La visión de las langostas (Am 7:1-3)
(Am 7:1-3) "Así me ha mostrado Jehová el Señor: He aquí, él criaba
langostas cuando comenzaba a crecer el heno tardío; y he aquí era el
heno tardío después de las siegas del rey. Y aconteció que cuando
acabó de comer la hierba de la tierra, yo dije: Señor Jehová, perdona
ahora; ¿quién levantará a Jacob? porque es pequeño. Se arrepintió
Jehová de esto: No será, dijo Jehová."
"Así me ha mostrado Jehová el Señor". Es lo que Amos pronuncia
inicialmente. Sabemos que Amos no era pastor, ministro, mucho
menos profeta, era un hombre ganadero se dedicaba a cosechar higos
silvestres, en TECOA que esta al sur de Jerusalén, y Dios lo llamo a
ser profeta en el reino del norte, de seguro que no fue nada fácil ir a
la gran ciudad de Samaria a denunciar la corrupción de los lideres…
Y lo primero que vio, quizás en sueños, fue a Dios preparando un
enjambre o plaga de langostas, "Él criaba langostas", las cuales iban a
atacar la cosecha de cereales que se recogía después de las lluvias de
primavera, "el heno tardío" (Israel es un país pequeño y mas de la
mitad de sus tierras son desierto, todo el esfuerzo que se tomaron
para poder producir sus propios alimentos, la agricultura en Israel aun
sigue siendo una lucha dura.
Dice el verso primero que esta plaga entraría en acción "después de
las siegas del rey". Es decir después de que el pueblo hubiese pagado
con las primeras siegas el impuesto real, cuando se preparaban para
recoger el propio sustento. Es fácil imaginar el desastre que
significaría para el pueblo.
La visión de aquella plaga devorando el campo y trayendo miseria
conmovió profundamente a Amós el cual oró pidiendo misericordia:
(Am 7:2) "... Señor Jehová, perdona ahora; ¿quién levantará a Jacob?
porque es pequeño"
Amós sabe que merecen este castigo (sabe de las injusticias que
practican, como ofenden a Dios y como en el libro de Levítico y
Deuteronomio el Señor dijo que las mismas vendrían a causa de
la desobediencia), así que únicamente apela a la misericordia de
Dios. "Perdona ahora" dice Amós.
Y como único argumento exhibe la "pequeñez o debilidad" del
pueblo (aunque ellos se consideraban la más importante de las
naciones de la tierra), "es pequeño" dice Amós.
La respuesta a la oración la tenemos en el verso 3: "...no será dijo
Jehová". El Señor en su misericordia y paciencia no ejecutó el juicio
que representaba aquella plaga.
"Se arrepintió Jehová de esto"
La visión del fuego (Am 7:4-6)
En esta ocasión el profeta ve "un fuego" que consume el "gran
abismo" y "una parte de la tierra". Algo poco comun ¿verdad?
(Am 7:4-6) "Jehová el Señor me mostró así: He aquí, Jehová el Señor
llamaba para juzgar con fuego; y consumió un gran abismo, y
consumió una parte de la tierra. Y dije: Señor Jehová, cesa ahora;
¿quién levantará a Jacob? porque es pequeño. Se arrepintió Jehová de
esto: No será esto tampoco, dijo Jehová el Señor."
Este fuego seria algo semejante a lo que sucedió en Sodoma y
Gomorra, que cayó fuego y azufre desde el cielo. Pero lo más probable
es que se refiera a una dura sequía acompañada de un intenso calor,
que también provoca incendios, y que terminaría por agotar las
reservas de agua subterráneas, los acuíferos que alimentan los pozos
y de donde brotan los manantiales, de ahí la expresión consumió un
gran abismo (Gn 7:11) (Gn 49:25) (Is 51:10).
La frase "y consumió una parte de la tierra" hace referencia al
territorio que Dios concedió a todo el pueblo de Israel. Posiblemente
iba a afectar al norte de la tierra, donde estaba el reino de Israel.
Los mismos comentarios que hicimos a la intercesión del profeta en la
visión anterior son oportunos aquí. Amós sabe que merecen este
castigo así que de nuevo apela a Su misericordia y Su paciencia
(longanimidad), y como único argumento exhibe la "pequeñez o
debilidad" del pueblo. Otra vez Dios escucha la oración del profeta y
no ejecuta este juicio.
1. Lento para la ira y grande en misericordia.
Estas dos escenas que ya hemos visto, junto con la oración del
profeta, son una muestra de la paciencia y la misericordia de Dios no
solo con su pueblo Israel sino a favor de todos los hombres.
Con su pueblo Israel: A pesar de que merecían el castigo, Dios decide
retener momentáneamente su juicio dando así una nueva oportunidad
para el arrepentimiento, "lento para la ira, y grande en misericordia".
(Ex 34:6-7) "Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová!
¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande
en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que
perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo
tendrá por inocente al malvado; que visita la iniquidad de los padres
sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta
generación."
Con todos los hombres: A pesar de las constantes provocaciones,
desprecios y ofensas contra a Dios, y de la gran maldad que reina en
este mundo, lo cierto es que hasta ahora sigue mostrando una
paciencia no merecida al pecador y ofreciendo misericordia en Cristo a
toda la humanidad.
(2 P 3:9) "El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen
por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo
que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento."
Y es en este contexto, el de la paciencia y la misericordia de Dios,
donde debemos entender la expresión "Se arrepintió Jehová de esto"
(Am 7:3,6). Unas palabras que han provocado extrañeza a más de
uno.
Este se arrepintió no implica un cambio de parecer en Dios en el
sentido de dejar de considerar pecado a lo que antes llamaba pecado,
llegar a alterar Su justicia para favorecerlos o cosa semejante. No es
así, Dios no traiciona su naturaleza Santa y Justa (en este sentido "no
se arrepiente", ver (Nm 23:19) y su propósito firme de castigar el
pecado continua.
¿Entones qué significa? En nuestro caso este arrepentirse divino tiene
que ver con compadecerse, apiadarse, en el sentido de prolongar un
poco más su paciencia reteniendo el castigo para dar así otra
oportunidad de arrepentimiento. Y esto sí es conforme a su
naturaleza.
"...la voluntad de Dios, aunque inflexible, no es insensible sino que
tiene en amorosa consideración nuestras debilidades y necesidades en
el perfecto y soberano orden de su mundo.
En otras ocasiones este cambio en su conducta está relacionado con
un cambio previo en el hombre. Se trata siempre de dar una
respuesta justa, adecuada, conforme a Su propia naturaleza, a la
nueva situación. Este principio, que refleja la norma de conducta
divina en sus tratos con nosotros.
(Jer 18:7-10) "En un instante hablaré contra pueblos y contra reinos,
para arrancar, y derribar, y destruir. Pero si esos pueblos se
convirtieren de su maldad contra la cual hablé, yo me arrepentiré del
mal que había pensado hacerles, y en un instante hablaré de la gente
y del reino, para edificar y para plantar. Pero si hiciere lo malo delante
de mis ojos, no oyendo mi voz, me arrepentiré del bien que había
determinado hacerle."
Este pasaje no solo nos invitan a reflexionar sobre la paciencia y
misericordia de Dios frente al mundo, también en vida de los
creyentes y a responder con agradecimiento y obediencia. Dice el
Salmo 103:
(Sal 103:8-11) "Misericordioso y clemente es Jehová; Lento para la
ira, y grande en misericordia. No contenderá para siempre, ni para
siempre guardará el enojo. No ha hecho con nosotros conforme a
nuestras iniquidades, ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados.
Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, engrandeció su
misericordia sobre los que le temen."
¿Cuántas torpezas no hay aún en nuestra vida? ¿Cuántas veces no
hemos dudado de su amor para con nosotros e incluso le culpamos de
nuestras desgracias aunque en realidad no son mas que las
consecuencias de nuestros actos? Y sin embargo, como padre
amoroso nos corrige, nos levanta y restaura una y otra vez.
También Amós es ejemplo de hombre que, a pesar de abominar el
pecado y aborrecer profundamente todo lo que estaba viendo, tiene
misericordia de las personas e intercede a favor de ellas. ¿Seríamos
capaces nosotros de actuar de esta manera? Esta es la clase de
corazón que debemos cultivar.
2. La oración eficaz del justo
Dos veces intercedió Amós a favor de Israel y dos veces el Señor
escuchó su oración. A veces pensamos que una oración, para que sea
atendida por Dios, tendría que ser "algo especial", estar bien
elaborada, tener palabras hermosas, ser larga ¡Cuán equivocados
estamos y cuánta bendición estamos perdiendo! Lo que aquí
encontramos es precisamente todo lo contrario. Dos oraciones
sencillas, espontáneas, pero nacidas de un corazón que ama a Dios y
a su prójimo. Dice Santiago, "la oración eficaz del justo puede
mucho".
(Stg 5:16) "Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por
otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede
mucho."
¿Y quién es este justo cuya oración es eficaz y tiene poder? ¿Se trata
de un grupo especial dentro de la iglesia? No, el contexto, "... unos a
otros, y orad unos por otros", indica que se refiere al conjunto de los
creyentes. Sin embargo sí que debe haber una cualidad especial:
Los justos aquí son aquellos que, una vez convertidos al Señor,
ordenan sus vidas conforme a la Palabra, que evidencian con una vida
transformada haber experimentado la justificación por la fe (Stg 2:22-
23), que viven en comunión con Dios (1 Ti 2:8).
Y he aquí otra cualidad de la oración eficaz, la que tiene que ver con la
intimidad y comunión con Dios y por tanto a la sujeción voluntaria a
Su voluntad.
"Toda oración está sujeta a la soberanía de Dios, por ello Jesús enseña
a sus discípulos a mirar a Dios primeramente que incluye las palabras
"hágase tu voluntad". El deseo del creyente no es que su voluntad
humana se imponga en el cielo sino que la voluntad divina sea
suprema en cielos y tierra.
(Sal 37:4) "Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las
peticiones de tu corazón."
Sin duda que cuando nuestro corazón aprende a deleitarse en el
Señor, las peticiones del mismo estarán conforme al Suyo, y esto
porque no desearemos otra cosa que Su voluntad buena y perfecta,
con lo cual siempre tendrán la respuesta adecuada.
La visión de la plomada (Am 7:7-9)
(Am 7:7-9) "Me enseñó así: He aquí el Señor estaba sobre un muro
hecho a plomo, y en su mano una plomada de albañil. Jehová
entonces me dijo: ¿Qué ves, Amós? Y dije: Una plomada de albañil. Y
el Señor dijo: He aquí, yo pongo plomada de albañil en medio de mi
pueblo Israel; no lo toleraré más. Los lugares altos de Isaac serán
destruidos, y los santuarios de Israel serán asolados, y me levantaré
con espada sobre la casa de Jeroboam."
Una plomada es un cordel de cuyo extremo cuelga un peso y que se
utiliza para ver la verticalidad de una pared. Es decir si está recta o
no. Lo mismo se usa para levantarla y que salga recta, que para ver si
está torcida y por tanto hay que tirarla.
El muro hecho a plomo es una referencia a la nación de Israel (al reino
del norte) ¿Por qué un muro hecho a plomo? Pues porque el Dios que
los había redimido de Egipto y los había formado también les había
dado sus leyes para que, como el albañil levanta un muro recto con
ayuda de su plomada, ellos edificaran así la nación.
La comparación da a entender que, a pesar de los fracasos del pueblo,
al principio Israel caminaba con Dios.
Que el Señor tenga "en su mano una plomada de albañil" indica que
va a examinar si el muro, es decir su pueblo, está recto o por el
contrario se ha ido inclinando peligrosamente, en sentido moral y
espiritual, y hay que derribarlo.
La expresión "no lo toleraré más", "Ya no volveré a dejarlos sin
castigo" "ya no le pasaré más por alto".
Este verso nos indica el resultado de este "aplicar la plomada":
El pueblo está corrompido.
Que la paciencia del Señor reteniendo el castigo (dos veces a
petición de Amós) no ha servido para nada. No se han
arrepentido de sus malos caminos y vuelto al Señor.
Lo más fuerte: que finalmente Su paciencia, grande y
maravillosa, por la cual Dios debe ser alabado, ha llegado a su
límite. El vaso de su paciencia ha sido colmado.
Con mucho dolor el profeta no interceda más por el pueblo y se limite
a predicar estas visiones en Betel quizás con la esperanza de que de
alguna forma despertara definitivamente al pueblo a su realidad.
"... No lo toleraré más", dijo el Señor. En consecuencia, dice el verso
9: "Los lugares altos de Isaac serán destruidos". Hace referencia a los
altares que se construían en colinas o en montículos artificiales y
donde el pueblo ofrecía sacrificio tanto a los ídolos como a Dios.
"... Y los santuarios de Israel serán asolados". Es una mención a Dan y
Betel, en territorio de Israel, lugares de peregrinación donde
pretendían adorar a Dios bajo la forma de un becerro.
"... Y me levantaré con espada sobre la casa de Jeroboam". Esta
dinastía encontró un final trágico cuando el hijo de Jeroboam II,
llamado Zacarías, fue asesinado por un tal Salum a los seis meses de
tomar posesión del reino (2 R 15:8-10).
1. Reflexion
¿Qué podríamos aprender de esta escena?
En primer lugar que todos nosotros somos como albañiles que
construyen un muro o una casa, nos estamos refiriendo a nuestras
propias vidas.
En segundo lugar, que un día nuestro tiempo de construir se acabará
y será el momento de ser examinados por Dios. Él aplicará Su
plomada a nuestra vida ¿Y cual será entonces el resultado?
Deberían tener presente que finalmente llegará el día en el cual
tendremos que presentarnos delante de Dios y que nuestras vidas van
a ser "examinadas conforme Su plomada". No de acuerdo con
nuestras normas, nuestras obras o nuestra religión, sino de acuerdo a
su Santidad y su Justicia. Llegado entonces el momento ¿Cuál será el
resultado de este examen?
(He 9:27) "... Está establecido para los hombres que mueran una sola
vez, y después de esto el juicio"
Solo los que estén en Cristo Jesús, el único que cumple con la justicia
de Dios y que gratuitamente reviste de su justicia a aquellos que
creen en Él, estarán libres del juicio. No se trata pues de un acto
arbitrario de Dios sino del hecho de que los tales ya han sido
previamente juzgados en Cristo.
(Ro 5:1) "Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por
medio de nuestro Señor Jesucristo"
(Ro 8:1) "Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están
en Cristo Jesús"
2.Ponte acuentas
Es verdad que aquellos que estamos en Cristo, que hemos sido
revestidos de Cristo y su justicia, no estaremos en el juicio final ante
el gran Trono Blanco de (Ap 20:11-15), el cual es un juicio para
condenación, pero esto no significa que estemos exentos de la
plomada divina. Un día, como dice la Escritura, todos nosotros
tendremos que presentarnos ante el Tribunal de Cristo: (Ro 14:10) (2
Co 5:10).
(2 Co 5:10) "Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos
ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya
hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo."
Que esta ocasión es diferente a la descrita en Apocalipsis 20, al gran
Trono Blanco, se aprecia en el hecho de que, por ejemplo, según (Ap
19:7-8), cuando el Señor viene para poner fin a la gran Tribulación, la
esposa del Cordero ya está preparada y recompensada. De hecho,
nuestro Señor Jesucristo mencionó como ocasión para este juicio el
momento de "la resurrección de los justos"
No se tratará de una comparecencia para determinar si merecemos o
no la Salvación, ésta es nuestra en Cristo desde el momento que
descansamos en Él, sino para determinar el grado de alabanza y
recompensa eterna que recibiremos de Dios en base a la fidelidad
mostrada y al servicio realizado (Lc 14:14) (Mt 25:21) (1 Co 3:14-
15). De ahí, que sea oportuno tomar en serio la exhortación del
Apóstol en (1 Co 3:10-17).
(1 Co 3:10) "... Pero cada uno mire cómo sobreedifica"
Debemos por tanto, ser cuidadosos y diligentes con el cómo y con qué
edificamos nuestra vida y también en la Obra de Dios. Son cosas
importantes (1 Jn 2:28).
Por último, ¿Cuál es la plomada que Dios nos ha dejado para edificar
con sabiduría nuestras vidas y en la Obra de Dios?
La Palabra de Dios, la Biblia, es esa plomada. Es bajo su luz y
dirección que debemos construir nuestra vida y servir al Señor. Es ella
la medida con la cual deberíamos comparar día a día nuestras vidas.
No renunciemos al privilegio de que el Espíritu de Dios nos la aplique
constantemente a fin de corregir lo defectuoso y vivir agradando a
Dios.
(2 Ti 3:16-17) "Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para
enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia, a
fin de que el siervo de Dios esté enteramente capacitado para toda
buena obra."
(He 4:12) "Ciertamente, la palabra de Dios es viva y poderosa, y más
cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta lo más
profundo del alma y del espíritu, hasta la médula de los huesos, y
juzga los pensamientos y las intenciones del corazón."