Fósil
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Para otros usos de este término, véase Fósil (desambiguación).
Esqueleto completo fosilizado del félido dientes de
sable (Smilodon fatalis)
Los fósiles1 son los restos o señales de la actividad de organismos pretéritos.2 Dichos restos,
conservados en las rocas sedimentarias, pueden haber sufrido transformaciones en su
composición (por diagénesis) o deformaciones (por metamorfismo dinámico) más o menos
intensas. La ciencia que se ocupa del estudio de los fósiles es la paleontología. Dentro de la
paleontología están la paleobiología, que estudia los organismos del pasado —entidades
paleobiológicas, que conocemos solo por sus restos fósiles—, la biocronología, que estudia cuándo
vivieron dichos organismos y la tafonomía, que se ocupa de los procesos de fosilización.
Etimología y evolución del término[editar]
Fósil de Charnia, el primer organismo
complejo Precámbrico conocido; perteneciente a la biota del periodo Ediacárico.
Fósil de trilobites.
Fósil de ammonites.
El vocablo fósil se deriva del verbo latino fodere, 'excavar', a través del sustantivo fossile, 'aquello
que es excavado'. A lo largo de toda la historia, y antes, en la prehistoria, el hombre ha encontrado
fósiles, restos de seres vivos petrificados por los minerales con los que se hallaban en contacto.
Fueron esos minerales los que sustituyeron o preservaron su forma externa.
El hombre primitivo les atribuía un significado mágico. Los autores de la Antigüedad clásica los
habían observado y, en general, interpretado correctamente. El término fósil lo empleaba
ya Plinio en el siglo i,34 y su uso fue recuperado en el siglo xvi por Agricola, aludiendo a su carácter
de cuerpo enterrado (como derivado de fossa) e incluía tanto los restos orgánicos como los
cuerpos minerales integrados en los materiales de la corteza terrestre. Esta situación se mantuvo
hasta principios del siglo pasado, si bien es verdad que los auténticos fósiles solían diferenciarse
como fósiles organizados.
El geólogo británico Lyell definió a los fósiles como restos de organismos que vivieron en otras
épocas y que actualmente están integrados en el seno de las rocas sedimentarias. Esta definición
conserva su validez, aunque actualmente el término tiene una mayor amplitud, ya que se incluyen
en él las manifestaciones de la actividad de organismos como excrementos (coprolitos), restos
de construcciones orgánicas, huellas de pisadas, impresiones de partes del cuerpo, dentelladas
(icnofósiles), etc.
Localización[editar]
Afloramiento con abundantes fósiles
de gasterópodos y bivalvos (moldes internos), expuestos en la superficie del terreno por la erosión
(reelaborados). Región de Puebla, México.
Artículos principales: Yacimiento paleontológico y Listado de yacimientos paleontológicos.
Existen regiones de la Tierra que son conocidas por su particular riqueza en fósiles; por ejemplo,
las pizarras de Burgess Shale en la Columbia Británica de Canadá,5 la caliza de Solnhofen o los
estratos ricos en dinosaurios de la Patagonia.
En España, destacan Atapuerca y Las Hoyas. El primero es un rico yacimiento
del Pleistoceno donde se han encontrado, entre otros, abundantes fósiles de homínidos. El
segundo es conocido por la presencia de Iberomesornis.
Tronco petrificado de Araucarioxylon arizonicum.
Los materiales originales han sido sustituidos por otros minerales, sin perder la estructura.
Los lugares que hacen posible una preservación excepcional (incluso a veces conservando señales
de tejidos blandos) son conocidos como Lagerstätten (lugares de descanso o almacenamiento, en
alemán).
Tipos de fósiles[editar]
Los fósiles más antiguos son los estromatolitos, que consisten en rocas formadas por la
precipitación y fijación de carbonato cálcico, merced a la actividad bacteriana.6 Esto último se ha
podido saber gracias al estudio de los estromatolitos actuales, producidos por tapetes
microbianos. La formación Gunflint contiene abundantes microfósiles ampliamente aceptados
como restos microbianos.7
Hay muchas clases de fósiles. Los más comunes son restos
de ammonoidea, caracoles o huesos transformados en piedra. Muchos de ellos muestran todos los
detalles originales del caracol o del hueso, incluso examinados al microscopio. Los poros y otros
espacios pequeños en su estructura se llenan de minerales.
Los minerales son compuestos químicos, como la calcita (carbonato de calcio), que estaban
disueltos en el agua. El paso por la arena o el lodo que contenían los caracoles o los huesos y los
minerales se depositaron en los espacios de su estructura. Por eso los fósiles son tan pesados.
Otros fósiles pueden haber perdido todas las marcas de su estructura original. Por ejemplo, una
concha de caracol originalmente de calcita puede disolverse totalmente después de quedar
enterrada. La impresión que queda en la roca puede llenarse con otro material y formar una
réplica exacta de la concha. En otros casos, la concha se disuelve y tan solo queda el hueso en la
piedra, una especie de molde que los paleontólogos pueden llenar con yeso para descubrir la
forma del resto.
Desde un punto de vista práctico distinguimos:
nanofósiles (visibles al microscopio electrónico).
microfósiles (visibles al microscopio óptico).
macrofósiles o megafósiles (aquellos que vemos a simple vista).
Los fósiles por lo general solo muestran las partes duras del animal o planta: el tronco de un árbol,
el caparazón de un caracol o los huesos de un dinosaurio o un pez. Algunos fósiles son más
completos: registran una mayor cantidad de información paleobiológica. Si una planta o animal
queda enterrado en un tipo especial de lodo que no contenga oxígeno, algunas de las partes
blandas también pueden llegar a conservarse como fósiles.
Los más espectaculares de estos "fósiles perfectos" son mamuts lanudos completos hallados en
suelos congelados.8 La carne estaba tan congelada, que aún se podía comer después de 20 000
años. Los fósiles más recientes, por convenio, son los referidos a organismos que vivieron a finales
de la última glaciación cuaternaria, es decir, hace unos 13 000 años aproximadamente. Los restos
posteriores (Neolítico, Edad de los Metales, etc.) suelen considerarse ordinariamente
como subfósiles.
Finalmente deben considerarse también aquellas sustancias químicas incluidas en los sedimentos
que denotan la existencia de determinados organismos que las poseían o las producían en
exclusiva. Suponen el límite extremo de la noción de fósil (marcadores biológicos o fósiles
químicos).
Icnofósiles[editar]
Cruziana, icnogénero asociado a la interacción de
los trilobites con un fondo marino sin consolidar (contramolde en la base de un estrato).
Artículo principal: Icnofósil
Los icnofósiles son restos de deposiciones, huellas, huevos, nidos, bioerosión o cualquier otro tipo
de impresión. Son el objeto de estudio de la paleoicnología.
Los icnofósiles presentan características propias que los hacen identificables y permiten su
clasificación como parataxones: icnogéneros e icnoespecies. Los parataxones son clases de pistas
fósiles agrupadas por sus propiedades comunes: geometría, estructura, tamaño, tipo de sustrato y
funcionalidad. Aunque a veces diagnosticar la especie productora de un icnofósil puede resultar
ambiguo, en general es posible inferir al menos el grupo biológico o el taxón superior al que
pertenecía.
En los icnofósiles se pueden identificar varios tipos de comportamiento: filotaxia, fobotaxia,
helicotaxia, homostrofia, reotaxia o tigmotaxia.
El término icnofacies hace referencia a la asociación característica de pistas fósiles, recurrente en
el espacio y en el tiempo, que refleja directamente condiciones ambientales tales como
la batimetría, la salinidad y el tipo de sustrato.9 Las pistas y huellas de invertebrados marinos son
excelentes indicadores paleoecológicos, al ser el resultado de la actividad de determinados
organismos, relacionada con ambientes específicos, caracterizados por la naturaleza del sustrato y
condiciones del medio acuático, salinidad, temperatura y batimetría. Especialmente la profundidad
del mar condiciona el género de vida de los organismos y, por tanto, no es de extrañar que se
puedan distinguir toda una serie de icnofacies de acuerdo con la batimetría, cuya nomenclatura,
debida a Seilacher,10 se refiere al tipo de pistas más frecuentes y más características de cada una.
Un icnofósil puede tener varias interpretaciones:
Filogenética: Estudia la identidad del organismo productor. Da lugar a los parataxones.
Etológica: Estudia el comportamiento del organismo productor.
Tafonómica: Se interesa por la posición original y los procesos tafonómicos sufridos.
Sedimentológica: Revela las condiciones paleoambientales de formación.
Paleoecológica: Estudiada por las icnofacies.
Microfósiles[editar]
Microfósiles de sedimentos marinos.
"Microfósil" es un término descriptivo que se aplica al hablar de aquellos fósiles de plantas o
animales cuyo tamaño es menor de aquel que puede llegar a ser analizado por el ojo humano.
Normalmente se utilizan dos rasgos diagnósticos para diferenciar microfósiles
de eucariotas y procariotas:
Tamaño: Los eucariotas son sensiblemente mayores en tamaño a los procariotas, al menos
en su mayoría.
Complejidad de las formas: Las formas más complejas se asocian con eucariotas, debido la
posesión de citoesqueleto.
Resina fósil[editar]
Fósil de un insecto (Leptofoenus pittfieldae)
conservado en ámbar.
Artículo principal: Ámbar
El ámbar (resina fósil) es un polímero natural encontrado en muchos tipos de estratos por todo el
mundo, incluso en el Ártico. Se trata de la resina fosilizada de árboles hace millones de años. Se
presenta en forma de piedras amarillentas.
En el ámbar pueden encontrarse fósiles de insectos y otros pequeños animales que, en su
momento, quedaron atrapados por la resina.
Pseudofósil[editar]
Pseudofósil: dendritas de pirolusita. Crecimientos
minerales que asemejan restos vegetales.
Los pseudofósiles son patrones visuales en rocas, producidos por procesos geológicos, que se
asemejan a formas propias de los seres vivos o sus fósiles; un ejemplo clásico son las dendritas
de pirolusita (óxido de manganeso, MnO2), que parecen restos vegetales. La interpretación errónea
de los pseudofósiles ha generado ciertas controversias a lo largo de la historia de la Paleontología.
En el año 2003, un grupo de geólogos españoles puso en entredicho el origen orgánico de los
fósiles de Warrawoona que, según William Schopf, correspondían a cianobacterias que constituían
el primer rasgo de vida sobre la Tierra hace 3500 millones de años. La base de tal replanteamiento
era que estructuras filamentosas, similares a estos supuestos microfósiles de Warrawoona, pueden
ser producidos a temperatura y presión ambiente por la combinación, en un medio alcalino, de
una sal de bario y un silicato.11 Un nuevo estudio publicado en 2015 por la revista Proceedings of
the National Academy of Sciences resolvió finalmente la controversia. Los investigadores David
Wacey y Martin Saunders utilizaron microscopía electrónica de transmisión para examinar
rebanadas ultradelgadas de los candidatos a microfósiles y así construir mapas a escala
nanométrica de su tamaño, forma, química y distribución de carbón mineral. Esto hizo evidente
que la distribución de carbono era diferente a todo lo visto en microfósiles auténticos y revelando
su origen mineral.1213
Fósil viviente[editar]
Artículo principal: Fósil viviente
Un fósil viviente es un término informal usado para referirnos a cualquier especie viviente que
guarde un gran parecido con una especie conocida por fósiles (se podría decir que es como si el
fósil hubiera "cobrado vida").
Los braquiópodos son un ejemplo perfecto de "fósiles vivientes". Lingula es un braquiópodo actual
del que se encuentran fósiles a través de todo el Cenozoico. Otro ejemplo es el celacanto. Fue una
gran sorpresa encontrar este pez en las costas de África en 1938, cuando se pensaba que llevaban
70 millones de años extintos.
Registro fósil[editar]
El registro fósil es el conjunto de fósiles existentes. Es una pequeña muestra de la vida del pasado
distorsionada y sesgada.14 No se trata, además, de una muestra al azar. Cualquier investigación
paleontológica debe tener en cuenta estos aspectos, para comprender qué se puede obtener a
través del uso de los fósiles.
Representatividad del registro fósil[editar]
Muestra con hojas fósiles de un Ginkgo del Jurásico.
El número de especies totales (entre plantas y animales) descritas y clasificadas asciende a 1,5
millones. Este número sigue en aumento, pues se descubren aproximadamente diez mil insectos
cada año (existe una gran diversidad de insectos, se conocen 850 000 especies). Se estima que solo
falta un centenar de especies de aves por describir (existe una baja diversidad de aves, pues solo se
conocen 8600 especies). Las estimaciones sobre las especies vivas posibles son de cinco millones.
Se conocen unas 300 000 especies de fósiles, es decir, el 20 % del número de especies vivientes
conocidas y menos del 6 % de las probables. El registro fósil abarca desde hace 3770 millones de
años hasta la actualidad;15 sin embargo, el 99 % de sus representantes se encuentran desde hace
545 millones de años hasta ahora. Son comparaciones asombrosas si consideramos que el registro
fósil incluye centenares de millones de años y que la fauna y la flora vivientes representan solo un
instante de tiempo geológico. Si la conservación de los fósiles fuera aceptablemente buena, sería
previsible que el número de especies extintas superara en mucho el número de las especies
actuales.
Hay varias explicaciones posibles a la pobreza relativa en especies extintas:
Fuerte crecimiento en la diversidad biológica a través del tiempo. Esto provoca que los
expertos se pregunten si existía falta de variedad en el pasado geológico.
Puesto que la diversidad se mide por el número de taxones (especies, géneros, familias,
etc.) que vivieron durante un intervalo de tiempo definido, y que no todos los tiempos
geológicos poseen la misma, hay que tener en cuenta el hecho de que algunas partes de la
columna geológica son mejor conocidas que otras. El número de paleontólogos que
trabajan en el Paleozoico y Precámbrico representa un porcentaje muy bajo; sin embargo,
la extensión de estos terrenos es considerable.
Las rocas más recientes afloran en áreas mayores porque están más cerca de la "parte alta
del montón"
Todo sugiere que la diversidad actual puede no ser apreciablemente más alta que la media en todo
el tiempo que va desde el Cámbrico. Por lo tanto la baja cifra de especies extintas no puede
explicarse satisfactoriamente por la idea de que la diversidad crece con el progreso evolutivo. Las
especies se extinguen y son reemplazadas por otras durante el curso del tiempo geológico. Se ha
sugerido el plazo de 12 millones de años para un reemplazo completo de todas las especies. La
duración de los distintos biocrones está entre 0,5 y 5 millones de años (2,75 millones de años
el biocrón medio). Finalmente, como conclusión, la cantidad de especies extintas estimadas es:
Fosilización[editar]
Véase también: Tafonomía
Para que un resto corporal o una señal de un organismo merezca la consideración de fósil es
necesario que se haya producido un proceso físico-químico que le afecte, conocido
como fosilización. En este proceso se pueden producir transformaciones más o menos profundas
que pueden afectar a su composición y estructura. Este proceso va en función del tiempo, por lo
que debe haber transcurrido un determinado intervalo a partir del momento de producción del
resto para que llegue a la consideración de fósil. La fosilización es un fenómeno excepcionalmente
raro, ya que la mayoría de los componentes de los seres vivos tienden a descomponerse
rápidamente después de la muerte.16
Molde en yeso de un Tarbosaurus en el Museo de
Historia Natural de Westfalia (Münster, Alemania). El fósil original se encuentra en el Instituto
Paleontológico de Moscú.
La permineralización ocurre después del enterramiento, cuando los espacios vacíos en un
organismo (espacios que en vida estaban llenos de líquido o gas) se llenan con agua subterránea, y
los minerales que esta contiene precipitan, llenando dichos espacios.
En muchos casos los restos originales del organismo han sido completamente disueltos o
destruidos.
Procesos de descomposición[editar]
Son los principales responsables en el mundo. Su efecto es la rareza con que se conservan partes
orgánicas blandas (0.01 % de los individuos en una comunidad marina solo tienen partes blandas).
La presencia de partes blandas son indicativas de condiciones sedimentológicas y diagenéticas
excepcionales.
Procesos de descomposición aeróbica[editar]
Son los más rápidos y eficaces para la biodegradación. Por ello, las condiciones anóxicas son un
requisito previo a la preservación de organismos ligeramente mineralizados y de partes blandas. La
demanda de oxígeno para la descomposición en un medio aeróbico es muy alta (1 mol de Corg.
requiere 106 moles de O2). Una reacción estándar sería así:
Efectos de la descomposición[editar]
La descomposición es la principal fuente de pérdida de información en el registro fósil y
la mineralización es la única vía de frenarla. Los tejidos pueden conservarse
como permineralizaciones, residuos orgánicos alterados o, con el deterioro prolongado, como
improntas. Si la descomposición supera a la mineralización, se destruyen los tejidos y solo se
conservan refractarios como la quitina, la lignina o la celulosa.
Caracterización de la descomposición[editar]
La descomposición en el registro fósil puede caracterizarse a tres niveles:
1. Identificación de la descomposición y pérdida de información en la estructura de
organismos fósiles.
2. Reconocimiento de minerales particulares y los marcadores geoquímicos asociados a
regímenes particulares de descomposición.
3. Preservación de microbios fósiles involucrados en el proceso de descomposición.
Origen, acumulación y preservación de la materia orgánica[editar]
Concentración de artejos desarticulados
de crinoideo (Isocrinus nicoleti).
La mayor parte se recicla (dando lugar a CO2) dentro de la columna de agua, particularmente en
la zona eufótica. Una proporción relativamente pequeña de la materia orgánica producida pasa a
formar parte de los sedimentos adyacentes, y quedan afectadas por los modificadores del flujo
orgánico (bioestratinómicos), que son la foto-oxidación, la actividad microbiana y los
organismos detritívoros.
Procesos fosildiagénicos[editar]
La materia orgánica incluye además de lípidos libres, biopolímeros como los hidratos de
carbono, proteínas, quitina y lignina, algunos de los cuales serán utilizados para su consumo y
modificación por organismos bentónicos y diversos microorganismos. El resto, no utilizado de esta
manera, puede sufrir policondensación para formar geopolímeros, y pasa a formar parte del
protoquerógeno, precursor del querógeno. Con el entierro del sedimento, la creciente
condensación e insolubilización produce la lenta conversión diagenética a querógeno que
constituye el volumen de la materia orgánica en antiguos sedimentos.
Marcadores biológicos y sus utilidades[editar]
Las moléculas orgánicas (fósiles químicos) son abundantes en muchos sedimentos y rocas
sedimentarias, y se denominan marcadores biológicos "biomarker". Su estudio e identificación
requieren técnicas sofisticadas de toma de muestra y análisis. Conservan un registro muy detallado
de la actividad biológica del pasado y están relacionados con moléculas orgánicas actuales. Las
posibles fuentes de marcadores biológicos en muestras geológicas son tantas como moléculas se
conocen en los organismos.
Rocas madre en la generación de hidrocarburos[editar]
Una roca madre es un volumen rocoso que ha generado o ha estado generando y expeliendo
hidrocarburos en cantidades suficientes para formar acumulaciones de petróleo y gas. La mayoría
de las rocas madre potenciales contienen entre 0,8 y 2 % de carbono orgánico. Se acepta un límite
aproximado del 0,4 % como el volumen más bajo de carbono orgánico para la generación de
hidrocarburos, estando el óptimo por encima del 5-10 %. La naturaleza de los hidrocarburos
generados depende fundamentalmente de la composición del querógeno, que puede estar
constituido por dos tipos de materia orgánica:
Proveniente de restos de plantas terrestres, en cuyo caso los sedimentos liberarán gas
principalmente.
Proveniente de medios acuáticos (marino o lacustre) con
bacterias, algas, fito y zooplancton, en cuyo caso producirán petróleo con la maduración
suficiente.
Procesos destructivos físico-químicos[editar]
Moldes externos de amonites.
La durabilidad de los esqueletos es la resistencia relativa de estos a la fractura y destrucción por
agentes físicos, químicos y bióticos. Estos procesos destructivos pueden dividirse en cinco
categorías que siguen un orden más o menos secuencial:
1. Desarticulación: Es la disgregación de esqueletos constituidos por elementos múltiples a lo
largo de junturas o articulaciones preexistentes (puede darse incluso antes de la muerte,
como en mudas o exuvios de muchos artrópodos). La descomposición destruye los
ligamentos que unen los osículos de equinodermos en unas pocas horas o días después de
la muerte. Los ligamentos como los de los bivalvos, compuestos por conquiolina, son más
resistentes y pueden permanecer intactos durante meses a pesar de la fragmentación de
las conchas.
2. Fragmentación: Se produce por el impacto físico de objetos y por agentes bióticos
como predadores (incluso antes de la muerte) y carroñeros. Algunas formas de rotura nos
permiten identificar al predador. Las conchas tienden a romperse a lo largo de líneas de
debilidad preexistentes como líneas de crecimiento o de ornamentación. La resistencia a la
fragmentación está en función de varios factores:
o Morfología del esqueleto.
o Composición.
o Microestructura, espesor y porcentaje de matriz orgánica.
3. Abrasión: Es el resultado del pulido y molienda de los elementos esqueléticos,
produciendo un redondeamiento y una pérdida de los detalles superficiales. Se han
realizado estudios semicuantitativos de las proporciones de abrasión, introduciendo
conchas en un tambor rotatorio con gravas silíceas.17 Su grado de intensidad está
relacionado con diversos factores:
o La energía del medio.
o El tiempo de la exposición.
o El tamaño de la partícula del agente abrasivo.
o La microestructura de los esqueletos.
4. Bioerosión: Solo se puede identificar cuando está asociada a fósiles reconocibles
como esponjas clionas y algas endolíticas. Su acción destructora es muy alta en medios
marinos poco profundos, donde se puede observar actualmente una pérdida de peso del
16 al 20 % en las conchas de moluscos contemporáneos. No está claro si dichas
proporciones se mantenían en el Paleozoico, cuando las esponjas clionas eran menos
abundantes.
5. Corrosión y disolución: Es el resultado de la inestabilidad química de los minerales que
forman los esqueletos en la columna de agua o en los poros del sedimento. La disolución
puede empezar en la interfase sedimento-agua y puede continuar a profundidades
considerables dentro del sedimento. La bioturbación de los sedimentos normalmente
favorece la disolución por la introducción de agua marina dentro del sedimento que a la
vez favorece la oxidación de sulfuros.
6. Corrasión: En la práctica, los efectos de abrasión mecánica, la mayoría de los de bioerosión
y de corrosión son difíciles de distinguir en los fósiles. Algunos autores proponen el
término de corrasión para indicar el estado general de las conchas, resultado de cualquier
combinación de estos procesos. El grado de corrasión proporciona un índice general del
tiempo que los restos han estado expuestos a estos tres procesos.
Los procesos destructivos de desarticulación, fragmentación y corrasión son muy evidentes en el
registro fósil. Estos procesos afectan de manera diferente a los distintos tipos de esqueletos. La
mayoría de los organismos marinos se puede asignar a una de las cinco categorías arquitectónicas
de esqueleto: macizo, arborescente, univalvo, bivalvo o de elementos múltiples.
Esqueletos macizos: Resistentes a la rotura y muy resistentes a la destrucción mecánica.
Sin embargo, al permanecer en el suelo del mar intervalos prolongados de tiempo,
presentan a menudo efectos de corrasión en mayor magnitud que otros esqueletos.
Esqueletos arborescentes: Son los indicadores más sensibles de fragmentación; una
ausencia de rotura en tales esqueletos es un indicador excelente de mínima perturbación
del ambiente sedimentario.
Esqueletos bivalvos: Se desarticulan con relativa rapidez después de la muerte, aunque
aquellos con ligamentos de conquiolina pueden permanecer articulados durante períodos
prolongados.
Esqueletos de elementos múltiples: Son los mejores indicadores de un rápido
enterramiento.
Cuando se toman en conjunto los distintos tipos de esqueletos y sus sensibilidades a los agentes
destructivos, nos encontramos con unos excelentes indicadores de los procesos sedimentarios, lo
que puede usarse para definir distintas tafofacies.
Transporte e hidrodinámica[editar]
Si se considera como partículas sedimentarias los restos esqueléticos de los organismos, se podrá
realizar estudios sobre su comportamiento hidrodinámico (conchas
de braquiópodos, bivalvos, gasterópodos, cefalópodos, ostrácodos y crinoideos). En general se
conoce poco del comportamiento hidrodinámico de estas partes duras, tan abundantes e
importantes ecológicamente en ambientes de aguas poco profundas de medios modernos y del
registro fósil. El comportamiento hidrodinámico de las conchas es complejo e imprevisible,
principalmente debido a la gran diversidad de formas involucradas.
Fosildiagénesis[editar]
Artículo principal: Fosildiagénesis
La comprensión de los procesos diagenéticos es fundamental para interpretar correctamente
la mineralogía original, estructura de esqueletos y conchas, sus afinidades taxonómicas y su
paleoecología. Un problema que se plantea muy frecuentemente es deducir cual ha sido la
mineralogía original de grupos extintos (corales rugosos, arqueociátidos, estromatopóridos...). La
transición hasta el estado de fósil depende mucho de la composición esquelética.
Esqueletos carbonatados[editar]
Después del enterramiento el carbonato se altera en mayor o menor magnitud durante
la diagénesis temprana.
Esqueletos de aragonito[editar]
El aragonito normalmente se transforma en calcita mediante uno de estos procesos
principalmente:
Disolución total: Si las aguas de la zona vadosa no están saturadas en carbonatos se
produce la disolución total del esqueleto y el relleno por calcita. El área vacía reproduce un
molde de la concha y no se conserva la estructura de la concha. Se pueden
formar drusas con cristales hacia el centro. El tiempo que dura el proceso es variable.
Calcificación: En este segundo caso los esqueletos de las conchas preservan las estructuras
relictas (distintas capas o lamelas de las conchas). Incluso se pueden preservar cristales
enteros de aragonito que nos dan una información muy valiosa. El reemplazamiento se
produce de forma gradual y respeta la estructura original.
Esqueletos de calcita[editar]
En general, los esqueletos fósiles que estaban constituidos por calcita mantienen frecuentemente
esta composición original (a menos que se hayan silicificado o dolomitizado). El contenido
en magnesio tiende a reducirse, de forma que puede haber alteración diagénica con alto o bajo
contenido de calcita. Existen técnicas especiales como la catodoluminiscencia que permiten
determinar su contenido original a partir de áreas relictas que han conservado su composición
original.
Nódulos de carbonato y calizas litográficas[editar]
La preservación de partes blandas está asociada en muchas ocasiones con la precipitación de
carbonatos en forma de nódulos y estratificados, como es el caso de las calizas litográficas. Los
nódulos carbonatados están constituidos por siderita o calcita y asociados a sedimentos arcillosos
ricos en microorganismos. Contienen fósiles que a menudo se conservan en tres dimensiones
incluyendo a veces partes blandas fosilizadas. Su tamaño varía entre 10 y 30 centímetros aunque
se han encontrado de hasta 10 metros (incluyendo un plesiosaurio completo). El contenido en
microorganismos y su descomposición son los factores primarios que controlan el grado
de anoxia, Eh y pH. En presencia de oxígeno, la respiración microbiana produce CO2 que se
acumula en el agua de los poros del sedimento, favoreciendo la disolución de los carbonatos
En ausencia de oxígeno las bacterias del sedimento utilizan una serie de oxidantes alternativos en
el proceso de la respiración (Mn, NO3-, Fe o SO42-) y cuando todos los oxidantes han desaparecido
son las reacciones de fermentación las que dominan produciéndose metano. Las calizas litográficas
se forman en medios lacustres y marinos, son de grano muy fino y finamente bandeadas. Un
ejemplo son las famosas calizas de Solnhofen del Jurásico de Baviera que contienen los fósiles
de Archaeopteryx. El carbonato en estos depósitos se puede originar a partir de una fuente
biogénica (como algas calcáreas) o como un precipitado químico.
Fósiles piritizados[editar]
La pirita sedimentaria se encuentra como un componente menor de sedimentos marinos clásticos
tanto actuales como antiguos. Los estudios en sedimentos actuales han demostrado que la
formación de pirita autigénica se suele dar en la diagénesis muy temprana a tan solo unos
centímetros por debajo de la interfase agua-sedimento. Un aumento de la cantidad de
microorganismos o la profundidad de enterramiento, impide la difusión de oxígeno en el
sedimento y los microorganismos se ven obligados a respirar anaeróbicamente. La mineralización
detiene la pérdida de información asociada a la descomposición de macroorganismos y la
precipitación de pirita en la diagénesis temprana es un importante medio para la preservación de
los fósiles. En los tejidos blandos como músculos y también quitina, durante la diagénesis
temprana se puede producir la piritización. Cuando la descomposición es más avanzada y por lo
tanto más tardía la formación de pirita, se destruirán tejidos blandos y solo los compuestos
biológicos resistentes (denominados refractarios) como celulosa y lignina se conservan. Las partes
biogénicas duras como las conchas (carbonato cálcico y magnesio) y los huesos (fosfato de calcio)
son algunas de las estructuras biológicas más resistentes a la descomposición. De las dos, el
carbonato de calcio es el más inestable y por consiguiente el que con más probabilidad puede ser
reemplazado por pirita. La pirita sedimentaria presenta varias morfologías:
Framboides: Agregados esféricos de microcristales en forma de cubos y octágonos en
sedimentos arcillosos. Su tamaño varía de unas micras a aproximadamente
1 milímetro de diámetro.
Sedimentos piritizados: Son sedimentos infiltrados en cavidades biogénicas que han sido
consolidadas por pirita. Pueden llegar a reemplazar a los granos detríticos.
Relleno de cavidades: El relleno por pirita euhedral de cavidades es muy común en
sedimentos arcillosos. Dichas cavidades constituyen en muchos casos el espacio que
ocupaban moluscos, braquiópodos y alvéolos de huesos.
Incrustaciones: Son precipitaciones en la superficie exterior de los fósiles.
Texturas pseudomórficas: En las pseudomorfosis, la pirita puede reemplazar tanto
minerales detríticos como fósiles, incluyendo también la preservación de estructuras
sedimentarias, madrigueras y coprolitos.
La formación de pirita está controlada por la concentración de carbono orgánico, sulfato y
minerales detríticos férricos. En un ambiente marino normal los minerales férricos y los sulfatos
están presentes en abundancia y la formación de pirita es controlada por el suministro de carbono
orgánico. Sin embargo, en ambientes de agua dulce la formación de pirita está muy limitada por la
baja concentración de sulfato.
Preservación fósil como fosfato primario[editar]
El fósforo es un elemento fundamental en la vida. Se concentra en tejidos duros, como huesos o
algunas cutículas, o más a menudo en partes blandas. Por consiguiente no sorprende que esté
involucrado en la fosilización. El esqueleto de vertebrados está principalmente compuesto de
hidroxiapatito (Ca10(PO4)6(OH)2). Algunos OH pueden ser reemplazados localmente, por iones de F-,
sobre todo en dientes, produciendo un hidroxi-fluorapatito menos soluble. Los caparazones
fosfáticos de invertebrados tienen composiciones similares con alguna variación. La composición
de los huesos fósiles contienen más flúor. El volumen medio del flúor de los huesos de peces
marinos y de agua dulce es respectivamente 4300 ppm y 300 ppm, mientras que los fósiles
contienen 22 100 ppm y 19 900 ppm de flúor.
Esqueletos calcáreos[editar]
Los esqueletos de carbonato de calcio pueden pasar a apatito sin cambio en la morfología externa.
En ambientes naturales, esta alteración diagénica está asociada a depósitos de fosfato. La
transformación bacteriana de organismos calcáreos en apatito se ha demostrado en laboratorio.
Estas observaciones y experimentos hacen pensar en el siguiente posible mecanismo:
1. El fósforo necesario para reemplazar carbonato por apatito procede de los
microorganismos del sedimento.
2. Los microorganismos (bacterias, algas, hongos) promueven la descomposición, liberando
iones fosfato y acidificando el agua intersticial de los sedimentos (esta acidificación que
puede ser muy localizada, promueve la disolución de los carbonatos). El fosfato liberado se
combina con calcio para formar apatito que se forma preferentemente en la interfase
carbono/microorganismo reemplazando al carbonato disuelto. Este reemplazamiento
preserva la forma externa de la concha original y al igual que en la fosilización del apatito
primario, el flúor juega un papel importante al ser la composición final carbonato-flúor-
apatito.
Esqueletos silíceos[editar]
La fosfatización de sílice primaria también aparece en algunos esqueletos de radiolarios aunque
este proceso todavía no es bien conocido.
El examen microscópico de muestras de fosforitas muestra que numerosos microorganismos sin
caparazón mineralizado (algas, hongos, bacterias) mineralizan como apatito, aunque no tuvieran
ningún precursor mineral. Un ejemplo bien conocido son los coprolitos fosfatizados donde la
propia materia orgánica es reemplazada por apatito que conserva la forma exacta del objeto. Por
ejemplo, las estrías de contracción de algunos coprolitos. La fosfatización de partes blandas
también es frecuente; se conocen muchos ejemplos en artrópodos (copépodos, ostrácodos) que
aparecen en nódulos calcáreos y fosfáticos dentro de calizas nodulares, o en coprolitos de grandes
vertebrados.
Estudios en fosforitas y sobre la síntesis experimental del apatito han permitido realizar una
estimación de las condiciones probables en la fosilización del apatito. Debido a sus requisitos de
estabilidad, el apatito se forma preferentemente en un ambiente deficiente en oxígeno, a veces
incluso en condiciones totalmente reductoras, como indica su frecuente asociación con pirita. Este
ambiente se consigue fácilmente en medios con abundante materia orgánica, que es a su vez la
principal fuente de fósforo.
La sílice puede reemplazar a la calcita y al aragonito de las conchas y permineralizar la madera.
También puede formar nódulos o capas de sílex, reemplazando sedimentos carbonatados o
precipitando directamente, envolviendo o rellenando fósiles o incluso restos de bacterias,
microfósiles orgánicos y plantas que se preservan excepcionalmente, como en las Rhynie
Chert (Escocia).
Hay tres modos comunes de reemplazo mineral de la concha:
Como una corteza blanca granular.
Como un reemplazo finamente granular.
Como anillos concéntricos de sílice.
Tronco de árbol fosilizado en Igea, La Rioja (España).
Fosilización de restos vegetales[editar]
Las plantas están compuestas por varias partes (tallo, ramas, raíces, hojas, polen, frutos, semillas)
algunas de las cuales se separan durante la vida, mientras otras lo hacen después de la muerte.
Una adecuada comprensión de los procesos de dispersión que afectan a estas partes es muy
importante en la interpretación correcta de las asociaciones paleoflorísticas. Estudios sobre
dispersión de hojas por el viento muestran que viene determinada por su peso y forma.
Los restos vegetales se pueden conservar de varias formas:
Permineralización.
Preservación del material original.
Carbonización.
ADN en fósiles[editar]
Recientemente ha podido constatarse la posibilidad de extraer restos de ADN de fósiles, y
amplificarlos mediante PCR. La evolución de estos conocimientos ha sido muy rápida, ya que si a
finales de los 90 existían reticencias sobre la veracidad de los restos fósiles de ADN,18 para el año
2000 ya existían publicaciones y se había establecido una metodología.19 Por aquel entonces ya se
habían extraído secuencias cortas de fósiles de Neandertal y de mamut. Años después, también
hay multitud de ejemplos en plantas20 e incluso bacterias.21 Así, Golenberg y su equipo obtuvieron
una secuencia parcial de ADN de cloroplasto perteneciente a un fósil de Magnolia latahensis.22 No
obstante, se ha mantenido la controversia sobre la fiabilidad de los procedimientos utilizados.23
Este ADN fósil permitiría establecer relaciones filogenéticas entre distintos taxones, además de
facilitar una visión global de las ramas evolutivas.24 Además, facilita la estimación en la tasa
de mutación existente entre taxones relacionados.2225 Los métodos propuestos son:
Insectos en ámbar.
Extracción de ámbar: Esta sugerencia, en un principio inviable y ficticia, fue alimentada en
la fantasía popular a través de la novela de ficción (y posterior película) Parque Jurásico. En
este libro se sugería que insectos chupadores atrapados en ámbar podían preservar
magníficamente ADN de otros animales, como por ejemplo, dinosaurios. En la realidad se
ha podido extraer ADN de insectos conservados en ámbar de una antigüedad superior a
100 millones de años, sin embargo los fragmentos de ADN así obtenidos hasta ahora
corresponden a los propios insectos, no a otros animales de los que hubieran podido
alimentarse.26
Extracción de cristales en huesos: Se ha observado que en los huesos a veces se forman
cristales. Los científicos demostraron que el ADN contenido en estos cristales se
conservaba en un relativo buen estado.27
Extracción directa del fósil: Científicos argentinos aseguran que el ADN se mantiene
incluso millones de años, por lo que se encuentran directamente en los restos.28
Importancia científica[editar]
Fósil de un Oviraptor.
Los fósiles tienen una importancia considerable para otras disciplinas, como la Geología o
la Biología evolutiva, son las aplicaciones prácticas de la Paleontología.
Basándose en la sucesión y evolución de las especies en el curso de los tiempos geológicos, la
presencia de fósiles permite datar las capas del terreno (Bioestratigrafía y Biocronología), con
mayor o menor precisión dependiendo del grupo taxonómico y grado de conservación. Así se han
establecido la mayor parte de las divisiones y unidades de las escalas cronológicas que se usan
en estratigrafía.
Aportan información de paleoambientes sedimentarios, paleobiogeográficas, paleoclimáticas, de la
evolución diagenética de las rocas que los contienen, etc.
Los fósiles siguen revisándose, utilizando en cada ocasión técnicas más modernas. La aplicación de
esas técnicas conlleva nuevas observaciones que modifican a veces planteamientos previos. Así,
por ejemplo, tras una revisión realizada en 2006 con técnicas tomográficas de rayos X, se concluyó
que la familia que contiene a los gusanos Markuelia tenía una gran afinidad con los gusanos
priapúlidos, y es adyacente a la rama evolutiva de Priapulida, Nematoda y Arthropoda.29
Galería de imágenes[editar]
Tres pequeños fósiles de amonites, cada uno de aproximadamente 1,5 cm de diámetro
Pez fósil del Eoceno, Priscacara liops, de la formación Green River de Wyoming
Asaphus kowalewskii, un trilobites permineralizado
Dientes de megalodón y Carcharodontosaurus. Este último fue encontrado en el desierto del
Sahara
Fósiles de peces y crustáceos marinos del Cenomaniense (Cretácico) del Líbano
Tronco petrificado del Parque nacional del Bosque Petrificado, Arizona, Estados Unidos
Cono petrificado de Araucaria mirabilis de la Patagonia, Argentina del período Jurásico (210 Ma
aprox.)
Fósil de gasterópodo del Plioceno de Chipre con el tubo de un gusano serpúlido adherido
Fósil de Orthoceras del Silúrico
Fósil de una flor del Eoceno, Florissant, Colorado, Estados Unidos
Un fósil de un erizo de mar, Micraster, conocido como «pan de hadas» en el Reino Unido
Valva ventral de un braquiópodo del Roadiense (Guadalupiense, Pérmico Medio) de Glass
Mountains, Texas, Estados Unidos
Coral (Oligoceno-Mioceno), Florida, Estados Unidos. Un ejemplo de preservación por sustitución
por ágata
Fósiles de las playas de la isla de Gotland, en el Mar Báltico (cuadrículas de 7 mm)