mundial es la determinación fundamental
de la Modernidad. Las demás determinaciones se van dando en torno a ella (la subjetividad constituyente, la
propiedad privada, la libertad del contrato, etc.)
La segunda etapa de la "Modernidad", la de la revolución industrial del siglo XVIII y de la Ilustración, profundizan y
amplían el horizonte ya comenzado a fines del siglo XV. Inglaterra reemplaza a España como potencia hegemónica
hasta 1945, y tiene el comando de la Europa moderna, de la Historia mundial.
Esta Europa Moderna "centro" de la Historia Mundial, constituye, por primera vez en la historia, a todas las otras
culturas "periferia".
Esquema 4
Aclaraciones: flecha a: la primer periferia; b: el esclavismo en sus costas occidentales; flecha c: algunas colonias
(como Goa, etc.), pero sin ocupación continental; d: emancipación de Estados Unidos; e: emancipación
hispanoamericana.
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más de un siglo por el ergo con que ro (Yo conquisto) práctico del hispano-lusitano que impuso su voluntad (la
primera “Voluntad-de-Poder” moderna) al indio americano.
Por su contenido secundario y negativo mito con, la “Modernidad” es la justificación de una praxis irracional de
violencia. El mito podría describirse así:
1) La civilización moderna se auto comprende como más desarrollada, superior.
2) La superioridad obliga a desarrollar a los más primitivos, rudos, bárbaros, como exigencia moral.
3) El camino de dicho proceso educativo de desarrollo debe ser el seguido por Europa.
4) Como el bárbaro se opone al proceso civilizador, la praxis moderna debe ejercer en último caso la violencia si
fuera necesario
5) Esta dominación produce víctimas que se consideran inevitables.
6) Para el moderno, el bárbaro tiene una “culpa”.
7) El carácter “civilizatorio” de la “Modernidad”, se interpretan como inevitables los sufrimientos o sacrificios
(los costos) de la “modernización” de los otros pueblos “atrasados”.
Si se pretende la superación de la “Modernidad” será necesario negar la negación del mito de la Modernidad. Para
ello, la “otra-cara” negada y victimada de la “Modernidad” debe primeramente descubrirse como “inocente”: es la
“víctima inocente” del sacrificio ritual, que al descubrirse como inocente juzga a la “Modernidad” como culpable de la
violencia sacrificadora, conquistadora originaria, constitutiva, esencial.
Sólo cuando se niega el mito civilizatorio y de la inocencia de la violencia moderna, se reconoce la injusticia de la
praxis sacrificial fuera de Europa y entonces se puede igualmente superar la limitación esencial de la “razón
emancipadora”. Se supera la razón emancipadora como “razón liberadora” cuando se descubre el “eurocentrismo” de
la razón ilustrada, cuando se define la “falacia desarrollista” del proceso de modernización hegemónico. Se trata de
una “TransModernidad” como proyecto mundial de liberación donde la Alteridad, que era co-esencial de la
Modernidad, se realice igualmente. Debe ser un proyecto “trans-moderno” y por la utilización real del carácter
emancipador racional de la Modernidad y de su Alteridad negada. La Modernidad realmente pudo nacer cuando se
dan las condiciones históricas de su origen efectivo
Dos paradigmas contradictorios: el de la mera “Modernidad” eurocéntrica, y el de la Modernidad subsumida desde un
horizonte mundial, donde cumplió una función ambigua .La realización del segundo paradigma es un proceso de
“Trans-Modernidad”. La Modernidad se definió como “emancipación” con respecto al “nosotros”, pero no advirtió su
carácter mítico-sacrificial con respeto a “los otros”.
Esquema 5
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Unidad 5:
1.-El modelo Iusnaturalista de la Antigüedad: Del periodo cosmológico a Platón. El modelo iusnaturalista aristotélico.
Estoicismo y cristianismo. Las concepciones del derecho en el pensamiento romano.
2.-El modelo Iusnaturalista de la Edad Media: La cultura, la Iglesia y el Derecho. Derecho Natural en Tomás de
Aquino. La superioridad del Derecho Natural: ley injusta, legitimidad del poder político y desobediencia legítima.
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leyes existentes. Con lo anterior, la mayoría de los sofistas, Sócrates y los cínicos y cirenaicos aparecen ideas
individualistas en tres sentidos diferentes:
1) La idea del contrato social, la organización política- social que fue vista como el acuerdo para salvaguardar los
intereses de los hombres
2) Anunciando a la idea de autonomía kantiana, la moral llega a aparecer como criterio propio del sujeto individual, la
gran enseñanza de Sócrates razona sobre la obligación de obedecer la sentencia donde lo condenaron a muerte.
3) Prefigurando formas moderas del individualismo como la despreocupación por los asuntos colectivos en favor del
interés individual, también el apartamiento de la vida privada.
Estas distintas versiones individuales constituyen anticipaciones de algunos aspectos del modelo del iusnaturalismo
racionalista o protestante, que se desarrollaría 2000 años después.
b) Sócrates y la obediencia al Derecho
La gran figura de Sócrates (469-399 a.C), sostiene sus ideas en favor de la obediencia a las decisiones jurídicas de la
comunidad. Los argumentos se desarrollan en 3 motivos fundamentales por los que siempre el derecho ha de ser
obedecido, aún por quien discrepa de él:
1) Interés General: La desobediencia al derecho puede tener malas consecuencias para el mantenimiento del orden
político, en la medida en que si debiera prevalecer el juicio individual de las normas aprobadas oficialmente deben ser
obedecidas o no, es improbable que estas pudieran tener la eficacia suficiente para mantener un sistema jurídico-
político necesario y justo en su conjunto.
2) Los beneficios recibidos: Ante la respuesta de Critón de que eso es lo que merece la ciudad por su injusta sentencia,
Sócrates replica que la ciudad ha producido para sus ciudadanos beneficios que estos han de retribuir la justicia, tanto
las duras como las inmaduras.
3) El consentimiento al sistema y a sus leyes: Sócrates cambia su razonamiento, que inicia mencionando una cierta
idea de pacto entre la ciudad y los individuos y concluye apelando con consentimiento tácito por el hecho de vivir en
la ciudad bajo su protección y participar en la aprobación de las leyes.
Los anteriores argumentos no agotan el debate sobre el eterno problema de la obediencia a las leyes injustas, porque
hay variantes que Sócrates no consideró (como la del consentimiento hipotético que merecería un sistema político
justo, lo cual no lo es) y de otra los sistemas políticos que no son de pertenencia voluntaria como la Atenas del siglo
V.
c) Platón: Justicia como concepto objetivo y como orden. Platón (427-347 a.C)
Propone una concepción de Justicia más ambiciosa y objetivista, ligada a un modelo de Justicia natural diferente de
carácter idealista y no naturalista.
Por un lado, el plano Metodológico, Platón inaugura una concepción idealista del conocimiento, según las ideas o
conceptos son la verdadera esencia de las cosas, de manera que esta mesa en la que estoy sentado, es la mismas o se
asemeja a una mesa porque tiene determinadas condiciones, que las definen como tal y existe en todo el mundo.
Ilustra esta concepción mediante el mito de la caverna, en la que los hombres alcanzan a ver el reflejo de sus sombras
de unas estatuas que representan a las cosas reales, su verdadera forma Pues bien se hallaría también la idea de
justicia, como modelo de comportamiento correcto entre los seres humanos, un modelo objetivo en el sentido eterno y
trascendente y no obtenido a partir de los hechos comprobables, ni de lo común de diferentes lugares.
En el plano de los contenidos el ideal que defendió Platón es la organización política y social, que es un orden
jerarquizado y total bajo el modelo de organización individual. En él deberían existir 3 clases de ciudadanos:
• El Filósofo-rey: son la parte más pequeña del Estado
• Guardianes o Gobernantes: son la sabia dirección de la sociedad
• Los guerreros o militares: la valentía para el combate.
• Los artesanos y trabajadores: la habilidad para el trabajo
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La estructura jerárquica es desigualitaria en el Estado Platónico en donde cada cual debe someterse a la posición que
le destinan sus capacidades naturales, de manera que es “justa” la sociedad en la que cada persona y cada clase
cumplen los deberes que le corresponden por naturaleza.
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2. Aspectos éticos
a) Naturaleza en sentido factico y Teleológico
Se puede llamar factico o empírico, alude a la naturaleza como conjunto de hecho sometidos a relaciones de
causalidad y, en el ámbito humano debida a una inclinación instintiva (biológicos en términos de hoy), que funciona
como causa que determina determinados efectos: la naturaleza equivale a causa eficiente.
Teleológico o finalista alude a la naturaleza como modo de ser de una cosa según lo conforma la finalidad para lo que
la cosa esta dispuesta, por donde la naturaleza de la llave es abrir puertas y la del sabio es el conocimiento. La
naturaleza se identifica con la forma, esto es la causa final de las cosas.
En el primer sentido factico, lo natural es lo normal, en contraposición de a lo milagroso. El segundo sentido,
teleológico, no natural es lo bueno y se contrapone lo malo.
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Se genera una discusión muy profunda en base a la forma tratada por la ley hume y se termina desmoronando la
primera y la última. En donde se termina concluyendo y aclarando que la noción fáctica de naturaleza, es
comprobable, pero no incorpora valores. Y la teleológica es valorativa no es comprobable y es sometible a discusión.
Estoicismo y cristianismo
Desde finales del siglo IV a.C, se abre el llamado periodo helenístico, que se suele situar en los 3 siglos que van desde
la muere de Alejandro Magno (323 a.C) hasta el principado de Augusto; se desarrollaron 2 escuelas filosóficas: el
epicureísmo y el estoicismo que serán el nexo de la unión más importante:
Primero entre la filosofía griega y la cultura romana
Segundo, en especial el estoicismo, entre el pensamiento antiguo o clásico y el pensamiento cristiano
En la esquematización por modelo se destacaran 4 aspectos:
carácter normativo y hasta jurídico. Con una idea hasta el punto de llegar a invertir la relación entre la naturaleza y las
normas jurídicas y sociales de una manera hasta entonces inédita: lo que es natural-racional, o justo, no es legal.
En todos los elementos anteriores ya cabe ver una gran conexión entre estoicismo y cristianismo.
b) El consensus ómnium gentium
Junto al elemento ideal de la recta ratio, los estoicos definieron igualmente lo natural mediante elementos facticos. De
este modo, el estoicismo propone una nueva y ambigua síntesis de lo racional y lo empírico, que une la ética pura de la
conciencia y la ética de lo instintivo, de lo consuetudinario y común.
Por su parte, la ambigüedad entre lo racional y lo empírico se observa en la influyente formula de Cicerón del
“consensus ómnium gentium”, que implica que cualquier hombre tiene impreso por instinto en su corazón lo que
racionalmente debe hacer.
c) Universalidad y Superioridad de la ley natural
Como resultado de lo expuesto anteriormente, se puede sintetizar la más importante aportación del estoicismo
mediante dos rasgos básicos de la idea de “ley natural”, propio de la época medieval.
1) El carácter de universalidad de la ley natural, entendida como inmutabilidad en el tiempo y en el espacio.
2) El carácter de superioridad de la ley natural, entendida como esencialidad del verdadero carácter jurídico a las
leyes naturales frente a las leyes injustas
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No obstante, ambos tipos de diferenciación sufrirán distintas vicisitudes: la tensión entre razón y fe variara sobre todo
según los teólogos, pues unos defenderán su mera distinción, mientras otros la verán como separación; y la decisión
entre el hombre y el ciudadano variara sobre todo según los momentos históricos.
2. Aparición del voluntarismo. Como consecuencia de la influencia en el cristianismo del Dios bíblico, aparece
el nuevo elemento del voluntarismo, esto es, la creencia de que en las decisiones divinas hay un elemento
racionalmente inmotivado. Esta concepción, es nueva respecto del pensamiento clásico que fue más
<<intelectualista>>. En esa medida, fue crítica, la posibilidad de que algo pudiera ser justo por el mero hecho de haber
sido ordenado.
3. Pesimismo antropológico. El pensamiento cristiano introduce una visión novedosa en la consideración
pesimista del hombre, cuya naturaleza se considera corrompida por el pecado original, un punto de partida con mayor
o menor peso según distintos teólogos. Esta consideración más bien negativa de la condición humana da lugar a una
nueva explicación. Esa explicación nueva se basa en la idea de que el poder político es pena y remedio del pecado, por
lo que el Estado aparece como un mal menor y necesario.
b) Pablo de Tarso: ley natural, igualdad humana y obediencia al poder
La primera elaboración del núcleo de las ideas cristianas sobre el poder y la justicia es obra de Pablo de Tarso.
En primer lugar, propone ya explícitamente la identificación analógica entre la ley natural teorizada por los estoicos y
el decálogo mosaico.
En segundo lugar, asume la igualdad entre todos los seres humanos, en la que la igualdad se ofrece sobre todo para los
cristianos y, sobre todo, se aplaza para el otro mundo.
En fin, aun con el trasfondo de la ambigua contestación de cristo ante la capciosa pregunta de si había que pagar
impuestos a los romanos, que permite matices implícitos que algunos teólogos posteriores explotarían, Pablo de Tarso
expresa una sólida justificación religiosa de la obediencia al poder político.
Esa justificación, basada en la idea de la inescrutable voluntad divina llegara a servir la doctrina del origen divino del
poder monárquico, que comenzara a tener importancia en la edad media y se extenderá hasta el final de la edad
moderna.
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El periodo republicano, que comprende los casi 150 años que van desde la caída de Cartago (146 a.C) hasta
Augusto, cerca ya del comienzo de nuestra era con juristas como Manlius Maniluis, Marco Junio Bruto y
Publio y Quinto Mucio Scaevola o Servio Sulpicio Rufo
El periodo clásico, que abarca los 250 años que van desde Augusto hasta la muerte del emperador Alejandro
Severo (año 235, cuando comienza una época de anarquía militar con juristas como Labeon, Sabino, Casio y
Proculo)
El periodo postclásico, que comprende casi 350 años (desde el 2do tercio del siglo III hasta el último tercio
del siglo VI, con la codificación de Justiniano), cuando desaparecen los jurisprudentes, siendo sustituidos por
juristas-burócratas al servicio del emperador; este último periodo viene a coincidir con el llamado Derecho
Romano bizantino
b) La labor de los jurisprudentes
Con la anterior diferenciación de etapas en el trasfondo, conviene añadir ahora como actuaban los jurisprudentes, en
principio tuvieron una fundación en materia de derecho privado que no tenía carácter público u oficial, era gratuito y
actuaban como particulares, en el proceso judicial el único sujeto que intervenía con carácter público era un cuarto
personaje: el pretor.
En ese marco, los jurisprudentes intervenían en el proceso solo indirectamente, pues nunca comparecían en él. En un
principio fueron consultores jurídicos, y con el tiempo sus dictámenes los distintos casos fueron adquiriendo gran
autoridad y llegaron a ser aceptados por el pretor como formulas o soluciones que daban acción para litigar antes
nuevos asuntos. Más adelante todavía, los jurisprudentes terminaron por actuar de hecho como miembros del
consilium del pretor, que opero como órgano no oficial pero influyente.
Los jurisprudentes fueron siempre un conjunto selecto de conocedores del derecho, enseñaban de manera directa a
modo de clases particulares a discípulos que continuaban su labor. En el siglo I a.C, con objeto de facilitar su
enseñanza, sobre el conjunto de reglas jurídicas realizaron un cierto trabajo de sistematización, proponía analizar
ciertos temas mediantes divisiones sucesivas de géneros y especies: por ejemplificarlo, según esa propuesta así como
el ser se clasificaba en vivo e inanimado etc., las garantías jurídicas se dividían en personales como las fianza y reales,
y las reales en prenda e hipoteca, esta forma de sistematización no afecto al conjunto del derecho civil, que se siguió
ordenando según criterios arcaicos y sin orden clasificatorio, de modo que el uso del sistema tendió a limitarse a la
ordenación de instituciones particulares, para aplicarles las reglas generales y especiales, que se consideraban
apropiadas.
c) Jurisprudencia republicana y clásica: casuística y sistemática
La distinción entre la jurisprudencia republicana y la clásica se debe a varias razones. En primer lugar, a que desde
Augusto o Tiverio a los jurisconsultos más ilustres le fue conferido el derecho de responder o emitir responsae por la
autoridad del príncipe, de modo que parece que adquirieron una especie de facultad oficial de decidir en lo que se
refiere a la questio iuris. En segundo lugar, aunque la sustancia de la jurisprudencia clásica siguió siendo similar a la
republicana, consistiendo en ambas en la enunciación de una regla para un caso concreto, se han destacado dos
diferencias: de un lado, que en el periodo clásico se pretendía obtener la regla por inducción, y por otro lado, que la
regla se presentaba como meramente probable o plausible.
d) Ius, justicia y regla
El modo casuístico de considerar y enseñar el derecho se debe relacionar estrechamente con la concepción romana del
derecho subyacente, que no fue expresamente formulada ni, mucho menos, teorizada. Los jurisprudentes romanos no
tomaron el derecho como un dogma, más bien el ius civile se tuvo por un acervo de criterios, modificable e integrable
mediante una interpretación caso por caso en la que ya se llegó a diferenciar entre el significado literal y la voluntad
de los textos jurídicos.
La predominante función práctica de la interpretación de los jurisprudentes, como forma de asesoramiento privado y,
en la jurisprudencia clásica, publico, ha permitido insistir desde distintas perspectivas en la idea de que el ius de los
romanos fue visto como acervo de soluciones de conflictos concretos. Así, el ius seria, según Michel Villey, lo que al
contacto con la filosofía estoica daría jugar a figuras como la de la naturaleza de las cosas.
Volviendo al pensamiento jurídico romano, y como consecuencia de la concepción casuística del derecho, no es de
extrañar que en el no existía una teorización elaborada sobre lo que es el derecho en general que pueda compararse ni
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aun vagamente, a las actuales teorías generales del derecho o las partes generales de las distintas disciplinas jurídicas.
No obstante, la falta de una teorización más desarrollada no quita significatividad al hecho de que lo que poco que
puede encontrarse de elaboración abstracta sobre el concepto del derecho, denote una concepción jurídica fuertemente
marcada por la justificación político-moral de las instituciones jurídicas y por una marcada relación entre el derecho y
el moral. En general, la separación hoy existente en los sistemas liberales entre derecho y moral privada, es
desconocida en roma.
Mas en particular, en cuanto a concepciones expresadas sobre el derecho, en los contados casos en los que autores
romanos definen al derecho en general aparece una estrecha conexión entre ley y justicia.
Y también se da una conexión semejante entre derecho y justicia y las dos definiciones famosas del derecho que
aparecen en toda la extensa producción jurídica romana.
Una definición esta tan relacionada con la noción de derecho natural y la otra definición, que relaciona estrechamente
las nociones de iustitia, de ius y de iurisprudencia.
Por lo demás, la estrecha relación, entre el derecho y la justicia alude a una función integradora del derecho, esta
trabazón entre las nociones de derecho y de justicia, hace como la propia función de corrección e integración del
derecho natural sobre el derecho positivo han marcado una profunda huella en el pensamiento político-jurídico
occidental.
2. El ius gentium
El ius gentium fue un conjunto de reglas recogidas en su edicto por el pretor peregrino, una magistratura que se crea a
mediados del siglo III A.C para entender el tráfico mercantil de una roma con un millón de habitantes, el ius gentium
aparece como una especie de derecho de hospitalidad, que reunía las reglas que regulaban los actos jurídicos,
comerciales y familiares de los extranjeros que habitaban el territorio romano.
El contenido de las reglas del ius gentium, fue en gran parte extraído del propio derecho romano, el ius gentium se
articulaba en torno a 4 contratos fundamentales: de compraventa, de arrendamiento, de sociedad y de mandato, y en
torno a 3 principios rectores, destinados a convertirse en otros tantos ejes de todo desarrollo jurídico posterior: el
consensualismo, la buena fe y la reciprocidad.
3. De la jurisprudencia: clásica a Justiniano
La burocratización
La burocratización de los juristas y la ascendencia de las leyes imperiales en el plano de la ciencia jurídica el proceso
de decadencia comienza cuando con el jurisconsulto modestino termina el ius respondendi ex autoritate principis y se
empieza a abrir paso a la burocratización de los juristas. En el proceso de decadencia de la jurisprudencia, cabe
destacar dos rasgos entrelazados. Por un lado, el derecho es producto de la ley, y por otro lado, la idea de la
supremacía de la ley como libre voluntad del príncipe, conforme a la cual las decisiones de este no están sometidas a
la ley, esto es, el príncipe esta suelto o desligado de las leyes.
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En el plano cultural, tras las investigaciones germánicos la Europa occidental volvió al estado místico y mágico-
religioso anterior al surgimiento de la filosofía en Grecia. Hubo una regresión cultural. El saber quedó reservado a los
conventos y monasterios. Aquí presentaron una labor fundamental los llamados padres de la iglesia cuya elaboración
teológica sirvió para desarrollar y mantener el concepto estoico del derecho y la doble triada entre ley eterna natural y
temporal por un lado y por el otro derecho civil, derecho de gentes y derecho natural.
La iglesia se transformó en un actor político plenamente identificado con elementos característicos. De la iglesia es el
poder de la corona. El poder de establecer la legitimidad del poder político por sí mismo.
El papado fue un elemento de unificación en la tendencia a la dispersión de la alta edad media europea en cuanto
mantuvo con éxito la supremacía religiosa.
Surge así la “Teoría de las 2 espadas" y la de “Plenitud del poder"
Teoría de las 2 espadas: Dios le dio a la iglesia un poder espiritual y al rey un poder secular. Ambos poderes se
convergen entre sí y se colaboran.
Plenitud del poder: el poder de Dios venia solo al papa y el papa coronaba al príncipe.
Sería una sociedad con dos partes, cada una de las cuales diferente y autónoma en su esfera, aunque cooperan entre sí.
En oposición a esa doctrina, sería la sustentada por el papado y la iglesia, mantendría que las 2 espadas habían sido
entregadas por Dios a la iglesia mediante el otorgamiento al papa de la plenitud del poder, quien habría delegado el
poder civil (una de las espadas) para su uso conforme a la doctrina eclesiástica. Frente a esta posición en el lado
impuro y monárquico se defendió la tradicional doctrina de las 2 espadas y la consiguiente autonomía del poder civil
ante el eclesiástico.
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b) Ley eterna y Ley natural. Ley= construcción totalizadora, universal. Dentro de la ley eterna el distingue entre
ley eterna en sentido estricto y ley natural. Donde ley natural no es otra cosa que la participación de la ley
eterna en la criatura racional. En Aquino ambos tipos de leyes tienen una unidad en cuanto forman parte del
mismo designio, pues tanto el orden humano como el de las cosas y los animales quedan integrados en un
mismo plan divino y eterno, unificado bajo la providencia de “Dios como monarca del universo" También
reconoció la diferencia del libre albedrío en el ámbito de la ley natural o social y acepto la diferencia
metodológica relativa a la mayor igualdad en el conocimiento por parte de la razón del orden de lo natural y
humano.
c) Ley positiva, promulgación y costumbre A la ley eterna en sentido amplio, excluida la natural, se contrapasa
la ley positiva, que es una norma promulgada de forma expresa o propia, dada a conocer mediante su
publicación, en el sentido de hacerse pública, sea oralmente o por escrito.
Dentro de la noción de ley positiva se incluyen dos clases distintas de ley: la divina y la humana
La ley divina es la de Dios, que es quien tiene a cargo el cuidado de la comunidad cristiana, ha
expresado o promulgado a través de la revelación en las escrituras, fundamentalmente tanto en los
diez mandamientos como en los mandatos de Dios.
La ley humana abarca a las normas promulgadas por los gobernantes para el cuidado de la comunidad
a la que dirigen.
También utiliza un concepto muy amplio de ley, no reduciéndolo a la escrita sino incluyendo las costumbres, porque
cuando el poder reside directamente en la autoridad superior se entiende que si la tolera es que aprueba la imposición
de la costumbre contraria a la ley, o bien porque cuando el poder reside directamente en el pueblo el consenso
expresado en la costumbre y de más en orden a establecer una norma que la autoridad del príncipe, cuyo poder para
crear la costumbre y de más en orden a establecer una norma que la autoridad del príncipe, cuyo poder para crear leyes
radica únicamente en que asume la representación del pueblo.
La superioridad del Derecho Natural: ley injusta, legitimidad del poder y de obediencia legítima
El problema de la ley injusta
La superioridad de la ley adquiere en la escolástica medieval un valor fundamental y relevante en la práctica en
relación con los límites de la obediencia al derecho injusto.
Esta concepción del derecho natural se ha denominado iusnaturalismo ontológico porque identifica el ser o esencia del
derecho con el derecho natural, define al derecho natural como único, real y verdadero, ya que el derecho positivo no
es tal sino coincide con el derecho natural.
Los criterios de legitimidad del poder político.
Sintetizando los elementos fundamentales de la concepción del poder político en Aquino cabe destacar dos
componentes fundamentales:
a. La sociabilidad natural del hombre
La tesis de la sociabilidad natural del hombre, procedente de Aristóteles, da por supuesto que hay una secuencia
natural entre la existencia de una comunidad política y su gobierno de modo que si la asociación política no necesita
especial justificación, tampoco lo necesita el gobierno. En Aquino la transición va rápidamente de la natural
sociabilidad humana a la monarquía como mejor forma de gobierno.
No obstante, a diferencia de Aristóteles casi no hace falta decir que en Aquino se ha pasado de la polis a las dos
formas básicas del Estado medieval: la ciudad y el reino.
b. La atribución divina del poder originario al pueblo
La atribución de ese poder a los gobernantes no es directa, sino a través del pueblo que es su depositario original.
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En la visión tomista el mismo origen divino del poder y el fin último de todos los cristianos, incluidos sus
gobernantes, de conseguir la salvación eterna, otorgaba a la iglesia y, a su cabeza, el papa, un papel de dirección de
corrección del poder secular.
Se conoce 3 doctrinas distintas sobre el poder político, dos descendentes y una ascendente del pueblo monarca.
La primera que hizo su aparición fue la teoría descendente del poder, establece que de Dios va al pueblo y del pueblo
al monarca. Pero en realidad, la teoría ascendente habla que el poder viene del pueblo hacia el monarca, pero
previamente el poder que tiene el pueblo desciende del Dios, es decir, que toda la teoría del poder originario son
descendentes, solo que en algunos casos el poder se detiene en el pueblo para que el monarca gobierne para el pueblo
pero sin el pueblo.
En la última etapa de la edad media, las ciudades italianas tenían un sistema que se llamaba republicanismo
democrático. Este sistema democrático, el pueblo practicaba en el gobierno, el rey era un ejecutor de los mandatos de
las corporaciones, pero los actores políticos no era el pueblo como el pueblo como se conoce, sino como los grupos
sociales, las corporaciones.
La república italiana tenía elementos mixtos, tenía componentes ciudadanos, tenía sistema de elecciones y
participación de las corporaciones, pero ninguna de estas formas llamadas democracia italiana y republicana eran en
rigor una democracia como se conoce o una república. Ambos estaban formados por los únicos actores sociales y
políticos concebidos en la edad media.
El bien común
La consideración del pueblo como titular o sujeto primario del poder político o legitimo tiene en Santo Tomás De
Aquino más que ver con la noción del bien común como finalidad del poder que con la democracia como forma de
ejercicio aunque deja un papel al consenso popular, siempre mediado y dirigido por los estamentos superiores, la
nobleza, el alto clero y algunos ciudadanos notables.
El pueblo es una idea más abstracta que refleja a la comunidad en cuánto república, es decir, en cuanto cuerpo a la vez
político y social.
El pueblo es titular pero no necesariamente ejerce el poder.
El pueblo es el cuerpo político-social, la comunidad en conjunto, que es la titular y, a la vez, la destinataria o
beneficiaria del bien común que debe ser garantizado por quienes ejercen el poder político, sea el rey o un consejo de
notables. La legitimidad que se atribuye al pueblo en cuanto conjunto de individuos es inexistente en lo que se refiere
a elecciones o votaciones, su papel es meramente pasivo.
Bajo la idea de bien común, la función de gobierno se puede ver como un fideicomiso, un encargo de buena fe que la
comunidad encomienda a los gobernantes. Esa idea de fideicomiso estará detrás de una concepción “pactista” del
poder político que tuvo gran importancia en el plano de institución como los parlamentos medievales.
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El pactismo medieval
Cuando la monarquía comienza a organizarse de manera más centralizada y necesita especial apoyo financiero o
militar, acude a los parlamentos o cortes medievales, como extensión de las asambleas y curias o consejos que venían
reuniendo al rey con la nobleza y el alto clero como medio de confirmación de que las leyes eran conformes con las
costumbres de la comunidad.
Lo que distingue a los parlamentos es la representación de las ciudades dependientes del rey y su papel de contrapeso
y control político.
En los parlamentos medievales se puede decir que todo el mundo está representado, era representación corporativa,
conforme a la cual mientras los miembros de la alta nobleza, hablan y se pronuncian por el conjunto de nobles y por
los siervos de ser jurisdicción, por su parte, las ciudades suelen enviar como representantes a miembros de la
oligarquía local solo por ella misma los comerciantes más ricos o financieros y militares más poderosos.
La representación parlamentaria medieval y el parlamento actuaban como un intermediario, estaba fuera del Estado.
En los parlamentos modernos representan al pueblo en el sentido que están jurídicamente autorizados para realizar en
su nombre e interés actos como aprobar leyes o elegir y controlar al gobierno.
- Derecho a la resistencia civil: hay casos que se puede desobedecer al poder cuando el poder deja de ser justo,
cuando se produce un quiebre entre ese poder que debería ser justo y cuando es injusto.
RESISTENCIA
ACTIVA, los tiranos pueden ser desobedientes cuando son gobernantes
por título o por ejercicio
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Unidad 6
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1.-El modelo iusnaturalista de la Modernidad. El marco previo: Bodín, la Reforma protestante y Maquiavelo. La tríada
estado de naturaleza, contrato social y sociedad civil. Contractualismo e individualismo.
2.- La Ilustración: El proyecto ilustrado, características principales. Contexto Histórico, cultural y social
3.- Nicolás Maquiavelo: Contexto histórico, geográfico y político. Vida y Obra. Pensamiento político de Maquiavelo:
Estado, Crueldad y Consenso, Principado y Republica, Conflicto y Libertad, Ciencia Política, Virtud y Fortuna,
Moralidad y Política, Iglesia y Religión. Clásico y Moderno
El origen doctrinal del Estado moderno es la teorización de la soberanía realizada por el filósofo político francés Jean
Bodín. Influido por el pensamiento aristotélico y por los grandes juristas medievales, Bodín define a la soberanía
como "el poder absoluto y perpetuo de una república" o, como dice su versión latina, es la potestad suprema y exenta
de leyes sobre ciudadanos y súbditos".
La idea del soberano como "legibussolutus" es decisiva en las dos manifestaciones fundamentales del concepto de
soberanía: la exterior, donde cada Estado es considerado como independiente y libre respecto de los demás Estados, y
en la interior, donde el soberano tiene jurisdicción en todo el territorio y es libre de ordenar a voluntad y sin sujeción a
las leyes.
Para el autor, la libre capacidad de legislar era el primer y único atributo del príncipe soberano. Desde el punto de
vista jurídico, esta doctrina comportaba ya definitivamente la primacía de la ley sobre la costumbre (recordar que en el
modelo aristotélico, la costumbre podía derogar la ley), pues ésta sólo tiene fuerza de tolerancia en tanto que place al
soberano.
De todas formas, Bodín aceptaba la posibilidad del régimen democrático, aunque claramente su preferencia era
la monarquía hereditaria, en la que el príncipe no debía juramento a nadie más que a Dios.
A excepción de Inglaterra (monarquía moderada por el common law), el absolutismo fue un proceso general en
Europa. El ejemplo más claro es el Estado del rey Luis XIV, conocido por su frase "El Estado soy yo '. Cabe
aclarar que el término "Estado" se introduce en el lenguaje político corriente como organización política impersonal,
no identificada con la persona del gobernante ni con el conjunto de gobernados" a partir de los siglos XVII y XVIII.
La reforma protestante
Se origina en el primer tercio del siglo XVI en 1517, con la publicación de las 95 tesis de Lutero sobre las
indulgencias. Esta reforma fue condición necesaria para la nueva forma de un pensamiento ético político puesto que,
por un lado, por la libertad del pensamiento individual que fomentó la libre interpretación de la Biblia (plano teórico).
Y por el otro, por el protagonismo que tuvo el valor de la tolerancia, como consecuencia positiva de las persecuciones
y guerras de religión (plano ético o práctico).
Lutero y Calvino
Martín Lutero mantuvo un pensamiento obsesionado por las divisiones entre fe y razón, gracia y naturaleza,
régimen espiritual y reino temporal, por las que atribuye a la fe y a la libertad interior la salvación espiritual.
Desconfiando de la razón como consecuencia del pecado original. Somete al poder político
La naturaleza pecaminosa de los hombres para salvaguardar su convivencia civil.
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Fue muy fiel a la doctrina de Pablo de Tarso sobre el fundamento divino del poder de los príncipes, hasta negar el
derecho de resistencia a los súbditos, salvo ante las órdenes contrarias a la fe. Sostuvo que los príncipes injustos son
instrumentos de Dios ante los pecados del pueblo, 1530. Aceptó las doctrinas de resistencia activa o violenta frente al
poder injusto.
Defendía la división estamental y las doctrinas medievales sobre el comercio y los préstamos (conservador).
Juan Calvino se diferenciaba de Lutero por su concepción política (aristocrática y republicana) y su actitud más
moderna ante las actividades comerciales. En cuanto al derecho de resistencia del pueblo, sostenía posiciones
ambiguas y moderadas. Ambos sentaron las bases del pensamiento racionalista moderno, cuya primera manifestación
es la construcción del principio de la tolerancia.
Rousseau plantea que el Estado de naturaleza es de felicidad, compuesto por hombres benevolentes que no necesitan a
los otros.
1) Estado de naturaleza
3) Sociedad civil
¿Uno o dos contratos? Los orígenes de la distinción entre Estado y sociedad civil
Para la versión del contrato doble (Pufendorf, Locke y Kant) se produce primero un "pactum societatis• para crear
una comunidad social en cuanto agrupación de individuos, todavía sin organización política alguna. Mediante este se
convierten en un pueblo, en una relación de carácter horizontal en la que los individuos aparecen como asociados.
Después, en un segundo momento, se celebra un -pactum subiectionis• a través del cual la comunidad establece el
Poder político y se convierte en un Estado con ciudadanos agrupados bajo ese poder, en una relación vertical. Para la
versión simple (Hobbes, Spinoza y Rousseau) sólo existe el -pactumunionis", acto de asociación, de carácter
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horizontal, y de sometimiento al Poder Político, de carácter vertical. Según esta fórmula, el pueblo se constituye
como tal y en el mismo acto, sin necesidad de hacer otro pacto, se organiza políticamente para someterse
democráticamente a sí mismo como comunidad política.
En el modelo del iusnaturalisrno racionalista, la lógica implica que el Poder Político se justifica en tanto que
garantice los derechos naturales, de modo que su falta de protección o la violación directa por parte del
Estado, habría de generar un quebrantamiento del contrato social que dejaría a los súbditos en libertad de
desobedecer y oponerse al Poder. Sin embargo entre los iusnaturalistas más influyentes solo LOCKE acepta la
tradicional solución del derecho de rebelión, ante el poder injusto (lo denomina apelación al cielo); los demás
iusnaturalistas racionalistas más relevantes convivieron con el absolutismo despótico de su época e incluso se niegan a
reconocer el derecho a resistencia, entre ellos incluimos filósofos como HOBBES quien usa la estructura
iusnaturalistas para justificar una concepción en la que el derecho positivo es el único existente y legítimo, pues el
soberano es el único que legítimamente puede decidir entre lo justo o injusto. También ROUSSEAU se encuentra
entre los negadores radicales del derecho de resistencia. Iusnaturalistas con menos autoridad como SPINOZA que
predica la libertad de pensamiento se opone a la rebeldía. Incluso KANT acepta tal negación "razona cuanto queráis
y sobre lo que queráis, pero obedeced". La actitud más bien moderada frente al despotismo, no niega la capacidad
crítica que el modelo construido por ella proporcionó fomento a las revoluciones liberales de fines del siglo 19 y en el
sistema liberal que se fue asentando a partir de entonces.
Contractualismo e individualismo
El Contractualismo se caracteriza por la utilización de la noción de contrato o pacto que otorga una particular
relevancia al consentimiento para la justificación del poder político la primera relación con el viejo contrato a
propósito de la prioridad de la voluntad o de la razón. La segunda por la subordinación de la Esfera pública a un
designio individualista y la tercera por la imposibilidad de construir una organización colectiva radical a partir de
intereses individuales.
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La primer paradoja plantea el problema de cómo el contrato una categoría caracterizada por la primacía de la
voluntad ha sido privilegiado por una corriente de pensamiento racionalista sin embargo el consentimiento por
parte de los naturalista modernos no fue particularmente voluntarista en la medida que su versión del contrato
social como mecanismo justificado el poder político se dio especial primacía y autonomía de la voluntad con
independencia de la razón. El intelectualismo sostiene que las normas jurídicas son válidas sólo si son
conformes con criterios de justicia y de razón una norma injusta o una promesa y moral carece de validez y
tanto la doctrina intelectualista como la voluntarias son independientes de la mayor o menor racionalismo en
el método de justificación y presentación de la filosofía.
La segunda paradoja pretende poner la centralidad que el iusnaturalismo adquiere una categoría derecho
privado como el contrato para justificar el poder político y en suma el conjunto del derecho público.
La tercer paradoja que ya no es tan fácil de disolver como las anteriores afecta menos al conjunto que una
parte de la fundamentación iusnaturalista sobre toda la teoría hobbesiana Si se quiere a una interpretación de
tal teoría en la medida en que está basada en la convergencia de los distintos intereses individuales y el
establecimiento de un sistema de protección común capaz de definir mediante las leyes positivas lo justo y lo
injusto para explicar lo mejor está el ejemplo del dilema del prisionero, dos sospechosos de un delito de robo a
mano armada supongamos son detenidos por la policía y encerrados sin comunicación entre ellos se le pone
ante las tres siguientes posibilidades y uno confiesa a cambio de su libertad Mientras que el otro casa El que
calla será condenado a 20 años ver si ninguno de los dos confiesa uno y otro serán condenados a un año por
tenencia ilícita de armas sé si ambos confianza cada uno será condenado a 5 años por robo a mano armada
pero con la Tecno ante de colaborar con la justicia El dilema supone que no existe ninguna razón arregla
externa al juego que se le hiciste a cooperar entre sí esto se denomina El dilema Por qué propone un tipo de
racionalidad Llamar a prudencia o auto interesada en contraste con la racionalidad moral basada en un criterio
Imparcial con miras al interés común o general.
Individualismo iusnaturalista
Muchos autores han repetido que el individualismo del racionalismo tanto iusnaturalista como ilustrado refleja la
ideología del liberalismo y el capitalismo emergente en la época moderna del al menos de dos sentidos Por una parte
en cuanto dicho individualismo fundamenta el pensamiento político liberal basado en la primacía de los derechos de
libertad y de igualdad ante la ley y por otra parte en cuanto concibe las organizaciones colectivas como artificio
destinados a salvaguardar y potencial conforme al liberalismo económico los intereses de individuos a la búsqueda de
su propia y provecho ambos sentidos Aunque están conceptualmente relacionados entre sí no son del todo idénticos
pues responden a su presupuesto si acentos diferentes.
2.- LA ILUSTRACIÓN
El proyecto ilustrado, características principales. Contexto Histórico, cultural y social
El Proyecto
Grandes Ideas de la Ilustración se remonta a la Edad Media Renacimiento de la época clásica ilustración observa y
artículo pidiendo sobre el pasado que estaban en conflicto, la ilustraciones es racionalista y empirista la vez tan
heredera de Descartes como de los Locke. La Ilustración fue un período de debate quiere consenso el proyecto de
ilustración tiene consigo tres ideas: la autonomía, la finalidad humana de nuestros actos, y la universalidad.
El primer rasgo constitutivo del pensamiento de la Ilustración consiste en privilegiar las elecciones y las decisiones
personales en detrimento de lo que nos lleven puesto por una autoridad gena nosotros hay dos facetas una crítica y otra
constitutiva en cuanto ellos podemos hablar de la emancipación y la autonomía en los términos q designan las dos
fases.
La autoridad debe ser homogénea los hombres es decir no sobrenatural sino natural la tutela en la que vivían los
hombres antes de la Ilustración era ante toda la naturaleza religiosa las principales corrientes de la Ilustración
reivindicando el ateísmo sino la religión natural el diezmo y no de sus muchas variantes los hombres de la Ilustración
se dedican a observar y describir las creencias del mundo entero no con la con la intención de rechazar las religiones
sino para qué sirven de guía en el camino de la tolerancia para defender la libertad de conciencia. Los hombres libres
del Antiguo yugo determinan las nuevas leyes y normas recurriendo a medio exhaustivamente humano. Ya no hay
lugar para la magia y la revelación la convicción de la luz desciende las alturas queda sustituida por la de toda una
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multiplicidad de luces que se propaga de persona a persona. La primera autonomía que se conquista es la del
conocimiento, tiene dos únicas fuentes, la razón y la experiencia racional. Adquiere un espacio como herramienta de
conocimiento se opone a la fe no a las pasiones.
La física avanza de forma espectacular la química la biología incluso la sociología y la psicología. Se parte de la base
del que el conocimiento es liberado. El principio de autonomía cambia radicalmente tanto la vida del individuo como
de las sociedades. La lucha por la libertad de conciencia que permite que cada quien Elige a su religión la exigencia de
la libertad de opinión y de expresión y de prensa.
La autonomía del individuo se amplía tanto en el ámbito de la vida como la de sus obras y se pone el descubrimiento
del medio natural formado por bosque real ojos claros y Colinas se otorga un nuevo lugar a las a los artistas y a su
quehacer pintores músicos actores y escritores. El artista creador es el que decide por sí mismo sobre sus
composiciones estos dos nuevos valores ponen a la vez de manifiesto la nueva dignidad que se otorga el mundo
sensible. Exigencia de autonomía transformamos profundamente todavía las sociedades políticas precede y culmina la
separación de la temporal respecto de lo espiritual.
Más allá de su despotismo ilustrado que cultiva la autonomía de la razón del monarca, pero mantiene a todos los
sometidos teles y ciencia que lleva a dos principios el primero es el de la soberanía principios activos que adquiere
aquí un nuevo sentido el origen de todo poder estar al pueblo y nada es superior a la voluntad general. El segundo es el
de la libertad del individuo respecto de todas las de todo poder Estatal legítimo o ilegítimo para garantizar esa libertad
se vela por el pluralismo y el equilibrio de los diferentes poderes. Todos los sectores de la sociedad tienden a
convertirse en laicos aun cuando los individuos sigan siendo creyentes. Se aplica no sólo al poder político sistemas de
la justicia lo único que debe reprimirse es el delito. La economía que debe liberarse de previsiones arbitrarias y
permitir la libre circulación de los bienes que debe fundamentarse en el valor del trabajo y el esfuerzo individual en
lugar d apropiarse parcial de privilegios y de jerarquías del pasado. El espíritu de la Ilustración no se limita exigir la
autonomía sino que además trae consigo sus propios medios de regulación. El primero de ellos tiene que ver con la
finalidad de las acciones humanas liberadas. Apunta a los hombres en este sentido El pensamiento de ilustración es
humanismo o si se prefiere un antropocentrismo. El estado no está el servicio del designio divino sino que su objetivo
es el bien de los ciudadanos.
La segunda restricción consérvala libre actuación tanto de los individuos como de las comunidades consiste en afirmar
que todos los seres humanos por el mero hecho de serlo poseen derechos inalienables todo ser humano tiene derecho a
la vida tiene derecho a la integridad física así pues la tortura no está legitimada.
El ejercicio de libertad está pues limitarnos limitado por la exigencia de la universalidad y lo sagrado que
abandonados los dogmas y las reliquias, se materializa en adelante en los derechos del hombre que acaban de
reconocerse.
La exigencia de igualdad deriva de la universalidad de las mujeres deben ser iguales a los hombres ante la ley debe
abolirse la esclavitud y debe reconocerse la dignidad de los pobres y considerar a los niños individuos.-
Nicolás Maquiavelo
Contexto histórico, geográfico, político.
Desde el S. XV hasta, el S. XVI se produce una serie de transformaciones que convulsionó a Europa occidental en un
periodo que conocemos como Renacimiento. Maquiavelo es una de las máximas encarnaciones del espíritu del
renacimiento italiano. En este largo ciclo de transición del feudalismo al capitalismo surgen nuevas realidades
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técnicas, un fuerte desarrollo económico y un gran desarrollo de las ciudades, el comercio y la manufactura. Las
revoluciones astronómicas de Copérnico y Kepler y el desarrollo de la ciencia inductiva y experimental de la física de
Galileo, y la renovación del pensamiento religioso con la reforma que entre otras cuestiones.
En el aspecto político nos encontramos en primer lugar con la declinación del feudalismo y el comienzo del fin de la
fragmentación política junto con la aparición y crecimiento de las monarquías absolutas en España, Francia e
Inglaterra que reducen a la impotencia a los señores y asambleas feudales. En segundo lugar el desarrollo de una
cultura y una política cada vez más secularizada acompañada de críticas a la iglesia de Roma que tendrá su máxima
expresión en la reforma.
La nueva conciencia del hombre que labra su peculiar destino creó su propia historia dejando atrás la idea de ser el
centro de un universo creado y dirigido por Dios. Esta tendencia a la consolidación y la unión fue un hecho en los
países mencionados pero no se dio en la Italia de Maquiavelo, dividida en numerosos principados feudales, ciudades,
reinos, repúblicas, ducados y otras unidades políticas que no lograron la unificación hasta la segunda mitad del S XIX.
Aspecto geográfico.
En el aspecto geográfico, las cinco principales potencias de la Península eran el reino de Nápoles, los territorios de la
iglesia de Roma, la República de Florencia, el ducado de Milán y la República de Venecia. Los cinco buscaban
expandir su autoridad territorial.
Nápoles incluye al sur de Italia con excepción de Sicilia que pertenecía Fernando de España, Carlos tercero de Francia
marcho a Nápoles a través de Italia en 1494 y 95 luego Fernando expulsó a los franceses y más tarde acordó con Luis
XII dividirse Nápoles.
La mayoría de los territorios de la iglesia de Roma estaban dominados por el jefe mercenario y por otro lado tanto
Milán beneficia y amenazaba territorios del papa al mismo tiempo que existían constantes fricciones en la frontera con
Florencia.
Al norte de Roma estaba la región de Toscana dominada por la rica ciudad de Florencia. En el Noroeste encontramos
el ducado y la ciudad de Milán con Francisco Sforza que llegó al poder en el 1450 y conquistó Génova y 1462
cultivando una estrecha relación con Francia.
La República de Venecia debía su riqueza principalmente al comercio marítimo y en realidad era una oligarquía, uno
de los gobiernos más celebrados y administrativamente eficientes del mundo renacentista.
Florencia
Debido a su ubicación en el centro de Italia, Florencia se enfrentaba regularmente con príncipes agresivos que desde el
norte y el sur deseaban expandir sus dominios. Cosme un banquero se hace dueño de Toscana y rige sus destinos hasta
1464. Cosme controlaba los asuntos florentinos más como jefe político con apoyo popular que como un tirano
renacentista. Las formas republicanas se mantuvieron ya que siguió siendo un ciudadano privado, mantuvo el orden y
gastó gran parte de su fortuna privada en obras artísticas y arquitectónicas lo cual le valió el reconocimiento de sus
ciudadanos, fue muy hábil además para mantener a Florencia fuera de la guerras.
Vida y obra
Nicolás Maquiavelo nació en Florencia el 13 de mayo de 1469, provenía de una familia antigua de la pequeña Nobleza
y poco se conoce de sus primeros años. Su educación fue adecuada y en 1498 a los 29 años obtuvo un puesto público.
En el momento en que Florencia era una República trabajó durante 14 años al servicio de la ciudad con crecientes
influencias y responsabilidades como jefe de la segunda cancillería. Con estos cargos se convierte en uno de los
funcionarios más importantes del gobierno. Fue secretario de guerra y de relaciones exteriores. Su misión más noble
fue acompañar como agente diplomático florentino a César Borgia en 1502, y en 1506 acompañó al aguerrido Papa
Julio II, en 1506 y en 1507 se dedicó a la leva de milicias y fue impulsor de la creación de un ejército nacional
florentino.
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Entrevistó con el emperador Maximiliano en Tirol en diciembre de 1507 y a su regreso se ocupó de la guerra con Pisa.
Y aunque sólo era un secretario, sus tareas fueron importantes, se cree que a la caída de esta ciudad en 1509 se debió
en gran parte a la tarea realizada por Maquiavelo. Debido a que la administración a la cual servía dependía
exclusivamente de los Médici, necesariamente tuvo que actuar en contra de esa poderosa familia. Los Médici no
llegaron como tiranos despóticos que esclavizaron a un pueblo eternamente libre, habrían sido los gobernantes
tradicionales de la ciudad echados 18 años antes de un largo período en el poder. Maquiavelo nunca había estado
satisfecho con el sistema de gobierno florentino que de malo se convirtió en pésimo y creía que nunca había sido una
República en el sentido pleno del término, se trataba de la disyuntiva entre una auténtica República y una tiranía
despótica, o sea que había bastantes similitudes entre el gobierno anterior y el actual de los Médici. Esta es una de las
razones por las cuales “El Príncipe” está dedicado a Lorenzo II. Fue echado de su trabajo y se le prohibió la entrada a
cualquier edificio público, luego fue acusado de conjurar contra los Médici, fue procesado, torturado y encarcelado.
Posteriormente fue puesto en libertad y obligado a retirarse a sus fincas cerca de San Casiano.
Los Médici tenían una oportunidad para beneficiar a la ciudad y aparecer como sus segundos fundadores a la par de
Rómulo. Con esta idea Maquiavelo sugirió posteriormente una Constitución para Florencia que aseguraría un buen
gobierno, más tarde Maquiavelo es empleado por los Médici y se le solicitan sugerencias para una nueva Constitución
de Florencia en dos oportunidades. De lo cual resulta en el discurso sobre los asuntos de Florencia después de la
muerte de Lorenzo de Médici.
Crueldad y consenso.
El núcleo esencial del poder es la violencia, pero el Estado contemporáneo no se reduce a una simple máquina de
opresión, no funciona sólo por el monopolio de la coerción física sino también por el consenso. Maquiavelo combinó
ambos ingredientes, la crueldad y el apoyo del pueblo. Consideraba que existían dos formas de combatir, una con las
leyes y otra con la fuerza, la primera es propia del hombre la segunda de las bestias, pero como la primera muchas
veces no basta, conviene recurrir a la segunda. Son necesarias las leyes y la fuerza.
La “crueldad” de Maquiavelo era en realidad una buena administración desde una economía de la violencia, una
aplicación controlada de la fuerza para evitar males mayores y sólo se justifica si contribuye a crear la paz y el orden
en beneficio del pueblo. Por eso es que un príncipe no debe preocuparse de la fama de crueldad si a cambio mantiene
a sus súbditos unidos y leales.
La combinación de crueldad y consenso es clara en otros escritos de Maquiavelo, por ejemplo, en el arte de la guerra
cuando recomienda que en los acuartelamientos se mantenga la disciplina con el temor y el castigo en campaña. Como
se necesita también el consenso y no sólo la violencia, es por eso que para entrar en un país siempre se tiene necesidad
por más fuertes que sean los ejércitos propios, del favor de los habitantes. En primer lugar el príncipe no debe agraviar
al pueblo y si carecer de vicios que lo hagan aborrecer. Es lógico que sea aceptado y respetado de manera natural, en
segundo lugar no es necesario que sea amado pero sí eludir ser odiado o despreciado, pues hacerse odiar nunca ha sido
bueno para ningún príncipe. Los príncipes deben lograr el consenso popular, pues quién tiene por enemigo a la
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colectividad no puede asegurarse y cuánta más crueldad usa, tanto más débil se vuelve su principado de modo que el
mayor remedio en este caso es tratar de ganar la amistad de pueblo.
Los Estados bien ordenados y los príncipes sabios han buscado con toda diligencia los medios para no reducir a la
desesperación a los nobles y para dar satisfacción al pueblo y para tenerlo contento porque esta es una de las materias
y cuestiones más importantes para un príncipe y concluye afirmando que un príncipe debe estimar a los nobles pero no
hacerse odiar por el pueblo.
Principado y República
Los libros de consejo de los gobernantes como “El Príncipe”, eran muy comunes en el medioevo, San Agustín en su
“Ciudad de Dios”, Santo Tomás de Aquino en el Opúsculo sobre el gobierno de los príncipes, en ellos encontramos un
relato del príncipe ideal. “El príncipe” de Maquiavelo pertenece a este género y él también desea que el gobernante
sea un buen hombre, pero lo más importante es que logre el bienestar del pueblo. El núcleo fundamental en su
pensamiento político lo encontramos en “El Discurso” y no en “El Príncipe”, escrito con una finalidad circunstancial
determinada para recuperar el empleo, hacer menos duro el dominio sobre Florencia y convertirla en el núcleo de la
unidad italiana. “El príncipe” como el resto de la obra de Maquiavelo si se quiere entender apropiadamente su
pensamiento, debería de comenzar con la indispensable lectura de “Los discursos” ya que “El Príncipe” forma parte de
ella.
“El Príncipe” es un agregado con el propósito de dar consejos prácticos a un nuevo príncipe que libere y unifique a
Italia. Maquiavelo hace referencia a que los Estados están acostumbrados a vivir bajo un príncipe o acostumbrados a
ser libres. O sea que se trate de repúblicas o principados, la situación de Italia era tan calamitosa que era inútil soñar
con una unificación bajo un gobierno republicano, sólo un príncipe podría lograrlo debido al caos reinante.
“Los Discursos” tratan de la República y muestran la simpatía del autor por esta forma de gobierno. Maquiavelo
también veía las ventajas de un reino pues consideraba que era posible un buen gobierno bajo un príncipe. Los cuerpos
mixtos como la República están mejor organizados y tienen una vida más larga ya que mediante sus instituciones se
pueden renovar. Las buenas formas de gobiernos clásicas como la monarquía, aristocracia y democracia son fáciles de
pasar a las formas malas. El régimen mixto, una combinación de las formas buenas producen equilibrio entre las
fuerzas sociales y logra que todas las partes que se vean comprometidas en los asuntos de gobierno y cada una vigila a
la otra para evitar la arrogancia de los ricos y el libertinaje del pueblo. El bienestar general en última instancia
solamente se logra en las repúblicas porque lo que hace grande a las ciudades no es el bien particular sino el bien
común.
Conflicto y libertad.
La causa principal de la libertad son los tumultos entre los nobles y la plebe, pero en un intercambio dialectico
produce efectos positivos. Hay dos espíritus contrapuestos, el de los grandes y el del pueblo y de la desunión entre los
actores políticos nacen todas las leyes que se hacen en pro de la Libertad. De esta manera el conflicto se canaliza y el
pueblo puede desfogar su ambición. El mejor camino para desfogar los humores es a través de una salida prevista por
la ley o sea la República debe prever procedimientos legales e institucionales para evitar situaciones extraordinarias
que arruinan el Estado. Además los nobles tienen un gran deseo de dominar mientras que aquellos tienen tan sólo el
deseo de no ser dominados, y por consiguiente mayor voluntad de vivir libres, por lo tanto ese pueblo es el guardián y
la garantía de la libertad. La libertad que implica un gobierno amplio sirve para vivir seguros haciendo leyes y
ordenamientos en los que a la vez se afirma el poder y se garantiza la seguridad de todos. En suma, el pueblo comete
menos errores que un príncipe y por tanto resulta más digno de confianza que él, por eso es que se encontrará más
fidelidad en las Repúblicas que en los príncipes.
Ciencia política
Si bien Aristóteles realizó estudios sistemáticos y empíricos, fue Maquiavelo quien descubrió la necesidad de la
autonomía de la política, una política que está más allá de la ética, que tiene sus propias leyes y en contra de las cuales
es inútil rebelarse. El comportamiento de los hombres es un hecho objetivo y observable, de una naturaleza fija, pues
nacen, viven y mueren siempre de la misma manera.
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La política se convierte en una ciencia porque el comportamiento humano se hizo observable y predecible y tiene sus
propias leyes con postulados, normas y un caudal de experiencias históricas y contemporáneas que permiten confirmar
las hipótesis y llegar a conclusiones determinadas que servirán para prevenir a los gobernantes acerca de sus actos. Así
Maquiavelo sienta la base de una teoría política una nueva ciencia que refleja la creencia de que para poder analizar de
modo coherente los fenómenos políticos es necesario liberarlos de las ilusiones entretejidas con conceptos ajenos a
ella. La constitución de la ciencia política en tanto empresa colectiva y acumulativa tiende a la formulación de
tipología de generalizaciones de teorías generales de leyes, todas estas relativas a fenómenos puramente políticos
fundados en el sentido de la historia y el análisis fáctico de hechos contemporáneos.
Virtud y Fortuna
Los Estados se adquieren gracias a la fortuna y por medio de la virtud y el hecho de convertirse un particular en
príncipe es fruto de la virtud o de la fortuna. El éxito o fracaso de los hombres depende principalmente de su
capacidad, de su virtud o adaptación a las circunstancias. La idea acerca del poder de la fortuna sobre los asuntos
mundanos será compartida por los hombres del Renacimiento.
Los hombres en todas sus acciones y sobre todo en las grandes, deben tener en cuenta los tiempos y acomodarse a
ellos, ya que las causas de la buena o mala fortuna residen en esa capacidad. Por otro lado en el Renacimiento, virtud
implica saber bien lo que se hace, un virtuoso es quién posee excelencia en su habilidad o arte, como por ejemplo: un
virtuoso del violín. Para Maquiavelo, virtud implica fuerza interior, energía, habilidad para actuar y decidir con
determinación, virtud militar como valor, bravura y coraje, a lo cual hay que sumarle el talento, técnica, eficacia,
claridad mental, autocontrol, originalidad y sabiduría.
La visión de Maquiavelo es la de un activista: el hombre debe confrontar a la fortuna con su virtud, para defender o
controlarlos a través de una pugna activa. El hombre renacentista manifiesta su dignidad atribuyéndose un papel en la
ejecución de su destino.
Moralidad y Política
Desde los griegos hasta el medioevo escribieron sobre el deber ser, esto es, como han de comportarse los gobernantes,
Maquiavelo se aparta de estos métodos.
El drama y la angustia de la conciencia moral de Maquiavelo se revela aquí ya que pese a saber cuándo establecer el
ejercicio del bien, ve como en el mundo de los hombres y la política tal cosa es imposible. No hay que guardar
fidelidad a las promesas, pero puesto que son malos y no te guardarían a ti su palabra, tú tampoco tienes porqué
guardarles la tuya. Lo importante es aparentar el deber ser, no es necesario que un príncipe posea virtudes morales
pero es muy necesario que parezca tenerla. Lo importante es la virtud política, la capacidad de acción en el presente
real para la obtención de un fin, la seguridad y el bienestar de los Estados, y si un príncipe conserva su Estado, los
medios siempre serán juzgados honrosos y aceptados por todos.
El ejercicio de las virtudes morales pueden arruinar el Estado y el bien común, entonces sólo se tienen dos opciones,
aferrarse a principios éticos o al bienestar del pueblo. En los reinos imaginarios de los moralistas los dos son uno y a
Maquiavelo le gustaría que fuese así pero la realidad es otra y el príncipe debe elegir salvar su alma o su gente.
El problema moral reside en la siguiente cuestión, ¿puede un buen gobernante con fines justos actuar inmoralmente?,
Maquiavelo no afirma que el gobernante debe ser malvado y no poder ser bueno, él nunca aprueba la conducta
perversa de un príncipe ya que únicamente pueden a lavarse aquellas acciones que son dirigidas hacia el bien común.
Iglesia y Religión
Según Maquiavelo la corrupción de la iglesia es una de las causas de la ruina de Italia que se podría haber evitado si
los eclesiásticos hubiesen seguido los pasos de San Francisco y Santo Domingo. La iglesia de Roma es perjudicial por
dos razones, los malos ejemplos de aquella corte y que la iglesia ha tenido siempre dividido a nuestro país.
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Maquiavelo examina los dominios de la iglesia que no se adquieren ni conservan por la virtud o la fortuna ya que se
sustentan en las antiguas leyes de la religión, las cuales son tan poderosas y de tanto arraigo que mantienen sus
príncipes al frente del Estado.
El poder temporal de la iglesia es diferente al poder espiritual de la religión y lo que censura Maquiavelo del
cristianismo son sus efectos perniciosos y el hecho de que no se mantuvo tal como fue constituido por Jesús. Otro
problema que señala, es que al cristianismo ha glorificado más a los hombres contemplativos que a los activos. A
diferencia de la religión de los antiguos que ponía énfasis en la grandeza de ánimo, en la fortaleza corporal y en todas
las cosas educadas para hacer fuerte a los hombres, este nuevo modo de vivir ha debilitado al mundo.
La religión es un elemento imprescindible para mantener la vida civil pero el temor a Dios facilita cualquier empresa y
es útil para mandar a los ejércitos para confortar a la plebe y mantener en su Estado a los hombres buenos y
avergonzar a los malos.
Clásico y Moderno
Maquiavelo es un clásico, lo cual implica que trata de interpretar un pensamiento vivo y no de interpretarse en la
búsqueda de restos arqueológicos. Los clásicos son tales porque analizan el presente y se lee como contemporáneos y
les recuerdan a cada generación que las cuestiones planteadas pueden y deben ser reformuladas para interrogar
críticamente a la actualidad en la que vivimos. La tradición clásica es una tradición de significado más que de hecho o
resultados, una indagación permanente sobre los fundamentos de la buena sociedad, una exploración inacabable e
inacabada, acerca de la inerradicable moralidad de los actos de la vida social, esta tradición viviente de la filosofía
política.
Maquiavelo es un clásico en un período de transición en el hito que se señala la continuidad y la ruptura de la tradición
griega y medieval siendo el último de los antiguos y el primero de los modernos, pues él también busca la buena
sociedad y el bien común. Desde una perspectiva teocéntrica del hombre pasamos a una visión antropocéntrica,
además por primera vez en la teoría política moderna se considera la religión como una fuerza coercitiva y no
espiritual, claros ejemplos de la modernidad del florentino.
Es un innovador lingüístico en cuanto al Estado pues es el primero que define y utiliza este término en el sentido
moderno afirmando y comprobando su existencia con un claro significado de poder central, soberano y autónomo. En
la teoría contemporánea de la Democracia de acuerdo a Norberto Bobbio, confluyen tres grandes tradiciones del
pensamiento político, la teoría clásica de Aristóteles y el gobierno del pueblo de muchos, luego la teoría medieval, de
la reivindicación romana, de la soberanía popular una concepción ascendente que se contrapone a otra descendente de
la soberanía, y finalmente la teoría derivada de Maquiavelo que nace con el surgimiento del Estado moderno. Si bien
la República no se identifica totalmente con la democracia, en ella el poder no está concentrado en las manos de uno
solo, sino que está distribuido diversamente en diferentes cuerpos colegiados.
El concepto de República asume un significado distinto en el pensamiento político moderno cuando se produce una
tipología diferente de la clásica; con Maquiavelo primero y Montesquieu después surge, una nueva tríada que
sustituye a la anterior monarquía, República y despotismo. La clásica utiliza un criterio cuantitativo, uno, pocos o
muchos que gobiernan. Mientras que la segunda es una regla cualitativa que resulta de una multiplicidad de factores,
primero el espacio la República de tener una extensión moderada mientras que la monarquía precisa un espacio
grande, segundo, en la República debe haber una relativa igualdad mientras que en la monarquía desigualdades a favor
de la nobleza, tercero en la República las leyes son expresión de la voluntad popular, en cuarto lugar la fuerza de
integración social son diversas en la República y virtud que lleva los ciudadanos anteponer el bien del Estado a sus
intereses particulares, en la monarquía, la nobleza es sostén y límite del poder del Rey.
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Unidad 7
1.-Teoría política marxista: Marx y el problema del Estado. La crítica de la filosofía política hegeliana. El Estado
como superestructura. El Estado Burgués como dominio de clase. El Estado de transición. La extinción del Estado.
2.-Karl Marx: el recolector de señales. La disciplina secundaria. Los prefacios. El difícil trance. El asalto de la duda.
El canto de los gallos. La crítica de los ratones. Trabajos dispersos. Afiladores de cuchillos. Señales en el patíbulo.
Perro muerto. Estranguladores de Londres. La sagrada túnica de Tréves.
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entonces tal es así que ha prescindido que no ha ponderado la situación de desigualdad. Y la crítica al método
especulativo como lo dice Bobbio en el texto es porque prescinde de la observación de la realidad.
El método especulativo: Marx lo que le dice a Hegel, es que el estado no puede tener prioridad sobre los
antecedentes (familia en sociedad civil) no es algo que se eleve por encima hay que prestarle atención aquellas
instancias de tipo preliminar que son las que van a sostener el diseño del estado, de esa manera se cae la afirmación
del método especulativo, diciendo que la soberanía del estado es el monarca. Lo que diría una filosofía no especulativa
como la marxista, el monarca tiene el poder soberano, es decir él tiene algo que no es suyo.
Gracias a todo esto Marx va entender que el diseño del estado burgués liberal (Triunfador de las revoluciones), solo ha
buscado y solo ha generado consolidar situaciones antagónicas de desigualdad precedidas por la familia y la sociedad
civil, ese estado es un garante de las relaciones sociales que le preceden. Desde de esa perspectiva Marx va a sostener
que tenemos que dejar poner en el foco de atención al estado, hay que ponerle atención a las instituciones que le
preceden que en la familia y en la sociedad civil porque hay está la relación de producción, y lo que ha hecho el estado
burgués y el estado liberal es condicionar esas relaciones de producción, para garantizar un statu quo esto es q no
exista un movimiento dialectico de las clases sociales.
lógica transforma el dependiente del propietario forestal en una autoridad estatal, transforma la autoridad estatal en
dependiente del propietario. En este ejemplo hace referencia al Estado burgués, a la fase donde la sociedad civil las
órdenes se transformaban en clase y la propiedad privada se emancipó del Estado.
Marx afirma la ideología alemana del Estado: es la forma de organización que los burgueses se dan por necesidad,
tanto hacia el exterior como en el interior, garantizando su propiedad y sus intereses.
En periodos de crisis la clase dominante cede su propio poder político directo, el que ejercita a través del parlamento,
por ejemplo con Napoleón. Esto no significa que el Estado cambie su naturaleza. Lo que le acontece es el paso de las
prerrogativas soberanas dentro del mismo estado burgués, del poder legislativo al poder ejecutivo (del parlamento a la
burocracia). Esta sustitución da la impresión de que el Estado se ha vuelto independiente de la sociedad civil, pero este
“despotismo individual” no se rige si no se apoya en una determinada clase social: los campesinos pequeños
propietarios (por que la misión del dictador o el parlamento es asegurar el orden burgués). Si la burguesía renuncia a
su poder político es porque considera que el dictador asegurará su dominio en la sociedad civil. “Para salvar su bolsa
debe perder su corona”
El Estado de transición
Marx va a proponer un reemplazo porque lo que ha visto a base de este estudio es la existencia de una dictadura de la
burguesía, es la estructura de la burguesía hecha estructura jurídica hecha estructura política la que ha regulado las
relaciones de producción, y lo que propone Marx es hacer en este estado de transición una dictadura del proletariado.
Este es el paso del estado en donde la clase dominante es la burguesía al estado en donde la clase dominante sea el
proletariado.
Porque lo que va a sostener Marx es que en la dictadura de la burguesía son muy pocos los que dominan a muchos, en
cambio en esta lucha de clases hacia una pretendida sociedad sin clases, hay que cambiar el esquema y esta propuesta
de cambio de esquema tiene que ver exclusivamente con imponer una dictadura del proletariado (dictadura en este
tiempo quiere decir puntualmente a que sean muchos los que dominen a unos pocos). Esto no solo se va a realizar a
través de una conquista del poder estatal sino que exige la destrucción de aquellas instituciones y su sustitución con
instituciones completamente diferentes.
La crítica puntualmente tiene que ver con señalar que es lo que se entiende ahí, el estado es una máquina que no puede
manejar a su antojo, es decir, lo que sostiene Marx es que debe formar una maquina según sus propias exigencias, es
decir esta máquina del estado burgués tenía instituciones jurídicas y política que sostenían las relaciones de la
estructura las relaciones de producción, cuando el estado proletariado busque romper eso e impondrá lógicamente
nueva estructura. En estas nuevas estructuras estará lo que después nosotros vamos a conocer como las propuestas del
socialismo, en este hay un llamado de apropiarse los medios de producción no solo de estructura sino de
superestructura que tiene el marxismo. Lo que si va a hacer el pensamiento marxista es indicarte casi como un
diagnóstico de una precisión impecable
Este nuevo estado pondrá como foco de atención en destruir instituciones de esa superestructura productos del diseño
liberal burgués.
El joven Marx relata en una carta a su padre “…siento el impulso de medirme con la filosofía…no es de ningún modo
posible seguir sin la filosofía”.
Dicha afirmación revela un conflicto interno de tipo vocacional, a partir del cual puede enfrentar la decisión de dejar
de lado sus estudios jurídicos.
A los 19 años revela también en una carta “…me ligue cada vez más estrechamente a la moderna filosofía del mundo,
de la que pensaba poder escapar”. Así señala el inicio de su relación Hegel y su poderosa paternidad filosófica sobre
él, como le llama el autor.
Marx hizo su aventura intelectual, su itinerario educativo yendo de las Ciencias Jurídicas a la Economía Política. Esto
es, desde la ciencia que estudia el significado jurídico de cualquier relación social hasta la ciencia que estudia cómo
las fuerzas productivas están asociadas a determinadas relaciones de propiedad.
En ese viaje entre ciencias jurídicas y económicas, encontró la ciencia que demuestra que las relaciones jurídicas no
explican nada por sí mismas, y que deben ser explicadas por las relaciones sociales.
Así constituye, en forma primigenia, su mirada sobre el ser social que determina la conciencia y no a la inversa
poniendo patas para arriba la filosofía especulativa que se le precedió.
“el ser social”, el conjunto de fuerzas productivas y las relaciones de propiedad de una sociedad, es lo que explicaría
lo jurídico, en tanto situado en una superestructura.
La disciplina secundaria para Marx fue el derecho, la jurisprudencia. El en su momento estaba ocupado en ponerla en
el mismo nivel que se encontraban sus preocupaciones filosóficas e históricas.
Los prefacios
Cuando en 1859 Marx publica la Contribución a la Critica de la Economía Política, siente la necesidad de trazar su
biografía intelectual. En el prefacio de ese libro decide resumir los resultados generales de sus investigaciones.
Lo interesante del prefacio de 1859 es la oportunidad de ver como el mismo, cuenta los diversos momentos de su
desarrollo intelectual. El prefacio de la segunda edición de El Capital, escrito en 1873 es casi un equivalente
autobiográfico del Prefacio de 1859.
Aprovechar esta información y permitir que surja alguna duda son los fines de ese escrito.
El difícil trance
“En 1942-43, siendo redactor de la Gaceta Renana, me vi por primera vez en el difícil trance de tener que opinar
acerca de los llamados intereses materiales”
K. Marx, Prefacio de 1859
En 1842 su principal preocupación teórica era desentrañar la relación de la filosofía con el mundo. La filosofía busca
su realización en el mundo y, en esa realización se pierde y se vuelve mundana. Pero al mismo tiempo y por la misma
razón la realidad se vuelve filosófica.
El tema de “la filosofía en el mundo” traslada a Marx de Berlín a Colonia, para editar la gaceta renana. Es ahí en
donde se verá en un difícil trance.
Hans Wiethaus era el encargado del ministerio público para censurar a la gaceta renana, pero había dejado pasar un
artículo en especial escrito por Marx que se trataba sobre el problema de los campesinos que recogían la leña del
suelo. La dieta había condenado esa actividad como destrucción furtiva de los bosques. Los campesinos podían ser
condenados por robo por el simple hecho de recoger la madera del suelo que necesitaban como combustible. Marx
reflexiona críticamente sobre esta relación entre lo normativo y las relaciones sociales. La ley de la Dieta, sólo
defiende los intereses materiales de los propietarios, es un Estado que ignora su deber de representar a toda la sociedad
y que asume sólo la representación de intereses privados y particulares.
Estos artículos molestaban a funcionarios del rey, y no tardaría en llegar una censura radical.
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Prevenido Marx escribió que, un movimiento político podía ser censurado, pero no las ideas. Ellas eran demonios que
solo era posible someter sometiéndose a ellas. Decir que las ideas son solo suprimidas cuando son incorporadas por
aquellos que quieren suprimirlas es una versión libre del problema de la “realización de la filosofía en el mundo”. De
esta forma, la censura solo podría suprimir las ideas cuando la propia censura fuera suprimida por las ideas
Por otro lado, el escribirá que es ridículo suprimir las ideas a través de la censura, pues las revoluciones cuando
estallan, nunca son provocadas por la libertad de prensa. Tenemos aquí a un Marx que resuelve la cuestión
pensamiento-mundo a favor de una realidad que existe independientemente de los instrumentos con los que es
observada.
Marx tenía dos visiones de porque la censura era innecesaria: 1) Porque el mundo siempre se desarrolla
independientemente de las ideas.2) Las ideas solo desaparecen cuando el mundo las convierte en su propia realidad.
En el prefacio de 1859 nos dice que “el difícil trance” era tener que opinar sobre economía e intereses materiales por
primera vez, pero opinar sobre la censura tampoco era tan fácil. Había aprendido que mundo material influía
decisivamente en las acciones de la vida política del estado.
El asalto de la duda
La París de 1844 fue el escenario en el que los jóvenes hegelianos intentaron la alianza con el socialismo francés.
Nada mejor que versos de Heine en Los Tejedores (poesía celebre) “vieja Alemania, tejemos tu mortaja”.
Tejedores de mortaja eran Heine, Ruge y Marx. La revista los anales franco-alemanes se volvió la desembocadura de
los jóvenes alemanes que querían desentrañar “los principios que el mundo había desarrollado en su interior”.
Marx concluye en que tanto las relaciones jurídicas como las formas de estado no pueden comprenderse por sí mismas
ni por la llamada evolución general del espíritu humano, sino que hunden sus raíces condiciones materiales de vida,
cuyo conjunto resume Hegel, siguiendo el precedente de los ingleses y franceses, bajo el nombre de “sociedad civil”
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Estos manuscritos, acentuaban que el punto de partida del conocimiento estaba en la acción real y en el ser objetivo de
las sociedades. La consecuencia de la alienación del trabajo era la aparición de dos fuerzas que enfrentaban al mismo
tiempo “sus potencias espirituales”: el capital y el trabajo.
A fines de 1844 Marx es expulsado de Francia y se va con su familia a Bruselas. Heine es expulsado pero la opinión
ilustrada francesa hizo campaña a favor de este y logro quedarse en Francia. Entonces Heine se queda, Marx se va.
Para ellos es como un vacío histórico, Bélgica está fuera de los itinerarios filosóficos de la revolución. En Bruselas no
cantaban los gallos.
Para que entre la teoría y la realidad existiera este régimen de relaciones era necesario que el conocimiento fuera
producido por la misma realidad que él estudia.
Los filósofos para Marx no emergen de la tierra como hongos, sino que son fruto del tiempo.
En 1859 habla de “los ratones”. Ante esos ratones se trataba de liquidar la conciencia filosófica anterior. Aquí la
interpretación crítica triunfa sobre la interpretación política.
Marx distinguía el método de investigación del método de exposición de los descubrimientos científicos.
Pero existía también en él un método de “polemizar” que para él debía tener el pasaje lo ideal a lo real: de las armas
de las críticas a las críticas de las armas.
De ahí el prólogo del libro “Miseria de la filosofía”, el libro contra Proudhon: “el señor Proudhon tiene la desgracia de
ser singularmente desconocido en Europa, en Francia ser mal economista, en Alemania ser mal filosofo…”
Proudhon leyó y subrayo el libro de Marx contra él. Pero de
Proudhon respondiendo a Marx solo existe una carta antes de la “Miseria de la Filosofía” que lo acusaba de ser el
nuevo Lutero porque estaba creando una nueva intolerancia.
En la “ideología alemana” su víctima fue Max Stirner autor de el “único”.
Trabajos dispersos
¡Aparecen en 1848 dos ediciones del Manifiesto del Partido Comunista con una leyenda en su tapa que señala
“proletarios de todo el mundo, uníos!
Se advierte aquí la crítica al Estado liberal burgués y el abandono definitivo a la visión positiva del Estado. “La
burguesía creo maravillas mayores que las pirámides de Egipto, los acueductos romanos o las catedrales góticas”. Era
un canto a la revolución incesante de los modos de producción. La burguesía fue la autora de esa revolución colosal.
Pero en sus entrañas generó otra revolución. La primera fue la revolución de la industria “pasiva e inconsciente”; la
segunda sería la del proletariado, fruto y sepulturero de la burguesía. La burguesía era revolucionaria porque generaba
el proletariado.
En este párrafo advertimos la secuencia y propuesta del paso del Estado Burgués al Estado Proletario y el verdadero
significado del denominado estado de transición hacía el no estado. Comienza a partir de aquí en Marx un trabajo de
divulgación de ideas y se militancia política con los diversos grupos.
Afiladores de cuchillos
En 1852, Marx publica “El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte”. Ésta está vestida de frases relucientes. Se trata
del efecto de ciertas frases en la historia; aunque su motivo fue analizar el golpe de Estado que en 1852 lleva a Luis
Bonaparte III al poder.
Marx dice que las generaciones muertas oprimen el cerebro de los vivos. Los hombres se obstinan en no asumir su
verdadera condición humana.
Temen asumir los costos de la profanación que ocurre. Cuando sienten señales de la revolución, convocan a los
espíritus del pasado y toman prestados sus nombres, gestos y gritos.
Los hombres gritan, puede ser, pero no significa que reconozcan lo que está ocurriendo.
Esos cuerpos muertos visitando los escenarios de la lucha social francesa es la fuerte acusación que Marx dirige
globalmente contra la política francesa.
El Dieciocho Brumario es un urgente canto de independencia del presente con relación al pasado, un pedido de que los
hombres asuman su verdadera condición de clases sin farsas antiguas. Lo mismo ocurre con las fuerzas productivas,
ellas ya pueden estar maduras para librarse de las antiguas trabas sociales que en otro momento eran adecuadas a ellas.
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Luis Bonaparte da un golpe que Marx llama “dieciocho Brumario” recordando cuando en 1799 el 1° Napoleón se
volvió emperador de Francia.
“Francia “vuelve” al pasado: grupos sociales representando papeles que no corresponden a su situación objetiva en la
Sociedad” “Proletariados y burgueses son sustituidos: “afiladores de cuchillos” hablan por los proletariados, nobles
decadentes con cosméticos ridículos hablan por los burgueses”
(nota: afiladores de cuchillos eran la clase más baja de los proletariados, casi inexistentes)
Marx concluye que nadie, menos él, dedicaría un análisis al surgimiento del Estado francés a partir de la Edad Media.
Solo le atribuye a éste, la responsabilidad de haber dado fin al proceso.
Señales en el patíbulo.
A mediados de 1850 las dificultades económicas llevan a Marx a solicitar un puesto de funcionario en la compañía
ferroviaria de Londres. Pero había una dificultad, Marx tenía mala letra. El “Moro” (como ya era conocido) probo con
el periodismo. Ya había dirigido 2 periódicos de gran circulación y 2 revistas. En el “New York Daily Tribune”
publica pequeños ensayos en los que el capitalismo aparece como Bárbaro, Hipócrita y Devastador. Pero es el
Capitalismo el que lo llevara a la periferia del “planeta de las leyes orgánicas” que le permitirán fundar un mundo
nuevo. La barbarie capitalista es un inconsciente de la civilización. “Es necesario el bárbaro para crear civilización, es
necesario el “lado malo del proceso” para que el proceso prospere”
“La historia es un Patíbulo” decía Hegel: pueblos fueron destruidos en la historia. Se desmoronan Estados y los
individuos son frustrados en sus designios.
Hay una primera ministra invisible que gobierna la historia: LA RAZON. La razón los observa con astucia, necesita
de ellos. Para Hegel ésta es la “astucia de la Razón”
Cuando Marx ve a la India entrar al mundo moderno capitalista, interpreta la astucia de la razón.
En 1863 la guerrilla polaca golpea a Rusia Zarista. Marx está atento. En el mismo campo de la causa están los
grandes propietarios y los pobres campesinos.
La revuelta polaca podía transformarse en una “SEÑAL” que estimulara la unidad alemana.
La Señal palabra que conduce a uno de los grandes temas de Marx.
La Europa que él ve es una Europa de las nacionalidades y el proletariado. La Señal es la llamada a la Revolución.
Marx paso mucho tiempo tratando de identificar “señales” (cantos de gallo).
Esas señales podían surgir de contradicciones que estaban en el centro de la historia moderna o en la periferia del
mundo. En 1847 en Londres, acompañado por Engels, Marx había dado un discurso en la liga de los comunistas “La
victoria del proletariado contra la burguesía será la Señal de liberación de todas las naciones oprimidas”. Esto es para
él el Origen de la Señal.
Perro muerto
El Capital” aparece en 1867. Pero existía una cuestión sobre la cual importaba mucho: La Cuestión Hegel. Y el
Capital editado en su 2| volumen (1873) era el momento para ajustar cuentas. Marx sostiene que él fue quien ataco lo
que la Dialítica de Hegel tenia de mistificador.
Marx dice que Hegel fue el 1° en presentar la Dialéctica como un método de conocimiento que partía de la
identificación de las “formas generales de movimiento de la realidad” dando a la dialéctica una “envoltura mística”
por lo que Marx lo llama “perro muerto”.
Éste no solo puso a la dialéctica idealista y mística de Hegel sobre bases materialistas racionales, sino que anuncio que
realizaría un movimiento empleando una alegoría.
En “El Capital” el capítulo inicial es una parodia que homenajea a
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Hegel de principio a fin. Va y viene con el lenguaje hegeliano en su presentación de la Teoría del Valor.
Las mercancías son productos de las relaciones sociales entre los productores. Pero éstas “encubren” su carácter de
producto social a través de creencias ideológicas de que son ellas las que detentan las propiedades sociales originadas
en el trabajo de los productores.
El “fetichismo” es inherente a la mercancía. Ésta es propia del desarrollo histórico del capitalismo.
Sin embargo, en la Edad Media no existía ese encubrimiento. El trabajo y sus productos son lo que son “Relaciones
sociales inmediatas”. “En ella no hay fetichismo de la mercancía” dice Marx en El Capital.
Decir eso lo convierte a Marx en alguien diferente de aquél que hacía apología del papel transformador de las fuerzas
productivas. Se está en frente de un Marx que en vez de analizar la historia a través de la “producción Material”
analiza la historia a través de la “ideología”.
La crítica al fetichismo es la crítica a las ideologías de encubrimiento. Es el productor directo quien debe hacerla, el
hombre de una sociedad de productores libres.
La crítica a la Edad Media la hace el capitalismo. En ella nadie engaña al productor directo a partir del “propio sistema
económico” pues todos saben qué hacer y para quien trabajan.
Estranguladores de Londres
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Unidad 8
1.-La formación del Estado argentino: Orden, progreso y organización nacional. La organización nacional y la
construcción del Estado. La cuestión del progreso. La cuestión del orden. Aparato institucional y organización
nacional. Alianzas políticas y organización nacional.
Línea de tiempo
Enfoque metodológico
Entre las categorías conceptuales propias del autor se destacan:
-pensar al Estado como una realidad en formación
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-pensar el Estado como una entidad que va conformándose a partir de la adquisición de la estatidad, esto es, la
adquisición de determinadas capacidades o atributos que definen la estatidad que son:
1) capacidad de externalizar su poder, obteniendo reconocimiento como unidad soberana dentro de un sistema de
relaciones interestatales;
2) capacidad de institucionalizar su autoridad, imponiendo una estructura de relaciones de poder que garantice su
monopolio sobre los medios organizados de coerción;
3) capacidad de diferenciar su control, a través de la creación de un conjunto funcionalmente diferenciado de
instituciones públicas con reconocida legitimidad para extraer establemente recursos de la sociedad civil, con cierto
grado de profesionalización de sus funcionarios y cierta medida de control centralizado sobre sus variadas actividades;
4) capacidad de internalizar una identidad colectiva, mediante la emisión de símbolos que refuerzan sentimientos de
pertenencia y solidaridad social y permiten, en consecuencia, el control ideológico como mecanismo de dominación.
Es a partir de las categorías conceptuales enunciadas que para Ozslak el Estado nacional argentino se presenta
como la resultante de la conjunción en un proceso de construcción social, de un Estado y de una Nación, como
unidad política dotada de sus propias características, y que delimita la fisonomía de la estatidad desde
mediados del siglo XIX hasta nuestros días a partir del despliegue de cuatro capacidades o atributos de la
estatidad.
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Nacional.
Derrota de Rosas
Para Oszlak la derrota de Rosas en la Batalla de Caseros más que una victoria sobre una forma de hacer política da
cuenta de la creación de condiciones para que los sectores económicos dominantes del interior se situaran como
interlocutores en la discusión sobre cómo gestionar el circuito económico que tenía por eje al Puerto de Buenos Aires
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La Revolución de Mayo y las luchas de emancipación desde 1810 marcaron el comienzo del proceso de la creación de
la nación argentina. Sin embargo la ruptura con el poder imperial no se produjo automáticamente. Roto el vínculo
colonial, se hizo evidente que la dominación española no había creado resquicios para el desarrollo de una clase
dirigente criolla capaz de suplantar con liderazgo y legitimidad el control político y territorial ejercido por la corona.
La secesión de Paraguay, el Alto Perú y la banda Oriental creó conciencia en los líderes revolucionarios sobre la
necesidad de defender la integridad del territorio heredado de la colonia.
El origen del movimiento independentista, resultaba un escollo para lograr la adhesión subordinada de los pueblos del
interior al nuevo esquema de dominación que se proponía. Buenos Aires se constituyó en capital de la organización
política surgida del movimiento revolucionario.
Los centros de poder tendieron a localizarse en las viejas ciudades coloniales del interior. Estos centros de poder se
integraron en torno a la figura de caudillos locales. Los intentos de organización republicana fueron sustituidos por la
autocracia y el personalismo. El acceso al poder pasó a depender del control de las milicias y los partidos surgieron
como pantalla para legitimar la renovación de autoridades. El destierro, el asesinato político, la venalidad, el
nepotismo y la coacción física se incorporaron como instrumentos de dominación en las prácticas políticas del país.
Los caudillos lucharon por reivindicar el marco provincial como ámbito natural para el desenvolvimiento de la
actividad social y política. La provincia pasó a constituirse casi en símbolo de resistencia frente a los esfuerzos de Bs.
As para concentrar y heredar el poder político del gobierno imperial.
Tres décadas después de declarada la Independencia, Echeverría observaba:
“La patria para el Correntino es Corrientes; para el cordobés, Córdoba…para el gaucho el pago en que nació. La vida
e intereses comunes que envuelve el sentimiento racional de la patria es una abstracción incomprensible para ellos y
no pueden ver la unidad de la república simbolizada en su nombre”. Esta observación desnuda la esencia de la
“cuestión nacional”. Está interpretación contrasta con el tratamiento analógico de los conceptos de nación, estado y
hasta país independiente.
La Nación Argentina dio forma y personalidad a las provincias. Obtenida su personalidad, las provincias pactaron
entre si y organizaron la nación, no la formaron. Así como no puede hablarse de un Estado Nacional, tampoco puede
afirmarse que existiera una nación antes de haberse desarrollado tanto los atributos ideales de la nacionalidad como
sus fundamentos materiales.
El localismo no era una forma de organización social destinada a perpetuar en el poder a caudillos sino que respondía
sobre todo a la modalidad que habían adquirido las relaciones de producción y los circuitos económicos en el territorio
de las Provincias Unidas.
La expansión económica de la región pampeano-litoraleña durante la primera mitad del siglo XIX estuvo ligada a su
inserción en el mercado internacional como exportadora de bienes pecuarios e importadora de productos
industrializados. Esta exportación de bienes pecuarios permitió que la provincia de Bs As se diferenciará con respecto
al resto del territorio. Las clases dominantes porteñas coincidían en sostener la estabilidad política de la provincia y el
predominio de Bs As con el resto del territorio.
El desarrollo de la producción pecuaria se basó en el uso extensivo de la tierra y en la racionalización de la
explotación de las estancias, que consistió en la disciplina de la fuerza de trabajo y el aprovechamiento integral del
ganado. La estancia era unidad productiva y también unidad económico-social. Abarcaba desde la organización para
defenderse de los indios y actuar como policía rural hasta la producción de la mayor parte de los consumos internos.
Estás unidades productivas tenían pocas vinculaciones económicas fuera de la línea que las unía con el mercado
externo y por ello la producción de bienes exportables no se beneficiaba con el dinamismo que el incremento de las
exportaciones permitía a la economía urbana.
Para los terratenientes, el fortalecimiento del circuito se centraba en garantizar las condiciones de producción de
bienes pecuarios a través del control de la frontera con los indios y desarrollar las vías de comunicación entre el puerto
y las unidades productivas. El predominio de Bs As sobre el interior debía restringirse a mantener el control de la
aduana en manos locales y participar indirectamente en la porción del excedente extraída a través de la aduana
porteña.
El interés del sector mercantil-portuario en el fortalecimiento del circuito económico Bs As-mercado externo se
combinaba con el propósito de expandir el mercado para las importaciones hacia el interior del territorio. El
predominio de Bs As sobre las demás provincias se ligaba en este caso a la integración de todas las regiones a la
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economía portuaria, bajo un régimen liberal. La apertura de todo el territorio como mercado para las importaciones y
el potencial incremento de las exportaciones requerían uniformar el sistema monetario, abolir las barreras aduaneras
internas, crear vías de comunicación y garantizar el tráfico interprovincial.
La región mediterránea, que abarca las provincias del centro, norte y oeste, comprendía varios sistemas productivos
con desiguales características y grados de desarrollo. La zona central y norteña se configuro durante el periodo
colonial, vinculada así al circuito formado por las minas potosinas y el puerto de Lima, como proveedora de carretas,
tejidos y animales de carga. En La zona cuyana sus vinculaciones más importantes fueron con la economía chilena y
el mayor desarrollo de la agricultura. Las provincias de Catamarca y La Rioja formaban la zona económicamente más
atrasada de la región.
El interior mediterráneo entró en un largo periodo de estancamiento con la paulatina disolución del circuito que lo
unía a la economía limeña. Las relaciones entre los sistemas productivos regionales eran escasas y el comercio con la
región pampeano-litoraleña estaba obstaculizado por barreras aduaneras internas y por la competencia del comercio de
importación.
Las posibilidades de expansión de los sistemas económicos de la región mediterránea dependían de la constitución de
una instancia institucional que enajenada a Bs As el control local de la aduana, limitara las importaciones y destinara
una porción importante de las rentas aduaneras a subsidiar a los gobiernos provinciales y a crear las condiciones
político-económicas para una vinculación más dinámica entre el interior y la región pampeano-litoraleña.
La región del Litoral tuvo un desarrollo de la actividad ganadera anterior al de Bs As. Pero se vio relegada a un
segundo plano por la supremacía del puerto de Bs As y el acceso directo al mismo que tenía la producción de esta
provincia.
Teniendo la posibilidad de establecer un comercio directo con el mercado internacional, la organización de la nación
significaba, para el litoral, terminar con el exclusivismo portuario de Bs As mediante la sanción de la libre navegación
de los ríos interiores. Se creaba la posibilidad de que el litoral llegara a competir con Bs As en la intermediación del
comercio externo.
Nacionalizada la aduana de Bs As, abiertos los ríos interiores a la libre navegación y organizado el tráfico comercial
en todo el territorio, sería posible neutralizar la gravitación política de Bs As y reducir el control económico que
ejercía a través de la centralización en el puerto de Bs As.
El conflicto entre federalismo y unitarismo, no fue sino una expresión política de una contradicción económica mucho
más profunda. Mariano Frágueiro escribía a Quiroga lo siguiente:
“La Guerra civil aunque ostensiblemente se hace entre federales y unitarios, ella no existe fundamentalmente sino
entre provincias interiores y las litorales porque los intereses entre ambas no han estado íntimamente ligados…Las
provincias interiores arden en guerra, destruyen sus propios recursos y sus propios hijos, y el resultado será su ruina
y engrandecimiento de las litorales. En una palabra, estamos sirviendo de instrumento para acrecentar un poder que
ha sido el origen de nuestras desgracias.”
La Organización Nacional comenzó a vislumbrarse con mayor fuerza cuando la posibilidad de articular y
compatibilizar estos diferentes intereses empezó a dar sentido unificador a la nación.
Cómo lo destaca Halperin, la última etapa del rosismo había creado posibilidades de institucionalización del orden y
también generado y consolidado una red de intereses a la sombra de la moderada prosperidad alcanzada gracias a la
dura paz que Rosas impuso al país. La Guerra civil que sobrevino después de Caseros, debe entenderse como la
manifestación político-militar de un enfrentamiento entre proyectos alternativos de unidad nacional, congruentes con
intereses económicos opuestos. El triunfo sobre Rosas debe entenderse como la creación de nuevas condiciones para
la articulación de los intereses de los sectores dominantes del interior al circuito económico que tenía por eje el puerto
de Bs. As.
El progreso tiene que ver con las condiciones materiales, con brindar un andamiaje al desarrollo económico.
El progreso y el contexto externo
Contexto externo favorable para el progreso: la segunda revolución industrial y sus avances tecnológicos
incrementaron la demanda de bienes (en particular materias primas)
Buenos Aires pretende mantener su control de la Aduana, porque perderlo compromete el sostenimiento de su
aparato burocrático-militar.
El Litoral y el interior mediterráneo pretenden sustraer a Buenos Aires el control de la Aduana y promover la
libre navegación de los ríos interiores para colocar su producción
Lo que no debe perderse de vista es que el interior mediterráneo es desde el origen, por la estricta realidad
económica de la región (economía primario-exportadora con salida por la boca del Río de La Plata), el sector
más débil que sólo se asocia con el Litoral por el enemigo común que es Buenos con su control de la Aduana
y con el freno a la navegación de los ríos interiores)
autoridades locales que solo designaban una porción de su autonomía a un gobierno nacional. La gradual apertura
externa de la economía originaba nuevas necesidades, nuevas relaciones, nuevos intereses, nuevos marcos de
referencia, sobre todo entre los sectores más estrechamente ligados al mercado mundial. La “internacionalización” de
la vida económica aparecía como una condición necesaria para la “nacionalización” de la sociedad argentina.
La continua expansión de la economía exportadora durante la primera mitad del siglo 20 comenzó a acelerar su ritmo
a partir de la caída de Rosas. La eliminación de las restricciones al comercio y exportación de oro y los efectos de la
llamada segunda revolución industrial produjeron un fuerte incremento de la producción y el intercambio.
Con la apertura de nuevas oportunidades generadas en la revolución tecnológica se inició un doble proceso alimentado
por la experiencia de otros países que servía como guía y meta.
La llamada Generación del 37 (Echeverría, Alberdi, Gutiérrez y otros) incluida por las ideas románticas y el
liberalismo europeo, había señalado el camino. Este proyecto se nutría en la idea del “progreso”. La articulación de
intereses económicos y el desarrollo de las fuerzas productivas se exigían de este modo en indispensables
componentes materiales de la nacionalidad. El progreso se constituía en idea integradora de la sociedad. Según Bury,
el progreso se abría paso como concepción dominante en esta etapa de construcción de la sociedad argentina.
La Constitución Nacional de 1853 representó la plasmación normativa de esta nueva concepción y el denominado
proyecto de la Generación del 80 encontró en ella su más acabado fundamento. A lo largo de la segunda mitad del
siglo XXI se reiteraran manifestaciones de éste pensamiento sobre las infinitas posibilidades de progreso a la luz de
las condiciones materiales existentes en el país y el conocimiento de los factores que podrían concretarlo. La
fórmula: tierra, trabajo y capital pondría en marcha la maquinaria del progreso. Únicamente el Estado estaba en
condiciones de construir los pilares del nuevo orden social. Como diría Renan, el Estado era la máquina del progreso.
La Constitución de 1853 al formalizar la existencia del Estado nacional, le asignará ciertas funciones que ni los proto-
estados surgidos durante la Guerra de independencia y las luchas civiles, ni los sectores sociales dominantes, habían
asumido hasta entonces como objeto propio. Pensar la Argentina después de Caseros implicaba una toma de
conciencia, una crítica evaluación del pasado, una repentina actualización de concepciones que venían madurando
desde hacía décadas.
Hasta entonces el país no contaba con ferrocarriles, la inversión extranjera, reducida al comercio y las finanzas,
permanecía estacionaria desde hacía mucho tiempo, vastas extensiones de tierra aún estaban en manos de los
indígenas, en tanto que la frontera interna se había estrechado peligrosamente y la inmigración se reducía a una escasa
corriente espontánea.
Las nuevas condiciones comenzaron a movilizar a los agentes económicos y a producir ajustes y desplazamientos en
las actividades productivas tradicionales. La libre navegación de los ríos y la eliminación de las aduanas interiores
generaron nuevas posibilidades de intercambio comercial y formación de mercados. Los intereses del sector
mercantil-importador comenzaron a engarzarse estrechamente con los del sector agroexportador y financiero. Las
posibilidades de importación dependían de la capacidad de exportar, del aumento de la producción agropecuaria y de
su ventajosa colocación en el mercado mundial. La nueva situación acentuó las diferencias que ya existían entre el
próspero litoral y un interior mediterráneo empobrecido. Bs As y las provincias litorales continuarían siendo el eje
dinámico de la economía primario-exportadora.
El enfrentamiento que separó a Bs As de la Confederación Argentina luego de Caseros, tenía raíces económicas
profundas. Haber terminado con Rosas no significó acabar con la política “federalista” de Bs As.
Cómo en el interior se originaba y destinaba apenas un 10% del comercio exterior, la solución propiciada por el
interior al discutirse las bases de la organización nacional, pretendían imponer a Bs As una política proteccionista que
asegurara la colocación de su producción en el expansivo mercado del Litoral, así como asegurar una participación
más equitativa en la recaudación de la aduana bonaerense.
Realidad del atraso: Dispersión y aislamiento de los mercados regionales, por la escasez de población, por la
precariedad de los medios de comunicación y transporte, por la anarquía de los medios de pago, por la inexistencia de
un mercado financiero, por las dificultades para expandir la frontera territorial más allá de las tierras bajo control de
los pueblos originarios para expandir la frontera productiva, por la falta de garantías a la propiedad, por la falta de
garantías a la vida puesta en cuestión de modo constante por las guerras civiles y las incursiones de los pueblos
indígenas
Para salvar la distancia entre la utopía del progreso y la realidad del atraso aparece la idea de orden.
Aproximación conceptual
Orden es la ausencia de conflicto y, en ese marco, implica:
-Eliminar todos los elementos que pudieran obstruir al progreso, por ejemplo, y como aparece delineado en Facundo
de Sarmiento, los pueblos indígenas, y las montoneras y caudillos
-Generar condiciones que permitan incorporar dos factores fundamentales de producción procedentes del extranjero,
capital y trabajo (con respecto al capital, con seguridad jurídica para las inversiones externas, con respecto al trabajo,
promoviendo la inmigración)
-Desplegar un Estado que cuente con reconocimiento externo de su soberanía único (la Confederación y Buenos Aires
contaban con reconocimiento externo de su soberanía por separado), control por la fuerza único (Ejército nacional),
aparato administrativo y jurídico único, control ideológico de la dominación. En definitiva, que la Confederación y
Buenos Aires se comporten como un Estado único, y no como dos Estados separados
Las posibilidades de articulación de los factores productivos se vieron limitados por diversos obstáculos: la dispersión
y el aislamiento de los mercados regionales, la escasez de población, la precariedad de los medios de comunicación y
transporte, la anarquía en los medios de pago y en la regulación de las transacciones, la inexistencia de un mercado
financiero y las dificultades para expandir la frontera territorial incorporando nuevas tierras a la actividad productiva.
Sobre todo por la ausencia de garantías sobre la propiedad, la estabilidad de la actividad productiva y hasta la propia
vida ponían escollos insalvables a la iniciativa privada. La distancia entre proyecto y concreción, entre la utopía del
“progreso” y la realidad del atraso era la distancia entre la constitución formal de la nación y la efectiva existencia de
un estado nacional.
Regularizar significaba imponer un nuevo marco de organización y funcionamiento social, coherente con el perfil que
iban adquiriendo el sistema productivo y las relaciones de dominación.
Roto el orden colonial, el “Orden” se erigía como cuestión dominante. El orden aparecía como la posibilidad del
“progreso”, como el marco dentro del cual, la sociedad encontraría el modo de desarrollar sus fuerzas productivas. El
“orden” excluía a todos aquellos elementos que podían obstruir el progreso. El “orden” también contenía una implícita
definición de ciudadanía, sobre todos de quienes eran considerados legítimos miembros de la nueva sociedad.
El “orden” también tenía proyecciones externas que permitirían obtener la confianza del extranjero en la estabilidad
del país y sus instituciones. Con ello se atraían capitales extranjeros de inmigrantes. Con respecto al capital extranjero,
la Confederación Argentina dio los primeros pasos. En la línea inaugurada en los Estados Unidos, Hamilton negocio
un acuerdo para el pago del empréstito de 1824 con el objeto de recuperar el crédito externo. En cuanto a la
inmigración europea, ésta continúo con su flujo.
La instauración del “orden” significaba dar vida real a un Estado nacional cuya existencia, no se evidenciaba más allá
de la formalidad de un precepto constitucional. El des-orden y sus diferentes manifestaciones (enfrentamiento armado,
caos jurídico, precariedad institucional, imprevisibilidad en las transacciones) expresaban la inexistencia de una
instancia articuladores de la sociedad civil que, solo podía estar encarnada en el Estado. Dar vida al Estado implicaba
que un sector estuviera en condiciones de movilizar recursos suficientes para instituir un sistema de dominación
estable capaz de resolver las múltiples manifestaciones de desorden.
Luego de varias décadas de guerras civiles, la Confederación Argentina compartía con Bs As el reconocimiento
externo de su soberanía política. A esta dispersión de la autoridad se contraponía la precariedad de un aparato
administrativo y jurídico con alcances nacionales. Bajo tales condiciones, tampoco podía esperarse que el Estado
confederado ejerciera un efectivo control ideológico de la dominación.
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Como puede apreciarse, cada una de estas propiedades remite a la existencia de un “orden” de la vida social
organizada. Soberanía externa indisputada, autoridad institucionalizada en todo el ámbito territorial, respaldada por el
control del monopolio de la coerción, diferenciación e integración del aparato institucional y centralización jurídico-
legislativa, tales son los senderos a recorrer, las cuestiones a resolver en el proceso de “ordenar” la sociedad y llenar
de contenido los atributos del Estado.
El fracaso de la Confederación en organizar la nación y asegurar la viabilidad del Estado como un pacto de
dominación estable y disponer de los recursos institucionales para materializar su existencia.
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Legislativo Federal en 1854: “Nada había preparado, era preciso destruir los restos fiscales del aislamiento…remover
los obstáculos propios de todo lo que no tiene antecedentes…La transición del aislamiento de las provincias a la
nacionalidad argentina ha debido ser gradual y tan lenta como lo permitían los medios que debían verificarla…Sin
rentas, sin monedas, sin comercio regular, sin medios de comunicación, todo era forzoso crearlo”
El papel moneda no fue aceptado y su circulación se limitó a pagos hechos por el gobierno y posteriores transacciones
de los particulares con el fisco. La rápida depreciación de la moneda fiduciaria llevo a que se suprimiera su circulación
en Setiembre de 1854.
El intento de centralización de las aduanas, casa de moneda y correos provinciales mediante un sistema de
Administración de Hacienda y Crédito, resultó un fracaso. En 1855 las aduanas se encontraban aún en manos de los
gobiernos locales. Ante esta situación se decretó la sujeción de toda oficina nacional de recaudación a las
Administraciones de Rentas Nacionales, organismos que se subordinan a la Contaduría Gral. De la Nación.
Simultáneamente, se designaron 2 Inspectores de Aduana con la misión de centralizar las aduanas y administraciones,
uniformar el sistema de recaudación de rentas y mejorar la información sobre gastos y recursos nacionales.
Sin la centralización de la recaudación aduanera no era posible controlar la recaudación, ni los gastos de cada oficina
receptora, ni formular un cálculo aproximado de los recursos con que se contaría en el futuro. La aduana del puerto de
Rosario, continúo atendiendo los libramientos del gobierno provincial, del gobierno nacional y de un administrador
que actuaba independientemente atendiendo los gastos de guerra que ocasionaba el enfrentamiento con Bs As. El
gobierno de la Confederación nunca alcanzó una situación económica estable y se veía acosada por los gastos de
guerra y siempre debió manejarse con operaciones crediticias en pequeña escala, destinada a atender vencimientos
acumulados.
El objetivo central fue facilitar las relaciones comerciales entre las provincias y con el exterior. Se obtuvo un éxito
relativo en la abolición de los impuestos aduaneros internos, pero fracaso en el intento de introducir una moneda
uniforme y crear un sistema crediticio. Mediante tratados de libre navegación, el gobierno de la Confederación trato
de incentivar el comercio del puerto de Rosario, pero el resultado de estas medidas fue muy limitado debido a la
escasa capacidad de los comerciantes con asiento en esa ciudad y que no podían absorber el cargamento completo de
un buque proveniente del extranjero.
Durante varios años se negoció con Europa la construcción de un ferrocarril que uniría Córdoba con Rosario, pero las
obras se iniciaron en la década siguiente (1865). Los únicos servicios de transporte y comunicaciones que se
inauguraron durante la Confederación fueron las mensajerías nacionales (diligencias que unían Rosario con el
interior): y el servicio de navegación a vapor entre las ciudades de Santa Fe y Paraná. Ambos servicios debieron
suspender muchas veces sus salidas por falta de pasajeros.
El correo oficial fue muy poco usado por particulares a pesar que el gobierno rebajo las tarifas, aseguro la
inviolabilidad de la correspondencia y trató de regularizar los servicios, los pasajeros particulares continuaron siendo
el principal vehículo de la correspondencia privada. El gobierno de la Confederación logró centralizar el servicio de
correo. Un inspector debía establecer las bases de un servicio postal uniforme en las Administraciones de Rentas
Nacionales y ordenar a los administradores la centralización del servicio en el radio de su jurisdicción.
Las provincias, al ser abolidas las aduanas internas y nacionalizadas las externas, se vieron privadas de los recursos
necesarios para atender los gastos de las administraciones locales.
Al finalizar la década del 50, la Confederación se hallaba estrangulada económicamente. Su deuda era
desproporcionada con respecto a sus recursos genuinos y el gobierno se hallaba imposibilitado de continuar
recurriendo al endeudamiento público. Una vez centralizada la aduana, las rentas nacionales estuvieron
comprometidas antes de su percepción. Los sueldos militares y civiles sufrieron un atraso crónico y reducciones. En
vísperas de Pavón, la acumulación de créditos impagos anticipaba el colapso de este intento de construir el aparato
institucional del Estado sin el concurso de los recursos bonaerense. En cuanto a la organización militar, el gobierno de
la Confederación Argentina no llegó a contar con un ejército nacional propio. La formación de una fuerza militar bajo
el mando directo del gobierno nacional se produjo en ocasión de la Guerra del Paraguay. Durante el periodo de la
Confederación, la única fuerza militar a disposición del gobierno nacional, fue el ejército de la Provincia de Entre
Ríos. Las prescripciones del acuerdo de San Nicolás, solo trascendieron el plano formal a través de alianzas entre el
ejecutivo nacional y gobernadores provinciales.
El grueso de las fuerzas militares se hallaba destinado a custodiar las fronteras internas con los indios de la región
chaqueña y al sur de las provincias de San Juan, San Luis y Córdoba. Se hallaba bajo el mando de los gobiernos
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provinciales. La creación de estos batallones debían crearse a través de los gobiernos provinciales, lo cual acarreó que:
la mayor parte de las fuerzas no pudo reunirse por falta de recursos hasta varios años más tarde.
Además de los ejércitos destinados a custodiar las fronteras interiores, los gobiernos provinciales contaban con
milicias locales denominadas “guardias nacionales”. El grueso de los mismos lo formaba la población civil que se
enrolaba por orden del gobierno local. Al desaparecer las circunstancias que motivaron la reunión, las tropas eran
licenciadas. En 1854 se crea la Inspección General del Ejército y Guardias Nacionales con el objeto de centralizar la
conducción del ejército y reglamentar el funcionamiento de las milicias de cada provincia.
La desorganización del ejército y el gran número de bajas sufrido durante la campaña que culminó en los
enfrentamientos de Cepeda y Martin García, redujo su potencial bélico. En vísperas de Pavón el ejército resultaba
insuficiente para defender las fronteras y ciudades principales. Las diferentes políticas seguidas por los gobiernos
provinciales no preveían la colaboración entre las diversas fuerzas, y el gobierno de la Confederación tuvo poco éxito
en poner algún orden en este sentido.
En Bs As, bajo el gobierno de Valentín Alsina se ofrecían fuertes sumas de dinero a quienes sirviesen como
voluntarios en los cuerpos de línea por el término de 4 años. Al mismo tiempo se reorganizaba la Guardia Nacional de
la provincia y se organizaba la Guardia Nacional de la campaña en 17 regimientos mandados por jefes de línea. Más
tarde se creó por decreto una compañía de marina para el servicio de la escuadra y por enganche, dos legiones
extranjeras. Se intentó superar las dificultades de enrolamiento mediante severas sanciones a los desertores o a quienes
tratarán de evitar su enganche. El estado de Bs As contó con la posibilidad de movilizar recursos financieros para la
organización y sostenimiento de su ejército. Para ello utilizo el crédito del Banco de la Provincia, la afectación de
rentas aduaneras y el producto de la venta y arriendo de tierras públicas.
A pesar de las vicisitudes de la Guerra civil y del asedio de las fuerzas confederadas, Bs As dispuso en todo momento
del control de su Aduana y el apoyo de su Banco. El monopolio comercial ejercido por el puerto de Bs As hacía de su
aduana un instrumento de apropiación de recursos, al tiempo q el Banco de la Provincia concurría a saldar no solo el
déficit presupuestario del gobierno, a través de la emisión monetaria, creaba una encubierta forma de imposición que
resolvía las situaciones más urgentes. Solo así pudo la provincia escindir sostener el extraordinario presupuesto a
militar que exigió la defensa de su territorio y las campañas que debió librar ante el avance indígena.
Durante el lapso que duró la secesión de Bs As, se produjeron avances decisivos en la consolidación de vínculos
nacionales entre provincias. Bs As permaneció separada por 10 años con un gobierno independiente, el resto del
territorio dio los primeros pasos hacia la formación de un mercado único con la desaparición de las barreras aduaneras
internas y la nacionalización de las externas.
El territorio se mantuvo bajo la jurisdicción de instituciones que facultaban a sus titulares a tomar decisiones de
carácter nacional. El gobierno nacional llegó a gozar de cierto grado de estabilidad y del reconocimiento de su
soberanía. La estabilidad estuvo supeditada a qué no se restringiera la autonomía de los gobiernos provinciales. La
capacidad del gobierno nacional para tomar decisiones que afectarán a la población fue escasa o nula.
La construcción de un aparato institucional que trastocara la relación entre provincias y el gobierno nacional y
permitiera hacer efectivo el poder otorgado a las autoridades nacionales era una tarea por iniciarse, después de Pavón
sería llevada a cabo. Mientras el gobierno nacional permaneció privado de la contribución de la aduana y el Banco
Porteño, el sistema tributario y el aparato militar no pudieron arraigarse como instituciones nacionales.
Cuando el federalismo litoraleño puso fin a la alianza con Rosa, contaba con la pasividad del interior mediterráneo y
el apoyo activo de los unitarios y segmentos del federalismo porteño, que si bien no habían enfrentado abiertamente a
Rosas, participaron de la conspiración iniciada en su contra. A esta reunión de fuerzas contribuyeron el Brasil y el
Uruguay, mientras Inglaterra permaneció neutral, sin quitar su apoyo formal a Rosas hasta el último momento.
Las potencias extranjeras, sin embargo no prestaron apoyo efectivo a la alianza liderada por el Litoral, más allá de
Caseros, Inglaterra se interesó en la incorporación de Buenos Aires a la Confederación Argentina, nacida del acuerdo
de San Nicolás, posiblemente porque la unidad Argentina era garantía contra la expansión del imperio brasileño, pero
se mantuvo neutral, ya que la correlación de fuerzas entre Buenos Aires y la Confederación fue casi permanente
favorable a la provincia escindida y, por otra parte, en ella se hallaban radicado el grueso de la población y los interese
británicos. El interior mediterráneo no tuvo una participación relevante en el conflicto entre el gobierno de la
Confederación y Buenos Aires, que estuvo centrado en el juego político-militar entablado entre el Litoral y las fuerzas
porteñas.
Al plantearse el conflicto entre Buenos Aires y la Confederación en 1852, los intereses vinculados a la consolidación
de la provincia como unidad político-económica diferenciada del resto del territorio, configuración lograda en los
últimos 30 años gracias al afianzamiento de los terratenientes exportadores y el crecimiento constante del comercio
exterior, constituyeron un factor aglutinante, por encima de las filiaciones políticas vigentes hasta entonces.
El proyecto de Federalización de Buenos Aires apoyado por Urquiza en San Nicolás y en las conversaciones
preliminares realizada con los principales dirigentes políticos de Buenos Aires, los ejércitos del Litoral acampados en
las afueras de ésta ciudad, los aliados potenciales de Urquiza en el interior y la influencia que él mismo ejercía sobre
el gobierno de Buenos Aires desde su campamento en Palermo hacían muy poco probable que los representantes de
esta provincia pudieran garantizar la integridad político-económica de la misma e imponer sus objetivos, recurriendo a
la organización del gobierno nacional bajo circunstancias tan desfavorables. La alianza de sectores públicos de Buenos
Aires con el Litoral había agotado sus objetivos con la deposición de Rosas. Caseros y, más precisamente, el acuerdo
de San Nicolás, inauguraban un nuevo capítulo de la lucha por la organización nacional, signado por la Unión de los
diversos sectores porteños para enfrentar a la Confederación Argentina liderada por Urquiza.
Las diferencias entre las fuerzas política que habían participado en la revolución de septiembre cobraron relevancia
una vez que se estableció un gobierno autónomo en la provincia, que contó con el reconocimiento del director
provisorio de la Confederación y, especialmente, al desaparecer la amenaza inmediata de las tropas entrerrianas, que
fueron retiradas de Palermo. El nuevo Gobierno Provincial reunía antiguos federales y unitarios, que a partir de
entonces lucharon por el predominio en el ámbito provincial. Los federales buscaron el apoyo del Litoral, pero sin
adherir a su política de organización nacional. Los unitarios, a su vez, aprovecharon la amenaza de una guerra con la
Confederación para consolidar su situación en el gobierno provincial. La Confederación presionó constantemente para
incorporar a Buenos Aires, sin lograr ningún apoyo importante en el ámbito local.
El liberal-nacionalismo, si bien postulaba la defensa y fortalecimiento de los intereses locales de la provincia, tenía
como objetivo central crear las condiciones para iniciar un nuevo proceso de organización nacional que, en vez de ser
conducido por el Litoral, fuera liderado por Buenos Aires. La otra facción liberal más tarde "autonomista" se
distinguió por seguir una política de conflicto abierto con la Confederación. Aun cuando defendía el autonomismo
provincial como cuestión central de su política, lo que la caracterizó principalmente, mientras duró el conflicto entre el
gobierno nacional y la provincia, fue su posición antiurquizista extrema y el considerar la unidad nacional más como
algo a ser negociado que como objetivo político fundamental. Por estas razones, denominará a la futura fracción
autonomista del partido liberal, " sector radicalizado de la revolución de septiembre".
En 1854 se sancionó la Constitución, Provincial, declarado a Buenos Aires, al menos provisoriamente, Estado
Independiente. El carácter de la constitución, la confirmación de Pastor Obligado como gobernador por tres años, y la
política exterior tendiente a obtener el reconocimiento de Buenos Aires como Estado Independiente, muestran el
predominio del sector radicalizado de la revolución de septiembre en el gobierno de la provincia.
En diciembre de 1855, Buenos Aires y la Confederación firmaron dos convenios que, más allá de las promesas de
reunificación nacional, reafirmaban la situación autónoma de la provincia. Éste ablandamiento de política de la
Confederación respondía al fracaso de las invasiones realizada por los federales disidentes, la sólida situación de las
autoridades provinciales en los planos internos e internacional y las dificultades que afrontaba el gobierno nacional a
dos años de su existencia, dificultades que paulatinamente iban mostrando la imposibilidad de organizar un sistema de
instituciones nacionales e integrar económicamente el extenso territorio nacional sin contar con los recursos
concentrados en la provincia de Buenos Aires.
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A mediados de marzo de 1856, el Ministerio del Interior comunicó a Buenos Aires la caducidad de los pactos de
diciembre y enero.
Entre 1856 y 1859 el gobierno de la Confederación fue endureciendo progresivamente su política hacia Buenos Aires.
En 1857 se aplicaron las leyes de derecho diferenciales y se conminó a la provincia a que estudiara la Constitución de
1853, a fin de su pronta incorporación.
La agresiva política de la Confederación fue hasta entonces capitalizada por el sector radicalizado de la revolución de
septiembre. La fracción liberal-nacionalista recién ocupó el centro de la escena política de Buenos Aires cuando el
endurecimiento de la Confederación llegó al extremo de la guerra y fue necesario entablar nuevas negociaciones con
el gobierno nacional.
Entre 1858 y 1859 el Litoral consiguió cierta unidad de los gobiernos provinciales en contra de la política secesionista
de Buenos Aires y en torno a la figura de Urquiza, cuya gravitación provenía fundamentalmente de ser jefe del partido
federal del interior.
Luego de la batalla de Cepeda, Buenos Aires se comprometió a revisar la Constitución de 1853 mediante una
Convención provincial. Si en ésta Convención no surgía objeciones a la Constitución Nacional, la provincia se
incorporaría de inmediato a la Confederación.
La variación en la correlación de fuerzas luego de la batalla de Cepeda, se dio en el interior de la alianza que
sustentaba el gobierno de la provincia desde 1852. Los intereses mercantiles vinculados a la expansión de mercado
interno a través de la unificación política del territorio nacional fueron favorecidos por los resultados del pacto de
noviembre, con la desaparición de los obstáculos opuesto por la Confederación al tráfico comercial con Buenos Aires
y por la perspectiva de una cercana incorporación de la provincia.
El sector liberal-nacionalista pasó a desempeñar un rol crucial, en tanto era el interlocutor más apropiado para
negociar con la Confederación de un momento en que la misma había llevado al extremo sus esfuerzos por incorporar
a Buenos Aires. La correlación de fuerzas entre Buenos Aires y la Confederación era de un equilibrio inestable y hasta
entonces no había puesto en peligro la estabilidad del gobierno de la provincia ejercido por el partido liberal. Ése
equilibrio inestable, que podía alterarse a favor de la Confederación, fortaleció la posición del sector liberal-
nacionalista.
A partir de 1860, Mitre inició una ofensiva política contra el sector radicalizado de la revolución de septiembre, que
ocupaba la mayor parte de los cargos políticos y predominaba en la legislatura provincial. En las elecciones de marzo
de 1860 para la renovación de esta legislatura que debería designar un nuevo gobernador en mayo, la fracción mitrista
obtuvo mayoría en ambas cámaras. Posteriormente, Mitre fue elegido gobernador.
Mitre propuso a hombres del sector radicalizado integrar su gabinete, pero estos rechazaron el ofrecimiento. Recurrió
entonces a sus colaboradores más allegados, futuros hombres clave del gobierno nacional: Rufino Elizalde, Gelly
Obes, Vélez Sarsfield, Sarmiento y de inmediato anunció su propósito de incorporar la provincia a la Confederación.
El gabinete fue duramente criticado y se acusó al gobierno de haber traicionado la revolución de septiembre.
La redistribución de fuerzas en el interior del partido liberal creó en el Litoral expectativas de una alianza con el sector
liberal nacionalista, para unificar el territorio y reiniciar la organización nacional sobre nuevas bases políticas. A fines
de 1859 había sido electo presidente Derqui, representante hasta entonces de una política intransigente para con la
provincia de Buenos Aires.
En mayo de 1860, a pocos días de haber asumido Mitre el gobierno de la provincia, se iniciaron las tratativas entre las
autoridades de la Confederación y un representante de Buenos Aires, Vélez Sarsfield, para reformular y ampliar las
disposiciones del pacto de noviembre de 1859, relativa a la incorporación de Buenos Aires a la Confederación. A
través del acuerdo de junio de 1860 la provincia ratificó sus compromisos e hizo nuevas concesiones, acordando la
entrega mensual de un millón y medio de pesos m/c al gobierno nacional, comprometiéndose a solventar los gastos
que ocasionara la Convención nacional convocada para discutir las reformas constitucionales propuestas por Buenos
Aires.
La Confederación continúo recibiendo de Buenos Aires aproximadamente la misma suma que hasta entonces había
percibido en concepto de subsidio. Que la tesorería nacional recibiera solo el excedente de la recaudación aduanera
evidenciaba que seguían coexistiendo dos poderes independientes en la Nación.
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La consolidación del gobierno de Buenos Aires, la posición de fuerza frente al gobierno nacional que aquél adoptando
hacia fines de 1860, el reagrupamiento del partido liberal de Buenos Aires producidos en los primeros meses de 1861
con la incorporación de miembros del sector radicalizado al gabinete provincial, fueron desvaneciendo las
expectativas litoraleña de una alianza con el liberal-nacionalismo.
Por su parte, Mitre estableció lazos con los gobiernos del interior mediterráneo, en un intento semejante al de los
primeros meses de la revolución de septiembre, para lograr el desconocimiento de las autoridades nacionales y crear
desde Buenos Aires las condiciones para una organización nacional alternativa.
A lo largo de 1861 se fueron agotando las instancias de conciliación entre Buenos Aires y el gobierno nacional. Los
diputados de esa provincia fueron rechazados en el congreso nacional.
Por su parte, el gobierno de la Confederación había llegado al límite de su crítica situación económica y para cada
paso debía recurrir a una medida de emergencia. No le quedaba ya otro recurso que la guerra. A esta altura, la alianza
Litoral conducida por Urquiza no se identificaba plenamente con el gobierno nacional.
Los gobiernos provinciales quitaron su apoyo al gobierno nacional, que dejó de existir en diciembre de 1861, y
delegaron en el gobernador de Buenos Aires el ejercicio provisorio denlas funciones del ejecutivo nacional y la
facultad para convocar a un nuevo congreso sobre las bases de la Constitución de 1853, reformada en 1860; Corrientes
y la Rioja limitaron la delegación al ejercicio de las relaciones exteriores; y Entre Ríos, a la convocatoria del congreso.
Durante los primeros meses de 1862 se estableció en la ciudad de Buenos Aires un gobierno nacional provisorio
estrechamente ligado a las instituciones locales. Las provincias habían delegado funciones nacionales en la persona de
Mitre como jefes de las fuerzas vencedoras y no en su carácter de gobernador de Buenos Aires. No obstante, Mitre
colocó el ejercicio de las funciones que le habían delegado bajo la dependencia del gobierno provincial y no trató de
establecer instituciones nacionales claramente diferenciadas de las instituciones de la provincia.
Para atender los problemas de ésta índole, se creó la Secretaría General de Asuntos Nacionales y, adjunto, un registro
nacional para consignar las disposiciones del poder Ejecutivo hasta q se establecieran las autoridades nacionales de
acuerdo con la Constitución de 1853, reformada en 1860.
Mitre centró su actividad en la negociación política, con las fuerzas opositoras de Buenos Aires, concerniente a las
condiciones en que se instauraría el futuro gobierno nacional. Además procuró la pacificación del interior a través de
los aliados del liberal-nacionalismo.
Luego de un mes de negociaciones, Mitre obtuvo autorización de la legislatura de Buenos Aires para convocar al
Congreso Nacional para el 25 de mayo de ese año. Una vez reunido el Congreso, Mitre propuso la Federalización de
la provincia de Buenos Aires. La medida fue rechazada por la legislatura provincial, cuya conformidad era un
requisito Constitucional a partir de la reforma de 1860. Lo mismo ocurrió con el posterior intento de federalizar la
ciudad de Buenos Aires. El acuerdo a que se llegó permitió la coexistencia de las autoridades nacionales y
provinciales en esa ciudad con jurisdicción de la primera sobre el municipio, durante cinco años. La legislatura
sancionó el proyecto y el Congreso lo transformó en ley nacional el 1° de octubre de 1862.
Unidad 9
1.-Liberalismo: concepciones filosóficas de base. Liberalismo y economía de mercado. Los liberalismos del siglo XIX
y siglo XX.
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1.-LIBERALISMO
Concepciones filosóficas de base
Es lógico asociar estrechamente la evolución del liberalismo como filosofía y doctrina política con la evolución del
capitalismo en el plano económico y la de la burguesía en el social. Pero el liberalismo, a su vez, está compuesto de
un conjunto de elementos filosóficos de larga tradición cultural y lento recorrido histórico que han conformado
decisivamente la historia contemporánea, tanto a escala occidental como mundial.
En la doctrina liberal encontramos elementos renacentistas, empiristas, racionalistas cartesianos, historicistas e
ilustrados; mientras que en su división en el [Link], también se verán reflejados el tradicionalismo, en el liberalismo
conservador, y el romanticismo y el socialismo en el radical.
Aunque los diferentes liberalismos compartirán una serie de factores, como afirma Miller:” las siguientes
características son las bases del pensamiento liberal, sobre las que se han construido tanto sus variedades posteriores
como sus desviaciones radicales y conservadoras: la ausencia en la naturaleza de una guía moral positiva, la prioridad
de la libertad sobre la autoridad, la secularización de la política y la promoción de constituciones y principios de
derecho que establezcan los límites del gobierno y determinen los derechos de los ciudadanos frente a este”. A esto se
debe añadir la convicción de que el progreso técnico y moral de la humanidad se produce como consecuencia de un
constante debate de ideas e intereses en ocasiones contrapuestos; de ahí la importancia de las reglas formales
consensuadas y el rechazo de sistemas dogmáticos absolutistas.
Las primeras ideas que pueden ser calificadas de “liberales” surgen a finales de la Edad Media en correspondencia
cultural con la aparición de nuevas formas de riqueza fruto de la creciente importancia de las manufacturas urbanas y
el comercio y coartadas en su expansión por las que en siglos futuros se denominaran “trabas feudales”.
Son ideas enfrentadas a una sociedad radicalmente no-liberal, la sociedad feudal. Esta sociedad es estamental,
corporativista, anti-individualista, teocéntrica, híper-religiosa, estática y pesimista. Contra todo esto, se conformará y
desarrollará el Liberalismo, fundamentalmente en reacción a la última etapa del feudalismo: las sociedades de Antiguo
Régimen gobernadas por monarquías absolutas.
El liberalismo se presenta como filosofía del progreso –económico, social, técnico- y propugna, en su esencia, una
liberación total de las potencialidades de los individuos. Siendo sus divisas básicas: la individualidad y la libertad.
Con visión antropológica optimista del hombre, al que ve como un ser individualmente autónomo, auto-
perfeccionable, materialista y dotado de razón. Para los libertarios, el estado puede ser necesario, pero no es natural.
Solo la libertad es la condición natural del hombre.
No aceptan los privilegios feudales y propugnan, en cambio, la igualdad jurídica de todos los hombres. Libertad para
competir por la posesión de los medios materiales, como medio para conseguir el éxito económico y social.
El final del proceso liberal de sedimentación de las premisas, postulados y enfrentamientos políticos con sus
oponentes doctrinales será el adoptar una postura radical: todo lo que impida o frene la libertad individual debe ser
suprimido, ya que la libertad es la condición natural del hombre. Como despliegue doctrinal, político e ideológico de
los tres grandes ejes en los que se articula el mensaje liberal de todas las épocas, tendremos: en primer lugar, el
naturalismo hedonista que establece que la felicidad consiste en poseer, acumular y disfrutar bienes materiales, y por
tanto, el hombre está dotado de un instinto de apropiación natural, siendo el interés individual el motor de la sociedad.
En segundo lugar, el racionalismo. La razón como medio de eliminar el oscurantismo y conseguir una actuación útil y
eficaz respecto a los fines propuestos. Finalmente, como componente preponderante, el individualismo libertario. El
individuo como principio y fin del mensaje liberal.
sociales desaparezcan: el resultado fue que las relaciones sociales de producción, quedaron supeditadas a los contratos
privados, limitándose el Estado a ser el garante del cumplimiento de unas leyes inspiradas por esos criterios
doctrinales.
A la teoría política se le añadiría la teoría económica en lo que se denominaría liberalismo económico o economía
política clásica con una influencia cultural e ideológica de enorme magnitud, solo comparable a la que ejercerá el
marxismo.
El autor de mayor éxito fue Adam Smith (1723-1790) que en su obra “Investigación sobre la naturaleza y causa de la
riqueza de las naciones” (1776), afirma que la economía está regida por unas leyes naturales inmutables que poseen
mecanismos propios de autorregulación.
El mercado, la división de trabajo tanto en un plano nacional como internacional, la ley de la oferta y la demanda, la
libre competencia y los afanes individuales se coordinan, no conscientemente, en la famosa “mano invisible”
correctora de la que habla Smith como factor regulador de los desajustes que se producen.
En el plano filosófico la aceptación de los presupuestos y postulados del liberalismo económico dará lugar a la
aparición y divulgación del utilitarismo de Bentham y J. Mill que pretende calcular como logra la mayor felicidad para
el mayor número.
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La clave de su sistema político, está en su concepto de soberanía compartida entre el rey y el parlamento, como
equilibrio de poderes entre lo viejo-la monarquía-y lo nuevo-el parlamento controlado por los propietarios-.
La monarquía de Julio en Francia y las Restauraciones en Francia y España marcan el apogeo del liberalismo
doctrinario.
El liberalismo en el último tercio del siglo XIX estaba muy cuestionado, tanto en su vertiente más política-sufragio
censitario-, como en su defensa de los viejos dogmas económicos del laissez faire-laissez paser que rechazan
cualquier intervención del Estado en materia económica o social.
El cambio de mentalidad en las elites dirigentes europeas se produjo por toda una serie de factores, de los cuales
podríamos enumerar los más relevantes:
- La constatación de que el aumento gradual de la riqueza que el industrialismo capitalista comportaba llevaba
consigo la existencia de una miseria urbana estremecedora.
- Las consecuencias sociales de los cambios de coyuntura económicos. Singularmente la crisis económica de
las últimas décadas del [Link]: paro y hambre.
- La influencia de pensadores socialistas.
- La creación y espectacular desarrollo de partidos obreros como el Independent Labour Party británico y el
Partido Socialista Alemán.
- La elaboración por parte de instituciones gubernamentales de los países desarrollados de estadísticas fiables
sobre paro laboral, accidentes laborales, trabajo femenino e infantil, etc.
- El rechazo de algunos de los partidos conservadores europeos- como el partido Tory inglés- o instituciones
como la monarquía prusiana de las concepciones radicales individualistas del liberalismo, tendiendo a realizar
políticas paternalistas.
- La influencia de la doctrina social de la iglesia católica.
- La gran difusión de estudios científicos que revelaban los costes sociales del industrialismo capitalista.
Prototipo: Progreso y Pobreza, de Henry George, la obra más editada después de la Biblia.
- La agudización de la lucha de clases: represión sobre el movimiento obrero, anarquismo internacional.
Todo esto comportará que los gobernantes más lúcidos de los países desarrollados, como Gran Bretaña, Francia,
Alemania, Bélgica, Suiza, iniciarán políticas intervencionistas que se plasmarán en legislaciones laborales y sociales
que eliminarán los aspectos más hirientes del capitalismo, tendientes a desactivar la lucha de clases, integrando en el
sistema a los sindicatos obreros y aislando del grueso de las capas populares de los revolucionarios que propugnan
soluciones políticas radicales.
En el terrenos de las ideas, dentro de la órbita del liberalismo, las posturas de los autores se decantarán o bien por la
defensa de los principios clásicos del liberalismo económico, o bien por proporcionar cobertura teórica y moral a los
reformistas.
En el primer caso, se podría destacar la obra de Herbert Spencer (1820-1903), el autor más relevante del darwinismo
social, que defiende la extrapolación de los hallazgos de la biología al terreno de las sociedades humanas, exponiendo
así que en el hombre, como en el resto de los animales, sólo sobreviven loas más fuertes que mejor se adaptan al
medio.
Respecto a los teóricos reformistas, la influencia de los británicos John Stuart Mill (1806-1873) y la de Thomas Hill
Green (1826-1882) fueron superior a la de los otros.
John Stuart Mill expuso en Principles of Political Economy (1848) que el individualismo liberal debe ser
complementado y reformado con algunas de las demandas sociales, según una moral utilitarista que tiene su meta en
el progreso global de la humanidad, lo que significa el desarrollo de la personalidad y potencialidades de todos los
ciudadanos, por lo que se rechaza el elitismo del liberalismo clásico y su visión de la naturaleza humana como
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consustancialmente apropiadora y consumidora, elaborándose así un nuevo modelo teórico basado en la concepción
de una sociedad liberal democratizada y en constante desarrollo.
T. H. Green, por su parte, representa en el terreno de la filosofía política unas concepciones idealistas. Influido por la
filosofía clásica griega y los filósofos alemanes Kant y Hegel, defiende en su obra que la naturaleza humana es en
esencia social, y que la participación del hombre en la vida en sociedad es la superior forma de desarrollo individual.
Los seres humanos tienen limitada su individualidad por el bien común, y este hecho constituye, a la vez, la
conciencia colectiva de una finalidad común; por ello defiende que la fuente de la soberanía no reside en el Estado
sino en el consenso moral de la comunidad.
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desregularizar el mercado de trabajo, privatizar el sector público, y dejar que las leyes del libre mercado autorregulen
la vida económica de la sociedad. De esta forma, crearán más riquezas, sería rentable invertir, se acabaría con la
cultura del subsidio, se motivaría a los individuos y se generaría más riqueza social, con independencia de los costes
sociales y el aumento de las desigualdades que supondría.
Las teorías neoliberales han puesto de moda los análisis económicos e implicaciones de la filosofía política de la
denominada Escuela Austriaca de Economía: C. Menger (1840-1921), L. Von Mises (1881-1973) y F.A. Hayek
(1899-1992), los cuales propugnaban una limitación estricta de los ámbitos de las decisiones colectivas en nombre de
la libertad individual y la ventaja y eficacia del mercado como mecanismo justo mediador entre las relaciones de los
individuos, identificando como inseparables, liberalismo político y liberalismo económico.
2.-REPUBLICANISMO
Tres razones para explorar la trascendencia constitucional de la libertad republicana. Una es que muchos mandatos
constitucionales tienen su origen, históricamente, en una tradición fuertemente influida por el pensamiento
republicano. Una segunda razón es que la concepción republicana de libertad revela una lógica común para estos
distintos mandatos, mientras que otras justificaciones proporcionan diferentes explicaciones para cada uno de ellos. Y
una tercera es que una vez identificada esta lógica, ofrece sugerencias importantes acerca de cómo deben entenderse y
desarrollarse los mandatos constitucionales para adaptarse a unas circunstancias cambiantes.
Hay una ambigüedad en el término “Constitución”. Cuando los pensadores de los siglos XVII y XVIII hablaban de la
Constitución británica, tenían en mente un régimen no escrito que regía, tal como ellos pensaban, en el mundo
objetivo de las leyes y la política británica. Cuando los escritores contemporáneos hablan de una constitución, en lo
que normalmente piensan no es en una estructura objetiva o una administración de los asuntos de un pueblo, sino más
bien en un documento que formula e intenta regular esa estructura o administración.
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personas libres, en la medida en que no se viesen forzados por sus amos: en la medida en que sus maridos fueran
amables caballeros cristianos, y sus empleadores agentes económicos racionales que no obtuviesen ningún beneficio
de imponer su autoridad por el mero hecho de imponerla.
El imperio de la ley
Si queremos, como exige la libertad republicana, que el Estado republicano no asuma una forma arbitraria y
dominante, entonces, los instrumentos empleados por el Estado deben ser, tanto como sea posible, no manipulables.
Diseñados para perseguir determinados fines públicos, debe maximizarse su resistencia a ser empleados sobre una
base arbitraria, quizás faccional. ¿Cómo se puede maximizar la no manipulabilidad de los instrumentos republicanos?
Para ello es esencial tener en cuenta la realidad empírica y es imposible concebir un proyecto sobre una base
puramente filosófica. Pero bajo cualquier escenario posible una de las condiciones es, en palabras de James
Harrington, que el sistema debe constituir un “imperio de las leyes y no de los hombres”
Hay dos aspectos a tener en cuenta en la condición del imperio de la ley.
El primero prescribe que las leyes deben tener una cierta forma: en general, que deben ajustarse a las
constricciones descritas por los teóricos contemporáneos de la ley. Deben ser generales y de aplicación
universal, incluyendo a los mismos legisladores. Deben ser promulgadas y anunciadas anticipadamente a
aquellos a quienes se aplican. Y deben ser inteligibles, consistentes y no estar sujetas a constantes cambios, y
así sucesivamente.
El segundo aspecto de la condición del imperio de la ley presupone que el primero se ve satisfecho y que toda
ley que se apruebe tendrá una forma satisfactoria. Prescribe que en caso de que el gobierno tenga que elegir
entre actuar sobre una base legal (es decir legislar sobre el caso de que se trate) y actuar de forma más
particularista, debe elegir lo primero, el enfoque basado en principios. Esto no implica que la acción
gubernamental, en el caso de que sea legal, sea necesariamente buena. La idea es que, siempre que la acción
gubernamental es realmente necesaria, esa acción debe operar tanto como posible a través de decisiones con
rango legal, en particular a través de decisiones que cumplan las constricciones del imperio de la ley. Por
ejemplo, que no sean ad hoc o ex post.
La lógica republicana de todo esto es que, aunque la decisión particularista puede ser conformada arbitrariamente por
la voluntad de quien la toma, la norma legislativa basada en principios no es tan fácilmente manipulable. La
legislación será aplicable universalmente, incluidos potencialmente los propios legisladores y no les será fácil, aunque
desgraciadamente no les será imposible orientarla de forma arbitraria.
El imperio de la ley exige fidelidad al principio de proceso debido en un amplio rango de frentes políticos.
Hay varios aspectos a tener en cuenta acerca de esta derivación del ideal del imperio de la ley de la concepción
republicana de la libertad como ausencia de dominación.
Un primer aspecto es que se trata del tipo de justificación del imperio de la ley que atraía históricamente a
personajes como Harrington, y, de hecho, a autores republicanos de la antigua Roma. “No hay nada más
absurdo que decir que un hombre tiene poder absoluto por encima de la ley para gobernar según su voluntad
por el bien del pueblo y la preservación de su libertad: porque allí donde hay un poder tal, no puede subsistir
la liberad” Algernon Sydney. Se consideraba que esa condición era esencial para asegurar que la acción
gubernamental no fuera sólo una fachada detrás de la cual un individuo o un grupo pudiese ejercer un poder
arbitrario. Significaba que la ley era “una norma estable bajo la cual vivir”, y ayudaba a asegurar que el
gobierno no representaría “una voluntad inconstante, incierta, desconocida y arbitraria”
El segundo aspecto a tener en cuenta acerca de la defensa republicana del imperio de la ley es que tiene un
alcance general y substantivo. Se aplica no solo a la legislación, sino también a la administración. Da su
apoyo a los ideales de justicia natural y proceso debido de la misma forma en que apoya una noción más
estrecha del imperio de la ley. Aunque la justificación es más general en ese sentido, no reduce el ideal del
imperio de la ley puramente formal o independiente de regulaciones que violen técnicamente las
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constricciones normales, sino también contra normas y decisiones contrarias únicamente al espíritu de esas
constricciones.
El tercer aspecto a tener en cuenta acerca de la defensa republicana del imperio de la ley es que no lo sacraliza
o lo fetichiza: no lo considera una constricción absoluta. Si la libertad como ausencia de dominación está
mejor servida bajo un régimen que permite ciertas formas de discrecionalidad, entonces debe permitirse ese
régimen. Una razón por la cual los republicanos pueden tener una buena disposición hacia una
discrecionalidad de este tipo, y podrían oponerse a cualquier tipo de prioridad absoluta de normas escritas
rígidas, es que hay otros medios, además del imperio de la ley, para evitar las arbitrariedades. Se puede exigir
a todos aquellos agentes a los que se confiere una discrecionalidad limitada que razonen sus decisiones, por
ejemplo. Igualmente pueden someterse esas decisiones a procedimientos de apelación y queja y, además, a un
procedimiento de supervisión rutinaria.
La separación de poderes
Una segunda condición asociada con la deseabilidad de un sistema constitucional no manipulable de gobierno es que
el poder que los funcionarios y cargos públicos tienen bajo cualquier régimen legal debe ser separado o dispersado.
Esta condición se refiere a la forma en la que opera la ley.
Donde hay una ley, por necesidad, hay diferentes roles a cumplir. En la obra de Montesquieu, están las funciones de
legislar, ejecutar o administrar la ley y de adjudicarla a aquellos casos controvertidos en los que es de aplicación. La
dispersión del poder requiere que estas funciones estén muy bien separadas. La acumulación de todos los poderes, el
legislativo, el ejecutivo y el judicial, en las mismas manos, ya sea de uno, unos pocos, o muchos, y de forma
hereditaria, por autoproclamación o de forma electiva, puede ser considerada con justicia, la definición misma de
tiranía.
Si solo se permite a los legisladores legislar de forma consistente con ciertas leyes o principios existentes, entonces es
importante que aquellos que juzgan si la legislación se ajusta a esas constricciones no sean los propios legisladores. Y,
a su vez, si se exige que aquellos que ejecutan la ley deben ajustarse a las leyes existentes en su forma de ejecución, es
importante que no sean ellos mismos sus propios jueces, es decir, que el poder judicial relevante descanse en otras
manos. Los poderes de legislación, ejecución y atribución deben ser distribuidos entre distintas partes y organismos.
La lógica republicana detrás de la dispersión del poder es, ceteris paribus, incrementar la no manipulabilidad de la ley
y evitar que el gobierno ejerza influencia arbitraria sobre otros. La asunción es que en la medida en que el poder está
localizado, en el sentido de acumulado en manos de esta o aquella persona, es potencialmente dominador. Dada esta
lógica, la dispersión del poder que debemos buscar debe incluir otras medidas aparte de la separación de los poderes
legislativo, ejecutivo y judicial.
Una medida que se puede incluir perfectamente es el bicameralismo. Esto supone que hay dos cámaras legislativas,
cada una con una base distinta. De hecho, el bicameralismo, es atractivo para los republicanos por varias razones. Otra
medida igualmente familiar es la descentralización del poder que se logra mediante un sistema federal bajo el cual un
número de Estados constituyentes comparten el poder con el gobierno central. Otra medida es la dispersión del poder
que puede conseguirse en el mundo contemporáneo siempre que los gobiernos estén de acuerdo en limitar sus
acciones por medio de convenciones o tratados internacionales. Esto tiene el efecto de conferir poder a los organismos
internacionales que interpretan esos acuerdos.
Cuando decimos que la dispersión del poder puede requerir más que separación de las funciones legislativa, ejecutiva
y judicial, nos estamos manteniendo fieles a la antigua tradición republicana. Para esta, la división funcional era parte
de un proyecto más amplio de dispersión del poder. Este proyecto estaba recogido en el ideal antiguo de un gobierno
mixto en el que están representados diferentes sectores y el poder es dado en parte a este organismo representativo y
en parte a aquel. Este proyecto se oponía frontalmente no ya poner en peligro la división de funciones, sino a que
alguien fuese juez y parte, por ejemplo, o juez y jurado.
El contraste entre la lógica republicana y populista para justificar la separación entre la funciones legislativa, ejecutiva
y judicial, se deriva de unos diferentes puntos de vista acerca de lo exacta que tiene que ser esa separación.
Diseño democrático
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Asumiendo que en la medida en que la interferencia del gobierno en las vidas de la gente esté obligada a perseguir el
interés común percibido, esa interferencia no será arbitraria. Pero, ¿Qué interés en concreto debería perseguir?
Aquellos intereses, diría la tradición, que servidos por el gobierno beneficien a todos. Aquellos intereses que hagan,
en primer lugar, deseable al gobierno.
La cuestión de cómo definir los intereses comunes que un Estado republicano debería estar constitucionalmente
obligado a perseguir es un tanto truculenta.
El desafío constitucional primordial para los republicanos puede ser replanteado con la ayuda de una noción de interés
común. Se trataría de identificar instituciones que obliguen al Estado a perseguir los intereses comunes de la
ciudadanía, y sólo esos intereses comunes. Hay dos peligros, por lo tanto, contra los cuales deben actuar las
instituciones requeridas. Uno es el peligro de la negativa falsa: no identificar y atender ciertos intereses comunes
reconocibles. Y el otro es el peligro del positivo falso: permitir que factores distintos de los intereses comunes
reconocibles sean influencias autorizadas sobre el gobierno.
Esto sugiere que deberíamos buscar instituciones republicanas que funciones en dos dimensiones. En primer lugar,
que protejan contra negativas falsas proporcionando un suministro de candidatas a materias de interés común
reconocible para las políticas gubernamentales. Y, en segundo lugar, que protejan contar positivos falsos
proporcionando un control sobre los candidatos a bienes comunes que hayan sido ya reconocidos, y sobre otros
factores que determinan las decisiones gubernamentales, para comprobar que sólo los intereses comunes tengan
influencia. En la primera dimensión las instituciones se asegurarán de que todos los intereses comunes reconocibles
sean articulados y autorizados como guías de gobierno. En el segundo, las instituciones se asegurarán de que sólo los
intereses comunes reconocibles sean articulados y autorizados en ese sentido.
La forma obvia de conseguir el primer efecto será abrir todos los canales posibles para que el público haga propuestas
sobre materias que tengan que ver con intereses comunes reconocibles. Y aquí la institución relevante es la de las
elecciones democráticas en las que cualquier ciudadano es libre de participar y tiene el mismo derecho al voto.
Las instituciones electorales, que deberían asegurar que todas las materias potenciales de interés común reconocible
sean escuchadas (y que deben proteger por tanto contra negativas falsas) tenderán a quedarse cortas con respecto a los
falsos positivos.
En frases que tienen una amplia resonancia en el seno de la tradición republicana, el Estado electoralmente
democrático podría ser un despotismo electo: podría representar una tiranía de la mayoría o, de hecho, una tiranía de
esta o aquella elite o grupo.
¿Cómo protegernos de que esos falsos positivos prevalezcan en los corredores del poder? ¿Cómo garantizar que las
personas y las políticas que obtienen un mandato electoral sean controlados de forma que se reduzcan
significativamente las posibilidades de falsos positivos? ¿Cómo aumentar la probabilidad de que sólo asuntos de
interés común y reconocible puedan dictar los fines y los medios adoptados en la acción gubernamental?
Los derechos electorales dan al pueblo como colectivo el poder de un autor indirecto en relación con las leyes y
decisiones gubernamentales. Actúa como supervisor de esos autores (gobierno). El problema en la democracia
electoral proviene de dos fuentes: en primer lugar, del hecho de que el control de autor es ejercido colectivamente, por
lo que las voces minoritarias podrían ser ignoradas. Y en segundo lugar, del hecho de que se ejerce indirectamente,
por lo que otros factores podrían dictar la política: en particular, factores que no es de interés común habilitar.
La metáfora sugiere que la forma de protegerse frente al tema en cuestión (positivos falso) podría ser intentar
asegurarse de que las personas normales, individualmente y en grupo, tuviesen el poder de un editor junto con el de un
autor en relación con lo que hace el gobierno. Deberían tener un poder sobre lo que hace el gobierno del tipo del que
tiene los editores.
La gente no puede tener un poder de veto individual, dado que eso probablemente haría imposible el gobierno. Una
forma de dar poder de un editor a las personas comunes en relación con el gobierno sería estableciendo posibilidades
paralelas de disputabilidad.
La metáfora, recoge la idea detrás de la democracia disputatoria. Primero, sitúa la democracia disputatoria en un
contexto en que la democracia electoral es claramente el complemento necesario. Y en segundo lugar, sugiere una
base útil desde donde pensar qué requeriría una democracia disputatoria.
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Para entender el segundo punto seguimos la metáfora. La disputabilidad que asumiese la forma de una apelación al
concejo es probable que sea demasiado exigente-consumía mucho tiempo y energía- y no muy eficiente: unas bases
adecuadas para disputabilidad deberían plantearse caso por caso. Hay dos pasos que nos podemos imaginar. El
primero consistiría en que los editores y el concejo editorial estuviesen de acuerdo acerca de unas bases necesarias
para la disputabilidad, en la necesidad de que las propuestas que se sometiesen a consideración siguiesen ciertas
directrices. Esos acuerdos se incorporarían en unos procedimientos que los editores deberían seguir.
El segundo paso sería conceder espacio para una contestación ex ante al igual que para una ex post. En lugar de
permitir sólo que el editor plantee objeciones a una propuesta ante el concejo, se debería permitir que el editor tuviese
algo que decir en estadios anteriores del proceso invitando a los autores a recibir consejos y sugerencias de la editorial.
Podrían introducir dispositivos consultivos y complementar así la disputabilidad ex post.
Para reducir la influencia de positivos falsos sobre el gobierno, podemos pensar en medios a través de los cuales la
gente pueda tener un poder de editor equivalente con recursos equivalentes de naturaleza procedimental, consultiva y
de apelación. Maneras a través de las cuales se pueda aumentar la disputabilidad pública en las acciones
gubernamentales y para reducir el riesgo de positivos falsos.
Un ejemplo de recursos procedimentales equivalentes a los diseñados para dar poder el editor son las medidas
consideradas anteriormente (elecciones democráticas). La concepción de la democracia electoral cum disputabilidad
nos sirve para ver esas medidas desde la perspectiva adecuada. Los recursos previstos son medidas para refrenar y
encauzar lo que el gobierno puede hacer y, en consecuencia, para dar poder a la gente normal. Incluirán no solo
constricciones derivadas del imperio de la ley y la separación de poderes, sino que también la exigencia de que las
decisiones públicas sean razonadas, la implicación de autoridades estatutarias en ciertas decisiones, el control del
gobierno por parte de los auditores independientes, y la libertad de información.
Las medidas procedimentales y consultivas son dos de los tres aspectos de una democracia disputatoria. El tercer
aspecto es el derecho de apelación ex post, este puede adoptar muchas forma, públicas, parlamentarias y judiciales. Y
la propia forma judicial abarca una multitud de otras formas diversas, dado que las instituciones realmente existentes
en muchas sociedades muestran que las decisiones gubernamentales no pueden ser objeto únicamente de revisión
judicial de su legalidad. También pueden ser revisadas sobre la base de sus méritos por tribunales administrativos, o
investigados por los defensores del pueblo para determinar si se pueden plantear quejas más generales.
La lección primordial del republicanismo por lo tanto, es que la comunidad política debe buscar instituciones que
incorporen este ideal de democracia que es al mismo tiempo electoral y disputable. Esas instituciones nos protegerían
del peligro de que le Estado se convirtiese en un dominus al dificultar que la política pública no esté presidida por
intereses comunes y reconocibles.
alta, sin ninguna necesidad de deferencia ente los gobernantes. John Mills se refirió a este tema cuando dijo acerca de
la “república libre”: “Los grandes caminan por las calles como los demás hombres, y se les puede hablar libre,
familiarmente, sin adoración”.
La tradición republicana, en particular el ideal republicano de libertad, nos ofrece una intuición convincente de cómo
entender ciertos ideales constitucionales y acerca de por qué son importantes.
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Unidad 10
1.- Democracia: La democracia clásica. Sus críticas. El ocaso del pensamiento democrático y el esbozo de la soberanía
popular. La tradición republicana y la teoría democrática. Liberalismo y democracia. La democracia en el pensamiento
contemporáneo. El mundo de las democracias. ¿El fin de un paradigma?
2.- Socialismo: concepto, su carácter utópico o científico. Tendencias y problemas actuales. Socialismo en
Latinoamérica.
1.- Democracia:
“En una democracia el pueblo puede hacer cualquier cosa pero debe saber que no debe hacer cualquier cosa. La
democracia es el régimen de la autolimitación y es, pues, el régimen del riesgo histórico y un régimen trágico”
Sofía Respuela
La democracia clásica
El primer antecedente de democracia y los orígenes del término se remontan a la Grecia clásica, en la primera mitad
del S. V antes de Cristo, en la forma de gobierno que experimentó la polis griega, siendo Atenas el ejemplo más
representativo. De esta época y de estas prácticas proviene su definición etimológica: la democracia definida como “el
gobierno del pueblo”, exactamente demokratia, término compuesto por demos=pueblo y kratia=gobierno. Pero, ¿Qué
y quienes constituyen el pueblo y que significa que ellos gobiernan?
Grecia constituye el primer ejemplo de una sociedad que “delibera explícitamente sobre sus leyes y que a la vez es
capaz de modificar esas leyes. En este sentido es la primera comunidad con vida política, entendida ésta como una
actividad colectiva cuyo objeto es la institución de la sociedad como tal”. En Grecia la política es autonomía: los
ciudadanos establecen y modifican sus propias leyes, son capaces de auto-institución. La comunidad política es
absolutamente soberana, y se fundamenta en la igualdad de todos los ciudadanos. Esta igualdad se manifiesta en un
doble sentido. Es isonomía, igualdad de los ciudadanos ante la ley, y es isegoría o el derecho de todo ciudadano de
participar y expresarse en la asamblea. En términos de Tucídides, el demos es autónomos, autodiktos, autoteles, es
decir, se rige por sus propias leyes, posee su jurisdicción independiente y se gobierna él mismo.
El fundamento de la democracia griega es la participación activa y plena de todos sus ciudadanos. Esta participación
es la que los constituye en ciudadanos; renunciar a ella significa renunciar a la ciudadanía, situarse fuera de la polis.
Según la visión griega de la democracia, el ciudadano es un ser total para quien la política constituye una actividad
social natural, no separada del resto de la vida, y para quien el gobierno y el Estado (o más bien la polis) no son
entidades remotas y ajenas, sino que la vida política es una extensión armoniosa de sí mismo.
La democracia era concebida como una relación inherente a la vida de la polis, una relación “simbiótica”
Los ideales políticos que sostienen este sistema son: la igualdad entre ciudadanos y el respeto a la ley y la justicia. En
este mundo griego no existe la división entre lo público y lo privado.
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- La Asamblea o Ecclesia. Estaba compuesta por toda la ciudadanía y ella trataba, discutía y decidía sobre
todos los asuntos grandes que afectaban a la comunidad.
- El Concejo de los 500. Tenía como función central organizar la Asamblea, es decir redactar su agenda, hacer
borradores de la legislación, recibir iniciativas, proponer decisiones, etc.
- Los Tribunales. Estaban organizados de forma similar al Concejo. Las magistraturas y jurados eran ocupados
por elección, por sorteo o rotación, lo cual aseguraba gran participación ciudadana. Estos cargos no admitían
reelección.
- Los Magistrados. Tenían a su cargo la tarea administrativa de la ciudad, quienes duraban en su cargo
generalmente un año y eran elegidos por sorteo o elección.
- Ciudad-Estado pequeña.
- Trabajo doméstico, es decir, el trabajo de la mujer, que libera al hombre para los deberes públicos.
- Restricción de la ciudadanía a un número relativamente pequeño. Eran ciudadanos solamente los varones
adultos libres atenienses; estaban excluidas las mujeres, los esclavos y los extranjeros.
- Los ciudadanos deben tener intereses suficientemente armoniosos entre sí, de modo de compartir un intenso
sentimiento de lo que es el bien general.
- Los ciudadanos deben mostrar un alto grado de homogeneidad respecto de características que, de otra manera,
tendrían que generar entre ellos agudas discrepancias y conflictos políticos respecto del bien público. Entre
estas características están la distribución del poder económico de los ciudadanos, del tiempo libre, la
homogeneidad religiosa o idiomática, el grado de instrucción, etc.
- La cantidad de ciudadanos debe ser pequeña, fundamentalmente por tres razones: 1. Para evitar la
heterogeneidad; 2. Para un mejor conocimiento de la ciudad y de los demás ciudadanos gracias a la
observación, la experiencia y el debate; y 3. Para la reunión conjunta de todos los ciudadanos en asamblea a
fin de que puedan actuar como gobernantes soberanos de la ciudad.
- Los ciudadanos deben estar en condiciones de reunirse para decidir en forma directa acerca de las leyes y
medidas políticas.
- La participación de los ciudadanos no debe limitarse a la participación en la asamblea, debe incluir también la
participación en la administración y el desempeño de cargos públicos.
LOS CIUDADANOS
(Atenieses mayores de 20 años)
(Repartidos entre unos cien distritos territoriales locales o demos: unidades de gobierno local)
ASAMBLEA
(Ecclesia)
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(A)
(B)
10 MILITARES GENERALES
(C)
MAGISTRADOS TRIBUNALES
(Cargos normalmente desempeñados por un concejo de 10)
Sus críticas
Platón y Aristóteles consideraban a la democracia como forma desviada, impura o injusta de gobierno.
En su tipología de regímenes políticos de gobierno, Platón considera una sola forma capaz de realizar el ideal de
justicia, la aristocracia, siendo las demás formas impuras e injustas.
Por su naturaleza, los hombres, tienen aptitudes diferentes; en ellos puede predominar la razón, el valor o las pasiones.
Según el elemento predominante encontraremos tres tipos de ciudadanos. Aquellos en que la razón es el elemento
predominante son los filósofos, los que pueden aprehender las verdades, alcanzar el mundo de las ideas, los que son
“capaces de comprender lo que existe siempre de una manera inmutable”. Aquellos en que predomina el valor son los
guardianes, los guerreros. Finalmente, aquellos en los que predominan los instintos son los artesanos, trabajadores,
labradores de la tierra. Estas tres partes que encontramos en el alma de los hombres, se reproducen en la ciudad
originando los tres grupos sociales descriptos.
Establecidas las partes constituyentes de una sociedad, Platón deduce el concepto de justicia. La justicia consiste en
hacer cada uno lo suyo según su propia naturaleza. La ciudad nos parece justa cuando las tres clases de naturaleza que
la componen llenan las funciones que le son propias.
Una ciudad justa es una ciudad bien gobernada, en la cual los filósofos gobiernan, los guardianes defienden la ciudad
y los artesanos, labradores, comerciantes se ocupan de ejercer sus oficios. Esta forma de gobierno perfecta y justa es la
aristocracia.
Platón establece un proceso de decadencia de la ciudad a partir de la mezcla de sus clases, proceso que determina una
tipología de las formas de gobierno, desde la justa por excelencia, la aristocracia, hasta la más injusta, la tiranía.
La democracia “es una forma de gobierno encantadora, anárquica y pintoresca, pues establece una especie de igualdad
tanto entre iguales como entre los desiguales”. El hombre que habita en este sistema no posee orden ni control sobre
su vida, sus pasiones y sus deseos, “no hay orden ni sujeción en su conducta y sigue el caprichoso curso de su vida
que considera agradable, libre y deliciosa”. La democracia es, a su vez, el origen de la siguiente y última de las formas
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malas y viciosas: la tiranía, y es precisamente la característica central de aquella, la libertad, la causa del nuevo
régimen. Es el deseo inmoderado de libertad que lleva a los hombres a desear su opuesto: el exceso de autoridad y,
con ella, su esclavitud. La excesiva igualdad entre gobernantes y gobernados y el reinado de la licencia más absoluta
conduce a la anarquía y la esclavitud. En este nuevo gobierno un caudillo gobernará con poderes absolutos.
Queda así expuesto el concepto negativo que posee Platón de la democracia. Con una explicación un tanto diferente,
Aristóteles coincide con Platón en su evaluación contraria a este régimen de gobierno. Aristóteles distinguía las
formas de gobierno según sus fines. Un régimen político es “la organización de las magistraturas en las ciudades,
como se distribuyen, cual es el elemento soberano y cual el fin de la comunidad en cada caso”. Cuando un régimen se
propone el bien común es un régimen recto; en cambio, cuando el objetivo era el beneficio y bien de los propios
gobernantes, las formas de gobierno son desviaciones de las rectas. Dentro de cada uno de estos grupos (formas rectas
y formas desviadas) encontramos subtipos según entre quienes y entre cuantos se distribuyan las magistraturas.
OBJETIVOS
El bien común El bien de los gobernantes
Formas puras Formas desviadas
Uno Monarquía Tiranía
EJERCEN EL PODER
Pocos Aristocracia Oligarquía
Muchos República o politeia Democracia
La monarquía, la aristocracia y la república son las formas de gobierno en las cuales se gobierna en vistas al bien
común de la polis. La tiranía puede definirse como una monarquía orientada hacia el interés del monarca, en la cual se
ejerce un poder despótico sobre la comunidad. La oligarquía, por su parte, tiene lugar cuando los que gobiernan son
unos pocos con fortuna y lo hacen en beneficio propio. Finalmente, la democracia es el gobierno de los pobres en su
propio beneficio.
Tanto el modelo clásico de democracia como sus críticas han tenido un impacto duradero en el pensamiento político
moderno occidental: el primero como fuente de inspiración para muchos pensadores demócratas, y las segundas
como advertencias de los peligros de la política democrática. Held
¿Cuál debe ser el lugar dentro de la teoría de la democracia del modelo griego?
Grecia es el locus histórico-social donde se creó la democracia y la filosofía y donde, por consiguiente, están nuestros
propios orígenes. En la medida en que el sentido y el vigor de esta creación no están agotados, Grecia es para nosotros
un germen, no un “modelo” ni un ejemplar entre nosotros, sino un germen.
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La nueva vida social y política está basada ahora en un mundo y en un orden extrasocietal, de verdades dogmáticas y
reveladas, que no admiten discusión sino sometimiento. Contrariamente al mundo griego donde lo bueno y lo justo
estaba ligado al bienestar de la polis y a la organización armónica de sus elementos, ahora lo bueno y lo justo son
valores extramundanos, verdades inmutables, definidos independientemente de lo social.
En este nuevo mundo no hay espacio para interrogantes respecto del derecho de la autoridad para mandar, de la
legitimidad del poder, y sus representantes. En general, la sociedad era concebida como un todo jerárquicamente
organizado, en cuya cúspide se encontraban los representantes de Dios en la tierra, siendo el Papa la figura central de
este ordenamiento.
En la Edad Media no se espera encontrar, y no se encuentra, ninguna teoría de la democracia, ni ninguna exigencia de
derechos democráticos de voto…en aquella época el poder no solía residir en órganos electivos… Donde imperaba el
feudalismo, el poder dependía de la posición social.
A pesas de este ocaso del pensamiento democrático, Norberto Bobbio, reconoce, dentro de lo que denomina la
“tradición de pensamiento romano-medieval”, el surgimiento del concepto de “soberanía popular” y desde allí su
incorporación a la teoría democrática como punto de partida indiscutible de las democracias modernas. Para este
autor, la teoría de la soberanía popular contrapone a la concepción descendente del poder una teoría ascendente, según
la cual el poder deriva del pueblo y es delegado al príncipe. “El príncipe tiene tal autoridad porque el pueblo se la ha
confiado”. Esta idea de que el poder emana del pueblo trae consigo otra idea fundamental en la teoría política: es el
pueblo el que posee el derecho de hacer la ley. El poder soberano consiste en el poder de hacer la ley.
Entre este conjunto de ideas el autor menciona los siguientes principios constitutivos de esta tradición de pensamiento:
- La virtud cívica es la inclinación de los hombres a procurar el bien en todos los asuntos públicos.
- El mejor sistema político es aquel basado en la igualdad de los ciudadanos en ciertos aspectos fundamentales:
la igualdad ante la ley, la ausencia de dependencias, la ausencia de jerarquías, etc.
- Los sistemas políticos sólo son legítimos si en su gobierno participaba todo el pueblo.
La preocupación central del republicanismo es la búsqueda de mecanismos que eviten la posibilidad de la corrupción
de los liderazgos y, como consecuencia directa de ello, la corrupción de la virtud cívica. Las principales amenazas a la
virtud cívica provienen desde las facciones y los conflictos políticos, dado el reconocimiento de que el pueblo no es
homogéneo; por ende la preocupación central es elaborar una constitución y con ella producir un diseño institucional
que permita equilibrar los intereses de las distintas facciones y grupos que surgen al interior de lo social.
El modelo constitucional más notorio y que influirá notablemente a las democracias occidentales modernas y al
derecho es la constitución de la república romana con su sistema de cónsules, senado y tribunos del pueblo. Otro de
los ejemplo fue la constitución inglesa en donde la monarquía se combina con la cámara de los lores y la cámara de
los comunes.
Dahl reconoce dos versiones del republicanismo, versiones desarrolladas en [Link]: el republicanismo aristocrático y
el republicanismo más democrático.
Para la versión aristocrática, si bien el pueblo debía participar en la toma de decisiones y creía en el principio de
soberanía popular, el papel del pueblo en el gobierno debía ser limitado. La función del pueblo no es la de gobernar
sino elegir a los gobernantes, quienes decidirán sobre las cuestiones públicas teniendo en cuenta el bien común. La
característica central de estos gobernantes es su superior calificación respecto de la media del pueblo.
Para el republicanismo más democrático, no es el pueblo la mayor fuente de peligros y perversiones sino los
elementos aristocráticos y oligárquicos. A diferencia de los republicanismos aristocráticos, los demócratas ven cada
vez con mayor recelo la salida institucional de equilibrar con diferentes instituciones los distintos intereses. La nueva
propuesta es la salida enunciada por Montesquieu: la división de las tres ramas del poder: el legislativo, el ejecutivo y
el judicial, su separación constitucional e institucional.
Liberalismo y democracia
El surgimiento del liberalismo a partir del S XVII significará la aparición de una nueva forma de pensar la política,
basada centralmente en las libertades individuales. Estos cambios, en general, se incorporarán a la teoría de la
democracia a tal punto que, la democracia moderna es democracia liberal.
Básicamente centrado en la preocupación de limitar el poder de la autoridad para dejar espacio al individuo y proteger
al ciudadano y sus libertades frente al poder del Estado y frente a los otros, el liberalismo articula una serie de
conceptos centrales: la concepción del sujeto como poseedor de derechos, la representación, el nuevo concepto de
libertad y el gobierno legal y constitucional.
En esta sociedad constituida por individuos, la libertad adquiere también otro carácter. La necesidad o la obligación de
la participación no constituyen un acto de libertad en el mundo moderno. Para Constant la libertad política radica en la
posibilidad de la elección de la participación en la vida política., la libertad de elegir y ser elegido. La participación
política aparece ahora como una posibilidad, una opción libre de los ciudadanos a quienes se les debe garantizar la
posibilidad de elegir su participación y, de inclinarse por ella, no deben imponérseles obstáculos. Estos sujetos libres,
a su vez, son considerados sujetos de derecho, poseedores naturalmente de una serie de derechos inalienables contra
los cuales ninguna autoridad puede actuar: el derecho a la vida, a la libertad, a la seguridad, a la felicidad. Frente a
ellos el Estado debe actuar como garante y protector de los mismos, defendiéndolos ante cualquier intervención,
violación o avasallamiento posible.
De la nueva concepción de lo social, de la centralidad del individuo y del concepto de “libertad negativa”, el gobierno
que aparece junto con el liberalismo es el gobierno representativo. Al rescatar el concepto de representación, el
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La democracia de masas
Una de las grandes transformaciones de la política moderna ha sido el sufragio universal, eje portador y diferencial de
la democracia política (…) el reconocimiento general de la subjetividad política (y jurídica) de todos los hombres y
mujeres. Este perfil de universal de la democracia no conoce antecedentes, sino que es el verdadero, auténtico rasgo
caracterizante de la democracia de los modernos y también de la democracia de los contemporáneos (…) el sufragio
universal da principio a la democracia y gobierno de todo el pueblo.
La irrupción de las masas en la política y su reconocimiento institucional a partir del sufragio universal introduce una
nueva dinámica a la vida política, dinámica que transformará no sólo las formas de hacer política sino también de
pensar la participación, la libertad, las instituciones y la democracia.
alcance de los mecanismos institucionales para la toma de decisiones políticas: los sistemas democráticos están
limitados a un determinado Estado, no son –aún-mecanismos decisionales supraestatales. Y en segundo lugar, el
Estado-Nación es el primer factor definitorio de la ciudadanía. Independientemente de la extensión que ha adquirido
con el tiempo (sin límites de renta, género, raza, etc.) el primer criterio que determina quienes son o no son ciudadanos
es la pertenencia a una determinada unidad territorial: el Estado-Nación.
Actualmente estos dos aspectos están siendo puestos en tela de juicio a partir de dos cuestiones centrales. En primer
lugar, el surgimiento de unidades políticas y económicas que comprenden varios Estados, siendo el caso de la UE el
más representativo. Una democracia con base en un conjunto de Estados implicará nuevos diseños institucionales,
nuevas prácticas y mecanismos decisionales, nuevos problemas de “elitización” de la política, así como mayor
distancia entre el ciudadano y el sistema político, lo que dificultará la participación en la vida política y el control
sobre los liderazgos.
El otro problema son los movimientos migratorios y la existencia de grandes grupos de “extranjeros” al interior de
regímenes democráticos. Conviven ahora distintos tipos de ciudadanos: aquellos que gozan de todos los derechos y
que son en la más amplia acepción del término “ciudadanos”; aquellos que gozan de una “ciudadanía incompleta”, es
decir, tienen por ejemplo derechos sociales pero no políticos, y finalmente los que no gozan de ningún tipo de
derecho, que viven en sociedades democráticas pero sin pertenecer a esa sociedad ni gozar de los principios
democráticos que a su vez se proclaman universales.
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Al respecto Huntington dice: “el exceso de democracia genera ingobernabilidad, y ese exceso de democracia está
básicamente representado por un Estado de bienestar que no pone límite a los inputs, es más, los incentiva, y al
hacerlo está causando ingobernabilidad.
La crisis del Estado de bienestar y el surgimiento de las nuevas características del mercado cambiarán el escenario en
el cual se desarrollaron estas democracias y pondrán a prueba su capacidad de adaptación al cambio.
El fordismo se define así a partir de: 1) economía centrada en la producción masiva de productos estandarizados: 2) la
mano de obra es calificada: se necesita un trabajador semiespecializado en perjuicio del especializado y del no
especializado; 3) consumo masivo de un mercado homogéneo que admite productos estandarizados; 4) dependencia
del keynesianismo: intervención estatal para manejar la demanda en la economía con el fin de asegurar su crecimiento.
En este nuevo contexto las democracias deberán demostrar su capacidad para sobrevivir, para adaptarse y dar
respuesta a los nuevos desafíos económicos y sociales.
- En la variedad de lenguajes, entendimientos, técnicas y valores que se utilizan dentro de cada subsistema de
las sociedades postindustriales caracterizadas por una gran división del trabajo y una alta diferenciación
funcional.
- En la movilidad social ante los múltiples espacios sociales regulados por criterios contingentes y flexibles que
conduce a la marcada aceleración del cambio social.
La incertidumbre y la complejidad creciente del medio ambiente, que se manifiesta en el desarrollo de tecnologías
avanzadas, en las características del sistema productivo, en la especialización funcional de todos los subsistemas
sociales-que no sólo se traducen en un aumento de la complejidad sino también en el aumento vertiginoso de la
velocidad con la que los cambios se producen- significan que el proceso democrático de toma de decisiones está
adquiriendo características nuevas de las que la teoría de la democracia debe dar cuenta.
Esto demuestra que a pesar de la ciada de los regímenes comunistas y el triunfo indiscutido de la democracia como
única forma de gobierno legítima en las sociedades modernas actuales, la democracia está lejos de ser un régimen
definido y de características indiscutibles sino que, por el contrario, nuevos debates, nuevos cambios, nuevos
problemas son desafíos que debe encarar la teoría democrática para adaptarse a las nuevas sociedades del S. XXI
2.- Socialismo:
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Concepto
En líneas generales, el socialismo se ha definido históricamente como programa político de las clases trabajadoras que
se ha formado en el transcurso de la Revolución Industrial. La base común de las múltiples variantes del socialismo
puede establecerse en la transformación sustancial del planteamiento jurídico y económico fundado en la propiedad
privada de los medios de producción y de intercambio, en el sentido de crear una organización social en la cual: a) el
derecho de propiedad esté fuertemente limitado; b) los principales recursos económicos estén bajo el control de las
clases trabajadoras: c) su gestión esté dirigida a promover la igualdad social (y no solamente jurídica o política), a
través de la intervención de los poderes públicos.
El término y el concepto de socialismo se entrelazan desde el principio con los de comunismo en una relación
variable.
A finales de 1839 empezó a usarse en Francia, el término “comunismo” como equivalente a socialismo o de
“comunitarismo”. Pero en los años cuarenta las palabras “comunismo” y “socialismo” pasan a indicar variantes
distintas del movimiento que denunciaba las condiciones de los obreros en el desarrollo de la sociedad industrial,
oponiéndose al liberalismo político y económico y a su individualismo, con un proyecto de refundamentación de la
sociedad sobre bases comunitarias y promoviendo formas asociativas de diverso género (sindicales, políticas,
experimentos cooperativistas y comunitarios) para llevar adelante las nuevas ideas.
En la segunda mitad del s. XIX se puso en evidencia la contraposición de significados entre socialismo y comunismo;
el problema principal era el de constituir organizaciones obreras autónomas y obtener para ellas el reconocimiento de
los derechos elementales de asociación, de prensa, la ampliación del derecho de voto más allá de los límites
establecidos por los ordenamientos liberales, el derecho de huelga y de contratación sindical.
Con la disgregación del frente socialista en la primera guerra mundial y con la revolución de 1917 en Rusia, la
contraposición entre Socialismo y Comunismo fue ritualizada por el leninismo: el partido bolchevique asumió la
denominación de Partido Comunista (bolchevique) en 1918, apelando polémicamente al contenido revolucionario
original del Manifiesto y a la ruptura con las posiciones reformistas mayoritarias en los partidos socialistas europeos.
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Dentro del socialismo de la II Internacional se van delineando las principales tendencias políticas que va a coexistir
con la socialdemocracia clásica hasta la primera guerra mundial y que caracterizarán, al menos en parte, las
orientaciones divergentes del socialismo posterior.
La gran división se produjo entre el socialismo declaradamente reformista y el socialismo que no veía que se hubiera
superado el modelo analítico del capitalismo elaborado por Marx y la perspectiva de la crisis general del sistema y de
la revolución.
La primera posición tuvo la elaboración teórica más notable en el “revisionismo” de E. Bernstein. El reformismo
“revisionista” fue adquiriendo consistencia organizativa y espacio en la praxis real del movimiento obrero de todos los
países industrialmente avanzados y en Inglaterra, donde el marxismo nunca tuvo una gran difusión. Observando el
fenómeno en un periodo muy largo, el socialismo reformista, que valora la cúspide institucional del estado liberal-
demócrata como el mejor terreno para la afirmación de los objetivos de las clases trabajadoras y que considera “el fin
último” de la abolición de la forma mercancía de los productos del trabajo y del trabajo mismo como una utopía que
se debe abandonar, se ha convertido en la alternativa ampliamente predominante en el socialismo occidental.
La alternativa marxista “ortodoxa”, que predominó en la socialdemocracia “clásica” del partido alemán y de la II
Internacional y que tuvo en K. Kautsky el teórico más sistemático en el periodo anterior a la primera guerra mundial,
intentó acomodar la letra del socialismo marxista, aceptando formalmente en su globalidad, a una concepción distinta
y con valoración “positiva” del estado moderno. El objetivo final del socialismo era continuamente aplazado o
proyectado a una situación histórica, siempre inactual, de maduración decisiva de las condiciones objetivas y
subjetivas del socialismo.
Las otras dos alternativas que se constituyeron con fisonomía propia en el campo del pensamiento socialista fueron las
posiciones revolucionarias de izquierda que tuvieron a sus teóricos más notables en Luxemburg y Lenin. En ambas
tendencias el nexo entre las tareas inmediatas del movimiento obrero y la revolución social se define en principio
como subordinación de toda experiencia del movimiento obrero al fin de la conquista y de la práctica directa del
poder político; en ambas el estado liberal-democrático se entiende en su significación original de estado de clase.
Sin embargo, en la obra de Luxemburg está presente, transcripta en términos marxistas, la tendencia “economicista-
revolucionaria” del sindicalismo revolucionario y del anarco-sindicalismo con su programática continuidad entre la
lucha económica inmediata y la lucha política revolucionaria.
De manera distinta, Lenin, a pesar del valor atribuido a los soviets en las revoluciones de 1905 y 1917, sostiene “la
subordinación incondicional de todos los movimientos económicos, culturales e ideológicos del proletariado al
movimiento político guiado por el partido revolucionario. Fue precisamente esta orientación al marxismo, que
consideraba prioritaria “la política”, la que triunfó a escala mundial a partir de la revolución bolchevique de 1917 y ha
determinado hasta nuestros días toda la estructura y desarrollo del estado soviético con el consiguiente totalitarismo
derivado de su principio político.
Problemas Actuales
La escisión del movimiento socialista internacional como consecuencia de la revolución soviética cristalizó en el
socialismo y el comunismo como dos culturas políticas profundamente distintas y a menudo hostiles, aunque después
de un primer periodo de enfrentamiento en el que los socialistas fueron tratados por parte de los dirigentes leninistas
como “socialtraidores” siguió una fase de alianzas y de colaboración en el transcurso de la lucha antifascista y de la
resistencia.
En Occidente, los gobiernos guiados por las socialdemocracias, en Alemania, en Inglaterra, en Bélgica y en los países
escandinavos, promovieron algunas nacionalizaciones y la instauración de una economía mixta en el marco de
“capitalismo organizado”, con la redistribución del ingreso y formas de seguridad social para las clases trabajadoras a
través del “estado de bienestar”. A diferencia de la socialdemocracia clásica, las socialdemocracias actuales son
partidos populares que han abandonado la idea de la división de la sociedad en clases contrapuestas y del socialismo
como abolición de la propiedad privada.
En los años 70 ambos modelos de socialismo han entrado en crisis: el estado de bienestar promovido por las
socialdemocracias no puede mantener sus promesas ante la crisis económica; el “socialismo real”, por otro lado, se ve
obligado a contar cada vez más con sus propios aparatos militares para mantener el statu quo. Tampoco se puede decir
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que las propuestas de algunos partidos comunistas occidentales en el sentido de “tercera vía” eurocomunista haya
llegado a representar un modelo alternativo suficientemente definido de socialismo.
Socialismo en Latinoamérica
El socialismo de raíz marxista fue en Latam, a diferencia del Anarquismo y en parte quizás del socialismo chileno, la
expresión ideológica y política de las clases obreras urbanas de origen migratorio.
El peso de las emigraciones alemanas e italianas en la constitución del socialismo latinoamericano creó condiciones
más favorables para que la hegemonía conquistada por la socialdemocracia en la II Internacional fuera reconocida
como un ejemplo a seguir por las organizaciones socialistas formadas desde fines del siglo pasado en Argentina,
Uruguay, Brasil, Chile y México. Con referentes como Germán Ave Lallemant, o Juan B. Justo ante los socialista
paulistas, la socialdemocracia alemana aparecía como una gran fuerza política.
Sin embargo, el ejemplo de la socialdemocracia alemana, llegó a nuestras tierras cuando comenzaba a fracturase el
difícil equilibrio alcanzado entre la perspectiva palingenética en la que se inspiraba y su naturaleza de partido de masa,
vinculado por miles de hilos visibles e invisibles a la acción integradora del estado germano. Lo que de este partido
venía trasplantado a América fue su visión del marxismo como ideología del desarrollo y de la modernización, en el
interior de una insuprimible lucha de clases en la que el socialismo expresaba el “partido del progreso”.
La ignorancia casi total de la teoría revolucionaria marxista, tendía a limitar la acción socialista a una mera batalla
cotidiana por las reivindicaciones más inmediatas de los trabajadores y por la legalidad del movimiento.
En aquellos lugares donde pudieron constituir organismos políticos “modernos”, los socialistas lucharon por el
ejercicio de la democracia política, por la implementación de sistemas electorales que respetaran la voluntad popular y
por regímenes republicanos que impidieran el gobierno de la sociedad a través de la violencia militar o el cesarismo.
Privilegiaron la constitución de partidos políticos basados en una clara definición programática, y respetuosos de la
autonomía de las instituciones civiles. Defendieron los derechos de las minorías políticas, y trabajaron por una
legislación social que protegiera los derechos de los trabajadores.
El Socialismo Argentino
La experiencia argentina es la más temprana y prolongada en el tiempo de formación de un partido político socialista
basado en las experiencias alemana, italiana y belga. En 1894, y bajo la dirección del médico Juan B. Justo (1865-
1928), se fundó el periódico socialista La Vanguardia, en torno al cual se constituyó el 1895 el llamado Partido
Socialista Obrero Argentino. Un año después en su primer congreso, establecen sus principios, estatutos y programa,
que aunque modificado, se mantiene hasta el presente. Se define como el partido de los trabajadores organizados para
la conquista del poder político y la socialización de los medios de producción.
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En 1904, logra imponer como diputado, por la circunscripción obrera de la Boca, al Dr. Alfredo Palacios, quien fue el
primer representante socialista en un parlamento latinoamericano, logrando la aprobación de disposiciones legislativas
fundamentales como el descanso dominical y la protección al trabajo femenino e infantil. Años después, en 1912, el
P.S surgirá como la tercera fuerza política del país, después de los radicales y conservadores. Ya en esa época, el
partido contaba con más de 4 mil miembros, un periódico de gran difusión nacional, una revista bimensual y varios
semanarios en diversos lugares del país.
Hasta la aparición del peronismo en 1945, el Socialismo Argentino fue la principal fuerza de izquierda compitiendo
con los comunistas por la dirección del movimiento obrero y popular. Luchando en un principio contra los anarquistas
en los medios obreros y contra los radicales en el terreno político, el P.S se transformó en una gran corriente
democrática en cuyo seno se formaron intelectuales que contribuyeron decisivamente a la formación de un
pensamiento de transformación social en Argentina y en todo el continente.
Desde su nacimiento el S.A sufrió una interminable serie de cismas y divisiones que lo condujeron prácticamente a su
disgregación en los años 60. En 1918 las corrientes de izquierda que desde 1912 se fueron perfilando en su interior
rompieron con la dirección partidaria que rehusaba el apoyo a la revolución de octubre y la participación en la III
Internacional y formaron un nuevo partido que adoptó en 1920 el nombre de Partido Comunista.
Socialdemocracia
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Concepto:
Socialdemocracia es un término que ha adquirido en el lenguaje corriente un significado equivoco desde el punto de
vista teórico e histórico, aun cuando paradójicamente es correcto en cuanto a su etimología. En la práctica se lo usa
para designar a los movimientos socialistas que intentan moverse rigurosa y exclusivamente en el ámbito de las
instituciones liberal-democráticas y aceptan dentro de ciertos límites la función positiva del mercado y de la misma
propiedad privada. Este empleo del término cuyo nombre apropiado es reformismo, traiciona su origen maniqueo. La
socialdemocracia, a diferencia del reformismo, acepta sin entusiasmo las instituciones liberal-democráticas y soporta
el mercado y la propiedad privada en la medida en que, diferenciándose en esto del socialismo revolucionario,
considera a los tiempos como “no maduros” para transformar radicalmente al primero y abolir además la segunda. Es
precisamente la socialdemocracia la que lleva la lucha sobre dos frentes: contra el reformismo, que lleva al
movimiento obrero a empantanarse sin remedio dentro del sistema y contra el aventurerismo revolucionario, que lo
lleva, en cambio, a romperse la cabeza contra la estructura todavía sólida del sistema.
El primero y más completo experimento socialdemócrata ha sido el alemán, el cual, precisamente por esto, puede, a
los efectos de una definición, considerarse casi paradigmático.
problemas que permitieron el surgimiento del fascismo, representa una emblemática comunidad de destino que
comprueba , no obstante las polémicas sobre la responsabilidad de estos fracasos, la sustancial identidad que resulta
propiamente del común marxismo “doctrinario” incapaz de comprender la realidad de las transformaciones sociales en
curso.
Solo cuando el fascismo, después de haber revuelto Alemania, llega a amenazar a la URSS, el comunismo consistió en
dar curso a la colaboración con la socialdemocracia con miras antifascistas, sobre la base del reformismo de los
frentes populares de Francia y España, en el seno de los cuales quienes aconsejaron moderación y respeto para los
intereses del capital fueron los propios comunistas.
Socialdemocracia latinoamericana:
La “irrupción” en el escenario político de nuestro continente de la Internacional Socialista es un hecho relativamente
reciente e indicativo de los profundos y extendidos procesos de recomposición que están afectando a las
organizaciones políticas radicales, democráticas y socialistas desde los años setenta, signados por la amenaza de una
involución autoritaria generalizada.
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Es en mayo de 1976 cuando los socialdemócratas europeos organizaron en Caracas una reunión designada con el
impreciso título de Conferencia de Dirigentes Políticos de Europa y América en Pro de la Solidaridad Democrática
Internacional. El propósito de tal conferencia era el de estimular la concurrencia de líderes de una serie de partidos o
movimientos políticos que en su mayoría no han tenido ni tienen vinculación orgánica con la Internacional Socialista
pero con los cuales ésta tiene interés en establecer o profundizar contactos y, eventualmente, concertar alianzas o
coordinar orientaciones políticas.
Los participantes de la conferencia, si bien hicieron constar que no estimaban oportuno fundar ningún tipo de
organización, subrayaron al mismo tiempo el hecho de que inauguraba un dialogo permanente. En octubre de 1977,
en la reunión de Madrid del Buró de la Internacional Socialista, se acordó la creación de un Comité Latinoamericano y
un año después, en octubre de 1978, en su XIV Congreso, celebrado por primera vez en el continente americano (en
Vancouver, Canadá), la Internacional Socialista confirmaba su nueva línea de apertura al mundo latinoamericano
eligiendo al venezolano Gonzalo Barrios y al jamaiquino Michael Manley como vicepresidentes adicionales.
Entre otras medidas, dicho Congreso avaló la decisión de integrar el Comité Latinoamericano de la Internacional
Socialista como un organismo permanente de la vida de este organismo internacional.
Como resultado de esta penetrante actividad de la Internacional Socialista, del 26 al 28 de marzo de 1980 se realizó en
Santo Domingo la primera Conferencia Regional para América Latina y el Caribe de la Internacional Socialista con la
participación de los máximos líderes del socialismo democrático mundial. Esta conferencia, dedicada con
exclusividad a considerar la problemática latinoamericana, ilustra significativamente hasta dónde la Internacional
Socialista está dispuesta a estimular la constitución orgánica de una tendencia democrática y socialista en condiciones
de elaborar una alternativa viable que eluda el camino de los regímenes militares de extrema derecha y el
revolucionario de corte castrista. Las difíciles condiciones por las que atraviesa la democracia latinoamericana, la
reiteración casi permanente de las respuestas autoritarias, represivas de las clases dominantes a las luchas populares en
favor de una transformación social, signos característicos de la vida de las repúblicas latinoamericanas ha provocado
que la socialdemocracia europea recuerde antiguas proposiciones que, hacia fines del siglo pasado, motivaron su
creación.
El reconocimiento de la necesidad histórica de transformaciones aun violentas en ciertas áreas o países donde los
regímenes políticos existentes cierran toda posibilidad de expresión popular coloca a la socialdemocracia europea y a
sus organizaciones más o menos afines en América Latina en situaciones confusas o por lo menos inéditas, en la
medida en que ya no parecen ser interlocutores naturales aquellos dirigentes políticos latinoamericanos que en los
años sesenta aparecían fuertemente comprometidos con los sistemas existentes sino otras expresiones políticas más
radicalizadas que incluyen hasta los comandantes sandinistas.
El cambio de actitud de buena parte de las organizaciones genéricamente “de izquierda” de América Latina con
respecto a la Internacional Socialista se debe en buena medida a la creencia de que los socialistas y socialdemócratas
europeos constituirán en el juego político regional un contrapeso progresista y democrático a la influencia hasta hace
poco casi exclusivamente del imperialismo norteamericano.
Ni por su historia ni por su doctrina ni por sus propuestas concretas, las expresiones latinoamericanas de
socialdemocracia pueden ser identificadas con sus congéneres europeas.
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Unidad 11
1.-Anarquismo: Introducción. Socialismo anti-autoritario. Coherencia entre fines y medios. La teoría proudhoniana de
la fuerza colectiva. ¿Materialismo o idealismo? Federalismo y anarquismo. Antiteologismo y anarquismo. Anarquía y
comunismo. Anarquía y pragmatismo. Ley vs Contrato.
2.-Anarco/indigenismo. La fusión entre anarquismo e indigenismo. Anarco-feminismo, anarcoindigenismo.
1.-Anarquismo:
Introducción
No es fácil delimitar con claridad cuál es el origen del anarquismo; entre otras cosas, porque no puede decirse
tampoco que el anarquismo constituya un cuerpo cerrado y dogmático u ortodoxo de ideas. Los anarquistas han estado
siempre abiertos a la influencia de autores y corrientes filosóficas de las más diversas procedencias, aunque estos
autores y corrientes puedan no ser totalmente asimilables al anarquismo. Así, el anarquismo, que de por sí no busca ni
quiere ser una ortodoxia dogmática, corre riesgo de desdibujarse como un collage de ideas inconexas. En efecto, ante
esta multiplicidad de fuentes e influencias, algunos han podido encontrar antecedentes remotísimos del pensamiento
anarquista en la Antigüedad griega.
Por ello, se impone, al menos metodológicamente, una primera delimitación temática. Se trata de recortar, dentro de
todo ese bagaje de ideas, lo que podemos llamar el anarquismo sociopolítico, dejando de lado lo artístico y lo
epistemológico, y considerando sólo las tesis sobre la sociedad y la política. Este recorte, sin embargo, no puede
excluir las tesis anarquistas sobre economía y religión por la fuerte articulación que adquieren con la crítica social.
Este recorte no significa que el anarquismo no tenga nada que decir sobre la libertad artística o científica; pero se hace
necesario determinar ese núcleo duro que le daría identidad como corriente del pensamiento político.
Esta primera delimitación temática también implica trazar un corte histórico entre una historia y una prehistoria del
anarquismo. Esta distinción permite circunscribir el origen y desarrollo de las tesis propiamente ácratas a un cierto
momento histórico-social, evitando confundirlas con corrientes que, aunque familiares, podrían resultar anacrónicas.
Los antecedentes inmediatos del anarquismo son dos: la Revolución Francesa y las doctrinas de los primeros
socialistas asociacionistas (Saint-Simon y, especialmente, Owen y Fourier). Eso en cuanto a los antecedentes
inmediatos; en cuanto al origen específico del anarquismo propiamente dicho, la referencia incuestionable es al propio
introductor del término “anarquía” como orden sin coacción externa: Pierre Joseph Proudhon.
Y dentro también de esta primera delimitación, cabe trazar otra línea diferenciadora entre temperamento libertario y
anarquismo. Mientras el temperamento libertario ha existido siempre, y puede aparecer y surgir en cualquier lugar y
momento, el anarquismo es un paso más adelante: es una “reflexión radical sobre la libertad”. El temperamento
anárquico es así una condición necesaria pero insuficiente para el anarquismo. Esta diferenciación –superpuesta a la
anterior entre prehistoria e historia del anarquismo– permite excluir no sólo escuelas y movimientos de otras épocas
sino también actitudes paralibertarias en un sentido meramente temperamental.
Ahora bien, trazadas estas distinciones y ubicado en Proudhon el punto de origen del anarquismo propiamente dicho,
¿qué camino recorre el desarrollo de la idea anarquista?
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Tal vez su originalidad no radique en sus tesis aisladas, sino en la combinación del conjunto. Guérin señala como
“ideas básicas” del anarquismo las siguientes:
1. Rebeldía visceral;
2. Horror al Estado;
3. Rechazo a la democracia burguesa (representativa);
4. Rechazo al socialismo autoritario (es decir, estatal, sea en su versión leninista o en su versión
socialdemócrata).
Reduciremos el núcleo básico del anarquismo a dos principios centrales muy generales en los que quedarían incluidos
muchos de los enumerados por Guérin o García Moriyón:
1. Socialismo antiautoritario, y 2. Coherencia entre fines y medios.
De estos dos principios se infieren tanto el antiestatismo como la oposición a cualquier otra instancia de organización
autoritaria y la crítica al teologismo; también pueden inferirse las propuestas autogestionarias y federativas como
alternativas de organización social; y también podrían explicarse las cambiantes y aparentemente divergentes posturas
anarquistas ante la violencia, la práctica revolucionaria y la construcción de “utopías” como hipótesis prácticas
motivadoras. A su vez, esto permite, en el plano de las puras ideas, ubicar correctamente al anarquismo tanto en
relación con el marxismo y otras corrientes socialistas como en relación con el liberalismo.
Socialismo anti-autoritario.
El anarquismo se autodefine como socialismo libertario, esto es, antiestatista. No sólo desconfía del Estado como
gestor de la economía, sino también del Estado como instrumento revolucionario. Para los anarquistas, el Estado no es
un mero epifenómeno del modo en que está estructurada la producción y la vida económica, sino que es un mal en sí
mismo, cómplice de la explotación económica, pero con intereses también propios. Y esto vale también para la
Iglesia. El capitalista, el burócrata gobernante y el sacerdote representan tres tipos de opresión (anti) social.
En su antiestatismo, el anarquismo se reconoce heredero de algunas tesis liberales, pero no acepta la propiedad
privada de los medios de producción. Los anarquistas pretenden la abolición de la propiedad privada de los medios de
producción y la abolición del lucro: por eso son socialistas. Pero también se distancian de los socialistas que confían
en el Estado como regulador de la producción y de los socialistas que lo ven como un instrumento de la revolución
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que conduciría ulteriormente a su propia extinción. Así, los socialistas de Estado –tanto los que aceptan el juego
electoral como los que pretenden llegar a su conducción por vía revolucionaria– y los socialistas que pretenden llegar
a una ulterior sociedad libre a través del Estado, son, para los anarquistas, socialistas autoritarios, y como tales,
contradictorios, falsos socialistas; porque el Estado es la negación de la sociedad: el Estado es la imposición coactiva
de un falso orden, esto es, de un orden aparente. El auténtico orden será resultado de la organización espontánea de la
sociedad sobre bases libres, prescindente de toda instancia coactiva. De allí las propuestas autogestionarias y
confederativas (ni propiedad capitalista, ni Estado).
Pero el antiautoritarismo anarquista no está sólo dirigido contra el Estado y contra el capitalismo –formas política,
económica e históricamente determinadas–, sino contra todo modo de autoritarismo. Y encuentra el origen de la idea
de autoridad (en sentido de dominio) en la idea de Dios; de ahí su antiteologismo militante. Capitalismo, Estado y
dominio (Dios) son tres aspectos indisociables: ni Dios, ni patrón, ni Estado.
El anarquismo no concibe tensión entre igualdad y libertad; ambas se reclaman mutuamente. Sólo una mala
comprensión de esos valores puede llevar a entenderlos como incompatibles o en tensión. Es claro que el anarquismo
parte de una antropología y una psicología filosóficas diferentes a las de los liberales burgueses: para los ácratas el
egoísmo (la satisfacción individual) no es incompatible con la cooperación y solidaridad (ayuda mutua).
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Los reclamos anarquistas contra el Estado, la propiedad y la desigualdad social no son meros planteos de moral
declamatoria. El anarquismo ha pretendido ser un enfoque racional, filosófico y hasta científico de la sociedad y el
hombre. En este sentido, ha procurado apoyarse sobre argumentos y experiencias. Así ha construido, a lo largo de su
desarrollo teórico, una serie de doctrinas puntales para la crítica del orden vigente y para la construcción de una
“sociedad libre”.
La teoría de la fuerza colectiva tal vez sea el núcleo vital del anarco-socialismo. Podemos resumirla en las siguientes
tesis:
a. El trabajo asociado (colectivo) genera una fuerza colectiva mayor que la simple suma de las fuerzas de trabajo
individuales que la componen. Es decir, la asociación del trabajo no es una simple suma aritmética de fuerzas, sino
una potenciación.
b. De ahí que el trabajo asociado produzca un plus-valor por encima de la suma aritmética de salarios que cobran
los trabajadores (ese plus-valor es lo que se apropia y “roba” permanentemente el capitalista).
c. A esta altura de los tiempos y del desarrollo de las sociedades, toda producción es colectiva, pues el individuo
más aislado debe apoyarse en herramientas o conocimientos elaborados y trasmitidos histórica y socialmente.
e. La fuerza colectiva no es sólo una fuerza productiva, sino también un instrumento de lucha política.
Con esta doctrina, los anarquistas han criticado la propiedad privada de los medios productivos, el parasitismo del
capitalista y del burócrata gobernante y la desigualdad de ingresos y medios de vida. Esta teoría resulta la contracara
de las teorías hiperindividualistas de origen hobbesiano que veían en el hombre sólo un “adversario” del hombre. En
contraste, los anarquistas no comparten esa antropología pesimista y muestran cómo el hombre puede ser un “socio”
del hombre.
La teoría de la fuerza colectiva aparece ya claramente expresada en la obra fundacional del anarco-socialismo, ¿Qué
es la propiedad?, de Pierre-Joseph Proudhon. En el apartado 5º del capítulo III, Proudhon escribe este famoso pasaje:
“El capitalista, se dice, ha pagado los jornales a sus obreros; para ser más exacto, debe decirse que el capitalista ha
pagado tanta veces una jornada como obreros ha empleado diariamente, lo cual no es en absoluto lo mismo. Porque
no ha pagado esa fuerza inmensa que resulta de la unión y de la armonía de los trabajadores, de la convergencia y de
la simultaneidad de sus esfuerzos.
Así, en el apartado 3º del capítulo V, Proudhon sostiene:
“El hombre mantiene con el hombre su intercambio constante de ideas y de sentimientos, de productos y de servicios.
Todo lo que enseña y practica en la sociedad le es necesario; pero, de esa inmensa cantidad de productos y de ideas, lo
que cada uno puede hacer y adquirir por sí solo no representa nada aisladamente, es como un átomo comparado con el
sol. El hombre no es hombre sino por la sociedad, la cual, a su vez, no se mantiene sino por el equilibrio y la armonía
de las fuerzas que la componen”.
Bakunin emplea la misma doctrina de la fuerza colectiva para explicar el poder político de las clases privilegiadas
sobre las explotadas. Ya Proudhon se había proclamado anarquista por ver en el aparato político estatal un cuerpo
parasitario cómplice del capitalista explotador. Pero Bakunin procura mostrar cómo una “fuerza colectiva
improductiva” (pero política) de los explotadores organizados “mecánicamente” en el Estado, hace posible la
explotación de la “fuerza colectiva productiva” de los trabajadores desorganizados políticamente (aunque
autoritariamente disciplinados, para la producción).
En términos más llanos: si en una sociedad de n número de personas se precisa una producción de x cantidad para la
supervivencia, y si en esa sociedad una cierta porción de la población no contribuye a la producción colectiva (por
pertenecer al gobierno o por tener un título de propiedad que le permite vivir de renta), eso significa que el resto de la
población produce para sí misma y para los improductivos; esto es, los improductivos viven del trabajo ajeno. La
producción debida a la fuerza colectiva del trabajo asociado es expropiada en favor de una fuerza también colectiva,
aunque no productiva, organizada políticamente. El Estado se presenta entonces como un instrumento de opresión
cómplice imprescindible de la explotación de las clases privilegiadas propietarias del capital.
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Bakunin lleva la teoría de la fuerza colectiva a su forma más radical. Los individuos mismos son productos de la
fuerza colectiva de la sociedad, manifestada históricamente. La libertad individual misma es un producto social, y las
teorías (filosóficas, políticas, jurídicas o religiosas) que la postulan como un dato metafísico a priori no son más que
ficciones, ideologías. La libertad de los hombres no es presocial; por el contrario, ha de ser conquista y producto de la
sociedad: la auténtica asociación no limita al individuo, sino que lo potencia.
¿Materialismo o idealismo?
A diferencia del “idealismo absoluto” de Hegel, Proudhon asume un dualismo irreductible entre espíritu y materia,
dualismo necesariamente problemático pero, según él, inevitable. Así lo explica en el prólogo de su Filosofía de la
miseria:
“No se concibe el ser sin las propiedades de la materia como no se concibe sin las del espíritu; de suerte que si se
niega el espíritu, porque, no entrando en ninguna de las categorías de tiempo, de espacio, de movimiento, de solidez,
etc., se nos presenta despojado de todos los atributos que constituyen lo real, negaré a mi vez la materia, que, no
ofreciéndome de apreciable sino su pasividad, ni de inteligible sino sus formas, no se manifiesta en ninguna parte
como causa (voluntaria y libre), y se me escapa enteramente como sustancia; y llegamos al idealismo puro, es decir, a
la nada. Nos es forzoso, pues, empezar por un dualismo cuyos términos nos consta perfectamente que son falsos, pero
que, siendo para nosotros la condición de la verdad, se nos imponen de una manera irrecusable”.
Esta dialéctica fundada en esta antinomia, precisamente, por ser irreductible no encuentra nunca un “tercer momento”
o “categoría superadora” que la resuelva. Lo que Proudhon llama “síntesis” no es nunca un “tercer momento” en el
sentido de la “síntesis” de Fichte o de la “negación de la negación” de Hegel; no es una unidad superior encorsetadora.
La síntesis de Proudhon no es otra cosa que un “justo equilibrio” entre los elementos antinómicos, esto es, un
reconocimiento de la necesidad de los términos de la antinomia y una correcta delimitación de los mismos; es una
armonización de la diversidad. Así, aquella antinomia fundamental entre materia y espíritu reaparece una y otra vez
bajo distintas formas a lo largo de la Filosofía de la miseria (cuyo título central es, en realidad y no por casualidad,
Sistema de las contradicciones económicas). En efecto, las antinomias entre realidad e ideal, entre economía política y
socialismo, entre valor de cambio y valor útil, no son otra cosa que la reiteración permanente del mismo dualismo; y el
problema no se resolverá mientras los hombres sigan saltando de un término al otro de las antinomias, sino cuando
encuentren el equilibrio justo entre ellos. En todos los capítulos reaparece el mismo y recurrente problema: la
antinomia entre la inteligencia y la realidad, entre lo que debe ser y lo que es.
Pero ese equilibrio justo, o armonización, que busca Proudhon no es un modelo abstracto, ecléctico, arbitraria creación
de la mente humana, sino que es un deber-ser anclado en el ser, un derecho anclado en los hechos. Se trata de
reconocer la necesidad de todas las categorías económicas, pero ordenadas y delimitadas del modo adecuado, es decir,
equilibradas justamente.
La dialéctica de Proudhon es sutilmente diferente de la de Hegel, predominantemente idealista. En rigor, la dialéctica
de Proudhon está a medio camino entre la de Hegel y la de Marx: mientras Hegel es un idealista absoluto y Marx es
un materialista absoluto, él es un dualista que reniega de toda síntesis absoluta.
Sin embargo, su continuador, Bakunin, aceptará en este punto las objeciones de Marx contra el “idealismo”
proudhoniano. Bakunin se enrolará en un materialismo franco, lo que, no obstante, no impedirá que también a él Marx
lo moteje de “idealista”. ¿En qué consiste el materialismo de Bakunin? ¿Y en qué, en todo caso, su supuesto
idealismo?
Bakunin se enrola abiertamente en el materialismo filosófico, sin fisuras; y toda su crítica teórica se orienta contra el
idealismo, siempre metafísico, que pretende divorciar al espíritu de la materia, al pensamiento de la animalidad, a la
vida de la naturaleza. Es decir, el materialismo de Bakunin, en rigor, es un monismo opuesto a todo dualismo entre
materia e idea, incluso al dualismo inmanentista proudhoniano. El mundo del espíritu, según Bakunin, emerge de la
materia, que es materia viva. Bakunin denomina idealistas (de modo peyorativo) a quienes, divorciando espíritu y
materia, pretenden explicar a la segunda por el primero. Para Bakunin, el desenvolvimiento de la vida va desde lo más
elemental hacia lo más complejo, que es el hombre, que por complejo no deja de ser material en su punto de partida.
Mientras los idealistas parten de la idea (Dios) para explicar la materia, para Bakunin lo ideal está adelante, como
producto del desenvolvimiento de la misma materia. El hombre surge como tosca animalidad, y se desenvuelve como
hombre gracias a su facultad de rebelarse contra su propia situación; y esa rebeldía no es otra cosa que la misma
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facultad de pensar y trabajar (lucha contra la hostilidad de la naturaleza): pensamiento, trabajo y rebelión
(estrictamente, términos intercambiables) hacen al hombre cada vez menos animal y cada vez más humano:
“Pero como todo desenvolvimiento implica necesariamente una negación, la de la base o del punto de partida, la
humanidad es al mismo tiempo y esencialmente una negación, la negación reflexiva y progresiva de la animalidad en
los hombres; y es precisamente esa negación tan racional como natural, y que no es racional más que porque es
natural, a la vez histórica y lógica, fatal como lo son los desenvolvimientos y las realizaciones de todas las leyes
naturales en el mundo, la que constituye y crea el ideal, el mundo de las convicciones intelectuales y morales, las
ideas”.
El idealista, con su abstracción fantasiosa, atribuye a su ser ideal (Dios) todas las perfecciones, dejando al verdadero
mundo despojado de todos los bienes que transfiere a su cielo ideal y eterno. Siendo para los metafísicos el mundo
ideal lo perfecto, el mundo de los hombres será siempre una basura. Por ello, se produce una paradójica inversión de
actitudes prácticas: el idealista teórico se vuelve un pragmático y grosero materialista, mientras el materialista teórico
adopta un comportamiento orientado a la realización del ideal entre los hombres:
“Al divinizar las cosas humanas, los idealistas llegan siempre al triunfo de un materialismo brutal. Y esto por una
razón muy sencilla: lo divino se evapora y sube hacia su patria, el cielo, y lo brutal queda solamente en la tierra”.
Se ve ahora en qué sentido Bakunin es un materialista (teórico) y en qué sentido es un idealista (práctico). Pero hay
también un segundo aspecto en que puede ser llamado “idealista”, muy vinculado con ese primer sentido, pero
sutilmente distinto (y es este segundo aspecto el que seguramente tuvo en mente Marx cuando lo motejó
peyorativamente como tal): su insistente y obsesionada lucha contra el propio idealismo (metafísico o teológico, que
son lo mismo). Es decir, para ser un materialista teórico, puede llamar mucho la atención que Bakunin gaste tantas
energías en la lucha teórica contra el propio idealismo. Pero el antiidealismo y antiteologismo de Bakunin son muy
coherentes con su propia versión del materialismo según lo hemos expuesto. Veamos por qué.
“Es evidente que el idealismo teórico o divino tiene por condición esencial el sacrificio de la lógica, de la razón
humana, la renunciación a la ciencia. Se ve, por otra parte, que al defender las doctrinas idealistas, se halla uno
forzosamente arrastrado al partido de los opresores y de los explotadores de las masas populares. He ahí dos grandes
razones que parecerían deber bastar para alejar del idealismo todo gran espíritu, todo gran corazón”.
Las ilusiones fantasmagóricas del idealismo teórico o divino aturden el intelecto, es decir, privan al hombre de su
principal cualidad: la de reflexionar y rebelarse. El absurdo dogmatismo metafísico de los idealistas detiene el
desenvolvimiento humano, esto es, pone diques al movimiento de la materia-hombre para su avance hacia la
realización del ideal sobre la tierra. Por eso, la lucha contra las ficciones del dogmatismo ciego del idealismo es
fundamental; por eso es importante la lucha contra el “fantasma divino”, Dios. Frente a los sufrimientos de la sociedad
injusta, miserable y opresiva, tal como se la haya hoy por hoy, el pobre sólo tiene tres caminos:
1. el consuelo ocasional que le puede brindar el prostíbulo, para tener de vez en cuando algún goce en la vida;
2. el refugio ilusorio en la iglesia, una suerte de actitud avestrúcea, que consiste en esconder la cabeza en un
pozo esperando una suerte mejor después de la muerte; y
3. la revolución, esto es, la reformulación del orden social.
Pero para el tercer camino es necesario operar primero una microrrevolución interior, liberándose de las ficciones en
que fundan su dominación los poderosos (gobernantes, propietarios capitalistas y sacerdotes).
Federalismo y anarquismo.
Proudhon buscaba un “equilibrio” entre dos formas abusivas y despóticas: la propiedad y la comunidad. El llamaba
“libertad” a ese tercer camino, y entre otros elementos lo caracterizaba así:
a. Conservar la posesión individual, eliminando la propiedad privada que es fuente de privilegio. Como toda
producción es fruto de una fuerza colectiva, la propiedad capitalista resulta ilegítima.
b. Asegurar la igualdad de salarios y fortunas a todo quien trabaje, es decir, que participe de la producción.
c. Asegurar la equivalencia de los intercambios (lo que significa estrictamente la eliminación del lucro en las
transacciones comerciales, puesto que nadie puede adquirir más de lo que da a cambio).
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Y concluye:
“La asociación libre, la libertad, que se limita a mantener la igualdad en los medios de producción y la equivalencia en
los cambios, es la única forma posible de sociedad, la única justa, la única verdadera.
La política es la ciencia de la libertad: el gobierno del hombre por el hombre, cualquiera que sea el nombre con que se
disfrace, es tiranía; el más alto grado de perfección de la sociedad está en la unión del orden y de la anarquía”.
Proudhon ve en el mutualismo la clave para el equilibrio social buscado. En 1865, Proudhon desarrolla sus ideas
federativas en El principio federativo, ideas sobre las que volveremos de inmediato. Y en su obra póstuma, La
capacidad política de la clase obrera, articula ambos conceptos centrales de su proyecto libertario: mutualismo y
federalismo.
Proudhon, luego de establecer esa antinomia política inevitable entre autoridad y libertad, distingue cuatro formas a
priori (al modo de tipos intelectuales puros) de organización política; a saber:
1. Formas autoritarias:
1 A monarquía (“uno sobre todos”)
1 B Comunismo (“todos sobre todos”).
2. Formas liberales:
2 A Democracia (“cada uno sobre todos”).
2 B Anarquía (“cada uno sobre cada uno”).
Mientras las formas autoritarias conservan el poder indiviso, las formas liberales lo difuminan. La realidad empírica
presenta, siempre un carácter mixto, precisamente porque la antinomia autoridad/libertad es irreductible: no puede
haber una forma puramente liberal ni una forma puramente autoritaria; la autoridad y la libertad, cualquiera sea la
forma empírica de gobierno, siempre tienen algún lugar donde refugiarse y reaparecer.
Por la exagerada extensión de los Estados y su prejuicio centralizador y unificador, las formas autoritarias tienden a
democratizarse y las democracias a autocratizarse. Esto da lugar a extrañas paradojas, como que el pueblo tiende a
apoyar formas autoritarias (el imperio) y la burguesía, en cambio, formas liberales (monarquías constitucionales).
Se trata, entonces, de encontrar la correcta ecuación entre autoridad y libertad.
“El problema político, consiste en hallar el equilibrio entre dos elementos contrarios, la autoridad y la libertad. Todo
equilibrio falso produce inmediatamente para el Estado desorden y ruina, para los ciudadanos opresión y miseria. En
otros términos: las anomalías o perturbaciones del orden social resultan del antagonismo de sus principios, y
desaparecerán en cuanto los principios estén coordinados de suerte que no puedan hacerse daño”.
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Y esa “coordinación de los principios” es lo que él llama “constitución progresiva”, esto es, un federalismo donde la
autoridad quede reducida a su mínima expresión en la esfera que le es propia: la pequeña familia nuclear y la familia
no nuclear (padres e hijos; hermanos), que corresponderían respectivamente al principio monárquico y al comunista.
De ahí hacia arriba la federación libre, fundada en contratos sinalagmáticos (recíprocos), conmutativos (equivalentes
en los intercambios), específicos (sobre puntos determinados claramente, conservando siempre más derechos que los
que se ceden) y rescindibles (no puede haber obligaciones a perpetuidad; la secesión es un derecho inalienable).
Federación agrícola-industrial no es otra cosa que la síntesis, el equilibrio o armonización, entre economía y política,
expresión reiterada de la antinomia irreductible entre naturaleza y espíritu, materia e idea. Si la ecuación-síntesis de
las contradicciones económicas es el mutualismo, y si la ecuación-síntesis de las contradicciones políticas es el
federalismo, la ecuación de la ecuación, síntesis social suprema, es ahora la federación agrícola-industrial:
“La federación agrícola-industrial tiende a acercarse cada día más a la igualdad por medio de la organización de los
servicios públicos hechos al más bajo precio posible por otras manos que las del Estado, por medio de la reciprocidad
del crédito y de los seguros, por medio de la garantía de la instrucción y del trabajo, por medio de la igualdad en el
impuesto, por medio de una combinación industrial que permita a cada trabajador pasar de simple peón a industrial
y artista, de jornalero a maestro”.
Anti-teologismo y anarquismo.
Ya Proudhon se había autodefinido como ateo práctico en su Filosofía de la miseria. Pero su dualismo metafísico lo
retenía necesariamente en un teísmo teórico: la hipótesis de Dios era metodológicamente imprescindible para poder
ser negada.
Pero va a ser Bakunin quien haga del antiteologismo su caballito de batalla, escarbando filosóficamente en las raíces
idealistas y en las consecuencias materiales del teísmo y la religión.
En otras palabras: el antiteologismo es el núcleo de la crítica bakuniana, así como el pilar de sus propuestas
federativas y socialistas revolucionarias.
Para Bakunin, la religión, hoy por hoy, es la abdicación de la razón. Bakunin opone dos series de conceptos. Por un
lado están Dios, la religión, la metafísica dualista, la sinrazón, el dogmatismo, el Estado y la opresión. En la vereda
opuesta están el hombre, la filosofía racional (visión del mundo apoyada en el desarrollo de las ciencias, desde abajo
hacia arriba), el materialismo monista, la razón libre, hipotética y experimental, el federalismo socialista y la
liberación. Y estas dos cadenas de conceptos se oponen una a la otra como se oponen la unidad impuesta desde arriba
hacia abajo y el orden construido desde abajo hacia arriba, tanto en el nivel cosmogónico como en el político.
Si el universo tiene lógica, si está efectivamente regulado por leyes que nuestro entendimiento puede conocer (aunque
siempre parcialmente), entonces Dios no existe. Si Dios existe, entonces, el universo carece de lógica, ya que el
creador sería por definición radicalmente distinto de su creación. A su vez, si Dios existe, entonces el hombre está
condenado a la ignorancia y la injusticia; pero como el hombre puede conocer, liberarse y construir la justicia,
entonces Dios no existe. Por ello es que, en Bakunin, la lucha contra la divinidad, contra la idea de divinidad, es
necesaria para la liberación del hombre; y esa liberación no puede ser nunca exclusivamente individual: en la
ignorancia y en la esclavitud de un solo hombre persistirán siempre la ignorancia y la esclavitud de todo el género
humano.
No hay evidencia seria ni argumentos racionales que puedan dar cuenta de la existencia de la divinidad. Sus
defensores suelen esgrimir como pruebas la antigüedad y universalidad de la creencia religiosa. Pero, según Bakunin,
la universalidad de una creencia sólo prueba la unidad y similitud de todo el género humano; en cuanto a su
antigüedad, antes que acreditar la verdad, es una presunción de falsedad, porque el progreso del conocimiento va
siempre desde lo falso a lo verdadero. Sin embargo, para liberarse de la idea de Dios no basta con saber y demostrar
que es falsa; debe mostrarse cuál es el origen y papel histórico de esa falsedad.
En efecto, la libertad es para Bakunin la adecuación paulatina y progresiva entre el hombre y la naturaleza por medio
del conocimiento. Pero el conocimiento es un largo y duro camino signado por obstáculos y tropezones. La religión,
ese primer despertar errado de la razón, lleva al hombre por distintas etapas: el fetichismo (divinización de un objeto
cercano), la religión de los brujos (divinización de personas), la divinización de un objeto lejano (v. gr. el sol), y
finalmente, la idea de un ser supremo abstracto, inmaterial; es en este punto en que nace propiamente la teología y la
metafísica. Pero, precisamente por ser una abstracción absoluta, Dios es una absoluta y pura nada. El hombre debe
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conocer para ser libre, pero la afirmación de esa nada absoluta, de ese divino fantasma, conlleva lógicamente la
negación de su contrario: el hombre y la realidad material terrena, esto es, la vida. Por ello, el conocimiento no debe
apoyarse sólo en la capacidad abstractiva (que lleva a la fábula metafísica) sino que debe complementarse con el
análisis experimental de los hechos. El hombre –para Bakunin– es un ser tan social como individual a la vez, y en su
evolución sociohistórica va creando y reformulando él mismo las nociones de bien y de mal. No las recibe de Dios, ni
las crea el Estado. Ni Dios ni el Estado pueden crear nada que no haya creado primero la sociedad, porque tanto Dios
como el Estado son creaciones humanas, ficciones, que por el contrario, tergiversan, falsean y traicionan lo que el
hombre les atribuye como cualidades. El hecho de que sean ficciones o se apoyen en ficciones, no significa que no
tengan efectos muy reales y materiales. Todo hijo legítimo de la Revolución de 1789, que crea en verdad en la justicia,
la fraternidad y los derechos del hombre, ha de ser enemigo declarado del Estado, por más laico que sea.
Toda apología del Estado y toda teología tienen en común la postulación de una autoridad externa y jerárquica. Pero
¿cómo se imponen esa autoridad y sus leyes a los hombres? Hay tres respuestas posibles (aparentemente):
a. por la libre y racional aceptación de los mismos hombres sujetos a ellas;
b. por la fuerza;
c. por la religión.
La investigación histórica muestra que el origen real de los Estados se encuentra en las respuestas b y c, combinadas o
alternadas. Pero el moderno Estado liberal laico pretende afirmar su legitimidad en la solución a (si fuera b, no sería
Estado libre; si fuera c, no sería Estado racional); por eso invoca la nueva ficción del contrato tácito.
Como se ve, el antiteologismo es, en última instancia, una crítica dirigida a un monstruo de dos caras de orígenes
platónicos:
1. la idea de un fundamento primero no material del mundo (Dios, mundo de las ideas, divinidad), y
2. (correlato de 1) la idea de la perennidad de las almas (pertenecientes a ese mundo supraterreno, súbditas de la
divinidad).
La aceptación de estas tesis (falsas científicamente, según Bakunin) conlleva la aceptación, consciente o no, del
principio de autoridad, es decir, del Estado, forma social de esa “ley” externa, de ese corsette, que viene a poner orden
(un orden jerárquico, y por ende, falso) entre los hombres.
Podría objetarse que el propio determinismo bakuniano obliga a aceptar la necesidad del Estado y el derecho jurídico.
Esto, en verdad no constituiría una objeción, ya que Bakunin lo reconoce expresamente, salvo que aclarando que dicha
“necesidad” es sólo una “necesidad histórica”, como lo era también la religión. Y esta necesidad, precisamente por
histórica, debe también ser negada históricamente porque no es más que un estadio en el desarrollo del hombre que
aprende por medio de sus errores: la razón no es otra cosa que ese devenir desde el error a la verdad, de la injusticia a
la justicia, desde la necesidad a la libertad.
Anarquía y comunismo.
Con Kropotkin, Reclus y Malatesta el anarquismo salta al comunismo. Y el principio de este anarcocomunismo es el
de la producción y el consumo libres. La máxima “de cada quien y a cada quien según su trabajo” es desplazada por
“de cada quien según sus posibilidades a cada quien según sus necesidades”. O, como lo expresa el propio Kropotkin:
“Tomar a discreción lo que se encuentre en abundancia; racionamiento para lo que haya en cantidad limitada”.
Kropotkin se apoya en el materialismo biológicoevolucionista de Darwin. Pero a diferencia de los darwinistas sociales
de su tiempo, no ve en la competencia y la lucha entre los hombres un factor de evolución, sino en la ayuda mutua.
Por lo demás, Kropotkin conserva las tesis centrales del anarquismo. Sostiene su programa de expropiación
revolucionaria sobre las bases de la tesis de la “fuerza colectiva”. Concibe la revolución como aniquilamiento de todo
poder estatal centralizador, no como mero reemplazo de la casta gobernante. Postula una reorganización social, a
partir de la libre asociación de los hombres en unidades descentralizadas y voluntarias de producción, artísticas y
científicas. No ve en la desigualdad social simplemente un fenómeno económico, sino un problema más complejo
donde la explotación económica está en complicidad con la opresión política y la superstición religiosa.
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En Campos, fábricas y talleres, Kropotkin intenta mostrar la viabilidad de un orden comunista anárquico. Argumenta
que, en una sociedad tal, las fuerzas productivas se multiplicarían, no sólo porque las clases ociosas también tendrían
que trabajar para sustentarse, sino porque muchas fuerzas productivas, actualmente abocadas a la manufactura de
bienes suntuarios, innecesarios o destructivos, se reorientarían a la elaboración de bienes vitales, imprescindibles y
útiles.
En su escrito El Estado, hace una suerte de genealogía de esta forma social y lo presenta como triunfo del principio
centralizador sobre el principio comunal. En efecto, el instinto de dominar es tan fuerte como el de cooperación, y
suelen estar en tensión uno con el otro. Así, el Estado expresa la victoria de ciertos individuos en quienes prevalecen
esos instintos antisociales: el cura, el juez y el guerrero. Sin embargo, su dominio sobre los demás muestra que
también entre ellos se precisa algún grado de ayuda muta para alcanzar sus fines de dominio sobe los otros. El Estado
moderno es producto de esa nefasta asociación: el juez romano, el sacerdote católico-romano y el guerrero romano,
aggiornados a los tiempos que corren.
Anarquía y pragmatismo.
Hemos visto cómo los grandes teóricos del pensamiento anarquista fundaron sus tesis libertarias sobre diferentes
presupuestos filosóficos. Tanto Proudhon como Bakunin y Kropotkin se apoyan en ciertas filosofías de la historia para
desarrollar sus posiciones; y esas filosofías de la historia difieren entre sí:
Proudhon parte de una dialéctica compleja entre idea y materia (ideo-realismo); Bakunin parte de un fuerte
materialismo filosófico que lo lleva a combatir con mayor ferocidad que otros anarquistas todo resabio teológico o
idealista; Kropotkin, por último, parte de un cientificismo biologicista que postula a la ayuda mutua como un instinto
básico del hombre, cuyo desarrollo pleno está obstaculizado por las instituciones jurídicas y políticas. Estos diferentes
puntos de partida no les impiden coincidir en sus críticas puntuales a la sociedad vigente, ni en el punto crucial del
anarcosocialismo, que es la teoría de la producción social (la teoría de la fuerza colectiva). También, a pesar de la
diferencia en los puntos de partida filosóficos, coinciden en las propuestas centrales de lo que sería una sociedad libre:
cogestión (ni propiedad capitalista, ni propiedad estatal), federalismo radicalizado desde los individuos a las comunas,
de éstas a las regiones, y así hacia arriba (organización de abajo a arriba) y negación de las fantasmagorías ideológicas
que impiden el desarrollo desprejuiciado del conocimiento. Aunque en sus propuestas prácticas puedan hallarse
diferencias de detalle (mutualismo, colectivismo, comunismo), éstas no son tan importantes como se suele pensar:
responden a las coyunturas epocales y todas, en última instancia, se subsumen bajo la idea central de autogestión
política y cogestión económica (de los medios productivos).
En realidad, podríamos distinguir cuatro diferentes planos del pensamiento anarquista:
1. El diagnóstico crítico de las sociedades burguesas.
2. El encuadre filosófico general en que se apoyan esas críticas.
3. La descripción general de las características de lo que sería propiamente una sociedad libre e igualitaria
(anarquía).
4. Los medios por los que se ha de pasar de la sociedad actual a una sociedad libre e igualitaria (el puente entre 1
y 3).
Podemos ver que no hay grandes diferencias entre los tres grandes pensadores anarquistas en lo que respecta a los
puntos 1 y 3. En efecto, los tres, apoyándose en la teoría de la fuerza colectiva y la producción social, coinciden en la
crítica del orden burgués donde capitalistas, sacerdotes, militares, burócratas y políticos viven de lo que producen los
demás; en este orden, todas las instituciones políticas y jurídicas están al servicio de las clases dominantes, en
desmedro de los productores y los marginados: Estado, Iglesia y derecho son sinónimos de explotación, desigualdad,
ignorancia y opresión. En cuanto a las propuestas de mutualismo, colectivismo o comunismo, las diferencias entre
ellos no son muchas. Y como vio Malatesta, no son sustanciales:
“Entre los anarquistas hay quienes gustan calificarse de comunistas, colectivistas, individualistas o con otras
denominaciones. A menudo se trata de palabras interpretadas de manera que oscurecen y ocultan una fundamental
identidad de aspiración; a veces, se trata sólo de teorías, de hipótesis con las cuales cada uno explica y justifica de
manera distinta conclusiones prácticas idénticas”.
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En fin, desde la concepción pragmática de Malatesta, lo nuclear del anarquismo consiste en el diagnóstico y las
propuestas (que hemos ubicado, respectivamente, en los planos 1 y 3). Las diferencias en el plano 2 (fundamentos
filosóficos) resultan totalmente secundarias. Y las diferencias en el plano práctico (plano 4), si bien son importantes,
deben buscar solución en cada contexto y situación determinada, sin dogmatismo y cooperativamente entre los propios
anarquistas.
En la visión de Malatesta, el anarquismo surge de la rebelión moral contra la injusticia, esto es, contra la desigualdad y
la opresión social. Cuando los hombres toman conciencia de que esa situación es producto del hombre, y por
consiguiente, eliminable también por el mismo hombre, ahí nace el anarquismo 70. Así, el núcleo básico del programa
anarquista sería para el anarquista italiano el siguiente 71:
1. Abolición de la propiedad privada de la tierra, de las materias primas y de los instrumentos de trabajo.
2. Abolición del Estado y de toda desigualdad política.
3. Organización de la vida social a través de libres asociaciones y federaciones de productores y consumidores.
4. Garantía de los medios de vida y bienestar para los niños y quienes no puedan bastarse por sí mismos.
5. Educación científica y guerra a las supersticiones religiosas.
6. Reconstrucción de la familia, fundada en el simple amor, sin ataduras religiosas ni legales.
Ley vs Contrato.
Para comprender la propuesta anarquista, es preciso atender al análisis crítico que ellos hacen de conceptos claros a la
teoría política moderna como “contrato” y “ley”. Los anarquistas no reniegan de la primera noción, sino que, por el
contrario, la toman radicalmente en serio; en cuanto a la segunda, desechan totalmente el sentido jurídico del término
para apegarse al uso científico del mismo.
1. En la teoría política moderna se ha recurrido a la figura jurídica del contrato para legitimar el poder político
legisferante de ese aparato policial-burocrático llamado Estado. Por este expediente “contractualista” se ha
querido fundamentar el orden político centrado en la noción autoritaria de “soberanía”, sin recurrir a hipótesis
teológicas como el origen divino del poder. El anarquismo ha sido claro en sus críticas tanto a la teoría del origen
divino del poder político como en sus críticas a las teorías “contractualistas”. Sin embargo, en sus propuestas de
“orden social libre” reaparece la idea de “contrato” como alternativa al “falso orden social” fundado en la ley
coercitiva del Estado. Los contratos que proponen los anarquistas como modo de relación social se diferencian
sustancialmente del contrato ficcional de la escuela contractualista, tanto de Hobbes, para quien el convenio es
una hipótesis explicativa y legitimante del Estado-Leviatán, como de Locke, para quien el pacto es un hecho
histórico realmente acaecido. En cuanto al contractualismo de Rousseau, la distinción es más sutil, ya que para el
filósofo ginebrino el contrato social no es ni una hipótesis metodológica ni un hecho acaecido, sino una propuesta
de reforma del orden político-social. Sin embargo, las diferencias también existen, pues el contrato roussoniano
significa la entrega total del individuo a la Voluntad General, con la única reserva de la igualdad absoluta ante la
ley, expresión de aquella Voluntad General y del Interés Común. Para los anarquistas, por el contrario, los
contratos entre los individuos de una sociedad libre tendrían siempre las siguientes características:
Sinalagmático, es decir, recíproco; las partes se obligan todas unas a las otras.
Conmutativo; es decir, las obligaciones contraídas son equivalentes en valor, de manera que la igualdad no
puede quedar alterada.
Rescindible; esto es, no hay obligación permanente; los convenios son libres y duran mientras las partes lo
consientan; por lo tanto no hay sanciones punitivas por incumplimiento, más que la restitución de la situación
anterior o su equivalente.
Parciales y limitados; lo que significa que no puede haber obligaciones generales no específicas; cada
contratante siempre conserva más de lo que cede al contratar.
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Concretos; siempre se dan entre individuos y grupos de carne y hueso, nunca por abstracciones o vaguedades
como una nación.
En resumen: los contratos anarquistas no son ficciones metodológicas ni hechos ya acaecidos (Hobbes y Locke); son
una propuesta a realizar, pero siempre de contenido parcial, y rescindibles, donde las partes se reservan más
atribuciones de las que ceden (a diferencia de Rousseau).
2. Por otra parte, pero paralelamente, los anarquistas han denunciado la extrema ambigüedad de la palabra “ley”:
a) Ley como regularidad “inmanente” a las cosas (leyes naturales de las ciencias) y
b) Ley como coerción externa, “trascendente”, a la voluntad de las personas (ley jurídica y mandatos religiosos).
Ambos sentidos de la palabra “ley” no sólo difieren, sino que resultan diametralmente opuestos. De esta manera, la
palabra “ley” sirve a un uso tramposo. Todo el orden social vigente se apoya en la ley jurídica, cuyo prestigio proviene
del malentendido con la ley natural o científica; incluso los contratos civiles del derecho positivo son sólo meras
delegaciones de la ley positiva del Estado; es decir, el ordenamiento jurídico faculta a los individuos, en ciertas
ocasiones, a autorregular sus transacciones, siendo así el contrato particular el relleno de una cláusula en blanco de la
ley jurídica estatal.
A la inversa del orden social de arriba-abajo, propio del Estado, el anarquismo propende a un orden social de abajo-
arriba. Mientras el primero se apoya en una ruptura tajante entre el mundo de la naturaleza y el mundo del hombre, el
segundo propende a una continuidad gradual entre la una y el otro. La sociedad ácrata fundada en contratos libres se
funda en la libre espontaneidad de los hombres, ya no movidos por el imperio de ninguna instancia externa (ley de
dios o del Estado).
Como se ve, este anarcocontractualismo federativo de asociaciones libres no es ni pretende ser una teoría legitimadora
de un orden coactivo (Estado/derecho) sino su contracara; es una alternativa radicalmente diferente al orden jurídico-
estatal. En la teoría clásica del Estado, la ley jurídica imperativa y coactiva es la realidad y el contrato político es una
ficción en que ella se funda. Por el contrario, en la propuesta anarquista, los contratos libres serían la realidad, y las
leyes naturales empíricas (inmanentes a la conducta humana) serían el punto de apoyo. En otras palabras: liberada la
sociedad del aparato coercitivo del Estado y el derecho, quedaría librada a su espontáneo movimiento, a la inmanencia
de sus propias leyes intrínsecas, por las cuales los hombres se asocian y cooperan motivados por sí mismos en
múltiples pero pequeñas agrupaciones de primer y segundo grado.
Comprender esto es comprender el significado del núcleo duro del pensamiento político-jurídico anarquista, tal como
lo delimitáramos en el primer punto de este estudio: socialismo antiautoritario y coherencia entre medios y fines. Este
contractualismo libre, igualitario y federativo es la esencia misma del anarquismo: creer en su posibilidad y abocarse a
su realización es ser anarquista. Así lo definía el propio Kropotkin en su artículo para la Enciclopedia Británica:
“ANARQUISMO (del griego an- y arke, contrario a la autoridad), es el nombre que se da a un principio o teoría de la
vida y la conducta que concibe una sociedad sin gobierno, en que se obtiene armonía, no por sometimiento a la ley, ni
obediencia a la autoridad, sino por acuerdos libres establecidos entre los diversos grupos, territoriales y profesionales,
libremente constituidos para la producción y el consumo, y para la satisfacción de la infinita variedad de necesidades y
aspiraciones de un ser civilizado.
En una sociedad desarrollada sobre estas directrices, las asociaciones voluntarias que han empezado ya a abarcar todos
los campos de la actividad humana adquirirían una extensión aún mayor hasta el punto de sustituir al Estado en todas
sus funciones. Representarían una red entretejida, compuesta de una infinita variedad de grupos y de federaciones de
todos los tamaños y grados, locales, regionales, nacionales e internacionales, temporales o más o menos permanentes,
para todos los objetivos posibles: producción, consumo e intercambio, comunicaciones, servicios sanitarios,
educación, protección mutua, defensa del territorio, etcétera; y, por otra parte, para la satisfacción de un número
creciente de necesidades científicas, artísticas, literarias y de relación social.
Además, tal sociedad no se pretendería inmutable. Por el contrario, como sucede en todo el conjunto de la vida
orgánica, la armonía deriva de un ajuste y reajuste perpetuo y variable del equilibrio de la multitud de fuerzas e
influencias, y este ajuste se obtendría, dicho brevemente, si ninguna fuerza gozase de la protección especial del
Estado”73.
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Como se ve, el anarquismo propone un contractualismo sustancialmente diferente a lo que se conoce como
contractualismo político (Hobbes, Locke o Rousseau 74); el contractualismo anarquista no es ni pretende ser una teoría
legitimadora del Estado, sino una propuesta operativa de orden social alternativo al Estado. Mientras el
contractualismo clásico pretende legitimar la Ley jurídica coercitiva en la ficción metodológica o histórica de un
contrato político, el anarquismo pretende construir un orden social (multi) contractual real en la noción de Ley
científica, espontánea, natural e inmanente (en el sentido empírico biológico, psicológico, económico y sociológico).
2.-Anarco/indigenismo.
El debate sobre el anarcoindigenismo, y sobre algunos conceptos afines, se ha desarrollado ante todo en Canadá y en
Estados Unidos, aun cuando tenga manifestaciones más o menos similares en otros escenarios. La formulación
correspondiente parte de la aceptación de que anarquismo e indigenismo son dos propuestas distintas que es posible, y
deseable, sin embargo, relacionar. A ellas se debe agregar una tercera, la del feminismo, que justificaría la irrupción
de los términos “anarcaindigenismo” y “anarcoindigenismo”. Por detrás se encontraría, en lugar central, la inferencia
de que los anarquistas pueden operar como aliados de las comunidades indígenas, al amparo de una propuesta que
tiene, por cierto, mayor relieve en Canadá que en Estados Unidos, país este último en el que muchos indios habrían
aceptado la versión oficial que, sobre el anarquismo, y con la mención ritual de la presunta violencia de los grupos
correspondientes, emiten las autoridades.
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De manera inevitable, el anarcoindigenismo defiende el derecho de autodeterminación para las comunidades indígenas
y alienta un respeto pleno de las decisiones que éstas puedan tomar al respecto, incluidas las que afecten a la
restitución de las tierras confiscadas. Esto es lo que parecen rechazar vivamente, sin embargo, todos los Estados, con
frecuencia dispuestos a reconocer sus culpas del pasado pero indeleblemente empeñados en un doble proceso de
integración —aparentemente generosa, subterráneamente interesada— de los indígenas y de negación cabal de la
capacidad de éstos para decidir su futuro. En semejante escenario no es de extrañar que muchas de las comunidades
resistentes vean con malos ojos un discurso, el dominante, que pretende arrinconar cualquier reacción emocional
agresiva del lado de las víctimas, como si tal reacción no fuese una respuesta objetiva, y sensata, a las agresiones
padecidas y como si el resentimiento no fuese “la expresión refleja de una protesta moral”. En realidad, la propuesta
anarcoindigenista no es un proyecto diferente del que pusieron en marcha a principios del siglo XX indígenas y
anarquistas en Perú, en México o en Bolivia. Liebner adelanta al respecto un argumento sugerente: el que anota que la
certificación de lo que supuso la primera guerra mundial, con su reguero de barbarie y de muerte, abrió los ojos a
muchos indios en lo que respecta a la idea de que lo que llegaba de Europa no era precisamente saludable, de tal
manera que se hacía inexcusable escarbar en las raíces propias.
Anarco-feminismo.
Ya he sugerido que en la mayoría de las formulaciones la propuesta anarcoindigenista incorpora un tercer vector: el
feminismo. Al respecto lo primero que hay que recordar es que desde el anarcofeminismo se estima que para acabar
con el patriarcado es preciso hacer otro tanto con el Estado, y viceversa, de tal suerte que el empeño de preservar la
institución Estado no puede tener ningún efecto saludable en materia de liberación de las mujeres. El anarcofeminismo
no duda en subrayar, por otra parte, que en el propio mundo anarquista perviven muchas de las señas de la sociedad
patriarcal, secuelas de fenómenos entre los cuales se cuentan los efectos de la socialización correspondiente, los de
una tradición anarquista de carácter sexista o los de prioridades estratégicas como las que, por ejemplo, subordinan
todo lo demás a la lucha contra el capitalismo.
Cierto es, en un sentido diferente, que las propias anarcofeministas, comúnmente vinculadas con los sectores de
población blanca que nutren al feminismo, necesitan acometer un ejercicio de descolonización de su discurso, similar,
por lo demás, al que debe asumir, en términos generales, el propio anarquismo. Janet McCloud ha concretado al
respecto alguna demanda precisa dirigida al anarcofeminismo:
Uníos a nosotras en la liberación de nuestra tierra y de nuestras vidas. Perded los privilegios que habéis adquirido a
nuestras expensas en virtud de la ocupación de nuestra tierra. Haced de esto la mayor prioridad mientras esa
ocupación se mantiene. Entonces nos uniremos a vosotras para afrontar, si es preciso, los problemas de clase y de
género presentes en vuestra sociedad. Pero, si no estáis dispuestas a hacerlo, no nos digáis cómo debemos liberarnos.
Salta a la vista, con todo, que el ejercicio mencionado no sólo debe afectar al anarcofeminismo: tiene que alcanzar
también al feminismo en general, como lo sugieren muchas de las propuestas que han llegado desde instancias tan
dispares como el feminismo lesbiano, el negro o el chicano, en las que se abren camino las “otras” mujeres,
“racializadas, empobrecidas, migrantes, indígenas, LGTBI, musulmanas”, a menudo de la mano de proyectos que son
al tiempo anticapitalistas, antirracistas y antipatriarcales.
El ejercicio de descolonización tiene que resaltar la relación existente entre colonialismo y patriarcado, y entender que
este último es una herramienta esencial de la colonización de las comunidades indígenas, desarrollado a través de la
creación de relaciones jerárquicas en el marco de sociedades generalmente igualitarias. Las comunidades indígenas
han internalizado al respecto el heteropatriarcado al amparo de una reubicación de las mujeres, y de los niños, como
objetos de la dominación masculina. Esas comunidades deben preservar su autonomía mientras pelean por hacer frente
a la violencia sistémica y simbólica padecida por las mujeres, una violencia institucionalizada que se refleja en
relaciones materiales de opresión, manifiestas a través de la pobreza, el desempleo, los encarcelamientos, las
enfermedades crónicas o la ausencia de viviendas. Pero que se revela también a través de una violencia invisible de la
que participan, cómo no, los propios integrantes varones de las comunidades. En semejante escenario no hay que
descartar la posibilidad de recuperar muchas reglas del juego que se hicieron valer en el pasado y que con frecuencia
otorgaban a las mujeres papeles centrales en la toma de decisiones o reflejaban el ascendiente de códigos
matrilineales. A tono general con la propuesta anarcoindigenista, la lucha correspondiente tiene que desplegarse desde
una oposición a la institución Estado, a la violencia ejercida por éste y a las estrategias reformistas de cambio social. Y
por lógica habrá de basarse, una vez más, en la construcción, o en el fortalecimiento, de comunidades que contesten el
colonialismo, el patriarcado y el Estado.
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Unidad 12
1.-Teoría del Estado en clave feminista: El origen del feminismo como construcción histórica de la realidad. El
concepto de patriarcado. Principales teorías de oposición al patriarcado desde el feminismo: teorías liberales, teorías
marxistas. La situación actual del feminismo. El feminismo de la igualdad y el feminismo de la diferencia. La
posibilidad de una teoría feminista del Estado.
Carole Pateman y el contrato sexual: el pacto patriarcal.
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De alguna manera el patriarcado se asimilaría al concepto de superestructura que el marxismo define como
reproducción de las condiciones de producción. El marxismo con ciertas inexactitudes pretende vincular al patriarcado
con la aparición del capitalismo.
En la actualidad el patriarcado tiene importantes limitaciones como consecuencia de la adquisición de los derechos de
las mujeres, como el divorcio, el aborto y otras medidas liberalizadoras para la mujer.
Principales teorías de oposición al patriarcado desde el feminismo: teorías liberales, teorías marxistas.
El término feminismo es polisémico y designa una realidad muy plural. Se habla de teoría feminista para designar en
general cualquier planteamiento teórico que reivindique la igualdad para la mujer. Pero también se refiere a cualquier
actitud o pensamiento diferenciado de las mujeres, cuando su acción y pensamiento conllevan una impugnación de la
realidad para conseguir su equiparación social.
No se puede establecer un momento histórico preciso acerca del surgimiento de una teoría del feminismo. Podría ser
ubicado en la época de la Ilustración. El feminismo como teoría política va ligado negativamente a la Ilustración. La
formación del concepto de individuo, sujeto y ciudadano, que en un primer momento revolucionario surge en Francia
sin adscripción sexual específica, pronto se ve materializada en el hombre, sin que la mujer, que había participado
activa e intelectualmente en este proceso revolucionario, pudiera compartir los logros de la Revolución.
Se admiten por lo general tres teorías acerca del feminismo, dos de ellas se relacionan de forma directa con teorías
generales del pensamiento, el liberalismo y el socialismo, y una tercera que sería específica del feminismo.
Aisladamente también se han clasificado en cuatro: liberalismo, marxismo, socialismo y feminismo radical.
Son imprecisas las etapas que se marcan en la evolución del pensamiento feminista. Una primera que iría desde la
consecución del derecho del sufragio en la mujer hasta los años sesenta, una segunda que surgiría de las intelectuales
americanas (B. Friedan), y europeas (S. de Beauvoir), y finalmente una tercera etapa que coincidiría con el
pensamiento feminista actual.
Hay una coincidencia general en que los orígenes del feminismo como reflexión consciente de las mujeres están
ligado a la Ilustración y a las figuras históricas de Wollstonecraft y Olimpe de Gouges. En lo que se refiere a
momentos históricos precisos, la Declaración de Séneca Falls en 1848, y en la consecución del voto para la mujer en
diferentes momentos históricos en cada Estado, son también etapas que impulsaron el desarrollo del feminismo.
Finalmente, el reconocimiento internacional de los derechos de la mujer en os textos políticos implica sin duda un
importante avance de la teoría feminista.
Teorías Liberales
Lo que se ha llamado feminismo liberal está en el origen mismo de la teoría feminista, y coincide con el momento
histórico del desarrollo de las teorías liberales que condicionan el pensamiento político del S. XIX.
Se liga comúnmente el inicio de la teoría política feminista a la Ilustración del S. XVIII, y a la época del Iluminismo
que en Europa tiene un punto de inflexión en la Revolución Francesa.
En [Link]. el primer movimiento feminista surge en 1840, diez años antes que en Inglaterra, y se materializa en la
iniciativa de 19 de Julio de 1848 con la Declaración de Séneca Falls. Esta Declaración supuso un punto de partida
para el lanzamiento de una reivindicación de las mujeres que mantenía hasta un lenguaje común con la esclavitud. Sin
embargo, la Decimocuarta Enmienda introducida en 1868, por la que se reconoce el derecho de sufragio a los negros,
dejará a las mujeres sin derecho al voto.
Se culpa al Liberalismo de no integrar a las mujeres en el reconocimiento de los derechos que hicieron a los hombres
ciudadanos libres.
La negativa a considerar iguales a los hombres y mujeres en ese momento se basó en la superioridad física de los
varones, que determinaría diferencias en la educación. Sin embargo, las feministas del momento pondrían en relieve la
errónea percepción de Rousseau de que, a diferente capacidad física deba seguir una diferente educación. La medida
más importante que se considera entonces necesaria para la igualdad es la extensión del derecho de sufragio a las
mujeres, que traería consigo una total equiparación de los derechos.
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Teorías Marxistas
La teoría marxista del Estado no formuló posiciones específicas respecto de la situación de la mujer en relación con la
opresión del Estado. Posteriormente, algunas marxistas intelectuales han considerado la posibilidad de enlazar el
análisis marxista de clase con el género. Pero en el marxismo, a diferencia de la clara formulación de clase social, no
hay una teoría del patriarcado, ni se plantea como doctrina en ningún momento la desigualdad derivada de la diferente
posición de los hombres y las mujeres en la sociedad.
Se puede decir en definitiva que tanto feminismo como marxismo son teorías de la desigualdad social, que comparten
un análisis basado en la alienación (de clase, de género), de grupos sometidos al dominio (de la clase dominante, del
patriarcado), cuya reproducción permite la perpetuación y el dominio.
Esto también exige constatar la deferencia entre la desigualdad bilógica y el patriarcado. Mientras la desigualdad es un
hecho, el patriarcado es una realidad histórica que puede cambiar.
La lucha contra el patriarcado exige la “deconstrucción”, en el sentido de reelaboración de un mundo compartido e
impuesto desde la masculinidad. Esta deconstrucción ha servido en buena parte para reafirmar el feminismo de la
diferencia.
Desde un punto de vista jurídico, la integración de la mujer como sujeto de derechos y obligaciones se produce
dejando intocable el sistema jurídico que se había creado en los Ss. XVIII y XIX respecto de la creación del sujeto
individual frente al Estado. La mujer no modifica para nada ese sistema sino que la integración es acrítica e inmutable.
Esto tiene como consecuencia que la irrupción de la mujer en el espacio político sea concebido como “ampliación” y
no modificación de ese espacio.
Ante la ausencia de criterios que contribuyan a la creación de una categoría universal, no ya sólo de sustituir el
modelo creado por el hombre, sino que contribuya a una teoría feminista de la organización social y política, el
movimiento se debilita. El feminismo de la igualdad mientras tanto se ha integrado y ha asumido paulatina y
progresivamente, si bien críticamente, el modelo en que se inserta. La urgencia de los intereses a corto plazo ha
permitido que el feminismo de la igualdad se imponga.
Esas normas proyectadas sobre un universal masculino, en cuanto se concretan y aplican a las mujeres como sujetos
también transforman la realidad y la modifican. En la medida en que no se satisfacen las exigencias de género esa
“universalidad”, que no lo es, se matiza y se empiezan a generar las medidas de desigualdad compensatoria. La misma
expresión de “iguales”, referida a las mujeres, implica la homologación a algo previamente definido en sí mismo que
es el hombre y la ampliación de esa esencia de ser a la mujer. La mujer es diferente del hombre, pero el concepto de
igualdad exige que se la trate igual. Y ello porque el parámetro de la igualdad lo constituyen los derechos del hombre
que se amplían a la mujer.
La igualdad busca su justificación en la neutralidad, sin apercibirse que la neutralidad es masculina, y vale para medir
a los individuos de ese género.
Además del concepto de raza, clase y género debe considerarse la dimensión internacional de la diferencia para
explicar adecuadamente la situación de la mujer. El problema se desplaza de la consideración de la igualdad como fin
al de la diferencia, como integración social de la mujer. Esto implica la necesidad de la deconstrucción social, en
términos de ciertas filosofías que sirven de apoyo teórico al feminismo de la diferencia.
Desde el feminismo de la igualdad se critica el feminismo de la deferencia por considerar que no se puede hacer un
“tabula rasa” de la Historia, y desde el feminismo de la diferencia se considera que el feminismo de la igualdad no
libera a la mujer, sino que la enajena.
El principal problema del feminismo de la diferencia lo constituye su contradicción al menos a corto plazo para la
práctica política. En la medida en que es anti-poder, no interfiere en las decisiones políticas, lo que le niega la
posibilidad de transformación en los ámbitos jurídicos y políticos.
En definitiva, las posibilidades de cambio a corto plazo se encuentran en la profundización del modelo que se inicia
con la democracia liberal, por la efectividad que muestra en la extensión, lenta pero ascendente, de los derechos
políticos y sociales de los hombres a las mujeres. Sin embargo, el avance por la igualdad a largo plazo, debe integrar
estos elementos de la cultura feminista de la diferencia, porque aseguran que el feminismo se construya desde la
identidad de las mujeres, y no desde la de los hombres.
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Es importante distinguir es este sentido entre una teoría del Estado y una teoría del poder. Para MacKinnon el
feminismo no contiene una teoría del Estado, pero sí una del poder. Para que se considere que el feminismo contiene
una teoría del Estado, tendría que haber elaborado, desde la teoría, una forma alternativa de construcción de las
instituciones del Estado, del Derecho y de las relaciones entre las instituciones. Sólo ha elaborado un análisis y
diagnóstico del modelo de Estado. Ese análisis concluye que el Estado es masculino porque la norma es objetiva y la
ley lo que hace es reforzar la distribución del poder existente. Pero la objetividad coincide con la masculinidad. Se
considera que las normas de los hombres son también aplicables a las mujeres, su legitimidad viene de la neutralidad.
Ese análisis aporta a la ciencia política la consideración de que la sociedad se ha formado con el sólo concurso de los
hombres. Hasta ese momento había un reconocimiento de que el Estado era capitalista, pero no de que era masculino.
El diagnóstico del feminismo es que la inserción de la mujer en ese modelo produce cambios importantes, dada la
capacidad de transformación de las mujeres, y, por tanto, el Estado social se beneficiará de la integración social y
política de las mujeres.
La principal dificultad para construir una ideología feminista genuina radica en la carencia del poder suficiente para la
imposición social de los paradigmas de identificación de lo femenino.
El Matrimonio:
Simone de Beauvoir tuvo una percepción peyorativa del matrimonio: sin divorcio permitido, pero tampoco capacidad
de autonomía económica y status social para satisfacer sus necesidades e intereses, las mujeres se convirtieron en
propiedad de los hombres. Pateman recupera esta noción, señalando que el concepto de consentimiento cobra un
sentido especial para las mujeres con el contrato matrimonial, por el cual las mujeres consentían lo que sus maridos
bien decidieran hacer con ellas: cuántos hijos, cuántas relaciones sexuales, cuántas veces, cómo, cuándo y dónde.
Resistirse era imposible, la sola posibilidad de apelar a la existencia de la violación en el matrimonio era
improcedente.
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Cuando la mujer consentía en el altar con el ‘sí, acepto’, al mismo tiempo, como si fuese un acto elocucionario según
la teoría de los actos de habla de John Austin, también se daba a sí misma y asentía todo lo demás que el futuro ‘les
deparara’. Las esposas eran esclavas en tanto que su contrato era también la única salida económica para la infinita
mayoría de mujeres ‘afortunadas’. La propiedad de su persona, ese sentido de pertenencia del cuerpo como plataforma
de la autonomía y la personalidad, también formó parte de las posesiones del marido: el acceso al cuerpo de su esposa
no requería de consentimiento alguno.
El trabajo:
Con los nuevos movimientos revolucionarios, los cambios en la sociedad, las mujeres experimentan un acceso masivo
al ‘trabajo asalariado’, pero nunca en igualdad de condiciones. Obligadas a jornadas de explotación en rutinarias y
repetitivas actividades, seguidas por dobles o triples jornadas en torno a los cuidados, la desigualdad laboral viene a
ser una confirmación de que el contrato sexual sigue vigente. La mujer trabaja porque las necesidades de la familia
nuclear empujan a sus integrantes a vender su trabajo por dinero.
Con el siglo XX, muchas desigualdades fueron cambiando en los países más desarrollados, pero cada reforma positiva
para las mujeres viene acompañada de su respectiva respuesta reaccionaria: a finales de la década de 1970, Catharine
MacKinnon exigió la penalización del acoso sexual en el trabajo, un mal poco nombrado, cuyo objetivo implícito fue
subordinar a las mujeres, hacerles saber que su lugar político no dejaba de ser el de cuerpos sexualmente suculentos
para el jefe o compañero de trabajo en turno.
La prostitución:
El acceso a los cuerpos de las mujeres en el patriarcado moderno es una de las batallas más duras de librar.
Conceptualizado ahora como ‘trabajo sexual’ por la gran mayoría del feminismo liberal, el transfeminismo y otros
sectores abanderados bajo el pedigree del progresismo sexual, es uno de los retos que enfrenta el feminismo para
conseguir la igualdad radical. Pateman conceptualiza la prostitución como un contrato que garantiza a todo varón el
acceso a los cuerpos de las mujeres.
El contractualismo concibe el pacto prostitucional como reconocimiento de la autonomía de las trabajadoras sexuales.
Suscriben que basar la justicia de un contrato en el principio de elección justifica a su vez que el pacto es justo. En
esta jerga, los ‘servicios sexuales’ son como cualquier otra clase de actividad, desde las más refinadas y cultas hasta
las manuales y domésticas en tanto que todas son realizadas usando nuestros cuerpos. Pateman recalca que la tradición
feminista, desde Wollstonecraft hasta Beauvoir y culminando con el feminismo radical de los años 1960 y 1970
siempre fue crítico hacia la prostitución como una institucionalización que legitima la inferioridad de las mujeres.
Pateman sostiene que la fraternidad entre hombres originó la prostitución, pues solo así se entiende que, el porcentaje
de mujeres en la población global dedicada al comercio sexual ronda entre el 85 y el 90%. El pacto patriarcal-fraternal
permanece invisible, dando a entender que las mujeres son quienes ‘deciden’ entrar en la prostitución del mismo modo
en que podría aspirar a cualquier otro trabajo. El contrato sexual visibiliza, en el fondo, que la prostitución es un
problema de la masculinidad patriarcal y de la opresión contra las mujeres que posibilita tanto la trata como la
prostitución elegida. Como abolicionista, Pateman ha defendido que algunas medidas como una renta básica universal
e incondicional pueden aumentar los márgenes de libertad en los cuales se mueven las mujeres de manera que actúe
positivamente en una progresiva emancipación. Como efecto colateral, podría ayudar a la superación de los contratos
que legitiman la subordinación prostitucional.
La maternidad subrogada:
El surgimiento de las Técnicas de Reproducción Asistida trajo consigo, a principios de los años 1980, el surgimiento
de los contratos de maternidad subrogada. Para Pateman, la cláusula básica y esencial de esta práctica no es si la mujer
gestante cobra o no por parir un bebé no genéticamente relacionado con ella sino con personas que fungirán como
padres, o si puede cambiar de parecer en algún momento. La clave yace en la manera en que la propiedad de su
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persona, concepto contractualista por excelencia, es convertida en objeto de contrato de manera tal que las mujeres no
serán nunca reconocidas como ‘madres’ mientras que los promotores se apropian de esta condición, volviéndose las
únicas personas reconocidas como propietarias de los derechos parentales. Que el lazo gestacional se transforme en
objeto de contrato refleja, nos dice Pateman, una apropiación del hombre de las capacidades reproductivas de las
mujeres. Pateman rechaza la idea del cuerpo como propiedad, pero afirma que creer en algo semejante tiene efectos
perniciosos en la vida social, especialmente para las mujeres.
La influencia de esta obra para el feminismo no contractualista es sustantivo. No obstante, El contrato sexual recibió
numerosas críticas negativas tanto de las filas contractualistas como de otras corrientes del feminismo. Elizabeth
Anderson, estuvo en desacuerdo de la visión extremadamente pesimista desde la cual se asume la imposibilidad del
contractualismo de lograr una compatibilidad con los retos del feminismo, y sostiene que éste último puede lograr un
uso afirmativo del contrato para proveer de herramientas y regulaciones que propicien un debilitamiento de las
estructuras patriarcales. Anderson sentencia: “las teorías solo son exitosamente derrotadas cuando se propone una
alternativa superior”. Por su parte, Nancy Fraser alega que el análisis de Pateman adolece de un entendimiento
reduccionista de la dialéctica hegeliana del amo y el esclavo que no deja otra escapatoria que simplificar a las mujeres
como víctimas y a los hombres como mercenarios. Además, Fraser lamenta que Pateman no presente el ejercicio de la
sexualidad como vía de emancipación de la mujer, dado que especialmente en el capítulo “¿What’s wrong with
prostitution?” la sexualidad es mostrada como una cruda materialización de la subyugación masculina. Por un lado, a
lo largo de la obra es cierto que la vena radical de Pateman no tiene como propósito último proveer de una alternativa
certera al contractualismo capitalista, pero eso no quiere decir que sus observaciones y propuestas no deban de ser
tomadas en cuenta como fundamentos para que la izquierda se vea a sí misma frente al espejo.
En resumen:
Pateman no abunda en el diseño de estrategias para cambiar el sistema estructural basado en la desigualdad. En
defensa de las cualidades de su trabajo, no es justo ignorar que sus herramientas conceptuales rescatan un feminismo
que ubica más claramente cómo las fórmulas modernas de regulación contractual perpetúan las viejas tácticas de
opresión patriarcal. Advierte al feminismo de las muchas máscaras que el patriarcado puede utilizar para perpetuarse
en el seno de las fuerzas progresistas, las que comúnmente atribuimos como ‘de izquierda’. Según Pateman, la
perpetuación de la desigualdad en sociedades formalmente igualitarias es que, el contrato introduce una suerte de
lenguaje que tiene consecuencias reales en el mundo. El contrato hace cosas, como la mujer que se ‘entregaba’ a su
marido y que podría ser violada una y mil veces por él sin que el ultraje fuese siquiera concebido como procedente por
la ley. El contrato crea ficciones, sobre todo con el cuerpo y con el uso que las personas pueden hacer con los suyos, y
en sociedades desiguales, las mujeres suelen enfrentarse más veces y con mayor intensidad con contratos invasivos,
como la prostitución, el trabajo desigualmente remunerado, las labores domésticas no reconocidas ni pagadas, y
últimamente, también con los vientres de alquiler.
Como hija de la Ilustración, el feminismo tiene raíces claras: liberar a las mujeres. Su vertiente radical no debe seguir
siendo ignorada, máxime ante el vendaval de reacciones patriarcales y de constructos relativistas provenientes del
posmodernismo que, en alianza con el neoliberalismo sexual buscan dinamitar el camino de la emancipación del
sujeto político mujer.
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Unidad 13
1.-Autoritarismo: usos históricos y análisis político del término. Sistemas políticos autoritarios. Ideología autoritaria.
Comparación con la idea de dictadura.
2.-Totalitarismo: ideología como sistema de representación en el fenómeno totalitario. Utilización histórica y política
del término totalitarismo. Comparación con dictadura y autoritarismo.
3.-Dictaduras latinoamericanas: características de las intervenciones políticas de los aparatos militares en América
Latina durante el siglo XX. Las Fuerzas Armadas como actor político. La doctrina de la seguridad nacional.
Diferencias conceptuales con totalitarismo y autoritarismo. El estado burocrático autoritario.
1.-Autoritarismo:
Usos históricos y análisis político del término.
El autoritarismo es un término polisémico. Etimológicamente proviene del latín “autoritas” que deriva de autor, y
“augere” que es algo que hace aumentar “augustus”, título de los emperadores romanos.
En la edad moderna la palabra “autoridad” sufre un cambio, se nutre de elementos modernos (legalidad, legitimidad,
etc.).
La filosofía política moderna está basada en la eficacia. En el mundo moderno, el poder es legítimo para asegurar el
orden; para que este carácter coactivo se convierta en normal se debe fundar en el Derecho como conjunto de normas
pre-establecidas. Esta facultad presupone el uso de la fuerza, su aplicación se revela como un poder fundado en el
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poder, según la teoría Weberiana. Esta conexión entre legitimidad y legalidad asegura la autoridad del poder. Poder,
Derecho y efectividad son tres elementos inseparables.
La construcción de ese poder legítimo-racional ha surgido de marchas y contramarchas a lo largo de la historia.
El término “autoritarismo” se debe ubicar en el siglo XX, en el periodo entre las dos Guerras Mundiales, en plena
crisis de la democracia liberal y el surgimiento de los fascismos.
El autoritarismo nace como fruto de la crítica de la democracia liberal. Al igual que el totalitarismo se opone a los
regímenes democráticos.
Privilegia el aspecto del mando/acción (fascismo italiano). Desprecian todo aquello que tienen que ver con lo
factico.
Eliminación de poderes.
1. “Los regímenes autoritarios son sistemas políticos con un pluralismo político limitado y no responsable”.
El pluralismo limitado puede existir de hecho o de derecho y puede ser suprimido, pero siempre subsisten los grupos
de presión más importantes, el gobierno llega a ejercer la función de árbitro y, por esta vía, a limitar su propio poder; y
en cuanto a los de no responsable significa que no surge de las bases mismas de la sociedad civil sino que es
favorecido desde arriba.
2. “Sin una ideología elaborada y propulsiva (sino con las mentalidades características)”.
El autoritarismo carece de una teoría política elaborada que justifique el poder. Ligado con esto, la ideología deja de
ser propulsiva, o sea, movilizadora y dinámica.
3. “Sin una movilización política intensa o vasta (excepto en algunos momentos de su desarrollo)”.
La cuestión de la movilización política de la sociedad es relevante para comprender la diferencia con el totalitarismo:
en el caso del autoritarismo la penetración y movilización social son limitadas de modo que no se traspasa la frágil
línea entre Estado y sociedad civil.
4. “Un jefe ejerce el poder dentro de límites que formalmente están mal definidos pero que de hecho son
fácilmente previsibles”.
Este rasgo engloba todas las características citadas del autoritarismo.
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Alain Rouquié advierte que los conceptos de autoritarismo deben ser usados con suma prudencia puesto que su
connotación descalificante entorpece la tare analista. “Siempre serian autoritarios los regímenes que uno reprueba”.
Es totalitario el régimen que tiene como principio: “aquel que no está conmigo, está contra mi”; el autoritarismo se
contenta con pretender de manera hipócrita: “aquellos que no están en contra de mí, están conmigo”. Esto significa
que en los regímenes autoritarios o totalitarios, el poder deja de designar un lugar vacío y se encuentra materializado,
ocupado por un hombre o un órgano.
Rouquié distingue la implantación de la democracia en espacios políticos sin tradición histórico-política democrática.
En este caso se produce una falta de correspondencia entre la constitución escrita y la vivida. Esta situación termina
por lo general encaminándose hacia un sistema de dominación incompatible con una democracia representativa e
igualitaria. El autor señala la importancia de la dimensión cultural en los comportamientos autoritarios pero
simultáneamente advierte sobre una errónea interpretación o abuso de este enfoque. Rouquié insiste en la importancia
de la dimensión cultural, sostiene que debe ser analizada dentro de un contexto global de los itinerarios políticos. Otro
elemento a tener en cuenta es el desarrollo económico siempre que no se lo tome en forma determinista o causal.
Por otro lado, el autoritarismo no necesariamente es post democrático “no solo constituye la prueba de un fracaso sino
que puede ser pre-democrático o el camino a la modernización”. En este sentido alude a la caída del Muro y al
desmoronamiento de la URSS para dar paso a un proceso de democratización.
Mario Stoppino postula tres contextos de autoritarismo: la estructura de los sistemas políticos, las disposiciones
psicológicas relacionadas con el poder y las ideologías políticas. Los tres tienen una característica fundamental: están
regidos por el principio de autoridad pero la emana del concepto deformado, particular de autoridad, en el que la
relación entre el que manda y el que obedece es jerárquica, asimétrica, basada en la idea de la desigualdad entre los
hombres, por lo tanto, dicha relación es desigual, que implica una obediencia incondicional.
Respecto a la estructura de los sistemas políticos, se denomina así a los regímenes que privilegian una posición de
mando y menosprecian el consenso, restando poder a las instituciones representativas.
Desde el punto de vista psicológico se habla de una personalidad autoritaria para indicar un tipo de personalidad de
rasgos característicos y centrada en la unión de los actitudes íntimamente relacionadas entre sí: por un lado, la
obediencia casi servil y aduladora por parte del que obedece y desprecio de parte del que anda hacia los considerados
inferiores jerárquicamente o porque carecen de poder.
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Ideología autoritaria. Las ideologías autoritarias niegan de una manera más o menos decidida la igualdad de los
hombres, acentúan el carácter jerárquico, propugnan formas de regímenes autoritarios y con frecuencia exaltan la
personalidad autoritaria.
La existencia de estos tres niveles de análisis no implica determinismo ni coherencia absoluta entre los elementos
políticos, psicológicos e ideológicos.
Los rasgos de la personalidad autoritaria se relacionan también con determinadas concepciones del mundo
predominantes en ciertas culturas o subculturas, interiorizadas por el individuo a través del proceso de socialización.
2. Loa regímenes autoritarios que representan diversos intereses y categorías económicas de carácter
corporativo.
3. Movilización en países pos-democráticos que se distinguen por un grado alto de movilización política basado
en un partido único y un grado bajo de pluralismo político consentido.
Los secundarios: el caso del totalitarismo imperfecto, fase transitoria de un sistema político que tiende a transformarse
en un régimen autoritario, y el régimen de la democracia racial en la que un grupo racial que se gobierna con un
sistema democrático ejerce un dominio autoritario sobre otro grupo racial.
- El poder se concentra en un órgano que puede ser el Poder Ejecutivo cuya esfera se extiende hasta la
suspensión de libertades.
Características de la dictadura:
Se refiere a los regímenes no democráticos modernos. Estas características son tres:
[Link] concentración y la ilimitabilidad del poder.
[Link] condiciones políticas del contexto caracterizadas por la aparición de las masas y la soberanía popular
(grandes estratos de la población)
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2.-Totalitarismo:
Ideología como sistema de representación en el fenómeno totalitario.
La idea de totalitarismo se ha conocido a lo largo del siglo XX. Durante los últimos años, un renacimiento de este
concepto después de 1989, el año de la caída del Muro de Berlín, seguida del fracaso de la Unión Soviética.
Dos elementos esenciales se encuentran en el origen de este resurgimiento.
1° elemento: memoria del genocidio de los judíos.
2° elemento: fin del comunismo como fenómeno histórico.
El totalitarismo esta estigmatizado como antítesis del liberalismo, la ideología y el sistema político actualmente
dominante. Al final de una era de tiranía, encarnada por las figuras siniestras de Hitler y Stalin, el mundo ha logrado
su equilibrio y la historia retoma su camino por las vías seguras del liberalismo. El totalitarismo ha sido vencido por el
mejor de los mundos, el Occidente liberal. Después del atentado terrorista del 11 de septiembre de 2001 en Nueva
York el totalitarismo reaparece como una nueva amenaza encarnada por el aislamiento político.
“Totalitarismo” es una palabra que pertenece a todas las corrientes del pensamiento político contemporáneo, del
fascismo al antifascismo, del marxismo al liberalismo, del anarquismo al pensamiento conservador.
La historia de la idea de totalitarismo puede ser dividida en dos grandes fases:
1° va de los años veinte a fines de la Segunda Guerra Mundial.
2° corresponde a la guerra fría de 1947, a la caída de la URSS.
Durante la primera fase, este término desempeña un papel crítico frente a los sistemas políticos dominantes en Italia,
Alemania y la Unión Soviética. En la segunda fase, esta noción cumple una función apologética del orden occidental.
El concepto de totalitarismo cierra demasiado rápido el debate sobre la “culpabilidad alemana” abierto por Karl
Jaspers en 1945.
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“Totalitarismo” es un término anglosajón poco usado en Europa, a excepción de Alemania, un país que ocupa una
posición crucial durante la guerra fría. En otros países como Italia y Francia, en los cuales los partidos comunistas han
desempeñado un papel importante en la Resistencia, este concepto es de hecho censurado.
Nazismo y Stanlinismo difieren también por el tipo de violencia que producen. La violencia del comunismo soviético
es esencialmente interna a la sociedad que ella intenta someter, normalizar, disciplinar, pero también modernizar y
transformar a través de medios autoritarios, coercitivos y criminales. Las victimas del Stanlinismo son casi todos
ciudadanos soviéticos, y en su gran mayoría rusos.
La violencia del nazismo, es esencialmente dirigida hacia el exterior. Se desencadena en el curso de la guerra, a partir
de 1939 rigurosamente codificada y racionalizada, de manera extrema.
Raymond Aron marca una diferencia entre comunismo y nazismo:
1°- el campo de trabajo, la violencia ligada a un proyecto de transformación coercitiva y autoritaria de la sociedad.
2°- la cámara de gas, exterminio como finalidad en sí misma, inscripta en una búsqueda de purificación racial.
El comunismo tenía como objeto central era la modernización de la economía y de la sociedad soviética, perseguida a
través de una intensa industrialización y colectivización de la agricultura. Los medios usados para lograr esto eran
inhumanos, el trabajo forzado, prácticamente esclavista; la “explotación militar feudal” de los campesinos, la
eliminación de una parte importante de las elites administrativa y militar, y, finalmente, la deportación en masa de
grupos y pueblos.
En el nazismo el objetivo buscado era: la dominación de “raza aria”, el remodelaje de Europa sobre la base de una
jerarquía de tipo racial. Los campos de exterminio nazis son una ilustración de esta contradicción.
En la URSS, los deportados eran “usados”, “consumidos” para cortar bosques, extraer minerales, construir
ferrocarriles y líneas eléctricas. Las victimas del estalinismo era la consecuencia de procedimientos barbaros y
coercitivos. En la Alemania nazi, los métodos masa avanzados de la ciencia, de la técnica y de la industria eran usaos
para destruir vidas humanas.
Los dos sistemas eran incontestablemente inhumanos, criminales y totalitarios.
La interpretación del totalitarismo no admite la pertenencia de la Alemania hitleriana a una familia política, la del
fascismo, de origen italiano y de dimensiones europeas. Una tesis análoga, que pretende distinguir entre un
totalitarismo “de derecha” (alemán) y uno “de izquierda” (italiano), negando su parentesco y su raíz común fascista,
ha sido propuesta en Italia por Renzo de Felice.
3.-Dictaduras latinoamericanas:
Características de las intervenciones políticas de los aparatos militares en América Latina durante el siglo XX.
Durante los primeros años de la década de los 70 las fuerzas armadas intervinieron en Brasil, Perú, Argentina,
Ecuador, República Dominicana y Honduras para frenar la voluntad izquierdista de algunos partidos.
Los militares sólo tenían autoridad relativa, y sus intervenciones en Iberoamérica en realidad eran la respuesta a los
deseos de los sectores medio ascendentes que querían introducir reformas limitadas y conservadoras en la sociedad.
No obstante, aquellos que seguían la Doctrina de Seguridad Nacional monopolizaban el poder hasta la extenuación ya
que consideraban tener un papel fundamental en frenar la subversión interna.
En tiempos en que América Latina carecía de organizaciones de presión que frenaran el abuso de poder, se impuso la
tendencia golpista: las fuerzas armadas intervenían como grupo de mando puesto que tenían la facultad de defender al
Estado, de monopolizar la posesión y el empleo de las armas y un cierto sentimiento de suficiencia institucional;
condiciones que los demás grupos sociales no poseían.
Su paradigma teórico utilizó ideas de discursos de los altos mandos militares, algunas consignas morales, confusos
conceptos del arte de la guerra y de cualquier doctrina que conviniera sus intereses. Sin embargo, lo importante no era
la teoría sino su ejercicio.
Lo propio de esta doctrina despótica y autocrática era la ausencia de límites, puesto que ni sus doctrinarios ni los
ciudadanos sabían cuándo se había encontrado un grado suficiente de seguridad. Por eso, se hace necesario que la
seguridad encuentre en la política sus límites y su justa medida. Sin embargo, la Seguridad Nacional no tenía la
voluntad ni los mecanismos para controlar la tendencia a la seguridad absoluta (cuyo precio era la inseguridad
absoluta de los otros).
El temor de que desapareciera la civilización cristiana y la democracia inspiraba a los defensores de la doctrina a
garantizar la libertad y la seguridad de la gente. Para esto, las sociedades y las democracias debían organizarse como
las fuerzas armadas, en donde los oficiales velan por el bienestar de la tropa; debían actuar como un partido político.
Las fuerzas que querían representar a la nación y al Estado y dirigirlo en supuesto beneficio de todos no se
identificaban con ningún sector de la sociedad civil. Es por eso que era una doctrina de seguridad del Estado: la
seguridad afectaba a todos los aspectos de la vida social y había amenazas en todos lados, por lo que era una
responsabilidad de todos los ciudadanos.
● El Estado de Seguridad Nacional renegaba de la democracia liberal, de cuya debilidad desconfiaban ya que
consideraban que la democracia no tenía forma de frenar al comunismo. Por ejemplo, Schmitt plantea que “la
legalidad, la legitimidad y la Constitución, en vez de impedir la guerra civil, sólo contribuyen a exacerbarla”. Ideas de
este tipo animaron a los partidarios de la Doctrina de Seguridad Nacional a evitar el orden constitucional.
● Es por eso que la Doctrina de Seguridad Nacional le asigna al Estado la función de ejecutar el poder para
lograr los objetivos nacionales. Estos eran generales, universales y cubrían todos los valores posibles de las sociedades
humanas.
Podían agruparse 3 grandes bloques:
1. El legado de valores morales y espirituales de la civilización occidental: el humanismo, el cristianismo y la
democracia.
2. La idiosincrasia nacional, definida en cada país por los defensores de la Doctrina de la Seguridad Nacional.
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● No se permitía la crítica porque eso abría la puerta al comunismo, así que el nuevo Estado debía integrar esa
estructura todos los mecanismos de defensa contra la subversión.
● La doctrina anuló el concepto de pueblo y prescindió de él. Esto suponía una erosión atroz de la democracia
representativa y del pluralismo político en América. Se elegía el principio minoritario de legitimidad, de carácter
autocrático.
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Por eso era diferente de la democracia, del nacionalismo alemán, del fascismo italiano y del comunismo soviético,
pues la movilización del partido como fuerza represiva no era esencial. Además su ideología no podía evocar a un
nacionalismo basado en la exaltación de las virtudes de la raza y en la vocación de expansión territorial.
● La falta de movilización y apatía populares, la mentalidad jerárquica y estatista, el Estado sin partido y la
jerarquía eran, por tanto, elementos del autoritarismo de Seguridad Nacional iberoamericano. En palabras de Fernando
E. Cardoso “las características de las formas emergentes de dominación política en América Latina como burocrático-
autoritario tenían algo nuevo que ofrecer (...)”.
● La falta de un sistema de partidos dejaba claros los límites de la participación, pese a que las sociedades
civiles de Cono Sur estaban más organizadas que las del resto del continente, con la excepción de América del Norte.
La tradición de los Estados fuertes con control político elitista y de jerarquías burocráticas facilitaba el éxito de ese
tipo de Estados, pese a que su autoritarismo fuera “subdesarrollado”: podían matar y torturar pero no controlar la vida
de las personas.
En los Estados de carácter militar se encontraron similitudes de un modelo de Estado autoritario, que fueron de tipo
excluyente -Estados represivos que restringían derechos cívicos y políticos, y violaban constantemente derechos
humanos -e incluyentes- prohibición de ciertas formas de participación que se mezclaban con el intento de desarrollar
otras nuevas-. La pura coacción era reflejo de su falta de control total de la sociedad.
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La globalización se refiere al proceso de interconexión e interdependencia creciente entre los países y las sociedades a
nivel mundial. Este proceso implica una mayor integración económica, cultural, política y tecnológica entre las
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naciones. Como resultado, las fronteras se vuelven más permeables y las interacciones entre los estados se
intensifican.
La soberanía de los Estados, por otro lado, se refiere a la capacidad de un Estado para ejercer autoridad y control sobre
su territorio, su población y sus asuntos internos. La soberanía implica la capacidad de tomar decisiones políticas,
jurídicas y económicas sin la interferencia de otros Estados.
La globalización plantea desafíos a la soberanía de los Estados, ya que puede limitar la capacidad de los gobiernos
para controlar ciertos aspectos de sus economías, políticas y culturas. Por ejemplo, la integración económica a través
de acuerdos comerciales y la movilidad global de bienes, servicios y capital pueden limitar el control que un estado
tiene sobre su economía.
Además, la globalización también puede dar lugar a una mayor interdependencia entre los Estados, lo que significa
que las decisiones tomadas por un Estado pueden tener impactos en otros. Esto puede generar tensiones entre la
soberanía de un Estado y la necesidad de coordinar y cooperar con otros países en asuntos globales, como el medio
ambiente o la seguridad.
En resumen, la globalización desafía y redefine la soberanía de los Estados, ya que promueve una mayor integración y
dependencia entre las naciones. Los Estados deben encontrar un equilibrio entre mantener su soberanía y participar
activamente en la comunidad internacional para abordar los desafíos globales que enfrentamos en la actualidad.
Artificio social
Diversas dimensiones
Fenómeno reciente. Fines del S. XIX comienzo del S. XX (1989 caída del muro de Berlín) ruptura de la
URSS
Globalización. Consensos para su conceptualización: En primer lugar, existe un consenso para comprender la
globalización como un proceso o conjunto de procesos. Se concibe como un fenómeno activo y organizado,
especialmente en el tiempo de larga duración; aunque se emplea el término de forma singular, sus manifestaciones
son plurales. Resultaría más correcto hablar de Globalizaciones (económicas, sociales, políticas y culturales) en lugar
de Globalización.
En segundo lugar la globalización aparece como un fenómeno económico y político, que tendría implicaciones
sociales y culturales. Al entenderla como un fenómeno económico y político, llegamos a un nuevo consenso, el fuerte
impacto del desarrollo tecnológico en la expansión de la Globalización, transforma el modelo de producción
traducidos en procesos de flexibilización, descentralización, internacionalización e interdependencia en las sociedades
nacionales; ello multiplica y descentraliza los centros de decisión. Tal desarrollo tecnológico privilegia como médula
de la producción económica a los sistemas de provisión de servicios y manejo de la información. Este aumento afecta
a otras esferas de la vida social, los mercados monetarios dependen de una fusión de tecnologías satélites e
informáticas que inciden sobre otros aspectos de la sociedad. Un mundo de comunicación instantánea reorganiza las
instituciones locales y las pautas vitales cotidianas; la globalización está transformando la vida diaria, a la vez que
crea nuevas fuerzas y sistemas transnacionales, sociedades en las que vivimos.
Se presenta un tercer consenso, según el cual la globalización refuerza o puede reforzar las identidades, así como los
procesos de empoderamiento de las comunidades en los niveles local y regional. La reafirmación local, debe
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entenderse desde un punto de vista institucional, presenciamos una transformación de las responsabilidades y
competencias de las diferentes entidades territoriales.
El debilitamiento del estado y las formas neo-medievales del orden político universal
- Debilitamiento de la figura político-social del Estado derivada de una doble quiebra:
Globalización. Limita la capacidad del Estado para satisfacer determinadas demandas sociales, socaba su
autoridad ante la sociedad.
Renacimiento de los nacionalismos. Hecho ocurrido a finales del S. XX junto a la desaparición de los sistemas
comunistas de Europa del Este y Central y en la antigua URSS, han provocado un aumento de
reivindicaciones de soberanía en numerosos países del mundo. Esto trajo cierta tendencia a la federalización
en el orden interno y la aparición de nuevos Estados.
- La evocación del orden político medieval. Los Estados modernos deben compartir su autoridad sobre los
ciudadanos con las autoridades regionales y mundiales, por una parte, y con las autoridades sub-estatales, por otra.
Soberanía del Estado: la pervivencia del estado como forma fundamental de la organización político-social.
Es todavía el Estado la estructura político-social que mejor proporciona y garantiza:
-Seguridad. Tanto en su interior como frente a otros Estados.
-Solidaridad social. Asumiendo una función de redistribución de la riqueza y de prestación de los servicios públicos
esenciales.
-Punto de referencia/aglutinante cultural.
-Control a los flujos migratorios (países ricos).
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En tales circunstancias, y salvo algunos casos excepcionales, los Estados continúan siendo soberanos, al menos
formalmente. Las limitaciones que impone la globalización al ejercicio eficaz de las competencias soberanas no son
mayores que las derivadas del desigual reparto de poder en la sociedad internacional.
En la actualidad, el Estado continúa siendo el principal núcleo de poder en la sociedad internacional y, en
consecuencia, permanece como el eje central en torno al cual se articula el derecho internacional. Por tanto, persiste la
vigencia de la noción de soberanía como elemento constitutivo del Estado y base del derecho internacional actual.
La afirmación de la pervivencia de la soberanía de los Estados tiene una importancia capital, no sólo para la
comprensión del ordenamiento jurídico internacional, sino desde un punto de vista político y social.
Globalización y Política
La Globalización es un proceso multidimensional y multiescalar: la política constituye una de sus dimensiones. Nuevo
orden global tras la culminación de la Guerra Fría y el Estado constituye fenómenos sociales que deben ser abordados
para comprender la Política de la Globalización.
Cuando finaliza la Guerra Fría surge este nuevo espacio político global, con más actores, más complejo, y asociado
con la consolidación del proceso de globalización. ¿Cómo afecta la existencia o inexistencia de un orden global, la
configuración del Estado contemporáneo y sus posibilidades de acción?
“Las relaciones internacionales y la política mundial” comparten interés por analizar las estructuras y los procesos
políticos pero no son lo mismo.
Relaciones Internacionales: toman como base la teoría moderna de la política en la Soberanía del Estado y en las
relaciones se presentan entidades autónomas y soberanas.
Política mundial: rechaza la idea de entender la política por visiones estáticas y hace reclamos en una “política
apropiada” con autoridad legítima de comunidades particulares, debido a su interés por señalar dimensiones del poder
mundial que trascienden y tienen prioridad sobre elementos de soberanía de los Estados.
En el proceso de globalización si bien las relaciones internacionales se mantienen, se fortaleció la política mundial por
la emergencia de dimensiones políticas que rebalsan y complejizan las tradicionales relaciones internacionales. Así la
política mundial es la herramienta más apropiada para definir los aspectos políticos del proceso de globalización y la
relación entre orden mundial y naturaleza del Estado.
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Nueva condición que asume el Estado en cada uno de los escenarios posibles.
De ellas surgen varias teorías pero ninguna posee la capacidad de trascender el problema.
Los teóricos del riesgo global no constituyeron una teoría distinguida e identificada, si dieron elementos conceptuales
comunes, que permiten definir los aspectos políticos de una globalización.
1) El orden como proyecto socio político.
2) El riesgo como producto social.
3) La re politización de lo social.
4) La crisis estructural y el cambio institucional permanente.
5) Las relaciones que se presentan entre conocimientos y decisiones.
6) Concepción sobre el poder.
El desorden global produce el deterioro de la Soberanía del Estado, tanto económica, política, culturales, jurídicos,
ambientales y sociales.
Tesis Escéptica:
Considera que la globalización es un mito, que oculta la realidad de una economía internacional, cada vez más
segmentada en bloques regionales, sustentados en Estados poderosos.
Identifican la globalización con un mercado mundial total y perfectamente integrado.
La dinámica económica demuestra la consolidación de tres bloques financieros y comerciales principales (Europa,
Asia-Pacifico y Estados Unidos) cuyo origen y forma contemporánea fue prevista en el Estado mismo.
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Para los escépticos es ilusoria la idea de un gobierno mundial que administre el orden global, más aún, los mitos de la
economía global, la cultura homogénea y el gobierno mundial son entendidos como proyectos de occidentes en los
negocios mundiales.
Tesis transformistas:
Concibe a la globalización como un proceso sin precedentes históricos, que tiene cambios profundos, la interconexión
acelerada y la acentuación de la incertidumbre.
Las transformaciones asocian, la globalización con los cambios sociales, políticos y económicos que están reformando
las sociedades modernas y el orden mundial.
La globalización es concebida como un proceso histórico y factores coyunturales de esferas económicas, sociales,
políticas, militares, tecnológicas, ecológicas, jurídicas y culturales.
En la economía globalizada, los Estados mantienen fuentes de Poder que se yuxtaponen con formas y focos
internacionales de Poder, influencia y regulación. La globalización es asociada con relación de soberanía,
territorialidad y Poder estatal. Y finalmente resalta la existencia de procesos de reterritorialización, regionalización y
desterritorialización que afecta de manera significativa los niveles local, nacional, regional, y global.
Hay ventajas conceptuales y teóricas que posee la tesis trasformacionalista, con respecto a la tesis
hiperglobalizaciones y escépticas. En primer lugar comprende la globalización con un proceso contingente y abierto
más que como “un tipo ideal” o una “situación particular dada” con perspectivas históricas fijas e inamovibles.
Elementos positivos de la tesis transformalista, pueden ser comprendidos mejor en este concepto de globalización,
transciende el determinismo económico de las otras tesis.
Concepto por Sousa: La globalización es el proceso por medio del cual una condición o una entidad local dada, tiene
éxito en extender su rango de acción sobre todo el globo y, haciéndolo desarrolla la capacidad de designar a una
condición o entidad rival como local.
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Deben ser complementados por otro factor: concebir la globalización como un constructo humano, como un artificio
social, realizado en un marco general de la modernidad, atribuido a procesos sociales autónomos e independientes que
involucran a la sociedad.
La perspectiva de la geografía crítica, ofrece elementos importantes relacionados con el fundamento socio-político de
la construcción del espacio que se vinculan con el carácter multidimensional y multiescalar.
En la década de 1970 surge la geografía crítica que consolida un análisis crítico de la economía política de la
especialidad capitalista y reconoce al espacio como construcción social y producto de las luchas sociales, de las
constantes transformaciones socio económicas. Está considera que la configuración social del espacio tiene como fin
la reproducción de las relaciones sociales existentes. Es necesario acordarse sobre los debates, sobre el origen
histórico de la globalización:
Sin embargo resulta imposible identificar un punto de partida único para la globalización.
Pero aun así se pondrá de punto de partida en el nacimiento de la modernidad, la globalización será entendida como
un proceso paralelo al surgimiento y a la evolución de la modernidad.
En Conclusión
Hay cuatro elementos indispensables para el concepto de globalización:
a) Observarla desde el marco general de la modernidad con el fin de aprender toda su complejidad y sustento
histórico.
b) Entenderla como un constructo o artificio social, en el que involucra la sociedad en su totalidad y en el que se
presentan diversas relaciones de poder, resistencias y conflictos.
c) Comprenderla como un proceso dinámico en permanente cambio y transformaciones en que la sociedad
remodela su relación con el tiempo y el espacio.
d) Percibirla como un proceso que envuelve diversas dimensiones (políticas, económicas, sociales, ambientales,
jurídicas y culturales) y niveles territoriales (local, nacional, regional, global).
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