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Violencia de género en Perú: análisis crítico

Este artículo de opinión analiza dos prácticas que reflejan la violencia cotidiana contra las mujeres peruanas: la representación sexualizada de las mujeres en los medios y el trabajo doméstico remunerado realizado principalmente por mujeres. También discute cómo estas prácticas perpetúan la segmentación laboral y la brecha salarial de género.

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Violencia de género en Perú: análisis crítico

Este artículo de opinión analiza dos prácticas que reflejan la violencia cotidiana contra las mujeres peruanas: la representación sexualizada de las mujeres en los medios y el trabajo doméstico remunerado realizado principalmente por mujeres. También discute cómo estas prácticas perpetúan la segmentación laboral y la brecha salarial de género.

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TEXTO B

Artículo de opinión

“Ni Una Menos: más allá de lo visible, por Leda Pérez” de Leda Pérez

“Aparte de la importancia de salir a las calles y de elevar nuestras voces de protesta, debemos preguntarnos sobre

la permanencia de condiciones que dan pie a los actos de violencia tan repugnantes”.

(Ilustración: Giovanni Tazza).

Cuando llegué al Perú, hace cerca de 15 años, fui impactada casi simultáneamente por dos prácticas. La

primera, que en buena parte de los diarios y revistas salían mujeres desnudas, semidesnudas o en poses

sexualmente sugestivas (es cierto que vengo del país del ‘sex, drugs & rock and roll’, pero la verdad es que

hasta ahora no he visto una calata en “Newsweek”). La otra, la regularidad con la que veía a mujeres que

5 transitaban por las calles en mandiles o uniformes de trabajadoras del hogar. El lenguaje coloquial refleja las

diferencias culturales. Pensando en la marcha Ni Una Menos, se me vienen a la cabeza estas dos prácticas

porque se me ocurre que son fenómenos emblemáticos de la violencia que se expresa cotidianamente contra

las mujeres peruanas –en especial, de aquella violencia que pone a cada cual en “su sitio”–
. En cuanto a lo primero, el concepto de la aniquilación simbólica (o, como decía Pierre Bourdieu, violencia

10 simbólica) es instructivo para entender el daño que causa el uso continuo de estereotipos como el de las

mujeres como objeto sexual, en roles inferiores o, incluso, en la creación de la imagen de un prototipo de

mujer deseable o perfecta REFERENCIAS A TEORÍAS

. Si bien esta violencia no viene con golpes físicos, sus efectos son de largo aliento y forman parte de un

nefasto tejido que posiciona a las mujeres como “el otro”, en un estatus inferior, deslegitimizándola y

15 haciéndola menos significante. Respecto de lo segundo, el trabajo doméstico remunerado representa una de

las mayores fuentes de empleo para las mujeres en América Latina. En el Perú, ellas constituyen

aproximadamente el 3% de la PEA ocupada. Si bien es cierto que en la actualidad la mujer peruana participa

en una variedad de trabajos –de hecho, más de la mitad de nuestras compatriotas trabajan fuera del hogar a

cambio de alguna remuneración–, es igualmente cierto que así seamos una trabajadora del hogar o la rectora

20 de una universidad, el trabajo de la casa sigue recayendo sobre nuestros hombros. O lo hacemos

directamente, o nos apoyamos en alguien de la familia, o contratamos a quien lo haga. Pero lo que es cierto es

que en la mayoría de veces la responsable final va a ser una mujer. Que una mujer sea quien se ocupa del

trabajo de la casa muestra una segmentación que ha servido por siglos –y no solo en nuestro país– para

ubicar a las mujeres en relación con los empleos que pueden desempeñar y las remuneraciones que pueden

25 obtener. El lenguaje descriptivo expone el machismo y la discriminación. Ello asegura sueldos inferiores,

no solo para aquellas que hacen este trabajo como su empleo principal, sino también para asegurar que

aquellas que salen a trabajar –bien sea como trabajadora en una factoría o como profesional en una empresa–

también experimenten una brecha salarial. El Perú no es un caso único en el mundo. En el 2016, la

Organización Internacional del Trabajo reportó que, dadas las tendencias actuales, demorará 70 años para

30 que las mujeres lleguen a ganar igual que los hombres. Y si bien estas brechas existen por varias razones,

incluida la discriminación simple y dura, uno de los factores más importantes está atado a la cantidad de horas

que pueden trabajar las mujeres a diferencia de los hombres, justamente por las demandas hogareñas que

compiten con sus posibilidades de salir a trabajar o la cantidad de horas que pueden dedicar al trabajo.

También sabemos que si las mujeres dejan su carrera por algún tiempo (por ejemplo, para atender a niños o

35 adultos en condición de dependencia), les resulta más difícil reingresar al mundo laboral. La segmentación

laboral está viva y coleando, y mientras más “feminizados” sean los trabajos, menos pagan. Como se diría en

mi país natal, “It just doesn’t pay to be a woman” (“ser mujer no paga”). Entonces, cuando por tercera vez en
menos de un año y medio se convoca a las ciudadanas y a los ciudadanos a las calles para solidarizarse con

las mujeres que han sido víctimas de violencia, yo aplaudo. Y concuerdo con la necesidad de llamar la

40 atención, una y otra, y todas las veces que sean necesarias. El lenguaje crítico y reflexivo transmite la

transformación cultural necesaria.

Pero también me pregunto: ¿por qué seguimos en esta situación deplorable? Entre enero y setiembre del

presente año, el MIMP registró 65.989 casos de violencia atendidos en sus centros emergencia mujer (CEM),

85% de los cuales tuvieron como víctimas a mujeres. DATOS ESTADISTICOS

45

Pérez, L. (26 de noviembre de 2017) Ni Una Menos: más allá de lo visible, por Leda Pérez.

Diario El comercio (https://elcomercio.pe/opinion/colaboradores/alla-visible-leda-perez-

noticia-476755-noticia/)

Campo de indagación: Cultura, identidad y comunidad

Cuestión global: El impacto del rol de género en las relaciones familiares y la clase

social.

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